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La búsqueda de la verdad

Por Eric Nepomuceno

La verdad verdadera es que Brasil va muy retrasado en el rescate del pasado y de la memoria. En relación con justicia, ni hablar: hace tres años la corte Suprema de mi país revalidó la esdrújula Ley de Amnistía decretada en plena dictadura militar, asegurando irreversible impunidad a los criminales que impusieron el terrorismo de Estado y secuestraron, torturaron, violaron, asesinaron. Impusieron el horror y están impunes.

En el mapa del mundo unas cuarenta naciones se lanzaron al dolorido viaje en búsqueda del pasado y la verdad. Algunas, con el destacado ejemplo de Argentina, se lanzaron a fondo. A estas alturas hay en Argentina más de 200 agentes del Estado –militares, policías, civiles– juzgados, condenados y presos, incluso dos genocidas que fueron dictadores supremos, Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone. Y los juicios prosiguen, desde que en 2004 el fallecido presidente Néstor Kirchner permitió al abogado Eduardo Luis Duhalde, su secretario de Derechos Humanos, anular la vergonzosa amnistía decretada por Carlos Menem.

Brasil cuenta, desde marzo del año pasado, con su Comisión de la Verdad. Y luego de ese tiempo, sus integrantes empiezan a recibir críticas de varios sectores progresistas de la sociedad (bueno, de los militares, claro, ni hablar: hicieron de todo para impedir que fuese implantada y, con el buen auxilio de la prensa hegemónica, conservadora por definición, no dejan de bombardearla).

La razón de las críticas: la excesiva lentitud de los trabajos y la poca o nula transparencia. Hasta la presidenta Dilma Rousseff, ella misma víctima de cárcel y torturas de los veinte a los veintidós años, no esconde su malestar. Pidió más acción, más agilidad y principalmente transparencia. Dice Dilma que es necesario crear algo parecido a una conmoción nacional. Que, por ahora, no ocurrió, y dudo mucho que ocurra.

Mi país ha preferido (y sigue prefiriendo) olvidar el pasado, adormecer la memoria e ignorar la verdad. Y nuestra muy peculiar corte suprema optó por refrendar una Ley de Amnistía que, si en su época fue la única posible de alcanzar, hoy día es una aberración sin límites. Una corte suprema cobarde y vil, la de mi país.

Pese a todo, hay que reconocer que contar con una Comisión de la Verdad no deja de ser un avance. Pero duele.

Las limitaciones de la Comisión de la Verdad son enormes. Para empezar, no puede siquiera recomendar punición alguna: la maléfica Ley de Amnistía sigue vigente.

Pero hay otras limitaciones. El grupo de siete brasileños considerados ilustres –y casi todos efectivamente lo son– cuenta con dos asesores por comisario. Es decir, tenemos 21 personas trabajando en régimen de tiempo integral. Hay, claro, otros ayudantes. Pero el núcleo es esa mezquindad. En Sudáfrica, hubo 400 personas.

Pero la peor limitación es otra: la recalcitrante determinación de no revelar detalles mientras ocurren los trabajos.

La Comisión tiene poder legal de convocar testimonios. Se sabe que al menos 15 represores comparecieron. ¿Qué dijeron? ¿Quiénes son? ¿Qué hacen hoy día? No se sabe.

Algunos miembros de la Comisión quisieron que se revelara el paso a paso de su trabajo. Otros no. Y con eso, nada.

Y sin embargo, se avanza. A la par de la Comisión Nacional, se instauraron comisiones estaduales. Y algunas se muestran especialmente activas y osadas.

La de Rio Grande do Sul, por ejemplo, avanza sobre un tema tenebroso: las acciones de la Operación Cóndor, acuerdo entre las dictaduras del Cono Sur para secuestrar y asesinar disidentes. Poco a poco se obtienen datos sobre secuestros de argentinos y uruguayos en Brasil.

