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CURIOSOS REGALOS PARA FANCISCO

papa paraguay

El papa Francisco terminará hoy domingo su gira por Sudamérica que lo llevo a Ecuador, Bolivia y Paraguay.

El 19 y el 27 de septiembre venidero visitara a Cuba y EE.UU.

Veamos los obsequios más curiosos que ha recibido el Sumo Pontífice durante su papado. Algunos dirigentes políticos, deportistas y religiosos le han ofrecido objetos fuera de lo común, como para que queden siempre en la memoria del papa.

Estos son algunos (recopilados por el diario ‘El Tiempo): ‘

papa evo

El presidente boliviano Evo Morales le regaló una cruz formada por una hoz y un martillo.

papa cristina

La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner le entregó un mate artesanal y un poncho.

papa messi

El astro argentino Lionel Messi le obsequió una planta de olivo.

equipo baloncesto

El equipo de baloncesto de EE.UU. Harlem Globetrotters le entregó un balón y una camiseta.

 papa dron

Un colegio jesuita de Roma le regaló un dron decorado con el emblema papal y colores del Vaticano.

 

 

 

 

 

 

papa la merkes

La canciller alemana Angela Merkel le regaló una colección de 107 discos de Johann Sebastian Bach.

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El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu le entregó un libro sobre la inquisición española.

 

 

 

 

papa auto

El cura italiano Renzo Zocca le regaló su auto: un Renault 4 de más 30 años de antigüedad.

FRANCISCO: NECESITAMOS Y QUEREMOS UN CAMBIO

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Discurso del Papa Francisco en el encuentro con los movimientos populares reunidos en la ciudad boliviana de Santa Cruz

Hermanos, hermanas

Hace algunos meses nos reunimos en Roma y tengo presente ese primer encuentro nuestro. Durante este tiempo los he llevado en mi corazón y en mis oraciones. Me alegra verlos de nuevo aquí, debatiendo los mejores caminos para superar las graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo. Gracias Señor Presidente Evo Morales por acompañar tan decididamente este Encuentro.

Aquella vez en Roma sentí algo muy lindo: fraternidad, garra, entrega, sed de justicia. Hoy, en Santa Cruz de la Sierra, vuelvo a sentir lo mismo. Gracias por eso. También he sabido por medio del Pontificio Consejo Justicia y Paz que preside el Cardenal Turkson, que son muchos en la Iglesia los que se sienten más cercanos a los movimientos populares. ¡Me alegra tanto! Ver la Iglesia con las puertas abiertas a todos Ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en cada diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Los invito a todos, Obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar ese encuentro.

Dios permite que hoy nos veamos otra vez. La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: “Las famosas tres T”: tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.

Primero de todo.

  1. Empecemos reconociendo que necesitamos un cambio. Quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general también de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo. Hecha esta aclaración, propongo que nos hagamos estas preguntas:

– ¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?

– ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?

Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.

Ustedes –en sus cartas y en nuestros encuentros– me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?

Si esto así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.

Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia.

Quisiera hoy reflexionar con Ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos. Saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero, esta vez, quiero hablar de un cambio en el otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio –podríamos decir– redentor. Porque lo necesitamos.

Sé que Ustedes buscan un cambio y no sólo ustedes: en los distintos encuentros, en los distintos viajes he comprobado que existe una espera, una fuerte búsqueda, un anhelo de cambio en todos los Pueblos del mundo. Incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza.

El tiempo, hermanos, hermanas, el tiempo parece que se estuviera agotando; no alcanzó el pelearnos entre nosotros, sino que hasta nos ensañamos con nuestra casa. Hoy la comunidad científica acepta lo que hace, ya desde hace mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema.

Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es el estiércol del diablo. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común.

No quiero extenderme describiendo los efectos malignos de esta sutil dictadura: ustedes los conocen. Tampoco basta con señalar las causas estructurales del drama social y ambiental contemporáneo. Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo. Al ver la crónica negra de cada día, creemos que no hay nada que se puede hacer salvo cuidarse a uno mismo y al pequeño círculo de la familia y los afectos.

¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para sus problemas?

Pueden hacer mucho. Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» ¿De acuerdo?  (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!

  1. Ustedes son sembradores de cambio. Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: «proceso de cambio». El cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Dolorosamente sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir.

Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, los procesos, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, remplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. La opción es por generar proceso y no por ocupar espacios. Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por «vivir bien». Dignamente, en ese sentido.

Ustedes, desde los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se revela contra la injusticia social. Cuando miramos el rostro de los que sufren, el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos «rostros y esos nombres» se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos… Todos nos conmovemos, porque «hemos visto y oído», no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante. Eso nos conmueve, nos mueve y buscamos al otro para movernos juntos. Esa emoción hecha acción comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares.

Ustedes viven cada día, empapados, en el nudo de la tormenta humana. Me han hablado de sus causas, me han hecho parte de sus luchas ya desde Buenos Aires y yo se los agradezco. Ustedes, queridos hermanos, trabajan muchas veces en lo pequeño, en lo cercano, en la realidad injusta que se les impuso y a la que no se resignan, oponiendo una resistencia activa al sistema idolátrico que excluye, degrada y mata.

Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a «las tres T»: tierra, techo y trabajo.

Ese arraigo al barrio, a la tierra, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias porque las hay, las tenemos y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, necesitamos instaurar esta cultura del encuentro porque ni los conceptos ni las ideas se aman; se aman las personas.  

La entrega, la verdadera entrega surge del amor a hombres y mujeres, niños y ancianos, pueblos y comunidades… rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de la exclusión, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo.

Veo con alegría que ustedes trabajan en lo cercano, cuidando los brotes; pero, a la vez, con una perspectiva más amplia, protegiendo la arboleda. Trabajan en una perspectiva que no sólo aborda la realidad sectorial que cada uno de ustedes representa y a la que felizmente está arraigado, sino que también buscan resolver de raíz los problemas generales de pobreza, desigualdad y exclusión.

Los felicito por eso. Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los Pueblos y sus organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Ustedes son sembradores del cambio. Que Dios les dé coraje, alegría, perseverancia y pasión para seguir sembrando. Tengan la certeza que tarde o temprano vamos de ver los frutos.

A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar.

La Iglesia no puede ni debe ser ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio. Muchos sacerdotes y agentes pastorales cumplen una enorme tarea acompañando y promoviendo a los excluidos en todo el mundo, junto a cooperativas, impulsando emprendimientos, construyendo viviendas, trabajando abnegadamente en los campos de la salud, el deporte y la educación. Estoy convencido que la colaboración respetuosa con los movimientos populares puede potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio.

Y tengamos siempre presente en el corazón a la Virgen María, una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Yo rezo a la virgen tan venerada por el pueblo boliviano para que permita que este Encuentro nuestro sea fermento de cambio. El cura habla largo parece ¿no? Nooo (responden todos).

  1. Por último quisiera que pensemos juntos algunas tareas importantes para este momento histórico, porque queremos un cambio positivo para el bien de todos nuestros hermanos y hermanas, eso lo sabemos. Queremos un cambio que se enriquezca con el trabajo mancomunado de los gobiernos, los movimientos populares y otras fuerzas sociales, eso también lo sabemos. Pero no es tan fácil definir el contenido del cambio, podría decirse, el programa social que refleje este proyecto de fraternidad y justicia que esperamos, no es fácil de definir.

En ese sentido, no esperen de este Papa una receta. Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la realidad social ni la propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos. Me atrevería a decir que no existe una receta. La historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón.

