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PARA QUE LA DEMOCRACIA SEA DEMOCRACIA

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Por Luis Toledo Sande

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Desde que se acuñó para nombrar una forma de funcionamiento social en la Grecia culta y fértil, pero esclavista, el término democracia —etimológicamente, poder del pueblo— ha venido cargando con realidades y embustes, logros y manquedades, en proporciones varias. Así y todo, constituye un desiderátum de la mayor importancia para la humanidad. Pero causa espanto el atolladero a que ha llegado su uso en las versiones privilegiadas en el mundo por los medios imperantes, instrumentos de los poderosos.

En medio de una realidad en que los intereses imperiales fomentan guerras, genocidios, actos terribles como los sufridos por las masas de emigrantes echados de sus tierras por los conflictos bélicos y la pobreza que estos agravan, cuando en muchas partes asoman las garras del fascismo, sobran ejemplos para ilustrar la falsedad de quienes medran falseando y haciendo fracasar la democracia. Dos casos palmarios son el de los Estados Unidos, autopromovido e incluso aceptado por muchos como supuesto paradigma de la democracia, y el de España, en pose de imitar el modelo estadounidense.

El primero de ellos sobresale como tutor mandón, OTAN mediante; el segundo, como engendro patético, como zarzuela mala. Ambos ignoran los derechos de los pueblos, incluidos los suyos, y en el europeo las fuerzas dominantes —o vicedominantes, porque se supeditan a las del Norte— imitan a la potencia que hoy las coyundea y en 1898 humilló a sus predecesoras. Para colmo, se ha implantado como supuesto recurso para garantizar la estabilidad —preparado por el cabecilla fascista que sumió al país en sangre y luto y urdió la transacción “democrática”— nada menos que una monarquía, forma de gobierno caduca raigalmente incompatible con la democracia verdadera.

Allí alternan en la casa de gobierno el partido cuya cúpula ha traicionado los rótulos socialista y obrero de su nombre, y el que, también usurpando una denominación que no le pertenece, popular, encarna la continuidad del llamado Bando Nacional, el que llevó al poder al caudillo asesino. Tal es el partido que recientemente ha logrado seguir habitando La Moncloa, tras episodios comparables en la imaginación cubana como un San Nicolás del Peladero carente de gracia, trágico.

En los Estados Unidos la más reciente campaña por el voto presidencial mostró una vez más, reforzada incluso, la realidad descrita por José Martí al hablar de política y elecciones en esa nación: “no se ha peleado a lo púgil, sino a lo serpiente”. En la pugna se enfrentaron otra vez los representantes del partido demócrata y el republicano, nombres tan intercambiables en esencia como las organizaciones políticas designadas con ellos.

En la continuidad del secular modo de hociquear en la contienda por ocupar la Casa Blanca se enfrentaron, de un lado, una intervencionista que envuelve en porte elegante su alma asesina y, del otro, un ser que, con su burda catadura neroniana, encarna la decadencia, peligrosa y en marcha, del imperio. Su desempeño, si no lo liquidan por el camino, llegará —al igual que llegaría el de su adversaria si ella hubiera ganado— hasta donde se lo permitan los dueños del negocio terrible que él representará como presidente.

Modelos tales encarnan miseria moral para los pueblos del mundo en cualquier época, y máxime cuando las reglas impuestas se emplean en función de estratagemas neoliberales como las que han primado en el Brasil de un turbio golpe de estado parlamentario. También en Argentina, donde la derecha capitalizó recursos en los cuales se incluyó una falaz maquinaria propagandística.

Así las fuerzas de la reacción consiguieron que el pueblo apareciera como protagonista de un hecho costoso para la inmensa mayoría: ponerse la soga en su pescuezo con la elección de un presidente que obedece al imperio y a la oligarquía intestina, de la que forma parte. Como la maniobra perpetrada en Brasil, la de Argentina corrobora cuán antidemocrática puede ser, capitalismo por medio, la llamada democracia.

Esos triunfos de la derecha —tras los cuales es fácil adivinar o ver el empuje de fuerzas que en el Norte son capaces de alternar, cuando les conviene, la zanahoria que manipulan y el garrote que las caracteriza— la han envalentonado todavía más en el afán de derrocar gobiernos que no le hacen el juego al imperio ni, por tanto, a ella. Ocurre en la Bolivia del Movimiento al Socialismo y en el Ecuador de la Revolución Ciudadana y, señaladamente, en la Venezuela del proyecto bolivariano.

Los dirigentes revolucionarios en ese país, ahora con Nicolás Maduro al frente y también apoyados por la mayoría de la población, han conseguido contener, con un denuedo que asombra y conmueve, la ofensiva contrarrevolucionaria y criminal apoyada por el imperio. Es una ofensiva comparable al menos con la que en Chile frustró por la fuerza el experimento pacífico del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende.

Hasta ahora la diferencia entre ambas realidades la va marcando el hecho de que en Venezuela no ha prosperado un golpe militar como el representado por Augusto Pinochet en Chile. Pero los intentos de acabar con el afán bolivariano se comprobaron fehacientemente incluso en vida de Hugo Chávez, contra quien se orquestó un golpe respaldado por fuerzas foráneas. En ellas descolló el Partido Popular español y, sobre todo, el imperio al que esa organización política sirve, como sirven los cabecillas de la contrarrevolución que actúa dentro de Venezuela.

Agredida, bloqueada, calumniada, asediada por ese mismo imperio, que viola los derechos humanos y la legalidad internacional, Cuba se ha mantenido firme, gracias a una Revolución a la que el pueblo le ha dado un apoyo ampliamente mayoritario, y no por casualidad ni como fruto de un supuesto milagro. Esa Revolución llegó al poder tras una lucha armada que le permitió desmantelar la maquinaria gubernamental impuesta por una burguesía que calculó mal al irse para los Estados Unidos, suponiendo que pronto volvería para recuperar su posición. El pueblo, por su parte, vio en la obra revolucionaria un rumbo verdaderamente democrático.

El 16 de abril de 1961, en el entierro de los mártires de los bombardeos con que en la víspera la CIA intentó destruir parte importante de las fuerzas con que Cuba podría defenderse contra la invasión desatada el 17, el líder Fidel Castro Ruz declaró que la Cubana era ciertamente una Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes: es decir, encarnaba en los hechos el poder del pueblo, esencia de la democracia.

Desde el alba de 1959 el pueblo cubano tenía evidencias de que se estaba cumpliendo el Programa del Moncada. Lo mostraba cuanto se hacía en el terreno de la educación y la salud, en el laboral y en el de la dignidad basada en la conquista de la soberanía que el imperio le había arrebatado al país en 1898, con la oportunista intervención que impidió que Cuba alcanzara la victoria que merecía contra el colonialismo español.

Para defender a su patria contra la invasión mercenaria, preparada y financiada por la CIA, y que fue aplastada en menos de setenta y dos horas, lucharon en Playa Girón soldados y milicianos —pueblo uniformado— que sabían necesario salvar y cuidar logros como la Campaña de Alfabetización en marcha, gracias a la cual el año 1961 finalizó con la proclamación de Cuba como país libre de analfabetismo. Ese fue el bautizo grandioso de una obra educacional en ascenso, que prepararía al pueblo para defender sus derechos contra todas las fuerzas que quisieran arrebatárselos.

Hace unos años, en medio de las calumnias contra Cuba, profesionales de diferentes países dialogaban en un debate, y uno de ellos —digamos que equivocado, víctima de la campaña mediática que la nación caribeña ha tenido que enfrentar sin descanso durante más de medio siglo— tildó de dictatorial al gobierno cubano. Entonces una colega española, haciendo acopio de claridad y de fina ironía, le respondió: “Pues se le debe impartir un curso al gobierno de Cuba para que aprenda a ser una dictadura, porque mal va el dictador que lo primero que hace es buscar y conseguir que su pueblo se instruya”.

La obra de educación, cultura y ciencia desarrollada por la Revolución Cubana con un denuedo superior a sus recursos materiales, no solamente le ha dado al país una fuerza laboral altamente capacitada. También lo ha dotado de un ejército —el pueblo— preparado para enfrentar con armas y pensamiento, en trincheras de piedra y de ideas, las campañas enemigas, y para hacerlo con la claridad de quien sabe dónde está lo que debe defender. Una Revolución que rinde culto filial a José Martí sabe, como dijo él, que “ser culto es el único modo de ser libre”.

Algunos habrán creído, o posado como que lo creían, y hasta intentado propalarlo como cierto, que la fuerza de esa Revolución había desaparecido o se difuminaba en medio de carencias internas provocadas por un criminal bloqueo que perdura. Pero no les habrá quedado más remedio que ver la reacción de la inmensa mayoría de este pueblo ante la muerte de su Comandante, las claras, resueltas expresiones de la voluntad de mantener vivo su legado y continuar una obra revolucionaria irreductible a los designios del mercado y al sometimiento en que los imperialistas quisieran y en vano han intentado sumir a Cuba. Habrán podido ver también la solidaridad de los pueblos del mundo con ella.

Tanto como la Revolución Cubana tiene el derecho y el deber de defenderse, y hacerlo con la mayor lucidez posible, asume igualmente la misión de salvar la cultura de la nación, que en ella tiene —así la definió el Comandante— su mayor escudo. Esa cultura no se agota en la riqueza artística y literaria cosechada: abarca un patrimonio más amplio, en el que están inscritos los valores éticos que han sido y han de seguir siendo el pilar de la obra revolucionaria y del acervo cultural de la nación en su conjunto.

