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ARGENTINA: DÍA DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

TOMADO DE TELESUR

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Cada 24 de marzo Argentina Conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia para recordar a las víctimas de la última dictadura militar del país (1976-1983) recordada como una de las etapas más sangrientas de la historia de ese país.

EL PROCESO DE REORGANIZACIÓN NACIONAL
(LA DICTADURA MILITAR)

LA DICTADURA EN ARGENTINA

El 24 de marzo de 1976 se produjo en Argentina el último golpe de Estado militar que derrocó el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Este hecho marcó el inicio de una etapa sangrienta en la que las violaciones de Derechos Humanos, los secuestros, las matanzas y las desapariciones se hicieron el día a día en la nación suramericana. 

Fueron siete años muy duros para el país. En la dictadura se perdieron muchas vidas. En la actualidad hay quienes aún se estremecen escuchando historias como el robo de niños, las violaciones continuas y los vuelos de la muerte. Por eso es que ahora, cuando la democracia se ha instaurado en la nación, la expresión “Nunca Más” es usada por el pueblo argentino para hacer referencia a ese período oscuro y doloroso de su historia. 

“Recordar esta fecha nos responsabiliza en la defensa de nuestros derechos y del sistema político democrático. Un gobierno elegido por la mayoría y respetado por todos es lo más valioso que un país puede tener”, indica la Presidencia argentina indica en su portal Web. 

 El 2 de agosto de 2002, el Congreso de la Nación Argentina dictó la ley 25.633, creando el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia con el fin de conmemorar a las víctimas de la dictadura. 

 En 2005, durante la gestión del presidente Néstor Kirchner, el Ejecutivo argentino propuso que la fecha se convirtiera en un día no laborable, inamovible. El proyecto se convirtió en Ley gracias al apoyo de organizaciones de derechos humanos como Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Plaza de Mayo, quienes no han bajado sus brazos en la búsqueda de la justicia. 

 “Hablemos claro: no es rencor ni odio lo que nos guía y me guía, es justicia y lucha contra la impunidad. A los que hicieron este hecho tenebroso y macabro de tantos campos de concentración, como fue la ESMA, tienen un solo nombre: son asesinos repudiados por el pueblo argentino”- Néstor Kirchner.

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¿QUIÉN FUE JORGE RAFAEL VIDELA?

JORGE RAFAEL VIDELA, ES SEÑALADO COMO EL PRINCIPAL RESPONSABLE DE LAS MAYORES VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS QUE PUDO SUFRIR EL PUEBLO DE ARGENTINA ENTRE 1976 Y 1981.

1.- ¿Quién fue? Jorge Rafael Videla fue un militar argentino que formó un Gobierno “de facto” en Argentina entre los años 1976 y 1981, tras derrocar a la presidenta María Estela Martínez de Perón, y ejerció una cruel dictadura. Durante su período de Gobierno impulsó una de las peores violaciones a los derechos humanos y tras su caída fue juzgado y condenado a prisión por los numerosos crímenes cometidos en su gestión.  

2.- ¿Cómo llegó a la política? Videla era teniente general y llegó a ocupar el cargo de Comandante en Jefe del Ejército durante el Gobierno de María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabelita, en 1974. El 24 de marzo de 1976 encabezó un golpe de Estado que derrocó a Isabelita por una junta militar que él integrada junto a otros representantes del Ejército y la Armada, quienes fueron entrenados en la famosa Escuela de las Américas, ubicada en Panamá y financiada y dirigida por los Estados Unidos. Asumió la presidencia de la nación el 29 de marzo de 1976 y cinco años después fue reemplazado por el general Roberto Eduardo Viola en 1981, tras el nombramiento de una segunda junta militar.

3.- Responsable de violaciones de los DD.HH. Durante el Gobierno de Videla se registraron frecuentes y gravísimas violaciones a los derechos humanos. Uno de los elementos claves en el desarrollo de su proceso dictatorial fue un plan que comprendía la represión sistemática de la oposición política e ideológica. Supresión del derecho a la defensa, encarcelamientos ilegales, torturas y asesinatos de opositores fueron parte de estas prácticas, sobre todo en sectores de mayor presencia de estudiantes. El golpe militar encabezado por Videla trajo consigo también la desaparición de miles de personas. Esta metodología también se dio con los hijos de los prisioneros, algunos de corta edad, otros nacidos en los centros clandestinos durante el cautiverio de sus padres. Por todo esto, Videla fue condenado por la justicia durante el gobierno de Raúl Alfonsín tras la creación de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas que se encargaría de investigar y documentar lo sucedido.

4.- Su Gobierno y las consecuencias económicas Las medidas económicas en Argentina, durante la dictadura de Videla, estuvieron basadas en la apertura de los mercados y el desmantelamiento de la legislación laboral vigente. Su gestión produjo la eliminación de las barreras arancelarias, la caída de la producción industrial y el saldo negativo del comercio exterior de Argentina, llegando a cuadruplicar la deuda externa. 

5.- Las cuentas con la justicia Tras restablecerse la democracia en Argentina, en el año 1983, Videla fue juzgado y declarado culpable por el asesinato y la desaparición de miles de ciudadanos durante su gestión presidencial. Dos años después las autoridades lo sentenciaron a reclusión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua y destitución del grado militar en 1985. Fue hallado responsable de: numerosos homicidios calificados, 504 privaciones ilegales de la libertad calificada, aplicaciones de tormentos, robos agravados, falsedades ideológicas de documento público, usurpaciones, reducciones a servidumbre, extorsión, secuestros extorsivos, supresión de documento, sustracciones de menores, y tormentos seguidos de muerte. La Corte Suprema de Justicia de Argentina confirmó los delitos en 1986. 

Sin embargo, Videla cumplió sólo cinco años de prisión efectiva, ya que en 1990, el entonces presidente Carlos Saúl Menem lo indultó junto a otros miembros de juntas militares, argumentando la necesidad de “superar los conflictos pasados”. Pero, En 1998 regresó a prisión pasando 38 días en la cárcel, hasta que se le concedió el derecho al arresto domiciliario en atención a su edad. Falleció el 17 de mayo de 2013.

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LAS MADRES DE LA PLAZA DE MAYO

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La Plaza de Mayo, en Buenos Aires, es testigo de la perseverancia y de la sed de justicia de las Madres de las miles de víctimas desaparecidas durante la última dictadura militar de Argentina (1976-1983) . Las Madres de la Plaza de Mayo son un referente mundial de la lucha continuada por la justicia y el respeto a los Derechos Humanos.

El 30 de abril de 1977, la valentía de 14 mujeres que hicieron pública la desaparición de sus hijos a manos del gobierno de facto de JORGE Videla, marcó el inicio de una lucha que trascendió el pedido de justicia para convertirse en un movimiento que reivindica los principios e ideales de las víctimas de la dictadura.

Juntas han logrado el reconocimiento del Gobierno argentino y la admiración del mundo, las Madres de la Plaza de Mayo han recibido innumerables premios y reconocimientos de importantes organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Se enfrentaron a un Gobierno dictatorial y criminal que intentó amedrentarlas y desaparecerlas mientras negaba su existencia y la de sus hijos víctimas.

LA MARCHA QUE NO CESA24

Cada jueves, las mujeres que marchan alrededor de la Pirámide (monumento central de la Plaza), reviven con sus pañuelos blancos en la cabeza, la lucha colectiva por la memoria de los más de 30 mil desaparecidos.

Desde hace ya casi 38 años las madres marchan incansablemente, marcharon cuando el entonces Presidente Carlos Menem firmó la ley de Amnistía que absolvió a los líderes del régimen militar de sus crímenes.
También marcharon cuando por diferencias ideológicas el grupo se separó en dos facciones. Y marcharon para celebrar cuando Néstor Kirchner anuló la ley de Amnistía y abrió la puerta a que más responsables de las desapariciones fueran enjuiciados.

Su marcha también ha cristalizado en otras victorias, la Fundación Madres de la Plaza de Mayo ha creado instituciones que contribuyen a la preservación y transmisión de su legado a las nuevas generaciones como el Café literario y librería “Osvaldo Bayen”, la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, la radio “La voz de las Madres” y desde marzo de 2014 las Madres editan la revista Ni un Paso Atrás.Buscando a los nietos sin olvidar a los hijos

BUSCANDO A LOS NIETOS SIN OLVIDAR A LOS HIJOS

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Guido Montoya Carlotto y su abuela Estela de Carlotto, presidente de las Abuelas de Mayo. El encuentro es reciente.

El movimiento de las Madres de la Plaza de Mayo está estrechamente relacionado con las Abuelas de Plaza de Mayo, organización cuyo objetivo es recuperar la identidad de los cientos de niños que fueron secuestrados por las autoridades militares durante la dictadura.

El movimiento de las Madres de la Plaza de Mayo está estrechamente relacionado con las Abuelas de Plaza de Mayo, organización cuyo objetivo es recuperar la identidad de los cientos de niños que fueron secuestrados por las autoridades militares durante la dictadura.

Esta organización ha logrado recuperar 116 nietos que fueron secuestrados y desaparecidos por la dictadura. Su mayor aporte a esta lucha y al mundo ha sido el Índice de Abuelismo para probar la relación de parentesco genético entre los niños apropiados y sus abuelos biológicos.

También la asociación HIJOS, formada por los hijos de los detenidos desaparecidos que desean continuar la lucha de sus padres y sus abuelas, sigue desde su trinchera la lucha que las madres de la Plaza empezaron hace más de tres décadas.

También la asociación HIJOS, formada por los hijos de los detenidos desaparecidos que desean continuar la lucha de sus padres y sus abuelas, sigue desde su trinchera la lucha que las madres de la Plaza empezaron hace más de tres décadas.

Las Madres de la Plaza de Mayo son ejemplo de que lo único que se necesita para lograr cosas difíciles es la convicción. Aunque no han alcanzado la justicia que buscan, cada día demuestran que la mejor manera de honrar a sus hijos es seguir luchando.

original (1)

http://immersive.sh/telesur/uCRSiz2Vb

 

 

“Guido nos unió a todos”

Ignacio Hurban, Estela de Carlotto

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LA PRESIDENTA DE ABUELAS, ESTELA DE CARLOTTO, COMPARTE COMO FUERON LOS PRIMEROS DIAS JUNTO A SU NIETO

La aparición del nieto de Estela de Carlotto generó una respuesta inesperada de la sociedad. “Estoy asombrada”, admite la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Y repasa los hitos de cuatro días que no olvidará jamás: del primer abrazo a la conferencia de prensa y la visita a CFK.

