Archivo de la etiqueta: Frei Betto

Terrorismo de estado


Frei_Betto_25385

Por Frei Betto

Teólogo brasileño y uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación. Es el autor del libro “Fidel y la Religión”. 

Nada más cínico que la comisión que se puso al frente de la Marcha por la Paz en París, el 11 de enero, contra el atentado terrorista contra la revista “Charlie Hebdo” y un  supermercado judío.

Allí estaban, del brazo, los representantes del terrorismo de Estado, como el presidente de Francia, país que vendió armas a los sunitas que combatieron al gobierno de Siria, igual que lo hicieron también los Estados Unidos y el Reino Unido, y que ahora se ven obligados a tragar el hecho de que los combatientes antisirios se han transformado en el ejército delEstado Islámico.

El ataque terrorista al semanario “Charlie Hebdo” no fue solamente un gesto alocado de dos jóvenes franceses de fe musulmana. Tiene su origen en uno de los últimos capítulos de la Guerra Fría: la ocupación de Afganistán por los soviéticos (1979-1989).

Zbigniew Brzezinsky, responsable de la Seguridad Nacional de los EE.UU. durante la gestión de Jimmy Carter, vio en la ocupación soviética una excelente oportunidad para poner en práctica su diabólico plan para rechazarla e instalar un gobierno proUSA: incrementar el fanatismo religioso contra los “comunistas ateos”.

Había otras alternativas, como diversos grupos nacionalistas afganos, laicos, que se oponían a Moscú. Pero la Casa Blanca prefirió romper el huevo de la serpiente y patrocinar a los grupos fundamentalistas agrupados en la Alianza Islámica del Mujahedin (combatiente) Afgano, que reaccionó indignada ante los propósitos de la infiel modernización soviética, tales como permitir a las niñas el acceso a la escuela…

Los agentes de la CIA pasaron a incentivar la jihad (guerra santa) contra los soviéticos, para expulsar a los “comunistas ateos” y llevar al poder un gobierno aliado de los EE.UU.

Georges Bush padre era, desde los años 60, amigo íntimo de un ciudadano saudita del ramo de la construcción: Muhammad Bin Laden, padre de Osama. Tras la invasión de Afganistán por los rusos, Bush le propuso a su amigo que su hijo trabajara para la CIA en Arabia Saudita, disfrazado de monitor de la ONG Blessed Relief. Después el joven Osama, de 23 años, fue trasladado a Kabul, entusiasmado con la jihad financiada por los EE.UU. A través de la ONG captó 4 mil voluntarios sauditas que, en Afganistán, fueron incorporados a la Alianza Islámica, cuna del Talibán y, a mediano plazo, del Estado Islámico.

La caída del muro de Berlín y el quiebre de la Unión Soviética apresuraron la salida de las tropas rusas de Afganistán. Sin embargo los 4 mil voluntarios sauditas, al retornar a su país de origen, no pudieron adaptarse a la vida civil. Y como no tenían formación política, habían sido transformados en “máquinas de matar”.

El rey Fahd entonces trató de captar al joven rebelde Osama Bin Laden: le nombró consejero real. Pero el joven se quedó encantado con la jihad, obsesionado con combatir a los infieles. Al año siguiente fue expulsado de Arabia Saudita, y en 1996 declaró la jihad contra los EE.UU.

Los actos terroristas contra “Charlie Hebdo” y el supermercado judío son el resultado de la política equivocada de los EE.UU. y de Europa occidental en el Oriente Medio.

“La Revolución es, sobre todo, un proceso de futuro”

frei betto

Casi 50 años después la discusión sobre la EP debe enfocarse hacia cuáles son los nuevos paradigmas de la Educación Popular, o bien, cómo desarrollar una metodología y una teoría de la EP incorporando el legado de Paulo Freire y haciéndolo avanzar.

 “Mi preocupación es que, ahora que Cuba hace algunas reformas, hay un sector privado que me hace temer que la gente también se ponga privada (en el sentido burgués de pensar solo en ganar dinero) y que ya no tenga este sentido propio de Cuba de construir un país en el que todos tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades”.

 “Los procesos liberadores no son definitivos. El derrumbe de la Unión Soviética demostró que es un equívoco pensar que la revolución está hecha y ya es definitivo. La revolución es, sobre todo, un proceso de futuro. Porque cada generación tiene que ser educada nuevamente en el socialismo. Otro equívoco es pensar que quien nace en el socialismo es socialista.

 Por Paula Companioni

Tomado de La Jiribilla

 Hacia mediados de la década de 1960, un educador brasileño envuelto en labores alfabetizadoras en su país se daba cuenta de que el proceso de educación universal era un método pedagógico opresor. El profesor denominó a esta como una pedagogía “bancaria” pues encontró que en ella existían relaciones en las que un banquero (cualquier sistema de educación) depositaba en una cuenta (cualquier educando) una cantidad de capital (el conocimiento) para luego ser reinvertido en sus negocios (el mercado laboral). Esta pedagogía era un método vertical en el que se mantenía y reforzaba el status quo de la sociedad burguesa.

 Este educador, llamado Paulo Freire, propuso un método distinto en el que el educador se cuestionara y así se educara, permanentemente, en el diálogo con los educandos. Esta nueva forma pedagógica, nombrada Metodología de la Educación Popular (EP) o Pedagogía de la Liberación, sostenía que partir del educando, hacer los procesos de aprendizaje horizontales y participativos, y utilizar una filosofía educativa que se pusiera en el lugar de los oprimidos, sería la única forma de, entre todos, conseguir la libertad humana.

 Casi 50 años después la discusión sobre la EP debe enfocarse hacia cuáles son los nuevos paradigmas de la Educación Popular, o bien, cómo desarrollar una metodología y una teoría de la EP incorporando el legado de Paulo Freire y haciéndolo avanzar. Con este objetivo en la 23 Feria Internacional del Libro en Cuba, la Asociación de Pedagogos de Cuba (APC), el Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL), el Centro Fe y Cultura Loyola de la Compañía de Jesús y el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. (CMLK) y la Embajada de Brasil convocaron a un seminario de tres días acerca de la vida y obra del pedagogo brasileño Paulo Freire.

La autonomía, la democracia, el respeto al otro, y sobre todo la transformación social son rasgos de la obra de Freire que merecen repensarse y elaborarse desde las propias dinámicas de la Pedagogía de la Liberación.

