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EL LEGADO DE FIDEL CASTRO

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Por Rafael Hernández, sociólogo cubano, director de la revista Temas.

Tomado de Temas

Uno

Los grandes reformadores no siempre se han caracterizado por reunir detrás de sí el consenso unánime de la humanidad, ni siquiera de su propio pueblo. Su mérito no radica en haber conseguido la aprobación universal, sino en haber construido un proyecto incluyente de progreso y justicia social, liberación y convivencia humana —así como sus patrones de medida— cuyo significado real solo puede asentar el tiempo.

Me pregunto qué hubiera arrojado una encuesta nacional del New York Times acerca de Abraham Lincoln, la mañana del 14 de abril de 1865, en víspera de su muerte, víctima de una conspiración esclavista. Me pregunto si habría sido celebrado como el héroe nacional que preservó a la Unión, y la salvó de la ignominia de la esclavitud (el pecado, decía él), al enorme costo de 700 mil vidas, millones de lisiados de guerra, y la ruina de vastos territorios, especialmente, de grandes propiedades y haciendas en el sur –donde la disidencia de la Confederación representaba nada menos que la tercera parte de los Estados Unidos.

Me pregunto si el pensamiento de Lincoln hubiera convocado entonces el halo de reverencia nacional y mundial que adquirió luego, y que solo se vino a materializar en un monumento a la orilla del Potomac, 57 años después.

Los países de nuestro sur que han conocido grandes reformadores, como Benito Juárez o Mahatma Ghandi, saben que tuvieron enemigos atroces, internos y externos, muy superiores por su fuerza y recursos; y que muchos los consideraron obstinados e inflexibles, por su tenacidad, que algunos calificaban como pura terquedad. Fueron precisamente esos rasgos polémicos los que inscribieron sus nombres, más allá de fronteras nacionales,  en la historia y el legado común.

Aunque a veces ese reconocimiento se puede demorar. Me pregunto si los racistas norteamericanos hoy mismo ya se habrán reconciliado con Lincoln.

Dos

Las lecciones de Fidel Castro —para Cuba y muchos en el mundo—  no son las de la conformidad, el pragmatismo o el fatalismo geográfico. Sucesivas generaciones lo vieron como el rebelde ante el orden establecido; capaz de cantarles las verdades a poderosos de los más diversos signos ideológicos, sin arrodillarse ante ninguno; de ejercer como nadie antes los postulados martianos de “Patria es humanidad” y “Un pensamiento justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.”

Sus ideas y acciones, incómodas para algunos, no enseñan normas como evitar “buscarse problemas”, callarse la boca ante los intereses creados, esperar que los cambios vengan de otra parte o de afuera.

Como muchos saben, ni en la guerra ni en la paz fue un temerario, sino un estratega minucioso, que evitó siempre riesgos innecesarios; tampoco se comportó en política como un sectario o un extremista, sino como artífice de alianzas que parecían quiméricas,  entre tendencias que a veces llegaban a pedirse la cabeza. Su rol como árbitro entre esas tendencias logró finalmente juntarlas en un mismo partido. Defendió sus ideas con vehemencia, pero no fue dogmático y mucho menos fanático. Utilizaba razones y argumentos extraídos de una vasta cultura (era un lector incesante), donde se reunía el dominio por las principales concepciones políticas de su tiempo, la historia de Cuba y del mundo, junto a ristras de simples datos que podía memorizar con un vistazo, de manera que  lograba dejar pensando incluso a interlocutores con ideologías muy ajenas.

Sus principales errores como dirigente se explican por sus propias virtudes. Estaba convencido, como San Pablo y el Che Guevara, que la educación y la dedicación a la obra, en un medio favorable, lograban transformar a cualquiera, y hacerlo un hombre (o una mujer) nuevo. Que la teoría era imprescindible, pero no había aprendizaje mejor que ponerse a hacer las cosas, incluso si conllevaba darles responsabilidades de estado a veinteañeros. Creía que ganando los corazones y las mentes de muchos se podía incluso quemar etapas. Y que esperar a que las condiciones maduraran era puro inmovilismo. Que no era bueno mantener deudas con una superpotencia aliada, aunque para eso todos tuviéramos que irnos a cortar caña; que la ciencia y la técnica eran la base del desarrollo, y que si los simples ciudadanos aprendían de genética pecuaria, íbamos a producir más leche per cápita que Holanda o Nueva Zelandia. Que el socialismo realmente existente en otras partes no era verdad; y que si se relegaba la meta de una sociedad con igualdad, era probable extraviarse por el camino.

Tres

Se repite hasta la saciedad que Fidel era el doctrinario, el intransigente ideológico, y Raúl el pragmático, el político realista. (Curiosamente, hasta 2006, muchos pensaban lo contrario).

En todo caso, la historia nos revela otras cosas.

Los documentos desclasificados de EE.UU. demuestran que él buscó el diálogo con los diez presidentes norteamericanos que le tocaron. Se olvida a menudo que varios de ellos intentaron liquidarlo (no solo política, sino físicamente) una y otra vez. Y que ante la guerra de aislamiento impuesta a la isla, generó un activismo para contrarrestarla, que se revertió en unas relaciones internacionales y de cooperación globales, con gobiernos y movimientos extremadamente diferentes, desde muy temprano, cuando nadie imaginaba la caída del Muro de Berlín.

Seguramente es cierto que Raúl lo supera como administrador, en el sentido de la organización y el gobierno desde la institucionalidad, el cálculo de costos y el control de gastos, el rigor sobre los presupuestos, la distribución de tareas y su chequeo sistemático, la coherencia y la descentralización de responsabilidades, la preeminencia de la ley y el orden como instrumentos de política. Si bien Raúl ha sorprendido a muchos por sus cualidades como estadista, conductor de la transición, digno relevo de una figura desmesurada como Fidel, y muy especialmente, lúcido intérprete de los nuevos tiempos, incluida la dimensión política de los cambios económicos, es probable que el estilo de dirección de Fidel estuviera mucho más cerca de la cultura guerrillera que la del comandante del Segundo Frente.

La mayoría de los cubanos, incluso algunos de sus críticos, concuerdan que, en el ajedrez con los EE.UU., su categoría de Gran Maestro no ha tenido rival. Y que si estamos aquí todavía como país independiente, se lo debemos a él. Muchos dan por sentado que la última negociación con EE.UU. (desde diciembre, 2014) ha contado con su guía estratégica.

Al margen de enunciados doctrinales a los que aportó como ningún otro dirigente, el lado práctico de su legado en política exterior —ante EEUU y otros—  se levanta sobre dos premisas irreductibles: no doble rasero, no pre-condiciones. Esa herencia suya es la piedra de Rosetta para entender la lógica y los límites de la política cubana, y poder predecirla.

Ahora bien, nadie debería llamarse a engaño sobre la naturaleza de ese realismo. Ni en ausencia de Fidel ni después que se vaya Raúl, se debería esperar que un gobierno que defienda el interés nacional de Cuba transforme el sistema para contentar a los políticos del Norte o por algún beneficio económico. Mirándolo desde abajo, donde arraiga la cultura cívica cubana, una política que negociara el modelo interno con los norteamericanos perdería su legitimidad de fondo. O para decirlo al revés: cualquier gobierno futuro debe saber que la idea de negociar los temas de política interna con EE.UU. amenazaría un consenso imprescindible para mantener la estabilidad política y hacer avanzar el nuevo modelo socialista.

Cuatro

Un tema reconocido en la agenda cubana actual por el propio Raúl es la cuestión de un socialismo democrático.

El argumento típico que algunos asumen sin más, en el escenario de “una Cuba post-Fidel Castro”, es que su ausencia permitiría avanzar rápidamente hacia una cierta “democratización”. Esta idea, tan convincente para algunos como un buen deseo, padece sin embargo, de ambigüedad conceptual y simpleza política, y más bien puede tener un efecto contraproducente para un socialismo democrático.

Las cinco razones que la resumen no son teóricas o ideológicas, sino de realpolitik:

1- Malinterpreta el clima político realmente existente en Cuba, al cifrar la agenda de la democracia en la política de partidos, en vez de hacerlo en el poder ciudadano para influir y controlar las políticas desde abajo. Claro que la calidad del proceso electoral, y la superación de sus principales defectos (la nominación cerrada y el voto negativo) son parte integral de esa democratización. Pero más allá del momento electoral, su eje radica en el funcionamiento de las instituciones representativas del sistema político, según son descritas en la Constitución –incluida la transparencia y la rendición de cuentas (eso que en el norte llaman accountability) de todos los cargos elegidos y también de los organismos de la administración central del Estado.

2- Una “democratización” reducida al multipartidismo implica una lógica “desde arriba”, consistente en que el Partido convierta el orden político actual en un cierto “sistema de partidos” (quizás mediante una negociación inter-elites al estilo post-franquista español), en lugar de promover que el propio PCC adopte un funcionamiento cada vez más democrático, desde sí mismo (como ha planteado el propio Raúl), y en respuesta a sus bases (cerca de un millón de militantes, incluida la UJC), a las actuales demandas y problemas del sistema político y de la sociedad cubana. Se trata de que todos los grupos sociales encuentren su espacio bajo esta institucionalidad, así como que todas las corrientes del pensamiento cubano, ajenas al interés de una potencia extranjera, se puedan expresar y debatir en la esfera pública.

3- Relega a un segundo plano la condición fundamental de una reivindicación democrática, en los términos del propio orden constitucional cubano: asegurar la participación ciudadana en las instituciones existentes, y sobre todo, en el sistema del Poder Popular, desde las circunscripciones hasta la Asamblea Nacional, de manera que este pueda ejercer el poder que se le reconoce, como columna vertebral de la soberanía nacional. Son canales de esta condición ciudadana, y de sus intereses, las organizaciones sindicales y todas las demás, así como el mismo Partido, no solo es sujeto, sino objeto de los cambios. Antes de lanzarse a un cambio estructural del sistema de partidos, o algo igualmente impredecible, se requiere poner a prueba la capacidad para la participación efectiva en el sistema político existente (no solo en el acto de votar), así como la cuota de poder real de las instituciones representativas sobre la administración y las instancias del gobierno.

4- Leer la muerte de Fidel como el “momento democratizador”, según hacen algunos, ignora los últimos diez años, llenos de acontecimientos y desarrollos nuevos, la emergencia de un consenso más heterogéneo y contradictorio, la expansión de la esfera pública cubana dentro y fuera de la isla, la naturalización del disentimiento, el relevo actualmente en curso, y la propia índole del proceso político que transcurre bajo el arco de la Actualización del modelo. Esta lectura distante de la desaparición de Fidel lo identifica con una especie de regulador de voltaje, que hubiera dejado de proteger al sistema. Al hacerlo, por tanto, se refuerza una reacción defensiva típica, en las instituciones del sistema y la propia sociedad civil, que tiende a interpretar en clave conservadora el legado de Fidel, en el sentido de promover el cierre y endurecer, a fin de cuentas, las condiciones políticas propicias para el cambio.