Por Victoria Ginzberg

Tomado de Pagina/12

Esta semana Tolosa se conmocionó. Pero no sólo por el enjambre de periodistas que invadieron el barrio donde vive la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo para sacar alguna declaración o información sobre el nieto con el que Estela de Carlotto se pudo abrazar tras 36 años de búsqueda. Los vecinos y comerciantes se acercaron para felicitarla. Si no estaba, dejaban papelitos escritos a mano para compartir con ella su felicidad. Estaban conmovidos, como el país: “Por la respuesta que tuve, creo que Guido nos unió a los argentinos, pensemos lo que pensemos. No por mí, sino por una persona que recobra su libertad, sus derechos, la recomposición de su historia”, afirma esta mujer que desde hace cuatro días lleva la sonrisa pintada en el rostro y una mirada renovada, profunda y liviana. Dice que parece estar soñando. O mejor, que su sueño se hizo realidad.

Ella lo nombra Guido, como su hija Laura le puso al nacer, mientras estaba secuestrada. Tal vez porque el nombre es algo de lo poco que su mamá le dejó en las cinco horas que estuvieron juntos. Asegura, de todas formas, que respetará la decisión de su nieto si decide conservar el Ignacio que llevó en estos 36 años, aunque el apellido deberá cambiar por disposición de la Justicia. Lo importante para ella es que su nieto está, y que es “hermoso física y espiritualmente”. Como toda abuela que se precie, no ahorra adjetivos: “Es sano, es bueno, es idílico, soñador”.

Estela Carlotto cuenta su primer encuentro con Guido/Ignacio, el vínculo con la familia de Walmir Oscar Montoya, el padre de su nieto también asesinado durante el terrorismo de Estado, y la visita a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Asegura que lo que más la sorprendió del hijo de su hija Laura es “su serenidad”.

–¿Cómo vivió esta semana? ¿Todavía está soñando? ¿Está agotada o con más energía?

–¿Cómo me ves?

–Espléndida.

–Sí. Estoy feliz, me parece un sueño pero cada vez piso más la realidad. Me costó un poquito cambiar la posición de presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, una abuela restituyendo a otro nieto. A todos los quiero mucho y vi la alegría de sus abuelas. Pero me costó salir de lo institucional, porque ahora era mi nieto, era mío lo que estaba viviendo. Yo me estaba entregando y restituyendo a mi nieto. Esto lo estoy asimilando momento a momento. Lo que me parecía un sueño ya lo veo como una realidad. Va a cambiar mi vida. Mi vida de trabajo no, porque voy a seguir yendo a Abuelas todos los días, pero también voy a organizarme para que nos conozcamos, para que tengamos momentos gratos, acompañándolo en sus tiempos. A la alegría de la recuperación se suma la calidad de persona que tiene: es sano, es bueno, es idílico, soñador, es músico. Y tiene un carácter muy parecido a los Carlotto, medio jorobón, de hacer chistes. Todo muy lindo. Lógicamente hay mucho para hablar, hay tanto, que hay que ir despacio porque si no eso más que bien le puede hacer un daño. Primero, el llegar y conocernos. Segundo, conocer al resto de la familia. Tercero, ir a Buenos Aires a hacer esa conferencia de prensa y estar con los nietos recuperados, con las Abuelas, con los colaboradores de la institución. Eramos muchísimos. Y a la noche conocer a su abuela paterna, que es una mujer encantadora, muy dulce. Yo estuve un rato con ellos y después los dejé solos.

–Ahora tiene una familia política nueva también.

–Claro. Se suma la alegría de saber quién era el papá de él, el compañero de Laura, porque hasta el martes no lo supe. Era una sospecha. Pero estas cosas yo ya las he vivido en otros casos. Entonces, no era seguro y no hicimos nada. Pero ahora, saber qué clase de chico era… yo pensaba que tal vez era más que nada una unión por circunstancia, pero no, se han amado entrañablemente. Cuando a Laura le comunicaron que lo habían matado, porque los genocidas que la tenían cautiva le dieron la noticia: “Hoy matamos a tu compañero”, en diciembre (de 1977) a ella le dio un ataque de nervios y de angustia, se rebeló, les dijo de todo. Y a ella le hicieron un simulacro de fusilamiento el 28 de diciembre y después le dijeron “que la inocencia te valga”. Era todo así de cruel y de malo. Sin embargo, el bebé nació bien y es un chico que creo que lo que trae de sus padres es eso que está demostrando, que es una profundidad… las respuestas que dio a los periodistas.

–Me hizo acordar a usted en el manejo de los medios, por cómo explicaba lo que quería, pero muy tranquilo.

–Se manejó muy bien. Y hubo alguna pregunta un poco difícil de responder. Dijo que “no es momento de hablar de eso”, sobre las responsabilidades de los que lo secuestraron a él. Estoy asombrada y agradecida, algunos dicen que parezco más joven. (Se ríe) Estoy muy bien.

–¿La repercusión social que tuvo el encuentro, la esperaba?

–Para nada. Estoy asombrada. Escuchaba en una radio que comentaban que había que analizar la reacción por este encuentro. “Está bien, Estela es conocida, querida y 37 años es toda una vida, la perseverancia, la forma, pero acá hay algo más, algo que necesitamos profundizar y aprovechar socialmente”, decían. Esto nos ha unido. Comentaron una encuesta y la cantidad de gente que estaba contenta era enorme, un 80 y pico, había también otra que estaba bien, otra que no le importa y otra que no sabe nada, pero eran muy poquitos. En mi barrio, que es periférico, humilde, en el que vivo hace 35 años, nunca me di mucho con nadie, aunque los aprecio y me aprecian… Pero allí hubo una explosión de gente para mí desconocida que se arrimó junto con la prensa que invadió el barrio. Los vecinos me han dejado papelitos escritos muy humildemente con felicitaciones. Acá no se midió nada. Por la respuesta que tuve, creo que Guido nos unió a los argentinos, pensemos lo que pensemos. No por mí, sino por una persona que recobra su libertad, sus derechos, la recomposición de su historia. Menos los que decían “bueno, basta”. Había algunos que descreían y decían que yo no era abuela, que estaba mintiendo. Hasta dicen que nuestros hijos están vivos.

–¿El decidió hacer la conferencia de prensa?

–Al salir de Olivos, de la visita a la Presidenta, su compañera me preguntó mi opinión, porque él quería dar una conferencia de prensa porque así daba todas las respuestas y así ya no lo seguían, no iban a ver a las personas que lo criaron, que están asustados y se tuvieron que ir del campo. Porque fue muy bruto eso, algunos periodistas fueron a avasallar. Le dije que si él estaba dispuesto a mí me parecía bárbaro. Lo organizamos a la última hora del día anterior, con la gente de Abuelas que trabajó muy bien. Y se armó esa conferencia.

–Escuché que desde que se enteró de que su nieto había aparecido había podido dormir muy bien, en vez de no poder dormir por los nervios.

–Con una paz… y felicidad interna, el corazón henchido de alegría. Dormí muy bien.

–Sabemos que faltan muchos nietos por encontrar, pero en lo personal ¿tiene la sensación de un trabajo terminado?

–Nooo, terminado nada. Esto recién empieza, pero no es un trabajo. Es… ¡lo encontré! En eso encierra todo.

–Me refiero a cerrar un círculo, una deuda con Laura, con toda la familia.

–Pensé en Laura. Creo que en donde esté, estará sonriendo, feliz. “Mamá, misión cumplida.”

–¿Algo de Laura le ve? Parece que es muy parecido al padre, pero las abuelas siempre encuentran algo.

–Muy poco. Creo que es el retrato vivo del papá. Vino el hermano (Jorge Montoya, hermano de Walmir Oscar), que es el único hijo que le queda a la abuela Hortensia, y se parecen, en la estatura, en un montón de cosas, aunque no tanto como al padre. Los amigos que estaban ahí y lo conocen desde hace tantos años lo miraban y decían: “Mirá, se para igual, mirá es igual”. De Laura creo que tiene esas ideas que expresó, esa claridad para decir las cosas.

–Que él se haya acercado a Abuelas, que la haya buscado, ¿hace más especial este reencuentro?

–No me llama la atención porque hace muchos años ya, cuando nuestros nietos empezaban la adolescencia, la adultez, dijimos “ellos ya tienen pensamiento y decisiones propias, ya están en condiciones de saber que los estamos buscando y va a ser un camino de ida y vuelta”. Así empezamos la actividad hacia afuera, nace Teatro por la Identidad, Música por la Identidad, Tango por la Identidad, Deportes, hasta los Twitterrelatos y así seguimos hacia afuera, para que el que tenga una duda se anime. Y con esto de mi nieto ardieron los teléfonos de Abuelas y de la Conadi (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad) con jóvenes con dudas. Fue lo que expresó en la conferencia, que el deseo de él es que se animen los demás también.

–Se la ve siempre con mucha fortaleza, ¿tuvo todos momentos de alegría estos días o también pudo llorar?

–No lloré. Solamente cuando lo abracé de la emoción y le dije “Guido, mi querido nieto que te busqué tanto”. Y él me dijo “despacito, despacito”. Pero cuando se fue ese día a la noche me dijo: “Chau, abu”.

–Falta saber una parte de la historia, ¿cómo llegó él a Olavarría?

–A mí lo que me interesa ahora es él. El está, es hermoso física y espiritualmente. Lo demás tienen que hacerlo otras personas, la Justicia, por un lado, y nuestros equipos de investigación y abogados. Tienen que completar la historia de responsabilidades. Porque yo sé dónde estuvo Laura, lo más probable es que él haya nacido ahí. Quién se lo sacó, quién se lo dio al que lo llevó al campo y lo tiró en brazos de gente que no podía tener hijos para que el futuro de él sea ordeñar vacas. No es malo ordeñar vacas, lo digo en el sentido metafórico de que yo nunca lo iba a encontrar. El en el medio del campo ni un libro tenía, pero al morir los patrones llegaban a esa casa los libros de los patrones que él leyó como el autodidacta que es. Después se cultivó en la universidad de música, también es maestro mayor de obras.

