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PARA QUE LA DEMOCRACIA SEA DEMOCRACIA

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Por Luis Toledo Sande

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Desde que se acuñó para nombrar una forma de funcionamiento social en la Grecia culta y fértil, pero esclavista, el término democracia —etimológicamente, poder del pueblo— ha venido cargando con realidades y embustes, logros y manquedades, en proporciones varias. Así y todo, constituye un desiderátum de la mayor importancia para la humanidad. Pero causa espanto el atolladero a que ha llegado su uso en las versiones privilegiadas en el mundo por los medios imperantes, instrumentos de los poderosos.

En medio de una realidad en que los intereses imperiales fomentan guerras, genocidios, actos terribles como los sufridos por las masas de emigrantes echados de sus tierras por los conflictos bélicos y la pobreza que estos agravan, cuando en muchas partes asoman las garras del fascismo, sobran ejemplos para ilustrar la falsedad de quienes medran falseando y haciendo fracasar la democracia. Dos casos palmarios son el de los Estados Unidos, autopromovido e incluso aceptado por muchos como supuesto paradigma de la democracia, y el de España, en pose de imitar el modelo estadounidense.

El primero de ellos sobresale como tutor mandón, OTAN mediante; el segundo, como engendro patético, como zarzuela mala. Ambos ignoran los derechos de los pueblos, incluidos los suyos, y en el europeo las fuerzas dominantes —o vicedominantes, porque se supeditan a las del Norte— imitan a la potencia que hoy las coyundea y en 1898 humilló a sus predecesoras. Para colmo, se ha implantado como supuesto recurso para garantizar la estabilidad —preparado por el cabecilla fascista que sumió al país en sangre y luto y urdió la transacción “democrática”— nada menos que una monarquía, forma de gobierno caduca raigalmente incompatible con la democracia verdadera.

Allí alternan en la casa de gobierno el partido cuya cúpula ha traicionado los rótulos socialista y obrero de su nombre, y el que, también usurpando una denominación que no le pertenece, popular, encarna la continuidad del llamado Bando Nacional, el que llevó al poder al caudillo asesino. Tal es el partido que recientemente ha logrado seguir habitando La Moncloa, tras episodios comparables en la imaginación cubana como un San Nicolás del Peladero carente de gracia, trágico.

En los Estados Unidos la más reciente campaña por el voto presidencial mostró una vez más, reforzada incluso, la realidad descrita por José Martí al hablar de política y elecciones en esa nación: “no se ha peleado a lo púgil, sino a lo serpiente”. En la pugna se enfrentaron otra vez los representantes del partido demócrata y el republicano, nombres tan intercambiables en esencia como las organizaciones políticas designadas con ellos.

En la continuidad del secular modo de hociquear en la contienda por ocupar la Casa Blanca se enfrentaron, de un lado, una intervencionista que envuelve en porte elegante su alma asesina y, del otro, un ser que, con su burda catadura neroniana, encarna la decadencia, peligrosa y en marcha, del imperio. Su desempeño, si no lo liquidan por el camino, llegará —al igual que llegaría el de su adversaria si ella hubiera ganado— hasta donde se lo permitan los dueños del negocio terrible que él representará como presidente.

Modelos tales encarnan miseria moral para los pueblos del mundo en cualquier época, y máxime cuando las reglas impuestas se emplean en función de estratagemas neoliberales como las que han primado en el Brasil de un turbio golpe de estado parlamentario. También en Argentina, donde la derecha capitalizó recursos en los cuales se incluyó una falaz maquinaria propagandística.

Así las fuerzas de la reacción consiguieron que el pueblo apareciera como protagonista de un hecho costoso para la inmensa mayoría: ponerse la soga en su pescuezo con la elección de un presidente que obedece al imperio y a la oligarquía intestina, de la que forma parte. Como la maniobra perpetrada en Brasil, la de Argentina corrobora cuán antidemocrática puede ser, capitalismo por medio, la llamada democracia.

Esos triunfos de la derecha —tras los cuales es fácil adivinar o ver el empuje de fuerzas que en el Norte son capaces de alternar, cuando les conviene, la zanahoria que manipulan y el garrote que las caracteriza— la han envalentonado todavía más en el afán de derrocar gobiernos que no le hacen el juego al imperio ni, por tanto, a ella. Ocurre en la Bolivia del Movimiento al Socialismo y en el Ecuador de la Revolución Ciudadana y, señaladamente, en la Venezuela del proyecto bolivariano.

Los dirigentes revolucionarios en ese país, ahora con Nicolás Maduro al frente y también apoyados por la mayoría de la población, han conseguido contener, con un denuedo que asombra y conmueve, la ofensiva contrarrevolucionaria y criminal apoyada por el imperio. Es una ofensiva comparable al menos con la que en Chile frustró por la fuerza el experimento pacífico del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende.

Hasta ahora la diferencia entre ambas realidades la va marcando el hecho de que en Venezuela no ha prosperado un golpe militar como el representado por Augusto Pinochet en Chile. Pero los intentos de acabar con el afán bolivariano se comprobaron fehacientemente incluso en vida de Hugo Chávez, contra quien se orquestó un golpe respaldado por fuerzas foráneas. En ellas descolló el Partido Popular español y, sobre todo, el imperio al que esa organización política sirve, como sirven los cabecillas de la contrarrevolución que actúa dentro de Venezuela.

Agredida, bloqueada, calumniada, asediada por ese mismo imperio, que viola los derechos humanos y la legalidad internacional, Cuba se ha mantenido firme, gracias a una Revolución a la que el pueblo le ha dado un apoyo ampliamente mayoritario, y no por casualidad ni como fruto de un supuesto milagro. Esa Revolución llegó al poder tras una lucha armada que le permitió desmantelar la maquinaria gubernamental impuesta por una burguesía que calculó mal al irse para los Estados Unidos, suponiendo que pronto volvería para recuperar su posición. El pueblo, por su parte, vio en la obra revolucionaria un rumbo verdaderamente democrático.

El 16 de abril de 1961, en el entierro de los mártires de los bombardeos con que en la víspera la CIA intentó destruir parte importante de las fuerzas con que Cuba podría defenderse contra la invasión desatada el 17, el líder Fidel Castro Ruz declaró que la Cubana era ciertamente una Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes: es decir, encarnaba en los hechos el poder del pueblo, esencia de la democracia.

Desde el alba de 1959 el pueblo cubano tenía evidencias de que se estaba cumpliendo el Programa del Moncada. Lo mostraba cuanto se hacía en el terreno de la educación y la salud, en el laboral y en el de la dignidad basada en la conquista de la soberanía que el imperio le había arrebatado al país en 1898, con la oportunista intervención que impidió que Cuba alcanzara la victoria que merecía contra el colonialismo español.

Para defender a su patria contra la invasión mercenaria, preparada y financiada por la CIA, y que fue aplastada en menos de setenta y dos horas, lucharon en Playa Girón soldados y milicianos —pueblo uniformado— que sabían necesario salvar y cuidar logros como la Campaña de Alfabetización en marcha, gracias a la cual el año 1961 finalizó con la proclamación de Cuba como país libre de analfabetismo. Ese fue el bautizo grandioso de una obra educacional en ascenso, que prepararía al pueblo para defender sus derechos contra todas las fuerzas que quisieran arrebatárselos.

Hace unos años, en medio de las calumnias contra Cuba, profesionales de diferentes países dialogaban en un debate, y uno de ellos —digamos que equivocado, víctima de la campaña mediática que la nación caribeña ha tenido que enfrentar sin descanso durante más de medio siglo— tildó de dictatorial al gobierno cubano. Entonces una colega española, haciendo acopio de claridad y de fina ironía, le respondió: “Pues se le debe impartir un curso al gobierno de Cuba para que aprenda a ser una dictadura, porque mal va el dictador que lo primero que hace es buscar y conseguir que su pueblo se instruya”.

La obra de educación, cultura y ciencia desarrollada por la Revolución Cubana con un denuedo superior a sus recursos materiales, no solamente le ha dado al país una fuerza laboral altamente capacitada. También lo ha dotado de un ejército —el pueblo— preparado para enfrentar con armas y pensamiento, en trincheras de piedra y de ideas, las campañas enemigas, y para hacerlo con la claridad de quien sabe dónde está lo que debe defender. Una Revolución que rinde culto filial a José Martí sabe, como dijo él, que “ser culto es el único modo de ser libre”.

Algunos habrán creído, o posado como que lo creían, y hasta intentado propalarlo como cierto, que la fuerza de esa Revolución había desaparecido o se difuminaba en medio de carencias internas provocadas por un criminal bloqueo que perdura. Pero no les habrá quedado más remedio que ver la reacción de la inmensa mayoría de este pueblo ante la muerte de su Comandante, las claras, resueltas expresiones de la voluntad de mantener vivo su legado y continuar una obra revolucionaria irreductible a los designios del mercado y al sometimiento en que los imperialistas quisieran y en vano han intentado sumir a Cuba. Habrán podido ver también la solidaridad de los pueblos del mundo con ella.

Tanto como la Revolución Cubana tiene el derecho y el deber de defenderse, y hacerlo con la mayor lucidez posible, asume igualmente la misión de salvar la cultura de la nación, que en ella tiene —así la definió el Comandante— su mayor escudo. Esa cultura no se agota en la riqueza artística y literaria cosechada: abarca un patrimonio más amplio, en el que están inscritos los valores éticos que han sido y han de seguir siendo el pilar de la obra revolucionaria y del acervo cultural de la nación en su conjunto.

No es fortuito, sino orgánico, el llamamiento de la propia dirección de la Revolución al pueblo para que fortalezca su participación activa y consciente en el ejercicio de la democracia. Sin él, la Revolución sería un logro bamboleante, fácilmente derribable con sacudidas mucho menores que las propulsadas contra ella por las fuerzas imperiales. De ahí la necesidad de fortalecer el funcionamiento democrático, participativo, con que el pueblo la lleva a cabo, y no contentarse con saber que ante la grandeza y la índole popular de su obra deberían al menos guardar silencio, si tuvieran pudor, los voceros de la falaz democracia burguesa que intentan desacreditarla.

Los lemas “¡Yo soy Fidel” y “¡Somos Fidel!” expresan apoyo, voluntad de participación en el cuidado cotidiano de las conquistas y los requerimientos de la Revolución. Significan que, lejos de menguar, esa voluntad crece ante la ausencia física del dirigente en quien el pueblo intuía que podía delegar en gran medida, con plena confianza, la responsabilidad de mantener bien orientada la Revolución. A partir de ahora no debe quedar resquicio al que no llegue el sentido colectivo, a fondo, de la democracia plena que se necesita para que el legado revolucionario perdure en marcha hacia un futuro que debe y merece ser victorioso.

No se sirve en Cuba, ni se ha de servir, a rejuegos para que accedan al poder millonarios o aspirantes a millonarios que representan a los opresores y ellos mismos lo son. La cultura revolucionaria de la nación garantiza que aquí no haya magnates que encuentren espaldas de pobres sobre las cuales sentarse. Eso, cualesquiera que sean los ropajes con que el opresivo sistema se vista, ocurre diariamente en los países que, dominados por el capitalismo, presiden a escala planetaria la violación de los derechos humanos.

Esa realidad es medularmente ajena a un pueblo como el de Cuba, preparado para saber cuáles son sus derechos, y defenderlos. Se trata de un pueblo instruido, formado —como debe serlo crecientemente— en el conocimiento de su historia, y de la historia de sometimiento en que lo quisieran hundir otra vez y para siempre los mismos que lo sumieron en ella desde 1898 hasta el 1 de enero de 1959, y ahora lo invitan a olvidarla.

No olvidará su historia la Revolución que ha abierto caminos necesarios para que ciertamente democracia signifique democracia, no campañas de serpientes al servicio de la opresión nacional e internacional.

 

Siete datos para explicar las elecciones de EE UU

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A Trump le votaron republicanos corrientes, algunos con dudas y muchos buscando un cambio

Por Kiko Llaneras

El País

A continuación recopilo algunos datos clave sobre qué paso y quién voto por cada candidato.

