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HOY, FIESTA O FUNERAL DE HILLARY O TRUMP

Democratic Presidential HndidatHHillary Clinton speaks to supporters during her campaign while it rains at in Pembroke Pines, Florida on Nov.5, 2016. Florida is a severe battle state. ( The Yomiuri Shimbun via AP Images )

La carrera por la Casa Oval concluye con gran apoyo a la candidata demócrata

Llegó el momento decisivo, en que las últimas encuestas favorecen a la demócrata Hillary Clinton, pero no con un margen suficiente sobre el republicano Donald Trump

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La carrera por la Casa Oval concluye con gran apoyo a la candidata demócrata

LLegó el momento decisivo, en que las últimas encuestas favorecen a la demócrata Hillary Clinton, pero no con un margen suficiente sobre el republicano Donald Trump

davis brokkesPor David Brooks

Corresponsal del Periódico La Jornada, de Mexico

Nueva York.

Hillary Clinton cerró su campaña rodeada de las estrellas políticas y culturales del momento, mientras la ausencia de estrellas de cualquier tipo marcó el fin de la campaña de Donald Trump, en momentos en que las últimas encuestas y pronósticos favorecían cada vez más a la demócrata, pero no con un margen suficiente para abrir alguna botella de champán.

Los indicadores finales más respetados, incluyendo encuestas, modelos de pronóstico y análisis de tendencias, apuntan a un triunfo de la demócrata, quien ha registrado un leve incremento en las preferencias, y aunque este consenso implica que superará la meta de los 270 votos electorales necesarios para que le entreguen las llaves a la Casa Blanca, todo augurio sigue acompañado con advertencias de que el republicano aún tiene un camino hacia el triunfo.

Al despejarse la nube de la posible investigación de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) que irrumpió en la recta final de esta elección, junto con un repunte en los sondeos, un voto latino aparentemente sin precedente en estados claves y la capacidad operativa muy superior de la campaña demócrata por cada entidad del país, han generado una sensación de alivio entre varios sectores, incluyendo los mercados de valores.

La Bolsa de Valores de Nueva York tuvo un alza de 300 puntos al suponer que ganará Clinton, percibida como la candidata del establishment, después de una semana de retrocesos por lo que más odian los mercados financieros: la incertidumbre.

Antes del cierre de sus campañas, en estas últimas horas de la contienda ambos candidatos viajaron a un total de nueve de los aproximadamente 15 estados claves que determinarán el resultado final de esta elección presidencial.

Podemos lograrlo, afirmó Clinton en sus últimos mensajes después de 82 semanas de campaña. Esta elección es entre la división y la unidad en nuestro país, dijo, y subrayó que era entre un liderazgo estable y experimentado y uno irresponsable.

Trump declaró en uno de sus últimos mitines, después de 72 semanas de campaña, que si no ganamos, honestamente, hemos perdido el tiempo, indicando que esta es una magnífica oportunidad, y posiblemente la última, para recuperar a Washington. Este es el momento, buena suerte. Yo hice lo mío, ahora les toca a ustedes.

Clinton celebró el último acto en el centro histórico de Filadelfia, acompañada de las dos figuras políticas supremas del partido –y las más populares ante el público (mucho mas que la candidata)–: Barack y Michelle Obama; otras figuras de la cúpula demócrata y estrellas como Bruce Springsteen y Jon Bon Jovi, y obviamente el ex presidente Bill Clinton (en Washington Square, en Manhattan, al mismo tiempo Madonna sorprendió con un concierto acústico, cantando Imagine, entre otras canciones, en apoyo a Clinton).

Por su lado, Trump festejó el cierre de su campaña en Michigan, donde fue notoria la ausencia de cualquier figura de la cúpula de su partido –ni un solo ex presidente ni ex candidato presidencial republicano, como tampoco los militantes electos más poderosos– y tampoco ninguna gran estrella del mundo de los espectáculos. Todo, muestra de la ruptura interna de un partido ahora en crisis, gane quien gane.

