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Paraguay en la recta final

A cinco días de las presidenciales, se espera un final cerrado. Horacio Cartes, el favorito, aspira a devolver el timón presidencial al conservador Partido Colorado, vinculado con el autoritarismo, el clientelismo y la corrupción y derrotado hace cinco años por el ex presidente izquierdista Lugo. En la foto su candidato, el rico empresario Horacio cartes

Paraguay entró en la recta final hacia las elecciones nacionales del domingo, en un clima de tranquilidad, expectativas e incertidumbre sobre lo que pueda pasar. De hecho, las previsiones no favorecen a ninguno de los dos candidatos. Una de los dos últimas encuestas divulgadas, de la firma Grau y Asociados, adjudica a Horacio Cartes, un empresario multimillonario candidato del Partido Colorado, el 45,3 por ciento de la intención de voto, a 14 puntos de su principal rival, el oficialista Efraín Alegre, del Partido Liberal. Pero el otro sondeo publicado el domingo, de la consultora Gabinete de Estudios de Opinión (GEO), ubica al empresario con 34,8 por ciento de las preferencias, por debajo de Alegre (36,7 por ciento).

Sin embargo, los analistas, que explican en parte esta caída de Cartes por un pacto electoral de los liberales con los herederos políticos del fallecido líder Lino Oviedo, aseguran que la puja será ajustada. Cartes, un exitoso hombre de negocios y dirigente deportivo de 56 años, recién llegado a la política, aspira a devolver el timón presidencial al conservador Partido Colorado, vinculado con el autoritarismo, el clientelismo y la corrupción, y derrotado en las urnas hace cinco años por el ex presidente izquierdista Fernando Lugo. El triunfo en 2008 del ex obispo católico, destituido en junio pasado por el Congreso por “mal desempeño”, marcó el final de una hegemonía colorada de 61 años, que incluye el régimen de Stroessner entre 1954 y 1989.

Además, esta elección concentra muchas esperanzas en cuanto al porvenir del país. Aislado regionalmente desde la destitución de Fernando Lugo, Paraguay espera recuperar sus credenciales democráticas en los comicios del día 21 y ser readmitido en el Mercosur.

De hecho, para mediar en la crisis abierta por el juicio político contra el presidente Fernando Lugo, que fue destituido el 22 de junio de 2012, Maduro, en esa fecha canciller venezolano, acudió de urgencia a Asunción, en el marco de una misión de la Unasur. Una semana después, la Unasur y el Mercosur suspendieron a Paraguay de la participación hasta ver el desarrollo de sus comicios, y este segundo bloque admitió además a Venezuela, cuyo ingreso había bloqueado el Legislativo paraguayo durante años. El panorama se complicó más cuando, a principios de este mes, Franco consideró un milagro la muerte del antecesor de Maduro, Hugo Chávez, lo que le llevó a ser calificado de escoria humana y política por el canciller venezolano, Elías Jaua. Además, la Cancillería paraguaya se sumó este lunes a las peticiones de nuevo recuento, en forma rápida y con total transparencia, de los votos de las presidenciales venezolanas del pasado domingo, en las que Maduro obtuvo un 50,75 por ciento de los sufragios, frente al 48,97 por ciento del opositor Henrique Capriles.

No obstante, el embrollo diplomático que tendrá que solucionar el nuevo Ejecutivo apenas ha tenido incidencia en la campaña electoral, y los dos candidatos favoritos a la presidencia han dado muestras de que optarán por el pragmatismo para facilitar su regreso al Mercosur, aun con Venezuela dentro. “Venezuela ya está adentro, duele decirlo, pero voy a ser presidente”, declaró la semana pasada el colorado Cartes. Por otro lado, Alegre dijo que sólo el nuevo gobierno que tome posesión el 15 de agosto en Paraguay podrá restaurar los puentes con Venezuela y recomponer las relaciones con el Mercosur. “Estoy seguro de que no es un tema insuperable. Al contrario, para el Mercosur, Paraguay es importante, para nosotros también es importante el Mercosur. Vamos a sentarnos a dialogar y estoy seguro de que se van a recomponer esas relaciones”, dijo en una entrevista. Con Maduro como nuevo presidente en Venezuela, claro que habrá una relación de Estado, declaró también el candidato liberal, que confió en que los cuatro mandatarios socios del Mercosur estarán en Asunción para la jura presidencial del 15 de agosto del vencedor de las elecciones del próximo domingo.

Con este complejo panorama diplomático de trasfondo, Paraguay se juega a recuperar la credibilidad democrática ante sus vecinos, en las elecciones más vigiladas en sus 24 años de democracia. Se montó un esquema informático con tecnología de punta para la transmisión de los resultados y se han cursado invitaciones a unas 300 instituciones internacionales para que envíen observadores, muchos de los cuales ya están en el país. Así, la Unasur y el Parlamento del Mercosur sumarán sus observadores a los destacados por la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos y varios organismos electorales del continente. “La gente va a participar con mucho criterio cívico. No creemos que haya violencia”, declaró ayer el candidato Alegre.

De los 6,5 millones de habitantes que tiene Paraguay, 3,5 millones están en el extranjero y se registraron en España, Estados Unidos y la Argentina. El presidente que surja de la elección del domingo asumirá el 15 de agosto.

Renunció el jefe del Parlamento

En la recta final de la campaña electoral, el presidente del Parlamento, Jorge Oviedo Matto, renunció ayer en un intento de acallar un escándalo por un supuesto negociado. El solicitó permiso y cedió el puesto de presidente del Senado y del Congreso bicameral al liberal Alfredo Jaeggli, que lo asumió en una sesión extraordinaria, informó la Cámara alta en un comunicado. Jaeggli explicó que Oviedo Matto quiso así transparentar el proceso de compra, por parte del Estado, de 5747 hectáreas de tierra de una empresa de la que su padre es accionista, por un valor de 60.000 millones de guaraníes (15 millones de dólares), el miércoles de Semana Santa.

La oposición colorada y los grupos de izquierda se quejaron de que la sesión comenzara antes de llegar ellos a la Cámara, impidiendo su objetivo, que era lograr la destitución de Oviedo Matto. Matto es miembro de la Unión Nacional de Ciudadanos Eticos (Unace), del fallecido general Lino Oviedo, partido que el pasado 3 de abril pactó dar su voto útil al liberal Efraín Alegre en los comicios generales del próximo domingo.

“Que se investigue, y si hay alguna situación, que se castigue. Yo no conozco el caso”, sostuvo ayer el candidato presuntamente beneficiado, Alegre, en entrevista con la Radio Monumental. Negó también otras acusaciones que hace su principal rival por la presidencia de Paraguay, el colorado Horacio Cartes, como el uso de fondos de la hidroeléctrica estatal Yacyretá para su campaña.

En las últimas semanas, el gobierno de Franco no ha parado de anunciar buenas noticias y éxitos de sus meses de gestión, comenzada tras la destitución del ex presidente Fernando Lugo, el 22 de junio de 2012.

Tomado de Página/12

Franco, entre la muerte y el odio

Por Atilio Borón

Mala suerte la del Paraguay. Un país de gente tan noble sometida a la insaciable voracidad de propios y ajenos. Salvajemente castigado por sus vecinos en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) y saqueado hasta lo indecible por su clase dominante desde entonces, tiene para colmo la desgracia de contar con un personaje como Federico Franco como usurpador de la primera magistratura del país.

Este personaje –mezquino e insignificante- instalado en la presidencia por una criminal conspiración utilizada como pretexto para desalojar a Fernando Lugo, declaró días atrás durante su visita a España que “es un milagro que el señor Chávez desapareciera de la faz de la tierra porque le hizo mucho daño a mi país”. En su incontenible vómito verbal dijo también que Chávez dio “protección” a miembros del Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP) y en ese sentido responsabilizó al mandatario fallecido “del secuestro y la muerte” causada por el grupo guerrillero.

Fiel a su condición de simple mandadero del imperio y de la mafia de narcos y contrabandistas que se apoderó de su país, Franco invitó a los empresarios españoles a invertir en el Paraguay, garantizándoles que si así lo hacían sus ganancias serían tan fenomenales que tendrían que “llevarse el dinero en carretilla”. Habrá sido por eso que Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España y un hombre que por lo visto no tiene demasiadas preocupaciones, consideró que era del todo apropiado subir la foto de su reunión con Franco en su cuenta de Twitter.

Pero la bajeza moral del usurpador quedó retratada en toda su miserabilidad cuando manifestó, al terminar sus declaraciones, que “ni me arrepiento ni me avergüenzo de haber obtenido la presidencia en esas condiciones.” ¡Claro que no! El arrepentimiento y la vergüenza son atributos de quienes poseen un cierto espesor moral que Franco no tiene como tampoco lo tienen sus mandantes: la “embajada”, a la cual solicitó una vez tomada por asalto la Presidencia el reforzamiento de las tropas norteamericanas acantonadas en las bases de Mariscal Estigarribia y Pedro Juan Caballero. Franco, presidente ilegítimo e ilegal si los hay, es no sólo hijo putativo de la “embajada” sino también de Cargill, Monsanto, la minera de aluminio Río Tinto, la oligarquía local y los latifundistas “brasiguayos”.

La oscura trama en torno al misterioso Ejército Paraguayo del Pueblo –una de las artimañas más elementales utilizadas por la CIA para desestabilizar gobiernos que no son del agrado del imperio: inventar un pseudo grupo guerrillero y acusar de complicidad con él a algún enemigo a quien se quiera perjudicar- ha quedado al descubierto en los meses recientes.