Quisiera, sin embargo, proponer tres grandes tareas que requieren el decisivo aporte del conjunto de los movimientos populares:

3.1. La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra.

La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Eso implica cuidar celosamente la casa y distribuir adecuadamente los bienes entre todos. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un “decoroso sustento”. Ni siquiera, aunque ya sería un gran paso, garantizar el acceso a «las tres T» por las que ustedes luchan. Una economía verdaderamente comunitaria, podría decir, una economía de inspiración cristiana, debe garantizar a los pueblos dignidad «prosperidad sin exceptuar bien alguno» (1)   Esta última frase la dijo el Papa Juan XXIII hace 50 años. Jesús dice en el evangelio que aquel que le dé espontáneamente un vaso de agua cuando tiene sed será acogido en el reino de los cielos.  Esto implica «las tres T» pero también acceso a la educación, la salud, la innovación, las manifestaciones artísticas y culturales, la comunicación, el deporte y la recreación.

Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social. Ustedes, y también otros pueblos, resumen este anhelo de una manera simple y bella: «vivir bien». Que no es lo mismo que ver pasar la vida.

Esta economía no es sólo deseable y necesaria sino también posible. No es una utopía ni una fantasía. Es una perspectiva extremadamente realista. Podemos lograrlo. Los recursos disponibles en el mundo, fruto del trabajo intergeneracional de los pueblos y los dones de la creación, son más que suficientes para el desarrollo integral de «todos los hombres y de todo el hombre». (2)

El problema, en cambio, es otro. Existe un sistema con otros objetivos. Un sistema que además de acelerar irresponsablemente los ritmos de la producción, además de implementar métodos en la industria y la agricultura que dañan la Madre Tierra en aras de la «productividad», sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales. Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús. Contra la Buena Noticia que trajo Jesús.

La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece.

El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando lo pobres agitan esa copa que nunca derrama por sí sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras,coyunturales. Nunca podrán sustituir la verdadera inclusión: ésa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario.

Y en este camino, los movimientos populares tienen un rol esencial, no sólo exigiendo y reclamando, sino fundamentalmente creando. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial.

He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica y vi que algunos están aquí. Las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros son ejemplos de esa economía popular que surge de la exclusión y, de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican. ¡Y qué distinto es eso a que los descartados por el mercado formal sean explotados como esclavos!

Los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos deben promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de estas formas de economía popular y producción comunitaria.

Esto implica mejorar los procesos de trabajo, proveer infraestructura adecuada y garantizar plenos derechos a los trabajadores de este sector alternativo. Cuando Estado y organizaciones sociales asumen juntos la misión de «las tres T» se activan los principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común en una democracia plena y participativa.

3.2. La segunda tarea, eran 3, es unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia.

Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. Quieren que su cultura, su idioma, sus procesos sociales y tradiciones religiosas sean respetados.

Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia porque «la paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos particularmente el derecho a la independencia» (3)

Los pueblos de Latinoamérica parieron dolorosamente su independencia política y, desde entonces llevan casi dos siglos de una historia dramática y llena de contradicciones intentando conquistar una independencia plena.

En estos últimos años, después de tantos desencuentros, muchos países latinoamericanos han visto crecer la fraternidad entre sus pueblos. Los gobiernos de la Región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país y la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros Padres de antaño, llaman la «Patria Grande». Les pido a ustedes, hermanos y hermanas de los movimientos populares, que cuiden y acrecienten esa unidad. Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia.

A pesar de estos avances, todavía subsisten factores que atentan contra este desarrollo humano equitativo y coartan la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta. El nuevo colonialismo adopta diversa fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres.

Los obispos latinoamericanos lo denunciamos  con total claridad en el documento de Aparecida cuando afirman que «las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones». Hasta aquí la cita. (4) En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas.

Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico. Como dicen los Obispos de África, muchas veces se pretende convertir a los países pobres en «piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco». (5)

Hay que reconocer que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puede resolver sin interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional. Todo acto de envergadura realizado en una parte del planeta repercute en todo en términos económicos, ecológicos, sociales y culturales. Hasta el crimen y la violencia se han globalizado. Por ello ningún gobierno puede actuar al margen de una responsabilidad común.

Si realmente queremos un cambio positivo, tenemos que asumir humildemente nuestra interdependencia, es decir, nuestra sana interdependencia. Pero interacción no es sinónimo de imposición, no es subordinación de unos en función de los intereses de otros. El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano… precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso hermanos es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener.

Digamos NO entonces a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SÍ al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz.

Y aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que «cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia». Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM El Consejo Episcopal Latinoamericano y también quiero decirlo. Al igual que San Juan Pablo II pido que la Iglesia y cito lo que dijo Él «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos» (6). Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue San Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América.

Y junto a este pedido de perdón y para ser justos también quiero que recordemos a millares de sacerdotes, obispos que se opusieron fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz. Hubo pecado y abundante, pero no pedimos perdón y por eso pido perdón, pero allí también donde hubo abundante pecado, sobreabundó la gracia a través de esos hombres de esos pueblos originarios. También les pido a todos, creyentes y no creyentes, que se acuerden de tantos Obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre, respeto y en paz; No me quiero olvidar de las monjitas que anónimamente van a los barrios pobres llevando un mensaje de paz y dignidad, que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio.

La Iglesia, sus hijos e hijas, son una parte de la identidad de los pueblos en Latinoamérica. Identidad que tanto aquí como en otros países algunos poderes se empeñan en borrar, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe desafía la tiranía del ídolo dinero. Hoy vemos con espanto cómo en Medio Oriente y otros lugares del mundo se persigue, se tortura, se asesina a muchos hermanos nuestros por su fe en Jesús. Eso también debemos denunciarlo: dentro de esta tercera guerra mundial en cuotas que estamos viviendo, hay una especie de -fuerzo la palabra- genocidio en marcha que debe cesar.

A los hermanos y hermanas del movimiento indígena latinoamericano, déjenme transmitirle mi más hondo cariño y felicitarlos por buscar la conjunción de sus pueblos y culturas, eso que yo llamo poliedro, una forma de convivencia donde las partes conservan su identidad construyendo juntas la pluralidad que no atenta, sino que fortalece la unidad. Su búsqueda de esa interculturalidad que combina la reafirmación de los derechos de los pueblos originarios con el respeto a la integridad territorial de los Estados nos enriquece y nos fortalece a todos.

  1. 3. Y la tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra.

La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un pecado grave. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación.

Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizarse, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. Sobre éste tema me he expresado debidamente en la Carta Encíclica Laudato si’ que creo que les será dada al finalizar. Tengo dos páginas y media en esta cita, pero (como resumen basta (verificar y falta)

  1. Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño. Y cada uno Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez.

Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie: esa fuerza es la esperanza, y una cosa importante la esperanza que no defrauda, gracias.

Y, por favor, les pido que recen por mí. Y si alguno de ustedes no puede rezar, con todo respeto, les pido que me piense bien y me mande buena onda.

Notas:

(1) Juan XXIII, Carta enc. Mater et Magistra (15 mayo 1961), 3: AAS 53 (1961), 402.

(2) Pablo VI, Carta enc. Popolorum progressio, n. 14.

(3) Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 157.

(4) V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (2007), Documento Conclusivo, Aparecida, 66

(5) Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 52: AAS 88 (1996), 32-33; Id., Cart enc. Sollicitudo rei socialis (30 diciembre 1987), 22: AAS 80 (1988), 539.

