Archivo de la etiqueta: Literatura

LEONARDO PADURA: ” YO PERTENEZCO A UNA CULTURA, UNA TRADICIÓN, UNA LENGUA, UNA SOCIEDAD Y CONTEXTO DEL QUE SALE LO QUE SOY COMO PERSONA Y COMO ESCRITOR”.

CUBA EEUU

El venidero 3 de noviembre el escritor y periodista cubano será declarado Visitante Ilustre de Uruguay

EFE – Madrid, 23 de octubre

Cubano “por los 64 costados”, Leonardo Padura acumula en su currículum artículos, ensayos, libros, cuentos y antologías, así como el premio Princesa de Asturias, y reconoce a Efe que escribe como un loco para no volverse loco.

…”Vivo en la casa en la que nací, que construyó mi padre, en el barrio de la Mantilla de La Habana, el mismo barrio en el que vivió mi abuelo y mi bisabuelo”, explica en Madrid antes de declararse “cubano de carácter, de cultura y de espiritualidad”.

Insiste en que su literatura demuestra por sí misma su nacionalidad cubana, que trata sobre Cuba y los cubanos, se define por el “nivel del lenguaje” y ahonda “en las tramas relacionadas con el hecho de ser cubano”.

…Periodista de rebote y “casi por castigo” (le enviaron a un periódico desde una revista cultural), dedicó su tesis de grado de filología hispanoamericana al Inca Garcilaso de la Vega, escritor de ascendencia española e inca considerado el primer literato hispanoamericano.

“El origen siempre ha estado muy presente en mi trabajo y en mi persona”, reflexiona mientras hace repaso a su “recorrido interior” por la Revolución cubana que arrancó cuando él tenía cuatro años (en 1959).

….Así, recuerda que ha vivido toda su “vida consciente” en el “periodo revolucionario” que considera “una revolución real, que cambió muchísimas cosas”, sobre todo las relaciones económicas que, a su juicio, “cambia todo en una sociedad”.

…”Ha sido intensa con momentos románticos, excesivamente politizada, con una cercanía muy grande al modelo soviético en los 70, la mejora de la economía en los 80, una crisis tremenda en los 90 y con un socialismo pragmático en los 2000″, resume.

Militante en las juventudes comunistas en sus años de universidad, considera que la Revolución …”Ha ido introduciendo cambios en los años más recientes” al mismo tiempo que añade que el desarrollo de la misma “no es total” al no resolver “problemas que se acumularon durante años”.

Cuenta que jamás pensó seriamente en dejar la isla caribeña, en la que, a pesar de los problemas que le acarreó, siempre escribió y se expresó con libertad: “escribo lo que necesito escribir y digo lo que necesito decir”.

,,,Padura comenzó su carrera periodística en “las tres publicaciones más importantes” de la Cuba de los 80 en la que se desarrolló el periodismo literario de la isla (Caimán barbudo, la Gaceta de Cuba y Juventud Rebelde), camino del que se apeó una década después para dedicarse plenamente a la literatura.

,,,Durante la crisis de los 90, se planteó marcharse durante un tiempo de Cuba pero en vez de eso decidió refugiarse en las letras. “Escribí como un loco para no volverme loco”, dice al respecto y explica que en menos de 10 años acabó tres novelas, un libro de cuentos, un ensayo sobre Alejo Carpentier, dos guiones de cine y varias antologías.

,,,”Tenía muy claro el hecho de que quería permanecer en Cuba por una cuestión de pertenencia, yo pertenezco a una cultura, una tradición, una lengua, una sociedad y contexto del que sale lo que soy como persona y como escritor”.

,,,Hijo de una católica y de un masón, revela que su otro gran escondite es su casa, en la que vive con su pareja Lucía, y en la que da rienda suelta a su pasión y su obsesión: la escritura.

,,,”Escribo todos los días, cuando no es un guión, es un cuento, un ensayo o un correo electrónico, pero siempre escribo, de lunes a domingo, todas las mañanas”, dice Padura quien sufre por los amigos y curiosos que se acercan hasta la Mantilla para visitarle y romperle el ritmo de trabajo.

,,,A Leonardo le da miedo la sociedad actual, “en un momento en el que ocurren cosas muy graves en Europa que tendrán repercusión en el resto del mundo”. “No estábamos preparados para lo que está ocurriendo, ya no es una crisis, sino que a nivel global vivimos un momento de absoluta incertidumbre”.

,,,”Me da mucho miedo que podamos empezar a pensar que el pasado era mejor, quisiera pensar que el futuro siempre será mejor, a veces me pregunto si estamos avanzando o retrocediendo”, reflexiona.

,,,Ante el momento global Padura lo tiene claro: “lo más inteligente es la unidad, como escritor cubano, latinoamericano e iberoamericano estoy por la unidad”.

“Existe una Iberoamérica con muchas peculiaridades nacionales y regionales pero existe una comunidad iberoamericana en la que la lengua, la cultura, el trauma de la conquista y colonización nos une”, opina.

,,,Cree que ese “trauma” también “tuvo que ver con la propia España”, donde se vivió “de otra manera” pero también se “sufrió al no ser capaz de capitalizar lo que significó este encuentro con el nuevo mundo”.

 

El hermano al otro lado del mundo

Chico_Buarque_CLAIMA20150508_1402_4

Palabras de Chico Buarque.  El más popular y respetado de los cantantes brasileños desgrana, en una entrevista en su piso de Río, las circunstancias familiares que encaminaron la búsqueda del hermano negado por su padre, y de cómo se basó en los hechos para su nueva novela.

Tomado de Revista Ñ del diario Clarín

POR PATRICIA KOLESNICOV DESDE RÍO DE JANEIRO

¿Te molesta eso?, le pregunto.

–Es que no entiendo. En los años 70 yo sabía que tenía un hermano, podría haberme acercado a mi padre y preguntado. Podría haberle dicho “Sergio, contame todo”.

–¿Y te molesta no haberlo hecho?

–Un poquito.

Cuando tenía 22 años, Chico Buarque supo que, además de los seis que crecían con él, tenía otro hermano. En 1929 su padre, Sergio, se había instalado en Berlín como corresponsal deDiários Associados . Y ahí había tenido un romance y un hijo, a quien nunca vio: el bebé nació cuando Sergio navegaba de regreso, aguas al sur. Con el tiempo, mientras se iba convirtiendo en un prócer de la nueva música de Brasil, Chico supo también que el bebé se llamó Sergio, que el padre había tratado de recuperarlo, que el tramiterío, en fin… El silencio familiar envolvió el tema y aunque a veces, de manera lateral, “ese chico” sobrevolaba la vida de los Buarque, el asunto había quedado en esa semipenumbra de las cosas que no son del todo falsas ni del todo ciertas, aunque tal vez el tema haya sido una de las espinas que pincharon cuando el padre murió y ya no hubo nadie a quien preguntarle. Un hijo antes de tus hijos: nada.

En 2012 Chico Buarque empezó una novela basada en ese misterio. No el cuento completo sino la idea de una búsqueda imposible. El libro se llamaría –se llamó– El hermano alemány empezaba con el hallazgo de una carta firmada por una tal Anne Ernst. Fechada en diciembre de 1931 y escrita en alemán, cuenta que el chico se llama Sergio y cumple un año y por ahora lleva el apellido de su madre.

Cuando Chico Buarque les contó a sus hermanos que estaba escribiendo otra novela y con qué asunto se metía, el mayor, Sergio, el que se había quedado en la casa paterna, le dijo al pasar … “Ahh, sí, yo encontré unos documentos en alemán que mamá había guardado …” Chico los hizo traducir y a toda velocidad la editorial –Companhia das letras– puso a un par de personas a seguir las pistas que esos documentos aportaban. Lo buscaron. Lo encontraron. Encontraron al hermano alemán de Chico Buarque en Alemania Oriental. Era cantante, como Chico, y periodista, como el padre. Tenía una hija y varias ex mujeres. Y había muerto.

Finalmente la novela, que acaba de salir aquí, terminó cruzando realidad y ficción. El narrador es un adolescente que se llama Ciccio –¿Chico?– y tiene un solo hermano, mayor, que se llama Mimmo y que es ganador y mujeriego. En medio de la dictadura brasileña, Ciccio busca como loco a su hermano alemán. Mucho de lo que cuenta lo inventó Chico, pero el libro reproduce documentos reales y está dedicado “A Sergios”. Así, en plural.

Ahora Chico Buarque suspira y sonríe con sonrisa de nene de 70 años y mira el mar desde su casa en Leblon, en Río de Janeiro. Un noveno piso con un enorme sillón blanco, un escritorio con una Mac contra la pared –como colado en una habitación donde el amo es el piano– y muchas ventanas que dan al morro y al mar. Ciento ochenta grados de mar. No es una mansión, es en un edificio. Al hombre de seguridad de la puerta no se le mueve una pestaña cuando una dice que va al noveno, pero con la palabra clave “Chico Buarque” consulta, franquea el paso hacia el ascensor y no hace falta ni tocar que él mismo abre la puerta, saluda con un beso, hace café (fuerte), lo sirve, propone que yo elija el lugar de la entrevista. Es el hombre que sintetizó carnaval y miseria en canciones como Vai passar –“Y un día al final/ tenían derecho a una alegría fugaz/ una alentadora epidemia/ que se llamaba carnaval”–, o el que hizo una fiesta que duele con el erotismo femenino en O meu amor–“Cuando me roza la nuca/Y casi me hace daño con la barba mal cortada/Y posa los muslos entre mis muslos/Cuando se acuesta”. Este señor de ojos indescriptibles, que suspira y sonríe y mira el mar y sirve café es Chico Buarque y está acá para hablar de lo que lo alegra y de lo que lo hiere. A su interlocutora, hay que decirlo, le tiemblan las piernas. Elegimos la mesa.

–¿Cómo fue el impacto de la noticia, saber que tenía otro hermano?

–Tengo la foto de ese día… Esperá –dice Chico, y se va y vuelve con una foto en la que sonríen él, que es un nene, Tom Jobim, Vinicius de Moraes y un hombre más grande, el poeta Manuel Bandeira–. Estábamos ahí, cervecita, charlando y Manuel se puso a hablar de mi padre. “¿Cómo está Sergio? Hace tanto que no lo veo… Eramos muy amigos, después se fue a Alemania, tuvo aquel hijo… Así lo supe. Y yo: “¿Qué hijo en Alemania?”. Y Vinicius me dice: “¿Cómo no lo sabés?”

–¿Vinicius sabía?

–Vinicius sabía.

–Es decir, él hablaba con sus amigos.

–Sí. Yo estoy casi seguro de que Bandeira escribió la carta en francés que mi padre mandó a Alemania… Esperá.

Las cartas son, tan luego, los documentos que el hermano de Chico encontró en la casa. Una tiene una foto, la de Anne Ernst con un bebé gordo. En otra, Sergio Buarque de Holanda se da por enterado de que el bebé fue entregado a un hospicio y ofrece llevarlo a Brasil o mantenerlo. En 1933 sube el nazismo en Alemania y poco después Sergio Buarque recibe una carta en la que le avisan que el niño puede ser dado en adopción, que hay una familia interesada, pero antes él debe enviar certificados de nacimiento que prueben que es ario. La carta está dirigida a “Sergio de Hollander” y termina “Heil Hitler!”. “Hollander” es un apellido judío.

Chico va al escritorio; vuelve con un sobre amarillento y va sacando la correspondencia entre su padre y el gobierno alemán. La pone en mis manos.

–Fue entonces cuando empecé a imaginar a mi hermano en una cámara de gas. Si mi padre no había podido probar que no era judío…

–¿Cuándo quisiste saber?

–Mientras escribía el libro, que empecé en septiembre de 2012. Y en marzo de 2013 recibí los documentos.

–O sea, durante casi 50 años no pensaste en eso.

–No. Me parecía una cosa imposible, distante –dice, y muestra la foto de la mujer con el nene gordo–. Se ve que es verano, si nació en noviembre, debe ser junio o mayo del 32. Al año siguiente lo dan en adopción, nunca vamos a saber por qué. Para nosotros todo terminaba en que mi madre había enviado los papeles para demostrar que no era judío. Lo que mandó, en realidad, fueron los papeles de que mi padre y su madre habían sido bautizados. Pero mi abuelo paterno era de Pernambuco, del interior, no se sabía dónde estaban los documentos. Y después, en el bombardeo de Berlín se perdió todo. Yo hablé de ello. La primera vez que fui a la feria de Frankfurt, en 1998, dí entrevistas para periódicos alemanes y dije: “Tengo un hermano alemán”. Pensaban que era una broma.

–¿Hablaste con los medios para que él se enterara?

–Si mi hermano estaba vivo y quería saber quién era su padre y entrar en contacto, no era difícil. Era como tirar una botella al mar. Pero yo no sabía nada, ni que estaba en Alemania Oriental, por ejemplo … Ahí tal vez las noticias no llegaran. Pero lo que pasó es que él estaba muerto ya.

Sergio Günther murió en 1982, de un cáncer de pulmón, la misma enfermedad que mató a su padre poco después. Había sido adoptado por la familia de la que hablaba el ministerio alemán en la carta. Era un veinteañero cuando supo su historia y cambió el nombre que le habían dado los Günther (Horst) por el de Sergio.

–Trabajaba en diarios, en la televisión, aunque vivía en Alemania Oriental, tenía acceso a la información. Si hubiera querido, habría entrado en contacto –dice ahora el hombre de ojos azules y no se entristece, sonríe: “No se sabe”, dirá muchas veces.

Cuando sí supo, cuando llegaron los datos, Chico voló a Berlín. Supo que su hermano se había separado de Monika, su mujer, cuando su hija Kerstin tenía 10 años y que casi no la había vuelto a ver. Supo que grabó algunos discos, que fue presentador en televisión, que se fue con una mujer que se llamaba Kordula, quien nunca aceptó comunicarse con él porque, a la muerte de Sergio, encontró muchas mentiras, muchas mujeres más. [Acá se escucha una grabación del hermano alemán Sergio Günther , Columbia-Quartett Geisterfox DDR Amiga] Supo que tenía la voz del padre, que fumaba cigarrillos negros como el padre, que igual que el padre les cortaba el filtro antes de fumarlos y que eso iba a matarlos a los dos. Supo que tenía otro sobrino, tal vez de nombre Robert, cuyo rastro no apareció.

A Monika y Kerstin les preguntó, en una cena, si conocían esa canción que decía: “Zwei Apfelsinen im Haar / Und an der Hüfte Bananen”…, cuenta, y la canta (sí, es Chico Buarque y está cantando acá, cronista y entrevistado solos en su casa) con la música de A banda, esa de Pra ver a banda pasar, cantando coisas de amor. La conocían, sí. La letra en alemán no tiene nada que ver con la que él escribió, es un pastiche de elementos “latinoamericanos”, muy Carmen Miranda, con frutas en la cabeza y bananas. [Acá el video de la versión alemana France Gall – A Banda (Zwei Apfelsinen im Haar) 1968] Pero además, le cuentan, había otra versión. Una en que los alemanes orientales parodiaban la escasez de frutas durante el comunismo y cómo aparecían cada cuatro años, cuando había Congreso. Con la misma música, decía: “Zwei Apfelsinen im Jahr und zum Parteitag Bananen/ das ganze Volk schreit Hurra — der Kommunismus ist da!” Es decir: “Dos naranjas por año y bananas para el congreso del partido. El pueblo entero grita ‘Viva, el comunismo llegó’”. [Acá un video de la versión paródica por Nina Queer – An der Hüfte Bananen]

–Les pregunté: “¿Sergio Günther la sabía?” “¡Claro!”. Entonces de alguna manera me conoció. Sólo faltaba que la hubiera grabado. Pero eso sería demasiado.

–¿Y te gusta que la haya conocido?

–Sí, me gusta, es un contacto. El conoció esa canción y nunca supo que fue escrita por su hermano.

No se le agota la sorpresa a Chico Buarque. La alegría de la familia encontrada, cuando dice “mi sobrina” y dice que a la sobrina él le devolvió una identidad y la cara se le hace risa. Ya viajó varias veces, la sobrina ya fue a Brasil. Y sigue siendo un descubrimiento.

–Es increíble. Un historiador brasileño residente en Berlín descubrió que el matrimonio Günther tuvo un hijo adoptado, llamado Sergio que era… (se ríe fuerte) ¡cantante! Es demasiado. Pero todo eso no me ayudó a escribir el libro.

–¿Por qué decidiste ficcionalizar un tema tan íntimo?

–Porque lo que me encantó fue la duda total sobre eso. La imposibilidad de llegar, la búsqueda obsesiva sin grandes perspectivas de éxito. Era eso, la búsqueda más que la llegada a la historia y una búsqueda sobre algo que estaba en mi cabeza, que siempre me incomodó un poco.

–¿La Alemania nazi?

–Sí. Estuve en Berlín, todavía con el Muro, en el Museo del Holocausto; he leído sobre el tema. Es conmovedor para todos. Y cuando empecé a escribir el libro yo sabía que mi hermano, fuera quien fuese, iba a pasar por eso. Nació en el 31. Pasó la guerra de muchacho. Al final de la guerra tenía catorce años. Independientemente de la historia real, está lo que puede haber pasado ese niño en su infancia. ¿Fue hijo de nazis? ¿El mismo fue nazi? ¿Fue un recluta de las Juventudes de Hitler al final de la guerra? Todo eso era posible.
El hermano alemán despliega muchas hipótesis. A veces lo ves como un soldado, a veces como una víctima.

–Hice muchas hipótesis. La de la adopción aparece en el libro por interferencias de lo real en la ficción. Aparece con la intromisión de los documentos, porque yo no había imaginado eso.

