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CUBA Y LOS ESTADOS UNIDOS: ¿NORMALIDAD POSIBLE?

luis toledo sande

Por Luis Toledo Sande

Procuraré no repetir más de lo imprescindible lo que dije en tres textos ya publicados acerca del mismo tema. Uno, “Cuba y los Estados Unidos, otra etapa”, lo escribí el 20 de diciembre de 2014 y pronto apareció en Cubadebate; los otros dos, difundidos en Cubarte, surgieron de la intervención que preparé para la cita del 21 de enero de 2015, dedicada a José Martí, del espacio Dialogar, dialogar: “Con José Martí: raíces y luz” y “Con José Martí: para que la victoria siga siendo victoria”. Pero agradecería que, de hallar público lector, las respuestas que ahora doy al cuestionario de Cubarte se leyeran como continuación de aquellos textos, que circularon no solo en los sitios mencionados.


  1. ¿Cuáles son a su juicio las principales influencias de la cultura estadounidense en la cultura cubana? ¿Podemos hablar de influencias positivas y negativas? ¿Considera Ud. que existen algunas influencias en sentido inverso, o sea, de nuestra cultura en la sociedad estadounidense?

Apunto apenas descriptivamente, sin insistir en ejemplos concretos de la realidad esbozada, elementos de un tema que no puede tratarse a fondo en pocas líneas. Frutos del proceso de conquistas y colonizaciones desatado o fortalecido en la estela de 1492 —con derivaciones que no acaban—, ambos países son relativamente jóvenes en la heterogénea familia mundial, y la juventud tiene ímpetus y límites en el desarrollo de las cualidades. Con hechos como el exterminio o el apartheid de los pueblos aborígenes, y el saqueo territorial de más de la mitad de México, a partir de las Trece Colonias británicas de Norte América se formó una potencia pluriestadual conformada como una sola nación, que en la herencia de su metrópoli y madre putativa, Inglaterra, asumió como rasgo medular un “mesianismo” conquistador de signo puritano y conocidas consecuencias.

Esas características se conjugaron con el pragmatismo, que se da por nacido en la nación norteña, es el cuerpo ideológico propio del sistema capitalista, llega a nuestros días y continúa su marcha en secuelas y realidades como el llamado neoliberalismo. Y no se agota en el ámbito de su origen: el expansionismo capitalista, y los caminos de la colonización, han propiciado que penetre en otros territorios. Puede infiltrarse hasta en intentos de enfrentar aquel modo de producción y de pensamiento, que está en crisis pero guarda reservas para una larga supervivencia y un fuerte y nocivo influjo ideológico y cultural.

En la que José Martí llamó nuestra América mestiza —que, a pesar de esfuerzos unificadores como el representado por Simón Bolívar, se fraccionó en varios países— crecieron pueblos hostigados por potencias extranjeras, primero europeas, y luego, hasta hoy, la que se formó en el norte del propio continente americano. No por gusto el propio Martí la definió como América europea o Roma americana. Pero la independencia alcanzada por esa sección de América —una sección que ha pretendido y en gran manera logrado usurpar hasta el topónimo y los gentilicios continentales—, generó ilusiones y para muchos convirtió a esa nación en presunto paradigma, toda una fuente de espejismos.

La historia de Cuba, para centrarnos en este pedazo de nuestra América, ha evidenciado cómo hasta en sus luchas independentistas se colaron esos espejismos, un hecho visible incluso en la historia de nuestras banderas, no solo la de López, “saneada por la muerte”, como escribió Martí. Manos e ideas anexionistas, con una complejidad de intenciones cuya valoración requeriría espacio y matices que no caben en estas notas, intervinieron también en otros símbolos. En general, habría que ver hasta qué punto ese cuadro de juventud (o explicable inmadurez) y de ilusiones se vincula con un rasgo que algunos consideran fatalmente afincado entre nosotros: el embullo, que puede ser una fuerza motora fértil, pero también un estímulo para valoraciones y decisiones precipitadas.

