Archivo de la etiqueta: guerra

Se habla poco

El general John Allen, comandante de las tropas de la OTAN en Afganistán, afirmó que EEUUU utilizará “un poder de fuego significativo” en el período 2012-2013

Por Juan Gelman

Las alarmas de la crisis económica europea, los vaivenes del euro, la salida de Grecia o no de la Eurozona, el enfrentamiento Hollande/Merkel sobre cómo superar la situación juntando agua y aceite, o sea, austeridad y de- sarrollo, las reuniones cumbre de los mandatarios de la Unión sacudidas por las protestas populares, han silenciado casi un hecho no pequeño: la confesión tácita de EE.UU. y la OTAN de su derrota en Afganistán.

Se produjo el lunes pasado, en la cumbre de Chicago, cuando los líderes otanescos adoptaron la posición de Obama y firmaron un “pacto de transición” que presentan como conducente a “la retirada irreversible” de sus tropas del país asiático en el segundo semestre del 2013, dejando las tareas de seguridad en manos locales. “Ahora estamos unidos para dar fin responsablemente a la guerra en Afganistán”, subrayó el presidente estadounidense (www.mcclatchyde.com, 22-5-2). Tal como sucede en Europa, la mayoría de la opinión pública de EE.UU. se opone a la continuación del conflicto, considera que se acabó con la muerte de Bin Laden. Y Obama está en brega por su reelección en pleno año electoral: así cumpliría entonces con su promesa de retirar las tropas en el 2014 a más tardar.

El nuevo pacto prácticamente es igual al que adoptó la cumbre de jefes de Estado de la OTAN que tuvo lugar en Lisboa los días 18 y 19 de noviembre del 2010, sólo que hay un detallito diferente: más de dos semanas antes de la cumbre de Chicago, en un rápido y no anunciado viaje a Kabul, Obama firmó un acuerdo con el presidente afgano Karzai “para cubrir la década siguiente a la retirada final de las tropas de combate de EE.UU. en el 2014” (www.ajc.com, 2-5-12). Los términos de este trato no son públicos y el ocupante de la Casa Blanca aclaró que las tropas que no sean retiradas sólo se ocuparán de “entrenar a las fuerzas afganas y de combatir al terrorismo, pero no construirán bases permanentes en este país, ni patrullarán sus ciudades y montañas”. Es una curiosa victoria: EE.UU. continuará la guerra diez años más. Por ahora.

Las declaraciones de Obama recuerdan a W. Bush cuando dijo “misión cumplida” en mayo del 2003 al ser derrocado Saddam Husein: los efectivos de EE.UU. y la OTAN se quedaron ocho años más y no todos se fueron. Esta experiencia tal vez aconsejó a la Casa Blanca que era preferible extender por una década las previsiones de combate, dado que los hechos indican que la violencia en Afganistán ha aumentado en el 2011 por quinto año consecutivo: el número de civiles afganos muertos se incrementó más del 15 por ciento en el primer semestre de ese año, se intensificaron los ataques suicidas y no ha cesado el empeño de los talibán en combatir a los ocupantes.

Una Evaluación Nacional de Inteligencia (NIE, por sus siglas en inglés) elaborada en enero de este año por el Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU. que agrupa a los 16 organismos del ramo estima que la lucha en Afganistán se halla en punto muerto: “La corrupción imperante, la inoperancia del gobierno (afgano) y los operativos que los talibán lanzan desde Pakistán minaron lo ganado con el aumento de tropas estadounidenses (en el 2009)” (www.militaryphotos.net, 12-1-12).

El propio Obama reconoció en Chicago que el talibán sigue siendo “un enemigo vigoroso” y que lo conseguido por la OTAN en el campo de batalla es frágil (Reuters, 21-5-12). De manera que Afganistán seguirá ocupado de un modo o de otro hasta el 2024 por la continuación de una guerra que Washington y sus aliados comenzaron hace más de diez años sin éxito a la vista. Esto no le impidió insistir en el triunfalismo durante su visita a Kabul: “Ya vemos la luz de un nuevo día… nuestro objetivo es destruir a Al Qaida y estamos exactamente en el camino que nos llevará a lograrlo”. Quién sabe. Horas después de que Obama dejara Kabul se produjo una serie de explosiones y tiroteos en la capital afgana con un saldo de seis muertos. Los talibán se atribuyeron el ataque a un complejo habitacional armado que alberga a centenares de contratados extranjeros.

Hay más de un problema en las entrañas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. La decisión de retirar del país asiático a todas las tropas de Francia a fin de año que, en cumplimiento de una promesa electoral, anunció el presidente socialista François Hollande –3400 soldados, 14 helicópteros y 900 vehículos– no se atiene a lo que se acordó en Chicago y es un reto a Obama y a la OTAN. Por otra parte, EE.UU. financia el 85 por ciento de la guerra y presiona a los aliados europeos, en plena crisis económica, para que aumenten sus aportes.

El problema central es que la guerra continúa pese a los anuncios optimistas del Pentágono. El general John Allen, comandante de todas las tropas instaladas en Afganistán, afirmó que EE.UU. utilizará “un poder de fuego significativo” en el período 2012-2013 (Reuters, 23-5-12). “Vamos a necesitar capacidad de combate –afirmó– y creo que nadie cuestiona esto. Le debo al presidente un análisis realista del tema.” El general se halla sobre el terreno y sabrá por qué lo dice.

Tomado de Página/12

 

Los atentados en el cine, un fracaso de taquilla

A 10 años del mayor ataque de la historia de los Estados Unidos, la herida aún está abierta o, por lo menos, eso es lo que parece demostrar la escasa convocatoria de las películas de Hollywood basadas en el 11-S

De acuerdo con distintos especialistas, una década no fue suficiente para que los estadounidenses pudieran superar el trauma y el dolor del ataque terrorista que dejó más de 3 mil muertos.

“No creo que el público quiera revivir uno de los momentos más dolorosos de la historia reciente de nuestra nación. Al menos, no tan pronto”, señala la periodista del diario USA Today, Claudia Puig, a la agencia Reuters.

“Una de las cosas que Hollywood quiere es un final feliz, pero no se lo pueden dar“, agrega el autor del libro Cine y televisión tras el 11-S, Wheeler Winston Dixon, para quien resulta difícil encontrar una historia optimista en el contexto de los atentados.

La opinión del cineasta Oliver Stone, uno de los pocos que se animó a filmar una película sobre el 11 de septiembre, parece ser la misma. El ganador de tres premios Oscar se inspiró para realizar World Trade Center (2006) en un hecho real, la historia de dos policías, interpretados por Nicholas Cage y Michael Peña, que fueron los últimos en ser desenterrados con vida de los escombros de las Torres Gemelas. Pero esta producción no estuvo exenta de patriotismo y el suyo uno de los tan remanidos finales felices.

“En todo el mundo la gente quiere esperanza, por eso las películas de Hollywood tienen éxito a nivel internacional”, justificó Stone en ese entonces, cuando además sostuvo que era demasiado pronto para proyectar una película compleja sobre el miedo y el terror del ataque del 11-S.

La duda que se plantea en Hollywood es en qué momento los espectadores -y los afectados- podrán soportar ver una película cruda y fuerte sobre los atentados y, más aún, los productores se preguntan cuánta de esa realidad podrán tolerar.

Siempre será algo difícil e incómodo, algo que de alguna manera no queremos ver. Pero, cuantas más películas, mejor, así no se olvida lo ocurrido”, asegura la hija de una pasajera de uno de los aviones estrellados, Allison Vadhan, cuya historia se refleja en el thriller United 93.