–¿Pudo darle las camisetas y los prendedores que había guardado para él durante todos estos años?

–Muy poco. Algunas camisetas y remeras. No quise… son cajas. Espero los próximos encuentros, organizarme un poco. Tengo mucho lío en mi casa, que cada vez más se parece a un museo.

–¿Cómo fue el encuentro con la Presidenta?

–Fue el encuentro de una madre y una abuela a la vez, porque ella ya lo es, con alguien muy querido para ella como es la gente del sur. Conocía a todos y le contó un montón de cosas de su familia, de su padre, de su abuelo. Que Hortensia, su abuela, era maestra. Todavía le dije: “Cristina, no hablaste de Laura que es platense como vos, y es la madre”.

–Un poco de celos.

–Claro que sí. Su mamá lo llevó en la pancita.

–¿Qué fue lo que más le sorprendió de él en estos días?

–Su serenidad. Su don para llevarnos, para ponernos límites y a la vez brindarse. Y también tiene todo en positivo, nunca dijo no, dijo sí a todo, no cierra nada, sino que abre.

–¿Y con el asunto del nombre?

–Le dije lo siguiente: “Yo te voy a llamar Guido, te busqué como Guido y fue el nombre que te quiso poner tu mamá. Si vos te vas a quedar con Ignacio es tu decisión y te la respeto absolutamente. El apellido te lo vas a tener que cambiar porque la Justicia te lo va a decir”.

–O sea que hablaron de ese tema.

–Sí, de forma alegre. El es muy chistoso y yo también. Cuando conocí a mi consuegra y tenía casi lágrimas en los ojos, me señaló con el dedo y me dijo (hace tonada de burla) “estás llorando”. Me estaba cargando. Y yo también lo cargo. Es algo realmente maravilloso.

–¿Cómo fue el encuentro con los Montoya?

–Muy lindo. La señora es mayor, tiene 91 años. El hermano es un tesoro, sus hijas maravillosas. Es una familia pequeña, pero es gente muy querida en el sur. El tendrá que ir y conocer donde su papá nació, el entorno familiar, los monumentos que les han hecho a los desaparecidos de allá.

–¿Preguntó algo más de Laura?

–Nunca preguntó. Le fuimos diciendo al pasar, las cosas que podíamos irle diciendo. El se va a enterar.

