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Palabras de Raúl en Johannesburgo

South Africa Mandela Memorial

Raúl: “Mandela fue un ejemplo insuperable para América Latina y el Caribe”

Presidente Jacob Zuma:

Familiares de Nelson Mandela:

Altos Dignatarios:

Hermano pueblo de Sudáfrica:

Rendimos emocionado tributo a Nelson Mandela, a quien se reconoce como símbolo supremo de dignidad y de consagración inclaudicable a la lucha revolucionaria por la libertad y la justicia; como un profeta de la unidad, la reconciliación y la paz.

Junto a sus compañeros de lucha, dirigió a su pueblo en la batalla contra el apartheid, para abrir el camino hacia una nueva Sudáfrica, no racial y unida en la búsqueda de la felicidad, la igualdad y el bienestar de todos sus hijos, para superar las secuelas del colonialismo, la esclavitud y la segregación racial.

Ejemplo de integridad y perseverancia, encabezó luego el esfuerzo dirigido a la eliminación de la pobreza, la reducción de la desigualdad y la creación de oportunidades para todos.

Mandela es un ejemplo insuperable para América Latina y el Caribe, que avanzan hacia la unidad e integración, en beneficio de sus pueblos, respetuosos de su diversidad, con la convicción de que el diálogo y la cooperación son el camino para la solución de las diferencias y la convivencia civilizada de quienes piensan distinto.

La Humanidad no podrá responder a los colosales desafíos que amenazan su propia existencia, si no lo hace mediante una nueva concertación de esfuerzos entre todas las naciones, como la vida de Mandela preconiza.

Cuba, que lleva en sus venas sangre africana, surgió en la lucha por la independencia y por la abolición de la esclavitud y, posteriormente, ha tenido el privilegio de combatir y construir junto a las naciones africanas.
Jamás olvidaremos el emocionado homenaje de Mandela a nuestra lucha común, cuando nos visitó, el 26 de julio de 1991, y dijo: “el pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África”.

Recuerdo su entrañable amistad con Fidel Castro, símbolo de la hermandad entre africanos y cubanos, quien expresó:

“Nelson Mandela no pasará a la historia por los 27 años consecutivos que vivió allí encarcelado sin ceder jamás en sus ideas; pasará porque fue capaz de arrancar de su alma todo el veneno que pudo crear tan injusto castigo; por la generosidad y la sabiduría con que en la hora de la victoria ya incontenible supo dirigir tan brillantemente a su abnegado y heroico pueblo, conociendo que la nueva Sudáfrica no podría jamás construirse sobre cimientos de odio y de venganza”.

¡Honor y gloria eternas a Nelson Mandela y al heroico pueblo de Sudáfrica!

Muchas gracias.

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Un centenar de jefes de Estado o de Gobierno, Obama y Castro entre ellos, participaron en el oficio religioso por Mandela, que falleció el pasado jueves.

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Tuvo lugar un gesto sin precedentes antes del comienzo del oficio religioso, cuando se dieron la mano el presidente Castro y el mandatario de Estados unidos, Barac Obama

Tomado de Cubadebate

Cómo fueron las últimas 48 horas de Nelson Mandela

Nelson Mandela con su esposa, Graca Machel, en una imagen tomada en agosto de 2012Mandela y su esposa, Graca Machel, en la clausura del Mundial de Sudáfrica 2010

Su esposa Graça Machel lo acompañó hasta su último adiós. En los últimos meses Mandela apenas había hablado y se limitaba a seguir con los ojos los movimientos. El miércoles pasado, Graça llamó a sus familiares para que lo despidieran en vida. En la foto superior, en agosto de 2012. Abajo, última aparición pública del líder, durante el mundial de Fútbol de 2010

Por John Carlin

Fue 48 horas antes de que Nelson Mandela muriera, cuando el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, recibió una llamada. Era el doctor de Mandela. Le informó de que la situación médica de Mandela se había deteriorado gravemente.

Zuma había recibido varios informes médicos desde que Mandela fue ingresado en un hospital de la capital sudafricana, Pretoria, en junio y devuelto casi tres meses después a su casa en Johanesburgo, donde había indicado que prefería pasar los últimos días de su vida. Pero este informe fue más alarmante que cualquiera de los anteriores. Zuma entendió que Mandela había entrado en la fase final de su larga agonía.

Mandela tenía un exceso de líquido en los pulmones, su punto débil desde los años en la cárcel, y había sucumbido a una infección: la circunstancia que los médicos más habían temido.

La mañana siguiente, el miércoles pasado, la esposa de Mandela, Graça Machel, empezó a llamar a miembros de la familia Mandela, distribuidos por toda Sudáfrica y en el exterior, para avisarles de que la hora había llegado y debían venir rápidamente a visitarlo.

Machel, su tercera esposa y con la que fue más feliz, estuvo a su lado durante los 181 días que Mandela permaneció en la cama entre su ingreso en el hospital y su muerte. Le leía libros, sin tener muy claro si Mandela seguía lo que le estaba contando, y lo agarraba de la mano. Machel, una ex ministra de Educación de Mozambique, donde nació, y una mujer habitualmente muy participativa en foros internacionales relacionados con la salud pública en África, suspendió todas sus actividades oficiales durante el período de la enfermedad de su marido.

Ese mismo día, Maki Mandela, la hija mayor del expresidente, anunció que su padre estaba “en el lecho de la muerte”. Ya se sabía, pero el hecho de que pronunciara las palabras hizo saltar las alarmas entre la población sudafricana.

El jueves por la mañana empezaron a desfilar miembros de la familia de Mandela -hijas, nietos, bisnietos- por la casa del primer presidente negro de la historia sudafricana. Entraban en su habitación de dos en dos y en casi todos los casos salían llorando.

Mandela había estado conectado a aparatos que lo ayudaban a respirar durante la mayor parte de su enfermedad. Pero ya ni la ciencia podía ayudarlo. Los médicos explicaron a los familiares que ya no había nada más que hacer. Mandela se iba. Este era su último adiós.

Ministros del Gobierno llegaron al atardecer y también miembros de la tribu ancestral de Mandela, los Thembu, para llevar a cabo una antigua ceremonia que concluye cerrando los ojos de la persona cuya alma se va. A las 20.50 del jueves, Mandela, que había cumplido 95 años en junio, murió.

La sorpresa fue que hubiese aguantado tanto. Durante su último viaje al extranjero en 2008, para asistir a unos festejos en Londres para celebrar su 90 cumpleaños, ya se veía que le costaba andar y que no estaba en plena posesión de sus facultades mentales. La memoria ya le había empezado a fallar. La última vez que se lo vio en público fue antes de la final de la Copa del Mundo de Fútbol en julio de 2010 en Johannesburgo, cuando apareció en el estadio en una silla de ruedas. De ahí en adelante pasó la mayor parte de sus días sin levantarse de la cama.

Durante los últimos meses apenas había podido decir una palabra. Personas cercanas a él cuentan que respondía a presión con presión, por ejemplo cuando se le tocaba la mano, y a veces seguía los movimientos de la gente que le rodeaba con los ojos. Pero poco más.

Murió en su cama, rodeado de su familia. Poca gente, sin excluirlo a él, se lo hubiera imaginado en 1961 cuando fundó el movimiento armado del Congreso Nacional Africano, cuyo primer líder fue él mismo. En el juicio que le hicieron en 1964, el fiscal del Estado pidió la pena de muerte. Sospechando que este sería el veredicto final del juez, Mandela dio su famoso discurso ante el tribunal en el que declaró que “si fuera necesario” estaba dispuesto a morir por la causa a la que había dedicado su vida, la democracia y la libertad para su pueblo.

Al final fue condenado a cadena perpetua, pero durante los 27 años que estuvo en la cárcel, otros importantes dirigentes políticos negros fueron asesinados por el aparato de seguridad del apartheid, y cuando Mandela emergió de prisión en 1990 la pesadilla siempre fue que algún fanático de la extrema derecha lo asesinara, lo cual hubiera acabado con el sueño de remplazar el apartheid con una democracia estable y condenado al país al caos perpetuo.

Hoy Sudáfrica está lejos de la utopía, pero se evitó la guerra racial que muchos -con mucha razón- temían, y ahora, por más carencias que exhiba el Gobierno del presidente Zuma, el pueblo vive en democracia y en paz. Hoy, en todo el país, creyentes y no creyentes participan en servicios religiosos para conmemorar la figura de Mandela y para dar las gracias por la existencia en la tierra de un hombre sin el cual la democracia y la paz en Sudáfrica -en su día el país más divido del planeta- sencillamente no hubieran sido posibles..

Mandela, el líder sin fisuras

Por John Carlin

En 1999, cuando la presidencia de Nelson Mandela estaba llegando a su fin, trabajé para una cadena norteamericana en un importante documental que se llamaría El largo camino de Nelson Mandela.

Recuerdo que, en una de las muchas entrevistas con los productores, nos planteamos una pregunta crucial: ¿el entonces presidente sudafricano era genuinamente una buena persona o era simplemente un político muy astuto?

Uno de los productores salió con una respuesta brillante. “El tema con Mandela -dijo- es que uno no le ve fisuras.”

La respuesta era brillante porque, en realidad, llegaba hasta el corazón mismo de ese hombre.

Era un líder político astuto y deslumbrantemente exitoso, pero también era un ser humano maravillosamente exitoso: la personalidad política y moral más descollante de nuestros tiempos.

Su integridad y la coherencia sin costuras entre lo que predicaba y lo que hacía eran como un diamante que brillaba con más intensidad que todos sus contemporáneos, en Sudáfrica y en el resto del mundo.

Las anécdotas abundan. Les cuento dos.

La primera, su reacción frente al único episodio realmente peligroso de la complicada transición de la Sudáfrica del apartheid hacia la democracia. La segunda, mucho menos dramática, pero igualmente reveladora de su carácter.