A raíz de ello el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas exigió, el pasado 29 de Marzo, que la Justicia paraguaya realice una “investigación inmediata, independiente e imparcial de la muerte de 17 personas con ocasión del allanamiento de Curuguaty, el 15 de junio de 2012, así como todos los hechos vinculados que han sido denunciados por las víctimas.” Prominente entre lo que la Comisión denomina como “hechos vinculados” fue la posterior “destitución express” del Presidente Fernando Lugo, para la cual los sangrientos sucesos de Curuguaty aportaron el necesario pretexto.

El Comité también manifestó su preocupación “por las alegaciones de importantes irregularidades del Ministerio Público, la judicatura y las fuerzas de seguridad en el caso”, así como la “falta de imparcialidad e independencia en los procesos de investigación”. Por esto y muchas cosas más Franco descenderá a la historia sentado a la diestra de su homónimo español, el sanguinario “caudillo de España por la gracia de Dios” y uno de los que, como todos los fascistas españoles, gritaban “viva la muerte.” Representante genuino de la derecha más primitiva y corrupta de Sudamérica, Franco es la expresión política de una banda a la cual le queda grande el nombre de oligarquía.

La palabra “cleptocracia” transmite con más rigor la naturaleza de ese impresentable conjunto de rufianes que construyeron sus grandes fortunas desangrando al país bajo la protección del dictador Alfredo Stroessner. Este organizó el saqueo de las tierras fiscales, el contrabando en gran escala y el tráfico de droga y de personas, con la abierta complicidad de sucesivos gobiernos de Estados Unidos, Israel y Taiwán, sumiendo a la población en el atraso, la ignorancia y la extrema pobreza. Mentiroso sin escrúpulo alguno, Franco acusa a Chávez de haberle hecho daño al Paraguay: debe ser porque incorporó a este país al programa de abastecimiento preferencial de petróleo bajo muy favorables condiciones de precio y largos plazos de pago, por debajo de los que rigen en el mercado petrolero mundial.

Para Franco la generosidad de Chávez causó un daño enorme a los paraguayos. Es más: el líder bolivariano persistió en su “maldad” y por solidaridad con el pueblo paraguayo mantuvo esta política aún después del golpe de estado, para cancelarla definitivamente una vez que los continuos insultos, calumnias y falsas denuncias de este bufón de opereta hicieron insostenible su mantenimiento.

Este desecho moral es quien celebró como un venturoso milagro la desaparición física de Chávez. ¡Pobre Franco! Mientras su ineluctable destino será pudrirse en su tumba, olvidado y despreciado por su propio pueblo, Chávez tiene su lugar en la galería de los grandes patriotas de América Latina y el Caribe y en el corazón de los oprimidos de todo el mundo.

Tomado del blog del autor

PARAGUAY: “La derecha nos trata como si fuéramos satánicos”

ESPERANZA MARTINEZ LLEIDA EX MINISTRA DE SALUD DEL GOBIERNO DE FERNANDO LUGO

Orgullosa de haber llegado a un millón de paraguayos que nunca tuvieron acceso a un médico, la ex ministra se prepara como candidata para las elecciones de abril y explica la dureza con que “nos ataca la oligarquía”. Aquí analiza las consecuencias actuales del golpe al presidente Lugo y cuenta cómo se hizo la reforma del sistema sanitario.

Por Andrew Graham-Yooll

Desde Asunción, Paraguay

–Aquí todavía se discute si lo que sucedió en Paraguay el 22 de junio fue un golpe o no. No fue uno tradicional, como los de los militares. ¿Cómo se percibe en la sociedad paraguaya?

–La sociedad paraguaya está hoy polarizada y eso será evidente en las próximas elecciones de abril. Una parte conservadora de la población defiende lo que para mí fue claramente un golpe parlamentario contra la joven democracia paraguaya. Otro sector democrático está indignado y molesto y exige las aclaraciones correspondientes, especialmente sobre lo que se constituyó en lo más doloroso para la democracia, como la matanza de campesinos y policías en Curuguaty, en el momento de un desalojo de tierras. Fue el hecho que desencadenó el juicio político. Hasta la fecha, el gobierno golpista de Federico Franco, quien fue vicepresidente de Fernando Lugo, a pesar de ser esa tragedia el tema acusatorio más importante en contra del presidente Lugo, lleva una investigación imprecisa, poco clara, hasta pareciera tendenciosa. Se evita tocar aspectos que han sido colocados en investigaciones paralelas por la sociedad civil y que demuestran contradicciones en el informe de la fiscalía. Todo hace presumir que esto realmente fue un montaje para llegar a la destitución del presidente Lugo. Pero no hay que olvidar que Lugo enfrentó en 23 oportunidades acusaciones de parte del Parlamento en favor de un juicio político. A un año de su asunción, el Parlamento ya había empezado a tocar el juicio político como una alternativa política. Estaban buscando pretextos y condiciones políticas favorables para implementarlo. Los votos decisivos los tenía el Partido Colorado, quien hábilmente manipuló al Partido Liberal Radical Auténtico de acuerdo con sus conveniencias electorales. Esto venía desde hace mucho tiempo.

–¿Podría ponerle fecha a ese “mucho tiempo”?

–A partir del primer año de gobierno se empezó a hablar de juicio político en el Paraguay. Y en 23 ocasiones el Parlamento lo tocó oficialmente, y eso se puede constatar en las actas del Parlamento. El senador liberal Alfredo Luis Jaeggli Caballero dijo con honestidad por los medios que la conspiración era anterior inclusive y que el plan preveía darle el golpe a Lugo a los seis meses de su gobierno.

–¿Qué acción legal se podría haber tomado contra la decisión del Congreso? El Parlamento constituido en corte no se puede apelar, entiendo. ¿Se podría haber llevado la causa a una corte interamericana? Desde la nueva Constitución de 1992, ¿qué recursos internos tendría un gobierno objetado para insistir en su gestión?

–Se presentó una acción de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia que fue rechazada. Este fallo, por las argumentaciones presentadas, trae consecuencias significativas en el orden jurídico y político de nuestro país, más allá de los efectos particulares en el caso de Fernando Lugo.

–¿Pero eso era porque se sentía que la Corte ya estaba alineada con la oposición, o se puede pensar que la Corte podría tomar una decisión independiente?

–La Justicia en Paraguay no es independiente. La Justicia paraguaya responde a los intereses de la oligarquía, no sólo en el caso del golpe, sino en los negocios, situaciones ligadas a la mafia, ligada a la irregularidad. La Justicia, con excepciones, no es ni pronta ni justa, ni barata ni independiente.

–Tiene que haber entonces mecanismos extraterritoriales que puedan entender en casos como éste.

–Hubo una respuesta internacional ante la situación de Paraguay porque fue muy parecida a lo que sucedió en Honduras. Hay que recordar que Ecuador tuvo también un intento de golpe, también Bolivia hace tres años, donde intervino Unasur. En la región, ya no son viables los golpes a través de los ejércitos, organizados y ligados a algún sector civil. Hoy los golpes son organizados de manera más sofisticada porque vienen con una mayor apariencia de legalidad. Son más difíciles de ser enfrentados por la ciudadanía porque la confunde esa aparente legalidad y se está mejorando sutilmente. Existe el riesgo de que otras democracias puedan en el futuro pasar por una situación similar. Los países de Unasur se han puesto firmes para que estas aventuras, o juicios express como se las ha llamado, no se vuelvan a repetir, que no sea un nuevo sistema de ruptura de los modelos democráticos en América latina. Se ha cambiado el rostro político de la región en las últimas décadas y hoy se defiende colectivamente sus intereses ante el imperio. Para nosotros es claro que esto es un tema político, no legal, y hay que pelearlo dentro y fuera del país.

–¿Cuáles fueron las últimas manifestaciones que les llegaron de Unasur? Parece haber una diversidad de interpretaciones de la posición de Unasur.

–Unasur dice que no bastan las elecciones para garantizar que el Paraguay haya vuelto al sistema democrático. Exige claridad en las investigaciones de los hechos de Curuguaty y garantías para unas elecciones transparentes. La OEA, al finalizar las elecciones de 2008, dejó al Tribunal de Justicia Electoral un memorándum de acciones que se deberían tomar para mejorar y garantizar la transparencia del proceso electoral y ninguna de esas medidas han sido tomadas a la fecha. El tribunal de justicia electoral fue el primero en reconocer al gobierno golpista, está integrado por los partidos golpistas que tienen presencia parlamentaria. En estos meses electorales no ha aplicado ninguna medida contra los dos partidos tradicionales que transgreden las leyes electorales haciendo propaganda política masiva y costosa. La ciudadanía democrática no tiene manera de controlar el proceso eleccionario y tiene temor al fraude electoral.

–Estamos hablando de los tradicionales partidos Colorado y Liberal, pero ¿cuáles más tienen esta presencia a la que usted se refiere?

–Son cinco partidos golpistas. El Partido Colorado, el Partido Liberal Radical Auténtico, el partido Patria Querida, el Partido Democrático Progresista y el partido Unace (del general Lino Oviedo).

–¿Patria Querida no estuvo con ustedes en las elecciones hace cinco años?

–En el momento de las elecciones no estuvieron con nosotros, presentaron candidatura propia. La confusión puede venir con el Partido Democrático Progresista, al cual pertenece el ex ministro del Interior Rafael Filizzola, actual aliado político del Partido Liberal y candidato a vicepresidente. El sí integraba la coalición de fuerzas que apoyaba al presidente Lugo. Fue su ministro por más de dos años y medio y fue destituido por el presidente Lugo. Luego se convirtió en uno de sus principales opositores.

–La fragmentación de la ciudadanía permitió una especie de piedra libre para una montonada de versiones de desprestigio sobre la gestión y la persona de Lugo.

