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Una deuda con Vietnam

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Vietnam War

 

 

 

 

 

 

 

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Por Ángel Guerra Cabrera

Tomado de La Jornada, de Mexico

El 40 aniversario de la victoria de Vietnam sobre Estados Unidos fue celebrado como propio hace dos semanas por todas las fuerzas revolucionarias, patrióticas y progresistas del mundo entero. Me hice el propósito de escribir entonces sobre un hecho tan profundamente aleccionador para las luchas que libramos hoy, pero razones imponderables me lo impidieron y decidí hacerlo en esta entrega.

El 30 de abril de 1975 las tropas al mando del épico general Vo Guyen Giap culminaban una fulminante ofensiva iniciada a principios de marzo que puso en sus manos todo el sur de Vietnam. Ingresaron a Saigón(nombrada Ciudad Ho Chi Min 24 horas después), arrollaron lo que quedaba del desmoralizado ejército de la dictadura militar, pusieron en fuga a los remanentes de militares estadunidenses y se apoderaron de todas las posiciones estratégicas de la ciudad, incluyendo la embajada del país agresor. La fotos de un helicópteros cargando desde la azotea de esa instalación a gringos y jerarcas del régimen títere arracimados hasta en el tren de aterrizaje pasó a ser uno de los símbolos icónicos de la ignominiosa derrota yanqui.

Para entonces Ho Chi Min, el general Giap y el pueblo vietnamita tenían en su haber la humillante derrota del colonialismo francés en la batalla de Diem Bien Phu(1954) y una sucesión interminable de enormes sacrificios, duro aprendizaje y luego brillantes hazañas militares, que iniciados en 1959 condujeron a la apabullante derrota de las tropas estadunidenses y de sus títeres.

De la lucha del pueblo vietnamita contra la intervención japonesa, francesa y estadunidense se desprenden valiosas enseñanzas no solo para los pueblos que se ven forzados a tomar las armas para defender su patria, sino para todas las luchas protagonizadas por vía política contra la dominación imperialista-oligárquica, las políticas neoliberales, el saqueo de los recursos naturales, la degradación medioambiental, el entreguismo, la represión y la corrupción de las elites dominantes.

Vietnam demostró que el ser humano, animado de ideales, es capaz de los mayores sacrificios y de alcanzar lo que parece imposible. Probó que los pueblos pueden vencer fuerzas muy superiores en número y tecnología cuando actúan en defensa de una causa justa, están bien organizados, educados políticamente, unidos en un solo haz y sujetos a una disciplina consciente.

La creatividad política de la dirección vietnamita encabezada por Ho Chi Min se manifestó en la capacidad de movilizar a todo un pueblo en defensa de la patria, mediante audaces y flexibles alianzas, y ofreciendo a todos y todas, incluyendo niños y ancianos, una responsabilidad en ese cometido. Igualmente, en la sabiduría de ir de menos a más, al transformar los pelotones en compañías, estas en batallones y luego en regimientos, divisiones y cuerpos de ejército, basándose fundamentalmente en el apoyo de la población, que aportaba nuevos reclutas, y la captura de las armas al enemigo, hasta que comenzaron a llegar las de procedencia soviética y china.

Estados Unidos se vio forzado a desplegar más de medio millón de soldados en Vietnam y todavía sus jefes pedían el envío de 200 mil más para asegurar la “victoria”. Usó también los bombardeos masivos sobre el sur y zonas densamente pobladas del norte del país, así como contra regiones de Laos y Cambodia.

Arrojó sobre un territorio de extensión semejante a la de estado de Nuevo México, más bombas que todas las empleadas por las fuerzas estadunidenses en la Segunda Guerra Mundial. Además, regó desde el aire 76 millones de litros de defoliantes, principalmente del agente naranja, fabricado por las corporaciones Monsanto y Dow Chemical que contiene una dioxina con “quizás la molécula más tóxica jamás sintetizada por el hombre”, probada causante de varios tipos de cáncer y malformaciones congénitas. Al menos dos millones de vietnamitas han sido afectados por el agente naranja sin contar con las víctimas de este por la contaminación de la cadena biológica y los cursos de agua. Los defoliantes arrasaron millones de hectáreas, tanto de selva tropical y manglares como de cultivos y alcanzaron a 30.000 núcleos habitados.

La CIA condujo en Vietnam la operación Phoenix, que costó la vida a entre 26 000 y 41 000 supuestos colaboradores de la guerrilla del Frente de Liberación Nacional. Se calculan entre dos y seis millones los vietnamitas muertos en la contienda.

Ninguna de estas acciones genocidas pudo evitar la victoria del Vietnam heroico.

Contar los cadáveres, antes y ahora

Drones

 

 

 

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Civiles-muertos-en-afganistánRecuento de cuerpos, drones y “daños colaterales”

Por Tom Engelhardt, cofundador de American Empire Project y autor tanto de The United States of Fear como de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. Dirige TomDispatch.com, del Nation Institute. Su nuevo libro es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World(Haymarket Books.

Fuente: TomDispatch

¿Quién cuenta?

En el mundo de la guerra con drones del siglo XXI hay una pregunta con dos aspectos que sobresale entre todas las demás: ¿Quién cuenta?”

En Washington, las respuestas son las mismas: nosotros no contamos y ellos no cuentan.

La administración Obama rechaza categóricamente hacer el recuento de cadáveres. Ningún cuerpo. De hecho, desde hace mucho tiempo, los funcionarios estadounidenses relacionados con las campañas de asesinatos con drones y “ataques a sospechosos”* en las zonas remotas y poco pobladas de Pakistan, Afganistán y Yemen declaran que no hay cadáveres para hacer un recuento, que los drones son cuidadosamente conducidos y son tan “precisos” que nunca provocan una muerte accidental: ningún niño, ningún pariente, ninguna fiesta de boda. Nada**.

Cuando se trataba de “daños colaterales”, no había necesidad de recuento porque no había nada que contar o, en el peor de los casos, esas bajas civiles “se podían contar con los dedos”. Que eran tonterías, que era frecuente que cuando esos drones lanzaban sus cohetes Hellfire no estaban seguros de exactamente hacia adónde iban, que si los civiles estaban muriendo en cifras relativamente contabilizables –y que ciertamente alguien los estaba contando– eso importaba poco, al menos en este país [Estados Unidos] hasta muy recientemente. Después de todo, la guerra con drones, era algo innovador y, tal como la presentaron dos administraciones, bastante milagrosa. En 2009, el director de la CIA, Leon Panetta la llamó “el deporte único” cuando fue dirigida contra al-Qaeda. ¡Y vaya si lo era! No hacían falta matemáticas ni mediciones. Como lo demostró la guerra de Vietnam, contar cadáveres era de perdedores; apenas los acostumbrados informes en los medios que hablan de tantos “militantes” muertos en un ataque, o que algún “teniente” o “mando” de al-Qaeda había sido eliminado.

Ese tiempo terminó el pasado 23 de abril, cuando el presidente Obama en la sala de prensa de la Casa Blanca pidió disculpas por la muerte del estadounidense Warren Weinstein y el italiano Giovanni Lo Porto, dos cooperantes occidentales en manos de al-Qaeda en calidad de rehenes. Ambos habían sido, confesó el presidente, eliminados durante un ataque contra un campamento terrorista en Pakistán; a pesar de eso, Obama se las arregló para no mencionar la palabra “drone” y describió vagamente lo sucedido como una “operación estadounidense de contraterrorismo”. Para decirlo de otro modo, resultó que la administración era capaz de contar, al menos hasta dos.

Esto nos acerca al otro significado de la pregunta “¿Quién cuenta?”. Si usted es un inocente estadounidense o civil occidental y resulta muerto en un ataque con drones, usted cuenta. Si usted es un inocente pakistaní, afgano o yemení, usted no cuenta. Usted no cuenta antes de que el drone lo mate y tampoco cuenta como cadáver. Por usted, nadie pedirá disculpas, nadie pagará una indemnización a sus familiares por su injusta muerte, nadie reconocerá siquiera que usted existía. Esta es la moderna realidad de la guerra estadounidense con drones, y la cuestión de quién cuenta y de quién –si acaso hay alguien– hace un recuento forma parte del la cuestionable herencia de la interminable guerra contra el terror de Washington.

Una breve historia del recuento de cadáveres

Hubo en tiempo en el que, por supuesto, los enemigos muertos eran una señal de honor en la guerra, pero el “recuento de cadáveres” estadounidense, que se convirtió en algo de triste fama en la época de Vietnam, había sido siempre materia de frustración, no de orgullo. Comenzó en los primeros cincuenta, en los tiempos de la guerra de Corea, la “picadora de carne”, después de que la lucha se estancara en un espantoso punto muerto y era imposible vislumbrar cualquier señal de victoria. Esto reapareció relativamente pronto en los tiempos de la guerra de Vietnam a medida que los funcionarios de Estados Unidos empezaron a buscar “cuantificaciones” que de alguna manera expresaran una victoria en un país donde apoderarse de territorio en el estilo tradicional significaba bien poco. A medida que pasaba el tiempo, que crecía la brutalidad de la guerra y que la prometida “luz en el final del túnel” era cada día más débil, las cuantificaciones solo crecían y, con ellas, también la presión para que se hiciera recuentos de cadáveres que pudiesen ser anunciados cotidianamente por los portavoces de Estados Unidos a periodistas cada vez más escépticos en Saigon. Bastante pronto, esos periodistas empezaron a llamar a esos guarismos las “extravagancias de las 5 de la tarde”.

En el campo de batalla, la presión que recibían los militares para que en esas “extravagancias” entregaran impresionantes recuentos de cadáveres dio pie para que los soldados hablaran de la “Mere Gook Rule” (“si está muerto y es vietnamita, es un vietcong”). Muy pronto, cualquier cosa se hacía pasar por un cadáver. Según el testimonio de William Calley, famoso por la masacre de My Lai, “En ese tiempo, todo iba a parar al recuento de cadáveres: vietcongs, búfalos, cerdos, vacas. Algunas veces lo hicimos, lo poníamos en el recuento de cuerpos, señor… Con tal de que fuera subido; eso era lo único que querían”.

Sin embargo, cuando se vio que la victoria era algo ilusorio, esos recuentos de cuerpos empezaron a ser vistos en el frente interno como una atroz carnicería y unas cuantificaciones del todo infernales. Como señal de éxito, cada vez más alejadas de la realidad –aunque paradójicamente producían realidad–, se convirtieron en una trampa mortífera. A medida que crecía la pila de cadáveres y que, en la terminología de la época, se ensanchaba una “brecha de credibilidad” entre los guarismos y la realidad, el recuento de cuerpos se convirtió en un símbolo no solo de una guerra frustrante sino también de la derrota misma. Sucedió, sobre todo después de la matanza de My Lai llegara a conocerse en EEUU, que los recuentos fueran tan falsos y brutales. De todos modos, ¿de quién eran esos cadáveres?

No debe sorprender que en la época posterior a Vietnam Washington tratara todo lo asociado con el desastre que había sido Vietnam como si fuera algo radiactivo. Entonces, cuando en la estela de los ataques del 11-S, en un estado de excitante anticipación, los más altos funcionarios de la administración Bush empezaron a planificar sus guerras del siglo XXI, no tenían la menor intención de revivir cualquier cosa que oliera a Vietnam. No habría bolsas con cadáveres llegando a Estados Unidos iluminados por la atención mediática ni recuentos de cadáveres en las zonas de batalla. La intención era jugar un juego opuesto al jugado en Vietnam. En 2003, el general Tommy Franks, que comandó la invasión de Afganistán y más tarde la de Iraq, definió perfectamente el clima reinante cuando dijo: “Nosotros no hacemos recuento de cuerpos”.