No es fortuito, sino orgánico, el llamamiento de la propia dirección de la Revolución al pueblo para que fortalezca su participación activa y consciente en el ejercicio de la democracia. Sin él, la Revolución sería un logro bamboleante, fácilmente derribable con sacudidas mucho menores que las propulsadas contra ella por las fuerzas imperiales. De ahí la necesidad de fortalecer el funcionamiento democrático, participativo, con que el pueblo la lleva a cabo, y no contentarse con saber que ante la grandeza y la índole popular de su obra deberían al menos guardar silencio, si tuvieran pudor, los voceros de la falaz democracia burguesa que intentan desacreditarla.

Los lemas “¡Yo soy Fidel” y “¡Somos Fidel!” expresan apoyo, voluntad de participación en el cuidado cotidiano de las conquistas y los requerimientos de la Revolución. Significan que, lejos de menguar, esa voluntad crece ante la ausencia física del dirigente en quien el pueblo intuía que podía delegar en gran medida, con plena confianza, la responsabilidad de mantener bien orientada la Revolución. A partir de ahora no debe quedar resquicio al que no llegue el sentido colectivo, a fondo, de la democracia plena que se necesita para que el legado revolucionario perdure en marcha hacia un futuro que debe y merece ser victorioso.

No se sirve en Cuba, ni se ha de servir, a rejuegos para que accedan al poder millonarios o aspirantes a millonarios que representan a los opresores y ellos mismos lo son. La cultura revolucionaria de la nación garantiza que aquí no haya magnates que encuentren espaldas de pobres sobre las cuales sentarse. Eso, cualesquiera que sean los ropajes con que el opresivo sistema se vista, ocurre diariamente en los países que, dominados por el capitalismo, presiden a escala planetaria la violación de los derechos humanos.

Esa realidad es medularmente ajena a un pueblo como el de Cuba, preparado para saber cuáles son sus derechos, y defenderlos. Se trata de un pueblo instruido, formado —como debe serlo crecientemente— en el conocimiento de su historia, y de la historia de sometimiento en que lo quisieran hundir otra vez y para siempre los mismos que lo sumieron en ella desde 1898 hasta el 1 de enero de 1959, y ahora lo invitan a olvidarla.

No olvidará su historia la Revolución que ha abierto caminos necesarios para que ciertamente democracia signifique democracia, no campañas de serpientes al servicio de la opresión nacional e internacional.

 

Ucrania: Jugando a la ruleta rusa

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Augusto Zamora R. Profesor de Relaciones Internacionales.

Desde su fundación en 1949 y hasta 1999, la OTAN jamás realizó ningún tipo de operación militar contra ningún país. Creada, técnicamente, como alianza defensiva, su propósito era ‘contener la amenaza comunista’ y preservar a Europa occidental de la presunta ‘amenaza soviética’. En 1992, la URSS se autodestruyó y, con su desaparición, se disolvió el Pacto de Varsovia. Parecía que, al fin, después de tres mil años matándose entre sí, Europa entraría en una era de paz, desmilitarización y unión. No ocurrió tal. De repente, como caballo que, retenido por el freno –soviético-, se ve libre del hierro, la OTAN se desbocó y entró en una espiral militar-imperialista que la llevó a agredir a la reducida Yugoslavia de Serbia y Montenegro en 1999; a invadir Afganistán en 2001, Irak, en 2003, y a destruir Libia, en 2011.

Cada nueva guerra de agresión servía de escenario para la ampliación de la OTAN. En 1999 entraron Hungría, Polonia y Chequia. En 2004, Bulgaria, Rumania, Eslovenia, Eslovaquia y los países bálticos. En 2009, Croacia y Albania. La OTAN aprovechaba el colapso de Rusia, bajo la presidencia del alcohólico Boris Yeltsin, para extender sus posiciones hasta las fronteras rusas, no obstante la promesa de EEUU a Mijail Gorbachov, último presidente de la URSS, de que la OTAN no se ampliaría hacia el territorio del antiguo Pacto de Varsovia. Hundida Rusia, todo era fiesta y los miembros de la OTAN, con EEUU a la cabeza, se proclamaron policías del mundo.

La continua expansión de la OTAN provocó extrema alarma en Rusia, aunque su postración económica, política y militar, hacía inútil las protestas. En 1993, el nacionalista extremista Vladímir Zhirinovsky, declaró que la ampliación de la OTAN hasta las fronteras de Rusia llevaría a la tercera guerra mundial. En Europa se rieron.

El ascenso de Vladimir Putin al poder cambiaría el rumbo de las cosas. Con Putin Rusia experimenta un espectacular renacimiento, que la vuelve a situar como gran potencia mundial. Con Putin, Moscú entierra la grotesca y atroz era Yeltsin y comienza a resituar al país más grande del mundo. El primer escenario fue Chechenia, donde el ejército ruso aplasta, en una guerra sangrienta y brutal, al movimiento separatista.

La guerra con Georgia, en agosto de 2008, no puede explicarse sin el referéndum de enero de ese mismo año, por el que Georgia decidía incorporarse a la OTAN. El ataque georgiano contra Abjasia y Osetia del Sur estuvo vinculado al acercamiento a EEUU del gobierno de Mijaíl Saakashvili, electo en enero de 2004. Saakashvili salió de una revuelta denominada ‘revolución de las rosas’, que depuso al ex ministro de Exteriores soviético, Eduard Shevarnadze. Nada de esto puede desligarse de la llegada a Georgia, a partir de 2002, de centenares de consejeros militares de EEUU, con la tarea de preparar, organizar y armar al nuevo ejército georgiano. Resulta imposible creer que el EEUU de George Bush II no estuviera al tanto de los preparativos de Georgia para invadir Osetia de Sur y Abjasia, dada la cantidad de militares estadounidenses en el país. Más aún, sería ingenuo creer que Washington no habría dado el visto bueno a aquella guerra.

En Ucrania hubo también una ‘revolución naranja’ –de escasa gloria y abundante corrupción- y luego otra revuelta (el ‘Euromaidán’), tras la firma por el presidente Yanukovich de un acuerdo comercial con Rusia y su rechazo a entrar a la UE. Con el nuevo gobierno Ucrania dio vuelta a la tortilla y, asesorado por EEUU, pasó de amigo a enemigo de Rusia. Tiene derecho el ciudadano a preguntarse de qué palo se bajan algunos políticos, porque la peor y más desastrosa política que podía asumir un país como Ucrania era alinearse con los enemigos de Rusia. Para situarnos, si México, por un casual, hubiera pedido su ingreso al Pacto de Varsovia, ¿habría EEUU permanecido de brazos cruzados? En 1983, en un discurso ante el Congreso, el presidente Ronald Reagan justificó la guerra contra Nicaragua y la intervención en El Salvador con estas palabras: “América Central, sencillamente, está muy cerca y los intereses estratégicos son demasiado importantes para pasar por alto el peligro de que ocupen el poder gobiernos con lazos ideológicos con la Unión Soviética”. Y el Congreso dio fondos, muchos fondos, para que EEUU destruyera Centroamérica.

Cierto, ya no hay guerra fría ni bloques militares. En junio de 2014, Obama proclamó, en Varsovia, que “los días de los imperios y las zonas de influencia llegaron a su fin, los países más grandes ya no pueden intimidar a los más pequeños e imponer su voluntad con las armas”. Tierno discurso, sin duda, atemperado en septiembre de ese año, cuando anunció mil millones de dólares para reforzar a la OTAN en el este y “construir capacidad militar” en Georgia, Moldavia y Ucrania. Sin olvidar, a propósito de zonas de influencia, que EEUU mantiene decenas de miles de soldados en Afganistán e Iraq, además de 598 bases militares en todos los continentes del mundo, según cifras del propio Pentágono (que no serán de fiar, es decir, el número de bases será mayor). No explican Obama ni el Pentágono por qué, si ya no hay zonas de influencias ni imperios, EEUU necesita llenar el mundo de bases militares e invadir y ocupar países. En cuanto a otra frase de Obama, de que no se pueden cambiar las fronteras a punta de pistola, que pregunte a Serbia lo que opina de esa afirmación, con Kosovo de fondo.

Cuando Rusia reintegró Crimea a su territorio, quiso enviar un mensaje a la OTAN: ya no está Yeltsin en el Kremlin. Rusia no permitirá que Ucrania entre en la OTAN. No, sin antes mediar una guerra, que Rusia está segura de ganar. Esta posición la explicó claramente el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en la recién pasada Conferencia de Seguridad, en Munich: Rusia no tiene intención de cambiar su postura respecto a Ucrania, y Occidente debe “aceptar la realidad”.

Ucrania es un país ficticio donde los haya, creado por la Unión Soviética sobre buena parte de territorio ruso. La mitad de la población habla ruso y se siente hermanada con los rusos. Sólo en la mente delirante del primer ministro ucranio pueden germinar ideas como construir un muro que separe Ucrania de Rusia o promover leyes que prohíben la exhibición de películas rusas; sólo desde el disparate va un gobierno a bombardear a un pueblo que dice es el suyo. La dictadura somocista bombardeaba las ciudades alzadas de Nicaragua porque odiaba al pueblo, que era su enemigo. Poroshenko, como su alter ego Saakashvili, actúa esperando que la OTAN entre en guerra con Rusia. En el laberinto de su ceguera, el gobierno ucranio olvida que nadie va a ir a la guerra por Ucrania. Nadie va la guerra contra un país de 17 millones de km2 y dueño de 15.000 cabezas nucleares.