  1. A Trump le votaron los republicanos corrientes. El 90% de las personas que se identifican con el partido republicano votó por su candidato. Trump también ganó entre los independientes por 6 puntos, más o menos igual que Romney en 2012. Se ha hablado mucho de los nuevos votantes de Trump. Pero el grueso de su electorado tiene el perfil clásico de los republicanos: más mayores, más blancos, más religiosos y menos urbanos que los demócratas.
  2. Ese éxito apunta una causa: la polarización. Un 27% de votantes de Trump dice que su candidato no es de fiar. Un porcentaje parecido cree que tampoco tiene el temperamento para ser presidente. ¿Por qué le han votado esas personas? Una explicación es que aun con esos defectos lo prefieren a Hillary Clinton o a los demócratas en general. El 72% de los votantes de Trump explica su voto con una razón: «puede traer el cambio necesario». Son síntomas de la polarización partidista que lleva años aumentando en Estados Unidos. Un dato: el 23% de liberales y el 30% de conservadores reconoce que se sentiría mal si un familiar se casase con alguien de ideología contraria.
  3. Trump si mejoró a su antecesor republicano en un grupo: los blancos no universitarios. En 2004 y 2008 los republicanos ganaron ese grupo por 20 puntos. Trump lo ha ganado casi por 40. En este tema del New York Timesse ve particularmente bien. Los blancos no universitarios son un grupo numeroso —un 34% de todos los norteamericanos—, y especialmente en estados decisivos: Iowa representan un 49% del censo (Cook Political Report), en Wisconsin un 45%, en Ohio un 42% y en Michigan un 37%.
  4. Trump ganó votantes pobres pero no fue el más votado entre ellos. Al revés: el candidato republicano ganó entre las rentas más altas de todas (superiores a los 200.000 dólares) y Clinton entre las más bajas. Pero sí es cierto que Trump ha reducido la distancia por renta entre demócratas y republicanos. No sólo respecto a Obama, también respecto a John Kerry en 2004. La relación entre renta, raza, estudios y medio urbano y rural es complejísima. Si Trump no gana entre las rentas más bajas es probablemente porque las minorías raciales votan demócrata —sobre todo los negros—. Pero Trump sí logró avances entre votantes blancos con pocos estudios y rentas más bajas.
  5. Seguramente hubo votantes de Obama que se pasaron a Trump en estado clave. Los demócratas “perdieron esta elección porque millones de votantes blancos de clase trabajadora votaron por Obama y después cambiaron a Trump”, decía Nate Cohnesta semana. De los 700 condados que Obama ganó en 2008 y 2012, en el 30% de ellos esta vez ha ganado Trump. Muchos de esos condados pertenecen a los estados del Medio Oeste industrial que acabaron siendo clave para que Trump ganase el colegio electoral. Son condados más blancos que la media, pero donde Obama fue muy competitivo. Como explicación. Cohn apunta una similitud entre Obama y Trump: “los dos se presentaron como agentes del cambio, contra el ‘establishment’ y los intereses corporativos”.
  6. Es mucho lo que (todavía) no sabemos sobre esta elección. Los datos de participación son todavía incompletos —en California siguen contando votos diez días después—. No es verdad que haya caído mucho y probablemente Clinton no ha perdido por no movilizar a las minorías, los jóvenes o las mujeres. Tampoco sabemos con claridad el peso que ha tenido el voto de los “rezagados” o los “perdedores de la globalización”, y si ese marco es realmente clave para entender estas elecciones. Esa es una de las preguntas de nuestro tiempo, la relación entre expectativas, nostalgia, globalización y crisis. Pero no es nada sencilla.
  7. Cuidado con los relatos exagerados. Decía Nate Silverque estos días se están sacando conclusiones muy rotundas de la victoria de Trump: «Hay un auge del mensaje reaccionario en EE UU», «vuelven los demonios del racismo y la misoginia», «crece la división entre las élite de ambas costas y el resto del país». Pero el resultado ha sido muy ajustado. Clinton de hecho logró más votos que Trump. Si el 1% de los votantes hubiese votado distinto, Clinton habría ganado y el relato sería muy distinto. Hablaríamos de la primera mujer presidenta o del castigo de los votantes a un candidato como Trump.

Entiendo este argumento de Silver, pero vuelvo a la cuestión primera: A Trump le votaron los republicanos corrientes. Esa es para mi la noticia de estas elecciones. No tanto que Trump lograse unos pocos votantes decisivos —blancos no universitarios en los estados del alto Medio Oeste–. Sino que representase la mejor opción para el grueso de republicanos siendo el candidato que es: abandonado por su partido, reaccionario más que conservador, irrespetuoso como mínimo con normas básicas de la política y la decencia.

Donald Trump… La Élite no se ha equivocado

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Por Ralf B. Leepman

Tomado de Buscando la verdad

El recién elegido Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no ha sido un error de la élite o un giro inesperado de las urnas. Por el contrario, forma parte de un plan trazado minuciosamente.

A día de hoy, muchos pueden pensar que las encuestas daban como claro vencedor al pollino demócrata. Incluso yo mismo vaticiné una victoria amplia de la candidata Clinton. Era lo más aproximado a una coherencia política ya que el discurso anti-todo del candidato republicano, hacía tambalear sus pilares.

La élite lo ha manejado bien. Han elaborado un discurso ultra patriótico. Frente a las políticas “light” externas de Obama y que Clinton continuaría, los estadounidenses estaban hartos de monsergas y de guerras estériles, poca mano dura y unas políticas sociales que nunca acababan de llegar. Y era lógico, el senado era contrario a Obama. Y la guerra contra el ISIS era irrisoria.

Pero hete aquí que llega el nuevo Sheriff. Un tipo sin pelos en la lengua, que habla al pueblo llano como a este le gusta. Que promete el oro y el moro, que los Estados Unidos pega el puñetazo en la mesa y pone firme al más pintado. ¿Qué es eso de quitar las armas a los americanos? Que Putin ha dicho qué… ¡trae el teléfono que se va a enterar! Europa que ni me tosa, que les monto un pollo que se cagan. Y el chino ese de Corea que no me toque mucho los cataplines que le mando la séptima flota y le meto misiles por el ojete. Vamos, esto lo arreglo yo en cuatro días.

Sí señor, con un par. ¿Cómo es posible que los ciudadanos estadounidenses no vean más allá de lo que este personaje plantea? Es simple. Propaganda. Donald Trump se ha gastado la friolera de 100 MM de dólares en la campaña. ¿Y qué es una campaña electoral sino propaganda? Hay que conseguir el objetivo como sea, no importa lo que se diga, lo que se prometa, son cuatro años donde no se va a rechistar, y si lo hacen, se aguantan. Siempre habrá quien rebata. Por otra parte, la jugada ha sido maestra, ya que el senado tiene mayoría republicana. Con la presidencia y el congreso, Trump tiene vía libre para hacer y deshacer lo que le venga en gana.

Y lo primero que se va a cargar es la propuesta demócrata de una sanidad universal y gratuita. Esto para los republicanos es como el ajo para los vampiros, ya que ellos basan su sistema sanitario en multinacionales de seguros que expolian a los ciudadanos. Y si no tienes trabajo, no hay seguro médico, con el elevado riesgo de ruina que eso supone. No hay pensiones ni vacaciones. No pensemos que es como en Europa, donde la sanidad está garantizada, el paro y de momento, las pensiones.

Pero a todo esto ¿qué busca realmente la élite con este tipo? Pues ni más ni menos que un conflicto importante con Rusia o China. No sabían cómo organizar otro atentado porque la insensibilización ciudadana cada día es mayor, y no se obtienen los resultados de euforia ni venganza de antaño. La sebera amenaza de poner fin a ISIS de un modo tajante sin dialogar con otras potencias ya es preocupante. Una cosa es coordinar un ataque donde todos los afectados e interesados se comprometan, es decir, Rusia y China cooperen con los USA, y otra muy distinta es ir en solitario como le gustaba a Ronald Reagan y su Rambo de los 80.

Y por supuesto, la propaganda de que Trump es independiente, es sólo eso, propaganda. Ya que el nuevo presidente de los USA es Masón. Como todos o casi todos. Y seguirá al pie de la letra el dictado que la élite le marque. Ese es el golpe de efecto que la élite necesitaba, la aprobación a través del ego, el orgullo, la bandera y la patria de hacer una América grande otra vez. Tienen carta blanca para montar otra guerra como y donde quieran y lo peor, con el beneplácito del pueblo.

Las siete propuestas de Donald Trump que explican su victoria

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Propuestas de Donald Trump que explican su victoria

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Por Ignacio Ramonet

Ignacio Ramonet es un periodista español establecido en Francia. Es una de las figuras principales del movimiento altermundista.

La victoria de Donald Trump ( como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia ) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.

¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña ? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas,  ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano,  muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un caracter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « politicamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que  lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón.  Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema ; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores“. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes…Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre“, y  su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa“, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad“.

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.

Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático.  Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: « No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación[i] » . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió : « Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%. »

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington PostPoliticoHuffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. « Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país. », suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglasen inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo : « El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos. »

En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de laSocial Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir.  Tump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los « sin techo »,  reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una politica extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN : « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.

En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo… 

 

ENTREVISTA A JULIAN ASSANGE: “LOS BANCOS, LAS AGENCIAS DE INTELIGENCIA, LAS EMPRESAS ARMAMENTÍSTICAS… TODOS APOYAN A HILLARY CLINTON”

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Por John Pilger

De CounterPunch

 

LOS SECRETOS DE LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES 

Esta entrevista fue filmada en la Embajada de Ecuador en Londres –donde Julian Assange es un refugiado político—y retransmitida el 5 de noviembre de 2016.

John Pilger: ¿Cuál es la importancia de la intervención del FBI en estos últimos días de campaña electoral en el caso contra Hillary Clinton?

Julian Assange: Si observamos su historia, vemos que el FBI ha actuado eficazmente como policía política de Estados Unidos. Esto quedó demostrado cuando forzó la dimisión del antiguo jefe de la CIA [el general David Petraeus] por revelar información confidencial a su amante. Prácticamente nadie es intocable. El FBI siempre intenta demostrar que nadie puede evitar ser investigado. Pero Hillary Clinton ha resistido abiertamente  la investigación del FBI, lo que levantó una gran indignación dentro de la institución porque hizo que pareciera débil. Nosotros hemos publicado unos 33.000 correos electrónicos de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado. Proceden de un lote de unos 60.000, de los cuales Clinton conservó alrededor de la mitad y nosotros publicamos la mitad de esos.

Además están los correos publicados de Podesta. [John] Podesta es el principal director de campaña de Hillary y todos esos correos están relacionados; entre ellos hay muchos sobre los “pagos por representación” (pay for play), como lo llaman, en los que se facilita el acceso de estados, individuos y empresas a cambio de dinero. [Estos correos electrónicos] combinados con el encubrimiento de los correos de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado [son los que] han creado el entorno adecuado para que el FBI aumente su presión.

J.P.: La campaña de Clinton aduce que Rusia está detrás de todo este acoso, que Rusia ha manipulado la campaña y es la fuente de los correos publicados por WikiLeaks.

  1. A.: La campaña de Clinton ha conseguido proyectar esa especie de histeria de caza de brujas: Rusia es responsable de todo. Hillary Clinton ha declarado falsamente en innumerables ocasiones que 17 organismos de inteligencia de EE.UU. consideran a Rusia la fuente de nuestras publicaciones. Eso es completamente falso; podemos afirmar que el gobierno ruso no es la fuente.

WikiLeaks lleva diez años publicando y, en ese tiempo, hemos sacado a la luz diez millones de documentos, varios miles de una sola fuente, varios miles de distintas fuentes, y nunca nos hemos equivocado.

J.P.: Los correos electrónicos que ofrecen pruebas de que Hillary Clinton se benefició personalmente de este intercambio de acceso por dinero y de cómo se beneficia políticamente son extraordinarios. Estoy ahora pensando en el representante de Qatar que consiguió cinco minutos con Bill Clinton a cambio de un cheque de un millón de dólares.