La de San Pablo es, quizá, la más contundente. A principios de abril, se oyó el testimonio de una reconocida socióloga, Marise Egger Moellwald. Ella en octubre de 1975 fue presa. Contó que las mujeres sufrían abusos sexuales todo el tiempo. Contó del horror que vivió, que vivieron.

No se trata de revelar algo nuevo. No. Se trata de oír la voz de los que sufrieron, y que no se conforman con la impunidad. De oír nombres. De eso se trata: de contrastar la dignidad de los derrotados con la prepotencia abyecta de los vencedores.

Que, a propósito, ¿son vencedores de qué, además de su infamia?

También se tuvo acceso a la lista de visitantes de los centros de tortura de San Pablo. Empresarios, periodistas y diplomáticos norteamericanos. Que iban a asistir a las sesiones de tortura. Cómplices vulgares y baratos.

Sí, sí, es poco, muy poco, lo que se logra poco a poco. Pero es mejor que nada. En mi país, repito, la sociedad prefiere el silencio y el olvido.

Recuerdo a mi buen amigo Eduardo Luis Duhalde diciéndome: “Sí, sí, estoy de acuerdo, hay que dar vuelta la página. Pero antes hay que leer y revelar lo que está en ella”.

Ojalá eso se logre alguna vez en Brasil. Y ojalá alguna vez mi país tenga la dignidad de no sólo reconocer lo que pasó, sino de hacer justicia y merecer su propia memoria.

Tomado de Página/12

El papa Francisco, las esperanzas y los gestos

Por Mempo Giardinelli

Mientras en el mundo todo era sorpresa, alegría y beneplácito, en contrapunto circulaban las conocidas denuncias sobre quien hasta hace dos semanas era el porteño cardenal Jorge Bergoglio y ahora es el papa Francisco.

En ese contexto algunos preferimos la prudencia del silencio momentáneo, entre otras razones para eludir no las cataratas de textos emotivos y sinceros, sino el exceso de lugares comunes y opiniones oportunistas con que también fue recibido en la Argentina el nuevo jefe supremo de la Iglesia Católica universal.

En este país, después de superado el inicial, pequeño fervor nacionalista, y acalladas las voces de ciertos actores políticos cuyos acomodamientos siempre producen vértigo, es tanto un derecho como un deber recordar ante todo que el marco imprescindible para evaluar al nuevo papa, por su origen argentino, es recordar que el 24 de marzo de 1976 se instaló aquí la más brutal y sanguinaria dictadura cívico-militar-religiosa-empresaria.

Y decirlo así no es faltar a la verdad, sino distinguir a dirigentes civiles democráticos como Raúl Alfonsín u Oscar Alende, religiosos abnegados y solidarios como Enrique Angelelli o Carlos Mugica, y empresarios como José Ber Gelbard, Carlos Heller y algunos más.

En ese marco, es un hecho que la lucha por los derechos humanos define el presente de este país, cuya historia reciente no ha sido ni es otra cosa que una lucha permanente por la Verdad, la Memoria y la Justicia. Cada uno en su actividad o profesión, y muchos y muchas en los organismos, así se construyó y construye nuestra democracia.

Esa lucha consecuente es también la tarjeta que habilita moralmente a intelectuales como Horacio Verbitsky, Horacio González y tantos más, cuyas trayectorias han sido coherentes y basadas en la investigación, el rigor académico y un coraje cívico ejemplares. Esas cualidades que caracterizan también a Estela de Carlotto, Hugo Cañón, Laura Conte y decenas de emblemáticos luchadores/as por los derechos humanos, los autorizan a esperar del flamante papa pronunciamientos hasta ahora aguardados en vano.

Y es que él como pastor y la Iglesia que condujo nunca se pronunciaron públicamente para señalar a los responsables de la tragedia argentina. Tampoco condenaron las desapariciones forzadas de personas ni las apropiaciones de niños y otras atrocidades, y nunca convocaron ni recibieron a los organismos de derechos humanos. No es otra cosa que esa ajenidad militante del otrora cardenal Bergoglio lo que se ha cuestionado en estos días. De ahí que resulte grotesco que algunos periodistas y grandes medios de este país cuestionen ahora a un investigador periodístico como Verbitsky, que ha hecho de su vida un puro ejercicio de memoria.