Sin embargo, en los hechos, la situación es distinta, con escasa recepción del público. El primer film que se acercó a la temática del 11-S fue The Guys, con Sigourney Weaver y Anthony LaPaglia, que se estrenó en 2002 en el Festival de Cine de Toronto. La trama estaba centrada en una periodista y un bombero que perdían a sus compañeros en el ataque. Pese a las buenas críticas, fue un fracaso en las salas.

En 2006, el cineasta británico Paul Greengrass se propuso recrear una historia “creíble” y estrenó United 93, sobre el cuarto vuelo secuestrado, que se estrelló contra el suelo de Pensilvania. La película de Greengrass y la de Oliver Stone, puestas en cartelera el mismo año, apenas lograron recaudar 250 millones de dólares juntas.

Algunos directores optaron por centrarse en otra etapa, como la posterior guerra contra Irak, la invasión a Afganistán o la seguridad en los aviones. La premiada The Hurt Locker y Vuelo nocturno, sobre el secuestro de una mujer en pleno viaje, son dos ejemplos.

El documental Fahrenheit 9-11 de Michael Moore y los once cortometrajes con historias que confluyen en el atentado de las Torres Gemelas que recopila 11’09’01 se suman a la lista de producciones sobre el 11 de septiembre.

En la televisión, distintos programas tocaron la temática, aunque la mayoría enfocándose en el antes o el después del ataque. The Path to 9/11 con Harvey Keitel fue una miniserie estrenada en 2006 que se enfocó en la explosión ocurrida en el World Trade Center en 1993 y otros hechos que marcaron el camino hacia el brutal atentado terrorista de 2001. Estaba centrada en la historia de un agente experto en  contraterrorismo del FBI, John O’Neill, quien también es el protagonista principal del multipremiado libro La torre elevada.

Más recientemente, Steven Spielberg produjo otra miniserie de ocho capítulos sobre el post 9-11, por ejemplo, cómo cambió Nueva York y de qué forma sobrellevaron el trauma distintos sobrevivientes. Testimonio de Esperanza: Zona Cero se emite actualmente por Discovery Channel.

En diez años, los films y las series sobre el 11-S no lograron ganarse al público, todavía sensibilizado sobre el tema. Habrá que ver qué sucederá más adelante, considerando que el tiempo cura las heridas. Eso sucedió, por lo menos, en el caso de Titanic -pasaron más de 80 años para que la película sobre la tragedia del crucero hundido en 1912 saliera a flote- y en el de Pearl Harbor, cuyo film rompió los récords de taquillas casi 60 años después del ataque japonés a la base norteamericana.

Tomado de Infobae.com

El 11-S estadounidense en números

Este también, según infobae.com

¿Cuántos murieron? ¿Cuántos cuerpos fueron recuperados? ¿Cuánto dinero se donó? ¿A cuántos funerales asistió el alcalde de Nueva York en esos días? La tragedia también se midió en cifras

Un informe del New York Magazine puso números a todos los aspectos del impactante ataque contra las Torres Gemelas del World Trade Center: desde la empresa que más empleados perdió hasta el número de niños huérfanos que dejó el atentado.

“Los números iniciales son indelebles”, dice el artículo. A las 8:46 de la mañana del 11 de septiembre se estrelló el primer avión contra una de las torres. El segundo, a las 9:02.

A partir de allí, la historia en números siguió de este modo:

Tiempo que resistieron en pie las torres incendiadas: 56 minutos una y 102 la otra

Tiempo que les tomó caer: 12 segundos

Número total de muertos en los ataques (cifra oficial establecida a partir del 05/09/02): 2.819

Número de bomberos y paramédicos muertos: 343

Número de agentes de policía de Nueva York muertos: 23

Número de policías de la Autoridad Portuaria muertos: 37

Número de empresas del World Trade Center que perdieron personal: 60

Número de trabajadores que murieron en la Torre Uno: 1.402

Número de trabajadores que murieron en la Torre Dos: 614

Número de empleados de Cantor Fitzgerald fallecidos: 658 (es la empresa que más personal perdió, murieron todos los que se encontraban ese día en sus oficinas de los pisos 101 a 105 de la torre uno del WTC)

Número de países que perdieron ciudadanos en el ataque: 115

Proporción entre hombres y mujeres muertos en los atentados: 3 a 1

Edad de la mayoría de los muertos: entre 35 y 39 años

Cadáveres hallados “intactos”: 289

Partes de cuerpos encontradas: 19.858

Familias de víctimas que no recuperaron restos: 1.717

Unidades estimadas de sangre donada para el New York Blood Center: 36.000

Total de unidades de sangre donada efectivamente utilizada: 258

Personas que perdieron a su pareja en el ataque: 1.609

Niños que perdieron a sus padres: 3.051

Porcentaje de norteamericanos que conocía a alguien herido o muerto en los ataques: 20%

Jubilaciones en el Departamento de Bomberos de Nueva York, entre enero y julio de 2001: 274

Jubilaciones en el Departamento de Bomberos de Nueva York, entre enero y julio de 2002: 661

Bomberos en licencia por problemas respiratorios en enero de 2002: 300

Funerales a los que asistió el alcalde de Nueva York Rudy Giuliani en 2001: 200

Vehículos del Departamento de Bomberos destruidos: 98

Toneladas de escombros removidos del WTC: 1.506.124

Puestos de trabajo perdidos en Nueva York: 146.100

Días de cierre de la Bolsa de Nueva York: 6

Días transcurridos entre el ataque y el comienzo de los bombardeos de los Estados Unidos contra Afganistán: 26

Pérdidas económicas para Nueva York en el mes posterior a los ataques: 105 mil millones de dólares

Costo estimado de la limpieza: 600 millones de dólares

Dinero gastado por la FEMA (Agencia Federal para el manejo de Emergencias): 970 millones de dólares

Dinero donado: 1.400 millones de dólares

Monto pagado en seguros en todo el mundo en relación al 11-S: 40.200 millones de dólares.

Aumento de solicitudes de ingreso al Cuerpo de Paz entre 2001 y 2002: 40 por ciento

Aumento de solicitudes de ingreso a la CIA entre 2001 y 2002: 50 por ciento

Canciones que el Clear Channel Radio consideró “inapropiadas” para ser emitidas después del 11 de septiembre: 150

Departamentos cuyos ocupantes solicitaron limpieza y testeo: 4.110

Estadounidenses que cambiaron el avión por el tren o el automóvil para sus vacaciones en 2001: 1,4 millones

Neoyorquinos que sufrieron desórdenes por estrés postraumático (estimación): 422.000

Tomado de Infobae

Los atentados más mortíferos desde el 11-S de 2001

Según infobae.com, son los siguientes:

Después de los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, que dejó 3.000 muertos, se registraron en el mundo otros actos terroristas con un alto saldo de víctimas

Esta es la cronología de los ataques más letales posteriores al 11 de septiembre de 2001

India, 26-29 de noviembre de 2008: 173 murieron personas en una serie de ataques en la ciudad india de Bombay. El gobierno de Nueva Delhi los atribuyó a un grupo terrorista paquistaní.

Sri Lanka, 16 de octubre de 2008: Un atentado suicida supuestamente perpetrado por rebeldes tamiles en la ciudad de Habarana causó al menos 100 muertos.

India, 11 de julio de 2006: Terroristas musulmanes atacaron la red ferroviaria en Bombay matando a 182 personas y dejando heridas a otras 770.