Nada niega que la cultura de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, Cuba entre ellos, haya influido en la nación norteña. Citemos no más del discurso del presidente Barack Obama el 17 de diciembre pasado, parte de los argumentos con que, desde su perspectiva, sustentó la validez de restablecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones y revertir el abismo construido en más de cinco décadas: “año tras año, una barrera ideológica y económica se ha ido fortaleciendo entre nuestros dos países.  Entretanto, la comunidad de exiliados cubanos en los Estados Unidos hacía enormes aportes a nuestro país en la política, los negocios, la cultura y los deportes”.

Es lo que ocurre en un país que se ve o se presenta como la tierra prometida y que, a regañadientes o como sea, recibe multitudes de inmigrantes. Pero ese país se yergue como potencia dominadora, y no es seguro que conozca de veras, ni en lo elemental —más allá de citarlo a conveniencia parcialmente—, el legado de uno de los grandes revolucionarios “estadounidenses” del siglo XIX: el José Martí que vivió casi la totalidad de sus quince años finales en los Estados Unidos y elogió las que consideraba “las virtudes fundamentales del Norte, las virtudes del trabajo personal y del método”. Las estimaba aprovechables por nuestros pueblos si no se sofocaba en ellos “el amor reverente” reclamado por el país natal, en el que no podrían aplicarse “con éxito las virtudes si se le hubiese perdido a la tierra nativa el conocimiento y el amor”. Ese fue el Martí que criticó a fondo los males de la sociedad estadounidense, se identificó con los grandes disidentes de aquel sistema y se propuso levantar en Cuba una revolución que frenara las pretensiones expansionistas del poderoso vecino.

De lograrlas, como en gran parte ocurrió, ese vecino rompería crecientemente al servicio de sus intereses imperiales el equilibrio del mundo, y estaría en mejores condiciones no solo para agredir a otros países, a otros pueblos. También lo estaría —y así lo denunció Martí— para burlarse del suyo propio y usarlo como a una “mula mansa y bellaca”, manejable al servicio de las estratagemas políticas desplegadas por las fuerzas dominantes de la nación.

Con tal desequilibrio entre sus recursos más poderosos, los Estados Unidos han influido en el mundo, y mucho de lo que hoy circula y se impone en los medios de comunicación masiva lleva factura estadounidense, o le rinde tributo de sumisión a ese modelo. No creamos que semejante cosa ocurre únicamente lejos de nuestros lindes nacionales. Puede franquearlos de diversos modos, pues el imperialismo lo es precisamente porque se ha expandido no solo en política y en economía, sino también en modelos culturales. Así como, en siglos anteriores, al imperio romano lo sobrevivió el uso del latín como lingua franca, en la actualidad ese papel lo desempeña el inglés, y no precisamente como homenaje a pueblos “menores”, ni a creadores extraordinarios como William Shakespeare y Mark Twain.

Ello sucede como un logro del imperio que se expresa en esa lengua, y la impone, o se le acepta, como impone o se le acepta su moneda, el dólar, y como impone guerras homicidas en tantos “oscuros rincones del planeta”, incluso capitalizando el inmoral otorgamiento de un Premio Nobel de la Paz. Ni el nacionalismo revolucionario fortalecido en Cuba como respuesta a la agresividad imperial —expresada en acciones armadas y en un férreo bloqueo económico, comercial y financiero— ha impedido que, en medio de una Revolución antimperialista por definición y por necesidad vital, como la nuestra, hayan prosperado entre otras maravillas los photoservices y los snack bars, y el lenguaje monetario gire en torno al dólar. En nuestros aeropuertos y billetes aéreos, incluso para viajes domésticos, la capital del país se llama Havana, algo que nadie atribuirá a la grafía de ese topónimo en siglos pasados.