En este punto también es imperativo saber leer la actitud del gobierno nacional, que seguramente evaluó, y con razón, que era infantil embarcarse en un enfrentamiento absurdo. La Presidenta hizo entonces lo que era políticamente más aconsejable: entender a toda velocidad que Bergoglio dejaba de ser un duro opositor, para ser desde ahora Francisco, un jefe de Estado con presencia e influencia universal.

Es sabido que la jerarquía eclesiástica argentina y latinoamericana es conservadora, y en eso no hay fisuras. De hecho, cuando se las permiten, no es por tolerantes sino por pragmáticos. Son inflexibles en la condena a quienes cuestionan dogmas y en la satanización de los homosexuales; en la subvaloración de la mujer, la tolerancia a las desigualdades y la inclinación a ciertas inquisiciones. Por eso seguirán en contra del matrimonio igualitario, la anticoncepción de emergencia y el aborto seguro y no punible, mientras seguramente curas deplorables como Von Wernich y Grassi continuarán siendo protegidos. De igual modo es previsible que el nuevo alineamiento papal contra la pobreza consistirá en acciones piadosas frente a las consecuencias, pero no en luchar contra las causas y sus responsables. Y nada indica que el Vaticano se abrirá a otros grandes temas pendientes, como el celibato.

Pero aunque todo sea así, al menos en el caso argentino es esperable que el papa Francisco repudie de una vez, y públicamente, a la última dictadura argentina y a sus cómplices civiles, empresarios y religiosos. ¿Por qué no pensar, incluso, que los reparos a la cuestionable conducta de las jerarquías católicas argentinas de por lo menos los últimos 40 años, en esencia no han buscado otra cosa que inspirarlo para que produzca un suave pero decisivo viraje?

De hecho tuvo una oportunidad de oro cuando los genocidas celebraron la fumata colgándose escarapelas del Vaticano y a los gritos. Con sólo un gesto hubiera podido despegarse de semejantes aplaudidores, pero no lo hizo.

Y tampoco la Iglesia argentina se pronunció esta semana frente a los ataques a la Comisión Provincial de la Memoria en La Plata y en Bahía Blanca, la agresión a la estatua de Rodolfo Walsh en Neuquén o la brutal golpiza a un joven en San Isidro al grito de “ser homosexual es pecado”.

Seguramente Francisco no podrá hacerlo todo para reposicionar a su Iglesia, pero no hay que perder las esperanzas de que produzca algunos gestos concretos. Ojalá. Porque de lo contrario seguirán resonando los viejos clarines, es decir la estridencia de los mismos, viejos, cómplices silencios.

Tomado de Página/12

“Su memoria se fue agigantando”

Hoy 25 de marzo se cumplen 36 años del asesinato del periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh. Un grupo de tareas lo emboscó en la esquina de San Juan y Sarandí, en Buenos Aires, mientras repartía su célebre Carta abierta de un escritor a la Junta Militar a un año del Golpe de Estado. Desde entonces es uno de los 112 periodistas desaparecidos en el país del Plata. Walsh publicó una serie de libros que son lecciones del mejor periodismo: Operación masacre, ¿Quién mató a Rosendo? y El caso Satanovsky. Su cuento Esa mujer, está considerado uno de los mejores de la literatura argentina y de habla hispana.

ESTA ES UNA ENTREVISTA DE PÁGINA/12 A LILIA FERREYRA, LA COMPAÑERA DE RODOLFO WALSH, EN EL ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

Aquí, Lilia Ferreyra repasa su figura, analiza el proceso por el cual se convirtió en un símbolo y define la trascendencia de la emblemática Carta Abierta a la Junta Militar. “La Carta es también producto de un trabajo colectivo”, dice Lilia Ferreyra.