Ya no había más “extravagancias de las 5 de la tarde”, al menos no en las guerras en las que la victoria estaba asegurada por la presencia de “la mayor fuerza de liberación en la historia mundial” y “la fuerza de combate más perfecta que el mundo ha conocido” (como el presidente dio por llamar a las fuerzas armadas de Estados Unidos). Esta es la política militar oficial vigente hasta hoy. Hace muy poco, por ejemplo, el contralmirante John Kirby, portavoz del Pentágono, a la pregunta de un periodista sobre cuántos combatientes y civiles del Estado Islámico había matado la fuerza aérea estadounidense en la última guerra de Washington, respondió así: “En primer lugar, nosotros no podemos contar cada nariz que rompemos (sic). En segundo lugar, ese no es el objetivo. Ese no es el objetivo… Y no vamos a meternos en eso de contar cadáveres. Y es por eso que no tengo cifras a mano; yo no he pedido a mi equipo que me dé esos números antes de venir aquí. Sencillamente no se trata de algo relevante”.

Desde 2003 hasta hoy, la política oficial referida al recuento de cadáveres no ha reflejado la realidad. De hecho, las fuerzas armadas de Estados Unidos han continuado contando cuerpos. Por una razón: continúan haciéndolo e informan sobre las cantidades de estadounidenses muertos en guerra –que son los cadáveres que de verdad cuentan–, a pesar de que nadie pediría las cifras de recuentos de cuerpos. Por otra parte, desde el principio al fin, los militares también han estado contando –secretamente– los muertos del otro lado, tal vez para convencerse en privado, al estilo de Vietnam, de que ciertamente estaban ganando en guerras en las que aparece demasiado rápidamente –y ya no desaparece de la escena– la brecha de credibilidad. Tal como ha escrito David Axe, los militares “presumen de los número totales en documentos que nunca se harán públicos”. Y añadió, “La desconexión con los recuentos de muertos en tiempo de guerra revela una distancia cada vez más mayor entre la cara que el poder militar muestra al público y su cultura interior”.

Contar o no contar; esa es la cuestión

Pero aquí estaba lo más curioso de esta cuestión: fuera cual fuera la razón por la que los militares contaran los muertos, el hecho de que públicamente dejaran de hacerlo no hizo que se detuvieran los recuentos. Lo que ocurre es que hay otros en el mundo no menos capaces de contar cuerpos. Al final, en esta época simplemente hubo un cambio en el elenco de protagonistas que entregaron cuantificaciones y, al mismo tiempo, del propósito de esos recuentos. Se podría decir que los recién llegados tenían respuestas diferentes a los dos aspectos de la pregunta de ¿Quién cuenta?

En los últimos 100 años, los “daños colaterales” –la muerte de civiles en lugar de combatientes– se ha convertido cada vez más en el aspecto central de la guerra, y la importancia de quién moría y en qué cuantía no ha hecho más que crecer. Cuando los militares estadounidenses empezaron a negarse a contar muertos como parte de la celebración pública de sus éxitos, la sociedad civil tomó cartas en el asunto con una nueva actitud: avergonzarse y culpar a los militares –a quienes había que pararles los pies– desvelando la atroz carnicería de la guerra misma y el daño que produce en la sociedad, no solo a los que han combatido.

Mientras los recuentos anteriores habían supuesto que todos los cadáveres eran de enemigos, los nuevos trataron de hacer el “daño colateral” el asunto central de la guerra. No importaba qué podían decir los investigadores que hicieron esos recuentos; en su mayor parte, por su naturaleza, eran críticas a la guerra al estilo estadounidense, y ya no incluían en ellas solo los muertos –civiles y militares– encontrados en el campo de batalla sino también todos los cuerpos que de alguna manera podían estar vinculados con un conflicto o sus consecuencias, sus efectos laterales e incluso sus repercusiones.

Esto podría ser pensado como una nueva numerología de la derrota, o del desastre, o de la matanza, o de la vergüenza. En la estela de la invasión de Iraq varios colectivos decididamente civiles asumieron la tarea de realizar estos recuentos o estimaciones. En 2004 y 2006, la revista médica inglesa The Lancet, publicó estudios basados en encuestas sobre el “exceso de muertes iraquíes” desde la invasión estadounidense de 2003; en el primer caso el resultado estimado fue de unas 98.000 muertes y, en el segundo, de 655.000 (un guarismo muy criticado). Desde entonces, este tipo de estudios realizados por médicos e investigadores de otras disciplinas no se han detenido. Recuentos más recientes de las víctimas civiles en Iraq van desde unas 500.000 en 2013 a un millón, o el 5 por ciento de la población del país, este año.

Sin embargo, el cálculo más famoso de víctimas civiles en Iraq es un recuento permanentemente actualizado –sobre la base de informaciones publicadas en los medios, registros de hospitales y morgues y otras fuentes por el estilo– realizado por Iraq Body Count, el sitio web independiente que se anuncia como “el registro público de muertes violentas a partir de la invasión de Iraq en 2003”. En este momento, la estimación actualizada de las muertes de civiles desde la invasión es de 156.000 (o 211.000, si se incluyen las muertes de combatientes). Aun así, el mismo sitio que las difunde, y otros, consideran que estas cifras deben tomarse claramente con cautela, ya que están referidas a todo lo que nos está permitido saber sobre cuestiones que son desconocidas por necesidad.

En Afganistán, ha habido menos recuentos, pero la Misión de Naciones Unidas con sede en ese país ha llevado uno de víctimas civiles en la guerra en curso y estima que la cifra acumulada desde 2001 en 21.000 (a pesar de que, una vez más, la cifra es la más baja de las estimaciones). Sin embargo, cuando se trata particularmente de los ataques estadounidenses con drones en Pakistán y Yemen, respecto de los cuales la administración Obama ha rechazado categóricamente la noción de importantes víctimas civiles, el trabajo de los investigadores civiles se han encontrado con enormes dificultades para moverse en zonas remotas de Pakistán y otros sitios. En un mundo en el que los operadores de drones se refieren a las víctimas de sus ataques como “insectos aplastados en el parabrisas del coche” y los altos funcionarios de la administración prefieren borrar dos veces del mapa a esos “bichos” negando que tales muertos hayan existido alguna vez, el intento de devolverles su nombre, su edad y su sexo para recordar al mundo que muchos de los muertos de nuestras guerras eran seres humanos, debería ser considerado una tarea heroica.

La Oficina de Periodismo de Investigación basada en Londres, sobre todo, ha hecho un cuidadoso y tenaz trabajo estadístico de los muertos producidos por lo ataques de drones en Pakistán y Yemen que incluye tanto recuentos como estimaciones de todas las muertes por drones, de civiles y de niños. Esta Oficina tiene un proyecto llamado Naming the deads (Dar nombre a los muertos) que apunta a la recuperación del nombre y otras señas de identidad personal –algunas veces hasta con fotos– a quienes hasta ese momento eran simplemente unos muertos NN (de momento, son 721 las víctimas identificadas). La publicación The Long War Journal (una excepción militarizada de la regla cuando se trata de los recuentos en estos tiempos) también lleva un registro de lo que ha podido averiguar sobre las muertes por drones en Pakistán y Yemen, como también lo hace la New America Foundation en Pakistan. En 2012, la Clínica de Derechos Humanos de la facultad de derecho de Columbia estudió las tres fuentes de los recuentos comentados más arriba y publicó un informe propio.

Entre los informes más sugestivos este el del grupo de derechos humanos Reprieve, que recientemente ha estado considerando la posibilidad de reclamar por la “precisión” y exactitud quirúrgica de los drones mediante su propio análisis de la información disponible. La conclusión de dicho análisis es que en el intento de hacer blanco en 41 enemigos importantes en Pakistán y Yemen a lo largo de los últimos años, los drones de Washington se las habían arreglado para matar a 1.147 personas sin haber conseguido matar siquiera a uno de los blancos buscados (esto escribió Spencer Ackerman en The Guardian: “El 12 de enero de 2006, los drones llegaron al pueblo pakistaní de Damadola y se cernieron sobre él en busca de Ayman Zawahiri. Diez meses más tarde, volvieron –esta vez en Bajur– buscando al hombre que se convertiría en el jefe de al-Qaeda. Ocho años más tarde, Zawahiri continúa vivo. Según los informes escritos después de ambos ataques, 66 niños y 29 adultos, están muertos”).

En otras palabras, cuando se trata de los recuentos de cuerpos, la sociedad civil quiere recuperarlos, si bien es cierto que el impacto de las cifras sigue siendo muy limitado en este país. En cierto modo, el único recuento de cadáveres de todo tipo que ha impresionado aquí en los últimos años ha sido el del francotirador Chris Kyle, con 160 “muertes” confirmadas, algo que tuvo mucho que ver con la publicidad de la película El francotirador, todo un éxito de taquilla.

Asesinos excepcionales

En sus disculpas públicas por unas muertes que le ponían en una situación claramente embarazosa, el presidente Obama se las arregló para echar mano de un tropo que en los años recientes ha llegado a ser cada vez más y más un lugar común políticamente correcto. Incluso en el contexto de una situación en la que dos rehenes inocentes habían muerto, él se felicitó –a sí mismo y a todos los estadounidenses– por la naturaleza excepcional de Estados Unidos. “Se trata de una verdad cruel y amarga”, dijo, “[el hecho de] que en la niebla de la guerra en general y en nuestra lucha contra los terroristas pueden ocurrir errores –a veces errores letales–. Pero una de las cosas que coloca a Estados Unidos en un lugar aparte de muchos otros países, una de las cosas que nos hacen excepcionales es nuestra disposición a enfrentar nuestras imperfecciones con honestidad y a aprender de nuestras equivocaciones.”

Para decirlo de otro modo, sean cuales sean nuestros traspiés, en un mundo de asesinos mediocres, los estadounidenses, somos unos asesinos excepcionales. Esta noción, o actitud, es la que ha infundido el programa global de asesinatos de Obama y la “lista de muertes” de la Casa Blanca contenida en ese programa. La soberbia de su agenda de asesinatos se hizo evidente en la decisión de mayo de 2012 de filtrar al NewYork Times noticias acerca de la lista. Esta versión de la excepcionalidad de Estados Unidos casa perfectamente con la propia excepcionalidad de los drones, una excepcionalidad cada día menor en la medida que esta arma sea utilizada por un número creciente de países (en parte gracias a la luz verde que EEUU ha otorgado a la venta de drones a sus aliados).

En la más rara de las ocasiones, Obama admitió en esa sala de prensa de la Casa Blanca que los ataques con drones pueden llegar a matar a personas excepcionales (como nosotros) que necesitan ser tenidas en cuenta por el gobierno, cuya muerte merece unas disculpas, cuya vida debe ser destacada especialmente en los medios y cuya valía es tanta que sus familiares deben ser indemnizados debidamente. Sin embargo, quienes son asesinados por error en la mayor parte de los sitios donde atacan los drones son, por definición, personas corrientes. No merecen ser noticia, ni una disculpa ni indemnización alguna. No cuentan para nada.

Hay algo que hace que el drone sea un arma única en un mundo en el que los muertos no cuentan en un planeta en el que el asesinato parece una actividad muy barata: su piloto, su “tripulación”, quienes disparan los misiles, están a cientos, incluso a miles de kilómetros del peligro. A pesar de que hablamos sin excesivo rigor de “guerra” de drones, el funcionamiento de esas máquinas tiene muy poca relación con la guerra tal como fue definida una vez. Conceptualmente, el drone representa una forma de destrucción de una sola dirección. Es así porque en esa versión de la “guerra” solo hay un lado que puede ser dañado. Su “firma” es el asesinato, no la guerra; no importa todo el cuidado que pueda ponerse en su utilización. Es un arma verdugo, un arma que ejecuta.

