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¡SONÓ BIEN!

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Por Yuris Nórido

¿Se han puesto a pensar en la cantidad de cantantes profesionales “establecidos” que no hubieran podido competir con los concursantes de Sonando en Cuba? No hay que saber mucho de música para darse cuenta de la calidad de estos muchachos, algunos de los cuales —la mayoría— tienen ya los suficientes merecimientos para hacer carrera.

¿Alguien puede poner en duda la extraordinaria riqueza de la música cubana? Claro que no hacía falta un programa de televisión para comprobarlo, pero para muchos televidentes —particularmente los más jóvenes— tiene que haber sido una experiencia reveladora.

Ahí están dos de las claves del éxito del concurso que acaba de concluir por Cubavisión: buenos cantantes, buena selección musical. En años de exagerada exaltación de cantantes (¿cantantes?) que se distinguen mucho más por su imagen que por sus valores vocales, hay que agradecer esta hornada de valiosos intérpretes, gente que puede asumir desde expresiones bailables hasta clásicos de la canción. Y lo mejor: están comenzando. Que el gran protagonista haya sido el acervo nacional en sus disímiles aristas constituye un ejemplar acierto, justo ahora en que urge consolidar referentes culturales.

Algunos han señalado que el programa reprodujo “acríticamente” esquemas de la televisión más comercial. Es cierto que hay claras semejanzas con propuestas internacionales, muchas de ellas sostenidas por el más chato interés mercantil. Pero en televisión y en todo el arte el formato nunca es definitorio: lo que valoriza es la manera en que se asume.

Solo la oportunidad de disfrutar de excelentes temas de nuestro patrimonio musical, muchas veces con interesantes arreglos y concepciones vocales, ya le otorgaría a Sonando en Cuba suficientes méritos.

Pero además, y esto no es secundario, no se renunció a la buena factura. La espectacularidad, siempre y cuando no se base en la pura tontería, tiene que ser carta de presentación de nuestros grandes musicales.

Pocas veces la Televisión Cubana ha transmitido un programa tan vistoso, con decorados tan elegantes, tan bien iluminado, con tan efectivo trabajo en el diseño gráfico… y sin que fueran necesarios exagerados y aparatosos despliegues.

Elementos que algunos subestiman, como el vestuario, el maquillaje y la peluquería, alcanzaron aquí niveles inusuales en nuestras producciones. Quizás parezca frívolo, pero no hay que desdeñar el buen efecto en el público de una cantante bien vestida.

Claro que no todo es perfecto: en algunas entregas se rompió la ilusión del programa en vivo (el escenario donde acaba de tocar una orquesta no puede aparecer vacío cinco segundos después); no fueron del todo aprovechadas las entrevistas a destacados músicos; y quizás hubiera sido mejor un poco más de teoría a la hora de valorar el desempeño de los concursantes.

Pero lo cierto es que Sonando en Cuba sonó muy bien, se vio muy bien. Ojalá que se convierta en elemento dinamizador de la programación musical de nuestra televisión. Mucha falta que nos hace.

Tomado de Trabajadores

Yulaysi Miranda, la ganadora de Sonando en Cuba

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Yulaysi Miranda, tras una espectacular presentación en la que pervivió el espíritu de la música cubana, y en especial la de Juan Formell y los Van Van, no solo se convirtió este domingo en la ganadora de la segunda temporada de Sonando en Cuba. También, a raíz de la internacionalización del programa, transmitido por Cubavisión y Telemundo Puerto Rico, Yulaysi llevará por el orbe los ritmos de esta Isla, a través de la pantalla, y acompañará a Olga Tañón durante su próxima gira. 
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El jurado, compuesto por los músicos cubanos Adalberto Álvarez, Argelia Fragoso y Diana Fuentes; y el boricua nacido en Estados Unidos Víctor Manuelle, elogió el repertorio de la cantante de Occidente, que transitó por varios géneros de la música popular bailable con loable resultado.

Yulaysi tendrá la oportunidad de grabar su primer disco, cortesía de RTV Comercial; y el realizador Alejandro Pérez, junto a su equipo de trabajo, la premiará con la producción del primer videoclip del fonograma.

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Justamente la zona occidental, con el premio de Sonando en Cuba para Yulaysi y el de la popularidad que ganó Duani Ramos Álvarez, se llevó dos grandes galardones en la última noche de esta segunda temporada del programa, en la que también se dio a conocer que la región oriental fue la que obtuvo mayor cantidad votos y por tanto fue la más popular.

Yulaysi ha contado: “Debuté como cantante en el año 2007, con el emblemático Septeto Habanero, como invitada en una de sus producciones discográficas Orgullo de los Soneros, nominada a los Grammy Latinos, y me convertí en la primera mujer que deja su sello oficialmente en una de las discografías de esta agrupación. Luego incursioné en diferentes agrupaciones de la música popular cubana. En el 2011 fui parte del concurso de interpretación e improvisación sonera Cubadisco 2011, logrando el primer lugar, como premio obtuve la realización de mi primer CD en solitario, bajo el sello Colibrí, titulado Mi Verdad. Fui parte de la orquesta de Dorgeris Alvarez y su grupo durante cuatro años, donde incursioné como vocalista principal y participé en un concurso musical en Francia. Luego decidí audicionar en Sonando en Cuba” .

Al margen de los discos por grabar y los videos clip por filmar, Yulaysi tuvo otro gran premio: el anuncio de que la triunfadora participará próximamente en un concierto con Olga Tañón.

Fuentes: Radio Rebelde y Portal de la TV Cubana

Sonará Cuba y de qué forma

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Por PatriciPor Patricia Vargas Casiano, Primera Linea, de Puerto Rico

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EN LA FOTO el productor Tony Mojena, el director general de GFR Media, Luis Alberto Ferré; la presidenta de la Junta de Directores de GFR Media; y el presidente de Telemundo de Puerto Rico, José Cancela, hicieron el anuncio de la transmisión. (vanessa.serra@gfrmedia.com) 

GFR Media, Telemundo y RTV Comercial de Cuba emitirán desde La Habana la final de Sonando en Cuba

En un hecho sin precedentes, Puerto Rico y Cuba se unirán el domingo, 30 de octubre, para transmitir en vivo desde La Habana el final de la segunda temporada de la competencia Sonando en Cuba a través de Telemundo. Se trata de una alianza histórica entre GFR Media, Telemundo de Puerto Rico y RTV Comercial de Cuba.

Esa noche, en la emisión que se llevará a cabo de 8:30p.m. a 10:30p.m. estará el sonero Víctor Manuelle como parte del jurado y para presentar su música. Además, Olga Tañón tendrá una participación a través de video.

“Nos entusiasma anunciar un proyecto que impulsará la cultura y fortalecerá los lazos musicales que han mantenido a Cuba y Puerto Rico vinculados por décadas”, expresó María Eugenia Ferré Rangel, presidenta de la junta de directores de GFR Media.

Por su parte, el presidente de Telemundo de Puerto Rico, José Cancela, señaló que “somos dos medios que buscan aprovechar la apertura que Estados Unidos ha creado con Cuba para acercarnos a los cubanos”.

El director general del GFR, Luis Alberto Ferré, adelantó que este será el primero de muchos proyectos con Cuba.

“Tenemos grandes planes para futuro con un proyecto latinoamericano-caribeño con otras islas”, afirmó.

El productor Tony Mojena creó todo el andamiaje tecnológico de la transmisión y para eso viajó a Cuba junto a María Eugenia. Indicó que los puertorriqueños y el mundo verán la televisión tal y como se hace en Cuba.

“Lo que pretendemos es tumbar barreras y hacer historia”, indicó Mojena.

Fuente: Primera Hora

Bob Dylan: frases que reflejan el alma y sentimientos del flamante Premio Nobel de Literatura

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Bob Dylan: “Cuando alguien está dispuesto a morir por vos, eso es amor”

A la una de la tarde de hoy fue anunciado que el músico, cantante y poeta estadounidense Bob Dylan fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2016.

LAS MEJORES FRASES DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN UNA ENTREVISTA DE LA REVISTA ROLLING STONE

En tiempos donde Bob Dylan todavía no había sido reconocido por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura , pero sí había sido distinguido en su país y ganado varios Grammy, daba algunas pistas de por qué merecía tener ese reconocimiento. En 2012, cuando acababa de sacar su disco Tempest, una obra inspirada en historias trágicas, Mikal Gilmore lo entrevistó para la versión estadounidense de Rolling Stone. Acá, algunas de las frases más destacadas de esa entrevista.

La segunda parte de Crónicas. “Siempre estoy escribiendo partes. Pero el último Crónicas lo hice todo solo. No sé siquiera si tuve un editor propiamente dicho. No quiero decir mucho al respecto. Pero es mucho trabajo. No me molesta escribirlo, pero me complica releerlo; el tiempo que eso exige”.

Sobre los premios. “Rechazo más medallas y premios de los que acepto. Me llegan invitaciones de todo el mundo. La mayoría los tengo que rechazar porque no puedo estar presente físicamente para recibirlos a todos. Pero de vez en cuando aparece algo importante, como la Medalla de la Libertad. Jamás podría haberla rechazado. Los acepto para mí y sólo para mí. Y no pienso nada más al respecto. Es un honor increíble”.

Sobre el amor. “Amor es una palabra que se ha usado en exceso. El amor es arriesgar tu vida por alguien. Pero no sabés de qué se trata hasta ese momento. Cuando alguien está dispuesto a morir por vos, eso es amor”.

Sobre la Medalla de la Libertad que recibió en la Casa Blanca. “Siempre fui diferente del resto de la gente. Es como la expresión ´tus compañeros´. Uso mucho: ´Mis compañeros esto, mis compañeros lo otro´. Y yo siempre me pregunté quiénes eran mis compañeros. Cuando recibí la Medalla de la Libertad, empecé a pensar más al respecto. ¿Quiénes son mis compañeros? Después lo entendí: mis compañeros son Aretha Franklin, Duke Ellington, B. B. King, John Glenn, Madeleine Albright, Pat Summitt, Toni Morrison, Jasper Johns, Martha Graham, Sidney Poitier. Esa gente. Y ellos también se distinguen del resto. Me enorgullece estar entre ellos”.

Su marca en la música internacional. “Si sos un compositor convencional, no podés componer las canciones que compongo yo. Y no creo que nadie más vuelva a hacerlo de la misma manera, igual que nadie va a volver a componer una canción de Hank Williams o de Irving Berlin. Creo que llevé las cosas más allá porque tenía que hacerlo. Me obligaron a hacerlo. Tenés que reformular las cosas todo el tiempo porque la vida tiene la costumbre de desplegarse”.

Su vocación, ser el mejor. “¿La mía? Igual que la de cualquier otro. Hay que ser el mejor en lo que te toca, tener talento. Es cuestión de confianza, no de arrogancia. Tenés que saber que sos el mejor, sin importar si otra gente te dice que lo sos. Y que vas a permanecer, de un modo u otro, más que cualquiera. En algún lugar dentro de vos, tenés que creer en eso”.

Su idea de la Historia. “La historia es algo peculiar, ¿no? Se puede cambiar la historia. Se puede cambiar el pasado, y se lo puede distorsionar con fines propagandísticos. Puede ser que algunas cosas que nos dicen que pasaron tal vez no hayan ocurrido en realidad. Y quizá las cosas de las que nos dicen que nunca tuvieron lugar tal vez sí hayan acontecido. Los diarios lo hacen todo el tiempo, los libros de historia también. Todo el mundo cambia el pasado a su manera”.

Sobre la inspiración. “Puedo escribir una canción en una habitación llena de gente. La inspiración te puede sorprender en cualquier lado. Es algo mágico. Realmente, es algo que va más allá de mí”.

Sobre John Lennon. “John venía del Norte de Inglaterra. Del interior. Igual que yo en Estados Unidos, así que teníamos un origen más o menos común. Ambos lugares estaban bastante aislados. Aunque el mío lo estaba más que el suyo. Pero cuando venís de un lugar así, todo está en tu contra. Debés tener el talento suficiente para superar cualquier escollo. Eso era algo que los dos teníamos en común. Teníamos más o menos la misma edad y nos habíamos criado escuchando exactamente la misma música. En un momento dado, nuestros caminos se cruzaron, y ambos ya habíamos enfrentado muchas adversidades. También teníamos eso en común. Me gustaría que todavía estuviera con nosotros, porque podríamos hablar de muchas cosas.

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La Academia Sueca le reconoce al poeta y músico estadounidense, icono de la cultura popular, “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción norteamericana”. A sus 75 años, Dylan, de nombre real Robert Allen, se convierte en el trigésimo cuarto poeta que logra el Premio Nobel de Literatura (el último fue el poeta sueco Tomas Tranströmer en 2011) y en el PRIMER CANTANTE Y COMPOSITOR en recibir el máximo galardón de las letras universales por las letras de sus canciones.

Es el decimocuarto estadounidense galardonado con el Nobel de Literatura por la Academia Sueca, aunque hacía 23 años que el premio no recaía en Estados Unidos después de que en 1993 lo recibiera la escritora y activista por los derechos civiles Toni Morrison.

Dylan era un habitual desde hace años en la lista de favoritos del Nobel de Literatura y está considerado una de las grandes figuras de la historia de la música y la propia Academia Sueca destaca su “profunda influencia en la música contemporánea” y lo define como “icono”. Canciones como “Blow in the mind” y “The times they are a changing'” son auténticos himnos ahora y en los años 60 y 70, lemas antibélicos contra la Guerra de Vietnam y de los movimientos civiles de los 60 y los 70.

Además de sus letras, que Dylan publica continuamente bajo el título de Lyrics (Letras), la Academia Sueca destaca sus trabajos literarios experimentalescomo Tarántula (1997; publicado en España en 2005 por Harper Collins Ibérica) y la colección Writings and drawings (Escritos y dibujos, 1973). En el año 2004 publicó su autobiografía Crónicas (en 2005 en España por Global Rhythm Press), en la que describe desde sus inicios en los clubes neoyorquinos y da pinceleadas sobre su papel como icono de la cultura popular.

El poeta de la música

Nacido el 24 de mayo de 1941 en Duluth (Minesota) en el seno de una familia judía de clase media, Dylan, apasionado de la música folk americana, especialmente de Woody Guthrie, y del blues, empezó a tocar de adolescente en distintas bandas. Influenciado también por los poetas modernista y de la Generación Beat, En el año 1961 se mudaría a Nueva York y empezaría a tocar en distintos clubs del Greenwich Village, donde conoció al productor John Hammon, con el que publicó su álbum debut, Bob Dylan (1962).