Por Lila Pastoriza

“Pocos días antes de su asesinato, Rodolfo me dijo que si llegaba a ser secuestrado a los represores no les resultaría fácil desaparecerlo para siempre porque creía que ‘algunas cosas buenas’ había hecho en su vida. Y tenía razón. Han pasado ya 36 años y su memoria se ha ido agigantando, como también la de los miles de desaparecidos a quienes no pudieron borrar de la memoria colectiva”, explica Lilia Ferreyra, en una entrevista a propósito del 36º aniversario del asesinato y desaparición de Rodolfo Walsh, ocurridos el 25 de marzo de 1977.

–Cuando Rodolfo aludía a aquellas “cosas buenas”, ¿en qué creés que pensaba?

–Indudablemente él pensaba en las investigaciones, como la del Caso Satanowsky, Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo?, en su trabajo militante en el periódico CGT y en el diario Noticias y también en su tarea estrictamente literaria, de ficción, como sus cuentos, sus obras de teatro, todas profundamente arraigadas en la historia de la época en que vivió. Y entre esas cosas buenas también está todo lo que escribió en los últimos meses de su vida… Además de Cadena Informativa, además de Ancla, Rodolfo fue escribiendo entonces los sucesivos borradores de lo que fue su “Carta Abierta a la Junta Militar”. Y también los denominados “documentos críticos” –reflexiones y propuestas internas de la organización Montoneros dirigidas a su conducción– en los que manifestaba cuestionamientos a su línea política. Hacia fines de 1976, Rodolfo sostenía que el proyecto político de Montoneros estaba derrotado, que era fundamental tratar de preservar la vida de la mayor cantidad de compañeros y, además, redefinir en términos casi absolutos el “hacer” de la “organización”. Esto, en líneas generales, es el contenido de los “documentos críticos”, cuya difusión fue un aporte importantísimo: porque aunque la conducción de la Montoneros no los tomó en cuenta, sí lo hizo la memoria colectiva en la medida en que de distintos modos se fueron difundiendo.

–Decías que, en el caso Walsh, su memoria se ha ido agigantando. ¿Cómo se ha dado ese proceso?

–Creo que no es un hecho casual, sino producto del trabajo realizado a lo largo de estos años de nuestra historia para recuperar y editar su obra y hacer conocer su vida. Ha sido un muy rico trabajo de construcción de la memoria. Pero quiero señalar que también ha generado algunas confusiones que es necesario aclarar para que, como creo, la memoria sea fiel a los hechos y a su obra. Un ejemplo es la afirmación de que a Rodolfo lo mataron por haber escrito la “Carta Abierta a la Junta Militar”, tema que siempre he tratado de aclarar y de mencionar (no sólo yo sino también sus amigos y compañeros de esa época). Sin embargo, es curioso cómo puede subsistir el error, lo cual requiere aclarar permanentemente estas distorsiones que también pueden producirse cuando, con el paso del tiempo, la memoria se traslada a nuevas generaciones. Aún hoy es frecuente escuchar la explicación de lo sucedido basada en la escritura de la Carta. Yo creo que, entre otras razones, también responde a una concepción vigente en determinados sectores de despolitizarlo. Es decir, de no reconocer que Rodolfo Walsh, además de escritor y periodista fue militante revolucionario. Y que la Carta, si bien lleva su firma, es también producto de un trabajo colectivo. Y que la fue escribiendo como militante montonero.

–Como a los “documentos críticos” que mencionabas antes y que fueron recuperados…