(6) Juan Pablo II, Bula Incarnationis mysterium, 11.

 

IMPRESIONANTE DISCURSO DE FRANCISCO EN SANTA CRUZ DE LA SIERRA

papa EL crucifijo comunista

EL CRUCIFIJO COMUNISTA, RÉPLICA DE UN TALLADO QUE HIZO EL SACERDOTE JESUITA LUIS ESPINAL ANTES DE SER ASESINADO EN MARZO DE 1980 EN LA PAZ.

 Por Atilio A. Boron

Politólogo y Sociólogo argentino de nacimiento y latinoamericano por convicción 

Tomado del blog del autor

Tenía razón Rafael Correa cuando dijo que estamos viviendo un “cambio de época y no tan sólo una época de cambios.” Porque, ¿quién podría haber imaginado que un Papa pronunciara un discurso como el que Francisco dijo hace apenas unas horas en el Encuentro de Movimientos Sociales que tuvo lugar en Santa Cruz de la Sierra? Toda la teología de la liberación y gran parte del argumento crítico del marxismo latinoamericano sobrevolaba en ese recinto mientras Francisco hacía uso de la palabra. Denuncias contra los monopolios, contra los medios hegemónicos, contra las grandes potencias, contra la depredación capitalista, contra “esos tratados que se llaman de libre comercio”, el perdón de la Iglesia por los crímenes cometidos contra los pueblos originarios, etcétera, etcétera, etcétera. 

Nunca pensé que escucharía algo así de boca del Obispo de Roma. Reconozco que cuando Frei Beto me anticipó que algo así ocurriría no le creí, pensé que lo traicionaba su fe. Tampoco le creía a Leonardo Boff. Me equivoqué, y lo admito con inmensa alegría. Porque esa intervención del Papa en Santa Cruz es una gran noticia, dado que fortalece la postura de quienes combatimos no sólo al neoliberalismo sino también el capitalismo. Nos refuerza en la gran batalla de ideas en que estamos empeñados. Francisco dijo que el sistema está desahuciado: “ha llegado el momento de un cambio” ante un “sistema que ya no se aguanta. Queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos. Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre tierra como decía San Francisco”. Tiene razón: no lo aguanta el 95 por ciento de la población mundial y es hora de cambiarlo.Con su prédica se ha ganado la mortal enemistad de los capitalistas de todo el mundo. Por algo termina cada una de sus intervenciones públicas pidiéndole a su audiencia que recen por él. Seguro que sabe por qué lo está diciendo.

ORACIÓN POR NUESTRA TIERRA

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(TOMADA DE LA  CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI’ DEL PADRE FRANCISCO SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN)

Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

Oración cristiana con la creación

Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas,
que salieron de tu mano poderosa.
Son tuyas,
y están llenas de tu presencia y de tu ternura.
Alabado seas.

Hijo de Dios, Jesús,
por ti fueron creadas todas las cosas.
Te formaste en el seno materno de María,
te hiciste parte de esta tierra,
y miraste este mundo con ojos humanos.
Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado.
Alabado seas.

Espíritu Santo, que con tu luz
orientas este mundo hacia el amor del Padre
y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones
para impulsarnos al bien.
Alabado seas.

Señor Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte
en la belleza del universo,
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud
por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos
con todo lo que existe.

Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,
amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.
Alabado seas.
Amén.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, del año 2015, tercero de mi Pontificado.

Francisco: “Viví y dejá vivir, primer paso para ser feliz”

Pope Francis smiles during a private audience with Saint Vincent and the Grenadines' PM Gonsalves at the Vatican

Francisco enumeró un decálogo para llegar a la felicidad

En una entrevista concedida a la revista Viva, que acompaña la edición dominical del diario Clarín, de Buenos Aires, el Papa Francisco enumeró un decálogo de acciones y actitudes para alcanzar la felicidad,  con las claves de la dicha. Entra aquí y mira qué se puede empezar a cambiar para una vida más plena.

Vivir y dejar vivir, jugar, ayudar a otros, cuidar la naturaleza, buscar la paz, respetar a los demás y olvidarse rápido de lo negativo son algunos de los diez consejos para alcanzar la felicidad dijo el Sumo Pontífice.

Como parte de este decálogo para la felicidad, Francisco recomendó no dejar de brindarse a los demás pues “si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta” y “el agua estancada es la primera que se corrompe”.

También aconsejó moverse “remansadamente”, término que tomó de un clásico de la literatura argentina.

“En ‘Don Segundo Sombra’ hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. Dice que de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; que de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Yo utilizaría esta imagen del poeta y novelista Ricardo Güiraldes, ese último adjetivo, remansado. La capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida”, sostuvo.

Otra de las claves está en la “sana cultura del ocio”, disfrutar de leer, el arte y los juegos con los niños.

“Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: ‘¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?’ Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana. Es difícil, los padres se van a trabajar temprano y vuelven a veces cuando sus hijos duermen, es difícil, pero hay que hacerlo”, recomendó.

Francisco también insistió con los domingos compartidos en familia.

“El otro día, en Campobasso, fui a una reunión entre el mundo de la universidad y el mundo obrero, todos reclamaban el domingo no laborable. El domingo es para la familia”,afirmó.

Aconsejó ayudar en forma creativa a los jóvenes a conseguir un empleo digno.

“Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. El otro día leí, pero no me fío porque no es un dato científico, que había 75 millones de jóvenes de 25 años para abajo desocupados. No alcanza con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa”, señaló.

Decálogo de la Felicidad del Papa Francisco

1)Vivir y dejar vivir
2)Jugar con los niños
3) Ayudar a otros
4) Cuidar la naturaleza
5) Buscar la paz
6) Respetar a los demás
7) Olvidarse rápido de lo negativo
8) Moverse remansadamente
9) Disfrutar de la cultura del ocio
10) Leer

 

AL CUMPLIR DOS AÑOS COMO PONTIFICE, EL PAPA TOCO DISTINTOS TEMAS CON UNA CORRESPONSAL DE TELEVISA

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Francisco buscó un acercamiento a los mexicanos tras el impacto de sus afirmaciones acerca del riesgo de la “mexicanización” de la Argentina. “A veces yo me sentí usado por la política del país”, aseguró. El argentino Jorge Bergoglio cumplió ayer dos años como papa Francisco, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. En su día, con mensajes para Argentina y México.

Por Washington Uranga

Desde México DF para Pagina/12, de Argentina

Dos años después de haber iniciado su pontificado, el papa Francisco concedió una entrevista a la corresponsal de la cadena mexicana Televisa Valentina Alazraki en la cual hizo un repaso de los temas centrales de su gestión. Con el reportaje, Francisco buscó además generar un gesto de acercamiento a los mexicanos después que algunos sectores, incluido el gobierno, habían manifestado su desagrado por afirmaciones de Bergoglio acerca del riesgo de la “mexicanización” de la Argentina incluidas en un reciente mensaje privado a su amigo Gustavo Vera. En la ocasión, el Papa le quitó trascendencia a su afirmación señalando que fue una expresión que no intentó molestar al pueblo mexicano, y explicó las razones de la postergación de un viaje a México coincidiendo con su visita a Estados Unidos este año. Aseguró que “no se puede visitar México de a pedacitos. México requiere una semana. O sea que yo prometo un viaje a México como se lo merece y no a la apurada y de paso”. También aprovechó para reafirmar su devoción a la mayor expresión de religiosidad popular de los mexicanos, la Virgen de Guadalupe, a quien definió como “madre de América”, y a la que calificó de “fuente de unidad cultural, puerta hacia la santidad, en medio de tanto pecado y de tanta injusticia, y tanta explotación y tanta muerte”.

