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El salto a la política

Giorgio Jackson, el ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile. Candidato a diputado en las venideras elecciones

Por Ruben Andino Maldonado

En su nuevo rol de candidato a diputado, el ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Giorgio Jackson Drago, y su movimiento “Revolución Democrática”, intentan insertarse en la vida política sin perder la credibilidad ganada durante las movilizaciones estudiantiles.

¿Cuál es su balance del movimiento estudiantil?

“En 2011 nos tocó asumir una responsabilidad cuando la situación era explosiva, luego de procesos previos que confluyeron en una fuerza que desbordó la situación política. Se abrió una caja de Pandora y cambió el paradigma desde el cual se observan el modelo educativo y los derechos sociales.

Los desafíos que vienen ahora son más complejos. Los que hegemonizan el poder han construido una respuesta ante esta demanda transformadora. Eso nos obliga a asumir el futuro con una mejor articulación. Es fácil oponerse, pero construir una alternativa es un desafío mayor. Esa realidad es la que enfrentan ahora el movimiento estudiantil y otros movimientos sociales. Una de las tareas principales de 2013 será presionar para que en los próximos cuatro años el gobierno y el Congreso tengan una agenda explícita respecto a las transformaciones necesarias para terminar con las injusticias”.

Hay distintas visiones sobre los logros alcanzados por el movimiento estudiantil…

“Desde el punto de vista de las políticas públicas, la situación educativa es hoy la misma de 2010. Se corrigieron algunos abusos: la banca ya no está metida dentro del sistema educacional, los defensores del lucro están sumergidos y la carga crediticia ha disminuido; pero las medidas son aspirinas, parches con alguna dosis de penicilina. Lo que sigue faltando es cirugía mayor.

También tenemos que considerar la victoria cultural, asociada al relato de una lucha que es intergeneracional, que se relaciona con los derechos sociales, el Estado y el mercado. Es decir, cómo esos derechos sociales deben garantizarse en una sociedad democrática para que existan reales oportunidades para todos.

La historia está marcada por explosiones sociales y la conquista de los derechos no ha sido un regalo, sino el fruto de muchos esfuerzos colectivos desde los orígenes del movimiento obrero hasta las nuevas reivindicaciones por la preservación de los recursos naturales, el desarrollo autónomo de las regiones o los derechos de la mujer. Esas y otras conquistas han sido resultado de muchas luchas y ahora se están encendiendo nuevas alertas para hacer sustentable la producción o generar riqueza sin destruir los recursos naturales y el medioambiente”.

DE LA UNIVERSIDAD A LA POLITICA

¿Ha sido complicada su transición de la política universitaria a la política nacional?

“Es un salto difícil, pero gracias a la inteligencia colectiva y a la fuerza que está detrás de mi candidatura ha sido posible. Los dirigentes estudiantiles tuvimos un aprendizaje gigantesco, con una experiencia corta e intensa, que nos habilita para asumir responsabilidades de representación popular. No me siento menos que otros candidatos y sé que represento una alternativa viable y cercana a gente que hoy tiene rabia, desconfianza y desesperanza frente a la situación política”.

¿Qué marca la diferencia entre lo que ustedes hacen y lo que antes hicieron otros?

“En una primera fase estamos enfocados a generar lazos con las organizaciones sociales e inscribir voluntarios en el distrito de Santiago. Estamos recorriendo algunas ferias libres y luego comenzaremos a construir ejes programáticos en conjunto con la comunidad y los voluntarios.

Nuestro interés está centrado en cambiar la realidad. No queremos el poder por el poder, sino contribuir a una transformación. Nuestra práctica tendrá que ver con transparencia, con la no permanencia indefinida en cargos y con el cumplimiento de los ejes programáticos. El trabajo de campaña no estará basado en el dinero sino en el compromiso de los voluntarios, sin una presencia invasiva de propaganda en la calle. Trabajaremos en los barrios, persona a persona, casa a casa”.

¿Qué le dice la gente con la que ha conversado?

“La opinión mayoritaria sobre nuestra candidatura es positiva. Nos dicen ‘es bueno que los jóvenes entren a cambiar las cosas’. Mencionan el tema de ser joven, y creo que es un valor, pero se necesita además la férrea voluntad de cambiar y de ejercer nuevas prácticas políticas.

Hay personas que a pesar de ver con buenos ojos al movimiento estudiantil, les cuesta entender este paso a la actividad política. Tenemos que cargar con el costo de la desconfianza que existe hacia los políticos en general. Ese cambio de apreciación no se dará de un día para otro, es un proceso que nos permitirá ganar con hechos la confianza de los electores. Yo mismo he sentido desconfianza y precisamente me estoy postulando porque quiero dejar de ser un espectador. Quiero ser un constructor de una realidad distinta. Pido una oportunidad para que los electores se abran a este camino de construcción de confianzas; para que tengan un canal para ser representados.

Junto a otros y otras compañeras fundamos Revolución Democrática (RD) y me siento parte de lo que hizo nacer este movimiento. Nuestra candidatura nace de un impulso local, de la organización territorial de RD en Santiago, pero es mucho más; constituye una invitación a ciudadanos y ciudadanas que no pertenecen a movimientos políticos, gente de a pie, para que participen en esta experiencia”.

OPOSICION AL GOBIERNO

El sistema político impone restricciones a la democracia, que obligan a acuerdos, pactos y subpactos. Ustedes están conversando con la Concertación, el Partido Comunista y otros sectores. ¿Cómo piensan entablar esa relación sin ser asociados a la “clase política”?

“Nos asumimos como parte de una oposición al gobierno de Piñera que tiene muchas expresiones. Hay partidos, hay colectivos, hay movimientos. Hemos conversado con todos los bloques dentro y fuera de la Concertación. Colectivos pequeños, grupos universitarios, expresiones locales y regionalistas. En ese contexto optamos por disputar espacios en el marco de primarias opositoras. Hay actores que toman otras estrategias, todas son respetables; la nuestra es intentar los doblajes posibles, para terminar con el sistema electoral que hoy impide una democracia plena en Chile. Queremos derribar el binominal. Eso implica generar primarias amplias en distritos y circunscripciones”.

Este pacto electoral, que incluye a la Concertación, ¿lesiona su pretensión de representar lo nuevo?

“Tengo 26 años y carezco de experiencia política más allá del movimiento social. Entrar a la política tiene costos y si ese costo está asociado a conseguir un espacio para llegar al Congreso, estamos dispuestos a pagarlo. Esta es para nosotros una manera de asumir las demandas ciudadanas y no significa que nos supeditemos a lo que digan otros. Más bien estamos instalando una alternativa que quiere disputar un espacio dentro de un pacto electoral parlamentario para construir una mayoría que termine con el actual modelo político”.

¿Comparte una sensibilidad común con otros candidatos jóvenes?

“Mantengo muy buenas relaciones con otros jóvenes que están optando por ingresar a la política y espero que a todos nos vaya bien. El tema generacional está condicionado por historias de vida. Las personas que tenemos menos de 35 años no fuimos marcados, como las generaciones previas, con el trauma de la dictadura y lo que significó vivir ese periodo. Se dice que somos una generación sin miedo y creo que efectivamente lo somos. Una muestra de eso fue el movimiento estudiantil de 2011. Tenemos otros horizontes que no están limitados a ‘la medida de lo posible”’.

DESPUES DE LAS ELECCIONES

¿Qué hará RD en materia presidencial, considerando que lo más popular de la Concertación es su candidata?

“Tenemos cercanía con militantes de base de la Concertación. Son gente que también quiere cambios, porque no hay espacio en sus partidos para actuar. En el congreso de RD se decidió no discutir el tema presidencial hasta que no estuvieron todos los elementos sobre la mesa. Es decir, al menos los programas de todos los candidatos. Cuando Michelle Bachelet sea candidata y tenga un programa, nosotros nos pronunciaremos; pero más allá del candidato o candidata, pensamos que el Poder Ejecutivo y el Legislativo se deben comunicar y realizar funciones recíprocas. Uno sin el otro no pueden funcionar y nos gustaría que ambos enarbolaran agendas similares para cambiar lo que existe. El tema presidencial no debe ser una piedra de tope para discutir las candidaturas parlamentarias, si el objetivo común es terminar con el sistema electoral existente”.

¿Cómo se proyectan después de las elecciones?