Primero, la anécdota seria. En abril de 1993, apenas tres años después de recuperar la libertad, el gobierno blanco y el Congreso Nacional Africano de Mandela estaban trabados en una delicada negociación sobre la transferencia del poder a la mayoría, un conflicto sin soluciones a la vista.

Fuera de los salones llenos de humo de cigarrillo donde estaban reunidos los líderes de ambos bandos, la violencia era imparable, con miles de muertos, mientras el apartheid asestaba sus desesperados y brutales manotazos de ahogado.

A esas alturas, no había certeza alguna de que el país fuese a evitar sumirse en una guerra civil y de que Sudáfrica no terminaría “en un baño de sangre”.

Entonces ocurrió lo inimaginable. Chris Hani, el segundo líder negro más reverenciado de Sudáfrica después de Mandela, fue asesinado de un disparo frente a la puerta de su casa por fanáticos de derecha.

Todos los que estábamos allí tuvimos la sensación de estar al borde del precipicio.

La población negra, hasta entonces anuente al mensaje de perdón y reconciliación impartido por Mandela, seguramente perdería por fin la paciencia y se volcaría al caos y la venganza, algo que en lo más recóndito de sus corazones debían desear. Ya era suficiente. Tras décadas -siglos- de soportar humillaciones, violencia y crueles abusos de parte de la minoría blanca y todopoderosa, lo lógico era que algo estallara.

Ese día en que Hani fue asesinado, fui a las barriadas negras en las afueras de Johannesburgo, donde la violencia de esos días de los así llamados “malos perdedores” del apartheid había causado el mayor derramamiento de sangre. El ambiente era tan amenazante y los ánimos estaban tan caldeados como me lo esperaba.

Esa noche, Mandela se dirigió a la nación por radio y televisión. Sé muy bien que estaba profundamente triste. Hani había sido como un hijo para él. La pérdida, a nivel personal, era irreparable.

Sin embargo, Mandela hizo un llamado a la calma, y no sólo lo hizo usando palabras suaves, sino recordándoles puntualmente a sus votantes negros que los dos asesinos habían sido apresados por la policía en pocas horas gracias a la intervención de una mujer blanca. Lo que era cierto.

Una vecina blanca de Hani había tenido la entereza de anotar el número de patente del auto en que escaparon los asesinos y de llamar a la policía. De no haber sido por ella, los autores del homicidio no habrían sido arrestados tan rápido.

En su discurso, Mandela destacó el “coraje” de la mujer, enviando un mensaje claro y deliberado a sus furiosos seguidores: que no había que meter a todos los blancos en la misma bolsa y que la violencia racista indiscriminada contra los blancos no sólo sería una violación de los principios centrales que él y su organización sostenían, sino que sería, dadas las circunstancias, una tremenda injusticia.

El mensaje caló hondo. La emergencia fue superada. Las negociaciones volvieron a encarrilarse. Un año después, Sudáfrica celebró sus primeras elecciones democráticas, y, un mes más tarde, Mandela asumió como primer presidente negro del país. Lo que allí pudimos constatar, in extremis , era la convergencia del instinto de perdón y generosidad de Mandela con su calculado pragmatismo político.

Una insurgencia violenta en ese momento habría perjudicado el proyecto democrático que había sido su misión de vida -así como de Chris Hani-, tanto como si hubiese ocurrido antes de la muerte de Hani. El realismo pedía refrenarse. Y demostró tener razón.

Mickey vs. Tribilín

La segunda anécdota se remonta a un par de años después de asumir como presidente. Todas las semanas, Mandela debatía en el Parlamento con el líder del principal partido de oposición, Tony Leon, un abogado blanco a quien doblaba en edad y cuya función en esos debates era cuestionar y defenestrar al presidente.

Un día, Mandela explotó de frustración. Estaba harto, dijo, de que lo acicateara el líder de ese pequeño partido del “Ratón Mickey”. A lo que, inteligentemente, Leon retrucó: “Y sí, señor presidente, el pueblo de Sudáfrica está harto de la economía Tribilín de su gobierno”.

Una semana después, Leon sufrió un infarto masivo y fue internado para realizarle un cuádruple bypass. Mientras se recuperaba, fue visitado por Mandela. Leon no lo oyó entrar a la habitación, y antes de que tuviera tiempo de fijarse quién era, Mandela lo saludó: “Hola, Mickey. Soy Tribilín”.

Desde entonces, Leon, a quien conozco bien, besa el suelo pisado por Mandela. El líder negro lo dejó desarmado del mismo modo en que había desarmado a los extremistas de derecha cuando lo amenazaron con montar una ofensiva terrorista contra la flamante democracia que él conducía.

Una vez más, Mandela había sido generoso y vivo a la vez. No sólo tuvo la bonhomía y la amabilidad de visitar a su rival político hospitalizado, sino que lo hizo reír con esa deliciosa chanza que lo incluía. Y las consecuencias políticas también fueron afortunadas: se metió en el bolsillo de una vez y para siempre al líder de la oposición parlamentaria.

Entonces, ¿era un buen hombre o apenas un político afiladísimo? Tal como lo demuestran estas dos anécdotas -entre incontables más- era ambas cosas. Y al mismo tiempo.

La razón por la que Mandela vivirá para siempre, el motivo por el que mientras haya seres humanos en este planeta su legado seguirá inspirando a muchos y seguirá siendo imperecedero y enorme, es que no se le veían fisuras.

El periodista John Carlin (Reino Unido, 1956) fue enviado en 1989 a Johanesburgo como corresponsal de su diario de entonces, ‘The Independent’, y, según describe, viajó a otro planeta: «Fue una experiencia surrealista; es una palabra que se usa demasiado, pero en este caso puede decirse así», recuerda sobre las vivencias que marcaron su desarrollo profesional. «Nunca había estado en un país en el que el racismo estuviera legalizado. Si salías al campo todavía era más claro: al poblado blanco y al negro les separaban solo 500 metros. Donde estaban los blancos había jardines, árboles, flores, casas bonitas, buenos coches, piscinas… cruzabas esos 500 metros y veías chabolas, calles sin pavimentar, no había árboles ni flores ni pájaros». Su parada anterior había sido Guatemala y ahí también había «un apartheid nefasto y brutal, pero por lo menos lo disimulaban; en Sudáfrica había una terrible honestidad». Está especializado en Política y Deportes, y es escritor. Actualmente vive en España y trabaja para el diario ‘El País’. Es autor de ‘El factor humano’ (Seix Barral), libro en el que se basó la película  “Invictus, de Clint Easwood, sobre la final del Mundial de Rugby de 1995, que ganó Sudáfrica después de muchos años de boicot deportivo por el Apartheid.

Tomados de El País

Funerales serán de una magnitud sin precedentes

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Las ceremonias fúnebres del expresidente Nelson Mandela
son de una magnitud sin precedentes, indicaron fuentes del gobierno
sudafricano, que esperan la visita esta semana de medio centenar de
delegaciones extranjeras.

Portavoces de la sede ejecutiva en Union Buildings precisaron que han
tenido que emplearse a fondo para coordinar los diferentes programas
de seguridad, suministros de logística, y la planificación de una
operación masiva que involucra a múltiples departamentos.

Con la atención del mundo en Sudáfrica, el gobierno tiene que
garantizar el buen funcionamiento de eventos en los que miles de
personas, dignatarios extranjeros y medios de comunicación estarán
presentes, subrayó un comunicado estatal.

Las principales jornadas ceremoniales son el funeral de Estado en
Qunu, tres días de exhibición pública de los restos de Madiba en
Pretoria, y un acto homenaje masivo en el Estadio FNB de
Johannesburgo, mañana martes.

Se calcula que unos dos mil 500 periodistas locales y extranjeros
buscarán acreditación para cubrir las diversas actividades.

El ministro de la Presidencia, Collins Chabane, explicó que debido al
gran volumen de actos y programas se convocaron brigadas adicionales
del Servicio de la Policía de Sudáfrica, de la Fuerza de Defensa
Nacional y de la Policía Metropolitana para supervisar el orden
público.

Chabane aseguró que el gobierno liderado por el presidente Jacob Zuma
se mantiene en estrecho contacto con la viuda e hijas de Mandela para
garantizar que todos los eventos se ajusten a los deseos de la familia
y sean culturalmente aceptables, dijo.

El Ministro aclaró que no podía estimar cuántas personas asistirían a
la ceremonia conmemorativa en el estadio FNB, pero dijo que esa
instalación solo puede albergar a unos 70 mil individuos.

Un total de 53 jefes de Estado han confirmado su asistencia a la
monumental despedida oficial de Nelson Mandela, dijo el domingo la
ministra de Relaciones Internacionales, Maite Nkoana-Mashabane.

No hemos enviado ninguna invitación, a cada cual le debe corresponder
la opción de acudir o no al ceremonial, comentó Nkoana-Mashabane.

El hecho de que tantos líderes estatales estén dispuestos a viajar
hasta Sudáfrica en un plazo tan corto de tiempo refleja que Madiba
ocupa un lugar especial en los corazones de muchas personas en el
mundo, dijo la funcionaria. Un Día Nacional de Oración y Reflexión
enlazó la víspera a todos los sudafricanos, y a miles de ciudadanos
extranjeros en este país, en recordación del legendario líder
antirracista Nelson Mandela, fallecido la semana anterior.

La jornada dominical fue dedicada a asistir a iglesias, templos o
sinagogas para celebrar la vida de Madiba y, a través de él, la de los
demás sudafricanos que sacrificaron mucho por la dignidad de la nación
austral, explicaron ciudadanos.

Dirigentes del Congreso Nacional Africano (CNA) recordaron que tres
gigantes del activismo antiapartheid -Oliver Tambo, Walter Sisulu, y
Mandela- murieron exactamente con un intervalo de 10 años de
diferencia.

El expresidente del CNA Tambo, quien pasó más de 30 años en el exilio,
falleció en 1993.