Uno de los conferencistas convocados, el teólogo, educador y escritor brasileño conocido como Frei Betto (autor de 53 libros editados en Brasil y el exterior, y premio Jabuti 1982, concedido por la Cámara Brasileña del Libro), fue quien trajo para la Cuba de mediados de la década de 1980 la propuesta de incluir dentro de nuestra sociedad en revolución la Metodología de la Educación Popular (EP) o Pedagogía de la Liberación.

 Frei Betto, acerca de la esencia de nuestros días, ha escrito que “cuando Fukuyama declaró ‘el fin de la historia’, no hizo sino expresar lo que el neoliberalismo quiere lograr: ‘hemos llegado a la plenitud del tiempo: el método neoliberal de producción capitalista, el mercado. Son pocos los escogidos y muchos los excluidos; y ya no tiene caso querer luchar por una sociedad alternativa’. Actualmente es difícil hablar de sociedad alternativa; de socialismo, ni pensarlo. Se ha creado una especie de pudor, un bloqueo emocional alrededor de este asunto”.(1)

 Como contrapartida a Fukuyama Frei Betto invita a pensar las demandas de la enseñanza actual desde los postulados de la Pedagogía de la Liberación, la que para él “es más necesaria y urgente que nunca porque tenemos gobiernos democráticos, pero no siempre están apoyados en la movilización popular”.

 Usted es un asiduo visitante de la Feria del Libro de Cuba, ¿por qué trae, precisamente ahora, la figura de Paulo Freire a la Feria?

 Bueno, en verdad, ese tema no ha sido introducido por mí. El padre Román, un jesuita cubano que vive aquí en La Habana, es aficionado de Paulo Freire; él, junto con el Centro Martin Luther King y la Embajada de Brasil, han decidido hacer este seminario. Me invitaron porque yo siempre he sido amigo de Freire y porque escribimos juntos el libro Esa escuela llamada vida (1988).Los organizadores de la Feria estuvieron de acuerdo, y lo hemos hecho en tres sesiones: una en el Centro Cultura y Fe de la Iglesia de Reina, otra en la Sala Portuondo de la Cabaña y la última en la Casa de las Américas.

 En este seminario usted ha explicado que el proceso de educación es, en sí mismo, ser política; ¿cree que la Metodología de Educación Popular —ideada por Paulo Freire— le diga algo a la Cuba de hoy?

 Quizá la metodología de Paulo Freire puede ayudar al proceso cubano. En las escuelas cubanas hay una educación formal que no hace fácil la entrada de la metodología de Freire. Pero esta es más adecuada para los procesos de los movimientos sociales: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los sindicatos, las brigadas, la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). En estos lugares sería muy importante que la gente conociera un poco esta metodología revolucionaria.

 Mi preocupación es que, ahora que Cuba hace algunas reformas, hay un sector privado que me hace temer que la gente también se ponga privada (en el sentido burgués de pensar solo en ganar dinero) y que ya no tenga este sentido propio de Cuba de construir un país en el que todos tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades.

 Para luchar en contra de esto es necesario un trabajo permanente de educación política, moral y ética. Estoy convencido de que Paulo Freire con su metodología puede ayudar en esa educación.

 ¿Usted ve a la educación popular como una metodología o como una filosofía de vida?

 Es una metodología que parte desde el pueblo y la gente sencilla: un campesino, un obrero, un empleado. Es una metodología con una visión revolucionaria, progresista.

 En general, la educación que existe mundialmente es lo que Paulo Freire denunciaba como “bancaria”, porque el padre enseña al hijo, el profesor enseña al alumno, el dirigente político enseña al pueblo. Estos (el padre, el profesor, el dirigente) son poseedores de un bien (el conocimiento) que depositan, a manera de transacción bancaria, en la cabeza de los otros (el hijo, el alumno, el pueblo).

 Freire introdujo una concepción dialéctica en la educación, concibiéndola como un proceso de práctica-teoría-práctica. O sea, que siempre hay que partir de las prácticas de la gente, sistematizarlas para elaborar teoría, y luego volver a la práctica de una manera reforzada.

 Para desarrollar esa dinámica de práctica-teoría-práctica, la Educación Popular propone una horizontalidad en la relación de los seres humanos con su entorno. Sin embargo, los libros tienen una visión más iluminista del aprendizaje. ¿Cómo usted conjuga la propuesta de la EP con su obra literaria?

 De una manera muy sencilla. Lo no ficcional de mi obra literaria parte de la práctica de la gente. O sea, todos mis libros —incluso Fidel y la religión (1985)— son libros que parten de la práctica cotidiana de la gente, de los fenómenos de la realidad y de la historia. Hay ahí una formulación sistematizada que es propia del lenguaje literario. ¿Para qué? Para devolver a la gente el resultado de sus prácticas sistematizadas. Es por eso que estos libros tienen tanto impacto.

 Luego, o a través de los libros o a través de un monitor que está junto con la gente ayudando a sistematizar, es que se aprehende esta sistematización. Al mismo tiempo que, por ejemplo, voy sistematizando la práctica de un sindicato, ellos lo van recibiendo de vuelta —de una manera más elaborada y comprensible—. Es el proceso por el que se va contextualizando su quehacer.

 En su presentación del seminario en la Casa de las Américas usted afirmaba que Paulo Freire fue fundamental para todos los procesos de liberación de América Latina de los últimos 40 años. Pero la Revolución Cubana tiene 55 años. ¿Qué ha bebido, bebe o debe beber el proceso social de la Isla de Paulo Freire y su Pedagogía de la Liberación?

 La Revolución Cubana es anterior a Paulo Freire, pero sin saberlo ha adoptado la metodología que Paulo Freire sistematizó. Cuando Fidel llega en el desembarco del Granma y tiene más gente que fusiles, y se encuentra con muchas dificultades, él hizo un trabajo de educación popular con los campesinos. Eso es lo que creó el Ejército Rebelde y permitió la victoria de la Revolución.