–Vos lo imaginabas con su madre.

–Hasta el final de la guerra lo imaginé con su madre. Si no hubiera muerto lo imaginaba con su madre. Siempre lo imaginé Sergio Ernst. Fui a Berlín con mi mujer de entonces y lo buscamos en la guía. Es muy común el nombre. Y veía posibles hermanos. “Eh, Marieta, aquí está mi hermano. ¿Puede ser?” “Puede ser”. Había ese juego. Sin la menor expectativa real de encontrarlo. Con eso ya tenía el material para el libro. Los documentos me dieron elementos nuevos.

–Tu padre sabía. ¿Pudiste hablar con él de eso alguna vez?

–Mientras escribía, me preguntaba por qué no le pregunté a él. O a mi madre. No sé. No pregunté, mis hermanos tampoco. Y no era algo prohibido.

–¿Pero había alguna incomodidad?

–Sí, la había. Pero habría sido tan fácil… “¿Anne qué hacía? ¿Era una artista?” No pregunté nada, nada, nada.

–¿La incomodidad era porque él se fue cuando la criatura estaba por nacer ?

–Se supone que volvió por razones profesionales pero podía haber esperado un mes… Y había algo en una carta, que estaba aquí en la casa de Rui Barbosa, que es un museo. Un amigo de mi padre le decía a otro: “Ah, el que estuvo hoy conmigo fue Sergio, acaba de llegar de Alemania. ¿Sabés que tuvo un asunto con una señorita y tuvo que huir?” Yo les pregunté después a mis amigos alemanes qué podía ser. No es un crimen embarazar a una mujer aunque sea soltera. Me dijeron: “No es un crimen a no ser que sea una menor”. Pero no parece …

–El padre de la ficción es distante, está en lo suyo. ¿Tu padre era así?

—Era parecido. El personaje está muy inspirado en él. Una de mis hermanas era su predilecta: Ana.

–Justo, como Anne. Ay, ay ay.

–Ay, ay, ay… Ana María sabe un poquito más que nosotros porque tenía mayor intimidad con él, pero no mucho más. Según ella, mi padre nos dijo que la muchacha alemana se llamaba Anne Marguerite para que mi madre no supiera que era Ana María como ella.

–El padre de la ficción lee, toma y canta y la casa es una biblioteca.

—La casa de la novela es muy parecida a mi casa paterna. En su escritorio la ventana no se abría porque estaba cubierta de libros. Era un intelectual, un bohemio, le gustaba mucho leer y escribir, cantaba. Le gustaba mucho mucho la música. Eso está en la sangre. No es casualidad que Sergio Günther haya sido cantante. Yo pensaba: “tengo un hermano que no sabe nada de nosotros y puede ser tornero mecánico, puede ser cualquier cosa”, pero no, era cantante. Increíble.

–¿Tenés grabaciones de él?

–¡¡¡Sí!!! Una voz muy grave, parecida a la de mi padre –dice, y la imita, el chico de 70 pone la voz del padre–. Y canta bien.

–Hay una especie de final feliz, en el libro y en la vida, cuando lo encuentran. Pero está muerto. ¿No es también un dolor, una decepción?

–No hubo tiempo para la decepción porque no pensaba siquiera encontrarlo. Sí, tu hermano vivió y se murió a los 50 años. Siempre estuvo muerto para mí. Pero si hubiera pensado en eso 30 años antes, podría haber buscado. Podría haberlo encontrado. Yo era un artista, fui a cantar a Europa. Cantaba, podía haber pasado por Berlín oriental, yo podría haber cantado en un programa de televisión y ser presentado por mi hermano, ¡y nada hubiera sabido!

–Pero él sabía que se llamaba Sergio.

–Yo sabía que tenía un hermano, podría haberme acercado a mi padre y preguntado. Podría haberle dicho “Sergio, contame todo de eso”.

–¿Y te molesta no haberlo hecho?

–Un poquito.

LO QUE EDUARDO GALEANO DEJÓ

eduardo-galeano-casa-de-las-américas

Montevideo (PL).- La ausencia de Eduardo Galeano renovó interés, entre lectores nuevos y viejos admiradores, en su obra, su pensamiento y por sus mensajes latinoamericanistas a lo largo de 40 años.

La muerte del autor del emblemático texto Las venas abiertas de América Latina, fallecido (13 abril) a los 74 años de edad, convocó a personalidades de la política y la cultura de todo el mundo, además de miles de uruguayos.

Libreros de Montevideo registraron un “boom” de ventas de sus obras y se adelantaron extractos de libros de próxima edición, como “Mujeres”, en que Galeano rinde homenaje a las “mujeres que festejan la vida porque no se resignan”.

El presidente Tabaré Vázquez recordó las virtudes de Galeano y sintetizó sus sentimientos con la frase: “era un gladiador para ponerle voz a los más humildes que no tenían voz”.

El exmandatario José Mujica, por su parte, dijo que Galeano era un “inconformista neto y buceador entre la historia y la poesía, que ayudó a todos los latinoamericanos a contemplar nuestras propias raíces”.

En nombre el gobierno uruguayo, el vicepresidente Raúl Sendic, despidió los restos de Galeano en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo.

Incluyó en su discurso algunos momentos compartidos entre Galeano y su padre, Raúl Sendic Antonaccio, fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, en que charlaban de “la utopía que ellos siempre soñaron”.

Entre los visitantes del exterior, acudió a las honras fúnebres el vicepresidente de Venezuela, Jorge Arreaza, acompañado de su esposa Rosa Virginia, hija del presidente Hugo Chávez, y el ministro de Cultura, Reinaldo Iturriza.

Tras entregar una carta de condolencias del presidente Nicolás Maduro, recordó el hecho de que Chávez le obsequiara un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina al presidente estadounidense Barack Obama el año 2009.

A su turno, la ministra argentina de Cultura, Teresa Parodi, al frente de una delegación oficial y en nombre de la presidenta Cristina Fernández, precisó que Eduardo Galeano “va a ser un espejo en el que nos vamos a seguir mirando”.

Otros recordaron el desayuno que Galeano compartió en su residencia montevideana con el presidente boliviano Evo Morales en febrero pasado en que el mandatario del entregó el “Libro del Mar”, con toda la argumentación de la causa marítima boliviana.

Galeano aportó una sola palabra para transmitir su pensamiento sobre el tema y pidió rebautizar el texto como el “Libro del Mar Robado”.

Carlos Chacho Álvarez, secretario general de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), opinó que Galeano fue “uno de los que con más fuerza, estilo, coraje y fina ironía nos empujó a pensarnos como latinoamericanos”.

El exvicepresidente argentino afirmó asimismo que la prédica de Galeano, como su obra, su coherencia y su actitud militante “se hicieron carne en muchos gobernantes y pueblos”.

En un plano más íntimo, el destacado cantautor Daniel Viglietti lamentó no sólo la pérdida de “un gran escritor y un gran pensador, un hombre de prosa y de poesía, un literato y un creador, sino también a un amigo”.

Igualmente, el periodista Ángel Ruocco, amigo personal del autor, relató a Prensa Latina sus anécdotas con un “Galeano común y corriente”, sobre su amor al fútbol, a los animales, a la comida italiana.

Pero también recordó su temprana militancia, sus exilios y su odio a “la dictadura, la injusticia, la desigualdad y la discriminación”.

La crítica mayor a Galeano surgió de uno de sus nietos, indignado por la muerte por el cáncer pulmonar de su abuelo.

En carta al presidente Vázquez, médico oncólogo y luchador contra el tabaquismo, le planteó: “el tabaco nos ha robado toda nuestra gran literatura y pensamiento. Imagine cuántos libros él (Galeano) podría estar escribiendo en los próximos años”.

(*) El autor es corresponsal de Prensa Latina en Uruguay 

ALEJO CARPENTIER, UN ESCRITOR IMPRESCINDIBLE A 35 AÑOS DE SU MUERTE

alejo Carpentier-79

Por Charly Morales Valido

El legado literario, periodístico y cultural de Alejo Carpentier perdura y crece hoy, a 35 años de su muerte, cuando varios misterios de su prolífica vida comienzan a revelarse.

Ganador del Premio Cervantes de Literatura y uno de los cronistas más formidables de la lengua hispana, Carpentier es un inevitable referente para quienes aspiren a ganarse la vida escribiendo.

Autor de una monumental obra que abarcó desde la composición y la crítica musical y teatral hasta el ensayo, la narración y un elevado periodismo, Carpentier fue también un humano con virtudes y defectos que supo exorcizar en su prosa, e incluso en un íntimo diario.

En efecto, lo que fue un secreto resguardado por un sobre sellado y una viuda preocupada, ahora es libro que permite hacerse una idea más cabal del humano que latía bajo un rostro a veces pétreo.

El “Diario de Alejo Carpentier (1951-1957)”, publicado por la Fundación que lleva el nombre del novelista y que preside Graziela Pogolotti, permite conocer más a un hombre poco dado a la confesión.

El texto realiza un revelador bosquejo del autor mediante anécdotas menores, apuntes sobre qué libros leía, qué música escuchaba en sus noches caraqueñas o qué lo angustiaba como creador.

Desde que anunció la publicación del diario, poligrafía mediante, la Pogolotti ya advertía que estas revelaciones eran sorprendentes.

Y en verdad, nadie espera que alguien tan rotundo y suficiente en su escritura también sufriera la angustia creadora que infunde la página en blanco, la idea trabada, el cierre que no convence.

Esa dimensión humana lo acerca más al lector, que al bajarlo del pedestal de lo inescrutable donde aún muchos tienen a Lezama Lima, descubren a este hombre renacentista, vanguardista, contracultural.

Por ejemplo, el investigador Radamés Giró lo venera como un musicólogo con mayúscula, dueño de una poderosa capacidad para relacionar fenómenos y sintetizar, autor de una obra inagotable sobre la que siempre es lícito volver para aproximarse a su tiempo.

Es quizás en esas pasiones, en su compromiso político, donde se muestra otro indicio humano de Carpentier, quien, por ejemplo, al narrar la Guerra Civil Española fue más emotivo que objetivo.

Leonardo Padura, un admirador sin complacencias de Carpentier, señala que la Barcelona que narra el cubano en España bajo las bombas difiere de la que retrata el inglés George Orwell (Rebelión en la granja, 1984) en Homenaje a Cataluña.

Esa idealista visión del drama español se repite en La consagración de la primavera, la última novela de Carpentier, un texto épico sobre revoluciones que le tomó 15 años concluir, que se antojaba más un imperativo político que una necesidad artística.

Ya para entonces, Carpentier tenía una obra tan trascendental que nadie osaría cuestionar su Premio Cervantes de Literatura en 1977, merecido, además, por sus tres mejores novelas: Los pasos perdidos (1952), El acoso (1956) y El siglo de las luces (1958).

Esas obras consagratorias las escribió precisamente en el período que abarca el mencionado diario, una bitácora caraqueña que permite percibir hasta qué punto está la vida de un escritor en su obra.

Lilian Esteban, viuda y albacea de Carpentier, lo encontró en la casa donde vivió el escritor, y supo que aquellos 149 folios escritos a máquina, con correcciones al margen y notas a mano, eran una verdadera bomba por su carácter intimista y revelador.

Para Pogolotti, por el contrario, constituyen un “verdadero acontecimiento cultural” y una invitación a releer y descubrir a Carpentier a partir de las pistas que deja esta confesión.

Un excelente consejo para recordar a Carpentier a 35 años del viaje sin retorno que emprendió en París, el 24 de abril de 1980.

 

 

EL TESTIGO INCÓMODO DEL SIGLO XX: entrevista inédita que EL PAÍS le hizo al autor de ‘El tambor de hojalata’ en su casa de Lübeck el 21 de marzo »

gunter gran 2015

“El dolor es la principal causa que me hace trabajar y crear”
En la imagen, el escritor fotografiado en su casa de Lübeck, el 21 de marzo de 2015

gunter gran el pais


Günter Grass, testigo incómodo del siglo XX, el autor de El tambor de
hojalata, ha muerto en un hospital de Lübeck, donde residía. Nació en
Danzig, que ahora es Polonia, hace 87 años; obtuvo el premio Nobel de
Literatura y el Príncipe de Asturias de las Letras en 1999, por el
conjunto de una obra en la que ofreció su incómoda memoria de un siglo
de guerras en una de las cuales, la segunda guerra mundial, participó
como soldado de las SS. Este episodio, desatado cuando publicó sus
memorias (Pelando la cebolla, 2007), ensombreció su vida de entonces;
a pesar de que en obras suyas anteriores había contado esa pertenencia
a las fuerzas armadas de Hitler cuando era un joven de dieciséis, fue
esta última revelación la que agitaron en Alemania y en el mundo. Se
despertó de ese estado de zozobra y siguió escribiendo y pintando.
Ahora estaba a punto de publicar un libro de poemas, dibujos y
narraciones.

gunter grass fumador Lo vimos por última vez en su casa de Lübeck, junto a su esposa, Ute,
el 21 de marzo último, una tarde en la que él se mostraba alegre y
dicharachero; no quería hablar de política, pero en seguida se puso a
hablar de política, bajo los cuadros negros de Goya que ordenaban su
cabeza cuando se ponía a cumplir con su vieja vocación de artista de
todos los géneros que se cumplen en soledad. Grass ya necesitaba
ayudarse de un respirador, pero fumaba en pipa, como en sus
autorretratos; se mostraba jovial y alegre, preocupado por el estado
del mundo, por la vuelta de la maldad a situaciones que recordaban lo
peor de la Edad Media, y convencido de que sólo la unión de Europa, el
conocimiento comprometido de la realidad de otros iba a levantar el
ánimo de una humanidad cuyo siglo XX, que él retrató con melancolía en
Mi siglo (1999), había sido alimento cruel o gozoso de su alma que a
veces era, también, la de un niño que vivió pendiente de su madre y
que, al final de su vida, contaba ese desprendimiento con ternura y
sentimiento de soledad. En la conversación que tuvimos hace menos de
un mes, y que aquí se publica íntegra, nos ayudó Grita Löbsack,
intérprete y amiga suya, esposa de Miguel Sáenz, el académico y
traductor de la mayor parte de sus obras.
Cuando acabó la conversación, Grass nos devolvió con él a su casa
solitaria, donde su mujer, Ute, que en los últimos meses estuvo más
delicada de salud que él, nos había preparado algunos dulces cuya
receta les había dejado el primer marido de Ute Grass, que acababa de
estar con ellos. A él le hizo mucha ilusión que nosotros le lleváramos
jamón serrano, cuyas piezas grandes a él le recordaban las mandolinas
italianas (de hecho, cuando estaban enteros, él simulaba tocarlos como
si fueran instrumentos musicales), y rio como si fuera a vivir
siempre. Hizo planes hipotéticos, como por ejemplo volver al Círculo
de Bellas Artes de Madrid, a exponer sus cuadros, pero una pulmonía
que lo llevó al hospital acabó con una vida pletórica de hechos y de
libros, y también llena de la incertidumbre general que hizo tan
triste el siglo XX. Antes de que esta conversación que se transcribe a
continuación tuviera efecto, cerca de los cuadros negros de Goya, el
escritor más político del siglo XX alemán nos dijo: “Pero, ¿vamos a
seguir hablando de política?” Él mismo había iniciado una conversación
sobre la actualidad política cuando aún estábamos en el saloncito de
su casa; pero le hicimos caso: “No, si nosotros habíamos venido a
hablar de poesía”. Y no pasaron dos minutos hasta que Grass regresó,
cómo no, al territorio en el que desarrolló su vida: la mezcla
abrumadora de la política y la poesía.

PREGUNTA. Como ser humano, ¿qué le da la escritura diaria de poesía?

RESPUESTA. Mi primer libro salió en los años cincuenta y fue un libro
de poesía con dibujos. Solo más tarde empecé a escribir la novela El
tambor de hojalata. En aquella época estaba en Berlín estudiando
escultura. Escribía una novela y cuando la acababa tenía que cambiar
de medio. En ese momento era la poesía, porque me daba cuenta de que
al identificarme con tantas figuras de las novelas me alejaba de mí
mismo. Y quería volver a mí mismo, y medirme también conmigo mismo en
cierto sentido.

P. Y dibujaba.

R. Cuando dibujaba mucho tiempo tenía que volver a las palabras, a la
poesía. Intentaba volver a reencontrarme, y a encontrar también el
lugar en el que estaba porque toda mi actividad anterior me alejaba de
mí mismo.

P. ¿Qué encuentra cuando vuelve a sí mismo?

R. En los años 50 y 60 tuve que llevar gafas y escribí un poema en el
que aludía al asunto… En ese poema digo que todo es más preciso pero
está en oblicuo, que las impurezas se ven con más exactitud. Y a lo
largo de los años también me doy cuenta del proceso de envejecimiento,
de que hay cierta fatiga de los materiales del cuerpo y de que hay que
acudir a un taller de reparación. También adquiero la conciencia de
que todo es finito.

P. ¿Siempre tuvo esa impresión, también en su juventud?

R. Para mí estuvo clarísimo muy pronto, porque filosóficamente no
estaba bajo la influencia de Heidegger sino de Camus. Es decir, que
vivimos ahora y tenemos la posibilidad de hacer algo ahora con nuestra
vida. Es El mito de Sísifo, que conocí después de la guerra. Con el
transcurso de los años me di cuenta de que tenemos la posibilidad de
la autodestrucción, algo que antes no existía: se decía que la
Naturaleza era la que la producía las hambrunas, las sequías, algo
cuya responsabilidad estaba en otra parte. Por primera vez somos
responsables, tenemos la posibilidad y la capacidad de autodestruirnos
y no se hace nada para eliminar del mundo ese peligro. Al lado de la
miseria social que hay por todas partes ahora tenemos el problema del
cambio climático, cuyas consecuencias ni siquiera tenemos en cuenta.
Hay una reunión tras otra y la problemática sigue igual: no se hace
nada.