5- Este argumento se salta el papel real de Raúl Castro y el contenido democrático de su plan de reformas, su dimensión política, alcance radical, y convocatoria a la totalidad de la ciudadanía, no solo a los socialistas y a los militantes, en una agenda realmente nacional. Los que no ven contenidos políticos en la agenda real de la Actualización parecen no haber escuchado las instrucciones de Raúl a los dirigentes políticos acerca del diálogo constante con los ciudadanos (más que con “el pueblo”, y nunca con “la masa”), su crítica directa a la ineficacia del sistema de medios de difusión, la toma de decisiones colegiada e institucional, la consulta ciudadana sobre las direcciones principales de la política, la confrontación pública a la mentalidad burocrática resistente al cambio, e incluso algunos temas en el diálogo con EEUU, que no reproducen exclusivamente la existente bajo el mandato del Comandante.

El legado de Fidel para el futuro de Cuba, parafraseando al poeta, es que solo sacando el polvo de las viejas ideas se podrá vencer tanto el sentido común del capitalismo como los malos hábitos del socialismo, hacia una sociedad que solo podrá ser más justa y equitativa si logra ser más próspera y democrática.

PARA MERECER DECIR “¡SOMOS FIDEL!”


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Por Luis Toledo Sande

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Cubarte, diciembre 8 de 2016

En la Plaza de la Revolución José Martí, el pasado 29 de noviembre, mientras se le rendía homenaje multitudinario al líder fallecido cuatro días antes, Nicolás Maduro contó que, pocos años atrás, en medio de una conversación premonitoria en muchos sentidos, Fidel les dijo a él y a Evo Morales: “Yo hice ya mi parte. Ahora les toca a ustedes”. Más allá y más acá de esos dos políticos sudamericanos formados sobre sus propias raíces nacionales y culturales, y en la estela emancipadora que inició la Revolución Cubana, el reclamo del Comandante en Jefe puede tomarse como dirigido en especial a su propio pueblo, que debe leerlo también así: “Ahora les toca, les sigue tocando a ustedes, mucho más aún que hasta el presente”.

El ejemplo de Fidel tiene toda la fuerza necesaria para continuar siendo, a despecho de la muerte, un vigía guiador de la patria. Hasta el preciso instante en que fue inhumado, y sin que se pueda hablar de ello como de una acción pasada o ya interrumpida, estuvo brindándole aportes fundamentales a su patria, al empeño revolucionario que él encabezó para liberarla, para que nunca más vuelva a ser presa de colonizadores, imperialistas y opresores externos o vernáculos de ninguna índole.

Antes de que se depositaran sus cenizas en un mausoleo cuya austeridad es asimismo un digno tributo a su memoria, a su presencia, el último de sus aportes fue la revelación de un hecho fundamental: en el seno de su pueblo —de la mayoría de sus compatriotas, aunque esa la realidad va más lejos aún— hay reservas de patriotismo y vocación revolucionaria que la propaganda enemiga, y acaso cierta inercia intestina, o los agotamientos causados por una vida cotidiana poco amable, podían hacer suponer que menguaban. Tal revelación confirmó la existencia de una extraordinaria riqueza útil con vistas a realizar lo mucho que falta por hacer.

Para hacerse entender mejor, si no fuera porque tal expresión, signada por la herencia de la contabilidad pragmática, le desagrada en la médula, este articulista diría que esa revelación encarna un inmenso capital humano. Pero, al margen de la expresión que se prefiera usar o se desestime, lo que Fidel aportó hasta el final de su tránsito físico no se debe tomar como un cheque sin fondo. Es un préstamo generoso, sí, pero dignamente comprometedor, y se ha de aprovechar plena, honrada, inteligentemente para garantizar algo de lo que sería muy costoso que el pueblo cubano se viese privado: la supervivencia de su guía, un guía insustituible, aunque sus cargos —con nombres iguales o diferentes— sean y deban ser ocupados por otras personas.

Aunque no quiere el autor de estos apuntes repetir lo contenido en “Fi(d)eles a su ejemplo”, que circula en distintos medios, no eludirá reiterar sintéticamente lo que allí glosó del general de ejército Raúl Castro Ruz: únicamente un equipo de trabajo podría dar continuidad a la brega que protagonizó un líder cuya autoridad no volverá a tener nadie en Cuba. En esa realidad se inscribe en la decisión colectiva que el pueblo ha proclamado ante la pérdida del líder: “¡Yo soy Fidel!”, o “¡Somos Fidel!”, gritos que a su vez demandan meditación.

La permanente y lúcida participación a que está llamada la sociedad cubana para realizar su destino y salvaguardar su consistencia política y ética debe ser, mucho más todavía que el necesario condicionamiento de la autoridad de quienes a partir de ahora tengan la misión de orientarla, una fuerza impulsora que asegure la buena marcha del país. La periodista María Victoria Valdés Rodda publicó por estos días en Bohemia Digital (http://bohemia.cu/nacionales/2016/11/los-tres-regalos-y-las-tres-lecciones-de-fidel/) un artículo sobre “los tres regalos y las tres lecciones” que ella recibió en encuentros con Fidel. Todos son de interés, pero quizás ninguno más que el primero, ocurrido cuando ella tenía diez años.

Hija de Raúl Valdés Vivó, entonces embajador de Cuba en el Vietnam que le daba al mundo el ejemplo de su resistencia, al cabo vencedora, contra la criminal agresión de los Estados Unidos, la niña presenció la visita del Comandante a la Embajada cubana en aquel país. Para ilustrar la idea que aquí se intenta plasmar basta decir que en un momento el Comandante que venía de un recorrido intenso, arduo y peligroso, cruzó las piernas y, en busca del descanso necesario, las puso “sobre la mesa de la salita”. En ese momento María Victoria Rodda, madre de la niña, “a pesar del amor que le profesaba al líder de la Revolución Cubana”, dejó ver —“el ceño fruncido y la mirada dura”—, su disgusto, y el Comandante no tardó en bajar los pies de la mesa.

No se quedó en eso el líder. La testimoniante recuerda que él, antes de marcharse, la llamó y “en un susurro” le dijo: “Haz caso a lo que dice mamá. Ella tiene razón”, y que ese día aprendió ella una lección vital: “la importancia de los detalles”. Los hechos, incluida la humildad del líder que reaccionó como lo hizo ante el disgusto apenas insinuado por aquella mujer que ya tampoco existe, confirma además la importancia de que los gobernantes tengan ante sí como complemento —no es necesario siquiera hablar de contrapartes o contrapesos— la resolución, la sinceridad y, llegada la hora, el coraje del pueblo que les haga saber si han puesto los pies sobre la mesa, si han hecho algo que no es lo mejor, o que resulta incorrecto.

Esa actitud será también un deber de la sociedad cubana, de su mayoría revolucionaria, en primer lugar, para mantener vivo y en la mejor capacidad de influjo el ejemplo del Comandante. Ello hacer pensar una vez más en el grito antes citado, según el cual todos, al menos la aludida mayoría, somos Fidel. Otro similar, “¡Seremos con el Che!”, suscitaba la preocupación, entre otras personas, de una heroína que pensaba en hechos tan inevitables como que no todos los niños y las niñas que repetían y aún repiten esa consigna terminarían siendo personas adultas seguidoras, en su conducta diaria, del ejemplo del Guerrillero Heroico. Pero el lema continúa siendo válido como expresión de un desiderátum, de una meta a la que sería lamentable, para no decir más, renunciar.

De igual modo, proclamar “¡Yo soy Fidel!” se legitima solamente si de veras expresa la decisión de seguir su ejemplo, de luchar para hacer realidad los sueños que él abrazó creativamente guiado por las lecciones de José Martí y los reclamos de la realidad. Ello supone un esfuerzo permanente y eficaz para erradicar debilidades que se expresan en la mala actitud ante el trabajo, la corrupción y la indisciplina social; alcanzar la eficiencia económica indispensable y poner coto al afán de éxitos egoístas propalado como norma de vida por la maquinaria cultural del capitalismo, a la que sería ingenuo negarle efectividad: diariamente se anota en el mundo victorias fácticas que mellan la condición humana.

El Comandante, su ejemplo, merecía y merece que en sus honras fúnebres el pueblo dijera, como expresión de voluntad revolucionaria: “¡Somos Fidel!”. Pero a partir de ahora le toca al mismo pueblo demostrar, con hechos, que merece repetir ese lema, y no permitir que pare en una consigna sin sustancia y carente de los efectos transformadores que la Revolución necesita para no dejar de serlo.

Ni siquiera es solo cuestión de callarles la boca a los aspirantes a oráculos que andan por el planeta, a veces haciendo uso de su condición de otrora revolucionarios, difundiendo pronósticos como aquel que se creyó gurú y carga con el fracaso de haber vaticinado hace un montón de años ya la hora final de Fidel Castro. Lo que nos convoca es asegurar la marcha de una obra revolucionaria que no responde a la medida de pragmáticos, corruptos, acomodados y burócratas incapaces —o capaces de actuar mal—, aunque unos y otros puedan haberle hecho ya no poco daño.

Hasta ahora se han estrellado contra la realidad quienes han vaticinado la desaparición de la Cuba revolucionaria tras la muerte del líder y el tránsito de la denominada “generación de los históricos”, como si hubiera ser humano en este mundo que no estuviera insertado en la historia. Cuando en 2006 el Comandante se enfermó, algunos buitres se apresuraron a darse a conocer sin máscaras y celebraron su muerte. Otros, más “científicos” y “elegantes”, reforzaron la práctica de sembrar insidias y dieron su vaticinio sobre una supuesta “Cuba poscatro”. Entonces el dibujante Ares, que sabe tanto de artes visuales como de la mente humana —es siquiatra de formación—, en respuesta a tales “profetas” creó un cartel que reproduce con sesgo de infinitud, como representación de Cuba, la imagen de Fidel combatiente.