La mamá de Laura, la Abuela de todos

estelaPor Guadalupe Carril
Tomado de Miradas al Sur
La historia fue narrada por los hombres: los roles de héroes, revolucionarios, dictadores o presidentes quedaron en manos del sexo masculino mientras que las mujeres eran siempre madres, hijas, esposas o amantes. Pocas veces se las tuvo en cuenta como activistas y protagonistas de la escena.
Eso sí, a lo largo de los siglos fueron quemadas en hogueras, decapitadas o encerradas. Recién durante la primera mitad del siglo XX fue permitido su voto en el mundo entero. En la Argentina, específicamente, la lucha de Juana Azurduy en los libros escolares no fue reconocida hasta hace algunos años. Sólo recién con el gobierno de Néstor Kirchner se apreció el poder de cambio social generado por Eva Duarte. La dictadura implantó el mote de “viejas locas” a ese grupo de mujeres que giraban alrededor de la Pirámide de Mayo reclamando lo que nadie parecía reclamar: verdad y justicia.
Esas “viejas locas” fueron las que continuaron de manera perseverante una lucha diaria para encontrar a sus familiares desaparecidos y a sus nietos nacidos en cautiverio. Esas mujeres se movilizaron hace poco más de 36 años solas, sin ayuda de la sociedad ni de los medios ni de la Justicia ni de los gobiernos. Y emprendieron desde entonces, y para siempre, un camino pacífico para conocer la verdadera historia sobre la desaparición forzada de personas. Esas mujeres no realizaron una guerra contra quienes le arrancaron a sus hijos y a sus nietos. Esas mujeres “chifladas”, esas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se dedicaron a construir desde el amor. Esperaron de manera activa cada gobierno, cada juicio, cada decreto, cada testimonio y transformándose, con la lucha, en uno de los organismos de Derechos Humanos más importantes del mundo. Nada mejor, para esta nueva celebración del Día de la Mujer ocurrido ayer, que homenajear a una de ellas, referente indiscutido de la fortaleza de un género: Estela de Carlotto, esa mujer que, desde la agrupación que preside, ya devolvió la identidad a 110 personas.
Estela atiende el teléfono dando por iniciada la entrevista. La alegría del encuentro del nieto 110 genera una extraña felicidad que hace que, más allá de las conferencias de prensa, ella siga dando notas. Pero claro, aunque el relato es extenso, la charla telefónica no alcanza. Por suerte, siempre existen motivos para volver a hablar con ella y reencontrarse con sus palabras, con su relato, con su enseñanza. Entre viajes, juzgados, médicos y prensa, Estela no tiene tiempo pero se lo hace. Aunque sabe cuáles son los días para estar con la familia, organiza su agenda de una prolija manera para que todos sean bien recibidos.
–¿Cómo recuerda los primeros tiempos de búsquedas en Abuelas?
–Las Abuelas de Plaza de Mayo llevamos 36 años de lucha y encontramos, felizmente, y hasta ahora, 110 nietos a los que les restituimos sus derechos. Lógicamente, fue una experiencia nueva, la búsqueda de dos generaciones: en soledad la primera, y sin saber qué hacer, con riesgos y miedo. Fue una historia muy personal, donde cada una empezó como pudo y de acuerdo a su criterio y sentido común. Nos fuimos encontrando, uniendo y así pudimos realizar una lucha más colectiva. Juntarnos fue una forma de estar más acompañadas. Y pensábamos que también de esa forma nos estábamos cuidando, protegiendo. En los primeros tiempos, cada una venía y presentaba su idea. Los primeros nietos fueron, realmente, los más fáciles de encontrar porque eran niños chiquitos que ya tenían una identidad previa. Habían sido secuestrados ya nacidos, y se podía tener de ellos algunas imágenes de sus caritas, datos de sus identidades, de sus orígenes.
–¿Y cómo los buscaban?
–A veces con carteles que pegábamos en las calles. Íbamos buscándolos y de golpe aparecía alguien que nos decía “yo a ese chiquito lo vi en tal lado”. En ese momento, ni siquiera teníamos un lugar de trabajo, nos juntábamos en nuestras casas particulares o nos encontrábamos en alguna iglesia, estación de tren o confitería. Así nos pasábamos la información. Y la verdad es que, de esos primeros chiquitos, no había duda: eran niños que tenían su documento, su familia. Sus abuelos los podían reconocer. Con ellos, el reencuentro fue mucho más sencillo.
–Las búsquedas se complicaron con el paso de los años…
–Sí, el tema fue cuando empezamos a buscar a los que habían nacido en cautiverio. Aquellos bebés de los cuales no conocíamos ni su sexo ni el día de nacimiento ni ningún otro elemento probatorio. Por eso, para nosotras fue muy importante, y un gran paso, cuando encontramos una respuesta en la sangre. El Banco Nacional de Datos Genéticos nos proporcionó una seguridad absoluta de no equivocarnos.
–¿Qué recuerdos tiene de la experiencia de dar aquel paso?
–La experiencia fue dura. En lo personal, puedo recordar cuándo restituimos a Paula Eva Logares. Los psicólogos y abogados habían ido a Tribunales; el apropiador y su mujer llevaron a Paula creyendo que era un mero trámite, ya que en esa época la impunidad era total. Esa nena ya tenía, en ese momento, 8 años, pero también había tenido 2 años largos de haber vivido con su mamá, su papá y sus abuelos. En ese caso, yo replanteé mi accionar y me pregunté: “¿Estaremos haciendo bien, realmente esos niños no van a sufrir más?”. Y la verdad, ¡qué equivocada estaba! Porque, en definitiva, yo personalicé algo. Como si la apropiadora fuera la madre. ¡Pero ellos no eran los padres! ¡Ellos son ladrones, son apropiadores, no hay afecto cuando se roba a un niño! Había un dominio total hacia un ser desprotegido que no pudo defenderse porque era un bebito. Cuando entendí y tuve la claridad de eso, para mí fue un momento de tranquilidad, de saber que estaba haciendo el bien.
–¿Dudó, en algún momento, continuar con este camino?
–No, nunca tuve dudas de que esto había que hacerlo, incluso resolví mi vida. Primero, con la búsqueda de mi marido, que fue el primer desaparecido de la familia, salí sola, nadie se enteró. Yo pude distribuir mi tiempo inventando y buscando puertas para golpear, juntando la plata para pagar por las informaciones, proteger a mis hijos y cumplir con mis tareas docentes como personal directivo de la escuela. Administré mis sentimientos y administré mis tiempos para poder hacer todo esto. Algo fantástico que me ocurrió fue que me encontré con otras mujeres, porque una cosa fue lo que empecé sola, inventando, con miedos y soledades. Pero cuando me encontré con otras mujeres que estaban viviendo la misma experiencia, ya no estuve más sola, ya fui comprendida, teníamos el mismo dolor, las mismas inquietudes. Esto no fue un club fundado entre amigas. Esto fue generado por una dictadura y no nos conocíamos entre nosotras. Es más: hasta el día de hoy tenemos nuestras diferencias, seguimos siendo muy distintas las unas de las otras. Cada una trajo e ideó lo que pudo, de acuerdo a su cultura, a su intelecto, a todas esas condiciones naturales. A partir de la unión de todas, esto comenzó a consolidarse hasta el día de hoy. La única vez que dudé si estaría en lo correcto fue esa vez que dije, cuando Paula Eva Logares iba a ser desprendida de su familia falsa para ir con su abuela verdadera. Allí tuve esa sensación de “¡pobrecita, lo que debe estar sufriendo!”. Pero eso fue por una experiencia mía personal: cuando era chica, y nació mi hermano menor, como vivíamos en un pueblito en medio del campo, mi mamá tuvo al bebé en la casa. Entonces a mí me mandaron a la casa de una amiguita, la hija del farmacéutico, para que pasara el tiempo allí mientras mi mamá daba a luz. Yo estuve contenta un tiempo en lo de mi amiga, jugando, pero llegó un momento en que dije “me quiero ir a mi casa”, y no me dejaron, me daban caramelos, me entretenían. Yo pensaba que no iba a ver más a mi mamá, que me habían separado de ella. Esa sensación recrudeció cuando fue el caso de Paula. Pero el error mío fue considerar a la familia de apropiadores como buena cuando, en realidad, ellos eran ladrones. Esa familia le estaba haciendo daño, no había papá y mamá verdaderos. Después, el resultado y la realidad me tranquilizaron, porque la niña recordó, se integró con su abuela, tuvo atención psicológica de nuestros equipos. Fue un encuentro muy grato, muy lindo, sin ningún tipo de trauma. Ése fue el único momento donde dudé si estábamos haciendo bien. Además, nuestra consigna institucional es ser muy cuidadosas con todas nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestras expresiones. No queremos herir a nadie ni victimizar a quien no corresponda. No queremos crear situaciones injustas. Una condición muy clara que tenemos es que nuestra necesidad de memoria, verdad y justicia es inamovible. Y la verdad es que pensamos mucho las cosas, las evaluamos, las hacemos madurar y después las concretamos.
–¿Cuáles fueron las diferencias más significativas que encontró en las devoluciones de identidades?
–En estos 36 años tuvimos una cantidad enorme de diferentes situaciones en cuanto a los encuentros y restituciones de identidad de nuestros nietos. En esta época está el nieto que se acerca espontáneamente, que ya viene dispuesto a encontrase con su verdad. Y está el que no busca, pero lo encontramos nosotras y se opone. A veces, es una lucha jurídica, protegida por el amor y el respeto a la víctima. Pero ahí el juez es implacable y deja en claro cuando les dice: “Usted está llevando en su sangre la prueba de un delito de lesa humanidad, tiene que avenirse a que lo podamos analizar y saber si es una víctima de esa dictadura”. Hemos tenido miles de momentos, pero también contamos con la seguridad y la convicción de que esto hay que seguir haciéndolo por el derecho que les cabe a ellos y por el derecho que nos cabe a las familias. Y también el derecho que le cabe a la sociedad, porque no se puede dejar todo en el olvido. Sirve para que estas cosas no se repitan. Buscamos la verdad, la memoria y la justicia. Sólo de esa manera aseguramos el Nunca Más.
–¿Siente que la lucha de Abuelas colaboró para que se cambie la mirada hacia el rol de la mujer en la sociedad?
–Sí. Indudablemente, en estos 36 años de lucha que llevamos las Abuelas de Plaza de Mayo, dejamos una impronta, una señal en la sociedad. En un comienzo, no imaginábamos vivir toda una vida buscando dos generaciones. Pensábamos sin ninguna trascendencia personal, simplemente, que nuestros hijos volverían a nuestro hogar y que nuestros nietitos que estaban naciendo, sin saber dónde ni cómo, serían criados con nosotras. Pero en ese silencio, en ese no encontrarlos, tuvimos que empezar a caminar y así se marcó un camino. Evidentemente, abrimos un camino novedoso en cuanto a la lucha fundamentalmente de la mujer. En general, las luchas políticas o gremiales eran de los hombres. Se los visualizaba a ellos mucho más que a las mujeres, si bien históricamente hubo luchas de mujeres heroicas y muchas murieron en esa lucha. Pero en nuestro país, la mujer no fue protagonista de una lucha con visibilidad. Nosotras la hicimos, perseveramos y le dimos presencia. No solamente por ir a la Plaza de Mayo, ese bastión indudablemente histórico de reuniones, sino porque ocupamos espacios, no nos circunscribimos a quedarnos solamente en la Plaza. Ocupamos aún aquellos espacios donde no nos era grato estar, pero sabiendo que para ese marco también hay público, hay gente. Y muchas veces era necesario educar a la gente: informarle, decirle que existíamos, explicarle qué es lo que hacíamos, qué objetivos fueron los que nos hicieron fundar este grupo. Y así nos dimos cuenta, con el correr de los años y cada día más, que éste es un grupo que no tiene fin sino sólo cuando nuestra vida se termine. Las Abuelas que ya encontraron a sus nietos siguen con nosotras. Hay una consigna de continuidad necesaria. La presencia, los logros, los éxitos y una actitud respetuosa de acompañamiento a las etapas históricas, sociales, de manera pacífica y con amor, nos dio un lugar que nos lo demuestra la sociedad nacional e internacional. Por eso es que nos requieren para que hablemos y contemos nuestra experiencia, que es inédita, en diferentes lugares del mundo y en nuestro propio país. Somos conscientes de que pusimos en acción el valor y las condiciones posibles de la mujer en una lucha.
–¿Por qué piensa que fueron Abuelas y no Abuelos?
–Nosotras optamos que ellos no estuvieran. Nosotras les pedimos a los hombres que no se arriesgaran. Porque, con el machismo, para los uniformados los hombres eran más peligrosos y las mujeres éramos unas locas y tontas. Sabíamos que a nosotras nos iban a dejar caminar, mientras que a ellos los podían secuestrar, desaparecer. Les pedimos a nuestros hombres que nos reemplazaran en las ausencias de las tareas habituales, en el hogar, con los hijos. Nosotras tuvimos que retirarnos de nuestra vocación o profesión, dejamos nuestros trabajos y el hombre nos acompañó esperando. Yo los califico como los héroes anónimos, porque ellos sufrieron mucho esa soledad y la incertidumbre de saber si volvíamos o no a casa. Saber si no nos secuestraban en cualquier lugar del mundo a dónde íbamos, o en la manga de algún aeropuerto como ocurrió. La espera de ellos fue dura, la ausencia y el extrañarnos mucho. Eran hogares de parejas donde el amor por nuestros hijos victimizados era de los dos, padre y madre, hombre y mujer. Ahí queda demostrado, de alguna manera, que el hombre es más frágil. Casi todas nosotras somos viudas: los hombres murieron antes por no poder aguantar, por no poder soportar la ausencia. Fueron heridos pero no tuvieron una respuesta guerrera porque les pedimos que no la tuvieran. Pero fueron más frágiles en el aguante. Nosotras resultamos ser descubridoras de condiciones femeninas desconocidas, que dan cuenta de que cuando una mujer es provocada, sobre todo en algo tan sagrado como es un hijo, sale una leona. Dicen que nuestro ejemplo de lucha como mujeres al frente de un reclamo tan importante con riesgos, con peligros, con miedos, dio valor a muchas otras mujeres para formar grupos de búsquedas de justicia, de verdad, de hijos. Está Susana Trimarco, están las Mujeres del Paco, las Madres del Dolor, las Mujeres contra la Trata de Personas, hay muchísimas mujeres en el mundo que nacieron con pañuelos de otros colores, porque vieron en las mujeres argentinas un ejemplo y un camino a recorrer. Que ellas también pueden.
–¿Se da cuenta que está haciendo historia?
–Humildemente, sí. No es que una quiera hacerla, pero la realidad es esa. Veo lo que nos escriben, las ponderaciones, los halagos de la lucha y ahí es cuando uno toma dimensión de todo. ¡Caramba, todo esto es lo que una hizo! Pero sin subirme a una loma, sino con humildad. ¡Salió bien, lo hicimos bien, se dio bien, se pudo! Eso es una satisfacción, podría haber salido mal. Nosotras tuvimos siempre la idea de aprovechar los tiempos sociopolíticos del país, de no provocar las oportunidades sino de ver cuando llegaban y aprovecharlas. Y los espacios. A veces me dijeron “ay, cómo vas a tal o cual programa de televisión” o “cómo hablás en tal revista”. Creo que cada lugar tiene su público. Lo importante es que lo lean: aunque sea en la peluquería van a saber que existimos las Abuelas de Plaza de Mayo y lo que pasó en la historia. Es como una especie de docencia permanente y eso es lo que uno quiere dejarles a los nietos.
–¿Tuvo algún referente femenino o alguna mujer que haya admirado o le haya impactado su lucha?
–A Eva Perón yo no la quería nada, la criticaba, como toda la burguesía idiota que me rodeaba y los medios de comunicación que me educaban. Felizmente, revertí y transformé esa parte gorila y la transformé. Hoy en día, a Eva la valoro, la respeto muchísimo y creo que fue una mujer única. Por lo que hizo, por lo que dio y por lo poco que vivió, lamentablemente. En la historia de la Argentina hay muchas mujeres destacadísimas, Juana Azurduy, Alicia Moreau de Justo, que es un símbolo también de la mujer luchadora. Y Cristina, por quien tengo un respeto enorme. Es una mujer excepcional, muy capaz y muy valiente. Y me llena de orgullo porque ella representa a Laura, mi hija. Para mi ella es Laura, está haciendo lo que Laura no pudo hacer.
Palabra de Estela
Las mujeres en América latina
Muchas mujeres en Latinoamérica estuvieron participando con nosotras cuando se fundó la Federación Latinoamericana de Familiares de Desaparecidos: FEDEFAM. Aún funciona, y mediante el esfuerzo de esta agrupación que nació en Venezuela en 1982, de la cual somos fundadoras Las Abuelas, se consiguió una convención internacional para la protección de desaparición forzada de personas en todo el mundo. Algunos países no la firmaron. De hecho, esto sigue pasando, como en el caso de México, donde todavía desaparecen personas.
Allí hay una situación social muy delicada, nosotros sabemos que cada país tiene su forma de resolver los problemas, pero en México hay mujeres en lucha. ¡Hay un pueblo en movimiento! Lo que pasa en Juárez, por ejemplo, con las mujeres asesinadas o con la mafia del narcotráfico que decapitan personas y las dejan tiradas como muestra del horror. Todo eso hay que denunciarlo, ponerlo en evidencia. Para estos casos están las organizaciones como Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos en Washington, para obligar al Estado a que actúe y ponga fin a esas situaciones con políticas adecuadas.
Nosotras acabamos de viajar a México, donde dimos unas charlas referidas a nuestra experiencia pero no desde el orgullo de ser las únicas. Ellos tienen su parte de trabajo, lo hacen, pero están muy complicados con el narcotráfico y con cuestiones como el machismo y la delincuencia común. Cada país debe resolver estos temas con su pueblo. En la medida de su situación en particular, nosotras podemos llevar algunos ejemplos, algunas experiencias. Ojalá les sirva. Estamos con ellos, los acompañamos, porque siempre tenemos que estar todos unidos para que en Latinoamérica estas cosas se terminen para siempre.