En nuestros medios de comunicación pululan el cine estadounidense, no precisamente el mejor, y productos audiovisuales marcados por lo que se promueve desde aquel país. Al imperio le convendría que, aunque un día se levantara completamente el bloqueo, Cuba se viera libre de pagar impuestos por el uso de sus mercaderías audiovisuales.  Las ganancias económicas que la potencia recibiría de ese pago no sería mayor que los beneficios ideológicos que le representa la circulación en Cuba de dichos productos. Percatarse de esa realidad, y señalarla claramente, no debe confundirse con desatar prohibiciones. Lo que se necesita es desarrollar un espíritu crítico iluminado y profundo, y desarrollar al máximo la creatividad propia.

  1. ¿Qué preocupaciones sobre la cultura cubana, a la luz del cambio en cuanto a las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, considera relevantes? ¿Cuál sería el peligro mayor?

De nuestra idiosincrasia parece hablar una frase que se atribuye a Máximo Gómez: o no llegamos o nos pasamos. En algunas mentes puede prosperar el olvido de lo que para nuestra patria, para nuestro pueblo, ha significado el imperio, y sigue significando. El propio presidente de los Estados Unidos se ha encargado de decir sin ambages que con respecto a Cuba esa potencia procurará lograr con la normalización de relaciones lo que no pudo conseguir a base de hostilidad y de imponerle un aislamiento que acabó actuando contra el imperio mismo.

Eso, repítase, lo dijo el presidente de los Estados Unidos, no el gobierno cubano. ¿Lo dijo para que sus partidarios se convenzan de lo conveniente del cambio de táctica? Eso no cambiaría el peso de realidad que hay en sus palabras, ni mermaría el hecho de que está dando voz a la política distintiva del imperio que él representa en la cima del poder político, un imperio que también acude a guerras cuando lo estima conveniente para sus intereses. No se habla con esto de una realidad pasada: sin hacer el juego a las fuerzas interesadas en fomentar el olvido de la historia, se habla de un presente que se perfila en marcha de permanencia hacia el futuro.

La cultura revolucionaria cubana es fuerte, y se ha fraguado en una larga y heroica resistencia. Pero no desconozcamos el efecto que el hostigamiento imperialista ha causado sobre gran parte de la población, un impacto que no sería menos peligroso porque “solamente” se manifestara en una especie de desmovilización política, de aceptación de símbolos de la nación donde el imperio tiene asentamiento central y estado mayor para sus operaciones. Quien conozca de veras nuestras calles sabrá que no es exagerado hablar de una Cuba inundada en gran parte por banderas de los Estados Unidos, que deben verse formando parte de la inundación de recursos y vías por donde se hace rendir culto el denominado American way of life.

Todo eso cabalga sobre los efectos del bloqueo, y sobre una dosis nada despreciable de pérdida de la memoria. Anécdotas hay muchas para calzar lo dicho, y aquí va una reciente. En un ómnibus, personas con la humildad material impresa en su apariencia, hasta en su manera de expresarse, vociferaban sobre lo bien que vivían antes de la Revolución, sobre la cantidad de comida que compraban para sus hogares, sobre el hartazgo constante en que vivían, porque con poco dinero se adquirían montones de cosas y, al parecer, el dinero no faltaba. Para quienes así hablaban, ¿habría analfabetos en Cuba cuando triunfó la Revolución, habría niños que morían por falta de atención médica elemental? Podrían hacerse más preguntas, pero esas dos tienen bastante peso.

Yo estaba lejos de aquellos entusiastas contertulios, pero me tocó descender del ómnibus, en la popular Esquina de Tejas, junto con un pasajero cuyo ostensible mestizaje permitía suponer la discriminación que había sufrido desde los primeros años de su vida, y en quien se apreciaba la impronta de un déficit de proteínas que debía venirle de la infancia. Por su edad, tal carencia debió fijársele por lo menos a lo largo de unos quince años antes de 1959. Y le pregunté: “Por favor, usted que ha vivido más que yo, y que recordará más cosas que las que yo recuerdo, ¿podría explicarme cómo es posible que en Cuba triunfara una Revolución proclamada en defensa de los pobres, si no había pobres?” El hombre pensó antes de responderme: “Sí, había pobres”, y tras una corta pausa añadió con mayor énfasis: “Pero no tanto como ahora”. Omito mi respuesta.