–Hubo un contrato social después de la caída de la dictadura (1989). Con la nueva Constitución de 1992 las fuerzas políticas habían aceptado el juego de la democracia y las elecciones como un mecanismo de recambio que simplemente cambiaba personas dentro del mismo Partido Colorado. Por lo tanto nunca se dio realmente una alternancia política en el gobierno de Paraguay. El Partido Colorado gobernó sesenta años, de los cuales treinta y cinco fueron de dictadura militar, y el período de transición política no fue más que un pase de mando y de poder entre los amigos de siempre. Con Fernando Lugo se logra un quiebre en esa hegemonía del Partido Colorado y se inicia la primera alternancia política. Pero el gobierno Lugo también avanza en temas de protección social y pone en la agenda política algunos problemas estructurales de la sociedad paraguaya, como el modelo económico concentrador de la tierra y las riquezas en muy pocas familias (una de las mayores del mundo). La desigualdad social es insultante e inmoral; así como también el caso de las tierras mal habidas, el rechazo del ingreso de las semillas transgénicas; el debate sobre el ingreso de la multinacional Río Tinto-Alcan, que industrializa el aluminio y que consumiría una turbina y media de Itaipú para su funcionamiento. Esa corporación tiene serias denuncias internacionales de contaminación del ambiente en varios países. Por lo tanto, Fernando Lugo empezó a molestar a la oligarquía y sus negocios.

–Usted me está diciendo que la corrupción que se alega a viva voz es una serie de acciones instaladas y corruptas…

–Mire, unas semanas antes del juicio político el presidente Lugo había rechazado una ley en la cual la partidocracia conservadora se había autoasignado en el Parlamento 50 millones de dólares para operadores políticos dentro del Tribunal de Justicia Electoral, con vistas a las elecciones de 2013. Eso generó una movilización ciudadana espontánea muy importante en Asunción, principalmente de jóvenes, y obligó en su momento al Parlamento a aceptar el veto presidencial. Había una serie de elementos que comenzaron a molestar a la oligarquía porque tocaban sus negocios, sus intereses políticos. Un gobierno que parecía una alternancia política comenzaba a convertirse en el posicionamiento de un nuevo proyecto político con una mirada ideológica diferente y enfrentando los problemas tradicionales del Paraguay. Lugo comienza a ser una amenaza y su gobierno es mirado como peligroso por la oligarquía. Fernando Lugo ha sido el presidente más criticado por los medios de prensa comerciales desde el inicio de su gestión. Tuvimos unos cuatro meses de primavera de convivencia pacífica y después se desató una campaña despiadada de terrorismo mediático. No hubo un presidente hasta hoy que haya tenido una campaña de ataque de esta intensidad. No hubo un solo día que dejara de ocupar espacio en los medios de comunicación y eso sigue hasta hoy.

–Vi que hasta los medios cuestionaban el alquiler de esta oficina central de Frente Guazú en veinte millones de guaraníes por mes…

–Nadie niega los errores cometidos por el gobierno y por la persona, pero el nivel de las acusaciones es sorprendente. Si usted mira los últimos seis meses, ninguno de los candidatos a presidente tanto de los partidos Colorado como Liberal, Patria Querida y Unace, ninguno recibe el ataque despiadado que le es dirigido a Fernando Lugo. Sigue siendo el líder con mayor arraigo popular en el Paraguay. Si usted mira Latin Barómetro, cuando asumió el presidente anterior, Nicanor Duarte Frutos, tenía una aceptación ciudadana del 50 por ciento y terminó con el 10 por ciento. Fernando Lugo comenzó con el 86 por ciento y dos meses después del golpe tenía 50 por ciento de popularidad: lo que Duarte Frutos tenía al inicio de su gestión. Esta campaña tendenciosa sobre su persona, sobre sus acciones, sobre su gobierno y sobre los que integramos su gobierno es un intento de desprestigiar al presidente Lugo y bajar su popularidad mediante la ridiculización y el comentario humillante. Esto es señal de temor político porque Fernando Lugo será senador y con su apoyo Aníbal Carrillo Iramain y Luis Aguayo serán los próximos presidente y vicepresidente del Paraguay.

–Usted me dice que las inferencias personales, estos libelos…

–Tomemos el libelo acusatorio del juicio político. Se lo acusó de nombrar a tres o cuatro familiares en el gobierno, en un país donde el clientelismo político es un mal endémico de más de cien años. El actual presidente Federico Franco y su señora han sido acusados de llenar los cargos públicos con sus familiares y correligionarios, pero eso no pasa de un comentario más. Se habla de corrupción durante el gobierno de Lugo, sin embargo él vive en la misma casa, de manera modesta, comparado a otros ex presidentes. Federico Franco no pudo demostrar a la ciudadanía cómo ganó un millón de dólares en cuatro años cuando su salario no superaba los cinco mil dólares. La fiesta de casamiento de su hijo se estima haber costado como 400 a 500 mil dólares. ¿De dónde sale el dinero? Pero sobre eso no se hace cuestión. Las acusaciones son hasta ingenuas. Ninguna de ellas justifica romper con un modelo democrático, romper con el voto de casi 700 mil paraguayos diez meses antes de las elecciones generales. El Paraguay tuvo un crecimiento de 15,3 por ciento en 2010, el más alto en toda su historia. Tenía cifras macroeconómicas excelentes, implementó programas sociales con resultados evidentes, como es el caso de salud. Eso lo puedo decir con autoridad: entre 2008 y 2011 logramos que un millón más de paraguayos pudiera acceder a la atención médica a través de la estrategia de la gratuidad de los servicios públicos en lugares donde antes nunca hubo médicos ni atención. Los servicios de terapia intensiva se mejoraron en un trescientos por ciento. Se iniciaron procesos de trasplante que estaban parados en el Paraguay desde hace varios años. Iniciamos el crecimiento de los hospitales.

–¿Por qué estaban parados?

–No se implementaban, estaban los recursos, pero los hospitales no estaban habilitados para operar, faltaba la infraestructura. Tuvimos que recorrer una primera etapa con el sector privado y luego con el sector público después del reequipamiento de los grandes hospitales. Bajamos índices de mortalidad infantil, de mortalidad materna. Con el gabinete social coordinando todos los ministerios, se intervino articuladamente sobre la pobreza. El programa de subsidios de entregas condicionadas para superar la extrema pobreza, que durante los cinco años del gobierno anterior benefició a 13.000 familias, durante el gobierno Lugo llegó a más de cien mil familias. También se incrementaron los programas de acceso al agua potable, aporte nutricional, por citar algunos.

–Eso se hizo en el circuito urbano y suburbano. ¿Qué pasaba más allá? Un aspecto que me cuentan en algunas ciudades, o pueblos, como ser Guarambaré, donde necesitaba hacer una consulta un primo, es que no había medicamentos.

–Más en las zonas rurales y también en las zonas urbano-marginales. La implementación de la gratuidad ha tenido boicot y duras críticas de sectores de trabajadores y políticos. La gratuidad no sólo ha sido una medida para mejorar el acceso financiero de las familias al sistema de salud. También combatió la corrupción instalada entre los trabajadores de la salud, que cobraban aranceles particulares a los pacientes para cubrir los bajos salarios. Influyó en el modelo político clientelar que usaba los servicios públicos para sus afiliados políticos como un sistema de coerción. “Si votás por mí te consigo la ambulancia, los medicamentos, la internación.” Nosotros instalamos el concepto de derecho a la salud para todos. La gente puede ir a los hospitales sin pedirle favor a nadie. Que los recursos son insuficientes también es real. Necesitamos un largo período de inversión de recursos en salud.

–Cosas como el alcantarillado y eso son obras públicas. Pero en la atención se ha utilizado lo que nosotros llamamos las “salitas” de barrio, ¿o cuál ha sido el sistema?

–Paraguay encaró por primera vez la atención primaria de salud con los Equipos de Salud de la Familia (ESF). No existían. Hasta el 2011 instalamos 704 equipos cada uno con una población adscripta entre cuatro y cinco mil personas. La idea era llegar a la universalización, al ciento por ciento de los equipos de familia, para cuando terminara el gobierno. En el presupuesto 2012 el Parlamento recortó la inclusión de los 200 nuevos equipos de familia. La población cubierta hoy es de cerca de 3.500.000 paraguayos.

–¿Tenían el personal médico para cubrir esta red?

–Algunos médicos fueron reubicados dentro de la red del Ministerio de Salud, otros fueron contratados. El ciento por ciento de los equipos accedió por concurso público para garantizar que la selección tuviera características técnicas y no políticas. Eso fue para no repetir el clientelismo político, un tema cultural en el país.

–En algún momento se acusó a Lugo de traer médicos de Cuba.

–Paraguay tiene, desde hace dos gobiernos colorados anteriores, acuerdos con Cuba tanto para la formación de médicos en la isla como la presencia de misiones de médicos cubanos en el Paraguay. Son unos cien médicos por año que venían al Paraguay desde hacía ocho a diez años.

–¿Por qué se concentró el alegato de que los habría traído Lugo?

–Siempre los medios han instalado la idea de que el modelo de atención en salud es cubano, que el gobierno de Fernando Lugo era chavista, un gobierno del socialismo del siglo XXI, aliado con Ecuador y con Bolivia, todo rodeado de adjetivos de descalificación, como si “fuéramos satánicos”. Todo lo que signifique izquierda, zurdo, progresismo es satanizado por los medios comerciales.

–Me gusta “satanizado” (risas). Es un extremo casi teatral.