P. Y los problemas aumentan.

R. Debemos añadir a eso el problema de la superpoblación. Todo junto
me hace darme cuenta de que las cosas son finitas, de que no tenemos
un tiempo indefinido. Si tenemos en cuenta el tiempo de existencia de
nuestro planeta, sólo nos queda reconocer que somos unos invitados que
pasamos un tiempo corto y muy determinado en este mundo y que lo único
que dejamos atrás es la basura atómica. Si algún día alguien quiere
saber qué es lo que hemos hecho lo que nos caracterizará será la
basura atómica… En los años 70 y 80 escribí dos novelas épicas, El
rodaballo y La ratesa; la capacidad del hombre para autodestruirse de
la que hablo está reflejada en esas novelas.

P. No hay un solo libro de prosa entre los suyos que no vaya hacia el
centro de su propia vida, desde El tambor de hojalata hasta Pelando la
cebolla o A paso de cangrejo… La ficción le sirve para contar su
realidad por dentro…

R. Sí, y por eso quiero decir que este nuevo libro que va a salir en
otoño es de textos breves en los que quiero mostrar la relación
intensa entre la prosa y la lírica. Los germanistas normalmente
separan entre géneros. Yo los quiero ver juntos porque creo que tienen
relación: los límites entre la prosa y la lírica para mí no están
definidos, están diluidos.

P. ¿Esa combinación le permite decir mejor lo que le pasa?

R. De mi madre he heredado dos talentos: para mí nunca fue un problema
seguir una cosa y abandonar la otra. Entendí que tengo dos talentos, y
que con mucho trabajo tengo que desarrollarlos e intentar expresarme a
mí mismo partiendo de los dos. Elegir entre una cosa u otra no ha sido
una alternativa sino un enriquecimiento. Por ejemplo, si escribía
durante mucho tiempo tenía la sensación de que la escultura me hacía
mucho bien porque sentía que expresaba algo de todos los lados a la
vez, algo que estaba dentro del espacio. Muchos poemas empiezan con un
dibujo; cuando tengo la idea de una metáfora la plasmo sobre el papel
y luego intento pasarla a dibujo para ver si se sostiene o no. En
Hallazgos para no lectores pintaba unas acuarelas y cuando aún no
estaban secas ya empezaba a escribir poesías de cuatro o cinco líneas.
Este es un buen ejemplo de cómo las disciplinas (la pintura, la
escritura) se mezclan y se enriquecen mutuamente.

P. Humanamente, ¿qué significa el trabajo para usted?

R. Usted ha leído mis libros y sabe, como cuento en Pelando la
cebolla, que a los 16 años pude sobrevivir por mera casualidad; en el
plazo de tres o cuatro semanas, en la guerra, tuve cinco o seis
posibilidades de sucumbir como muchísimos de mi edad. Estoy consciente
de ello hasta hoy. El hecho de que trabaje lo máximo posible me sirve
para probarme a mí mismo que he sobrevivido, que existo y que sigo
viviendo, que estoy vivo.

P. Antes nombró a Camus. La obra de Camus es una explicación o
expiación del dolor, una busca de la supervivencia a través de la
literatura. ¿A Camus lo aprecia por esa misma actitud?

R. El ensayo sobre el mito de Sísifo describe el trabajo, lo horrible
que es subir la piedra sabiendo que no sirve para nada porque la
piedra va a volver a caer; sin embargo, Sísifo no tiene otra
posibilidad más que subirla porque si no se quedaría sin función.
Camus termina este ensayo diciendo que se puede considerar que Sísifo
era un hombre feliz… Esto para mí era muy importante, una nueva
interpretación del mito realmente muy excitante: toda la causa en el
fondo es el dolor. Cada persona tiene su propia situación y yo me di
cuenta de que no sólo podía expresarme artísticamente sino que tenía
que tratar unos determinados temas, el de mi juventud, el de la
capitulación absoluta de Alemania, con la destrucción total de todas
las casas pero también con el desmoronamiento de las personas…

P. Una historia de dolor…

R. Durante toda mi vida, y hasta hoy, esto sigue igual. Y lo increíble
es que Alemania es una historia sin terminar, porque el Holocausto y
el genocidio, estos horribles crímenes, constituyen una historia que
no acaba nunca. Ahora lo vemos en Grecia: nos enfrentamos otra vez con
el problema de los horrores causados por los soldados alemanes durante
la ocupación… Esa historia nos sigue y nos sigue… Así que vuelvo otra
vez al tema del dolor de Camus: el dolor es la principal causa que me
hace trabajar y crear.

P. Camus tiene esta frase: “El sol que reinó sobre mi infancia me
privó de todo resentimiento…” ¿Su infancia también ha sido capital
para desarrollar su posterior obra literaria?

R. En Pelando la cebolla hay un obituario sobre mi madre. Murió de
cáncer a los 75 años. Volví a ver a mis padres y a mi hermana dos años
después de terminar la guerra. A mi madre la habían expulsado de
Danzig; cuando la vi era una mujer rota y vieja… Cuando niño le
contaba muchas historias que salían de mi imaginación, y la
imaginación de los niños es muy fértil. Ella decía: “Mentiras de
niños”. Pero en el fondo le gustaban las mentiras. Siempre le decía
que cuando fuera mayor y tuviera dinero la iba a llevar a países
maravillosos y todas esas cosas…, pero como murió tan pronto nunca
pude demostrarle que quería hacerlo de verdad. Nunca pude hacer nada
por ella… Ella sufrió cuando le dije que quería ser artista; mi padre
estaba completamente en contra y ella siempre me apoyaba, pero sí
sufrió por ello. Yo todavía sufro porque no pude demostrarle nada de
lo que le prometí. Tengo un marcado complejo materno: nunca he ido al
psiquiatra y es la fuente de toda mi creatividad.

P. Dijo antes que en Pelando la cebolla narra la historia de un joven
(usted) que pudo haber muerto o desaparecido. No ocurrió, está usted
aquí. De algún modo, ¿aquella guerra no lo hirió para siempre, a usted
y a su generación?

R. Seguramente sí, hemos sido marcados por la II Guerra Mundial. Y lo
más terrible son los efectos a largo plazo, que siguen y siguen. Por
lo mismo mi generación está más atenta a los problemas del presente
mientras que alrededor parece ahora que nos estemos metiendo en una
III Guerra Mundial sin que podamos decir cuándo empezó. La II Guerra
Mundial comenzó con la entrada de Alemania en Polonia, pero en el
fondo ya había empezado antes con la Guerra Civil Española. Para
Alemania, Italia, la URSS y demás la Guerra Civil española fue una
ocasión para probar el armamento en un caso concreto. Al terminar, en
el 39, empezó la II Guerra Mundial. En el 36 Japón empezó a meterse en
Manchuria, y de allí a China, con aquella horrible matanza; o sea que
también había otro foco de guerra en Asia… Ahora tenemos por un lado a
Ucrania, cuya situación no mejora nada; en Israel y en Palestina es
cada vez peor; el desastre que los americanos nos dejaron en Irak, las
atrocidades del Ejército islámico y el problema de Siria, donde la
gente se sigue matando pero casi ha desaparecido de los informativos…
Hay guerra por todas partes; corremos el peligro de volver a cometer
los mismos errores que antes; así que sin darnos cuenta nos podemos
meter en una guerra mundial como si anduviéramos sonámbulos…

P. Escribió Mi siglo, sobre el siglo XX y las maldades del mismo. Este
siglo XXI ha prolongado la maldad y el lugar común es el fanatismo.
¿Es esa la maldad humana del siglo XXI?

R. Lo pongo en duda. Nunca digo que esto es bueno y aquello es malo,
sería simplificar demasiado las cosas. Bush fue un problema… Bush
hablaba de la maldad y eso no ayudaba a encontrar una solución:
llevaba al maniqueísmo, al blanco y el negro… Lo que hay que hacer es
recordar los principios de esta historia. Por ejemplo, ¿qué pasó
después de la I Guerra Mundial? Cae el Imperio Otomano, se reparten
los Balcanes y el petróleo se convierte en un elemento muy importante.
Irak no existía antes, fue una invención de los poderes coloniales
victoriosos de esa guerra mundial… Palestina era un protectorado
inglés, del mismo modo que Siria lo era francés… Y el Holocausto
generó el problema de Palestina. En el fondo todo eran anexiones de
tierra y hasta hoy la causa del problema ha sido la actitud de los
victoriosos de la I Guerra Mundial.

P. ¿Tenemos esperanza de que el hombre sea mejor en el siglo XXI?
¿Regresa al pasado y usted al predecir la III Guerra Mundial ve el
futuro lo ve con pesimismo?

R. No es pesimismo. Me baso en la experiencia y en los fallos que
hemos cometido, algo que se puede comprobar históricamente, así que
tengo dudas de que el hombre vaya a mejorar. Otra cosa es si el hombre
es capaz de aprender de los errores del pasado. Por ejemplo, miremos
el conflicto con Rusia. Desde el desmoronamiento de la URSS, que ha
sido un desastre, llegaron Yeltsin y Putin; ¡y luego vinieron Putin y
Putin! Lo que intenta Putin es volver a reconstruir ese país que es
Rusia… Putin ve en el 88 y 90, cuando todo se desmorona, que, a pesar
de todas las promesas occidentales, la OTAN se acerca cada vez más. Y
hay traumas rusos, desde Napoleón, desde la II Guerra Mundial, con 27
millones de muertos cuando llegaron los alemanes…, y ahora les vuelve
el miedo a estar circundados por el enemigo. No digo que se justifique
lo que han hecho en Crimea, es injustificable, pero hay que entenderlo
y es lo que hemos de hacer, entender a Rusia.

P. Y no la entendemos.

R. Hemos perdido la capacidad de entender los errores que hemos
cometido nosotros después de 1989. Después del desmoronamiento de la
URSS se disolvió el Pacto de Varsovia, pero la OTAN ha seguido tan
pancha. No ha habido serias tentativas de crear una nueva alianza de
seguridad incluyendo a Rusia, y eso son fallos tremendos. Se promete a
Ucrania que formará parte de la Unión Europea y luego de la OTAN, y es
lógico que un país como Rusia reaccione nervioso. Todas esas
reacciones de Putin tienen sus causas, y a pesar de que en Europa
estamos acostumbrados a colaborar en lo económico y financiero no
hemos conseguido crear una política exterior común; todavía dependemos
demasiado de los deseos de los americanos y Estados Unidos está muy
lejos de nosotros y de lo que tendremos que hacer. Si los republicanos
llegan al poder tendremos un nuevo rearme y de repente habrá una
potencia militar enfrente de Rusia.

P. Ha creado muchas metáforas. La que más ha calado es la Óscar
Matzenrath. Daría la impresión de que ese personaje que no quería
crecer ni mezclarse con el mundo adulto hoy tampoco querría crecer…

R. La diferencia entre el siglo XX y el XXI es que el XX estaba
caracterizado por las ideologías, y no sólo por el fascismo italiano,
el nacionalsocialismo alemán o el comunismo, sino también por el
american way of life y por el capitalismo dominante. Lo único que ha
quedado de todas estas ideologías es el capitalismo y el capitalismo
es capaz de cambiar. Pero el capitalismo está autodestruyéndose; todas
esas cantidades irracionales de dinero que pasan por el mundo entero
ya no tienen nada que ver con la economía real. Esta irracionalidad no
estaba tan marcada en el siglo XX… Óscar sería hoy una persona
distinta, tendría que luchar contra resistencias distintas, y asimismo
se movería en ambientes completamente diferentes. En el siglo XX
provenía de un ambiente proletario y pequeñoburgués y tenía que
reaccionar. Ahora sería un computer freak, un hacker o algo así, y
tendría que vencer otras resistencias.

P. ¿Usted fue Óscar Matzenrath?

R. ¡No he conseguido parar mi crecimiento!

P. ¿Le habría gustado?

R. No, en el fondo no… No soy idéntico a Óscar, lo que ocurre es que
la figura de Matzenrath tiene su raíz en la picaresca, representa una
especie de espejo que tiene una lupa capaz de provocar un incendio,
capaz por otra parte de expresar el infantilismo del siglo XX, del que
no quería participar ni defenderme.

P. Trabaja bajo figuras de Goya. ¿Qué le da Goya?

R. Trabajo, en efecto, bajo una serie de grabados de Goya. Cada vez
que celebro un cumpleaños importante, de los que contienen 0 o 5, mi
mujer me regala alguno que todavía se vende en el mercado… Para mí es
como la medida del artista, el criterio de verdad. ¡Es de una
imaginación impresionante, cómo ilustra la demencia de este mundo!
Tengo varios grabados de Los caprichos en los que nos muestra que está
contra la Inquisición, con la demencia de la Iglesia católica por un
lado y con la vida tal como es por otro… Goya es el gran ejemplo para
mí, lo que me da la medida de si algo es bueno o es malo.

También murió hoy el escritor alemán Günter Grass, premio Nobel de literatura

gunter grass

Editado de Infobae América

También hoy, lunes funesto y tenebroso este, la parca se llevo al escritor alemán Günter Grass, Premio Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias de las Letras en 1999, a los 87 años de edad, en la norteña ciudad alemana de Lübeck.

Considerado el más importante escritor en lengua alemana de la posguerra y un referente político en su país, Grass alcanzó fama mundial con la publicación de su novela “El tambor de hojalata”, en 1959.

Cuarenta años después, en 1999, recibió los dos más prestigiosos galardones del ámbito literario mundial, el Nobel y el Príncipe de Asturias de las Letras, en reconocimiento a su dilatada trayectoria como escritor.

Junto a “El tambor de hojalata”, destacan en su producción literaria obras como “Pelando la cebolla” (2006), su polémico libro de memorias; “A paso de cangrejo” (2002), “Mi siglo” (1999), “Es cuento largo” (1995), “Encuentro en Telga”, “El rodaballo” (1977), “Años de perro” (1963) o “El gato y el ratón” (1961).

Fuera de lo estrictamente literario, a Grass se le considera una autoridad moral y política en Alemania, por su compromiso constante tanto con el pasado reciente de su país, como por su capacidad de entrar en cualquier controversia, social o de otra índole, sea histórica o de actualidad.

Respaldó la política del Partido Socialdemócrata (SPD) en tiempos del canciller Willy Brandt y, aunque luego se apartó de la línea de esa formación, por considerarla demasiado centrista, apoyó sucesivas campañas electorales, incluida la que llegó al poder a Gerhard Schröder (1998-2005)

Fue el azote de las filas conservadoras, especialmente en tiempos del canciller Helmut Kohl (1982-1998).

En el terreno literario, fue asimismo legendaria su enemistad con el más feroz crítico del país, Marcel Reich-Ranicki.

En los últimos tiempos, su figura estuvo envuelta en sucesivas polémicas, tanto por su reconocimiento, en las memorias publicadas en 2006, de que había servido en las tropas hitlerianas de las SS Waffen, como por sus críticas a Israel, al que dos años atrás acusó de poner en peligró la paz en el mundo, cuestión considerada un tabú en Alemania.

El amigo Gallego Tropical, me envió esta cita del gran Günter:

 “Lo admito: no sigo callando porque estoy harto de la hipocresía de Occidente; cabe esperar que muchos se liberen del silencio…”.

 

Las mejores frases de Eduardo Galeano

AH098025 / A-1-6167951.jpg

Tomado de Infobae América

Desde la política hasta la pasión por el fútbol y la naturaleza, el autor uruguayo abordó tanto en sus textos como en sus declaraciones públicas temáticas universales con una mirada aguda y humanista

 “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

“La caridad es humillante, porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

“El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso”.

 “La historia de América Latina es la historia del despojo de los recursos naturales”.

 “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

 “El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua”.

 “Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha, con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado”.

“El poder es como un violín. Se toma con la izquierda y se toca con la derecha”.

“No sería capaz de leer Las venas abiertas… de nuevo. Esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”.

“¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

 “Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos”.

 “Países en desarrollo es el nombre con que los expertos designan a los países arrollados por el desarrollo ajeno”.

 “En sus 10 mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: Honrarás a la naturaleza de la que formas parte. Pero no se le ocurrió.

“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

Murió Eduardo Galeano

galeano10

Murió a los 74 años en Montevideo. Su libro ‘Las venas abiertas de América Latina’ fue guía de toda una generación en la izquierda latinoamericana. Tenía cáncer de pulmón

Tomado de Infobae América

Uruguay está de luto. Eduardo Galeno, su autor más prolífico y popular, murió en Montevideo, donde estaba internado en un hospital por complicaciones en el cáncer de pulmón que lo aquejaba.

La jefa de prensa de Siglo XXI Editores en Buenos Aires, Laura Campagna, confirmó a Infobae la muerte del escritor.  

Eduardo Galeano estaba internado en la cama 503 del CASMU, sanatorio de una mutualista del Sindicato Médico, desde hacía una semana.

galeano0

Hace menos de dos semanas, el 1º de marzo, Galeano recibió en su casa al presidente de Bolivia, Evo Morales. Esto “le significó un esfuerzo muy grande, ya que se encontraba desde hacía tiempo con problemas de salud”, informa El País de Uruguay.

Una de las últimas fotos de Eduardo Galeano. El 1 de marzo pasado, el escritor recibió al presidente de Bolivia, Evo Morales, en su casa de Montevido.

Antes de convertirse en un intelectual destacado de la izquierda latinoamericana, Galeano trabajó como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros oficios.