Desde entonces hasta la fecha ha publicado 37 álbums de estudio, el último de ellos este mismo año, Fallen Angles, con letras que tocan de manera recurrente temas sociales, religiosos, políticos y, por supuesto, el amor.

Tomado de El Clarín, de Argentina

SONANDO DE VERDAD

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POR MAGGIE MARIN

Publicado en TRIBUNA DE LA HABANA el pasado domingo 9 de octubre

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De aquello que uno menos imagina pueden extraerse lecciones. Sonando en Cuba ha demostrado irrefutablemente que cuando existe una necesidad mayor y buen empuje, somos capaces de hacer grandes cosas a pesar de nuestras muchas limitaciones económicas.

…El ambiente musical cubano estaba contaminado con lo más soez que se hace actualmente en estas latitudes respecto a la llamada música popular, y popular bailable. Era lamentable ver a nuestros nietos, medianos pero también pequeños, bailando y cantando ¿canciones? ¿Bailes? Súper chabacanos, vulgares, en fin lo peor de lo peor. Y como la mala hierba, esa ¿música? lo fue copando todo.

…Parecía que aquello no tendría fin, y el fenómeno era doblemente lamentable cuando Cuba posee un autentico y excelente patrimonio musical que se remonta hasta tiempos inmemoriales; cuando esta Isla ha sido cuna de una serie de ritmos que dieron la vuelta al mundo y se posesionaron de él, en interpretaciones de cantantes y autores de la talla de Sindo Garay, Trió Matamoros, Rita Montaner, Bola de Nieve, Benny Moré, Enrique Jorrin, Pérez Prado, Juan Formel….

…Son tantísimos. En todas las épocas de nuestra historia musical y cultural. Mencionarlos a todos es imposible, pero la excelencia y gusto exquisito de la música que nos legaron estaban, están ahí.

…Paulo Fernández Gallo ha hecho realidad un proyecto que tal vez ni él mismo pensó que podía llegar a tanto y ser de tan grande valor. Se rodeó de un equipo de estrellas como él, toco puertas que ante la solidez de sus ideas convenció de su utilidad y urgencia, y ha hecho un milagro que la cultura cubana no tendría como premiarle.

…Cada domingo, cuando disfruto Sonando en Cuba, a veces hasta las lágrimas con esos estupendos cantantes jóvenes surgidos de humildes terruños de nuestro archipiélago, me digo que sin duda alguna, los cubanos podemos hacer prodigios en muchas otras cosas que ahora mismo nos parecen utopías.

…Claro está, es preciso que amén de la valía del propósito el mismo esté bien claro, estructurado, firme, y que el deseo de llevarlo a vías de éxito sea tan fuerte que logre mover algunas montañas. Pero queda demostrado que hoy por hoy podríamos derribar unas cuantas, para regalarnos a nosotros mismos, a toda Cuba, realidades tan tangibles y auténticas como esta, importantes no solo para la cultura, también para la economía y la sociedad cubana, como Sonando en Cuba. Estoy segura.

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El hermano al otro lado del mundo

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Palabras de Chico Buarque.  El más popular y respetado de los cantantes brasileños desgrana, en una entrevista en su piso de Río, las circunstancias familiares que encaminaron la búsqueda del hermano negado por su padre, y de cómo se basó en los hechos para su nueva novela.

Tomado de Revista Ñ del diario Clarín

POR PATRICIA KOLESNICOV DESDE RÍO DE JANEIRO

¿Te molesta eso?, le pregunto.

–Es que no entiendo. En los años 70 yo sabía que tenía un hermano, podría haberme acercado a mi padre y preguntado. Podría haberle dicho “Sergio, contame todo”.

–¿Y te molesta no haberlo hecho?

–Un poquito.

Cuando tenía 22 años, Chico Buarque supo que, además de los seis que crecían con él, tenía otro hermano. En 1929 su padre, Sergio, se había instalado en Berlín como corresponsal deDiários Associados . Y ahí había tenido un romance y un hijo, a quien nunca vio: el bebé nació cuando Sergio navegaba de regreso, aguas al sur. Con el tiempo, mientras se iba convirtiendo en un prócer de la nueva música de Brasil, Chico supo también que el bebé se llamó Sergio, que el padre había tratado de recuperarlo, que el tramiterío, en fin… El silencio familiar envolvió el tema y aunque a veces, de manera lateral, “ese chico” sobrevolaba la vida de los Buarque, el asunto había quedado en esa semipenumbra de las cosas que no son del todo falsas ni del todo ciertas, aunque tal vez el tema haya sido una de las espinas que pincharon cuando el padre murió y ya no hubo nadie a quien preguntarle. Un hijo antes de tus hijos: nada.

En 2012 Chico Buarque empezó una novela basada en ese misterio. No el cuento completo sino la idea de una búsqueda imposible. El libro se llamaría –se llamó– El hermano alemány empezaba con el hallazgo de una carta firmada por una tal Anne Ernst. Fechada en diciembre de 1931 y escrita en alemán, cuenta que el chico se llama Sergio y cumple un año y por ahora lleva el apellido de su madre.

Cuando Chico Buarque les contó a sus hermanos que estaba escribiendo otra novela y con qué asunto se metía, el mayor, Sergio, el que se había quedado en la casa paterna, le dijo al pasar … “Ahh, sí, yo encontré unos documentos en alemán que mamá había guardado …” Chico los hizo traducir y a toda velocidad la editorial –Companhia das letras– puso a un par de personas a seguir las pistas que esos documentos aportaban. Lo buscaron. Lo encontraron. Encontraron al hermano alemán de Chico Buarque en Alemania Oriental. Era cantante, como Chico, y periodista, como el padre. Tenía una hija y varias ex mujeres. Y había muerto.

Finalmente la novela, que acaba de salir aquí, terminó cruzando realidad y ficción. El narrador es un adolescente que se llama Ciccio –¿Chico?– y tiene un solo hermano, mayor, que se llama Mimmo y que es ganador y mujeriego. En medio de la dictadura brasileña, Ciccio busca como loco a su hermano alemán. Mucho de lo que cuenta lo inventó Chico, pero el libro reproduce documentos reales y está dedicado “A Sergios”. Así, en plural.

Ahora Chico Buarque suspira y sonríe con sonrisa de nene de 70 años y mira el mar desde su casa en Leblon, en Río de Janeiro. Un noveno piso con un enorme sillón blanco, un escritorio con una Mac contra la pared –como colado en una habitación donde el amo es el piano– y muchas ventanas que dan al morro y al mar. Ciento ochenta grados de mar. No es una mansión, es en un edificio. Al hombre de seguridad de la puerta no se le mueve una pestaña cuando una dice que va al noveno, pero con la palabra clave “Chico Buarque” consulta, franquea el paso hacia el ascensor y no hace falta ni tocar que él mismo abre la puerta, saluda con un beso, hace café (fuerte), lo sirve, propone que yo elija el lugar de la entrevista. Es el hombre que sintetizó carnaval y miseria en canciones como Vai passar –“Y un día al final/ tenían derecho a una alegría fugaz/ una alentadora epidemia/ que se llamaba carnaval”–, o el que hizo una fiesta que duele con el erotismo femenino en O meu amor–“Cuando me roza la nuca/Y casi me hace daño con la barba mal cortada/Y posa los muslos entre mis muslos/Cuando se acuesta”. Este señor de ojos indescriptibles, que suspira y sonríe y mira el mar y sirve café es Chico Buarque y está acá para hablar de lo que lo alegra y de lo que lo hiere. A su interlocutora, hay que decirlo, le tiemblan las piernas. Elegimos la mesa.

–¿Cómo fue el impacto de la noticia, saber que tenía otro hermano?

–Tengo la foto de ese día… Esperá –dice Chico, y se va y vuelve con una foto en la que sonríen él, que es un nene, Tom Jobim, Vinicius de Moraes y un hombre más grande, el poeta Manuel Bandeira–. Estábamos ahí, cervecita, charlando y Manuel se puso a hablar de mi padre. “¿Cómo está Sergio? Hace tanto que no lo veo… Eramos muy amigos, después se fue a Alemania, tuvo aquel hijo… Así lo supe. Y yo: “¿Qué hijo en Alemania?”. Y Vinicius me dice: “¿Cómo no lo sabés?”

–¿Vinicius sabía?

–Vinicius sabía.

–Es decir, él hablaba con sus amigos.

–Sí. Yo estoy casi seguro de que Bandeira escribió la carta en francés que mi padre mandó a Alemania… Esperá.

Las cartas son, tan luego, los documentos que el hermano de Chico encontró en la casa. Una tiene una foto, la de Anne Ernst con un bebé gordo. En otra, Sergio Buarque de Holanda se da por enterado de que el bebé fue entregado a un hospicio y ofrece llevarlo a Brasil o mantenerlo. En 1933 sube el nazismo en Alemania y poco después Sergio Buarque recibe una carta en la que le avisan que el niño puede ser dado en adopción, que hay una familia interesada, pero antes él debe enviar certificados de nacimiento que prueben que es ario. La carta está dirigida a “Sergio de Hollander” y termina “Heil Hitler!”. “Hollander” es un apellido judío.

Chico va al escritorio; vuelve con un sobre amarillento y va sacando la correspondencia entre su padre y el gobierno alemán. La pone en mis manos.

–Fue entonces cuando empecé a imaginar a mi hermano en una cámara de gas. Si mi padre no había podido probar que no era judío…

–¿Cuándo quisiste saber?

–Mientras escribía el libro, que empecé en septiembre de 2012. Y en marzo de 2013 recibí los documentos.

–O sea, durante casi 50 años no pensaste en eso.

–No. Me parecía una cosa imposible, distante –dice, y muestra la foto de la mujer con el nene gordo–. Se ve que es verano, si nació en noviembre, debe ser junio o mayo del 32. Al año siguiente lo dan en adopción, nunca vamos a saber por qué. Para nosotros todo terminaba en que mi madre había enviado los papeles para demostrar que no era judío. Lo que mandó, en realidad, fueron los papeles de que mi padre y su madre habían sido bautizados. Pero mi abuelo paterno era de Pernambuco, del interior, no se sabía dónde estaban los documentos. Y después, en el bombardeo de Berlín se perdió todo. Yo hablé de ello. La primera vez que fui a la feria de Frankfurt, en 1998, dí entrevistas para periódicos alemanes y dije: “Tengo un hermano alemán”. Pensaban que era una broma.

–¿Hablaste con los medios para que él se enterara?

–Si mi hermano estaba vivo y quería saber quién era su padre y entrar en contacto, no era difícil. Era como tirar una botella al mar. Pero yo no sabía nada, ni que estaba en Alemania Oriental, por ejemplo … Ahí tal vez las noticias no llegaran. Pero lo que pasó es que él estaba muerto ya.

Sergio Günther murió en 1982, de un cáncer de pulmón, la misma enfermedad que mató a su padre poco después. Había sido adoptado por la familia de la que hablaba el ministerio alemán en la carta. Era un veinteañero cuando supo su historia y cambió el nombre que le habían dado los Günther (Horst) por el de Sergio.

–Trabajaba en diarios, en la televisión, aunque vivía en Alemania Oriental, tenía acceso a la información. Si hubiera querido, habría entrado en contacto –dice ahora el hombre de ojos azules y no se entristece, sonríe: “No se sabe”, dirá muchas veces.

Cuando sí supo, cuando llegaron los datos, Chico voló a Berlín. Supo que su hermano se había separado de Monika, su mujer, cuando su hija Kerstin tenía 10 años y que casi no la había vuelto a ver. Supo que grabó algunos discos, que fue presentador en televisión, que se fue con una mujer que se llamaba Kordula, quien nunca aceptó comunicarse con él porque, a la muerte de Sergio, encontró muchas mentiras, muchas mujeres más. [Acá se escucha una grabación del hermano alemán Sergio Günther , Columbia-Quartett Geisterfox DDR Amiga] Supo que tenía la voz del padre, que fumaba cigarrillos negros como el padre, que igual que el padre les cortaba el filtro antes de fumarlos y que eso iba a matarlos a los dos. Supo que tenía otro sobrino, tal vez de nombre Robert, cuyo rastro no apareció.

A Monika y Kerstin les preguntó, en una cena, si conocían esa canción que decía: “Zwei Apfelsinen im Haar / Und an der Hüfte Bananen”…, cuenta, y la canta (sí, es Chico Buarque y está cantando acá, cronista y entrevistado solos en su casa) con la música de A banda, esa de Pra ver a banda pasar, cantando coisas de amor. La conocían, sí. La letra en alemán no tiene nada que ver con la que él escribió, es un pastiche de elementos “latinoamericanos”, muy Carmen Miranda, con frutas en la cabeza y bananas. [Acá el video de la versión alemana France Gall – A Banda (Zwei Apfelsinen im Haar) 1968] Pero además, le cuentan, había otra versión. Una en que los alemanes orientales parodiaban la escasez de frutas durante el comunismo y cómo aparecían cada cuatro años, cuando había Congreso. Con la misma música, decía: “Zwei Apfelsinen im Jahr und zum Parteitag Bananen/ das ganze Volk schreit Hurra — der Kommunismus ist da!” Es decir: “Dos naranjas por año y bananas para el congreso del partido. El pueblo entero grita ‘Viva, el comunismo llegó’”. [Acá un video de la versión paródica por Nina Queer – An der Hüfte Bananen]

–Les pregunté: “¿Sergio Günther la sabía?” “¡Claro!”. Entonces de alguna manera me conoció. Sólo faltaba que la hubiera grabado. Pero eso sería demasiado.

–¿Y te gusta que la haya conocido?

–Sí, me gusta, es un contacto. El conoció esa canción y nunca supo que fue escrita por su hermano.

No se le agota la sorpresa a Chico Buarque. La alegría de la familia encontrada, cuando dice “mi sobrina” y dice que a la sobrina él le devolvió una identidad y la cara se le hace risa. Ya viajó varias veces, la sobrina ya fue a Brasil. Y sigue siendo un descubrimiento.

–Es increíble. Un historiador brasileño residente en Berlín descubrió que el matrimonio Günther tuvo un hijo adoptado, llamado Sergio que era… (se ríe fuerte) ¡cantante! Es demasiado. Pero todo eso no me ayudó a escribir el libro.

–¿Por qué decidiste ficcionalizar un tema tan íntimo?

–Porque lo que me encantó fue la duda total sobre eso. La imposibilidad de llegar, la búsqueda obsesiva sin grandes perspectivas de éxito. Era eso, la búsqueda más que la llegada a la historia y una búsqueda sobre algo que estaba en mi cabeza, que siempre me incomodó un poco.