La obra gráfica, que por su propósito inmediato asumió como título contestatario aquel vaticinio, va siendo o pudiera ser rebautizada de distintos modos, que en esencia hablarían o hablan de una Cuba con Fidel multiplicado. La fortuna contenida en la revelación de fuerza patriótica y revolucionaria que la muerte del Comandante en Jefe ofreció al mundo, no se debe dilapidar ni dejar que se disipe en la inercia, en la pasividad, en la resignación a defectos que pudieran destruir la Revolución desde dentro, como él mismo afirmó en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005. Solamente conjurando e imposibilitando la consumación de ese peligro se hará realidad el grito que se sostiene como acto de fe y de certidumbre revolucionarias: “¡Viva Fidel!”.

DISCURSO ÍNTEGRO DEL PRESIDENTE RAÚL CASTRO ANTE LOS RESTOS DE FIDEL EN LA PLAZA DE LA REVOLUCIÓN MAYOR GENERAL ANTONIO MACEO GRAJALES, EN LA HEROICA SANTIAGO DE CUBA, EL SÁBADO 3 DE DICIEMBRE

El General de Ejército Raúl Castro Ruz (C), presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, presidió el acto político por la desaparición física del Comandante en Jefe Fidel Castro, efectuado en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016.  ACN  FOTO/Miguel RUBIERA JUSTIZ/sdl

El General de Ejército Raúl Castro Ruz (C), presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, presidió el acto político por la desaparición física del Comandante en Jefe Fidel Castro, efectuado en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016. 

 

 

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno;

Destacadas personalidades que nos acompañan;

Compatriotas que se encuentran hoy aquí en representación de las provincias orientales y el cy1w8acxcaam0qlCamagüey;

Santiagueras y santiagueros;

Querido pueblo de Cuba:

 

En la tarde de hoy, tras su arribo a esta heroica ciudad, el cortejo fúnebre con las cenizas de Fidel, que reeditó en sentido inverso la Caravana de la Libertad de enero de 1959, realizó un recorrido por sitios emblemáticos de Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, donde, al igual que en el resto del país, recibió el testimonio de amor de los cubanos.

Mañana sus cenizas serán depositadas en una sencilla ceremonia en el Cementerio de Santa Ifigenia, muy cerca del mausoleo del Héroe Nacional José Martí; de sus compañeros de lucha en el Moncada, el Granma y el Ejército Rebelde; de la clandestinidad y las misiones internacionalistas.

A pocos pasos se encuentran las tumbas de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y de la legendaria Mariana Grajales, madre de los Maceo, y me atrevo a improvisar en este acto, que también madre de todos los cubanos y cubanas. Cercano también está el panteón con los restos del inolvidable Frank País García, joven santiaguero, asesinado por esbirros de la tiranía batistiana con apenas 22 años, un mes después de que cayera combatiendo en una acción en esta ciudad su pequeño hermano Josué. La edad de Frank no le impidió acumular una ejemplar trayectoria de combate contra la dictadura, en la que se destacó como jefe del levantamiento armado de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco de los expedicionarios del Granma, así como la organización del decisivo envío de armamento y combatientes al naciente Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Desde que se conoció, ya tarde en la noche del 25 de noviembre, la noticia del deceso del líder histórico de la Revolución Cubana, el dolor y la tristeza se adueñaron del pueblo que, profundamente conmovido por su irreparable pérdida física, demostró entereza, convicción patriótica, disciplina y madurez al acudir de forma masiva a las actividades de homenaje organizadas y hacer suyo el juramento de fidelidad al concepto de Revolución, expuesto por Fidel el Primero de Mayo del año 2000. Entre los días 28 y 29 de noviembre millones de compatriotas estamparon sus firmas en respaldo a la Revolución.

En medio del dolor de estas jornadas nos hemos sentido reconfortados y orgullosos, una vez más, por la impresionante reacción de los niños y jóvenes cubanos, que reafirman sus disposición a ser fieles continuadores de los ideales del líder de la Revolución.

En nombre de nuestro pueblo, del Partido, el Estado, el Gobierno y de los familiares reitero el agradecimiento más profundo por las incontables muestras de afecto y respeto a Fidel, sus ideas y su obra, que continúan llegando desde todos los confines del planeta.

Fiel a la ética martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, el líder de la Revolución rechazaba cualquier manifestación de culto a la personalidad y fue consecuente con esa actitud hasta las últimas horas de vida, insistiendo en que, una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo.

En correspondencia con la determinación del compañero Fidel, presentaremos al próximo período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, las propuestas legislativas requeridas para que prevalezca su voluntad.

Con razón, el querido amigo Bouteflika, presidente de Argelia, expresó que Fidel poseía la extraordinaria capacidad de viajar al futuro, regresar y explicarlo. El 26 de Julio de 1989, en la ciudad de Camagüey, el Comandante en Jefe predijo, con dos años y medio de antelación, la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, y aseguró ante el mundo que si se dieran esas circunstancias, Cuba continuaría defendiendo las banderas del socialismo.

La autoridad de Fidel y su relación entrañable con el pueblo fueron determinantes para la heroica resistencia del país en los dramáticos años del período especial, cuando el Producto Interno Bruto cayó un 34,8% y se deterioró sensiblemente la alimentación de los cubanos, sufrimos apagones de 16 y hasta 20 horas diarias y se paralizó buena parte de la industria y el transporte público. A pesar de ello se logró preservar la salud pública y la educación a toda nuestra población.

Vienen a mi mente las reuniones del Partido en los territorios: oriental, en la ciudad de Holguín; central, en la ciudad de Santa Clara, y occidental, en la capital de la república, La Habana, efectuadas en julio de 1994 para analizar cómo enfrentar con mayor eficiencia y cohesión los retos del período especial, el creciente bloqueo imperialista y las campañas mediáticas dirigidas a sembrar el desánimo entre la ciudadanía. De esas reuniones, incluyendo la de occidente, que presidió Fidel, salimos todos convencidos de que con la fuerza y la inteligencia de las masas cohesionadas bajo la dirección del Partido, sí se podía y se pudo convertir el período especial en una nueva batalla victoriosa en la historia de la patria.

Entonces pocos en el mundo apostaban por nuestra capacidad de resistir y vencer ante la adversidad y el reforzado cerco enemigo; sin embargo, nuestro pueblo bajo la conducción de Fidel dio una inolvidable lección de firmeza y lealtad a los principios de la Revolución.

Al rememorar esos difíciles momentos, creo justo y pertinente retomar lo que sobre Fidel expresé el 26 de Julio de 1994, uno de los años más difíciles, en la Isla de la Juventud, hace más de 22 años, cito: “…el más preclaro hijo de Cuba en este siglo, aquel que nos demostró que sí se podía intentar la conquista del Cuartel Moncada; que sí se podía convertir aquel revés en victoria”, que logramos cinco años, cinco meses y cinco días, aquel glorioso Primero de Enero de 1959, esto último añadido a las palabras textuales que dije en aquella ocasión (Aplausos).

Nos demostró “que sí se podía llegar a las costas de Cuba en el yate Granma; que sí se podía resistir al enemigo, al hambre, a la lluvia y el frío, y organizar un ejército revolucionario en la Sierra Maestra tras la debacle de Alegría de Pío; que sí se podían abrir nuevos frentes guerrilleros en la provincia de Oriente, con las columnas de Almeida y la nuestra; que sí se podía derrotar con 300 fusiles la gran ofensiva de más de 10 000 soldados”, que al ser derrotados el Che escribió en su Diario de Campaña, que con esa victoria se le había partido la columna vertebral al ejército de la tiranía; “que sí se podía repetir la epopeya de Maceo y Gómez, extendiendo con las columnas del Che y Camilo la lucha desde el oriente hasta el occidente de la isla; que sí se podía derrocar, con el respaldo de todo el pueblo, la tiranía batistiana apoyada por el imperialismo norteamericano.

“Aquel que nos enseñó que sí se podía derrotar en 72 horas” y aún menos, “la invasión mercenaria de Playa Girón y proseguir al mismo tiempo la campaña para erradicar el analfabetismo en un año”, como se logró en 1961.

Que sí se podía proclamar el carácter socialista de la Revolución a 90 millas del imperio, y cuando sus naves de guerra avanzaban hacia Cuba, tras las tropas de la brigada mercenaria; que sí se podía mantener con firmeza los principios irrenunciables de nuestra soberanía sin temer al chantaje nuclear de Estados Unidos en los días de la Crisis de los misiles en octubre de 1962.

“Que sí se podía enviar ayuda solidaria a otros pueblos hermanos en lucha contra la opresión colonial, la agresión externa y el racismo.

“Que sí se podía derrotar a los racistas sudafricanos, salvando la integridad territorial de Angola, forzando la independencia de Namibia y asestando un rudo golpe al régimen del apartheid.

“Que sí se podía convertir a Cuba en una potencia médica, reducir la mortalidad infantil a la tasa más bajas del Tercer Mundo, primero, y del otro mundo rico después; porque en este continente por lo menos tenemos menos mortalidad infantil de menores de un año de edad que Canadá y los propios Estados Unidos (Aplausos), y, a su vez, elevar considerablemente la esperanza de vida de nuestra población.

“Que sí se podía transformar a Cuba en un gran polo científico, avanzar en los modernos y decisivos campos de la ingeniería genética y la biotecnología; insertarnos en el coto cerrado del comercio internacional de fármacos; desarrollar el turismo, pese al bloqueo norteamericano; construir pedraplenes en el mar para hacer de Cuba un archipiélago cada vez más atractivo, obteniendo de nuestras bellezas naturales un ingreso creciente de divisas.

“Que sí se puede resistir, sobrevivir y desarrollarnos sin renunciar a los principios ni a las conquistas del socialismo en el mundo unipolar y de omnipotencia de las transnacionales que surgió después del derrumbe del campo socialista de Europa y de la desintegración de la Unión Soviética.

“La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios.” Fin de la cita.

Esas palabras que expresé hace más de dos décadas sobre quien, tras el desastre del primer combate en Alegría de Pío, del que pasado mañana se cumplirán 60 años, nunca perdió la fe en la victoria, y 13 días después, ya en las montañas de la Sierra Maestra, un 18 de diciembre del año mencionado, al reunir siete fusiles y un puñado de combatientes, exclamó: “¡Ahora sí ganamos la guerra! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Fidel, Fidel! ¡Ese es Fidel!”)

Ese es el Fidel invicto que nos convoca con su ejemplo y con la demostración de que ¡Sí se pudo, sí se puede y sí se podrá! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Sí se puede!) O sea, repito que demostró que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria! (Aplausos.)

Ante los restos de Fidel en la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, en la heroica ciudad de Santiago de Cuba, ¡Juremos defender la patria y el socialismo! (Exclamaciones de: “¡Juramos!) Y juntos reafirmemos todos la sentencia del Titán de Bronce: “Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha! (Exclamaciones.)

