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Fábrica oficial y aceptada de conspiraciones terroristas en EEUU

Por Ernesto Carmona

La Oficina Federal de Investigación (Federal Bureau of Investigation, FBI) emprendió un método inusual para “prevenir futuros atentados terroristas” al desarrollar una red de casi 15.000 espías para infiltrar diversas comunidades estadounidenses a la busca de potenciales maquinaciones terroristas. Sin embargo, los topos realmente están buscando e incitando a cierto perfil de gente a cometer violaciones de la ley, e incluso delitos criminales, para después denunciarlos y cobrar recompensas en efectivo de hasta 100.000 dólares por caso, mientras el FBI convoca a la prensa para dar cuenta de otro complot terrorista abortado.

La fuente principal de esta historia sobre los infiltrados secretos del FBI en redes sociales, cómo seleccionan a sus víctimas estadounidenses y las inducen a cometer delitos para luego encerrarlas es una investigación del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de Berkeley, California, y la revista Mother Jones, la trama de esta extraña actividad del FBI fue relatada por Trevor Aaronson en el reportaje The Informants (Los informantes). Ésta es la traducción de lo publicado en Mother Jones de septiembre-octubre 2011:

El FBI construyó una red masiva de espías para prevenir otro ataque nacional. ¿Pero están atacando la estructura terrorista, o la están dirigiendo?

James Cromitie era un hombre de bravatas y fanatismo. Compuso historias salvajes sobre sus supuestas hazañas, como haber explotado bombas de gas en recintos de policía usando un lanzallamas, y despotricaba contra los judíos. Una vez dijo: “El peor hermano de todo el mundo islámico es mejor que 10 mil millones de yahudies”.

Mecánico de 45 años, adoptó el nombre de Abdul Rahman tras convertirse al islam en una estada en prisión por vender cocaína. Cromitie tenía varias preocupaciones: convenció a su esposa que no dormía pensando en el alquiler y en encontrar un trabajo decente si cargaba con un expediente criminal. Pero soñaba con estampar su marca. Y confiaba mucho con un pakistaní de mediana edad, a quien conocía como Maqsood. “Voy a hacer algo realmente grande —decía Cromitie—. Justo lo siento, se lo estoy diciendo. Lo presiento”.

Maqsood y Cromitie se encontraron en una mezquita de Newburgh, un pueblo de mal vivir abandonado por la fuerza aérea, a casi una hora al norte de Nueva York. Entablaron amistad, hablando por horas sobre los problemas del mundo y cómo los judíos debían pagar sus culpas.

Todo era charla, hasta noviembre de 2008, cuando Maqsood presionó a su nuevo amigo:
—¿Usted no ha pensado en ser un buen reclutador o un mejor hombre de acción? —le preguntó.
—Soy ambos —se jactó Cromitie.
—Mi gente se complacería mucho en conocer eso, hermano. Honestamente.
—¿Quién es su gente?
—Jaish-e-Mohammad —contestó Massood

Maqsood dijo que era un agente del grupo terrorista pakstaní encargado de ensamblar un equipo a sueldo de la Jihad en EEUU. Le preguntó a Cromitie
—¿Qué atacaría si tuviera los medios?
—Un puente —dijo Cromitie.
—Pero los puentes son demasiado duros para ser atacados —replicó Maqsood— porque se hacen de acero.
—Por supuesto que se hacen de acero —contestó Cromitie—. Pero, de la misma manera que se pueden levantar, se pueden derribar.

Maqsood indujo a Cromitie a adoptar un plan “más realista”. Los ataques de Bombay estaban en todas las noticias y señaló cómo esos pistoleros apuntaron a hoteles, cafés y un centro de la comunidad judía.

—Con su inteligencia, sé que usted puede manipular a alguien —le dijo Cromitie a su amigo— Pero no a mí, porque soy inteligente.

Los amigos fraguaron un bombardeo a una sinagoga del Bronx (Nueva York) y después que dispararían misiles Stinger a los aviones estacionados en el Aeropuerto Internacional Stewart, en el sur de Hudson Valley.

Maqsood proporcionaría todos los explosivos y armas, incluso los vehículos.
—Tenemos dos misiles, ¿Ok? —ofreció—. Dos Stingers, misiles rocket.

Maqsood era un operativo secreto; y eso era verdad. Pero no de Jaish-e-Mohammad. Su verdadero nombre era Shahed Hussain y era un informante pagado por la Oficina Federal de Investigación.

Desde el 11 de septiembre de 2001, el contraterrorismo es la prioridad N° 1 del FBI, que consume la mayor parte de su presupuesto —3.300 millones de dólares al año, 27% más que los 2.600 millones destinados a luchar contra el crimen organizado— y presta mucha atención a los agentes en terreno de su red masiva de informantes a escala nacional.

Después de años de acentuar el reclutamiento de estos informantes como tarea principal de sus agentes, la oficina mantiene ahora una nómina de 15.000 espías, muchos de ellos, como este Hussain, encargados de tareas de infiltración de comunidades musulmanes en EEUU. Además, por cada informante oficialmente enlistado en los registros del bureau, hay por lo menos tres oficiosos, conocidos en el lenguaje fbiano como “hip pockets” (bolsillos traseros), según un ex funcionario de alto nivel del FBI.

Los informadores pueden ser médicos, vendedores, imanes. Algunos ni siquiera podrían considerarse informantes. Pero el FBI regularmente exalta a todos como parte de un aparato nacional de inteligencia cuyo único símil histórico pudo ser Cointelpro, el programa que desarrolló la oficina entre los años 50 y 70 para desacreditar y marginar organizaciones introducidas por el Ku Klux Klan en los grupos de protesta y derechos civiles.

A través de la historia del FBI, el número de informantes es un secreto cuidadosamente guardado. Sin embargo, periódicamente, la oficina recurre a estas figuras. Un comité del Senado encontró en 1975 que tenía 1.500 informantes. En 1980, funcionarios revelaron que eran 2.800. Seis años más tarde, siguiendo el empuje del FBI contra las drogas y el crimen organizado, el número de informantes se infló a 6.000, publicó Los Angeles Times en 1986. Y según el FBI, el número creció perceptiblemente después del 11/9.

En el año fiscal 2008, en su requerimiento de autorización presupuestaria, el FBI reveló que trabajaba acatando una instrucción presidencial de noviembre de 2004 que exigía crecimiento del “desarrollo y gestión humana de las fuentes” y que necesitaba 12.7 millones de dólares para un programa de etiquetado de su red de espías y crear “software” para el seguimiento y manejo de sus informantes.

La estrategia del bureau ha cambiado perceptiblemente desde los días en que sus funcionarios temieron otros ataques coordinados internacionalmente y financiados por una célula “en sueño” de Al Qaeda. Hoy, los expertos en contraterrorismo creen que grupos como Al Qaeda, maltrechos por la guerra en Afganistán y los esfuerzos del área global de inteligencia, se han desplazado a un modelo de franquicia, utilizando internet para animar a sus simpatizantes a realizar ataques en su nombre. La principal amenaza nacional que percibe el FBI es el lobo solitario.

La respuesta del bureau ha sido una estrategia conocida indistintamente como “prioridad”, “prevención” o “disrupción”, que consiste en identificar y neutralizar a los lobos solitarios potenciales antes que se muevan hacia la acción.

A tal efecto, los agentes e informantes del FBI no apuntan siquiera a los jihadistas activos, sino a decenas de miles de personas respetuosas de la ley, buscando identificar las contrariedades de unos pocos que sean capaces de participar en un plan sugerido por sus propios agentes e informantes, en determinadas oportunidades y con medios. Y cuando llega después el momento, el mismo gobierno proporciona el plan, los medios y señala la oportunidad precisa.

Así es cómo trabajan: los informantes reportan a sus controladores sobre gente que, por ejemplo, ha manifestado simpatías por los terroristas. Entonces se hacen referencias cruzadas con los datos de inteligencia existentes sobre esas personas, tales como datos de inmigración y antecedentes penales. Los agentes del FBI pueden así asignar a un operativo secreto para acercarse al blanco etiquetado como un radical.

A veces, el operativo propondrá un plan, proporcionará explosivos, incluso someterá al blanco a un juramento falso de Al Qaeda. Una vez recopilada bastante información de la incriminación, viene la detención y la rueda de prensa que anuncia otro proyecto terrorista frustrado.

Si esto suena vagamente familiar, es porque tales operaciones policiales son frecuentes en los titulares.¿Recuerdan el complot de bombardeo del Metro de Washington? ¿El plan contra el tren subterráneo de Nueva York? ¿Los individuos que planeaban explotar la Torre Sears? ¿El adolescente que intentó bombardear la iluminación del árbol de navidad de Portland? Cada uno de ésos complots, y docenas de otros por toda la nación fueron conducidos por un miembro del FBI.

Durante el último año, Mother Jones y el programa de periodismo de investigación de la universidad de Berkeley-California examinaron los procesamientos de 508 demandados en casos relacionados con terrorismo, según la definición del ministerio de Justicia.

¿Qué encontró la investigación?

— Casi la mitad de los procesos involucró el uso de informantes, muchos de ellos incentivados por el dinero (los operativos pueden cobrar hasta 100.000 dólares por asignación) o la necesidad de levantar violaciones criminales o de inmigración. (Para más detalles sobre estos 508 casos, ver nuestras páginas de navegación y los registros de la base de datos).

— Las operaciones policiales dieron lugar al procesamientos contra 158 demandados. De ese total, 49 acusados participaron en planes conducidos por un agente provocador, la instigación operativa del FBI para la acción terrorista.

— Todos los complots nacionales destacados de terrorismo durante la década pasada, con tres excepciones, fueron realmente aguijoneados por el FBI. (Las excepciones fueron Najibullah Zazi, que estuvo cerca de bombardear el sistema de transporte subterráneo de Nueva York en septiembre de 2009; Hesham Mohamed Hadayet, el egipcio que abrió fuego contra el controlador de boleto de El Al en el aeropuerto de Los Ángeles; y el fallido intento de bombardero de Faisal Shahzad en Times Square, en mayo de 2010).

— En muchos casos de aguijoneo del FBI, los encuentros clave entre el informante y el blanco no fueron registrados, para dificultar a los acusados sus alegatos de colocación de trampas para probar su caso.
Los cargos relacionados con terrorismo son tan difíciles de llevar adelante en la corte, sobre todo cuando las evidencias son poco abundantes, que a menudo los demandados no arriesgan un juicio.

“El problema con los casos de que estamos hablando es que los demandados no habrían hecho ninguna cosa si no hubieran sido empujados por los agentes de gobierno”, dijo Martin Stolar, un abogado que representó a un hombre cogido en un aguijoneo de 2004 que involucró la estación de metro de Herald Square en Nueva York.
“Están creando crímenes para resolver crímenes y poder reclamar por una victoria en la guerra antiterrorista”.

En defensa del FBI, sus partidarios sostienen que la oficina sólo perseguirá un caso cuando el blanco esté claramente dispuesto a participar en la acción violenta. “Si usted está haciendo un aguijoneo derecho, usted está ofreciendo al blanco múltiples ocasiones de retirarse”, dijo Peter Ahearn, un agente especial jubilado que dirigió al Grupo de Tarea de la Junta Occidental de Anti-terrorismo de Nueva York y supervisó la investigación del Lackawanna Six, una célula de terrorismo acusada por el FBI cerca de Buffalo, Nueva York. “La gente real no dice ‘sí, dejemos que coloquen la bomba’. La gente real llama a los polis”.