A la vez, este contraste con Clinton ha sido utilizado por Trump a lo largo de la campaña como prueba de que él es un insurgente de afuera, y no miembro de la cúpula política de Washington ni de Hollywood.

Ambos regresaron a sus sedes nacionales de campaña en la ciudad de Nueva York anoche, donde esperarán los resultados de este martes. Clinton rentó un espacio en el centro de convenciones Javits, donde también ya tienen preparados fuegos artificiales. Trump alquiló un espacio en el hotel Hilton, a unas 20 cuadras de la fiesta (o funeral) de Clinton.

Mientras tanto, ambas campañas buscan promover su voto. Aquí, Clinton goza de una enorme ventaja en la llamada guerra terrestre (la aérea es la de publicidad por los medios) al haber construido una infraestructura organizativa durante los pasados dos años alrededor del país, y sobre todo en los estados claves. Sólo este fin de semana su campaña reportó haber tocado 6.2 millones de puertas y hecho más de 8 millones de llamadas telefónicas en sus operaciones para obtener el voto.

Trump por su parte está confiando en que el entusiasmo de sus filas –lo que llama su movimiento– logre superar la ventaja organizativa de Clinton, y que los jefes de voluntarios y organizaciones derechistas –algunas muy poderosas, como la Asociación Nacional del Rifle– logren impulsar su voto.

Pero muchos ya han votado en decenas de estados que permiten el sufragio adelantado, entregando aproximadamente 41 millones de boletas hasta la fecha. Aunque no serán contados hasta el cierre de las casillas este martes, algunos cálculos favorecen a Clinton y le ofrecen un colchón, sobre todo en lo que parece ser una participación sin precedente de los latinos en estados claves como Florida, Nevada y Arizona.

A la vez, ante la amenaza de Trump de no reconocer resultados, ya que insiste en que tiene pruebas de que se está preparando fraude electoral en muchas entidades, hay preocupación sobre el funcionamiento del proceso, ya que en verdad la elección presidencial no es nacional, sino 50 comicios simultáneos en cada estado más la capital, todos con sus propias reglas, horarios y equipo.

Sin embargo, expertos coinciden en que el fraude empleando falsas identidades en las casillas el día de las elecciones es algo casi nulo en este país. Un informe de abogados encontró que desde 2000 se han identificado sólo 38 casos en elecciones donde se han depositado en total más de mil millones de votos.

Lo que sí existe, y es un problema cada vez más grave, son esfuerzos por intimidar y suprimir el voto, justo lo que ha promovido Trump con su llamado a que sus filas vigilen ciertos barrios, en referencia a comunidades latinas y afroestadunidenses pobres. De hecho, en unos 30 estados han promovido leyes para obstaculizar el voto justo para estas comunidades minoritarias.

Susan Gzesh, abogada en Chicago que estará participando en labores de observación de casillas en estados claves, comentó a La Jornada que voluntarios que están capacitando para observación electoral en varios estados justo con el fin de frenar intentos de intimidación estaban siendo entrenados para enfrentar posibles expresiones de violencia, sobre todo en Ohio, ante la amenaza de seguidores de Trump.

Durante todo el año y ahora con más intensidad, se registra el temor entre sectores minoritarios que viven en zonas conservadoras, sea en Arizona –donde el sheriff Joe Arpaio amenaza con desplegar a sus policías a casillas para vigilarlas, pero con el propósito obvio de intimidar a votantes latinos– o en Florida, donde caribeños y mexicanos reportan mayor tensión racial en escuelas y en sitios públicos. Varios residentes y activistas comunitarios informan a La Jornada que están preocupados por posibles ataques a ciudadanos durante la jornada electoral y en los días posteriores, gane quien gane.

Pero por ahora, en esta elección tan inusual y de golpes bajos, el grito al final entre gran parte de la cúpula y en diversos sectores sociales atacados por la derecha, y sobre todo por Trump, es que este martes se necesita, como dijo un asesor de la campaña demócrata, salvar la república.