 ¿Qué papel juega el histórico antimperialismo de los cubanos en este proceso?

Es engañoso hacer generalizaciones metafísicas. Todo pueblo es heterogéneo, y lo componen fuerzas diversas. Es obvio que entre la vanguardia, la masa común y la retaguardia —para no hablar de otras parcelaciones posibles— existen diferencias relevantes. Pero Cuba ha sobrevivido como nación porque la vanguardia antimperialista de su pueblo tuvo el respaldo de una masa que, con mayor o menor grado de conciencia —de claridad teórica, digamos—, apoyó un pensamiento y una acción antimperialistas que se expresaron en la lucha librada para mantener la independencia y la soberanía de la patria. El parteaguas que representó el 1 de enero de 1959 no se habría afianzado sin un pueblo mayoritariamente identificado con la política de reivindicaciones nacionales que se plasmó en la nacionalización de grandes propiedades cubanas hasta entonces en poder de monopolios estadounidenses. Frente a cada una de esas expropiaciones revolucionarias se hizo célebre la respuesta del pueblo: “¡Se llamaba!”

Hoy vivimos en un mundo donde el anticomunismo que estaba en pie, dentro de Cuba, en 1959, ha dado paso a otras prédicas como la del antiterrorismo, que mal esconde la voluntad de satanizar todo cuanto huela a rebeldía de pueblos, a lucha por la defensa de los derechos nacionales, a rebelión de los oprimidos. Hay una guerra cultural tan fuerte como la más fría y como la más caliente. Dos ejemplos: las invasiones de Irak y de Libia por fuerzas de la OTAN, del imperio, pueden presentarse como actos democratizadores, mientras que el iraquí y el libio que se rebelen contra el opresor extranjero son tildados de criminales terroristas.

En el lenguaje del imperio, no terrorista puede equivaler a desmovilizado, tanto en política como en ideología, y en cultura. Lucha de león contra mono, y con el mono amarrado, o anestesiado. De ahí lo estimulante que resulta el replanteo geopolítico desatado en nuestra América, y que pudiera resumirse en realidades como el ALBA y la CELAC. Pero frente a ellas el imperio y sus servidores no cesan de actuar para revertirlas, como ostensiblemente se aprecia en operaciones contra la Venezuela bolivariana, el Ecuador de la Revolución Ciudadana y la Bolivia del Movimiento al Socialismo, para citar tres ejemplos contundentes.

En tal contexto se dan los pasos hacia la normalización de relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba. Si por razones protocolares y diplomáticas pudiera decirse que ambos países deben aprender a convivir civilizadamente, en el fondo ético de la visión de la realidad no debe haber dudas de a quién le toca suspender la agresividad y levantar el bloqueo. Hasta donde sabemos, Cuba no ha bloqueado a los Estados Unidos, ni ha lanzado una invasión armada contra esa potencia. Si se vio envuelta en la Crisis de Octubre, que desde otros lares llaman también de los Cohetes, o de los Misiles, fue por el acecho que le impuso el imperio.

 ¿El impacto cultural que conlleva el incremento de las relaciones entre ambos países debe dejarse a la espontaneidad? ¿Cuál debería ser el papel de las instituciones culturales cubanas en la conducción de ese proceso?

La primera de esas preguntas me sobrecoge. Quiero creer que a nadie se le ha ocurrido suponer que los Estados Unidos dejarán el asunto a la marcha espontánea de lo imprevisible. Para sus fines cuentan con grandes recursos mediáticos, poderío económico, fuerzas de penetración cultural, negocios de armamentos y guerras, equipos humanos y tecnológicos para investigaciones sociológicas, tanques pensantes bien pagados. Recordemos, una vez más, los pronunciamientos de su presidente con respecto a por qué a esa nación le conviene más cambiar de política hacia Cuba que mantener aquella con la cual durante más de medio siglo no ha conseguido sus propósitos.