Historia de Laura

ADELANTO DEL LIBRO SOBRE LA HIJA DE ESTELA DE CARLOTTO

Laura, vida y militancia de Laura Carlotto, de editorial Planeta, reconstruye la infancia y el compromiso de la hija de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. La vida en La Plata en los ’70 y la búsqueda de su familia.

Estela, Laura y su padre, Guido Carlotto, el día de la boda de Laura. Arriba, de bebé y con su hermana.

Por María Eugenia Ludueña

Laura necesitaría que el día tuviera mil horas. El tiempo nunca le alcanza para todo lo que quiere hacer. Trabajar, estudiar y militar. Se levanta muy temprano y va a la fábrica de pintura a trabajar con su papá. A Guido le gusta que sus hijos lo ayuden en el transcurso de los veranos y conozcan lo que cuesta ganar el pan, pero ahora que su hija mayor terminó el secundario, pasa todas las mañanas en el local de Berisso. A ella la atrae el barrio, de perfil obrero, y estar en contacto con los empleados que trabajan en la fábrica. Es algo que también sintoniza con lo que se debate en las reuniones entre los compañeros. Los de la Tendencia Revolucionaria sienten que aún no han logrado incidir de forma orgánica en la clase obrera, aunque crece la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP). Laura siente que desde la fábrica también aporta su granito de arena a la causa y disfruta de las conversaciones con su padre. Puede hablar con él de política sin que se escandalice. Guido no despliega una militancia pero está muy informado, vive atento a las noticias, opina, discute. Detesta a la Iglesia y a los militares.

(…)

Laura trabaja con su padre pero a la casa familiar no va tan seguido. Una tarde calurosa queda en encontrarse con su madre en una confitería de la calle 8, casi 60. Estela sabe que el contexto es peligroso: por la mañana las maestras llegan a la escuela azoradas por las imágenes de las que son testigos camino al trabajo. Una de las docentes cuenta que pasaba por una casa donde personal policial estaba en pleno operativo, y le pidieron que se hiciera cargo por un rato de dos nenes: sus padres habían sido secuestrados. La docente, dolorida y sin saber qué hacer, había terminado llevándolos a la Casa Cuna a ver si podían ubicar a otros familiares.

A Estela le irrita que Laura, a la que siempre ha visto como una chica con los pies en la tierra, permanezca tan serena, imperturbable ante esas noticias. Los encuentros entre madre e hija, por seguridad, deben ser breves. Laura pregunta, antes que nada, por cada uno de sus hermanos, especialmente por Claudia. Ella y Jorge llevan meses escondidos. A Kibo y a Remo puede verlos cada tanto. Remo ha llegado a conocer a Victorio. Pregunta también por la salud de la abuela May. En un momento Estela se pone seria. Laura la conoce lo suficiente. Va a empezar con la perorata.

–Mamá, por favor, no empieces…

–No soy yo, Laurita. También tu papá.

–¿Qué pasa con papi?

–Hija, tu papá también quiere que te vayas.

Laura toma un trago de su gaseosa, sin levantar la vista del vaso.

–Ya tiene la plata, el lugar –continuó Estela–. Está todo lo que hace falta para sacarte.

–…

–Si te quedás acá estás corriendo riesgos. ¿No entendés? ¡Te puede pasar algo!

Laura deja de mirar el vaso, observa por la ventana que no haya movimientos inesperados.

–Decime, hija. ¿Cuál es el problema? ¿No te dejan ir? ¿Los de la organización no te dejan ir? Si vos te vas, ¿te consideran traidora? ¿te matan?

Laura se ríe a carcajadas, la mira, sacude la cabeza.

–¡Mamá! ¡Pero qué estás diciendo! Si yo me voy cuando quiero. Pero no quiero irme.

–Pero papá…

–No, mamá. Estoy acá. Estoy bien. Haciendo lo que debo.

Estela la observa. Laura le dice convencida, como si tranquilizara a un niño:

–Ay mami… lo mío no es nada importante. No me van a venir a buscar.

Estela pide la cuenta. Laura recoge su cartera y mira a su madre con dulzura. Como si ella pudiera ver algo que Ñata no alcanza a entender.

–Mirá, mami. Nosotros tenemos un proyecto de vida. Vivir es lo más lindo que hay. Yo quiero vivir. Que todos podamos vivir bien. Nadie quiere morir. Pero seguramente miles de nosotros moriremos…

–¡Laurita! No hablés así.

–Sí, hablo. Pero nuestra muerte, mamá, no va a ser en vano –dice Laura.

Y en esa época a nadie le importaba que las palabras suenen a frases hechas, porque para ellos todo está por hacerse.

(…)

Al fin, la familia Carlotto logra coordinar algo que hace meses no sucede: reunir a los cuatro hijos en Junín, lejos del teatro de operaciones, en casa del tío Ñato, el hermano mayor de Estela. Laura viaja en tren desde Retiro, con Kibo, Claudia y Jorge Falcone.

“¡Qué envidia! ¡La capacidad de sueño de esta mujer!”, dice Jorge al ver a su cuñada dormida, acostada en el piso, en el espacio entre los vagones.

Los padres se sorprenden al verla llegar a casa de Ñato. Laura ha perdido peso, está muy flaca, sin maquillaje; el pelo revuelto, jeans y remera. El arquetipo de una militante aguerrida, bastante rea, aunque sigue siendo sexy. Estela lleva varias semanas sin verla. En un momento en que se quedan solas, le habla con ternura y tristeza. “Pero Laura… cómo me decís que estás viviendo en esa precariedad. ¡Mirá las liendres que tenés! Vos que eras siempre puro perfumito. ¿Por qué no te cortás el pelo?”

Es mirarla y notar que la mayor de los Carlotto está en problemas. Guido se queda preocupado al escuchar de boca de su hija cómo vive, dónde duerme, de casa en casa. El tano siempre soñó para ella un futuro dorado, al que ahora no logra desentrañar cómo se llega.

Laura sigue militando en la Regional de La Plata, de la que su hermana Claudia y Jorge han salido eyectados por las caídas de sus compañeros. La mayor intenta tranquilizar a sus padres: ya está por conseguir un lugar más estable, con unos amigos que pueden aguantarla unas semanas.

(…)

Guido, cada vez que la ve, trata de sugerirle que se vaya. Laura se ríe: aunque la lleven dormida, ella es capaz de despertarse y volver por sus medios.

El 16 de noviembre de 1977, llama a la escuela para hablar con su madre:

–Sabe que últimamente me siento un poco descompuesta…

–Ay Silvia, por favor, cuídese mucho.

–Sí, sí. Tengo que ir al ginecólogo.

Estela deja de recibir noticias. Lo único que llega es una carta de Laura, con fecha del mismo día que hablaron por última vez. Unas semanas después de su liberación, la Gordi camina frente al rectorado de la universidad y se cruza con Estela de casualidad. Se detienen a conversar.

–¿Y Laura?

–La verdad que estoy un poco preocupada por mi hija.

–¿Qué pasó?

–Hace días que no sabemos nada de ella.

El sábado 26 de noviembre Estela se despierta con la certeza: si Laura no llama es porque le ha pasado algo. ¿Por dónde empezar? Sólo sabe que su hija vive en Buenos Aires. Le llegan comentarios de una joven detenida en una confitería porteña, y cree que podría ser ella. Estela lo contará muchos años después, en el Juicio a las Juntas:

La primera noticia que tenemos de que mi hija había sido secuestrada fue por un abogado. Desconozco su filiación. Tenía acceso a estos lugares de secuestro y estaba buscando a otra joven secuestrada de la ciudad de La Plata, una joven de apellido Dall’Orto,(1) cuyo papá era amigo de mi esposo y estaba con el mismo terrible problema encima. Ese abogado se lo comenta a un amigo común, o sea que nosotros nos enteramos por interpósita persona de que esa chica Dall’Orto no estaba donde él había podido ingresar, pero sí estaba una joven de La Plata, Laura Estela Carlotto. Este muchacho nos vino a avisar, fue la primera noticia que tuvimos.

Estela y Guido deciden repetir el camino que dio resultado para la liberación de Guido. Ñata llama a la madrina de su hija mayor. Ya no espera que le pidan rescate, lo ofrece directamente para ganar tiempo. Del relato de su marido le ha quedado la imagen fija: los primeros días de tortura, la fila de jóvenes, la inyección letal. La contraparte le manda a decir a Estela que el valor no es el mismo: se necesitan 150 millones de pesos (2). Es mucho más de lo que ha pagado por su esposo, pero Guido, desesperado, logra juntar toda la plata. El 13 de diciembre Estela entrega 150 millones de pesos a la misma persona, para el mismo destinatario.

Por cábala, por pragmatismo, por las dudas, Estela repite el otro procedimiento que siguió con Guido: pedir a la hermana del general Bignone que el militar le conceda una entrevista.

Pero esta vez no me atendió en su casa sino en el Comando en Jefe del Ejército. El general Bignone ya era secretario de la Junta. En diciembre, no recuerdo bien la fecha, me recibió en su despacho.