“Nos llamamos Revolución Democrática porque no basta con reformas. Tenemos que partir de cero con una nueva Constitución generada mediante un proceso participativo que es una Asamblea Constituyente. Eso significa apostar a que exista un nuevo proceso político, social y económico en Chile, que requiere una reflexión profunda de toda la ciudadanía para ponerse de acuerdo en las normas que nos regirán en democracia; porque lo que ahora existe es una Constitución heredada de la dictadura. No habiendo sido partícipes de un proceso previo, queremos crear nuevas reglas que normen el juego político de aquí en adelante. En el horizonte está una institucionalidad participativa, que garantice derechos básicos a aquellos que están expuestos al abuso del mercado y al abandono ante situaciones de injusticia.

La dinámica del periodo que viene es menos de estructuras jerárquicas partidistas y más de un movimiento social líquido, en el que las demandas se irán expresando a través de grupos de presión sin estructuras muy fijas y generadores de empatía ciudadana, que no adquieren necesariamente expresión política concreta. Representar a esos movimientos es uno de los propósitos de RD, entendiendo que la sociedad se está moviendo de una manera distinta. La gente está empezando a empoderarse y el actor social está muy presente; pero no tiene clara vocación de poder. Quienes tenemos esa vocación debemos asumir esta nueva lógica, que nos exige estar en constante vínculo con estas nuevas formas de organización social.

Hoy estamos mal porque existe un sistema político social y económico neoliberal que es un organismo vivo e interconectado, que constituye la base de los abusos a los que me he referido. Antes de plantearse grandes objetivos, RD está empeñada en poner la lupa sobre los abusos que existen, para generar una conciencia mayoritaria en la ciudadanía sobre estos problemas. Una vez que logremos este objetivo inicial, buscaremos que en Chile se suscriba un nuevo contrato social, originado de una manera participativa. Seguramente la derecha se va a oponer, pero la mayoría está de acuerdo en terminar con esos abusos.

Hoy estos derechos se asocian con reivindicaciones de la Izquierda, pero Chile está muy corrido hacia la derecha y en realidad estas demandas pertenecen a toda la sociedad. Después que resolvamos estos problemas básicos, habrá espacio para que cada sector de esta diversidad mayoritaria ocupe su posición, desde la Izquierda a concepciones más socialdemócratas o centristas. La propia derecha podría también diversificarse entonces en expresiones más liberales o más conservadoras. Lo que vemos hoy es una discusión polarizada entre una derecha muy neoliberal en lo económico y conservadora en lo social, y una tibia opción de centro, que ni siquiera se asemeja a la socialdemocracia europea”.

¿Qué esperan ustedes del próximo presidente o presidenta de Chile?

“Esperamos tener muchos puntos de encuentro en un eventual gobierno de Bachelet, para que podamos avanzar en una agenda común sustentada en una mayoría parlamentaria comprometida con la transformación del país. Apostamos a que las opiniones diversas se respeten y a que se entienda el punto de vista de RD. Pondremos empeño en que la gente no vote solo por una cara o por un nombre; que presione y fiscalice para que los compromisos se cumplan. Eso vale para nuestra candidatura y para todas las demás”.

Publicado en Punto Final, edición del 22 de marzo

Murió Stéphane Hessel, el alma de los indignados

Durante su etapa de estudiante en Londres se adhirió al comité de la resistencia del general Charles de Gaulle y fue enlace entre los grupos de la resistencia contra la ocupación nazi. El intelectual alemán y excombatiente, quien con su libro“Indignez-vous!” (¡Indígnense!), de sólo 32 páginas,  inspiró al movimiento de los indignados, que se replicó por toda Europa y Estados Unidos contra la crisis económica internacional, falleció anoche 26 de febrero a los 95 años. Hessel vivió la mayor parte de su vida en Francia y fue una de los diplomáticos que participó en la redacción de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” aprobado por Naciones Unidas en 1948. “Extrañaremos su amor por la justicia”.

El presidente de Francia, François Hollande, lamentó la desaparición del pensador, escritor, diplomático y resistente francoalemán, una “gran figura” que consagró su vida a “la defensa de la dignidad humana”. “Su capacidad de indignación no tenía límites, salvo el de su propia vida. En el momento en el que ésta se acaba, nos deja una lección: la de no resignarse a ninguna injusticia”, declaró en un comunicado el jefe del Estado francés.

Hessel, quien apoyó públicamente a Hollande en su campaña electoral para llegar al Palacio del Elíseo, era “un europeo marcado por la guerra que se movilizó por la unificación de nuestro continente”, agregó el Presidente. Hollande aplaudió los valores que hicieron célebre a Hessel y lo describió como un “humanista apasionado que participó en todos los combates por los derechos de los seres humanos para luchar contra los prejuicios, los conformismos y los conservadurismos”. El presidente francés recordó además su “brillante carrera como diplomático al servicio de la paz”, que le llevó a participar en la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Por su parte, el ministro de Exteriores galo, Laurent Fabius, lamentó la pérdida de “un combatiente de la libertad y de la dignidad humana”. “Comprometido con valentía al servicio de las causas justas y generosas, a través de la diversidad de épocas que atravesó, fue un testigo exigente de los valores de la Resistencia”, escribió Fabius. El ministro se refirió a Hessel como a un “ardiente defensor de los derechos humanos” y como un “ciudadano comprometido, cuya mirada, lucidez, generosidad, entusiasmo, bondad y amor por la justicia echaremos de menos”.

Tomado de Página/12

Chile: legados de la “antipolítica”

Chile: el triunfo de la “antipolítica” y sus legados

Por Atilio A. Borón

Una visita a Santiago y Valparaíso y una serie de intensas reuniones con jóvenes de distintos movimientos sociales de Chile nos permitió calibrar los alcances del triunfo ideológico del neoliberalismo en ese país y los funestos legados de la dictadura pinochetista. Como es sabido, para ésta la política era igual a politiquería y corrupción, y la misión salvífica de Pinochet –no sólo un sanguinario asesino sino también un vulgar ladrón, como se comprobaría al descubrirse sus múltiples cuentas secretas en bancos de Estados Unidos- requería eliminar la política de la vida pública  chilena. De ahí la metódica pedagogía del poder despótico dirigida a descalificar cualquier iniciativa social basada en estrategias y/o sujetos colectivos. La salvación en este mundo era un asunto estrictamente individual, y quien no entendiera esta elemental verdad sólo acentuaría sus padecimientos y, además, contribuiría a la disolución nacional. El exacerbado individualismo predicado sin pausa por dos infames Premios Nobel de Economía que visitaron al tirano -Milton Friedman y Friedrich von Hayek- valía para la economía pero también para la política, la sociedad y la cultura. Reemplazado Pinochet por una connivente Concertación y, más tarde, por la derecha aún más complaciente de la Alianza, con Sebastián Piñera a la cabeza, la continuidad del pinochetismo se verificó no sólo en la política económica –que es lo más conocido- sino, sobre todo, en el plano de la cultura política. Ni la Concertación, que estuvo durante nada menos que veinte años en La Moneda, ni la Alianza, hicieron el menor intento de revertir los ominosos legados del pinochetismo, mismos que siguiendo a Bertolt Brecht podríamos caracterizar como la sistemática promoción del “analfabetismo político.”

El analfabeto político detesta la política y no sabe que su “antipolítica” es una forma de hacer política que beneficia a sus opresores. Esta actitud, extendida en la época de Pinochet no hizo sino crecer en el frustrante período “democrático” que le sucedió. La indiferencia gubernamental ante la progresión de la desigualdad y la creciente injusticia social en uno de los países que, en el pasado, figuraba junto con Argentina, Costa Rica y Uruguay como uno de los más igualitarios del continente terminó por desilusionar profundamente a la ciudadanía y sobre todo, a las jóvenes generaciones. En ellas la aprobación popular de los partidos políticos y del Congreso apenas oscila en torno al 10 porciento. El grado de desprestigio de los partidos es tan marcado que en los afiches promoviendo las candidaturas a concejales y alcaldes para las elecciones del próximo 28 de octubre sólo se exhiben las fotos de los postulantes, su nombre y el número de identificación de su lista pero sin mencionar al partido político al cual pertenecen. Sólo por excepción algún que otro apela al “photoshop” para insertar al lado de su imagen la de Michelle Bachelet. No vimos ninguno que tuviera la osadía de colocarse junto al rostro incomprensiblemente sonriente del presidente Sebastián Piñera. En suma: no hay partidos, no hay ideología, no hay apelación a un sujeto colectivo, no hay utopía que alcanzar y por la cual luchar; de repente, casi milagrosamente, puede aparecer una consigna invariablemente de corte tecnocrático y una difusa apelación a “la gente.”