Rusia, 13 de octubre de 2005: Un numeroso grupo de presuntos extremistas islámicos atacó la ciudad rusa de Nalchik, en el Cáucaso Norte, causando la muerte de 130 personas.

Reino Unido, 7 de julio de 2005: Cuatro islamistas se hicieron volar por los aires en el sistema de transporte de Londres. Saldo: 56 muertos y 700 heridos.

Rusia, 1º de septiembre de 2004: Un grupo de 30 hombres y mujeres armados ocuparon una escuela en la ciudad de Beslán, en Osetia del Norte, y tomaron 1.100 rehenes. Más de 330 de ellos, en su mayoría niños, perdieron la vida durante la operación de las fuerzas de seguridad para poner fin al secuestro. También murieron 30 terroristas.

Rusia, 24 de agosto de 2004: Dos aviones rusos se estrellaron con un intervalo de una hora en el sur de Rusia, tras el estallido de explosivos a bordo de las naves. Según cifras oficiales, murieron 90 personas en estos atentados.

España, 11 de marzo de 2004: La explosión de diez bombas colocadas en trenes suburbanos en Madrid causó la muerte de 191 personas. La investigación policial apuntó a islamistas marroquíes como autores de la masacre.

Irak, 2 de marzo de 2004: Varios atentados suicidas se cobraron la vida de más de 180 personas en las ciudades iraquíes de Kadhimiya y Karbala.

Filipinas, 27 de febrero de 2004: Un atentado con bomba perpetrado por terroristas islámicas contra un ferry en Manila causó más de 110 muertos.

Irak, 29 de agosto de 2003: Al menos 120 personas murieron por la explosión de un coche bomba frente a una mezquita en la ciudad iraquí de Nayaf.

Rusia, 26 de octubre de 2002: Terroristas chechenos asaltaron un teatro en Moscú, tomando como rehenes a 800 personas. La operación de rescate se saldó con la muerte de 129 rehenes y 41 terroristas.

Indonesia, 12 de octubre de 2002: Un doble atentado con bomba contra discotecas en la isla indonesia de Bali causó la muerte de 202 personas.

Estados Unidos, 11 de septiembre de 2001: Terroristas islámicos estrellaron dos aviones comerciales estadounidenses contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York y otro contra el Pentágono en Washington. Un cuarto avión secuestrado cayó en un campo en el estado de Pensilvania. En total mueren casi 3.000 personas.

Cómo está organizada la guerra contra el terrorismo

Néstor García Iturbe

Como seguramente todos recordaremos, la llamada “Guerra contra el Terrorismo” es una consecuencia de los sucesos del 11 de septiembre del 2001.

En todo momento, cuando me refiero a lo sucedido, digo “los sucesos” y nunca digo “el ataque terrorista”, porque siempre he pensado en la posibilidad de que esa operación estuviera dirigida y aprobada por el gobierno de Estados Unidos.

Revelaciones recientes, muy bien fundadas y apoyadas con elementos científicos sólidos, han demostrado la imposibilidad de que las famosas Torres Gemelas y el resto del complejo de edificios se pudiera destruir solamente porque dos aviones impactaran contra los mismos.

También hemos podido observar la grabación del momento en que le informan al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, sobre lo que estaba sucediendo. Su cara y actitud demuestran o un gran acopio de “sangre fría”, o que le estaban informando de algo que ya esperaba.

Todos recordarán que en aquellos momentos la economía de Estados Unidos estaba sumida en una profunda recesión. En su libro “Decision Points”, después de referirse a la rebaja de impuestos como algo en que tenía cifrada sus esperanzas pudiera incrementar el consumo y ayudar a salir de la recesión, George W. Bush planteó. “But we were in for another massive economic hit that no one expected “. (Estábamos atentos a otro desarrollo económico masivo que nadie esperaba.)

Los sucesos del 11 de septiembre, además de las 2,973 vidas que costaron, más otras que después fallecieron como consecuencia de los mismos, también trajeron inmediatas consecuencias económicas.

La Bolsa de Valores de New York estuvo cerrada por cuatro días, lo cual afectó grandemente el comercio de bonos y acciones. Cuando reabrió, el índice Dow jones reflejó una caída de 684 puntos. El turismo sufrió una seria baja que implicó el cierre de algunos hoteles y restaurantes de dicha ciudad y que además afectó a las empresas de aviación, algunas de las cuales se declararon en quiebra.

Un número de empresas industriales despidieron parte de sus trabajadores debido a las cancelaciones de órdenes. A fin de año, más de un millón de estadounidenses habían perdido su trabajo como consecuencia de dichos sucesos. Para salvar a Estados Unidos de la gran crisis económica que estaba padeciendo, fue necesario iniciar “el desarrollo económico masivo que nadie esperaba”. La llamada “guerra contra el terrorismo.”

Debemos tomar en consideración que el presupuesto de Defensa Nacional en el año 2000 ascendió a 302,900 millones de dólares, mientras que el correspondiente al año 2011 asciende a 549,000 millones, casi el doble. Si comparamos este presupuesto con el del 2010, que ascendió a 531,000 millones, tenemos que de un año a otro se registró un incremento de 18,000 millones de dólares, un poco más que la cifra de la deuda externa de Estados Unidos. ¿Será esto lo que los tiene endeudados?

No puede olvidarse que esta cifra no incluye el costo de las guerras de Iraq y Afganistán, al igual que las “aventurillas” en Pakistan matando “sospechosos” con los cohetes Hellfire de los “drones”. Para esto existe otra partida del presupuesto de defensa, la cual en el 2011 asciende a la suma de 159,000 millones de dólares.

En el caso del presupuesto para el año 2011, como el señor Obama decidió enviar 30,000 hombres más a la guerra de Afganistán, es necesario incrementar la partida en 33,000 millones, un millón anual adicional por cada soldado involucrado.

Siempre me he preguntado cuánto gana anualmente de salario un soldado estadounidense. Suponiendo que gane 60,000 dólares anuales y que abastecerlo de un fusil, municiones, botas, uniformes, etc. tenga un costo de 40,000 dólares. Pongamos por caso que se gasten 100,000 dólares anuales en alimentarlo, lo que representa 270 dólares diarios (como si comiera en un restaurante de los más lujosos). ¿En que se gastan los otros 800,000 dólares?

Para las acciones en relación con Pakistán se han solicitado 1,200 millones de dólares, un “ligero” incremento en relación con los 700 millones de dólares que se gastaron en el 2010. De los fondos destinados a la Cooperación y Ayuda Exterior, se destinarán 75 millones para entrenar grupos militares en Yemen, con el fin de que estén capacitados para luchar contra el “terrorismo”.

Sacando una cuenta rápida de lo enunciado hasta ahora, tendremos que los 708,000 millones de dólares destinados a gastos del Pentágono, se han convertido en 742,275 millones de dólares, sin contar algunas partidas que se sitúan en presupuestos de otros Departamentos, como en el de Energía, por ejemplo, donde está el costo de producción y mantenimiento de la capacidad nuclear estadounidense, que asciende a más de 30,000 millones anuales.

Si consideráramos única y exclusivamente las guerras en Irak y Afganistán como las que Estados Unidos desarrolla contra el “terrorismo”, pudiéramos decir que estas, desde su inicio hasta el año 2011 han costado al contribuyente estadounidense la suma de 1,360.000 millones de dólares, sin contar las muertes y otras partidas que se derivan de ellas, como los Servicios a Veteranos, pues si no hubiera guerra, no debían haber muertes, ni veteranos.

Debemos tomar en consideración que los sucesos del 11 de septiembre trajeron como consecuencia una reorganización casi total de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos y que como el principal cambio dentro de esta debe señalarse la creación del Departamento de Seguridad de la Patria.

