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LOS BEBES DE FALUYA, a propósito del último artículo de Noam Chomsky

Bebés de faluya, Iraq, con graves defectos de nacimiento

Conocí hace ya algunos años a una mujer occidental…no era exactamente una amiga, más bien una conocida, una amiga de una buena amiga mía.
La llamaré Marion. Estaba recién casada y ella y su marido estaban muy ilusionados con tener un bebé. Cuando Marion se quedó embarazada, después de una muy cuidadosa planificación, porque a los occidentales les encanta planificarlo todo, hasta el último céntimo, tuvo todos los cuidados médicos necesarios. Pruebas de ultrasonido y todo lo demás… y en el cuarto mes de embarazo se dispuso a pasar el examen habitual para comprobar si su bebé era un feto saludable.
Marion se quedó horrorizada cuando su doctor le informó de que su bebé tenía alguna deformidad genética y que debía someterse a un aborto. Marion se hundió después en una grave depresión a pesar del hecho de que su doctor le aseguró que en el futuro podría tener bebés sanos, pero tenía pánico a quedarse embarazada de nuevo y su relación marital sufrió un duro golpe y acabó en divorcio…
Durante su período de aflicción, sus amigos y familia le dedicaron todo su apoyo… todos la consolaban por haber perdido un feto de cuatro meses, todo el mundo estaba pendiente de ella y la mimaban, además de inacabables sesiones con psiquiatras especializados que intentaban hacer cuanto podían para ayudar a Marion a que se recobrara de su congoja…
Era una hecatombe… una gran hecatombe… ¿cómo podía la naturaleza haberle hecho eso a Marion?, se preguntaba todo el mundo… y yo misma vi cómo sus cabezas se sacudían incrédulas ante tamaña crueldad… y escuché exclamaciones de horrorizada indignación por un embarazo malogrado.
Yo sentí, bueno, sí, que era triste pero que no era el fin del mundo. Fue afortunada de perderlo en medio del embarazo en lugar de tener que esperar hasta el parto y todavía era joven y tenía buena salud, disfrutaba de acceso a los servicios sanitarios, vivía en un entorno saludable, llevaba una buena dieta, tenía apoyos y podía quedarse embarazada de nuevo…
En mi opinión, tanto alboroto era una exageración… pero los occidentales se preocupan mucho de la vida, de tener bebés saludables, de tener familias saludables y de su absoluto derecho a tener todo eso en las mejores condiciones posibles…
Los años pasaron y no sé qué ocurrió finalmente con Marion, quizá concibió de nuevo o quizá se quedó colgada del hecho de que tuvo que poner fin a un embarazo a causa de un accidente de la naturaleza… pero, lo que sí sé y conozco bien es que hay miles de madres iraquíes a las que se les está pidiendo que no se queden embarazadas…
Lo más reciente que he oído a ese respecto, y esto no es oficial, es que en Basora los médicos están aconsejando a las mujeres que no se queden embarazadas en los próximos veinticinco años. Es algo que circula en secreto entre los recién casados…
La razón de estar disuadiendo de los embarazos proviene del hecho de que Occidente, que se preocupa tanto por sus niñitos, no tuvo ni el menor reparo en derramar toneladas de productos químicos letales, es decir, sus armas de destrucción masiva, sobre las gentes de Basora y Faluya, por nombrar sólo unas cuantas armas químicas como el uranio empobrecido y el fósforo, que han logrado que las tasas de cáncer se disparen entre los niños y que estén alumbrándose los monstruos más horribles, genéticamente modificados por la “libertad y la democracia”…
Las madres de Faluya y Basora no disponen de los lujos de las Marion… y sus pequeños Frankestein no son el producto de ningún accidente de la naturaleza… no. Sus pequeños han sido planificados y concebidos en Washington DC y en el 10 de Downing Street. Son el fruto de Occidente. El parto de Occidente… y de nuestras contracciones.
Nadie se preocupará de las madres iraquíes, que tampoco recibirán el trato delicado ni gozarán de la empatía de las que disfrutó Marion… se limitarán a tumbarse en la sala de partos, asumiendo que haya una… y expulsarán un monstruo tras otro… elaborados en Estados Unidos y la Gran Bretaña.
Pero hay una cosa que probablemente se les escapa… estos monstruosos recién nacidos, estos bebés deformados –no por la naturaleza sino por vuestra “civilización”- son tan sólo un reflejo de vuestra propia fealdad… en cuanto a ellos, esos pequeños son bellos… y en cuanto a vosotros, sois algo peor que una atrocidad, que la peor de las pesadillas…
Fuente: http://arabwomanblues.blogspot.com/2010/05/genetically-modified.html