Afortunadamente hay otro Chile, que no aparece en el plano oficial. Allí está la juventud,  que toma las calles para exigir educación gratuita y de calidad y, además, el abandono del asfixiante modelo neoliberal. Y también están los mapuche, a los cuales nos referiremos más abajo. La contrarreforma universitaria de Pinochet (y continuada por sus sucesores)  hizo que las universidades públicas tuvieran que arancelar sus estudios de grado y posgrado, es decir, privatizándose,  mientras que proliferaban muchas instituciones privadas, algunas de ellas fundadas por el Opus Dei o la Legión de María y otras directamente vinculadas a grandes grupos económicos que necesitan formar sus cuadros en la certeza de que ninguna idea mínimamente crítica irrumpiría  para perturbar la absoluta coherencia de su acendrado neoliberalismo y su culto al hiper-individualismo. El modelo de estas instituciones, en las públicas (si es que todavía se las puede llamar así) y sobre todo en las privadas es el de los colleges norteamericanos: se copian sus formas y apariencias externas tanto como el contenido, casi siempre muy reaccionario (sobre todo en las humanidades y las ciencias sociales) de sus curricula. Las universidades privadas constituyen un sistema marcadamente estratificado: están las ya mencionadas que preparan cuidadosamente a la futura élite política y económica de Chile; y están las otras, de muy baja calidad, que hacen su negocio lucrando con la desesperación de los sectores medios que sueñan todavía con la movilidad social vía educación. El arancel promedio de los estudios de grado, para obtener una licenciatura, es de unos 600 dólares mensuales, a pagar durante diez meses. Pero el ingreso de una familia tipo de clase media, trabajando padre y madre, es de poco más que eso. El resultado: un masivo endeudamiento con la esperanza –por cierto que bastante ilusoria- de que los futuros egresados encontrarán un trabajo adecuadamente remunerado para pagar los préstamos contraídos para financiar sus estudios.

Ante la inminencia de las próximas elecciones municipales varios sectores de la juventud están debatiendo la actitud a tomar. Son muchos los jóvenes críticos de las políticas oficiales que, a favor de la reciente modificación de la legislación electoral que a la vez que inscribe automáticamente a los electores consagra el carácter voluntario del sufragio (mientras que antes la inscripción era voluntaria, pero el sufragio era obligatorio), consideran que el modo de manifestar su repudio al sistema es absteniéndose de votar. Dado que no se ven alternativas reales (y no sólo no se ven sino que por ahora no las hay) lo mejor, dicen, es demostrar su rechazo mediante su ausencia. Nos permitimos disentir de este criterio porque si hay algo que las clases dominantes quieren es precisamente que el soberano popular no vote, no se informe, no participe. Desde los debates de la convención constituyente de los Estados Unidos, en 1787, hasta la obra de teóricos neoconservadores como Samuel P. Huntington y sus colegas de la Comisión Trilateral en los años setenta del pasado siglo, la derecha invariablemente coincidió en poner obstáculos a la concurrencia electoral y estimuló el ausentismo de las urnas para conjurar el peligro de una plebeya “tiranía de las mayorías.” De producirse, el masivo abstencionismo juvenil lejos de preocupar a la conservadora clase política chilena sería un incentivo para que nada cambie y todo quede como está. Sería interpretado, siguiendo la más estricta lógica del individualismo neoliberal que impregna las alturas del estado, como un cheque en blanco otorgado al gobierno por los ausentistas los cuales, como buenos actores “egoístas racionales”, prefirieron quedarse en sus casas porque entendían que las cosas estaban bien, una especie de consenso tácito lockeano; o, bajo otra hipótesis, porque no tenía sentido, desde el derrotismo del análisis “costo-beneficio”, molestarse en ir a votar resignados como estaban ante la absoluta imposibilidad de cambiar nada. La opción ausentista o abstencionista es promovida por un extenso sector de la juventud ganado por una difusa y volátil mezcla de autonomismo y anarquismo posmoderno que involuntariamente termina favoreciendo los planes de la derecha, siempre deseosa de reducir al mínimo la participación electoral. No es un dato menor que hoy sea este grupo quien presida la FECH, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Otro sector, mayoritariamente vinculado al partido comunista chileno, cree que se debe participar y acompañar con su voto el reciente acuerdo entre esa fuerza política y la Concertación. No obstante, es un acompañamiento a regañadientes porque no son pocos quienes en las Juventudes Comunistas temen, con razón, la dilución de su identidad partidaria o el costo que habría que pagar por asociarse a una fuerza política tan desprestigiada como la Concertación. Finalmente, hay un núcleo emergente de inspiración marxista y (afortunadamente) para nada dogmático, nucleado en la UNE, Unión Nacional Estudiantil, que al día de hoy continúa debatiendo la postura a adoptar. Nuestra opinión es que lo mejor sería que esa juventud que con tanta valentía ganó la calle en el 2011 y resistió la violenta represión de los carabineros fuese a votar, y lo haga por un personaje que, no siendo candidato, sintetice sus aspiraciones. Esos votos serían anulados, pero eso es lo de menos. Creemos que si el próximo domingo apareciera una gran cantidad de votos a favor de, digamos, Salvador Allende, la clase política chilena caería en la cuenta de que el suelo se está moviendo bajo sus pies y que podría estar gestándose una alternativa hasta ahora inexistente.

La larga batalla de los mapuche es otro alentador ejemplo de que, como decía Galileo en relación a la Tierra, la vida política chilena “sin embargo se mueve”.  Sus heroicas luchas por la recuperación de sus tierras y derechos ancestrales es reprimida de  una manera sanguinaria: si la represión a los estudiantes exhibe el ensañamiento propio del odio clasista, en el caso de los mapuche esto se potencia al combinarse con un escandaloso racismo, todo amparado por la implacable aplicación de la legislación antiterrorista instituida por Pinochet en 1984. Un ejemplo clarísimo de la baja calidad de la “democracia” en Chile –erigida por el saber convencional de las ciencias sociales como el modelo político a imitar- lo ofrece el hecho de que los gobiernos que le sucedieron no sólo no derogaron el engendro represivo del tirano sino que lo perfeccionaron. Juicios amañados, condenas absurdas e injustas, huelgas de hambre a las que el gobierno responde con criminal indiferencia, ataques a mujeres, ancianos y niños indefensos y asesinato de militantes configuran un cuadro –silenciado por los oligopolios mediáticos, por supuesto- que hacen que Chile al sur del río Bíobío se parezca más a Colombia que al resto del país. Tal como lo declara uno de los líderes mapuche, Pedro Cayuqueo, las fuerzas especiales de los carabineros actúan en la Araucanía con la ferocidad de un pitbull fuera de control. El gobierno de Piñera, al igual que lo hiciera la dictadura genocida argentina, sostiene que las fuerzas del orden se “exceden” en su celo represivo. No obstante, es el gobierno quien tiene la obligación de impedir que el pitbull verde prosiga sembrando destrucción y muerte en tierras mapuche, pero no lo hace.

Las movilizaciones estudiantiles y mapuche contrastan vivamente con la esclerosis que afecta a las formaciones partidarias y, en buena medida, al debilitado sindicalismo chileno. Si bien son vigorosas y merecedoras de todo apoyo su focalización temática y su intermitencia, sobre todo en el caso de los estudiantes, conspiran contra su eficacia práctica. Un ejemplo de esto lo ofrece la nula resistencia popular ante la reciente instalación de una base militar de Estados Unidos en Fuerte Aguayo, en Concón, pocos kilómetros al norte de Valparaíso. Dicha base, dependiente del Comando Sur, se especializará en el entrenamiento militar requerido por un programa del Pentágono denominado MOUT (Military Operations on Urban Terrain), es decir, “operaciones militares en terreno urbano” o, dicho sin eufemismos, entrenamiento de fuerzas especializadas en la represión de  la protesta social. Washington y Santiago negociaron este acuerdo en el más absoluto de los secretos -¡otro rasgo de una “democracia”- y cuando se filtró la noticia, a propósito de la visita a Chile del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, en abril de este año, la base, construida en tiempo record, ya se había establecido. Pero ni antes ni después hubo marchas o manifestaciones repudiando la maniobra o exigiendo el desmantelamiento de la base.