J.A.: Y los doce millones de dólares de Marruecos…

J.P.: Ah, sí, los doce millones de Marruecos.

J.A.: Para que Hillary Clinton asistiera [a una fiesta].

J.P.: El ámbito en el que los correos electrónicos resultan más relevantes es el de la política exterior de Estados Unidos, ya que muestran la relación directa de Hillary Clinton y la fundación del yihadismo y del Estado Islámico (EI) en Oriente Próximo. ¿Puede explicarnos de qué forma los correos electrónicos demuestran que quienes se supone que combaten a los yihadistas del EI colaboraron en realidad en su creación?

J.A.: Hay un correo de 2014 dirigido por Hillary Clinton a su director de campaña John Podesta poco después de abandonar el departamento de Estado, en el que afirma que el Estado Islámico está financiado por los gobiernos de Arabia Saudí y Qatar. Se trata del correo más significativo de toda la colección, quizás, porque saudíes y qataríes han dado mucho dinero a la Fundación Clinton. Hasta el gobierno de EE.UU. está de acuerdo en que algunas figuras saudíes están detrás del Estado Islámico. Pero se supone que se trata de algunos príncipes deshonestos que utilizan su parte del dinero petrolero para hacer lo que quieren, aunque su gobierno desaprueba esta práctica.

Pero el correo electrónico niega esta excusa y afirma que son los propios gobiernos saudí y qatarí quienes han financiado el EI.

J.P.: Saudíes, qataríes, marroquís, bahreiníes, especialmente saudíes y qataríes donan todo ese dinero a la Fundación Clinton  mientras Hillary es secretaria de Estado y el departamento de Estado está aprobando enormes ventas de armas, en particular a Arabia Saudí.

J.A.: La venta de armas más grande jamás realizada en el mundo se hizo con Hillary Clinton como secretaria de Estado, [y fue por valor] de más de 80.000 millones de dólares. De hecho, durante su mandato al frente del departamento de Estado el total de exportaciones de armas de Estados Unidos se duplicó, en términos de valor en dólares.

J.P.: Es evidente que, según estas informaciones, el famoso grupo terrorista conocido como Estado Islámico de Irak y el Levante o simplemente como Estado islámico (EI)  habría sido creado en buena medida con dinero procedente de las mismas personas que financian la Fundación Clinton.

J.A.: Así es.

J.P.: Eso es extraordinario.

J.A.: En realidad, me da pena Hillary Clinton como persona, porque la veo devorada por sus ambiciones, hasta un punto enfermizo. Esas personas llegan a desmayarse como resultado de sus ambiciones. Ella representa a toda una red de personas y de relaciones con determinados estados. La cuestión es ¿cómo encaja Hillary Clinton en esta red más extensa? Es el engranaje central. Hay un montón de engranajes diferentes en marcha, desde grandes bancos como Goldman Sachs y los principales elementos de Wall Street hasta agencias de inteligencia y determinados individuos del departamento de Estado y del gobierno saudí.

Ella es el elemento centralizador que interconecta todos los distintos engranajes. Es la representación central de todo eso y “todo eso” es más o menos lo que detenta el poder ahora mismo en Estados Unidos. Es lo que llamamos el establishment o el Consenso de Washington. Uno de los correos más significativos de Podesta que hemos sacado a la luz explicaba cómo se formó el gabinete de Obama y cómo la mitad del mismo había sido básicamente nombrado por un representante del Citibank. Es bastante sorprendente.

J.P.: ¿El Citibank presentó una lista…?

J.A.: Así es.

J.P.: … de la que salió la mayor parte del gabinete de Obama.

J.A.: Exacto.

J.P.: Entonces, ¿es Wall Street quien decide el gabinete del presidente de Estados Unidos?

J.A.: Si en su momento seguiste de cerca la campaña de Obama, te darías cuenta de que se había acercado mucho a los intereses de la banca.

J.A.: Por eso creo que no se puede entender adecuadamente la política exterior de Hillary Clinton sin entender a Arabia Saudí. Sus conexiones con este país son muy estrechas.

J.P.: ¿Por qué se mostró tan manifiestamente entusiasmada por la destrucción de Libia? ¿Puede contarnos por encima lo que nos muestran sus correos electrónicos de lo que ocurrió allí? Porque Libia es el origen de buena parte del caos existente ahora en Siria, del yihadismo del EI y todo eso, y fue casi una invasión de Hillary Clinton. ¿Qué nos dicen los correos sobre todo ello?

J.A.: La Guerra de Libia fue, más que nada, la guerra de Hillary. Barack Obama se opuso inicialmente a ella. ¿Quién fue su máxima defensora? Hillary Clinton. Esto está bien documentado en sus correos. Había enviado a su agente favorito, Sidney Blumenthal a prepararlo todo. De los 33.000 correos de Hillary Clinton publicados, más de 1.700 son sobre Libia. No se trata de que Libia tuviera petróleo barato. Ella pretendía derrocar a Gadafi y derribar al Estado libio, ya que quería utilizarlo en su campaña para las elecciones presidenciales. Hay un documento interno de finales de 2011 encargado por Hillary Clinton titulado “Tic-tac Libia” que resume la descripción cronológica de cómo ella fue la figura central de la destrucción del Estado Libio, que provocó alrededor de 40.000 muertes en Libia; llegaron los yihadistas, llegó el Estado Islámico y todo ello provocó la crisis europea de los refugiados y los emigrantes.

No es solo que la gente huyera de Libia, huyera de Siria, que otros países africanos se desestabilizaran como resultado del flujo de armas, sino también que el propio Estado libio ya no era capaz de controlar el movimiento de personas en su interior. Libia está situada frente al Mediterráneo y durante mucho tiempo fue el corcho de la botella de África. Así que todos los problemas, los problemas económicos y las guerras civiles de África, la gente que huía de esos problemas, no llegaban hasta Europa porque Libia controlaba policialmente el Mediterráneo. El propio Gadafi fue muy claro al respecto a comienzos del 2011: ¿Qué piensan esos europeos que están haciendo cuando intentan bombardear y destruir el Estado libio? Van a provocar oleadas de emigrantes africanos y la llegada de yihadistas a Europa”. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

J.P.: ¿Les llegan quejas de la gente preguntando: “Qué está haciendo WikiLeaks. Están intentando colocar a Donald Trump en la Casa Blanca?

J.A.: Mi respuesta es que no permitirán que gane Trump. ¿En qué me baso para afirmar eso? En que no tiene de su parte a ningún estamento del establishment, excepto a las iglesias evangélicas, si es que puede considerárselas un establishment. Pero los bancos, las agencias de inteligencia, las empresas armamentísticas… las grandes inversiones extranjeras… todos apoyan a Hillary Clinton, al igual que los medios de comunicación, los dueños de los medios e incluso los propios periodistas.

J.P.: Se les acusa de que WikiLeaks actúa en connivencia con los rusos. Hay gente que dice: “¿Por qué WikiLeaks no investiga y publica correos electrónicos de Rusia?

J.A.: Hemos publicado alrededor de 800.000 documentos de todo tipo relacionados con Rusia. La mayor parte de ellos son críticos y han sido la base de una gran cantidad de libros, casi todos críticos también. Nuestros documentos [rusos] han sido utilizados en bastantes procesos judiciales: casos de refugiados que huyen de lo que afirman es una persecución política en Rusia y que utilizan nuestros documentos para apoyar su caso.

J.P.: ¿Tiene alguna opinión personal sobre la elección estadounidense? ¿Tiene preferencia por Clinton o por Trump?

J.A.: [Hablemos sobre] Donald Trump. ¿Qué es lo que representa para los europeos o los estadounidenses? Representa a la chusma blanca estadounidense, “deplorable e incorregible” [en palabras de Hillary Clinton]. Eso significa que desde el punto de vista de la clase dirigente o desde una perspectiva urbana, educada y cosmopolita, esta gente son paletos con los que no se puede tratar. Como él representa claramente –mediante sus palabras, sus actos y el tipo de personas que acuden a sus mítines– a personas que no forman parte de la clase media ni de la clase media alta y educada, existe el miedo a ser asociados de cualquier modo con ellos, un miedo social que reduce el estatus de clase de cualquiera al que se acuse de haber ayudado a Trump sea como sea, incluyendo cualquier crítica a Hillary Clinton. Si te fijas en cómo la clase media consigue su poder económico y social, es completamente lógico.

J.P.: Me gustaría hablar de Ecuador, el pequeño país que le ha proporcionado asilo político en esta embajada de Londres. Ahora Ecuador le ha cortado el acceso a Internet desde este lugar en donde estamos realizando la entrevista, la embajada, porque claramente les preocupa su intervención en la campaña electoral estadounidense. ¿Puede decirnos por qué lo han hecho y lo que opina sobre el apoyo proporcionado por Ecuador?

J.A.: Retrocedamos cuatro años. Hice una solicitud de asilo a Ecuador en esta embajada, a causa del pedido de extradición de EE.UU. y me fue concedido después de un mes. Desde entonces, la embajada ha estado rodeada por la policía: una operación policial muy cara que el gobierno británico admite que le ha costado más de 12,6 millones de libras. Hace un año lo admitieron. Ahora han desplegado policía secreta y cámaras robot de vigilancia de diversos tipos. Es decir, se ha provocado un conflicto bastante serio en el corazón de Londres entre Ecuador, un país de dieciséis millones de habitantes, y Reino Unido, con la colaboración indirecta de Estados Unidos. Fue una decisión valiente y basada en principios de Ecuador. Ahora Estados Unidos celebra elecciones, las de Ecuador son en febrero del año próximo, y la Casa Blanca se ha acalorado como resultado de la información veraz que hemos estado publicando.

WikiLeaks no publica desde la jurisdicción de Ecuador, desde esta embajada o desde territorio de Ecuador; publicamos desde Francia, desde Alemania, desde Países Bajos y desde otra serie de países, por lo que han intentado presionar a WikiLeaks a través de mi estatus de refugiado; y esto es, esto es completamente intolerable, que estén intentando ahogar a una organización editora; intentan evitar que se publique información verdadera sobre unas elecciones que es de gran interés para el pueblo estadounidense y otros.

J.P.: Díganos qué ocurriría si saliera de esta embajada.

J.A.: Sería inmediatamente detenido por la policía británica y extraditado a Estados Unidos o a Suecia. En Suecia no estoy acusado de nada, ya he sido exonerado [por la fiscal general de Suecia Eva Finne]. No tenemos ninguna certeza de lo que ocurriría allí, pero lo que sí sabemos es que el gobierno sueco se ha negado a garantizar que no me extraditaría a estados Unidos; también sabemos que han aceptado todas las extradiciones solicitadas por ese país desde 2000. Es decir, en los últimos quince años todas y cada una de las personas que Estados Unidos ha querido extraditar de Suecia han sido extraditadas y el gobierno se niega a garantizarme que eso no va a ocurrir.

J.P.: La gente suele preguntarme cómo lleva el aislamiento en este lugar.

J.A.: Mire usted, uno de los mejores atributos de los seres humanos es su adaptabilidad y uno de sus peores atributos es su adaptabilidad.  Se adaptan y empiezan a tolerar las agresiones, se adaptan a participar ellos mismos en agresiones, se adaptan a la adversidad y siguen adelante. Así que en mi situación… francamente, me siento recluido; este [la embajada] es el mundo… visualmente es el mundo [para mí].

J.P.: Es el mundo sin sol, entre otras cosas, ¿no?

J.A.: Es el mundo sin sol, pero hace tanto que no veo el sol que ni lo recuerdo.

J.P.: Claro.

J.A.: Así que, claro, te adaptas. Lo que más me molesta es que mis hijos pequeños también tienen que adaptarse. Se adaptan a estar sin su padre. Eso es algo muy duro que les ha sido impuesto.

J.P.: ¿Se preocupa por ellos?

J.A.: Sí, me preocupan; y me preocupa su madre.

J.P.: Algunos podrían decir, “bueno, ¿por qué no acaba con ello y simplemente sale y permite que le extraditen a Suecia?