–Sí, esos documentos estaban en nuestra casita de San Vicente, donde fueron secuestrados por la Marina junto con otros textos inéditos. Han pasado ya más de tres décadas desde entonces y podemos decir que en parte se ha hecho justicia sobre los responsables del asesinato de Rodolfo, que han sido (aunque no todos) condenados a prisión perpetua. El hecho de que haya actuado la Justicia y existan estos fallos es otro de los logros de la lucha colectiva contra la impunidad. Aun así, hay un tema pendiente: el relativo a esos escritos inéditos que nunca aparecieron. Los que sí están, y que mencionaba antes, fueron recuperados de una manera un tanto novelesca: a fines de 1978, unos días después de llegar yo a la Ciudad de México, me entero a través del escritor Mario Benedetti de que esos papeles se encontraban en Cuba, en la Casa de la Américas, adonde los habían llevado anónimamente en un paquete. Al poco tiempo recibí ese material: eran los escritos internos de Rodolfo a la conducción de Montoneros, que reproducían los originales sacados de mi casa. Más adelante, otros compañeros los publicaron en un folleto, “Los Papeles de Walsh”, que tuvo bastante difusión. No advirtieron entonces que uno de los documentos –“Observaciones sobre el documento del Consejo del 11/11/1976”– no había sido escrito por Rodolfo sino por Horacio Verbitsky. Se trata de otra de las confusiones ya mencionadas, de un error que aunque en varias oportunidades se intentó aclarar, hasta hoy subsiste (por ejemplo, uno de sus párrafos aparece como cita de Walsh en la nota “Los verdaderos cómplices de la dictadura” (Infobae, 17/03/2013). Así y todo, en casos como éste, la confusión no es inocente y se la utiliza para desacreditar a sus compañeros de militancia. Por otro lado, en los textos escritos por Verbitsky que se atribuyen a Rodolfo, pienso que más allá de las dificultades propias de la recuperación de materiales clandestinos, también tiene que ver con que Rodolfo y Horacio conformaban una suerte de tándem en cuanto al compromiso político en proyectos periodísticos como el diario CGT y Noticias, es decir que había ya una línea respecto de contenidos y de escritura que facilitaba confundirlos.

–Una situación similar se da también con otro documento redactado por Horacio Verbitsky que se atribuye frecuentemente a Walsh, “ESMA – Historia de la guerra sucia en la Argentina”, un texto difundido clandestinamente en octubre de 1976 con información valiosísima aportada en buena medida por el soldado conscripto Sergio Tarnopolsky y el ex guardiamarina Mario Galli, ambos asesinados. Verbitsky lo incluyó en el libro Rodolfo Walsh y la Prensa Clandestina, 1976-78, junto con numerosos materiales de esa experiencia colectiva impulsada por Walsh…

–Precisamente, por pudor, porque era el primer libro que se editaba sobre Rodolfo y porque el objetivo era resaltar su rol en la prensa clandestina, Horacio incluye su trabajo sobre la ESMA, como también su ensayo sobre San Martín, sin su firma. Y así se va construyendo esta confusión. Creo que, retomando lo que antes decía yo sobre la necesidad de coherencia en la memoria y la historia, es necesario definir claramente la autoría de textos que han sido y son de importancia para el conocimiento y profundización de lo que significaron los años 70 en nuestros países.

–Entre toda la obra de Rodolfo Walsh, la “Carta Abierta a la Junta Militar” quizá sea el texto suyo que está más presente en cada argentino que lo evoque. ¿Cómo lo explicás?

–La Carta es un documento emblemático contemporáneo de los hechos que denuncia. Es un “retrato” que cala muy hondo en lo que significó la dictadura cívico-militar en el país y en las consecuencias sobre la población. Y es emblemático porque, además, toma los tres ejes fundamentales en que se basó el terrorismo de Estado: la represión sin límites, el golpe militar y la destrucción de la democracia (recordemos que ocho meses después había elecciones) y fundamentalmente el proyecto económico que hacía necesaria la represión y el golpe de Estado. La Carta tiene tanta vigencia por todo eso y porque es irrefutable. Cada línea, cada palabra, están sustentadas en su profunda ética conceptual y en el rigor de sus investigaciones.