¡Fidl, Fidel! ¡Hasta la Victoria! (Exclamaciones de: “¡Siempre!) (Exclamaciones de: “¡Raúl es Fidel! y de: “¡Raúl, tranquilo, el pueblo está contigo!”

EL REPOSO DEL GUERRERO SERA EN EL CEMENTERIO SANTA IFIGENIA

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Allí descansan los restos del Apóstol José Martí; de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria; de Frank País, el heroico jefe del movimiento 26 de Julio en Santiago; y también los de José Maceo y de Mariana Grajales, la madre de los Maceo. Tienen asimismo en la necrópolis santiaguera su última morada 32 generales de las guerras de independencia.

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Inaugurado el 28 de abril de 1868, esta necrópolis de 133 mil metros cuadrados de extensión se levanta en Santiago de Cuba, no muy distante de la Sierra Maestra. Fue declarado Monumento Nacional el 7 de febrero de 1937, condición ratificada el 20 de mayo de 1979. En 2003 obtuvo el Premio Nacional de Conservación.

frank-pais-580x386Fue el tercer camposanto oficialmente utilizado en Cuba y aseguran que debe su nombre a Santa Efigenia o Santa Efigenia de Etiopía, hija del rey etíope Egipo, bautizada y dedicada a Dios por el apóstol San Mateo.
Entre los mas hermosos mausoleos que atesora destaca por su belleza y significación aquel que guarda los restos del Héroe Nacional José Martí.

mariana-grajales-580x348Concebido por los arquitectos Mario Santí y Jaime Benavent, ganadores de un concurso convocado al efecto, este histórico mausoleo quedó oficialmente inaugurado el 30 de junio de 1951 con sus 24 metros de alto y 86 de largo, incluyendo la cámara funeraria y áreas exteriores.
En la cripta, acompañados siempre por la bandera nacional y un ramo de flores blancas, reposan en una urna pentagonal de bronce y sobre la estrella solitaria, los restos del apóstol. La urna reposa sobre tierras traídas de 21 repúblicas de Nuestra América, como el gran hombre la llamara.

La construcción central posee forma hexagonal y en cada una de sus aristas se levanta una cariátide, en representación de las 6 antiguas provincias de Cuba, cada una con sus respectivos escudos. Por sobre las cariátides se alza el lucernario posibilitando la entrada de la luz del sol, que, en determinados horarios, ilumina de modo directo la urna funeraria de quien eligió “morir de cara al Sol”. Una escultura de José Martí, en mármol italiano de Carrara, se ubica en el deambulatorio, frente al este por donde nace el Sol en el oriente cubano.

Desde la blancura de la piedra, aparece El Maestro sentado sobre una peña y anotando apoyado en su rodilla izquierda.

En Santa Ifigenia se levanta el Mausoleo a los Mártires de la Revolución y el Panteón de las Fuerzas Armadas, así como el monumento a los caídos en otras tierras durante misiones internacionalistas.

Martí, Céspedes y Fidel: tres padres fundadores coincidirán a partir de este domingo.

Extractado de una crónica de Vladia Rubio publicada hoy en CubaHora.

 

  CANTOS Y POEMAS A FIDEL

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Canto a Fidel

Carilda Oliver Labra

No voy a nombrar a Oriente,

no voy a nombrar la Sierra,

no voy a nombrar la guerra

–penosa luz diferente–,

no voy a nombrar la frente,

la frente sin un cordel,

la frente para el laurel,

la frente de plomo y uva:

voy a nombrar toda Cuba:

voy a nombrar a Fidel.

Ése que para en la tierra

aunque la luna lo hinca,

ese de sangre que brinca

y esperanza que se aferra;

ese clavel en la guerra,

ese que en valor se baña,

ese que allá en la montaña

es un tigre repetido

y dondequiera ha crecido

como si fuese de caña.

Ese Fidel insurrecto

respetado por las piñas,

novio de todas las niñas

que tienen el sueño recto.

Ese Fidel –sol directo

sobre el café y las palmeras–;

ese Fidel con ojeras

vigilante en el Turquino

como un ciclón repentino,

como un montón de banderas.

Por su insomnio y sus pesares

por su puño que no veis,

por su amor al veintiséis,

por todos sus malestares,

por su paso entre espinares

de tarde y de madrugada,

por la sangre del Moncada

y por la lágrima aquella

que habrá dejado una estrella

en su pupila guardada.

Por el botón sin coser

que le falta sobre el pecho,

por su barba, por su lecho

sin sábana ni mujer

y hasta por su amanecer

con gallos tibios de horror

yo empuño también mi honor

y le sigo a la batalla

en este verso que estalla

como granada de amor.

Gracias por ser de verdad,

gracias por hacernos hombres,

gracias por cuidar los nombres

que tiene la libertad.

 

Gracias por tu dignidad,

gracias por tu rifle fiel,

por tu pluma y tu papel,

por tu ingle de varón.

Gracias por tu corazón.

Gracias por todo, Fidel.

(marzo de 1957)

 

Canto a Fidel Castro

Ernesto Che Guevara

Vámonos,

ardiente profeta de la aurora,

por recónditos senderos inalámbricos,

a liberar el verde caimán que tanto amas.

Vámonos.

Derrotando afrentas con la frente

–Plena  de martianas estrellas insurrectas–

juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

Cuando suene el primer disparo y se despierte,

en virginal asombro, la manigua entera,

allí a tu lado, serenos combatientes,

nos tendrás.

Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos:

Reforma Agraria, justicia, pan, libertad,

allí a tu lado, con idénticos acentos,

nos tendrás.

Y cuando se llegue al final de la jornada

(la sanitaria operación contra el tirano),

allí a tu lado, aguardando la postrer batalla,

nos tendrás.

El día que la fiera se lama el flanco herido

donde el dardo nacionalizador le dé,

allí a tu lado, con el corazón altivo,

nos tendrás.

(No pienses que puedan menguar nuestra entereza

las decoradas pulgas armadas de regalos;

perdimos un fusil, sus balas y una peña.

Nada más).

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,

pedimos un sudario de cubanas lágrimas

para que se cubran los guerrilleros huesos

en el tránsito a la historia americana.

Nada más.

 

Canto a Fidel Castro

Pura del Prado

No sé cómo creciste, pero tomaste espuma,

nata de mar, almendra de mañana guajira,

te fue saliendo un gesto de montaña, de puma

arisco a la maldad, de yunque de ira.

 

Palmas al sol, campiñas y montes orientales,

te hicieron puro y claro como el agua  encendida.

Tienes no sé qué cosa de ceiba y maniguales

donde la catarata suena a limpio y a vida.

Tienes hasta las uñas de varón y hasta el trueno

sobre la árida tierra se parece a tu hombría.

Ya nos cambias los gustos hasta en el pan moreno

porque todas las cosas saben a tu hidalguía.

Eres un hombre como los demás,

joven, buen mozo, saludable y fuerte.

La tierra hará tranquila un poco más

de abonos y rosales con tu muerte.

 

El cielo te conoce enamorado

te ha visto padre como tantos otros,

y sabe el salto al fuego que tú has dado

para sacrificarte  por nosotros.

Porque fuiste cruzando como un tren

por paisajes de lacras y pobreza,

bajaste a pelear en un andén

y se volvió heroísmo tu tristeza.

Canto a ti, a tus muchachos aradores del aire

con la profunda  reja del fusil y la llama,

ejército sin bozo que alza el grito de Baire

hasta desde sus verdes ataúdes de grama.

Mañana lloraremos los muertos juveniles

y cantando los himnos construiremos el día.

La  paz, el pan, la dicha, saldrán de los fusiles

que en las montañas cantan fuegos de rebeldía.

Viste un pueblo desolado

una caña  de amargura,

como de mujer impura

el patrio vientre manchado,

te indignó de lado a lado

su mejilla de dolor,

de frente a su abusador

tú encendiste nuestra guerra

con campesinos sin  tierra

de la región del honor.

II

Veo en ti como crecer

lo que se quedaba enano,

con un gesto de tu mano

nos das el amanecer.

Por quererte hay que querer

todos los muertos de luz

que subieron a la cruz

del sacrificio por Cuba

y subir adonde suba

tu romántico arcabuz.

III

Va la justicia por ti

abierta de par en par,

y nos vino por el mar

en tu yate de mambí

un recado de Martí,

terreno para el montuno,

opresión para ninguno

y libertad para todos,

decencia hasta por los codos

y castigo para uno.

IV

En la fila de ladrones

tú no has formado jamás,

ni Atila ni Barrabás

usaron tus pantalones.

Ni te compran los doblones

ni tienes un mal pasado,

un pueblo  desalentado

se esperanza en que eres puro.

De ti depende el futuro

de nuestra fe, ten cuidado.

V

No son males de apariencia,

sino gangrenas de fondo

las que duelen en lo hondo

como un pus de la decencia.

No se trata de impaciencia

por derribar un bribón,

te quiero como un ciclón

que nos limpie totalmente

de bandoleros la frente,

de abusos al corazón.

VI

Creo en ti, en tu valentía,

que es la del pueblo cubano,

creo en la casa de guano

que te abre su portería,

creo en la alta serranía

que te esconde protectora,

creo en el día y la hora

en que alzarás un Turquino

por siempre en nuestro destino

con tu idea triunfadora.

VII

Me gusta verte soñando,

rodeado de aguas salobres,

en el triunfo de los pobres

y el fin del hasta cuándo.

Me gusta saber que andando

el tiempo tú subirás

y no te corromperás

porque crecerán tus hombros

no para llevar escombros

sino el amor de los más.

VIII

Eres bueno, y como tal

te duele matar soldados

y los quieres conquistados

para tu limpio ideal.

Como un puñado de sal

le das sabor al decoro,

tengo muertos que no lloro

pues cayeron por tu sueño

de elevar este pequeño

rebaño inclinado al oro.

Te amo en el pueblo, Fidel,

pensar en ti me ilumina,

eres un sol en la esquina

con tu foto en el papel.

Y se me vuelve de miel

el periódico contigo

porque eres un haz de trigo

que brilla entre tanta sombra.

Se enriquece  si te nombra

el corazón de un mendigo.

Has pasado por dolores

como mordiendo metal

Picaron auras del mar

en tu costado de amores.

Pero cuantos sinsabores

quisieron doblar tu frente

se encontraron de repente

sor tu firmeza mellados

y te vieron, asombrados,

derecho como una fuente.

 

 

El abogado desconocido

Justo Rodríguez Santos

En nombre de la Estrella Solitaria,

en nombre del Apóstol agredido,

en nombre de su pueblo esclavizado,

llega un joven de toga y pergamino.