Si bien estaba hablando para México, en primer lugar, Bergoglio no desatendió la oportunidad para enviar un mensaje para la Argentina. “A veces yo me he sentido usado por la política del país. Políticos argentinos que pedían audiencia. (…) Los argentinos, cuando vieron un papa argentino, se olvidaron de todos los que estaban a favor o en contra del papa argentino. Y los argentinos que no somos humildes, y que somos muy engreídos… ¿Usted sabe cómo se suicida un argentino?”, le dijo en tono humorístico a la periodista mexicana. “¡Se sube arriba de su ego y de ahí se tira abajo!”, sostuvo al recordar un chiste sobre los argentinos muy conocido en América latina.

Siguiendo con su consideración, Francisco dijo que los argentinos “nos agrandamos con facilidad realmente. Somos en eso muy poco humildes. La desmesura argentina, propia de nuestra manera de ser, un poco compadrita, pillada, somos los mejores de América, ese tipo de cosas, ¿no es cierto?. Yo sé que mucha gente, sin quererlo, la mayoría, algunos queriéndolo, usan su venir acá o una carta mía o un llamado. Hay gente a la que yo llamo y nunca abre la boca. Enfermos, o a los que he mandado una carta y nunca la publicaron, otros sí. Pero, si siento que yo debo hacer algo, lo hago y corro el riesgo. Y bueno, ¡qué va a hacer!”.

Las migraciones han sido una de las principales preocupaciones de Francisco desde el comienzo de su pontificado. Su primer viaje fuera del Vaticano fue a Lampedusa, para celebrar la misa junto a los migrantes africanos que intentan llegar a Europa. En la entrevista concedida a Televisa sostuvo que “la migración, hoy día, está muy relacionada al hambre, a la falta de trabajo. A esta tiranía de un sistema económico que tiene al dios dinero en el centro y no a la persona”. Agregó que, mediante la migración, “se descarta gente que va hacia otro lado a buscar trabajo, o comida, o bienestar. Hoy día, la emigración es fruto del malestar en el sentido etimológico de la palabra, fruto del hambre, de buscar nuevas fronteras”.

Bergoglio admitió en la entrevista que su sensibilidad por la cuestión migratoria le surge naturalmente, porque vivió esa condición en su familia y porque “en Argentina yo he visto situaciones difíciles. De pobreza y de marginalidad, incluso de drogadicción, que son las que me mueven estas cosas, ¿no? Pero me salen naturales. No me salen ideológicamente. Por eso, a veces soy un poco desprejuiciado y se me va la lengua, pero no importa…”, dijo.

Hablando del momento de su elección dos años atrás, el Papa sostuvo que no estaba en sus planes ser elegido. “Además no estaba en ninguna lista de papables, gracias a Dios, pero ni se me pasó por la cabeza. En esto quiero ser sincero para evitar cuentos y eso. En las apuestas de Londres creo que estaba en el número 42 o 46. Un conocido mío, por simpatía apostó, ¡y le fue muy bien!” Y afirmó también que no tiene mucho registro de lo que hizo después de que se concretó su elección. “Qué es lo que hice, no sé. Me hicieron parar. Me preguntaron si aceptaba. Dije que sí. No sé si me hicieron jurar algo, no me acuerdo. Estaba en paz. Fui, me cambié la sotana. Y salí y quise primero ir a saludar al cardenal Días, que estaba allá en su silla de ruedas, y después saludé a los cardenales. Después les pedí al vicario de Roma y al cardenal Hummes, por amigo, que me acompañaran. ¡Cosa que no estaba prevista en el protocolo!” En relación con sus salidas del protocolo, Francisco dijo que “trato de ser yo, como me gusta, y a veces por ahí exagero en alguna cosa que puede ofender a alguien. No sé, en eso me tengo que cuidar. Pero los símbolos, el modo de ser, el auto, está el Mercedes. No, yo no puedo ir en un Mercedes, en un BMW no puedo, bueno ahora está este Focus, o no sé cómo se llama, es el que uso, que es un utilitario más o menos al alcance de un empleado bancario”.

Respecto de las reformas en la estructura de la curia Bergoglio asegura que es necesario un cambio en el estilo de vivir, un cambio “del corazón”. Porque “creo que ésta es la última corte que queda en Europa. Las demás cortes se han democratizado, incluso las más clásicas. Hay algo en la Corte Pontificia, que mantiene mucho una tradición, un poco atávica ¿no? Y no lo digo peyorativamente, como una cultura. Y esto hay que cambiarlo, tiene que dejar lo que pueda tener de corte todavía y ser un grupo de trabajo, al servicio de la Iglesia. Al servicio de los obispos. Evidentemente que eso indica una conversión personal”.

“Puerto Madero me escandaliza”

El papa Francisco se refirió a Puerto Madero, el barrio más joven y más caro de la ciudad de Buenos Aires: “Una cosa que a mí me escandaliza, me escandalizaba en Buenos Aires, es la nueva zona de Puerto Madero ¿no?, que es preciosa, todo ganado al río, por un lado esos edificios enormes, 36 restaurantes, si usted va a cenar le cortan la cabeza, ¿no? porque le hacen pagar… Y después, la villa miseria”, afirmó. Este barrio, ubicado sobre 200 hectáreas frente al Río de la Plata es un exclusivo centro residencial, gastronómico y de negocios. El Sumo Pontífice habló en una entrevista de Televisa sobre la pobreza, la injusticia y lo “traicionero” que es el dinero. “La injusticia de las riquezas. Por ejemplo, cuando no se paga el sueldo justo. Es un pecado mortal. Eso es aprovecharse de la pobreza de otro. O como cuando a la mucama de la casa se le paga en negro, total es una sirvienta. Pero ¿por qué?, pero no porque la patrona o el patrón sea rico, sino por esa actitud. El dinero siempre es traicionero. “San Ignacio decía que había tres escalones, la riqueza, la vanidad y el orgullo. Cuando vos llegás a ese nivel de orgullo sos capaz de cualquier cosa”, agregó.

PAPA-FRANCISCO-PRIMER-ANIVERSARIO-590x418 OPINION: Encantado de ser Papa

 

Por Washington Uranga

En la entrevista concedida a la televisión mexicana, Francisco dijo que “no me disgusta” ser papa. Ratifica de esta manera lo afirmado ya en otras ocasiones respecto de la felicidad que le provoca ejercer la máxima responsabilidad institucional de la Iglesia Católica. Todo ello concuerda con las afirmaciones de muchas personas cercanas que lo han visitado en el Vaticano en los dos últimos años: coinciden en que Bergoglio está feliz en su función. Salvo algunas cuestiones formales que le impone el protocolo y que él mismo se encarga de transgredir en más de una ocasión, ejerce su tarea con libertad. “Lo único que me gustaría es poder salir un día, sin que nadie me conociera, e irme a una pizzería a comer una pizza”, sostuvo recordando sus días en Buenos Aires.