De la fragilidad de Ucrania como Estado da cuenta su problema para reclutar tropas. Como gran noticia, Poroshenko anunció la movilización de 50.000 hombres. Una cifra ridícula para un país de 42 millones de habitantes. En El Salvador, la guerrilla llegó a disponer de 35.000 guerrilleros y la Nicaragua sandinista, con 4 millones de habitantes, movilizó a casi 280.000 hombres y mujeres esperando una invasión de EEUU.

En medio del sinnúmero de insensateces que se escuchan sobre el tema, la canciller Angela Merkel parece la única –por ahora- sensata. Ante las presiones para enviar armas al gobierno de Kiev ha respondido: “No veo a Putin dejarse impresionar con el armamento de Ucrania”. Todo lo contrario, el envío de armas podría ser la decisión que determine una guerra a gran escala en el Dombás y otras regiones rusófonas de Ucrania.

EEUU, que ha estado detrás de todo el infortunio ucraniano, aparece como el más interesado en proveer armas a Kiev. Si hubiera guerra, sería el único ganador inmediato. De entrada, se descalabraría la economía europea, lo que beneficiaría grandemente (como ya pasó en las dos guerras mundiales) a la economía estadounidense. Política y militarmente, EEUU llevaría al límite su control sobre la UE, que pasaría a ser, aún más, neocolonia del decadente imperio, que está perdiendo la “batalla del Pacífico” con China. El petróleo subiría de precio, lo que salvaría a las empresas estadounidenses del fracking, severamente dañadas por la caída de los precios del petróleo (y también levantaría la economía rusa). EEUU haría, en fin, pingües negocios vendiendo armamentos a todos los europeos, que castigarían aún más a su población para poder pagarlos. De paso, una ola de nacional-fascismo podría barrer a los movimientos y organizaciones de izquierda y progresistas, que serían acusadas de trabajar para Rusia.

De la irrelevancia que tiene el pueblo ucraniano da fe el resultado de la encuesta elaborada hace pocos días por el Centro Razumkov, de filiación antirrusa. Según los encuestados, la prioridad máxima de los ucranianos es la paz en el Donbás (79,4%), mejorar sus condiciones de vida (47,9%) y combatir la corrupción (33,8%). Normalizar la relaciones con Rusia es más importante (21,8%) que las relaciones con la UE (20,5%). Otra encuesta, realizada por el Research & Branding Group hace un año, daba otros datos: un 49% de ucranianos estaba con el ‘Euromaidan’ y un 45% en contra. Ucrania es un país dividido en dos regiones, culturas y tendencias. El conflicto hará más honda la división y, si hay guerra, puede que de la Ucrania actual quede poco. En cuanto a las bondades de la UE, debería invitarse a los ucranianos a darse una vuelta por Grecia, o por esta España desmantelada, empobrecida y endeudada.  

Tomado de Rebelión

Triunfarán las ideas justas o triunfará el desastre •

  • nato-1024x682Última reflexión de Fidel
  • Agosto 31 de 2014

La sociedad mundial no conoce tregua en los últimos años, particularmente desde que la Comunidad Económica Europea, bajo la dirección férrea e incondicional de Estados Unidos, consideró que había llegado la hora de ajustar cuentas con lo que restaba de dos grandes naciones que, inspiradas en las ideas de Marx, habían llevado a cabo la proeza de poner fin al orden colonial e imperialista impuesto al mundo por Europa y Estados Unidos.

En la antigua Rusia estalló una revolución que conmovió al mundo.

Se esperaba, que la primera gran revolución socialista tendría lugar en los países más industrializados de Europa, como Inglaterra, Francia, Alemania y el Imperio Austrohúngaro. Ésta, sin embargo, tuvo lugar en Rusia, cuyo territorio se extendía por Asia, desde el norte de Europa hasta el Sur de Alaska, que había sido también territorio zarista, vendido por unos dólares al país que sería posteriormente el más interesado en atacar y destruir la revolución y al país que la engendró.

La mayor proeza del nuevo Estado fue crear una Unión capaz de agrupar sus recursos y compartir su tecnología con gran número de naciones débiles y menos desarrolladas, víctimas inevitables de la explotación colonial. ¿Sería o no conveniente en el mundo actual una verdadera sociedad de naciones que respetara los derechos, creencias, cultura, tecnologías y recursos de lugares asequibles del planeta que a tantos seres humanos les gusta visitar y conocer?¿Y no sería mucho más justo que todas las personas que hoy, en fracciones de segundo se comunican de un extremo a otro del planeta, vean en los demás un amigo o un hermano y no un enemigo dispuesto a exterminarlo con los medios que ha sido capaz de crear el conocimiento humano?

Por creer que los seres humanos podrían ser capaces de albergar tales objetivos, pienso que no hay derecho alguno a destruir ciudades, asesinar niños, pulverizar viviendas, a sembrar terror, hambre y muerte en todas partes. ¿En qué rincón del mundo se podrían justificar tales hechos? Si se recuerda que al final de la masacre de la última contienda mundial el mundo se ilusionó con la creación de las Naciones Unidas, es porque gran parte de la humanidad la imaginó con tales perspectivas, aunque no estuviesen cabalmente definidos sus objetivos. Un colosal engaño es lo que se percibe hoy cuando surgen problemas que insinúan el posible estallido de una guerra con el empleo de armas que podrían poner fin a la existencia humana.

Existen sujetos inescrupulosos, al parecer no pocos, que consideran un mérito su disposición a morir, pero sobre todo a matar para defender privilegios bochornosos.

Muchas personas se asombran al escuchar las declaraciones de algunos voceros europeos de la OTAN cuando se expresan con el estilo y el rostro de las SS nazis. En ocasiones hasta se visten con trajes oscuros en pleno verano.

Nosotros tenemos un adversario bastante poderoso como lo es nuestro vecino más próximo: Estados Unidos. Le advertimos que resistiríamos el bloqueo, aunque eso podía implicar un costo muy elevado para nuestro país. No hay peor precio que capitular frente al enemigo que sin razón ni derecho te agrede. Era el sentimiento de un pueblo pequeño y aislado. El resto de los gobiernos de este hemisferio, con raras excepciones, se habían sumado al poderoso e influyente imperio. No se trataba por nuestra parte de una actitud personal, era el sentimiento de una pequeña nación que desde inicios de siglo era una propiedad no solo política, sino también económica de Estados Unidos. España nos había cedido a ese país después de haber sufrido casi cinco siglos de coloniaje y de un incalculable número de muertos y pérdidas materiales en la lucha por la independencia.

El imperio se reservó el derecho de intervenir militarmente en Cuba en virtud de una pérfida enmienda constitucional que impuso a un Congreso impotente e incapaz de resistir. Aparte de ser los dueños de casi todo en Cuba: abundantes tierras, los mayores centrales azucareros, las minas, los bancos y hasta la prerrogativa de imprimir nuestro dinero, nos prohibía producir granos alimenticios suficientes para alimentar la población.

Cuando la URSS se desintegró y desapareció también el Campo Socialista, seguimos resistiendo, y juntos, el Estado y el pueblo revolucionarios, proseguimos nuestra marcha independiente.

No deseo, sin embargo, dramatizar esta modesta historia. Prefiero más bien recalcar que la política del imperio es tan dramáticamente ridícula que no tardará mucho en pasar al basurero de la historia. El imperio de Adolfo Hitler, inspirado en la codicia, pasó a la historia sin más gloria que el aliento aportado a los gobiernos burgueses y agresivos de la OTAN, que los convierte en el hazmerreír de Europa y el mundo, con su euro, que al igual que el dólar, no tardará en convertirse en papel mojado, llamado a depender del yuan y también de los rublos, ante la pujante economía china estrechamente unida al enorme potencial económico y técnico de Rusia.

Algo que se ha convertido en un símbolo de la política imperial es el cinismo.

Como se conoce, John McCain fue el candidato republicano a las elecciones de 2008. El personaje salió a la luz pública cuando en su condición de piloto fue derribado mientras su avión bombardeaba la populosa ciudad de Hanói. Un cohete vietnamita lo alcanzó en plena faena y nave y piloto cayeron en un lago ubicado en las inmediaciones de la capital, colindante con la ciudad.

Un antiguo soldado vietnamita ya retirado, que se ganaba la vida trabajando en las proximidades, al ver caer el avión y un piloto herido que trataba de salvarse se movió para auxiliarlo; mientras el viejo soldado prestaba esa ayuda, un grupo de la población de Hanói, que sufría los ataques de la aviación, corría para ajustar cuentas con aquel asesino. El mismo soldado persuadió a los vecinos que no lo hicieran, pues era ya un prisionero y su vida debía respetarse. Las propias autoridades yankis se comunicaron con el Gobierno rogando que no se actuara contra ese piloto.

Aparte de las normas del Gobierno vietnamita de respeto a los prisioneros, el piloto era hijo de un Almirante de la Armada de Estados Unidos que había desempeñado un papel destacado en la Segunda Guerra Mundial y estaba todavía ocupando un importante cargo.