El veredicto se dará en las próximas horas.

 

Increíble

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Brian Williams, conductor del noticiero nacional de la cadena estadounidense NBC

Por David Brooks. Periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en Estados Unidos.

No hay nada más importante y frágil que la credibilidad en el periodismo. Algunos dicen que es el capital de todo medio y, cuando lo pierde, pierde todo. Todos los periodistas cometen errores. Es parte inevitable del oficio, sencillamente porque es difícil captar toda la verdad al elaborar lo que algunos llaman el primer borrador de la historia. Pero eso es diferente a mentir y engañar.

Cuando un periodista miente deliberadamente, cuando inventa, plagia, fabrica, oculta o comete algún acto de corrupción, eso no sólo es violar las normas del periodismo y traicionar a su público, sino también un ataque contra los compañeros de su medio y los colegas del gremio. Peor aún es cuando se hace en zonas de gran peligro, ya que es un falta de respeto a compañeros que sí se han arriesgado para hacer su tarea de reportar e informar en nombre de la verdad.

Brian Williams, conductor del noticiero nacional de la cadena NBC, y por lo tanto una las figuras públicas más conocidas en este país, ha sacudido a su empresa, a sus colegas y la credibilidad del periodismo en general por haber inventado una de sus hazañas como periodista.

Williams emitió una declaración este fin de semana en la que anunció que suspenderá sus actividades profesionales unos días, ya que en medio de una carrera dedicada a cubrir y consumir noticias, se ha vuelto dolorosamente claro para mí que dadas mis acciones ahora soy parte de las noticias. Aún está por verse si regresará a su trono frente a las cámaras.

Todo porque Williams inventó un cuento. El conductor, con una imagen pública intachable, había contado públicamente a lo largo de estos años una experiencia en la que había estado en juego su vida, cada vez con más detalle, que supuestamente ocurrió cuando fue a cubrir la invasión estadunidense a Irak en 2003: él volaba en un helicóptero militar que fue atacado por el enemigo. Hace unos días, cuando NBC News transmitió esa versión falsa una vez más en un segmento, veteranos que atestiguaron el incidente declararon que Williams no viajaba en el helicóptero bajo fuego, sino en otro que venía detrás. Cuando ya no había de otra, Williams se vio obligado admitir en su noticiero del miércoles pasado que había cometido un error; explicó que había recordado mal y mezcló en su memoria lo ocurrido con los dos helicópteros, y ofreció disculpas.

Pero una vez en duda su versión de lo que le ocurrió en Irak, se empezaron a cuestionar –en las redes sociales– otras cosas que había reportado, incluida su cobertura en Nueva Orleáns durante el huracán Katrina en 2005. En particular, residentes de esa ciudad que sufrieron ese desastre expresaron dudas acerca de lo que reportó Williams, entre otras cosas, que había visto pasar un cadáver flotando frente a su hotel (algunos dicen que el agua en esa zona sólo llegaba a los tobillos o menos). Pero ahora está bajo sospecha casi todo lo que ha contado o reportado.

NBC anunció una investigación interna del trabajo de su estrella durante los últimos años, mientras analiza cómo enfrentar una crisis que no sólo dañó la credibilidad de Williams, sino la de la división de noticias de su medio. El noticiero nacional de NBC News es el más exitoso de las tres principales cadenas (las cifras más recientes son de un público promedio de 9.3 millones), los medios de noticias más poderosos del país. Aun ante el surgimiento de canales de noticias de 24 horas e Internet que han reducido su alcance sobre los consumidores de noticias, los tres noticieros nacionales continúan teniendo fuerte impacto en el debate nacional.

NBC renovó el contrato de Williams en diciembre por otros cinco años después de sus primeros 10 al frente del noticiero, y según algunas versiones acordó pagarle hasta 10 millones de dólares anuales. Para marcar su primera década en el puesto a finales del año pasado, NBC había producido un promocional con la voz del actor Michael Douglas narrando e imágenes de Williams reportando: “es una cosa que uno construye lentamente, a lo largo del tiempo… y lo que uno construye, si uno trabaja suficientemente duro, si lo respetas, es algo poderoso llamado confianza”.