La entrevista sirvió para dejar trascender su intención de seguir el camino de Benedicto XVI y renunciar al pontificado cuando sienta que ha cumplido con lo que se propuso o no tenga condiciones para hacerlo. “Yo tengo la sensación de que mi pontificado va a ser breve. Cuatro o cinco años. Tengo la sensación de que el Señor me pone para una cosa breve, nomás y… Pero es una sensación. Por eso tengo siempre la posibilidad abierta ¿no?” Y para reafirmar el sentido de lo dicho elogió la “valentía” de Ratzinger de “abrir la puerta a los papas eméritos”. Es más. Dijo que lo hecho por Benedicto es una “puerta abierta institucional, no es una cosa rara”. Aunque descartó poner una edad precisa, está claro que la renuncia está en la mente de Bergoglio cuando entienda que ha cumplido con la tarea.

A la luz de lo hecho en estos dos años se pueden resaltar algunos puntos dentro de su programa de pontificado.

Entre los primeros está la de idea de mejorar la imagen de la Iglesia Católica y del pontificado. Para ello eligió ratificar la mirada del Vaticano II respecto de la opción por los pobres, buscar otra forma de presencia junto a los excluidos del mundo y proyectar una imagen de austeridad propia y del Vaticano. Hacia el mundo ello supone una mayor involucramiento en las causas por la justicia. Para eso no escatimó esfuerzos. En dos años Francisco se reunió con Barack Obama, Vladimir Putin, Angela Merkel, Ban Ki-moon, Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu, entre otros. Pero también hizo gestos por la paz entre palestinos e israelíes, colaboró en el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos y se mantuvo activo en todos los frentes internacionales, incluyendo Siria, Irak, Nigeria y Ucrania.

Hacia el interior de la Iglesia se preocupó por sanear el banco del Vaticano, de condenar a los pedófilos (para lo cual creó además una comisión para investigar sobre los abusos sexuales en la Iglesia) y, sobre todo, de iniciar la reforma de la curia romana a pesar de las fuertes resistencias que hay sobre el tema. Una de los cambios más importantes fue la institucionalización del Consejo de Cardenales, un órgano nuevo, no previsto en el código eclesiástico, coordinado por un latinoamericano y que tiene la tarea de asesorar al papa.

Y abrió la discusión sobre todos los temas. Comenzando por los debates sobre la familia que se iniciaron en el sínodo del año anterior y que continuarán este año. Quedan muchos temas pendientes en la agenda, pero existe la impresión de que Bergoglio los tiene en cuenta y, a su manera, los irá planteando poco a poco. Quizás, cuando crea que no puede hacer más, tome la decisión de renunciar.

Mientras tanto, Francisco disfruta de ser papa.

¿Quién fue Óscar Arnulfo Romero?

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El papa Francisco aprobó este martes el decreto para la beatificación del arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980, informó la oficina de prensa del Vaticano.

Tomado de TeleSurTV

“La palabra queda y ése es el gran consuelo del que predica. Mi voz desaparecerá pero mi palabra, que es Cristo quedará en los corazones que la hayan querido recoger” (1978).

Nació en El Salvador el 15 de agosto 1917, en la Ciudad Barrios departamento de San Miguel (este). Era el segundo de ocho hermanos su padre se llamaban Santos y su madre Guadalupe. Eran una familia humilde y modesta.

A la edad de 13 años, en 1930, ingresó al seminario menor de la ciudad de San Miguel, que era dirigido por sacerdotes claretianos (misioneros). Posteriormente, en 1937 ingresó en el Seminario de San José de la Montaña de San Salvador. Ese mismo año, viajó a Roma (Italia) donde continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Vivió en el colegio Pío latinoamericano (casa que alberga a estudiantes de Latinoamérica), hasta que llegó a ser ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 a la edad de 24 años.

Regresó a El Salvador en 1943 siendo nombrado párroco de la ciudad de Anamorós en La Unión (este); después fue enviado a la ciudad de San Miguel donde sirvió como párroco en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y como secretario del Obispo diocesano monseñor Miguel Ángel Machado.

Posteriormente fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador en 1968. El 21 de abril de 1970, el papa Pablo VI lo designó Obispo Auxiliar de San Salvador, recibiendo la consagración episcopal el 21 de junio de 1970, de manos del nuncio apostólico Girolamo Prigrione. El 15 de octubre de 1974, fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María en el departamento de Usulután. El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador, tenía 59 años de edad. 

El 10 de febrero de 1977, en una entrevista que le realizó el periódico La Prensa Gráfica, el Arzobispo designado afirmó que:

“El gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia

por la justicia social como un político o elemento subversivo,

cuando éste está cumpliendo su misión en la política de bien común”.

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El 12 de marzo de ese mismo año (1977) fue asesinado el Padre Rutilio Grande, amigo de Monseñor Romero lo cual le causó a un gran impacto. 

Entre los años 1978 y 1979 Monseñor Romero avocó su lucha en pro de los derechos humanos y lo más pobres, en sus homilías denunciaba los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes.

Mons. Romero era estudioso de la Teología de la Liberación, el eje de la teología de la liberación son los pobres.

Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones a los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña.

Las nacientes organizaciones político-militares de izquierda fueron duramente criticados por Mons. Romero en varias ocasiones por sus actitudes de idolatrización y su empeño en conducir al país hacia una revolución.

Creó una oficina de Derechos Humanos y abrió las puertas de la Iglesia para dar refugio a los campesinos que huían de la represión.

A raíz de sus reiteradas denuncias Mons. Romero comenzó ser objeto de una ensañable campaña contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos, editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y se amenazaba directamente la integridad física de Mons. Romero. La “Iglesia Perseguida en El Salvador”.

El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar.

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada como una sentencia de muerte debido a la fuerte denuncia que realizó: 

“En nombre de Dios y de este pueblo sufrido…

les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios,

cese la represión”. 

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Un día después el 24 de marzo de 1980, Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue asesinado con un disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús.

Murió a manos de un francotirador que formaba parte de los escuadrones de la muerte de ultraderecha el 24 de marzo de 1980, financiada por la Agencia Central Estadounidense (CIA, por su sigla en inglés). 

Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad.

El camino hacia la canonización

A partir del 24 de marzo de 1990, dadas las valoraciones sobre las características de su vida y muerte, quedaba abierto el espacio pertinente y se procediera a Introducir la Causa de Canonización de Monseñor Romero y para tal empeño fue nombrado Postulador de la Causa el Pbro. Rafael Urrutia.

Teólogos de la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano declararon el 9 de enero auténtico el martirio del arzobispo salvadoreño. 

El proceso de canonización de Monseñor Romero se aceleró con la llegada de Jorge Vergoglio al Vaticano en 2013.El proceso que inició 14 años después del asesinato del obispo, estuvo archivado cuando Joseph Ratzinger, era cardenal y estaba al frente de la Congregación de la Causa de los Santos y continúo entre los archivos durante el papado de Benedicto XVI.

Francisco: ‘La atención por los pobres está en el Evangelio y en la tradición de la Iglesia’

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En una entrevista al periódico italiano La Stampa, el Santo Padre habla de capitalismo, justicia social y advierte sobre la cultura de descarte

 Ciudad del Vaticano, 12 de enero de 2015 (Zenit.orgRedacción | 720 hits

“Tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro”. Este deseo lo transmite el santo padre Francisco en una nueva entrevista, esta vez con los periodistas italianos Andrea Tornielli, coordinador de Vatican Insider, y Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa. Ambos son autores del libro “Papa Francisco. Esta economía mata” (Papa Francesco. Questa economia uccide) que trata sobre el magisterio social de Bergoglio. El volumen, en librerías desde el martes 13 de enero, concluye con una entrevista que Francisco concedió a los autores a principios de octubre de 2014.