Entre otras medidas, se emitió la “Ley de reforma de Inteligencia y Prevención del Terrorismo “que además de la reorganización correspondiente, planteó un aumento de personal y de los presupuestos de las distintas agencias que forman la Comunidad de Inteligencia. Se creó el cargo de Director Nacional de Inteligencia en sustitución del Director Central de Inteligencia y se reforzaron los tres centros del gobierno para combatir el terrorismo, el Centro Contraterrorista de la CIA, el Centro Nacional de Contraterrorismo de la Dirección Nacional de Inteligencia y el Centro Antiterrorista del FBI.

Otro asunto de importancia dentro de esta restructuración fue la creación de la Misión para Cuba y Venezuela, que implicó una prioridad dentro del trabajo contra el “terrorismo” por parte de la Dirección Nacional de Inteligencia y el perfeccionamiento de los planes de operaciones encubiertas que las agencias de la Comunidad de Inteligencia desarrollan contra ambos países. El Director de esta Misión es Thimoty Langford, un experimentado oficial de la CIA.

El Departamento de Seguridad de la Patria, principal institución dentro de la Comunidad de Inteligencia para desarrollar la lucha “contra el terrorismo” y asegurar que sucesos como los del 11 de septiembre no se repitan, cuenta con un presupuesto para el año 2011 ascendente a 70,829,2 millones de dólares. Cuando el Departamento inició su trabajo, en el año 2005, el presupuesto era de 50,657,2 millones, por lo que en estos 6 años de existencia, hasta el 2010, el presupuesto ha tenido un aumento de 20,172,0 millones de dólares.

Este Departamento tiene ramificaciones en prácticamente todas las dependencias del gobierno de Estados Unidos. Dentro de su presupuesto existe una partida por 19,040,6 millones destinados al Departamento de Defensa, los cuales no están incluidos en la cifra total anterior que expusimos .

En total, durante todos los años de existencia el Departamento de Seguridad de la Patria ha gastado 636,000 millones de dólares. Se calcula que emplea cerca de un millón de personas, todas las cuales están involucradas en la lucha contra el “terrorismo”

En cuanto al personal involucrado en las actividades del Departamento de Defensa, Estados Unidos cuenta con 1,1 millones de personas dentro del servicio militar. Además de eso, 710,000 civiles trabajan en instalaciones militares de distintos niveles, incluyendo el Departamento de Defensa y formando parte de la Guardia Nacional se encuentran 820,000 personas. Se plantea, que excluyendo la Guardia Nacional, el 20 por ciento de los restantes están involucrados en la “lucha contra el terrorismo”, lo que totaliza casi 300,000 personas.
Si analizamos el origen de las muertes de los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos encontramos un cuadro bastante interesante. Del año 1980 hasta el 2009, murieron 47,224 efectivos de las fuerzas armadas, de estos 24,481por accidente. Más de la mitad de los muertos son por descuidos, choques, errores al manipular las armas o explosivos y otros tipos de accidente. Es más peligroso servir que combatir.

Por acciones bélicas, en ese mismo período han muerto 4,370 miembros, menos del 10 por ciento. Por distintas enfermedades 8,278. Provocado por suicidios 6,529 y muertos debido a las acciones terroristas contra las tropas estadounidenses 428, menos del uno por ciento. En la guerra contra el terrorismo, las muertes provocadas por acciones terroristas están en el mas bajo nivel .

La guerra contra el “terrorismo” ha tenido su impacto en la industria estadounidense, principalmente la que se dedica a promover la fabricación de armamento. La variedad de productos que estas empresas ofrecían al Departamento de Defensa, ahora se encuentra incrementada por las que ofrecen al Departamento de Seguridad de la Patria.

Prácticamente todas las grandes corporaciones tienen ahora una división que se encarga de los productos relacionados con la seguridad y la vigilancia, esto incluye nombres conocidos como la General Electric Company, Raytheon, Honeywell, United Technologies, General Dynamics y otras. Han surgido un gran número de empresas, subsidiarias de estas o de otros consorcios ,que están dedicadas principalmente a la computación, nanotecnología, robótica y otras aplicaciones de los adelantos científicos al campo militar, la seguridad y la vigilancia.

En la lucha contra el “terrorismo” se están utilizando los rastreadores por GPS, las intercepciones telefónicas, digitales y de todo tipo de mensaje o conversación, la vigilancia mediante los aviones manipulados por control remoto, la aplicación de técnica de escucha, circuitos cerrados de televisión, programas automatizados de seguridad, sistemas para el control del personal y el acceso a instalaciones, además de otros métodos de inteligencia como la penetración e infiltración.

Como el objetivo principal de estas empresas es la obtención de ganancias, no precisamente el garantizar la seguridad extrema, se conoció que después de haber vendido miles de equipos detectores de metales para ser instalados en aeropuertos, que utilizaban la técnica del rayo X, una empresa sacó la técnica fundamentada en la frecuencia Terahertz, que no solamente descubre lo que se tenga oculto bajo la ropa, como puede hacerlo el rayo X, sino que también realiza un análisis de la composición química del producto y permite conocer si lo oculto es cocaína , explosivo u otra sustancia.

Como el presupuesto de Estados Unidos requiere la aprobación del Congreso, se realizó una pesquisa, por parte de un tanque pensante estadounidense, con el objetivo de conocer si algunos congresistas tenían inversiones en empresas que forman parte del Complejo Militar Industrial. Como resultado de la investigación se conoció que entre otros, formaban parte de los accionistas de esas empresas los Congresistas:

John Kerry (D) Mass
Rodney Frelinghuysen (R ) por New Jersey.
Robin Hayes ( R) por Carolina del Norte
James Sensenbrenner ( R ) Wissconsin
Jane Harman (D ) California
Fred Upton ( R ) Michigan

El listado es mucho más amplio, pero considero esto puede darnos una idea de la situación.

Periódicamente en la Casa Blanca se analizan situaciones relacionadas con la guerra contra el “terrorismo”. En estos análisis está presente el presidente Obama, que debe dar su aprobación a las acciones que se propongan. Para lograr la seguridad requerida para ese tipo de conversación las mismas se efectúan en un local denominado “Sensitive Compartmented Information Facility” (SCIF).

Esta habitación, que pudiéramos denominar en español “Local para Información Compartimentada y Sensitiva”, es de pequeño tamaño, aproximadamente 3 x 4 metros, situado en el centro del edificio, sin ventanas y con equipos de protección a todo su alrededor que impiden el poder grabar lo que se dice en su interior.

En la guerra contra el “terrorismo” se han discutido y aprobado en dicho local la colaboración de distintos países con los órganos de inteligencia estadounidense, entre ellos la que se estableció con la agencia de inteligencia pakistaní, Inter-Services Intelligence (ISI), en la cual no confiaban mucho, pues tenían evidencia de que estaba dando ayuda y armamento a los Talibanes Afganos.

También si discutió y fue aprobada, como una acción importante en la guerra contra el “terrorismo”, la utilización más frecuente de los aviones Pedrator, tripulados por control remoto. El objetivo era la utilización de los cohetes Hellfire del aparato para atacar a los efectivos de Al qaeda que se detectaran en suelo Pakistaní.

Entre otros aspectos, también se analizó en el SCIF el apoyo de la Agencia Nacional de Seguridad a la guerra contra el “terrorismo” mediante la intercepción de comunicaciones y su envío en el menor tiempo posible a los encargados de controlar y neutralizar las acciones “terroristas”. El sistema utilizado para estos fines fue denominado “Real Time, Regional Gateway” (RTRG).