Esta pasividad es uno de los peores legados de la “antipolítica”, de la larga noche pinochetista y de la espesa penumbra que proyectan sus sucesores. Una pasividad estimulada por el descrédito de todo lo que sea público, colectivo, político. A contracorriente, los jóvenes chilenos y los mapuche están haciendo una obra extraordinariamente importante para su país: son el ejemplar revulsivo de una sociedad desmovilizada y resignada, atontada por la publicidad consumista y sometida a un brutal proceso de re-educación política que el año próximo cumplirá cuarenta años. Una sociedad, también, abrumada por un nivel de endeudamiento que generaliza la angustia de las familias más pobres a la vez que engrosa las arcas de los bancos. Según el Ministerio de Desarrollo Social de Chile los sectores más pobres destinaban, a comienzos de este año, un 60 por ciento de sus ingresos al pago de sus deudas, debiendo sobrevivir con el 40 por ciento restante. En situaciones tan desesperantes como esa es difícil poder pensar y actuar políticamente, a menos que se tenga una clara conciencia política. Con sus luchas los jóvenes estudiantes y los mapuche demuestran que no todo está perdido, que hay futuro y que, tal vez, el año próximo, cuando se cumplan cuarenta años del martirio de Salvador Allende, su recuerdo encienda los corazones de sus compatriotas y los impulse a concluir una obra que el criminal golpe militar del 11 de septiembre del 1973 hizo que quedara inconclusa. Podría, de ese modo, iniciarse el crepúsculo de la “antipolítica”, a derrumbarse el ya aludido “analfabetismo político” metódicamente alentado como una estrategia de dominación por el pinochetismo y sus sucesores. A  propósito de esto Brecht recordaba que “el peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.” Ojalá que estas  sabias palabras del comunista alemán puedan ser difundidas masivamente por los movimientos que luchan por otro Chile. Sería una manera muy apropiada de combatir uno de los más ominosos legados del pinochetismo.

Tomado del blog del autor

Que soy compañero, coño”

Aquí tenemos el último envío de nuestro fiel colaborador, directo desde Madrid, y bien calientita que está la capital española, por cierto. El colega amigo nos lo cuenta y comenta en esta crónica exclusiva

Por Gallego Tropical

Las redes sociales no paran de difundir vídeos que prueban las acusaciones de que fueron “círculos policiales” -y no el pueblo- los que provocaron los enfrentamientos en la manifestación del 25S.

En Twitter, el hashtag #que soycompañerocoño se ha convertido en el más comentado por ser la prueba  contundente -en un vídeo de @alacalletv– que capta de cerca el momento posterior a los ataques a la policía.

En el video aparecen unos antidisturbios golpeando a dos encapuchados en el suelo y uno de ellos grita repetidamente “¡que soy compañero, coño, que soy compañero!”, expresión que en España se usa para aclarar que uno es del mismo sector.

Otros dos encapuchados, agentes infiltrados, se acercan a detener al hombre que grita “que soy compañero, coño” pero finalmente le reconocen como uno de los suyos: “Este es compañero”.  El encapuchado en el suelo ¡era un topo, un policía! ¡La madre que los parió!

Desde la mañana del jueves, este vídeo se está pasando también por las antenas privadas de televisión, que desde luego no son controladas por el Gobierno. Nadie me lo ha contado, lo he visto varias veces.

Era de esperar que fuesen las antenas privadas las que dieran a conocer el hecho pues desde que se iniciaron las marchas del 25S Televisión Española  fue protagonista en Twitter a partir de que el Canal 24 Horas decidiera abrir una “ventana” en pantalla donde se veía en directo la marcha de la protesta en los alrededores del Congreso mientras se daban otras noticias.

Pero Moncloa montó en cólera y ordenó que se dejara de informar. Dicho y hecho: mientras los antidisturbios repartían leña al pueblo, el canal pasó a dar una programación cultural de media hora y un reportaje sobre el torero José Tomás, como en los peores circos.

Las posturas alrededor de lo ocurrido el 25S son diversas: el máximo responsable del Sindicato Unificado de la Policía (SUP), José Manuel Sánchez Fornet, incendió Twitter al defender que los antidisturbios repartiesen “leña y punto” contra los manifestantes.

Mientras, el ministro del Interior defendía la “magnífica” actuación policial contra la concentración y el Gobierno salía en tromba a justificar la “constitucionalidad de las cargas policiales” frente a la “manifiestamente inconstitucional” protesta.

Y, para no quedarse atrás, Mari-Ano Rajoy quitaba hierros al asunto diciendo desde Nueva York que mientras un grupúsculo había salido a quejarse y a pretender entrar al Congreso, millones de españoles estaban trabajando a brazo partido por salir de la crisis y no participaban en manifestaciones.

Torpe como es, irresponsable y bruto como un burro loma arriba, justo en el momento en que la policía estaba dando porrazos a los manifestantes que pedían la dimisión del Gobierno, Mari-Ano se daba un paseo por la Sexta Avenida de la Gran Manzana y era fotografiado en uno de sus vicios favoritos: fumándose un puro en público, como si tal cosa.

No queda duda, la democracia española ha sido secuestrada por este tipejo que ha querido dar la vuelta a la tortilla pero el pueblo volvió el jueves al Congreso y está pidiendo dimisiones y exigiendo explicaciones:

¿Quiénes eran los encapuchados que, de buenas a primeras y como si hubiesen caído del cielo, se pusieron en primera fila de la manifestación del 25S? ¿Quiénes…?

¿Qué simbolizaban las banderolas que esos encapuchados llevaban, sin emblemas, nunca vistas en otras protestas, con las que intentaron golpear a la policía?

Desde que terminó la concentración del miércoles, Internet arde con vídeos y fotografías en las que se acusa a los provocadores de la carga policial de ser los mismos encapuchados que luego detenían a los manifestantes. Es decir, los encapuchados eran topos, policías que iban disfrazados con la capucha para que no se les viera el pinganillo por donde recibían las órdenes de sus jefes.

El vídeo de @alcalletv vino a ratificar que al menos uno de los detenidos era un policía infiltrado al que se le oye  decir a los antidisturbios frases como “que soy compañero, coño”.

Y como ya es habitual, las redes sociales no paran en la difusión a diestra y siniestra de vídeos grabados por los manifestantes en los que se aprecia la desproporcionada actuación policial.

Periodistas como Máximo Pradera señalaban en Twitter que los que habían iniciado el altercado y los infiltrados eran los mismos, y aportaba capturas del vídeo como prueba.

Pero en la oposición, la acusación más contundente la hicieron los diputados de Izquierda Unida, quienes aseguraron  que en la manifestación hubo topos, efectivos de círculos policiales que provocaron la violencia. Y reclamaron una investigación.

Un abrazo a todos.

España: salvajismo y sarao

“La multitudinaria protesta alrededor del Congreso y las cargas policiales convirtieron a Madrid en una batalla campal  y quienes vivimos la experiencia, lo mismo in situ que por tele, no dábamos crédito a lo que veíamos”, le comenta a los lectores de americadespierta nuestro colega y amigo

Por Gallego Tropical

Pidiendo la dimisión del Gobierno, miles de personas se concentraron  anoche en las calles adyacentes al Congreso, dejando un saldo de 64 heridos, 27 de ellos policías, y 28 detenidos.

La multitudinaria protesta alrededor del Congreso y las cargas policiales convirtieron a Madrid en una batalla campal  y quienes vivimos la experiencia, lo mismo in situ que por tele, no dábamos crédito a lo que veíamos. No en vano, hoy los hechos son portadas de la prensa internacional más destacada.

The New York Times abre su edición web bajo el titular  ‘Los manifestantes rodean el Parlamento español’ y deja bien clarito que las protestas son fruto del descontento social por los recortes y los planes de austeridad impuestos por la Unión Europea y el Gobierno.

La BBC también ha priorizado las protestas. Su información, titulada ‘Pelotas de goma en la manifestación de Madrid’, destaca que la policía cargó contra quienes se manifestaban contra los planes de austeridad.

Le Monde no se queda atrás y abre su edición online con las protestas madrileñas, mientras The Guardian titula: iar foto

Violencia en Madrid por la carga de la policía contra los manifestantes.

Al Jazeera,  canal de noticias árabe, también se hace eco de los sucesos en Madrid, al situar el tema entre los más destacados de su edición.

Los manifestantes reclamaban un proceso constituyente para regenerar la democracia YA, y ante la imposibilidad de acercarse más a la Cámara, se mantuvieron  en el límite impuesto por el despliegue policial. Pero la actuación de los Mossos d’Esquadra y los agentes de la Guardia Urbana provocaron la indignación de los presentes y de todos los que estábamos viendo semejante espectáculo por la tele.

Esta vez el llamamiento a la resistencia pacífica no ha sido un éxito, ni la concentración ha vuelto a ser de familias con niños. Jóvenes, no tan jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, han respondido con indignación y fuerza contra la carga policial en un ambiente de altísima tensión entre pueblo y antidisturbios.