En parte debido a eso mismo, el drone también es un arma con retroceso. Aunque pueda sorprender a los estadounidenses, a quienes serán masacrados –las presas de caza– no les hace ninguna gracia el constante zumbido de los drones en su propio cielo. Se sabe que están mostrando síntomas del síndrome de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés); están resentidos; captan la injusticia subyacente en esa máquina y en el estilo de “guerra” y no les convence la supuesta excepcionalidad de los estadounidenses que la utilizan. Como consecuencia de ello, los drones que vuelan por todo el Gran Oriente Medio vienen siendo el “banderín de enganche” para quienes quieren vengarse y otro tanto para los grupos extremistas de cualquier parte del mundo.

Los drones deberían ser armas para avergonzarse; no obstante, a pesar de la reciente ronda de críticas suscitadas por la muerte de los rehenes, su utilización tiene todavía un vasto apoyo en Washington y el público en general. La justificación de su empleo, sea cual sea la expuesta por los documentos “legales” presentados por Washington para darle cobertura, es bastante sencilla: ejercicio del poder. Mandamos los drones atravesando fronteras soberanas tal como deseamos en búsqueda de quienes queremos asesinar porque podemos hacerlo, porque nosotros somos nosotros.

Entonces, elogiamos a esos pocos en el mundo que piensan que vale la pena tomarse la molestia de contar a quienes para nosotros no cuentan para nada. Ellos sí importan.

* En la jerga de este mundillo de la guerra con drones los llaman “signature strikes”, una expresión imposible de traducir en su literalidad. (N. del T.)

** En castellano en el original. (N. del T.)

Fuente:http://www.tomdispatch.com/post/175990/tomgram%3A_engelhardt%2C_counting_bodies%2C_then_and_now/#more

¿Qué es de Bagdad hoy en día?

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En el aniversario de la invasión y ocupación de Iraq 

Por Haifa Zangana

Haifa Zangana, escritora y pintora iraquí, es miembro del comité asesor del Tribunal Brussell para Iraq y colabora con diversas publicaciones árabes y europeas.

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La que fuera ciudad multicultural de la paz durante miles de años ha sido conquistada, dividida y transformada en los 12 años transcurridos desde la invasión de Estados Unidos. Pero los bagdadíes resisten, dice Haifa Zangana.

Dos escenas de la caída de Bagdad en 2003 permanecen en la memoria histórica. La primera es el derrocamiento coreografiado de la estatua de Sadam Husein en la Plaza Firdos a manos de los marines estadounidenses después de haberla ocultado con su bandera. La segunda es el caos del saqueo de los museos y de los bienes del Estado.

La primera fue una declaración de victoria militar y de “misión cumplida”. La segunda fue una declaración de inicio del proceso de erradicación de la cultura, la historia y la identidad iraquíes.

Bagdad era el microcosmos de lo que ocurría en Iraq: violada una y otra vez por tropas estadounidenses, mercenarios, fuerzas especiales, proxies y milicias; estigmatizada por la destrucción humana y física.

Una amarga ironía para una ciudad conocida históricamente como Madinat as-Salam, la ciudad de la paz. Los iraquíes honran a Bagdad como el último símbolo de su unidad, de su modernidad y de su identidad multicultural.

Las glorias pasadas de Bagdad –polifacética capital de las ciencias, las artes y la música en la época en que Europa gateaba en la semi-oscuridad de la Edad Media– habían revivido en buena parte del siglo XX a pesar de los golpes de Estado y de las dictaduras. Luego vino la ocupación.

Bagdad hoy está horadada físicamente por incontables puestos de control, muros de segregación de hormigón y cloacas abiertas.

Los puestos de control son de dos clases: los establecidos por los militares en los que los hombres son objeto de acoso sectario y las mujeres de abuso sexual, y aquellos creados ad hocpor las milicias para secuestrar, exigir rescates y asesinar a quienes detienen. Los gobiernos posteriores a la invasión de Nuri al-Maliki y Haider al-Abadi anunciaron reiteradamente la eliminación de los muros y los puestos de control, pero estos permanecen para desfigurar la ciudad y atormentar a sus gentes.

Luego están los muros, por lo general bloques de cemento de al menos tres metros de altura. Se han erigido, se nos dice desde hace tiempo, para protegernos de cualquier amenaza que se ajuste al discurso dominante: de los partidarios de Sadam, de los combatientes extranjeros, de al-Qaeda, del grupo del Estado Islámico.

Estados Unidos construyó muchos de estos “muros de seguridad” como parte de una “nueva estrategia… para romper el ciclo de la violencia sectaria” y permitir la reconciliación entre los suníes y los chiíes de la capital que durante siglos habían vivido en paz hasta que se produjo la invasión.

El ejército estadounidense prefirió no mencionar que los muros han transformado comunidades mixtas en guetos confinados en zonas pobladas casi exclusivamente por criterios sectarios.

Divide y vencerás

No es de extrañar que se haya comparado esta política con el Muro del apartheid de Israel ni que los bagdadíes consideren estas moles como un método de control y no de protección.

Esta realidad –los puestos de control, los guetos amurallados, la segregación y el miedo– ha arraigado y ha hecho jirones el tejido social de la ciudad. Y a pesar de eso, los coches bomba y los ataques continúan.

Los políticos corruptos agravan esta realidad manufacturada –una realidad que nunca fue la de Bagdad y que nunca debería haberse creado– con políticas que promueven la segregación.

¿Y qué pasa con los y las bagdadíes? Siguen resistiendo. La mayoría de los residentes de Bagdad son de origen étnico y religión mixtos; los matrimonios entre parejas de diferentes sectas son algo menos frecuentes que antes, pero persisten.

La vieja tradición de convivencia intercomunitaria entre suníes y chiíes, kurdos, turcomanos y árabes, musulmanes y cristianos, ha sobrevivido.

Los y las bagdadíes siguen resistiendo como siempre lo han hecho para hallar la manera de defender su ciudad, su forma de vida y para rebelarse contra cualquier política que fragmente las identidades para controlarlos. Bagdad ha sobrevivido a invasiones, destrucciones y tiranías a lo largo de la Historia. Y sobrevivirá.

Fuente: http://www.alaraby.co.uk/english/comment/2015/4/8/and-how-is-baghdad-today

LAS VÍCTIMAS IGNORADAS DE LAS GUERRAS DE OCCIDENTE

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4 millones de muertos en Afganistán, Pakistán e Iraq desde 1990

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Por Nafeez Mosaddeq Ahmed. Politologue britannique, auteur de La Guerre contre la liberté : Comment et pourquoi l’Amérique a été attaquée le 11 Septembre 2001(éd. Demi-Lune). Il a notamment travaillé pour The Guardian, The Independent, leSydney Morning Herald et Le Monde diplomatique. À travers son travail sur les opérations clandestines en lien avec le terrorisme international et sur les causes profondes de ce fléau, il a officiellement contribué à la Commission nationale d’enquête sur le 11-Septembre, ainsi qu’aux investigations sur les attentats de Londres.

En los países occidentales, la opinión pública vive convencida de que el colonialismo es cosa del pasado, cree que sus Estados ya no practican las matanzas en masa. La realidad es muy diferente. Varias asociaciones internacionales acaban de demostrar que sólo en Afganistán, Pakistán e Irak, las guerras impuestas por las naciones occidentales ya han dejado probablemente más de 4 millones de muertos.

RED VOLTAIRE | LONDRES (INGLATERRA) ABRIL DE 2015

Vistas desde Asia, las guerras occidentales no han aportado ayuda ni democracia. Tampoco han vengado los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sólo han sembrado muerte y desolación.

Un importante estudio demuestra que la «guerra contra el terrorismo» encabezada por Estados Unidos ha matado a 2 millones de personas. Pero sólo se trata de un conteo parcial de las muertes de las que Occidente es responsable en Irak y Afganistán desde hace más de 2 décadas.

El mes pasado, Physicians for Social Responsibility (PSR), prestigiosa ONG con sede en Washington DC, publicó un estudio clave [disponible para su descarga a través del vínculo que aparece al final de este trabajo]. Ese estudio demuestra que el balance sobre las pérdidas de vidas humanas de más de una década de «guerra contra el terrorismo», desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, se eleva como mínimo a 1,3 millones de muertos. Según esta ONG, ese conteo podría alcanzar incluso los 2 millones.

Publicado por un equipo de doctores que obtuvo el Premio Nobel de la Paz [En 1985, cuando ganar ese premio todavía significaba algo. Nota de la Red Voltaire.], este informe de 97 páginas es el primer conteo del número total de bajas civiles provocadas por las intervenciones «antiterroristas» desatadas bajo la égida de Estados Unidos contra Irak, Afganistán y Pakistán.

Este informe del PSR fue redactado por un equipo interdisciplinario de expertos de primera línea en materia de salud pública, entre los que se encuentra el Dr. Robert Gould, director a cargo de la sensibilización y la educación de los profesionales de la salud en Centro Médico de Universidad de California (San Francisco). Entre sus redactores también podemos citar al profesor Tim Takaro, quien enseña en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Simon Fraser (Canadá).

Sin embargo, este estudio ha sido casi totalmente ignorado por los medios de difusión anglófonos [al igual que por la prensa francófona y por la prensa en español. Nota de laRed Voltaire.]. Se trata del primer intento –realizado por una organización mundialmente prestigiosa– de presentar un cálculo científicamente realizado del número de personas muertas a causa de la «guerra contra el terrorismo» desatada por Estados Unidos [, Francia] y Gran Bretaña.

Cuidado con las lagunas

El Dr. Hans von Sponeck, ex secretario general adjunto de la ONU, describe este informe del PSR como una

«importante contribución para reducir el abismo entre los estimados confiables sobre las víctimas de la guerra –en particular la cifra de civiles en Irak, Afganistán y Pakistán– y los balances tendenciosos, manipulados e incluso falsificados».

Este estudio contiene un reexamen científico de los antiguos estimados sobre el número de víctimas de la «guerra contra el terrorismo». En el caso de Irak, el estudio es particularmente crítico al referirse al balance habitualmente citado por los grandes medios de difusión, o sea los 110 000 muertos que expone el Iraq Body Count (IBC). Esas cifras se obtuvieron mediante el conteo de las bajas civiles anunciadas en los medios de prensa. Pero el PSR ha encontrado graves lagunas y otros problemas metodológicos en esa forma de conteo.

Por ejemplo, de los 40 000 cadáveres enterrados en Nayaf desde el inicio de la guerra de Irak en 2003, el IBC contó solamente 1 354 muertos en esa ciudad durante el mismo periodo. Ese ejemplo indica la gran diferencia entre las cifras del IBC en la ciudad de Nayaf y el balance real. En este caso, las cifras reales son 30 veces superiores.

La base de datos del IBC está llena de esas diferencias [entre las cifras que registra y la realidad]. En otro ejemplo, esta organización registró solamente 3 incursiones aéreas en cierto momento de 2005. En realidad, la cantidad de ataques aéreos había aumentado aquel año de 25 a 120. Nuevamente, los datos reflejados son 40 veces inferiores a la realidad.

Según el informe del PSR, el controvertido estudio de la revista británica The Lancet, que había estimado en 655 000 el número de muertos en Irak entre 2003 y 2006 –y en más de 1 millón hasta hoy, mediante una extrapolación– estaba probablemente mucho más cerca de la realidad que las cifras del IBC. En realidad, este informe confirma un cuasi consenso entre los epidemiólogos sobre la confiabilidad del estudio publicado en The Lancet.

A pesar de una serie de críticas justificadas, la metodología estadística aplicada en ese trabajo es el modelo universalmente reconocido para determinar la cantidad de muertos en las zonas de conflicto. Por cierto, es la que utilizan los gobiernos y las agencias internacionales.

Una negación politizada

El PSR analizó también la metodología y las conclusiones de otros estudios que indican un balance inferior de pérdidas humanas, como un artículo del New England Journal of Medicineque también contiene cierta cantidad de lagunas.