En primer lugar, preguntan a Francisco si cree que el capitalismo, tal y como lo hemos estado viviendo en las últimas décadas, es un sistema de alguna manera irreversible. El Papa reconoce que “la globalización ha ayudado a muchas personas a salir de la pobreza, pero ha condenado a muchas otras a morir de hambre”. Por eso advierte que “cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a meros instrumentos de un sistema social y económico caracterizado, es más, dominado por profundos desequilibrios”. Y así se ‘descarta’ lo que no le sirve a esta lógica: es esa actitud la que descarta a los niños y a los ancianos, y que ahora también afecta a los jóvenes, explica el Pontífice en la entrevista. Asimismo se muestra impresionado por la cifra de jóvenes llamados NiNis –ni estudian, ni trabajan– y recuerda que esa ‘cultura del descarte’ lleva a rechazar a los niños también con el aborto y a los ancianos con la eutanasia oculta.

A propósito, Francisco indica que “no debemos considerar estas cosas como irreversibles, no debemos resignarnos”. Y pide: “tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro”.

Además, el Papa recuerda que “se necesita ética en la economía, y también se necesita ética en la política”. Al respecto indica que ha conocido a jefes de Estado y líderes políticos desde su elección a obispo de Roma que le han hablado de esto y le dicen que los líderes religiosos tienen que ayudarles y darles indicaciones éticas. De este modo, el Pontífice afirma, como recordaba Benedicto XVI en la encíclica ‘Caritas in veritate’, que se necesitan hombres y mujeres con los brazos elevados hacia Dios para rezarle. Al mismo tiempo se muestra convencido “de que es necesario que estos hombres y estas mujeres se comprometan, a todos los niveles, en la sociedad, en la política, en las instituciones y en la economía, poniendo al centro el bien común”.

El Papa afirma que “los mercados y las especulaciones financieras no pueden gozar de una autonomía absoluta” y que “se necesitan programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución de los recursos, a la creación de trabajo, a la promoción integral de los excluidos”.

Al preguntarle si le molesta que le acusen de ‘pauperismo’, el Santo Padre explica que san Francisco nos ayudó a descubrir el vínculo profundo que hay entre la pobreza y el camino evangélico. Y añade que Jesús afirma que no se puede servir a dos amos, a Dios y a las riquezas. Del mismo modo, Francisco explica que la pobreza aleja de la idolatría, del sentirse auto-suficientes. Y así, indica que “el del Evangelio es un mensaje que va dirigido a todos, el Evangelio no condena a los ricos, sino la idolatría de la riqueza, esa idolatría que nos hace insensibles al grito del pobre”.

Finalmente, el Pontífice explica la continuidad con la tradición de la Iglesia en esta atención por los pobres. De este modo, recuerda que un mes antes de inaugurar el Concilio Ecuménico Vaticano II, el Papa Juan XXIII dijo que “la Iglesia se muestra como es y como quiere ser: como la Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres”. Y así, años después, “la elección preferencial por los pobres entró a los documentos del magisterio”.

Por esta razón, el Santo Padre señala que aunque alguien podría pensar en una novedad, “en cambio se trata de una atención que tiene su origen en el Evangelio y se encuentra documentada ya en los primeros siglos del cristianismo”.

La atención por los pobres está en el Evangelio y está en la tradición de la Iglesia, “no es una invención del comunismo y no hay que ideologizarla, como a veces ha sucedido durante la historia”, advierte el Pontífice argentino.

Para concluir la entrevista, el Santo Padre asegura que “la Iglesia está lejos de cualquier interés político y de cualquier ideología: movida únicamente por las palabras de Jesús, quiere ofrecer su aporte a la construcción de un mundo en donde se custodien los unos a los otros y en donde se cuiden los unos a los otros”.

 

El Papa Francisco un año después

APE

Por Adolfo Pérez Esquivel

Tomado de Adital

A un año de la designación Del Papa Francisco, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, compartió algunas reflexiones: “En las últimas décadas los principales conductores de la Iglesia, habían desandado el camino iniciado en el Vaticano II. (…) Hoy vuelve a cobrar relieve, en numerosos gestos del Papa Francisco, el anhelo de una Iglesia pobre, el compromiso con los más pobres, con los excluidos y este no es un dato menor. De la Roma que perseguía y aplicaba la Teología de la sospecha a los teólogos de la liberación, se abrió paso al diálogo y encuentros. Seguramente quedan numerosas reformas pendientes (…) Pero este Papado que vuelve a plantear un liderazgo ético, cultural y religioso, que interpela al mundo entero, que asum e una perspectiva ecuménica, profundiza el diálogo con otras Iglesias de Igual a Igual, no puede ser más promisorio y alentador”.

En este sentido destacó que en su primer año el Papa Francisco cuestionó la globalización económica asociada a la exclusión social de los pueblos, denunció a las redes de crimen organizado, intervino activamente a favor de la Paz en Siria, llamó a los jóvenes a ser partícipes de un mundo mejor, y mostró voluntad ecuménica de poner la Iglesia a disposición para la protección de los derechos de las personas, de los pueblos, el desarrollo humano y la defensa del medio ambiente, entre otras medidas.

Para finalizar el Presidente del Servicio Paz y Justicia remarcó que “sólo la decisión y el tiempo dirán cuanto podrá cambiar Francisco, las herencias negativas que afectan al Vaticano y la Iglesia en general”.

Aquí las reflexiones completas de Adolfo Pérez Esquivel:

El Papa Francisco. A un año

Buenos Aires, 13 de marzo de 2014

Se cumple un año de que Francisco asumió como Pontífice, Pastor del Pueblo de Dios, de llevar el mensaje del Evangelio al mundo y de renovar una Iglesia que se había oscurecido la vida y la esperanza.

Hace un año decíamos ¿Cuál era la situación de la Iglesia previo a la abdicación del Papa Benedicto VI? En las últimas décadas los principales conductores de la Iglesia, habían desandado el camino iniciado en el Vaticano II, y desactivado cuando no perseguido las opciones que consideraban la historia de la liberación de los pueblos como parte de la historia de la salvación, surgidas desde latinoamérica a partir de Medellín, Puebla y varios Sínodos. En una Iglesia cuyo viraje conservador iniciado con Juan Pablo II y consolidado con Benedicto XVI, ya había cambiado el perfil de episcopados complet os, desplazando a obispos progresistas por otros ultraconservadores, y que además evidenciaba una fuerte crisis de credibilidad frente al manejo poco transparente de los fondos vaticanos y por las denuncias de abusos y encubrimientos de sacerdotes acusados de aberrantes actos de pedofilia, la elección del nuevo pontífice se esperaba dentro de la continuidad de opciones ultramontanas y en particular italianas.

En ese contexto, la designación del Cardenal Bergoglio, surgió como una novedad, por primera vez la Iglesia salía del euro-centrismo y abría su visión hacia latinoamérica y otros continentes. Los primeros gestos y actitudes del nuevo Papa, así como la adopción del nombre del Santo de Asis, Francisco, que constituye por su alto simbolismo una opción por los pobres y un programa de acción, demarcaron un espacio diferente al previsible inicialmente. ¿Podrá la Iglesia empezar a recuperar de la senda del Vaticano II, adecuarlo a los tiempos actuales y tratar de animar y alumbrar desde la fe alternativas de justicia social para los pueblos?. Sólo la decisión y el tiempo dirán cuanto podrá cambiar Francisco, las herencias negativas que afectan al Vaticano y la Iglesia en general.