–¿La Alemania nazi?

–Sí. Estuve en Berlín, todavía con el Muro, en el Museo del Holocausto; he leído sobre el tema. Es conmovedor para todos. Y cuando empecé a escribir el libro yo sabía que mi hermano, fuera quien fuese, iba a pasar por eso. Nació en el 31. Pasó la guerra de muchacho. Al final de la guerra tenía catorce años. Independientemente de la historia real, está lo que puede haber pasado ese niño en su infancia. ¿Fue hijo de nazis? ¿El mismo fue nazi? ¿Fue un recluta de las Juventudes de Hitler al final de la guerra? Todo eso era posible.
El hermano alemán despliega muchas hipótesis. A veces lo ves como un soldado, a veces como una víctima.

–Hice muchas hipótesis. La de la adopción aparece en el libro por interferencias de lo real en la ficción. Aparece con la intromisión de los documentos, porque yo no había imaginado eso.

–Vos lo imaginabas con su madre.

–Hasta el final de la guerra lo imaginé con su madre. Si no hubiera muerto lo imaginaba con su madre. Siempre lo imaginé Sergio Ernst. Fui a Berlín con mi mujer de entonces y lo buscamos en la guía. Es muy común el nombre. Y veía posibles hermanos. “Eh, Marieta, aquí está mi hermano. ¿Puede ser?” “Puede ser”. Había ese juego. Sin la menor expectativa real de encontrarlo. Con eso ya tenía el material para el libro. Los documentos me dieron elementos nuevos.

–Tu padre sabía. ¿Pudiste hablar con él de eso alguna vez?

–Mientras escribía, me preguntaba por qué no le pregunté a él. O a mi madre. No sé. No pregunté, mis hermanos tampoco. Y no era algo prohibido.

–¿Pero había alguna incomodidad?

–Sí, la había. Pero habría sido tan fácil… “¿Anne qué hacía? ¿Era una artista?” No pregunté nada, nada, nada.

–¿La incomodidad era porque él se fue cuando la criatura estaba por nacer ?

–Se supone que volvió por razones profesionales pero podía haber esperado un mes… Y había algo en una carta, que estaba aquí en la casa de Rui Barbosa, que es un museo. Un amigo de mi padre le decía a otro: “Ah, el que estuvo hoy conmigo fue Sergio, acaba de llegar de Alemania. ¿Sabés que tuvo un asunto con una señorita y tuvo que huir?” Yo les pregunté después a mis amigos alemanes qué podía ser. No es un crimen embarazar a una mujer aunque sea soltera. Me dijeron: “No es un crimen a no ser que sea una menor”. Pero no parece …

–El padre de la ficción es distante, está en lo suyo. ¿Tu padre era así?

—Era parecido. El personaje está muy inspirado en él. Una de mis hermanas era su predilecta: Ana.

–Justo, como Anne. Ay, ay ay.

–Ay, ay, ay… Ana María sabe un poquito más que nosotros porque tenía mayor intimidad con él, pero no mucho más. Según ella, mi padre nos dijo que la muchacha alemana se llamaba Anne Marguerite para que mi madre no supiera que era Ana María como ella.

–El padre de la ficción lee, toma y canta y la casa es una biblioteca.

—La casa de la novela es muy parecida a mi casa paterna. En su escritorio la ventana no se abría porque estaba cubierta de libros. Era un intelectual, un bohemio, le gustaba mucho leer y escribir, cantaba. Le gustaba mucho mucho la música. Eso está en la sangre. No es casualidad que Sergio Günther haya sido cantante. Yo pensaba: “tengo un hermano que no sabe nada de nosotros y puede ser tornero mecánico, puede ser cualquier cosa”, pero no, era cantante. Increíble.

–¿Tenés grabaciones de él?

–¡¡¡Sí!!! Una voz muy grave, parecida a la de mi padre –dice, y la imita, el chico de 70 pone la voz del padre–. Y canta bien.

–Hay una especie de final feliz, en el libro y en la vida, cuando lo encuentran. Pero está muerto. ¿No es también un dolor, una decepción?

–No hubo tiempo para la decepción porque no pensaba siquiera encontrarlo. Sí, tu hermano vivió y se murió a los 50 años. Siempre estuvo muerto para mí. Pero si hubiera pensado en eso 30 años antes, podría haber buscado. Podría haberlo encontrado. Yo era un artista, fui a cantar a Europa. Cantaba, podía haber pasado por Berlín oriental, yo podría haber cantado en un programa de televisión y ser presentado por mi hermano, ¡y nada hubiera sabido!

–Pero él sabía que se llamaba Sergio.

–Yo sabía que tenía un hermano, podría haberme acercado a mi padre y preguntado. Podría haberle dicho “Sergio, contame todo de eso”.

–¿Y te molesta no haberlo hecho?

–Un poquito.

Cucú Diamantes: Amor crónico por Cuba

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Tomado de Oncubamagazzine

http://oncubamagazine.com/cultura/cucu-diamantes-amor-cronico-por-cuba/

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 Por Cecilia Crespo

Fotos Alain L. Gutierrez Almeida

 Es cantante, actriz y filántropa, y siempre se presenta como CuCu Diamantes. Se le atribuye: el “tumbao” de Celia Cruz, la intensidad de La Lupe y el embrujo de Frida Kahlo. En su quehacer musical ha colaborado con artistas tan disímiles como Carlinhos Brown, Vico C y Fatboy Slim. Bajo la batuta del actor y cineasta Jorge Perugorría protagonizó el filme autobiográfico Amor crónico. Perteneció al colectivo de fusiones musicales Yerba Buena liderado por su pareja, el conocido productor Andrés Levin, y desde hace unos años comenzó un periplo en solitario con el álbum CuCuland, que estuvo nominado al Grammy. Vive en la “República de Manhattan”, como ella le llama a esa isla porque: “es como las Naciones Unidas por todas las culturas que aglutina y lo que aprendes”. En Cuba, CuCu es más conocida desde que irrumpió en el concierto Paz sin fronteras, en 2009, y en noviembre del pasado año organizó junto a Levin y a Perugorría el primer TEDxHabana, bajo el lema InCubando ideas, ahora se encuentra inmersa en la preparación de la segunda edición del evento.

Se le ha comparado con la Lupe, Celia Cruz, Moraima Secada y su música es una fusión de estilos contemporáneos y tradicionales. ¿De qué otras influencias se ha nutrido para formar a la CuCu que conocemos hoy?

“Que me comparen con todas esas grandes, de las que no me siento ni siquiera cerca, es un elogio muy grande para mí y, al mismo tiempo, un compromiso. No escucho y bebo solo de estas grandes cubanas, oigo mucho a Graciela, quien en los años cincuenta fue una de las más reconocidas cantantes cubanas en los Estados Unidos. Ella junto a su hermano Machito tenían el Big Band más exitoso de la época, tocaban latin jazz. También tengo influencias de Mario Bauzá, Chico O’Farrill, Chano Pozo y me acerqué mucho a Puntilla, uno de los grandes rumberos cubanos que emigró a Nueva York, al Bronx específicamente. También mucho de Patato Valdés y de Totico, otros importantes rumberos que me nutrieron hace más de veinte años, cuando llegué a esa ciudad. Me alimento esencialmente de las leyendas raras de la música, que no son las obvias que todos conocen”.

¿Qué significó Yerba Buena, en su trayectoria?

“No nos hemos reunido nuevamente porque estamos empeñados en nuestras carreras en solitario, como Descemer Bueno y Pedro Martínez a quienes les va muy bien. Yerba Buena fue una universidad de un eclecticismo total. Una etapa muy rica y de un aprendizaje y crecimiento inmensos”.

Sus composiciones resultan intimistas y reveladoras, pues narran mucho de su vida. ¿Con quién compone: con los ángeles o con los demonios?

“Creo que con un poco de los dos porque los artistas tenemos de ambos para ejecutar y crear nuestras obras. Las composiciones pueden estar condicionadas por mi modo de vida, o por las historias que me cuentan los amigos. Todo lo que me inspira está en mis temas. Desde una pintura hasta la experiencia de una amiga que se relacione con una ex historia que haya tenido. No me considero una compositora de oficio, de las que escriben por encargo, quizá una canción que ya tenga escrita le sirva a alguien que la quiera interpretar. Pero lo mío es más de conectarme con la magia del momento creativo. Me inspira desde la historia que me puede hacer un taxista, las penas de un vecino llenas de filosofía popular… Me nutro de la gente común y corriente, logro conjugarlo todo junto a las raíces. El mundo es local, la universalidad es local, adonde quiera que viajo me siento local, siento que pertenezco allí también; de tan universal que es el mundo es local, al final. Soy ciudadana del mundo. En mi carrera quiero que cada álbum plasme mi versatilidad y mi pasión por la vida y el arte”.

En una de las secuencias del filme Amor crónico menciona que es demasiado habanera para vivir en Nueva York y demasiado neoyorkina para vivir en La Habana. ¿Aún se siente así?

“La frase parte de un verso de una poetisa habanera (Lourdes Casal) que murió en Nueva York. Con esa frase me identifiqué en esa etapa porque fue un momento en mi vida, de hacer casi 900 conciertos con Yerba Buena alrededor del mundo, durante siete años, y no venía mucho a Cuba por tener una agenda tan apretada. Estuve alejada de las raíces, esas que aquí se están siempre reinventando. Cuando regresé después de vivir tanto tiempo en Nueva York me sentí distinta, me acostumbré a la vida de allá. Me enfrenté a la problemática del emigrante: que ya no cabes aquí y tampoco te insertas totalmente allá. Esa es una fase que ya superé. Ahora me siento local en todos los lugares adonde voy. Ya espiritualmente crucé las fronteras, hace poco presenté el filme en Roma, donde yo estudié y me sentí de allí también. Me encanta la melancolía, aunque no la nostalgia del pasado porque hay un presente en desarrollo y hay que vivirlo, porque si vives en el pasado te estancas. Me encanta rodearme de jóvenes y contagiarme de su energía, sus tendencias y gustos. Eso te refresca, porque son generaciones que vienen iluminadas de otra manera, y me encanta que me iluminen a mí. Lo mismo me ilumino de los sabios del ayer que de los nuevos del mañana”.

¿Hasta qué edad vivió en Cuba?

“Me fui a los 17, casi 18 años. Mi madre, mi padre y mi todo fue mi abuela, quien me crió. Con mi padre, que falleció, no tuve relación, lo vi unas pocas veces porque sentí la necesidad de conocerle. Al morir mi abuela, que no tuvo instrucción académica pero que era muy sabia de la vida, tenía mucha inteligencia de la calle, me quedo con mi tía que es gay y muy reservada, vive con su misma pareja desde hace treinta años. Nunca me habló de su sexualidad porque eso no era importante para mí. Ella me educó y me indicó cómo ser correcta. También me enseñó a ser tolerante, a respetar la sexualidad y la religión de todos. A todas las religiones les encuentro su fascinación y esencia, y prefiero asumirlas como una sola, sin divisiones. Soy muy espiritual y creo mucho en la energía, que es la religión más fuerte que tú puedas trasmitir”.

¿Qué significa para una cubana vivir en una ciudad tan cosmopolita como Nueva York?

“Cuando salí de Cuba fui a vivir a Italia. Terminé de estudiar Restauración e Historia del Arte, en Roma, y mi opción era irme a Barcelona como asistente de restauración, a aprender en la Sagrada Familia de Gaudí. Mi pasión era la música, hice coros hasta por divertirme en un grupo de salsa en Roma. Horacio Hernández, El negro, el afamado baterista, mi gran amigo, quien fuera mi compañero de piso en aquellos años me dijo: “si tu pasión es la música, vámonos para Nueva York”. Llegué entonces, como digo en la película, por amor a la música. Allí trabajé de camarera, me travestí con unos de los travestis más icónicos de Estados Unidos, Sophia Lamar y Amanda Lepore, para poder pagar mi renta. Ellas me enseñaron a maquillarme y a vestirme. Eso fue un gran aprendizaje para mí en el escenario. Me travestía, hacía toda una presentación, por lo que Pichi (Perugorría) en su filme Fátima me ofreció un papel de transexual. Es un mundo muy artístico, y me sirvió porque yo vivía en lo más underground de Nueva York. Allí aprendí mucho de las músicas electrónica, disco y house, bebí de todo lo artístico que conlleva meterse en otra piel. Aún salgo con ellas… es un mundo del que nunca me alejo porque me gusta estar actualizada en todo. Pero yo soy cubana, es como un virus que no se quita, y tengo un irremediable amor crónico por Cuba”.

Se le ha considerado un icono de la moda vintage y es musa de varios diseñadores. ¿Qué importancia le concede a su imagen?

“Es que la filosofía que tengo para componer canciones es la misma que uso para vestirme: reinvento lo que ya está hecho, amo el vintage y mi aspecto ha llamado la atención de la prensa, como le ocurrió, al principio, a Amy Winehouse. Además, para mis shows siempre cuento con la colaboración de amigos diseñadores que me suministran piezas que termino adaptando a mi estilo. Yo digo que, a nivel de imagen, funciono como una mujer under construction (en construcción). Lo obvio me aburre, y encuentro divertido y elegante el aspecto de las señoras de los años cincuenta. Visto de Ángel Sánchez y uso joyas de Rodrigo Otazú, un diseñador argentino que comenzó a hacer carrera en Europa y está muy de moda en todo el mundo. Fui una de las primeras en confiar en él, porque me gusta apostar por los nuevos talentos y ser una de las primeras en descubrirlos. Ahora estoy en otra reinvención de mi look”.

Resulta muy interesante la labor filantrópica que despliega junto a su pareja, ¿cuáles son las principales causas que ustedes apoyan?

“Andrés y yo tenemos Music has no enemies, una ONG en la que realizamos muchos proyectos benéficos con quienes más lo necesitan. Trabajamos en hospitales con niños enfermos de cáncer a los que llevamos al proceso creativo musical, porque eso está comprobado que es curativo y da mucha alegría. La pasión de crear es terapéutica. Ayudamos a las niñas emigrantes, que son objeto de burla por su acento y que apenas pueden ver a sus padres, quienes para vivir el llamado sueño americano se ocupan de hasta tres trabajos y no tienen tiempo para ellas. Son niñas que se suicidan, entonces, para tratar de impedir esto, las buscamos y conversamos con ellas, les demostramos que la vida es más que eso, las llevamos a los estudios, les ofrecemos talleres para que desarrollen sus pasiones y vocaciones y logren su propósito en la vida y no se depriman. Recaudamos fondos para ayudarlas, y también a otros enfermos, como los de SIDA. También apoyamos la lucha contra la violencia de género y la discriminación. Apoyamos muchas causas sociales, son muchas, pero siempre se puede hacer más. Pero ahí estamos y ponemos nuestros esfuerzos al servicio de la humanidad. Eso me llena, me hace salir de la burbuja en la que a veces uno vive y la vida es mejor cuando ayudas a personas que lo necesitan de verdad. Yo vengo de una familia humilde y lo entiendo mejor que nadie, por eso estoy más comprometida con todo esto. En Cuba también queremos empezar a hacer cosas, ir a los hospitales y ofrecer nuestro apoyo a los enfermos y necesitados”.