Si no los ha conseguido se debe, en primer lugar, a la capacidad de resistencia de Cuba. Pero no perdamos de vista lo que en términos militares representa el ablandamiento artillero, y para qué se lleva a cabo. El bloqueo, abominables actos terroristas y acciones armadas —ante la invitación a olvidar la historia, ¿será necesario repetir aquello de Remember Girón?—, han constituido un ablandamiento artillero de más de cinco décadas. Claro que la abierta hostilidad suscita rechazo del agredido contra el agresor, hasta paranoia colectiva puede generar; pero hechos como el bloqueo tienen mediaciones más sutiles que las bombas.

Por otra parte, la justa insistencia cubana sobre los daños que el bloqueo le ha causado a este país, puede no solamente haber ocultado otras causas de nuestros problemas —dígase la burocracia, la ineficiencia y la corrupción internas—, sino que también pudiera suscitar la ilusión de que, una vez levantado el bloqueo, todos los problemas se resolverán milagrosamente. Habría, o hay ya, quienes vean como salvador de Cuba al mismo imperio que ha intentado asfixiarla. De hecho, esa visión agruparía en un mismo bando a ingenuos y a mercenarios.

La cultura de un pueblo es mucho más abarcadora que lo gremialmente llamado cultura. Pero aun ciñéndonos a las que formalmente clasifican como instituciones culturales, las cubanas deben fortalecer su trabajo, valga la redundancia, cultural, que también es una labor política en el sentido más profundo de la palabra, y requiere persuasión profunda, sabia, irreductible al facilismo de las prohibiciones y a la manipulación política torpe. Se requiere desarrollar un espíritu crítico activo y lúcido, de sólida base cultural, valga la insistencia. Que un artista cubano, en medio de un gran despliegue de exposiciones en Cuba, se permita poner las imágenes de los dos gobernantes, el de Cuba y el de los Estados Unidos, vinculados —repito: en Cuba— con esta frase en inglés, My new friend, pudiera por lo menos movilizar el pensamiento y suscitar que en la prensa apareciera un debate sobre el tema. El silencio puede ser un eficaz recurso crítico, pero no siempre vale dar la callada por respuesta, sobre todo cuando lo que se ha dicho tiene graves implicaciones.

Otro punto inquietante, y que mucho alegraría al imperio, sería que, en su sobrecogedora disciplina, y en nombre de la razón de Estado, la prensa cubana fuera impulsada a silenciar lo que deba decir o continuar diciendo sobre los Estados Unidos y sus gobernantes, aun en medio de la normalización de relaciones entre los dos países, y de relaciones diplomáticas ya normalizadas. Los medios de prensa cubanos que existen no pueden verse impedidos de dar cabida a lo que deba decirse de una potencia que sigue haciendo guerras en el mundo, y que sigue hostigando a países con los cuales tiene relaciones diplomáticas, como Rusia, y como la Venezuela bolivariana, para no ir más lejos.

Es de suponer y de desear que no ocurra; pero si los medios existentes se vieran impedidos de cumplir esa función, entonces el país tendría que apurarse en crear los requeridos para que, en manos y con mentes de riesgopropistas patriotas, den el espacio necesario para que la conciencia crítica se exprese con responsabilidad revolucionaria, sin cortapisas, sin el excesivo sentido de conveniencia y oportunidad que a veces ha menguado a nuestra prensa. Preciso, para mayor claridad: ha menguado a nuestra prensa, no solo ni fundamentalmente a periodistas llevados a seguir líneas informativas erráticas, contra cuya tenacidad han sido insuficientes los llamamientos y las resoluciones formales que la dirección revolucionaria del país ha adoptado para transformarlas. Sería muy bueno que estas preocupaciones se vieran anuladas por una realidad fértil, pero ni tantito así debemos andar desprevenidos en temas de tanta significación.

 El Consejo Nacional de la UNEAC aprobó la creación de un Grupo de trabajo que dará seguimiento a este tema. ¿Cuáles serán los objetivos y funciones del mismo?