El mencionado artículo no tiene en cuenta las cifras de las provincias más afectadas por las operaciones militares, o sea Bagdad, al-Anbar y Ninive. En realidad, el artículo del New England Journal of Medicine se basa en los datos erróneos del IBC al extrapolar las cifras sobre esas regiones. Y también impuso «restricciones motivadas por razones políticas» a la recolección y análisis de los datos. Por ejemplo, las entrevistas fueron realizadas por el ministerio iraquí de Salud, en aquel momento «totalmente dependiente de la potencia ocupante». Bajo la presión de Estados Unidos– ese ministerio iraquí se había negado a publicar sus datos sobre las muertes de iraquíes oficialmente registradas.

En particular, el PSR analizó las alegaciones de Michael Spaget, John Sloboda y otros críticos que describieron como «fraudulentos» los métodos de recogida de datos del estudio deThe Lancet. Según la ONG, tales argumentos carecen de fundamento.

Las pocas «críticas legítimas», según el PSR, «no afectan la credibilidad de los resultados de las investigaciones de The Lancet en su conjunto. Esas cifras siguen siendo los mejores estimados actualmente disponibles». Las conclusiones de «The Lancet» también se ven corroboradas por los datos de un nuevo estudio realizado por la revista científica PLOS Medicine, que contabilizó 500 000 víctimas de la guerra en Irak. En total, el PSR ha logrado determinar que la cantidad más probable de muertos civiles en ese país desde 2003 asciende a 1 millón.

El estudio del PSR agrega a ese balance al menos 220 000 muertos en Afganistán y 80 000 en Pakistán, víctimas directas o indirectas de la campaña militar encabezada por Estados Unidos. En otras palabras, esta ONG presenta un «estimado conservador» que se eleva a 1,3 millones de muertos en Irak, Afganistán y Pakistán. Sin embargo, las cifras reales podrían fácilmente «sobrepasar los 2 millones».

Pero el propio estudio del PSR también presenta ciertas lagunas. Primeramente, la «guerra contra el terrorismo» iniciada después del 11 de septiembre de 2001 no era nada nuevo sino una simple prolongación de las políticas intervencionistas ya iniciadas anteriormente en Irak y Afganistán.

Por otra lado, la carencia de datos sobre Afganistán significa que el estudio del PSR probablemente subestimó el balance de bajas humanas en ese país.

Irak

La guerra de Irak no comenzó en 2003 sino en 1991, con la primera guerra del Golfo, a la que siguió la aplicación de un régimen de sanciones impuesto a través de la ONU.

Un estudio anterior del propio PSR, realizado por la entonces demógrafa del Buró de Censos de Estados Unidos Beth Daponte, ha demostrado que la cantidad de muertes de iraquíes provocadas por la primera guerra del Golfo se elevaba a cerca de 200 000, principalmente víctimas civiles [1]. Aquel estudio fue censurado por las autoridades.

Después de la retirada de la coalición encabezada por Estados Unidos, [la primera guerra del Golfo] prosiguió en el plano económico, a través de las sanciones de la ONU, impuestas por Estados Unidos y Gran Bretaña. El pretexto que se invocó para justificar aquellas sanciones fue impedir que el presidente Sadam Husein lograse tener acceso a los elementos necesarios para la fabricación de posibles armas de destrucción masiva. Pero bajo aquel embargo, los bienes cuyo acceso se prohibió a Irak incluían gran cantidad de productos de primera necesidad, indispensables para la población civil.

Cifras de la ONU, que nunca han sido puestas en dudas, demuestran que alrededor de 1,7 millones de civiles iraquíes murieron por causa de ese brutal régimen de sanciones impuesto por Occidente y que la mitad de esos muertos fueron niños [2].

Y parece que las sanciones tenían como objetivo provocar esa gran cantidad de muertos. Entre los bienes prohibidos [a Irak] por las sanciones de la ONU estaban los productos químicos y el equipamiento esencial para el funcionamiento del sistema iraquí de tratamiento del agua. El profesor Thomas Nagy, de la Escuela de Comercia de la Universidad George Washington, descubrió un documento secreto de la agencia de inteligencia del Pentágono (la DIA, Defence Intelligence Agency), documento que, según el profesor Nagy, constituye «un plan inicial de genocidio contra el pueblo iraquí».

En un artículo científico redactado en el marco de la Asociación de Investigadores sobre los Genocidios de la Universidad de Manitoba (Canadá), el profesor Nagy explicó que el documento de la DÍA revelaba con «lujo detalles, un método perfectamente operacional para “degradar completamente el sistema de tratamiento de aguas” de toda una nación» a lo largo de una década. De esa manera, la política de sanciones crearía

«las condiciones favorables a la amplia propagación de enfermedades, como epidemias de gran envergadura (…) liquidando así gran parte de la población iraquí» [3].

Por consiguiente, sólo en el caso de Irak, la guerra de Estados Unidos contra ese país mató 1,9 millones de iraquíes, desde 1991 hasta 2003. Y a partir de 2003 se registran más o menos 1 millón de muertes más. Así que la agresión de Estados Unidos contra Irak costó en total cerca de 3 millones de vidas de iraquíes.

Afganistán

En Afganistán, el número total de víctimas mencionado en el estimado del PSR también parece estar muy por debajo de la realidad. Seis meses después de la campaña de bombardeos de 2001, el periodista del Guardian Jonathan Steele reveló que entre 1 300 y 8 000 afganos habían sido víctimas mortales directas [4]. Steele agregaba que las consecuencias de la guerra habían provocado un exceso de mortalidad al provocar la muerte de unas 50 000 personas.

En su libro, Body Count: Global Avoidable Mortality Since 1950, el profesor Gideon Polya aplicó la misma metodología que el Guardian para analizar los datos anuales de mortalidad de la División de Población de la ONU [5]. Así pudo calcular las cifras plausibles del exceso de mortalidad en Afganistán. Bioquímico retirado de la Universidad de La Trobe (Melbourne, Australia), Polya llegó a la conclusión de que el total de decesos evitables en Afganistán –país en estado de guerra permanente desde 2001 y sometido a las privaciones que le impone el ocupante– se elevaba a 3 millones (entre los que se cuentan los fallecimientos de 900 000 niños de menos de 5 años).

Aunque ninguna revista universitaria publicó los descubrimientos del profesor Polya, el estudio que presenta enBody Count, su libro de 2007, ha sido recomendado por Jacqueline Carrigan, profesora de sociología de la Universidad del Estado de California [6]. Jacqueline Carrigan ha presentado este estudio como «una mina de datos sobre la situación global de la mortalidad» en una reseña publicada en la revista Socialism and Democracy de las ediciones universitarias Routledge.

Como en el caso de Irak, la intervención de Estados Unidos en Afganistán comenzó, mucho antes del 11 de septiembre de 2001, en 1992 bajo la forma de una ayuda militar, logística y financiera clandestina de Estados Unidos a los talibanes. Aquella ayuda secreta favoreció la conquista violenta de cerca del 90% del territorio afgano por parte de los talibanes [7].

En 2001, la Academia Nacional de Ciencias publicó un informe titulado Forced Migration and Mortality [8]. En ese estudio, Steven Hansch –epidemiólogo de primer plano y director de Relief International– subrayaba que el incremento de la mortalidad provocado en los años 1990 por las consecuencias de la guerra había dejado entre 200 000 y 2 millones de muertos en Afganistán. Por supuesto, la Unión Soviética es en parte responsable de la devastación de la infraestructura civil de ese país, la cual creó las bases de ese desastre humanitario.

Al adicionarlas, esas cifras sugieren que en Afganistán el balance total de las consecuencias directas e indirectas de las operaciones estadounidenses [y occidentales] desde el inicio de los años 1990 hasta el día de hoy podría ser estimado entre 3 y 5 millones de muertos.

La negación

Según las cifras que acabamos de estudiar, el total de muertes provocadas por las intervenciones occidentales en Irak y Afganistán desde los años 1990 –entre las muertes provocadas directamente por la guerra y las que se deben a las privaciones provocadas a largo plazo por la guerra– podría elevarse a unos 4 millones: 2 millones de muertos en Irak entre 1990 y 2003 y 2 millones a causa de la «guerra contra el terrorismo». Si tomamos en cuenta los elevados estimados sobre el exceso de mortalidad [consecuencia de la guerra] en Afganistán, este balance podría elevarse incluso a 6 u 8 millones de muertos.

Es posible que esas cifras sean demasiado altas pero nunca podremos saberlo con certeza. En efecto, las políticas de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de Gran Bretaña consisten en no contabilizar las muertes de civiles provocadas por sus operaciones, muertes consideradas como incidentes sin interés.

Debido a la grave carencia de datos en Irak, a la cuasi total inexistencia de archivos en Afganistán así como a la indiferencia de los gobiernos occidentales ante todo lo concerniente a las muertes de civiles, resulta literalmente imposible determinar la verdadera cantidad de fallecimientos que esas intervenciones han provocado.

Al no existir ni la más mínima posibilidad de comprobarlas, esas cifras proporcionan estimados plausibles basados en la aplicación de la metodología estadística basada en las mejores pruebas disponibles –aún tratándose de pruebas particularmente escasas. A falta de datos precisos, estos estimados nos proporcionan una idea de la magnitud de la destrucción.

La mayoría de esas muertes fueron justificadas invocando la lucha contra la tiranía y contra el terrorismo. Sin embargo, gracias al silencio cómplice de los medios masivos de difusión, la mayoría de la ciudadanía no tiene la menor idea del verdadero alcance de este terror permanente que la tiranía estadounidense y británica impuso en Afganistán e Irak, en nombre de los ciudadanos de Estados Unidos y del Reino Unido.

Nafeez Mosaddeq Ahmed

[1] “Toting the Casualties of War”, Bloomberg Business, 5 de febrero de 2013.

[2Behind the War on Terror: Western Secret Strategy and the Struggle for Iraq, Nafeez M. Ahmed, New Society Publishers, 1º de septiembre de 2003).

[3] “The Role of Iraq Water Treatment Vulnerabilities in Halting One Genocide and Preventing Others”, Thomas J. Nagy, Association of Genocide Scholars, 12 de junio de 2001.

[4] “Forgotten victims”, Jonathan Steele, The Guardian, 20 de mayo de 2002.

[5Body Count Global Avoidable Mortality Since 1950, Gideon Polya, G.M. Polya, Melbourne (2007).

[6] “Body Count: Global Avoidable Mortality Since 1950”, Jacqueline Carrigan, Socialism and Democracy, 13 de abril de 2011.

[7] “Islamic State is the cancer of modern capitalism”, Nafeez M. Ahmed, Middle East Eye, 27 de marzo de 2015.

[8Forced Migration and Mortality, Holly E. Reed and Charles B. Keely, Editors; Roundtable on the Demography of Forced Migration; Committee on Population; Division of Behavioral and Social Sciences and Education; National Research Council (2001).

EL COSTO DE LA GUERRA, EL PRECIO DE LA PAZ

1 IRAK

Irak

Mientras los artífices de las desastrosas guerras de Irak y Afganistán
siguen sin ser enjuiciados, un nuevo informe afirma que alrededor de
1,3 millones de personas murieron en Irak, Afganistán y Pakistán en
los primeros diez años de la llamada guerra contra el terrorismo

2 siria

 

 

 

 

Siria

Por Amy Goodman, locutora, periodista, columnista y escritora progresista estadounidense

¿Qué precio pagaría usted por no matar a otro ser humano? ¿Ante qué
circunstancia cometería los delitos de deserción y “mala conducta ante
el enemigo”, de los que fue acusado el miércoles el sargento Bowe
Bergdahl?

Bowe Bergdahl era soldado raso cuando abandonó su puesto en
Afganistán, en circunstancias que aún no se han dado a conocer
públicamente, y fue capturado por el Talibán. Bergdahl estuvo
secuestrado durante cinco años hasta que fue liberado como parte de un
controvertido intercambio de prisioneros negociado por el Gobierno de
Obama.

Cinco miembros del Talibán que estuvieron detenidos en Guantánamo
durante años fueron liberados de la prisión estadounidense para
proseguir su detención bajo arresto domiciliario en Qatar a cambio de
la liberación de Bergdahl, que ahora afronta un consejo de guerra y
podría ser condenado a cadena perpetua.