Las violentas imágenes le dan ahora la vuelta al mundo y en ningún caso, según un paneo que acabo de hacer, se defiende la actuación policial. La mayoría de los heridos sufren contusiones y heridas por los porrazos de los agentes.

¿Realmente hacía falta hacer esto? ¿Qué peligrosidad tiene que la gente se manifieste? ¿Dónde está el miedo?

Todo comenzó cuando miles de personas procedentes de tres marchas simultáneas en el centro de Madrid empezaron a acercarse a las inmediaciones del Congreso, aunque sin poder acceder a la calle en la que se ubica la Cámara, la carrera de San Jerónimo, cerrada por un amplio despliegue policial, así como las calles adyacentes.

Ante los accesos cerrados por vallas y decenas de antidisturbios, empezaron a ocurrir escenas de tensión entre manifestantes y policías a caballo que dejaban claras sus intenciones de actuar, a los que se sumaron  agentes situados fuera de las vallas  y comenzó la carga.

Unos 1.300 antidisturbios habían blindado el Congreso desde bien temprano. Y mucho antes de que comenzara la manifestación, el PP atribuía  a quienes protestaban intenciones golpistas, como hizo  la mil veces ignorante y malaleche María Dolores de Cospedal y reiteró la no menos ignorante delegada de Gobierno en Madrid, la popular Cristina Cifuentes:

”El querer tomar el Congreso, el querer en definitiva modificar o influir en la voluntad de los legisladores, buscando además un cambio no de gobierno, sino de régimen político, es una clara voluntad involucionista que desde luego tiene que ver con un golpe de Estado como el del 23-F”.

Cuando uno oye estas barbaridades en boca de la gente que gobierna este país es difícil no pensar en cuántas pesadillas semejantes nos esperan mientras estos hijoeputas estén en el poder.

En la misma línea, el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, defiende ahora mismo en la tele el despliegue y la carga policial de anoche a la vez que expresa su deseo y el de su partido de que “fracasen” las “pretensiones de alterar la vida democrática”.

¿Vida democrática? ¿Vida democrática dice este cabrón pendejo…?

Por su parte, el PSOE ha instado a reflexionar sobra la “proporcionalidad” del despliegue policial para proteger el Congreso, aunque hasta el momento no he leído en ninguna parte que haya criticado las cargas.

Menos mal, el portavoz parlamentario de Izquierda Unida, José Luis Centella, ha asegurado que los parlamentarios de su grupo no se sintieron “ni amenazados ni impedidos para realizar su trabajo” por los manifestantes.

Centella pidió al Gobierno que “no se criminalice” a quienes participaron en la protesta y le recordó a Cospedal que el 23-F “no se rodeó el Congreso sino que se invadió con armas y tanques”, algo que “nada tiene que ver con la protesta de anoche”.

Bueno, como pueden suponer este  país está en candela, dentro del Gobierno dominan la ignorancia y el sarao. En la calle el salvajismo de las cargas policiales. Y no es extraño,  ¡con semejantes bestias al frente de la nación más antigua de Europa!

Un abrazo a todos, seguiré informando

 

Entrevista a la dirigente comunista chilena Camila Vallejo

El Partido Comunista de Chile, de histórica y heroica trayectoria, vive en estos momentos una victoria de la mano del poderoso y pujante movimiento estudiantil que dio el poder a sectores de la izquierda radical, y que en estos momentos están convocando a un boicot activo a las próximas elecciones municipales como medida de lucha. Otra victoria le ha llegado del sector sindical, puesto que en la CUT (Central Única de Trabajadores) la más votada de entre cuatro listas posibles para elegir su dirección, fue la del PC, hecho que no se producía desde la época de Allende.

De estos acontecimientos se hace eco la carismática líder estudiantil e integrante de las Juventudes Comunistas de Chile, de 24 años, entrevistada por la agencia IPS. Aseguró Camila que no es partidaria de replicar modelos o estrategias en la región, aunque sí cree que “otro mundo es posible”. En esa línea, asegura que América Latina va por un buen camino, pavimentado por los gobiernos progresistas de varios países.

IPS: Los jóvenes marcaron la agenda política en Chile en 2011, ¿cree que es importante que asuman un rol desde la representación popular?

CAMILA VALLEJO: Es fundamental. De ahí que miro con muy buenos ojos la candidatura (por el Partido Comunista) de Camilo Ballesteros (25 años) para alcalde de la comuna de Estación Central. Fue un excelente líder y será un excelente gobernante.

Además, la Universidad Santiago de Chile, en la que Camilo fue presidente de la Federación de Estudiantes, queda en el corazón de la comuna, y estoy segura que tendrá una gran capacidad de traspasar todo el valor agregado que significa tener en su espacio un centro educativo tan importante, algo que las gestiones de derecha hasta la fecha nunca han logrado.

IPS: ¿Está dispuesta a asumir un rol de esa naturaleza, por ejemplo, en el parlamento?

CV: Yo ya he dicho en medios de comunicación nacionales que sí, estoy dispuesta, pero que eso está muy lejos de ser en sí mismo un objetivo. La meta es que el país se democratice, que acabemos con la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet y que una asamblea constituyente funde una nueva carta magna.

Que terminemos con el sistema electoral binominal (dos legisladores más votados por distrito), que nacionalicemos nuestros recursos naturales, que tengamos educación pública gratuita y de calidad y derechos sociales. Esos son los objetivos y yo quiero contribuir en ello en el lugar que sea necesario.

IPS: Algunos estudiantes llaman a boicotear las elecciones municipales, ¿qué opina al respecto?

CV: Es un error. La Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, al proponer esto, señala una profecía autocumplida de una derrota, pues las elecciones se realizarán de todas maneras. Solo quizás logren que algunos jóvenes no voten, lo cual a su vez constituye en un retroceso para la influencia que tiene que ir tomando el movimiento estudiantil en la esfera institucional.

IPS: ¿Coincide con quienes dicen que el movimiento estudiantil se ha desgastado o que hay cansancio porque no se cumplen los objetivos?

CV: El movimiento estudiantil tuvo el primer semestre (de este año) un actuar errático que lo terminó aislando de otros actores sociales. Se hicieron los procesos de discusión, crítica y autocrítica, y el martes 28 tuvimos una gran convocatoria, que demostró fuerza, fue masivo. La familia chilena volvió a salir a las calles.

Respecto a qué hacer para evitar un desgaste, hay que resguardar la unidad con amplios sectores sociales.

IPS: ¿Qué es ser comunista hoy en medio de un movimiento social que parece sentirse ajeno a los partidos y a la acción política tradicional?

CV: No comparto esa visión sobre el movimiento social chileno. Además, yo no soy una comunista inserta en un movimiento social ajeno a mí. Yo soy parte de él, así como también todos mis compañeros de las Juventudes Comunistas y del Partido Comunista. Integramos este movimiento desde todas partes.

A su vez, en cada fábrica, empresa, sindicato, junta de vecino o incluso en el parlamento de Chile, en cada lugar donde hay un comunista se está luchando para que este movimiento social triunfe.

IPS: ¿Cree que hoy existe un modelo político distinto en otros países? Para muchos el lema es “otro mundo es posible”, pero ¿cómo se configura ese postulado?

CV: La experiencia de cada país es particular, y no es bueno andar replicando modelos. Los neoliberales llevan años tratando de replicar “el sueño americano (por Estados Unidos)” en América Latina, lo cual ha traído pobreza, desigualdad, falta de educación, miseria. Sin embargo, de todas las experiencias hay algo que aprender.

Otro mundo es posible en la medida que cada sociedad logre su camino propio hacia una mayor democracia y conquista de derechos sociales, como educación y salud gratuita, vivienda digna y una vida armoniosa con el ambiente.

IPS: En función del liderazgo estudiantil, su figura trascendió las fronteras de Chile y, por ello, pudo constatar la situación en América Latina. ¿Cómo ve los distintos procesos de cambio?

CV: Creo que la situación general en la región es bastante positiva. Gobiernos progresistas han logrado avanzar en mayor integración económica, social y política a través de espacios como la Unión de Naciones Suramericanas, el Mercado Común del Sur (Mercosur) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Chile, si bien se ha sumado a estos espacios, va a contrapelo de la mayoría de los países de América del Sur, con un gobierno populista de derecha

¡VOLVIERON LAS GRANDES ALAMEDAS!

Ayer decenas de miles de alumnos universitarios y de enseñanza secundaria, apoyados por profesores, sindicatos y organizaciones sociales, volvieron a colmar la Alameda y las calles de Santiago de Chile reclamando mejoras en el sistema de educación pública. Se calcula que la marcha convocó a 200 mil personas en la capital

El movimiento que aglutina a alumnos y docentes secundarios y universitarios catalogó de exitosa la movilización. El gobierno insistió en que el lugar para tratar el tema educativo es el Congreso. Algo que los jóvenes consideran insuficiente.