La trama financiera de la última dictadura

UN INFORME DE LA COMISION NACIONAL DE VALORES EXPLICA COMO OPERO LA REPRESION EN LA CITY PORTEÑA

Secuestros de empresarios, desapoderamiento de bienes. El terrorismo de Estado también se ocupó de barrer con lo que consideró la “subversión económica”. Adelanto exclusivo que ofrece hoy domingo Página/12 del análisis de más de 500 actas del directorio, legajos y entrevistas con las víctimas. En la caricatura, el dictador Jorge Rafael Videla

Por Alejandra Dandan

El avance de los juicios de lesa humanidad permite conocer nuevas facetas de la última dictadura, incluso empezar a entender el impacto que tuvo en la city porteña, “descontrolada” por el efecto financiero de las políticas de José Alfredo Martínez de Hoz. A raíz de los pedidos de distintos juzgados por la actuación de un grupo de funcionarios durante la última dictadura, la Comisión Nacional de Valores (CNV) creó una oficina de derechos humanos que durante el último año analizó mas de 500 actas del directorio, relevó legajos e hizo entrevistas a una serie de empresarios que fueron secuestrados y desapoderados luego de investigaciones que encaró el organismo en el período 1976-1983. El informe que Página/12 adelanta en exclusivo se presentará mañana. Entre otros datos, señala, por ejemplo, a partir de un primer relevamiento, que el número de empresarios, financistas y agentes de Bolsa secuestrados durante la última dictadura asciende a 130, 11 de ellos están desaparecidos. En algunos casos, existió el secuestro completo de directorios y de empleados y el desapoderamiento de bienes. El análisis indica que el pico más alto se produjo a partir de 1978-1979, en coincidencia con la caída del número de desapariciones e ingresos de NN a los cementerios de militantes políticos y sociales. Para la CNV, esto podría ser pensado como una segunda etapa de la represión: “El hecho de que la lucha contra la ‘subversión’ en gran parte estuviera cumplida dejaba una estructura represiva libre para ser utilizada para otros fines”.

El corazón del informe preliminar de la CNV –elaborado por una antropóloga, un historiador y un sociólogo- describe la política de Martínez de Hoz, muestra el caso Acindar y Papel Prensa (ver aparte) y se ocupa de analizar las actas, muchas de las cuales se exponen públicamente por primera vez, para mostrar cómo funcionó el sistema financiero durante la dictadura. En ese esquema, aparece una CNV actuando bajo un doble estándar que articula lo legal con lo clandestino. Por un lado, investiga operaciones financieras fuera de los parámetros de aquella legalidad (o blanquea operaciones a través de omisiones de datos). Pero, por otro lado, articula sus investigaciones operativamente con áreas como el Primer Cuerpo del Ejército y envía peritos en “comisión” a Campo de Mayo para interrogar a los empresarios secuestrados. Las denuncias muestran a los interventores en centros clandestinos. Esta “embestida sistemática contra las empresas”, de acuerdo con el informe, se dio en un mundo de roles y poderes cruzados, donde se jugaron internas, y en el que, en algunos casos, secuestrados y secuestradores compartieron espacios de poder.

El mapa

Uno de los méritos del informe es la intención de empezar a trazar un mapa más amplio sobre el secuestro del sector empresario. Allí no están solo los casos en los que intervino la CNV, sino todos: los que cotizaban en Bolsa y los que no. Están los grupos secuestrados entre 1976 y hasta 1983. En el primer momento, las víctimas parecen ser más “empresarios” netos, y son los casos más conocidos y comprometen al menos a 50 personas secuestradas. Luego aparecen aquellos que también son financistas “El secuestro a empresarios y financistas implicó una dinámica represiva en algún punto particular y diferenciada respecto de aquellos que fueron desaparecidos por razones políticas y sociales, entre otras”, indica el Informe. “En un primer lugar, el objetivo de los secuestros era detectar el aspecto económico de la ‘subversión’ en dos sentidos”:

1) Una parte de los secuestros se dirigió a buscar el dinero de organizaciones consideradas “guerrilleras” o “subversivas”.