Mientras los artífices de las desastrosas guerras de Irak y Afganistán
siguen sin ser enjuiciados, un nuevo informe afirma que alrededor de
1,3 millones de personas murieron en Irak, Afganistán y Pakistán en
los primeros diez años de la llamada guerra contra el terrorismo.

El informe, titulado “Body Count” (Conteo de bajas), fue realizado por
la organización ganadora del premio Nobel de la Paz Asociación
Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear y
publicado en Estados Unidos por la organización Physicians for Social
Responsibility (Médicos por la responsabilidad social):”Minimizar la
responsabilidad de las fuerzas aliadas en la masacre y la destrucción
generalizada de la región era un objetivo de gran importancia en
términos políticos”, escribió el médico de San Francisco Robert M.
Gould en el prólogo del informe.

Gould me dijo:

“La publicación de este informe en América del Norte nos brinda una
explicación mucho más exhaustiva de lo que ha sido el costo humano de
esta guerra. Aún podemos ver los impactos de la desestabilización que
nosotros, que nuestro gobierno y sus aliados, causaron en Irak y otros
países. Creo que de modo similar a nuestra experiencia colectiva con
respecto a la información sobre la Guerra de Vietnam ha habido en este
caso una verdadera desconexión con respecto al impacto que esta guerra
ha tenido en las personas del lugar. Sin duda se ha informado de los
muertos y los heridos de nuestro lado, del número de soldados
estadounidenses y de fuerzas de la OTAN que han muerto en los diversos
conflictos. Pero estas otras muertes, esta destrucción, por una serie
de motivos, se ocultan a la población de Estados Unidos, de modo que
no vemos el verdadero costo de la guerra. Además, no vemos la conexión
entre estas políticas y el grado de muerte y destrucción que provocan
la desestabilización de estas regiones y la matanza sistemática que se
realiza a través de la guerra con aviones no tripulados, etc. Estamos
aislados de estos efectos y no entendemos la ira de la gente que ha
sufrido la guerra en Irak durante doce años, o incluso por más tiempo
en Afganistán. No sabemos cuáles son los efectos”.

La publicación del informe coincidió con la visita del nuevo
presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, a la Casa Blanca para reunirse
con el presidente Barack Obama. Obama anunció que postergará la
retirada de los soldados estadounidenses de Afganistán y que dejará a
9.800 soldados en el país al menos hasta finales de 2015.

“La fecha de nuestra retirada completa no se modificará, pero en mi
opinión –y en la opinión del general (John F.)Campbell y de otras
personas que están en el lugar– vale la pena proporcionar este plazo
adicional para contribuir al triunfo de las fuerzas de seguridad de
Afganistán”. La guerra más larga de la historia de Estados Unidos
continúa y no parece vislumbrarse su fin. Durante su estadía en
Washington, Ghani también visitó el Pentágono y el Cementerio Nacional
de Arlington, donde colocó flores en honor a los soldados
estadounidenses caídos.

Body Count” proporciona una sorprendente actualización del cálculo de
muertes generalmente aceptado de la guerra contra el terrorismo en
Irak, Afganistán y Pakistán. “La cifra es aproximadamente diez veces
más elevada que la cifra manejada por la población, los expertos y los
actores políticos. Y se trata apenas de un cálculo conservador”,
afirma el informe. Y añade que “el número total de muertes en los tres
países podría exceder los dos millones, mientras que una cifra
inferior a un millón es muy improbable”.

El ex secretario general adjunto de las Naciones Unidas Hans von
Sponeck escribe en el prólogo que el informe “debe ser considerado un
aporte fundamental para acortar la brecha entre los cálculos
confiables del número de víctimas de la guerra, especialmente de
víctimas civiles en Irak, Afganistán y Pakistán, y la información
tendenciosa, manipulada o incluso fraudulenta que en el pasado ha
nublado nuestra visión sobre la magnitud de las muertes y el despojo
causados en los tres países”, escribió.

Desde su hogar en Friburgo, Alemania, von Sponeck me dijo: “Creo que la
importancia de todo esto es que utilicemos los datos como base para
impulsar el debate postergado durante mucho tiempo en Washington, en
Londres y, sin duda, en las Naciones Unidas en Nueva York sobre por
qué sucedió todo esto y cómo podemos tratar de evitarlo”.

Hans Von Sponeck, que en 1957 fue uno de los primeros objetores de
consciencia de Alemania Occidental, se desempeñaba como Coordinador de
las operaciones humanitarias de las Naciones Unidas en Irak en el
momento en que las fuertes sanciones impuestas por Estados Unidos
estaba provocando la muerte de miles de personas en el país y, en
oposición a esas medidas, decidió renunciar.

No hemos escuchado la explicación del prisionero de guerra Bowe
Bergdahl sobre cómo y por qué abandonó su puesto aquella noche de
junio de 2009. Si se lo somete a la misma “justicia” militar que a
Chelsea Manning, probablemente se nos niegue la posibilidad de
escuchar la declaración de Bergdahl durante el juicio. En el consejo
de guerra de Manning, su testimonio pudo escucharse únicamente a
través de una grabación filtrada, realizada en forma clandestina.

El fallecido periodista de la revista Rolling Stone Michael Hastings
publicó varios artículos acerca del caso de Bergdahl, en los que citó
correos electrónicos enviados por el soldado a sus padres antes de
haber sido capturado, en los que criticaba fuertemente la ocupación de
Estados Unidos en Irak y Afganistán. Bowe había escrito: “Me
entristece todo lo que sucede aquí”.

El Presidente afgano, Ashraf Ghani, honró a los miles de soldados
estadounidenses que están enterrados en el Cementerio Nacional de
Arlington. ¿Inspirará su gesto al Presidente Obama o a su sucesor a
visitar los muchos cementerios colmados de muertos de las guerras de
Irak, Afganistán y Pakistán?

YEMEN, OTRA GUERRA DE OBAMA

yemen1

yemen la proxima guerra yemen manifestaciones

yemen guerra

 

 

 

 

 

 

Por Ángel Guerra Cabrera

En el discurso inaugural de su segundo mandato, el presidente Barack Obama afirmó: “una década de guerra se está terminando ahora”. Sin embargo, el Nobel de la Paz ha realizado operaciones militares contra Libia, de nuevo en Irak (donde supuestamente había culminado la guerra) y en Siria, además de ampliar la invasión en Afganistán. Paquistán, Somalia y Yemen han sido escenario de incesantes ataques con drones ordenados personalmente por el inquilino de la Casa Blanca, que han ocasionado miles de muertos y heridos, la mayoría civiles, incluyendo muchos niños, según la Oficina de Periodismo de Investigación con sede en Londres.

Hace unos días, sin pedir permiso al Congreso ni apenas informar a la opinión pública, Obama decidió apoyar “con logística e inteligencia” la agresión al empobrecido Yemen de diez países árabes y musulmanes encabezados por su adinerado vecino Arabia Saudita. Entre ellos, Egipto y Paquistán, que cuentan con poderosas fuerzas armadas. La coalición actúa bajo bandera de la Liga Árabe, que en cambio se ha desentendido de la liberación de Palestina.

Los drones de Estados Unidos proveen de videos para que los sauditas seleccionen los blancos de su aviación. Al parecer, es guiándose por esos videos que se han producido las masacres de civiles desde que la coalición inició los ataques aéreos. El jefe saudita de la operación ha dicho que una invasión terrestre seguirá a los bombardeos.

La agresión a Yemen se ha querido presentar como una acción para proteger de la supuesta intervención de Irán al pueblo yemenita, un pretexto como las armas de destrucción masiva en Irak. Es ilegal atacar a cualquier país salvo que lo decida el Consejo de Seguridad de la ONU, de modo que jurídicamente no cabe esa justificación.

El hecho de que los yemenitas zaidíes pertenezcan a una rama chiíta del islam, por cierto heterodoxa y la más cercana al sunismo, no significa, ni mucho menos, que sean marionetas de Teherán, aunque este condene la agresión de su enemigo saudita y mantenga buenas relaciones con ellos. Los zaidíes, ahora llamados también hutíes, deben este nombre al apellido de Hussein Badr al-Din al-Houthi, líder religioso muerto en combate cuando encabezó la rebelión armada de su pueblo contra el gobierno de Saná en 2004. También al hecho de que los tres hermanos de aquel forman parte del liderazgo actual de la insurgencia. Los zaidíes, que constituyen la tercera parte de la población de Yemen pedían autonomía política para la gobernación de Sadah, donde residen mayoritariamente, así como respeto a sus creencias religiosas y cultura ancestrales. Este pueblo gobernó Yemen del Norte durante casi mil años hasta 1962.

En febrero de 2010, durante la llamada primavera árabe, el Gobierno y los rebeldes hutíes acordaron un cese el fuego. En 2011, los hutíes se unieron a las protestas contra el posteriormente depuesto presidente Saleh y expandieron su control territorial en Sadah y la provincia vecina de Amran. Posteriormente, participaron en la Conferencia para el Diálogo Nacional, celebrada desde marzo de 2013 hasta enero de 2014. El presidente Hadi, sucesor de Saleh, anunció un plan para febrero de 2014, de convertir a Yemen en una federación de seis regiones, que los hutíes rechazaron categóricamente, por lo que retomaron la lucha armada contra el gobierno apoyado por Arabia Saudita.

Guerrilleros fogueados, los montañeses hutíes llevaron a cabo una campaña relámpago apoyados por unidades de las fuerzas armadas leales al ex presidente Saleh que los llevó a tomar Saná, la capital; Taíz, tercera ciudad del país y luego la segunda y estratégica Adén que domina el Golfo de igual nombre, de donde pusieron en fuga a Hadi, que intentaba hacerse fuerte allí.

Más que una disputa religiosa de la fanática versión del islam predominante en Riad contra los zaidíes, la enorme coalición creada por el ultrarreaccionario reino saudita contra la insurgencia hutí expresa su enorme temor por un movimiento popular armado que ha sido capaz de imponerse militarmente en un extenso territorio que la Casa de Saud siempre han intentado dominar.

También teme la presencia en el sur de Yemen de Al Quaeda y el Estado Islámico, ahora enemigo, pero de cuyo surgimiento son Washington y Riad los máximos responsables.

Quién controle Yemen, controla el estrecho de Bab el-Mandeb que comunica el Canal de Suez y el mar Rojo con el Golfo de Adén, por donde pasan más de 3 millones de barriles de petróleo al día.

LA HISTORIA TRAS LA FOTO DE LA NIÑA SIRIA QUE HA CONMOVIDO LA RED

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Esta foto ha dado la vuelta al planeta y ha conmovido a usuarios de redes sociales del mundo entero. En ella se puede ver a una niña siria con miedo y determinación en los ojos levantando las manos en un gesto de rendición al confundir la cámara que la apuntaba con el cañón de un arma.

La imagen fue publicada en diciembre de 2014 en el diario Türkiye y está atribuida a Osman Sağırlı, un fotógrafo turco que ahora trabaja en Tanzania, aunque la reciente aparición en redes ha ido a cargo de Nadia Abushaban, fotoperiodista de la zona en guerra, que la ha dado a conocer al mundo occidental.

Según el mismo Sağırlı, la niña se llama Hudea y estaba en el campo de refugiados de Atmeh, cerca de la frontera turca. En una entrevista con la BBC, ha contado la historia tras la foto. La niña había viajado al campo desde su hogar en Hama con su madre y dos hermanos.

“Estaba usando un teleobjetivo y ella pensó que era un arma. Me di cuenta de que estaba aterrada después de sacar la foto porque se mordía el labio y tenía los brazos en alto. Normalmente los niños huyen, se tapan la cara o sonríen cuando ven una cámara”, explica. El fotógrafo cree que los niños reflejan mejor el dolor de los desplazados a través de su inocencia.