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Por Christian Palma

Todo el que fue ayer a la marcha que convocaron los secundarios, universitarios y profesores de Chile tuvo la oportunidad de participar en una fiesta popular que incluyó cánticos, bailes, lienzos, tambores y mucha alegría. Según los organizadores fueron 200 mil las personas que se plegaron pacíficamente en Santiago (50 mil según Carabineros) y muchos miles más en regiones, echando por tierra la tesis del gobierno de Sebastián Piñera que ha señalado que la causa estudiantil perdió fuerza, que está dividida y que sólo atrae a la violencia.

La Alameda, colmada de lado a lado en un recorrido que se extendió al menos por 15 cuadras, volvió a ser el encuentro entre estudiantes, padres, abuelos, trabajadores y chilenos anónimos que ven cómo el tiempo pasa y las demandas por una educación gratis y de calidad y diversas reivindicaciones siguen entrampadas en cualquier parte. Desde los edificios, numerosos carteles con leyendas contra el lucro en la educación o criticando al gobierno coloreaban más el ambiente.

“El que no salta es paco, el que no salta es paco”, gritaba la muchedumbre enrostrando a los policías ese sobrenombre que los enerva. En las marchas anteriores, los manifestantes protestaron por el excesivo uso de la fuerza por parte de Carabineros. Denuncias incluso por abusos sexuales contra menores se han hecho públicas. De hecho, el instituto Nacional de Derechos Humanos ha declarado que “preocupa el uso de la fuerza policial de manera desproporcionada e indiscriminada en los contextos de manifestación estudiantil, y en particular, los hechos y vejámenes de connotación sexual a niñas y adolescentes detenidas, que se han visto denigradas y humilladas en su dignidad. No quisiéramos creer que se trata de una estrategia para desalentar la libertad de expresión y reunión por medios de esta naturaleza”.

Por eso, la atención estaba puesta en el accionar de la policía uniformada y en el comportamiento de los estudiantes. Como una forma de morigerar los ánimos, Carabineros anunció que sus efectivos saldrían a la calle sin el uniforme usado por las fuerzas especiales y que sólo acompañarían la comitiva humana.

Al final del recorrido, la masa se detuvo frente al escenario montado cerca del club hípico donde, antes de los discursos, un cantante popular subió más el ánimo. Al realizar el balance, los dirigentes calificaron la concentración como de un “completo éxito” y endilgaron la responsabilidad del gobierno a abrir canales de diálogo, que no estén supeditados a los proyectos de ley que ha mandado al Congreso, sino que tome en cuenta sus demandas que se traducen en cinco puntos clave: educación gratuita y de calidad, fortalecimiento a la educación pública, fin al lucro en el sistema, desmunicipalización de los colegios y fortalecimiento de los gobiernos estudiantiles al interior de las universidades.

“Ojalá que el gobierno dé una muestra de humildad y que de una vez por todas terminemos con este teatro de lo absurdo. Ministro, usted tiene la palabra ahora”, afirmó el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Gabriel Boric. “El movimiento estudiantil no es una minoría y de que estamos todos juntos avanzando en un mismo objetivo”, agregó. Su par de la Universidad Católica, Noam Titelman, afirmó que esta movilización “marca un punto de inflexión. Se acabó la fiesta para algunos y empezó la fiesta ciudadana”, sentenció.

Al terminar la jornada, enfrentamientos entre chicos con la cara cubierta se desarrollaron en varios puntos de Santiago. Carabineros, que sacó a más de 200 efectivos a la calle cuando empezaron los desmanes, los disolvió de la manera habitual: con gases y agua con químicos. Y detuvieron a 200 personas.

Ante la innegable masividad del acto, el ministro vocero de gobierno, Andrés Chadwick, calificó de “importante y significativa la marcha, lo que demuestra que si contamos con la colaboración de los propios dirigentes en saber controlar y en saber resguardar que las movilizaciones no tengan hechos de violencia ni generen acciones de violencia se puede hacer una movilización en términos tranquilos y en paz”.

Finalmente, el ministro de Educación, Harald Beyer, uno de los más criticados por los estudiantes que lo han tildado de “tener oídos sordos” y uno de los que han dicho que los líderes ya no tienen representación, tomó el guante y respondió con lo de siempre: “El diálogo está abierto”, pero, en el Congreso. Claramente en sus términos, responden los chicos.

Demandas claves

La Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (Cones) entregó el lunes una nueva propuesta al ministro de Educación, Harald Beyer, que por primera vez los recibía. Los secundarios reiteraron sus principales demandas:

– Fin al lucro en la educación y que el presidente Sebastián Piñera se defina frente a este tema.

– Desmunicipalización de los colegios.

– Una mesa de diálogo con todos los actores de la educación. Que el gobierno termine con los intentos de dividir al movimiento estudiantil.

– Rechazo a la criminalización de la protesta social y detención que han sufrido los alumnos cada vez que marcharon. Ayer hubo 200 detenidos según un primer balance.

– Reducción del financiamiento compartido de la educación semiprivada, con el fin de que “la educación pública sea una alternativa real, de calidad, para educar a las personas”.

– Fortalecimiento de la educación pública y creación de un sistema de aseguramiento de la calidad de la enseñanza.

El gobierno respondió ayer que estos temas se debaten en el Congreso.

Tomado de Página/12

Las insurrecciones árabes repercusiones regionales y en la política mundial

Los países árabes comenzaron a manifestarse en cadena hace más de un año. La cuenca mediterránea y la amplia extensión centroasiática constituyen una larga y vasta bisagra cuya disgregación constituye la precondición necesaria para cualquier potencia extracontinental resuelta a asegurarse el dominio global.

Por Tiberio Graziani

Las revueltas iniciadas en África del Norte en diciembre de 2010, sucesivamente propagadas a través de todo el año pasado en gran parte del mundo árabe y culminadas con la agresión militar a Libia, translimitan el contexto regional y se sitúan en la estrategia estadounidense tendiente al control militar, económico y político no sólo del Mediterráneo, sino que también de Medio Oriente y de África.

A más de un año desde que principió la primavera árabe en este espacio se propone una evaluación sintética de su impacto en el proceso de transición uni-multipolar.

La primavera árabe: ¿un episodio de la lucha por la supremacía mundial?

A más de un año, una multitud de elementos inducen a considerar que las agitaciones que empezaron en África del Norte el 17 de diciembre de 2010 con el suicidio del joven tunecí Mohamed Bouazizi y, sucesivamente, extendidas por todo el 2011 en gran parte del mundo árabe, traspasan el contexto regional y parecen inscribirse en el marco de la estrategia de EEUU orientada al control militar, económico y político no sólo del Mediterráneo, sino que también de Medió Oriente y de África.

La así llamada primavera árabe, aun derivando de algunos factores endógenos que seguramente han contribuido a provocarla, se ubica en medio del dinámico proceso de transición entre el sistema unipolar bajo el liderazgo estadounidense y el multipolar. Este proceso —que inició hacia la mitad de los años noventas con el surgimiento de China e India como nuevas potencias económicas— ha sufrido una aceleración y asumido una fisonomía geopolítica más precisa debido al remplazamiento de Rusia como actor mundial, actuado por Putin durante sus primeras dos presidencias (2000-2008).

La inesperada entrada de las potencias continentales eurasiáticas en la arena internacional, como es notorio, cogió desprevenido a los EEUU, que para la conquista de la primacía global, sea desde una perspectiva geoestratégica, sea a través de la adquisición de reservas energéticas, ya habían impreso, a partir del desenlace del sistema bipolar, una orientación acusadamente militar a su propia práxis geopolítica (geopolítica del caos).

La permanente dialéctica geopolítica entre las potencias continentales y marítimas se volvía, por lo tanto, a proponer con un vigor renovado al comienzo del siglo XXI. Ésta habría reproducido, como hemos constatado durante los últimos años, antiguos esquemas de enfrentamiento militar, político y económico en particulares áreas del planeta. Una de estas áreas es precisamente el Mediterráneo.

La cuenca mediterránea y la amplia extensión centroasiática constituyen una larga y vasta bisagra cuya disgregación constituye la precondición necesaria para cualquiera potencia extracontinental resuelta a asegurarse el dominio global.