Pero en 1971, cuando tenía 31 años, publicó Las venas abiertas de América Latina, un libro que lo introdujo en la literatura política y le dio fama internacional, sobre todo entre la izquierda latinoamericana. El escritor admitió años atrás que no volvería a escribir ese libro, pese a la fama que alcanzó. “No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”, dijo Galeano.

galeano3

En 2009, durante la Quinta Cumbre de las Américas, el ex presidente de Venezuela Hugo Chávez le regaló un ejemplar de esa obra -prohibida por la censura de las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile- al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Reuters

El gesto le valió al libro ingresar a la lista de los más vendidos en Amazon: pasó de la posición 60.280 a la décima en un solo día.

 galeano4

Obra póstuma

El escritor había dejado preparado para su publicación un texto inédito que quería se publicara tras su fallecimiento. La editorial Siglo XXI preparará la publicación de esta, probablemente en el mes de mayo, que aparecerá simultáneamente en España, México y Argentina.

Y este jueves estaba prevista la presentación en España de “Mujeres”, un libro-antología de los mejorestextos del escritor sobre las mujeres con relatos sobre personajes como Juana de Arco, Rosa Luxemburgo, Rigoberta Menchú, Marilyn Monroe y Teresa de Ávila.

Eduardo Galeano con el presidente de Venezuela. Nicolás Maduro.

0010141180

AFP

Su obra 

Nacido en la capital uruguaya el 3 de septiembre de 1940, Galeano, un amante del fútbol que plasmó en El fútbol a sol y sombra (1995), debutó en el periodismo con tan solo 14 años, dibujando caricaturas políticas.

Sus dibujos aparecieron firmados con el seudónimo Gius (reproducción gráfica en español de lapronunciación inglesa de su apellido Hughes, apellido que no usó como autor literario).

Luego fue redactor jefe del semanario Marcha (1961-1964), director del diario Época (1964-1966) y director de publicaciones de la Universidad de Uruguay (1964-1973). 

Cada vez más interesado en la situación política contemporánea, en ese período dio a conocer en volumenChina 1964, Crónica de un desafío (1964), Guatemala, clave de Latinoamérica (1967) y Reportajes (1967).

También publicó una breve novela, Los días siguientes, y un libro de cuentos, Los fantasmas del día del león.

En 1973 se exilió en Buenos Aires, donde fundó la revista Crisis, que también dirigió. El escritor debió dejar también Argentina cuando la dictadura llegó al poder, en 1976, y vivió en Barcelona, España, hasta que regresó a Uruguay en 1985 con el retorno de la democracia.

Era autor de una amplía obra literaria que los críticos literarios consideran está influenciada por los italianos Pavese y Pratolini, los estadounidenses Faulkner y Dos Passos y españoles como Lorca, Miguel Hernández, Machado, Salinas y Cernuda. 

“Busco un lenguaje no solemne que permita pensar, sentir y divertirse, no habitual en los discursos de izquierda”, dijo al diario uruguayo El País en 2012.

Galeano también escribió la serie “Memorias del Fuego”, con la que intentó contar el desarrollo de América Latina a través de leyendas y detalles olvidados por la historia oficial, El libro de los abrazos y Patas arriba.

Galeano obtuvo el premio Casa de las Américas en dos ocasiones (en 1975 y en 1978) y en 2010 recibió el prestigioso reconocimiento sueco Stig-Dagerman, “porque su escritura apoya en forma inquebrantable a todos aquellos que están marginados y condenados”.

Debate político

 galeano1

Galeano fue siempre un referente de la literatura defendida por los votantes del izquierdista Frente Amplio, hoy en el gobierno. Tanto es así, que durante la campaña de las elecciones presidenciales del año pasado, el Partido Nacional anunció que si llegaba al gobierno no permitiría que solo se promocionara a Mario Benedetti o a Eduardo Galeano como ejemplos de las letras uruguayas.

“En los últimos años la cultura oficial ha reducido el cultivo de nuestra propia tradición cultural y lo ha sustituido con una fuerte insistencia en unas pocas figuras: Torres García y Figari en las artes plásticas (dejando de lado al Figari pensador), Benedetti y Galeano como representantes de las letras contemporáneas”, se quejaba en su programa de gobierno el partido Nacional.

Todos los libros de Eduardo Galeano

“Los días siguientes”, 1962

“China 1964: Crónica de un desafío”, 1964

“Los fantasmas del día del león y otros relatos” 1967

“Guatemala: Clave de Latinoamérica” 1967

“Reportajes: Tierras de Latinoamérica, otros puntos cardinales, y algo más”, 1967

“Siete imágenes de Bolivia”, 1971

“Las venas abiertas de América Latina”, 1971

“Crónicas latinoamericanas”, 1972

“Vagabundo”, 1973

“La canción de nosotros”, 1975

“Conversaciones con Raimon”, 1977

“Días y noches de amor y de guerra”, 1978

“La piedra que arde”, 1980

“Voces de nuestro tiempo”, 1981

“Memorias del fuego I – Los nacimientos”, 1982

“Memorias del fuego II – Las caras y las máscaras”, 1984

“Contraseña”, 198 

“Memorias del fuego III – El siglo del viento”, 1986

“Aventuras de los jóvenes dioses”, 1986

“Nosotros decimos no: Crónicas (1963-1988)”, 1989

“El libro de los abrazos”, 1989

“Las palabras andantes”, 1993

“El fútbol a sol y sombra”, 1995

“Las aventuras de los dioses”, 1995

“Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, 1998

“Carta al ciudadano 6.000”, 1999

“Bocas del tiempo”, 2004

“El viaje”, 2006

“Carta al señor futuro”, 2007

“Patas arriba, la escuela del mundo al revés”, 2008

“Espejos. Una historia casi universal” 2008

“Los hijos de los días”, 2011

“Mujeres”, 2015

Luis Toledo Sande: Las preocupaciones y esperanzas que me animan

luis toledo sande

Entrevista de Susana Méndez Muñoz

Publicada en Cubarte, el portal de la cultura cubana

Ya ha comenzado a aparecer en algunas librerías el volumen Detalles en el órgano. Cuerdas y claves en la Cuba de hoy, del doctor Luis Toledo Sande (Velasco, Holguín, 1950), que ha sido publicado por la Editorial Extramuros de La Habana.

Toledo Sande, periodista, ensayista y profesor, es uno de los colaboradores más notables del periódico digital Cubarte, espacio que valora profundamente sus trabajos, los que contribuyen en mucho a la conformación del pensamiento intelectual cubano más vigente.

Detalles en el órgano…, reúne veintidós textos de Toledo Sande que originalmente fueron publicados en la sección “Letra con Filo”, de Cubarte, entre junio de 2010 e igual mes del pasado año, a los que se suma el que da inicio al libroy que vio la luz el 21 de octubre de 2008.

Estos trabajos han recibido una buena recepción por parte de los lectores de esta publicacióny de diferentes sitios digitales de la Isla y de otros países que han tenido a bien reproducirlos, yahora llegan juntos a públicos diferentes que, conocedores de la obra del autor o interesados en los temas tratados unos, y otros por carencias tecnológicas o apego al libro “de verdad”, ponderarán seguramente su advenimiento.

Usted es un dedicado estudioso de la obra del Maestro, de José Martí. ¿Cómo considera que ha influido él, su pensamiento, en su apreciación crítica de la realidad?

Al menos teóricamente, con Cristo, con Buda o con Carlos Marx, por solo citar algunos ejemplos, cabe tener modos de relación que pueden oscilar, respectivamente, entre la cristología y el cristianismo, entre la budología y el budismo o entre la marxología y el marxismo. En cada caso, esos “extremos” y sus interconexiones pueden obedecer a perspectivas y actitudes diferentes, con mayor o menor grado de honradez y acierto, y de falseamiento involuntario o consciente. Actitudes similares pueden darse en el acercamiento a José Martí. Ni la desvergüenza hay que descartar, pues no han faltado intentos conscientes de tergiversarlo, e incluso de calumniarlo. Pero no vale la pena detenerse en ellos. Concentrémonos en lo preguntado.

La vida y la obra de Martí han tenido grandes, dignísimos estudiosos. Sin salirnos de Cuba, merecen ser recordados, entre otros, de antes y de después, y de hoy, dos relevantes autores que ya no viven pero cuyas contribuciones perdurarán: Juan Marinello y Cintio Vitier. Ahora bien, incluso ante ellos, viendo cuánto ahondaron, uno siente que el legado martiano no es coto para especialistas. Se resiste a la especialización, no solo por su vastedad y su riqueza colosales, que reclaman un abordaje multidisciplinario a esa altura, sino porque acercarse honradamente a él incluye una dimensión movilizadora, que brota de su profunda eticidad y de su condición de luchador a quien ninguna realidad humana, ni próxima ni remota, le fue indiferente. En el caso de Cuba esa condición tuvo el sello de la entrega total, y Cuba sigue reclamándonos pensamiento y voluntad de sacrificio. Desoír ese reclamo sería traicionar su ejemplo.

¿Cree que ese reclamo en su esencia es escuchado hoy por los cubanos más jóvenes?

Toda generalización corre el riesgo del extremo, ¿no?, porque, además, en este caso, uno puede hacerse ideas muy abstractas y prejuiciadas de cómo piensan los jóvenes. Tengo un amigo sabio que dice que no sabe por qué se cita tanto esa frase de Martí, “Los niños son la esperanza del mundo”, porque está lejos de ser la mayor revelación martiana: es una verdad de Perogrullo, y habría que añadir entonces que niños y niñas son la esperanza del mundo en todos los sentidos, y los jóvenes son los que siguen, y entre ellos está la vanguardia patriótica del futuro, pero está la vanguardia del antipatriotismo del futuro, están las personas honradas del futuro y los bandidos del futuro, están los revolucionarios del futuro y los contrarrevolucionarios del futuro…

Una sociedad como la cubana merece estar formando una juventud mayoritariamente identificada con el proyecto nacional, y creo incluso que en esencia eso se ve en manifestaciones diversas, pero hay realidades económicas, cambios políticos, o hay a veces torpezas que favorecen que los jóvenes no asuman el proyecto tan masivamente como uno quisiera… Pero, pensándolo bien, ni siquiera estoy seguro de que sería muy bueno que los jóvenes fueran tan unánime o mayoritariamente abrazadores —no digamos ya acríticos— del proyecto, porque eso supondría entonces que habría un cierto tipo de inercia en la evolución de la sociedad; y la negación de un proyecto es parte de su evolución. Cuando digo negación no estoy diciendo que los jóvenes se vuelvan contrarrevolucionarios, sino que exijan cambios, ajustes…

Para un joven pelotero cuando yo era muchacho, y hasta no hace mucho, plantearse ir a jugar a las Grandes Ligas de cualquier país, era un insulto nacional. Ahora —y no juzgo, solamente describo, sin menospreciar el peso ni las resignaciones que pueda haber en frases como “los tiempos cambian”— los jóvenes están pensando, y el país les propone y les viabiliza, hacerlo en Japón y otros países, y no en los Estados Unidos porque el gobierno de allí no lo acepta: si lo aceptara decentemente como en otros lugares, también lo harían allí sin que mediara el acto de la penosa deserción. Más allá de eso, que parece anecdótico, en la inconformidad de los jóvenes pueden estar algunos de los resortes para la transformación y el mejoramiento del país. No creo que todas las insatisfacciones juveniles sean iguales, porque no todo el mundo está insatisfecho por las mismas razones, como tampoco ocurre entre los adultos, y sabemos que no todos los cubanos adultos apoyan la Revolución y abrazan a Martí, no. Hay cubanos adultos que no saben quién era José Martí, que no les interesa, y tienen una imagen muy distorsionada, grosera e insuficiente de Martí, incluso irrespetuosa a veces. ¿Eso distingue a Cuba? No, esos son casos.

Por otra parte, si hablamos de Martí y de la juventud, él a los 16 años era tan joven como el que más, y tan maduro como el que más, pero era un caso excepcional; y a veces se hace un uso oficioso o equivocado, quizás oportunista, de algunos términos suyos. Cuando habló de “los pinos nuevos” se refirió a los que abrazaban un proyecto nuevo: “Cuando venía por la tierra calcinada por el fuego, entre los pinos quemados se alzaban gozosos algunos pinos nuevos, esos somos nosotros, pinos nuevos” —lo cito de memoria y seguramente aligerado—, y ese “nosotros” incluía a Máximo Gómez, mucho mayor que él; a José Francisco Lamadrid, mucho mayor que Gómez; a Antonio Maceo, mayor también que Martí, quien tenía entonces treinta y siete años, y a otras personas que eran mucho más jóvenes. Cuando oigo, dicho mecánicamente en términos generacionales estrechos, que hay que dar paso a los pinos nuevos, me digo: bueno, los pinos nuevos pueden ser honrados o bandidos. Escojámoslos bien.

De lo que se trata es de que la juventud se defina también ideológicamente; no quiere decir que para ser joven hay que ser comunista, sino que ojalá los jóvenes abracen una digna transformación hacia el porvenir, que no estén pensando en un pasado capitalista, ni en las banalidades y superficialidades que el capitalismo les vende y que a veces nuestros medios les venden también en los llamados productos audiovisuales, en los que a menudo la imagen que se da es que hay que tener cuatro automóviles y unas cuantas mujeres semidesnudas. No estoy en contra de las mujeres semidesnudas, o desnudas. Al contrario, pues son uno de los grandes espectáculos de la naturaleza y del arte. Me refiero a la banalidad de la vida fácil, y un clímax de esa deformación estuvo recientemente en el caso de un reguetonero de Guanabacoa, y digo reguetonero sin que parezca que estoy tratando de condenar el reguetón, ni considerarlo malvado, pero da la casualidad de que ese género prospera en una época en que están prosperando ciertos valores y desvalores que frecuentemente se aprecian en él.

Por otra parte, si la juventud formada por la Revolución no siguiera a la Revolución, habría que ver qué hay en ello de influencia externa, pero también qué hay de defectos internos y carencias, no solo materiales, porque cuando yo tenía veinte años, los jóvenes de mi generación teníamos un solo pantaloncito y un par de botas, y a veces al par de botas rústicas que nos daban para que cortáramos caña le pasábamos lija para que parecieran de gamuza y hacíamos unos zapatos que ahora darían mucha risa, pero en aquella época eran nuestros zapatos de vestir, y no nos sentíamos avergonzados por eso; también es verdad que había un grado mucho mayor de igualdad en Cuba. Salvo “los hijos de Papá”, como se les llama sabiamente a nivel de pueblo, y otros que más o menos recibían ropa por distintos caminos, en general todos estábamos igual.

Ahora los proyectos igualitarios son mal vistos, son de mal gusto, empezamos a apostar contra el igualitarismo, lo cual me aterra porque en esa lucha contra el igualitarismo puede estar el rechazo a la justicia social, a la equidad. No creo que sea justo que el bandido viva igual que el trabajador, y lo que es peor, a veces vive mejor que el trabajador. Pero tampoco debemos aspirar a que crezcan las desigualdades, ni verlas como lo más natural del mundo. Si crecen, que sea porque no quede más remedio, pero la aspiración, el ideal, debe estar más cerca siempre de la equidad que de la desigualdad, y cuando echamos por la borda el igualitarismo podemos tirar la palangana y el niño, y sería muy peligroso.

Se corre también el peligro de quedar atrapados en uno de los grandes “logros” de la llamada academia posmoderna, promovida desde los Estados Unidos, que es magnificar la importancia de los sectores a expensas de soslayar la importancia de las clases sociales, y de las luchas entre ellas.

Vuelvo al inicio: las generalizaciones son todas peligrosas, como las comparaciones, pero si hay sospechas en ese terreno, se debe acudir a los estudios sociológicos, no para que lo que haga una institución científica en Cuba sea engavetado, disimulado, o envuelto en una caja de lo peligroso que no se puede divulgar; las ciencias sociales no pueden seguir siendo las escuderas de las decisiones políticas, tienen que ser las exploradoras, no para que se erijan en palabra sagrada, porque no hay palabra sagrada en la sociedad, salvo para los creyentes. Pero se debe oír lo que las ciencias sociales tengan que decirnos, y pueden estar equivocadas; pero ¿por qué las equivocadas no pueden ser las decisiones políticas, que después de todo no son ajenas a las ciencias sociales? ¿Son sagradas e infalibles las decisiones políticas?

La Editorial Extramuros, de La Habana, le acaba de publicar un libro titulado Detalles en el órgano. Cuerdas y claves en la Cuba de hoy. ¿Por qué ese título?

Este no es un libro acerca de Martí, sino con él. No lo asume precisamente como tema, ni persigue erudición al citarlo. Tampoco lo hace en pos de su aval para lo que, como país, estemos haciendo, pues resulta preferible la desaprobación del propio Martí antes que fabricarse a partir de él un resguardo que nos complazca y nos sirva para soslayar nuestros errores. Si con respecto a nuestra América en general, y al mundo, Martí —como dijo él de Bolívar— tiene mucho que hacer todavía, en Cuba nos convoca un deber todavía mayor de buscar y hallar en él enseñanzas y reclamos fundamentales, y hasta recriminaciones. No con la pretensión de hacer al pie de la letra lo que él demandó, y menos aún para responsabilizarlo de lo que hagamos mal, sino porque el mundo —y de ahí su gran vigencia— no ha cambiado tanto desde que él vivió y luchó con la vista puesta, son sus palabras, en el “fin humano del bienestar en el decoro”.