–Es tendencioso, es una acción que ha tratado de instalar temor en la población. Al preguntarle a alguien, ¿qué es el chavismo?, ¿por qué le tiene temor?, probablemente nueve de cada diez paraguayos no sepa responder a qué le tiene miedo. Peor que en la época de la dictadura (1954-1989). Cuando estaba Alfredo Stroessner la sola mención o acusación de ser parte del comunismo, socialismo, izquierda o cualquier otro término similar, era razón para terminar preso, torturado, exiliado, muerto o desaparecido. Hoy no se atreven a llegar a ese nivel de violencia social, pero sí hay una fuerte estigmatización en las redes sociales, en las referencias a “los zurditos” o “los sucios”, “los homosexuales”, la “izquierda degenerada”. Hay una serie de calificativos que son parte de una campaña mediática para instalar y enfatizar la polarización.

–Hablemos un poco de la política de tierras. En Paraguay la concentración de la tierra es una de las mayores en América latina. ¿Les metieron miedo a los dueños de la tierra que son, por extensión, los dueños del poder?

–Uno de los aspectos principales de la propuesta de Lugo fue el tema de la reforma agraria. En esto no se ha avanzado mucho. La concentración de la propiedad de la tierra en manos de un pequeño grupo oligárquico está instalada. Esto desde el término de la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Ahí se produce una masiva venta de tierras a capitales extranjeros que iniciaron un proceso latifundista. En el problema de la concentración de la tierra en Paraguay interviene no sólo el Poder Ejecutivo sino el Parlamento y el Poder Judicial. Hay un tema pendiente con las tierras mal habidas, generadas durante la dictadura stronista. El Parlamento y el Poder Judicial nunca apoyaron al gobierno de Fernando Lugo. Por lo tanto la investigación sobre las tierras mal habidas, la compra de tierras para el sector campesino y para poblaciones indígenas no fue muchas veces apoyada por el Parlamento. Por nuestra parte, la acción del gobierno no fue lo suficientemente firme, ni sostenida.

–Paraguay es uno de los pocos países bilingües en la región. Ahora se escucha cada vez más el guaraní. Sostener esa doble identidad en cierto grado comenzó luego de la caída de Alfredo Stroessner en 1989. ¿Ustedes tienen enfatizada esta doble cultura?

–Estamos consolidando la recuperación del guaraní como lengua madre. Mucho tiempo estuvo proscripto y la clase media y alta rechazaba el uso del guaraní. Cuando yo era niña, se usaba la frase “¡no seas guarango!” como manera de demostrar que el “guaraní” era una forma social inaceptable, era decir que alguien que hablaba guaraní era mal educado, “guarango”, utilizando este término bien castizo del español por su afinidad fonética con aquél y por su significado. Hoy el guaraní es una de las dos lenguas nacionales y oficiales del país según la nueva Constitución Nacional, y se ha introducido como materia de estudio en los colegios. La enseñanza bilingüe comienza en la primaria y abarca la secundaria, eso viene de hace tiempo. Durante el gobierno de Lugo el ministro de Cultura, “Ticio” (Luis Manuel) Escobar (Argaña), un gran defensor de la cultura indígena y nacional, dio un énfasis a los valores culturales de la identidad. Nos tocó en el 2011 el bicentenario de la independencia; por lo tanto, hubo una alta movilización social, en la cultura, y una recuperación de la identidad campesina y guaraní. Hoy se escucha rock en guaraní a través de grupos juveniles. Se comienza a revalorizar eso y así entra en el uso de los chicos de clase media y alta. Antes lo rechazaban. En las áreas rurales es casi imposible moverse o convivir sin hablarlo, porque es el idioma cotidiano.

–¿En cuánto se estima el volumen de las remesas desde el exterior de la población exiliada económicamente?

–Se estima en aproximadamente 220.000 migrantes recientes, quienes remesan dinero anualmente a cerca de 370.000 familiares radicados en el Paraguay, en un monto variable cuyo promedio se estima en 700 millones de dólares. Se calcula que el promedio de envíos por persona es de 300 dólares mensuales.

¿POR QUE ESPERANZA MARTINEZ LLEIDA?

La ministra de los sueños sociales

Por Andrew Graham-Yooll

Esperanza Martínez Lleida es vicepresidenta del Frente Guasú, la concertación política encabezada por el ex presidente Fernando Lugo, e integrada por ocho partidos y tres movimientos políticos. Es una de las figuras considerada más serias y confiables en el movimiento “luguista”, que intentará recuperar una parte del poder en las elecciones de abril. Su gestión como ministra de Salud del gobierno derrocado hace siete meses es vista como responsable y técnicamente impecable, aun por sus críticos. De hecho, varios consultados vieron su proyecto de salud pública como demasiado ambicioso para el Paraguay actual, y unos cuantos furibundos opositores se opusieron al concepto de salud gratis para todos.

Lleida es casada, tiene tres hijos, es médica, especialista en salud pública graduada en la Universidad de Lovaina, Bélgica, gremialista, militante social y de derechos humanos desde la época de estudiante universitaria. Pertenece al Partido de la Participación Ciudadana, integrante del Frente Guazú, y es actualmente candidata a senadora por la Concertación Frente Guazú.

Lugo fue derrocado el 22 de junio en un golpe de Estado dado por los partidos de derecha, mayoritarios en el Congreso, en lo que se dio en llamar un juicio político express, sin tiempo para la defensa. La última acción de alto perfil del derrocado fue ir a Caracas el 10 de enero para el comienzo del nuevo período de gobierno del ausente y enfermo presidente Hugo Chávez. En Paraguay su gestión fue severamente criticada. Pero como refiere Lleida, los enemigos de Lugo le critican todo, todos los días, como si expresaran un temor a que vuelva al poder.

Esta entrevista fue realizada en Asunción, en la residencia en que se ha instalado la base central del Frente Guasú. Pagan 4500 dólares por mes de alquiler por la casa que fue un geriátrico, un precio criticado por políticos y medios. Un abogado, independiente, amigo del cronista entrevistador, comentó que “no me parece cosa tan exagerada ese precio”.

Tomado de Página/12

Entrevista con Fernando Lugo: “Izquierda paraguaya nunca estuvo en un mejor momento”

Por Igor Ojeda

Desde que asumió el cargo de presidente de Paraguay, en agosto de 2008, Fernando Lugo imaginaba que luego de cinco años, en agosto de 2013, cuando terminara su mandato, pasaría a dedicarse a otras actividades fuera de la política institucional. Pero el golpe sufrido a finales de junio cambió su vida radicalmente, dijo a la media alternativa brasileña en una entrevista conjunta realizada en São Paulo.

“Hoy más que nunca, la gente me pide  que deje de ser obispo y sea más político”, afirmó Lugo, quien asegura haber asumido el papel de articulador de la unidad de la izquierda paraguaya luego de su destitución. Y agrega que ahora, todos los días,  hay grupos sociales y políticos discutiendo la manera de construir un proyecto nacional para el país. “Antes eso no sucedía. La izquierda nunca estuvo en un mejor momento. Nunca antes 12 partidos y ocho movimientos se sentaron juntos”, dijo, refiriéndose al Frente Guasú, concertación de izquierda y centro-izquierda formada en marzo de 2010.

En las elecciones generales de abril del año que viene, la articulación pretende concentrar sus fuerzas en dos frentes: disputar la Presidencia y conquistar el mayor número posible de escaños en el Congreso Nacional. Para alcanzar este último objetivo, cuenta con Lugo para encabezar la lista de candidatos al Senado, derecho que le ha reconocido a él recientemente  la Corte Suprema de Paraguay. “En algunas semanas, sabremos con más claridad lo que es más conveniente. Pienso que si eso es útil para el restablecimiento de la democracia en Paraguay, soy un soldado”, dijo el presidente depuesto.

Para Lugo, en la próxima elección habrá una disputa entre una izquierda renovada y una derecha que “no está reciclada”. “Por eso hay esperanza. La sociedad paraguaya está más polarizada que nunca. Si la izquierda también consigue aglutinar a fuerzas no políticas, tiene oportunidades”.  Según Lugo, una de las ventajas del Frente Guasú reside en la división de los partidos tradicionales del país. “La derecha paraguaya pasa de la euforia a la depresión en muy poco tiempo. Creía que sería muy fácil ejecutar el golpe. Creía que la UNASUR [Unión de Naciones Suramericanas] no reaccionaría, que la comunidad internacional aceptaría. Está en un completo aislamiento político”, destacó.

El golpe

Según Fernando Lugo, las políticas adoptadas por su gobierno no fueron el principal motivo del juicio político a que fue sometido en el Congreso Nacional, pero sí el potencial de transformación de la sociedad paraguaya que la gestión representaba. “No tomé ninguna medida socialista.  Aceptamos las reglas del juego. Tenía buenas relaciones con los organismos internacionales y presentaba todos los indicadores conservadores que ellos les gusta ver, como economía en crecimiento, inflación controlada, multiplicación de las reservas internacionales, pago de las deudas… éramos buenos muchachos. Pero había un peligro. La continuidad del proceso de cambios. Eso sí incomodaba. Estábamos económicamente bien, pero políticamente teníamos articulaciones con grupos sociales”, argumentó.

El presidente depuesto fue enfático en afirmar que el golpe no se gestó de la noche a la mañana. “Fue pensado por mucho tiempo”, dijo, acordándose, principalmente, de la reciente denuncia del Wikileaks de que Estados Unidos sabía de esa amenaza desde 2009. “Cuando yo comenzaba en la política, me decían que el 70% de las decisiones eran tomadas fuera del país. No quise creer. Hoy, por mi experiencia, no descarto totalmente esa posibilidad”. Según Lugo, en Paraguay – así como en la mayoría de los países del mundo – el auténtico poder no muestra el rostro. En el caso paraguayo, él citó el narcotráfico, los productores de soja y las transnacionales del agronegocio.