Y en 2003, murió en Johannesburgo en los brazos de su esposa
Albertina, Walter Sisulu, quien había nacido en el mismo año de
fundación del partido panafricanista: 1912.

El presidente Jacob Zuma, miembros del ejecutivo y altos
representantes del CNA participaron en un servicio religioso en
evocación a Nelson Mandela en la Iglesia Metodista Bryanston, de
Johannesburgo.

Distintas confesiones religiosas y diversas formaciones cívicas de la
sociedad facilitaron la realización de actividades de reflexión y
espiritualidad durante este período de luto en las nueve provincias de
Sudáfrica.

Con información de Prensa Latina

Raúl viajará a funerales de Mandela

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El presidente cubano, Raúl Castro, participará en los funerales del líder histórico sudafricano, Nelson Mandela, al frente de una delegación que integran además el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, y el embajador de Cuba en Sudáfrica, Carlos Fernández de Cossío.

Más de 50 jefes de Estado y de Gobierno han confirmado su asistencia a la ceremonia de tributo póstumo que se celebrará mañana martes en el estadio Soccer City de Soweto, donde el íder hizo su última aparición pública, en la final de la Copa del Mundo de Fútbol de 2010.

La ceremonia coincidirá con el Día de los Derechos Humanos.

Según se ha informado hasta hoy lunes, el féretro con el cuerpo del líder anti-apartheid recorrerá en procesión las calles de Pretoria, entre el 11 y 13 de diciembre y luego reposará en la capilla ardiente instalada en la sede del gobierno sudafricano, los Union Buildings.

El sábado 14 tendrá lugar una ceremonia de despedida del Congreso Nacional Africano y posteriormente los restos mortales de Mandela serán trasladados a Qunu, donde pasó su infancia., donde el clan de los Thembu, su tribu, organizará una ceremonia tradicional de entierro el domingo día 15, a la que también se espera que asistan personalidades y representantes políticos del mundo entero.

Mandela falleció el pasado 5 de diciembre a los 95 años en su casa en Johannesburgo tras una larga infección pulmonar.

Nelson Rolihlahla Mandela

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Por Ángel Dalmau Fernández, primer embajador de Cuba en Sudáfrica. Actualmente Vicepresidente de la Asociación de Amistad Cuba-África

¿Quién es este hombre extraordinario que se convirtió en una de las figuras políticas mundiales más relevantes del siglo XX?  Su nombre salió de la prisión en la Isla de Robben donde cumplía una sanción de cadena perpetua para contribuir desde allí a la lucha que pondría fin al crimen de lesa humanidad que fue el sistema de apartheid en Sudáfrica. Pero Mandela no nació siendo famoso ni conocido. ¿De dónde vino y como llegó hasta esa altitud universal? Todos conocemos  sobre sus casi 29 años de prisión desde principios de la década de 1960 hasta si liberación en febrero de 1990, pero ¿cómo fue su vida de niño, de joven y su gradual incorporación a la lucha por la libertad de su pueblo?

Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 en una pequeña aldea desconocida  llamada Mvezo en la región Transkei. Ese año llegaba a su fin la I Guerra Mundial y en relación a Sudáfrica coincidió que una delegación del Congreso Nacional Africano (ANC)-que había sido fundado en 1912- viajó a la Conferencia de Paz en Versalles para expresar los sufrimientos  del pueblo africano de su país. En idioma Xhosa Rolihlahla significa Halar la rama del árbol, pero su significado coloquial es Buscapleitos. El nombre cristiano o inglés-Nelson- le fue dado por su maestra cuando inició los estudios primarios, lo cual era entonces costumbre impuesta por las autoridades coloniales británicas.

El padre de Mandela, Gadla Henry Mphakanyiswa, fue un jefe tribal tanto por vía sanguínea como por tradición. Aunque durante muchas décadas existieron rumores sobre su supuesto derecho de sucesión  al trono de los Tembo, eso ha sido un mito.  Mandela es un miembro del clan Madiba y esa es la razón por la cual muchas veces las personas se dirigían a él con el nombre de Madiba en señal de respeto.

Cuando cumplió cinco años de edad le dieron la responsabilidad de pastorear las ovejas y otro ganado menor en campo abierto; descubrió pronto el apego casi místico que los Xhosa tienen hacia el ganado no solamente como fuente de alimento, sino también como una bendición de dios para la felicidad. Aprendió a cazar aves con un tirapiedras, a sacar miel de los panales de abejas, a recoger frutas y raíces comestibles, a tomar leche tibia directamente de la ubre de las vacas, a nadar en los fríos arroyos y a pescar con pedacitos de alambre convertidos en anzuelos. Dice Mandela: aprendí muchas cosas más en aquellos valles y desde entonces amo los espacios abiertos en el campo, la belleza simple de la naturaleza y la línea limpia del horizonte.

Como todos los niños Xhosas, Rolihlahla aprendía mediante la observación, la imitación y la emulación sin hacer preguntas; en su cultura las preguntas se consideraban desagradables y los adultos impartían la información que estimaran necesaria, a través de la tradición, los rituales y las cosas tabú o prohibidas.

MANDELA Y SUS AMIGOS CANTAN

Mandela y sus amigos cantan en 1961 el ‘Nikosi Sikelel I Afrika’, himno de los oprimidos que luchaban contra el ‘apartheid’.

A los siete años de edad comenzó a asistir a la escuela; a los nueve murió su padre y este hecho cambiaría el rumbo de su vida porque el Regente de los Tembo, su grupo étnico,  se convirtió en su tutor y protector.

Cuando arribó a los dieciséis años el Regente decidió que había llegado el momento de que se convirtiera en hombre y en la tradición Xhosa de aquellos tiempos eso se lograba por una sola vía: la circuncisión; un varón que no hubiera pasado por la circuncisión no podía  heredar la riqueza de su padre, no podía casarse ni  dirigir rituales tribales.  Dicho de otra manera: no era considerado  un hombre  adulto sino  como un muchacho de manera permanente.  Él  narra aquél hecho de forma detallada, aunque el espacio aquí obliga a la síntesis:

¨Éramos veintiséis jóvenes en total…Yo me sentía feliz de mi transición hacia la adultez como hombre… estaba tenso e inseguro  de cómo reaccionaría cuando llegara el momento esperado.  Quejarse o gritar era una señal de debilidad que podía estigmatizar la hombría de cualquiera para siempre.  La circuncisión es un hecho de bravura y estoicismo; no se emplea anestesia y el hombre debe sufrir en silencio.  Un hombre de avanzada edad se acercó a nosotros y se acuclillo frente al primer muchacho con una lanza pequeña llamada asegai en su mano.  De pronto el primer joven exclamó: ¡Ndiyindoda! (ya soy un hombre). Luego fueron otros tres y me tocó a mí  Sin decir palabra el hombre halo la piel de mi miembro hacia adelante y la cortó con su lanza. Sentí un ardor tremendo pero de pronto me recuperé y exclamé: ¡Ndiyindoda!  Me sentí un poco apenado porque me pareció que los otros muchachos habían reaccionado mejor que yo, pero había dado un paso esencial en mi vida como hombre Xhosa.  Ahora podría casarme, tener un hogar, arar mi pedazo de tierra y mis opiniones serían tomadas en serio¨.

El principal orador del día fue el Jefe Meligqili, hijo del Rey Dalindyebo, y su discurso de ese día impresionó profundamente a Mandela, El Jefe les dijo, entre otras cosas, que los Xhosa  y de hecho todos los africanos en Sudáfrica eran un pueblo conquistado, esclavos en su propio país, arrendatarios en su propia tierra, sin  fuerzas ni poder sobre ellos mismos;  que las habilidades e inteligencias de los nuevos hombres Xhosa se perderían en las minas y otros trabajos en beneficio exclusivo de los blancos, y que los regalos de ese día eran una minucia porque no podían darles el regalo más preciado que eran la libertad y la independencia. Aquél día no estuvo de acuerdo con lo que escuchó porque todavía pensaba que los colonizadores blancos eran protectores y benefactores, no opresores, pero lo entendería bien más tarde.

MANDELA LEVANTA EL PUÑO

Mandela levanta el puño ante sus seguidores.

Cuando cumplió diecinueve años de edad lo enviaron a estudiar al Instituto superior Healdtown  que era en aquel momento la institución educacional africana más grande al sur del Ecuador, con más de mil alumnos de ambos sexos. Su próximo lugar de estudios fue la Universidad de Fort Hare, la única que existía para negros en Sudáfrica.  Para él y todos los que estudiaban allí Fort Hare era algo así como decir Oxford, Cambridge, Harvard y Yale en un solo lugar para ellos los negros.  Ya había cumplido tenía veintiún años cuando comenzó sus estudios universitarios y se sentía muy seguro de sí mismo. Fue en esa universidad donde conoció a un joven que jugaría un papel crucial en la historia del ANC y de la lucha contra el sistema de apartheid y de opresión nacional: Oliver Tambo.  De su vida en Fort Hare, recuerda algunas cosas tales como que usó pijamas por vez primera en su vida y también por primera vez utilizó un cepillo de dientes y pasta dental en lugar de cenizas; también jabón de tocador para bañarse en lugar de detergente.  La ducha con agua corriente fría y caliente fue una gran novedad y de igual manera los servicios sanitarios con su propia agua en los tanques.

Para evitar un matrimonio prematuro organizado por el Regente escapó a Johannesburgo donde vivió en barrios negros marginales, pasó hambre, trabajó en un bufete de judíos blancos, conoció personas que serían muy importantes para su futura vida política, entre quienes  el más importante fue Walter Sisulu.