 Paulo Freire no ha inventado del aire. Él cogió la historia de las prácticas políticas progresistas de la historia humana. La Revolución Cubana ha adoptado el método de Paulo Freire antes de que este existiera. Freire hizo una sistematización del conocimiento anterior de la historia de las prácticas del trabajo con los pueblos, sobre todo, del conocimiento de las prácticas sociales de Brasil —de las ligas campesinas, del trabajo que hizo de alfabetización, de los movimientos populares—. Por ahí vino la materia prima de su metodología pedagógica.

 Diría que Cuba debía tomar para los movimientos sociales que hay aquí (la FEU, los sindicatos, la Federación de Mujeres Cubanas) la posibilidad de crear una emulación ética-moral-ética. Esto va a ser muy importante en el proceso de las reformas de Cuba.

 A pesar de los múltiples procesos liberadores que hay hoy en América Latina, con utopías socialistas e intenciones de crear un mundo mejor, todavía tenemos un mundo donde existe la dominación de unos pocos hombres sobre el resto de la humanidad. ¿Cómo podría construirse un conocimiento liberador?

 El proceso de dominación hoy es de una clase muy rica sobre el resto. Por ejemplo, acaban de divulgar el dato de que hoy 85 personas en el mundo tienen la riqueza de 3.5 mil millones de personas. En un bus pueden viajar, perfectamente, 85 personas y ellas tienen lo que debía tener la mitad de la humanidad. Esto explica la diferencia social impactante que hay en el mundo.

Los procesos liberadores no son definitivos. El derrumbe de la Unión Soviética demostró que es un equívoco pensar que la revolución está hecha y ya es definitivo. La revolución es, sobre todo, un proceso de futuro. Porque cada generación tiene que ser educada nuevamente en el socialismo. Otro equívoco es pensar que quien nace en el socialismo es socialista. No. Todos nacemos capitalistas.Todos los bebitos son muy capitalistas: centrados en ellos y en lo que necesitan, en que los atiendan.

 Ahora, ese proceso de enseñar solidaridad, altruismo, participación resulta de una educación. Ahí Paulo Freire puede ayudar mucho. Y no solamente Freire, ustedes aquí tienen muchos procesos pedagógicos revolucionarios. Sé que los CDR aquí ya no funcionan tanto como antes, quizá porque al inicio de la Revolución tenían un carácter de defensa del barrio. Ahora la Revolución está consolidada y los EE.UU. sienten que no pueden hacer un ataque directo a Cuba. Pero todavía tienen otro problema: el enemigo principal está dentro y es el ausentismo, la pereza, el acomodamiento, el espíritu capitalista. Entonces ahí los CDR tienen un papel importante. La Educación Popular podría ayudar, específicamente, para la recuperación de los CDR y de la movilización de la sociedad civil en defensa de la Revolución.

 ¿Cómo valora los procesos de educación en América Latina?

 Es una educación, en general, muy capitalista, muy bancaria, muy de arriba para abajo. Tiene contenidos muy europeos, que no tienen en cuenta la situación de la gente. Está descontextualizada. Es una educación para formar mano de obra especializada para el mercado de trabajo, no para formar hombres y mujeres felices y dignos. Sin embargo, hay muchas excepciones.

 ¿Por qué dice que América Latina “le encanta y le preocupa”?

 Me encanta porque yo vivo aquí y veo que hay cambios significativos. Porque es el único continente del mundo donde en este momento hay esperanza: hay muchos gobiernos progresistas; la CELAC ha sido una maravilla con ese consenso de todos los países de América Latina en apoyo a Cuba, en apoyo a las propuestas de unidad sin la participación de EE.UU. ni Canadá. Esto es un avance tremendo.

 Me preocupa porque todo ese proceso es muy frágil todavía. Venezuela está demostrando eso. No se puede decir que está todo consolidado. Solo se va a consolidar si nosotros podemos organizar al pueblo. No se consolida un proceso de Revolución Bolivariana por consignas y carismas. Debe pasar mucho más que eso.

 Notas:

 1. Frei Betto; “Los desafíos de la educación popular”; en Revista de Cultura Cubana La Jiribilla; N. 507.

 

Año nuevo y buenos propósitos

1540284_10151816310326867_1987400758_o-580x332

Por Frei Betto

El cambio de año suele implicar, para muchos de nosotros, una época de buenos propósitos. Hacemos un balance del año que terminó y prometemos, ante el que se inicia, al menos no repetir los errores cometidos. Para otros evitar la obesidad y el peligro de la diabetes, hacer ejercicios físicos y reducir la comida que engorda.

El hecho es que cada uno de nosotros sabe exactamente dónde le aprieta el zapato. Lo que queda luego es tener fuerza de voluntad para ir por la vida pisando más suavemente y asz evitar tropiezos.

Cambiar de año y cambiar de vida es lo que deseamos muchos de nosotros. ¿Qué es entonces lo que favorece la distancia, a veces enorme, entre nuestros propósitos y nuestra práctica? ¿Por qué no somos siempre coherentes con los ideales que abrazamos?

Con los maestros de la mística aprendí que, al hacer propósitos, debemos preguntarnos antes: ¿estoy obrando para agradarme  a mí mismo o principalmente a las miradas ajenas?

Muchas veces nos vemos impelidos a obrar contrariando nuestra propia voluntad, para colocar nuestra autoestima a la altura de las miradas ajenas y no para felicidad de nuestro corazón. Es como la mujer que usa tacones afilados, aunque tenga que soportar dolor en los pies y malestar en la columna, además del peligro de un trombo. Pero de ese modo ella se considera más elegante y seductora ante los demás.

“Donde está tu tesoro allí está tu corazón”, dice Jesús (Mateo 6,21). Si nuestro corazón se deja atraer por la vanidad, por la ambición, por la envidia, es natural que adoptemos procedimientos regidos por esa escala de ‘valores’.

En una sociedad tan consumista y competitiva como la nuestra no es fácil sentirse bien consigo mismo. La cultura neoliberal impregna nuestro inconsciente de motivaciones que reducen el valor que nos damos a nosotros mismos.

Todo el tiempo estamos bombardeados por la publicidad, que alardea de que no es feliz quien no tenga tal carro, o no viva en tal barrio, o no vista prendas de marca, o no viaje a tales lugares…

¡Noten cómo en los espacios publicitarios todos están saludables y son  felices! ¡Vean cómo los ricos y famosos, que tienen acceso a los artículos de lujo, están orondos y alegres!  Como canta Chico Buarque en “Canción de la bailarina”: ”Por buscar el bien / todo el mundo tiene cicatrices. / Marca de viruela o vacuna. / Y tiene diarrea, lombrices, amebas. / Sólo la bailarina no las tiene”.