J.A.: La ONU [el grupo de trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU] ha investigado toda esta situación. Dedicaron dieciocho meses para presentar una demanda judicial formal. Yo y la ONU contra Suecia y Reino Unido. ¿Quién tiene razón? La ONU llegó a la conclusión de que estoy sufriendo una detención ilegal arbitraria, privado de mi libertad y que lo sucedido no es conforme a las leyes británicas ni suecas y que esos países tienen que obedecer. Es una agresión ilegal. Es la ONU quien ha preguntado formalmente: “Qué está pasando aquí? ¿Cuál es vuestra explicación legal? [Assange] dice que deberíais reconocer su asilo”. Y Suecia responde a la ONU diciendo: “No, no vamos a reconocer el veredicto de la ONU”, con lo que dejan abierta su posibilidad de extraditarme.

Me parece absolutamente increíble que la narrativa de esta situación no se exponga públicamente en la prensa, porque no se corresponde a la narrativa del sistema occidental. Y sí, Occidente tiene presos políticos, es una realidad, no soy solo yo, hay un puñado de otras personas que están en el mismo caso. Occidente tiene presos políticos. Es evidente que ningún Estado acepta que las personas que tiene encarceladas o detenidas por motivos políticos sean presos políticos. No les llaman presos políticos en China, no les llaman presos políticos en Azerbaiyán y no les llaman presos políticos en Estados Unidos, Reino Unido o Suecia. Ese tipo de autopercepción es absolutamente inaceptable.

J.A.: En mi situación, tenemos un caso, el caso sueco, en el que nunca se me ha llegado a acusar de ningún delito, en el que ya he sido exonerado [por la fiscal general] y declarado inocente, en el que la propia mujer [la presunta víctima] declaró que había sido un montaje policial, en el que la ONU afirmó oficialmente que todo el asunto es ilegal, en el que el Estado de Ecuador también investigó y decidió que era merecedor de asilo. Esos son los hechos, pero ¿cuál es la retórica?

J.P.: Sí, es diferente.

J.A.: La retórica pretende, pretende constantemente que he sido acusado de un delito sin mencionar nunca que ya he sido exonerado, sin mencionar nunca que la propia mujer dijo que había sido un montaje policial.

[La retórica] está intentando evitar la verdad: que la ONU dictaminó formalmente que todo el asunto es ilegal, sin ni siquiera mencionar jamás que Ecuador realizó una valoración formal mediante procesos formales y averiguó que sí, que efectivamente estoy sometido a persecución por parte de Estados Unidos.

NOAM CHOMSKY: “INCLUSO SI NO GANA, TRUMP SERÁ MUY PELIGROSO”

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El lingüista y filósofo estadounidense advierte que los seguidores del magnate están acumulando armas y que, si su candidato pierde, conciben el día después de los comicios como un día de rabia

POR ANTONIO BAQUERO, DE EL PERIÓDICO

Referente intelectual a nivel planetario en la denuncia de los abusos de las grandes multinacionales y de los excesos de la maquinaria militar de EEUU, el lingüista y filósofo Noam Chomsky ha aterrizado este sábado en Barcelona para realizar una conferencia sobre los refugiados, invitado por el Instituto sobre Globalización, Cultura y Movilidad de la Universidad de Naciones Unidas (UNU-GCM). Ediciones B acaba de publicar también su último libro, ‘¿Quién domina el mundo?’. A sus 87 años, reconoce la inquietud que le produce Trump, tanto si pierde como si gana.

-¿Como lingüista qué impresión le producen los discursos de Donald Trump y Hillary Clinton?

-No es una cuestión de lingüista. Personalmente no me gusta ninguno de los dos. Y creo que Trump sería un desastre. Pero el hecho es que si miran cómo se desenvuelven en televisión, verán que Trump suele hablar de asuntos que le importan a la gente a la que él se dirige. Habla su lenguaje y actúa como si fuera a obrar para defender sus intereses sobre lo que a esa gente le preocupa: el comercio, el trabajo, la inmigración.

-¿Y Clinton?

-Clinton dedica buena parte de su tiempo solo a atacar a Trump personalmente. Que no está capacitado para ser presidente, denuncia su modo de actuar… El modo de desenvolverse de Clinton no es muy bueno. Lo más grave es que ninguno de los dos habla de los asuntos realmente importantes, ni plantean de qué modo van a enfrentarse a los grandes problemas. Y los medios no están denunciando eso. Solo se atacan el uno al otro pero no nos dicen cómo piensan afrontar los problemas.

-¿Hasta qué punto la cobertura de los medios de todo lo que hace o dice ha propiciado el auge de Donald Trump?

-Ha sido dramático. El foco de los medios ha estado de una forma masiva sobre Trump. No solo Fox News. También aquellos medios que se le oponen. Por ejemplo, una semana, como experimento, miré el ‘New Yorker’, que es una publicación liberal. Y me fijé en las caricaturas. En todas aparecía Trump. Y eso en todos los medios. El jefe de la CBS, cuando le preguntaron por qué dedicaba tanto tiempo a Trump, contestó que Trump ‘era maravilloso para sus audiencias’, lo que suponía más anuncios. Los medios de comunicación son empresas privadas que quieren ganar dinero. Son los medios los que han hecho que la figura política de Trump se convierta en relevante.

-¿Había imaginado alguna vez que alguien como Trump pudiera llegar a ser presidente de EEUU?

-Es una persona que ha llegado sin ningún tipo de pasado político ni de experiencia política. Un hombre de negocios que gana mucho dinero, que pierde mucho dinero. Es un hombre espectáculo, básicamente. Recuerda un poco a Ronald Reagan que, eso sí, era un poco más serio que Trump. Tampoco tenía mucha idea del mundo. Era un actor. La diferencia es que Reagan era un instrumento del Partido Republicano, y del ‘establishment’ y las grandes corporaciones y tradujo sus preocupaciones. En cambio Trump viene de ninguna parte, es odiado por el ‘establishment’.

-¿Qué ha cambiado con Trump?

-Es muy interesante. Si mira en las últimas campañas, en las primarias republicanas, cada vez que aparecía un candidato aupado por la base, y con apoyo popular, solía ser un candidato extremo que, antes o después, era aplastado por el aparato. Hasta ahora, los republicanos habían sido capaces de liquidar a esos candidatos. Con Trump ha sido la primera vez que no lo han conseguido. Y lo que refleja es hasta qué punto la base republicana siente una desafección creciente por el ‘establishment’ del partido.

-¿Por qué esa desafección?

-Lo que ha pasado es que ambos partidos, Republicanos y Demócratas, pero sobre todo los Republicanos, se han ido tan a la derecha, han defendido tanto los intereses de las grandes empresas, que ya no consiguen atraer votos de la gente. El partido ya no es capaz de movilizar a grandes sectores de la población.

-¿Qué capas de la población?

-Por ejemplo, los cristianos evangélicos. EEUU es un país con una sociedad básicamente fundamentalista. Uno de los problemas para concienciar a la gente sobre el riesgo del cambio climático es que el 40% no cree que sea un problema. Y no lo cree porque está convencida de que Jesús va a volver en unos pocos años. También creen que el mundo se creó hace unos pocos miles de años. Y esto son franjas de la población que antes no eran una fuerza política y que ahora sí lo son.

-¿Hay otras causas?

-Sí. Hay una parte de la población blanca que está aterrorizada con la pérdida de la supremacía blanca en la sociedad estadounidense. En 10 o 15 años, la mayoría de la población ya no será blanca. Y EEUU es un país levantado sobre una idea extrema de supremacía blanca. Y perder esta posición dominante desde un punto de vista social y también económico es una conmoción. Además, los éxitos en la lucha por los derechos de las mujeres, o del colectivo homosexual, es visto por una parte de la sociedad como un ataque a su sistema de privilegios, a su sistema de valores, a los valores del sistema patriarcal…

-Y Trump los ha activado.

-Trump ha movilizado esa base social. Trump va a bajar los impuestos a los más ricos y a las grandes corporaciones, va a aumentar el presupuesto militar y va a hundir el sistema público, que no tendrá recursos. Incluso si Trump no llega a ser presidente puede ser muy peligroso. Sus seguidores están acumulando armas, se han convencido de que Clinton va a instaurar la ley marcial, que va atacarles y que tendrán que defenderse. El propio Trump ha hecho circular la idea de que no va a aceptar el resultado. Muchos de sus seguidores piensan que el día 9, el posterior a las elecciones, será un día de mucha rabia. Las fuerzas básicas que han apoyado a Trump no van a desaparecer. Son como la ultraderecha europea. No van a irse de pronto solo porque hayan perdido. Están profundamente arraigadas.

‘¿Quién domina el mundo?’

En ‘¿Quién domina el mundo?’ (Ediciones B), el último libro de Noam Chomsky publicado en España, el autor argumenta que el empecinamiento de Estados Unidos -más bien de una élite al margen de cualquier control democrático- en mantener una posición de dominio mundial es un peligro para el planeta. Estos son algunos extractos de su introducción.

“Entre los Estados, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido de lejos el primero entre desiguales y sigue siéndolo. Continúa dictando en gran medida los términos del discurso global en un abanico de asuntos que van desde Israel-Palestina, Irán, Latinoamérica, la «guerra contra el terrorismo», la organización económica, el derecho y la justicia internacionales, y otros semejantes, hasta problemas fundamentales para la supervivencia de la civilización, como la guerra nuclear y la destrucción del medio ambiente. Su poder, no obstante, ha disminuido desde que alcanzó una cota sin precedentes históricos en 1945. Con el inevitable declive, el poder de Washington queda hasta cierto punto compartido dentro del «Gobierno mundial de facto» de los «amos del universo», por usar los términos que utilizan los medios de comunicación para referirse a los poderes capitalistas dominantes (los países del G7) y las instituciones que estos controlan en la «nueva era imperial» tales como el Fondo Monetario Internacional y las organizaciones internacionales que reglan el comercio”.

“La gran mayoría de la población, en el extremo bajo de la escala de ingresos/riqueza, se halla, de hecho, excluida del sistema político, y sus opiniones y posturas son pasadas por alto por sus representantes formales, mientras que un pequeño sector en la cima posee una influencia arrolladora”.

“En Europa, el declive de la democracia no es menos llamativo, mientras la toma de decisiones en cuestiones cruciales se desplaza a la burocracia de Bruselas y las potencias financieras que esta representa en gran medida. Su desprecio por la democracia se reveló en julio de 2015 en la salvaje reacción a la mera idea de que el pueblo de Grecia pudiera tener voz para determinar el destino de su sociedad, destrozada por las brutales políticas de austeridad de la troika: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), en concreto los actores políticos del último, no sus economistas, que han sido críticos con las políticas destructivas”.

HOY, FIESTA O FUNERAL DE HILLARY O TRUMP

Democratic Presidential HndidatHHillary Clinton speaks to supporters during her campaign while it rains at in Pembroke Pines, Florida on Nov.5, 2016. Florida is a severe battle state. ( The Yomiuri Shimbun via AP Images )

La carrera por la Casa Oval concluye con gran apoyo a la candidata demócrata

Llegó el momento decisivo, en que las últimas encuestas favorecen a la demócrata Hillary Clinton, pero no con un margen suficiente sobre el republicano Donald Trump

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La carrera por la Casa Oval concluye con gran apoyo a la candidata demócrata

LLegó el momento decisivo, en que las últimas encuestas favorecen a la demócrata Hillary Clinton, pero no con un margen suficiente sobre el republicano Donald Trump

davis brokkesPor David Brooks

Corresponsal del Periódico La Jornada, de Mexico

Nueva York.

Hillary Clinton cerró su campaña rodeada de las estrellas políticas y culturales del momento, mientras la ausencia de estrellas de cualquier tipo marcó el fin de la campaña de Donald Trump, en momentos en que las últimas encuestas y pronósticos favorecían cada vez más a la demócrata, pero no con un margen suficiente para abrir alguna botella de champán.

Los indicadores finales más respetados, incluyendo encuestas, modelos de pronóstico y análisis de tendencias, apuntan a un triunfo de la demócrata, quien ha registrado un leve incremento en las preferencias, y aunque este consenso implica que superará la meta de los 270 votos electorales necesarios para que le entreguen las llaves a la Casa Blanca, todo augurio sigue acompañado con advertencias de que el republicano aún tiene un camino hacia el triunfo.