El enfrentamiento para la supremacía mundial, consiste principalmente en controlar la masa continental euro-afro-asiática. La tensión que hay entre las opuestas líneas de fuerza concernientes, por un lado, a la progresiva inserción de los EEUU en la masa euroasiática y, por el otro, al surgimiento y reafirmación de antiguas potencias continentales, encuentra en la cuenca mediterránea una de las áreas de mayor criticidad.

El sistema occidental bajo la conducción norteamericana, privilegiando la militarización de las relaciones internacionales (una particular reinterpretación del multilateralismo), en un primer momento, si se excluye la Guerra del Golfo de 1990-91, ha destructurado la península balcánica, sucesivamente, con el objetivo de abrirse un paso hacia el corazón de Asia, ha defragmentado enteras áreas estratégicas para establecer la cohesión y la estabilidad de toda Eurasia (Afganistán e Irak). Sin embargo el esfuerzo bélico de EEUU y sus aliados hasta la fecha no ha logrado alcanzar su objetivo.

Nuevas agregaciones geoeconómicas y geopolícas —como las constituídas por los países del BRICS o las formalizadas por los acuerdos estratégicos entre Irán y China, además de aquellas estipuladas por los mayores países de América del Sur y las potencias eurasiáticas— de hecho han cambiado profundamente el panorama internacional. EEUU, inmovilizados en su expansión hacia Rusia por causa del acuerdo de Pratica di Mare del 2002 y, sobre todo, por el fracaso de su estrategia centrada en las así llamadas “revoluciones coloradas”, encenagados en la trampa afgana, han dirigido su atención hacia África, en particular hacia el Norte de África y, por ende, hacia el Mediterráneo.

Por lo que se refiere este particular, no es un caso si Wáshington y el Pentágono hayan activado el Africa Command e incrementado la base geoestratégica de Camp Bondsteel, indispensabile para el avance de las fuerzas terrestres y áreas “occidentales” en la zona que va del Adriático al Cáucaso.

Debido también a la transformación de la escena global, algunos países como Italia y Turquía, a pesar de su condición de miembros de la OTAN, es decir, de naciones estrechamente radicadas en el sistema occidental, de modo modesto han intentado desvincularse de las indicaciones dictadas en el ámbito de la alianza hegemónica de la que forman parte.

Las “tímidas” acciones de desvinculación se han referido en particular a las relaciones entre la Libia de al-Qaddāfī y la Italia de Berlusconi, la política de “buenos vecinos” llevada adelante por Ankara hacia los países árabes y la contemporánea mitigación de las relaciones turcas hacia Israel, aliado estratégico de EEUU en el Cercano Medio Oriente. Estas acciones constituían, en el plano estratégico, presuposiciones eficaces para el potencial enlace entre los países del Mediterráneo y, en particular —a nivel global— evidenciaban la importancia geopolítica del área mediterránea para la realización del nuevo orden multipolar.

Las tentativas de desvinculación antedichas, como era obvio, han introducido ulteriores elementos de tensión en la cuenca mediterránea, militarmente controlada por Wáshington y que de algún modo ha contribuído a las decisiones “intervencionistas” de París y de Londres con relación a Libia.

La inestabilidad mediterránea

El actual panorama mediterráneo presenta fragilidades en diversos sectores, como hemos observado, desde el geoestratégico al socio-económico y político. La crisis financiera y económica que han embestido a los EEUU en 2007-2008 se propagaron —debido también a los “egoismos nacionales” subyacentes a las elecciones de política económica del eje franco-alemán (Sarkozy-Merkel) y por los sectores más tecnocráticos de Bruselas— en Europa, particularmente en las áreas más débiles del Viejo Continente.

El ataque al euro, obrado por Wall Street y por la City —con la complicidad de las agencias internacionales de “rating”— de hecho destructuró las economías nacionales y el tejido social de Grecia, España e Italia. Los tres países mediterráneos actualmente se hallan en la difícil situación de tener que someterse a los diktat que proceden de las instituciones supranacionales como el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Esta subordinación, manifesta ulteriormente la incapacidad de las clases dirigentes de esos países mediterráneos en encontrar trayectorias políticas alternativas.

La situación crítica en la cual actualmente se haya sumida la Europa mediterránea se añade, como elemento funesto, al de las recientes perturbaciones que están ocurriendo en el Norte de África. Por lo tanto el área mediterránea aparece cada vez má desestabilizada. De alguna manera pareciera que se está llevando a cabo una parte importante del proyecto del Nuevo Gran Medio Oriente, concebido hace algunos años por las administraciones norteamericanas.

El voluminoso peso de la política exterior de EEUU en los asuntos internos de los países de África del Norte, además de su proyección militar en el área, contribuyeron a determinar la constitución de nuevas, inciertas y frágiles “leadership”, por medio de las cuales los gobiernos europeos y los mayores países interesados en la estabilidad mediterráea —principalmente Rusia y Turquía— en la actualidad están obligados a medirse.

Rusia y Turquía, aun adoptando diversas opciones por lo que concierne al “dossier Siria”, convergen en el planteamiento general que se refiere a las relaciones que hay que mantener con los nuevos centros de poder surgidos durante el tormentado proceso de la llamada primavera árabe. La intención de Moscú y de Ankara es de reducir al mínimo las tensiones en el interior de la bisagra árabe. Rusia y Turquía privilegian, al contrario de Wáshington y del Pentágono, la solución diplomática. Este tipo de comportamento debería ser estimado por las naciones europeas.

El pretexto ofrecido por Moscú y por Ankara de hecho constituye una ocasión (por otra parte presentada también en las primeras fases de la agresión “occidental” contra Libia y advertida positivamente sólo por Alemania), más única que rara por los países europeos, en particular por aquellos mediterráneos.

Los gobiernos de estos países, basándose en el renovado interés ruso por el Mediterráneo, deberían abandonar la práxis hipócritamente unitaria hasta ahora seguida que, si bien “concertada” y dictada por Buselas, en realidad está subordinada a los intereses estadounidenses; deberían, por le contrario, adoptar una de tipo abiertamente bilateral por lo que se refiere la faja norteafricana.

Esta nueva y deseable orientación contribuiría a la reducción del proceso de disgregación de la bisagra mediterránea, indudablemente valorizaría el papel de Moscú en las negociaciones con el Consejo de Seguridad de la ONU, permitiría hacer percibir a las poblaciones del Norte de África la existencia de una visión —a pesar de la bilateralidad de las relaciones— no más de tipo “occidental”, compimida hacia Wáshington, sino que europea (incluso euroafricana) de cooperación entre las dos márgenes mediterráneas.