Por eso bailamos a la música del consumismo, con la esperanza de que lo que es tenido como valor -el carro de lujo por ejemplo- impregne de valor también al que lo posee. Sin la posesión de productos de marca, que supuestamente elevan nuestro status, nos sentimos desvalorizados.

En fin, vivimos en una sociedad capitalista en la cual nadie tiene valor por el simple  hecho de ser una persona. Vean a los mendigos y a los que viven en la calle, ¿quién les da valor?

Para la idolatría del mercado lo que tiene valor es el producto, el fetiche denunciado por Marx. La persona sólo tiene valor si se presenta revestida de productos valorados por el mercado. O sea, el sujeto se vuelve objeto, y el objeto, sujeto.

He ahí la inversión total que favorece la depresión, el suicidio y la dependencia química. En este reino del dios mercado, en el que unos pocos son los escogidos y muchos los excluidos, la felicidad es un bien escaso y difícil de ser alcanzado, hasta por el hecho de ser no mercantilizable.

¿Quién ofrece en el mercado aquello que más ansiamos, la felicidad? El mercado trata de engañarnos con la promesa de que la felicidad es el resultado de la suma de placeres.

Quien es feliz sabe muy bien que la felicidad es un estado de espíritu, una sabiduría de vida, una levedad del corazón, una cuestión de contenido y no de forma, que plenifica, eleva nuestro bienestar espiritual y nos hace sumergir en el océano de la amorosidad.

Para conseguirla es necesario nacer de nuevo, hacerse nuevo en el Año Nuevo, e intentar reducir la distancia entre los buenos propósitos y la práctica cotidiana viciada por factores que nos apartan de ella.

Feliz Año Nuevo, mis queridos (as) lectores (as).

Nota: Tendremos un nuevo año corto para los que inician la rutina después del carnaval. Serán normales marzo, abril y mayo. En junio y julio la Copa del Mundo de Fútbol. En agosto, setiembre y octubre las elecciones. En noviembre a desempacar los adornos de la Navidad, y luego la Navidad y el Nuevo Año…

Frei Betto es escritor, autor de “Lo que le vida me enseñó”, entre otros libros.

 

Pobres y ricos en un Brasil que permanece desigual

24-freibetto_0

Por Frei Betto. Adital

El presentador de TV brasileño Fausto Silva, conocido en Brasil como Faustão, es un maestro en recordar expresiones populares que cambiarán con el tiempo. “Arrastre” fue trabajo de pescadores, y hoy es capacidad de reunir grandes concentraciones urbanas. ¿Qué quiere decir “manos a la obra”, “aguanta el palo”, “aquel brote”, o “mocorongo”?
Dionisio da Silva, especializado en nuestra lengua, escribió sobre lo imprescindible que es el conocer de dónde vienen las palabras (mandarín), desentrañándolas en sus etimologías, significados y usos.
Las palabras, como todo, se gastan con el tiempo. Pierden el brillo, el significado, y, por tanto, el uso. Es el caso de “derecha” e “izquierda”. Cuando existía bipolaridad mundial entre capitalismo y socialismo, los terrenos estaban bien definidos. Pero, ¿qué es hoy ser de derechas o de izquierdas?
En el Brasil, ¿está la izquierda en el poder? Supongamos que sí. Pero, ¿quiénes son los líderes de su base aliada? Todos conocemos de sobra a: Sarney, Collor, Renan Calheiros, Jáder Barbalho, Maluf, Romero Jucá, Kátia Abreu…
¿Cómo puede un Partido de los Trabajadores llevarse bien con la Patronal Brasileña y mantener relaciones tensas con los movimientos sociales, con los indígenas y los sin tierra?
Fuera del PSDB y de algunos partidos pequeños, todos los sectores conservadores de la sociedad brasileña apoyan al gobierno, incluyendo a los empresarios, los bancos y las compañías mineras, principales fuentes de financiación de las campañas electorales. Espero que la reforma política –cuando la hubiere– vaya a prohibir que los candidatos reciban dinero de personas jurídicas, y que consiga que las personas físicas queden limitadas al techo de un salario mínimo.
Ahora están presos algunos compañeros míos en la lucha contra la dictadura, como Dircéu y Genoíno. Todos fueron condenados por jueces nombrados en su mayoría por el gobierno petista (del PT). Considero ilegal, injusta y desproporcionada la forma en que fueron detenidos el día de la Proclamación de la República. Montar un espectáculo con el dolor ajeno es menospreciar la dignidad humana.
Algunos aliados del gobierno acusan a los grandes medios de comunicación de connivencia, al convertir el juicio en un espectáculo. ¿Por qué, pues, el Planalto no da paso a los proyectos de reglamentación y democratización de los medios? ¿Por qué no impide la formación de oligopolios? ¿Por qué la publicidad financiada por el gobierno federal otorga claramente privilegios a los vehículos de oposición al Planalto?
En los diez años de gobierno petista el Brasil mejoró mucho, gracias al aumento real del salario mínimo, a la reducción del desempleo, a una política exterior independiente, a la solidaridad con los gobiernos progresistas de América latina y a los programas sociales. Sin embargo, tengo que lamentar que el programa Hambre Cero, de contenido liberador, haya sido sustituido por la Bolsa Familiar, de contenido compensatorio.
Amigos “de izquierda” se quejan de que los aeropuertos están demasiado lejos de las familias de bajos ingresos. En el Nordeste, el burro fue sustituido por la moto. Y las multinacionales del automóvil siguen llenando nuestras carreteras de automóviles, sin que haya inversiones en el transporte público.
Fijándonos en el efecto “tostines”, preguntemos: ¿en Brasil los productos son caros por su dependencia del sistema de vehículos rodados? O ¿los productos son caros porque los camiones se abastecen de petróleo? Tenemos 8.000 km de litoral, ríos caudalosos navegables, y no hay casi ninguna navegación comercial… Y cuando se habla de ferrocarriles se piensa en el tren bala, capaz de transportar a una elite en el trayecto Campinas-San Pablo-Río, y no en caminos que crucen el país de punta a punta, facilitando el flujo barato de nuestra producción.
Es verdad que el gobierno actual es muy diferente del gobierno de FHC (Fernando Henrique Cardoso). Pero es también muy parecido. Prometió investigar las privatizaciones –“la herencia maldita” del gobierno anterior–, pero lo dicho se quedó sólo en palabras (‘del dicho al hecho hay un gran trecho’). Procedió de la forma acostumbrada: privatización del Campo de Libra, donde hay petróleo, un producto estratégico; otro tanto hizo con las autovías, puertos y aeropuertos, sin tomar en cuenta la caída de las ganancias de Vale después de haber sido privatizada, ni el valor de las acciones de Petrobras después de que el 60% de las mismas pasaron a manos del capital privado, ni la quiebra de Vasp. Pero no hubo ninguna iniciativa para que volvieran a ser propiedad del Estado, como hizo Evo Morales en Bolivia.
Según el IPEA, órgano federal, la desigualdad social entre los más ricos y los más pobres en el Brasil es ¡de 175 veces! ¿Por qué no se han tomado medidas estructurales para reducirla? Después de diez años de gobierno petista no hubo más que una reforma estructural en el Brasil: la de la Previsión del funcionariado público, que favorece al capital privado.
En cuanto al presupuesto de la República, destinar más del 40% de nuestro dinero al pago de los intereses, amortización y prórroga de la deuda pública, y, en cambio, el 8% para Salud y Educación, supone que el Brasil seguirá soñando con ser “el país del futuro”.