Los vietnamitas habían capturado un pez gordo en aquel bombardeo y como es lógico, pensando en las conversaciones inevitables de paz que debían poner fin a la guerra injusta que le habían impuesto desarrollaron la amistad con él, que estaba muy feliz de sacar todo el provecho posible de aquella aventura. Esto, desde luego, no me lo contó ningún vietnamita, ni yo lo habría preguntado nunca. Lo he leído y se ajusta completamente a determinados detalles que conocí más tarde. También leí un día que Mister McCain había escrito que siendo prisionero en Vietnam, mientras era torturado, escuchó voces en español asesorando a los torturadores qué debían hacer y cómo hacerlo. Eran voces de cubanos, según McCain. Cuba nunca tuvo asesores en Vietnam. Sus militares conocen sobradamente cómo hacer su guerra.

El General Giap fue uno de los jefes más brillantes de nuestra época, que en Dien Bien Phu fue capaz de ubicar los cañones por selvas intrincadas y abruptas, algo que los militares yankis y europeos consideraban imposible. Con esos cañones disparaban desde un punto tan próximo que era imposible neutralizarlos sin que las bombas nucleares afectaran también a los invasores. Los demás pasos pertinentes, todos difíciles y complejos, fueron empleados para imponer a las cercadas fuerzas europeas una bochornosa rendición.

El zorro McCain sacó todo el provecho posible de las derrotas militares de los invasores yankis y europeos. Nixon no pudo persuadir a su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger, de que aceptara la idea sugerida por el propio Presidente cuando en momentos de relajamiento le decía ¿Por qué no le lanzamos una de esas bombitas Henry? La verdadera bombita llegó cuando los hombres del Presidente trataron de espiar a sus adversarios del partido opuesto ¡Eso sí que no podía tolerarse!

A pesar de eso lo más cínico del Sr. McCain ha sido su actuación en el Cercano Oriente. El senador McCain es el aliado más incondicional de Israel en las marañas del Mossad, algo que ni los peores adversarios habrían sido capaces de imaginar. McCain participó junto a ese servicio en la creación del Estado Islámico que se apoderó de una parte considerable y vital de Irak, así como según se afirma, de un tercio del territorio de Siria. Tal Estado cuenta ya con ingresos multimillonarios, y amenaza a Arabia Saudita y otros Estados de esa compleja región que suministra la parte más importante del combustible mundial.

¿No sería preferible, luchar por producir más alimentos y productos industriales, construir hospitales y escuelas para los miles de millones de seres humanos que los necesitan desesperadamente, promover el arte y la cultura, luchar contra enfermedades masivas que llevan a la muerte a más de la mitad de los enfermos, a trabajadores de la salud o tecnólogos que según se vislumbra, podrían finalmente eliminar enfermedades como el cáncer, el ébola, el paludismo, el dengue, la chikungunya, la diabetes y otras que afectan las funciones vitales de los seres humanos?

Si hoy resulta posible prolongar la vida, la salud y el tiempo útil de las personas, si es perfectamente posible planificar el desarrollo de la población en virtud de la productividad creciente, la cultura y desarrollo de los valores humanos ¿Qué esperan para hacerlo?

Triunfarán las ideas justas o triunfará el desastre.

 

Tomado de AIN

 

Santos quiere ser “el mejor de la clase”

Entrevista a Guillermo Almeyra, editorialista internacional del diario La Jornada, de México

La burguesía colombiana está profundamente dividida

Mario Hernandez (MH): Quiero traerte al ámbito latinoamericano. Me da la impresión que Santos nos está presentando un combo que merece un profundo análisis. Recibió a Capriles, dio un gran espaldarazo a la Alianza Pacífico y plantea el ingreso a la OTAN.

Guillermo Almeyra (GA): No hay que olvidarse que Colombia está en vísperas de elecciones. Santos pretende la reelección y la burguesía colombiana está profundamente dividida tanto con respecto al Proceso de paz como a Venezuela.

Por un lado, necesita mucho de una buena relación con Venezuela que es su principal cliente, tanto para las importaciones como para exportar, pero el sector de Uribe, del narcotráfico, de los terratenientes, de los paramilitares lo presionan a Santos diciendo que concilia con el gobierno venezolano y las FARC.

En un período electoral donde la elección se va a decidir por pocos votos, Santos gira a la derecha, además es derechista, independientemente que ahora, por razones tácticas, gire a la derecha siempre lo fue, no olvidemos que era el hombre de la represión en la época de Uribe.

MH: Fue su Ministro de Defensa.

GA: Nada menos. Además, Colombia forma parte fundamental de los planes norteamericanos para la región, por el Plan Colombia, la Alianza del Pacífico con los otros países que tienen gobiernos reaccionarios como Chile, en parte Perú, sobre todo México.

El ingreso a la OTAN es más que nada un gesto porque no creo que pueda concretar nada, también es una garantía para que EE. UU. no apueste a la carta de Uribe y reconozca a Santos como el mejor de la clase.

Ahí se mezclan el papel de la burguesía colombiana en la región, profundamente reaccionario, el temor de esa burguesía y, sobre todo, de los terratenientes por algún contagio venezolano, problemas tácticos electorales y una gran disputa inter-burguesa.

MH: Quiero apelar a tu condición de destacado analista internacional porque se anunció un acuerdo luego de seis meses de negociación entre el gobierno colombiano y las FARC en el primero de los seis puntos de la agenda de las conversaciones de paz que se desarrollan en La Habana acerca del problema agrario, pero nadie ha explicitado en qué consiste.

GA: Ese es el problema.

MH: Entonces estoy más o menos orientado porque nadie dice qué acordaron.

GA: Para el gobierno colombiano hablar de solución agraria es también una zanahoria electoral porque hay 2.500.000 de campesinos desplazados por Uribe y Santos cuando gobernaron juntos. La devolución de la tierra a esos campesinos no la van a hacer jamás. Es posible que les den asentamientos, ayudas, medidas cosméticas, no creo que sean radicales.

Las FARC están demasiado débiles como para poder imponer una revolución agraria, una reforma agraria profunda. Colombia ha tenido varias reformas agrarias, empezando por la que organizó Kennedy con la Alianza para el Progreso, que no resolvieron nada, al contrario, concentraron aún más la tierra, crearon una cantidad muy pequeña de campesinos privilegiados y nada más.

El problema de la tierra sigue siendo fundamental, sobre todo para los campesinos, incluso para los indígenas y una gran cantidad de gente que ya no es campesina y difícilmente pueda volver al campo porque han sido desplazados a las ciudades, millones de marginales que siguen pensando, teniendo relaciones y costumbres campesinas.

Es otra zanahoria electoral. Todo el mundo la agita pero nadie te la da de comer.

El principal problema que atraviesa Venezuela es económico

MH: Quiero dejar los últimos minutos para consultarte por el artículo que escribiste el pasado 26 de mayo. Lo he leído varias veces, inclusive le he pedido al periodista venezolano Modesto Emilio Guerrero hacer un programa especial la semana que viene dedicado a profundizar el tema que planteás allí. Al cumplirse hoy tres meses del fallecimiento de Hugo Chávez, me parece pertinente que hablemos sobre los peligros que atraviesa el proceso venezolano.

GA: El principal es el económico. Después de las inversiones que hará el Estado con las divisas que le procura el petróleo para Petrocaribe, el ALBA, etc., le quedarán unos U$S 40.000 millones, pero el año pasado importó por U$S 60.000 millones, es decir, tiene un agujero de U$S 20.000 millones para satisfacer el mercado interno de alimentos y productos de consumo. Para reducirlo hay que acotar el desperdicio de petróleo en el mercado interno para que quede más para vender en el exterior. Hay que seleccionar si las divisas se utilizan para comprar whisky o instrumentos quirúrgicos. Ver si se compran coches de lujo o trigo y maíz para los habitantes. Hay que establecer una política clara y firme que todavía no está.

Los controles, los acuerdos con la gran burguesía no resuelven el problema y sigue la inflación porque ante la falta de productos éstos se encarecen y además el mercado negro los lleva más para arriba de lo que deberían estar. Las medidas como el racionamiento tampoco sirven aunque sean más democráticas que la inflación porque afectan a todos por igual, aunque no sirvan para nada como ha demostrado la historia de Cuba.

El tema principal es aumentar la producción y sobre todo la de alimentos. Eso va a llevar meses porque tienen que plantar, cosechar, elaborar, en el mejor de los casos llevará meses, así que el momento actual es muy difícil porque la carencia de divisas provoca mucho descontento. Eso se puede paliar de muchas formas, haciendo participar a la gente, explicando las cosas claramente y otra, evitando un combate burocrático contando con los mismos burócratas que causaron la crisis y están educados en los métodos comerciales del capitalismo. De allí el fracaso.

MH: Creo que cumplimos.

GA: A toda velocidad, a pincelazos.

Tomado de Rebelión. Editado.