“El gobierno golpista tomó ya cuatro medidas que nos hacen pensar en la injerencia de esos poderes de facto en la política paraguaya. La primera es el fin del impuesto a la exportación de la soja. La segunda es el permisote entrada al país de la  soja transgénica, siendo que nuestro gobierno estaba trabajando por la recuperación de las semillas criollas. La tercera medida es el anuncio del pago de una deuda que Paraguay nunca contrajo. Un préstamo de 80 millones de dólares efectuado durante la dictadura Stroessner y que nunca llegó al país. La cuarta medida es la negociación de la instalación de la empresa Río Tinto. ¿Cómo es posible que quieran producir aluminio en Paraguay si la materia prima y el mercado están en Brasil? Están negociando que el precio de la energía para esa empresa sea fijado por 30 años sin reajuste, con  una pérdida de 14 mil millones de dólares. Sin duda,  esas multinacionales tienen el poder de hecho”, aclaró

Frente a ello, Lugo señala  que para que haya cambios estructurales en Paraguay es necesaria la instalación de una Asamblea Constituyente que tenga como una de sus  prioridades incidir sobre la propiedad de la tierra en el país. Además de eso, dijo, otro gran desafío es conquistar un grande respaldo en el parlamento.

Sobre una posible reversión del golpe y vuelta a la Presidencia, Lugo explicó que hay dos caminos. Uno de ellos pasa por la Corte Suprema, que en los actuales  momentos analiza la constitucionalidad del juicio promovido por el Congreso. La segunda vía es la política: que el Senado reconozca que el proceso fue irregular y revise su decisión. El presidente depuesto, sin embargo, aunque admite que existe la posibilidad de volver al cargo, no está optimista. “Creo en Dios y en los milagros, pero en ese yo no creo”, ironizó.

Tomado de cartamaior.com

Entrevista con Fernando Lugo, presidente legítimo de Paraguay

“A los golpistas les asustaba la conciencia ciudadana que se había creado”

Por Alejandro Fierro

Tras el golpe de estado que le desalojó del Gobierno el pasado 22 de junio, Fernando Lugo ha vuelto a la arena política reclamando la continuidad legítima de su mandato a la vez que se ha sumado a la reorganización del frente progresista de cara a las elecciones que tendrán lugar en abril de 2013.

Las clases propietarias de Paraguay tuvieron más beneficios que nunca en estos cuatro años. Entonces, ¿por qué un golpe de estado?

Posiblemente porque consideraban un peligro los cambios mínimos que veníamos haciendo. Temían sentirse desplazados o simplemente compartir la mesa con otros comensales. El país creció mucho en 2010 [incremento del 14,5% del Producto Interior Bruto, segundo país del mundo con mayor crecimiento de este índice en ese año, tras Catar] y eso sin haber tocado la estructura económica. Si la hubiéramos tocado, los beneficios habrían alcanzado a más gente y se habría reducido la pobreza. Pero no se ha tocado la estructura de la tierra, no hemos gravado los impuestos a la exportación, a los bancos, al sector financiero… No hemos tocado nada. La pregunta entonces es por qué el golpe de estado. Tal vez porque se había creado una gran conciencia ciudadana de participación en la construcción del país que puede asustar a la gente que tuvo siempre los privilegios. La oligarquía económica y política pensó que lo más probable es que en 2013 [año de elecciones presidenciales y legislativas en Paraguay, fijadas para el 21 de abril] fuéramos a fortalecer las políticas sociales, algo que consideran peligroso para la estabilidad. Estabilidad que es, en realidad, la estabilidad de unos pocos, al igual que para ellos la soberanía del país es la soberanía y la defensa de un grupo muy pequeño.

¿Se puede revertir la situación o hay que ir al horizonte de las elecciones de 2013?

Yo miro lejos. Es cierto que hay que dar pasos cercanos en el día a día, pero yo creo en un proceso paraguayo sin traumas y sin rupturas, en un proceso de acumulación a través de la participación en un proceso democrático incluyente. Revertir esta situación de ruptura del orden democrático va a ser muy difícil. La Organización de Estados Americanos (OEA) tiene la política de acudir a unas elecciones como solución de problemas institucionales. Es el único camino de reposición que ven y puede ser el camino que ahora le espera a Paraguay.

Usted está en contra de un bloqueo a Paraguay.

Un bloqueo tiene consecuencias para todos los sectores del país y así se lo dijimos al Mercosur, Unasur y a la OEA. Supongamos que la OEA diera un veredicto de exclusión a Paraguay. Ese veredicto, aunque sea de carácter político, tendría sus consecuencias económicas. Por ejemplo, se paralizarían los créditos comprometidos del Banco Internacional de Desarrollo, que ascienden a más de 200 millones de dólares. No queremos un bloqueo porque no sólo pierde el gran importador-exportador, sino también el pequeño importador que vende banana o que importa un poco de tomate o zanahoria del otro lado [Argentina y Brasil]. Ese intercambio internacional de hormiga también se resentiría de un bloqueo.

¿Cómo califica el apoyo internacional recibido, sobre todo de los países de la región?

Yo creo en la región. No estudié política exterior ni soy diplomático, pero el sentido común me dice que lo primero es andar bien con los vecinos y eso es lo que hemos procurado. Con Brasil exigimos nuestros derechos en Itaipú y los conseguimos, lo que fue un gran logro [central hidroeléctrica compartida por ambos países; el Gobierno de Lugo consiguió triplicar el precio de la electricidad que Brasil compraba a Paraguay]; también con Argentina en lo que respecta a Yaciretá [otra central hidroeléctrica binacional] o a la hora de programar conjuntamente una hidrovía para hacer más fluido el comercio; también tenemos proyectos con Uruguay, con Bolivia… Están llegando los frutos de haber conseguido unas relaciones más justas con los países vecinos, por más que todavía haya inequidad en el Mercosur. Lo mismo podemos decir de Unasur: hemos visitado casi todos sus países y hemos estado en mesas de trabajo donde la postura de Paraguay fue expuesta con bastante claridad. Eso ha hecho que el país fuera respetado y se apreciara su presencia y participación en la construcción de la integración de la región.

¿Cómo ve su futuro más inmediato?

Muy cambiante. Yo pensaba entregar el poder el 15 de agosto de 2013 y al día siguiente sentirme libre como un pájaro y poder pensar, rezar más, compartir con la gente y con la ciudadanía, leer, escuchar música… Pero esto ha cambiado porque se ha generado una expectativa ciudadana plural, no de un partido determinado. A veces me asusto cuando oigo que Fernando Lugo es el símbolo de un proceso democrático al que se le exige continuidad y un compromiso constante. Lo menos que yo querría es defraudar esa esperanza de la ciudadanía. Así que estamos embarcados en seguir construyendo, en seguir potenciando proyectos políticos, en conversar con grupos plurales con mentalidad progresista que traigan el cambio verdadero y genuino a nuestro país.

¿En qué frente sería su actividad inmediata?

Es muy difícil decirlo ahora. Hay muchas conversaciones. El Frente Guasú [plataforma que aglutina a una veintena de los principales partidos progresistas] es un espacio; esa conciencia ciudadana es otro; también está el Frente Nacional de Defensa de la Democracia [creado tras el golpe de Estado y en el que figuran el Frente Guasú, otros partidos políticos y movimientos sociales]. Y también están todas aquellas personas indignadas que no se sienten representadas por ningún partido. Ese es otro espacio que hay que explorar y que tiene su potencial en la construcción del país.

Desde todos esos frentes, las reclamaciones hacia los líderes progresistas son las mismas: unidad y consenso.

El consenso es una construcción constante. Siempre menciono la frase de Jesús en referencia al reino de Dios: “Ya y todavía no”. Ese consenso ya existe, pero no en su plenitud. El consenso se construye y es un camino procesual constante. Por eso “ya” y “todavía no”. Ya existe un cierto consenso mínimo aunque sea por el simple hecho de que la izquierda paraguaya se siente a una mesa a discutir. Antes cada uno iba por su lado; ahora están sentadas ciertas bases de unidad, aunque no sea todavía la unidad que se desea.

Políticos que apoyaron el golpe han sido apedreados en barrios humildes cuando iban a hacer campaña. A usted le reciben como el presidente. ¿Es una reparación moral?

En política también hay que tener en cuenta la relación psicoafectiva con la gente. Muchas veces sólo pedimos racionalidad en programas y proyectos sociales y políticos, elaborados por universidades y centros de investigación… Pero la política también pasa por la comunicación constante con la gente en su mismo idioma y con sus mismos gestos. Esto es importante y no se aprende en la academia de ciencias políticas, sino en el contacto directo con la ciudadanía. Esto lo he aprendido en los últimos 30 años como pastor de la Iglesia católica, estando en contacto permanente con la ciudadanía y con la gente más humilde, que es nuestra gran fortaleza. Pero los políticos que representan a grupos de intereses no pueden ser bienvenidos cuando con su actitud han despreciado a la gente más humilde. Una de nuestras políticas fue recuperar la dignidad del hombre del campo, del hombre de la ciudad, de la gente marginada… No excluirlos simplemente por ser pobres. Esa inclusión da hoy sus frutos en la aceptación recíproca y en el aprecio y el afecto que demuestran cuando estamos en contacto con ellos.

¿Ha dejado un país mejor?