Tomado de Miradas al Sur

Paradojas de la Calidad Brasil

Por Frei Betto

El Brasil mejora en cantidad pero pierde en calidad. El Índice de Desarrollo Humano (IDHM) de 5.565 municipios brasileños, divulgado por el IPEA el 29 de julio, subió el 47.5% en los últimos veinte años.

En 1991 el índice de municipios con IDH ‘muy bajo’ era del 85.8%. Hoy es apenas del 0.6%. En aquel año ningún municipio mereció la clasificación de ‘muy alto’. En el 2000 sólo São Caetano do Sul, en el ABC paulista. Ahora 44 municipios brasileños tienen IDH ‘muy alto’, entre ellos Belo Horizonte, que ocupa la posición 20.

Nuestro país mejoró en longevidad, en crecimiento de la renta de la población y en la educación. En veinte años la vida promedio del brasileño pasó de 64.7 años a 73.9. La renta creció 14.2%; una ganancia de US$ 160.

Pero no conviene olvidar que si hay diez gallinas y diez personas, eso no significa que haya una gallina por persona. Una de las personas podría ser la dueña de nueve gallinas. Nuestra distribución de la renta sigue siendo de las peores del mundo. Basta recordar que el Brasil es la cuarta mayor fortuna en paraísos fiscales.

Los millonarios brasileños viven quejándose de los impuestos. Del diente al labio. Los datos dicen que el Brasil es la cuarta fortuna mundial en paraísos fiscales: US$ 520.000 millones, un tercio del presupuesto del país, es dinero ocultado.

Ni tampoco todo son flores en nuestro IDH. Casi el 30% de las ciudades brasileñas tienen IDH ‘muy bajo’ en el apartado educación. Y sólo cinco ciudades obtienen la calificación ‘muy alto’.

La educación es el gran clavo de la calidad Brasil. Menos de la mitad de nuestros jóvenes de 18 a 20 años termina la enseñanza media: el 41% de los alumnos. Hace 20 años era el 13% de alumnos los que no alcanzaban el diploma de enseñanza media. En esto el Brasil va al paso del cangrejo, o sea para atrás. Si el 59% de los jóvenes no tienen toda la enseñanza media resulta difícil que nuestro país pueda suplir el déficit actual de profesionales cualificados, como médicos e ingenieros.

“El Brasil avanzó más en la generalización del acceso a la educación. Ahora es necesario generalizar el aprendizaje”, afirma Priscila Cruz, de Todos por la Educación. Y rescatar la calidad de nuestras escuelas públicas, hoy por hoy depreciadas.

El Distrito Federal posee el mejor IDH entre las unidades de nuestra federación. Minas Gerais ocupa el 9° lugar. Entre las capitales, Belo Horizonte ocupa el 5° lugar, detrás de Florianópolis, Vitoria, Brasilia y Curitiba. Alagoas y su capital, Maceió, tienen el peor IDH del país.

Conviene subrayar que el 99% de los municipios con IDH en educación ‘alto’ o ‘muy alto’ quedaron por debajo de las notas consideradas satisfactorias, en Lengua Portuguesa y Matemáticas, en la Prueba Brasil 2011.

Los problemas de nuestra enseñanza media son la falta de calidad (sin tiempo integral, informática, laboratorios, y con profesores mal remunerados y sin formación permanente) y el abismo entre lo que se enseña y la realidad en que viven nuestros jóvenes (falta de pedagogía y adecuación a las nuevas tecnologías).

En el 2009 el Programa Internacional de Evaluación de Alumnos (PISA) clasificó al Brasil en el puesto 53, de entre 65 países, por detrás de México, Uruguay y Chile. Son raros los alumnos de nuestras universidades que logran escribir una sencilla carta sin errores graves de ortografía. Y a la mayoría le falta el hábito de leer buena literatura.

Hay que oír la voz de las calles. El 85.2% de nuestros jóvenes consideran la educación como una prioridad. El gobierno federal no puede continuar, en materia de educación, en pasos de escuela de baile, uno adelante y dos atrás, como sucede con los cursos de medicina. Es urgente dedicar al menos el 10% del PIB a la educación, al incremento de la enseñanza profesional y al rescate de la escuela pública gratuita, a tiempo completo y de calidad.

En una conferencia ante más de cinco mil profesionales de la enseñanza, en Brasilia, pedí que levantaran las manos los profesores. Casi todos lo hicieron. A continuación pedí que hicieran lo mismo quienes sueñan con tener un hijo o hija en el magisterio. Poquísimos levantaron su mano. Triste es el país que no se enorgullece de sus profesores, concediéndoles condiciones dignas y calificadas de trabajo.

Tomado de Adital

[Visita del Papa]. ¿De qué tienen hambre estos jóvenes?