A denunciar el crimen alevoso

y la diversidad de los delitos,

concurre un abogado cuya firma

estrena el cartulario en el registro.

Apartando legajos y expedientes,

cuya resolución abarca siglos,

la denuncia del pueblo, por su mano

habla a los tribunales sorprendidos.

Muestra el retrato del traidor, su ficha,

sus crímenes y robos repetidos.

Código en mano, suma las sanciones

que deben sus variados latrocinios

y reclama lo enjuicien sin tardanza

y ocupe su lugar en el banquillo.

Sus palabras anegan el silencio

que reverbera, terso y cristalino.

Pero las graves momias del birrete

parecen no entender el verbo digno.

Un ciudadano humilde, con un sobre,

 

un abogado nuevo y decidido,

que aprieta las clavijas de la ley

para que se oigan todos sus registros!

Marcha triunfal del Ejército Rebelde

El Indio Naborí (Jesús Orta Ruiz)

¡Primero de Enero!

Luminosamente surge la mañana.

¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero

de la redimida bandera cubana.

El aire se llena de alegres clamores,

se cruzan las almas saludos y besos,

y en todas las tumbas de nobles caídos revientan las flores

y cantan los huesos.

Pasa un jubiloso ciclón de banderas

y de brazaletes de azabache y grana,

mueve el entusiasmo balcones y aceras,

grita desde el marco de cada ventana.

A la luz del día se abren las prisiones

y se abren los brazos: se abre la alegría

como roja rosa en los corazones

de madres enfermas de melancolía.

Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes,

con trajes de olivo vienen de las lomas,

y por su dulzura, los héroes triunfantes

parecen armadas y bravas palomas.

Vienen vencedores del hambre y el frío

por el ojo alerta del campesinado

y el amparo abierto de cada bohío…

Vienen con un triunfo de fusil y arado.

Vienen con sonrisa de hermano y amigo,

vienen con pureza de vida rural,

vienen con las armas que al ciego enemigo

quitó el Ideal.

Vienen con el ansia del pueblo encendido,

vienen con el aire y el amanecer,

y, sencillamente, como el que ha cumplido

un simple deber.

No importan los días de guerra y desvelo,

no importa la cama

de piedra o de grama,

sin otra techumbre  que ramas y cielo.

No importa el insecto, no importa la espina,

la sed consolada con parra del monte,

la lluvia, los vientos, la mano asesina

siempre amenazando en el horizonte.

¡Sólo importa Cuba, sólo importa el sueño

de cambiar la suerte!

¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño,

ni viene asombrado de tutear la muerte!

Los niños lo miran pasar aguerrido

y piensan, crecidos por la admiración,

que ven un rey mago rejuvenecido

y con cinco días de anticipación.

Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos,

alumbran su rostro cien fuegos de gloria.

Pasan capitanes, curtidos labriegos

que vienen de arar en la Historia…

Con los invasores pasa el Che Guevara,

alma de Sarmiento1 que trepó el Turquino,

San Martín2 quemante sobre Santa Clara,

Maceo del Plata, Gómez3 argentino…

Pasan lindas reinas sin otras coronas

que su sacrificio: cubanas marciales,

gardenias que un día se hicieron leonas

al beso de doña Mariana Grajales…

Ya entre los mambises del bravío Oriente,

sobre un mar de pueblo, resplandece un astro,

ya vemos la cálida frente;

el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro…

Lo sigue radiante su hermano Raúl,

y aplauden al paso del héroe ciudades quemadas,

ciudades heridas que serán curadas

y tendrán un cielo sereno y azul.

Fidel fidelísimo, retoño martiano,

asombro de América, titán de la hazaña

que desde las cumbres quemó las espinas del llano

y ahora riega orquídeas, ¡flores de montaña!

Y esto que las hieles se volvieran miel,

se llama… ¡Fidel!

Y esta que la ortiga se hiciera clavel,

se llama…¡Fidel!

Y esto que la patria no sea un cuartel,

se llama…¡Fidel!

Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,

esto que la sombra se volviera luz,

esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre:

FIDEL CASTRO RUZ.

 

Ronda de la fortuna

Nancy Morejón

Fidel tiene fortuna,

una sola fortuna:

estar,

entre nosotros,

por un mundo mejor.

Qué fortuna mayor.

Fidel,

sin odio y sin hiel,

abre muros

y ventanas.

Fidel

Fidel tiene fortuna,

una sola fortuna,

la fortuna de ser

 

Fidel

 

 

Su presencia

Virgilio López Lemus

Su nombre es un verbo: sea el día

y sean las noches. Nadie puede resumirlo,

no se dedica un poema directamente a él,

ni una pieza recién hecha, ni una fábrica.

Es un padre, pero todos lo vemos como el mejor

de los hermanos, el amigo más alto.

No se le dedica directamente cosa alguna

pero cada hombre del pueblo moriría por él

en cualquier circunstancia.

 

1987

 

* Tomadas del libro Viaje a los frutos. Selección de Ana Cairo. Ediciones bachiller, 2006.

 

EUSEBIO LEAL: “FIDEL SE ENTREGÓ SIN LÍMITES A LA CAUSA DE SU PATRIA Y TUVO POR PATRIA AL MUNDO”

6

El triunfo de la Revolución abrió todas las puertas a varias generaciones de cubanos. “Seguir las palabras de Fidel, que eran compartidas por todo un pueblo, fue para mí más que una sensación y una vivencia, un magisterio.”

eusebio-fidel3-580x800Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, tenía entonces mucha avidez de conocimiento y le había sido negada en la pobreza familiar la educación escolar anhelada.

Las oportunidades posteriores fueron de gran provecho para quien hoy tiene sus espacios ganados en disímiles academias y altas casas de estudio de Cuba y el mundo. Pero ante cada lauro, la reacción siempre es de gratitud a quien le permitió integrarse al proceso revolucionario desde su singularidad, su condición de cristiano, su devoción por una historia patria despojada de arquetipos y omisiones y su probada pasión por la defensa del patrimonio nacional.

Una noche intercambiaron pañuelos bordados con las iniciales, y Leal correspondió a la deferencia: “Le doy mi Lealtad a cambio de su Fidelidad”. Y la lealtad y la fidelidad coronaron una amistad incondicional: “cuando tuve algún problema personal, se apartaba rápidamente de lo que estaba haciendo, me escuchaba, y si estaba en sus manos, daba una solución.”

Así Leal fue comprendiendo cómo el liderazgo de ese cubano universal se había inspirado en el ideario de José Martí “el más agudo, el más intenso intérprete de la realidad de su tiempo, el más profundo conocedor de los cubanos”. Fidel rechazó todo dogma, reinterpretó continuamente la realidad y creyó sinceramente en las capacidades del hombre, en la vocación redentora de todo revolucionario. No le gustaban el engaño y la simulación. Con él “había que estar dispuesto a la verdad”.

Pero el atractivo mayor fue descubrir en “Fidel a un hombre de la cultura, a un pensador que se prepara, estudia y nunca cree suficiente el conocimiento adquirido”. Frente a él “no se podía improvisar” y contrario a lo que algunos suponen, dada su inmensa capacidad como orador – podía hablar horas ininterrumpidamente -, en el brazo de su butaca quedó la huella del pequeño hoyuelo marcado por el golpe seco de su dedo durante las largas horas que dedicó a escuchar el testimonio de otros y a cultivarse en la sabiduría ajena.

“Cuando conocí de él a partir de los testimonios de su propia vida – asegura Leal – supe que, por ejemplo, en los estudios universitarios era capaz de llevar muchas asignaturas al mismo tiempo, estudiar y a la vez, como está consignado en su expediente académico demostrar la enorme lucidez y capacidad  para emplearse a fondo en muy diversas materias.

“Ha sido un lector incansable, ha leído de todo lo necesario para el conocimiento de la historia de la humanidad, de la cultura, la literatura, el arte. Ahí entran muchas apreciaciones cruzadas en mi memoria, de intelectuales que conocí que lo conocieron; de amigos y compañeros de lucha que compartieron con él momentos muy trascendentes y una de las cosas que a todos más nos impresionó fue su capacidad de adquirir conocimientos y proyectarlos en sus relaciones y en su discurso político.

“Una convicción le acompañó desde los primeros años de su vida: su destino estaba ligado indisolublemente a una causa de justicia social por la cual sacrificaría fortuna, tiempo, momentos para los amigos… todo cuanto fue necesario dejar a un lado para llevar adelante lo que él consideró justo, conveniente y necesario para Cuba”.

—Esa capacidad intelectual y ese cultivarse en el ejercicio constante del conocimiento le facilitaron sin dudas convertirse en el estadista y el hombre de connotación universal que es. ¿Qué hitos nos resaltaría hoy de esa impronta global de Fidel?

—Hay que depositar todo eso dentro de una personalidad muy singular. Un hombre pulcro, atildado, muy cuidado en su imagen en todo tiempo, un caballero, quiere decir, alguien que con cualquier persona, de cualquier ideología, de cualquier confesionalidad, podía hablar, conversar y traducir en su palabra ese sentimiento de respeto que su propia cultura y conocimiento humano le confirió como una virtud y una capacidad.

Lo recuerdo delante de mí conversando con figuras tan importantes como Rajiv Gandhi que era un hombre también de gran refinamiento personal; lo recuerdo hablando con el Papa Juan Pablo II y su impresión en relación con Su Santidad; lo recuerdo conversando con diferentes líderes revolucionarios latinoamericanos; lo recuerdo en las incontables visitas en las cuales guié a mandatarios que él acompañó al Centro Histórico habanero.

Tuve la oportunidad de estrechar la mano a distintos líderes mundiales y latinoamericanos con los cuales él sostuvo una intensa relación como fue, por ejemplo, Salvador Allende a quien saludé por intermedio de Fidel como senador visitante en Cuba primero y luego en su visita presidencial.

En sus encuentros, más privadamente, Fidel siempre expresó aquél comedimiento, ese sentido que lo llevaba a saber desde cómo comportarse a la mesa, cómo hablar y sentarse, cómo dirigirse a las personas. Ejercía una especie de magnetismo sobre los demás. Y es que, a diferencia de lo que algunos creen, Fidel tenía una gran capacidad de escuchar al mismo tiempo que una gran capacidad para lograr ser escuchado.

—Entre esos hombres universales resalta la amistad de Fidel con Hugo Chávez que se expresó cual amor entrañable entre un padre y un hijo. Usted fue testigo del surgimiento de esa relación ¿cómo se produjo ese abrir la puerta a una amistad para toda la vida?