La expresión de la pequeña, entre pena, resignación y determinación, ha provocado un aluvión de apoyo y tristeza en las redes sociales. El tuit inicial lleva hasta el momento más de 20 mil réplicas.

Con información de  Huffington Post

Puede ver otras fotos de pequeños sirios, victimas inocentes de la guerra imperial contra su patria, siguiendo este enlace:

http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/04/01/la-historia-tras-la-foto-de-la-nina-siria-que-ha-conmovido-la-red/#.VRxYa_mG83Q

¿CUÁLES SON LAS 10 EMPRESAS QUE MÁS BENEFICIOS REPORTAN EN UNA GUERRA?

mas misiones en mas naciones

Tomados de ActualidadRT

Y a continuación, lea también: “EE.UU. es una fábrica de armas para los que buscan guerra  /   La falta de guerras a gran escala estaría afectando la economía de Occidente  /  Una discusión que dura siglos: ¿ayuda la guerra al desarrollo económico? Y algunas otras relacionadas con el tema

Un portal de análisis internacional ha realizado una recopilación de las 10 compañías que mayores beneficios reportan en una guerra, haciendo hincapié en que las empresas armamentísticas estadounidenses se encuentran a la cabeza, ocupando seis de los puestos.

El portal de análisis internacional 24/7 Wall St. ha examinado numerosas empresas armamentísticas en función de su número de ventas y con base en la información del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), ha elaborado una lista con las 10 compañías que mayores beneficios reportan en la guerra. De las principales 100 compañías productoras de armas, 39 tienen su sede en EE.UU., y las compañías estadounidenses representaron más del 58% de las ventas totales.

1) Lockheed Martin (EE.UU.)

ockheed Martin es el contratista de defensa más importante de EE.UU. y del mundo. Se encuentra detrás de equipos militares de alta tecnología como el avión de combate F-16 y una amplia variedad de misiles de tierra y mar. El avión de combate F-35 es el programa más rentable de la compañía, (a pesar de ser polémico por sus constantes demoras y averías), generando más de la mitad de todas las ventas de la división aeronáutica de la empresa en el programa de desarrollo avanzado en 2014.

Venta de armas en 2013: 35.500 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 45.500 millones de dólares.

Beneficios: 3.000 millones de dólares.

Empleados en 2013: 115.000.

2) Boeing (EE.UU.)

Boeing es una empresa aeronáutica y de defensa y el mayor fabricante de aviones comerciales (un 48% de la flota global ha sido fabricada por esta compañía). Es un proveedor militar líder, fabricando cazabombarderos, aviones de transporte y el helicóptero de combate Apache. Junto con su rival Lockheed Martin, la empresa presiona regularmente al Congreso de EE.UU. para ganar contratos militares y aumentar los gastos de defensa.

Venta de armas en 2013: 30.700 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 86.600 millones de dólares.

Beneficios: 4.600 millones de dólares.

Empleados en 2013: 168.400.

3) BAE Systems (EE.UU./Reino Unido)

BAE Systems es el segundo mayor contratista militar del mundo, además de una constructora aeronáutica comercial, y desempeña un papel importante en la construcción de diversos modelos de aviones de combate, como el Eurofighter Typhoon o el F-35. Alrededor del 36% de las ventas de la compañía provienen del desarrollo, soporte y mantenimiento de vehículos blindados, artillería, armas navales, lanzadores de misiles y fabricación de municiones.

Venta de armas en 2013: 26.800 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 28.400 millones de dólares.

Beneficios: 275 millones de dólares.

Empleados en 2013: 84.600.

4) Raytheon (EE.UU.)

Raytheon es uno de los contratistas militares más grandes de EE.UU. y se especializa en tecnología de defensa y seguridad nacional. Es el mayor productor mundial de misiles guiados y se especializa en la fabricación de sistemas de defensa y electrónica de defensa. En el año 2014 vendió aproximadamente 16.100 millones de dólares al Gobierno estadounidense (el 70% de sus ventas totales). La compañía es el principal fabricante de misiles de crucero Tomahawk, decenas de los cuales fueron utilizados por las Fuerzas Armadas de EE.UU. y Reino Unido en Libia durante el año 2011.

Venta de armas en 2013: 21.900 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 23.700 millones de dólares.

Beneficios: 2.000 millones de dólares.

Empleados en 2013: 63.000.

5) Northrop Grumman (EE.UU.)

Northrop Grumman es el cuarto mayor contratista de defensa y se especializa en sistemas aeroespaciales, sistemas electrónicos, sistemas de información, construcción naval y servicios técnicos. Recientemente, la compañía identificó al menos cuatro mercados internacionales hacia los que pretende orientar su expansión mundial: Europa, Australia, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Venta de armas en 2013: 20.200 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 24.700 millones de dólares.

Beneficios: 2.000 millones de dólares.

Empleados en 2013: 65.300.

6) General Dynamics (EE.UU.)

General Dynamics es uno de los principales contratistas de defensa de EE.UU., fabricante de todo tipo de maquinaria militar moderna. La compañía construye buques de guerra, submarinos nucleares, tanques y aviones de combate, así como sistemas de mando y control que enlazan todas estas tecnologías conjuntamente. La compañía ha presionado enormemente a los legisladores para que intensifiquen los créditos para la Armada estadounidense, uno de los mayores clientes de la compañía.

Venta de armas en 2013: 18.700 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 31.200 millones de dólares.

Beneficios: 2.400 millones de dólares.

Empleados en 2013: 96.000.

7) Airbus (Francia/Países Bajos)

Airbus Group, originalmente conocido con el nombre de ‘EADS’, es un fabricante de aviones comerciales, así como de helicópteros y productos espaciales y de defensa. La compañía se adjudicó recientemente un contrato del Gobierno de Corea del Sur para abastecer al país de helicópteros ligeros. Varios ejecutivos actuales y anteriores de la compañía se encuentran sumidos en una disputa legal referente al uso de información privilegiada.

Venta de armas en 2013: 15.700 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 78.700 millones de dólares.

Beneficios: 2.000 millones de dólares.

Empleados en 2013: 144.060.

8) United Technologies (EE.UU.)

United Technologies Corporation es un conglomerado multinacional y la compañía estadounidense que se encuentra en un puesto más bajo de la lista. Una filial de la misma dedicada a la industria aeroespacial, llamada ‘Pratt & Whitney’, produce y vende motores de aviones comerciales de gran tamaño utilizados en más de un 25% de la flota de aviones de pasajeros del mundo y registró 14.500 millones en ventas netas totales en 2014. Los motores militares de Pratt & Whitney son utilizados por 29 fuerzas aéreas de todo el mundo.

Venta de armas 2013: 11.900 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 62.600 millones de dólares.

Beneficios: 5.700 millones de dólares.

Empleados en 2013: 212.000.

9) Finmeccanica (Italia)

Finmeccanica S.p.A. ha estado registrando una importante pérdida de beneficios cada año desde 2011 (en el año 2012 la cifra de venta de armas ascendía a 12.500 millones de dólares). La compañía se encuentra actualmente en proceso de reestructuración masiva. El jefe ejecutivo, Mauro Moretti, afirmó recientemente en una entrevista con el ‘Finantial Times’ que anticipa recortes sustanciales de puestos de trabajo, reducción de las cifras de ventas, e incluso un posible cambio de nombre.

Venta de armas en 2013: 10.600 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 21.300 millones de dólares.

Beneficios: 100 millones de dólares.

Empleados en 2013: 63.840.

10) Thales (Francia)

Thales Group tiene su sede en París y cuenta con puntos de venta en 56 países. Además de la defensa, Thales ayudó a modernizar el metro de Londres en 2014 aumentando la capacidad de la Línea Norte del sistema en un 20%. Hace más de una década, Thales lanzó su unidad de conectividad y entretenimiento a bordo, actualmente utilizada por cerca de 100 aerolíneas internacionales.

Venta de armas en 2013: 10.400 millones de dólares.

Total de ventas en 2013: 18.900 millones de dólares.

Beneficios: 800 millones de dólares.

Empleados en 2013: 65.190.

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“EE.UU. es una fábrica de armas

para los que buscan guerra” 

EE.UU. suministra armas a organizaciones resueltas a continuar con guerras, por lo cual no es de sorprender que esta política lleve a una escalada de conflictos en lugar de su resolución, opina el politólogo estadounidense Matthew Hoh.

“EE.UU. proporciona municiones y armamento a todo tipo de organizaciones que están resueltas a continuar con guerras”, ha denunciado el politólogo estadounidense e investigador del Centro para la Política Internacional, Matthew Hoh, en una entrevista con RT.

“EE.UU. es el comerciante de armas más grande del mundo”, ha afirmado Hoh, añadiendo que según algunas estimaciones, EE.UU. suministra tres cuartas partes del armamento mundial, de modo que se ha convertido en una fábrica para los regímenes opresivos o movimientos revolucionarios.

Solo era cuestión de tiempo

para que EE.UU. volviera a desplegar

 sus tropas en Irak y Siria

Como consecuencia de la aplicación de esta política en los últimos años, “lo que ha ocurrido en Oriente Medio como resultado de la intervención de EE.UU. ha sido más caos, más derramamiento de sangre y más inestabilidad”, ha expresado el politólogo.

Esta política no puede traer la paz, opina Hoh, sino que es como “añadir querosén al fuego ardiente”. “Es una política llena de negligencia moral así como una desconsideración práctica”, ha expresado.

En cuanto a la reciente propuesta de Barack Obama de desplegar tropas terrestres para luchar contra el Estado Islámico, en opinión de Hoh es un reconocimiento de que los ataques aéreos no han tenido éxito. Aunque tampoco se muestra sorprendido: “Solo era una cuestión de tiempo antes de que el presidente se rinda y se comprometa a volver a poner tropas estadounidenses en Irak y Siria”, ha denunciado el especialista.

Al comentar la situación en Ucrania, Hoh ha mencionado que el deseo de EE.UU. de enviar armas Kiev “no hará nada para promocionar ningún tipo de paz, estabilidad o soluciones de largo plazo en este conflicto”.

(febrero de 2015)

“Más misiones en más naciones”:

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La guerra global secreta de EE.UU. en 150 países

La escala y el alcance de las operaciones especiales de EE.UU. a nivel mundial no deja de aumentar. Con todo, se trata de una “guerra global secreta” que permanece, en su mayor parte, escondida del público general.

Durante el último año fiscal, que terminó el 30 de septiembre de 2014, las Fuerzas de Operaciones Especiales de EE.UU. (SOF en inglés) fueron desplegadas en 133 países, denuncia Nick Turse en un artículo publicado en TomDispatch. El articulista cita datos de un oficial del Mando de Operaciones Especiales estadounidense.

Según Turse, estas cifras “completaron el período de tres años en que las fuerzas más selectas del país estuvieron activas en más de 150 países diferentes“. Las misiones que estas fuerzas llevaron a cabo comprendían desde redadas nocturnas con el fin de matar o capturar a alguien hasta ejercicios de entrenamiento.

No obstante, a pesar de su escala y alcance, esta “guerra global secreta” sigue siendo poco conocida por el público general, ya que la gran mayoría de las operaciones especiales permanece “escondida de la supervisión externa y el escrutinio de la prensa”, señala Turse.

“Para los jefes de las operaciones negras, el mundo es tan inestable como interconectado”, explica Turse, que define su solución a esta “inestabilidad entrelazada” como “más misiones en más naciones”.

Desde 2001, “las SOF han crecido en todos los aspectos, incluido el número, el presupuesto y su influencia en Washington”, precisa el autor. “Es particularmente sorprentente dado lo que realmente ha ocurrido sobre el terreno”, subraya Turse, haciendo hincapié en la implicación de las fuerzas de EE.UU. en torturas en Irak así como en las numerosas muertes de civiles en Afganistán, Yemen, Pakistán o Somalia. Para Turse todo ello no es sino “la superficie de los errores de las operaciones especiales”. (enero de 2015)

Los pretextos falsos más destacados

que EE.UU. ha creado para atacar a otros países

EE.UU. no tenía pruebas cuando decidió injerirse en los conflictos más relevantes de las últimas décadas. El resultado de estas políticas fueron la guerra de Vietnam y las dos guerras del Golfo. En los siguientes gráficos hacemos un repaso de los casos más significativos de injerencia estadounidense.