Implicaciones geopolíticas del ingreso de Colombia a la OTAN

Por Atilio Borón

El anuncio del presidente de Colombia Juan Manuel Santos de que “durante este mes de Junio suscribirá un acuerdo de cooperación con la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) para mostrar su disposición de ingresar a ella” ha causado una previsible conmoción en Nuestra América. Lo pronunció en un acto de ascensos a miembros de la Armada realizado en Bogotá, ocasión en la cual Santos señaló que Colombia tiene derecho a “pensar en grande”, y que él va a buscar ser de los mejores “ya no de la región, sino del mundo entero”. Continuó luego diciendo que “si logramos esa paz –refiriéndose a las conversaciones de paz que están en curso en Cuba, con el aval de los anfitriones, Noruega y Venezuela- nuestro Ejército está en la mejor posición para poder distinguirse también a nivel internacional. Ya lo estamos haciendo en muchos frentes”, aseguró Santos. Y piensa hacerlo nada menos que asociándose a la OTAN, una organización sobre la cual pesan innumerables crímenes de todo tipo perpetrados en la propia Europa (recordar el bombardeo a la ex Yugoslavia), a Libia y ahora su colaboración con los terroristas que han tomado a Siria por asalto.

Jacobo David Blinder, ensayista y periodista brasileño, fue uno de los primeros en alarmarse ante esta decisión del colombiano. Hasta ahora el único país de América Latina “aliado extra OTAN” era la Argentina, que obtuvo ese deshonroso status durante los nefastos años de Menem, y más específicamente en 1998, luego de participar en la Primera Guerra del Golfo (1991-1992) y aceptar todas las imposiciones impuestas por Washington en muchas áreas de la política pública, como por ejemplo desmantelar el proyecto del misil Cóndor y congelar el programa nuclear que durante décadas venía desarrollándose en la Argentina. Dos gravísimos atentados que suman poco más de un centenar de muertos –a la Embajada de Israel y a la AMIA- fue el saldo que dejó en la Argentina la represalia por haberse sumado a la organización terrorista noratlántica.

El status de “aliado extra OTAN” fue creado en 1989 por el Congreso de los Estados Unidos –no por la organización- como un mecanismo para reforzar los lazos militares con países situados fuera del área del Atlántico Norte pero que podrían ser de alguna ayuda en las numerosas guerras y procesos de desestabilización política que Estados Unidos despliega en los más apartados rincones del planeta. Australia, Egipto, Israel, Japón y Corea del Sur fueron los primeros en ingresar, y poco después lo hizo la Argentina, y ahora aspira a lograrlo Colombia. El sentido de esta iniciativa del Congreso norteamericano salta a la vista: se trata de legitimar y robustecer sus incesantes aventuras militares -inevitables durante los próximos treinta años, si leemos los documentos del Pentágono sobre futuros escenarios internacionales- con un aura de “consenso multilateral” que en realidad no tienen. Esta incorporación de los aliados extra-regionales de la OTAN, que está siendo promovida en los demás continentes, refleja la exigencia impuesta por la transformación de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en su tránsito desde un ejército preparado para librar guerras en territorios acotados a una legión imperial que con sus bases militares de distinto tipo (más de mil en todo el planeta), sus fuerzas regulares, sus unidades de “despliegue rápido” y el creciente ejército de “contratistas” (vulgo: mercenarios) quiere estar preparada para intervenir en pocas horas para defender los intereses estadounidenses en cualquier punto caliente del planeta. Con su decisión Santos se pone al servicio de tan funesto proyecto.

A diferencia de la Argentina (que por supuesto debería renunciar sin más demora a su status en una organización criminal como la OTAN), el caso colombiano es muy especial, porque desde hace décadas recibe, en el marco del Plan Colombia, un muy importante apoyo económico y militar de Estados Unidos –de lejos el mayor de los países del área- y sólo superado por los desembolsos realizados en favor de Israel, Egipto, Irak y Corea del Sur y algún que otro aliado estratégico de Washington. Cuando Santos declara su vocación de proyectarse sobre el “mundo entero” lo que esto significa es su disposición para convertirse en cómplice de Washington, para movilizar sus bien pertrechadas fuerzas más allá del territorio colombiano y para intervenir en los países que el imperio procura desestabilizar, en primer lugar Venezuela. Es poco probable que su anuncio signifique que está dispuesto a enviar tropas a Afganistán u a otros teatros de guerra. La pretensión de la derecha colombiana, en el poder desde siempre, ha sido convertirse, especialmente a partir de la presidencia del narcopolítico Álvaro Uribe Vélez, en la “Israel de América Latina” erigiéndose, con el respaldo de la OTAN, en el gendarme regional del área para agredir a vecinos como Venezuela, Ecuador y otros -¿Bolivia, Nicaragua, Cuba?- que tengan la osadía de oponerse a los designios imperiales. Eso y no otra cosa es lo que significa su declaración.

Pero hay algo más: con su decisión Santos también pone irresponsablemente en entredicho la marcha de las conversaciones de paz con las FARC en La Habana (uno de cuyos avales es precisamente Venezuela), asestando un duro golpe a las expectativas de colombianas y colombianos que desde hace décadas quieren poner fin al conflicto armado que tan indecibles sufrimientos deparó para su pueblo. ¿Cómo podrían confiar los guerrilleros colombianos en un gobierno que no cesa de proclamar su vocación injerencista y militarista, ahora potenciada por su pretendida alianza con una organización de tintes tan delictivos como la OTAN? Por otra parte, esta decisión no puede sino debilitar –premeditadamente, por supuesto- los procesos de integración y unificación supranacional en curso en América Latina y el Caribe. La tesis de los “caballos de Troya” del imperio, que repetidamente hemos planteado en nuestros escritos sobre el tema, asumen renovada actualidad con la decisión del mandatario colombiano. ¿Qué hará ahora la UNASUR y cómo podrá actuar el Consejo de Defensa Suramericano cuyo mandato conferido por los jefes y jefas de estado de nuestros países ha sido consolidar a nuestra región como una zona de paz, como un área libre de la presencia de armas nucleares o de destrucción masiva, como una contribución a la paz mundial para lo cual se requiere construir una política de defensa común y fortalecer la cooperación regional en ese campo?

Es indiscutible que detrás de esta decisión del presidente colombiano se encuentra la mano de Washington, que paulatinamente convirtió a la OTAN en una organización delictiva de alcance mundial, rebalsando con creces el perímetro del Atlántico Norte que era su límite original. También se advertía la mano de Obama al impulsar, poco después de lanzada la Alianza del Pacífico (tentativa de resucitar el ALCA con otro nombre), la provocadora recepción por parte de Santos del líder golpista venezolano Henrique Capriles. Lo mismo puede percibirse ahora, con todas las implicaciones geopolíticas que tiene esa iniciativa al tensar la cuerda de las relaciones colombo-venezolanas; amenazar a sus vecinos y precipitar el aumento del gasto militar entre sus vecinos; debilitar a la UNASUR y la CELAC; alinearse con Gran Bretaña en el diferendo con la Argentina por Las Malvinas, dado que esa es la postura oficial de la OTAN. Y quien menciona esta organización no puede sino recordar que, como dicen los especialistas en el tema, el nervio y músculo de la OTAN los aporta Estados Unidos y no los otros estados miembros, reducidos al triste papel de simples peones del mandamás imperial. En suma: una nueva vuelta de tuerca de la contraofensiva imperialista en Nuestra América, que sólo podrá ser rechazada por la masiva movilización de los pueblos y la enérgica respuesta de los gobiernos genuinamente democráticos de la región. Esa será una de las pruebas de fuego que tendrán que sobrellevar en las próximas semanas.

Tomado de Rebelión

Se habla poco

El general John Allen, comandante de las tropas de la OTAN en Afganistán, afirmó que EEUUU utilizará “un poder de fuego significativo” en el período 2012-2013

Por Juan Gelman

Las alarmas de la crisis económica europea, los vaivenes del euro, la salida de Grecia o no de la Eurozona, el enfrentamiento Hollande/Merkel sobre cómo superar la situación juntando agua y aceite, o sea, austeridad y de- sarrollo, las reuniones cumbre de los mandatarios de la Unión sacudidas por las protestas populares, han silenciado casi un hecho no pequeño: la confesión tácita de EE.UU. y la OTAN de su derrota en Afganistán.

Se produjo el lunes pasado, en la cumbre de Chicago, cuando los líderes otanescos adoptaron la posición de Obama y firmaron un “pacto de transición” que presentan como conducente a “la retirada irreversible” de sus tropas del país asiático en el segundo semestre del 2013, dejando las tareas de seguridad en manos locales. “Ahora estamos unidos para dar fin responsablemente a la guerra en Afganistán”, subrayó el presidente estadounidense (www.mcclatchyde.com, 22-5-2). Tal como sucede en Europa, la mayoría de la opinión pública de EE.UU. se opone a la continuación del conflicto, considera que se acabó con la muerte de Bin Laden. Y Obama está en brega por su reelección en pleno año electoral: así cumpliría entonces con su promesa de retirar las tropas en el 2014 a más tardar.

El nuevo pacto prácticamente es igual al que adoptó la cumbre de jefes de Estado de la OTAN que tuvo lugar en Lisboa los días 18 y 19 de noviembre del 2010, sólo que hay un detallito diferente: más de dos semanas antes de la cumbre de Chicago, en un rápido y no anunciado viaje a Kabul, Obama firmó un acuerdo con el presidente afgano Karzai “para cubrir la década siguiente a la retirada final de las tropas de combate de EE.UU. en el 2014” (www.ajc.com, 2-5-12). Los términos de este trato no son públicos y el ocupante de la Casa Blanca aclaró que las tropas que no sean retiradas sólo se ocuparán de “entrenar a las fuerzas afganas y de combatir al terrorismo, pero no construirán bases permanentes en este país, ni patrullarán sus ciudades y montañas”. Es una curiosa victoria: EE.UU. continuará la guerra diez años más. Por ahora.