Por Frei Betto

Los viajes papales son preparados con mucha antelación, sin sofocos y, en la medida de lo posible, con el mínimo de imprevistos. Por eso han estado pasando los discursos, para revisión, tanto en el Vaticano como en los palacios de los gobiernos del estado y de la ciudad de Rio de Janeiro y el mismo Planalto, sede de la presidencia de la República. La Jornada Mundial de la Juventud fue precedida por la sorprendente Jornada Nacional.

El papa Francisco, a quien muchos jóvenes ya le llaman “papa Chico”, llegará al Brasil el 22 de julio. Permanecerá seis días en Rio, con una breve escapada al santuario nacional de Aparecida, en la mañana del día 24.

En la intensa programación oficial las autoridades civiles han llevado la parte del león, pues estarán con el papa el día 22, al recibirlo en el aeropuerto Tom Jobim; el día 25, para entregarle las llaves de la ciudad; el 26, cuando él recibirá en el palacio San Joaquín al Comité Organizador y a diez grandes patrocinadores de la JMJ; el día 27 por la mañana, en el Teatro Nacional, donde el papa encontrará, como dice la programación, “a la clase dirigente del Brasil”; y el 28, al despedirlo en la base aérea de Galeão.

El programa prevé, el día 25, en el Palacio de la Ciudad, un acontecimiento inusitado: Francisco bendecirá las banderas oficiales de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos; juegos que sobrepasan toda la diversidad religiosa mundial y en los cuales nunca ha participado el Vaticano.

Aparte de algunos pocos jóvenes seleccionados para algún encuentro privado con el papa, Francisco va a recibirlos colectivamente la tarde del día 25, al acoger en Copacabana a los participantes en la JMJ; en el viacrucis la tarde del día siguiente, también en Copacabana; en la vigilia del sábado 27, en Guaratiba; y en la misa de la mañana del domingo 28, también en Guaratiba, y por la tarde al bendecir a 15 mil voluntarios, no todos jóvenes, que ayudaron a preparar la JMJ.

La novedad es que el papa Francisco llegará a un país en ebullición, donde la juventud, finalmente, “conoce y marca la hora, no espera a ver qué sucede”.

¿De qué tienen hambre estos jóvenes? De Dios, si juzgamos sus manifestaciones desde la óptica teológica de que la vida es el don mayor que nos ha sido concedido por el Creador, y la juventud ocupa las calles para exigir que “todos tengan vida y vida en plenitud” (Juan 10,10), lo que implica mejorar la salud, la educación, el transporte público, etc.

La JMJ, comenzada ya desde junio, comprueba que la juventud brasileña tiene hambre de pan y de belleza. Quiere la erradicación de la miseria, del analfabetismo y de las colas en los hospitales y puestos de salud, y que el dinero sea empleado en beneficio de la población y no desviado para obras faraónicas y la descarada corrupción.

Reivindican también saciar el hambre de belleza: de cultura, de ética en la actividad política, de un sentido a su existencia que los libre de la presión del consumismo neoliberal y los convierta en protagonistas de un proceso democrático de verdad participativo y no meramente delegativo, como sucede hasta ahora con la clase política divorciada de la sociedad civil.

Sería estupendo que los responsables de la JMJ hicieran saber al papa que se va a encontrar en el Brasil una juventud impregnada de los tres principales valores evangélicos: fe, esperanza y amor. Quizás en sus contenidos no coincidan exactamente con los del catecismo católico, pero sus objetivos obligan a nuestros políticos a voltearse hacia el bien común, prioridad de la doctrina social de la Iglesia.

Tomado de Adital

Manifestaciones y la torre de marfil

Por Frei Betto

Las recientes manifestaciones en las calles del Brasil sorprendieron a los distintos gobiernos de la nación: municipales, estaduales y federal. Las autoridades se preguntan perplejas: ¿cómo es posible? ¿quién está por detrás? ¿quién las asesora? Y reaccionan con la única y mafáldica lección aprendida en 21 años de dictadura: la represión policial.

Nuestras autoridades se han encerrado en su torre de marfil, como si el Brasil fuese un planeta distante de ese orbe terrestre en el que se suceden manifestaciones callejeras en todas partes, desde el Occupy Wall Street a la plaza Tahrir en El Cairo, desde la periferia de París a la plaza Taskim en Estambul.

La pregunta “¿Qué hay por detrás?” encontraría respuesta si el gobierno prestase atención a lo obvio que hay ante sus ojos: la insatisfacción de los jóvenes. La misma insatisfacción que llevó a la generación ahora en el poder a las manifestaciones estudiantiles de la década de 1960 y a la guerrilla urbana en la década de 1970. La misma insatisfacción que movilizó trabajadores en huelga entre las décadas de 1970-1980 y que dio origen al PT, que ya hace diez años está en el gobierno del país.

La diferencia es que antes la policía infiltraba sus agentes en los directorios estudiantiles y en los sindicatos, partidos y grupos clandestinos y, una vez obtenidas las informaciones, actuaba preventivamente. Mientras que ahora la movilización está en las redes sociales, más difíciles de controlar (aunque no imposible, como demostró Snowden, el joven estadounidense que reveló al mundo que la Agencia de Seguridad Nacional de los EE.UU. invade el ordenador de millones de personas).

Lo obvio es que nuestras autoridades cortaron todas las vías de comunicación con los movimientos sociales, cuando mucho tolerados, nunca valorados. ¿Qué pasó con los consejos políticos con presencia de líderes juveniles? ¿y con los comités gestores? ¿y con la Secretaría Nacional de Juventud? ¿qué se hizo la UNE? ¿y los canales de diálogo con la juventud?

Instalado en la torre de marfil, el gobierno se sorprende a cada nueva manifestación: de los sin tierra, de indígenas, de usuarios del transporte público, de los descontentos con la inflación, y hasta con los pitidos a la presidenta Dilma en la apertura de la Copa de Confederaciones.

Quien no dialoga acaba aislándose y llama a la represión como todo el que se siente arrinconado.

Ya es hora de que nuestras autoridades dejen la torre de marfil, aparten los prismáticos orientados a las elecciones del 2014 y pisen en la realidad. La cabeza piensa donde pisan los pies. Y la realidad es la estabilidad económica amenazada; la reforma agraria trabada; las tierras indígenas invadidas (por el agronegocio y por obras suntuosas del gobierno); la desgravación de la industria automotora predominando sobre la inversión pública en transporte colectivo; la cola pateada de ciertas autoridades con la “caja chica” de empresas privadas, etc.