Según el senador demócrata Carl Levin, el Gobierno del presidente George W. Bush engañó a los estadounidenses en el período previo a la guerra de Irak de 2003, pues la CIA no disponía de pruebas claras de que el Gobierno de Saddam Hussein estuviera vinculado en los actos terroristas del 11 de septiembre.

Anteriormente, hace casi medio siglo, EE.UU. utilizó como justificación para intervenir en la guerra civil deVietnam un presunto ataque a las naves militares estadounidenses que navegaban en la zona. Pocos años después, en medio del conflicto bélico, un exfuncionario del Pentágono revelaría la falsedad de esta información. Una falsedad que se confirmó oficialmente mucho después, cuando se desclasificaron documentos de la Agencia Nacional de Seguridad.

A principios de los 1990, una enfermera de un hospital kuwaití afirmaba entre lágrimas que soldados iraquíes habían sacado a 300 recién nacidos de sus incubadoras y los habían dejado morir de frío. La historia fue utilizada como pretexto para intervenir en el conflicto entre Irak y Kuwait, la guerra del Golfo (1990-1991). Más tarde se descubrió que la presunta enfermera era la hija del embajador de Kuwait en EE.UU.

En 2013, las potencias occidentales culparon al Gobierno de Bashar al Assad en Siria de emplear armas químicas contra su pueblo. Este pretexto fue calificado por el presidente Barack Obama de “línea roja” y casi abrió las puertas a una intervención estadounidense en el conflicto sirio. Finalmente, el arsenal tóxico deSiria fue destruido gracias a un acuerdo entre Washington y Moscú. Al respecto de los intentos de EE.UU. para entremeterse en conflictos ajenos, el analista internacional Juan Luis González Pérez opina que son los propios estadounidenses los que deben atajarlos: “El pueblo norteamericano no debería dejar que la historia se repitiese una y otra vez. EE.UU. siempre ha utilizado mentiras para interferir”. (diciembre de 2014

“EE.UU. crea caos en países para

justificar su presencia militar y controlarlos” 

La ‘estrategia de ocupación’ de Estados Unidos implica un ciclo que consiste en invadir un país de su interés, desatar el caos y luego utilizar el caos como una ‘justificación’ para prolongar la presencia militar en ese país, comenta Brian Becker, analista político estadounidense y activista por la paz.

Esta doctrina de crear caos y luego usar ese caos como una justificación para prolongar la presencia militar, se ve reflejada en la actitud de políticos como el senador republicano John McCain, que un día después de que el presidente estadounidense, Barack Obama, declarara el fin de la guerra en Afganistán, el conflicto más largo de la historia de EE.UU., dijo que la Casa Blanca debería abandonar su estricto calendario para laretirada de las tropas estadounidenses del país y reemplazarlo con un “plan basado en las condiciones sobre el terreno”.

“Si esto no se hace, y si la administración insiste en retirar todas las fuerzas estadounidenses del país por razones políticas, Afganistán se deteriorará al igual que Irak desde 2011”, advirtió McCain. “Eso no sería más que una tragedia para el pueblo afgano; pondría al pueblo estadounidense en un peligro mucho mayor“, argumentaba el senador.

“John McCain representa la voz que surge del complejo militar-industrial, desde el propio Pentágono. Él representa a aquellos que realmente ven Afganistán como un potencial a largo plazo para una base militar estadounidense, desde la que EE.UU. puede proyectar su poder militar, no sólo en el interior de Afganistán, sino a través de toda la región de Asia centro-sur”, dijo Becker, coordinador nacional de la Coalición ANSWER, grupo compuesto por muchas organizaciones de derechos contra la guerra y civiles.

“El peligro de que Afganistán degenere en una situación similar a la de Irak es real”, dijo Becker en una entrevista a Press TV. “Pero la razón por la que Afganistán, como Irak, podría caer en el caos es precisamente porque el Ejército estadounidense invadió estos dos países. Es precisamente porque la estrategia de ocupación de Estados Unidos ha deteriorado tanto la vida de las personas en los dos países y ha retardado o subvertido su capacidad de funcionar como Estados unitarios. Eso ha creado la caótica situación en Irak, en Afganistán, en otros lugares, así como Libia y Siria”.

“Aquí vemos un ciclo”, continuó Becker. “Un ciclo en el que EE.UU. crea caos y luego usa ese caos como una justificación de los EE.UU. para mantener una presencia militar a largo plazo en las regiones que cuentan con grandes recursos naturales y son geoestratégicamente importantes desde el punto de vista del imperio de EE.UU.”, agregó el activista. (diciembre de 2014)

EE.UU. podría estar involucrado en 134 guerras 

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EE.UU. estaría involucrado actualmente en hasta 134 guerras o conflictos armados, un número que de la terminología y el sentido de los propios conceptos.

Podría considerarse que EE.UU. no participa en ningún conflicto bélico, ya que, de hecho, desde 1942 el Congreso no ha declarado la guerra a nadie. También se puede defender que el número se eleva hasta cinco (Irak, Afganistán, Pakistán, Somalia, Yemen), si nos atenemos a la definición de guerra como “conflictos en los que EE.UU. lanza extensas incursiones militares, incluso ataques con drones, pero que no están oficialmente ‘declarados”.

El editor del portal Mint Press News Timothy McGrath sitúa el número de guerras en 134, considerando todas las operaciones del SOCOM (Mando de Operaciones Especiales de EE.UU.), que a menudo son clandestinas, además de entrenar y asesorar a ejércitos locales. Para sus afirmaciones el periodista se basa en los articulos de su colega del portal de noticias TomDispatch.com, Nick Turse, quien se hace eco, a su vez, de las afirmaciones del portavoz del Mando de Operaciones Especiales de EE.UU. (SOCOM, por sus siglas en ingles), Robert Bockholt.

“Este aumento del 123% durante los años de Obama demuestra cómo, además de las guerras convencionales y una campaña de drones llevada a cabo por la CIA, la diplomacia pública y extenso espionaje electrónico, EE.UU. ha participado en otra forma más significativa y creciente de la proyección del poder extranjero”, escribe Turse subrayado que a menudo la mayoría de estas operaciones se hacen de forma encubierta, lejos de los ojos de los medios de comunicación y los estadounidenses. Ello “aumenta las posibilidades de sufrir retrocesos imprevistos y consecuencias catastróficas”, afirma Turse.

Citando al coronel retirado del Ejército estadounidense y profesor de Historia y Relaciones Internacionales en la Universidad de Boston Andrew Bacevich Turse indica que “el uso de las fuerzas especiales durante los gobiernos de Obama ha disminuido la responsabilidad militar, fortalecido la ‘presidencia imperial’, y ha preparado el escenario de una guerra sin fin”.

“Mientras que la Administración de Obama supervisó la retirada de las tropas de EE.UU. de Irak [negociada por su predecesor], y además la reducción de las tropas estadounidenses en Afganistán, el presidente ha presidido el aumento gradual de la presencia de los militares de EE.UU. en África, una revitalización de los esfuerzos estadounidenses en América Latina, y es protagonista de un duro discurso sobre el reequilibrio o cambio de estrategia en Asia”, escribe.  (septiembre de 2014)

Una discusión que dura siglos:

¿ayuda la guerra

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¿Es buena la guerra para el crecimiento económico? Esta vez en este debate que dura siglos se han enfrentado expertos del periódico estadounidense ‘The New York Times’ y del británico ‘The Week’.

El debate sobre la importancia que tienen las guerras para el desarrollo económico ha provocado airadas disputas de varias generaciones de economistas e historiadores, y, dado el deterioro general de la situación mundial, la discusión ha vuelto a las páginas de los medios más importantes del mundo.

Esta vez lo debaten expertos de ‘The New York Times’ y de ‘The Week’.
Guerra: ¿el ‘gatillo’ del progreso?

El diario ‘The New York Times’ publicó recientemente un artículo del profesor Tyler Cowen, quien sostiene que la ausencia de grandes conflictos internacionales entorpece el crecimiento económico, mientras que la anticipación de la guerra, en cambio, es capaz de acelerarlo. Según Cowen, el actual crecimiento a paso de tortuga del PIB mundial se explica precisamente por la estabilidad, mientras que las tensiones regionales no permiten crear suficiente marco ‘psicológico’ para acelerar la recuperación económica después de la crisis. He aquí lo que escribe:

“En el mundo ha habido pocas guerras últimamente, por lo menos guerras de carácter histórico. Algunos de los recientes titulares nos hablan sobre Irak o Sudán del Sur, haciéndonos pensar que nuestro mundo es un lugar muy sangriento, pero las bajas de hoy palidecen a la luz de las decenas de millones de personas que murieron en las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX. Incluso la Guerra de Vietnam tuvo muchas más muertes que cualquier guerra de hoy en las que están involucrados países ricos. Puede ser que suene ilógico, pero una mayor tranquilidad del mundo puede hacer que el logro de mayores tasas de crecimiento económico se haga menos importante, y, por lo tanto, menos probable”.

Y lo demuestra con hechos históricos…

“Puede parecer repugnante encontrar un aspecto positivo a la guerra en este sentido, pero un vistazo a la historia de EE.UU. enseña que no podemos descartar la idea tan fácilmente. Innovaciones fundamentales como la energía nuclear, la computadora y el avión moderno fueron impulsadas por el Gobierno estadounidense, ansioso de derrotar a las potencias del Eje [nazi] o, más tarde, para ganar la Guerra Fría. Internet fue inicialmente diseñada para ayudar a nuestro país a soportar un intercambio de ataques nucleares, y Silicon Valley tuvo sus orígenes en contratos militares y no en las actuales empresas emergentes de medios sociales. El lanzamiento soviético del Sputnik estimuló el interés de EE.UU. por la ciencia y la tecnología en beneficio del crecimiento económico posterior”.

Parafraseando la idea, resulta que ni siquiera los conflictos militares son importantes en este sentido, sino una sensación de inestabilidad y miedo al futuro. De hecho, este miedo de perder todo lo ahorrado hace que la gente gaste lo más rápidamente posible, y con el tiempo este fervor consumista desemboca en la actividad empresarial, y, posteriormente, en crecimiento económico.

A continuación, para apoyar su idea, el articulista de ‘The New York Times’ presenta un gráfico que muestra una disminución en el número de muertes en los conflictos armados en el siglo XX. (julio de 2014)

El número de personas muertas en guerras se ha reducido drásticamente desde el siglo XX.

Muertes relacionadas con combates por cada 100.000 personas *  

El mejor período para la economía es el período sin guerras

Sin embargo, John Aziz, el oponente de Tyler y colaborador en temas de negocios y economía del

semanal británico ‘The Week‘, cree que este grafico solo refuta la idea de que la reducción del número de guerras ha comportado un crecimiento económico más lento.

Si nos fijamos en los datos históricos sobre el crecimiento de la actividad económica y el crecimiento del PIB, se observa que las cifras más fuertes se muestran solo después de 1950, es decir, a partir del momento en que se registra menor número de muertes en guerras.

Por supuesto, en este contexto no debe pasarse por alto el incremento de la productividad laboral, el aumento del número de habitantes del planeta y una serie de factores que hicieron posible el incremento económico; pero las guerras, afirma Aziz, seguramente no impulsan el desarrollo de la economía.