Hoy podemos decir que en la Iglesia universal soplan nuevos vientos, empezó a cambiar la agenda, y aunque no se pueda esperar drásticas transformaciones, cuando durante décadas se reforzaron liderazgos, jerarquía, movimientos e instituciones conservadoras, vuelve a cobrar relieve acompañado por numerosos gestos del Papa Francisco, el anhelo de una Iglesia pobre, el compromiso con los más pobres, con los excluidos y este no es un dato menor. http://www.adolfoperezesquivel.org/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

Frente a un crecimiento económico que se nos presenta divorciado del bienestar de los pueblos, donde se ha profundizado la brecha entre ricos y pobres, no sólo entre los países del Norte con respecto a los del Sur sino también al interior de cada país, donde se acentúan los procesos de concentración de la riqueza en pocas manos, mientras amplios sectores de la población (trabajadores, mujeres y jóvenes pobres en particular) son desplazados del mundo del trabajo a límites de sobrevivencia infrahumana, el Papa Francisco ha cuestionado una globalización económica asociada a la exclusión social de los pueblos.

Su presencia en Lampedusa para solidarizarse y expresar su compromiso con los miles de migrantes que escapan de masacres despojo de sus tierras, para tratar de sobrevivir en Europa, muestra que no son sólo discursos sino testimonio con hechos para interpelar a una Europa, que pese a la crisis, sigue siendo opulenta. A estos hechos cabe agregar su denuncia frente a diversas organizaciones internacionales de perfil delictivo (mafias, narcotráfico, trabajo esclavo, etc.) que tienen un alto poder de corrupción y gravitación en segmentos cada vez mayores de la economía mundial y de numerosos países.

Igual testimonio se expresó en la decidida intervención en favor de la Paz y contra las intervenciones armadas y la profundización de la guerra en el caso de Siria, que podría haber escalado a niveles inimaginables.

El llamado de Francisco al compromiso de los jóvenes, a ese “hagan lío”, vuelve a interpelarlos a ser partícipes de un mundo mejor, vuelve a sacar a los cristianos al mundo, a no esconder la luz bajo la cama, vuelve a plantear que al igual que levadura debe fermentar para hacer el pan, la fe debe animar en la dignificación de nuestros pueblos.

La protección de los derechos de las personas y de los pueblos, el desarrollo humano, la defensa del medio ambiente, los procesos de desarme y la justicia se convertirán cada vez más en temas de debate internacional, porque en esta ocasión está en juego nuestro Planeta, e implicarán un largo proceso de luchas con avances y retrocesos. Ante estos desafíos un Papado que vuelve a plantear un liderazgo ético, cultural y religioso, que interpela al mundo entero, que asume una perspectiva ecuménica, profundiza el diálogo con otras Iglesias de Igual a Igual, no puede ser más promisorio y alentador.

El Papa Francisco ha empezado a tratar de superar los problemas que vive la Iglesia Católica. En este aspecto, seguramente queda un largo camino por transitar para desmontar la trama “non santa” que aquejaba a la Curia Romana, sin embargo son muy auspiciosas numerosas medidas adoptadas, avanzar en la Colegialidad intercontinental, al crear la comisión integrada por Cardenales de diversos países para que lo acompañen en su gestión. Ya no sólo gobernará la Iglesia Europa o los países del Norte, y en la elección del futuro Papa tendrán mayor gravitación otros continentes a partir de la designación de nuevos Cardenales. Los sectores más conservadores van perdiendo gravitación, aunque mantengan todavía un poder considerable.&nb sp; De la Roma que perseguía y aplicaba la Teología de la sospecha a los teólogos de la liberación, se abrió paso al diálogo y encuentros. Seguramente quedan numerosas reformas pendientes como la posibilidad de opción de los sacerdotes al matrimonio, el acceso de las mujeres al sacerdocio, por mencionar algunas. Hay señales alentadoras como el reconsiderar la comunión de los divorciados. Los desafíos son grandes, la esperanza de que puedan encararse también.

Lo cierto es que Francisco, como Pastor, ha despertado esperanzas, está dando testimonios personales y adoptando medidas que alientan a una Iglesia que vuelve a caminar con los pobres, que procura vivir en comunidad en oración y compromiso.

esquivel conf prensa

A continuación comparto con ustedes la forma en que reportó Alainet el 22 de marzo de 2013 lo dicho por Adolfo Pérez Esquivel en conferencia de prensa, tras haberse reunido con el Papa Francisco

En el día de ayer el Papa Francisco recibió a Adolfo Pérez Esquivel en una audiencia privada dentro del Vaticano. El encuentro fue amable, emotivo y durante el mismo  hablaron acerca de los nuevos caminos de la Iglesia, con una mirada hacia los más desposeídos, los marginados y privados de sus derechos más elementales.

El Premio Nobel de la Paz argentino es la tercera figura de Latinoamericana con la que se reunió, luego de haberse encontrado con Cristina Fernández y Dilma Rousseff, mandatarias de Argentina y Brasil.

Luego de su encuentro, Pérez Esquivel expresó lo siguiente en conferencia de prensa:

“La reunión fue muy buena, hablamos de la situación general de la Iglesia, del mundo, de Latinoamérica, de Argentina y del medio ambiente. El Papa me expresó su convicción por avanzar en la verdad, la justicia y la reparación del daño hecho por las dictaduras. Pero también hablamos de que los Derechos Humanos son integrales y que no hay que limitarlos a los asesinatos de la dictadura, sino también a la pobreza, al ambiente y la vida del pueblo.

Juntos recordamos a los mártires de América Latina, semillas de vida, y las voces proféticas del continente americano, como Don Helder Cámara, Monseñor Romero, Pedro Casaldáliga, Leónidas Proaño, Enrique Angelelli, entre otros.

Otro tema tratado fue el ecumenismo, donde el Papa me afirmó que la Iglesia tiene que dialogar con todas las religiones en un mismo plano de igualdad.

Además el Papa Francisco me expresó su preocupación por reducir los índices de pobreza en el mundo trabajando junto a los pobres. Y que ese fue el motivo que lo llevó a elegir el nombre Francisco, dado que significa un programa de vida, y es símbolo de compromiso con los pobres.”

Al finalizar el Papa le pidió a Adolfo Pérez Esquivel su apoyo, así como el de todos los cristianos, a través de las oraciones para poder llevar adelante su misión.

La Teología de la Liberación y el nuevo pontífice El otro Papa, el otro Boff…

Por Sergio Ferrari

En torno a la visita del Papa Francisco a Brasil en los últimos días de julio, el teólogo brasileño de la liberación y de la ecología Leonardo Boff no escatimó sus elogios hacia el nuevo Obispo de Roma. A quien considera un hombre “libre de espíritu”; le emparenta en ciertas virtudes al mismo Francisco de Asís y lo reivindica por su “espléndido rescate de la razón cordial”. Para Boff, el jefe vaticano es “una figura fascinante que llega al corazón de los cristianos y de otras personas”.

El legado mayor durante su visita a Brasil, fue su (propia) figura, enfatizó Boff en una entrevista con este corresponsal apenas finalizado el periplo del Pontífice. “Representó el más noble de los líderes, el líder servidor que no hace referencia a sí mismo sino a los demás, con cariño y cuidado, evocando esperanza y confianza en el futuro…”.

En  el diálogo Boff, -quien había sido duramente condenado al “silencio y obediencia” por el Vaticano en 1985 por su conceptualización y compromiso con la Teología de la Liberación-, reivindicó lo que para él son los aspectos esenciales que dejó este primer contacto del Papa con Latinoamérica.