Fuente: Sur y Sur

Los peligros de pensar

Por MANUEL CABIESES DONOSO

Cuando un pueblo comienza a pensar su presente y a discutir su futuro, el sistema de dominación se pone a temblar: es un síntoma claro que vienen grandes cambios en la sociedad. Eso es lo que está sucediendo en Chile.
El pueblo ha comenzado a reflexionar. Empieza a mirar cara a cara su realidad, sin intermediarios ni vendedores de espejismos. Aunque todavía no es una categórica y organizada mayoría, son cada día más los sectores que logran sustraerse al embrujo de la tarjeta de crédito y escapar a la dictadura ideológica de la televisión comercial.
El artífice de este cambio -que va ganando terreno- es la protesta social, que comenzó con los “pingüinos” y que más tarde resurgió en Magallanes. La protesta desató el año pasado las movilizaciones de estudiantes universitarios y secundarios más grandes que registra la historia del país. La ira, fruto del pensamiento que hurga en la realidad, se rebeló también en Aysén, Freirina, Pelequén y Coronel, y detona casi a diario en el campo y en las ciudades, motivada por los reclamos más diversos.
Desde las demandas históricas del pueblo mapuche -cuya lucha ejemplar e indomable causa admiración-, hasta las sorprendentes acciones de los deudores habitacionales en los centros urbanos, la protesta social anuncia que la paciencia y la resignación han llegado a su fin. Ya no son válidas las intermediaciones políticas. La humillación y el dolor acumulados durante años, incuban un ¡ya no más! que se expresa dramático en el calvario que tiene lugar en los consultorios, postas y hospitales, incapaces -por más esfuerzos que hagan sus funcionarios- de entregar la atención de salud que necesitan niños y ancianos. Así también ocurre con las humillantes condiciones del transporte público en Santiago -“¡nos tratan como animales!” es el grito crispado de multitudes atascadas en el Metro, y en la superficie lo repiten miles de hombres y mujeres que pierden gran parte del día esperando movilizarse en el Transantiago-.
A la creciente protesta social se une la exigencia de los trabajadores de un salario mínimo que permita ir emparejando la desigualdad. El sindicalismo, sin embargo, es el sector que aparece más retrasado en este proceso de recuperar la identidad luchadora que lleva adelante el resto del pueblo. Es probable que se deba a la extrema facilidad con que el empresariado puede hoy castigar con la cesantía a trabajadores “alborotadores”. Pero esa relativa pasividad tiene también su origen en la grave ofensa a la dignidad e independencia de la clase trabajadora que constituye el maridaje de la CUT con el empresariado. La “Declaración de voluntades” que las directivas de la CUT y la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) dieron a conocer en marzo, es uno de los episodios más sucios en la historia de la CUT y, sin duda, un tremendo factor de desaliento y confusión para los trabajadores.
La protesta social necesita mostrar todavía mucha más fuerza para imponer sus exigencias, que pueden resumirse en más democracia y más igualdad. Hacia allá apunta la magnífica movilización de los estudiantes universitarios y secundarios del jueves 28 de junio. Fue una vibrante demostración de que el movimiento estudiantil no sólo no ha perdido fuerza, sino por el contrario, ahora articula a nivel nacional a la mayoría de los alumnos de la educación pública y privada. Revela también el ejemplar proceso de maduración colectiva que produce la protesta social. En este caso lo representan las cinco exigencias fundamentales que el movimiento estudiantil universitario y secundario hace al gobierno y al Parlamento (ver págs. 8 y 9 de esta edición). El documento merece ser conocido por millones de ciudadanos, porque permite comprender que la crisis de la educación guarda estrecha relación con las demás manifestaciones de la crisis institucional, política, cultural y social que vive Chile.
Se trata de un país escindido por la desigualdad, donde la clase dominante se atrinchera en sus privilegios mediante una tupida red en que la mercantilización de las relaciones sociales está garantizada por los instrumentos de coerción del Estado. Los intereses privados -mientras más cuantiosos más influyentes- han desplazado al bien común de la naturaleza y estructura del Estado y de su Constitución Política. La desigualdad ha adquirido carta de ciudadanía y es el eje rector de la sociedad chilena.
El verdadero poder no radica en las instituciones del Estado sino en la CPC y los gremios empresariales que representan a la minería, el comercio, la agricultura, la industria, la construcción y los bancos e instituciones financieras. Basta ver cómo el presidente de la República y sus ministros de Hacienda y Economía han debido dar todo tipo de seguridades a la CPC sobre reforma tributaria, salario mínimo, flexibilidad laboral, etc., primero en sus propias oficinas y luego al conjunto de los gremios empresariales en La Moneda. El gran empresariado no parece estar contento con el desempeño del empresario Piñera como gobernante. Sus medios de comunicación -que son casi todos- traslucen una crítica persistente al gobierno. Lo acusan de debilidad e ineptitud que han permitido que aflore la crisis institucional que la Concertación mantenía más o menos a raya a través de la cooptación clientelar de sus partidos, sindicatos y organizaciones sociales.
Por eso no sería extraño que en las próximas elecciones presidenciales el empresariado entregara su apoyo a la candidatura de la Concertación. Sin embargo, ya es tarde para “comprar” la paz social que necesita la explotación capitalista. La crisis del sistema seguirá avanzando porque no tiene solución en los estrechos marcos del Estado actual. Lo demuestra la profundidad propositiva del documento de los estudiantes. Sus cinco exigencias fundamentales abarcan el conjunto de la desigualdad y la ausencia de participación democrática de los ciudadanos. Solucionarlo significarían un cambio social y político profundo, que sólo puede intentarlo una alternativa popular, democrática y socialista. Hay que jugarse a esa opción de esperanza.

Editorial de la edición 761 de “Punto Final”

 

El lucro, la Concertación y otros “pormenores” en el Chile de hoy

Por Alejandro Lavquén

Todo el esfuerzo de los estudiantes y las movilizaciones del 2011, cuyas legítimas demandas no prosperaron a pesar del masivo apoyo ciudadano que llegó a alcanzar más del ochenta por ciento de adhesión, tuvo su corolario en el Parlamento el jueves 19 de julio del presente año.

Una de las peticiones fundamentales de los estudiantes: no al lucro en la educación, que denunciaba el lucro en las universidades y colegios subvencionados, además de la falta de fiscalización de parte de las autoridades, veía una esperanza (por lo menos pensémoslo así), de ser corroborada “oficialmente” por el Parlamento. La comisión de la Cámara de Diputados que investigó el lucro en la educación superior emitió un informe donde se concluía que efectivamente existía lucro en esta instancia, lo que no está permitido por la ley. El hecho significaba un paso importe en la lucha de los estudiantes dentro de la sociedad establecida, pero vino lo “inexplicable”, 11 parlamentarios de la Concertación no asistieron a la votación y el informe fue rechazado, alcanzando el triunfo la derecha.

Se podrá especular mucho sobre las razones de lo sucedido, pero hay una razón que es concreta e indesmentible. La Concertación es parte de la oligarquía política que controla el país y actúa como tal ante las demandas ciudadanas. Tras la asunción de Patricio Aylwin a la presidencia en 1990 la Concertación asumió como suyo todo el entramado neoliberal de la dictadura, incluido el lucro en la educación. Por lo tanto no es de extrañar que los parlamentarios de la Concertación protagonicen estos espectáculos. Numerosos dirigentes de la Concertación mantienen vínculos con el lucro, y no sólo en la educación, sino que en áreas estratégicas que no deberían tener fines de lucro, como son los recursos naturales y servicios básicos para la sobrevivencia del ser humano. En el fondo de su doctrina e intereses los dirigentes concertacionistas aprueban el lucro en todas sus formas, aunque públicamente digan lo contrario o propongan royalties ridículos para las empresas que profitan de nuestros recursos mineros embolsándose millones de dólares.

Chile es una República Oligárquica y lo ha sido desde siempre, una dictadura impuesta por la clase social heredera del colonialismo español y reafirmada con el triunfo de los ultra conservadores en la batalla de Lircay en 1830. Si no cambiamos nuestra estructura actual de República por una República Popular o República Ciudadana, las cosas no cambiarán en cuestiones de fondo y seguirá existiendo el gatopardismo, la usura crediticia, el saqueo de los recursos naturales, la destrucción del medio ambiente y la explotación del hombre por el hombre.

La Concertación es parte del lucro, lucra con la política y las necesidades de la gente. Los presidentes de la Concertación, Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet se condujeron, en lo de fondo, como una derecha más, una derecha que defendía los derechos humanos y pedía “justicia total” –concedámoselo-, pero derecha en lo político y económico. Favorecieron el privilegio a los militares, a los empresarios y a las transnacionales, practicaron el nepotismo partidario, ejercieron la represión policial contra el pueblo cuando éste protestó y convocaron a la justicia sólo “en la medida de lo posible”. Frei y Lagos construyeron cárceles especiales para los pocos militares condenados por violaciones a los derechos humanos. En Chile no existe la igualdad ante la ley, eso es un mito más.

La Concertación ha terminado siendo nada más que un reducto de traguillas. Se hacen elegir parlamentarios por un pueblo que ha optado en las elecciones –salvo al entregar la presidencia a Sebastián Piñera- por el mal menor, temerosos de perder sus empleos y las míseras prestaciones estatales a las que pueden acceder. Luego de ser electos, los candidatos de la Concertación se olvidan de las promesas hechas durante sus campañas y hacen lo que les viene en gana. Si usted revisa las leyes aprobadas desde 1990 en adelante verá que la mayoría de ellas favorecen al empresariado. Puede acceder a éstas invocando la Ley de Transparencia. Hoy la Concertación quiere volver al poder, pero ¿Para qué? si ni siquiera tuvieron cojones para intentar cambiar la Constitución de 1980. Pinochet los manoseó como quiso, incluso lo rescataron de manos del juez Garzón, argumentando sobre la base de un discurso patriotero repugnante.

Es hora de pasarles la cuenta y exigir una Asamblea Constituyente de una vez por todas. Es hora de movilizarse de verdad, con mayor fuerza ideológica y sin temores. Comencemos por apoyar a la prensa alternativa, la única que dice la verdad en Chile, y hagamos que su voz se multiplique creando conciencia política: El Ciudadano, El Siglo, Punto Final, Radio Bío-Bío, El Periodista, Crónica Digital, El Clarín de Chile, El Rodriguista, Le Monde Diplomatique, Radio Universidad de Chile, Gran Valparaíso, Azkintwe, Fortín Mapocho, Radio 1º de Mayo, entre otros. Para acabar con el lucro y la usura debemos acabar con el Estado Oligárquico.

Tomado de Rebelión