Hablemos de Salmón, el personaje que interpreta en Fátima, el más reciente filme de Perugorría en que también actúa y canta.

“Él se enamoró de ese cuento de Miguel Barnet, al igual que yo. Al decidir filmar la historia me dijo: “eres un personaje de esa película”. Le dije que yo no daba hombre de ningún modo. Pichi después de conocer mis historias, porque somos muy amigos, me propuso el personaje. Somos una familia unida por el arte y las ideas, aunque tenemos una gran hermandad me sometió a casting para el personaje de Salmón, el transexual amigo de Fátima que ya está operada, por lo que hablo con mi voz. Yo preparé el personaje con toda su caracterización y lo obtuve. Fue una experiencia muy grande trabajar para el cine cubano con grandes actores como Mirtha Ibarra y Carlos Enrique Almirante. Es una trama muy linda. Es la vida de Fátima y su novio, vista desde una perspectiva muy humana, no como una simple historia de amor entre homosexuales. Es la primera vez que se trata el tema de esa forma en el cine cubano. Es una historia de amor que te identifica y pasas por lo mismo que esos amantes. También compuse un tema para la película que canto junto a los otros dos travestis: Carlos y Jazz Vila. La canción se llama El otro“.

¿En qué fase se encuentra el nuevo disco que prepara?

“Están colaborando muchos músicos, no quiero adelantar mucho porque no quiero matarle la magia antes de que empiece. Después de cinco años, ya estoy inmersa de lleno en esta producción discográfica a cargo de Andrés Levin y Alain Pérez. Aun no tengo decidido el título para el disco, tengo cuatro posibles, pero ninguno decidido. Solo te puedo adelantar que los video clips los haré casi todos aquí en Cuba”.

Así es CuCu Diamantes, versátil, multicultural, intensa y única. Después del concierto por la Paz liderado por Juanes cuenta que por cuestiones políticas en algunas partes de los Estados Unidos le odiaron mucho: “porque en el mundo están los que odian y los que aman; yo estoy en el grupo de los que aman y no odio a los que odian, quiero convertirlos en los que aman”, expresó en aquel momento y esta frase fue muy difundida en los medios y compartida en las redes sociales. Afirma que su edad es mental, “lo que me mantiene joven es reírme, estoy entre los veinte y la muerte, porque los veinte es una etapa de mucho aprendizaje”, dice entre risas. Su consejo: “Ayudarnos y cooperar entre todos para salvar el mundo, ese es el legado que debemos trasmitir a las nuevas generaciones”. Su mayor propósito en la vida, como el de muchos, es ser feliz, pero lo de ella es “compartir esa felicidad y hacerle bien a la gente” asegura.

“Soy una persona que debo estar en constante movimiento, no recuerdo hace cuántos años no cojo vacaciones, me acuesto en la playa a descansar, y si no estoy planeando o ejecutando algo me aburro terriblemente. En Cuba nunca me aburro, siempre hay un nuevo proyecto y amigos con quienes compartir ideas, por eso me encanta y no puedo alejarme de esta tierra”.

IMÁGENES PAGANAS: Pablo Casals en la iglesia de Saint Pierre

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 GJON MILI, FOTOGRAFIÓ UN SONIDO, A PABLO CASALS EN LA IGLESIA DE SAINT PIERRE, PRADES, FRANCIA, EL 6 DE JUNIO DE 1950

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La portuguesa Guilhermina Augusta Xavier de Medin Suggia, nacida en Oporto en 1885, fue una de las mejores alumnas de Pablo Casals. Más que alumna, dicen las historias no escritas. En mayo de 1950, muy enferma, le escribe a su maestro una extensa carta. Pide entradas para el concierto por el bicentenario de la muerte de Bach, pero más que nada pide verlo. “Querido amigo: Espero que no hayas olvidado a la pequeña alumna que iba a Espinho a tomar lecciones contigo. Te escribo con emoción y con la esperanza de que no me rechaces. ¿Te será posible reservar dos habitaciones sencillas o una doble para una amiga que me acompaña y para mí? Sé que es difícil, pero debes tener influencias. También necesitaría dos localidades para los conciertos. Si es preciso que envíe antes el importe dime dónde. Yo sigo trabajando en Porto, siempre con el mismo ideal que aprendí de ti, pero estoy muy enferma y desgraciadamente no sé si podré continuar con mi carrera. Mi marido murió hace un año. No deseo morir sin que me escuches, querido maestro. Quiero volverte a ver. Espero que comprenderás la alegría que me darías si pudiese estar unos días cerca de ti. Recuérdame siempre como tu devota admiradora. Hasta la vista, espero. Guilhermina”.

Casals está desbordado. Sufre una depresión brutal, a la que se suman unos dolores de cabeza que lo dejan exhausto. Su esposa, Francisca, con Parkinson desde hace 22 años, tiene recaídas ante cualquier inconveniente. Y sobre él recae la responsabilidad de acomodar en el pequeño perímetro de la iglesia Saint Pierre, en Prades, a la enorme cantidad de personalidades del mundo entero que quieren asistir al renacimiento de su música. Pero recuerda a aquella adolescente que amó entre clase y clase, hace ya tantos años, y le ruega a su amigo, el doctor René Puig, que le conteste.

“20 de mayo de 1950. Madame: Imaginará usted fácilmente las ocupaciones del maestro. Le ruego que lo disculpe por no responderle él mismo. Se conmovió con su carta, pero está atado de tal manera por los ensayos que no puede escribirle. Cada día ensaya o tiene grabación. El toca todas las tardes, todos los músicos están aquí desde el 3 de mayo. De todos modos, al pedido: tiene usted dos habitaciones reservadas en el Hotel Alexandra de Vernet-les-Bains. Le agradeceremos que nos diga exactamente el número de localidades y aquellos conciertos a los que usted desea asistir. Le ruego que acepte mis sentimientos más respetuosos. Desde Prades, su amigo, René Puig.”

Mira, Puig, por la ventana de su hotel, las calles de ese pequeño pueblito perteneciente al departamento del Ariège, distrito de Foix, cantón de Ax-les-Thermes. Mira el Mont Canigou, que se alza más allá de los confines del pueblo. Sabe, como lo sabe su amigo Pablo Casals, catalanes al fin los dos, que el pueblito está vinculado a su Cataluña desde la Edad Media. Allí, a unas cuadras, como reafirmando los vínculos, están los monasterios de Sant Miquel de Cuixá y de San Martí de Canigó. Y, sabiendo, mira la iglesia de enfrente del hotel, la barroca Saint Pierre, construida en el siglo XVII.

Pau Carles Salvador Casals i Defilló es Pablo Casals. Nació en El Vendrell el 29 de diciembre de 1876 de padre español y madre puertorriqueña. Pablo mostró una gran sensibilidad por la música, por lo cual su padre, Carles Casals i Ribes, le transmitió los primeros conocimientos que el joven ampliaría con estudios en Barcelona y Madrid. Ya era un niño pródigo del piano, el órgano y el violín cuando en 1887 escuchó un cello y el mundo cambió su sonido. Empezó a estudiar con Víctor Mirecki, catedrático de la Escuela Nacional de Música de Madrid, iniciador de la escuela cellística española moderna. Y se perfeccionó con Jesús de Monasterio en música de cámara. A los 23 años inició su carrera profesional interpretando a los más grandes compositores en los mejores auditorios del mundo entero.

A su férrea disciplina musical sumaba un profundo activismo en defensa de la paz y la libertad. Saludó en 1917 la revolución rusa, pero siete años más tarde, con la muerte de Lenin y el ascenso de Stalin al poder, hizo pública su decisión de no volver a actuar en la Unión Soviética. Era el primer escalón de un silencio.

En 1926 creó en Barcelona la Asociación Obrera de Conciertos con el objetivo de permitir el acceso de la clase trabajadora a la enseñanza de la música y la audición de conciertos.

Cinco años después, con la proclamación de la Segunda República en España, fue invitado a participar en los actos conmemorativos del hecho. Allí dirigió la Orquestra Pau Casals y el Orfeó Gracienc. La Novena Sinfonía de Beethoven sonó como nunca en el Palacio de Montjuïc de Barcelona. Abrazó el republicanismo distanciándose de Alfonso XIII a partir de la dictadura de Primo de Rivera y la supresión de la Mancomunidad. Sin embargo, no dejó de agradecerle con su música a la reina María Cristina. La forma de demostrarlo era un clásico: llevaba engarzado al arco de su cello un anillo que ella le había regalado.

En 1933 rechazó un pedido para tocar en Alemania. El motivo era la llegada al poder de Adolf Hitler. “Hasta que no haya un cambio de régimen político, no tocaré allí”, dijo, como respuesta a la amenaza nazi de quemarle las manos si no actuaba en Berlín.

Pablo siguió tocando. En 1936, con el estallido de la Guerra Civil Española, se declaró públicamente a favor de la república. No tenía partido, más allá de que simpatizaba con miembros del Partido Socialista Unificado de Cataluña, pero despreciaba profundamente el fascismo. Por su declaración, fue condenado a muerte por los nacionalistas y tuvo que abandonar esa España que Francisco Franco hacía suya a fuerza de bala. Pero, sabedor de la potencia del arte frente a la bestialidad, rescató del olvido las abandonadas suites para cello de Johann Sebastian Bach y realizó legendarias grabaciones entre 1936 y 1939.

En 1945, su silencio subió un peldaño más al rechazar una invitación para tocar en el Reino Unido. La decisión la había tomado por la no intervención aliada en España. Y Casals se negó a actuar en los países aliados. Pero un año después, cuando la mayoría de los países reconocieron diplomáticamente al dictador, dijo basta, dejó el arco y no tocó más. Su silencio, entonces, se escuchó de manera brutal en el mundo entero.

Entre 1946 y 1950 se dedicó a la composición, al estudio y a la enseñanza, mientras seguía ayudando a los refugiados españoles que, por miles, abandonaban su patria.

El fotógrafo Gjon Mili, nacido en 1904 en Korça, Albania, sube el 6 de junio de 1950 a los balcones de la iglesia de Saint Pierre y enfoca su cámara. El hijo de Vasil Mili y Viktori Cekani, ese muchacho que llegó a los Estados Unidos en 1923 y que casi de inmediato comenzó a trabajar como reportero en la revista Life, tiene una extraña misión: fotografiar un sonido. Estuvo en la Riviera mostrando un Pablo Picasso que casi nadie conocía. Y recorrió fotografiando Florencia, Atenas, Dublín, Venecia, Roma. Fue, en los años ‘30, uno de los pioneros en el uso del fotoflash, capturando secuencias de acciones en una sola fotografía. En 1944 dirigió el cortometraje Jammin’ the Blues para la Warner Bros. Allí aparecían Lester Young, Red Callendar, Harry Edison, Big Sid Catlett, Illinois Jacquet, Barney Kessel, Jo Jones y Marie Bryant. Pero ese 6 de junio de 1950, al cumplirse el bicentenario de la muerte de Johann Sebastian Bach, en Prades, Francia, tiene que fotografiar un sonido. Y sube a los balcones de la iglesia.

Sabe que Pablo Casals va a romper un silencio que ya lleva cuatro años y es una manera de mostrarles a los poderosos del mundo su miserabilidad. Sabe que los 200 años de la muerte de Bach son la excusa. Sabe que Pablo Casals aceptó con la condición de que el primer concierto, el de la vuelta al sonido, fuera gratuito y para obreros. Entonces enfoca y espera.

A las 3 de la tarde, Pablo se calza el cello entre las piernas, toma el arco, toca la suite número 2 en re menor, compuesta en 1720, y la melodía parece haber sido compuesta hace unos segundos. Toca, Casals, en la iglesia de Saint Pierre de la pequeña ciudad de Prades, Francia. Lo acompañan, callados, un puñado de músicos y cientos de obreros que asisten a la apertura de las conmemoraciones. En silencio lo escuchan y en silencio lo ovacionan. Los curas pueden permitir a Bach y a Casals y hasta a los obreros que llenan la iglesia por primera vez, pero prohíben aplaudir ante Dios y su hijo crucificado y sus santos. Toca, Casals, por Bach, por Cataluña, por la libertad. Y el mundo entero se detiene a escucharlo. Hasta Franco, que golpea inútilmente sobre su escritorio y vuelve a condenarlo a muerte. Entonces Mili sabe que ésa es su foto.

El 20 de junio de 1950, recién terminadas las conmemoraciones por Bach en la iglesia de Saint Pierre, Pablo le escribe una carta al presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, que está mirando la revista Life, donde aparece la foto de Gjon Mili: “Soy sólo un hombre que cree en la democracia y ama la tierra de su Cataluña natal y de España, en la que Cataluña está incluida”. Guilhermina estuvo en el concierto final, vio a su viejo maestro y enamorado. Y murió en Oporto diez días después.

“Uno no es famoso, ni exitoso, ni ningún oso”

silvio-y-yoSilvio con su entrevistador

Silvio Rodríguez en Mayarí, en el primero de tres conciertos de la Gira por los barrios en Holguín

Azuzar recuerdos junto a Silvio Rodríguez

Por Leandro Estupiñán Zaldívar 

 “¿Tú no eres Juan Triana?”, pregunta Silvio Rodríguez con unos papeles en las manos cuando tomamos asiento. Su interrogante me deja pensando, porque Juan Triana es el nombre de quien fuera mi profesor de Problemas de la Economía Cubana, un eminente y popular economista desde que sus conferencias dieran la vuelta a Cuba como aquellas carreras de bicicletas, aunque gracias a la solidaridad de los cubanos que nos hace ir pasando de memoria flash en memoria flash una información cuando parece relevante.

Me quedo pensando porque las entrevistas son como las sesiones en el espiritismo. Uno invoca algo, que evidentemente debe ser el lado más sincero del entrevistado, y según estado anímico y circunstancia así serán las respuestas.