En la página dos de este reportaje, que en total ocupa seis largas páginas del sitio web de Mother Jones, algunos veteranos del FBI criticaron el programa como improductivo e intruso. Señalaron que —durante una reunión de alto nivel— el agente estrella Phil Mudd dijo que había empujado a la oficina “al lado oscuro”.

Esa tensión tiene sus raíces en la diferencia rígida entre el FBI y la CIA: mientras esta última tiene libertad para actuar internacionalmente sin consideración alguna hacia los derechos constitucionales, el FBI debe respetar tales derechos en sus investigaciones nacionales y los críticos de Mudd consideraron que era ir demasiado lejos poner en práctica la idea de apuntar a los estadounidenses basándose en su pertenencia étnica y religiosa.

Para seguir leyendo (en inglés) las cinco páginas restantes de este extraordinario reportaje de Trevor Aaronson, en Mother Jones, hay que activar este enlace:

Fuentes
– Trevor Aaronson, “The Informants,” Mother Jones, September/October 2011, aquí y aquí.

– “FBI Organizes Almost All Terror Plots in the US,” RT.com, August 23, 2011, aquí

– También aquí.

Estudiante investigador Taylor Falbisaner (Sonoma State University).
Evaluador académico Peter Phillips (Sonoma State University).
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Tomado de Sur y Sur

La verdadera historia del asesinato del embajador de EEUU

Exclusiva de The Independent: “fue advertido del ataque a la embajada pero no hizo nada”

Por KIM SENGUPTA

Los asesinatos del embajador de EE.UU. y tres miembros de su personal en Libia fueron probablemente el resultado de una seria y continua vulneración de la seguridad, revela The Independent.

Funcionarios estadounidenses creen que el ataque fue planificado, pero Chris Stevens había vuelto al país solo poco antes y se suponía que los detalles de su visita a Bengasi, donde murió junto a su personal, eran confidenciales.

El gobierno de EE.UU. enfrenta ahora una crisis en Libia. Documentos secretos se perdieron en el consulado en Bengasi y la ubicación, supuestamente secreta, de la “casa segura” en la ciudad, adonde se había retirado el personal, sufrió un continuo ataque de morteros. Se considera que otros refugios semejantes en el país ya no son “seguros”.

Se dice que algunos de los documentos desaparecidos del consulado son listas de nombres de libios que colaboran con los estadounidenses, lo que les pone potencialmente en peligro frente a grupos extremistas, aunque se dice que otros documentos se relacionan con contratos petroleros.

Según altas fuentes diplomáticas, el Departamento de Estado de EE.UU. tuvo información creíble 48 horas antes de que las turbas atacaran el consulado de Bengasi, y la embajada de El Cairo, de que las misiones estadounidenses podrían ser objeto de ataques, pero no se advirtió a los diplomáticos de que se pusieran en estado de alerta elevada y “se aislaran”, que significa que sus movimientos se restringen fuertemente.

Stevens había estado de visita en Alemania, Austria y Suecia y acababa de volver a Libia cuando tuvo lugar el viaje a Bengasi y el personal de seguridad de la embajada de EE.UU. decidió que dicho viaje podía emprenderse con seguridad.

Ocho estadounidenses, algunos de ellos militares, fueron heridos en el ataque que costó la vida a Mr. Stevens, Sean Smith, un oficial de información y dos marines. Todo el personal de Bengasi ha sido transportado ahora a la capital Trípoli, y es posible que aquellos cuyo trabajo no se considere esencial sean transportados fuera de Libia.

Mientras tanto un Equipo de Reacción Antiterrorista FAST del Cuerpo de Marines ya ha llegado al país desde una base de España y se cree que hay más personal en camino. Se han puesto en alerta unidades adicionales para transportarlas a otros Estados donde se pueda necesitar su presencia ante el estallido de furia antiestadounidense provocada por la publicidad de una película que insulta al Profeta Muhammad.

Una turba de varios cientos de personas asaltó ayer la embajada de EE.UU. en la capital yemenita Saná. Otras misiones que han se han puesto en alerta especial incluyen casi todas las de Medio Oriente, así como Pakistán, Afganistán, Armenia, Burundi y Zambia.

Sin embargo, altos funcionarios cada vez están más convencidos de que la naturaleza feroz del ataque en Bengasi, en el cual se utilizaron granadas propulsadas por cohetes, indicó que no se trataba de un estallido de cólera espontánea debida al video, llamado La inocencia de los musulmanes. Patrick Kennedy, subsecretario del Departamento de Estado, dijo que está convencido de que el asalto fue planificado debido a su naturaleza amplia y la proliferación de armas.

Aumenta la creencia de que el ataque fue en venganza por el asesinato, en un ataque de drone en Pakistán, de Mohammed Hassan Qaed, un agente de al Qaida que era, como sugiere su nombre de guerra Abu Yahya al-Libi, de Libia, y programado para el aniversario de los ataques del 11 de septiembre.

El senador Bill Nelson, miembro del Comité de Inteligencia del Senado, dijo: “Estoy pidiendo a mis colegas del comité que se investigue de inmediato qué papel han jugado en el ataque al Qaida y sus afiliados y que se tome la acción apropiada”.

Según las fuentes de seguridad, el consulado había tenido una revisión del sistema de seguridad en preparación para cualquier violencia conectada con el aniversario del 11-S. En realidad, el perímetro fue roto en 15 minutos por una multitud furiosa que comenzó a atacarlo el martes hacia las 10 de la noche. Los 30 guardias locales, o más, que debían defender al personal presentaron, según testigos, poca resistencia. Ali Fetori, un contable de 59 años que vive cerca dijo: “Toda la gente de seguridad simplemente se escapó y los que se quedaron a cargo fueron los jóvenes con fusiles y bombas”.

Wissam Buhmeid, el comandante de la Brigada Escudo de Libia aprobada por el gobierno de Trípoli, efectivamente una fuerza policial para Bengasi, afirmó que fue la ira por el video sobre Muhammad lo que hizo que los guardias abandonaran sus puestos. “Fue definitivamente gente de las fuerzas de seguridad la que permitió que ocurriera el ataque porque ellos mismos se sintieron ofendidos por la película; colocaron absolutamente su lealtad al Profeta por sobre el consulado. Las muertes no son nada en comparación con el insulto al Profeta”.

Se cree que Mr. Stevens, fue abandonado en el edificio por el resto del personal, porque no lograron encontrarlo en la densa humareda causada por un fuego que había afectado completamente el edificio. Personas del lugar lo encontraron en el suelo inconsciente y lo llevaron a un hospital, el Centro Médico de Bengasi, donde según el doctor Ziad Abu Ziad murió por inhalación de humo.

Un equipo de rescate estadounidense de ocho personas fue enviado desde Trípoli y llevado por el capitán Fathi al- Obeidi, de la Brigada 17 de febrero, a la casa segura secreta para sacar a unas 40 personas estadounidenses. Entonces el edificio fue atacado con armas pesadas. “No sé cómo encontraron el sitio para realizar el ataque. Fue planificado, la precisión con la que nos alcanzaron los morteros era demasiado buena para revolucionarios comunes y corrientes”, dijo el capitán Obeidi. “Comenzaron a llover sobre nosotros, unos seis obuses cayeron directamente en el camino a la villa”.

Finalmente llegaron refuerzos libios y el ataque finalizó. Habían llegado noticias sobre Mr. Stevens, y su cuerpo fue retirado del hospital y llevado de vuelta a Trípoli con los otros muertos y los sobrevivientes.

Cólera global: las protestas se extienden

Yemen

El furor en Medio Oriente por la controvertida película sobre el Profeta Muhammad, amenaza ahora con descontrolarse. En Saná, la capital yemení, 5.000 manifestantes atacaron ayer la embajada de EE.UU, causando por los menos 15 heridos. Jóvenes manifestantes gritaron: “Nos sacrificamos por ti, Mensajero de Dios”, rompieron ventanas de las oficinas de seguridad y quemaron por lo menos cinco coches, dijeron los testigos.

Egipto

El presidente islamista de Egipto, Mohamed Mursi, condenó ayer el ataque de Bengasi que mató al embajador de EE.UU. En un discurso en Bruselas, el señor Mursi dijo que había hablado con el presidente Obama y que condenaba “en los términos más claros” los ataques del martes. A pesar de ello, y posiblemente dirigiéndose a una audiencia interna, el presidente Obama dijo ayer que “No pienso que podamos considerarlos aliados, pero no los consideramos enemigos”.

Manifestantes en El Cairo atacaron la embajada el martes por la tarde y las manifestaciones han continuado desde entonces.

Irak

Activistas dijeron que la cinta antiislámica “pondrá todos los intereses estadounidenses en Irak en peligro” y llamaron a los musulmanes por doquier a “enfrentar a nuestro enemigo conjunto”, mientras manifestantes en Bagdad quemaron ayer banderas estadounidenses. La advertencia del grupo Asaib Ahl al-Haq respaldado por Irán, tuvo lugar mientras los manifestantes exigían el cierre de la embajada de EE.UU. en la capital.

Bangladesh

Islamistas advirtieron de que podrían “sitiar” la embajada de EE.UU. en Dhaka después que las fuerzas de seguridad impidieron que cerca de 1.000 manifestantes marcharan hacia el edificio. El grupo Khelafat Andolon llamó a mayores protestas, mientras los manifestantes agitaban sus puños, quemaban la bandera de EE.UU. y coreaban consignas antiestadounidenses.

Otros

Hubo una protesta organizada por Hamás en Ciudad de Gaza y hasta 100 árabes israelíes salieron a las calles en Tel Aviv. En Afganistán, el presidente Hamid Karzai postergó un viaje a Noruega, por temor a la violencia. Funcionarios en Pakistán dijeron que “esperan protestas”. Los manifestantes en Túnez quemaron banderas de EE.UU.

Kim Sengupta es corresponsal de Defensa en The Independent

Tomado de Rebelión

Los planes de guerra cibernética de EE.UU.: “Degradar, interrumpir, engañar”

EE.UU. está invirtiendo cada vez más en esta nueva arma de guerra. La Fuerza Aérea de la potencia ha anunciado su gran interés en el uso de métodos para “destruir, negar, degradar, interrumpir, engañar, corromper o usurpar a los adversarios que tienen la capacidad de usar el dominio del ciberespacio en su propio beneficio”.

El ‘Plan X’

Por otro lado, la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA, según sus siglas en inglés), anunció que destinará 110 millones de dólares a un programa concebido para ayudar a planificadores de guerras a articular y lanzar ataques cibernéticos como parte rutinaria de las operaciones militares de EE.UU. creando también una tecnología revolucionaria que haga posible comprender, planificar y gestionar la guerra cibernética en tiempo real.

El ‘Plan X’ -como lo han denominado- ya ha adjudicado un contrato de 600.000 dólares con la empresa de seguridad cibernética ‘Invincea’ para que comience a trabajar sobre este plan.

Unos años atrás el Pentágono seguía insistiendo en que mantenía una “actitud defensiva” en el ciberespacio. No obstante, nuevas piezas de grado militar malware -un tipo de software que tiene como objetivo infiltrarse o dañar una computadora sin el consentimiento de su propietario- se están descubriendo constantemente en redes de Oriente Medio.