Además, tuvo una gran capacidad para entender dialécticamente la realidad, aunque usaba el término dialéctica en su acepción original, vinculada con diálogo, de donde viene —salpicado por los debates, diálogos, de la Grecia fundadora— el actual entendimiento filosófico de la dialéctica. Él fue capaz de apreciar que “un pueblo es en una cosa como es en todo”, y que “un detalle en el órgano es a veces una revolución en el sistema”. Con ello, de lo que toma título el libro, no apuntaba precisamente al instrumento musical, sino al órgano como conjunto integrado de una realidad concreta o de la realidad en sus abarcamientos mayores. Tenía en mente, sobre todo, la sociedad. Y a ello remiten las cuerdas y las claves del subtítulo.

En eso se debe pensar seriamente cuando se emprenden cambios —actualizaciones, ajustes, modificaciones, reformas…, como se les quiera llamar— en un modelo social, en un país. Los detalles pueden revolucionar ese modelo para bien o para mal, incluso convertirlo en otro, y en esa brega el pensamiento resulta determinante, de acuerdo con su índole y con su aplicación. No cabe entregarse al pragmatismo, que es otra forma de voluntarismo, pero no afincada en la voluntad justiciera, sino en la voluntad mecánica de hechos asumidos como palabra divina, y entre los cuales pueden campear por sus desafueros las groserías del mercado. Frente a este se requiere poner en máxima tensión la voluntad justiciera, sin la cual no habrá sociedad que valga la pena. No confundamos voluntad con voluntarismo, ni igualitarismo con equidad. Sin voluntad y equidad, ¿qué valdría realmente la pena construir?

Detalles… está formado por veintidós textos suyos aparecidos originalmente en el periódico digital Cubarte. En las palabras introductorias usted plantea: “Este libro contiene briznas de preocupaciones y esperanzas que desvelan al autor”. ¿Cuáles son esas preocupaciones cardinales?

Que los detalles aplicados a nuestro órgano, a nuestra sociedad, le impriman la eficiencia económica necesaria y deseada, pero se pierda la brújula de la justicia social, lo que podría ser una fiesta para pragmáticos exitosos o ávidos de serlo, no para quienes, en el camino de la historia de nuestra patria y, en ella, de la Revolución en que Fidel Castro reconoció a Martí como autor intelectual, se mantengan fieles al ideario de justicia que esa continuidad histórica y moral ha fundamentado.

Que no seamos capaces de cumplir un mandato que Martí plasmó con respecto a lo que la independencia política lograda en esta zona del mundo debió haber representado y no fue capaz de conseguir: hacer causa común con los oprimidos para afianzar —cito aquí, o gloso, del ensayo “Nuestra América”, palabras de alguien que verdaderamente echó su suerte con los pobres de la tierra— un sistema opuesto no solo a los intereses de los opresores, sino también a sus hábitos de mando. Que las golosinas de la llamada modernidad, invención del imperialismo llamado neoliberal, nos saquen del camino de raigalidad y justicia en que Martí se afianzó para todos los tiempos.

Que el sentido de responsabilidad por el cual se deben regir nuestras instituciones y nuestros medios informativos pueda permanecer anclado en silencios y resignaciones cómplices de lo que debemos combatir y erradicar. Que las chapucerías de la época, combinadas con las que prosperan en nuestro entorno inmediato, nos dejen sin la fineza necesaria para la plenitud del alma.

Parece difícil que entre tantas preocupaciones profundas usted pueda tener briznas de esperanzas. ¿Éstas son racionales o viscerales?

Lo que en el pórtico del libro digo es que en él aparecen briznas tanto de preocupaciones como de esperanzas que desvelan al autor, o sea, no están en él —no cabrían— todas las preocupaciones ni todas las esperanzas en su plenitud. Tengo preocupaciones no por tenerlas, sino porque a nadie bien nacido podrán resultarle ajenos problemas tan serios como los que debemos resolver, y porque sin tenerlas se carecería de fuerza para defender las esperanzas, cuya ausencia resulta paralizante: que sin esperanza, cubano, ¿dónde va el amor?

Pero es muy difícil establecer lindes rígidos entre lo racional y lo visceral: quien piensa, y ha escrito esas páginas, no es una computadora, sino un ser humano, y un ser humano que se acerca a sus temas con la preocupación propia de quien reconoce la gravedad de los obstáculos que urge vencer, y con el deseo de contribuir al empeño de vencerlos, de participar en él, único que puede salvarnos las esperanzas.

¿Piensa usted que existe alguna manera, desde la cultura artística y literaria, de paliar los motivos de sus preocupaciones?

Desde la cultura artística y literaria se pueden hacer muchas cosas distintas: regulares, malas, horribles, buenas, excelentes, como en toda esfera humana, y se hacen. Se pueden abonar los más importantes valores humanos. También hay quienes han encontrado un filón rentable en regodearse magnificando cuanto huela a anticomunismo, a devaluación de las ideas socialistas. Con mayor o menor disimulo vienen a decirnos: desde la izquierda no se ha hecho nada bueno, y ese juicio, si para algo sirve, será para legitimar los horrores que se han hecho desde la derecha. Pero frente a esa actitud, si de veras se quiere luchar contra ella, no vale idealizar lo que defendemos y queremos que triunfe. De ahí el gran reto que el pensamiento revolucionario tiene por delante.

Vivimos una época en la cual, por distintas razones y sinrazones, un elogio a la obra revolucionaria, por muy justo y muy bien facturado que sea artísticamente, no tarda en catalogarse de teque, o incluso en ser ubicado dentro del realismo socialista, sintagma que ya parece insalvable, pues ha parado en dar nombre a un bola que acumula defectos, solo defectos, mientras que un teque contrarrevolucionario más o menos disfrazado, o ni siquiera tan disfrazado, puede ganar premios internacionales y entusiasta promoción. Pero cuidémonos de quien, echando mano a esos ejemplos, quiera convencernos de que lo prudente es renunciar a la crítica, tan necesaria si no se reduce a ser un fin en sí.

Ahora bien, no idealicemos la importancia del arte y la literatura, en ningún sentido, por muy relevantes que sean, y lo son. Están presentes, como tema, en el libro; pero la cultura es un tesoro mucho más vasto y abarcador. El camino para la salvación o el hundimiento de un país se hallará, o no se hallará, en un sentido más amplio y raigal de la cultura como obra de los seres humanos, y se hallará en la política, y si lo deseado no se logra ni con ella, debe quedar claro que no se logró porque los obstáculos fueron de veras insuperables, no porque la política aplicada fue torpe, o más. ¿Es que acaso en el mundo predominan como realidad victoriosa, en la práctica, los valores de la justicia y la decencia asociados a Cristo y a Buda? ¿Por qué habría de ser más fácil el triunfo para los ideales de Marx, o los de Martí, quienes, que sepamos, no encarnaron fuerzas divinas? Ahora bien, que las ideas de sus inspiradores no hayan triunfado, ¿autoriza a cristianos y budistas honrados a desertar de ellas?

¿No teme ser criticado por la defensa que hace en su libro del proyecto social de la Revolución? ¿No teme que lo supongan un teque en alguna medida?

Preferiría que me criticaran antes de que me ignorasen. Es más, creo que merezco la crítica y el rechazo de algunos a los que yo rechazo en ese libro (y fuera de él). Rechazo no solamente a contrarrevolucionarios, sino rechazo algunas actitudes que son contrarrevolucionarias, aunque las asuman personas que quieran ser revolucionarias, se crean revolucionarias y hasta honradamente quieran defender la Revolución.

Si esas personas me critican no tengo solo que aceptarlo, aparte de que todo autor que publique un texto tiene que estar abierto a la crítica, y aunque aspiro a que haya quienes disfruten el libro, habrá quienes se despachen contra él. Creo que el libro es respetable y que lo que dice ahí merece respeto —de lo contrario no lo hubiera escrito, ni lo habría publicado—, pero hay actitudes que, más que no respetar, rechazo.

Lo que sí me gustaría es que, criticado o aceptado, aprobado o desaprobado, el libro sirviera para estimular aunque fuera en 15, 20 o 30 lectoras y lectores —si fueran un poco más, sería mejor— preocupaciones, porque coinciden o porque discrepan, y porque a algunas personas lo que digo ahí les despierten preocupaciones que no habían tenido hasta ahora, o se las refuercen.

A raíz de la aparición de estos textos en soportes digitales, algunas amistades no cubanas me han comentado que es muy bueno que en sus países vean que en Cuba se pueden decir y publicar esas cosas, porque —y en eso confluyen muchos elementos, empezando por la propaganda tendenciosa lanzada contra nosotros, pero no es el único— algunos creen que solo se puede publicar las notas oficiales del Granma, que suelen ser muy aburridas. Me gustaría que tuvieran el encanto del Quijote, o de un poema de Rubén Darío, o de un cuento de Julio Cortázar, ¡o del periodismo martiano!; pero no es posible. Una nota de prensa es una nota de prensa, y los autores aludidos no se dan todos los días. Lo más importante es que el pensamiento se mueva, y eso se puede conseguir con recursos mucho más modestos. Lo que no puede faltar es la voluntad, ni debe abundar la inercia.

Yo me siento revolucionario, pero no quiero andar proclamándolo. Me gustaría que el saldo vectorial que salga de las páginas que escribo demuestren que las rige un pensamiento revolucionario, que hay alguien que si sufre, sufre porque quiere que su país sea mejor, y que si está angustiado es porque le preocupa que su país no sea mejor de lo que es, y le inquieta que su país pueda desbarrancarse.

Y en cuanto al teque, bueno, hace poco fui a ver una obra de teatro de un autor amigo, talentoso, al que le tengo aprecio; pero la obra —haya sido o no haya sido ese su propósito— acaba siendo un teque, solo que un teque de crítica a la Revolución, y ha sido premiada en el exterior. Si algo parecido a eso se hiciera en apoyo a la Revolución, algunos lo considerarían detestable, y tal vez hasta lo sería.

Debemos, sí, debemos criticar la Revolución para que sea mejor; pero también corremos el peligro de no recordar que por mucho de lo bueno que hemos hecho o estamos haciendo, debemos darle gracias a la Revolución, que ha hecho cosas maravillosas por este país y que puede dejar de hacerlas si no la mejoramos, porque puede desbarrancarse por el pragmatismo capitalista, pragmatismo que es malvado; cada vez que elogian a alguien llamándolo pragmático, me aterro, porque es un insulto, igual que incondicional. Debemos cultivar, practicar la lealtad reflexiva, no la incondicionalidad, que para el fascismo puede ser algo extraordinario, pero no para el pensamiento revolucionario emancipador.

Creo que también en eso Martí tiene mucho que enseñarnos; en medio de su discurso de 1893 en elogio a Simón Bolívar con ocasión del aniversario 110 de su nacimiento, señaló cuál es el Bolívar con quien debemos identificarnos, que no es el que careció de la fuerza moderadora del alma popular porque no le venía ni del hábito ni de la casta, y antes e inmediatamente después dijo por qué era grande, inmenso, el Bolívar cuya obra debíamos abrazar reflexivamente, y eso recuerda que ya en 1889, en La Edad de Oro, había dicho algo que suele interpretarse mal: aquello de que “los desagradecidos no hablan más que de las manchas”, mientras que “los agradecidos hablan de la luz”. No dice que no ven más que la luz. Para defender bien la luz hay que ver también las manchas; las causas patrióticas, las causas políticas tienen manchas, tienen defectos y debemos ser capaces de ver qué es lo que vamos a defender: defenderemos la luz, y para erradicar las manchas hay que conocerlas, no ignorarlas.

Esto tiene que ver con una preocupación presente en el libro y fuera del libro, y no solo mía, sino de muchos ciudadanos del país: la calidad que aún nuestra prensa no tiene y necesita alcanzar.

¿Por qué reunió en libro esos textos?

Por varios motivos. Un grupo de textos, juntos, adquiere connotaciones que no se perciben quizás cuando se leen dispersos. El papel impreso sigue dándole a la lectura un sentido del contacto físico, sensual incluso, que no se disfruta del mismo modo con el soporte digital, por lo menos para quienes nos formamos en el predominio del primero.

No todo el público cubano tiene el mismo nivel de acceso a sitios digitales, y está pasando entre nosotros algo que tal vez no sea tan casual: mucho de lo más interesante y sugerente ante nuestros problemas escrito y publicado hoy en Cuba —no digo que sea el caso de mis textos— queda marginado en meandros digitales, no pasa al controlado cauce central de los medios impresos, que tienen una especial responsabilidad con la información entendida como el patrimonio público que es, y en los cuales tantas carencias se sienten y se padecen. El secretismo parece estar extinguiéndose como tema en las agendas de las discusiones; pero ¿ha desaparecido como realidad? Esperemos que en el Décimo Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba no tengan que plantearse más o menos los mismos problemas que se debatieron en el Noveno.

Y un punto más: tal vez una de las maneras más efectivas de tener sin grandes demoras libros sobre la realidad que se vive sea publicar compilaciones o selecciones —de autor, o temáticas— de escritos aparecidos en publicaciones digitales o impresas. Puede suceder, aunque no es forzoso que así ocurra, que un libro más orgánico o extenso demore años en escribirse, otros años en revisarse y procesarse editorialmente y algunos más en imprimirse y circular. Cuando sale a la calle, tal vez ya sepa a viejo.

Vuelvo a los jóvenes. ¿Espera usted que su libro tenga buena acogida entre ellos?

No estoy seguro de que tenga alguna acogida. ¿Pasará inadvertido? Toda página publicada, todo libro es en gran medida una botella lanzada al mar, y ese mar es la sociedad, el público lector. Los textos de Detalles en el órgano han tenido lectores, en el soporte digital, y muchos se han reproducido en sitios cubanos y de otros países. Ahora el volumen impreso es una botella que se lanza al mar y me gustaría que fuera bien acogido por jóvenes y no jóvenes, por personas de todas las edades, porque en definitiva son personas de todas las edades las que tienen que ver con la sociedad cubana, las que vivimos en Cuba y las que tenemos que decidir cómo modificar —el perfeccionamiento sería también una modificación, y no la menos deseable— el rumbo de nuestras aguas.

Repito: no sé, pero me encantaría que el libro tuviera buena acogida. En eso no soy nada original, ¿verdad?

¿Qué otros desvelos suyos serán tema de futuros Detalles en el órgano?

Podría preparar una nueva edición, aumentada, o, ya estoy pensando en eso, una segunda serie, o tal vez más. Por apremios de espacio, aunque en eso Extramuros fue también generosa, dejé fuera numerosos textos que ya estaban escritos y podían haber formado parte del libro, y luego de cerrada la selección he escrito otros, y seguiré escribiendo. Una segunda serie —no toda probablemente con trabajos publicados en Cubarte— pudiera incluir textos de igual extensión sobre la llamada cuestión racial —“Seamos humanoascendentes”, “¿Y si no fuéramos genéticamente mestizos?” —, o acerca de lo más directamente vinculado con las imágenes culturales —“¿Museo Barbie en Cuba?”, publicado en Cubadebate—, o en torno a las relaciones históricas y actuales entre Cuba y los Estados Unidos.

En ese tema estarían “Cultura, historia, y un águila que sí caza moscas”, suscitado por una noticia —felizmente falsa, al parecer—, según la cual podía estar pensándose en restituir el águila imperial en el monumento habanero a las víctimas del Maine, y “Cuba y los Estados Unidos, otra etapa”, que también circuló ampliamente después de aparecer en Cubadebate, sitio que actúa con gran agilidad, y al cual lo envié por la índole y la urgencia del tema.

Lo escribí a raíz del anuncio de conversaciones entre los dos países, pues intuí algo que los hechos confirmaron: el peligro de que en algunos la importante noticia condujera a una cierta parálisis, por asombro, o por la peregrina idea, o reflejo condicionado, de que era necesario esperar instrucciones sobre qué debía pensarse y decirse a partir de entonces sobre una historia y un monstruo imperial que siguen siendo los mismos.

Para los confundidos la propia potencia imperialista se encarga de ratificar, groseramente, sus entrañas. Ahí están, entre otras evidencias rotundas, la actual escalada contra la Venezuela bolivariana, y el permanente apoyo al poderío genocida de Israel, que, después de todo, es una sucursal del gobierno de los Estados Unidos. Desde todo punto de vista se entiende que el Maestro siga presente al tratar “detalles” de tal envergadura, como en el artículo “Con José Martí, para que la victoria siga siendo victoria”.

En una de las respuestas se refirió a las mujeres, desnudas o semidesnudas, como uno de los grandes espectáculos del arte y de la naturaleza; a mí me parece un comentario halagador y sincero, pero quizás alguien pueda sentir algo de sexismo, ¿no le parece?

Me alegra la observación pues me permite afinar lo dicho. Me referí a la mujer no solo desde mi perspectiva de varón, sino por el hecho de que algunos trabajos audiovisuales siguen apostando a la explotación de la imagen de la mujer —explotada ella misma, para empezar, a lo largo de la historia— como objeto de atracción sexual. A eso me refería. Pero claro que hay belleza en los seres humanos, no se reduce a límites sexuales, y cada quien tiene el derecho de apreciarla donde mejor la encuentre para su gusto. Aunque no está de más la advertencia contra los excesos del sexismo: no nos libramos de ellos por decreto, y la cultura patriarcal lleva milenios imponiendo criterios, perspectivas… imponiéndose.

¿Algo más que añadir?

Expresar o reiterar mi gratitud a quienes la merecen: a Cubarte, por la acogida que ha dado casi siempre a mis textos; a Extramuros, por facilitar que varios de ellos encuentren más lectoras y lectores en una edición hermosa; al Instituto Cubano del Libro, por el apoyo dado a Extramuros; a quien ahora me hace, para el propio portal Cubarte, una entrevista que favorecerá la divulgación en torno al libro y ya me permite hacer más explícitas o enfatizar algunas de las preocupaciones y esperanzas que me animan. No son briznas de gratitud, sino agradecimiento en grande.

http://www.cubarte.cult.cu/es/entrevista/luis-toledo-sande-las-preocupaciones-y-esperanzas-que-me-animan-i/22209

Fátima o El parque de La Fraternidad

Carlos-Enrique-Fátima-y-Miguel-BarnetEste es el cuento de Miguel Barnet (La Habana 28.1.1940), poeta, narrador, ensayista, y etnólogo cubano, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Fundación Fernando Ortiz, que ha sido llevado al cine recientemente bajo la dirección de Jorge Perugorria, y con la estelar actuación de Carlos Enrique Almirante, en el papel de Manolo-Fátima.