Lo había esperado con un libro de Ricardo Pliglia en las manos, tumbado en un asiento en el fondo del lobby del hotel Pernik donde se hospedaba junto a su esposa, la clarinetista y flautista Niurka González. Silvio Rodríguez viajó hasta el oriente del país para cantar en tres pueblos distantes de la cabecera provincial, siguiendo así el propósito de ofrecerle su música al público más desfavorecido, ese que habita zonas marginales, lo cual no implica solo la conceptualización sociológica del término. En el hotel también descansan los músicos de Trovarroco, tres excelentes guitarristas villaclareños que junto al percusionista Oliver Valdés confieren en los últimos tiempos otra sonoridad a su obra.

Al verlo, me pongo de pie y lo saludo. Responde amable estirando el brazo y lo primero que se impacta contra mi visión es el famoso tatuaje de la rosa y la calavera que se hiciera entre el pulgar y el índice de la mano derecha en los que fueran días trascendentales a bordo del Playa Girón. El trovador, nacido el 29 de noviembre de 1946, en San Antonio de los Baños, viste jeans y pulóver azul turquí con bandera cubana sobre el lado izquierdo del pecho. Suele llevar ese tipo de prenda, quizá para dejar claras muchas ideas que con solo ver una bandera cubana vienen a la mente. Ando sin fotógrafo, pues no quiero interrupciones en el diálogo.

Le advierto que carezco de cuestionario. Aborrezco las entrevistas preconcebidas. Me parecen interrogatorios policiales. Mi estilo es el de la gente común, prefiero conversar pese a los inconvenientes de la memoria.

-Mejor, asiente él.

También debo ser sincero y le ofrezco otro dato.

-Ni siquiera debía entrevistarlo, le digo algo inquieto, pues al fin y al cabo es una confesión: De la gente a la cual uno ha admirado su obra más vale permanecer lejos, pues ocurre un poco como el poema: No debe volverse a los lugares adonde se ha sido feliz.

Las canciones de Silvio Rodríguez me ha hecho feliz muchas veces. Estoy habituado a ellas desde la temprana adolescencia, cuando con entusiasmo empecé a escucharlo a él, y a Pablo Milanés, y me hice seguidor de la Nueva Trova y por ende de la trova tradicional y de todo cuanto se les relacionara. Más de un tema suyo me ha propiciado fuerzas para enfrentar un día problemático, aunque después ciertos comportamientos del hombre me llevaran a revalorizar al artista.

-Lo que pasa es que siempre hay curiosidad, indica luego de mi lamento.

Lo ha dicho con calma, en ese tono en que le he escuchado tantas veces, bien al llegar al escenario y luego de ubicarse en la banqueta donde cantará, bien ante colegas de todas partes que hacen lo mismo que yo intento ahora: Conocer un poco más su mundo interior, empresa compleja si se tiene en cuenta que a lo largo de su carrera debe haber escuchado todas las preguntas posibles, debe haberse encontrado a entrevistadores inimaginables. Coloca sobre una mesa la pequeña grabadora con micrófono que me quedo mirando.

-¿Graba sus conversaciones?

-Las suelo grabar de hace un tiempo para acá.

-¿Le han tergiversado muchas veces?

-Me gusta tener un registro. A veces me han tergiversado, bastante. No me parece que vaya a ser el caso. Me ha pasado más bien fuera de Cuba, en algunos lugares. También aquí me ha pasado. Me ha pasado incluso que han querido hacer un libro gente que tiene pensado irse del país. Han querido hacer un libro y me han hecho una cantidad de preguntas, nos hemos visto varias veces y de pronto han desaparecido y han aparecido en otro lado queriendo publicar el libro.

-Es como tener un pasaporte cultural o algo semejante, corroboro, pensando en ese tipo de personas que gusta abrirse camino escudándose en la vida de los demás.

-Parece, asiente él, y pone atención en mis palabras. Quizá trate de adivinar qué quiero preguntarle, de qué quiero hablar, para qué lo he sacado de su refugio.

Prosigue: Son cosas extrañísimas. En fin, esas cosas pasan. Y por supuesto, sé absolutamente que no es el caso. Pero, en fin. Me gusta tener un registro, porque también estoy viajando. Estoy en otro lugar y es una forma de recordar las cosas que me pasaron. A veces olvido. Son muchas cosas ya, muchos años…

-Casi setenta, lo pincho.

-Casi setenta, repite, y cavila: Bueno, realmente no llego. Tengo sesenta y siete. En noviembre cumplo sesenta y ocho. Pero mañana, por ejemplo que es el concierto número cincuenta y ocho de la gira, cumplo también cuarenta y siete años de vida profesional. Debuté un 13 de junio.

-¿Fue en la televisión?

-En un programa que se llamaba Música y Estrellas, que dirigía Manolo Riffat.

-¿Se siente viejo?

-Chico, tú sabes que no me siento viejo. En primer lugar, nunca me han gustado los espejos. Dicen que la muerte presume. Es lo único que te hace recordar que el tiempo pasa, en realidad.

– En Nicaro vi, por ejemplo, que había mucho público, pero solo un grupito cantaba. Ese grupito estaba compuesto por gente adulta sobre todo. ¿Siente que su público ha envejecido con usted, con la revolución? ¿Siente que ha envejecido todo?

-Veo que hay mucha gente vieja. Ahora hay más gente vieja en mis conciertos. Generalmente…

-Bueno, es la muestra de que el público ha envejecido.

-Sí, pero hay jóvenes también. En mi público inicial había muchos más jóvenes que viejos. Ahora hay de todas las edades. Están los jóvenes atraídos por los padres, porque algunos escuchan la trova y escuchan lo que uno hace, o porque saben de uno, porque uno es más o menos famoso y sale en la televisión o en la radio, o se habla de uno. Y están los de media edad, que tuvieron tiempo de participar en esa época en la que uno todavía tenía una presencia más energética, sobre todo en los medios de aquí de Cuba. Y están la gente que son más o menos de la edad de uno, y que gustaron o gustan todavía de lo que uno hace.

-¿Y por qué una gente “más o menos famosa” decide ir a los barrios marginales, incluso ubicados en la periferia del país?

-Quizá de afuera se ve así, pero realmente uno no es ni famoso, ni exitoso, ni ningún oso. Uno es sencillamente una persona que desde que comenzó a trabajar ha tenido un propósito, ha tenido una visión de la cultura, de la canción; ha tenido una visión, aunque no me gusta usar palabras muy altisonantes, del compromiso. Pero sí, indudablemente hay compromiso, hay gustos, afinidades, atracciones, hay simpatías. La ley de la simpatía, las cosas que se atraen y se juntan van creando un universo, una gravedad. Otra razón más por la que uno no piensa en los años. En ese sentido uno sigue siendo el mismo. Sigue pensando de la misma manera, sigue sintiendo los mismos compromisos, sigue sintiendo que lo que uno hace es parte de la sociedad y de una manera determinada, que no es la búsqueda de la fama, del dinero, de la celebridad; es la búsqueda de otras cosas que están en todo el mundo, pero que están en uno. ¿Y qué es lo que está en todos nosotros? Ni más ni menos que la sensación de estar vivo, de que te haya tocado una época y un tiempo, y que es una dádiva, un don, una suerte que tuviste al haber estado vivo y haber pasado por esta experiencia. Y tratas de aprovecharla lo más intensamente posible, darle una utilidad pasajera en este mundo de los vivos. No lo digo porque crea que haya un mundo de los muertos; sino, en este mundo de la conciencia, de la percepción y de que uno se da cuenta de las cosas y puede actuar. Es así. Me considero el mismo. Por eso estoy aquí y por eso hago estas cosas. También hay razones un poco más específicas. Hay tiempos en que te impulsan más a hacer determinadas cosas que otros. Este momento de cambios de Cuba en que hay muchas cosas a favor y muchas cosas en contra, y donde gran parte de la población es probable tenga que pasar por una serie de vicisitudes y trabajos y problemas y carencias que se suman a muchos trabajos, vicisitudes y carencias que durante tantos años hemos tenido. Hace años, con otra perspectiva y visión del mundo. Ahora resulta que con otra.

– ¿Y eso no ha mellado lo que se llama “futuro” o “porvenir” o “esperanza del futuro”?

-Oye, en todos los países, en todos los tiempos y circunstancias la gente tiene más o menos los mismos problemas. Está viva y en una sociedad, quiere progresar, ser mejor, quiere tener más posibilidades de vida, gozar más plenamente de la existencia y quiere un mejor futuro para sí y para los suyos. Es normal. Nos pasa a todos, en todas las sociedades que he conocido, en todas; unas más desarrollas, otras menos; unas gobernadas de una manera, otras gobernadas de otras.

-Pero antes, por ejemplo, había una esperanza: Se llegaría al comunismo.

-Antes sí, al comunismo o no se sabía. Cuando uno cantaba: Te convido a creerme cuando digo futuro realmente uno no pensaba que este era el futuro. Uno pensaba que el futuro iba a ser otro.

-Y viendo este futuro, ¿qué piensa?

-Viendo este futuro… hay que ir a los barrios, hay que seguir andando, hay que seguir trabajando.

-Silvio, pero ir a los barrios no quiere decir estar en los barrios, ¿usted ha estado? ¿Qué ha aprendido?

-He aprendido que la gente está jodida, muy jodida, mucho más jodida de lo que pensaba. Y bueno, eso es una manera de conectarse con la realidad de tu país, de seguir constatando las cosas como son. Es verdad, no vivo en un barrio; es verdad, tengo una vida mucho más cómoda que la inmensa mayoría de los cubanos. Pero no me viro de espaldas, continúo. No solo aquí en Cuba. También pudiera continuar en Cuba y no hacer eso. Pero bueno, lo hago porque me parece que es mi manera de hacer una contribución, de estar comprometido con mi realidad, con mi gente, con mi pueblo.

-También lo veo como una cruzada cultural en tiempos en los que advierto una especie de conspiración contra la cultura por la que pasa Cuba y el mundo, la gente no lee, escucha una mala música…

-Mira, yo fui adolescente y me hice hombre en una época en que había muchas condiciones para que la cultura germinara. Para empezar, se hizo una campaña de alfabetización, se fundó una Editora Nacional y empezaron a proliferar los libros y la literatura universal. Entró el cine de arte como arte, se le empezó a dar una relevancia a la literatura latinoamericana, hubo instituciones, organismos, reuniones, concursos, una serie de manifestaciones sociales y todo apuntaba a un compromiso con la cultura, que es también un compromiso con la historia, con lo que ha sembrado el hombre, con lo que ha construido en el mejor sentido. En aquel momento aquí en Cuba había distintos organismos culturales. A mi modo de ver, a la manera en que yo lo sentía, unos más culturales que otros. Unos eran más mediáticos, te hacían entrar en la popularidad y en el gusto más rápidamente. Otros trabajaban más mesuradamente, más tranquilamente, a más largo plazo. Yo siempre tuve afinidad con esos organismos culturales que trabajaban a más largo plazo, para los que la cultura implicaba también estudio, superación y una autosuperación. Me refiero específicamente a dos organismos, a Casa de las Américas y al ICAIC. Lo que había fuera de eso eran el ICRT y el Consejo Nacional de Cultura.

-¿En los tiempos de Pavón?

-Antes de Luis Pavón, que había Consejo Nacional de Cultura.

-Claro, desde 1961.

-Luis Pavón entró tarde y estuvo pocos años. Eso fue como un amago de Ministerio de Cultura, que nunca fue Ministerio de Cultura hasta que después del llamado Quinquenio Gris pusieron a Hart, y fue Hart el que fundó el Ministerio de Cultura. Esos organismos que trabajaban más concienzudamente, menos populistamente, creo fueron los organismos que fundaron cosas que han durado más. Todo lo demás era más efímero: La fama de una canción que aparece por la radio, un rostro que aparece y desaparece por la televisión, o que está en los cabaret, en fin… Siempre tuve la percepción de que era como la lucha de dos maneras de ver la cultura, de ver el mundo, la realidad y también de ver el futuro. Uno, en palabras muy rápidas, pudiera caracterizarse como algo más chabacano, el otro como más estudioso; uno con más prisa, otro con menos prisa. Yo me di cuenta de que había una especie de guerra, de que todo aquello era una especie de guerra entre dos concepciones de ver y estar en el mundo. Hoy por hoy parece que lo que yo consideraba en frente es lo que ha ganado la guerra. Pareciera que gano la lentejuela, el oropel, la superficialidad, el mal gusto, el populismo. Pero todavía hay gente que trabaja con otra visión de la cultura, con una visión parecida a la que tuvimos nosotros. Y creo siempre se ha manifestado, siempre ha estado y siempre estará. Incluso, si siguen ganando, esta otra visión estará.

-¿Aun con todo el apogeo de la internet y eso? Como decía Phillip Roth, refiriendo el problema del libro y la lectura: Las pantallas nos han derrotado.

No es solo la internet; en general, la tecnología, que suele democratizar las cosas. Por ejemplo, cuando yo tenía 17 años solo los fotógrafos profesionales o personas con un poder adquisitivo alto podían comprarse una cámara no profesional, porque además la gente buscaba una cámara no profesional, una camarita Kodak que tirara y después ibas a la tienda, te revelaban tu rollo y te daban tu foto. Hoy día casi todo el mundo tiene una cámara, todos hacemos fotos, cualquiera que esté en un lugar con un dispositivo que recoja la luz hace una foto, y puede ser de primera página en los más grandes diarios del mundo. En mi época, cuando yo era adolescente, un joven, era muy difícil tener un dispositivo para grabar una canción. De hecho cuando me pidieron la primera vez un trabajo para el ICAIC tuvieron que prestarme una grabadora, porque como yo en esa época todavía no escribía música, tenía que memorizar las cosas que iba haciendo y me era muy fácil con una grabadora. Se me ocurría una melodía, tocaba en la grabadora, después lo reproducía y sabía que eso quedaba ahí. Hoy día todas las personas, quienes lo necesitan y quienes no lo necesitan, llevan teléfonos, que lo mismo hacen fotos, que graban, y te comunicas desde cualquier punto en que estés. O sea, que la tecnología ha democratizado, le ha dado oportunidad a todo el mundo. También por eso hay tantas manifestaciones musicales, porque hoy en día realmente para grabar una canción no se requiere de un estudio. Se ha puesto hasta de moda grabar en los garajes con cualquier dispositivo. A veces una cosa que queda mal grabada es hasta un detalle simpático y se transforma en una moda grabar con un teléfono, y de pronto se convierte en un boom mundial grabar canciones con un teléfono. Creo que no ha pasado, pero puede pasar. Esa democratización implica una inundación de expresiones poco acabadas en todos los sentidos. Los escritores, ahora por internet, hacen sus libros. Cualquiera publica cualquier cosa, en cualquier sentido. En el siglo XIX para que te publicaran un libro pasabas… en primer lugar porque imprimir un libro era un costo, un gasto, había una serie de tamices por lo que pasaba un libro, editores, especialistas, revistas con un prestigio, no publicaban cualquier cosa. Hoy en día cualquiera escribe un reportaje de lo que sea, cualquiera publica una foto de lo que sea, cualquiera escribe una canción de lo que sea.