Mientras estas cosas sucedían Mandela continuaba viviendo en su pequeñita habitación en Alexandra.  La vida en aquel populoso barrio negro era bastante animada pero al mismo tiempo precaria; calles de tierra, niños casi desnudos y mal nutridos, totalmente oscura por la falta de electricidad y las noches  gobernadas por delincuentes con armas blancas y  armas de fuego.  A pesar de todo era vida urbana y este hecho contribuía a eliminar distinciones étnicas y tribales, pues en lugar de continuar llamándose a ellos mismos como Xhosas, Sothos, Zulues, Shangaans u otros nombres africanos por su origen étnico, se llamaban entre ellos alexandrinos.  Esta situación social iba desarrollando un sentido de solidaridad que le causaba preocupación a las autoridades racistas; el gobierno siempre había utilizado –y continuaba haciéndolo por supuesto- la táctica de divide y vencerás para controlar a los africanos y para ese propósito dependía sobre todo de la fuerza de las divisiones étnicas.  Pero en lugares como Alexandra y otros barrios negros similares aquellas divisiones tendían a desaparecer. Durante su primer año de estancia en aquél barrio aprendió más sobre la pobreza que todo lo que había visto cuando niño en Kunu.

En la firma de abogados su salario era de dos libras esterlinas por semana.  Con ese dinero pagaba la renta mensual de su pequeña habitación, el transporte diario hacia su centro de trabajo, la tarifa por sus estudios en la universidad, los alimentos del mes y compraba velas que eran indispensables para alumbrarse dentro de su habitación porque sin ellas no podía estudiar.  Muchas veces tuvo que caminar las seis millas de distancia hasta el trabajo y las seis de regreso porque no le alcanzaba el salario; también tuvo que limitar su alimentación a un plato diario y a andar varios días con la misma ropa.  Su jefe, el Sr. Sidelsky, quien era un hombre alto igual que él se percató de esta situación y le regaló uno de sus trajes viejos, que después de ser remendado  sería utilizado por Mandela  durante casi cinco años hasta que ya no le cupo un parche más.¨.

MANDELA VOTA EN LAS

Votando en las elecciones celebradas en Sudáfrica en 1994, las primeras con sufragio universal del país.

A principios de 1943  matriculó en la Universidad de Witswaterrand para terminar su carrera de Derecho y graduarse  finalmente como abogado; esa Universidad estaba considerada como la mejor de habla inglesa en el país y Mandela se convirtió en el único estudiante africano negro de la Facultad de Derecho.  Allí había blancos de todas las tendencias políticas e ideológicas y fue entonces  cuando conoció otras personas que compartirían las buenas y las malas con él en la larga lucha de liberación.  Dos de ellos fueron Joe Slovo y su futura esposa Ruth First, destacadísimos luchadores contra el sistema racista y de opresión nacional.

Witswaterrand fue para él un mundo nuevo, un mundo de ideas y de aprendizaje político, un mundo donde la política era una pasión; estuvo junto a jóvenes intelectuales blancos, mestizos e indios de su generación que más tarde se convertirían en la vanguardia de los movimientos de liberación más importantes en el país.  Descubrió por primera vez a personas que estaban dispuestas a sacrificarse por la causa de los oprimidos sin importarles el privilegio personal relativo del que disfrutaban ni las diferencias de color de la piel.

Mandela ha confesado que no está seguro del momento en que se consideró a si mismo como un hombre politizado o cuando supo que dedicaría su vida a la lucha de liberación .Para su mentor político, Sisulu, el vehículo indispensable para el cambio en Sudáfrica era el ANC y fue a través de él que Mandela se convirtió en un miembro convencido de esa organización.  La casa de Sisulu en el barrio de Soweto  era la sede principal de los activistas del ANC y  a ellos se sumó Mandela.  Entre las personas que acudían a los encuentros y debates políticos    estaba Oliver R. Tambo, quien se convertiría en el Presidente de esta organización  dirigiéndola desde el exilio durante casi 30 años.  Tambo fue un líder extraordinario respetado por todos, de vida política y personal inmaculadas.

Fue durante aquellos tiempos que surgió entre esos hombres jóvenes la idea de crear la Liga Juvenil del ANC. Muchos de ellos consideraban que el ANC se había convertido  en una organización no militante y cansada, que le servía solamente a la elite privilegiada que la dirigía para proteger sus intereses personales y no los de las masas.  Hubo consenso en cuanto a la necesidad de hacer algo nuevo y se propuso la creación de una liga juvenil que sirviera para atizarle el fuego a la dirigencia del ANC. El entonces Presidente General de la organización, Dr Xuma, no estuvo de acuerdo, pero la Liga fue aprobada en la conferencia Anual de  1943. No pasó mucho  tiempo para que esos fogosos líderes de la Liga asumieran los cargos principales en el ANC, convirtiéndola en el principal movimiento de liberación nacional del país.

En 1946 ocurrieron hechos relevantes que moldearían definitivamente el desarrollo político de Mandela y el avance de la lucha en sentido general.  Entre esos hechos tal vez el que mayor efecto tuvo fue la huelga de casi 70 mil mineros que reclamaban  salarios decentes y mejores condiciones de vida.  La Unión de Mineros Africanos había sido fundada a comienzos de la década del 40 por iniciativa de J B Marks, Dan Tloome, Gaur Radebe y varios activistas más del ANC, quienes también eran miembros del Partido Comunista ( fundado en 1921 ) La mayoría de los 400,000 mineros de la región del Reef ganaban centavos al día. La huelga se mantuvo durante dos semanas y constituyó una de las acciones más grandes de ese tipo en la historia de Sudáfrica.  La represalia del gobierno fue violenta.  Los principales líderes fueron arrestados y las oficinas de la Unión Sindical destruidas; 12 mineros murieron a manos de la policía y la huelga fue aplastada por la fuerza.  .Acusados de haber promovido y organizado aquella huelga fueron arrestados y juzgados 52 hombres entre quienes estaban Marks y Kotane juntos a muchos otros comunistas.  Fue un juicio político del gobierno para demostrar que no sería blando con lo que llamaban la amenaza roja.

MANDELA EN LA DECA DE LOS 60

En la década de los 60

Otro de los hechos políticos importantes en 1946 fue la aprobación de una ley dirigida a limitar y determinar los lugares donde podían vivir las personas de origen asiático, es decir, los sudafricanos de origen indio y malayo.  La comunidad india rechazó aquella ley e inició una campaña de resistencia pasiva durante dos años para oponerse a las medidas implícitas en la ley.  Dirigida por el Dr. Dadoo y por el Dr. G.M. Naicker, este último presidente del Congreso Indio de Natal, aquella comunidad cerró filas en una campaña de masas que impresionaría por su organización, su dedicación y su sacrificio.  Amas de casa, religiosos, médicos, abogados, comerciantes, estudiantes y trabajadores se sumaron a las movilizaciones de protestas.  Más de dos mil de ellos fueron voluntariamente a prisión y tanto Dadoo como Naicker fueron sentenciados a varios años de encierro.  Los íntimos amigos de Mandela, Ismail Meer y J.N. Singh, abandonaron sus estudios universitarios y se fueron voluntariamente a la cárcel; Ahmed Kathrada, quien cursaba estudios superiores y años más tarde sería condenado a cadena perpetua junto a Mandela, también se fue voluntariamente a la cárcel

Sobre aquella campaña de resistencia pasiva Mandela recuerda: Yo visitaba con frecuencia el hogar de Amina Pahad, madre de Kathrada,   donde almorzaba,  y de pronto un día aquella encantadora mujer puso a un lado el delantal y se fue a la prisión voluntariamente por sus creencias.  Si alguna vez puse en duda la voluntad de la comunidad india para protestar contra la opresión, ya no lo haría nunca más en mi vida.¨

A finales de la década de1940 el ANC no contaba todavía con un solo empleado profesional y estaba muy pobremente organizado; el primer empleado con esas condiciones que tendría algún tiempo después fue precisamente Walter Sisulu, con un salario de miseria.  Aunque la máxima dirigencia del ANC tenía una visión amplia en relación a los blancos progresistas, Mandela no tenía confianza ni siquiera en los blancos de izquierda a pesar de que muchos comunistas eran amigos suyos;  le preocupaba la influencia de los blancos en el seno del ANC y temía que los comunistas pudieran asumir la dirección del movimiento bajo la consigna de unidad y acción conjunta.  Él estaba convencido de que lo que  liberaría a los negros sería el nacionalismo africano puro, no el marxismo o una sociedad multirracial. En este sentido  llegó tan lejos como participar junto a otros pocos en la disrupción de reuniones públicas de los comunistas, irrumpiendo en el podio y rompiendo sus carteles o apoderándose del micrófono.  En la Conferencia Nacional del ANC  en diciembre de 1947 la Liga Juvenil presentó una moción exigiendo la expulsión de todos los miembros del Partido Comunista, pero fue derrotada contundentemente.

El primer cargo importante ocupado por Mandela en el ANC fue su membrecía en el Comité Ejecutivo de la región Transvaal en 1947. Él mismo ha dicho que hasta ese momento sus sacrificios personales no habían ido más allá de  estar ausente de su familia los fines de semana o de regresar tarde al hogar; todavía no comprendía a plenitud los peligros y dificultades de la vida de un luchador por la libertad; no se había involucrado a fondo en campañas de masa. A partir de su elección al Comité Ejecutivo comenzó a identificarse totalmente con el ANC, con sus esperanzas, sus éxitos y sus fracasos.

A principios de 1950 fue elegido miembro del Comité Ejecutivo del ANC, su máxima instancia. Hasta poco antes, desde su posición en la Liga Juvenil del ANC,  había sido una especie de franco tirador contra la dirigencia burocrática de la organización, pero muy pronto se daría cuenta de la diferencia. Dice Mandela: en muchos sentidos es mejor ser un disidente dentro de una organización en casos como este, porque no se tiene la responsabilidad. Como miembro del Comité Ejecutivo que pasé a ser ahora tenía que sopesar bien mis argumentos y tomar decisiones. Tenía que estar listo para ser criticado por rebeldes como había sido yo.