Al despejarse la nube de la posible investigación de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) que irrumpió en la recta final de esta elección, junto con un repunte en los sondeos, un voto latino aparentemente sin precedente en estados claves y la capacidad operativa muy superior de la campaña demócrata por cada entidad del país, han generado una sensación de alivio entre varios sectores, incluyendo los mercados de valores.

La Bolsa de Valores de Nueva York tuvo un alza de 300 puntos al suponer que ganará Clinton, percibida como la candidata del establishment, después de una semana de retrocesos por lo que más odian los mercados financieros: la incertidumbre.

Antes del cierre de sus campañas, en estas últimas horas de la contienda ambos candidatos viajaron a un total de nueve de los aproximadamente 15 estados claves que determinarán el resultado final de esta elección presidencial.

Podemos lograrlo, afirmó Clinton en sus últimos mensajes después de 82 semanas de campaña. Esta elección es entre la división y la unidad en nuestro país, dijo, y subrayó que era entre un liderazgo estable y experimentado y uno irresponsable.

Trump declaró en uno de sus últimos mitines, después de 72 semanas de campaña, que si no ganamos, honestamente, hemos perdido el tiempo, indicando que esta es una magnífica oportunidad, y posiblemente la última, para recuperar a Washington. Este es el momento, buena suerte. Yo hice lo mío, ahora les toca a ustedes.

Clinton celebró el último acto en el centro histórico de Filadelfia, acompañada de las dos figuras políticas supremas del partido –y las más populares ante el público (mucho mas que la candidata)–: Barack y Michelle Obama; otras figuras de la cúpula demócrata y estrellas como Bruce Springsteen y Jon Bon Jovi, y obviamente el ex presidente Bill Clinton (en Washington Square, en Manhattan, al mismo tiempo Madonna sorprendió con un concierto acústico, cantando Imagine, entre otras canciones, en apoyo a Clinton).

Por su lado, Trump festejó el cierre de su campaña en Michigan, donde fue notoria la ausencia de cualquier figura de la cúpula de su partido –ni un solo ex presidente ni ex candidato presidencial republicano, como tampoco los militantes electos más poderosos– y tampoco ninguna gran estrella del mundo de los espectáculos. Todo, muestra de la ruptura interna de un partido ahora en crisis, gane quien gane.

A la vez, este contraste con Clinton ha sido utilizado por Trump a lo largo de la campaña como prueba de que él es un insurgente de afuera, y no miembro de la cúpula política de Washington ni de Hollywood.

Ambos regresaron a sus sedes nacionales de campaña en la ciudad de Nueva York anoche, donde esperarán los resultados de este martes. Clinton rentó un espacio en el centro de convenciones Javits, donde también ya tienen preparados fuegos artificiales. Trump alquiló un espacio en el hotel Hilton, a unas 20 cuadras de la fiesta (o funeral) de Clinton.

Mientras tanto, ambas campañas buscan promover su voto. Aquí, Clinton goza de una enorme ventaja en la llamada guerra terrestre (la aérea es la de publicidad por los medios) al haber construido una infraestructura organizativa durante los pasados dos años alrededor del país, y sobre todo en los estados claves. Sólo este fin de semana su campaña reportó haber tocado 6.2 millones de puertas y hecho más de 8 millones de llamadas telefónicas en sus operaciones para obtener el voto.

Trump por su parte está confiando en que el entusiasmo de sus filas –lo que llama su movimiento– logre superar la ventaja organizativa de Clinton, y que los jefes de voluntarios y organizaciones derechistas –algunas muy poderosas, como la Asociación Nacional del Rifle– logren impulsar su voto.

Pero muchos ya han votado en decenas de estados que permiten el sufragio adelantado, entregando aproximadamente 41 millones de boletas hasta la fecha. Aunque no serán contados hasta el cierre de las casillas este martes, algunos cálculos favorecen a Clinton y le ofrecen un colchón, sobre todo en lo que parece ser una participación sin precedente de los latinos en estados claves como Florida, Nevada y Arizona.

A la vez, ante la amenaza de Trump de no reconocer resultados, ya que insiste en que tiene pruebas de que se está preparando fraude electoral en muchas entidades, hay preocupación sobre el funcionamiento del proceso, ya que en verdad la elección presidencial no es nacional, sino 50 comicios simultáneos en cada estado más la capital, todos con sus propias reglas, horarios y equipo.

Sin embargo, expertos coinciden en que el fraude empleando falsas identidades en las casillas el día de las elecciones es algo casi nulo en este país. Un informe de abogados encontró que desde 2000 se han identificado sólo 38 casos en elecciones donde se han depositado en total más de mil millones de votos.

Lo que sí existe, y es un problema cada vez más grave, son esfuerzos por intimidar y suprimir el voto, justo lo que ha promovido Trump con su llamado a que sus filas vigilen ciertos barrios, en referencia a comunidades latinas y afroestadunidenses pobres. De hecho, en unos 30 estados han promovido leyes para obstaculizar el voto justo para estas comunidades minoritarias.

Susan Gzesh, abogada en Chicago que estará participando en labores de observación de casillas en estados claves, comentó a La Jornada que voluntarios que están capacitando para observación electoral en varios estados justo con el fin de frenar intentos de intimidación estaban siendo entrenados para enfrentar posibles expresiones de violencia, sobre todo en Ohio, ante la amenaza de seguidores de Trump.

Durante todo el año y ahora con más intensidad, se registra el temor entre sectores minoritarios que viven en zonas conservadoras, sea en Arizona –donde el sheriff Joe Arpaio amenaza con desplegar a sus policías a casillas para vigilarlas, pero con el propósito obvio de intimidar a votantes latinos– o en Florida, donde caribeños y mexicanos reportan mayor tensión racial en escuelas y en sitios públicos. Varios residentes y activistas comunitarios informan a La Jornada que están preocupados por posibles ataques a ciudadanos durante la jornada electoral y en los días posteriores, gane quien gane.

Pero por ahora, en esta elección tan inusual y de golpes bajos, el grito al final entre gran parte de la cúpula y en diversos sectores sociales atacados por la derecha, y sobre todo por Trump, es que este martes se necesita, como dijo un asesor de la campaña demócrata, salvar la república.

El veredicto se dará en las próximas horas.

 

6 COSAS QUE QUIZÁS NO SABÍAS DE DONALD TRUMP

Republican presidential HndidatHDonald Trump speaks during a campaign rally at the Florida State Fairgrounds, Saturday, Nov. 5, 2016, in Tampa, Fla. (AP Photo/ Evan Vucci)

Republican presidential HndidatHDonald Trump speaks during a campaign rally at the Florida State Fairgrounds, Saturday, Nov. 5, 2016, in Tampa, Fla. (AP Photo/ Evan Vucci)

De la BBC Mundo

Luego de más de un año de campaña, los dos aspirantes a la Casa Blanca han sido expuestos al público de una forma difícil de comparar con casi cualquier otra posición en el mundo.

Cada una de sus palabras es escudriñada por legiones de analistas.

Pero en medio de ese escrutinio incesante, todavía hay algunos aspectos de la vida de los candidatos que sorprenden a más de uno.

BBC Mundo pasa revista a seis aspectos no tan conocidos de la vida del candidato republicano Donald Trump.

  1. No toma alcohol

El candidato republicano ha generado muchos escándalos por su conducta. Pero nadie puede acusarlo de excesos con el alcohol. Trump es abstemio.

Los candidatos son escudriñados exhaustivamente.

Según una entrevista concedida a la revista estadounidense People en 2015, la razón de su abstinencia tiene que ver con la muerte de su hermano Fred, víctima del alcoholismo en 1981 cuando solo tenía 41 años.

  1. Es “germófobo”

El magnate estadounidense tiene una obsesión por la limpieza personal y aborrece a los gérmenes, lo que puede parecer sorprendente para una persona que tiene que estrechar las manos de miles de personas en el curso de una campaña electoral.

Se estima que un mandatario estadounidense típico puede estrechar más de 60.000 manos al año.

The Washington Post destaca en un artículo que Trump escribió en uno de sus libros en 1997 que “estrechar la mano es una de las maldiciones estadounidenses… Da la casualidad de que yo soy obsesivo por tener las manos limpias. Me siento mucho mejor después de que me lavo las manos, cosa que hago lo más frecuentemente posible”.

  1. Estudió en una academia militar

Algunos acusan a Trump de ser poco disciplinado.

Pero en su juventud fue enviado por su padre a estudiar a un colegio militar.

Donald Trump consideró una candidatura presidencial en 2000.

Ingresó a los 13 años a la escuela militar de Nueva York, de donde se graduó en 1964.

Eventualmente continuó sus estudios universitarios en la Universidad de Fordham, y posteriormente hizo una maestría de administración de empresas en la prestigiosa Escuela Wharton de Negocios en la Universidad de Pensilvania.

Sin embargo, sus opositores aseguran que no fue por sus estudios que Trump avanzó tan rápido en los negocios, sino por la ayuda financiera que recibió de su padre, un exitoso empresario inmobiliario, incluyendo un préstamo de varios millones de dólares.

En cualquier caso, la experiencia de pasar por un internado militar no parece haber sometido demasiado el carácter de un hombre como Trump que siempre ha estado más acostumbrado a dar órdenes que a recibirlas.

  1. La residencia de Trump fue usada en una película de Batman

Todos conocen el gusto de Trump por la vida lujosa.

La Torre Trump es la sede del magnate.

Y muchos dirán que su estilo de vida es de película, literalmente.

Su residencia principal, la Torre Trump de Manhattan, en pleno centro de Nueva York, fue utilizada por Hollywood para escenificar la sede del millonario Bruno Díaz en el filme de Batman The Dark Knight Rises.

Trump ha sido muy cercano al mundo del espectáculo, en particular después de su rutilante éxito en el programa televisivo de reality “The Apprentice”.

Pero una buena parte de Hollywood, que tradicionalmente se ha caracterizado por su tendencia política liberal, hoy manifiesta su oposición a la aspiración presidencial del potentado.

  1. Trump es el único candidato con su propio juego de mesa

Pocos candidatos han generado tanta controversia como Trump

En 1988 el ahora candidato republicano lanzó un juego de mesa “Trump, the game” en el que los competidores intentan avanzar en un negocio imaginario de bienes raíces.

El juego también requería hacer entrar en bancarrota a los competidores.

Trump ha hecho alarde frecuentemente de su habilidad empresarial.

Se presenta a si mismo como un genio de los negocios, y asegura que su capacidad para “ganar” en la industria privada se traducirá en triunfos semejantes para el país en caso de ser elegido presidente.

Pero sus opositores mencionan el hecho que a lo largo de los años varias de sus empresas han entrado en dificultades financieras, incluso acogiéndose a la ley de quiebras estadounidense.

El sondeo de encuestas de la BBC reseña las cinco encuestas más recientes en Estados Unidos a nivel nacional y toma el valor de la mediana. Es decir, el valor entre las dos cifras más altas y las dos más bajas.

  1. Trump estuvo brevemente involucrado en la campaña presidencial de 2000

Donald Trump ya había pensado en buscar la presidencia antes de 2016.

Según reporta el medio estadounidense The Hill, en 1999 anunció que estaba considerando buscar la nominación a la candidatura presidencial por el Partido Reformista, un partido minoritario.

Trump encabezó los resultados de la primaria de este pequeño partido en el estado de California, antes de retirarse de la contienda nacional poco después y regresar a sus negocios.

Como se sabe, la elección presidencial de 2000 fue eventualmente ganada por el republicano George W. Bush en una cerrada disputa con el demócrata Al Gore.

 

 

 

¿ES REALMENTE EL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS LA PERSONA MÁS PODEROSA DEL MUNDO?

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TOMADO DE LA BBC

El presidente de Estados Unidos es considerado, comúnmente, como la persona más poderosa del mundo.

Estados Unidos elige este martes si su presidente durante los próximos cuatro años será Hillary Clinton o Donald Trump, dándole a uno de ellos un poder inmenso para gobernar la superpotencia planetaria.