-¿Eso no ha llevado a una abulia, a que todo pierda su valor o que al final gane la frivolidad?

-Exactamente. Esa es una de las cosas que ha introducido la democratización de los avances tecnológicos en el mundo moderno. Yo lo veo así. Esto hace que proliferen las elites. ¿En qué sentido? Los que son más exigentes, ante esta invasión inmisericorde de expresiones enloquecidas, los más exquisitos, los que tienen gustos más refinados, más sofisticados, tienden a aislarse y a crear guetos. Estamos ante un fenómeno cultural que empieza a manifestarse universalmente y ante el que nosotros no escapamos, porque ya tenemos encima la tecnología, nos guste o no nos guste, nos convenga o no nos convenga, nos agrade o no nos grade. Ya todo el mundo anda con un teléfono, se comunica… hasta los espías. En la década de los sesenta yo me acuerdo que cuando el G2 agarraba a un espía, lo agarraba con un aparto sofisticado de mandar señales. Están las películas de la Segunda Guerra Mundial, los espías andaban con una maletica y unos aparatos de onda corta para mandar señales en una frecuencia especial, emitían sus informes y todo eso. Hoy en día nada de eso hace falta. Marcas cero, cero, uno y estás comunicándote con los Estados Unidos.

-Y es más difícil prohibir.

-Más difícil no, es más loco además. Es mucho más difícil. La diversidad ha llegado. La tecnología ha permitido que esa diversidad, que esa exuberancia de posibilidades nos arrastre.

-Cualquiera puede ver cualquier cosa, y en cualquier lugar. Creo que en Nicaro se encontró con alguien que escribe a su blog.

-Sí, lo que pasa es que ahí hay una familia que se comunica conmigo. Ellos tienen un trabajo en el que hay un poquito de internet, y a veces se comunican un poquito y logran entrar al blog. Pero, en realidad lo que hacen es que algunas personas que también participan del blog, que son extranjeros, se comunican con ellos, les pasan los post y los mensajes que hay y las participaciones, y entonces ellos responden por esa vía.

– Cuánto trabajo pasamos, ¿no? Y todavía hay una resistencia a la internet.

-Sí… Bueno, en fin… Se plantea que tecnológicamente está toda esa discusión de famoso cable de Venezuela, toda esa cosa. Es verdad, hay que crear una infraestructura aquí, que cuesta dinero. Pero los cables telefónicos están desde hace muchos años echados en Cuba y el sistema inalámbrico es una cosa que sí, debe costar su dinero, pero cada vez debe costar menos, cada vez es una cosa más común. Veremos qué hacer cuando Google ponga en órbita los 180 satélites esos que tiene pensados poner para darle internet a la parte del mundo que no tiene, cubanos incluidos supongo. Vamos a ver las nuevas generaciones a quiénes les agradecen el internet. Es uno de los grandes problemas que tenemos ahora mismo. El joven que no está pensando en otra cosa que mirar lo que le interesa, en resolver, en conectarse con la página del reguetonero no sé quién, lo que sea, lo que tenga en mente, y que de pronto, de un día para otro haga así, pácata, y con su telefonito se conecte con cualquier lugar del mundo. ¿A quién se lo va a agradecer?: ¿A nosotros?, ¿a nuestro país?, ¿a su gobierno?, ¿o a Google?

-Además, ese individuo será como el cuento del hombre dominado por el pececito al que observa, cada vez es más vulnerable culturalmente.

-Sí, sí. Imagínate. Ese reguero tecnológico indiscriminado es también un reguero de dominación, de dominación ideológica, de dominación cultural.

-¿Entonces qué han ganado aquellas instituciones culturales que iban por la instrucción del individuo hasta convertirlo en alguien con pensamiento crítico?

-Ha ganado eso, ha ganado la formación de gente que piensa críticamente, y que ha pagado un precio por pensar críticamente.

-Y es la minoría.

-Sí, es una minoría, sin lugar a dudas. Y va a seguir siendo una minoría. A mí no me cabe dudas de eso. Mientras más democrática sea la posibilidad expresiva más valioso va a ser lo exclusivo.

-Para esta gira usted ha hecho un alto en un disco que graba, ¿creo que es un descarte de las canciones del Descartes o algo así? ¿Se llama Amoríos?

-No es un descarte, son canciones que nunca había grabado.

-¿Pero, no estuvieron pensadas alguna vez para Descartes?; por cierto, el disco suyo que más me gusta.

-No, no estuvieron pensadas para Descartes. En realidad Descartes es un disco con canciones que salen de los descartes de otros discos.

– Claro, pero yo pensé que este eran descartes del Descartes.

-Le iba a poner Sobras, pero me pareció demasiado fuerte. Estas son canciones que nunca grabé, que nunca toqué. Toqué otras y esas las dejé. Son canciones de relaciones de pareja, todas.

-En Descartes hay una frase que me resulta fascinante, una de Vida y otras cuestiones: “¿Cómo sabrá la cerveza que el sepulturero se beberá cuando acabe de darme abrigo?” Me gusta mucho. A través de ella intuyo cierta preocupación por ese asunto de lo que ocurrirá luego, como individuo y como parte de la sociedad.

-A veces uno mira las nubes y añora la vida. A veces uno mira las nubes y dice: Qué maravilla, nuestros aborígenes levantaron los ojos y vieron pasar las mismas formas, u otras, pero vieron el mismo paisaje que vemos nosotros ahora. Y cuando uno no esté habrá quien levante los ojos y lo vea. Eso es fascinante, ¿no? Se trata de eso, no de otra cosa, dicho a través de la cerveza que se va a tomar…

-Pero es excelente. Es una frase que se relaciona mucho con mi preocupación filosófica.

-Sí, es… ¿qué pasará al minuto siguiente a la muerte?

-También me lo he preguntado: Cómo seguirá la vida sin uno, si pudiera verla. ¡Tremendo…!, exclamo, y me hubiera volcado a una reflexión existencialista de no ser porque recuerdo que esta entrevista también tiene como objetivo ser publicada en el periódico para el cual trabajo y al cual, más que de filosofía, para mi pesar, le interesan declaraciones directas sobre la visita. Recapacito y, rompiendo el trance, le hago otro comentario: Estas presentaciones en Mayarí, Nicaro y Moa tiene que ver mucho con su relación con Frank Fernández, una amistad muy antigua.

-Sí, esto lo planificamos desde hace rato. Hace rato hablamos de la posibilidad de que yo fuera a Mayarí y el a San Antonio, de hacer ese intercambio. Somos amigos desde hace muchos años.

-¿Y qué es la amistad para usted?

-La amistad es una cosa imprescindible. No en balde Martí dijo que era la joya mejor. Hay otras joyas, buenas también. Pero sin dudas la amistad es lo que uno funda con personas afines. Estábamos hablando ahorita de las afinidades, de esas leyes gravitacionales que hacen que cosas, que ideas, que personas giren en torno a cosas comunes, a identidades.

-Pequeños detalles invisibles.

-A veces pequeños, a veces más grandes. Detalles, detalles de la existencia. Y coincidencias, porque tú sabes que, como dice el dicho, cada gente es un mundo. Y dentro de ese mundo de tanta gente uno encuentra aquí, allá, a cuyá esos detallitos que te van uniendo con los demás. En el caso de Frank, lo conocí cuando él volvía de Rusia, de la Unión Soviética, con su diploma de oro del Chaikovski. Entonces era la joven promesa, extraordinario. Estaba muy vinculado al Comité Nacional de la Juventud Comunista, y yo tenía un amigo allí. Ese amigo nos presentó. Fuimos a su casa y empezamos a hacer colaboraciones. Era cuando se hacían aquellas galas por el 4 de abril. Él empezó también a trabajar con nosotros, a planificar las galas, a dirigirlas. Nos pedía canciones. Hicimos canciones para algunas galas. Después fue productor de mi primer disco.

-Tienen pensado volver a Holguín, creo, en agosto.

-No sé si en agosto. ¿En agosto…? No, jamás en agosto. Hicimos Mayarí, Nicaro y Moa. Es lo que teníamos planificado. Más adelante nos pidieron hacer algo aquí también, en Holguín, en la ciudad. Me gustaría en un barrio de Holguín. Para eso me voy a asesorar bien, porque tendría que ser en un barrio de los que necesitan más esto que hacemos. Me gustaría en esa ocasión ir también a Gibara. Fui el otro día y es un lugar fascinante.

-¿No tiene pensado cantar en teatro, para el otro público?

-El público que va al teatro puede ir al barrio.

-Claro, pero hay quien necesita espacios más cómodos.

-Llevo tres años sin tocar en teatro. Solo en barrios.

-¿Y se siente cómodo?

-Me siento más a gusto.

-¿Sí?

-Me siento más a gusto porque me parece que es un trabajo más útil, y un reto.

-Pero, para un hombre tan exigente con el público como usted…

-Es un reto también, porque es un público que a veces no está acostumbrado al tipo de trabajo que uno hace, a lo mejor están acostumbrados a escuchar otro tipo de música. Siempre la gente corea algunas canciones. Incluso jóvenes. Es fantástico. No sé cómo se la saben.

-Sé de anécdotas, ahora leyendas famosas, en las que usted enfrenta al público, le pide silencio. Y en un barrio se grita, hay bulla… ¿No lo sacan de paso?

-Eran cosas que ocurrían cuando uno empezaba. Yo nunca me vi como cantante. Siempre me vi como un compositor que exponía lo que hacía. Y como no cantaba cosas…o pensaba yo que no cantaba tonterías, a lo mejor también cantaba tonterías. En definitiva, todos caemos en tonterías de una u otra forma. A veces, pensando que no somos tontos somos los más tontos del mundo. Pero, empezaba, y veía con tanto respeto lo que yo hacía, y me parecía que mucha gente iba realmente a comulgar con la canción de la manera en que yo la asumía. Y de pronto, que hubiera gente más acostumbrada a la cosa farandulera o lentejuelezca me molestaba. Y gente que pedían, y que hablaban, pues mandaba a callar a la gente. En alguna ocasión me levanté y me fui también. Lo hice. En otros lugares me botaron. Varias veces me botaron de los lugares. Pero fueron cosas más relacionadas con los inicios.

-Eso ayudó a tejer una leyenda de un Silvio que no sea quizá el Silvio real, ¿es muy difícil ser el Silvio verdadero?

-Yo nunca he sido una persona agresiva, para nada. Todo lo contrario. Si me agreden, trato de defenderme; pero no es que sea mi naturaleza. ¿Sabes qué pasa? Como yo, y no solo yo, sino alguno de nosotros éramos un poco contraculturales, hacíamos un poco de contracultura, contracultura convencional, se tejió también alrededor nuestro, por cuestiones políticas, de defensa de esa cultura entre comillas, una leyenda un poquito, no voy a decir que negra porque sería demasiado, pero sí gris con pespuntes negros. Es lo que yo pienso. Hubo un momento incluso en que se decía que la Nueva Trova se quería adueñar de la cultura, y que quería que todo fuera como ella. Nada más alejado de la realidad. A nosotros se nos hicieron campañas dentro de ese mundo lentejuelezco. En el fondo eran campañas políticas porque eran campañas que miraban el arte como pedestal, no como ara.

-¿Por eso ustedes alguna que otra vez combatieron ese arte, aquella otra forma de hacer canción?

Realmente yo no me dediqué a eso. Yo hice una sola canción que habla de eso.

-Pero digo, en entrevistas, a través de comentarios públicos.

-Si me das una referencia yo te la respondo, porque ahora no recuerdo haber combativo nada en ese sentido. Sí creo que hice una canción, La Masa, que habla de eso, de las distintas maneras de asumir el arte, en mi caso la canción. Pero no insistí. No fue un cruzado tampoco. Mi cruzada era hacer canciones buenas, de calidad. Esa ha sido mi única cruzada en la vida, hacer canciones diferentes, incluso en contrapunto de mis propias canciones, porque no me gusta que ninguna canción mía se parezca a otra.

– A propósito, qué le ha parecido la versión que grabó Shakira de La Masa para el disco de Mercedes Sosa.

-Me parece muy bien. Estoy acostumbrado a que Mercedes cante canciones mías. Cantó muchas. Recuerdo especialmente dos, arregladas por Charly. Hizo una versión de Unicornio preciosa para un disco. Y la otra era La Masa, en una versión de Charly García. Los arreglos son así… bueno, ella es un clásico, pero los arreglos de Charly son fabulosos. No me acuerdo cómo se llama el disco. Y bueno, esta joven… me parece maravilloso. Me sorprendió, porque evidentemente no está en esa línea de trabajo.

-¿Su elección para colaborar con otros artistas de qué depende? Recuerdo cuando estaba prohibido José Feliciano aquí, y usted fue como la puerta para que volviera a escucharse en los medios.

-Es que aquí, como en todas partes, se tejen leyendas sobre artistas. Hemos estado muy aislados durante muchos años, y aquellos años eran de gran aislamiento. No existía internet. No había forma de saber qué era la verdad detrás de todo eso. También a veces los artistas en determinadas coyunturas saben qué es lo que se está cocinando, le hacen una pregunta y hacen una concesión, sueltan una cosita un poquito pesada para contentar el ambiente que los está entrevistando. Aquí a veces nos tomamos esas cosas demasiado a pecho. Y son cosas a veces circunstanciales. Son cosas de las que después los artistas ni se acuerdan. Hay otros que sí, que tienen una postura y una forma de pensar muy definida y son defensores de una forma.

Silvio se queda pensativo, y me mira como si otra vez tratara de averiguar qué pienso, y yo a su vez lo miro a él.

-Hay una cosa que te quiero decir antes de que te vayas, dice: Me parece muy importante. Ayer me llamó Gerardo Hernández, ¿sabes quién es Gerardo?
Lo observo con sospecha, porque quién no conoce en Cuba a Gerardo Hernández, si en cada esquina hay un afiche donde se puede ver su rostro junto al de los otros cuatro que han pasado a conocerse como: Los Cinco..

-Sí, respondo.