4e6c7a9ee861d22f7b79e4a869b0546f0a481d0b

fatima-parque-fraternidad

fatima-2_0

 

 

 

 

Por Miguel Barnet

A los siete años, en la cocina de mi casa, en Madruga, se me apareció la Virgen de Fátima. Por eso a veces la gente ve un halo rosado alrededor de mi cabeza. Fue una aparición que marcó mi vida. La vi en la puerta de la cocina pero no estaba de pie, ni en una roca como dicen que está ella, estaba sentada en un taburete y era mulata. No sé si ustedes han visto a la Virgen de Monserrat, una que es negra y está en un butacón dorado, bueno, pues la Fátima que yo vi era parecida, pero no tan negra y estaba sentadita de lo más oronda en su taburete.

Yo he sido una persona con suerte y a lo mejor es por eso. Bueno, también porque nunca le he pisado la cabeza a nadie, ni me he metido en lo que no me importa. He hecho lo que me ha dado la gana, y a lo hecho pecho. Me mantengo porque tengo un espíritu joven y una energía positiva que viene de Saturno según dice mi signo zodiacal. Si me vieran ahora desnudita de la cintura para arriba, pero yo tengo mi recato y no me dejo ver por cualquiera. Para verme hay que soltar el guano bendito y para tocarme más. En el fondo soy una puritana porque no me gusta que me vean desnuda en los camerinos cuando hay función. Ellas no, ellas se sacan los trapitos y los tiran en el piso como si nada. A mí me dicen la monja, la Monjita Fátima. Es que aunque pecadora creo en los biombos y me cubro. También en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo y hasta voy a la iglesia los domingos, ahí, al Carmen porque yo soy de iglesias grandes y lujosas y de curitas graciosos y jóvenes como ese del Carmen, Virgen Santa, que con sotana y todo me lo comería con mantequilla. El me mira y yo lo cacho de arriba abajo pero no, no se da cuenta porque cuando quiero soy una mujer muy seria, de mucho copete.

Claro, se ve en mi ropa, en mis tacones a lo militar que me empinan; si ustedes vieran en la misa cómo sobresalgo entre todo el mundo y son los taconazos esos que no me quito ni para dormir. Dicen en el Parque de la Fraternidad que yo fui quien los implantó. Hay que ver a las de mi cuadrilla con ellos, no pueden, se van de lado, no tienen estilo, parecen zambas. Nadie camina con ellos como yo porque ni me caigo ni pierdo el equilibrio. Y estoy aquí arriba, montada en zancos, como la Reina Madre de Inglaterra que era un tapón y parecía una señorona y es porque la calzaban con corcho y le enguataban los pies para que no le dolieran los juanetes. La Reina Madre no soy pero Fátima en el Parque de la Fraternidad sí, y me respetan porque una cosa es el negocio, la sobrevivencia y otra es laexhibición y el relajo.

Yo soy una reina y cuando me paro en la esquina el que se me acerca es para salir conmigo y comer en mi plato porque ya se decidió, no viene a hacerme entrevistas ni a indagar en mi vida, viene a pasar un buen rato o a sentarse conmigo en el banco hasta que lo caliento con la mirada o con la conversación para que la cosa se les hinche y se le ponga bien durita, porque está el tímido, el que viene por primera vez, tan tiernecito, tan sanaco y yo los pongo a gozar porque yo sí les busco las cosquillas. Pero están también las bichas, las comelonas, las mandadas, las que se creen que porque van al grano se llevan la mejor tajada.

No, no saben de este negocio, hay que hablar, pasarles la mano, decirles que no se sientan culpables, que sus mujeres son sus mujeres, que su casa es su casa, y que una lo que les va a dar es un regalito, un bombón pasajero. Y se ríen porque hay que desinflarlos; llegan con millones de problemas, camuflajeados, con traumas, traumas que yo nunca tuve y algunos a lo que vienen es a desahogarse y cuando me quito el vestido se lanza ahí mismo vestido se lanzan ahí mismo desesperados porque vienen con un atraso… Dios Santo, líbrame de esa condena, gracias por haberme hecho así, dispuesta siempre a salir a la calle y comerme la tierra. Soy muy suelta, no, no tengo traumas. Ellos sí, ellos se ponen a darle vueltas a la cosa y a hacer preguntas indiscretas y dime chica tú te sientes mujer y cómo es eso si tienes un rabo como yo y a lo mejor de cañón largo y todo. Ahí es donde yo los agarro y los voy destapando como a un paquete de regalo, les quito las cintas, los alfileres, todo, y salen desnuditos, maricones tapiñados pero que pagan más que los hombres porque van a eso. Y yo no me alegro de tener lo que tengo, quiero ser de otra forma, pero soy como soy, como Dios me trajo al mundo.

Podría contar tantas cosas que he visto, que me han pasado a mí misma, no ahora sino cuando era joven… Prefiero callar porque si los médicos y los curas tienen su ética yo tengo la mía también. Para inventar mejor me callo. Sería una crueldad ponerle a la gente el caramelo en la boca y luego no dejárselo chupar. Me he visto en situaciones negras, eso sí, porque soy mandada a hacer, me lanzo en terrenos difíciles y con gente dura. Les sé, les sé mucho, pero callo porque en el fondo ellos me buscan a mí para eso.

No te equivoques, yo soy hombre a todo pero tú me calientas la cabeza. Nada que lo que hago es hablar como una cotorra en celo y eso les gusta. Y la imaginación… el arte mío para volverlos locos: espejos en el techo, en las paredes, en el piso; el salto del canguro, el palo del escaparate, un escaparate bajito y yo arriba haciendo mi striptease; les voy tirando las prendas una a una y después les pido que se vayan desnudando y no los toco, ni me les acerco. Se ponen a mil, me quieren enlazar y tirarme de ahí arriba y cuando ya me ven como Dios me trajo al mundo quieren morirse y ahí es donde me lanzo y me los como a mordidas sin besarlos, les hago cosquillas, los vuelvo locos. Todo eso cuesta, claro está, pero me divierte porque la fantasía es la madre de la cama. Salen contentos y me regalan lo que se me antoje. Testigos son las empleadas de los hoteles y de las tiendas nuevas que han abierto aquí. Fátima, llegaste a arrasar, mira, lo último es Humo en la Noche de Lanvin, pero con qué se sienta la cucaracha, si no me lo regalan…

Tengo una colección de perfumes para abrir una boutique. Por eso le pongo candado a la puerta de mi mansión porque al pobre le gusta lo bueno igual que al rico, yo diría que más porque el rico está saturado, empalagado y no le coge el verdadero gusto a las cosas. Esa es mi teoría sin haber leído un libro ni haber abierto nunca un mataburros. A mí me sale la verborrea esta que tengo desde que soy una niña. En mi casa me mandaban a callar porque yo daba sermones en el portal, me creía dueña de la situación cada vez que había bronca o que mi padre llegaba borracho a quererle dar a mi madre. Ahí sí me volvía una fiera, se me salía un hombre que yo me había tragado en una encarnación anterior, pero un hombre de pelo en pecho, porque hasta lo sonaba, le daba con la escoba, con la lámpara de la mesita de noche, con lo que tuviera a mi alcance.

El muy cabrón le hizo horrores a mi pobre madre. Cuando eso me viene a la mente me quiero comer a los hombres, los abochorno, los pongo de vuelta y media si se atreven a lanzarse conmigo en cualquier vuelta. Guardo ese odio y no le perdono los golpes que me dio y las veces que tuve que dormir en el portal o en el patio, junto al corral de los pollos con olor a porquería y oyendo los gritos que le pegaba a mi madre. Si yo debía ser invertida pero es que los hombres me gustan demasiado. Pero los sé llevar cortico.

No les dejo pasar una.

En Madruga me respetan porque me conocen bien y saben que al que me hace daño el daño se le vira en su contra. Mi Angel de la Guardia es muy fuerte. Tengo en mi favor a la Comisión del Hielo. Con eso no me hace falta hacer ninguna brujería, ningún bilongo, eso camina solo y paraliza a cualquiera. Me basta con saber el nombre y apellido de la persona. Cojo un papel, preferiblemente plateado porque es tratado de Obatalá, y dentro le meto otro con el nombre del que me ha querido joder, y lo pongo en el congelador de la nevera siete días seguidos. Al séptimo día lo saco tieso, ese no levanta cabeza más nunca. La Comisión del Hielo es más fuerte que una prenda judía. Por eso me respetan. Y, desde luego, porque me he sabido ganar la vida sola.

Vendí caramelos en el cine Marta, bombones, galleticas, refrescos… me compraban pero luego me ponían a trabajar porque iban ruinos. Pss, pss, pss y era para eso, nunca usé linterna, los conocía del barrio, sabía bien quiénes eran, todavía tengo la lista de los teléfonos en la cabeza porque algunos me daban el teléfono cuando se querían pasar de rosca. Jamás llamé a un solo número. Caían mansitos porque las muchachas eran prohibidas, tenían vigilancia en el pueblo, espías, y ni soñar con salir de noche. Es cuando yo hacía la zafra. Me los llevaba para las afueras, para el campo, yo a´lante, claro está, y ellos caminando detrás por la acera opuesta, hasta que entrábamos en el monte. Le conozco al monte todos sus recovecos, donde hay un bajío, donde la hierba es fina y no hay ni guao ni guisasos, donde nadie te puede ver. Esas aventuras mías… Me pasé al pueblo entero y todo en silencio porque al que hablaba, Ave María, le caía el Armagedón.

Luego me metía en el río, me daba un baño sabroso, y ya despejada me ponía a hacer balance. Los tenía a todos en mi archivo secreto personal, bajo mi control absoluto. Al día siguiente ellos en el parque con sus novias y yo zafia, jefa de campamento, pasando para mis adentros.

Este la tiene grande, este chiquita, este es el del lunar, este es el de la perla, este es caballero cubierto… No me puedo quejar, he gozado de lo lindo.

A veces quisiera ser Madonna para salir de mi casa en un limousine y por la puerta de atrás. Y desayunar con pasteles y hot-cakes, como los de las películas y tener mucho dinero, mucho, mucho, mucho, para no estar obligada a verle la cara a nadie y pasearme con un mulato claro con piernas de goma, de esas de ciclista, como el marido de ella, un cubanazo riquísimo que dicen que la arrolló en la calle y la recogió para echarle un polvo, un polvito y hacerse millonario. Por desgracia no soy Madonna y aunque me gusta mi barrio, tener que salir a buscar el pan todos los días a plena luz con maquillaje y tufo de la madrugada me revienta, pero tengo que hacerlo porque sin desayunar no veo, voy ciega, camino en el aire medio turulata. En lo único que soy medio americana es en eso. Me gusta desayunar con huevos fritos y jamonada, con pan y café con leche, porque yo desayuno cuando la gente por lo general está ya almorzada y hecha leña de una mañana trajinada.

Me levanto a las doce del día o la una vestida de la noche anterior y como no tengo teléfono, ni timbre en la puerta nadie me molesta, y saben, saben bien que trabajo hasta que sale el sol y que llego muerta y no me dicen ni pío porque me temen. Al más pinto lo pongo de vuelta y media.

Este cuarto era de un bongosero de la orquesta Sensación y cuando él se murió yo lo pedí, hice mis gestiones porque yo vivía en la calle, en el parque, en la terminal de trenes; dormir en la terminal, sentarte en un banco como una estatua bostezando y cayéndote de lado, eso nada más que lo sabe quien lo ha sufrido en su carne. No voy a decir cómo porque no quiero echar pa’lante a nadie, pero me dieron este cuarto y aunque el baño está afuera es mi cuarto, mi reino, y aquí no viene nadie. Aquí gobierno yo y presiden la Virgen de Fátima y la Caridad porque el caracol dice que soy hija de Ochún Panchágara. Por si acaso la tengo en una maceta enterrada. A mí me enseñaron en Madruga que a los santos se les guarda en cazuelas y en soperas. Ochún crece en la mazorca de maíz tierna y sale en unas hojitas verdes paraditas que son una belleza. Mi tratado es de Palo Monte, sin embargo, pero yo a quien venero es a Fátima y a la Caridad del Cobre. Esas son mis guías, las que están en mi cabeza y en mi corazón.

Mis clientes jamás han venido a mi cuarto. Para eso está El Reguero, como le pusimos a una accesoria que hay en Campanario, donde gobernamos nosotras, las abejas de la noche. El Reguero es un truco, ahí guardamos el atrezzo nuestro: plumas de azufre, de rojo aseptil, de azul de metileno, vestidos rehechos, bueno, inventos del período especial. Ahí Versailles se queda chiquito. Si Campanario hablara no quedaba títere con cabeza ni nadie que pudiera decir yo levanto la mano. Todos agachaditos ante nosotras que somos las lechuzas del parque, las linternas, como nos dice la policía, porque siempre estamos alumbrando como los cocuyos. Claro, no siempre vamos ahí. Si es un Pepe con plata nos lleva a un hotel o a la Marina Hemingway pero es un peligro porque si nos descubren se puede formar un rollo. En este país todo se sabe pero se disimula bien. Y nadie va a destapar el gallo. Que cante cuando le parezca, mientras tanto seguimos viviendo de eso que es lo que nos da para comer y vestir.

Me visto bien. No me gustan los trapos de segunda mano, ni las baratijas, un día entro a una tienda de ropa reciclada y si encuentro algo que me acomode lo compro, pero eso es de Pascuas a San Juan porque entrar allí y vomitarse es lo mismo, la peste a ropa de uso sin lavar es lo último. Tengo tres trapos pero buenos y tres pares de zapatos pero buenos, de los que no hacen ruido ni chillan como grillos, de los que dicen por abajo puro cuero y son de seda, seda en el pie. A mí me han enseñado mucho las revistas. Ahora mismo estoy de luto porque la princesa Diana era mi ídolo, y ya ven se mató en París en un Mercedes Benz negro con un millonario egipcio. Hicieron bien en La Habana Vieja en levantarle un parque porque ella fue una santa dadivosa. Yo estuve en la inauguración: el cuerpo diplomático, las señoronas, los señores, la gente grande, alabado sea Dios, aquello fue un success. De lejos, porque yo no tenía invitación, pero vi elshow y oí el discurso del historiador y del embajador de Inglaterra. Todo muychic. Cuando la high se fue en sus carros negros yo entré al parquecito, frente a la bahía, y le dije, Diana, te fuiste sin pedirle permiso a tus admiradores, te adoré porque eras bella y buena y te sabías vestir como nadie y le diste por el culo al príncipe Charles y a toda su parentela. Figúrate, que has puesto a la reina a tomar cerveza en un bar con la caterva de los bajos fondos. Nada más que tú hija, por eso te pongo esa flor, y le tiré ahí mismo un príncipe negro. Lloré a Lady Di y a madre Teresa de Calcuta, para que después digan que las que nos dedicamos a esto somos una bandoleras y unas desalmadas. La gente es muy mala y no reconoce el mérito ajeno. Te encasquetan un sanbenito y ya.

Leo mucho, sobre todo las revistas que me traen de España porque uno de mis clientes es piloto de Iberia y tiene más horas de vuelo que yo de calle. El me adora, pero tiene un defecto y es que le gusta intercambiar su ropa conmigo. A mí eso me molesta, me saca de quicio, porque es un hombrón de seis pies, macho macho, de Valencia pero le gusta ponerse mis vestidos y mis tacones y se pinta la boca y se mira al espejo y dice qué mona estoy, ahora ven que te voy a coger y vas a saber lo que es bueno. Y yo de piloto, con la gorra y todo me tengo que dejar follar como dice él tan gracioso con esas zetas que le quedan tan ricas y ese olor a colonia. Mi gallego es valenciano y el paco de revistas que me trae llenaría la Biblioteca Nacional hasta el tope. Sí, yo las presto, y también si son nuevas las intercambio. Tengo mi revisteca o como se diga, a mí me gusta compartir lo mío. No es igual que tú le estés hablando a una estúpida de estas de la Reina de Inglaterra, de la Preysler o de Isabel Pantoja y que no sepan de la misa la media, a que te puedan al menos contestar y opinar si es que tienen cerebro. Eso de que la más bruta es obispo es mentira, mentira. Las hay alcornoques. Lista yo, espabilada yo. Estoy en lo que estoy porque me gusta la farándula y porque me da para vivir, pero estudié, aproveché mis años juveniles y me preparé para la vida. Soy mecanógrafa bilingüe y trabajé varios años en una empresa de computación hasta que conocí a Andrés. Esa fue mi desgracia. Andrés Hidalgo, Vaselina, como le dicen porque se pone la porquería esa en el pelo para que le brille. Es el Travolta cubano, yo lo reconozco, pero me desgració porque me enamoré de él hasta la pared de enfrente.

Antes de conocer a Andrés yo era Manolo o Manolito para mis íntimos; unos pocos por cierto.