Para ingresar en ese edificio, Estela debió pasar por una cantidad enorme de controles, hasta que por un ascensor privado y acompañada por un uniformado, la llevan hasta el despacho de Bignone. Nota con bastante impresión que sobre su escritorio hay un arma, con una empuñadura de madera lustrada. Le expone al militar la nueva situación:

Le pedí por la vida de mi hija. Le dije que si ella había cometido algún delito, que la pasaran al Poder Ejecutivo, que la juzgaran, que yo la iba a esperar todo el tiempo que sea necesario. El carácter de este señor había cambiado mucho, estaba sumamente nervioso y alterado. Me dice: “Señora, usted me cuenta esto, pero vea lo que está pasando. Uno les dice que se entreguen voluntariamente, que se les reduce la pena a la tercera parte –porque ese lugar de rehabilitación que hemos inaugurado existe–, pero no, ellos se van del país y nos siguen fustigando o se quedan. Usted me dice que la pasen al Poder Ejecutivo: yo hace unos días he estado en el Uruguay y he estado en las cárceles donde están los tupamaros. Le puedo asegurar que allí se fortalecen. Y hasta convencen a los guardiacárceles y hay que rotarlos constantemente. Eso no queremos que pase aquí, señora. Acá hay que hacerlo”. Al decir “hay que hacerlo”, tácitamente estaba diciendo: “hay que matarlos”.

Durante el Juicio a las Juntas uno de los integrantes del tribunal, León Arslanian, le preguntará a Estela si esto lo infirió ella o si en aquel momento pidió alguna aclaración a Bignone:

–No cabía ninguna aclaración. Era una respuesta a lo que yo le había pedido. Recordando lo que mi esposo había visto durante su cautiverio –el ingreso de jóvenes, la tortura y la posterior muerte–, le pedí que, si ya la habían matado, me devolvieran el cadáver de mi hija. Porque yo no quería enloquecer como otras madres, buscando en los cementerios, en las tumbas NN. El me dijo que le diera todos los datos posibles. Preguntó si ella tenía algún seudónimo. Me contó la historia de un familiar por el cual le habían pedido: no lo encontraban, pero al decirle el seudónimo que tenía, lo localizaron enterrado como NN en un cementerio y pudo entregárselo al familiar. No digo que prometió ocuparse, pero tomó nota de toda esta situación. Yo me fui convencida, por la actitud de este militar, de lo que se instrumentaba, de lo que se hacía y del destino que seguramente le habría tocado a mi hija. (3)

Estela sale de la oficina pensando que a la súplica maternal, el militar ha respondido como un cobarde: ostentando el puño de su arma lustrosa. Personal del Ejército la acompaña hasta la puerta. Ella tiene que hacer un esfuerzo por no derrumbarse delante de esos hombres. Cuando sale del edificio y la dejan sola, llora desconsoladamente. Guido está parado junto al coche, retorciéndose los dedos de los nervios. El conduce de regreso a La Plata mientras ella le cuenta, sin mirarlo, del encuentro con Bignone. Después no hablan mucho más hasta llegar a su casa. En la intimidad de ese silencio imaginan lo mismo: que su hija ya no vive. Pero ninguno de los dos se anima a pronunciarlo en voz alta.

(…)

A Estela la carcome la incertidumbre por el paradero de Laura. En muchas oportunidades, a lo largo del día, se pregunta si su hija estará viva, si la estarán torturando, si en las próximas horas tendrá noticias de ella, si serán buenas. Una tarde de otoño, su marido está en la pinturería cuando una mujer entra, se acerca al mostrador y le pregunta si conoce a Guido. El la hace pasar al galpón. En los juicios, Estela contará:

Una señora, (4) con mucho temor, le cuenta a mi esposo que hacía cinco días la habían liberado de un campo de concentración. Había sido llevada por haber ayudado a un sobrino. Había estado con mi hija. Dijo que Laura estaba bien, con una panza de seis meses y medio. O sea que su embarazo continuaba. Que por esa razón a veces le daban una alimentación un poco mejor, alguna colchoneta, le permitían caminar, a veces hasta tomar alguna bebida, mate por ejemplo. Y que mi hija le había pedido especialmente que fuera a vernos para decirnos que su bebé iba a nacer en junio, y que estuviéramos atentos en la Casa Cuna.

La señora le transmite a Guido un deseo, tal como se lo ha encargado Laura: que cuando les entreguen el bebé, si es varón, le pongan el nombre de su padre. Guido se quiebra. La señora le describe algunas escenas del cautiverio, demasiado parecidas a lo que él ha visto. Pero el sitio que le describe parece muy diferente. La mujer le habla de galpones, de noches campestres en las que el ladrido de los perros no cesa, del silbido de un tren una vez al día. Guido se despide de la mujer y llama a su esposa para contarle. Estela se siente renacer cuando escucha que su hija está embarazada. Recuerda el último diálogo con Laura, cuando la llamó a la escuela. Esboza hipótesis, posiblemente ella esperara el verano para darles la noticia de su embarazo, no querría preocuparlos.

Esa noche, Guido, Estela, Kibo y Remo se sientan a cenar con alegría, casi como en otros tiempos. Hilvanan los fragmentos, pedacitos de conversaciones, imágenes de los últimos encuentros con Laura y sus compañeros en bares y confiterías de Buenos Aires. ¿Será alguno de ellos el padre del bebé? En las cartas, Laura había contado a su mamá y a sus hermanos que estaba con un compañero. Lo describía “petisito”, “del interior”, “del campo”. Kibo recuerda que ha visto a un muchacho bajito junto a su hermana. El creía que era un compañero de militancia. No se le había ocurrido preguntar el nombre. La regla para sobrevivir era escapar a cualquier marca de identidad.

(…)

El viernes 25 de agosto de 1978, el vigilante salió con la citación de la Comisaría 9a, ubicada frente al departamento de la Gordi. Caminó hasta la casa de los Carlotto. El mensaje era breve: “A los progenitores de Laura Carlotto se los cita con carácter de urgente a la comisaría de Isidro Casanova. A los efectos que se le comunicarán”.

Remo y Kibo se ilusionaron.

(…)

Anochecía cuando Estela y Guido, acompañados por Ricardo, el padrino de Laura, encararon en el Rastrojero para Isidro Casanova. Entre los tres se alegraban y entristecían sucesivamente con las conjeturas.

–A lo mejor está detenida en esa comisaría.

–A lo mejor la blanquean como detenida común.

–¡Miren si nos volvemos con el bebé! –fantaseaba Estela.

–Cuidado. No vaya a ser cosa que estos desgraciados nos digan lo peor.

Era de noche cuando llegaron a la comisaría y se presentaron en el mostrador. Estela mostró el telegrama al oficial de guardia. El tipo leyó, los miró. La Ñata, Guido y el padrino prestaron mucha atención a esa mirada, los ojos de saber un secreto horrible. No es que tuviera un tono compasivo cuando dijo: “Esperen acá. Ya vuelvo”.

Por la cara con que el agente les devolvió el papel, intuyeron que pasaba algo grave. Después de unos minutos, el oficial les hizo señas de que pasaran al despacho del subcomisario, que los recibió de pie, detrás de su escritorio. En ningún momento les hizo señas de que se sentaran. Estela, su hermano y su esposo permanecieron parados, mirando una figura de Cristo apoyada sobre la mesa de trabajo. El subcomisario abrió un cajón, sacó una libreta cívica y extendió la mano hacia ellos para que la vieran. “¿Conocen a esta persona?”, les dijo con frialdad, mientras Ñata reconocía que era el documento de su hija.

La última fotografía que existe de Laura: 4 x 4, tres cuarto perfil, la belleza despreocupada e invencible de la juventud. La piel luminosa, el pelo lacio y oscuro, las cejas ultradepiladas y los ojos inconfundibles, con mucha sombra y máscara de pestañas, maquillados para ir a la fiesta de la vida.

–Sí, es Laura.

–¿Y qué son de ella?

–Los padres.

–Bueno, entonces lamento informarles que falleció –les dijo el hombre.

–¿Cómo que falleció? –alcanzó a preguntar Estela en voz baja.

La madre de Laura sintió que se volvía loca y se quedó un instante en blanco. Cuando logró subir a la superficie del dolor más brutal, gritó como nunca, como jamás en su vida había gritado, como nunca más volvería a hacerlo.

–¡¿Cómo que falleció?! ¡¡¡Ustedes la asesinaron!!! ¡La tuvieron nueve meses para matarla! ¡¿Por qué?! ¡Asesinos! ¡Cobardes! ¡Canallas! ¡Criminales!

El subcomisario no se inmutó, estaría acostumbrado a cosas peores. Estela seguía descontrolada. Su esposo intentaba tranquilizarla. El padrino de Laura preguntó:

–¿Y dónde está?

–Está afuera. En un furgón. –El policía abrió otro cajón del escritorio, sacó una pistola y se la calzó en la cintura.

–¿Y el bebé? –preguntó Estela.

–No sé –le contestó el policía con la expresividad de un pescado muerto–. No sé nada más. Cumplo órdenes del Ejército. Del área de operaciones 114.

Estela apuntó con su dedo a la figura del Cristo. Miró al subcomisario a los ojos y le dijo:

–Ese, el que está ahí: él es quien los va a juzgar; y los va a condenar para toda la eternidad.

El policía miró al padre y al tío de Laura, y les hizo señas de que lo siguieran. Guido y el padrino de Laura caminaron detrás del tipo y salieron de la comisaría. Estela quiso acompañarlos pero su esposo la abrazó y le pidió que los esperara adentro.

El agente los condujo hasta un furgón estacionado junto al edificio. El padre encontró el cuerpo de la hija extendido sobre el piso del vehículo. No había dudas. Laura tenía el rostro desfigurado por un disparo, estaba semivestida, llevaba un corpiño de color negro y medias verdes, y yacía junto al cuerpo de un muchacho. Guido la besó, le acarició el rostro y se quedó unos minutos a solas con ella, contemplándola sin pronunciar palabra. Después volvió sobre sus pasos, entró en la comisaría y abrazó a Estela.

(…)

Después de elegir un ataúd para su hija, Estela pidió al hombre si podía prepararla lo mejor posible para que se la viera presentable. Quería velarla a cajón abierto. Mostrar a todos el horror. En su búsqueda de Laura, Estela se había cruzado con muchas personas que no creían que esas muertes fueran ciertas. Mostrar su verdad, eso quería. Pero el funebrero dijo que no había forma de recomponer la cara de Laura.