Pero, como reportó el New York Times, puede que uno se la gane en diez años, pero la confianza en los conductores de noticias puede ser sacudida en menos de 10 minutos.

 Obviamente, este no es el único caso en que un periodista o un medio engañe a su público.

Algunos de los principales medios de este y otros países han sufrido de escándalos por periodistas corruptos, o por los que inventaron notas o usaron la profesión para promover intereses ocultos. Las consecuencias a veces son mínimas y sólo dañan al periodista o su medio, pero también pueden ser severas e incluir asuntos de vida o muerte, como en el caso de algunos de los principales medios estadunidenses (con heroicas y magníficas excepciones) que en varios momentos han desempeñado un papel para justificar guerras y represión, y hasta políticas económicas con efectos devastadores para millones aquí y en otras partes del mundo.

Con ello han perdido credibilidad. Tal vez lo que más demuestra este deterioro en credibilidad es el hecho de que según sondeos, entre los jóvenes, uno de los periodistas considerado como el más confiable es el conductor de un noticiero ficticio, Jon Stewart, de The Daily Show.

No es noticia que los integrantes de cúpulas mientan. El legendario periodista político I.F. Stone repetía que todo periodista serio necesitaba entender sólo una sencilla cosa al hacer su trabajo: todo gobierno miente. El gran periodista Bill Moyers comentó algo así como que la noticia es eso que los poderosos desean mantener oculto; todo lo demás es publicidad.

Pero los periodistas, en principio, tienen como primera responsabilidad buscar la verdad y desenmascarar la mentira, el engaño y la corrupción. Si se vuelven parte de la mentira, sólo nutren el cinismo. Y como decía Ryszard Kapuscinski, el cinismo es una actitud incompatible con la profesión de periodista.
Tomado de La Jornada

 

Locuras

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Por David Brooks, periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en Estados Unidos.

Tomado de La Jornada, de México

Un hombre de unos treinta y tantos años pide limosna en un tren del metro de Nueva York, bien vestido, con cuidado, buenos zapatos de cuero y una vista tranquila. Soy veterano, estoy pasando por una mala época, lo que puedan cooperar para ayudarme se agradece, repite.

Acaba su trayecto de un lado al otro del vagón y está en espera de la próxima estación para pasarse al siguiente vagón. Empieza a hablar en voz alta pero sin gritar, viendo a nadie y a todos, y casi todos simulan no escucharlo ni verlo. Fui a la guerra, fui porque pensaba que era mi responsabilidad hacerlo por los demás, para servir a este país y porque creía en la Constitución. Pausa, ve a su alrededor, y continúa. Uno regresa y le quitan todo, todo. ¿No es una violación de los derechos humanos, de los derechos humanos de veteranos?

Se abren las puertas y entra el sonido de un trío de metales que toca Hello Dolly. Sale el veterano, sin esperar respuestas. Tal vez sabe que no hay.

Unos 2 millones 600 mil estadunidenses (y no pocos inmigrantes) sirvieron a su país en Afganistán e Iraq, las guerras más largas en la historia estadunidense, y más de la mitad de ellos padecen problemas de salud física y/o mental, se sienten marginados de la vida civil y opinan que el gobierno no atiende sus necesidades, según una encuesta nacional del Washington Post del año pasado.

Casi 50 mil veteranos (incluidos de las guerras más recientes, pero también anteriores como Vietnam), según cálculos oficiales, viven sin techo en las calles de este país, mientras se registran en promedio 22 suicidios de veteranos cada día. Son los costos, en gran medida ocultos, de las guerras proclamadas por políticos y otros vendedores de seguridad nacional, mientras jóvenes son enviados a matar otros jóvenes. y casi nunca hay algún hijo de un político o un empresario en el campo de batalla.