El arsenal cibernético de EE.UU.

Los ataques en la red se están convirtiendo en una parte regular en los diálogos militares. Tanto es así que los generales ya empiezan a hablar de la piratería de sus tropas en tiempos de guerra.

El teniente general Richard Mills, que dirigió las fuerzas destinadas al suroeste de Afganistán en 2010 y 2011, se jactó la semana pasada en una conferencia de tecnología que sus tropas habían irrumpido en las comunicaciones militantes. “Tuve la oportunidad de entrar a sus redes, infectar su comando y control y, de hecho, defenderme de sus incursiones que intentaban afectar mis operaciones” confesó Mills.

En los últimos años se ha venido debatiendo acerca de cómo y bajo qué circunstancias el Pentágono lanzaría un ciberataque contra sus enemigos, pero hace poco tiempo que este sofisticado programa de EE.UU. ya está en marcha. Fuentes del Pentágono afirmaron que las operaciones cibernéticas se llevan a cabo en el marco del derecho internacional.

Tomado de rt actualidad

Confesiones de una terrorista en Siria

Una terrorista siria destapa las torturas y asesinatos de mujeres secuestradas. Aseguró que los terroristas degollaban a las mujeres secuestras tras ser interrogadas y arrojaban sus cuerpos cerca de un matadero

Una mujer siria de 22 años originaria de Duma, confesó en un canal de televisión estatal que colaboró con grupos terroristas armados en Duma, en la provincia de Damasco Campo, y participó como cómplice en el secuestro, la tortura y el asesinato de mujeres.

En sus declaraciones, Sabah Othman relató que se casó a los 14 años y se separó de su marido tres años después. Fue entonces cuando conoció a Ala’a Mahfoud, un hombre de Harasta que quería casarse con ella, quien le presentó a dos militantes del grupo Loua’a al Islam, vinculado con el Ejército Libre de Siria (ESL). El líder del grupo, Zahran Alloush, le asignó la función de interrogadora de mujeres secuestradas.

La joven explicó que tenía la autoridad de golpear, con la ayuda de otra mujer, a toda cautiva que no respondiese a las preguntas. Confesó también que tras el interrogatorio, los militantes “degollaban a las mujeres secuestradas y arrojaban sus cuerpos cerca de un matadero”.

Sabah Othman recuerda perfectamente las mujeres a las que interrogó. Samira Assaf, una madre de cuatro hijos, fue la primera de ellas. Al igual que el resto fue asesinada a sangre fría y abandonada cerca de un matadero de ganado donde perros callejeros acabaron devorando su cuerpo.

Este incidente, detalló la joven, fue incluso grabado en video por los terroristas.

Dunya Omar, la segunda interrogada, murió tras recibir un disparo en la cabeza y su cuerpo fue arrojado cerca de una alcantarilla. Otra de ellas, Fadya Daher, fue violada y torturada antes de que la asesinaran.
Los miembros de Loua’a al Islam, aseguró la cómplice confesa, fingían ser religiosos delante de la gente pero consumían drogas y secuestraban a mujeres sin mostrar ningún tipo de remordimiento.
Al final de su intervención, Othman Sabah advirtió del peligro que corren quienes colaboran con los terroristas. En su opinión, es muy probable que, al igual que las secuestradas, muchas de estas mujeres hayan sido asesinadas para que no revelen los crímenes que el grupo comete.

Tomado de Insurgente

Israel exporta su guerra a América Latina

Por José Steinsleger

En la ofensiva sionista contra los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y el Mercosur (a más de su presencia abierta o solapada en la Alianza del Pacífico: Colombia, Chile, Perú, México y los de América Central), sobresalen varios hechos interconectados: un panorama cronológico | JOSÉ STEINSLEGER.*

– 2005. Brasil (mayo): Cumbre árabe-sudamericana, convocada por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva. En Brasilia, los líderes sudamericanos y árabes piden reformas a la carta de la ONU, critican a los países ricos y a Israel, y dan su apoyo a los derechos de Palestina.

– 2006. Venezuela/Bolivia (enero): tras la llamada “segunda guerra del Líbano”, ambos países rompen relaciones con Israel. Por su lado, Costa Rica y El Salvador (firmes aliados del Estado sionista) mudan sus embajadas de Jerusalén a Tel Aviv, donde están ubicadas todas las representaciones latinoamericanas.

– 2007. Chile (marzo): visita de la funcionaria Dorit Shavit, jefa de la División para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, para coordinar con el gobierno de Michelle Bachelet (en el marco de la oposición de Israel al retorno de los refugiados) la radicación de un centenar de palestinos de Irak en el país cordillerano.

– 2008. Colombia (agosto): undécimo Encuentro de Dirigentes y Comunidades Judías Latinoamericanas y del Caribe en Cartagena, donde se divulga el infundio de que la organización libanesa Hezbolá “usa indígenas para penetrar en América Latina”.

Simultáneamente, en Caracas, el presidente Hugo Chávez atiende a una delegación del Congreso Judío Mundial (AJC, por sus siglas en inglés), encabezada por Ronald S. Lauder.
En Buenos Aires (diciembre): la delegación del AJC es recibida por el presidente Néstor Kirchner, lleva el propósito de cerrar las investigaciones del caso AMIA (1994), y celebrar en lo oscurito un acuerdo similar al caso Lockerbie (1988). Kirchner se niega.

– 2009. Venezuela (enero): a raíz del genocidio en Gaza, el gobierno de la revolución bolivariana rompe por segunda vez sus relaciones diplomáticas y comerciales con Tel Aviv. Chávez califica a Israel de “Estado que practica el genocidio y persigue inhumanamente a los palestinos”.

Días después (30 de enero), la sinagoga de Maripérez, en Caracas, es saqueada por desconocidos. En tanto, el gobernador Henrique Capriles Radonsky contrata fuerzas de seguridad israelíes para entrenar a la policía del estado de Miranda. Y en Miami, el vicedirector del AJC, Juan Dircie, ataca a Chávez en un acto de judíos venezolanos que exclaman: “queremos quedarnos a vivir en Venezuela”.

De visita en Argentina, Dircie declara que el presidente Hugo Chávez manifiesta “antisemitismo a ultranza” y que en Venezuela se espera “un atentado como el ocurrido en Buenos Aires (1994), y hasta que el gobierno lo propicie directamente”.

Tegucigalpa (mayo): en la cumbre de presidentes de la OEA de San Pedro Sula, el “observador” israelí Dani Ayalon (viceministro de Relaciones Exteriores) niega su autoría en el informe que circula entre las delegaciones.
El documento afirma que Venezuela y Bolivia venden uranio para el programa nuclear de Irán.

En los días siguientes, varios ministros del gabinete de Benjamín Netanyahu, son recibidos por los gobiernos de Panamá, Costa Rica y Honduras. A finales de septiembre, tras el golpe que derrocó al presidente Manuel Zelaya, trasciende que la embajada de Israel en la capital hondureña fue el escenario de un intenso movimiento diplomático con representantes de la oposición.

Por su parte, Andrés Pavón, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras, denuncia que el presidente fantoche, Roberto Micheletti, contrató especialistas privados israelitas para asesorar a las fuerzas armadas en técnicas de represión y en la actitud que deben asumir contra los manifestantes.

Brasil/Argentina/Perú/Colombia (julio y noviembre): sendas visitas del ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, y el presidente de Israel, Shimon Peres. En Colombia, Peres asegura: “Chávez pronto desaparecerá”.

2010. Nicaragua/Ecuador (junio): el gobierno sandinista condena el ataque del Ejército israelí a la “flotilla de paz” que llevaba ayuda humanitaria a la población de Gaza y rompe relaciones con el estado sionista. Por igual motivo, el presidente Rafael Correa llama a consultas a su embajador en Tel Aviv.

En agosto, dos senadores del “lobby” anticubano (Bob Menéndez, de Nueva Jersey, y Marco Rubio, de Florida) envían sendas cartas a los gobiernos de Colombia, Panamá y Costa Rica, pidiéndoles que se opongan en la ONU al reconocimiento de un Estado palestino.

En diciembre, los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) reconocen a Palestina como un Estado libre e independiente.

2011. Buenos Aires (noviembre): primer encuentro mundial de organizaciones sionistas convocado fuera de Israel. Asisten el viceprimer ministro Dan Medidor, Keren Kayemet Leisrael (Fondo Nacional Judío) y 250 delegados de Estados Unidos, Europa, Israel, Australia y Argentina (ver mi artículo De sionistas y judíos, La Jornada, 8/8/12).
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* Periodista.

En La Jornada de México (www.jornada-unam-m

¿Tele-fusil?

A este tipo se le dio completo el sueño americano: compró un televisivo y le enviaron un fusil de asalto. ¡Di tu!!!!!

La policía de Washington investiga cómo un residente local que encargó un televisor a través del sitio de comercio online Amazon.com terminó recibiendo en cambio un fusil de asalto semiautomático de alta potencia.

Un portavoz de la Policía Metropolitana de Washington señaló a la AFP el miércoles que el caso -que ocurre poco después de dos masacres por armas de fuego en menos de un mes en Estados Unidos- está bajo investigación.

El cliente involucrado, Seth Horvitz, quien vive en el área noreste de la capital estadounidense, dijo que contactó con la policía inmediatamente después de que un servicio de envío de paquetes dejase en la puerta de su apartamento el rifle de clase militar SIG Sauer SIG716.

“Estaban un poco confundidos al principio. Nunca habían visto algo igual”, declaró Horvitz a la cadena de televisión local Fox 5. “Simplemente tomaron mis datos y me dijeron: ‘Nos haremos cargo de este arma porque es ilegal que la tenga usted aquí. Es ilegal transportarla en coche, por lo que no puede ser devuelta’”.

Aunque el paquete fue enviado a Horovitz, quien había comprado una televisión de pantalla plana de un proveedor a través de Amazon.com, la factura que aparecía dentro sugería que el fusil debía debía ser entregado en una armería de Pensilvania.

En su página web, la filial estadounidense de SIG Sauer, un importante fabricante de armas europeo proveedor de muchos cuerpos de policía de Estados Unidos, dijo que el rifle SIG716 es “el arma elegida cuando se requiere la potencia de una carabina de mayor calibre”.

“Hemos visto en las últimas semanas el tremendo daño que esas armas pueden hacer”, dijo Dan Gross, presidente de la Campaña Brady de Prevención de Violencia con Armas, que pregona un mayor control de las armas de fuego en Estados Unidos.

El domingo, Wade Michael Page, cantante de una banda punk neonazi, irrumpió en un templo sij de Oak Creek, Wisconsin (norte), y abrió fuego contra los feligreses, dejando seis muertos, y luego se quitó la vida.

Dos semanas antes, el 20 de julio, 12 personas murieron y 58 resultaron heridas en Aurora (Colorado, centro), cuando un hombre irrumpió en el estreno de medianoche de la última cinta de Batman, ‘El caballero de la noche renace’ (‘The dark knight rises’), y comenzó a disparar al público a mansalva con armas de alto poder de fuego.

Tomado de Contrainjerencia

Drones y asesinatos selectivos, terrorismo de Estado

Mediante el uso de los drones (aviones no tripulados) Estados Unidos ha perfeccionado una técnica de asesinatos selectivos que está practicando, a mansalva y con impunidad asegurada, a un ritmo creciente en una serie de países. Lo nuevo, es que ello acaba de ser reconocido por los propios medios norteamericanos.