En relación a su suspicacia hacia el comunismo relata como y por que-al igual que le sucedió con otros conceptos políticos suyos- fue comprendiendo la realidad y modificando consecuentemente su actitud. Refiriéndose a aquellos días cuando fue dada a conocer la Ley de Supresión del Comunismo  ha dicho lo siguiente:

Mi larga oposición al comunismo se estaba quebrando. Moses Kotane, entonces Secretario General del partido, me visitaba a menudo en mi casa tarde en la noche y conversábamos hasta la llegada del día. De pensamiento muy lúcido y autodidacta, Kotane era hijo de campesinos en el Transvaal. A veces él me preguntaba: ¨Nelson, ¿qué tienes contra nosotros? Estamos luchando contra el mismo enemigo. Nuestra intención no es dominar al ANC; trabajamos dentro del concepto del nacionalismo africano.¨ Yo no tenía respuestas convincentes para sus argumentos.

Debido a mi amistad con Kotane, Ismail Meer, Ruth First y muchos otros, así como mi observación sobre sus sacrificios personales, me resultaba cada vez más difícil justificar mis prejuicios contra el partido comunista. Además, en el seno de la dirección del ANC  y al mismo tiempo miembros también del PC hombres tales como J.B.Marks, Edwin Mofutsanyane, Dan Tloome y David Bopape estaban consagrados a la lucha y no se les podía señalar con el dedo. El doctor Dadoo, uno de los líderes de las movilizaciones  anti racistas de 1946, era un marxista reconocido cuyo papel como luchador a favor de los derechos humanos en el país lo habían convertido en un héroe para todos los grupos de resistencia. Yo ya no podía, y no lo hice más, continuar poniendo en duda la buena fe de aquellos hombres y mujeres.

Mandela le entrega el trofeo al capitán del equipo sudafricano, Fran

Entregándole el trofeo al capitán del equipo sudafricano, Francois Pienaar, tras proclamarse los Springboks campeones del mundo de rugby en 1995.

No era necesario que me convirtiera en comunista para trabajar junto a ellos; descubrí que el nacionalismo africano y el comunismo africano tenían, en general, muchas más cosas en común que los unían que otras que los dividían.

Mandela fue arrestado en junio de 1952 en medio de la Campaña de Desafío organizada por el ANC  y acusado de violación de la ley contra el comunismo. Incluso  un simple encuentro de tres personas para cualquier cosa caía  bajo las prohibiciones de la ley contra el comunismo.  A mediados de ese mismo año él y Oliver Tambo abrieron un bufete de abogados, el primero de abogados negros en Sudáfrica. Desde el primer día comenzaron a recibir muchos clientes y era obvio porque se trataba del único bufete de abogados negros en el país. Para los africanos era la firma legal de primera elección y el último recurso para tratar de resolver sus problemas de esa índole. Desde temprano en la mañana el lugar se llenaba tanto que apenas había espacio para caminar.

Los africanos estaban desesperados de protección legal porque, entre otras cosas: cometían una violación si pasaban por una puerta designada para blancos solamente, era un crimen montarse en un ómnibus de pasajeros previsto para blancos solamente, un crimen beber agua de una fuente pública de la cual solamente estaban autorizados a beber los blancos, era una violación caminar por una playa solamente para blancos, un crimen estar en las calles de las ciudades después de las 11 pm, un crimen no portar el librito de pases que autorizaba ciertos movimientos a los negros en las zonas urbanas o rurales, o si el pase no estaba firmado por algún blanco. Era un crimen estar desempleado y otro crimen estar empleado en un lugar no autorizado para negros; era un crimen vivir en ciertos lugares y otro crimen no poseer un lugar donde vivir…

En 1955  Mandela fue sancionado judicialmente nuevamente bajo las regulaciones de la ley contra el comunismo, lo cual entre otras cosas implicó: separación forzosa de su membrecía en el ANC por ser esta una organización de resistencia; restricción de movimientos limitados al distrito de Johannesburgo; prohibición de participación en cualquier acto público durante dos años. Este tipo de sanción le sería impuesta siete veces más de forma consecutiva a partir de aquél momento, y lo sacó de sus responsabilidades en el seno de la dirigencia de movimiento de liberación. Desde ese momento su participación en la organización tuvo que ser clandestina, pues en caso de violación de lo aplicado por la corte iría a prisión, y era preferible trabajar secretamente a  lo segundo. El ANC continuaba cifrando esperanzas en la vía pacifica de lucha y ni siquiera se hablaba todavía de la opción armada.

A principios de diciembre de 1956  fue arrestado una vez más y, junto a otros 155 miembros relevantes del ANC, acusado de alta traición; del total de acusados 105 eran africanos negros, 21 de origen indio, 23 blancos y 7 mestizos, lo cual ya mostraba la unión de pensamiento de los diferentes grupos sociales en la lucha contra el sistema racista. Fueron defendidos por un grupo prestigioso de abogados blancos progresistas y después de cuatro días de juicio todos salieron bajo fianza, con la peculiaridad de que aunque la medida judicial fue idéntica para todos el monto de la fianza se aplicó según el color de la piel: 250 libras esterlinas los blancos, 100 los indios y 25 los negros y mestizos. Hasta ese extremo llegaba el entendido racista de aquellas autoridades blancas. El juicio duró varios años y al final salieron absueltos, pero fueron años de descabezamiento político del ANC debido a las medidas cautelares  impuestas a los acusados durante el proceso judicial.

Mientras tenía lugar el juicio aquellos hombres y mujeres no podían realizar actividad política alguna, aunque si mantener sus deberes laborales cotidianos. Mandela había visto aquella cara bonita en la calle, pero no sabía quien era. Una mañana entró  a la oficina de Tambo y la encontró allí junto a un hermano de ella. Su nombre: Winnifred Madikizela, conocida como Winnie; era una trabajadora social en un hospital de Johannesburgo. De hecho, fue la primera trabajadora social negra en dicho lugar; su grupo étnico en el Transkei era Pondo igual que  el de Tambo. Fue amor a primera vista.

01Nelson Mandela y F.W. de Klerk recogen el Premio Nobel de la Paz

Nelson Mandela y F.W. de Klerk recogen el Premio Nobel de la Paz como reconocimiento a la labor de ambos en el fin del ‘apartheid’.

El juicio por traición dejaba poco tiempo para el trabajo en el bufete y tanto Mandela como Tambo comenzaron a atravesar serias dificultades económicas. Winnie conocía lo anterior y le ofreció su apoyo porque tendrían que vivir del pequeño salario de ella. Se casaron en junio de 1958. Sobre la boda Mandela ha narrado lo siguiente:

Salimos hacia Bizana de donde era Winnie y mi primera parada fue en la estación de policía pues me habían autorizado seis días de mi orden de restricción en Johannesburgo y tenía que reportar mi presencia en el lugar… La ceremonia tuvo lugar en una iglesia local y luego fuimos a celebrar a la casa del hermano de ella….

El mejor de los discursos fue el del padre de Winnie quien entre otras cosas dijo que dentro del grupo de personas presentes algunas no habían sido invitados, tales como los agentes de la seguridad. Añadió que cuando su hija le anunció la intención de casarse conmigo él le había respondido que se iba a casar con un pájaro enjaulado, con alguien que ya estaba casado con la lucha de liberación.

Al terminar la ceremonia se separó un pedazo del cake para más adelante llevarlo al hogar ancestral del novio tal como exigía la tradición. Pero esto nunca sucedió porque mi permiso de movimiento expiró y tuvimos que regresar a Johannesburgo. No tuvimos tiempo ni dinero para la luna de miel, y muy pronto la vida cotidiana se hizo cargo de nosotros, sobre todo porque continuaba el proceso judicial. Winnie me dio esperanzas de una segunda oportunidad en la vida. Mi amor por ella me inculcó fuerzas extras para la lucha que me aguardaba.

La historia de amor entre ambos es conocida, como también es conocido  el  triste desenlace de la separación luego de casi 29 años de prisión de Mandela, tiempo durante el cual la figura de Winnie alcanzó un lugar cimero en la lucha contra el sistema de apartheid que le valió el sobre nombre de Mama África dado por su pueblo. Pero esa una historia aparte en si misma.

El 30 de marzo de 1960, nueve días después de la masacre de Sharpeville, Mandela y la mayoría de los co-acusados fueron arrestados bajo nuevas causas que se añadían a la acusación de alta traición, ahora bajo un estado de emergencia decretado por el gobierno. Se trataba de un arresto adicional  para un juicio que duraría casi un año más  y con resultados sorprendentes. El 29 de marzo de 1961 estaban todos presentes en la vieja sinagoga de Pretoria para conocer el veredicto, que fue leído por el juez Rumpf.

En las conclusiones se dijo que el ANC había venido trabajando para remplazar  al gobierno  con una forma diferente y radical de Estado; que hacia ese objetivo había empleado medios ilegales de protesta; que algunos de sus líderes habían convocado a la violencia y que existía un ala de izquierda en el seno del ANC que se expresaba de manera antiimperialista, anti occidental y pro soviética, pero:  Que toda la evidencia presentada ante la corte no había podido  demostrar que el ANC estaba dispuesto a derrocar al gobierno por vía de la fuerza, porque para ello las grandes masas tendrían que ser preparadas de antemano y ese no era el caso.

La decisión de la corte añadía que: la  fiscalía no había podido demostrar que el ANC era una organización comunista o que el texto de la Carta de la Libertad perseguía el objetivo de un Estado comunista. Conclusión: los acusados son declarados inocentes y quedan absueltos…leyó el juez Rumpf. Así concluyó el juicio de alta traición.  En su autobiografía Mandela comenta que en aquél juicio los tres jueces se elevaron por encima de sus prejuicios, de su educación y de sus antecedentes de clase.