De hecho, muchos creen que los estadounidenses están escogiendo en las urnas a la persona más poderosa del mundo.

El razonamiento detrás de esa idea es claro: el triunfador será a la vez el jefe de Estado y de gobierno del país con la principal economía, un alcance global único y las mayores Fuerzas Armadas.

Expertos como Daniel Drezner, profesor de política internacional en la Universidad Tufts y miembro no residente de Brookings Institution, un centro de análisis de Washington D.C., comparten la noción de que el inquilino de la Casa Blanca posee más poder que cualquier otro individuo.

“Diría que sí, dado que el presidente de EE.UU. tiene el comando de uno de los mayores arsenales nucleares del mundo, y puede decidir lanzar esas armas sin el control y equilibrio de otra rama del gobierno”, dice Drezner a BBC Mundo.

Sin embargo, ¿cuánto poder ejerce realmente en la práctica un presidente estadounidense?

O, planteado de otra forma, ¿pasarán a ser la demócrata Clinton o el republicano Trump la persona capaz de afectar más vidas en la Tierra, directa o indirectamente?

“Débil”

La cuestión del poder real que tiene un mandatario estadounidense ha sobrevolado de un modo peculiar la campaña electoral en este país.

Clinton alertó varias veces sobre la posibilidad de que los códigos nucleares de EE.UU. puedan quedar en manos de Trump, a quien acusa de falta de temperamento y experiencia para ser comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

El magnate inmobiliario ha dicho que la proliferación nuclear es el “mayor problema” que enfrenta el mundo y no descartó el uso de ese tipo de armas como última opción siendo presidente, aunque aclaró que no sería de “gatillo fácil”.

Clinton dice que los códigos nucleares no deben quedar en manos de Trump, quine dice que no tendría “el gatillo fácil”.

Arturo Valenzuela, que manejó temas interamericanos en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca en el gobierno de Bill Clinton y encabezó la diplomacia hemisférica de EE.UU. con Hillary Clinton como secretaria de Estado, dice que la inquietud radica en la capacidad de actuar que tendría Trump ante un “tema dramático”, como por ejemplo un desafío de Corea del Norte.

“Sin embargo, en relación los temas de América Latina y la política exterior que podría implementar, el presidente de Estados Unidos es relativamente débil”, aclara Valenzuela, que ha sido uno de los portavoces de la campaña de Clinton.

“Sus facultades para actuar de forma independiente son muy relativas”, explica a BBC Mundo. “Va a precisar del apoyo del Congreso y de otras entidades. El presidente de Estados Unidos no puede llegar, hacer un decreto y cambiar toda la política hacia la región. Y pasa lo mismo en temas de política interna”.

Poder con límites

Los límites que tiene un mandatario de EE.UU. para actuar están marcados por la Constitución y la ley, y responden a una obsesión que tenían los fundadores de este país: evitar la tiranía.

Asuntos importantes como la firma de nuevos acuerdos comerciales o una declaración de guerra por parte de Washington requieren autorización del Congreso.

La separación de poderes y controles del sistema político estadounidense fueron pensados para controlar el poder del presidente.

Es cierto que un presidente estadounidense tiene margen, por ejemplo, para alterar pactos y políticas comerciales, o enviar tropas a una guerra sin esperar por el aval del Capitolio, como ha ocurrido, aunque en este último caso precisa de la autorización poco después.

El presidente Barack Obama ha intentado que el Congreso autorice la guerra contra Estados Islámico, pero no lo logró y su campaña militar contra ese grupo se apoya en un aval votado tras los ataques de septiembre de 2001 para luchar contra sus autores.

Varios expertos señalan que en los últimos tiempos, sobre todo después de aquellos ataques de al-Qaeda en Nueva York y Washington, los poderes del presidente de EE.UU. se han expandido.

Pero hay quienes creen que fuera del Despacho Oval existen líderes con más poder.

¿Putin?

La revista Forbes ha colocado al presidente ruso, Vladimir Putin, al tope de su lista de personas más poderosas del mundo en los últimos tres años, señalando su capacidad “para hacer lo que quiera y salirse con la suya”.

El segundo lugar de esa lista en 2015 tampoco fue para Obama sino para la canciller alemana, Angela Merkel, por considerarla “la columna vertebral de la Unión Europea de 28 miembros”.

Putin ha sido elegido varias veces por la revista Forbes como la persona más poderosa del mundo.

El presidente estadounidense quedó tercero, porque para Forbes su influencia disminuía al entrar en su último año de mandato, mientras el papa Francisco figuró cuarto, como líder espiritual de “un sexto de la población mundial”.

Y hay otras personas que podrían aspirar al podio.

¿Qué tal por ejemplo de Xi Jinping, el presidente chino que ha concentrado poder?

¿Y Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal, definida en la revista The Atlantic cuando fue propuesta para el cargo, como alguien que sería “la mujer más poderosa en la historia del mundo”?

Yellen, y no Obama o quien lo suceda, tiene una voz clave al decidir el cambio de las tasas de interés, que afectan los costos de tomar prestado de un banco o el valor del dólar globalmente.

Discrecionalidad

El propio Trump sorprendió en esta campaña al hablar de Putin como un líder más fuerte que Obama, o al decir que el presidente ruso ha sido más astuto que el estadounidense y que Clinton.

Y ahora muchos se preguntan cómo una presidencia de Trump, que ha hablado de levantar un muro en la frontera con México o revisar pactos comerciales o de cooperación internacional, podría afectar a EE.UU. y al mundo.

¿Puede Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, ser más poderosa que su propio mandatario?

“Si eligen a Donald Trump, me preocuparía mucho. Porque por un lado el presidente de EE.UU. está muy restringido por límites institucionales. Pero por otro lado, tiene mucha discrecionalidad”, señala Peter Gourevitch, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de California en San Diego.

“En cuestiones de seguridad, hay varias formas en que el presidente puede causar muchos problemas”, agrega en diálogo con BBC Mundo. “En la crisis de misiles de Cuba, el presidente (John F.) Kennedy tuvo mucha discrecionalidad. Y (Lyndon) Johnson en Vietnam”.

El propio Obama ha usado ampliamente su autoridad ejecutiva para dejar su huella en política doméstica y exterior eludiendo al Capitolio, por ejemplo al normalizar las relaciones con Cuba, aunque no logró que el Congreso levantara el embargo a la isla.

Quizá otra prueba de la influencia limitada de un mandatario en este país sea el hecho de que alguien como Trump, tan distinto a Obama en tantos aspectos, esté a un paso de llegar a la Casa Blanca.

“Los presidentes de Estados Unidos”, dice Randall Kennedy, un profesor de derecho en la Universidad de Harvard, “son poderosos pero no son todopoderosos: no son capaces de cambiar la cultura política de Estados Unidos”.