Por NIKO SCHVARTZ

Lo viejo, es que esa técnica de auténtico terrorismo de Estado se viene ejerciendo desde hace medio siglo. Ya lo denunciaba, más de 50 años atrás, Rodney Arismendi en un trabajo titulado “El Plan Kennedy y el desarrollo de América Latina”, incluido en su obra magistral “Problemas de una revolución continental”.

Comenzamos por el presente. Un cable del 30 de julio pasado decía: “Avión USA no tripulado mata 7 personas en Pakistán. Un avión norteamericano sin piloto mató el domingo 29 de julio al menos 7  militantes en Pakistán, dos días antes que el jefe del Servicio de Inteligencia pakistaní visite Washington, donde probablemente discutirá estos polémicos ataques.

Los bombardeos de los aviones teleguiados son muy impopulares en Pakistán, cuyas autoridades afirman que violan su soberanía y alimentan el odio a Estados Unidos”. Decenas de cables de similar tenor, apuntando a variadas geografías, habrán podido leerse en estos meses en la prensa internacional.

La nación asesina

Con ese título poco convencional titulaba la revista norteamericana Counterpunch un ensayo que el sitio Cubadebate resume en los siguientes términos: “La revista califica de sorprendente el reconocimiento oficial y la novedosa transparencia con que se ha hecho público que Estados Unidos dispone, desde hace más de medio siglo, de un programa de asesinatos selectivos que ahora coincide con una visibilización sin precedente del uso de aviones de guerra guiados por control remoto en diversos puntos del planeta”. Agrega: “La noción de que existe una lista de gente a matar en el más alto nivel del Poder Ejecutivo de Estados Unidos ha hecho que el tema haya tenido una fuerte cobertura mediática”.

Como antecedentes, se cita una opinión editorial del Washington Post, según la cual “ningún gobierno ha dependido tan extensivamente del asesinato de individuos  para hacer avanzar los objetivos de seguridad de la nación”, al tiempo que The New York Times señala como “algo sin precedentes en la historia presidencial el papel de Obama como supervisor directo de esta guerra en las sombras”.

El autor de la nota citada, Doug Noble, divide los 50 años de masacres y asesinatos colectivos perpetrados por EEUU en tres partes: la primera refiere al Plan Fénix (Phoenix en inglés), aplicado en la guerra contra Vietnam; la segunda, a su implementación en América Latina mediante el conocido Plan Cóndor; la tercera a la extensión del plan original a Irak, Afganistán y otros países, lo que se está aplicando de lleno en la actualidad.

El Plan Fénix fue un programa secreto que se comenzó a implementar por parte de la CIA en Vietnam en 1967, dos años después de lanzada la invasión y los bombardeos masivos del territorio del norte tras la provocación del Golfo de Tonkin.

El autor recuerda que su objetivo era neutralizar la estructura del Vietcong (Frente de Liberación Nacional), asesinando a civiles vietnamitas del Sur sospechosos de respaldar a sus compatriotas, los combatientes vietnamitas del norte y del Vietcong.

El entonces director de la CIA, William Colby, admitió ante el Congreso que las operaciones del Plan Fénix aparejaron la muerte de  más de 20 mil personas en Vietnam entre 1967 y 1972. Entre ellas se encuentra el arrasamiento del poblado de My Lai  y el asesinato de la mayoría de sus habitantes. Pero fue un episodio entre cientos.

El traslado del Plan Fénix a América del Sur derivó en el Plan Cóndor, utilizado en forma conjunta por las dictaduras consureñas de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile para asesinar, torturar y encarcelar a cientos de miles de combatientes por la recuperación de la democracia. Las dictaduras militares abordaron en forma coordinada los procedimientos represivos, y cada uno de nuestros países cuenta con cuantiosas víctimas de estas actuaciones criminales.

Durante el gobierno de Carter se suspendió la vigencia del plan original, pero Reagan lo reimplantó. Con nuevas técnicas se sigue aplicando ahora. El autor dice al respecto: “El programa de asesinatos con drones de Estados Unidos ha salido del closet.

Quienes durante años hemos protestado y combatido  el ilegal, inmoral y estratégicamente contraproducente uso de drones, la actitud esquizofrénica de matar por control remoto, el terror que genera un ataque de drones y el inevitable (o intencional)  asesinato de cuantiosos civiles ‘sospechosos de terrorismo’ advertimos ahora contra la proliferación de los drones  en el mundo y su utilización por fuerzas de policía y patrullas de frontera para labores de vigilancia y objetivos supuestamente no letales”.

La conclusión es que el programa Fénix se ha hecho global contribuyendo a proclamar a los Estados Unidos de América como una nación asesina   Marcados para morir   Recordamos una película brasileña titulada en portugués “Cabra marcado para morrer”, que muestra a los capangas de los grandes latifundistas marcando para morir a los dirigentes de los campesinos en lucha por la tierra.

En relación con lo antes expuesto, hay quien desempeña un papel similar hoy en el gobierno de Estados Unidos, y a él alude una nota bajo el título “El hombre que decide a quién matan los drones”.

Se refiere a John Brennan, asistente del Presidente para seguridad nacional y lucha contra el terrorismo. La nota señala que hay dos tribunales de la muerte en EEUU. Uno está dentro de la CIA, el otro directamente en la Casa Blanca.

Se cita un cable de AP según el cual “el jefe de lucha contra el terrorismo de la Casa Blanca, John Brennan, se ha apoderado de la iniciativa de decidir cuáles terroristas serán objetivo de los ataques de los drones y otras incursiones”, y se agrega: “El esfuerzo concentra el poder de decisión del uso de las fuerzas letales estadounidenses fuera de las zonas de guerra en un pequeño equipo de la Casa Blanca. El staff de Brennan recopila los objetivos potenciales y maneja los nombres de otras agencias como el Departamento de Estado en una reunión semanal en la Casa Blanca”.

¿Cuáles son los antecedentes de este hombre de poderosa influencia para determinar quien vive o muere a consecuencia de estos atentados? Es un oficial de inteligencia con 25 años de servicio. En noviembre 2008 el presidente Obama intentó nombrarlo director de la CIA.

Pero se hizo público que bajo la presidencia de Bush, Brennan abogó expresamente por “técnicas mejoradas de interrogatorio”, o sea, para dar libre curso a las torturas en los interrogatorios de los presos.

Obama, que se había pronunciado contra estos procedimientos, no pudo sostenerlo en el cargo, y lo nombró como asesor de primer plano para decidir la nómina de los asesinatos selectivos a cargo de los aviones no tripulados.   La denuncia de Arismendi, 50 años atrás

La primera edición del libro de Rodney Arismendi “Problemas de una revolución continental” (hubo varias otras) es de enero de 1962. Se abre con la obra que da título a todo el volumen, de diciembre de 1960, la cual analiza la nueva situación creada en el continente a raíz de la revolución cubana, y sigue con “El Plan Kennedy y el desarrollo de América Latina”, publicado por primera vez en la revista Estudios, Nº 21-22, de agosto de 1961.

El trabajo está fechado el día 4 de agosto, o sea, en vísperas de la reunión del CIES en Punta del Este en que el Ché Guevara hizo trizas la fementida Alianza para el Progreso del presidente  Kennedy. Su capítulo I se titula “Los determinantes objetivos de la Alianza para el Progreso.

La contrarrevolución con bonete rojo”. En el capítulo II, “El CIES y la invasión a Cuba. EEUU ha puesto otra vez en el centro de la escena el ‘derecho de intervención’”, se enjuicia la invasión yanki de Playa Girón, que significó la primer derrota militar del imperio en América Latina, a manos del pueblo cubano.

El capítulo III refiere a “La quimera del oro. ¿Cuántos son los dólares y cómo vendrán?” y el IV a “Alianza militar y Alianza para el Progreso”.

Aquí se encuentra la referencia que deseo mencionar. Sigue el capítulo V “¿Diez años o diez siglos? Subdesarrollo, evolución o revolución” y culmina con el VI: “El dólar y la economía de América Latina. Algunas cifras para Punta del Este”.

Doy estos datos porque quizá animen a algún lector a abordar estos textos, de profundidad conceptual y pasmosa actualidad. La Fundación Rodney Arismendi reeditó este volumen, en dos tomos, en noviembre de 1997. El mencionado capítulo IV se inicia con esta breve cita de E. Lieuwen: “Y así EEUU puede ordeñar tranquilo su vaca latinoamericana”.

Señala que “luego de la invasión a Cuba, la prensa, el Congreso y las oficinas del gobierno de los EEUU se han puesto a discutir a gritos acerca de la manera más eficaz  de llevar la guerra al interior de nuestros países. Se anunció, primero, la formación de cuerpos de especialistas en guerrillas, en atentados individuales, en ‘guerras limitadas’, etc.

Posteriormente, el órgano de los banqueros (The Wall Street Journal) informó de los pulcros asuntos que discutían  los organismos públicos de los EEUU: la organización  del crimen político contra los ‘dirigentes comunistas’ de América Latina, es decir contra todos los luchadores por la independencia nacional, la democracia y el progreso social de nuestros pueblos”.

Más adelante: “En el plan se incluye la elaboración de una larga ‘lista negra’ preparada por la CIA, donde figuran líderes revolucionarios, dirigentes obreros, comunistas y antiimperialistas en general”. En una nota al pie, Arismendi se pregunta si va en esta “lista negra” la larga nómina de antiimperialistas uruguayos censados ilegalmente por el Estado Mayor del Ejército.

Sigue: “Se asignan mil millones de dólares –el doble del Plan Kennedy- a este ‘trabajo sucio’ (las palabras son del autor). El periodista del Wall Street Journal escribe: ´Hombres honorables y de alto rango, se sientan ahora en esta capital (Washington) para discutir con calma las posibilidades de cosas tales como el asesinato metódico de líderes comunistas en el extranjero’”.

A esta cita queríamos llegar, para destacar el paralelo con los asesinatos selectivos practicados ahora por EEUU mediante los drones.

Se señala luego que el 2 de julio de ese mismo año 1961 The New York Times informó de una reunión de la Junta Presidencial de Inteligencia  y que en varias reuniones secretas se examinó reorganizar la CIA, “el poderoso feudo del filonazi Allen Dulles, organizadora de los sucesos de Hungría, Guatemala y Cuba. En su prontuario se anota la participación en el asesinato de Lumumba, en los atentados contra Sekú Touré, Sukarno y Nehru.

La reorganización apunta a crear –según The New York Times- un centro de ‘operaciones paramilitares’ (o sea invasiones, levantamientos, pequeñas guerras, atentados, etc.)”. Esto es lo que revive ahora, medio siglo después. Con técnicas más sofisticadas, pero con idéntico objetivo: el crimen político, los asesinatos selectivos por parte de la potencia imperial.