—Tengo fundamentos para creer que la persona con la que tuvo la mayor empatía, la que le sorprendió tremendamente por su capacidad, su patriotismo que era como un manantial que brotaba de manera espontánea, también un lector voraz, poseedor de una memoria fotográfica increíble, fue Hugo Rafael.

Tuve la suerte de estar entre los primeros cubanos que le conocieron. Estuve presente en el recibimiento cuando llegó por primera vez a Cuba y en la primera conversación entre los dos. Recuerdo la fascinación que Fidel sintió por aquél joven que venía tras las huellas de los próceres y con el interés de visitar los escenarios progresistas latinoamericanos y conocer de otras experiencias de militares comprometidos. No olvidemos a Omar Torrijos, a la revolución de las fuerzas armadas en el Perú…  por ese camino andaba él inicialmente. Era un camino que debía lógicamente recorrer pues había sido un soldado formado, un oficial nacido en el seno de la academia, que tuvo muy buenos maestros, que conocía al dedillo la historia de su supremo mentor que era Simón Bolívar, quien lo fue también para Martí y Fidel.

Estaban creadas las condiciones para que Chávez se convirtiera en lo que fue. Recuerdo el momento en que estando juntos en Venezuela – tuve el honor de acompañar al Comandante Fidel – el venezolano le hace la solemne promesa de no defraudarlo. Y efectivamente, así fue con la vida y con la muerte.

—Evocaba a José Martí quien fue el asidero y la raíz del ideario del Comandante en Jefe. El Apóstol de Cuba en su tiempo dijo que cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que llevan en sí el decoro de muchos hombres… ¿Qué relación establecería usted entre esos dos grandes iluminados de la historia patria?

—Fidel fue profundamente martiano, no de fragmentos de la obra de José Martí sino de leer todas las biografías escritas, el epistolario sobre todo y podía recordar a la perfección distintos momentos no sólo de la vida sino de la obra política unitaria del Apóstol. A él le fascina cómo Martí logra de las causas y razones que perdieron la Guerra de los Diez Años abogar por y crear y convertirse en el factor de la unidad.

Esa idea de la unidad va a estar permanentemente en el ideario político de Fidel. Nada que desuna es para él importante. Nos dice como Martí que hay que estar siempre ardiendo en la luz del sol y no a la sombra. Nos dice que debemos situarnos en el hecho político que Martí supone y en toda la historia del país, al tiempo que reverencia a aquellos que se sacrificaron en aras de ese ideal y no lograron alcanzarlo.

Por eso su admiración por Bolívar o por Carlos Manuel de Céspedes. Profundamente cespediano, profesó una devoción al Padre de la Patria. Fidel fue un revolucionario que estaba movido por un gran patriotismo, de un alto sentido del deber que se impuso él mismo como disciplina.

Si de Martí se pudo decir que subía y bajaba escaleras como quien no tenía pulmones, que pasaba días enteros en vigilia, visitando y hablando, de Fidel igual. Lo he acompañado en jornadas inacabables que han comenzado por el día y por la noche también. Su más grande obsesión era dejarle al pueblo cubano una bandera. El servicio más grande o el último que ha prestado en vida a su patria no es solamente el haber dejado un acumulado de ideas, proyectos, iniciativas y obras, sino también habernos dejado en este momento crucial una bandera no sólo de resistencia sino de triunfo.

En el momento en que escuchamos expresiones groseras de unos pocos y a otros que irrespetuosamente celebran la muerte, nosotros asistimos al espectáculo conmovedor de la despedida multitudinaria y universal de alguien que ha luchado tanto por la vida. Y la expresión del pueblo cubano en este instante, la que apreciamos y sentimos contenida en ese silencio que percibimos por las calles, es la más grande manifestación de respeto a un hombre que se entregó sin límites a la causa de su patria y tuvo por patria al mundo.

—Hay quienes auguran que después de Fidel Castro la Revolución cubana desaparecerá, que las jóvenes generaciones no están preparadas para continuar ese legado, que el país definitivamente se convertirá en esa fruta madura que caerá destruyendo a la nación independiente por la cual él tanto luchó junto a su pueblo. ¿Qué nos diría usted?

—Un hormiguero es lo que verán esos agoreros cuando traten de tocar al país en su yaga, en sus debilidades o defectos… un hormiguero. El pueblo cubano en este momento está tranquilo pero muy celoso de la dignidad de la cual Fidel ha sido un símbolo absoluto.

Tengo fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud y en la vida futura como decía Martí. Y sé lo que él ha significado y lo que significará para las futuras generaciones. No se podrá escribir la historia universal del siglo XX, ni se podrá escribir la historia de nuestro país sin mencionarlo a él. Será como lo que respondió una vez Máximo Gómez ante una provocación: prueben a escribir la historia de Cuba sin mencionarme a mí.

—La corbata negra que usted porta hoy es como la encarnación simbólica de los momentos de más intimidad que compartió con Fidel. Usted hablaba del gran caballero que fue y sé que conoció de la inmensa bondad y también de la cólera de un hombre muy especial. ¿Cómo era ese Fidel que usted pudo disfrutar más próximamente?

—Fidel me honró con su amistad y honró con su amistad a mi madre que era alguien muy importante para mí y que él apreció en su valor como testigo de una época dura en la cual a ella le tocó vivir. Ella coincidió un poco generacionalmente con él aunque le llevaba casi veinte años. Por eso estoy muy cerca del sentimiento humano, de la capacidad de ser por un instante ese ser humano tan cálido y próximo; porque él – vale la pena aclararlo – era un político ante todo y todo el tiempo pues comprendió el valor de la política y sacrificó sentimientos muy propios. Pero cuando le planteabas alguna situación personal enseguida se apartaba y atendía ese tema.

Sé lo que significa su abrazo en un momento oportuno y sé lo que significa su mano en un momento oportuno. No era cosa que se regalaba y prodigaba. Él sabía ser severo, austero e ignorar la adulación que le molestaba extraordinariamente. Tenía un gran sentido de la cultura del refinamiento, vanguardista diría.

Yo tenía una corbata que llevaba por otras razones, siempre negra. Un día le dije a él: quiero pedirle algo, e inmediatamente abandonó lo que estaba atendiendo sentado a la mesa y me preguntó: ¿De qué se trata? Le planteé que necesitaba una corbata negra porque la mía se había deteriorado. Enseguida mandó las suyas y escogí entonces una. Es esta que llevo puesta hoy y que desde hace veintitantos años utilizo en ocasiones de gala. Siempre anudada porque entre mis tantos defectos está el no saber hacer el nudo de la corbata. En algunos lugares está raída, pero lo que no está raído es el recuerdo del que me la dio.

—El que se la dio le entregó muchos de los bienes personales que le habían obsequiado a lo largo de los años, en nombre de la nación cubana y para ella, y también muchos de lo que hoy se consideran bienes patrimoniales y se muestran en instalaciones museales del país. ¿Cómo se produjo ese legado?

—Cuando murió Celia (Sánchez) me ocupé personalmente por una designación de él de ordenar y clasificar todo lo que como jefe de estado había recibido. En ese sentido fue muy pulcro porque allí estaba absolutamente todo, desde un pañuelo bordado con sus iniciales, un libro dedicado, hasta cualquier objeto que le hubiesen entregado. Si un campesino en un campo de caña le había entregado una mocha de corte allí estaba.

Pero también había regalos primorosos de presidentes de diversos sitios del mundo. Recuerdo la biblioteca donde habían libros dedicados desde el Papa Juan XXIII hasta la madre de Gandhi, Indira. Un día en medio del período especial me acompañó al lugar donde estaba depositado todo pues ya me había ordenado distribuir aquello en todos los lugares donde fuera útil a Cuba.

Esa noche observó todo con detenimiento por última vez, en presencia del secretario del consejo de estado, el Doctor José Miyar (Chomi), quien le sirvió con una lealtad y modestia ejemplar. Le ordenó que levantara un acta y escribió el mismo de su puño y letra dándome ese legado y la responsabilidad histórica. Unas pocas horas después estábamos llevando a los asilos de ancianos la ropa y los abrigos que debieron ser adaptados por las monjas a las tallas propias del anciano que los usaría.

A los museos de toda la isla de Cuba desde Sandino hasta Baracoa llevamos esas cosas personales con la sola condición de que no se podía poner en leyenda alguna o referencia que eso lo había entregado él. De ninguna manera, independientemente de que muchas piezas bordadas en objetos manufacturados de América Latina y el mundo llevaban grabado su nombre.

Recuerdo que en una Mesa Redonda en la televisión, ante una calumnia, fue que entonces autorizó a contar esta historia y se reveló lo que con mucha prudencia, sentido común y silencio había hecho.

—Fidel fue un amante de las artes y las letras y un defensor consciente del patrimonio. ¿Cómo nos ejemplificaría Leal esa condición de Fidel?

—Ahí está el Museo Nacional de Bellas Artes que se amplió a dos edificios y se reinauguró en momentos muy difíciles para el país. Otras voces siempre querían salvar a cambio del patrimonio pero Fidel nunca. Tengo un escrito de él en relación con un automóvil muy bello que estaba a la venta por parte de una familia y él ordenó comprarlo y pagar lo que la familia pedía para luego poner una nota que decía: que no se venda a ningún precio. O el reloj del Padre Félix Varela regalo de José Antonio Saco con el que pasó lo mismo.

Y está el Decreto Ley 143 del Consejo de Estado firmado por él que considero es el monumento a la política más avanzada a escala mundial en la preservación del patrimonio de cualquier nación. Concedía personalidad jurídica, capacidad de poseer bienes patrimoniales y subordinaba mucho al interés de salvar la Habana Vieja que la veía como un bien extraordinario del país y serviría de ejemplo para un movimiento nacional de restauración y rescate del patrimonio.

Con la mente siempre puesta en los precursores, en los que habían luchado y en otros compañeros a los cuales había encomendado esa tarea, viendo que en ese momento me correspondía, pues me dio esa facultad. Hace unos pocos días tuve la satisfacción de hacerle llegar un mensaje cuando convertimos en una lápida de bronce sus palabras del decreto, para convertir en perpetua memoria ese avanzado proyecto de preservación patrimonial. Está colocada sobre las piedras del antiguo Palacio de Gobierno en la Plaza de Armas y así lo comuniqué al General Presidente, su hermano Raúl, también amigo y benefactor de la gran obra a favor del patrimonio.

Este tema me resulta particularmente sensible y quisiera hoy agradecerle a él, a su memoria dedicarle estas palabras porque el tiempo pasa también para mí, por todo lo que hizo por el pueblo cubano, por la humanidad y por qué no, también por mí. Quisiera agradecerle a su familia y enviarle mi profundo pesar a su viuda Dalia Soto del Valle, a sus hijos todos, a su hermano Raúl, a sus hermanas y a todos los cubanos y a todas las personas del mundo que en este instante sienten como suyo el dolor de su transitoria partida. Como dijo una vez Martí: mi verso crecerá bajo la yerba y yo también creceré. Él también crecerá.