Aquella derrota judicial del Estado racista le sirvió de lección porque a partir de entonces nunca más permitiría que la autonomía de su sistema judicial actuara libremente en procesos que fueran de su mayor interés; los jueces se nombrarían con autorización del gobierno.  Los peores momentos del sistema de apartheid estaban por llegar.

El ANC y también el Congreso Pan Africanista (PAC) habían sido ilegalizados en 1960. La alta dirección del ANC y en particular Mandela sabían que habían ganado una batalla pero que la guerra estaba a punto de comenzar. Acto seguido de las conclusiones del juicio, Mandela no regresó a su hogar porque estaba convencido que casi de inmediato se produciría un nuevo arresto. Le había nacido una hija de Winnie, pero  esta última comprendía bien la situación. Mandela se dio a la tarea de organizar las redes clandestinas de la organización y hacia ese objetivo inició un recorrido por diferentes regiones del país; su modo de vida se transformó en  nocturno mientras se escondía siempre en lugares diferentes durante el día.

Su disfraz favorito era el de chofer, vestido con un uniforme azul como el que usan los mecánicos. La policía ya lo buscaba en todo el país y se tejieron leyendas de escapadas suyas  extraordinarias, algunas de ellas fantasiosas que le ganaron el sobre nombre del Tulipan Negro, pero el hecho real es que esta etapa de su vida fue igualmente singular.

La idea sobre la necesidad del uso de la violencia llevaba varios años de debate interno en el ANC, pero siempre se había impuesto la tendencia favorable a la vía pacífica;  Entre otros, Mandela y Sisulu ahora comprendían con claridad esa necesidad y el primero había argumentado su propuesta en una reunión secreta del Comité de Trabajo del ANC en junio de 1961. Entre otras razones Mandela dijo que el Partido Comunista se había reorganizado en la clandestinidad y estaba valorando la creación de su propia ala militar. Para su sorpresa el principal oponente a la idea  en dicha reunión fue Moses Kotane, Secretario General del Partido Comunista, y una de las figuras más poderosas en el Comité Ejecutivo del ANC. Kotane prevaleció en el debate y Mandela se retiró tácticamente. Puesto de acuerdo con Sisulu, este último se ocupó de organizar un encuentro a solas entre Kotane y Mandela.

Mandela nos recuerda lo esencial de aquella crucial conversación de varias horas entre  ambos

Le expliqué las razones por las cuales yo estaba convencido de que no quedaba otra alternativa sino la lucha violenta. Moses era un comunista de larga data y le dije que su oposición a la lucha armada era similar a la del partido comunista de Cuba bajo Batista; que aquél partido insistía en que las condiciones necesarias no estaban presentes según los libros de texto de Lenin y Stalin, y que estaban en espera de tales condiciones. Castro no las espero, él actuó y triunfó. Si esperas por las condiciones que dicen los libros nunca llegarán. Añadí que él estaba políticamente estancado en viejas ideas legalistas del ANC, que la gente ya se estaba organizando militarmente y que la única organización con capacidad para guiar esa lucha era el ANC.

Al final de la discusión Moses me dijo: Nelson, no prometo nada, pero sugiero que presentes el tema de nuevo en el Comité de Trabajo y veremos que ocurre.  Una semana después presenté mi propuesta nuevamente y Moses no se opuso. Se llegó al consenso que yo debía presentar la misma propuesta ante el Comité Ejecutivo del ANC en Durban.

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Así ocurrió. Fue otra discusión difícil sobre el  mismo tema porque el entonces Presidente General del ANC, el Jefe Albert Luthuli, era un pacifista convencido, tanto que años más tarde recibiría el Premio Nobel por la Paz, pero la mayoría se inclinó a favor de las acciones violentas como respuesta a la terrible represión del gobierno racista. Allí se acordó crear el ala militar, pero cuidando que ésta no apareciera vinculada al ANC orgánicamente. Luthuli y otros miembros del Ejecutivo argumentaron que si el ANC declaraba formalmente la lucha armada perdería muchos aliados tanto dentro como fuera de Sudáfrica. Las dos organizaciones de origen indio aliadas al ANC, así como la de los mestizos y los blancos demócratas se opusieron a la idea, pero esta se mantuvo. Mandela que nunca había sido un soldado, nunca había estado en una batalla, nunca había disparado un arma contra el enemigo, recibió la tarea de formar un ejército

El ala militar se llamó Umkhonto we Sizwe ( Lanza de la Nación ) y muy pronto se conoció por su nombre corto de MK.  El ANC no permitía aún miembros blancos en el Comité Ejecutivo, pero el MK no nació con esa barrera y Mandela invitó al líder comunista Joe Slovo, quien junto a Walter Sisulu, además de Mandela, integraron el primer Estado Mayor del ejercito que crearían. Slovo se ocupó de reclutar a comunistas blancos para el MK y todo lo que hicieron al respecto fue totalmente nuevo para ellos.  Para los cubanos es muy interesante lo que dice Mandela al respecto en su autobiografía:

Comencé a leer textos que me ayudaran en aquella enorme tarea y  entre otros leí el informe de Blas Roca sobre el trabajo del partido comunista de Cuba durante los años de clandestinidad bajo el régimen de Batista; los escritos del Che Guevara sobre guerra de guerrillas; los discursos y experiencias de Fidel Castro, e incluso estudié sobre la táctica guerrillera de los generales sudafricanos durante la guerra anglo-boer, y mucho más. Me interesé en conocer sobre la lucha guerrillera de los etíopes contra el ejército de Mussolini, la de las Mau-Mau kenyanos contra el coloniaje británico, la de los argelinos contra los franceses y las luchas de otros pueblos africanos, sobre todo la de mi propio pueblo.

El 26 de junio de 1961 Mandela había remitido desde su clandestinidad una carta a varios periódicos del país. La parte final de dicha carta dice :

He elegido este camino que es mucho más difícil e implica más riesgos y más vicisitudes que permanecer sentado en una cárcel. He tenido que separarme de mi querida esposa e hijos, de mi madre y hermanas, antes que vivir como un forajido en mi propia tierra. Lucharé contra el gobierno al lado de ustedes, pulgada a pulgada, milla a milla, hasta que alcancemos la victoria. ¿Que harán ustedes, nos acompañaran o cooperaran con el gobierno?  ¿Van a quedarse callados y mantenerse neutrales en un asunto de vida o muerte de nuestro pueblo? 

En cuanto a mi, he tomado mi decisión. No abandonaré Sudáfrica ni me rendiré. Solamente con sacrificio y acción militante puede obtenerse la libertad. La Lucha es mi vida. Continuaré luchando por la libertad hasta el último día de mi vida.

Durante varios meses  continuó su actividad organizativa del MK viviendo en diferentes lugares, incluidas viviendas de amigos blancos vinculados al ANC o al partido comunista; uno de los sitios fue una granja llamada Liliesleaf ubicada en Rivonia, al norte de Johannesburgo. La granja había sido adquirida por el ANC a través de terceros para convertirla en el centro principal de reuniones secretas del Comité Ejecutivo. La fachada de Mandela era la de jardinero y su nombre falso David Motsamayi; para él fueron semanas de gran alegría porque recibiría la visita de Winnie y sus hijos algunos fines de semana. Ella todavía no se había convertido en un objetivo importante del aparato de seguridad, no obstante lo cual se tomaban fuertes medidas de precaución para llevarla al lugar.

Varios dirigentes importantes del ANC y del PCSA trabajaron desde la granja para y comenzaron las acciones de sabotaje en Johannesburgo, Durban, Port Elizabeth y otras ciudades. A principios de 1962 Mandela fue enviado al exterior en  una misión de divulgación de la lucha de la organización  que incluía la explicación de por que habían tenido que optar por la lucha armada. La invitación oficial había llegado del Movimiento Pan Africano de Libertad para África Oriental y Meridional, que poco después se convertiría en la Organización de Unidad Africana (OUA) con sede en Addis Ababa. Fue la primera vez que Mandela viajó más allá de las fronteras de su país. El recorrido por varios países africanos incluyó Tanzania, Etiopía, Nigeria, Ghana, Liberia, Nigeria, Guinea Conakry, Egipto, Túnez, Marruecos, Zambia, Mali, Sierra Leona, Senegal.  También visitaron Londres.

El retorno hasta la granja en Rivonia no tuvo contratiempos, pero pocos días después fue capturado en la carretera cuando regresaba de Kwazulu-Natal, adonde había viajado  para poner al día al presidente del ANC, Albert Luthuli, de su recorrido por varios países africanos. Eran los primeros días de agosto de 1962. La acusación  fue: incitación a los trabajadores africanos a protestar mediante huelgas y salida ilegal del país; Mandela decidió ser su propio abogado defensor y pidió a Joe Slovo que fuera su asesor legal. La noticia de su arresto recorrió el país. Durante el juicio Mandela vapuleo a sus acusadores cultural y jurídicamente. La sentencia fue cinco años de privación de libertad sin derecho a salir bajo palabra; más tarde fue trasladado a la prisión en Robben Island, donde debía cumplir lo que restaba de los cinco años.

En julio de 1963 la seguridad sudafricana llevó a cabo una gran redada en la granja Liliesleaf capturando a casi todos los principales dirigentes del movimiento que trabajaban desde la clandestinidad, entre otros de nuevo Walter Sisulu quien había salido bajo fianza, Govan Mbeki (padre del segundo presidente del país Thabo Mbeki ), Ahmed Kathrada, y muchos más.

Este arresto masivo condujo al conocido como juicio de Rivonia, en el cual Mandela fue incluido entre los acusados cuando aún permanecía en prisión. El proceso judicial se conoció inicialmente como El Estado contra el Alto Comando Nacional, pero poco después fue bautizado como El Estado contra Nelson Mandela y otros. El juicio comenzó en octubre de 1963 y se convirtió en el más famoso en la historia de Sudáfrica. El acusado No. 1 fue Mandela quien junto a  sus compañeros tendrían que defenderse de  una muy larga lista de acusaciones entre las cuales estaban más de doscientos actos de sabotaje que les achacaban como parte del intento de provocar una revolución violenta y una invasión armada con el objetivo de derrocar al gobierno.