Tomado de Question

USA, mil bases y nueva y peligrosa forma de guerra

Un Informe especial de Miradas al Sur que les recomiendo encarecidamente y compuesto por estos tres artículos:

Washington transforma silenciosamente su imperio de bases en el extranjero y crea una nueva y peligrosa forma de guerra que, a partir de instalaciones de diferente envergadura y funciones, permite el rápido desplazamiento de tropas y material bélico a cualquier punto del planeta. Un minucioso informe que publica Miradas al Sur revela que Estados Unidos tiene alguna forma de presencia militar en alrededor de 150 países. De esta manera, los planificadores del Pentágono prevén un futuro de interminables intervenciones a pequeña escala, en las cuales una gran cantidad de bases geográficamente dispersas siempre estarán preparadas para un acceso operativo casi instantáneo. Más allá de su utilidad militar, estos puestos de avanzada, conocidos como “bases nenúfar”, son también instrumentos políticos y económicos utilizados para construir y mantener alianzas y asegurar un acceso privilegiado de Estados Unidos a mercados, recursos y oportunidades de inversión en el extranjero. Como parte de su estrategia para contener el avance de China, actualmente Washington planifica utilizar su proyección militar para alinear a países en Europa oriental, África, Asia y América latina.

Las mil bases de EE.UU.

Por David Vine Profesor en la American University en Washington/Tomdispatch.com

Lo primero que vi el mes pasado cuando entré en el avión de carga C-17 gris oscuro de la Fuerza Aérea fue un vacío, algo faltaba. Faltaba un brazo izquierdo, para ser exacto, cortado a la altura del hombro, temporalmente parchado y unido. Carne gruesa, pálida, manchada de un rojo brillante en los bordes. Parecía carne cortada en pedazos. La cara y lo que quedaba del resto del hombre estaban ocultas por mantas, un edredón con la bandera de Estados Unidos y un revoltijo de tubos y cintas, alambres, bolsas de goteo y monitores médicos.
Ese hombre y otros dos soldados gravemente heridos –uno con dos muñones donde había habido piernas, el otro al que le faltaba una pierna bajo el muslo– estaban entubados, inconscientes y acostados en camillas colgadas de las paredes del avión que acababa de aterrizar en la Base Aérea Ramstein, de Alemania. Un tatuaje en el brazo restante del soldado decía: “Muerte Mejor Que Deshonra”.
Pregunté a un miembro del equipo médico de la Fuerza Aérea por las víctimas semejantes que ven. Muchas, como en este vuelo, provienen de Afganistán, me dijo. “Muchas del Cuerno de África”, agregó. “En realidad, los medios hablan muy poco de eso”.
“¿De dónde de África?”, pregunté. Dijo que no lo sabía exactamente, pero sobre todo del Cuerno, a menudo con heridas graves. “Muchos de Yibuti”, agregó, refiriéndose a Camp Lemonnier, la principal base militar de Estados Unidos en África, pero también de “otros sitios” de la región.
Desde las muertes retratadas en la película La caída del halcón negro, en Somalia, hace casi 20 años, hemos oído poco, si algo, sobre víctimas militares estadounidenses en África (fuera de una extraña información de la semana pasada sobre tres comandos de operaciones especiales muertos, junto con tres mujeres identificadas por fuentes militares de Estados Unidos como “prostitutas marroquíes”, en un misterioso accidente automovilístico en Mali). La creciente cantidad de pacientes que llegan a Ramstein desde África descorre una cortina sobre una significativa transformación en la estrategia militar de Estados Unidos para el siglo XXI.
Es probable que esas víctimas sean la vanguardia de cantidades crecientes de soldados heridos provenientes de sitios muy alejados de Afganistán e Irak. Reflejan el creciente uso de bases relativamente pequeñas como Camp Lemonnier, que los planificadores militares ven como un modelo para futuras bases de Estados Unidos “esparcidas”, como explica un académico, “por regiones en las cuales Estados Unidos no ha mantenido anteriormente una presencia militar”.
Están desapareciendo los días en los que Ramstein era la base simbólica de Estados Unidos, un coloso del tamaño de una ciudad repleto de miles o decenas de miles de estadounidenses, supermercados, Pizza Huts y otras comodidades. Pero no imaginen ni por un segundo que el Pentágono está haciendo las valijas, reduciendo su misión global y volviendo a casa. En los hechos, sobre la base de los eventos de los últimos años, es posible que sea todo lo contrario. Mientras disminuye la colección de bases gigantes de la era de la Guerra Fría, la infraestructura de bases en ultramar ha estallado en tamaño y alcance.
Sin que lo sepa la mayoría de los estadounidenses, la creación de bases en todo el planeta está aumentando, gracias a una nueva generación de bases que los militares llaman “nenúfares” (como cuando una rana salta a través de un estanque hacia su presa). Son pequeñas instalaciones secretas e inaccesibles con una cantidad restringida de soldados, comodidades limitadas y armamento y suministros previamente asegurados.
En todo el mundo, de Yibuti a las selvas de Honduras, de los desiertos de Mauritania a las pequeñas Islas Cocos de Australia, el Pentágono ha estado buscando tantos nenúfares como puede, en tantos países como puede, lo más rápido posible. Aunque cuesta hacer las estadísticas, en vista de la naturaleza frecuentemente secreta de esas bases, es probable que el Pentágono haya construido más de 50 nenúfares y otras pequeñas bases desde el año 2000, mientras explora la construcción de docenas más.
Como explica Mark Gillem, autor de America Town: Building the Outposts of Empire, el nuevo objetivo es “evitar” las poblaciones locales, la publicidad y la posible oposición. “Para proyectar su poder”, dice, Estados Unidos quiere “puestos avanzados aislados e independientes ubicados estratégicamente” en todo el mundo. Según algunos de los más fuertes propugnadores de la estrategia en el Instituto de la Empresa Estadounidense, el objetivo debe ser “crear una red mundial de fuertes fronterizos”, con los militares estadounidenses, “la ‘caballería global’ del Siglo XXI”.
Semejantes bases nenúfares se han convertido en una parte crítica de una estrategia militar de Washington en desarrollo que apunta a mantener la dominación global de Estados Unidos haciendo mucho más con menos en un mundo cada vez más competitivo, cada vez más multipolar. Es bastante notable, sin embargo, que esta política de ajuste de las bases globales no haya recibido casi ninguna atención pública, ni una supervisión significativa del Congreso. Mientras tanto, como lo muestra la llegada de las primeras víctimas de África, los militares de Estados Unidos se están involucrando en nuevas áreas del mundo y en nuevos conflictos, con consecuencias potencialmente desastrosas.

Transformación del imperio de bases. Se podría pensar que los militares de Estados Unidos se encuentran en un proceso de reducir, en lugar de expandir, su poco apercibida pero enorme colección de bases en el exterior. Después de todo, fueron obligados a cerrar toda la colección de 505 bases, de mega a micro, que construyeron en Irak, y ahora están iniciando el proceso de reducir sus fuerzas en Afganistán. En Europa, el Pentágono sigue cerrando sus masivas bases de Alemania y pronto sacará dos brigadas de combate de ese país. Se planea que la cantidad de tropas globales se reduzca en unos 100.000 soldados.
Sin embargo, Estados Unidos sigue manteniendo su mayor colección de bases de toda la historia: más de 1.000 instalaciones militares fuera de los 50 Estados y de Washington DC. Incluye, desde bases de décadas de antigüedad en Alemania y Japón a bases totalmente nuevas de drones en Etiopía y las islas Seychelles en el Océano Índico, e incluso balnearios para veraneantes militares en Italia y Corea del Sur.
En Afganistán, la fuerza internacional dirigida por Estados Unidos todavía ocupa más de 450 bases. En total, los militares de Estados Unidos tienen alguna forma de presencia de sus tropas en aproximadamente 150 países extranjeros, para no mencionar 11 fuerzas de tareas de portaaviones –esencialmente bases flotantes– y una presencia militar significativa, y creciente, en el espacio. EEUU gasta actualmente unos 250.000 millones de dólares al año en mantener bases y tropas en el exterior.
Algunas bases, como la de la Bahía de Guantánamo, en Cuba, datan de finales del Siglo XIX. La mayoría se construyeron o se ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial o justo después, en todos los continentes, incluida la Antártida. Aunque los militares de Estados Unidos desocuparon cerca de un 60% de sus bases en el exterior después del colapso de la Unión Soviética, la base de infraestructura de la Guerra Fría permaneció relativamente intacta, con 60.000 soldados estadounidenses que permanecieron sólo en Alemania, a pesar de la ausencia de una superpotencia enemiga.
Sin embargo, en los primeros meses de 2001, incluso antes de los ataques del 11-S, el gobierno de Bush lanzó una importante reestructuración de bases y tropas que continúa ahora con el “pivote Asia” de Obama. El plan original de Bush era cerrar más de un tercio de las bases de la nación en el exterior y trasladar tropas hacia el este y el sur, más cerca de zonas de conflicto previstas en Medio Oriente, Asia, África y Latinoamérica. El Pentágono comenzó a concentrarse en la creación de “bases operativas avanzadas” más pequeñas y flexibles e incluso “sitios de cooperación” aún más pequeños o sea “nenúfares”. Las grandes concentraciones de tropas se restringirían a una cantidad reducida de “bases operativas principales” (MOBs por sus siglas en inglés), –como Ramstein, Guam, en el Pacífico, y Diego García, en el Océano Índico– que debían expandirse.
A pesar de la retórica de consolidación y cierre que acompañó este plan, en la era posterior al 11-S, en realidad, el Pentágono ha estado expandiendo drásticamente su infraestructura básica, incluidas docenas de importantes bases en cada país del Golfo Pérsico con la excepción de Irán y en varios países centroasiáticos críticos para la guerra en Afganistán.

Reinician la expansión de las bases. El “pivote hacia Asia” anunciado recientemente por Obama señala que Asia oriental estará en el centro de la explosión de bases nenúfares y eventos relacionados. En Australia se están estableciendo marines de Estados Unidos en una base compartida en Darwin. En otros sitios, el Pentágono se dedica a planes para una base de drones y vigilancia en las islas Cocos de Australia y despliegues en Brisbane y Perth. En Tailandia, el Pentágono ha negociado derechos de nuevas visitas de la Armada y un “centro de ayuda para desastres” en U-Tapao.
En las Filipinas, donde el gobierno expulsó a Estados Unidos de la masiva Base Aérea Clark y la Base Naval Subic Bay a principios de los años noventa, hasta 600 soldados de las fuerzas especiales han estado operando silenciosamente en el sur del país desde enero de 2002. El mes pasado, los dos gobiernos llegaron a un acuerdo sobre el uso futuro por parte de Estados Unidos de Clark y Subic, así como otros centros de reparación y suministro de la era de la Guerra de Vietnam. Como señal del cambio de los tiempos, los funcionarios estadounidenses, incluso, firmaron en 2011 un acuerdo de defensa con su antiguo enemigo, Vietnam, y han iniciado negociaciones para el creciente uso de puertos vietnamitas por la Armada.
En otros sitios de Asia, el Pentágono ha reconstruido una pista de aterrizaje en la pequeña isla Titian, cerca de Guam, y considera futuras bases en Indonesia, Malasia y Brunei, mientras impulsa vínculos militares más estrechos con India. Sus fuerzas armadas realizan cada año unos 170 ejercicios militares y 250 visitas a puertos en la región. En la isla Jeju, de Corea del Sur, los militares coreanos construyen una base que formará parte del sistema de defensa de misiles de Estados Unidos, a la cual tendrán acceso regularmente las fuerzas estadounidenses.
“Simplemente, no podemos estar en un solo sitio para hacer todo lo necesario”, dijo el comandante del Comando Pacífico, el almirante Samuel Locklear III. Para los planificadores militares, “hacer todo lo necesario” se define claramente como el aislamiento y (en la terminología de la Guerra Fría) “contención” de China, la nueva potencia de la región. Esto significa evidentemente “salpicar” nuevas bases por toda la región, agregándolas a las más de 200 bases estadounidenses que han cercado China durante décadas en Japón, Corea del Sur, Guam y Hawái.
Y Asia es sólo el comienzo. En África, el Pentágono ha creado silenciosamente “cerca de una docena de bases aéreas” para drones y vigilancia desde 2007. Aparte de Camp Lemonnier, sabemos que los militares han creado o crearán pronto instalaciones en Burkina Faso, Burundi, la República Centroafricana, Etiopía, Kenia, Mauritania, São Tomé y Príncipe, Senegal, Seychelles, Sudán del Sur, y Uganda. El Pentágono también ha investigado la construcción de bases en Argelia, Gabón, Ghana, Mali y Nigeria, entre otros sitios.
El próximo año, una fuerza del tamaño de una brigada de 3.000 soldados, y “posiblemente más”, llegará para realizar ejercicios y misiones de entrenamiento en todo el continente. En el cercano Golfo Pérsico, la Armada está desarrollando una “base avanzada flotante”, o “buque-madre”, para que sirva de “nenúfar” flotante a helicópteros y patrulleras, y ha estado involucrada en un masivo aumento de las fuerzas en la región.
En Latinoamérica, después de la expulsión de los militares de Panamá en 1999 y de Ecuador en 2009, el Pentágono ha creado o actualizado nuevas bases en Aruba y Curaçao, Chile, Colombia, El Salvador y Perú. En otros sitios, el Pentágono ha financiado la creación de bases militares y policiales capaces de albergar fuerzas estadounidenses en Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Costa Rica, e incluso en Ecuador.