De todo esto se desprende que la guerra contra el “terrorismo” ha tomado una importancia tal que el propio presidente de Estados Unidos aprueba personalmente las acciones que se proponen.

El problema es que si se acaba la guerra, se acaba el negocio, disminuye la producción, aumenta el desempleo y se pierde el control sobre el petróleo y el gas natural, que es el verdadero objetivo de las acciones de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Tomado de Alainet

El autor es editor del Boletín Informativo El Heraldo, Cuba.

10 años del 11 de septiembre

David Brooks, de Progreso Semanal

“Si ves algo, di algo”. El mensaje oficial antiterrorista del gobierno estadounidense se repite en carteles, anuncios en las estaciones de metro, en los medios, mientras cada vez más cámaras graban los movimientos de ciudadanos, y en los aeropuertos los pasajeros son sometidos a múltiples inspecciones y una ley permite a las autoridades espiar a la población.

Pero a lo largo de estos 10 años después del 11-S, al parecer nadie vio ni dijo nada (oficialmente) de otra amenaza que ha causado más destrucción que ese atentado terrorista: la crisis económica. El “terrorismo” ha sido sustituido por la inseguridad económica como el asunto nacional de mayor preocupación en este país.

Sin embargo, poco ha cambiado en el discurso oficial (a fin de cuentas aún tienen que justificar varias guerras y medidas de seguridad). El clima de temor generado por los atentados del 11-S alcanzó toda esquina del país, nutrido por la cúpula política y por los grandes medios, y transformó el panorama político y social.

El 11-S justificó la creación de una nueva secretaría, tal vez la más grande burocracia federal después del Pentágono, que lleva el nombre ominoso de “Departamento de Seguridad Interna”. Su titular, Janet Napolitano, emitió un comunicado hace un par de días que resume la retórica oficial actual: “a medida que se acerca el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, la seguridad de la población estadounidense sigue siendo nuestra principal prioridad”. Por ahora, reportó, aunque no se cuenta con información de que terroristas “estén planeando ataques en Estados Unidos para coincidir con el décimo aniversario del 11 de septiembre, seguimos en un máximo estado de vigilancia, con medidas de seguridad listas para detectar y frustrar ataques contra Estados Unidos, si surgieran”. Concluyó: “Les recordamos a nuestros socios locales, estatales y federales, y al público, que se mantengan atentos e informen de cualquier actividad sospechosa a las autoridades locales y agentes de la ley”.

Con el 11-S, el tema de “seguridad” se convirtió en el objetivo supremo de los gobernantes y se usó tanto para promover una política bélica internacional como para controlar, si no suprimir, la disidencia. La retórica oficial desde el 11-S hasta ahora es una combinación de convocatoria a “la unidad” patriótica con lo anunciado por George W. Bush: “o están con nosotros o están con los terroristas”.

Las consecuencias políticas del 11-S, dentro y fuera de Estados Unidos, fueron justo las pronosticadas por Noam Chomsky en entrevista con La Jornada tres días después del ataque, cuando expresó que los atentados son “un regalo a la derecha dura jingoísta estadounidense, y también a la de Israel… Ésta será una oportunidad maravillosa para imponer más reglamentación, más disciplina, promover los programas que desean aquí…” Y advirtió que los gobernantes “esperarán –tal vez fracasarán– poder aplastar a la disidencia interna. En general, las atrocidades y la reacción ante ellas fortalecen a los elementos más brutales y represivos en todas partes”.

En los primeros meses después del 11-S se atacaba a opositores de la política oficial casi como traidores. En ese clima se aprobó la Ley Patriótica, que otorgó nuevos poderes al Ejecutivo para espiar a la población y la FBI, entre otras agencias, empezó a usar esta ley para incrementar su vigilancia de diversas agrupaciones, sobre todo las musulmanas, pero también las que se oponen a la guerra. El llamado “gobierno secreto” multiplicó sus presupuestos y personal tanto para misiones internacionales como para la seguridad interna.

Diez años después, la opinión pública está dividida sobre las políticas antiterroristas que se impulsaron después del 11-S. Sólo una cuarta parte piensa que las guerras en Irak y Afganistán han disminuido las posibilidades de atentados terroristas en Estados Unidos; las mayorías creen que esas guerras han incrementado el riesgo de ataques terroristas o no han cambiado en nada ese riesgo, según un nuevo sondeo del Centro de Investigación Pew.

Con el paso del tiempo, cada vez menos estadounidenses piensan que es necesario ceder libertades civiles para frenar el terrorismo en el país; ahora el 40% piensa que sí es necesario, comparado con 55% de poco después de los atentados en 2001. Ahora, una mayoría, 68% contra 29%, se opone a la vigilancia de llamadas personales y correos electrónicos por parte del gobierno (www.pewresearch.org).

Pero todo está bajo vigilancia, o por lo menos ésa es la impresión que se quiere dar. Además de militares, policías y agentes del gobierno, hay más de un millón de guardias privados –muchos veteranos de guerra– en Estados Unidos, más del doble que hace una década, para vigilar desde campos de golf hasta malls y casas de ricos, reporta el Washington Post. Las videocámaras de seguridad están por todas partes (dicen). A tal grado que, una empresa de modas, Kenneth Cole, tenía una campaña de publicidad que sugería que como el ciudadano es fotografiado decenas de veces cada día, es importante vestirse y verse bien.

El temor como eje central de la vida política no es nada nuevo en este país, y la “amenaza” externa es columna vertebral del discurso estadounidense, incluida la “amenaza” de esos “otros” dentro del mismo país, donde juega una parte clave el asunto de la raza y los inmigrantes, como las “ideologías” ajenas. Ese temor se sigue nutriendo con menciones de “alertas máximas” repetidas hasta el cansancio.

Para el veterano comentarista Frank Rich, en un artículo en la revista New York, lo que sucedió después del secuestro de los aviones que perpetraron el 11-S fue “otro secuestro: el del 11-S por aquellos que lo explotaron por motivos grandes y pequeños, tanto ideológicos como abiertamente comerciales”, incluido el uso del ataque para lanzar una guerra contra un país que no había atacado a Estados Unidos, como para fines político-electorales.

Pero Rich afirma que al revisar la última década, “tal vez el suceso más consecuente de los últimos 10 años podría no haber sido el 11-S o la guerra en Irak, sino el saqueo de la economía estadounidense por los que están en el poder en Washington y Wall Street. Esto ocurrió a plena vista, o por lo menos así lo podemos ver ahora desde cierta distancia. En su momento, estábamos tan enfocados en la amenaza externa de Al Qaeda a Estados Unidos que no prestamos la atención apropiada a las amenazas más prosaicas dentro del país”.

Y es que una década después, otra amenaza ha sustituido a la del “terrorismo” como máxima preocupación nacional: la peor crisis económica desde la gran depresión que ha destruido las vidas de millones de familias en este país. La década que comenzó con el derrumbe de las Torres Gemelas, causado por el primer ataque externo a Estados Unidos, está concluyendo con los escombros económicos y sociales de una crisis económica que no fue provocada por “terroristas” extranjeros, sino por políticos y banqueros estadounidenses.