Creo que sí, tanto en términos económicos y sociales como institucionales. Recibimos un país institucionalmente en quiebra. Las instituciones estatales se han identificado durante 60 años con un partido hegemónico [Partido Colorado, en el poder desde 1947 hasta 2008]. Había instituciones como el Ministerio de Cultura que se utilizaban como puestos de campaña del Partido Colorado. Allí se hacían las pancartas de propaganda, dejando su misión de educación para todos y todas, que fue lo que quisimos instalar. Hemos procurado que las instituciones del Estado estén al servicio de toda la ciudadanía sin distinción ni inclusión. Ha sido un trabajo interesante de inclusión, no de persecución, que se produce tras llevarse a cabo, por primera vez en 200 años, un cambio de gobierno de un signo político a otro sin derramamiento de sangre. En términos sociales creo que nuestra política dejó huellas muy profundas en la ciudadanía, sobre todo en la Tercera Edad y en la gente de menos recursos, con las Transferencias Económicas Condicionadas [ayudas económicas]. En términos de producción, tenemos una economía solvente con suficientes reservas, inflación controlada, macroeconomía floreciente… Creo que hemos dejado un país mejor y más consciente de su participación en la construcción del mismo, que es responsabilidad del empresario y del indígena, del inversionista y el campesino. Todos los sectores tienen que participar en la construcción de Paraguay.

Alejandro Fierro es periodista

Tomado de Rebelión

La dama de roble

AIDA ROBLES, DIPUTADA DE LA IZQUIERDA EN PARAGUAY. FUE LA UNICA QUE VOTÓ EN CONTRA DEL JUICIO POLÍTICO A LUGO EN DIPUTADOS. ES ENFERMERA Y DIRIGENTE SINDICAL. ADMITE QUE “LA FALLA ESTUVO EN LA FALTA DE UNIDAD”

Por Mercedes López San Miguel

En la vida de Aída Robles y en la historia de Paraguay quedará grabado el momento en que ella sola votó en contra del juicio político a Fernando Lugo y 76 diputados votaron a favor. Una frente a 76, sintiendo impotencia y desilusión. Así se iniciaba el 21 de junio pasado la destitución del mandatario que se completaría al día siguiente en el Senado con otra votación escandalosa: 39 legisladores dijeron que sí al juicio político, tres se opusieron. “Dolió mucho, como te puedes imaginar. El nivel acusatorio daba vergüenza, no había pruebas, nada contundente”, afirma Aída Robles del otro lado de la línea telefónica con un tono que eleva cuando dice “vergüenza” al rememorar el juicio que se realizó en 24 horas y con él se cambió drásticamente el rumbo político de su país. A Lugo se lo responsabilizó por la masacre de Curuguaty cuando todavía la investigación sobre ese trágico hecho estaba en curso.

Aída Robles recuerda que sus compañeras del gremio de las enfermeras la convencieron de encabezar la lista de diputados por el Departamento Central. Durante 28 años Robles trabajó en el Hospital de Clínicas y fue dirigente sindical de las enfermeras en épocas de dictadura stronista. “Aída se destacó por ser combativa, por denunciar que hacían falta insumos y hospitales en las ciudades departamentales y que los salarios eran muy bajos. Estábamos luchando en las calles”, afirma Antonio López, dirigente de la Central Nacional de Trabajadores, una de las cuatro centrales sindicales importantes de Paraguay. López subraya que esa lucha no fue en vano. “Actualmente, el salario de las enfermeras está mejor remunerado y hay más presupuesto en salud.”

Robles, de 58 años, madre y abuela, ganó la banca en 2008 por el Partido Popular Tekojoja liderado por el senador Sixto Pereira. Hoy esta mujer ocupa la banca por el Partido de Participación Ciudadana, una agrupación de izquierda de creación reciente. Ambos partidos son parte del conglomerado Frente Guasú (Frente Grande) que apoyó la candidatura de Fernando Lugo en alianza con el tradicional Partido Liberal Radical Auténtico. La legisladora atribuye a la falta de experiencia política de los movimientos de izquierda el hecho de que consiguieran sólo cuatro asientos en el Congreso –el suyo en Diputados y tres más en el Senado, incluyendo el de Sixto Pereira–. “Tendríamos que haber armado una lista única para que haya una mayor representación de la izquierda. La falla la tuvimos en la falta de unidad y de experiencia política.” Sin dudar, Aída Robles también señala que no esperaban la actitud desleal de los liberales, si bien entiende mirando hacia atrás que fue atípica y cada vez más espinosa la alianza con ellos. “El Partido Liberal es la segunda fuerza del país después del Partido Colorado. Los liberales desde hace tiempo venían dando señales de que no aceptaban los cargos que tenían y trababan proyectos del gobierno. Hasta que se volcaron en contra de Lugo junto con los colorados.”

Una de esas malas señales que dieron los liberales fue su rechazo permanente a aprobar el Impuesto a la Renta Personal y que, tras la salida de Lugo, aprobaron sin titubear. Otra iniciativa impulsada por el hoy ex presidente y que fue frenada en el Congreso es el gravamen a la exportación de granos de soja, medida resistida por grupos económicos que tenían fuerte vinculación con los legisladores.

La destitución de Lugo fue un plan bien elaborado. Veintitrés veces intentaron llevar al presidente a juicio político antes. Robles lamenta que se haya frenado a un gobierno que venía aplicando políticas en favor de los sectores más necesitados. Un ejemplo es el Programa de Transferencias de Ingresos Condicionados, una asistencia que se brinda a la madre si presenta la libreta de vacunación y la inscripción de su hijo a la escuela. Otro plan social se llama Programa Tekopora (vivir bien), que apunta a garantizar alimentos, salud y educación a la población pobre de la ciudad y de las zonas rurales. “A partir del gobierno de Lugo los sectores populares pudieron acceder a la salud de forma gratuita. Los niños recibieron alimentación adecuada en las escuelas: un vaso con leche y un complemento alimentario. Se crearon planes para embarazadas. Se profundizó la ayuda a personas de bajos recursos y a los jubilados”, señala Aída Robles.

La enfermera, la dirigente sindical y la única diputada que votó en contra de la destitución de Lugo seguirá dando batalla, de cara a los comicios de abril. “Hoy somos veinte organizaciones que conformamos el Frente Guasú. Esperamos llegar con un acuerdo para armar una lista única.” Lo dice una mujer que sabe de lealtades.

Tomado de Página/12

Nuevos ropajes para las derechas de siempre

“Disfrazados, los viejos métodos siguen reinantes, con un aval estadounidense ahora maquillado de “neutralidad”. Pero aunque al golpe lo vistan de seda, el hecho es que quienes hoy gobiernan Paraguay ya no son aquellos por quienes el pueblo votó”.

Por Nils Castro *

Tras sufrir varios reveses electorales en América latina, las derechas tradicionales tuvieron que ceder terreno a una pluralidad de gobiernos “progresistas” en América latina. Sin embargo, no por ello perdieron sus principales fuentes de poder: recursos económicos y financieros, enlaces internacionales, peso sociocultural y, especialmente, sus bastiones mediáticos. Por supuesto, el control del gobierno también es una gran fuente de poder y cederlo fue una contrariedad, así que pasado el primer impacto, la prioridad fue reaprovechar esas otras ventajas para recuperarlo.

Cuando en el 2010 publiqué Quién es y qué busca la nueva derecha, daba por sentada la inminencia de una contraofensiva continental de las derechas basada en una renovación de los métodos, lenguajes y mitos requeridos para recapturar las mayorías electorales necesarias para recuperar los gobiernos perdidos y retener los que aún conservaban. Uno de los ejemplos fueron los de Panamá y Chile, donde sendos plutócratas ganaron la presidencia valiéndose del mito del millonario eficiente y supuestamente “apolítico” que venía a poner sus habilidades al servicio de la gestión pública. La mayoría de los electores de dos países decepcionados de unos sistemas políticos ya desacreditados compraron esa ilusión y enseguida resultaron defraudados: tanto el ávido y autocrático Ricardo Martinelli como el aristocrático Sebastián Piñera quedaron lejos de satisfacer las expectativas levantadas y han precipitado crecientes disgustos y protestas sociales.

A su vez, donde los gobiernos socialdemócratas o progresistas conservan mayor solidez y la derecha aún carece de líderes populistas de nuevo perfil, primó la acostumbrada modalidad de coordinar un pertinaz bombardeo mediático para que socave su credibilidad –que por ejemplo ponga en duda su honradez o capacidad de gobernar–, mientras que a la vez los instrumentos económicos, conspirativos y socioculturales de las derechas alientan las crisis sociales que a mediano plazo ofrezcan ocasión de golpear más a fondo. Así se ha procurado en Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Una nueva variante consiste en “desmilitarizar” el procedimiento así “legitimado” por los grandes medios periodísticos. En Honduras, a través de un golpe “correctivo”, es decir, con la intervención abreviada de un ejército que acto seguido entregó el gobierno a la derecha civil. En Paraguay, valiéndose de un bloque parlamentario seducido por el anhelo de prerrogativas para los congresistas implicados en una interpretación torcida de la legalidad.

El propósito, en cualquier caso, es el mismo de antaño, encubierto con nuevos modos de enmascararlo y evadir las sanciones internacionales. Disfrazados, los viejos métodos siguen reinantes, con un aval estadounidense ahora maquillado de “neutralidad”. Pero aunque al golpe lo vistan de seda, el hecho es que quienes hoy gobiernan Paraguay ya no son aquellos por quienes el pueblo votó.

Esta última experiencia tiene mucho que enseñarnos. Por un lado, muestra que en ese aislado país todavía reina la primitiva cultura política legada por el stronismo, misma que ahora se resignó con que el golpe no fuera sangriento y que careció de la autonomía necesaria para defender los valores democráticos. Por otro, la hipocresía de los gobiernos más conservadores de la región, que se amparan en el pretexto de que el golpe supuestamente fue “legal”, pese a la flagrante ausencia de garantías de debido proceso para el acusado. Además, que apelan a la hojita de parra –acuñada cuando Honduras– de que las próximas elecciones sanearán esta crisis, a sabiendas de que los golpistas las manejarán según les convenga, para aplastar “legalmente” a quienes respaldaron a Lugo.