Tomado de Checuchito’s Blog

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Faluya, peor que Hiroshima

Este texto fue publicado originalmente en agosto de 2010. Lo extracté y lo anexo al anterior porque lo considero necesario, especialmente  por su gran impacto y cuando, como es el caso, se trata de considerar el “respeto” a los derechos humanos del gobierno de Estados Unidos. Estas criaturas pertenecen a un pasado reciente que es también el presente en los sobrevivientes, y lamentablemente puede ser el futuro en cualquier momento, en cualquiera de las guerras que caracterizan a esta época de Guerras Calientes. Las fotos que siguen, apenas dos de un montón que hay en la red,  son en efecto inquietantes, muy duras,  pero para muchos escépticos, solo vista hace fe.

La información que me acaba de llegar es demasiado importante como para poder dejarla atrás ni un segundo…me pongo pues a elaborar mi escrito aceleradamente.

Acabo de ver una emisión en Al-Jazeera Arabic del programa de Ahmad Mansour en el que entrevista al Profesor Chris Dusby. El Profesor Busby es científico y Director de Green Audit, así como secretario científico del Comité Europeo sobre Riesgos Radioactivos. Para conocer más datos sobre el Profesor Chris Busby y sus trabajos, tecleen en Google “Chris Busby Uranium

El Profesor Busby ha publicado muchos artículos sobre la radiación, el uranio y la contaminación de países tales como Líbano, Kosovo, Gaza y, por supuesto, Iraq.

Sus últimos hallazgos, que fueron de los que se ocupó el programa emitido en Al-Jazeera, serán los que yo aborde y exponga en estas líneas.

Como algunos de Vds. saben, Faluya es una ciudad prohibida. Fue sometida a intensos bombardeos en 2004 con bombas de uranio empobrecido y fósforo blanco, y desde entonces la han declarado zona peligrosa, lo que significa que ni las autoridades títeres de Iraq ni las fuerzas invasoras/ocupantes de EEUU permiten que nadie pueda realizar ningún estudio real de lo que allí sucede. Faluya está básicamente bajo asedio.

Es obvio que los estadounidenses y los iraquíes saben algo y que tratan de ocultarlo al conocimiento público. Y ahí es donde el Profesor C. Busby entra en escena. Pero él fue/es inflexible a la hora de llegar al fondo de la verdad de lo que ocurrió en Faluya en 2004.

Siendo como es uno de los mejores científicos en su campo, se las arregló para poder dirigir una investigación en Faluya, cuyos resultados preliminares se publicarán en dos semanas, confío…

El Profesor Busby encontró muchos obstáculos para poder llevar a cabo este proyecto. Ni a él ni a ningún miembro de su equipo se les permitió acceder a Faluya para realizar las entrevistas. Pero él dijo que cuando la puerta principal se cierra, uno tiene que intentar que otras puertas se abran. Y esto fue lo que hizo. Consiguió reunir un equipo de iraquíes de Faluya para que dirigieran las entrevistas por él.

El proyecto de investigación se basó en 721 familias de Faluya con 4.500 participantes, que vivían tanto en zonas nivel de radiación alto como bajo. Los resultados se compararon con un grupo de control: una muestra compuesta por el mismo número de familias que viven en una zona no radiactiva en otro país árabe. Con motivo del estudio, eligió otros tres países para llevar a cabo tal comparación: Kuwait, Egipto y Jordania.

Antes de entrar en los resultados preliminares, debo señalar lo siguiente:

– Las autoridades iraquíes amenazaron a todos los participantes de esta investigación con arrestarles y detenerles si cooperaban con los “terroristas” que les estaban entrevistando. Es decir, se les amenazó bajo el acta anti-terrorismo.