—Hoy, después de conocerle de tantas maneras, ¿cuáles cree el historiador que fueron las condiciones que en los orígenes de su vida allá en Birán – como si se tratara de un viaje a la semilla – condicionaron la naturaleza y el carácter de Fidel?

—Las recientes publicaciones de la obra hecha por Katiuska Blanco, son a mi juicio un aporte fundamental para el conocimiento de Fidel, la familia y de esa primera historia. He leído otros textos también y he tenido el testimonio directo, a lo largo de muchas conversaciones, con sus hermanos, Ramón, Raúl, con sus hermanas… todas me dieron en algún momento un testimonio de lo que fueron aquellos años.

Birán es toda una explicación. Él tuvo un culto particular por sus padres como lo han tenido todos sus hermanos. Un culto particular por Lina y un culto particular por Ángel el soldado español que vino a la guerra de Cuba, levantado en las quintas españolas y que llegó a esta tierra y se enamoró del país. Estuvo enfermo en los hospitales de campaña, en la trocha de Júcaro a Morón y posteriormente, es embarcado de regreso con las tropas exhaustas, vencidas y enfermas. Pero apenas un año después regresa y en una proeza personal y con amigos fieles, logró la tierra que se fue convirtiendo en una especie de pequeño reducto entre los grandes cañaverales de los grandes latifundios norteamericanos.

Birán fue en cierta medida una utopía. Veintisiete construcciones entre las cuales destaca la escuela, cosa que no era común de ninguna manera en una finca particular, en una casa de familia. Poseía una distribución que permitía tener ciertas condiciones muy excepcionales para los trabajadores que allí operaban en especial los trabajadores negros haitianos que allí llegaban forzados a emigrar de su país, a los cuales Fidel y Raúl siempre se han referido con mucho afecto y compasión.

Birán fue siempre el punto de regreso pero también el punto de partida. Hay un momento en que la partida se hace definitiva porque los hijos de Ángel deben ir a enfrentar la populosa Habana. Ya no era el ambiente coloquial y familiar de Santiago de Cuba. Ahora sería la gran Habana, la urbe donde estaba la única institución de alta docencia en Cuba, la universidad.

Y ahí llegaron los hermanos y Fidel con el más pequeño, con Raúl. Entonces comienza el gran debate. Muchas de las cosas aprendidas en Birán aparecen con fuerza, la disciplina, el amor a la tierra, a la montaña… Fidel narra su aventura subiendo a los montes, esos pinares que siempre recuerda, de Mayarí. Recuerda con mucha ternura la vida campesina que le confirió un sentido muy humano y particular a su vida. Me refrenda la idea de que el ser humano se forja en el seno de una familia y a partir de ciertas virtudes fundamentales como son el espíritu de trabajo, la honradez, la compasión hacia los demás, el sentido de la justicia… sobre esa base se levantan luego las virtudes políticas.

—Fidel se refirió al Che alguna vez de este modo: Hay personas que da trabajo resignarse a la idea de su muerte. ¿Qué le diría hoy al pueblo cubano al cual le cuesta mucho resignarse a la idea de la muerte de Fidel?

—Él tenía su propia medicina reservada. Así nos lo expresó en su última comparecencia en el congreso del partido. Fidel era profundamente martiano y Martí dijo: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. Ahí está la clave.

Publicado el diciembre 3, 2016 por Dialogar, dialogar

EL FIDEL QUE CONOCÍ

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   “La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta”.

ignacio-ramonetPOR IGNACIO RAMONET

Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres  conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos – Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka – que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.

Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayas amín, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100 000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.

Desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Martí” y TV “Martí”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la guerra fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas – Alpha 66 y Omega 7 – hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (unos 3 500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los líderes vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopía y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de África del Sur, lo cual aceleró de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América latina  y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90  años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro – le guste o no a sus detractores –  tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largos. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel íntimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”… Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes – todos jóvenes y brillantes de unos 30 años – estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas… No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor – el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto. Ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de sí. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

25 verdades de Robert Kennedy Jr. sobre las negociaciones secretas entre Fidel Castro y el Presidente Kennedy

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Por Salim Lamrani

almayadeen.net

Tomado de Global Research

Junio 1, 2015

Castro-Kennedy-21Hace más de medio siglo Fidel Castro y John F. Kennedy abrieron negociaciones secretas para normalizar las relaciones. Robert Kennedy Jr., sobrino del presidente asesinado, cuenta esta historia y alaba la política de acercamiento de Obama que ha hecho del “sueño” de su tío una “realidad”.[1]

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El presidente John F. Kennedy

  1. Tras la crisis de los misiles de octubre de 1962, que casi desembocó en un cataclismo nuclear, y la resolución del conflicto con la retirada de los misiles soviéticos de Cuba y de los misiles estadounidenses de Turquía, el presidente John F. Kennedy decidió emprender un proceso de normalización de las relaciones con Cuba.

4e1b313c-819a-492d-936c-3e49d40f02b0Fidel Castro con Nikita Kruschev

  1. Durante su viaje a la Unión Soviética en 1962, Fidel Castro conversó mucho con Nikita Kruschev sobre Kennedy. Según el sobrino del antiguo presidente, “Castro regresó a Cuba con la determinación de encontrar una vía hacia el acercamiento” con Estados Unidos.
  2. En 1962 Kennedy encomendó a James Donovan, abogado neoyorkino, y a John Dolan, asesor del Ministro de Justicia Robert Kennedy, la misión de negociar la liberación de los 1.500 invasores de Bahía de Cochinos. Durante su encuentro con los emisarios de Washington, Fidel Castro declaró su disposición a normalizar las relaciones con Estados Unidos y a establecer lazos basados en la igualdad soberana, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos. “Mi padre Robert y JFK eran muy curiosos respecto a Castro y pidieron a Donovan y Dolan descripciones detalladas, altamente personales, del líder cubano. La prensa estadounidense había caricaturizado varias veces a Fidel como alcohólico, obsceno, errático, violento e indisciplinado. No obstante Dolan les dijo lo siguiente: ‘Nuestra impresión diverge de la imagen generalmente transmitida. Castro jamás se ha mostrado irritable, ebrio o sucio’. Él y Donovan describieron al líder cubano como una persona equilibrada, agradable, curiosa, bien informada, muy cuidada y como un gran conversador”.
  3. Los dos visitantes también se impresionaron por el apoyo del cual se beneficiaba el Gobierno revolucionario: “Confirmaron los informes internos de la CIA sobre la popularidad irresistible de Castro para el pueblo de Cuba, tras realizar varios viajes con Castro [en el país] y tras ver las ovaciones espontáneas que recibía cuando entraba en los estadios de base-ball”.
  4. John F. Kennedy era consciente de las aspiraciones de los cubanos a la independencia y a la dignidad y “había comprendido el fuente del resentimiento contra Estados Unidos”.

d7807947-198d-471c-bb45-e07430a29382Fidel Castro y John F. Kennedy

  1. Durante su encuentro con la periodista estadounidense Lisa Howard, Fidel Castro declaró su “deseo” de llegar a un entendimiento cordial con Estados Unidos.
  2. Por su parte “JFK empezó a reflexionar seriamente sobre la reanudación de las relaciones con Castro. Esta iniciativa lo llevó a navegar en aguas turbias. La simple mención de distensión con Fidel constituía una bomba política mientras se acercaban las elecciones presidenciales de 1964”.
  3. En septiembre de 1963 Kennedy encargó a William Attwood, antiguo periodista y diplomático estadounidense en las Naciones Unidas, “abrir negociaciones secretas con Castro”.

00320043-cdc5-4658-aba2-4cbadff5fdf9El periodista francés Jean Daniel

  1. Ese mismo mes, el presidente Kennedy creó “otro canal secreto de comunicación con Castro a través del periodista francés Jean Daniel”. Antes de viajar a Cuba para entrevistar al Primer Ministro cubano, Daniel se reunió con JFK en la Casa Blanca, el cual le encargó transmitir un mensaje a Castro.

2adeabc3-6400-42b2-8bf2-e3daf11558bbEl periodista francés Jean Daniel

  1. “Pienso que Kennedy es sincero. Pienso también que esa expresión de sinceridad podría tener hoy un significado político”, respondió Fidel Castro a Jean Daniel. “Tiene todavía la posibilidad de convertirse, ante la historia, en el más grande presidente de Estados Unidos, el líder que puede comprender finalmente que puede haber una coexistencia entre capitalistas y socialistas, incluso en el continente americano. Sería entonces un presidente aún más grande que Lincoln”.
  2. Fidel Castro, como respuesta a los reproches de Kennedy que denunciaba la alianza con Moscú, recordó que la hostilidad de Estados Unidos empezó mucho antes del acercamiento de Cuba con la Unión Soviética, “mucho antes de que apareciera el pretexto y la coartada del comunismo”.

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  1. No obstante, la CIA se opuso resueltamente a cualquier cambio de política hacia La Habana. “Para la CIA, la distensión era una sedición pérfida”. Adlai Stevenson, entonces embajador de Estados Unidos en las Naciones Unidas, advirtió al presidente Kennedy: “Lamentablemente, la CIA todavía se encarga de Cuba”. Según él, la agencia “jamás permitiría una normalización de las relaciones”.
  2. “La CIA estaba informada de los contactos secretos de JFK con Castro e hizo todo lo posible para sabotear los esfuerzos de paz”.
  3. Así, en abril de 1963, “agentes de la CIA pusieron secretamente un veneno mortal en un traje de buceo que James Donovan y John Dolan, los emisarios de JFK, destinaban a Castro, esperando así asesinarlo, acusar a Kennedy del asesinato y desprestigiarlo totalmente así como sus esfuerzos de paz”.15. Según William Attwood, “la actitud de la CIA consistía en mandar al diablo al presidente a quien había jurado servir”.
  4. “Numerosos líderes del exilio cubano expresaron su disgusto hacia la ‘traición’ de la Casa Blanca, acusando a JFK de buscar una ‘coexistencia’ con Fidel Castro […]. Un pequeño número de fanáticos asesinos anticastristas orientaron su odio hacia JFK y hay pruebas creíbles que esos hombres y sus maestros de la CIA podrían estar implicados en complots para asesinarlo”.
  5. El 18 de abril de 1963, José Miró Cardona, antiguo Primer Ministro del Gobierno revolucionario y entonces líder del Consejo Revolucionario cubano creado por la CIA, acusó a Kennedy de traición y le advirtió de las consecuencias: “Sólo queda un camino a seguir y lo seguiremos: la violencia”.
  6. “Santo Trafficante, el jefe de la mafia y el zar de los casinos de La Habana que colaboró estrechamente con la CIA en varios complots para asesinar a Castro, informó a sus socios cubanos que JFK estaba en el punto de ser liquidado”.
  7. El día del asesinato de John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, Fidel Castro se encontraba con Jean Daniel, el emisario secreto del presidente estadounidense. Al enterarse de la noticia, el líder cubano le dijo al periodista francés: “Aquí termina su misión de paz”.
  8. “Tras la muerte de JFK, Castro pidió de modo persistente a Lisa Howard, a Adlai Stevenson, a William Attwood y a otros que solicitaran a Lyndon Johnson, sucesor de Kennedy en la Casa Blanca, retomar el diálogo. Johnson ignoró las peticiones y Castro dejó de insistir”.