-Yo nunca había hablado con él. Cuando estuve en Estados Unidos hace tres o cuatro años tratamos de hablar pero no fue posible. Hablé con otros dos o tres compañeros suyos, pero con él no pude. Primera vez que hablo con él y fue una conversación extraordinaria. Y es porque en Mayarí sentí que el teléfono me sonaba cuando estaba cantando las últimas canciones. Me tapaba el atril y lo saqué disimuladamente. Vi que habían unas cuantas llamadas. Lo desconecté porque estaba sonando y tenía miedo de que se metiera por el micrófono. Cuando terminé volví a fijarme. Era una llamada de los Estados Unidos porque tenía un uno delante. Y sonó otra vez. Era una emisora de los Ángeles que hacía un programa especial para Gerardo por el día de su cumpleaños. Me hicieron una entrevista. Hablé un ratico con la muchacha que me entrevistó y él oyó la entrevista. Entonces localizó mi teléfono y me llamó, por supuesto que era para agradecerme. Uno habla con esos hombres que están pasando tantas vicisitudes, que han sido tan maltratados, y tratados con tanta injusticia y realmente le dan lecciones a uno de supervivencia, uno se queja… Yo había llamado a alguien para que me mirara el aire acondicionado, porque no estaba funcionando bien. Y me dije: Caballero, le ronca. Uno está preocupado porque no funciona bien el aire acondicionado y este hombre lleva 16 años presos, tiene dos o tres condenas de por vida y te habla con un optimismo, con una seguridad, con una firmeza, con una fe tan grande en que se va a hacer justicia, en que va a estar un día aquí. Realmente es muy conmovedor. Y nos hace pensar mucho. Me preguntó: ¿Dónde tú estás? Le digo: Estoy en Holguín. Entonces dice: Coño, Holguín, ¿tú sabes, por cierto, que Holguín es una de las provincias de Cuba de las que yo recibo más cartas? Digo: ¿De verdad? Dice: Sí, no te puedo decir ahora que es la que más porque tendría que contarlo, pero te garantizo que es una de las provincias de Cuba de las que más cartas recibo. Tú pudieras transmitir de mi parte… Me dijo eso y por eso te lo estoy trasmitiendo: Tú pudieras transmitir de mi parte mi gratitud al pueblo holguinero por no olvidarse de nosotros. Así que tienes para mí esa mínima misión.

-También una prima mía le escribía a uno. A Antonio, creo.

-Hay mucha gente del pueblo que les escribe. Y de otros pueblos. Ellos reciben una cantidad de cartas. Yo no sé qué harán con tantas cartas. Cómo las tendrán metidas. No sé cómo resolverán ellos ese problema.

-¿Y su relación con el pueblo holguinero cómo ha sido?

Mi relación con el pueblo holguinero ha sido maravillosa, con el público y con gente que he conocido en la calle.

-Ya que nos referimos a Amoríos, ¿amores holguineros ha tenido?

-Sí, dice como quien primero lo piensa un poco.

-¿Hay canciones que tienen que ver con esos amoríos?

-Sí, responde en el mismo tono.

-¿Una mujer con sombrero tiene que ver con esos amoríos?

-No, dice rápido, y para salir del tema, pues me interesa más dejar el misterio que descubrir el nombre de la que debe ser una bella mujer, le aseguro que estamos como en Escriba y Lea. Silvio sonríe, ríe, repite: Estamos como en Escriba y Lea. Piensa y murmura varias veces la palabra “Sí” antes de soltar: Hay un amor holguinero bastante intenso. Puedes publicarlo además. Le escribí un poema una vez. Es probable que también esté en alguna canción.

-¿Entonces Camino a Camagüey pudo haber sido camino a Holguín?

-Sí, dice él: Una vida ya, unos cuantos años. Pasan muchas cosas en una vida.

Después hablamos un rato sobre pintura, sobre la posibilidad de que algún día sea nominado al Premio Nacional de Literatura debido a que galardones semejantes, le digo, recibieron cantautores como Leonard Cohen o Bob Dylan.

Responde que eso solo sucede en el primer mundo. “En el tercer mundo no, donde todos tienen que defender sus predios de publicación. Imagínate, si todo aquí se confunde, además de las pocas publicaciones de poesías que hay que también los trovadores empecemos a usurparle espacios a los poetas. Yo prefiero, al menos por ahora, hasta que no haya posibilidades de publicar más, que sigan los poetas en lo suyo, y los trovadores en lo suyo.”

También hablamos del escritor argentino Ernesto Sábato, a quien admiro, y con quien Silvio mantuvo una buena amistad de la cual queda al menos una pista en las palabras de presentación para Descartes, escritas por el autor de Sobre Héroes y tumbas. “Era un hombre atormentado”, me dice.

-Creo que todo artista lo es, digo: Usted también debe tener sus tormentos.

-Mis tormentos y mis tormentas, dice: Todos las tenemos.

Al final Silvio me regala un ejemplar del libro Por todo espacio, por este tiempo. Con Silvio Rodríguez en los barrios de La Habana, de Mónica Rivero y Alejandro Ramírez. Porque casualmente ando con mi único libro publicado decido reciprocarle el gesto con el ejemplar. Y para no ser menos, se lo dedico.

Entonces no sé por qué me sale una dedicatoria torpe, totalmente intolerable por culpa de una rima que no hubiera escrito ni cuando empezaba a escuchar sus canciones previo a la adolescencia. Recordando esas palabras pienso que, al fin, en la conversación no invocamos ni a la economía ni a los conciertos que hacía por el oriente de Cuba, tan solo convocamos recuerdos de un entrevistador, recuerdos de los cuales Silvio Rodríguez forma parte y, sin saberlo, tuvo a bien azuzarlos.

Tomado de Cubavistaalasseis

CHANO POZO, LA CUMBRE Y EL ABISMO

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Por estos días corre por la red la noticia de que escrita por Leonardo Padura Fuentes y con ilustraciones del artista gráfico Ajúbel, comenzó a venderse en formato digital la obra La noche triste de Chano Pozo, percusionista, uno de los más trascendentes músicos cubanos del siglo XX.

De hecho se sostiene que Chano, junto a Dizzy Gillespie y Charlie Parker, fue protagonista de una de las grandes revoluciones musicales del siglo XX, la del bebop y el latinjazz.

A continuación les acerco para que disfruten este texto, a todas luces anterior aunque sin duda germinal del que ahora conmueve a internet: Chano Pozo, La cumbre y el abismo, que apareciera publicado originalmente en La Jiribilla no. 135.  y que pueden ver en su totalidad si sigue este enlace:

http://www.lajiribilla.cu/2003/n135_12/135_16.html

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¿Quién era, en realidad, aquel negrito feo y guapetón que gracias a su habilidad innata para golpear el tambor escaló uno a uno todos los peldaños que conducen a la inmortalidad? De la Timba a la inmortalidad: tras las huellas del más grande percusionista cubano de todos los tiempos.

Leonardo Padura
| La Habana

«Chano Pozo fue un revolucionario entre los tamboreros del jazz; su influjo fue directo, inmediato, eléctrico (…). Por el tambor de Chano Pozo hablaban sus abuelos, pero también hablaba toda Cuba.  Debemos recordar su nombre para que no se pierda, como el de tantos artistas anónimos que durante siglos han mantenido el arte musical en su genuina cubanía.»’

Fernando Ortiz

Ahora estoy convencido de que Caridad Martínez, la mulata blanconaza y esbelta que vivió varios años con Chano Pozo, jamás conoció a su hombre. Me lo revela el hecho de que Cacha llegó a declarar aquel sombrío 3 de diciembre de 1948, vísperas de Santa Bárbara; que Chano salió de la casa «más alegre que nunca», con la mente asediada, únicamente, por las ilusiones de su próximo debut en el Strand. Pero, en realidad, Chano Pozo, establecido ya en la cumbre de su carrera artística, con tanto dinero en los bolsillos como jamás se imaginó que existiera en el mundo, era ese preciso día un hombre triste y melancólico, maltratado por la nostalgia y con muy pocos deseos de pensar en el futuro.

Mientras cubría el camino entre su apartamento neoyorquino y el Río Cafe and Lounge de la calle 113, el más grande de los tamboreros cubanos miraba sin entusiasmo las infinitas luces de la opresiva ciudad, algunas de las cuales servían para resaltar su propio nombre: « ‘Manteca’, Chano Pozo con la banda de Dizzy Gillespie». Mas, con los pies heridos por el frío de Nueva York, Chano Pozo no pudo impedir que su corazón se le hubiera ido hasta La Habana: A esta misma hora, Chano, en Cayo Hueso, Pueblo Nuevo y Belén, los altares tapizados de rojo están llenos de ofrendas y velas, esperando el 4 de diciembre y los tambores ya están llorando su salvaje plegaria de ‘bienvenida al guerrero Changó, tu padre, dueño del rayo y la espada. Pero esta ‘noche faltará tu tambor, Chano… En Nueva York, solo tú piensas en Changó.

Aún quedaban dos horas para la media noche cuando Chano Pozo entró en el Río Cafe and Lounge y, después de saludar a unos amigos, se dirigió a la victrola pues, de tanto pensar, había encontrado una forma de saludar el día de la Santa Bárbara. .. Chano Pozo nunca pudo imaginar que, antes de la media noche, lo sacarían de aquel local envuelto en dos manteles rojos y con siete balazos en el pecho.

VIAJE A LA SEMILLA

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Cayo Hueso, la verdad, ya no es Cayo Hueso. De la antigua y reconocida fiereza de este barrio capitalino solo quedan los ecos de su fama miserable y violenta; de sus más renombrados y tétricos solares sobrevive ahora, si acaso, una vetusta fachada incapaz de apresar lo que hubo en sus entrañas. En la actualidad uno puede desandar a cualquier hora del día ―o de la noche―, sus más famosas calles sin temor a que una navaja sigilosa le atraviese un pulmón o que lo encuadrillen en una esquina y le quiten hasta los calzoncillos. Ahora en Cayo Hueso hay edificios grandes, limpios, hasta lujosos, y el Parque de Trillo es un lugar para que los muchachos corran y se diviertan.

Durante muchos años este barrio, con ventaja sobre Pueblo Nuevo y Belén, se ha disputado la paternidad de Chano Pozo, aquel percusionista callejero que, en un tiempo récord y con sus tambores cubanos, logró revolucionar la revolución del be bop. Tras la pista de Chano Pozo ando y desando Cayo Hueso, converso en las esquinas, observo los sitios que frecuentó, respiro el aire que él respiró y de pronto siento que el barrio vuelve a ser el mismo de antes y consigo escuchar la frenética rumba de cajón que se ha armado en el solar Rancho Grande, escucho los gritos de la bronca fraticida que hay en el Parque de Trillo y observo con recelo de forastero el paso tempestuoso de dos guapos que advierten en voz alta que ellos sí no creen ni en la madre que los parió y se matan con cualquiera…

―Yo no sé si Chano nació aquí o no ―me advierte Herminio Sánchez, un mulato flaco y de voz cansada, que se considera una autoridad en la historia oculta de Cayo Hueso. Lo que sí sé es que aquí fue donde pasó su miseria más grande. Por aquí andaba él, hecho un apargatú, con su hermano mayor, Mamadeo, y sus socios Armando el Mono y Francisco el Africano. Por cierto, Mamadeo fue el que, en una bronca que tuvo Chano, mató a un hombre de una puñalada, y el pobre Mamadeo se murió en la cárcel…

En este barrio Chano salió con las comparsas, aquí se hizo abakuá, del fundamento «muñanga», que es uno de los juegos de este barrio. Y de otra cosa que estoy seguro es de que vivió ahí, en la otra esquina, en el solar El África.

«Y el África era un solar de ampanga, mi compadre. Por las noches se alumbraba con un solo bombillo y las tendederas y guindalejos daban más oscuridad todavía. Aquello era una jungla y de contra allí vivían como 200 negros… ¿Se le podía llamar de otra forma mejor? Era el África misma. Y fíjate si era malo, que allí no entraba la policía. No se atrevían. Pero lo mejor que tenía era sus cinco salidas: uno entraba por una puerta y podía salir por donde quiera. »

El solar El África ha corrido la suerte de otras cuarterías. En 1980 fue demolido y solo existe hoy su inofensivo frontón. Muchos aseguran que justamente en El África nació Chano Pozo.

―La gente no debe hablar de lo que no sabe, muchacho. Para saber esas cosas hay que conversar con la familia, ¿verdad? ―me asegura Petrona Pozo, la hermana más pequeña de Chano, la preferida del músico y la única sobreviviente’ de aquella estirpe. Nosotros nos mudamos para El África cuando ya éramos grandecitos, después que murió mamá. Pero nacimos, todos, en El Vedado, en el Solar Pan con Timba, de la calle 33: de ahí salió Chano Pozo.

UN HOMBRE AFORTUNADO

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―Después de todo Chano fue un hombre con mucha suerte ―afirman, puestos de acuerdo por única vez, familiares, amigos y conocidos del excepcional tamborero cubano. Hay que tener tremendísima suerte para salir de donde él salió y llegar hasta donde él llegó.

―Y fíjate si tuvo suerte ―remata Herminio Sánchez― que le cayó bien al senador Hornedo, el dueño del periódico El País, que vivía en la casona esa que hay en Carlos III y que ahora es la Casa de la Cultura, esa. Porque Chano Pozo era un tipo, vaya, así, chistoso y jodedor, y era el único aquí que tocaba el tambor, cantaba y bailaba, y lo que tocaba era inventado por él. Y na’, cosas de la vida, le cayó bien a Hornedo y entraba y salía de su casa cada vez que le daba la gana. Y Hornedo fue el que lo levantó.

―La verdad es que Hornedo fue muy bueno con él, asegura, también, Petrona Pozo.

«Gracias a él Chano no tuvo que vender periódicos ni limpiar zapatos como mi padre, que estuvo de limpiabotas, hasta que se murió, ahí en la esquina de Zanja y Belascoaín. Pero la persona que más ayudó a mi hermano fue Amado Trinidad, el dueño de Radio Cadena Azul. Fue, incluso, el que gastó su dinero para que  a Chano lo enterraran en Cuba.»

―Yo conocí muy bien a Chano ―confiesa, con un dejo de orgullo, Roberto Cortés Ibáñez, hermano de religión de Chano Pozo. Lo conocí cuando chiquito, pero después lo dejé de ver porque estuvo hasta los 16 años en el Reformatorio de Menores de Guanajay. Ahí fue donde Chano aprendió a leer y escribir. Y después nos volvimos a ver cuando Chano se mudó para el solar El Ataúd, en el barrio de Colón, muy cerca de mi casa. Allí vivía con Laura, una de las mujeres que tuvo. Chano era un tipo bajito, pero muy fuerte. Y era también muy impulsivo y no le tenía miedo a nadie.