En este gráfico queda claro que el crecimiento del PIB y la rentabilidad de la inversión aumentaron considerablemente a partir de los años 50 del siglo pasado. De acuerdo con la lógica del profesor Cowen, sostiene John Aziz, “una revolución en el Imperio ruso que se estima que segó las vidas de 9 millones de personas, dos guerras mundiales en las que murieron 81 millones de personas, y la guerra civil de México, que mató a otros dos millones de personas, son los puntos clave del crecimiento de la economía en los últimos años de la historia. Pero no es así: el período de 1950-2012 es considerado el más exitoso para el crecimiento del PIB mundial”.

“Eso no quiere decir que la lógica de Cowen sobre la guerra como factor de estímulo sea errónea. Apuesto a que si la horda de mongoles de Gengis Kan está a punto de llegar a su pueblo para saquearlo ustedes comenzarían de forma bastante urgente a forjar armas y erigir defensas. ¡Ese es el crecimiento económico!”, exclama Aziz.

Al comentar los inventos de la humanidad durante la Guerra Fría el periodista sostiene que la idea principal de toda esta historia es que se logró evitar que estallara una guerra contra la Unión Soviética estallara.

En otras palabras, si un conflicto se está gestando, la economía sigue creciendo a ritmo muy acelerado ante tal amenaza, pero si esta amenaza desaparece, ello permite ahorrar millones de dólares y millones de vidas humanas, y, junto con ello, un porcentaje del PIB.

La falta de guerras a gran escala

estaría afectando la economía de Occidente

La continua lentitud del crecimiento económico en las grandes potencias ha llevado a los economistas a hacer un examen de conciencia. Además de las razones tradicionales, ahora también se debate la falta de guerras.

Los especialistas han estudiado la débil demanda, el aumento de la desigualdad, el auge de China, el exceso de regulación, la infraestructura inadecuada y hasta el agotamiento de las nuevas ideas tecnológicas como posibles culpables.

Pero esta nueva explicación del lento crecimiento está recibiendo cada vez más atención, como si se tratara de justificar la permanente agresión estadounidense con la necesidad de mantener lubricada la afectada economía.

Según asegura el economista Tyler Cowen en un reciente artículo en ‘The New York Times’, el mundo no ha tenido muchas guerras en los últimos tiempos, al menos no en términos históricos. Algunos de los recientes titulares sobre Irak o Sudán del Sur hacen que el mundo parezca un lugar muy sangriento, pero las muertes de hoy palidecen a la luz de las decenas de millones de personas que murieron en las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX. Incluso la guerra de Vietnam tuvo muchas más muertes que cualquier guerra reciente en la que haya participado un país rico.

Aunque parezca contrario a la lógica, la mayor tranquilidad mundial puede hacer menos urgente el alcance de mayores tasas de crecimiento económico y, por lo tanto, lo hace menos probable.

La posibilidad misma de la guerra centra la atención de los gobiernos en tomar correctamente algunas decisiones básicas, ya sea invertir en ciencia o, simplemente, liberar la economía

Esta teoría no afirma que pelear guerras mejore las economías, ya que por supuesto el conflicto como tal acarrea muerte y destrucción. Esta visión también difiere del argumento keynesiano de que la preparación para las guerras eleva el gasto público y pone a la gente a trabajar. Por el contrario, la posibilidad misma de la guerra centra la atención de los gobiernos en tomar correctamente algunas decisiones básicas, ya sea invertir en ciencia o, simplemente, liberar la economía. Tal enfoque termina por mejorar las perspectivas a largo plazo de una nación, asegura Cowen.

“Puede parecer repugnante encontrar un lado positivo a la guerra en este sentido, pero un vistazo a la historia de EE.UU. sugiere que no se puede descartar la idea tan fácilmente. Innovaciones fundamentales como la energía nuclear, la computadora y el avión moderno fueron empujadas por gobiernos ansiosos por derrotar a las potencias del Eje o, más tarde, para ganar la Guerra Fría”, señala Cowen.

El economista recuerda también que Internet fue inicialmente diseñado para ayudar a soportar un intercambio nuclear, y Silicon Valley tuvo sus orígenes con contratos militares, y no por las nuevas compañías de redes sociales que surgen hoy en día.

El lanzamiento del Sputnik por los soviéticos estimuló el interés de Estados Unidos en la ciencia y la tecnología, en beneficio del crecimiento económico posterior, señala el artículo.

La guerra trae consigo “la urgencia que de otro modo los gobiernos no pueden invocar”. Por ejemplo, el Proyecto Manhattan tomó seis años para producir una bomba atómica a partir de casi nada, y en su pico consumía un 0,4 % de la producción económica estadounidense. Es difícil imaginar un logro tan decisivo en estos días, agrega el experto. (junio de 2014)

Y lo dice Amnesty International: Guantánamo, símbolo de agresión de Estados Unidos a los derechos humanos

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Tras los atentados del 11/S de 2001, el presidente estadounidense George W. Bush dio la orden de establecer una prisión fuera del territorio nacional para recluir a “combatientes enemigos” capturados en la recién declarada “guerra contra el terror”.

Desde entonces Guantánamo, con sus capuchas y monos de color naranja, jaulas y cercas de alambre de espino, se ha convertido en un símbolo de detenciones arbitrarias, entregas extraordinarias, tortura y otros abusos, y absoluta falta de respeto de los derechos humanos de los detenidos por parte de las autoridades estadounidenses.

El sucesor de Bush, Barack Obama, prometió cerrar Guantánamo en enero de 2010 como muy tarde. Sin embargo, Guantánamo continúa abierto, y hay aún 122 hombres allí, casi la tercera parte de ellos a pesar de haberse dictado órdenes judiciales de dejarlos en libertad.

Guantánamo, en terrenos de una base de la Marina estadounidense en la punta sureste de Cuba, seeligió en parte para eludir la legislación estadounidense sobre el hábeas corpus. Su aislamiento hacia posible su funcionamiento sin ningún escrutinio. Estaba restringido el acceso de los abogados, no se permitían las visitas de familiares y no había prácticamente ningún contacto con el mundo exterior. Los hombres llevados allí estaban realmente solos.

Lo que ocurría en Guantánamo no era por accidente. Altos mandos militares lo llamaron “el laboratorio de batalla de Estados Unidos”, reconociendo así un entorno “conducente a obtener información aprovechando las vulnerabilidades de los detenidos”. Los tratos y condiciones inhumanos y degradantes eran habituales y el centro estaba conectado a sistemas más amplios de detención secreta y tortura. Los responsables no tenían nada que temer, pues Estados Unidos utilizaba el secreto para ocultar las violaciones de derechos humanos y apenas hacía nada para pedir cuentas a sus autores.

A los hombres recluidos en Guantánamo se les negó durante años el derecho a una vista judicial para impugnar la legalidad de su detención. Los pocos que eran sometidos a juicio, no lo hacían ante tribunales de justicia ordinarios, sino ante comisiones militares especiales, con reglamentos que incumplían las normas internacionales sobre juicios justos. Los tribunales militares desempeñan todavía una función primaria y su uso parece cada vez mas arraigado.

El presidente Obama se ha parapetado de su promesa en el obstruccionismo del Congreso, las presiones internas y el clima de temor de Estados Unidos, pero esto no es una excusa válida. Estados Unidos no admite a otros países razones de este tipo, y el resto del mundo no debe admitírselas a él.

El gobierno estadounidense debe cerrar de Guantánamo de inmediato y poner fin a la política de falta de respeto por los derechos humanos que ha llegado a simbolizar este centro de detención. Debe renegar de su doctrina de la guerra global e incorporar las normas internacionales de derechos humanos. Además tiene que hacer rendir cuentas a los responsables de detenciones secretas, tortura, entregas extraordinarias y demás abusos cometidos durante estos años.

Trece años después de su creación, Guantánamo continúa abierto, violando todavía los derechos humanos. Se ha convertido en símbolo de agresión de Estados Unidos a los principios más fundamentales de los derechos humanos.

https://www.es.amnesty.org/paises/estados-unidos/seguridad-con-derechos-humanos/guantanamo-simbolo-de-agresion-de-estados-unidos-a-los-derechos-humanos/

Pura hipocresía

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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein 

Desde Caracas, Venezuela

Tomado de Con Nuestra América

Dicen que luchan contra el terrorismo y que lo exterminarán en cualquier lugar del mundo, pero protegen en su territorio a Posada Carriles que es un criminal confeso de haber puesto una bomba contra un avión civil cubano. Asimismo, esconden a los asesinos del canciller chileno Orlando Letelier, asesinado en el propio Washington.

Dicen que combaten el terrorismo internacional pero crearon, armaron financiaron  y entrenaron el movimiento Talibán  -para que combatiera al gobierno afgano en los años 80 del siglo pasado- y al Estado Islámico pensando que éste cumpliría sus objetivos de derrocar al gobierno sirio en años recientes, además cobijaron, protegieron y fueron aliados de Osama Bin Laden antes del año 2001.

Eligen un presidente negro, pero la policía sigue asesinando adolescentes y jóvenes afroamericanos con total impunidad y protección de la “justicia”.

Se dicen luchadores e insignias de la democracia en el mundo, pero han apoyado a las peores dictaduras del planeta. Fomentaron los golpes de Estado en Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile y Argentina, que causaron centenares de asesinados, miles de desaparecidos  y torturados y decenas de miles de exiliados. Protegieron las dictaduras criminales de Pérez Jiménez, Batista, Trujillo y Somoza. De éste dijeron “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. En su “defensa de la democracia” aúpan a las monarquías medievales del Medio Oriente como la de Arabia Saudita donde no hay parlamento, ni partidos políticos, ni sindicatos, ni elecciones y donde las mujeres son segregadas y discriminadas 

Dicen que luchan contra el narcotráfico, pero la DEA actuando como un cártel, regula, controla y manipula el mercado de la droga, sin actuar contra su propio sistema financiero a donde van a parar los miles millones de dólares que tan “lucrativo negocio”, inyecta a su economía ¿quién ha visto un narcotraficante estadounidense preso?

Se ensañan inflexiblemente contra el nuevo gobierno griego de Alexis Tsipras por no plegarse a preceptos que significan seguir el hambre y la exclusión para el pueblo griego, pero tratan con “manos de seda” a la corrupta banca internacional, aportando miles de millones de dólares para el enriquecimiento de sus ejecutivos, mientras siguen apretando el dogal de los pueblos.

Dicen ser los mayores protectores del medio ambiente y la naturaleza, pero se niegan a ratificar el protocolo de Kioto  sobre cambio climático.

Se dicen preocupados por la situación de la justicia en el mundo, pero no aceptan la jurisdicción de la Corte Penal Internacional encargada de juzgar delitos como el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y la agresión. Lo hacen para actuar impunemente en sus prácticas intervencionistas y guerreristas, muchas veces al margen del derecho internacional. Tampoco acatan las decisiones de la Corte Internacional de Justicia de La Haya cuando sus fallos no le favorecen.

Dicen promover los derechos humanos en la región, pero no suscriben la Convención Americana sobre Derechos Humanos y  teniendo la sede de la Comisión Interamericana  de Derechos Humanos, no forman parte de ella  a pesar que ambas fueron creadas a su imagen y semejanza bajo el alero del aún insepulto cadáver de la OEA.

Se gastan miles de millones de dólares en seguridad y no son capaces de proteger ni a su propio pueblo, mandan a sus hijos a inmolarse en guerras absurdas sin saber por qué lo hacen. Para ello, inventan armas nucleares en Irak, uranio enriquecido para fabricar misiles en Irán y tanques rusos en Ucrania. Nunca, nadie ha visto nada de eso 

Se ganan el Premio Nobel de la Paz, pensando que eso les servirá para legitimar el genocidio y la muerte de inocentes.

Dicen que van a normalizar las relaciones con Cuba, pero mantienen el inhumano bloqueo y la ley de ajuste que fomenta las salidas ilegales del país.

Se ufanan de tener grandes amigos, aliados y socios, pero espían a sus líderes, mientras admiten que los presionaron y obligaron a implementar sanciones contra Rusia y que en ocasiones les tuercen el brazo cuando no hacen lo que quieren.