En 2008, la Armada reactivó su Cuarta Flota, inactiva desde 1950, para patrullar la región. Los militares pueden desear una base en Brasil y trataron infructuosamente de crear bases, supuestamente para ayuda humanitaria y de emergencia en Paraguay y Argentina.
Finalmente, en Europa, después de llegar a los Balcanes durante las intervenciones de los años noventa, las bases estadounidenses se han desplazado hacia el este a algunos de los Estados del bloque oriental del ex imperio soviético. El Pentágono desarrolla actualmente instalaciones capaces de apoyar despliegues rotativos, del tamaño de brigadas en Rumania y Bulgaria, y una base de defensa de misiles e instalaciones de aviación en Polonia. Previamente, el gobierno de Bush mantuvo dos instalaciones ocultas (prisiones secretas) de la CIA en Lituania y en Polonia. Ciudadanos de la República Checa rechazaron una base de radar planificada para el sistema de defensa de misiles del Pentágono, que aún no ha sido probado, y ahora Rumania recibirá misiles basados en tierra.

Un nuevo modo de guerra de Estados Unidos. Un nenúfar en una de las islas en el Golfo de Guinea de São Tomé y Príncipe, frente a la costa occidental, rica en petróleo, de África, ayuda a explicar lo que está sucediendo. Un funcionario estadounidense ha descrito la base como “otra Diego García”, refiriéndose a la base del Océano Índico que ha ayudado a asegurar décadas de dominación de Estados Unidos sobre los suministros de energía de Medio Oriente. Sin la libertad de crear nuevas grandes bases en África, el Pentágono está utilizando São Tomé y una creciente colección de otros nenúfares en el continente en un intento de controlar otra región crucial rica en petróleo.
Mucho más allá de África Occidental, la competencia del Gran Juego del Siglo XIX por Asia Central ha vuelto de verdad, y esta vez de modo global. Se extiende a tierras ricas en materias primas de África, Asia y Suramérica, mientras Estados Unidos, China, Rusia y miembros de la Unión Europea se enfrentan en una competencia cada vez más intensa por la supremacía económica y geopolítica.
Mientras Pekín, en particular, ha participado en esta competencia de una manera sobre todo económica, marcando el globo con inversiones estratégicas, Washington se ha concentrado implacablemente en la fuerza militar como su baza global, marcando el planeta con nuevas bases y otras formas de poder militar.

“Olviden las invasiones a gran escala y las amplias ocupaciones en el continente eurasiático”, escribió Nick Turse sobre esta nueva estrategia militar del Siglo XXI. “En vez de eso piensen en fuerzas de operaciones especiales… ejércitos testaferros… militarización del espionaje y de la inteligencia… aviones drones sin tripulación… ataques cibernéticos y operaciones conjuntas del Pentágono con agencias gubernamentales ‘civiles’ cada vez más militarizadas”.
A esta incomparable potencia aérea y naval de largo alcance hay que agregar ventas de armas que superan a cualquier nación de la Tierra; misiones humanitarias y de ayuda en desastres que sirven claramente a fines de inteligencia militar, patrullas y funciones de “corazones y mentes”; el despliegue rotativo de fuerzas regulares de Estados Unidos en todo el globo; visitas a puertos y un despliegue expansivo de ejercicios militares conjuntos y misiones de entrenamiento que dan a los militares de Estados Unidos una presencia de facto en todo el mundo y que ayudan a convertir a militares extranjeros en fuerzas testaferras.

Cada vez más bases nenúfares. Los planificadores militares prevén un futuro de interminables intervenciones a pequeña escala en las cuales una gran colección de bases, geográficamente dispersas, siempre estarán preparadas para un acceso operativo instantáneo. Con bases en la mayor cantidad de sitios posibles, los planificadores militares quieren estar en condiciones de volverse hacia otro país convenientemente cercano si Estados Unidos no puede utilizar una cierta base, como fue el caso en Turquía antes de la invasión de Irak. En otras palabras, los funcionarios del Pentágono sueñan con una flexibilidad casi ilimitada, la capacidad de reaccionar con notable rapidez ante eventos en cualquier parte del mundo y, por lo tanto, algo que se acerque a un control militar total del planeta.
Más allá de su utilidad militar, las bases nenúfares y otras formas de proyección del poder son también instrumentos políticos y económicos utilizados para construir y mantener alianzas y asegurar un acceso privilegiado de Estados Unidos a mercados, recursos y oportunidades de inversión en el extranjero. Washington planifica utilizar bases nenúfares y otros proyectos militares para atar a países en Europa Oriental, África, Asia y Latinoamérica lo más estrechamente posible a los militares de Estados Unidos, y así a la continua hegemonía político-económica de Estados Unidos.

En conclusión, los funcionarios estadounidenses esperan que el poderío militar arraigue su influencia y mantenga la mayor cantidad posible de países dentro de una órbita estadounidense, en una época en la cual, algunos están afirmando su independencia todavía con más fuerza y gravitan hacia China y otras potencias ascendientes.

Esos peligrosos nenúfares. Aunque la dependencia de pequeñas bases pueda sonar más inteligente y más económica que mantener inmensas bases que a menudo han creado enojo en sitios como Okinawa y Corea del Sur, los nenúfares amenazan la seguridad global y de Estados Unidos de varias maneras:
Primero, el lenguaje “nenúfar” puede ser engañoso e intencionalmente o de otra manera esas instalaciones pueden crecer rápidamente hasta convertirse en inmensas bestias.
Segundo, a pesar de la retórica sobre la extensión de la democracia que sigue perdurando en Washington, la construcción de más nenúfares garantiza, en realidad, la colaboración con un número creciente de regímenes despóticos, corruptos y asesinos.
Tercero, existe un modelo bien documentado del daño que las instalaciones militares de diversos tamaños infligen a las comunidades. Aunque los nenúfares parecen prometer aislamiento de una oposición local, con el tiempo sucede a menudo que incluso las bases pequeñas causan enojo y movimientos de protesta.
Finalmente, una proliferación de nenúfares significa la militarización progresiva de grandes áreas del globo. Como los verdaderos nenúfares –que en realidad son malezas acuáticas–, las bases tienden a crecer y reproducirse incontrolablemente. Por cierto, las bases tienden a engendrar bases, creando razas de bases con otras naciones, aumentando las tensiones militares y desalentando las soluciones diplomáticas de conflictos. Después de todo, ¿cómo reaccionaría Estados Unidos si China, Rusia o Irán construyeran aunque sea una sola base nenúfar propia en México o en el Caribe?
Para China y Rusia en particular, más bases estadounidenses cerca de sus fronteras amenazan con provocar nuevas guerras frías. Más inquietante aún, la creación de nuevas bases para proteger contra una supuesta futura amenaza militar china puede llegar a convertirse en una profecía que se autorrealice: semejantes bases en Asia crearán probablemente la amenaza contra la cual supuestamente se deben proteger, haciendo que una catastrófica guerra contra China sea más probable, no menos.
Es alentador, sin embargo, que las bases en el extranjero hayan comenzado a generar un escrutinio crítico a través del espectro político desde la senadora republicana Kay Bailey Hutchison y el candidato presidencial republicano Ron Paul al senador demócrata Jon Tester y el columnista del New York Times Nicholas Kristof. Mientras todos buscan medios de reducir el déficit, el cierre de bases en el extranjero posibilita ahorros fáciles. Por cierto, cada vez más personajes influyentes reconocen que el país simplemente no se puede permitir más de 1.000 bases en el extranjero.
Gran Bretaña, como otros imperios anteriores, tuvo que cerrar la mayor parte de sus bases restantes en el extranjero en medio de una crisis económica en los años sesenta y setenta. Estados Unidos se moverá indudablemente en esa dirección tarde o temprano. La única pregunta es si el país renunciará a sus bases y reducirá su misión global voluntariamente o si seguirá el camino de Gran Bretaña como potencia en decadencia obligada a renunciar a sus bases desde una posición de debilidad.
Por cierto, las consecuencias de no elegir otro camino van más allá de los motivos económicos. Si continúan la proliferación de los nenúfares, de las fuerzas de operaciones especiales y las guerras de drones, es probable que Estados Unidos se enfrente a nuevos conflictos y nuevas guerras, generando formas desconocidas de reacción e indecible muerte y destrucción. En ese caso, más vale que nos preparemos para la llegada de muchos más vuelos –desde el Cuerno de África hasta Honduras– que no sólo transporten amputados, sino ataúdes.

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Poderes emergentes y política de defensa

Por Juan Gabriel Tokatlian* Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella

Análisis de situación global. Para el autor, la mayor novedad ha sido el despegue de los países del sur y el surgimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái, promovida por China, y el Consejo de Defensa Suramericano, sugerido por Brasil.