CONSISTENCIA, DESAFÍOS Y PELIGROS DE LA CULTURA CUBANA FRENTE A LAS TÁCTICAS IMPERIALES

14650104_1246153888770416_7269905857493400608_nPor Luis Toledo Sande

Foto d Abel Rojas 

Más que a una celebración anual, la feliz expresión fiesta de la cubanía
merece dar nombre a una actitud cotidiana que aúne júbilo y seriedad en el sentido de trascendencia que debe regir los actos mayores del pueblo cubano. Ese logro no cabe confiarlo a la espontaneidad. La cultura de Cuba tiene la fuerza heredada de su fragua: los preparativos y la lucha armada por la liberación, de la cual, ya arrancada a un imperio, otro la despojó. No en vano su Día de bautismo honra a la primera guerra de independencia en que se alzó la nación que se gestaba, y al estreno en sus inicios, y ya con letra, de su Himno. Por ese camino se llegó a la victoria de 1959, que los gobernantes de los Estados Unidos se han negado a aceptar.
Todo eso es conocido, y merece conocerse cada vez más. Pero la cultura cubana es relativamente joven, y ello, junto con los bríos que la han mantenido viva y en desarrollo, suscita asimismo la falta del sedimento propio de culturas milenarias, y que pueden suplir la conciencia de lo que se es y se quiere ser, y el entusiasmo, pero no el embullo irresponsable, capaz de conducir a deformaciones y trampas funestas. Es necesario estar atentos a los peligros y a los desafíos que la cultura cubana tenga ante sí, y que la ciudadanía deba vencer para cuidar lo que el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, ha llamado el escudo de la nación.
Ahora que se habla de la posible normalización de relaciones entre los
Estados Unidos y Cuba, hay muchas cosas en que pensar, o continuar
pensando. Una de ellas, no por fuerza la más importante, radica en
cuánto al imperio le convendría que, tras el hipotético y esperado fin
del bloqueo contra Cuba —llamada por el césar a olvidar la historia,
como si el pasado no viviera en el presente y en la marcha de este hacia el futuro—, se le concediera el derecho de seguir utilizando libremente, sin desembolso alguno, el cine de los Estados Unidos. A él, además, como a todo lo del país que representa, suele regalársele el gentilicio americano, con lo que se acepta —y que sea de modo inconsciente no mengua el peso del hecho— la geofagia que desde su fragua aquella nación abrazó hasta en el idioma.
Propiciar que pululen películas del país imperial en Cuba —donde acaso también haya productos audiovisuales de factura nacional marcados por el influjo estadounidense— la llenaría de caballos de Troya portadores de mensajes. Ya prosperan confusiones hasta en planos tan sensibles y representativos como los símbolos. Para ahorrarme argumentaciones que están en textos publicados me permito una autorreferencia bibliográfica:
antes y después del 17 de diciembre de 2014 vengo insistiendo sobre el
tema en artículos como “¿Banderas nada más?”, “Más que banderas”,
“Porque si está la bandera…” y, hace apenas días, “¿Se trata de
símbolos?”. Se localizan con relativa facilidad en la red y, el primero
de ellos, en la edición digital y en la impresa de la revista Bohemia.
De distintos modos atañen a un tema que he tratado en más artículos,
como “Cuba y los Estados Unidos: otra etapa”, aparecido en Cubadebate escasos días después de aquel 17 de diciembre, y reproducido en varios sitios más. A partir de aquella fecha parece haberse disparado algo que venía de antes. El uso, bueno o malo, acertado o desorientado, de los símbolos remite a realidades que los desbordan, y en nuestro caso, se mezcla con muestras de trato irrespetuoso a la bandera y al Himno de la patria la invasión del país por banderas estadounidenses. Ante ello sería irresponsable permanecer indiferentes. Pero ya el hecho se observa, cada vez más, hasta en vehículos de propiedad social que se usan no solo en dependencias subalternas, sino en organismos centrales
del Estado.Para no decir otra cosa, sería candoroso menospreciar semejante señal, y asumir que lo que se despliega en automóviles o se lleva estampado en prendas de vestir, en el calzado y en otros artículos, es no más que la bandera de un pueblo. Por esa condición merece respeto, sí; pero dicho pendón es también, sobre todo oficialmente, el de la potencia que ha generado y genera guerras de rapiña en todo el mundo, y ha intentado estrangular a Cuba por hambre para que se rebele contra el afán socialista y retorne al capitalismo.
Ese es el fin perseguido por el bloqueo económico, financiero y
comercial que perdura y ha tenido consecuencias calamitosas para la
economía y el pensamiento del país bloqueado. Los estragos en la primera se han contabilizado en cifras colosales, y en el segundo han funcionado de dos modos contradictorios pero que se refuerzan mutuamente: de un lado, la idea de que las carencias sufridas por Cuba se deben a causas
internas; del otro, la inercia generada en la justificación de
deficiencias propias que no siempre ni por completo se deben al bloqueo.
Pero el bloqueo no ha sido la única acción del imperio contra Cuba: le
ha hecho sufrir asimismo una invasión armada, bandas de alzados
criminales, ataques terroristas como el de Barbados y otros hechos
sangrientos. Tal es el imperio cuyo césar anunció en 2104 que esa
política no ha dado los resultados que sucesivas administraciones en su potencia esperaban, por lo cual él y su equipo —encarnación de una línea que viene dando tumbos por lo menos desde John F. Kennedy pero no ha podido imponerse sobre la más burda y retrógrada— entienden necesario buscar otra táctica, para conseguir los mismos fines. Así lo ha dicho el propio césar, desfachatadamente, como corresponde a un emperador. Si hay quienes optan por dejarse engañar no es responsabilidad de ese
mandatario.Reconocer que Cuba necesita el levantamiento del bloqueo, y el cese definitivo de otros crímenes que ella ha venido padeciendo, no obliga a ignorar los rejuegos del imperio. Para vendernos las tácticas de la zanahoria y disimular las del garrote visitó el césar La Habana este
año. Me hallaba entonces en España, y algunas personas amigas,
solidarias con Cuba pero a menudo con la vista empañada por la distancia y por vivir otras realidades, me preguntaban si tal visita nos haría daño. Les respondía en dos partes. La primera: “Confío en la mayoría de mi pueblo y en nuestra historia revolucionaria”. La segunda: “Espero que la visita no nos dañe más que el bloqueo”.
En ambos casos fui sincero. Pero, estando donde estaba, confieso que no pude sustraerme a recordar una frase que el escritor español Manuel Vázquez Montalbán acuñó para comparar el odioso régimen franquista con las ilusiones propaladas por una transición democrática que algunos han llamado transacción: “Contra Franco estábamos mejor”. Cuba merece que su pueblo logre librarse del bloqueo sin aceptar derivaciones por las cuales se pudiera decir luego: “Contra el bloqueo estábamos mejor que sin él”.
También sinceramente creo que el césar obtuvo logros con su visita.
Bastaría saber que, gracias a nuestra televisión —no a la que ofende con su nombre a José Martí—, entró en los hogares y escenificó su papel de tipo simpático. Algún comentarista, en opinión difundida en un medio digital nuestro, llegó a sostener que merecía ese premio por haber venido a Cuba a traernos paz. Y de una cita que el césar hizo del
artículo “Tres héroes”, de La Edad de Oro, una cubana dijo a una agencia de prensa de otro país que el gobernante imperial había venido a descubrirnos un Martí que ignorábamos.
Así dijo, a pesar de ser un texto martiano tan conocido, en particular
la cita: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y
a pensar y a hablar sin hipocresía”, una máxima que, por si alguna vez
alguien la hubiera olvidado, deberíamos poner en el pórtico de nuestra
Constitución socialista junto a otras palabras de Martí que allí ocupan
merecido espacio. Ante actos de alabarderismo como aquellos mencionados, indignarse sería poco para un patriota consciente, aunque vinieran de la ignorancia, y no cabe la resignación de considerarlos casos aislados, porque no es seguro que lo sean tanto como quisiéramos.
Otras expresiones verbales y fácticas hablan también de la existencia de hijos e hijas de Cuba prestos a dejarse confundir por la prédica
cesárea. Que sean una minoría no es motivo para desconocer ese hecho o restarle importancia. Con razón esas actitudes se han percibido relacionadas con la posibilidad de ver en el césar un salvador, en el camino abonado por la cultura imperial desde los muñequitos hasta el cine, pasando por cuantos terrenos haya podido ella pisar, muchas veces con destripamiento de indios y negros.
Honestidad le faltará al césar, no astucia. Hace poco tiempo visitó
Japón, y, aunque en plena ceremonia protocolar un ministro local le
recordó abusos cometidos por militares de los Estados Unidos en Okinawa, evadió el elemental deber de pedir perdón al pueblo japonés por hechos
tales y, sobre todo, por la barbarie de Hiroshima y Nagasaki. Pero, de
haber pedido perdón, ¿habría sido sincero? De paso por Vietnam, ¿no
coqueteó aviesamente con ese país, al que la potencia del Norte y sus
aliados quisieran utilizar contra China? El tema daría para mucho más,
pero apúntese que a la patria de Ho Chi Minh, tan castigada como fue por
la salvaje agresión del imperio, al que derrotó, el césar intentó
camelarla citando supuestos o reales elogios hechos a su arroz por
Thomas Jefferson.
Si avala lo dicho sobre un cereal por ese político —uno de los
fundadores de la nación construida a base de usurpaciones que empezaronpor los territorios de los pobladores originarios, y se explayaron—, ¿no cabe suponer que abraza también su idea, plasmada en 1820, pero incubada desde antes, según la cual Cuba debía pertenecerles a los Estados Unidos? El entonces presidente de ese país, y autor de su Declaración de independencia, no se quedó en la idea: le instruyó a su secretario de Guerra tomar a Cuba cuanto antes. Tal pensamiento dio origen, en 1823, a la formulación de la llamada teoría de la fruta madura y, en 1898, a la intervención que le arrebató a Cuba el triunfo que ella había probado merecer contra el colonialismo español.Hoy la invasora presencia de la bandera de los Estados Unidos en Cuba rinde tributo factual a ese pensamiento. A quienes dicen que la exhiben porque les resulta difícil adquirir una enseña cubana, ¿les vamos a creer, aunque tal dificultad sea cierta? Si ostentan la de los Estados Unidos, ¿aman tanto la de su patria? Fuera del uso atenido a protocolos oficiales, otros motivos para tal exhibición puede haber, y ninguno debe resultarnos indiferente. Si es fruto de la indolencia, o del desconocimiento de lo que esa bandera significa para Cuba, algo anda mal en nuestra educación y en nuestra propaganda política, y en parte de nuestro pueblo. Si la causa es simpatía por el imperio, estamos en presencia de una actitud que lleva por directo —o viene de él— al deslumbramiento filoanexionista, si no al anexionismo con todas sus letras, que es harto peligroso.

Cabe insistir en que la anexión está condenada al fracaso, porque, aunque eso ocurra desde perspectivas opuestas, contra ella actúan el pensamiento patriótico y revolucionario y el propio imperio: el primero, por su naturaleza independentista y antimperialista; el segundo, porque no está interesado en anexarse pueblos que considera inferiores, sino en someterlos como colonias, y saquearlos. Pero el anexionismo les abre el camino a las actitudes e ideas lacayunas y antinacionales, y eso basta para que sea necesario combatirlo.

El imperio no cesa en el afán de minar ideológica y culturalmente a Cuba para doblegarla. Mantiene el bloqueo en sus columnas principales; con la decisión del propio césar revalidó hace pocas semanas la Ley de Comercio con el Enemigo, que data de 1917 y da base al bloqueo; sigue aplicando la llamada Ley de Ajuste Cubano y los engendros asociados a ella; ni admite poner en discusión —al menos de modo que llegue a ser noticia— la devolución del territorio de Guantánamo ocupado contra la voluntad de Cuba. Añádase que hace apenas unos días el imperio confirió rango de embajador al máximo representante de su embajada en La Habana, investido hasta entonces como encargado de negocios, asimetría irrespetuosa con respecto a Cuba y su representación en Washington.

Fuentes del imperio mismo revelan planes para quebrantar nuestra sociedad civil y ponerla a su servicio. En estos días se conoció públicamente el informe de 2015 de la denominada Fundación Nacional para la Democracia, con una larga lista de frentes en los cuales proclama lo que invierte el gobierno de los Estados Unidos en busca de que Cuba tenga la sociedad civil que a él le interesa. Con sus particularidades, esa Fundación, al igual que instituciones del tipo de la Agencia para el Desarrollo Internacional y World Learning, son tan brazos del imperio como la CIA y la OTAN, y parte de la maniobra imperial, so pretexto de intercambio académico, estriba en organizar cursos para formar líderes jóvenes contra el proyecto socialista cubano.