50569753-024d-4523-9186-6a4c6efd9204John F. Kennedy y Robert Kennedy

  1. Robert Kennedy, entonces ministro de Justicia, también presionó a Johnson para que mantuviera conversaciones con La Habana, sin éxito.
  2. El hermano del presidente asesinado también fustigó la prohibición para los ciudadanos estadounidenses de viajar a Cuba: “Las actuales restricciones de los viajes son contradictorias con las libertades americanas tradicionales”.
  3. Dean Rusk, entonces secretario de Estado, tomó la decisión de aislar a Robert Kennedy, demasiado favorable a un entendimiento con Cuba.
  4. Según William Attwood, “si no hubiera habido el asesinato, habríamos abierto probablemente negociaciones y normalizado las relaciones con Cuba”.

0267d886-2127-46f6-ab3e-fc6359ef396cFidel Castro

  1. Fidel Castro rindió homenaje a JFK: “En el momento en que Kennedy fue asesinado, estaba modificando la política hacia Cuba. De cierto modo, nos sentíamos honrados de tener a semejante rival. Era un hombre formidable”.

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 Salim Lamrani

Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano. http://monthlyreview.org/books/pb4710/ 

Contacto: lamranisalim@yahoo.frSalim.Lamrani@univ-reunion.fr 

Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

 [1] Robert Kennedy Jr., «JFK’s Secret Negociations with Fidel», IPS, enero de 2015. http://www.ipsnews.net/2015/01/opinion-jfks-secret-negotiations-with-fidel/ (sitio consultado el 21 de abril de 2015) ; Robert Kennedy Jr., «Sabotaging U.S.-Cuba Détente in the Kennedy Era», IPS, 6 de enero de 2015. http://www.ipsnews.net/2015/01/opinion-sabotaging-u-s-cuba-detente-in-the-kennedy-era/ (sitio consultado el 21 de abril de 2015).

LAS POLÉMICAS DEL GABO

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Este viernes 6 de marzo se cumplen 88 años del nacimiento del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez. TeleSUR rinde homenaje al insigne literato recordando las historias más polémicas, esas que él superó con su gracia personal y que muchos desconocen.

Gabriel García Márquez, también conocido como “Gabo”, nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, Colombia. Es mundialmente reconocido como el mayor exponente del Realismo Mágico y su obra, Cien Años de Soledad, publicada en 1967, lo hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1982.

El 17 de abril de 2014 Gabo falleció a los 87 años de edad, pero son muchos los que piensan que su obra lo hizo inmortal.

A continuación te ofrecemos las historias más polémicas de su carrera literaria:

El puñetazo en la cara:

  1. 1 punetazoEs sin duda una de las historias más polémicas en la literatura latinoamericana. Sobre todo porque el autor del puñetazo que dejó un ojo morado al Nobel de Aracataca fue el otro Nobel peruano: Mario Vargas Llosa.

Los novelistas, que se conocieron en Venezuela en 1967, protagonizaron una de las rivalidades más famosas en el mundo literario desde que en 1976 Vargas Llosa propinó en México, ante testigos, un puñetazo al que hasta ese entonces era considerado su amigo.

El motivo de la disputa nunca fue del todo explícito porque los escritores mantuvieron un histórico pacto de silencio entre caballeros. Sin embargo, el biógrafo Gerald Martin narró que antes de golpear, Vargas Llosa le expresó a Gabo: “esto es por lo que le dijiste a Patricia” o “esto es por lo que le hiciste a Patricia”.

Al parecer, habían rumores de que el colombiano había tenido un romance o había intentado seducir a la entonces esposa de Vargas Llosa, Patricia Llosa. Sin embargo, cuando la esposa de Gabo, Mercedes Barcha, fue consultada sobre el hecho, ella se limitó a responder “Mario es un celoso estúpido”.

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Rodrigo Moya, amigo de Gabo, publicó en 2007 un artículo y fotos del incidente el mismo día en el que el autor de Cien años de soledad cumplía 80 años. Según él, el mismo Gabo se mandó a tomar las fotos porque quería tener “una constancia” de aquella agresión.

Su relación con Fidel

gabo fidelEn muchas ocasiones Gabo confesó su aprecio hacia Fidel Castro y su apoyo a la Revolución. Esta fue una de las relaciones más polémicas en la vida del literato, quien fue objeto de muchos cuestionamientos.

El Nobel le dijo una vez a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza: “Quiero que el mundo sea socialista y creo que tarde o temprano lo será, entendiendo como socialismo un sistema de progreso, libertad e igualdad relativa, donde saber es además de un derecho, una izquierda”.

El biógrafo Gerald Martin ha señalado en varias entrevistas que muchos consideran como “excesiva” su proximidad a Fidel, pero Martin también recuerda que a Gabo se le ha relacionado con Felipe González (expresidente español) o con Bill Clinton (de Estados Unidos).

García Márquez y su esposa solían pasar largas temporadas en la isla, donde tenían una residencia (casa de protocolo) asignada, Esa presencia constante en Cuba le llevó una vez a desmentir que viviera en la isla, sino que en cambio viajaba allá con mucha frecuencia.

El mismo Fidel ha mencionado que disfrutaba de su compañía. En 2006, mientras estaba convaleciente de una operación intestinal, describió un encuentro con el autor colombiano y su esposa como algunas de “las horas más agradables” que había pasado.

“Soy amigo de Fidel y no soy enemigo de la revolución. Eso es todo”, dijo en una oportunidad García Márquez, según relata el libro Gabo y Fidel.

El Dato: uno de los momentos más mediáticos de la relación de Gabo con Cuba, fue cuando en 1997, Gabo llevó a Bill Clinton -quien le había contado que Cien años de soledad era su novela favorita- un mensaje de Fidel Castro en el que proponía a Estados Unidos cooperación en la lucha contra el terrorismo.

En 2014, tras la pérdida física de Gabo, el líder cubano envió una carta a Mercedes Barcha en la que expresó: “El mundo, y en particular los pueblos de Nuestra América, hemos perdido físicamente a un intelectual y escritor paradigmático. Los cubanos, a un gran amigo, entrañable y solidario”

  • Sus “514 mujeres”
  • gabo-frase.jpg_908772825En 2004 Gabo publicó la novela “Memoria de mis putas tristes”. La obra narra la historia de un longevo periodista que, al cumplir 90 años, decide celebrar su aniversario con una niña virgen. Durante sus primeros 50 años el periodista llevó un conteo de 514 mujeres que habían estado con él.

En la novela fueron muchas las similitudes encontradas entre el personaje central y la personalidad de Gabo, por ende, el punto de las “514 mujeres” siempre causó suspicacia. Sin embargo, aunque él jamás habló al respecto, muchos biógrafos y conocidos defendieron que no era más que “otra faceta de su realismo mágico”.

De hecho el llevar un “contador de encuentros y de mujeres” era algo que ya había desarrollado Gabo en otro de sus personajes: Florentino Ariza (El amor en los tiempos del Cólera). En ese tiempo, Florentino suma más de 600 relaciones fugaces, de las que lleva una fiel contabilidad, pero jamás paga el amor.

Su supuesto Alzheimer

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En los últimos años de vida fueron muchas las veces en las que medios internacionales publicaron que Gabo padecía Alzheimer. En 2009 fue su esposa, Mercedes, la que desmintió tal hecho, sin embargo, en julio de 2012, Jaime García Márquez, hermanos del escrito, confirmó que el Nobel tenía demencia senil.

Según personas que estuvieron en sus últimas apariciones públicas, Gabo no daba señales de padecer el malestar mental, incluso hay muchos que sostienen que mantenía su personalidad de ser jovial y muy echador de broma, pese a timidez.

La madre y un hermano de Gabo murieron de Alzheimer. La noticia de que él lo tenía y de supuestamente no podía reconocer ni siquiera a sus amigos cercanos dio la vuelta al mundo y muchos de sus fanáticos expresaron su pesar pese a que el hecho no fue confirmado.   

 Lucha contra la ortografía “complicada”

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El hecho de ser escritor y un férreo defensor del texto escrito  estaba implícito en la figura literaria de García Márquez, sin embargo, en 1997, un discurso pronunciado ante el Congreso de la Lengua en España, el célebre Nobel instó a “jubilar la ortografía” y a simplificar las reglas del español, esto con el fin de hacerla más fácil de entender y aprender.

“La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo”.

Otras Anécdotas inolvidables

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*La figura del abuelo materno de Gabo es una de las que más influencia todas sus su historias. Según el mismo ha dicho, El coronel no tiene quien le escriba y la escena principal de 100 años de soledad tienen que ver mucho con él.

*Siempre manifestó su miedo a los aviones. En una entrevista una vez dijo que “probó con tomar Martini seco” pero que no le resultó, por eso, probó después con la música, formando listas de canciones para volar según las rutas y la duración del viaje, incluso según la clase en la que vuela.

*Cuando se le preguntó si tenía miedo a la vejez, él respondió tajante: “El secreto contra la vejez es no pensar en ella”.

*No le gustaban las cosas gratis, de hecho, no aceptaba viajes pagados y cuando era crítico de cine, compraba sus propios boletos.

*Una vez criticó al expresidente de Colombia, Julio César Turbay Ayala, quien no respondió una carta enviada por el novelista. Gabo expresó que “una persona que no contesta las cartas no merece siquiera que se le escriba”.

*Dejó un cuento sin escribir, siempre quiso escribir un cuento de título “El ahogado que nos traía caracoles”. Llegó a comentárselo a su amigo Álvaro Cepeda Samudio, quien le dijo que “ese título es tan bueno que ya ni siquiera hay que escribir el cuento”.