La mayor novedad del último cuarto de siglo ha sido el gradual despegue y creciente auge de poderes del Sur. China, India y Brasil, entre otros, constituyen ejemplos de nuevas potencias que irrumpen en el escenario internacional desde una posición de relativa fortaleza y sin pedir permiso. Durante la Guerra Fría, los tradicionales poderes medios y regionales eran, en general, países occidentales (Canadá, Suecia, Australia) próximos a las naciones centrales, democráticos, estables, satisfechos, con una reducida brecha de desigualdad en su comportamiento externo y ligeramente reformistas en cuanto a promover una difusión del poder internacional. Los nuevos poderes emergentes provienen de la periferia, poseen regímenes políticos diversos, sus casas no están plenamente ordenadas, gravitan significativamente en la economía mundial, están descontentos con los equilibrios de fuerza vigentes, tienen altos niveles de desigualdad doméstica, despliegan una conducta externa heterodoxa y se encuentran muy inclinados a favor de una repartición de poder en el terreno global.
En ese sentido, Southfalia (en contraposición a Westfalia, balance de poder dominante) se vale de mucha de la arquitectura normativa e institucional existente, pero le añade su voluntad de transformarla para que incorpore otros intereses y necesidades. Para ello, y ante el creciente déficit o estancamiento de instancias multilaterales como la ONU y OMC, entre otros, los poderes emergentes parecen dispuestos a introducir, al menos en el terreno de los espacios y foros, alguna originalidad. Por un lado, estos actores han ido activando distintas dinámicas multiminilaterales; esto es, varios ámbitos en los que converge un número limitado de participantes, con una agenda precisa y con propuestas concretas. Ibsa (India, Brasil y Sudáfrica) y Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) expresan lo anterior. Por el otro, varios países buscan impulsar un regionalismo de nuevo cuño destinado a dialogar y consensuar posturas e iniciativas en materia de seguridad: la Organización de Cooperación de Shanghái, promovida por China, y el Consejo de Defensa Suramericano, sugerido por Brasil, apuntan en esa dirección.
En algunas naciones de Southfalia han surgido ideas que intentan llevarse y plasmarse en la política mundial. Desde mediados de esta década, Hu Jintao ha proclamado la noción de hexie shijie (“mundo armónico”) como guía de la proyección externa china y como referencia para que el ascenso de Beijing sea interpretado en un sentido pacífico. India, por su lado, ha venido impulsando la noción de Gandhi trusteeship (“tutela”) como expresión de la búsqueda de un desarrollo colectivo espiritual y material más igualitario. Muy probablemente se producirán más aportes de otras naciones en el futuro que, en esencia, apunten a darle un carácter más humanitario a un ordenamiento internacional Posguerra Fría tan poco sensible a los ideales de equidad, solidaridad y concordia. De algún modo, Southfalia podría contribuir a conciliar las lógicas de la política, el derecho y la moral, en donde el poder, las normas y la ética se entrelacen y refuercen. De lo contrario, las relaciones internacionales seguirán oscilando entre una realpolitik inmoderada y una idealpolitik vacua.
En términos de prácticas y liderazgo, Westfalia se ha sustentado en procesos deliberativos poco democráticos y en estilos de liderazgo convencionales. Southfalia no se ha mostrado en este campo innovador: ni ha propiciado todavía formas y procedimientos más participativos y pluralistas, ni ha implementado modos de liderazgo múltiple, concertado, conjunto, colaborativo o distributivo. En síntesis, Southfalia muestra ciertos elementos de continuidad, readaptación y cambio con respecto a Westfalia. El sistema westfaliano no se ha colapsado, pero muestra signos de agotamiento evidente. Mientras tanto, el Sur global avanza gradualmente aportando, con marchas y contramarchas, novedades significativas. El desafío para Latinoamérica es entender mejor y aprovechar más esta oportunidad; el reto de las potencias de Occidente es aceptar o asimilar el ascenso de una periferia distinta a la del pasado y con ello no tentarse con “mantener en su lugar”, como dijera en 1958 A.F.L. Organski en su obra World Politics, a los inquietos poderes emergentes.

* Extracto del paper titulado “El entorno global”, una de las piezas ensayísticas
del libro La defensa en el siglo XXI- Argentina y la seguridad regional (Capital Intelectual, julio 2012).

“Obama prioriza otros objetivos militares”

Por  Emiliano Guido

Entrevista. Ernesto López. Ex Jefe de Gabinete del Mindef. Diplomático y especialista en temas de defensa, López advierte que un reciente paper del Pentágono ya había anticipado la necesidad de expandir las fronteras en la intervención político-militar extraterritorial.

Experto en políticas de seguridad y defensa, el actual embajador argentino en Guatemala, Ernesto López, llegó a comandar la Jefatura de Gabinete del Ministerio de Defensa durante el gobierno de Néstor Kirchner. Ahora, López presta servicios diplomáticos en la zona más caliente de la guerra contra los carteles de la droga, un hecho que le da currículum empírico a su alto bagaje académico. Desde su residencia diplomática, López habló con Miradas al Sur y, rápidamente, apuntó un dato central para entender un aspecto del porqué del actual mapa de las mil bases norteamericanas desperdigadas en el mundo: “La ampliación del número de bases arranca con Bush Junior en 2001, que se propone instalarlas más allá de donde se había llegado en la Guerra Fría, esto es más allá de Europa occidental y Asia del nordeste. Ahora, Obama parece haber ampliado y potenciado las operaciones de fuerzas especiales, para las cuales se habría incrementado el número de sus bases”.
–¿El intervencionismo militar norteamericano en América latina durante la era Obama se contrajo, se redefinió o siguió su curso con respecto a lo registrado durante la Administración Bush?
–Con respecto al tema de las bases militares extraterritoriales, creo que fue durante la gestión de Bush junior y Donald Rumsfeld (ex jefe del Pentágono) cuando Washington decidió expandir las fronteras clásicas de estos enclaves, que venían delimitados por el conflicto de la Guerra Fría. Es decir, en esos años, la Casa Blanca decidió universalizar su presencia a través del envío de tropas. Pero, precisamente, el rasgo distintivo de la era Obama está registrado en uno de los documentos claves en la ingeniería de su política de defensa: el Quadrenial Defense Report Review (Qdrr). En el Qdrr del año 2010 queda, perfectamente, discriminado un corrimiento en la estrategia madre de defensa y seguridad. Ahora, el Pentágono prioriza el diseño de bases más pequeñas y flexibles para estar cerca de teatros políticos hostiles; incluso a la presencia norteamericana. Evidentemente, con Obama, el ejército norteamericano relega las categorías clásicas del enfrentamiento bélico con Estados en su agenda política, de ahí el retiro de marines en Irak o Afganistán, y pone el acento en incrementar recursos para enfrentar enemigos más difusos, como grupos terroristas, insurgentes y enemigos no estatales. Esto queda manifestado en el Qdrr cuando los asesores del Pentágono enfatizan la necesidad de destinar recursos a fuerzas heli-transportadas o drones (aviones espías).
–Usted presta servicios diplomáticos en un país sacudido por la guerra contra los carteles de la droga. ¿Cómo vislumbra el futuro cercano de esta problemática en la zona caliente del conflicto antinarcóticos, México y Centroamérica?
–Yo veo que no hay un cambio de paradigma por parte de los Estados Unidos para desarrollar su estrategia antinarcóticos. Recientemente, en Guatemala, el presidente Otto Pérez Molina propuso que la despenalización del consumo podía ser una buena alternativa para variar el enfrentamiento con los narcos. Pero la respuesta de las agencias de seguridad norteamericana fue la misma de las últimas décadas: que no hay condiciones para cambiar el curso de los hechos y que ellos están trabajando en tratar de reducir la demanda interna.
–¿Y cómo está el poder de fuego y de influencia política de los narcos en la primera periferia norteamericana?
–La impresión que se tiene es que siguen operando sin mayores contratiempos. Últimamente, se han producido detenciones de algunos capomafias, pero queda la sensación de que están en forma de reabsorber rápidamente esos golpes. Pero, aunque las opiniones internas estén divididas, crece la comprensión, en países pequeños como Guatemala, de que el principal problema no está puertas adentro sino en el terrible flujo de demanda de drogas que proviene del mercado norteamericano. Y, claro, la cocaína moviliza mucho dinero y la capacidad de corromper estructuras y voluntades estatales es muy fuerte. Pero, además, es cada vez más visible que Estados Unidos no puede doblegar dos factores que fortalecen el poder narco: el contrabandeo ilegal de armas y el lavado de dinero.
–¿Cuál le parece que es el mayor atributo del Consejo de Defensa Sudamericano?

–Me parece que, simplemente, lo mejor del Consejo de Defensa es que exista. El componente institucional es una cosa muy significativa pero, claro, ahora hay que construir y fortalecer la herramienta para que perdure en el tiempo.

 

Las insurrecciones árabes repercusiones regionales y en la política mundial

Los países árabes comenzaron a manifestarse en cadena hace más de un año. La cuenca mediterránea y la amplia extensión centroasiática constituyen una larga y vasta bisagra cuya disgregación constituye la precondición necesaria para cualquier potencia extracontinental resuelta a asegurarse el dominio global.

Por Tiberio Graziani

Las revueltas iniciadas en África del Norte en diciembre de 2010, sucesivamente propagadas a través de todo el año pasado en gran parte del mundo árabe y culminadas con la agresión militar a Libia, translimitan el contexto regional y se sitúan en la estrategia estadounidense tendiente al control militar, económico y político no sólo del Mediterráneo, sino que también de Medio Oriente y de África.

A más de un año desde que principió la primavera árabe en este espacio se propone una evaluación sintética de su impacto en el proceso de transición uni-multipolar.

La primavera árabe: ¿un episodio de la lucha por la supremacía mundial?

A más de un año, una multitud de elementos inducen a considerar que las agitaciones que empezaron en África del Norte el 17 de diciembre de 2010 con el suicidio del joven tunecí Mohamed Bouazizi y, sucesivamente, extendidas por todo el 2011 en gran parte del mundo árabe, traspasan el contexto regional y parecen inscribirse en el marco de la estrategia de EEUU orientada al control militar, económico y político no sólo del Mediterráneo, sino que también de Medió Oriente y de África.

La así llamada primavera árabe, aun derivando de algunos factores endógenos que seguramente han contribuido a provocarla, se ubica en medio del dinámico proceso de transición entre el sistema unipolar bajo el liderazgo estadounidense y el multipolar. Este proceso —que inició hacia la mitad de los años noventas con el surgimiento de China e India como nuevas potencias económicas— ha sufrido una aceleración y asumido una fisonomía geopolítica más precisa debido al remplazamiento de Rusia como actor mundial, actuado por Putin durante sus primeras dos presidencias (2000-2008).

La inesperada entrada de las potencias continentales eurasiáticas en la arena internacional, como es notorio, cogió desprevenido a los EEUU, que para la conquista de la primacía global, sea desde una perspectiva geoestratégica, sea a través de la adquisición de reservas energéticas, ya habían impreso, a partir del desenlace del sistema bipolar, una orientación acusadamente militar a su propia práxis geopolítica (geopolítica del caos).

La permanente dialéctica geopolítica entre las potencias continentales y marítimas se volvía, por lo tanto, a proponer con un vigor renovado al comienzo del siglo XXI. Ésta habría reproducido, como hemos constatado durante los últimos años, antiguos esquemas de enfrentamiento militar, político y económico en particulares áreas del planeta. Una de estas áreas es precisamente el Mediterráneo.

La cuenca mediterránea y la amplia extensión centroasiática constituyen una larga y vasta bisagra cuya disgregación constituye la precondición necesaria para cualquiera potencia extracontinental resuelta a asegurarse el dominio global.

El enfrentamiento para la supremacía mundial, consiste principalmente en controlar la masa continental euro-afro-asiática. La tensión que hay entre las opuestas líneas de fuerza concernientes, por un lado, a la progresiva inserción de los EEUU en la masa euroasiática y, por el otro, al surgimiento y reafirmación de antiguas potencias continentales, encuentra en la cuenca mediterránea una de las áreas de mayor criticidad.