Lo obvio, mientras tanto, es la falta de esperanza de esos jóvenes que carecen de utopías y, cuando no se refugian en las drogas, no saben tampoco cómo transformar su indignación y su revuelta en propuestas y en programas políticos.

Tomado de Adital

Producción de sentido

Por Frei Betto

Muchos padres se quejan del desinterés de sus hijos hacia las causas altruistas, solidarias, sustentables. Tienen la impresión de que una parte considerable de la juventud sólo busca riqueza, belleza y poder. Y que ya no se mira en líderes volcados hacia las causas sociales, al ideal de un mundo mejor, como Gandhi, Luther King, Che Guevara y Mandela.

¿Qué le hace falta a la nueva generación? Le faltan instituciones productoras de sentido. Hay que imprimirle sentido a la vida. Mi generación, la que cumplió los veinte años en la década de 1960, tenía como productores de sentido a las iglesias, a los movimientos sociales y a las organizaciones políticas.

La Iglesia Católica, renovada por el concilio Vaticano 2°, suscitaba militantes imbuidos de fe e idealismo, por medio de la Acción Católica y de la pastoral de la Juventud. Queríamos ser hombres y mujeres nuevos. Y crear una nueva sociedad, fundada en la ética personal y en la justicia social.

Los movimientos sociales, como la alfabetización por el método Paulo Freire, nos desacomodaban, nos lanzaban al encuentro de los estratos más pobres de la población, educaban nuestra sensibilidad hacia el dolor ajeno causado por estructuras injustas.

Las organizaciones políticas, casi todas clandestinas en tiempo de la dictadura, nos inyectaban conciencia crítica y un cierto espíritu heroico que nos fortalecía ante los riesgos del combate al régimen militar y a la injerencia del imperialismo usamericano en América Latina.

¿Cuáles son hoy las instituciones productoras de sentido? ¿Dónde se puede adquirir una visión del mundo que desentone de la multividencia neoliberal centrada en el monoteísmo del mercado? ¿Por qué el arte es considerado como mera mercancía, tanto en su producción como en su consumo, y no como creación capaz de suscitar en nuestra subjetividad valores éticos, perspectiva crítica y apetito estético?

Las nuevas tecnologías de comunicación provocan el surgimiento de redes sociales que, de hecho, son virtuales. Y ahogan a las redes verdaderamente sociales, tales como sindicatos, gremios, asociaciones, grupos políticos, que aproximaban físicamente a las personas, les infundían complicidad y las reunían en diferentes modalidades de militancia.

Ahora el intercambio de informaciones y opiniones supera el intercambio de formación y las propuestas de movilización. Los megarrelatos están en crisis y se muestra poco interés por las fuentes de pensamiento crítico, como el marxismo y la teología de la liberación.

Sin embargo, como se decía antes, nunca las condiciones objetivas han sido tan favorables para operar cambios estructurales. El capitalismo está en crisis, la desigualdad social en el mundo es alarmante, los pueblos árabes se rebelan, Europa se incomoda con 25 millones de desempleados, mientras que en América Latina crece el número de gobiernos progresistas, emancipados de las garras del Tío Sam y suficientemente independientes, hasta el punto de haber elegido a Cuba para presidir la Celac (Conferencia de Estados Latino-Americanos y Caribeños).

Actualmente va adquiriendo fuerza un desorden entre lo que se ve y lo que se quiere. Hay multitud de jóvenes que sólo apetece un lugar al sol, sin darse cuenta de las espesas sombras que les tapan el horizonte.

Cuando no se desea cambiar el mundo, se privatiza el sueño modificando el pelo, la ropa, la apariencia. Cuando no se intenta derribar muros, se hace un tatuaje para marcar en el cuerpo su escala de valores. Cuando no se inyecta utopía en las venas, se corre el peligro de inyectarse drogas.

No fuimos creados para ser ovejas en un inmenso rebaño retenido en el corral del mercado. Fuimos creados para ser protagonistas, inventores, creadores y revolucionarios.

¿Cuándo Hércules podrá reventar las cadenas de Prometeo y evitar que el consumismo prosiga comiéndole el hígado? “Prometo lograr que esperanzas ciegas vivan en el corazón de los hombres”, escribió Esquilo. ¿Dónde beber esperanzas lúcidas si las fuentes de sentido parecen estar resecas? Parecen, pero no desaparecen. Las fuentes siguen ahí, a ojos vistas: la espiritualidad, los movimientos sociales, la lucha por la preservación ambiental, la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de otros mundos posibles.

Tomado de Adital

Mística, ética y ecosofía

 

Por Frei Betto

Entre religión y ecología se da un estrecho vínculo. Los calendarios litúrgicos reflejan los ciclos de la naturaleza. Toda religión expresa el contexto ambiental que le dio origen. Los hebreos, y en general los pueblos semitas, vivían en regiones inhóspitas, desérticas, lo que los llevó a desarrollar el sentido de lo sagrado centrado en la trascendencia. Donde la naturaleza es exuberante, como en los trópicos, se acentuó la inmanencia de lo sagrado. Todo el entorno geográfico y climático influye en la relación religiosa que se tiene con la naturaleza.

El cristianismo tuvo su origen en áreas urbanas. Veía la naturaleza a distancia, como algo extraño y adverso. La palabra ‘pagano’, que englobaba a todos los no cristianos, significa etimológicamente ‘habitante del campo’. Todas las tradiciones religiosas indígenas mantienen un vínculo muy estrecho con la naturaleza. Son teocósmicas: lo divino se manifiesta en el cosmos y en sus componentes, como la montaña (pachamama).

El hinduismo y el taoismo dan culto a la naturaleza; mientras que el confucionismo y el budismo son tradiciones más antropocéntricas, volcadas hacia la conciencia y a las virtudes humanas. El islamismo mantiene una relación singular con la naturaleza. Es una religión semítica, que da culto a la trascendencia de Alá, pero conserva, como el judaísmo, un vínculo estrecho con el entorno ambiental, que se refleja en la distinción entre alimentos puros e impuros, el ayuno, el cuidado con la higiene personal, etc.