Para concluir resta preguntarse qué gobiernos son éstos que las derechas buscan derribar, de viejas o nuevas maneras. No son gobiernos revolucionarios. Cierta izquierda les reprocha no ir más allá de contrarrestar al neoliberalismo y humanizarle el rostro al capitalismo, sin plantarse metas que rebasen este horizonte. Obvian el hecho de que su papel es gobernar según el programa por el cual los ciudadanos les dieron el voto.

¿Qué sentido tiene pedirles un desborde que sus electores no estarían dispuestos a sustentar y defender? La respuesta está más en manos principalmente de los partidos. Para disponer de gobiernos más revolucionarios hay que formar fuerzas sociales más radicales, que los elijan, impulsen y sostengan. Como asimismo implica derrotar a las derechas y a su ofensiva no sólo en el campo político-electoral, sino también en el programático, cultural y organizativo. Sólo eso posibilitará pasar de un horizonte posneoliberal a uno poscapitalista.

* Ensayista panameño, autor de Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear.

Tomado de Página/12

Golpe de Estado en Paraguay: ¿Quién ganó qué?

Estados Unidos ya tenía en Paraguay lo que quería. Seguramente, con Franco garantizaron que continuarán teniéndolo

IMMANUEL WALLERSTEIN

El 22 de junio de 2012 el Senado paraguayo invocó una cláusula de la Constitución que autorizaba el juicio político del presidente por el mal desempeño de sus funciones. El mandatario era Fernando Lugo, quien fue electo tres años antes y cuyo cargo estaba por terminar en abril de 2013. De acuerdo con la normatividad, Lugo estaba limitado a un solo periodo en el cargo.

El mal desempeño invocado por el Senado fue el hecho de que el 17 de junio hubo un enfrentamiento entre trabajadores agrícolas pobres que pugnaban por el derecho a la tierra y la policía que los desalojó de la tierra que ocupaban. Diecisiete personas (campesinos y policías) perdieron la vida. El Senado lanzó su proceso el 21 de junio y ofreció a Lugo dos horas para presentar una defensa (lo cual él rechazó por considerarlo sumamente inapropiado). El Senado votó al día siguiente su retiro del cargo.

Su vicepresidente, Federico Franco, pertenece a un partido diferente al de Lugo. Sin embargo, Franco entró a las elecciones de 2008 con Lugo, con el fin de derrotar al Partido Colorado, que había estado en el poder por más de 60 años. Una vez en el cargo, Franco se opuso consistentemente a las políticas de Lugo. La Constitución paraguaya prevé que, en caso de destitución del presidente, automáticamente el vicepresidente asuma el cargo. El golpe de Estado hizo a Franco mandatario.

Lugo arguyó que se trataba de un golpe de Estado y que si en lo técnico no era ilegal, ciertamente era ilegítimo. Casi todos los gobiernos de América Latina concordaron con el análisis, pidieron su destitución y de varias formas cortaron relaciones con Paraguay. ¿Qué condujo a este golpe? ¿Qué esperaban conseguir los que lo tramaron? ¿Quién los respaldó? ¿Cuáles son las consecuencias reales para Paraguay, América Latina y el mundo?

Paraguay ha sido durante mucho tiempo una de las peores dictaduras en el continente americano, manejado por una pequeña clase terrateniente organizada en el Partido Colorado, con miserables condiciones para el campesinado, la mayoría del cual pertenece a pueblos indígenas. En 1989 el exilio del dictador del Partido Colorado, Alfredo Stroessner, aflojó un poco las restricciones políticas. El principal partido de oposición, Liberales (partido de Franco), representa más a las élites urbanas, pero tiene igualmente muy poca simpatía hacia el campesinado. Las elecciones de 2008 prometían ser las primeras que fueran relativamente abiertas.

Fue en este punto que el obispo de San Pedro, Fernando Lugo, entró en la escena política. Conocido de tiempo atrás como el obispo de los pobres, Lugo era asociado con la teología de la liberación, alguien que no contaba con los favores de otros obispos ni del Vaticano. Su plataforma política planteaba una mejor distribución de la tierra. Dado que la Constitución paraguaya y el Vaticano no permitían que un clérigo compitiera por un cargo político, Lugo renunció a su cargo como obispo y buscó la laicización. Pese a que el Vaticano se negó a ello, compitió de todos modos y el Vaticano lo laicizó tras la elección.

Lugo recibió únicamente una pluralidad de votos en lo que fue una elección de tres opciones, pero el Partido Colorado aceptó las elecciones de forma pacífica. Lugo fue el primer político de izquierda en ganar una elección en Paraguay (excepto por una corta victoria de alguien en 1936, quien fue depuesto en un año). La elección de Lugo fue parte de una ola de victorias para los partidos de izquierdas en el continente americano en la primera década del siglo XXI. Para Paraguay fue un símbolo de esperanza.

No obstante, había ganado únicamente por una pluralidad y su partido tenía poca fuerza en la legislatura, especialmente en el Senado. El resultado casi inevitable fue que Lugo sólo pudo hacer muy poco de lo que había prometido. No hubo una reforma agraria. Lugo había prometido poner fin al papel de las fuerzas estadunidenses en el llamado programa antidrogas. En cambio, lo continuó. No hizo maniobra alguna para cerrar la base militar estadunidense en Paraguay. Dado este decepcionante desempeño, ¿por qué sus oponentes se molestaron en retirarlo del cargo nueve meses antes del fin de su periodo?

De hecho, para quienes emprendieron el golpe de Estado el derrocamiento de Lugo tuvo la consecuencia negativa de hacer posible lo que el Senado había bloqueando por años. Paraguay es miembro del Mercosur, junto con Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia. Venezuela había solicitado su inclusión. Esto requería la ratificación de las legislaturas de los cinco estados. Todos habían otorgado su asentimiento, excepto el senado paraguayo. Tras el golpe, el Mercosur suspendió a Paraguay y de inmediato dio la bienvenida a Venezuela como miembro.

Así que, ¿quién ganó en Paraguay con el golpe? En términos de las políticas gubernamentales, no ha hecho una diferencia real. Lo que las élites locales mostraron fue su músculo, tal vez confiando en intimidar no sólo a la izquierda paraguaya, lo que ha ocurrido, sino enviar un mensaje a los otros países, especialmente a Bolivia. Los obispos paraguayos y el Vaticano tuvieron su revancha contra un partidario de la teología de la liberación, aunque no fuera sino un débil.

¿Y Estados Unidos? Estados Unidos ya tenía en Paraguay lo que quería. Seguramente, con Franco garantizaron que continuarán teniéndolo. Las declaraciones de Hillary Clinton posteriores al golpe apenas si fueron condenatorias. De hecho, Estados Unidos bloqueó cualquier reprimenda del golpe por la Organización de Estados Americanos. Pero los vínculos de Paraguay con los militares estadunidenses estarán sujetos ahora a la presión y al debate en América Latina. Así que no está claro lo que ganó Estados Unidos.

Una forma de interpretar el golpe es verlo como una escaramuza en la batalla entre Estados Unidos y Brasil por la hegemonía geopolítica en Sudamérica. Las jugadas iniciales de Brasil –suspender a Paraguay no sólo del Mercosur, sino de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur)– no son exactamente lo que quiere Estados Unidos.

Pero hay, sin embargo, ambigüedades en la posición de Brasil. Las plantaciones en Paraguay contra las cuales los campesinos luchaban incluyen un número significativo que son propiedad de los brasiguayos (brasileños y uruguayos) y en consecuencia Brasil no quiere cortar todos los vínculos económicos con Paraguay. Además, Paraguay es una fuente importante de energía hidroeléctrica para Brasil.

¿Qué pasará? El actor clave es precisamente Brasil. No puede darse el lujo de recibir un golpe que será interpretado por toda Sudamérica como algo que fortalece la posición de Estados Unidos. Pero los intereses políticos de Brasil como potencia emergente –la creación de un bloque sudamericano, encabezado por Brasil– tuvieron que ser balanceados por los intereses económicos de Brasil en la propia Sudamérica. Para saber lo que ahora ocurrirá en Paraguay uno debe mantenerse atento a Brasil.

Tomado de La Jornada, México

 

“La izquierda está obligada a unirse para las elecciones de 2013”

Entrevista a Carlos Filizzola, ministro de Fernando Lugo y senador de Paraguay

Por Alejandro Fierro

Carlos Filizzola era el ministro del Interior del Gobierno de Fernando Lugo el 15 de junio de 2012, cuando tuvo lugar la matanza de Curuguaty en la que fallecieron 17 personas –once campesinos y seis policías- durante un desalojo de tierras. El suceso fue utilizado por la oligarquía paraguaya para dar el golpe de Estado contra el presidente Lugo. Desde su escaño en el Senado, que aún mantiene a pesar de las amenazas de la derecha, su papel de dirigente en País Solidario –partido de la plataforma progresista Frente Guasú- y su puesto como miembro del gabinete político de Fernando Lugo, denuncia la ilegitimidad del gobierno golpista de Federico Franco y trabaja por la unidad de la izquierda para recuperar el poder en la elecciones de abril de 2013.

Usted era ministro del interior cuando se produjo el tiroteo de Curuguaty. ¿Cómo evalúa aquel suceso?