La reacción de nuestro estudiantado, con sus organizaciones al frente,
ha sido clara. Pero ¿debemos suponer que representa por igual a la
totalidad de los estudiantes y de la población? ¿Sería sensato
considerar que los planes del imperio no han tenido ningún éxito en
nuestra sociedad? Si los ha tenido, urge revertirlos. Habría que hurgar
en determinados órganos o sistemas de información llamados
independientes pero financiados por fuerzas hostiles a la Revolución
Cubana. Esos órganos o sistemas aprovechan, entre otras cosas, reales o supuestas deficiencias de nuestra prensa, que no debe compararse con la inmoral del capitalismo, y sí perfeccionarse, como reclaman el pueblo y la dirección revolucionaria.
La lucha, ni fácil ni corta, solo terminaría con la desaparición del
imperio, la cual no está a la vista, o con el sometimiento de Cuba, y
eso nos toca a nosotros impedirlo. La proliferación de la bandera
estadounidense tendrá distintas implicaciones, y dos de ellas no son
equivalentes pero tienen concomitancias entre sí, o todo un conjunto
intersección: de un lado, la idealización de los Estados Unidos; del
otro, la marginalidad presente en nuestro cuerpo social. Esta concierne
incluso a la formación del gusto, que no siempre ni básicamente es
cuestión de responsabilidad individual. Corresponde a la sociedad en
pleno y a sus instituciones de información y educacionales, y al
mercado, que a veces parece que, en cuanto a ropa, abona lo que
pudiéramos llamar estética jineteril.
Probablemente entre marginales proliferen más que en cualquier otro
ámbito la bandera estadounidense y referencias a ella en prendas de
vestir o modos de llevarlas que están lejos de evidenciar buen gusto.
Pero entre nosotros la marginalidad requiere una valoración particular y a fondo. Si la entendemos como el sector que se autoexcluye del centro de un proyecto social determinado, hallaremos marginales de cuello blanco, muy bien vestidos, y otros que habría que ubicar muy cerca o de lleno en el lumpen, que en nuestra sociedad a veces parece ocupar espacios centrales y arrinconar a las personas decentes.
Eso quizás no pueda saberse bien, o se tendrá solamente como un dato más o menos abstracto, si no se frecuentan nuestras calles ni se usa el
transporte colectivo, que viene a ser como una universidad sociológica
itinerante. Por lo menos en la capital del país los ómnibus llamados
urbanos merecen ese nombre por las zonas donde circulan, no porque los caracterice la urbanidad. Acaso el mal entendido igualitarismo —ojo: no esgrimirlo contra la aspiración de alcanzar una justa equidad— haya
propiciado que se le dé a la chusma espacios que no le pertenecen ni se le debe permitir que domine.
José Martí, quien echó su suerte con los pobres de la tierra —lejos de
proclamarlo como simple consigna, optó por ser pobre cuando pudo haber sido rico—, en 1880 dijo: “Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”. Y fue también el revolucionario que en 1887, ante el drama terrible que en los Estados Unidos generaba la represión antiobrera, escribió que aquella república, devenida cesárea, se confabulaba y ponía sus recursos en función de “aterrar […] no a la chusma adolorida que jamás podrá triunfar en un país de razón, sino a las tremendas capas nacientes”.
Cabría meditar sobre cuánto es probable que en ocasiones hayamos dejado de ser un país de razón. Aquí la chusma, ni siquiera ya adolorida —o no más adolorida que el pueblo que trabaja, padece penurias y se esfuerza por salvar la patria—, emerge y contagia. A niveles colectivos ello se aprecia en el apogeo de la grosería, en una creciente pérdida de la fineza, cualidad que ha sido una de las características de la cultura
cubana hasta en sus expresiones más populares. Se manifiesta incluso en el doble sentido cultivado por compositores como Ñico Saquito o El
Guayabero, y que ya parece pensado para niños y niñas ante la andanada de groserías que prosperan en hombros del peor reguetón, y valga lo de peor, porque ningún género está fatalmente llamado a ser grosero. Si la vulgaridad pulula, búsquese la explicación en la sociedad, no en una expresión musical determinada.
Sería terrible que lo cubano terminara confundido con la vulgaridad.
Pero eso, más que un peligro, es a veces un hecho, y la cultura cubana
necesita salvarse de todo aquello que la ponga en peligro, aunque sea
porque niegue la fineza de su alma popular. En esta parte retomo y
amplío puntos de una entrevista que a finales de septiembre o inicios de octubre circuló en Cubarte. En ella, para la que respondí un
cuestionario de la periodista Astrid Barnet, rocé elementos
concernientes a la cubanidad y la cubanía, y a circunstancias que pueden abonarlas o empobrecerlas.
Si conceptos que pudieran descansar en sus soportes naturales —textos especializados y otros por el estilo— saltan de esos sitios y se agitan reclamando atención, probablemente sea porque las circunstancias demandan reflexionar sobre su significado, sus implicaciones y sus exigencias. Eso ha venido ocurriendo en torno a expresiones empleadas en1949 por Fernando Ortiz en su conferencia “Los factores humanos de la cubanidad”, en la cual definió ese concepto y otro afín, la cubanía. Es más o menos sabido que aquel concierne a la condición genérica —objetiva, digamos— del ser cubano, mientras el segundo remite a esa condición asumida en el plano afectivo, emocional, con capacidad para ejercerla. Es cuestión de idiosincrasia, sicología y querencia.
Para Cuba y su cultura la cubanidad y la cubanía son vitales, y no deben
tomarse con chovinismos patrioteros, pero sí con patriotismo, con
orgullo natural y fértil en una nación formada en lucha o resistencia
contra imperios. La ausencia de patriotismo refuerza peligros diversos,
máxime cuando no se vislumbra el triunfo a escala planetaria del
internacionalismo liberador, y en su inmensa mayoría los pueblos viven
amenazados por unas pocas potencias que obedecen a una de ellas, cuartel general de un imperio todavía hegemónico, o dominante al menos. Su declive, ya en marcha, se vislumbra largo: ha usurpado recursos que le permiten perdurar y seguir influyendo sobre el resto del mundo.No solamente goza de poderío económico, militar y político. Su industria del entretenimiento y de la moda le aporta frutos que, comoquiera que merezcan ser considerados —razones sobran a veces para calificarlos de anticulturales— han tenido éxito en el plano cultural. Con ello ha conseguido que su cultura muchos la tengan por paradigmática, como si fuera, sin más, la cultura del mundo.
A la cultura cubana le urge librarse de esas expresiones colonizantes, y
de las andanadas de la vulgaridad. Así como el robo es objetivamente más contrarrevolucionario que una consigna contrarrevolucionaria escrita en una pared, la grosería es profundamente anticultural, contraria a la mejor cubanía, y no se debe seguir permitiendo que los cultores de lo grosero actúen a sus anchas para que no se revuelvan políticamente, porque su vulgaridad, como el robo, es contraria a la Revolución y a la convivencia bien educada que ella necesita, debe y merece fomentar.La cubanidad es un hecho objetivo, ni siquiera limitada a revolucionarios. Puede hallarse en personas que no compartan no digamos ya la aspiración socialista, sino un pensamiento opuesto al neoliberalismo, al culto de la propiedad privada. Pero la cubanía, en la que también caben matices políticos diferentes —aunque aspiremos a que en ella prime el patriotismo revolucionario— solamente puede vivir de la alegría y el orgullo de ser cubano, o cubana, y esa actitud, que no se ha de confundir con banalidad y chapucería, no se da gratis ni de modo automático en todas las personas que son objetivamente cubanas.
Las penurias materiales generan una miseria que infecta la esfera
espiritual, y puede menguar la plenitud que la cubanía requiere para ser verdaderamente firme y constituir una fuerza capaz de enfrentar
desafíos, confusiones, maniobras imperiales y otros retos. Si
extranjero, palabra que nació con intención más bien insultante
—excluyente al menos, como forastero y fuereño, sin olvidar bárbaro— se convierte en un rótulo parecido al nombre de un oficio rentable, algo puede lacerar la cubanidad y, sobre todo, la cubanía.
Especialmente contra la segunda pueden operar las carencias, las
privaciones que no todas las personas asumen con igual actitud, con la
misma entereza, sin dejarse aplastar por ellas y manteniendo una máxima que era orgullo de las mejores expresiones de cubanos y cubanas: ser pobre, pero honrado. Esa dicotomía valdría la pena replantearla de un modo más orgánico: ser pobre y honrado, sin olvidar que el desiderátum digno no está ni en la riqueza opulenta ni en la miseria, y que la prosperidad material vale poco y se sostiene mal si no se acompaña de la prosperidad de las virtudes, de la utilidad de la virtud, la que Martí quería para su Ismaelillo, que en él, todo un Ismael fundador, sería de hecho el pueblo y la república a cuya fundación se consagraba, no solo su hijo carnal.
En un terreno donde la individualidad desempeña un papel tan relevante pueden causar estragos los males fomentados por el bloqueo y otras acciones del enemigo; pero también se puede sufrir el efecto provocado por decisiones internas que, aunque fueran ineludibles o se estimara que lo son, dejan secuelas deplorables. Pensemos en lo que significa, en el país del Nicolás Guillén de “Tengo”, prohibir a sus naturales entrar en hoteles. Esa prohibición se derogó hace años ya, felizmente; pero no tienen por qué haber desaparecido sus huellas, y los peligros acechan por distintos caminos, como contratar, para construir en Cuba, a obreros de otras naciones que así reciben, aunque explotados por empresas extranjeras, beneficios económicos que los trabajadores y trabajadoras del país necesitan.
Esa contratación podrá ser incluso legal —lo que llamaría a revisar
leyes y reglamentos—, y tal vez se requiera en algunas especialidades de la construcción, aunque Cuba ha sido capaz de exportar fuerza de trabajo para construir en otros países. Pero no dejará de tener efectos nocivos, máxime cuando en la realidad, o en la imaginación —a veces tan influyente como los hechos, o más—, la opción se explica por la falta de trabajadores cubanos capaces de construir con altos niveles de calidad, y aún peor si se dice que en general no son confiables, porque roban.Semejante generalización, como otras, será injusta; pero ello no
borraría la evidencia de que el país está urgido de sanearse en el plano
ético, sin el cual ninguna esfera de la sociedad estará bien plantada. Y
esa no es una meta que empiece y termine en abstracciones: incluye
fomentar, junto con la honradez personal y colectiva, y la pericia en
oficios y profesiones, el hábito y la disciplina laborales,
imprescindibles para crear los bienes materiales necesarios y nutrir la
moral cotidiana. Si el trabajo no es la fuente principal de la
existencia y del bienestar, el funcionamiento de la sociedad será,
cuando menos, fallido.
Lo indeseable que se ha dicho en los párrafos precedentes, y a lo cual
seguramente habría que añadir otros elementos, es peligroso para un país que se ha forjado, y se ha hecho su lugar en el mundo, a base de luchar contra el colonialismo y contra el imperialismo. Estos, aun vencidos, pueden dejar huellas y esporas de su herencia, incluidos los complejos de inferioridad que en tales circunstancias prosperan de modo sostenido en algunas mentes. Quién sabe si no en pocas.
Con respecto a eso, hay una realidad sobre la cual una afirmación
categórica no podría hacerse sin la debida investigación. Pero no parece aventurado relacionar la proliferación de banderas de los Estados Unidos en Cuba con la cantidad de personas, no solo jóvenes, que aquí —como enotras latitudes— cifran sus esperanzas en emigrar al mismo país imperial que ha agredido y bloqueado a Cuba, pero que, poderoso como es, mucho ha invertido en dar una imagen amable de sí mismo, la imagen con que se enmascara una potencia que en realidad siembra muerte y saqueo en todas partes. La cifra de personas que ven en los Estados Unidos la solución de sus problemas, ¿no encarna un logro visible del llamado “sueño americano”, traducción mecánica de American dream, que debería pasarse al español como “sueño estadounidense”?
Antes cargábamos la mano al estimar que la emigración a los Estados
Unidos era de carácter político, y quienes se iban para allí eran
apátridas que no pasarían de lavaplatos. Soslayábamos que ningún trabajo es de suyo indigno, y que el imperio invertiría para beneficiar
interesadamente, y enfrentarlos a la Revolución, a los cubanos y cubanas que llegaran a él. Ahora tal vez incurramos en otra valoración
simplista: dar por sentado que la emigración responde solo a causas
económicas. En último caso, si es política, debe alarmarnos, porque
habla de contradictores, para no decir enemigos, del proyecto
revolucionario; y, si es económica, también, porque habla de penurias
materiales y de un funcionamiento que el país no ha alcanzado, y
necesita que sea cotidiano para ser no solo próspero y sustentable, sino también vivible con alegría.Impedir ese logro ha sido uno de los propósitos del bloqueo imperialista, pero la nación cubana tiene el deber de revertir los efectos de tal propósito, exista o no exista el bloqueo. Es, al menos, un desiderátum ineludible. Y el sentido común, no solo el marxismo que a veces parece que olvidamos, a cada paso muestra que la política y la economía son inseparables. Cuando se les intenta desvincular, se corren peligros como sucumbir a un politicismo dogmático, desmedulado de realidad, o a un pragmatismo que está lejos de representar propiamente las aspiraciones revolucionarias y emancipadoras, el afán de independencia, soberanía y justicia social.
Hacer que el país sea vivible supone crear condiciones para que
permanecer en Cuba resulte atractivo, amable, y no parezca un sacrificio al que solo están dispuestos quienes sean revolucionarios verdaderos. La vanguardia revolucionaria se esforzará por mantener en pie a la nación, con soberanía y con equidad. Pero no todos los pobladores del país estarán en la vanguardia, y esta, por serlo, lo más probable es que sea minoritaria, o no alcance la cifra que, más a base de deseos que de datos, le atribuimos.
Si la cubanía se quiebra por indiferencia ante los valores que la
nutren, o estos se ignoran, hay motivos para preocuparse, porque no solo estará en peligro un sentimiento: lo estarán la cultura de la nación, y la nación misma. Sin esa cultura Cuba no sería la que deseamos que
exista y perdure, y que debemos defender, cultivar como realidad
emancipadora en desarrollo, no como fantasmagoría de nociones propaladas por el imperio y sus voceros.
Lo hasta aquí dicho no hace más que insistir en la voz de alarma que
numerosas personas han venido dando, durante años ya, desde posiciones y ángulos diversos. Pero urge acometer la acción necesaria para hacer frente a la realidad descrita, para no confiar a un rumbo espontáneo lo que debe ser objeto de la conciencia y de la dirección de la sociedad.
Por ello esta intervención termina glosando dos de los mensajes que le
llegaron al autor a propósito del texto “¿Se trata de símbolos?”,
escrito para el espacio Dialogar, dialogar y ya mencionado. No revelo
los nombres de sus remitentes, porque no les he pedido autorización para hacerlo.
De la ciudad histórica y heroica, Monumento Nacional, donde estamos
reunidos, me llegó, y ahora lo resumo, este criterio de una compañera:
el discurso de la preocupación por el mal uso de los símbolos y por el
destino del país debería interiorizarse en el diálogo con las personas
que tienen responsabilidades en las diferentes esferas del Partido y del
Gobierno en todos los territorios del país, para pasar resueltamente de
la preocupación y la alarma a la acción contra lo mal hecho.
Y de un colega de la propia Habana, y con reconocida autoridad
intelectual, son unas líneas que despojo de algunos adjetivos y juicios
y dejo en puro hueso: “Ayer iba a Dialogar, dialogar, pero a última hora
la salud me impidió hacerlo. Sentí mucho no acompañarlos. Es muy
impresionante que contemos con tanta riqueza de conciencia y de
revolucionarios de verdad, y no se emprenda una batalla ideológica para salvarnos”.
Ciertamente a veces se percibe una pasividad que, para decirlo con una
expresión frecuente en tiempos de mis padres, da grima. Como si el
recuerdo de excesos interdictivos en que alguna vez incurrimos nos
hiciera tener un paralizante complejo de culpa. Sin practicar
contraproducentes cacerías de brujas, urge la batalla necesaria para
enfrentar y vencer las tácticas imperiales enfiladas contra la nación
cubana y la cultura patriótica, revolucionaria, justiciera y fina que,
junto con la acción —de armas y de pensamiento— le permitió a este país
conquistar la dignidad de sus hijos y sus hijas, y lo elevó al sitio con
que ganó la admiración del mundo. Descender de esa altura sería una
deserción imperdonable, un acto de lesa patria, cuando menos, y no
podemos permitirnos un despropósito semejante.

*Base para la conferencia del autor sobre el tema, el 18 del presente mes, en la Fiesta de la Cubanía, celebrada en Bayamo.

Publicado en el sitio Cubarte y en el blog del autor]