– Las fuerzas estadounidenses prohibieron al Dr. Busby que recogiera cualquier dato, sosteniendo que Faluya es una zona insurgente.

– Los doctores de Faluya rechazaron salir en directo en el programa de Ahmad Mansour porque habían recibido amenazas de muerte y temían por sus vidas.

Es decir, el estudio se llevó a cabo en condiciones muy difíciles y con amenazas de muerte. No obstante, se siguió adelante.

Como no se ha descargado el programa en Youtube, no puedo transcribir la entrevista palabra por palabra. Tomé breves notas a mano y memoricé el resto. Pero haré cuanto pueda para presentar todos los hechos que se relataron hoy.

Así pues, ¿qué es lo que EEUU y sus títeres iraquíes no quieren que la gente sepa? ¿Y por qué no están permitiendo que se realice ninguna medición de los niveles de radiación en Faluya y por qué incluso han prohibido a la Agencia Internacional de la Energía Atómica que entre en Faluya?

¿Qué pasó exactamente en Faluya? ¿Qué tipo de bombas se utilizaron? ¿Fue sólo uranio empobrecido o hubo algo más?

1. Un aspecto que es muy característico de Faluya es que los índices de cáncer han aumentando de forma espectacular en un espacio muy corto de tiempo, i.e., desde 2004. Ejemplos ofrecidos por el Dr. Busby:

– El índice de leucemia infantil es 40 veces más alto desde 2004 que en años anteriores. Y comparado con Jordania, por ejemplo, es 38 veces más alto.

– La tasa de cáncer de mama es 10 veces superior a la de 2004.

– La tasa de cáncer linfático es también 10 veces mayor desde 2004.

2. Otra peculiaridad de Faluya es el inmenso aumento en las tasas de mortalidad infantil. Comparadas con otros dos países árabes como Kuwait y Egipto, que no tienen contaminación radioactiva, estas son las cifras:

– La tasa de mortalidad infantil en Faluya es de 80 niños de cada mil nacidos, en comparación con Kuwait, donde se da la cifra de 9 de cada mil y en Egipto 19 de cada mil (por tanto, la tasa de mortalidad infantil iraquí es cuatro veces más alta que la de Egipto y nueve veces más alta que la de Kuwait).

3. La tercera peculiaridad de Faluya es la cifra de deformidades genéticas que ha estallado desde 2004. Esta es una cuestión a la que ya me he referido en el pasado. Pero no pude referirme a todo, hoy he aprendido algo más. La radiación con cualquiera de los agentes utilizados por las “fuerzas de liberación” no sólo causa deformidades genéticas masivas sino también y esto es muy importante:

– Causa cambios estructurales a nivel celular.

– Lo que a su vez provoca, debido a la composición genética de los bebés masculinos (carencia del cromosoma X), que los niños corran mayor riesgo de muerte, mientras que es más probable que las niñas sobrevivan aunque con deformidades graves. Y hay otro ejemplo ofrecido por el Dr. Busby: antes de 2003, las tasas de nacimiento en Faluya eran las siguientes: 1.050 niños frente a 1.000 niñas. En 2005, sólo han nacido 350 niños frente a 1.000 niñas, lo que significa que los bebés niños no están sobreviviendo.

– En cuanto a las niñas y ahí es donde la tragedia se ceba… la radiación causa cambios a nivel de ADN, lo que significa que esas mismas niñas, si logran sobrevivir y si se reproducen más tarde, darán a luz niñas genéticamente deformadas y niños muertos.

– Los datos expuestos se apoyan en otros estudios realizados con niños y nietos de los supervivientes de Hiroshima (en el año 2007), que muestran que incluso la tercera generación presenta malformaciones genéticas, incluidas diversas enfermedades (cáncer, cardíacas, etc…) en una proporción 50 veces superior. Por otra parte, en Chernobyl, los estudios realizados con los animales en esa área han mostrado que los efectos de la radiación han modificado genéticamente 22 generaciones. En resumen, la radiación se trasmite de gen a gen y tiene una efecto acumulativo con el tiempo.