El 11 de septiembre en la memoria del pueblo estadounidense

A una década de distancia del derrumbe de las Torres Gemelas

Alejandro Torres Rivera

El 11 de septiembre de 2011 marca, en nuestra historia hemisférica, el recuerdo de dos grandes sucesos. El primero de ellos ocurrió en el año 1973. Bajo el manto encubierto de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos y en confabulación con las fuerzas armadas de Chile y los sectores empresariales empeñados en implantar el modelo neoliberal impulsado por la llamada “Escuela de Chicago bajo la inspiración de Milton Friedman”, un Golpe de Estado derrocó al gobierno constitucional de Salvador Allende. La secuela del Golpe dejó miles de chilenos asesinados, torturados, desaparecidos y exiliados, mientras el gobierno militar se encargó de desmontar el conjunto de reformas económicas y políticas impulsadas por el Gobierno de la Unidad Popular.

El segundo de ellos ocurrió hace exactamente una década cuando, conforme a la información oficial divulgada por las autoridades estadounidenses, aviones comerciales repletos de combustible y convertidos por sus secuestradores en misiles letales, impactaron las llamadas Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington; mientras en un tercer incidente, ocurrido sobre el espacio aéreo de Pensilvania, otro avión se precipitaba a tierra muriendo todos sus ocupantes.

Bajo el primer suceso, se instaura en Chile un régimen de terror, encabezado por una dictadura militar, que se prolongaría por más de una década con efectos desastrosos al interior del país. Los sucesos acaecidos en Estados Unidos, por su parte, llevaron a desatar lo que ha venido a llamarse por sus gobernantes como la “Guerra contra el Terrorismo”, guerra que ha vendría a librase, según indicara el Presidente George W. Bush, en todos los frentes de batalla: militar, inteligencia, acciones de cumplimiento de ley y el frente diplomático.

Cuando aún no se conocía la identidad de las personas responsables por los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, al día siguiente, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1368. En ella exhortó a la comunidad internacional a colaborar con urgencia para someter a la justicia a los autores, patrocinadores y organizadores de dichos atentados. La Resolución convocaba a la comunidad internacional a prevenir y rechazar los actos de terrorismo y tomar aquellas medidas necesarias para responder y combatir el mismo.

Con el aval de la Resolución 1368 de la ONU, el día 14 de septiembre de 2001, el Presidente George W. Bush inició la promulgación de varias Ordenes Ejecutivas dirigidas a preparar las condiciones para Estados Unidos responder a la llamada amenaza a su seguridad. Así las cosas, se creó una “Oficina de Seguridad” y un “Concilio de Seguridad”, ambas adscritas a la Oficina del Presidente. La tarea asignada a estas instancias fue el desarrollo y coordinación de la estrategia nacional de seguridad de Estados Unidos contra el terrorismo. Otra Resolución de las Naciones Unidas, la número 1373 de 28 de septiembre de ese año, legitimó el uso de la fuerza por parte de los Estados miembros a través de todos los medios necesarios, según la Carta de la ONU, para enfrentar las amenazas a la paz y seguridad internacionales. La Resolución instó a los Estados a actuar con urgencia y tomar aquellas medidas necesarias para combatir el terrorismo.

En el plano doméstico, el conjunto de Órdenes Ejecutivas fue a su vez acompañado por acción congresional. El 26 de octubre de 2001, el Congreso de Estados Unidos aprobó lo que se conoce como “Ley USA PATRIOT”. Tal nombre es un acrónimo que en inglés significa “Uniting and Stregthening America Providing Appropiate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism”, (Unir y Fortalecer América al Proporcionar las Herramientas necesarias para Interceptar y Obstruir el Terrorismo). A juicio del gobierno estadounidense, esta Ley crearía el marco necesario para atender las nuevas amenazas a la seguridad estadounidense. Su contraparte, también aprobada por el Congreso, fue la “Foreign Intelligence Surveillance Act”. Mediante esta última, se autorizó el espionaje en Estados Unidos de sus propios residentes y ciudadanos por parte de las agencias de inteligencia utilizadas por este país para la vigilancia extranjera.

En su origen la Ley PATRIOT planteó cientos de cambios o modificaciones en múltiples y diferentes leyes entonces vigentes en Estados Unidos. Así también, la Ley formula nuevos elementos limitativos del ejercicio de los derechos constitucionales no contemplados hasta entonces para ciudadanos estadounidenses. Algunas de las enmiendas formuladas fueron adoptadas sujetas a un término de vigencia limitada (“sunset clauses”), es decir, ya en la redacción de la enmienda estaba consignada la fecha en que los cambios introducidos perderían vigencia, restituyendo así el anterior estado de derecho expirado el plazo prescrito. A pesar de lo anterior, sin embargo, estando muchas de estas enmiendas ya próximas a la fecha de expiración, el Congreso de Estados Unidos extendió las mismas por periodos de tiempo adicionales, definidos o indefinidos. Como resultado, cambios que en un principio respondieron temporalmente a ciertas circunstancias, eventualmente pasaron a ser permanentes en la vida del pueblo estadounidense.

Así ocurrió cuando se aprobó en 2003 la llamada “Domestic Enhancement Act”, también conocida como la Ley PATRIOT II; con la Ley de Seguridad Interna de 2001, al ser creado el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos (“Homeland Security Department”); con la “Intelligence Reform and Terrorism Prevention Act”, de 2004; con la “Patriot Improvement and Authorization Act” de 2005; o con la más reciente extensión, ocurrida el pasado 26 de mayo de 2011, cuando se amplió por cuatro años adicionales el término permitido para que las autoridades escuchen, sin sujeción a las restricciones existentes previo al 11 de septiembre de 2001, llamadas telefónicas; la realización de investigaciones en negocios mediante órdenes judiciales; y la vigilancia de ciudadanos extranjeros que podrían estar participando en la planificación de ataques terroristas dentro de Estados Unidos.

Durante los pasados años también se han presentado en el Congreso de Estados Unidos múltiples proyectos de ley bajo la premisa de atacar el terrorismo internacional o doméstico. Entre ellas se encuentran medidas que han pretendido la reactivación de algunas modalidades de Servicio Militar Obligatorio; o medidas como la contemplada en el H. R. 1955 (“Violent Radicalization and Homegrown Terrorism Prevention Act”) de 2007, donde ya no se plantea atacar el terrorismo en sus etapas de planificación y ejecución, sino ampliar las facultades de espionaje de los organismos de seguridad de Estados Unidos contra agrupaciones legales donde se pudiera entender que elementos radicales o potencialmente susceptibles a vincularse con actividades terroristas, pudieran esconderse o cobijarse. Así las cosas, organizaciones tales como grupos comunitarios, ambientalistas, políticos, educativos, defensores de los derechos civiles o sociales de los inmigrantes, por sólo mencionar algunos, que pudieran servir de guarida para activistas propensos a actividades catalogadas por las agencias de seguridad como terroristas, podrían ser objeto de penetración y control por tales agencias de seguridad, independientemente no se estableciera vínculo alguno con una actividad ilegal. Se trata de una variante legalizada de los operativos de COINTELPRO (“Counter Intelligence Program”) de la década de los sesenta y setenta del siglo pasado, utilizados en Puerto Rico contra el independentismo y en Estados Unidos contra organizaciones progresistas y revolucionarias.

Los efectos en los pasados años de este conjunto de medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos, ha colocado a sus propios ciudadanos en la mirilla de lo que antes su propio gobierno denunciaba en otras regiones del planeta como prácticas típicas de regímenes totalitarios o represivos. Cada día la sociedad estadounidense vive más insegura, mientras hipoteca al gobierno sus derechos en aras de una supuesta seguridad que no existe.