El camino de vuelta a La Plata nunca fue tan triste. Estela se quedó pensando en las palabras del funebrero. Se preguntó: si el dinero que había entregado para tratar de rescatar a su hija no había servido, ¿por qué le habían devuelto el cuerpo?

¿Por qué el privilegio? Ensayó una hipótesis: “Detrás de eso habrá estado la mano de Bignone. Después de verme, habrá dicho: voy a dar la orden para que se la entreguen a la señora”, pensaba Estela. Con el correr de los años el razonamiento se le hizo más fuerte.

(…)

Sin un papel que certificara su identidad, el domingo 27 de agosto los Carlotto enterraron a Laura en el cementerio municipal como NN. Los trámites para escribir su nombre en la tumba demorarían años. Al otro día, Estela recibió la respuesta a un hábeas corpus que había presentado hacía meses acompañada por las mujeres del grupo de madres y abuelas.

Llevaba la firma del juez Russo: “Laura Carlotto nunca estuvo detenida. Se desconoce su paradero”. Tres días después de enterrar a su hija, llegó la otra novedad: le había salido el trámite de la jubilación. La primera impresión la amargó, la ironía la apuñalaba. Un instante después, le pareció que podía ser una bendición, una señal: de ahí en más podía disponer libremente del tiempo para encontrar a su nieto.

1 Patricia Dall’Orto, estudiante del bachillerato platense de Bellas Artes. Según el testimonio de otro detenido, Jorge Julio López, la joven fue asesinada de un balazo, igual que su marido, en Arana, en octubre de 1976. Jorge Julio López, albañil y militante, desapareció el 18 de septiembre de 2006, a los 77 años, cuando se dirigía a las audiencias de alegatos en el juicio oral que se realizó en La Plata y por el que fue condenado a reclusión perpetua el ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense Miguel Etchecolatz, por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Su familia y organismos de derechos humanos siguen reclamando por su aparición.

2 El equivalente a unos 112.000 dólares en 2013.

3 Testimonio de Estela Barnes de Carlotto, Juicio a las Juntas, La Plata, 15 de mayo de 1985.

4 Elsa Campos se acercó a la pinturería el 17 de abril de 1978. No se la pudo localizar para llamarla a declarar en los juicios por crímenes de lesa humanidad.

Tomado de Página/12

Prioridades

Con el jugador de fútbol Javier Zanetti


En plena  Plaza San Pedro, dos minutos con la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto

Por Horacio Verbitsky

El papa Francisco recibió al jugador de fútbol Javier Zanetti, quien le regaló una camiseta azul negra del club Inter de Milán, del que es capitán. Zanetti jugó durante muchos años en el combinado argentino y creó una fundación que ayuda a niños pobres. Según el Vaticano, dialogaron sobre la fe, las experiencias de vida en Italia y la Argentina. La audiencia privada duró una hora y Zanetti asistió con sus familiares. Zanetti dijo a la agencia noticiosa Ansa que quería reunirse con el Papa desde su elección. “Hoy finalmente pude hacerlo, eso es un privilegio”. Muy cierto: Francisco sólo tuvo dos minutos para saludar en la Plaza de San Pedro a las Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto y Buscarita Roa. Sin perder un segundo le pidieron la apertura de archivos y el aporte de información para la búsqueda de centenares de niños detenidos-desaparecidos. Se presume que pudieron pasar por instituciones de la Iglesia Católica Apostólica Romana antes de ser entregados en falsas adopciones a familias de militares o policías, como Luis Antonio Falco, el apropiador de Juan Cabandié, que también se dio por saludado por el Papa. Las abuelas y el nieto recuperado debieron aguardar de pie mientras se realizaba la audiencia general en la plaza. Es el mismo método que el Episcopado utilizó con todos los familiares de víctimas de la dictadura militar: ni aún bajo un diluvio les permitieron pasar más allá del quincho de la residencia eclesiástica de San Miguel, donde tampoco les ofrecieron la silla que ahora en Roma no se le niega ni a un guardia suizo. Cuestión de prioridades.

Tomado de Página/12

Abuelas: La carta al Papa

Santidad:

Las Abuelas de Plaza de Mayo queremos manifestar nuestra satisfacción frente a la elección de un Papa argentino, que ayudará, con su sabiduría, a trabajar por los sectores más olvidados y desposeídos.

Agradecemos además que tuvo la amabilidad de habernos recibido y deseamos que, en su nuevo rol como máxima autoridad de la Iglesia Católica, pueda arbitrar los medios necesarios para colaborar en la búsqueda de los casi 400 nietos y nietas que aún hoy no han recuperado su verdadera identidad. Así como también nos ayude a saber qué ocurrió con nuestros hijos e hijas desaparecidos, durante la última dictadura cívico-militar.

Sabemos que nuestros nietos, por su edad, podrían vivir en cualquier ciudad, por lo que su colaboración, será de gran importancia para potenciar la visibilidad de nuestra desesperada búsqueda a los ojos del mundo.

Las Abuelas buscamos de manera pacífica, a través del diálogo y la justicia, reconstruir lo que el terrorismo de Estado quiso borrar. En este largo camino, que comenzamos solas, con peligro, dolor, miedo y desconocimiento, uno de los grandes obstáculos ha sido el silencio.

Hoy, gracias Dios, contamos con el acompañamiento de un amplio sector de la sociedad, aunque hay grupos que aún mantienen los pactos de silencio instaurados por el terrorismo de Estado.

La dictadura no sólo aniquiló a nuestros hijos y se robó a nuestros nietos, sino que además disolvió todas las pruebas que nos permitirían saber qué hicieron con ellos. Es por eso que para nosotras, cualquier dato, por mínimo que parezca, es un bien fundamental para poder localizar a los hijos de nuestros hijos. En este sentido, solicitamos a Usted, que pida a los miembros de la Iglesia Católica y a sus feligreses que brinden la información que tengan sobre el paradero de nuestros nietos y nietas desaparecidos.

Las Abuelas hemos restituido la identidad a jóvenes que fueron entregados en adopción por el Movimiento Familiar Cristiano; la justicia argentina ha citado a declarar a Hermanas que durante la última dictadura trabajaban en lugares donde funcionaban Centros Clandestinos de Detención, como lo fue Campo de Mayo. Ellos seguramente puedan brindar información precisa.

Han pasado ya 35 años desde que comenzamos a buscar a nuestros familiares, queremos abrazar a nuestros nietos y contarles su historia. Por eso rogamos a su Santidad explique a los miembros de la Iglesia y a sus feligreses que es un deber cristiano brindar información sobre el destino de los niños desparecidos en Argentina. Que Usted les advierta que constituye un pecado ocultar crímenes catalogados por la comunidad jurídica internacional como de lesa humanidad, como lo son secuestros, asesinatos y robos de bebés perpetrados por el terrorismo de Estado.

El año pasado la justicia argentina comprobó la existencia de un Plan Sistemático de Apropiación de Menores durante el régimen militar, y se juzgó a los responsables de este delito. No obstante, el juicio no sirvió para obtener información que nos ayude a localizar a nuestros nietos.

Es en este sentido que rogamos también a Usted, tenga a bien abrir los archivos del Vaticano, así como los que existen en los arzobispados de Argentina, para conocer si allí hay algún dato que nos dé la felicidad de encontrar alguno de nuestros nietos.

Saludamos a Usted, con toda consideración

Abuelas de Plaza de Mayo

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Carlotto pidió a Francisco que colabore en la búsqueda de nietos

Estela de Carlotto se manifestó “satisfecha y emocionada” por el encuentro con el Sumo Pontífice y consideró que “ahora se abre otra etapa”.

El encuentro entre la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el Papa Francisco, tuvo lugar en la audiencia pública que el obispo de Roma realiza cada miércoles en la Plaza San Pedro. Allí, ambos se saludaron y mantuvieron un breve diálogo en el que, además, de la carta, la dirigente le entregó un pañuelo blanco y material acerca de la búsqueda de los nietos desaparecidos desde 1976. Carlotto aseveró que el Papa le dijo “cuenten conmigo, estoy a su disposición”.

“Es la palabra de él. Ahora nace otra instancia. Vamos a quedar en compás de espera para ver qué respuesta hay en la iglesia argentina”, remarcó la dirigente, quien estuvo acompañada por su colega Buscarita Roa y el legislador porteño e hijo de desaparecidos, Juan Cabandié.

La comitiva argentina estaba ubicada en el denominado “sagrato”, que es un espacio privilegiado en la plaza, a donde se acerca el Papa para saludar a los invitados especiales tras la audiencia. Junto a las Abuelas se encontraba la religiosa Genevieve Jeanningros, sobrina de Léonie Henriette Duquet, la monja francesa secuestrada en la iglesia Santa Cruz de Buenos Aires en diciembre de 1977.

En tanto, el Vaticano informó que el papa Francisco sólo tiene programado un viaje al extranjero este año, a Brasil en julio por las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), por lo que se descarta que visite la Argentina. La posibilidad de que Bergoglio llegara al país en diciembre había sido adelantada por varios medios. El portavoz Federico Lombardi remarcó: “Los invito a no esperar otros viajes este año. No creo que vaya a la Argentina este año”.

Tomados de Página/12

“Hay una nube negra sobre él”

Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, habló sobre el Papa.  “La Iglesia Católica argentina no ha dado ni un paso para colaborar con la verdad, la memoria y la justicia”, dijo ante periodistas. Habló de las dificultades de las Abuelas para acercarse a la jerarquía eclesiástica y del caso De la Cuadra. Sobre el nuevo Papa apuntó: “Le deseamos que sea un buen Papa, que cumpla con el apostolado y que no se olvide que es argentino y latinoamericano, que no se olvide de dónde viene, él viene de una familia humilde y no puede haber ignorado lo que pasó en nuestro país”.

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”Le damos un voto de confianza pero no olvidamos esa nube negra que todavía está sobre Bergoglio.” Lo dijo Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, al referirse a la relación del ahora Papa con la dictadura cívico-militar. Según Carlotto, Jorge Bergoglio, ahora Francisco, pertenece a “una Iglesia que oscureció al país” porque “su jerarquía fue partícipe, cómplice y ocultadora, directa o indirectamente”. La titular de Abuelas habló con representantes de medios extranjeros en la sede del organismo de derechos humanos acompañada por Estela de la Cuadra, cuya familia hizo gestiones infructuosas ante el ahora Papa para conocer el destino de la niña que su hermana Elena parió en cautiverio.