Nunca me gustó mi nombre porque era nombre de torero, de policía, de carnicero, qué se yo, de hombre, y me lo quise cambiar por René que es más suave pero Andrés me dijo que lo que tenía que cambiarme no era el nombre si no los huevitos. Al principio yo me reía pero luego la cosa empezó a coger fuerza y ya él no me decía Manolo sino mi Reina, Mamita… Y en la cama yo era su bombón. Es verdad que soy más lampiño que un perro chino pero era hombre y él me convirtió en mujer. Yo sí no fui al hospital Ameijeiras, ni llené planillas para la operación, nada de eso. Le tengo terror a las cuchillas. El me transformó poco a poco con sus mimos y sus exigencias. Me pedía que me vistiera de azul, y de amarillo pollito con ropas que fui consiguiendo de amigas mías de la empresa que sabían que yo estaba loca por él. Ellas me ayudaron, fueron mis cómplices aunque yo sé que a ellas también les gustaba Andrés pero no me lo confesaban. ¡Cómo no les iba a gustar aquel hombre alto, musculoso, de ojos de tigre y con unas manos que parecían de mármol! La piel de Andrés es única, de vinil y de un tono rojizo precioso. Manolito, qué color es ese hijo, me preguntaban mis amigas y yo les decía que se quedaran ellas con Robert De Niro y con Sylvester Stallone que yo tenía mi Andrés. Le regalé una cadena de oro con una santa que nunca supimos quién era porque la traía un italiano en el cuello y yo se la quité. Ahí fue donde empecé a conocer gente ajena a Andrés, extranjeros, para darle por la vena del gusto. Todavía yo era Manolo, Manolito en La Habana. No me había realizado en lo que soy hoy: Fátima, la reina de la noche.

Andrés y yo nos estuvimos viendo como seis años. Fueron los seis años más felices de mi vida porque en toda La Habana no había uno más castigador que él y yo lo retuve frente a toda la manada de jineteras asquerosas y locas travestis que le hacían la corte. Yo como hombre, con mis huevitos, nada de disfraces, nada de mentiritas. Cuando me decidí a cambiar él se desilusionó un poco porque lo que hacíamos de noche, mis locuras no las quería compartir con nadie pero la panza es la panza y yo tenía el estómago pegado al espinazo. Me lo gastaba todo porque a Andrés le gustaba lo bueno, bebía su poco y empezaba con el rollo de la marihuana. No me quedó más remedio. Lo que ganaba se lo daba completico a él.

Oye que Vaselina te va a dejar como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Seguía mi camino, no le hacía caso a nadie, pensaba y lo pienso todavía que era la envidia verde que me tenían todas esas cairoas del Parque de la Fraternidad. Digo de la Fraternidad porque yo empecé a frecuentarlas a ellas allí, en los bancos del parque, a partir de las once o doce de la noche. Caí en esto espontáneamente. Y Andrés se benefició porque era el único modo que yo tenía para amarrarlo; ni babalao, ni cartomántica, ni espiritista, ni Juan de los Palotes. Era el guano bendito, el owó, como dicen los santeros, lo que le gustaba a él. Le metí owó hasta por los oídos. Le salían los billetes por cada huequito que tenía en el cuerpo. Era mi santo, mi rey, mi todo. Iba con extranjeros y me repugnaban y los mismos cubanos me eran indiferentes, antiflogitínicos. Mi vida era él. Andrés Hidalgo, y mi perdición. Cuando me dijo, Mami tienes que dejar este mostrador y salir a la calle con tu carita y tu culito para que yo pueda seguirte adorando, no lo pensé dos veces.

Una tarde llegué a la oficina y le dije al jefe, Vega, me voy, pido la baja. Pero Manolito, si tú eres el más cumplidor, el único que se queda aquí hasta las ocho de la noche y no se queja, tú sabes el hueco que me vas a hacer. No te creo, dime qué te pasa. Es verdad que yo eché el buche en esta oficina. Vega era un hombre mayor, calvo como una bola de billar y feo que era un insulto público. Los niños le decían Vega, chipojo, porque tenía la cabeza alargada y la barba medio verdosa. Era la reencarnación del indio Putumayo. Pues me voy a dar la baja porque tengo una situación moral. Te aumento el sueldo con cincuenta pesos. No, Veguita, no es eso. Yo necesito más, mucho más porque tengo que mantener a mi familia. Ese es Vaselina, Manolito, confiésamelo, yo puedo ser tu padre.

En esta ciudad machista, de machos por donde quiera, que un hombre de su respeto me dijera esto, me sacó las lágrimas, pero le conté hasta donde la vergüenza me lo permitió y él entendió o hizo que entendía y me dio la baja. Vega, donde quiera que estés te guardo mi cariño, que la Caridad del Cobre y la Virgen de Fátima te protejan. Tú sí me comprendiste. Tú fuiste el padre que no tuve.

Al día siguiente, ya con mi cuarto asegurado y la ropa que había comprado a mis amigas de los shows de Bejucal y de Cojímar, más lo que tenía de mis bacanales con Andrés, salí a la calle, por la noche, claro está, como Fátima. Me decidí porque siempre he sido una persona temeraria. No conozco el miedo. El barrio me reconoció y cuando empecé a salir vestido de mujer empezaron los murmullos y los insultos pero yo me hice de la vista gorda. Los viejos no me decían nada, eran los jóvenes, los jóvenes los que me gritaban loca, descarrilada, mamalona, ven que tengo para ti; en fin, que tuve que cruzar el Niágara en bicicleta, salté obstáculos de candela y heme aquí, dueña y señora de mi vida, pero en el fondo sola, sin Andrés, sin amigos porque esta vida da para comer y vestir pero se las trae. Aquí nadie quiere a nadie. Esta es la pelea del perro y el gato.

A veces me digo, le echaría ácido muriático a este barrio para que no quedara nada. Y otras veces, en mi cola del pan, me reconcilio con la gente, que en el fondo sabe que mi oficio es el más viejo de la humanidad y que con preservativos chinos no se le hace daño a nadie, al contrario.

Mira que me han dicho, muchacha, con ese cuerpazo vete a Miami, ahí puedes trabajar de modelo. Qué Miami ni qué niño muerto. Cuando vi las balsas en Cojímar, en las mismas rocas, y las mujeres con niños de brazos que se iban a lanzar a los tiburones cogí pánico, terror pánico y le dije a Andrés, Andrés de mi alma por ti lo he hecho todo, me he vuelto una bandolera, me he prostituido pero yo ahí no me monto. El me miró a los ojos. Fue la primera vez que me miró a los ojos fijamente y me dijo: allá tú, corazoncito, porque lo que es a mí aquí no se me ha perdido nada. Caía una lluvia torrencial y yo iba vestido normal, quiero decir de calle, como hombre, pero llevaba de todas maneras mis pelucas que eran, que son, qué diablos, muy requetebuenas porque me las manda Yanairma de Roma, una amiga mía y de Andrés, que se casó con un viejo hotelero y que vive de señorona en una villa.

Entre la lluvia que no me dejaba verle la cara a Andrés y el nerviosismo y la noche que estaba cayendo me turbé y salí corriendo de ahí con tan buena suerte que agarré una guagua hasta La Habana del Este a donde me bajé y me guarecí en un paradero con techo. Me aflojé todo por dentro pero no pude llorar. El no iba a quedarse en Cuba. Debía mucho dinero y ya la policía lo tenía chequeado: cartas de advertencia, peligrosidad, droga, el diablo y la vela. El caso es que yo me quedé sola como Magdalena mártir y dije para mis adentros, ahora a vivir la vida y a conocer la verdad de la calle.

No voy a decir que no me dieron una mano, me la dieron pero a cambio de pasarles clientes y de otras cosas que no le confieso ni a mi madre si se arrodillara frente a mí. Hay cosas que me humillan, que por muy desvergonzada que una sea abochornan, pero hay que echar pa´alante y el que está en eso no lo puede pensar dos veces.

Yo soy una tumba egipcia, por eso vienen a mí, ay Fátima, mi hermana, contigo sí que me desahogo porque tu boca es un cerrojo. Y así es. A mí no me verán en la Rampa, ni en el Coppelia, ni en la puerta de los hoteles. Yo aquí, en mi guarida, o en la Fraternidad, que es mi cuartel general, porque en este oficio hay que tener cojones, si no cualquier noche, debajo del árbol que uno menos se lo imagina te destripan y aquí paz y en el cielo gloria. Porque no pasa nada, como eres una jinetera y de contra travesti les da igual que te repartan en trocitos como a la descuartizada de Marianao o cuando menos que te amarren a la ceiba del parque que tiene tierra de todos los países de América. Un parque limpio por el día cuando no estamos las lechuzas que lo cagamos todo. Si esos bancos hablaran…

Es verdad que las piedras son mudas. Así debían de ser las personas. Pero no, la lengua es el peor enemigo del hombre. El chisme es un castigo de Dios a la desvergüenza humana y a la falta de respeto. Cuántas amistades he perdido por un enredo. Mucho más cuando entra la envidia; no se callan, qué va, no se callan, eso es más fuerte que nada, se desbocan y vienen los dime que te diré y hasta he visto navajas sacadas de las medias, tijeras sacadas del ajustador de estas alimañas que tengo que ver todas las noches para poderme rociar un perfume y tirarme un trapo bueno arriba.

El otro día la Fornés, sí, una que se cree que es la Fornés llegó muy creída y le dio un homenaje a la que ganó un festival de teatro, que se ha puesto un nombre nuevo porque algunas no respetan ni el calendario y se cambian de nombre como de marido. Pues llegó con una rabieta y la otra que es flaca y fea como un sijú le sacó una navaja, sí señor, una navaja y se formó un salpafuera en el parque que fue el acabose. Hubo sangre, policía y todo. Fátima, ve echando, dale, zampa. Cogí la guagua y me guardé en mi mansión. Puse música de Cheo Feliciano, me tomé mi traguito de ron bueno, añejo comprado por mí, para mí sola y me puse a pensar por primera vez cómo sería mi vida si yo saliera de este nido de víboras. Aunque ya estoy acostumbrada a esto, ya la rueda me cogió y estoy señalada como quiera que sea. Tendría que encontrar a alguien que me mantuviera, me sacara de este cuartucho y me diera lo que necesito para estar en forma. A estas alturas no me voy a dejar caer, primero muerta.

Como show-woman me las arreglo. Estoy considerada entre las de primera línea porque no doblo, canto con mi voz y no imito a nadie. Tengo un repertorio muy variado; boleros, rancheras, baladas italianas, “Maravilloso corazón maravilloso”, no sé si la han oído, ese es mi número de cierre de cortina. No soy Rosita Fornés ni Donna Summer ni Isabel Pantoja, soy Fátima en La Habana.

Si vuelvo atrás sería un desgraciado porque yo odio mi cuerpo, yo odio mi cara de hombre, la poca barba que tengo y hasta mi propia voz. Lo que menos me gusta es mi voz, si pudiera pedirla prestada o comprarla me compraba la de Daisy Valmas, la locutora del canal de por la tarde. Qué voz tan linda tiene esta muchacha, se la envidio. Así que atrás ni para coger impulso. Lo único que me gusta de mí es mi piel. Yo tengo piel de melocotón.

De mujer sí me gusto, es otra cosa, me veo diferente, hablo con más naturalidad, me siento en mi piel como el pez en el agua. Eso no todo el mundo lo comprende. Hay que meterse dentro de uno que es como se sabe de verdad, ese es mi problema, el mío. Y quién soy yo para pedirle a nadie que pase una escuela.

Hay quien vive una doble vida, como yo antes. Quien se viste solo para trabajar o para divertirse. Yo no, ya lo mío es una naturaleza, lo he asimilado así. No me siento bien de hombre, no me concibo. Me gusta que me hagan las cosas, que me chiqueen, perfumarme, maquillarme ¿qué es esto madre mía? ¿Por qué habré nacido así? El mundo está al revés, nadie tiene la felicidad completa. Gracias a Dios tengo mi fe, mi voluntad y mucha energía positiva. Me concentro profundamente y nadie me puede convencer de que soy un hombre. Soy un caso, está bien, pero no me arrepiento. Me gusto así, como mujer, aunque a veces se me sale el Manolo que llevo dentro.

Cuando estoy ante la bóveda espiritual mucho rato pido por mis antepasados difuntos, elevación y paz, energía y misericordia. Lleno el cuarto de flores blancas que despejan mucho y hasta he caído en trance varias veces pero no me acuerdo de nada. Me dicen que vengo como una monja, con mucha serenidad, yo que soy un volcán. No me conozco. Otras veces se me monta el espíritu de un congo llamado Ramón y me sale una voz ronca. Lo mío no es teatro, lo mío es un tratado muy viejo. Teatro el de una descarada que ha venido aquí a decir que a ella se le monta el espíritu de Rita Montaner y que baja cantando “El Manisero”. Esa aquí no tiene entrada.

En bóveda me transformo como cuando estoy en la pista. Solo que pierdo la memoria pero hasta de espíritu me gusta venir al plano tierra como mujer, es mi letra. Por eso digo que el mundo está mal hecho y que Dios me perdone.

El peor mal rato que he pasado en mi vida fue cuando en casa de Olena Valle, la muertera, caí en trance por primera vez. Me bajó un indio apache que está conmigo también y viene a caballo. Cuando él va a bajar me entra una corriente extraña en la cabeza y se me ponen las manos y las muñecas moradas; el cuello se me inflama y las venas también. Viene con mucha candela y puedo destruir, llevarme lo que se me ponga por delante. Olena es una tumba egipcia como yo y no suelta nada. Lo de ella es ver y callar y sobre todo tratar de quitarme ese muerto antes de que acabe con la quinta y con los mangos.

Pero esa vez no pudo, parece que porque él se inauguraba en esa casa y quería lucirse. Yo iba con una peluca negra nuevecita, francesa ella, más suave y sedosa que las que me mandaban de Italia. Y la peluca se quedó en la casa, quién sabe dónde porque yo salí de ahí tarde en la noche toda desmelenada; era un despojo humano.

¡Qué vergüenza, madre santa! aquellas mujeres cogidas de la mano en oración y yo con ellas que ni sospechaban mi verdadero sexo y de pronto el indio maldito, jodedor, venirme a encuerar allí montado a mi caballo y dando alaridos.

Más nunca volví a casa de Olena Valle. Esas son las cosas que me ponen mal, que no me debían pasar. El espiritismo lo saca todo, es más fuerte que un siquiatra. El muerto no se deja pasar una y no cree ni en su madre, no respeta. Cuando hay rueda espiritual voy de hombre o no llevo peluca, me dejo el pelo que Dios me dio que total no es corto y es mi pelo aunque nadie está conforme con lo que tiene. Por eso digo que el mundo está mal hecho. Mi único deseo es volver a nacer como lo que soy como espíritu, no como lo que soy como cuerpo. Mal hecho es poco. El mundo está al revés.

Lo veo venir todo. Ver y sentir son cosas diferentes. Hay quien siente corrientes eléctricas, quien se eriza de pies a cabeza, quien se paraliza, o a quien incluso la halan los pies en la cama. Lo mío no es eso. Yo veo. Veo sobre todo muchas monjas reunidas en un convento rezando o envueltas en gasas bajando de las nubes o a la intemperie hasta que caen y se vuelven humo en el espacio. Dicen que es por complejo de culpa que yo veo tantas monjas. Es posible porque al final es verdad que estoy en algo prohibido pero tengo que comer. He tratado de venir al plano tierra como monja: me pongo a rezar, me concentro, tomo valeriana, hoja de tilo, llantén, cañasanta, pero nada; siempre vienen a caballo el congo Ramón o el indio de las películas americanas. En ese sentido soy una desgraciada. Pero al que no quiere caldo tres tazas, o ¿no es así?

Que se haga la voluntad de ellos que son mi cuadro espiritual y hasta ahora no me han hecho daño, al contrario, me han dado fuerza y seguridad. Están conmigo a todas horas.

Veo a mi abuela asturiana planchando ropa blanca de casa de ricos. Es lindísimo porque la veo planchar con una serenidad y luego tender la ropa en unas tendederas largas que se pierden en el horizonte. Me encanta ver a mi abuela Pilar. Veo también muchos ángeles, como una danza de ángeles; y cuando cuento esto se me ríen en la cara aunque ellas dicen que son artistas, para mí que son unas orilleras de apéame uno que lo único que saben es comprar pelucas usadas, pestañas baratas y medias caladas.

Pero cuando yo digo que veo algo en el ambiente se espantan porque me tienen un respeto… Y es que donde yo pongo el ojo pongo la bala.

Olena Valle es una de mis mejores amigas. Esa sí que no tiene pelos en la lengua. La tengo como a una segunda madre. Le digo, Olena, tú eres mi cura confesor. Ella se ríe pero sabe que no le miento. Cuando estoy triste, pocas veces porque yo no me dejo caer, acudo a ella.

Pañito de lágrimas, vengo porque estoy con el moco caído. Muchacha, deja eso, vamos a hacer oración y tú verás cómo sales de ese hueco.

¡San Judas Tadeo, hacedor de lo imposible, Fátima de mi alma!, y me alivio, es como si cogiera aliento.

Olena me conoce bien porque cuando aquí la caña estaba a tres trozos hizo la calle y hasta cayó en el barrio de Colón con las hermanas Aspirina, que según ellas eran las que le aliviaban la cabeza a los muchachos de buena familia. Me ha hecho unos cuentos divinos, ni en el circo se ven tantos fenómenos. El mejor de ellos es el de un chofer de taxi cienfueguero que iba siempre a verse con una guajirita del bayú amiga de ella. El chofer iba con frecuencia hasta un día en que la matrona le llamó la atención porque se demoraba horas en el jaleo de la guajirita. Con clientes así el negocio no daba resultado. La matrona da un golpe en la puerta y se lo encuentra vestido de mujer. ¡Qué fue aquello, la comidilla del barrio! La guajirita, claro está, encantada porque el hombre pagaba la hora extra y el showcito por debajo de la mesa. El mismo caso de mi piloto gallego. Vivir para ver.