Otra de las consecuencias habidas para la sociedad estadounidense en la pasada década ha sido la que ha involucrado a Estados Unidos posiblemente en la guerra más larga que ha tenido que librar dicho país en su historia, la llamada guerra contra el terrorismo. Esta guerra no deja de cobrar vidas de ciudadanos estadounidenses en operaciones militares en decenas de países del Medio Oriente, África y Asia. Denominadas como “Operation Iraqi Freedom”, “Operation New Dawn” y “Operation Enduring Freedom”, tales intervenciones militares le han costado a Estados Unidos más de cincuenta y un mil bajas, incluyendo muertos y heridos.

A pesar de que en la pasada década se han incrementado las medidas de seguridad en el país, rayando en la supresión de derechos y conquistas democráticas de las cuales como indicamos, se ufanaba el ciudadano estadounidense promedio frente a sus vecinos del Sur, la realidad es que hoy Estados Unidos es más inseguro que nunca antes.

Los miles de millones de dólares invertidos en tecnologías, medidas de represión, diseño de leyes más restrictivas al ejercicio de los derechos ciudadanos establecidos en las primera diez enmiendas de su Constitución, el uso de nuevos y más sofisticados recursos de vigilancia, la construcción de muros en sus fronteras para el control del acceso de extranjeros en su territorio y el desarrollo de acuerdos de colaboración con organismos de seguridad de otros países, por solo mencionar algunas medidas, en nada han servido para el que ciudadano promedio confíe más en su gobierno o se sienta protegido por él. Mientras tanto, la polarización en el país continúa en aumento entre los sectores liberales y aquellos que demandan un Estado más fuerte, aún a costa de la supresión de las libertades individuales uniformes para todos los ciudadanos.

Esa derecha conservadora es la que va ganando espacio en el debate político cotidiano en Estados Unidos. Los avances ideológicos del llamado conservadurismo estadounidense, hoy galopante bajo el nombre del movimiento del “Tea Party”, va absorbiendo en su seno a los viejos profetas del “Ku Klux Klan”, de los movimientos de supremacía blanca en Estados Unidos y los detractores del federalismo en su afán de articular un claro programa de corte reaccionario y derechista en Estados Unidos. Estos, en conjunto con una visión dirigida al desmantelamiento del Estado Benefactor que privilegia en la intervención del Estado en los procesos económicos, es la misma que lanzaría a la desesperanza a amplias capas de la población en Estados Unidos y afianzaría cada vez más, el apoderamiento a todas luces evidente del complejo industrial-militar en la conducción de la política estadounidense. A lo anterior puede sumarse un ultra conservadurismo religioso anti musulmán, que promueve el odio hacia aquellos que profesan su fe teniendo como base el Corán.

Estados Unidos vive hoy una realidad distinta a aquella que existía a la altura de septiembre de 2001 cuando los atentados contra las Torres Gemelas. Hoy día en Estados Unidos prevalece una situación de crisis económica severa donde el potencial de desarrollo de las luchas y protestas sociales, tienen la capacidad de sumarle un ingrediente adicional a cualquier amenaza externa en respuesta a sus políticas intervencionistas e imperiales a escala mundial.

La coincidencia de estos factores propende al fortalecimiento del aparato represivo del Estado y la limitación de las libertades a su propia población. Bajo tales circunstancias, el avance en un discurso que promueva el miedo, la inseguridad, el odio religioso y el racismo, no son sino la incubadora de un llamado hacia una mayor restricción de derechos ciudadanos en Estados Unidos que posibilitarían llegar a límites que quizás hoy todavía nos resulten difíciles de asimilar. Por eso se ha dicho que a la larga el fascismo, en alguna de sus modalidades, puede imponerse por la extrema derecha en este país como solución a la crisis económica, política y social en Estados Unidos. Ante un escenario así, el único antídoto es la lucha organizada del pueblo en la defensa de sus libertades.

La experiencia de la pasada década, vista en retrospectiva luego de los sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos, nos permite pasar un balance sobre la vigencia de tales libertades civiles en este país y como parte del mismo, entender no solo cuánto se ha perdido en la vigencia de lo que se consideran son derechos y garantías individuales de los ciudadanos bajo la Constitución de Estados Unidos, sino configurar una idea de cuántos derechos o libertades adicionales podrían perderse si permanecemos apacibles, como meros observadores de la historia y no como constructores de la misma.

La relación de subordinación política de Puerto Rico a Estados Unidos guarda estrecha relación con la vigencia de lo que consideramos son los derechos y libertades de los puertorriqueños(as). Cuanto hoy hagamos y continuemos haciendo en defensa de los mismos, será la garantía del país al que aspiramos en el futuro.

Tomado de Alainet

11 de Septiembre: Una fecha para meditar

Amigos, les acerco y recomiendo este excelente comentario del colega Alberto Ajón, de Radio Reloj.

Las espantosas imágenes de seres humanos que se lanzaron al vacío desde los alto de las Torres Gemelas neoyorquinas, porque prefirieron retar a la providencia antes que ser abrasados por las llamas, definirá siempre a esta época.

Ideólogos estadounidenses han pretendido que el 11de septiembre de 2001 es un acontecimiento tan relevante y transformador como la rebelión de Espartaco o la de Lutero o la Revolución Francesa y las conquistas napoleónicas.

Pero es cada vez más verosímil la idea de que aquel acontecimiento resultó de una auto-agresión largamente planeada, para confirmar la supremacía fascista de un imperio que se siente llamado a dominar el mundo, como antes el fascismo alemán esgrimió la teoría de la superioridad racial para someter a la humanidad.

La cadena del terror

Al suponer el espanto de las víctimas del 11 de septiembre, su consternación y terror en medio de las llamas y el desplome de ambos edificios, no puede uno sustraerse de imaginar el pánico de aquellos otros cuyas ciudades son bombardeadas, sus casas demolidas, sus hijos expuestos al ametrallamiento y el incendio.

Imagina uno el horror de quienes viajan en un avión que estalla en las alturas y sienten que la nave se precipita hacia el océano donde jamás se hallarán sus cuerpos mutilados.

Se imagina la consternación y el desamparo de los que sobreviven, en quienes nunca el dolor aplacará al odio que les viene de la impotencia.

Entonces se comprende que el 11 de septiembre –fabricado o real– es un eslabón más en una sucesión de terrores que no cesan.

Israel teme a la Justicia internacional

Juan Gelman

Está muy claro en un cable caratulado como “secreto” que el embajador estadounidense en Tel Aviv, James B. Cunnin-gham, envió a la Secretaría de Estado el 23 de febrero del 2010 luego de reunirse con el abogado general militar de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Avichail Mandelblit (//wikileaks.org, 30-8-11). El ministro de Justicia de la Autoridad Palestina (AP), Ali Kashan, había solicitado al fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno Ocampo, que se investigaran los crímenes de guerra israelíes cometidos desde 2002 en los territorios palestinos ocupados, incluida la llamada Operación Plomo Fundido, que segó la vida de 1400 pobladores de Gaza.

Mandelblit reiteró en el encuentro la demanda de que EE.UU. sostuviera “públicamente que la CPI no tiene jurisdicción legal para pronunciarse sobre ese operativo porque Gaza carece de estatuto de Estado”. No se quedó ahí: advirtió que si la demanda de la AP se concretase, “para el gobierno israelí sería la guerra y manifestó su expectativa de que EE.UU. ayudaría a la AP a comprender la gravedad de sus acciones”. “El embajador afirmó –agrega el cable– que EE.UU. ha presionado con firmeza a la AP para que desista de esas actitudes y ha recibido la promesa de que la AP congelaría tales intentos.” Asistía a la reunión el coronel Liron Libman, jefe del Departamento de Derecho Internacional de las FDI: “Señaló que la cuestión de la CPI era la más peligrosa para Israel”. Hay al menos 1400 razones para que así sea.