Fue un incidente muy extraño. Se trataba del desalojo de unas tierras sobre las que había litigio, aunque lo cierto que su situación real era de propiedad privada [la finca pertenece al terrateniente oligarca Blas N. Riquelme, exsenador del Partido Colorado estrechamente vinculado con el dictador Alfredo Stroessner. Las organizaciones campesinas consideran que el terreno le fue otorgado por el dictador de forma ilegítima]. El desalojo se llevó a cabo en cumplimiento de una orden del poder judicial, no del Gobierno. A veces ha habido episodios de violencia en los desalojos, pero no es lo habitual. Las primeras medidas que tomé fueron órdenes de investigación, porque el suceso, repito, era muy extraño. Existe la posibilidad de que hubiera infiltrados, no por parte de los campesinos ni de los policías, sino de terceras personas. Esos infiltrados serían los que iniciaron los disparos.

Usted fue destituido por Lugo el mismo día de la matanza. ¿Estuvo de acuerdo?

Ese mismo día, ante el ambiente tenso y la radicalización de la derecha parlamentaria [con amplia mayoría en las cámaras] consideramos que lo mejor era descomprimir esa presión política con mi salida del Ministerio y puse mi cargo a disposición del presidente. Hay que tener en cuenta que desde el mismo día de la matanza el Parlamento comenzó a amenazar con el juicio político [figura constitucional que permite al Parlamento destituir al presidente por ‘mal desempeño’ de sus funciones].

¿Se imaginó que la derecha iba a llegar tan lejos?

Realmente no. Los hechos estaban aún bajo investigación y se trataba de un operativo legal en cumplimiento de una orden judicial. Era un desalojo más de los muchos que se han hecho. En Paraguay hay un grave problema de distribución de la tierra. Nosotros pensábamos que con mi salida se podrían descomprimir las amenazas, peo después nos dimos cuenta de que la matanza fue un simple pretexto para llevar al presidente a un juicio político. La actitud hostil continuó durante toda la semana hasta que por fin se consumó el juicio.

¿Se puede hablar de un golpe de Estado?

Sí, claramente. Fue algo fraguado y montado y, sin lugar a dudas, fue un quiebre del orden democrático. Lo decimos en Paraguay y lo dice gran parte de la comunidad internacional. Se llevó a cabo un juicio político en menos de 24 horas, algo inédito. Tampoco se respetaron el debido proceso y el legítimo derecho a la defensa. Fue un juicio político ilegal e ilegítimo que provocó un quiebre del orden democrático. Después ya se comprobó que todo estaba montado de antemano. Las acusaciones no sólo se referían a lo ocurrido en Curuguaty, sino que hacían referencia a otras cuestiones pasadas. Ninguna de las acusaciones tenía fundamento. Por ejemplo, la acusación de ceder la soberanía del país al suscribir el Protocolo de Usuahia II [acuerdo del Mercosur para aislar a cualquier país miembro cuando se produzca una amenaza contra el orden democrático], cuando lo cierto es que Paraguay no lo ha firmado y no está en vigencia. Todo esto demuestra que el golpe ya estaba montado por los sectores conservadores que se opusieron a Lugo desde el mismo día que llegó al poder.

Algunas voces alertan que ya se ha iniciado una represión silenciosa: despidos, persecuciones judiciales, acoso político…

Hay una caza de brujas impulsada por los que usurparon el poder liderados por Federico Franco, el presidente ilegítimo. Esta gente utiliza métodos de la dictadura de Stroessner para atemorizar y crear terror. Las denuncias sin ningún fundamento sobre una supuesta incitación al alzamiento militar por parte del canciller venezolano; unas fotografías de dirigentes políticos cercanos a Lugo que dicen que demuestran su vínculo con secuestradores, a mí me quieren expulsar del Senado… Hay una auténtica caza de brujas que nos retrotrae a la época de Stroessner.

¿Se puede revertir la situación?

Hay que continuar con la campaña de resistencia pacífica al quiebre del orden democrático y seguir con toda las movilizaciones. El presidente Lugo está yendo por todo el país, explicándole a la gente lo que ocurrió. Pero a la vez tenemos que trabajar para las elecciones de abril de 2013. La izquierda tiene muchas oportunidades, sobre todo a raíz de este golpe a la democracia.

Hay una reclamación unánime desde las clases populares: unidad tanto en la candidatura presidencial como en las parlamentarias.

Es lo deseable, pero no es fácil. En Paraguay la izquierda no tiene un proceso de consolidación fuerte como en Uruguay o en otros países. El Frente Guasú, que supone el inicio de la unidad de la izquierda, tiene muy pocos años [marzo de 2010]. Sin embargo, a raíz del golpe la derecha ruda, vinculada a los grandes intereses económicos, heredera de la dictadura de Stroessner y con ramificaciones con el narcotráfico, se ha unido. Eso nos obliga a unirnos, a dejar de lado intereses sectoriales y partidarios y a fortalecer el proyecto no del Frente Guasú, sino tal vez de algo más amplio y que incluya a más formaciones y movimientos sociales.

¿Se atreve a pronosticar un nombre para la Presidencia?

Hay que lograr una candidatura de consenso que puede llevar adelante este proyecto hasta abril de 2013. En estos momentos, Mario Ferreiro [uno de los periodistas más conocidos de Paraguay, con más de 30 años de trayectoria en radio, televisión y prensa escrita] es una de las figuras que concita más adhesión de la ciudadanía. Eso lo hemos podido ver en todos los actos celebrados, sin que suponga desmerecer al resto de precandidatos. Todos tienen su trayectoria de lucha, pero creo que tenemos que elegir a un candidato en el menor tiempo posible y trabajar en base a eso.

Tomado de paraguayresiste.com

No todo está perdido en Paraguay

La mayoría de paraguayos considera muy buena o buena la imagen del presidente depuesto, y más de la mitad no confía en el gobierno espurio, que sigue aislado. Vea usted el sugerente mural pintado por artistas en la fachada del político progresista Domingo Laíno, que accedió a ello sin ambages

Por MAGGIE MARÍN

Hechos ocurridos durante la penúltima semana de julio muestran que aún no todo está dicho en la sufrida nación sudamericana. Mientras el gobierno espurio de Federico Franco casi recibió un espaldarazo del viejo continente en la piel de una delegación de eurodiputados que llegó a “interiorizarse de la situación política luego de la sucesión” -era de esperar-, su partida tres días después se convirtió en auténtica jornada de protestas en rechazo al despojo de que fue víctima el presidente Fernando Lugo, y de los golpistas. Al unísono, una encuesta pública le otorgó al exobispo un 58 por ciento de respaldo popular, en tanto 48 por ciento de los consultados admitieron que su imagen de Franco es muy mala o mala.

Es esencial dejar claro también que Federico Franco y su pandilla siguen hasta ahora  mayormente aislados.

Guardando todas las proporciones, aunque lo acontecido finalmente en Honduras en 2009 disuade a cualquiera de abrigar falsas esperanzas, como el triunfo de la justicia o la posibilidad de un enroque capaz de revertir el golpe de estado que ahora tuvo lugar en Paraguay, no hay dudas, lo antes descrito es signo innegable de que lejos de doblar la cerviz en silencio, Latinoamérica está despierta ante estos lances del imperio, empeñado en asegurar su predominio en la región, como apuntamos recién en estas mismas páginas.

El propio exprelado, que como aseguran reconocidos analistas fue en un primer momento demasiado aquiescente a su desalojo de la presidencia, está desplegando una estrategia para llamar las cosas por su nombre y movilizar a la ciudadanía. Ante los parlamentarios europeos fue claro y firme en su denuncia de la violación a la legalidad y la democracia aquel viernes 22 de junio –a solo seis del tercer aniversario del golpe en Honduras, vaya casualidad—, visita barrios y distritos para ofrecer sus puntos de vista a los pobladores, y acudió a varias conferencias de prensa para seguir denunciando el atropello contra él y contra la constitución.

Testigo cardinal de la actualidad paraguaya, en la última de sus comparecencias, casi al cierre de esta sección, Lugo aseguró que la población repudia crecientemente la asonada parlamentaria y pide esclarecer la matanza de Curuguaty. “Paraguay despierta y expresa su indignación por los daños contra la democracia”, dijo en un evento al aire libre en una zona céntrica de Asunción, en el que artistas y ciudadanos expresaron su rechazo al actual gobierno.

José Rodríguez, de la Liga Nacional de Carperos (los sin tierra aquel país) denunció que no hay interés en esclarecer la carnicería del 15 de junio, cuando durante el desalojo de los ocupantes de una estancia del rico terrateniente y político colorado Blas N. Riquelme murieron 11campesinos y 6 policías, excusa empleada para propinar el “golpe parlamentario” trajeado de juicio político.

Curuguaty, denunció Lugo, fue una “conspiración para desestabilizar” al Ejecutivo. Rodríguez insistió por su parte en que tal como las fuerzas progresistas han denunciando, infiltrados y francotiradores desencadenaron el tiroteo, para a posteriori atacar políticamente al presidente constitucional culpándolo del episodio.

Pero como en el título de un viejo film, los malos duermen bien. De ahí que el fiscal que lleva el caso de la matanza descartó la actuación de francotiradores, dijo que las armas era escopetas de caza, y pidió la excarcelación de dos de los detenidos por falta de pruebas. En un país donde los poderes legislativo y judicial están en manos de derechistas y oligarcas, algo así se tuvo lógicamente en cuenta al diseñar el plan del golpe “blando”.

Como acaba de argüir el escritor Eduardo Galeano, el juicio político contra el presidente paraguayo resultó en la realidad un golpe de Estado muy mal maquillado. Por ende, aunque muchos no lo quieran ver, se le están cayendo los afeites.