Presentó una “visión humanística en la política, en la economía, en la erradicación de la pobreza”.  Criticó duramente el sistema financiero…definió a la democracia como ‘humildad social’, reivindicó el derecho de los jóvenes a ser escuchados”, enumera Boff.

Subrayando el aporte del Pontífice en el campo de la ética, “fundada en la dignidad trascendente de la persona”, y expresada de esta forma en su “discurso recurrente”.

El teólogo brasilero y premio Nobel alternativo de la paz de 2001 consideró, sin embargo, que durante la estadía brasileña del Sumo Pontífice fue el “campo religioso el más fecundo y directo”. El discurso “más severo lo reservó para los obispos y cardenales latinoamericanas (CELAM). Reconoció que la Iglesia – y él se incluía- está atrasada en lo que se refiere a la reforma de sus estructuras…Criticó la ‘psicología principesca’ de algunos miembros de la jerarquía”.

Anticipando, además, los dos ejes principales de la pastoral según la visión del nuevo Papa: “la proximidad al pueblo…y el encuentro marcado de cariño y ternura…”. Habló incluso -enfatiza Boff -, “de la revolución de la ternura, cosa que él demostró vivir personalmente”.

Desde el mismo día de la elección del Cardenal Jorge Bergoglio al papado, Leonardo Boff, quien en 1992 asqueado por el mal trato vaticano había quitado el sacerdocio, reorientó bruscamente su respetada voz hacia la defensa del nuevo Pontífice. Nunca entró en el debate sobre el rol jugado por el Cardenal y la jerarquía católica argentina durante la última dictadura militar.

Apenas seis años atrás, en mayo del 2007, a las puertas de la 5ta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se realizaría días más tarde en Aparecida y donde Bergoglio jugó un rol muy importante, Boff  había catalogado a una buena parte de la jerarquía católica como de “burócratas de lo sagrado” en una entrevista anterior con este corresponsal. Exteriorizando así su lectura entonces escéptica hacia la situación general de la Iglesia; su incapacidad estructural  al cambio; y su rigidez para abrirse a los grandes temas desafiantes de la humanidad, en particular la ecología y la propia renovación institucional interna.

Los dos Papas anteriores, Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron para Boff y numerosos teólogos, principalmente de América Latina, los principales responsables de tratar de deslegitimar la Teología de la Liberación, sus teóricos y promotores, así como sus propuestas organizativas, en particular las Comunidades Eclesiales de Base, tan ampliamente desarrolladas en todo el continente.

Había sido el Cardenal Ratzinger, entonces Prefecto para la Congregación de la Doctrina y de la Fe y posteriormente Papa Benedicto XVI, uno de los responsables directos de la sanción vaticana contra Boff.

Le elección del primer Papa latinoamericano en marzo pasado, sin embargo, se convirtió en un verdadero shock de esperanza y punto de partida de un cambio radical de percepción y valoración de parte del teólogo de la liberación. Quien no ha escondido su deseo explícito, antes o después, de ser recibido por Francisco I y a quien le ha hecho llegar como regalo, durante su estadía en Río de Janeiro, un ejemplar de su último y sugestivo libro: Francisco de Asís y Francisco de Roma: ¿una nueva primavera en la Iglesia?

Todas señales que indicarían la apertura de un proceso paulatino hacia la eventual “normalización” de relaciones entre Boff –en tanto cabeza visible de ese sector castigado de la iglesia popular-  y el poder jerárquico romano.

Aunque el desenlace del proceso de acercamiento queda abierto,  los signos indicativos, reforzados durante el viaje del Papa Francisco a Brasil, son relevantes.

En primer lugar, la voluntad explícita de Boff y Francisco de avanzar en el proceso de encuentro. La existencia de importantes canales que facilitan la comunicación casi directa entre ambos. Sin menospreciar, adicionalmente, las actualizadas reflexiones de Boff – y otros referentes del sector popular de la Iglesia- (ver recuadro) que en los últimos cuatro meses no ha dejado de reivindicar las virtudes del nuevo Papa.  A partir de quien, el teólogo brasilero, cree percibir la posibilidad del cambio interno de una Iglesia hasta ahora dirigida, casi exclusivamente, por los burócratas de lo sagrado.

Sergio Ferrari, colaboración de E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria presente en Brasil

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Los teólogos de la liberación y el Papa Francisco

Sergio Ferrari

Los gestos de simplicidad, de modestia y de cercanía a la gente de parte del Papa Francisco han sido hasta ahora, para teólogos como Leonardo Boff, la prueba más contundente de un cambio positivo dentro de la Iglesia desde marzo de este año.

Es posible que en el caso del premio Nobel alternativo 2001, pesen también factores subjetivos para enfatizar las señales de apertura. Llegando a los 75 años, Boff, que nunca renunció a su profunda fe, a su pertenencia a la Iglesia y a su adhesión a los valores cristianos, quiere terminar sus días en “paz” con la institución donde nació, creció y “militó”. La reconciliación de la Iglesia con Boff – luego de condenarlo al silencio total en 1985- sería, formalmente, el reconocimiento de un error o exceso institucional. No sólo hacia el teólogo brasilero sino sobre todo hacia la Teología de la Liberación, nacida en América Latina y enraizada sólidamente en ese continente.

La visión positiva hacia Francisco es compartida total o parcialmente por otros referentes de esa línea de pensamiento. Su compatriota y amigo, Frei Betto, en una carta pública que le envió al Papa días antes de su viaje a Brasil, enfatizaba: “Usted inyectó en todos nosotros renovadas esperanzas en la Iglesia Católica al adoptar actitudes más próximas al Evangelio de Jesús que las rúbricas monárquicas predominantes en el Vaticano…”. Y reivindica el gesto del Papa de criticar abiertamente, en la isla de Lampedusa, “la globalización de la indiferencia”.

Por su parte, el teólogo jesuita salvadoreño – de español- Jon Sobrino, otro referente del sector popular de la Iglesia, subrayaba en junio en un artículo publicado en la revista de la Universidad Centroamericana de su país, que “después de dos meses y medio de ser elegido, el Papa Francisco sigue su camino de un modo claro y coherente”. Insistiendo que se respiran aires de cambio, como los del Vaticano II (Concilio reformador en los años sesenta) y de Juan XXIII (el Papa bueno). Aunque enfatizaba que está por verse como se posicionará ante el capitalismo internacional y como emprenderá de verdad la reforma de la Curia…

El sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, uno de los padres fundadores de la Teología de la Liberación, manifestó en los últimos meses una particular esperanza en la dinámica actual de la Iglesia. Gutiérrez acaba de publicar en Italia el libro “De la parte de los pobres, Teología de la Liberación, Teología de la Iglesia” (Ediciones Messaggero, Padua, Emi). Antología de ensayos, impresa en Alemania en el 2004 y escrita a cuatro manos junto con el arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y amigo íntimo de Gutiérrez. Recientemente Müller declaró que «El movimiento eclesial teológico de América Latina, conocido como “teología de la liberación”, que después del Vaticano II encontró eco en todo el mundo, debe ser considerado, según mi parecer, entre las corrientes más significativas de la teología católica del siglo XX».

Si bien las señales de acercamiento entre Roma y la Teología de la Liberación transitan una primera etapa, nunca en los últimos treinta años habían sido tan significativas, bilaterales y consecuentes como en los últimos cinco meses.

Fuente alainet.org