Mandelblit expresó además la esperanza de que el llamado Informe Goldstone “se desvaneciera”. Se refería al que preparó la Misión de Investigación de las Naciones Unidas sobre el conflicto de Gaza, encabezada por el juez sudafricano Richard Goldstone (www.ohchr.org, 23-9-09), en el que se registra la represión de Hamas contra opositores políticos, pero sobre todo se documentan largamente, entre otras agresiones, los ataques deliberados de las FDI contra objetivos civiles. “A partir de los hechos determinados –señala el informe– la Misión llega a la conclusión de que la conducta de las fuerzas armadas israelíes supone graves infracciones al Cuarto Convenio de Ginebra en relación con las muertes indiscriminadas y el deseo deliberado de causar sufrimiento a personas protegidas… También llega a la conclusión de que la decisión de atacar y matar arbitrariamente a civiles palestinos constituye una violación del derecho a la vida.”

Se entiende que Tel Aviv exigiera el “desvanecimiento” del informe. Mandelblit aseveró que las acusaciones de que Israel habría violado el derecho internacional durante la Operación Plomo Fundido “serían claramente insoportables” para su gobierno y el pueblo israelí en general. Para los palestinos, más insoportable habrá sido padecer los hechos que las motivan.

Esta filtración de Wikileaks no parece casual. En el próximo período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, que tendrá lugar del 13 al 30 de septiembre, se discutirá una petición elevada por la AP: que se declare la existencia del Estado Palestino, en cumplimiento de la resolución 181 de ese organismo, adoptada en 1947. Si esto sucede, se haría añicos el argumento que Tel Aviv esgrime para impedir que la Corte Penal Internacional eventualmente investigue y juzgue los crímenes de guerra perpetrados en Gaza. Y mucho más, desde luego: sería un duro obstáculo, sancionado por la comunidad internacional, para concretar el objetivo de un Gran Israel que incluiría los territorios palestinos que Israel ocupó militarmente en 1967 y que además, desde hace años, está ocupando mediante la imposición ilegal de asentamientos. Se estima que el número de colonos asciende ya a medio millón.

Washington y Tel Aviv han instado a la AP a abandonar su demanda, pues aunque fuera satisfecha –puntualizaron–, nada cambiaría sobre el terreno. Es decir, el gobierno israelí le destinaría a esa decisión la misma indiferencia que ha mostrado ante otras muchas de la Asamblea General. Antes, por el contrario: el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, declaró que si los palestinos acceden al estatuto de Estado, Tel Aviv se sentiría en libertad de anexar aún más territorio de Cisjordania (//nationalinterest.org, 10-8-11).

Israel, sin embargo, cabildea con frenesí ante los países miembros de la ONU para impedir que la solicitud de la AP sea aprobada. Cabe preguntase por qué: Tel Aviv teme que el reclamo palestino confirme las fronteras de 1967, que borró la ocupación militar israelí. El primer ministro Benjamín Netanyahu ha dicho más de una vez que se inclina por la existencia de los dos Estados para solucionar el conflicto. Por sus actos pareciera que más bien prefiere anexar a Israel la mayor parte de Cisjordania. Si la ONU reconociera a un Estado Palestino a partir de esas fronteras, muy difícil le resultaría a Tel Aviv persistir en la colonización de tierra ajena.

El método “libio”, grave amenaza para América Latina

Ángel Guerra Cabrera

Con la fórmula desplegada en la agresión contra Libia por la OTAN, se intenta configurar un nuevo patrón, aplicable a otros países con algunas variantes. Según declaró Ben Rhodes, vice jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos en entrevista con Foreign Affairs,  el “método” utilizado por la administración de Obama en el país norafricano es “más efectivo” al de gran despliegue de tropas aplicado por Bush en Iraq y Afganistán. Cabría añadir que continuado por el actual inquilino de la Casa Blanca, y superado en el segundo país, pero no nos distraigamos. El tema fundamental ahora es la grave amenaza de repetición de este engañoso y taimado esquema en otros países con recursos de interés estratégico para Washington y sus aliados o intolerables posturas políticas independientes, como unos cuantos en América Latina y el Caribe.

Rhodes, un apellido, por cierto, de alcurnia colonialista como pocos, apunta: “El hecho es que la marcha de los libios dentro de Trípoli, no sólo proporciona una base de legitimidad sino también un contraste con la situación cuando un gobierno extranjero es el ocupante”. Según él Obama “subrayó” desde el comienzo de la intervención en Libia dos principios. Primero, era mucho “más legítimo y efectivo” para el “cambio de régimen” el que fuera perseguido por un movimiento “autóctono” y no por Estados Unidos. Segundo, poner énfasis en “compartir la carga” y recibir una “significativa” contribución internacional en lugar de cargar con el grueso del “esfuerzo”. A confesión de parte relevo de pruebas. Así que la zona de exclusión aérea para “proteger a la población” -reclamada insistentemente por Obama, Sarkozy y Cameron a fin de conseguir la  aprobación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU- era una burda mentira pues el verdadero objetivo, confiesa Rhodes, era el cambio de régimen. Claro, se necesitaba mucha candidez para creer lo de la “protección a la población” pero Rusia y China, con cuestionable perspectiva estratégica, optaron por la omisa abstención. Sin contar las bocinas asalariadas, no faltaron intelectuales y analistas incautos que llevaran agua al molino de la agresión con prédicas suspendidas en el vacío que minimizan el principio de no intervención.

Una vez arrancada la resolución al exclusivo y selecto club que controla la ONU, la OTAN la hizo trizas a punta de matar civiles y destruir gran parte de la infraestructura de Libia con bombardeos no autorizados por aquel, siempre en función de arrasar los lugares por donde debían avanzar la pandilla de Bengazi. Es obvio que también pensando en la “reconstrucción” por compañías de países de la propia alianza atlántica, que no reconstruyen nada pero ganan mucho dinero. No conforme con eso, vulneró groseramente una prohibición expresa de la resolución al entrenar y armar a los alzados y lanzar a la guerra  fuerzas y medios militares terrestres de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, las contrarrevolucionarias monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo y la jordana. En síntesis, lo que se suponía tenía el propósito de proteger a la población libia se convirtió en una intervención militar extranjera de considerable magnitud contra esa misma población. Eso sí, presentada mediante trucos y detestables montajes mediáticos, como una idílica proeza de los idealistas “rebeldes” libios. Para colmo, la fuerza que ocupó Trípoli no está formada por la anárquica y aventurera tropa de Bengazi sino por fogueados militantes libios de Al Quaeda con apoyo de tribus bereberes de las montañas Nafusa, entrenados por fuerzas especiales estadunidenses.

Se machaca por numerosos papagayos mediáticos la semejanza de Gadafi con Chávez, algunos invitando abiertamente a aplicarle, como a Cuba, la solución “libia”, que estrafalariamente vinculan con un 15M. En realidad, se trata de repetir, principal -pero no únicamente- contra los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas el guión de la “rebelión reprimida por el dictador” y la operación aérea para proteger a la población. Como tal escenario no va a ocurrir en países donde el pueblo es protagonista del poder, la viabilidad de la intervención depende del montaje de una realidad virtual aprovechando el control monopólico mediático de Washington. Denunciarlo y desnudarlo desde ahora y prepararse para enfrentarlo en todos los terrenos es trascendental para la independencia y la paz de nuestra América y del mundo.

Tomado de La Jornada, México