Las declaraciones de Obama recuerdan a W. Bush cuando dijo “misión cumplida” en mayo del 2003 al ser derrocado Saddam Husein: los efectivos de EE.UU. y la OTAN se quedaron ocho años más y no todos se fueron. Esta experiencia tal vez aconsejó a la Casa Blanca que era preferible extender por una década las previsiones de combate, dado que los hechos indican que la violencia en Afganistán ha aumentado en el 2011 por quinto año consecutivo: el número de civiles afganos muertos se incrementó más del 15 por ciento en el primer semestre de ese año, se intensificaron los ataques suicidas y no ha cesado el empeño de los talibán en combatir a los ocupantes.

Una Evaluación Nacional de Inteligencia (NIE, por sus siglas en inglés) elaborada en enero de este año por el Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU. que agrupa a los 16 organismos del ramo estima que la lucha en Afganistán se halla en punto muerto: “La corrupción imperante, la inoperancia del gobierno (afgano) y los operativos que los talibán lanzan desde Pakistán minaron lo ganado con el aumento de tropas estadounidenses (en el 2009)” (www.militaryphotos.net, 12-1-12).

El propio Obama reconoció en Chicago que el talibán sigue siendo “un enemigo vigoroso” y que lo conseguido por la OTAN en el campo de batalla es frágil (Reuters, 21-5-12). De manera que Afganistán seguirá ocupado de un modo o de otro hasta el 2024 por la continuación de una guerra que Washington y sus aliados comenzaron hace más de diez años sin éxito a la vista. Esto no le impidió insistir en el triunfalismo durante su visita a Kabul: “Ya vemos la luz de un nuevo día… nuestro objetivo es destruir a Al Qaida y estamos exactamente en el camino que nos llevará a lograrlo”. Quién sabe. Horas después de que Obama dejara Kabul se produjo una serie de explosiones y tiroteos en la capital afgana con un saldo de seis muertos. Los talibán se atribuyeron el ataque a un complejo habitacional armado que alberga a centenares de contratados extranjeros.

Hay más de un problema en las entrañas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. La decisión de retirar del país asiático a todas las tropas de Francia a fin de año que, en cumplimiento de una promesa electoral, anunció el presidente socialista François Hollande –3400 soldados, 14 helicópteros y 900 vehículos– no se atiene a lo que se acordó en Chicago y es un reto a Obama y a la OTAN. Por otra parte, EE.UU. financia el 85 por ciento de la guerra y presiona a los aliados europeos, en plena crisis económica, para que aumenten sus aportes.

El problema central es que la guerra continúa pese a los anuncios optimistas del Pentágono. El general John Allen, comandante de todas las tropas instaladas en Afganistán, afirmó que EE.UU. utilizará “un poder de fuego significativo” en el período 2012-2013 (Reuters, 23-5-12). “Vamos a necesitar capacidad de combate –afirmó– y creo que nadie cuestiona esto. Le debo al presidente un análisis realista del tema.” El general se halla sobre el terreno y sabrá por qué lo dice.

Tomado de Página/12

 

El método “libio”, grave amenaza para América Latina

Ángel Guerra Cabrera

Con la fórmula desplegada en la agresión contra Libia por la OTAN, se intenta configurar un nuevo patrón, aplicable a otros países con algunas variantes. Según declaró Ben Rhodes, vice jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos en entrevista con Foreign Affairs,  el “método” utilizado por la administración de Obama en el país norafricano es “más efectivo” al de gran despliegue de tropas aplicado por Bush en Iraq y Afganistán. Cabría añadir que continuado por el actual inquilino de la Casa Blanca, y superado en el segundo país, pero no nos distraigamos. El tema fundamental ahora es la grave amenaza de repetición de este engañoso y taimado esquema en otros países con recursos de interés estratégico para Washington y sus aliados o intolerables posturas políticas independientes, como unos cuantos en América Latina y el Caribe.

Rhodes, un apellido, por cierto, de alcurnia colonialista como pocos, apunta: “El hecho es que la marcha de los libios dentro de Trípoli, no sólo proporciona una base de legitimidad sino también un contraste con la situación cuando un gobierno extranjero es el ocupante”. Según él Obama “subrayó” desde el comienzo de la intervención en Libia dos principios. Primero, era mucho “más legítimo y efectivo” para el “cambio de régimen” el que fuera perseguido por un movimiento “autóctono” y no por Estados Unidos. Segundo, poner énfasis en “compartir la carga” y recibir una “significativa” contribución internacional en lugar de cargar con el grueso del “esfuerzo”. A confesión de parte relevo de pruebas. Así que la zona de exclusión aérea para “proteger a la población” -reclamada insistentemente por Obama, Sarkozy y Cameron a fin de conseguir la  aprobación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU- era una burda mentira pues el verdadero objetivo, confiesa Rhodes, era el cambio de régimen. Claro, se necesitaba mucha candidez para creer lo de la “protección a la población” pero Rusia y China, con cuestionable perspectiva estratégica, optaron por la omisa abstención. Sin contar las bocinas asalariadas, no faltaron intelectuales y analistas incautos que llevaran agua al molino de la agresión con prédicas suspendidas en el vacío que minimizan el principio de no intervención.

Una vez arrancada la resolución al exclusivo y selecto club que controla la ONU, la OTAN la hizo trizas a punta de matar civiles y destruir gran parte de la infraestructura de Libia con bombardeos no autorizados por aquel, siempre en función de arrasar los lugares por donde debían avanzar la pandilla de Bengazi. Es obvio que también pensando en la “reconstrucción” por compañías de países de la propia alianza atlántica, que no reconstruyen nada pero ganan mucho dinero. No conforme con eso, vulneró groseramente una prohibición expresa de la resolución al entrenar y armar a los alzados y lanzar a la guerra  fuerzas y medios militares terrestres de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, las contrarrevolucionarias monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo y la jordana. En síntesis, lo que se suponía tenía el propósito de proteger a la población libia se convirtió en una intervención militar extranjera de considerable magnitud contra esa misma población. Eso sí, presentada mediante trucos y detestables montajes mediáticos, como una idílica proeza de los idealistas “rebeldes” libios. Para colmo, la fuerza que ocupó Trípoli no está formada por la anárquica y aventurera tropa de Bengazi sino por fogueados militantes libios de Al Quaeda con apoyo de tribus bereberes de las montañas Nafusa, entrenados por fuerzas especiales estadunidenses.

Se machaca por numerosos papagayos mediáticos la semejanza de Gadafi con Chávez, algunos invitando abiertamente a aplicarle, como a Cuba, la solución “libia”, que estrafalariamente vinculan con un 15M. En realidad, se trata de repetir, principal -pero no únicamente- contra los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas el guión de la “rebelión reprimida por el dictador” y la operación aérea para proteger a la población. Como tal escenario no va a ocurrir en países donde el pueblo es protagonista del poder, la viabilidad de la intervención depende del montaje de una realidad virtual aprovechando el control monopólico mediático de Washington. Denunciarlo y desnudarlo desde ahora y prepararse para enfrentarlo en todos los terrenos es trascendental para la independencia y la paz de nuestra América y del mundo.

Tomado de La Jornada, México

El asalto “humanitario” al pueblo libio

Stella Calloni, prestigiosa periodista argentina colaboradora de PL

 A una semana del pasado 21 de agosto cuando la Organización del Atlántico Norte(Otan) anunciara, después de varios días de bombardeos sostenidos sobre Trípoli, que sus “rebeldes” habían tomado la capital de Libia, la resistencia continúa y no han podido establecer una sede de gobierno allí, a pesar de lo cuál el Consejo Nacional de Transición(CNT) ya ha sido reconocido por los grandes países.

Como un hecho simbólico de lo que significa la contrainsurgencia informativa, los propios voceros del CNT confirmaron que la supuesta toma de la Plaza Verde el pasado 21 de agosto fue una imagen falsa. Como en el mejor filme de Hollywood esa escena se había filmado en Qatar con una apariencia de la Plaza Verde y con sus “extras”.

La comparación de varios fotógrafos permitió desnudar la mentira comprada por los medios de comunicación, confesando los voceros del CNT que se había hecho “por la necesidad de lograr el reconocimiento” de las potencias. El presidente de Venezuela. Hugo Chávez Fría corroboró la falsedad de esa imagen el pasado 27 de agosto.

Estados Unidos se adelantó unos días, abriendo una embajada del CNT en Washington, antes de que la OTAN terminara su faena, lo que les ha costado un precio alto.

Cuanto más días pasan, más evidente es que se trata de un modelo nuevo de invasión, disfrazado de rebelión popular, o “guerra civil” que se diluye a medida que la OTAN avanza y demuestra que la intervención estaba preparada desde hace mucho tiempo por Estados Unidos y sus socios.

Tres días después de la “toma” de Trípoli, la oferta del CNT de pagar un millón 600 mil dólares y amnistiar a quien “mate o entregue vivo” al líder libio Muammar Gadafi (1) evidencia la inmoralidad de la guerra colonial que libra la OTAN en ese país.

Desde el momento en que el 19 de marzo pasado Francia y Gran Bretaña comenzaron a bombardear Libia, con la OTAN detrás, la “mano extranjera” era más que obvia.