2) Otra parte buscó operatorias empresariales que supuestamente “atentaran contra la economía argentina”. Esta idea también se lee como “causa” o “excusa” de una dinámica que incluyó “iniciativas privadas”

Otra característica de los secuestros que empiezan a verse a partir de 1978 y 1979, según el recorte del Informe, es que en general son hombres muy conocidos de la city, personajes públicos, dueños de bancos y financistas que tienen voz programas de televisión. La city, en ese momento, es un mundo en el que se conocen todos. Y un elemento que parece tener muchos casos es que secuestrados y secuestrados se conocen o por relaciones empresarias o porque comparten espacios sociales o de poder.

Entre víctimas y victimarios había muchas veces un espacio común de poder, económico, de relaciones políticas, sociales y familiares. Hay varios casos concretos. Otro elemento del Informe permite pensar por qué caen ellos y por qué a partir de 1978. “La multiplicación de bancos privados de capital nacional, que pasan de 68 a 152 en tres años, y su reflejo en los actores del sistema financiero con banqueros, financistas, agentes de Bolsa, casas de cambio es una modificación brusca en un mercado de capitales chico controlado hasta ese momento por una CNV cuyo instrumento de acción era la vieja ley de Onganía N 17.811”, indica Napoli. “Es dable pensar que cuando la dictadura genocida comienza a cambiar su discurso respecto de sus crímenes y a hablar de ‘fin de la guerra contra la subversión’ o ‘los desaparecidos están muertos’, también comience a apuntar sus cañones de control y rapiña contra un mercado financiero que, para la mirada de quienes ocupaban espacios de decisión, se había descontrolado. Podría plantearse que el aparato represivo, los grupos de tareas, viraron su atención de la ‘subversión’ a la ‘subversión económica’ a partir de 1978, para el secuestro de empresarios y su desapoderamiento de bienes”.

En las conclusiones del Informe se trabaja además con la hipótesis de que una de las razones que influyeron en este tipo de secuestros fue la iniciativa privada. “El hecho de que los militares consideraran que la ‘lucha contra la subversión’ estuviera en gran parte cumplida, dejaba una estructura represiva, tanto represores como dependencias, libres para ser utilizados para otros fines. Esto implica, por ejemplo, la realización de secuestros de ‘iniciativa privada’ por determinadas bandas que se organizaron dentro de la estructura represiva”. Muchos miembros de esos grupos aparecerán años más tarde en secuestros extorsivos durante la democracia.

Extractado de Página/12

¿QUÉ NOS PASA CON FRANCISCO ?…

“Es realmente lógico que esta designación sea preocupante: los genocidas juzgados por las matanzas del campo de exterminio de La Perla, aparecieron en la audiencia posterior a la designación de Bergoglio, con escarapelas papales en homenaje al nuevo pontífice (véalos en las fotos); los medios dominantes que constituyen la más importante oposición política en nuestro país, inmediatamente salieron a ensalzarlo creando un potentísimo escudo mediático, intentando liberarlo de toda mácula producto de sus acciones del pasado”

Por Humberto VERA

En primer lugar, es una designación que nos sorprendió, ya que los medios lo habían prácticamente descartado de entre los cardenales papables, aduciendo que se había pasado de años. Y la mayoría de nosotros ya había aceptado esa teoría que parecía ser razonable. Y cuando salió elegido, quienes defendemos a este gobierno y a este proyecto, entendimos que había sido puesto en la cima de una de las entidades más poderosas del mundo, alguien que no nos quiere, ni a nosotros ni a los procesos nacionales y populares latinoamericanos, y que además ha obrado políticamente de manera de concreta en contra de nosotros, y a favor de la oposición.