El sistema occidental bajo la conducción norteamericana, privilegiando la militarización de las relaciones internacionales (una particular reinterpretación del multilateralismo), en un primer momento, si se excluye la Guerra del Golfo de 1990-91, ha destructurado la península balcánica, sucesivamente, con el objetivo de abrirse un paso hacia el corazón de Asia, ha defragmentado enteras áreas estratégicas para establecer la cohesión y la estabilidad de toda Eurasia (Afganistán e Irak). Sin embargo el esfuerzo bélico de EEUU y sus aliados hasta la fecha no ha logrado alcanzar su objetivo.

Nuevas agregaciones geoeconómicas y geopolícas —como las constituídas por los países del BRICS o las formalizadas por los acuerdos estratégicos entre Irán y China, además de aquellas estipuladas por los mayores países de América del Sur y las potencias eurasiáticas— de hecho han cambiado profundamente el panorama internacional. EEUU, inmovilizados en su expansión hacia Rusia por causa del acuerdo de Pratica di Mare del 2002 y, sobre todo, por el fracaso de su estrategia centrada en las así llamadas “revoluciones coloradas”, encenagados en la trampa afgana, han dirigido su atención hacia África, en particular hacia el Norte de África y, por ende, hacia el Mediterráneo.

Por lo que se refiere este particular, no es un caso si Wáshington y el Pentágono hayan activado el Africa Command e incrementado la base geoestratégica de Camp Bondsteel, indispensabile para el avance de las fuerzas terrestres y áreas “occidentales” en la zona que va del Adriático al Cáucaso.

Debido también a la transformación de la escena global, algunos países como Italia y Turquía, a pesar de su condición de miembros de la OTAN, es decir, de naciones estrechamente radicadas en el sistema occidental, de modo modesto han intentado desvincularse de las indicaciones dictadas en el ámbito de la alianza hegemónica de la que forman parte.

Las “tímidas” acciones de desvinculación se han referido en particular a las relaciones entre la Libia de al-Qaddāfī y la Italia de Berlusconi, la política de “buenos vecinos” llevada adelante por Ankara hacia los países árabes y la contemporánea mitigación de las relaciones turcas hacia Israel, aliado estratégico de EEUU en el Cercano Medio Oriente. Estas acciones constituían, en el plano estratégico, presuposiciones eficaces para el potencial enlace entre los países del Mediterráneo y, en particular —a nivel global— evidenciaban la importancia geopolítica del área mediterránea para la realización del nuevo orden multipolar.

Las tentativas de desvinculación antedichas, como era obvio, han introducido ulteriores elementos de tensión en la cuenca mediterránea, militarmente controlada por Wáshington y que de algún modo ha contribuído a las decisiones “intervencionistas” de París y de Londres con relación a Libia.

La inestabilidad mediterránea

El actual panorama mediterráneo presenta fragilidades en diversos sectores, como hemos observado, desde el geoestratégico al socio-económico y político. La crisis financiera y económica que han embestido a los EEUU en 2007-2008 se propagaron —debido también a los “egoismos nacionales” subyacentes a las elecciones de política económica del eje franco-alemán (Sarkozy-Merkel) y por los sectores más tecnocráticos de Bruselas— en Europa, particularmente en las áreas más débiles del Viejo Continente.

El ataque al euro, obrado por Wall Street y por la City —con la complicidad de las agencias internacionales de “rating”— de hecho destructuró las economías nacionales y el tejido social de Grecia, España e Italia. Los tres países mediterráneos actualmente se hallan en la difícil situación de tener que someterse a los diktat que proceden de las instituciones supranacionales como el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Esta subordinación, manifesta ulteriormente la incapacidad de las clases dirigentes de esos países mediterráneos en encontrar trayectorias políticas alternativas.

La situación crítica en la cual actualmente se haya sumida la Europa mediterránea se añade, como elemento funesto, al de las recientes perturbaciones que están ocurriendo en el Norte de África. Por lo tanto el área mediterránea aparece cada vez má desestabilizada. De alguna manera pareciera que se está llevando a cabo una parte importante del proyecto del Nuevo Gran Medio Oriente, concebido hace algunos años por las administraciones norteamericanas.

El voluminoso peso de la política exterior de EEUU en los asuntos internos de los países de África del Norte, además de su proyección militar en el área, contribuyeron a determinar la constitución de nuevas, inciertas y frágiles “leadership”, por medio de las cuales los gobiernos europeos y los mayores países interesados en la estabilidad mediterráea —principalmente Rusia y Turquía— en la actualidad están obligados a medirse.

Rusia y Turquía, aun adoptando diversas opciones por lo que concierne al “dossier Siria”, convergen en el planteamiento general que se refiere a las relaciones que hay que mantener con los nuevos centros de poder surgidos durante el tormentado proceso de la llamada primavera árabe. La intención de Moscú y de Ankara es de reducir al mínimo las tensiones en el interior de la bisagra árabe. Rusia y Turquía privilegian, al contrario de Wáshington y del Pentágono, la solución diplomática. Este tipo de comportamento debería ser estimado por las naciones europeas.

El pretexto ofrecido por Moscú y por Ankara de hecho constituye una ocasión (por otra parte presentada también en las primeras fases de la agresión “occidental” contra Libia y advertida positivamente sólo por Alemania), más única que rara por los países europeos, en particular por aquellos mediterráneos.

Los gobiernos de estos países, basándose en el renovado interés ruso por el Mediterráneo, deberían abandonar la práxis hipócritamente unitaria hasta ahora seguida que, si bien “concertada” y dictada por Buselas, en realidad está subordinada a los intereses estadounidenses; deberían, por le contrario, adoptar una de tipo abiertamente bilateral por lo que se refiere la faja norteafricana.

Esta nueva y deseable orientación contribuiría a la reducción del proceso de disgregación de la bisagra mediterránea, indudablemente valorizaría el papel de Moscú en las negociaciones con el Consejo de Seguridad de la ONU, permitiría hacer percibir a las poblaciones del Norte de África la existencia de una visión —a pesar de la bilateralidad de las relaciones— no más de tipo “occidental”, compimida hacia Wáshington, sino que europea (incluso euroafricana) de cooperación entre las dos márgenes mediterráneas.

Fuente: Sur y Sur

La farsa detrás de la guerra contra el narco

Por Gilberto López Rivas

El libro de Nancy Flores Nández La farsa detrás de la guerra contra el narco (México, Editorial Océano, 2012) es de dolorosa actualidad. Su título presenta una hipótesis que ha venido comprobándose en estos años de una cruenta guerra que la autora sostiene que algún día será juzgada como un holocausto de pobres. La farsa consiste en encubrir la verdadera finalidad de una estrategia que en realidad ha incrementado el tráfico y el consumo de drogas y que, como señala en el prólogo José Luis Sierra: las organizaciones criminales mexicanas se han fortalecido en número, capacidad de fuego, poder corruptor, extensión territorial y dominio social.

Periodista de investigación de la prestigiada revista Contralínea, Nancy Flores demuestra en su valiente texto, escrito con base en información obtenida de fuentes oficiales, que detrás de las triunfalistas declaraciones de Felipe Calderón siempre se ocultó un gobierno represivo, basado en la utilización de las fuerzas armadas. Se evidencia también el carácter contrainsurgente de una guerra social cuya estrategia ha sido impuesta por Estados Unidos, a partir de la cual ha profundizado su injerencia en las fuerzas armadas, en los organismos de seguridad y de inteligencia mexicanos, a la par que se beneficia de la venta de armas y del lavado de dinero de los cárteles en los circuitos financieros internacionales.

En la primera parte de la obra se contrastan los discursos oficiales con los datos en materia de los enemigos públicos, esto es, capos buscados, capturados, encarcelados y liberados, frente a la realidad de los consignados; se pasa revista a los cárteles que operan en el país y más allá de sus fronteras; se tipifican los delitos y se denuncia la impunidad reinante debido a la extendida corrupción; se estudia el papel del crimen organizado mexicano en el negocio global, una de las tres más poderosas mafias internacionales, y se culmina destacando la industria del lavado y las complicidades del sistema financiero. En la segunda parte se presentan los costos humanos y económicos de esta nueva versión de guerra sucia, con sus crímenes de Estado, paramilitares, caravanas de la muerte, ejecuciones a cargo de las fuerzas armadas; se exhiben los gastos destinados a la nueva carrera armamentista, la importación y difusión de las armas, los civiles y el mercado negro, para culminar en lo que Flores denomina el ejército de pobres para el crimen, los jóvenes y su calvario, las formas de intoxicación, el papel de las drogas en la despolitización y, por último, la tragedia de los niños y el narco. En la tercera parte se identifica al promotor de la guerra, esto es, nuestro buen vecino, y se analizan los delitos cometidos por Estados Unidos con sus operativos como Rápido y furioso, la cooperación con el cártel de Sinaloa, la agenda estadunidense y la complicidad de las autoridades mexicanas. El epílogo trata sobre los sucesores de Colombia y el experimento del miedo que es México, mientras los anexos despliegan un listado de los defensores, activistas, luchadores y líderes sociales asesinados, de los periodistas ejecutados, así como de los asesinatos políticos. Los datos brindados desde la introducción son irrefutables: “de los más de 120 mil detenidos por delincuencia organizada en el marco de la estrategia, sólo a mil 306 consignados por delitos contra la salud y lavado de dinero en el periodo de enero de 2007 a febrero de 2010 se les acreditaron vínculos con los siete cárteles de las drogas vigentes. De estos, únicamente 114 son integrantes del poderoso cártel de Sinaloa… En los años de la guerra, ninguna red de protección en el sector empresarial, en el circuito financiero y en el gobierno ha sido investigada o desmantelada… Consultoras de seguridad estiman que al menos unos 500 mil mexicanos están vinculados a los cárteles. Los mil 306 consignados representan 0.26 por ciento de esa cifra”.

La protección de uno de los cárteles, el de Sinaloa, con respecto al resto, se acredita con la información proporcionada por Nancy Flores: “… el cártel del Pacífico ha consolidado su poder en el país y en el mundo, mafias como el cártel del Golfo –hasta hace poco tiempo la empresa más boyante y principal enemiga de El Chapo Guzmán– se han visto reducidas casi al punto de la extinción”.

Son muy significativas las tesis que se exponen sobre la impunidad, la cual llega hasta 90 por ciento en delitos como el secuestro. Se cita al jurista Liugi Ferrajoli, quien vincula el fracaso de las democracias en todo el mundo con el triunfo de la ilegalidad, la quiebra del estado de derecho y la violación sistemática de las constituciones nacionales, a partir de un análisis de lo que él llama criminalidad del poder, la cual se expresa de tres maneras: la primera es la criminalidad de la delincuencia organizada en todos los niveles. La segunda es la criminalidad que se da en los grandes enclaves económicos y que se presenta con tres rasgos: la complicidad con la delincuencia organizada y con los centros de poder político, la apropiación de los recursos naturales y la devastación del ambiente. La tercera es la criminalidad del poder, que actúa desde las estructuras del Estado que entran en el terreno de la llamada guerra sucia: desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, torturas y homicidios, crímenes contra periodistas y comunicadores. Es la colusión de estas tres formas de criminalidad del poder la que explica la extensión de la ilegalidad y que hace posible la impunidad.

Ante el rumbo más sombrío que está tomando el país con la imposición de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República, a contracorriente de una sociedad indignada por los procesos electorales marcados por el fraude estructural, un libro de esta profundidad investigativa se torna imprescindible.

Tomado de La Jornada, de México