“Es una historia muy triste, que entinta a toda la Iglesia Católica argentina, que no ha dado ni un paso para colaborar con la verdad, la memoria y la justicia. Bergoglio pertenece, y hoy representa, a esa institución”, dijo Carlotto. Al tiempo que agregó que “ahora es Papa y hay una especie de satisfacción porque la Argentina figura como país civilizado, conocido y reconocido”. Carlotto enfatizó que “esa satisfacción nacional confunde un poco, una razona que Bergoglio nunca habló ni se nos acercó a las Abuelas para ayudarnos, ha ayudado en otros temas, muy lacerantes, pero no en el nuestro”.

Respecto de la actitud de la Iglesia en los primeros años de la búsqueda de su hija Laura, recordó que cuando su marido acudió a monseñor Antonio Plaza, “uno de sus secretarios le pidió una fortuna”. También mencionó que en las visitas del Papa a la Argentina “las Abuelas fuimos a las avenidas por donde iba a circular el papamóvil, esperando su bendición y que nos viera, el pañuelo blanco era el símbolo, y el Papa miraba para otro lado. Y les daba la comunión y la confesión a los genocidas. Recién el papa Juan Pablo II nos recibió en 1998 a las Abuelas. No fue fácil pero hubo un grupo de la Iglesia que posibilitó ese encuentro, monseñor Estanislao Karlic, José María Arancedo, Jorge Casaretto, Justo Laguna, ellos nos llevaron para dejarle al Papa la carpeta, darle la mano y pedirle por los niños. La respuesta fue que sabía de este drama y que ‘todos oramos por ellos’”.

Carlotto dijo que “con esa oración volvimos para ver qué oración hacía la Iglesia, si la Iglesia de acá hablaba de una vez de estos chicos, y no escuchamos nada. Entonces llegamos al día de hoy, que tenemos el papa argentino, que es miembro de esa Iglesia que nunca habló, nunca nos convocó. A esa satisfacción de que sea un argentino, por el optimismo y el respeto que tenemos las Abuelas, le deseamos que sea un buen Papa, que cumpla con el apostolado y que no se olvide que es argentino y latinoamericano, que no se olvide de dónde viene, él viene de una familia humilde y no puede haber ignorado lo que pasó en nuestro país”.

En relación con las denuncias puntuales que implican al ahora papa Francisco, Carlotto dijo que “hay sombras sobre Bergoglio, que están en dos libros, uno del fundador del CELS Emilio Mignone sobre la Iglesia y la dictadura, y otro del periodista Horacio Verbitsky. Se lo acusa de haber entregado a dos sacerdotes, también dicen que los salvó, dado que sobrevivieron, pero Bergoglio los habría entregado”. Agregó que en el caso de la desaparecida Elena de la Cuadra, se lo acusa de haber dicho a sus familiares que “no busquen más a aquella niña (el bebé que tuvo en cautiverio) porque está en buenas manos, que dejen a esos niños porque se pagó mucho por ellos”, recordó Carlotto. Destacó que “en el testimonio que tuvo que dar hace muy poco tiempo niega esa conversación. Y dice que hasta el año ’90 no sabía lo que pasaba en el país, lo cual nos resulta un poco increíble siendo que en 1985 hubo un juicio fenomenal en Argentina donde se juzgó y condenó a las juntas de la dictadura cívico-militar. Esto fue más que público, entonces cómo puede decir que ignoraba lo que pasaba”.

Pero Carlotto manifestó que espera que “ahora que es Papa haga honor al lugar que ocupa y haga cosas que debe y tiene que hacer. Quienes lo eligieron evidentemente hacen abstracción de que acá, si bien no lo vamos a comparar con otros obispos, como (el secretario del vicariato castrense Emilio) Graselli, que convivían con la dictadura, a él se lo acusa de decir que ignoró, que no sabía, y de que habría entregado a algunos sacerdotes. Pero no está condenado”. Y destacó que “la sociedad argentina registra méritos de humildad, de solidaridad con las víctimas de Cromañón y de la trata de personas, que compra el diario, que toma el subte, que es un ciudadano sin protocolo y simple, además del predicamento que tiene entre los católicos argentinos”.

Tomado de Página/12

Un homenaje en París

ESTELA DE CARLOTTO ESTUVO EN LA UNESCO

La titular de Abuelas de Plaza de Mayo compartió una charla con la directora del organismo, Irina Bokova. También se proyectó la película que narra su vida.

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“No hay que tenerle miedo a todas las cosas nuevas que están pasando en Argentina, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner levantaron la bandera de los derechos humanos y hemos conseguido cosas increíbles, como la justicia plena con la caída de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida”, dijo ayer en París la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, al ser homenajeada por la Organización de Naciones Unidas por la Ciencia y la Cultura (Unesco).

A partir de una iniciativa de la delegación argentina, la Unesco realizó una charla con su directora general, la búlgara Irina Bokova, y la propia Carlotto, además de la proyección de la película Verdades verdaderas, que narra la vida de la titular de Abuelas, referente de la lucha por la verdad, memoria y justicia sobre la última dictadura cívico-militar.

Carlotto resaltó el inicio de los juicios contra los represores en la Justicia ordinaria, la creación de espacios de memoria y la ayuda económica y moral. Y recordó que Laura, su hija desaparecida, “dio la vida por la justicia social, para que existan menos pobres y menos ricos”. En tal sentido, dijo que la ley de medios que “posiblemente a fin de año estará en plena vigencia, lo que va a hacer es eso: repartir equitativamente para que no haya monopolios”.

Además, la titular de Abuelas subrayó el papel que está teniendo la juventud en la vida política: “Tienen una fuerza increíble. Nacieron grupos de jóvenes, muchos de ellos con empleos en el Estado en cargos de alta responsabilidad y lo están haciendo muy bien. Eso fue obra de Néstor Kirchner”.

Ante una pregunta del público, Carlotto resumió la historia del caso Noble, donde precisó todas las trabas que pusieron la dueña del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, y el CEO, Héctor Magnetto, para evitar que se tomen las muestras de sangre a Marcela y Felipe. Tras diez años de espera se realizaron las pruebas en el Banco Nacional de Datos Genéticos, y si bien el resultado fue negativo, resaltó que los procedimientos se hicieron bajo las garantías de la ley y que la sangre quedó procesada para muestras futuras. “Para nosotros no se terminó; se llegó al final correcto de saber lo que hasta ahora es la verdad”, manifestó.

La actividad había comenzado con el recibimiento de Bokova, quien señaló el “honor” que representa para la Unesco tener a Carlotto en sus oficinas centrales y proyectar allí la película sobre su vida. También mencionó la satisfacción porque se haya recuperado a Pablo Javier Gaona Miranda, el nieto 106, y comentó que ella misma pudo conocer la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en un viaje a Buenos Aires. “Hoy ese lugar es el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, auspiciado por la Unesco. Esta conversión simboliza cuánto han cambiado las cosas en Argentina y su política en defensa de los derechos humanos, un cambio que la Unesco acompaña”, agregó su directora general. La búlgara recordó también que en 2010 la Unesco otorgó a las Abuelas el premio de fomento de la paz Félix Houphouet-Boigny. “Quería subrayar el honor de haber tenido aquí para esa ocasión a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su declaración a favor de la democracia y de los derechos humanos”, añadió. Por último, agradeció “la contribución muy importante” que hace el embajador argentino en la organización, el pianista Miguel Angel Estrella, en la promoción de la cultura y de la dignidad humana.

En la conferencia estuvieron presentes la nieta restituida Victoria Montenegro, quien realizó un desgarrador relato sobre la recuperación de su identidad, y la titular de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), Claudia Carlotto, quien informó que la Red por la Identidad de Abuelas extenderá su alcance porque a la sede de Madrid se sumarán Roma, Milán y París. También participaron Ignacio Hernaiz, coordinador del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos que funciona en la ex ESMA, y Nicolás Gil Navarro, director de Verdades verdaderas.

“Un icono de luchadora”

El embajador argentino ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Miguel Angel Estrella, destacó que Estela de Carlotto “es un icono de la mujer luchadora” y por eso es uno de los principales impulsores para que las Abuelas de Plaza de Mayo sean reconocidas con el Premio Nobel de la Paz. “Estela es un personaje de referencia en la Unesco como Lula y Mandela”, explicó el pianista. Y recordó que cuando presentó la candidatura, los jurados quisieron saber cómo era un día en la vida de Carlotto: “Les conté que me tocó acompañarla a jardines de infantes donde ella hablaba de la identidad con palabras muy simples para que los chicos entendieran y después lo mismo en primarios, secundarios, universidades y cárceles”.

A mi querido nieto Guido

Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, ha dado toda su energía durante más de 30 años a una organización que ya ha logrado proporcionarles su verdadera identidad a más de cien hijos de secuestradas durante la dictadura de 1976 a 1982, y que habían sido entregados en adopción, fundamentalmente a militares. Por una tremenda ironía del destino, su nieto, Guido, no ha sido encontrado aún…Esta es la carta que publicó en Página 12 el pasado domingo

Buenos Aires, 26 de junio de 2011

Hoy cumples 33 años. La edad de Cristo como decían, “decimos”, las viejas. Con esta inspiración pienso en los Herodes que “te mataron” en el momento de nacer al borrar tu nombre, tu historia, tus padres. Laura (María), tu madre, estará llorando en este día tu crucifixión y desde una estrella esperará tu resurrección a la verdadera vida, con tu real identidad, recuperando tu libertad, rompiendo las rejas que te oprimen.

Querido nieto, qué no daría para que te materialices en las mismas calles en las que te busco desde siempre. Qué no daría por darte este amor que me ahoga por tantos años de guardártelo. Espero ese día con la certeza de mis convicciones sabiendo que además de mi felicidad por el encuentro tus padres, Laura y Chiquito y tu abuelo Guido desde el cielo, nos apretarán en el abrazo que no nos separará jamás.

Tu abuela, Estela.