– Algunas de las deformidades que presentan los bebés son tan grotescas que tanto Al-Jazeera como la BBC, que produjeron un documental sobre el mismo tema, se negaron a mostrar las fotos a sus televidentes. Los ejemplos de deformidades de los que Ahmad Mansour tiene fotografías son:

– Bebés nacidos sin ojos.

– Bebés nacidos con dos y tres cabezas.

– Bebés nacidos sin orificios.

– Bebés nacidos con tumores malignos en el cerebro y en los ojos.

– Bebés nacidos sin determinados órganos vitales.

– Bebés a los que les faltan extremidades o tienen más de las normales.

– Bebés nacidos sin genitales.

– Bebés nacidos con malformaciones cardíacas.

Y más casos aún…

– Sobre ese mismo punto, con motivo del estudio, se les pidió a los doctores de Faluya que indicaran las tasas de defectos de nacimiento en el espacio de un mes y que lo compararan con el mes anterior y este es el resultado: en el espacio de sólo un mes, los nacimientos con defectos aumentaron de uno por día (el mes anterior) a tres por día (en el mes objeto del estudio, que fue el de febrero de 2010).

– El uranio se transmite al torrente sanguíneo a través de la ingestión y la inhalación. Se estudió y controló también el nivel masivo de uranio que presenta la gente de Faluya debido al aumento vertiginoso de ganglios linfáticos y pulmonares y cánceres de mama en adultos.

Con estos hallazgos preliminares, el Profesor Busby y su equipo llegaron a la conclusión de que, en comparación con Hiroshima y Nagasaki, la situación de Faluya era peor. Y aquí cito textualmente al Dr. Busby: “La situación en Faluya es terrorífica y horrenda, es más peligrosa y peor que la de Hiroshima…

Por otra parte, y muy relacionado con lo anterior, he mencionado que estos son resultados preliminares, ¿por qué?

Porque al Profesor Busby se le acosó y se le recortaron los fondos necesarios para la investigación, le dieron con muchas puertas en las narices, le amenazaron (lo mismo le pasó a otros científicos que intentaron llevar a cabo estudios similares en la década de los noventa en Iraq) y la comunidad científica le abandonó, todo ello debido a la naturaleza de su trabajo en Iraq. Las implicaciones políticas son enormes y peligrosas.

La vida del Profesor Busby se ha convertido en algo lleno de dificultades. Envió a la revista Lancet el documento de investigación que tantas penas le costó dirigir y elaborar para que lo revisaran a nivel de comité científico, pero Lancet se lo devolvió diciendo que no tenían tiempo de revisarlo. Los laboratorios que cooperaron en el pasado para examinar las muestras, las rechazaron cuando supieron que venían de Iraq. Sólo dos laboratorios estuvieron dispuestos a examinar las muestras del AGENTE/MATERIAL EXACTO UTILIZADO EN FALUYA, y fue sólo en función de un precio desorbitado, de nuevo a causa de la naturaleza sensible del estudio. Cuando Ahmad Mansour le preguntó qué era lo que le hacía perseverar ante los formidables obstáculos a que se estaba enfrentando, su respuesta fue ésta:

Durante toda mi vida no he hecho sino buscar la Verdad, soy un cazador de la Verdad en una jungla de mentiras. También tengo hijos. Los hijos no son sólo nuestro futuro, son los transmisores de las generaciones futuras. Llevamos cincuenta años contaminando el planeta (con radiaciones) y esa es la herencia que estamos transmitiendo a nuestros hijos y nietos. Se lo debemos al pueblo de Faluya, tenemos que encontrar la Verdad.”

Extractado de:  http://pelusaradical.blogspot.com/2010/07/faluya-peor-que-hiroshima.html

 

Las atrocidades de los demás

Noam Chomsky

Linguista, filósofo y activista político estadounidense. Profesor de Lingüística en el  Instituto de Tecnología de Massachussets

Tomado de Adital

En su perspicaz estudio Ideal Illusions: How the U.S. Government Co-Opted Human Rights [Ilusiones ideales: cómo el gobierno estadounidense cooptó los derechos humanos] el experto en asuntos internacionales James Peck observa: “En la historia de los derechos humanos las peores atrocidades siempre la comete otro, nunca nosotros”, sea quien sea este “nosotros”.