Olena me dio siempre buenos consejos sobre Andrés. Ella no lo tragaba porque sabía de la pata que cojeaba. Pero poco fue el caso que le hice, la verdad. Esa ha sido mi cruz.

Me entretengo en los shows. Yo misma me monto mis números y me maquillo. Maquillarme no me cuesta trabajo. El labio de arriba es el más problemático porque si el lápiz se desliza un poco el labio queda disparejo. Una pintura corrida es lo más feo que hay. Da abandono y suciedad. La boca tiene que ser perfecta. Odio las boquitas de corazón pero más las de pescado. Naomi Campbell tiene boca de pescado por eso la encuentro fea. Yo me hago un dibujo parejo, acorde a mi labio natural aunque lo acentúo un poco porque el labio fino no gusta, dicen que es de gente mala y chismosa; labio de buzón. El labio carnoso tiene su inconveniente, no sé, hay a quien no le hace gracia tanto pellejo. Tengo la suerte de tener labios muy bonitos y rosados natural. Un labio desteñido; ese labio que se confunde con el color de la cara, que no se ve, es feísimo, da la impresión de que uno tuviera una media puesta en el rostro. El labio y las cejas son fundamentales. Las cejas porque pronuncian la mirada y dan el quid de la conversación, y el labio porque habla solo. Una boca bien pintada y con una buena administración puede conquistar el mundo. Nunca he imitado a nadie pero si alguien habla con los labios, los mueve a su antojo es la Fornés, ésa es la campeona de las boquitas, a ella sí me rindo porque es un magisterio. ¡Quién hubiera sido ella!

Si tengo que ensayar algo lo hago en casa de Olena, total, para qué le voy a dar ideas a nadie; son imitadoras, no tienen originalidad. Lo de ellas es doblar y parecerse a fulanas o menganas. Lo mío no, yo me he fabricado mi propia personalidad como artista. Olena misma, por ejemplo, me enseñó el belly danceque es el baile del ombligo. En eso no hay quien me gane. Es medio hawaiano pero con el sabor tropical, no como lo hacía la Josephine Baker que según sé era muy sofisticada, la época, claro, ahora se puede hacer más, se lanza una hasta que la gente se canse o te chifle para que hagas cualquier otra cosa. A mí me han chiflado, me han dicho botija verde, me han tirado semillas, tomates, de todo, pero yo como si conmigo no fuera. Si me regalan algo lo cojo, qué carajo, si vienen a divertirse que suelten, que el trabajo cuesta dinero. Todavía la moda de la propina aquí no ha llegado, estamos detrás del palo… Ya entenderán… Aunque algunos te ponen ya un chavito entre los senos. En este giro hay de todo como en botica. Está la engreída, la anciana que no se deja caer, la francesita, ligera ella y de cuerpo muy delgado, la criolla, que no abunda porque ellas quieren ser extranjeras todas; la española a lo Sara Montiel o Isabel Pantoja, cualquier cosa menos lo que son. Ahí es donde yo me distingo. Yo soy yo.

Ninguna te confiesa lo que hace con su cuerpo. Te dicen tengo un amante, un novio, un enamorado, o mi marido tal o más cual cosa y muchas trabajan la calle como yo porque del espectáculo no se puede vivir.

La soviética, bueno digo la soviética porque así lo conocen, esa sí que es un libro abierto. Ella a veces sale conmigo y me presenta sus clientes, todos hombres bastante mayores, tembas y viejos viejos de verdad. Ella dice que son los que mejor pagan y los menos exigentes. Katiuska, cómo tú te puedes tomar ese purgante. Y es que la rusa tiene el estómago de acero.

Son hombres desahuciados que no pueden ir con mujeres y que la chola se les enfermó. Van con ella porque es gorda y bajita y de todas nosotras es la que más da el tipo de mujer. Si ella no se maquillara tanto y no se pusiera peluca, con su cara de torta y su pelo rubio natural daba una mujer medio tiempo igual. Pero ella se unta de todo para cubrirse los cañones y cuando suda aquello es un espanto; se le cae la base y se le ve la barba que a la pobre le crece con una fuerza…

Olena y Katiuska son íntimas, excepto en el espiritismo. Katiuska es atea, según ella pero va a las sesiones y se entrena. Ella dice que quisiera creer pero que no ha visto ni oído nada. Ni en el arte ni en el espiritismo se destaca la muy bruta, no se deja llevar, se tranca pero es legal y yo prefiero a una amiga así que a una bandolera o una farsante que son las que abundan. Si le hablo de Andrés me insulta. Ella lo detesta porque dice que yo me dejo explotar. Me lo dice en mi propia cara. No anda con rodeos, pero a mí, la verdad, me entra por un oído y me sale por el otro.

¿Por qué será que a nadie le he hecho caso?

¡Qué fuertes son los sentimientos! Andrés me llamó a casa de la China Ilán, el peluquero de la calle San Lázaro que dicen que es el decano de los travestis de Cuba porque por los años cuarenta ya era famoso en París y Hamburgo. Fue el catorce de febrero de este año, una fecha muy señalada. En mi covacha no tengo teléfono, tengo cucarachas, goteras y también perfumes franceses, y mi ropa de pista, pero no tengo teléfono, así que fui a carenar a casa de la China para esperar su llamada. Me corto las venas que algunos de sus amigos se lo aconsejó. El se fue con unos cuantos de ellos. Todos aquí eran tiburones pero allá ninguno ha levantado cabeza. Me entero de lo que pasa en Miami porque tengo la desgracia de que me lo vienen a soplar.

Manolo, Manolito, tú me oyes; esta vez yo no podía contestar, solo quería oír su voz que se me derretía por dentro y al tercer Manolo le dije, soy yo mi vida qué tú quieres. Te llamo para felicitarte por el día de hoy y para decirte que estoy jodido, que te extraño y que necesito que me mandes algo con la madre de el Gato, que va a ver a su hija, la que trabaja en la casa comisionista de Zanja y Galiano, tú me oyes, Manolo, no te quedes mudo que me estoy comiendo un cable. Colgué porque tenía las lágrimas en los labios y no podía hablar, ni tragar, ni nada. Unas lágrimas ácidas y tibias que no pude llorar cuando se fue con los balseros. Le mandé unos dólares y en el fondo maldije la hora en que lo conocí porque a mí el que logra correrme el maibelline me la paga caro. Pero yo no me quiero porque daría cualquier cosa por volverlo a ver.

A mí me dicen la extraterrestre por mi labia y porque me gusta mi país. Nuestro vino es agrio pero es nuestro vino. Aquí la cosa no es suave, cuando dicen a cogerla con una… me piden el carné de identidad, me llevan a cada rato a la estación, me buscan la boca, pero cuando están solos se ponen a hablar conmigo de lo más campantes y hasta me han dado la razón muchas veces. Yo podría ser abogada o senadora porque convenzo. Cuando ellos van a hacer recogidas soy la primera en enterarme y si me cogen les digo, mira hijo, qué daño le hago yo a la sociedad, si es que le presto un servicio. Daño hacen los delincuentes, los rateros que persiguen a los turistas para arrancarles un bolso o una cámara de video; esos son el cáncer de la sociedad, no quieren trabajar y se pasan horas y horas sentados en las esquinas, inventando, con las camisas abiertas, hablando basura, arreglando el mundo con mucha filosofía barata y con la lengua sucia. Esos si le venden su alma al diablo, roban gasolina, carne de res, lo que puedan. Yo me tengo que buscar la vida y no tengo tiempo para aburrirme ni para estar en una esquina mariposeando. A mí no se me enfría el cuerpo ni se me mosquea.

Cuando engancho a un viejo de esos que llegan desahuciados de sus países, viejos babosos, pero paganos, les doy cariño, les digo qué inteligente tú eres, chico, qué piel más suave y blanquita, a ti no te salen arrugas, tú debes haber sido un castigador de joven, y se ponen loquitos porque nadie les habla así, ni sus mujeres, ni sus hijos que ya no quieren saber de ellos. Uno me confesó que hacía veinte años que no tocaba a su mujer y que sus hijos vivían en no se dónde y que casi nunca los veía. ¿Qué vida es esa? Entonces que no me digan que hago daño a la sociedad, lo que hago es humanismo, yo debía ser trabajadora de bienestar social porque hay que ver lo que es zumbarse a un viejo de esos y todavía reírles la gracia. No la paso tan mal, me pongo al día en muchas cosas y hasta practico los idiomas. Tengo cuatro que son puntos fijos; un italiano, Giovanni, un sueco, Lasse, y dos Pepes, bueno, dos españoles. Vienen todos los años a verme. A oírme y a contemplarme. Se les cae la baba conmigo, entonces, ¿tengo o no la razón?

Ese no es el público de los shows, qué va, allí no caen porque tienen terror de que los vean. Son babosos y cobardes porque el show es de calidad y nosotras no andamos en nada sucio. Pero ellos vienen de turistas y no quieren buscarse problemas, quieren pasar de incógnitos.

Les gusta la película, bromean, joden como carajo pero pagan tragos y se divierten. A veces el tiro les sale por la culata como le pasó a un empresario español que fue al estreno de una revista en homenaje a Rocío Durcal y se enganchó con un guajirito que estaba aprendiendo a desenvolverse, monísimo él, creo que de Pinar del Río, y el español se cogió fuerte al punto que lo sacó de allí y lo quiso reformar pero el guajirito tiraba pa’l monte de todas maneras y la fiesta se acabó mal. La mujer del español se enteró de los acontecimientos y fue a darle un homenaje al guajirito en vez de arreglar el asunto con el marido. El guajirito ya despuntaba como travesti, se había depilado, se inyectó hormonas, se empezó a poner silicona, en fin, ya era uno más de la cuadrilla y tenía marido. La pobre mujer salió desplumada de allí porque se atrevió a ir al antro, que es como le dicen al teatrico ese de Bejucal y entre el guajirito y el marido la pusieron de vuelta y media. Digo la pobre porque ella no fue en son de guerra. Lo que ella quería era verificar si era cierto que su marido estaba coqueteando con la Salmón que es como le dicen al guajirito porque es medio pelirrojo y pecoso a más no poder. A veces el antro se pone al rojo vivo pero nosotras mismas somos las apaga-fuego. Por lo demás, es un lugar bastante tranquilo. Yo estoy por creer que además de artistas nosotras somos bomberas.

Cuando llegó el Papa me vestí con lo mejor que tenía y me paré en la esquina de Paseo y 23 con dos de mis amigas íntimas. Hubo quien me preguntó si yo era de las camareras de no se qué congregación porque como señora doy una señora muy respetable y llevaba un vestido beige brocado y un crucifijo grandísimo, que era de mi abuela. El Papa me encantó. ¡Qué numerito! Ese Papamóvil todo forrado en terciopelo rojo con visillos dorados y aquel cardenal sentado atrás tan regio. A mí que me quiten lo bailao porque del tiro, en la apretujadera aquella ligué a un alemán y todavía me está regando alpiste. Me lo llevé en la golilla porque hay que salir a la calle, echarse fresco con un abanico, como en la obra Aire Frío, y salir a buscar. Nadie te va a venir a coronar a tu casa. Si me quedo encerrada me deprimo y me pongo a pensar en las musarañas, aunque cada día pienso menos. Me he vuelto un poco materialista.

No tengo bandera. Igual voy con un Pepe que con uno del patio. Con el que mejor me trate, por supuesto y no me enamoro, no puedo darme este lujo. Ahorro eso sí, para poderle mandar algo a ese desgraciado que no acaba de levantar cabeza porque no sabe freír un huevo. Voy tirando hasta ver si puedo entrar en algún teatro, o en turismo cultural, de animador para poner a descansar un poco a mi pobre culito. Me he acostumbrado a un tren de vida alto. Y no sé si ya sea demasiado tarde para dar marcha atrás.

Hijo, en qué tu andas, porque yo le llevo de todo a mi madre cuando voy a verla a Madruga, y le contesto, artista, mami, yo soy artista. No te metas en nada malo hijito, dime de dónde tú sacas este dinero, tú no estarás en cosas raras, ¿verdad?, dime que no. Mami, yo soy artista y me defiendo. Trabajo en casas particulares y me pagan bien, no me jorobes más y coge eso que ya tengo bastante con mi vida para oír tus descargas. Mi madre es todo para mí, una madre es lo más grande que hay y a veces no tengo cara…

La droga es mi miedo. El que entra ahí no sale más. Dios me libre. Aunque estoy premiada porque en aquel parque hay quien ha cogido su hierbita y hasta su coca. Pero a mí no me nace. La marihuana me da por reírme y la coca nunca la he probado. Soy de perfumes caros, zapatos de tacón militar; ese es mi vicio porque ni joyas. Me gustaría tener una esmeralda colombiana con muchos jardines porque esa es la piedra de mi signo zodiacal. La he pedido muchas veces pero nadie me ha complacido.

Ay, Cuba, qué será lo que me espera cuando llegue a vieja. No quiero ni pensar. Caridad del Cobre apiádate de mí. Soy hija de la noche por eso me gusta La Habana. Que no te modernicen nunca porque me pongo a llorar. Eso lo escribió Bola de Nieve en un cartel que hay en la Bodeguita del Medio, a donde voy mucho y donde me conocen como Madonna. Nadie sabe allí que mi nombre de guerra es Fátima y mucho menos que me llamo Manuel García, como el Rey de los campos de Cuba. Nadie sospecha tampoco que ya tengo cuarenta y seis años cumplidos y que soy la veterana del primer escuadrón de travestis habaneras. Tengo la piel suave y aparento unos veintiocho o treinta años. Nunca me han echado uno de más. De eso vivo orgullosa porque con lo que yo he traqueteado es para que estuviera hecha un guiñapo. Me he sabido cuidar. Mi sueño es debutar en un teatro importante de este país y no perder más tiempo en tarimas de mala muerte.

Después de todo el halo rosado que la gente me ve por la mañana cuando salgo a la calle, no está ahí por gusto. Mi oportunidad llegará. Tengo paciencia y sé esperar. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a ver al Papa de cerca? Y lo vi con estos ojos que se va a comer la Tierra. Ya nadie me lo puede contar, lo vi, porque todo está escrito en el libro de la vida, hasta el día en que uno se va a morir. El metro de La Habana lo inauguro yo. Si no, ver para creer. Lo que hay que ser es optimista aunque te pasen carretas y carretones. Y yo lo soy. Cuando caigo en baja me voy al muro del malecón a la caída de la tarde y me pongo a contemplar la puesta de sol. Hay días en que el sol se hunde en el mar y se pone rojo como fuego, otros días en que se pone blanco y deja unas vetas color violeta que son una belleza. Me extasío con eso y digo ¡qué ancho es el horizonte!, para qué me voy poner triste. Si alguien me llama y me conviene voy si no los dejo pasar para que no crean que estoy pidiendo el agua por señas. El malecón es mi siquiatra y no me cuesta nada. Me siento ahí sola y me pongo a pensar en las musarañas, que si tuviera un piano de cola, que si me encontrara con alguien que me llevara a una premiere de gala en Hollywood para estrenarme un vestido de lamé verde, bueno tantas cosas que para qué. Soñar tampoco cuesta nada. Me pongo hecha una idiota pero despierto enseguida, tampoco crean que me hago demasiadas ilusiones. Optimista sí, porque las conozco con el moco caído que terminan muy mal, o se cortan las venas o se prenden candela. Yo tengo mis alicientes y a mano. Me gusta coleccionar muñecos de peluche, ositos, perritos, conejitos, gatos persa; muñecas de biscuit tengo dos, una cubana y otra española; la española es la más linda pero tiene la nariz estropeada, pero yo la quiero así, es mi amuleto; ¡ah! y tengo mi colección de pomos de perfume franceses de marca, todos vacíos pero son tan bellos que yo con leer las etiquetas tengo: Coty, Lanvin, Lancome, Nina Ricci, ¡me basta! Así me doy yo misma cuerda para seguir en la lucha. Porque esto sí que es luchar. Aquí no se puede perder ni un minuto porque la barriga no perdona. Miren si yo soy optimista o loca quien sabe, que ayer me levanté con una mano alante y la otra atrás y cogí la calle con una alegría que yo misma me decía, mira que tú estás loca mujer, de qué te alegras si no tienes ni un kilo prieto y es que hay días así y ayer yo estaba contenta sin saber por qué. Otros días estoy en el piso y con dinero en la cartera y teléfonos a donde llamar y todo. Pero es que la cabeza no hay quien la arregle. La cabeza es como el mundo que un día está boca abajo y otro día boca arriba. ¿Quién entiende eso? Nadie.

Cuando amanezco con el Manolo subido soy una bestia. No se me puede tocar. Eso me pasa a veces, aunque cada vez menos; ya me he hecho la idea de que soy quien soy y me quiero así. He aprendido a controlar mis arranques. Yo creo que ya me estoy acostumbrando a coger las cosas como vienen pero sin dejar de soñar. Estoy ahora mismo en una racha mala que no se lo confieso a nadie. El otro día una que lee la mano me dijo que veía peligro, que había una sombra que me perseguía y que yo tenía letra de Ochosi, vamos que iba a caer presa si no me recogía un poco, a lo mejor vio algo que yo no presiento, quien sabe. Por si acaso yo me baño con flores blancas y hago mis oraciones. Ya vendrán tiempos mejores, ¿verdad?

En mi pueblo dicen que siempre que llueve escampa. Si de niña se me apareció la Virgen de Fátima, por algo será. La noche sí no me falla, ella está ahí y es mi reino.

¡Ay Habana, paraíso encantado! Fátima no se rinde, Fátima es inmortal.

Tomado de La Jiribilla

Este cuento obtuvo el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, 2006.