No era necesario esperar a que los bombardeos sumaran alrededor de unos ocho mil sobre ese país, de sólo unos seis millones de habitantes y que se reconociera la presencia de mercenarios y “asesores” extranjeros, para entender de qué se trata la acción “humanitaria” del poder hegemónico en Libia.

El 22 de agosto pasado el sociólogo estadounidense James Petras señalaba desde Nueva York que se debe caracterizar a esta guerra contra Libia y su pueblo “como uno de los grandes crímenes del nuevo milenio. El hecho de que por 188 días la OTAN: las fuerzas de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos hayan estado arrojando bombas significan 188 días de muerte y destrucción y a partir de esos actos han tomado terreno sus mercenarios”.

Lo que se advierte es que hubo un relato único sobre la “alegría” del pueblo libio por la supuesta “toma” de Trípoli, que aún no se ha concretado, sin mencionar en ningún momento los feroces bombardeos de la OTAN sobre la capital, que dejaron una secuela de más de tres mil muertos-según la últimas cifras que recogen los informes- y cinco mil heridos, cuya cifra cada día aumenta más.

A lo largo de la guerra colonial, la OTAN afectó todas las infraestructuras además de producir miles de víctimas y abrió el camino para que pudieran entrar sus “rebeldes”.

“Los rebeldes de la OTAN” (como titulé en mayo de 2011 tres notas sobre Libia enviadas a la web y publicadas por la Red Nicaragua Socialista) se convirtieron, a ojos vistas, en típicos mercenarios, que allanan casas, pateando puertas al mejor estilo de los ocupantes de Irak, llevando banderas y vinchas monárquicas.

En Noviembre de 2010 el presidente Barack Obama había admitido ante The New York Times, el envío de “comandos de la CIA” para asesorar y apoyar una rebelión en Libia.

Uno de los jefes actuales de los “rebeldes” es Hifter Jalifa un hombre de la CIA que vivía desde hace años en las afueras de Washington, como lo reveló el 30 de marzo de 2011 Patrick Martin en un artículo publicado por la Red Rebelión (traducción de Loles Oliván,) Sostiene Martin que el CNT “el grupo con sede en Benghazi que habla en nombre de las fuerzas rebeldes que combaten al régimen, ha nombrado en la dirección de sus operaciones militares a un antiguo colaborador de la CIA. Hifter Jalifa, ex coronel del ejército libio, como reveló McClatchy Newspapers”.

Hifter había llegado a Benghazi el 14 de marzo y cinco días después el tabloide británico Daily Mail, lo describió como una de las “dos estrellas militares de la revolución” que llegó para “prestar a las fuerzas rebeldes cierta coherencia táctica”.

Había figurado en un informe del Washington Post (26 de marzo de 1996) en una rebelión armada contra Gadafi en Libia donde se lo mencionaba con “una variante ortográfica de su nombre” como el coronel “Haftar Jalifa, relata Martin.

Se trataba de un grupo al estilo de la “contra” (que actuó contra Nicaragua sandinista en los años 80) basado en Estados Unidos “denominado Ejército Nacional Libio”. Jalifa se había Unido en 1987 al Frente de Salvación Nacional Libio “el principal grupo de oposición a Gadafi, que contaba con el respaldo de la CIA estadounidense”.

Advierte Martin que ninguna de las cadenas de televisión ocupadas en alabar a los “luchadores por la libertad” del este de Libia, se ha molestado en informar que estas fuerzas están al mando de un antiguo colaborador”de la CIA. Considera que la rebelión inicial fue “secuestrada por el imperialismo”.

Esto fue evidente también cuando algunos de los opositores, como el general Abdel Fath Younis, que aparecía como el jefe de la “rebelión” en Bengazhi fue asesinado, el pasado 26 de julio, junto a otros dos militares libios, por los “rebeldes” que los habían utilizado para armar el foco de acción en febrero de este año.

El relato único armado para crear un consenso mundial sobre el tema Libia es falsificado y se desmorona.

Resulta burdo que Estados Unidos y los gobiernos europeos se reunieran con el “gobierno” del CNT cuando aún no está en la capital y que pidieran la descongelación de los multimillonarios fondos del Estado libio.

Es escandaloso que la ONU estudie como modificar la pasada Resolución 1973 para permitir descongelar los fondos, que manejarán los países participantes en la invasión y en el saqueo de Libia.

El anuncio del “control de Libia” significa que la OTAN está dispuesta a no dejar piedra sobre piedra y quedarse en el lugar.

LOS MEDIOS DE INCOMUNICACION

Cuando los medios informaron sobre la toma del “complejo residencial” de Gadafi se referían al viejo cuartel Bab el Azizia donde el líder libio tenía una carpa similar a las del desierto para recibír a personalidades, periodistas y amigos, hasta que fue bombardeado en 1986.

Se dijo que los “rebeldes” tomaron la residencia de Gadafi “derribando muros” cuando entraron caminando entre escombros después de más de 60 bombardeos de la OTAN sobre ese lugar.

Bab el Azizia no tenía instalaciones administrativas, ni importancia militar, ni vivía Gadafi. Era un lugar simbólico que recordaba el bombardeo de Estados Unidos en 1986, asesinando entonces a una hija pequeña del gobernante libio y más de un centenar de civiles, entre ellos muchos estudiantes, sorprendidos en los dormitorios universitarios.

Con respecto a los periodistas del Hotel Rixos, los medios informaron que estaban “retenidos” por el gobierno libio, cuando ellos mismos se encargaron de denunciar que estaban sitiados por grupos “rebeldes”, varios de ellos amenazados como el director de la Red Voltaire, Thierri Meyssan, y que oficiales libios facilitaron la llegada de la Cruz Roja para sacarlos del lugar.

En tanto el diario estadounidense The New York Times ratificó el pasado 21 de agosto que aviones norteamericanos no tripulados arremetieron contra fuerzas del líder libio, pese a que su rol y el de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) era sólo el de “resguardar” a civiles.

Según el rotativo-que citó Telesur- en los últimos días Estados Unidos estableció una vigilancia aérea de 24 horas sobre las zonas controladas por el Gobierno libio, en lo que hasta ahora ha sido la más intensa serie de ataques perpetrados sobre ese país. El periódico informó que en este operativo “la nación norteamericana empleó aviones no tripulados “Predator” que detectaron. Siguieron y en ocasiones hasta llegaron a disparar contra las fuerzas de Khadafi.

Además mencionó los testimonios de algunos analistas, que opinan que estas agresiones “tenían como objetivo abrir el camino a los opositores a Gadafi”.

Se reconoce que los mercenarios también recibieron ayuda por potencias como Reino Unido y Francia, que desde el mes de julio desplegaron fuerzas especiales en Libia para entrenar y armar a “los rebeldes”.

“Aún después de dos mil 600 fallecidos, contabilizados hasta el domingo pasado la Alianza Atlántica no hace un alto al fuego”señala el periódico.

Gadafi había anunciado tempranamente que las potencias imperiales comenzarían una agresión sobre su país basados en “reportes de prensa” lo que los medios nunca publicaron, ni escuchó Naciones Unidas. Tampoco fueron investigadas sus denuncias sobre las violaciones de derechos humanos por parte de los llamados “rebeldes”, con pruebas y evidencias.

A pesar de que el gobierno libio propuso el cese el fuego especificando que no podía ser “unilateral”, que cumplió en no utilizar aviones de combate y aceptó la presencia de observadores que certificaron que no se comprobaban bombardeos a la población civil , esto fue silenciado.

Se miente sin sutileza alguna. No se dijo-salvo las raras excepciones que existen que Libia aceptó la propuesta de diálogo de la Unión Africana (UA) para poner fin al conflicto. Pero los grupos armados financiados por Estados Unidos y sus socios y la OTAN la rechazaron, como rechazaron todas las ofertas por una solución pacífica.

Tanto Estados Unidos como Francia reconocieron públicamente que enviaron militares a Bengazhi para entrenar a las fuerzas agresoras, incumpliendo la resolución 1973 del Consejo de Seguridad que prohibía el ingreso de personal extranjero por tierra.

También la confiscación de bienes del Estado libio impuesta por Estados Unidos y las potencias europeas fueron usados y desviados para apoyar a los grupos armados, en su mayoría mercenarios, cuya presencia ya reconocen también varios gobiernos.

Se aceptó que estos in tener territorio ocupado conformaran el Banco Central de Bengazhi a fines de marzo pasado y que negociaran el petróleo. Este nuevo modelo de intervención e marca otra escalada. Ya nadie disimula que fueron por petróleo, agua, gas, oro y para instalar allí al sede del comando Africom de Estados Unidos que controlará Africa si el mundo no lo detiene. Ni siquiera utilizaron el remanido argumento del “terrorismo internacional con que justifican su expansión fascista de estos tiermpos.

Tomado de Prensa Latina

Libia, proyecto piloto de la OTAN

Ángel Guerra Cabrera

En el derrocamiento de Gadafi la OTAN ha aplicado un proyecto piloto que le permitiría intervenir donde quiera que le convenga con el pretexto de proteger a los civiles. El “derecho a proteger”, ya invocado en los criminales bombardeos de Serbia, se presenta como una gran conquista de los derechos humanos posmodernos. Propiciaría a la coalición imperialista derribar líderes con algún grado de insumisión –desde relativamente rebeldes, ergo Gadafi, a revolucionarios antimperialistas como Hugo Chávez-, preferentemente asentados sobre pletóricos recursos estratégicos. En Libia, en otra violación flagrante del derecho internacional, la Alianza Atlántica tomó partido por el lado opositor en una guerra civil dentro de un Estado soberano en la que, por si fuera poco, su líder –guste o no- contaba con apoyo popular y de gran parte del ejército.