El Estado se propuso demostrar entre otras acusaciones  que Mandela era miembro del PCSA lo cual sería una evidencia de gran culpabilidad; él tuvo tres semanas para pensar y escribir el alegato de su propia defensa, que leería ante la corte. Ese documento es un valioso testimonio  histórico de la lucha del pueblo sudafricano por su libertad, del cual solamente retomamos aquí las siguientes ideas expresadas por Mandela en relación al comunismo:

Es cierto que ha existido una estrecha cooperación entre el ANC y el PCSA, pero dicha cooperación lo único que demuestra es el objetivo común de la eliminación de la supremacía blanca y no es una prueba de una plena comunidad de intereses. La historia del mundo está llena de ejemplos similares, Quizás el más evidente fue la cooperación entre Gran Bretaña y los Estados Unidos de América con la Unión Soviética durante la guerra contra Hitler, Nadie, con la excepción de Hitler, se habría atrevido a sugerir que dicha cooperación convertía a Churchill y a Roosevelt  en comunistas, o en instrumentos de estos últimos, o que Gran Bretaña y Estados Unidos estaban trabajando de conjunto para convertir el mundo en comunista.

Es muy difícil para los sudafricanos blancos educados bajo el prejuicio contra el comunismo poder entender la razón por la cual políticos africanos experimentados hayan aceptado a los comunistas como amigos suyos. Pero para nosotros la razón es obvia. Las diferencias teóricas entre los que luchan contra la opresión es un lujo que no podemos darnos en esta etapa. Aún más, durante muchas décadas los comunistas han sido el único grupo político en Sudáfrica que ha tratado a los africanos como seres humanos y como iguales; que han compartido la mesa con nosotros, han hablado con nosotros, vivido con nosotros y trabajado con nosotros. Es por ello que muchos africanos hoy igualan la libertad con el comunismo.

La lectura de la defensa preparada por él le tomó cuatro horas y las palabras finales las recitó de memoria:

He dedicado toda mi vida a esta lucha del pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la cual todas las personas puedan vivir juntas  y en armonía, con iguales oportunidades. Es un ideal por el cual espero vivir y lograr, pero si fuera necesario es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir.

Después de más de 27 años en prisión el régimen racista sudafricano se vio obligado a liberar a Mandela y a sus compañeros en febrero de 1990. Cuatro años más tarde se convirtió en el primer presidente negro de su país y en uno de los estadistas más famosos del siglo XX. Mandela ha muerto, ¡Viva Mandela!

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Mandela y Desmond Tutu alzan sus manos tras la victoria en las elecciones de 1994 del Congreso Nacional Africano (CNA)

Tomado de Cubadebate

 

 

Extraordinario homenaje a Nelson Mandela en la portada de The New Yorker

índice

The Huffington Post

Muy poco después del anuncio oficial sobre la muerte de Nelson Mandela, la prestigiosa revista The New Yorker dio a conocer el diseño de su portada para la próxima semana, llevando la figura del líder antiapartheid y Premio Nóbel de la Paz que falleció este jueves a los 95 años.

Nelson Mandela, un héroe, titular del New Yorker su historia principal en la próxima edición. La portada es obra del artista Kadir Nelson.

La portada se llama “Madiba”, que es el nombre con que se le conocía generalmente a Mandela en su propio país. Nelson dijo al New Yorker que trató de reflejar a Mandela “en la época en que fue sometido a juicio junto con centenares de camaradas”, informó el Huffington Post.

“Quise decir algo simple y fuerte sobre Mandela y su vida como luchador por la libertad. El puño alzado y los colores simples y fuertes me recordaron los pósters y las imágenes de la lucha contra el apartheid en los años ochenta”.

 

Tomado de Rebelión

 

Mandela y Fidel

mandelafidel castro

Por Atilio A. Boron *
La muerte de Nelson Mandela precipitó una catarata de interpretaciones
sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol
del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica. Se trata de
una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que
luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional
Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada
y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica, pero
sin atentar contra vidas humanas.

Mandela recorrió diversos países deÁfrica en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y poco después se lo condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención. Mandela, por lo tanto, no fue un “adorador de la legalidad burguesa”, sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de

lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales
libraba sus batallas. Se dice que fue el hombre que acabó con el
odioso “apartheid” sudafricano, lo cual es una verdad a medias.

 

La otra mitad del mérito les corresponde a Fidel y la Revolución Cubana,
que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte
de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República
Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos
mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por EE.UU. a
través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, en la cual una
vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución
Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases
para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia
en contra del “apartheid” sudafricano. Por eso, enterado del resultado
de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de marzo de 1988,
Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en
llamar “la Stalingrado africana” fue “el punto de inflexión para la
liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del
apartheid”. La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses
asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y
precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar,
terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra
mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios.
Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de
1995 Mandela diría que “los cubanos vinieron a nuestra región como
doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como
colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra
el colonialismo, subdesarrollo y el “apartheid”… Jamás olvidaremos
este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo”. Es un
buen recordatorio para quienes hablan de la “invasión” cubana a
Angola.

Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad
internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión
de la lucha contra el racismo en Africa. Entre 1975 y 1991, cerca de
450.000 hombres y mujeres de la isla pararon por Angola jugándose en
ello su vida. Poco más de 2600 la perdieron luchando para derrotar el
régimen racista de Pretoria y sus aliados. La muerte de ese
extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión
para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo
internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.

* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Nelson Mandela, la Revolución Cubana y los valores universales

Leyde E. Rodríguez Hernández
Rebelión

En un discurso que Nelson Mandela, premio Nobel de la Paz y
ex-presidente de Sudáfrica, pronunció, en Cuba, el 26 de julio de
1991, dejó plasmado para la historia su admiración hacia la Revolución
Cubana, su líder histórico Fidel Castro Ruz y el pueblo de la Isla,
cuando dijo:

“El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos
de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a
la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene
paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan.

Desde sus días iníciales, la Revolución Cubana ha sido una fuente de
inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad. Admiramos los sacrificios del pueblo cubano por mantener su independencia y soberanía ante la pérfida campaña imperialista orquestada para destruir los impresionantes logros alcanzados por la Revolución Cubana.”

Mandela también mostró su agradecimiento al pueblo cubano por la
desinteresada ayuda que le han ofrecido a África:

“Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la
ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban
dando al pueblo de Angola —en una escala tal que nos era difícil
creerlo— cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada
por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los
mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975.

Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros
países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra
soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo
que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.

Sabemos también que esta fue una acción popular en Cuba. Sabemos que
aquellos que lucharon y murieron en Angola fueron solo una pequeña
parte de los que se ofrecieron como voluntarios. Para el pueblo
cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo
que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de
la humanidad.”

Mandela terminó su discurso diciendo:

“¡Viva la Revolución Cubana!
¡Viva el compañero Fidel Castro!”

En esta hora de la desaparición física de Nelson Mandela, honramos al
amigo de Cuba que se ganó el respeto y la admiración de miles de
luchadores por la justicia social alrededor del mundo. Al hombre
convertido en símbolo de lucha contra el régimen del apartheid, al
rebelde que no pudieron doblegar en la lucha por el ideal de una
sociedad libre, democrática y no racial. Con su vida extraordinaria,
Mandela demostró, como dijo José Martí, que una idea justa desde el
fondo de una cueva puede más que cualquier ejército.

El propio Mandela había dicho sobre su existencia: “He dedicado toda
mi vida a la lucha del pueblo africano de Sudáfrica; he luchado contra
la dominación blanca y contra la dominación negra. He soñado con el
ideal de una sociedad libre y democrática… un ideal por el cual deseo
vivir para lograrlo. Pero si fuera necesario, un ideal por el cual
estoy dispuesto a morir.”

Mandela fue un ejemplo digno de luchador valiente e inquebrantable,
por valores legítimos que, en el siglo XXI, siguen siendo universales.

Leyde E. Rodríguez Hernández es profesor en el Instituto Superior de
Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”.

Tomados de Rebelión

¿Cuales son las lecciones que deja Nelson Mandela?

Mandela
Por Julio C. Gambina
La coherencia de la lucha contra el racismo y el apartheid, no doblegada por 27 años de cárcel y una vida previa de discriminación por la elite gobernante en Sudáfrica.
La obstinación de la resistencia al poder y la violencia ejercida con su persona y su pueblo.
La convicción de la lucha por la igualdad y la libertad.
Que la igualdad solo es posible desde la hegemonía popular.
Qué la UNIDAD de la Nación y el Pueblo solo se podía conquistar desde el ejercicio de la soberanía popular en la lucha cotidiana de millones; en el gobierno logrado; y que desde allí se disputaba y se disputa el poder, una asignatura aún pendiente en Sudáfrica.
Una lección importante luego de muerto y ante el elogio de los poderosos es que los Pueblos del mundo no debemos permitir que nos expropien el símbolo de MANDELA.
Mandela nos enseñó con el ejemplo de su inclaudicable lucha que toda consideración hacia el otro parte del auto-reconocimiento de los propios derechos y de la lucha por ellos.
La protesta y la crítica a la desigualdad del sistema colonial y el capitalismo constituyen el eje desde el que MANDELA construye su referencia para los pueblos del mundo.
Mandela es ejemplo para generaciones de luchadores por la emancipación social.
Mandela fue expresión de la construcción de una subjetividad consciente en la lucha por la emancipación.
La lección principal es su vida y su lucha.
Tomado de Rebelión

Desigualdad Social en el Brasil

Con más de 200 mil habitantes, la favela Rocinha, en Río de Janeiro, es la más poblada de América Latina. Se calcula que en la cidade maravilhosa, que tiene más de 6 millones de habitantes, más de millón y medio de personas –la cuarta parte del total– vive en estas barriadas, una realidad irrebatible de las ciudades brasileñas. Las más populosas se encuentran en San Pablo y Río de Janeiro y se calcula que están habitadas por más de 12 millones de personas. Ellas son la mejor prueba de la distancia existente entre ricos y pobres en el gigante sudamericano

FREI BETTO

Un informe de la ONU (Pnud), divulgado en julio, señala al Brasil como el tercer peor índice de desigualdad en el mundo. En cuanto a la distancia entre pobres y ricos, nuestro país empata con el Ecuador y queda detrás de Bolivia, Haití, Madagascar, Tailandia y Sudáfrica.