Casi cada momento de la historia nos deja innumerables ejemplos de ello. Vamos a fijarnos en los de los últimos meses.

El 10 de mayo se inauguraron los Juegos Olímpicos de Verano en la cuna griega de estos antiguos juegos. Unos días antes había pasado prácticamente desapercibida la carta que dirigió el gobierno de Vietnam al Comité Olímpico Internacional (COI) expresando la “profunda preocupación del gobierno y del pueblo de Vietnam por la decisión del COI de aceptar a la compañía Dow Chemical como patrocinadora global del Movimiento Olímpico”.

Dow Chemical es la empresa que suministró los productos químicos que Washington utilizó desde 1961 para destruir las cosechas y los bosques de Vietnam del Sur empapando el país con Agente Naranja.

Estos venenos contienen dioxina, uno de los cancerígenos más letales que se conocen y que ha afectado a millones de vietnamitas y a muchos soldados estadounidenses. Es muy probable que hasta el día de hoy los abortos y los niños nacidos con malformaciones sean efecto de estos crímenes, aunque dada la negativa de Washington a investigarlo, solo contemos con los estudios de los científicos vietnamitas y de analistas independientes.

A este llamamiento vietnamita en contra de Dow Chemical se han unido el gobierno de India, la Asociación Olímpica India y los supervivientes de la espantosa fuga de gas en Bhopal en el año 1984, uno de los peores desastres industriales de la historia que mató a miles de personas y enfermó a más de medio millón.

Union Carbide, la empresa responsable del desastre, fue adquirida por Dow Chemical, para la cual este desastre es un motivo de preocupación no pequeño. En febrero Wikileaks reveló que Dow Chemical había contratado a la agencia privada de investigación estadounidense Stratfor para controlar a los activistas que están tratando de conseguir indemnizaciones para las víctimas y de que quienes fueron responsables de la catástrofe comparezcan ante la justicia.

Otro crimen muy importante y que ha tenido unos gravísimos efectos persistentes es el ataque de los Marines estadounidenses a la ciudad iraquí de Faluya en noviembre de 2004.

[Antes del ataque a la ciudad] Se permitió salir de ella a las mujeres y niños, si podían hacerlo. Después de varias semanas de bombardeos empezó el ataque con un crimen de guerra cuidadosamente planificado: la invasión del Hospital General de Faluya, en el que se ordenó a los pacientes y al personal tumbarse en el suelo con las manos atadas. Las ataduras se aflojaron en seguida, se había asegurado el complejo.

La justificación oficial fue que el hospital estaba informando de las víctimas civiles y, por lo tanto, se consideraba un arma de propaganda.

La prensa informó de que la mayor parte de la ciudad había quedado reducida a “ruinas humeantes” mientras los Marines buscaban a los insurgentes en sus “madrigueras”. Los invasores prohibieron la entrada a la Cruz Roja. Al no haber una investigación oficial, se desconoce las dimensiones de este crimen.

Si lo que ocurrió en Faluya recuerda a los acontecimientos que tuvieron lugar en el enclave bosnio de Srebrenica, que vuelve a estar de actualidad debido al juicio por genocidio del comandante militar serbio bosnio Ratko Mladic, hay una buena razón para ello. Sería instructivo hacer una comparación honesta, pero no hay peligro de que se haga: una es una atrocidad y la otra no lo es por definición.

Como en Vietnam, algunos investigadores independientes informan de que el ataque a Faluya está teniendo unos efectos persistentes.

Algunos investigadores médicos han descubierto un incremento dramático de la mortalidad infantil, del cáncer y de la leucemia, incremento que es incluso mayor que los de Hiroshima y Nagasaki. Los niveles de uranio en muestras de aire y del suelo son mucho mayores que en casos comparables.

Uno de los raros investigadores procedente de los países invasores es el Dr. Kypros Nicolaides, director del centro de investigación de medicina en el Hospital del Kingng’s College de Londres. “Estoy seguro de que los estadounidenses utilizaron unas armas que son las causantes de estas deformidades”, afirma Nicolaides.

El profesor de derecho estadounidense y Relator de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Originarios James Anaya informó el mes pasado de los persistentes efectos de una “no atrocidad” mucho mayor.