El proyecto consiste en alegar que un grupo en el país en cuestión está siendo atacado por un dictador y, recurriendo a burdas manipulaciones, sobredimensionarlo en los “medios”. Éstos se encargan de crear una imagen idílica del primero (suplantado rápidamente, si es necesario, como hicieron con el movimiento juvenil de Bengazi, por el mercenario Consejo Nacional Transitorio) y de demonizar al villano de turno, aunque haya sido “amigo” hasta el día antes (caso de Gadafi). Con la presión mediática y diplomática –en Libia fue decisiva la complicidad de la Liga Árabe y la abstención de China y Rusia- se logra una ambigua resolución del Consejo de Seguridad para proteger a los civiles. La OTAN la trasmuta en un plan de cambio de régimen, que combina una feroz campaña de bombardeo aéreo con acciones de infantería “rebelde”, a la que entrena y arma, y la participación en los combates decisivos de un andamiaje de inteligencia satelital de Estados Unidos, apoyado por expertos y fuertes grupos de tropas especiales “aliadas” sobre el terreno. Así cayeron sobre Trípoli.

En el plan de la OTAN los medios de difusión dominantes han cumplido una función militar de primer orden, tal vez como nunca antes en una guerra de rapiña imperialista. No es casual que como se hizo en su momento con la televisión de Serbia, otra vez fueran destruidas como objetivos militares las instalaciones de la televisión pública libia. Claro, con las correspondientes bajas “colaterales” entre su personal.

Se trata, además, de otro jalón de la contrarrevolución montada por Estados Unidos y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) –grupo ultrareaccionario de satrapías fundamentalistas bajo el comando de Arabia Saudita- contra la rebelión de los pueblos árabes, que, con distintas variantes y resultados, se ha aplicado también en Túnez, Egipto, Bahrein, Yemen y Siria. Ha sido el megamillonario y ambicioso emirato de Quatar el que dentro del CCG ha dedicado sus mejores afanes a empujar la intervención “humanitaria” en Libia. Cuánta semejanza con el ataque burgués-aristocrático contra la Revolución de 1848. Con una gran diferencia. Ésta se desarrolló cuando el capitalismo entraba en una de sus mayores etapas de auge y necesitaba impulsar la producción aunque tuviera que hacer algunas concesiones a los trabajadores. La sublevación árabe, en cambio –como otros episodios de la rebelión juvenil internacional en curso-, estalla cuando el capitalismo sufre la peor crisis de su historia y su elite dirigente no muestra ningún interés en la mínima redistribución de riqueza.

La acción de la OTAN en Libia, y la que eventualmente aplicaría en Siria si se lograra otra resolución del Consejo de Seguridad -¿o pasarán por encima de éste?- contradice los principios de soberanía, libre determinación de los pueblos, no intervención y solución pacífica de las controversias, codificados en la carta de la ONU gracias a la lucha de los pueblos contra el fascismo y el colonialismo. En Libia, como ya ha ocurrido en Afganistán e Irak, la OTAN no va a llevar ninguna democracia –ni siquiera la meramente representativa ya cuestionada por los pueblos en rebelión- ni va a haber un minuto de paz en muy largo tiempo. Los imperialistas agresores de Libia odian la democracia real, verdadera, como gobierno del pueblo. Cegados por su arrogancia colonial no pueden tratar más que como subordinados y atrasados a los pueblos “de color”. La democracia que quieren para nuestros pueblos es su sumisión al ganador en la enconada disputa por el control territorial de la energía, el agua, el oro, otros minerales estratégicos y los alimentos.

Tomado de La Jornada, de México

¿Comienza una revolución anti-capitalista?

Luis Britto García

1.- Ningún hombre es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, predicaba John Donne. Ningún país está fuera del planeta: el genocidio cometido contra un pueblo me asesina. Todo lo que acontece en Libia me hiere, te daña, nos afecta.

2.- Hablemos como hombres, y no como chacales o monopolios mediáticos. A Libia no se la bombardea para proteger su población civil. A ningún pueblo se lo protege arrojándole explosivos ni despedazándolo con 4.300 ataques “humanitarios” durante más de cien días. A Libia se la incinera para robarle su petróleo, sus reservas internacionales, sus aguas subterráneas. Si el latrocinio triunfa, todo país con recursos será saqueado. No preguntes sobre quién caen las bombas: caerán sobre ti.

3.- Encarcelaron a los comunistas; nada podría importarme menos, porque no soy comunista, ironizaba Bertold Bretch. El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba una zona de “exclusión aérea” a favor de los secesionistas libios, pero permite un bombardeo infernal; China y Rusia se abstienen de vetar la medida porque como no son libios nada podría importarles menos. De inmediato Estados Unidos amenaza a China con declarar una “moratoria técnica” de su impagable deuda externa con ella y agrede Pakistán. China replica que “toda nueva injerencia de Estados Unidos en Pakistán será interpretada como acto no amistoso” y arma al país islámico con cincuenta cazas JF-17. Ningún pueblo está fuera de la humanidad: si no vetas la agresión contra otro, la desencadenas contra ti.

4.- Cuenta Tolstoy que un oso ataca a dos campesinos: uno escala un árbol, cediendo al otro el privilegio de defenderse solo. Éste vence, y cuenta que las últimas palabras de la fiera fueron: “Quien te abandona no es tu amigo”. La Liga Árabe, la Unión Africana, la OPEP trepan al árbol de la indecisión esperando el turno de ser descuartizadas. Al abandonar a las víctimas te abandonas.

5.- Como en los tiempos cuando el fascismo asaltaba África, hoy Italia, Alemania, Inglaterra, Francia y otros sicarios de la OTAN sacrifican armamentos y efectivos en una guerra que sólo favorecerá a Estados Unidos. Impedido por su Congreso de invertir fondos abiertamente en el conflicto, Obama regaña a sus cómplices de la OTAN porque sacrifican al gasto militar menos del 2% de sus PIB, y les ordena inmolar por lo menos el 5%. Son instrucciones inaplicables cuando la protesta social, la crisis financiera, la deuda pública impagable y el mismo gasto armamentista socavan los gobiernos del G-7. Ante tales requerimientos, Italia opta por no participar más en en el agavillamiento. La Agencia Internacional de Energía autoriza para gastar de las reservas que no tiene sesenta millones de barriles de petróleo en dos meses. Estados Unidos derrocha para 2010 un gasto militar de 698.000 millones de dólares, 43% del total mundial de 1.600.000 millones de dólares (Confirmado.net 17-6-2011). Así se dilapilan en muerte los recursos que deberían salvar la vida. Si montas guerras para devorar a otro, las guerras te devorarán a ti.

6.-Como en épocas de Alí Babá y los cuarenta ladrones, los banqueros internacionales que tan benévolamente recibieron 270.000 millones de dólares en depósitos y reservas de Libia asaltan el botín y estudian traspasarlo a quienes intentan asesinar a los legítimos dueños. También le crean a los monárquicos de Benghazi un banco central y una divisa secesionistas. Son los mismos financistas cuyo latrocinio cuesta a la humanidad el actual colapso económico: no indagues a quién roban los banqueros: te desfalcan a ti.

7.- Al estilo de las blitzkrieg nazis, el presidente de Estados Unidos inicia guerras sin autorización de sus legisladores y las prolonga ignorando al Congreso, donde diez diputados denuncian al Presidente y al secretario de Defensa saliente Robert Gates y vetan los fondos para la agresión contra Libia tachándola de ilegal e inconstitucional. No averigües si debes imponer a tiros la democracia a otros pueblos: antes acaba con los vestigios de ella que quedaban en tu propio país.

8.- Cada hombre es pieza del continente, parte del todo, insiste John Donne. Los enemigos del hombre no cesan de fragmentarlo para destruirlo mejor. Los imperios, que son inestables rompecabezas de piezas juntadas a la fuerza, en el exterior fomentan o inventan el conflicto de civilización contra civilización, la rencilla del iraní contra el kurdo, del chiíta contra el sunita, del hindú contra el musulmán, del serbio contra el croata, del descendiente contra el ascendiente, del ancestral contra el menos ancestral, del libio contra el libio, del venezolano contra el venezolano. De cada variante cultural pretenden hacer un paisito y de cada paisito un protectorado. Quien nos separa nos hace añicos, quien me divide me mutila. No indagues cómo trizan Libia: te descuartizan a ti.

9.- Todo pillaje arranca con promesas de golpe fácil y se empantana en carnicería insoluble. Las guerras de Afganistán, Irak, Libia, Yemen y la agresión contra Pakistán despegan como paseos triunfales, se estrellan en holocaustos catastróficos y ninguna concluye ni se decide. La resistencia de sus pueblos retarda la inmolación de la que no te librarán ni vetos omitidos ni organizaciones abstencionistas ni banqueros carteristas ni Congresos nulificados. No preguntes por qué son asesinados los patriotas libios: están muriendo por ti.

Radio Nacional de Venezuela