En otra estación del metro, un joven afroestadounidense tiene un libro en la mano que consulta cada dos minutos, lo cierra, lo abre; es de pasta dura y ancho pero no se alcanza ver el título. En voz alta, emite durante los dos minutos en que no está consultando el libro una cadena de mentadas de madre. Nadie quiere saber la verdad, repite como coro a cada uno de sus pronunciamientos sobre la violencia entre los pobres, sobre la educación inferior para los afroestadounidenses, sobre la falta de empleo.

Se abren las puertas, y suena un saxófono y un trombón tocando Mack El Navaja de Brecht y Weil.

En Broadway, una mujer vestida con ropa sucia, que enfrenta un mundo de nieve y vientos de frío inaguantable pasa murmurando: ¿qué pasó con la bondad?

Todos los días uno se topa con locos que a veces ofrecen un relámpago lúcido en medio de la incesante cacofonía de los políticos y sus patrones, que creen que están cuerdos pero que sólo ofrecen locuras. Esos que niegan la abrumadora evidencia científica del cambio climático, que repiten que la guerra y las acciones bélicas son en nombre de la paz, que el espionaje masivo y la violación de la libertad de expresión son necesarios para garantizar los derechos y libertades, los que insisten en calificar a otros países mientras persiste la violación sintética de derechos humanos de las minorías, los inmigrantes y los pobres documentados por Amnistía Internacional y Human Rights Watch en este país, esos que no se cansan de agradecer el sacrificio de los veteranos y de las tropas, y los que todos los días regalan su gran retórica sobre la pobreza mientras promueven políticas que aceleran la desigualdad económica, la cual ha llegado a tal nivel que hasta algunos de los propios ricos se preguntan si su avaricia colectiva es excesiva.

Cuando los locos son más coherentes que los cuerdos ¿cómo estarán las cosas?

A veces hacer algo fuera de lo común, algo loco, es la única respuesta cuerda.

Como Eve Tetaz, maestra de escuela pública jubilada, de 83 años, y Nashua Chantal, activista por la paz, de 62 años, que fueron enjuiciados en Georgia por ingresar de manera ilegal al Fuerte Benning, sede del Instituto por la Cooperación de Seguridad del Hemisferio Occidental (antes Escuela de las Américas), donde Estados Unidos capacita a militares latinoamericanos.

En la acción de protesta anual organizada por School of the Americas Watch, ambos arriesgaron seis meses de cárcel al ingresar a la base militar en acto de desobediencia civil. Ambos afirmaron que participaron para defender los derechos humanos en América Latina y denunciar los programas estadounidenses que han contribuido a esas violaciones en el hemisferio americano.

O la acción realizada la semana pasada por activistas antiguerra de Código Rosa que irrumpieron una audiencia en el Senado para protestar por la presencia del invitado principal, Henry Kissinger. Con una manta en que se denunciaba que Kissinger era un criminal de guerra, se acercaron al invitado con esposas antes de ser expulsados por órdenes del presidente del Comité, John McCain, quien gritó:fuera de aquí, escoria de lo peor. Código Rosa respondió que la escoria era justo el invitado oficial.

O cuando se dejan de pedir permisos para marchar y protestar, como en las expresiones del movimiento contra la brutalidad policiaca y la impunidad oficial que detonaron en este país en los últimos meses, donde se toman las calles o se realizan acciones en centros comerciales, y se encuentran con que, en lugar repudio del público por interrumpir, la respuesta son expresiones de apoyo.

O cuando los más vulnerables de todos, los inmigrantes indocumentados, sobre todo los jóvenes, toman las calles, o se presentan ante legisladores y alguaciles, y hasta el presidente, y gritan un ya basta al demandar un respeto a sus derechos humanos.

Los locos, tanto algunos que padecen de problemas mentales como otros que deciden hacer locuras para interrumpir y/o burlarse de tanto que pretende ser normal, ofrecen alguna esperanza.

José Marti: Lo imposible es posible. Los locos somos cuerdos.