En este sentido, es realmente lógico que esta designación sea preocupante: los genocidas juzgados por las matanzas del campo de exterminio de La Perla, aparecieron en la audiencia posterior a la designación de Bergoglio, con escarapelas papales en homenaje al nuevo pontífice; los medios dominantes que constituyen la más importante oposición política en nuestro país, inmediatamente salieron a ensalzarlo creando un potentísimo escudo mediático, intentando liberarlo de toda mácula producto de sus acciones del pasado.
También nos queda picando la posibilidad no probada de que haya sido entregador de quienes confiaban en su protección cuando era el principal de los Jesuitas argentinos; la debilidad de no haber hablado, al menos como otros obispos lo hicieron, en plena matanza dictatorial; su actitud permisiva y hasta protectora del condenado cura pedófilo Grassi, o su silencio conciliador con las declaraciones de Baseotto que proponía arrojar un ministro al río.
Es decir que lo que nos preocupa de Bergoglio, no tiene que ver principalmente con el destino de la iglesia universal sino lo que pueda significar de malo su nombramiento para el destino de nuestro país y el de los países progresistas de América Latina, porque pensamos con lógica, que no hay motivos para que deje de operar en contra, y que ahora su poder de hacernos daño teóricamente es mayor. Así de simple.
Creo que no alcanza este razonamiento para entender o pronosticar lo que va a ocurrir de aquí en más en la relación entre la iglesia y los gobiernos progresistas de América Latina.
Bergoglio está remplazando a un Papa que, cosa nunca vista, ha renunciado por no poder lidiar con la crisis enorme y de todo tipo que está atravesando la Iglesia. No es posible creer que Ratzinger haya renunciado para que se pueda poner a un papa latinoamericano que se oponga a los gobiernos populares de América latina.
Benedicto no era un Papa debilucho y cándido. Es un fundamentalista, militante juvenil de la derecha más aberrante de la historia humana, presentado en su asunción como el jefe de los duros de la iglesia, un promotor del retroceso ideológico, que abandona porque la magnitud de los problemas lo ha superado.
La pedofilia a llegando niveles de conducción, la crítica situación económica del Vaticano, el abrumador éxodo de fieles hacia otras confesiones, la pérdida de prestigio etc., etc.
En ese contexto, los 115 príncipes de la Iglesia Católica se han convencido de que Bergoglio es la persona capaz de resolver ese galimatías, y seguramente que de paso suponen que puede contribuir mejor que un europeo, a disminuir la sangría de fieles en el subcontinente americano.
Estas personas que no son niños de pecho, le han confiado a Francisco en una veloz elección, la tarea de sacarlos del quilombo en que se encuentran metidos hasta las orejas.
Bergoglio los ha convencido de que él es el indicado, que él puede hacerlo. Y ellos le han dado crédito.
¿Qué pensamos de Bergoglio quienes conocemos sus manifestaciones públicas?
¿Creemos que una persona como él supone que los males de la iglesia provienen de afuera de ella, o que son producto de sus propias fallas?
¿Creemos que Bergoglio piensa que se pierden fieles porque hay muchos Chávez avanzando en América latina y en el mundo, o porque la Iglesia no se preocupa por los pobres?
¿Que la iglesia pierde prestigio porque los gobiernos no la apoyan, o porque hay muchos curas pederastas?
¿Que las acusaciones de corrupción son meras falacias difundidas por el eje del mal, o porque aun la gente recuerda a Roberto Calvi -presidente del banco Ambrosiano -colgando de un puente en Londres?
¿Pensamos que Bergoglio cree que los fieles españoles y griegos están contentos con la actitud pasiva de la iglesia mientras ellos se suicidan porque los bancos los arrojan a la calle?
¿Pensamos que Bergoglio cree que las redes sociales – el mensajero- son culpables de la crisis o que la misma iglesia es la produce los hechos que se difunden?
Bueno, la respuesta a estas preguntas pueden orientarnos, aproximarnos a lo que puede ser y durar el mandato de Francisco.
No hay manera de imaginar una iglesia rectificando el camino, que no deba tener posiciones más progresistas que las que ha tenido. No puede tener muchas más tácticas de derecha y reaccionarias, porque es esa dirección la que la ha llevado a donde está y desde donde creo que quiere salir.
Podemos dudar de si Bergoglio lo hará por Cristiano o por inteligente, pero la lógica, el sentido común indica que una persona inteligente, no puede avanzar por el mismo camino que claramente conducía al abismo.
¿Si fuera muy , muy inteligente, lo debiera hacer por espíritu cristiano, no?.

Tomado de El Libertador en Línea.com.ar