Anaya se atrevió a hollar un territorio prohibido al investigar las vergonzosas condiciones en las que vive la población originaria estadounidense que queda en Estados Unidos: “pobreza, malas condiciones, falta de resultados en la educación formal (y) enfermedades sociales a unos niveles que exceden con mucho los de otros segmentos sociales de la población estadounidense”, informó Anaya. Ningún miembro del Congreso quiso reunirse con él y la cobertura mediática [dada al informe] fue mínima.

En las noticias han aparecido mucho los disidentes después del dramático rescate del activista chino de derechos humanos ciego Chen Guangcheng.

“La conmoción internacional”, escribió Samuel Moyn en The New York Times el mes pasado, “provocó el recuerdo de anteriores disidentes como Andrei D. Sakharov y Aleksandr I. Solzhenitsyn, los héroes del bloque oriental de otros tiempos que fueron los primeros en convertir ‘los derechos humanos internacionales’ en un grito que unía a los activistas de todo el mundo y en una cuestión fundamental en las agendas de los gobiernos occidentales”.

Moyn es autor de The Last Utopia: Human Rights in History [La última utopía: los derechos humanos en la historia], publicado en 2010. En The New York Times Book Review Belinda Cooper puso en tela de juicio el que Moyn situara el origen de la prominencia contemporánea de estos ideales “en los frustrados pasos dados por (el presidente estadounidense Jimmy) Carter para inyectar los derechos humanos en la política exterior y en los Acuerdos de Helsinki de 1975 con la Unión Soviética”, al centrarse en los abusos de la esfera soviética. En su opinión la tesis de Moyn no es convincente ya que “es mucho más fácil de construir una historia alternativa de su propia cosecha”.

Es cierto: la alternativa obvia es la que ofrece James Peck, al que los medios dominantes apenas tienen en cuenta a pesar de que los hechos relevantes son sorprendentemente claros y conocidos, al menos para los académicos.

Así, en Cambridge History of the Cold WarJohn Coatsworth recuerda que desde 1960 al “hundimiento de la Unión Soviética en 1990 la cantidad de presos políticos, de víctimas de la tortura y de ejecuciones de disidentes políticos no violentos en América Latina superó con mucho a la de los de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa del este”. Pero como eran “no atrocidades”, estos crímenes, que en gran parte son atribuibles a la intervención estadounidense, no inspiraron una cruzada de derechos humanos.

Inspirándose también en el rescate de Chen, el columnista de The New York Times Bill Keller escribe que “los disidentes son heroicos”, pero pueden ser “molestos para los diplomáticos estadounidenses que tienen importantes negocios que hacer con países que no comparte nuestros valores”. Keller critica a Washington por no estar a veces a la altura de nuestros valores emprendiendo una acción rápida cuando otros cometen crímenes.

No faltan disidentes heroicos dentro de los dominios de influencia y de poder estadounidense, pero son tan invisibles como la víctimas latinoamericanas. Mirando casi al azar por el mundo encontramos a Abdulhadi al-Khawaja, cofundador del Centro Bahrain para los Derechos Humanos, preso de conciencia para Amnistía Internacional que se enfrenta en estos momentos a morir en la cárcel a consecuencia de una larga huelga de hambre.

Y el padre Mun Jeong-hyeon, el anciano sacerdote coreano que resultó gravemente herido cuando participaba en una multitudinaria manifestación de protesta contra la construcción de una base naval estadounidense en la isla Jeju, llamada Isla de la Paz, ahora ocupada por las fuerzas de seguridad por primera vez desde las masacres de 1948 del gobierno de Corea del Sur impuesto por Estados Unidos.

Y el profesor universitario turco Ismail Besikci, que se vuelve a enfrentar a un juicio por defender los derechos de los kurdos. Ya ha pasado gran parte de su vida en la cárcel debido a la misma acusación, incluso en la década de 1990, cuando el gobierno Clinton suministraba a Turquía enormes cantidades de ayudad militar, en un momento en que el ejército turco perpetraba algunas de las peores atrocidades de la época.

Pero estos casos junto con otros que son demasiado numerosos para mencionarlos son no existentes según los principios oficiales.

Tomado de Adital