Las religiones aborígenes (aborigen = que están en el origen de todas las demás) no separan lo humano de la naturaleza. Hay un fuerte sentido de equilibrio y reciprocidad entre el ser humano y la Tierra. Lo que de ella se saca debe ser devuelto a ella.

Entre las grandes tradiciones religiosas es el hinduismo quien mejor cultiva esa armonía. Toda la India respira veneración sagrada por ríos, animales, árboles y montañas. La veneración por las vacas refleja ese sentido de equilibrio, pues se trata de un animal del que se obtienen muchos productos, desde leche y sus derivados hasta estiércol como fertilizante, y eso es más importante que comerlas.

Tres grandes desafíos, según el místico catalán Javier Melloni, están inter-relacionados: la interioridad, la solidaridad y la sobriedad. La interioridad nos impele a la vía mística; la solidaridad a  la ética, y la sobriedad a la preservación ambiental.

Nuestra civilización estará condenada a la barbarie si las personas perdieran la capacidad de interiorización, de hacer silencio, de meditar, de modo que sepamos escuchar las necesidades del prójimo (solidaridad) y el grito agónico de la Tierra (sobriedad). Urge someter la ecología a la ecosofía, a la sabiduría de la Tierra, en expresión de Raimon Panikkar. No se trata de imponer la razón humana sobre la naturaleza (eco-logos), sino de poner oídos a la sabiduría de la Tierra, para captar lo que ella tiene que decirnos con sus ciclos, sus cambios climáticos e incluso con sus catástrofes.

A pesar de que ha habido avances en nuestro comportamiento, gracias al crecimiento de la conciencia ecológica (reciclaje, uso del agua, productos ecológicamente correctos, etc.), todavía estamos apegados a un modelo civilizatorio altamente nocivo para la salud de Gaya y de los seres humanos.

Continuamos consumiendo combustibles escasos y contaminantes y, a contrapelo de todo el movimiento ecológico, nos sumergimos en la ola  consumista que produce cada día pérdidas significativas de la biodiversidad y toneladas de basura derivada de nuestro lujo.

Tres grandes mentiras necesitan ser eliminadas de nuestra cultura para que el futuro sea ecológicamente viable y económicamente sustentable: 1ª) los recursos de la Tierra no son suficientes para todos; 2ª) debo asegurar mis recursos, aunque otros carezcan de ellos; 3ª) el sistema económico que predomina en el mundo, centrado en la lógica del mercado, y el actual modelo civilizatorio, de acumulación de bienes, son inmutables.

Nuestro planeta produce hoy alimentos suficientes para 12 mil millones de personas, y está habitado por 7 mil millones. Por tanto no hay exceso de bocas sino falta de justicia. No habrá futuro digno para la humanidad sin una economía de compartimiento y sin una ética de la solidaridad.

Durante milenios los pueblos indígenas y las tribus desarrollaron formas de convivencia basada en la sustentabilidad, en la armonía con la naturaleza y con los semejantes. ¿Cómo se va a considerar ideal un modelo civilizatorio que, de los 7 mil millones de habitantes del planeta, condena a  4 mil millones a vivir en la pobreza o en función de sus necesidades animales, como alimentarse, abrigarse de la intemperie o educar a sus crías?

Tomado de Adital

Guía para saber si uno es de izquierda

Frei Betto a menudo reflexiona lo que significa ser de izquierda hoy, contrariando a muchos que dicen que la dicotomía izquierda – derecha no tiene sentido en el día de hoy. Esta concepción, errónea hasta la médula, es una simple coartada para justificar la capitulación de quienes se pasaron de bando. A continuación, algunos párrafos seleccionados de una reciente nota de Betto:

“Muchos exizquierdistas proclaman que superaron el maniqueísmo izquierda-derecha, inadecuado para este mundo globalizado. Mera retórica para justificar el aburguesamiento de quien, en nombre de la izquierda, adoptó un estilo de vida a imagen y semejanza de los poderosos de la derecha …
Ser de izquierda hoy es defender los derechos de los más pobres, condenar la superioridad del capital sobre los derechos humanos, abogar por una sociedad en que haya, estructuralmente, reparto de los bienes de la tierra y de los frutos del trabajo humano.
El hecho de que alguien se autonombre marxista no le convierte en una persona de izquierda, así como el hecho de tener fe y frecuentar la iglesia no hace de ningún fiel un verdadero discípulo de Jesús. La teoría se conoce por la práctica, dice el marxismo. El árbol por sus frutos, dice el Evangelio.
Si la práctica es el criterio de la verdad, es muy fácil no confundir a un militante de izquierda con un oportunista demagogo: basta con observar cómo es su relación con los movimientos populares, su apoyo al MST, su solidaridad con la Revolución Cubana y la Bolivariana, la defensa de las banderas progresistas, la preservación ambiental, la unión civil de los homosexuales, el combate al sionismo y a toda forma de discriminación.”

 

Fuente: Adital.

Tomado del blog de Atilio Borón

Si el tema anteriormente tratado es de su interés, posiblemente le interese conocer estos

————-Diez consejos para los militantes de izquierda ————————-

Escrito por Frei Betto

Mantenga viva la indignación.
Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.
Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.
La cabeza piensa donde los pies pisan.
No se puede ser de izquierda sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.
No se avergüence de creer en el socialismo.
El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana. El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial.
Hoy somos 6.000 millones de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 mil millones sobreviven con menos de US$ 2.00 por día. Y 1,2 mil millones, con menos de US$ 1.00 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 mil millones de personas.
Sea crítico sin perder la autocrítica.
Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema. La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los compañeros y las compañeras.
Sepa la diferencia entre militante y “militonto”.
“Militonto” es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales. El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.
Sea riguroso en la ética de la militancia.
La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio
a la derecha. Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales. El verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.
Aliméntese en la tradición de la izquierda.
Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, “volver a las fuentes” para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el Diario del Che en Bolivia, y novelas como La madre, de Gorki, o Las uvas de la ira, de Steinbeck.
Prefiera el riesgo de errar con los pobres a tener la pretensión de acertar sin ellos.
Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia. Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.
Defienda siempre al oprimido, aunque aparentemente ellos no tengan razón.
Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada. En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria. La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos.
No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.
Haga de la oración un antídoto contra la alienación Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida.
Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha. Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba libremente.

Tomado de La Isla Desconocida