Tenemos una de las peores distribuciones de la riqueza del planeta. Entre los 15 países con mayor diferencia entre ricos y pobres, 10 se encuentran en América Latina y el Caribe. Las mujeres (que reciben salarios menores que los hombres), los negros y los indígenas son los más afectados por la desigualdad social. En el Brasil, apenas el 5,1% de los blancos sobreviven con el equivalente a 30 dólares por mes. El porcentaje sube al 10,6% en relación a indios y negros.

En América Latina la desigualdad es menor en Costa Rica, Argentina, Venezuela y Uruguay. La ONU señala como causas principales de la disparidad social la falta de acceso a la educación, la política fiscal injusta, los bajos salarios y la dificultad para disponer de servicios básicos, como salud, saneamiento y transporte.

Es cierto que en los últimos diez años el gobierno brasileño invirtió mucho en la reducción de la miseria. Pero ni aún así se consiguió evitar que la desigualdad se propague entre las futuras generaciones. Según la ONU, el 58% de la población brasileña mantiene el mismo perfil social de pobreza entre dos generaciones. En el Canadá y en los países escandinavos este índice es del 19%.

Lo que permite la reducción de la desigualdad es especialmente el acceso a la educación de calidad. En el Brasil, por cada 100 habitantes sólo 9 poseen un diploma universitario. Basta decir que cada año sólo 130 mil jóvenes en todo el país se matriculan en cursos de ingeniería. Sobran 50 mil plazas… Y de ellos apenas 30 mil llegan a graduarse. Los demás desisten por falta de capacidad para proseguir los estudios, de recursos para pagar la mensualidad o por necessidad de abandonar la carrera para garantizarse un puesto en el mercado de trabajo.

En las elecciones de este año votarán 135 millones de brasileños. El 53% de ellos no terminaron la enseñanza básica. ¿Qué futuro le espera a este país si no se frena la sangría de la desescolarización?

Sí se dan mejoras en nuestro país. Entre 2001 y 2008 la riqueza del 10% de los más pobres creció seis veces más rápidamente que la del 10% de los más ricos. La de los ricos creció el 11,2%; la de los pobres el 72%. Pero es que hace 25 años, de acuerdo a los datos del IPEA, que este índice no cambiaba: la mitad de la riqueza total del Brasil está en manos del 10% de los más ricos del país. Y el 50% de los más pobres se reparten apenas el 10% de la riqueza nacional.

Para lograr una drástica reducción de la desigualdad imperante en nuestro país es urgente promover la reforma agraria y multiplicar los mecanismos de transferencia de la riqueza, como la Previsión Social. Hoy día 81,2 millones de brasileños son beneficiados por el sistema previsional, que promueve de hecho la distribución de la riqueza.

Más da la mitad de la población del Brasil posee menos del 3% de las propiedades rurales. Y sólo 46 mil propietarios son dueños de la mitad de las tierras. ¡Nuestra estructura agrícola es la misma desde que el Brasil era imperio! Y quien da empleo en el campo no es el latifundio ni el agronegocio sino la agricultura familiar, que ocupa apenas el 24% de las tierras pero emplea al 75% de los trabajadores rurales.

Hoy día los programas de transferencia de riqueza del gobierno -incluyendo la asistencia social, la Bolsa Familia y las jubilaciones- representan un 20% del total de la riqueza de las familias brasileñas. En el 2008, 18,7 millones de personas vivían con menos del salario mínimo. Si no fuera por las políticas de transferencia, serían 40,5 millones. Eso significa que, en estos últimos años, el gobierno de Lula sacó de la miseria a 21,8 millones de personas. En 1978, sólo el 8,3% de las familias brasileñas recibían transferencia de riqueza. En el 2008 eran el 58,3%.

Es una falacia decir que, al promover transferencia de riqueza, el gobierno está “manteniendo vagos”. El gobierno mantiene vagos cuando no castiga a los corruptos, el nepotismo, las licitaciones amañadas, la malversación de dinero público. Transferir riqueza a los más pobres es un deber, sobre todo en un país en que el gobierno ayuda al mercado financiero engordando la fortuna de los especuladores que no producen nada. La cuestión reside en enseñar a pescar, en vez de dar el pez. Entiéndase: encontrar la puerta de salida del programa Bolsa Familia.

Todas las investigaciones comprueban que los más pobres, cuando obtienen un poco más de riqueza, invierten en calidad de vida, como salud, educación y vivienda.

El Brasil es rico, pero no es justo.

Mandela y la falsificación de la historia

Mandela es el hombre excepcional que después de 27 años de prisión eligió tender una mano a la minoría blanca que lo había encarcelado y que supo conducir a su país a una transición histórica. Hoy, además de la campaña contra el SIDA, Mandela ha creado un Fondo para la Infancia y la Fundación Mandela Rhodes, que concede becas a jóvenes sudafricanos. Desde su fundación sigue promoviendo la paz y reconciliación a nivel internacional

Ángel Guerra Cabrera

La hipocresía de Estados Unidos y sus aliados se ha podido corroborar en  toda su magnitud al proclamar la Asamblea General de la ONU al 18 de julio como Día Internacional de Nelson Mandela, fecha del natalicio del legendario dirigente surafricano. Lo ejemplificaba espléndidamente el insustituible corresponsal de La Jornada en Estados Unidos, David Brooks, al contrastar los encendidos elogios de ocasión a Mandela de la secretaria de Estado Hillary Clinton con el testimonio de un veterano de la lucha contra el apartheid en ese país quien recordaba que el prestigioso líder y su organización, el Congreso Nacional Africano(CNA), fueron mantenidos en la lista oficial de terroristas  por el gobierno estadunidense nada menos que durante toda la presidencia de William Clinton, años después de que Mandela fuera electo presidente de Sudáfrica(1994). Pretenden que olvidemos el apoyo económico, político y militar a los racistas blancos de Washington y sus aliados de la OTAN y, por supuesto, de Israel, que dotó a Pretoria del arma nuclear por encargo de la Casa Blanca.

Mandela, por cierto, no fue el pacifista descafeinado inventado por la mafia mediática sino, desde su juventud, un recio combatiente por la liberación de su pueblo que cuando vio ahogados en sangre por el régimen de minoría blanca sus intentos de luchar por medios pacíficos no vaciló en encabezar y organizar el Umkhonto we Size(La lanza de la Nación, en lengua Xosa), brazo militar del CNA que realizó riesgosas y audaces acciones armadas hasta que el apartheid entró en fase agónica.  Tampoco su excarcelación obedeció a ningún milagro ni el fin del odioso régimen se consiguió simplemente mediante un diálogo y unas elecciones, como afirma hoy la fábula mediática. El diálogo y las elecciones fueron la conclusión de un prolongado ciclo de lucha del pueblo negro y de algunos blancos revolucionarios o progresistas de Sudáfrica -entre ellos líderes veteranos del CNA como Joe Slovo, presidente del Partido Comunista de Sudáfrica- cuya última etapa va de los años 20 a los 90 del siglo XX, reprimida sin piedad por los racistas blancos. La lucha contra el apartheid experimentó un gran impulso y levantó una enorme solidaridad internacional a tenor de la descolonización de África y, por último de la liberación de las colonias portuguesas y el ascenso de la SWAPO(por su sigla en inglés), movimiento de liberación de la entonces colonia sudafricana de Namibia

En este panorama se inserta otro dato fundamental que omite o falsea la historia oficial: las acciones internacionalistas de la revolución Cubana en África. Estas se extienden de tal manera en tiempo y espacio que sólo refiero sintéticamente lo relacionado con este artículo. A solicitud del gobierno de Agostinho Neto, del Movimiento Popular para la Liberación de Angola, La Habana envió en 1975 un contingente de tropas que destrozó el plan de Estados Unidos, la Sudáfrica racista y el Zaire de Mobutu para tronchar la flamante independencia y saquear en grande a ese país. Una vez derrotada la invasión de Sudáfrica, de los mercenarios europeos y las facciones angolanas a su servicio, quedaron en Angola suficientes fuerzas cubanas para preservar su soberanía. Sin embargo, en 1988, después de constante incursiones sudafricanas a territorio angolano y una grave amenaza militar de los racistas, nuevamente a pedido de Luanda cruzó el Atlántico una fuerte agrupación de fuerzas cubanas, con aviación de combate, tanques y artillería pesada, que en la batalla de Cuito Cuanavale, librada muy al sur del territorio angolano, infligieron una derrota aplastante a los racistas, los forzaron a retirarse a sus bases y avanzaron hacia Namibia. Como escribió el subsecretario de Estado Chester Crocker a su jefe George Shultz: …”el avance cubano en el suroeste de Angola ha creado una dinámica militar impredecible”.   Lo impredecible era que la acción de las fuerzas cubanas en cooperación con las angolanas y namibias había obligado a Estados Unidos y a los racistas surafricanos a sentarse en la mesa de negociaciones y a aceptar la independencia de Namibia. El fin del apartheid se habría prolongado quien sabe hasta cuándo sin la derrota del ejército de Pretoria en Cuito Cuanavale y la amenaza de insurrección del pueblo negro de Sudáfrica inspirado por esta. Nelson Mandela lo dijo así: Cuito Canavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del flagelo del apartheid.