«Pero creo que donde se equivocó fue metiéndose a abakuá, porque la religión no tiene nada que ver con la guapería y, además, nosotros no tenemos que andar pregonando por ahí que pertenecemos a esa hermandad. Incluso, Chano murió expulsado de su juego, no por un problema de hombría, no, su lío fue que, grabó para Radio Cadena Azul unos cantos secretos y su juego lo expulsó por 120 años.

«Por otro lado, yo sí sé que la persona que más ayudó a Chano Pozo en este país fue Rita Montaner. No vayan a estar creyéndose lo de Hornedo ―aclara ahora Roberto Cortés. Hornedo no era tan bueno ni quería tanto a Chano, como dice la gente. La verdad… no sé si debo decírtelo, pero bueno, de eso hace mucho tiempo. La verdad es que Chano era uno de los guapos de Hornedo, que como político al fin tenía su piquete de matones. Fíjate, era una época muy dura y no había forma de ganarse cuatro pesos, así que Chano, después que salió del Reformatorio, no tuvo más remedio que trabajar para Hornedo.

«Y ya que te dije eso, te voy a decir otra cosa que nadie sabe: cuando Rita Montaner ayudó a Chano, y salieron juntos bailando en los Dandys de Belén, ellos eran marido y mujer, no casados, claro, pero marido y mujer al fin y al cabo.»

UN ROSTRO EN LA MUCHEDUMBRE

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¿Quién era, en realidad, aquel negrito feo y guapetón que gracias a su habilidad innata para golpear el tambor escaló uno a uno todos los peldaños que conducen a la inmortalidad? ¿Quién era este hombre que obligó escribir a un renombrado crítico de jazz que «la poderosa y principal influencia de la música afrocubana sobre jazz y, especialmente, en el bop, alcanzó su punto culminante en el invierno de 1947, cuando el director, de banda Dizzy Gillespie contrató al tamborero cubano Chano Pozo para un concierto en Town Hall»?

¿Quién era, en verdad, Luciano Pozo González?

Chano Pozo era todo lo que dicen los cronistas, sus familiares, sus amigos, pero mucho más: Chano era el marginalismo habanero de su época, y era La Habana misma, maltratada y alegre, ruidosa y adolorida.

―Por eso cualquiera te puede decir algo de Chano, porque Chano estaba en todas partes ―confirma Roberto Cortés. Lo mismo vivía en un barrio que en otro, andaba, con esta o con aquella mujer, y salía con cualquier comparsa. Para que veas, que todavía me acuerdo, él fue bailarín y tocador de El Barracón, La Mejicana, La Colombiana Moderna, La Sultana y La Jardinera. Con los Dandys de Belén, haciendo figura de «varón», salió después, ya en los años 40, porque para dirigir los Dandys había que tener dinero y buena ropa.      .

―Chano empezó a subir cuando entró en Radio Cadena Azul, la emisora de Amado Trinidad ―recuerda su hermana Petrona; enseguida empezó a ganar buen dinero y lo primero que hizo fue comprarse un traje de petronio, esa tela carísima. Después invertía todo su dinero en trajes y prendas. Nunca se me olvidan el sortijón que se compró, que tenía una piedra del tamaño de un garbanzo ablandado y la medalla de Santa Bárbara que usaba en la cadena: era del tamaño de las tapas esas de los litros de leche y pesaba una barbaridad. Toda la corona de la virgen era de rubíes. Pero, como te decía, ahí en la emisora fue donde fundó la Orquesta Azul y empezó a hacerse, famoso de verdad. Y también fue allí donde conoció y se hizo amigo de Rita Montaner.

 ―Aunque yo era muy chiquito me acuerdo de Chano en la casa de Rita ―relata Cala, fotógrafo de oficio, bongosero de corazón, conocido entre los jazzistas cubanos como el blanco con manos de negro. Yo era amigo de la familia y como me gustaba tanto la música, me colaba en las fiestas que daban los fines de semana. Y había que ver tocar a ese hombre: sacaba música hasta del piso, porque se tiraba en el suelo y con esas manazas que tenía empezaba a repiquetear en las lozas. Del carajo… Según tengo entendido fue Rita quien lo metió en Radio Cadena Azul y Chano siempre se lo agradeció. Aunque era muy bruto, fue sentimental y agradecido.

―Por esa época, ya a principios de los años 40, Chano Pozo era un personaje famoso en Cuba, porque tenía la Orquesta Azul y era el músico exclusivo de la emisora ―me cuenta Adrían Zanabria, veterano bailador de comparsas habaneras. Yo me acuerdo de que Chano siempre andaba para arriba y para abajo con Manana, que era como todo el mundo le decía a Agustín Gutiérrez, el que fue bongosero del Septeto Habanero y también del Septeto Nacional. Chano y Manana formaban una pareja terrible y yo los vi hacer cosas que parecen de locos. Un día yo los fui a buscar a El Ataúd, para irnos de rumba, y antes de salir Chano cubrió la cama con billetes de cinco y diez pesos, porque ya tenía mucha plata, y después, como estaba sudado, se tiró de espaldas en la cama y le dijo a Manana: «Negüe, lo que se me quede pega’o en el lomo es pa’ gastarlo hoy». Manana le desprendió 95 pesos de la espalda, y para gastar eso en un día, ¡ay mi madre!, como había que hacer cosas en esta Habana. Pero entonces fue que vino lo mejor. Chano abrió el escaparate donde tenía como 20 trajes, de las mejores telas, y se puso a hablar con los trajes. Él hacía así, se mordía el nudillo del dedo este, el anular, y le hablaba entre dientes a los trajes. Él les decía: A ver, a ti no te voy a sacar hoy porque estás muy pesa’o últimamente. Y tú ―le decía al otro― tú ni me mires, descara’o, que te enfangaste to’ el otro día. Y a ti, ¿qué te pasa? Na’, na’  no te pongas triste, que tú eres el que va a salir hoy― y escogía ese. Para mí que Chano no estaba muy bien de la cabeza, ¿eh?

«Pero todo eso que se dice, que si Hornedo, que si Amado Trinidad, dígale a la gente que no: el hombre que más ayudó a Chano Pozo en este mundo fue Miguelito Valdés. Fíjate: Miguelito fue el que le grabó las canciones a Chano en los EE.UU., como aquella que decía Blem, blem, blem, y nunca le hizo maraña con el dinero, como pasó aquí en Cuba, en la Asociación de Derechos de Autor, que le tumbaron dinero a Chano y luego hasta le metieron un tiro en la barriga. Pero además Miguelito fue el que inventó lo de la academia de baile que Chano y Manana hicieron en El Ataúd, y el mismo Miguelito les mandaba para acá a las americanas que querían aprender a bailar rumba, aunque de verdad lo que ellas querían era otra cosa: vaya, por lo claro, venían a fumar y a joder aquí. Y también fue Miguelito Valdés quien le consiguió a Chano su primer contrato en los EE.UU. y lo mandó a buscar para que Chano Pozo triunfara allá y se hiciera, de verdad, el tumbador más grande que ha dado este país».

EL CAMINO DE LA GLORIA Y DE LA MUERTE

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«Me acuerdo como si fuera hoy el día que Chano salió para los EE.UU. A mí se me hizo tarde y tuve que ir corriendo para el puerto, porque se iba por barco para llevarse el convertible rojo que se había comprado con un dinero que le mandó Miguelito Valdés. Él pensaba estar allá por poco tiempo, y por eso se fue hasta con Cacha, la mujer que él tenía por esa época —dice Petrona y observa entonces el altar que está a su lado. Pero yo sabía que Chano no iba a volver. Lo sabía. Unos días antes él se hizo un registro y le salió que tenía que hacerse santo, hacerse Changó, antes de cruzar el mar. Pero mi hermano era muy desobediente y dijo que cuando regresara él se lo hacía. Pero yo sabía que Chano no iba a volver. Changó no perdona».

«Cuando Chano llegó a EE.UU., yo tenía ya mi propia orquesta —relata Dizzy Gillespie, el excepcional trompetista que junto a Charlie Parker y Chano Pozo desarrolló hasta sus últimas consecuencias la revolución del be bop. Pero el problema es que no encontraba un buen tamborero. Entonces fui a ver a Mario Bouzá, quien ha sido mi padrino musical, incluso el que me consiguió un puesto en la banda de Cab Calloway cuando la banda de Cab era la mejor de New York. Entonces le pregunté a Mario, que era una autoridad en música afrocubana, si conocía algún tamborero bueno de verdad. Tengo un muchacho para ti, pero no habla inglés, me dijo. Así fue como tomé a Chano Pozo y no me arrepentí nunca. Cuando lo vi tocar siete tambores a la vez supe que había encontrado un genio de la música. Y, por cierto, no hizo falta que hablara inglés: logramos entendernos perfectamente, por el lenguaje de nuestros ancestros».

Al sumarse a la banda de Dizzy Gillespie empieza para Chano Pozo el camino hacia la consagración y la fama. Junto al gran trompetista norteamericano emprende una gira por varias ciudades del país y graba, entre otros éxitos, una pieza clásica del jazz latino: «Manteca». Es la apoteosis de los tambores cubanos que enriquecían, definitivamente, la concepción rítmica de la música estadounidense.

Chano se había convertido «en una celebridad —ha escrito Ciro Bianchi Ross, en un lúcido reportaje. ‘Manteca’ le había reportado ya una buena suma de dinero, cobrada horas antes de ser asesinado. Después de unas vacaciones cumplimentaría un contrato en Billy Berg, el famoso cabaret-restaurante de Hollywood, que a su vez le serviría de antesala para su debut en el Strand. Las pantallas de los trailes del teatro Strand ya lo anunciaban… »

«Con Chano Pozo habíamos tenido un éxito inmediato —recuerda, conmovido, Dizzy Gillespie. Pero lo que es más importante: Chano cambió el gusto de la música en los EE.UU. y a mí me alegra haber tenido algo que ver con ese fenómeno. Chano, con sus siete tambores cubanos, fue el factor decisivo en el proceso de introducir e integrar la música afrocubana en el jazz norteamericano. Chano Pozo fue un innovador y un nuevo punto de partida.»

«¿Cómo no iba a ser así, mi amigo? Ese hombre podía hacer con sus tambores lo que le diera la gana… Fíjate, cuando Cristóbal Colón llegó a Cuba, ya Chano Pozo era, hacía rato, el mejor tumbador que ha dado este país, y yo sé que, todavía no ha vuelto a nacer otro como él» —sentencia, sin posibilidades de discusión, Cala.

«Pero Chano no se sentía bien en los EE.UU., seguro que no —afirma Idelfonso Inclán, El chino, masajista de boxeadores famosos, entre los que se cuentan Kid Chocolate y Kid Gavilán. Él quería regresar porque sabía que se la debía a Changó y porque su ambiente estaba en La Habana y cuando hizo la gira por el sur de los EE.UU. vio que allí lo trataban como a un negro cualquiera y no como él se merecía o pensaba que se merecía. Como él y yo nos conocíamos desde el año 30 y salimos juntos en los Dandys, él fue varias veces al gimnasio Stigman, donde yo trabajaba para Sugar Robinson, a que le diera masajes y siempre lo noté muy tenso. Y, por cierto, yo estaba presente el día que se conocieron Chano y El Cabito.»

TRISTE, SOLITARIO y FINAL

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Chano Pozo estudió la pizarra de la victrola. Introdujo una moneda en la ranura y marcó el D-3. Por la bocina del reproductor empezaron a desfilar, atropelladamente, las notas salvajes y agresivas de una melodía nacida en el corazón de África, cinco siglos atrás. «Manteca» inundó el Rio Cafe and Lounge y Chano Pozo, su autor, cerró los ojos: Ahora estás en La Habana y tocas la bienvenida al manto púrpura encendido de tu irascible padre africano. No sientes que tus pies tiemblan y empiezan a golpear el piso, una y otra vez, y otra vez.

Las puertas del Rio Cafe and Lounge volvieron a abrirse y un hombre penetró en el local. Las manos, ocultas en el bolsillo de su gabán. Eusebio Muñoz, alias El Cabito, un ex combatiente marcado por la psicosis de una guerra en la que fungió como francotirador, observó a su desprevenida víctima.

—Fue por mujeres —opina Cala.

—Por desobediente, Changó se lo advirtió —me dice Petrona Pozo.

—Drogas, seguro —afirma Roberto Cortés.

—Dinero, un lío entre hombres —asegura Herminio Sánchez, repitiendo la versión que Caridad Martínez, Cacha, dio a los periodistas. Pero Cacha no conocía a su hombre. Sin embargo, su versión —confirmada por una cantante cubana radicada en Nueva York—, fue la más difundida: El Cabito le debía 15 dólares a Chano y Chano se los había reclamado en público. No obstante, al morir, el tamborero cubano tenía 15 mil dólares en el banco y más de 1 500 en los bolsillos. Pero El Cabito, había sido ofendido entre los hombres.

—La verdad es que fue un lío de drogas ―recuerda El Chino Inclán: El Cabito le vendió a Chano una hierba que no era buena y Chano le metió una galleta en público y luego no quiso disculparse. Entonces El Cabito juró que lo iba a matar como un perro.

—Pero no fue marihuana —asegura, a su vez, Adrían Sanabria. El lío era más gordo, era coca, y solo se pueden pensar dos cosas: o Chano no supo usarla o de verdad El Cabito lo quiso estafar.

Mientras, de frente a la victrola, Chano ponía a circular por sus venas toda la historia sagrada y guerrera de su sangre africana: Tus manos dispersaban las penumbras del solar El África, tus pies pulían el cemento sucio de El Ataúd, tu voz profunda rompía las paredes enclenques de Pan con Timba.

Cuando Chano Pozo giró, el recién llegado extrajo su revólver y disparó una vez. El ídolo de la música cubana cayó al suelo, con el corazón perforado. El Cabito se acercó al cuerpo que se movía ahora con el ritmo espasmódico de la muerte y, sin prisa, le disparó seis veces más…

Chano Pozo yacía en un bar de Nueva York, pero, en realidad, había muerto en su Habana, aunque la ciudad que lo hizo a su imagen y semejanza debió esperar ocho interminables días para cubrir con su tierra el cuerpo del más grande y triste de los tamboreros cubanos.

Tomado de El viaje más largo. Ediciones Unión. La Habana, 1994.