El Grupo de trabajo creado por acuerdo del Consejo Nacional de la UNEAC no debe ser una polea suelta, un elemento aislado, un electrón saltarín. Y la UNEAC, por muy lúcida y combativa que siga siendo, no tiene en sus manos la mayor responsabilidad en este asunto, aunque la que tiene es enorme. El Grupo, y en general la UNEAC, sus integrantes revolucionarios y patriotas, deberán fomentar cuantas acciones se necesiten para estimular que el conjunto de nuestras instituciones culturales —que, por cierto, no todas, ni siquiera las más influyentes, están adscritas al Ministerio de Cultura ni son controlables por la UNEAC— cumplan su labor persuasiva en el cuidado de nuestros valores, de nuestras tradiciones, de nuestra alma nacional. No se habla de algo que podamos permitirnos confundir con expresiones de aldeanismo tonto; pero tampoco abandonarse ante los sueños de una globalización que mucho conviene al imperio, y que no es un camino para la solidaridad, sino para el sometimiento.

 ¿Desea agregar algo más sobre el tema?

El tema es tan abarcador, tan vital, que lo ya dicho en estos apuntes resulta poco, poquísimo. Mucho más sería lo que habría que añadir. Nada es banal en algo tan importante. Lo que pudiera estar en juego, es decir, en serio peligro, sería la supervivencia de una nación que existe porque se resistió a ser asimilada, tragada, por el mismo imperio que hoy le ofrece un tratamiento formal diferente. ¿Un mazo de zanahorias, como se ha dicho? Cuba no debe pretender para sí un aislamiento contrario a sus intereses y a su misma historia como nación que se formó en una rica, cuando no intrincada y compleja, relación con el mundo. Pero tampoco puede permitirse desconocer los desafíos que la asedian.

Es un deber de nuestro país —del pueblo, de su gobierno, de sus organizaciones e instituciones en general— buscar las ventajas que para bienestar del pueblo puedan venirle de relaciones diplomáticas normales, como con todo el mundo, con los Estados Unidos. Además, esas relaciones no serán plenamente normales mientras exista el bloqueo impuesto a Cuba por la potencia imperialista, y esta siga usurpando un pedazo del territorio del país bloqueado. Nuestro deber cardinal será no despreocuparnos ante el poderío de un vecino contra cuyas voraces pretensiones  imperiales —surgidas al calor mismo de su fragua como nación—, se forjó el pensamiento emancipador de nuestra vanguardia patriótica y revolucionaria, con José Martí en su centro irradiante. No sería por casualidad que el espionaje de aquella nación lo siguió.

Por menudo que parezca, no hay detalle que Cuba pueda permitirse descuidar en sus relaciones con el imperio, unas relaciones que se anuncian ya en marcha, tal vez irreversibles, pero no sin obstáculos, puesto que los intereses en pugna dentro de los propios Estados Unidos son enormes. También se sabe que, llegado el momento, esos intereses se subordinan a la táctica escogida para la conservación de su poderío imperial, y de la hegemonía que intenta mantener en el mundo, aunque haya que arrebatar el triunfo electoral a un candidato demócrata y poner en la Casa Blanca a un republicano, o promover la sustitución de un republicano por un demócrata. ¿No estuvo esa táctica en la base del We can! que en 2008, más que gastada ya la pésima imagen de su predecesor, le abrió al actual presidente las puertas de la residencia imperial?

Los rejuegos pueden ser muy variados, y después de todo, hasta etimológicamente —no digamos ya en la estructura de fuerzas de aquella potencia— entre demócrata y republicano hay más coincidencias que diferencias, ya sea que se trate de representar dignamente esos conceptos, o de usarlos en acto de engañosa demagogia. En cualquier caso, ya las relaciones diplomáticas entre los dos países parecen una realidad, y para ello se anuncia el próximo 20 de julio. Creo que, con razón, algunos temieron que se escogiera el 4 de este mes, efeméride en la cual los Estados Unidos celebran como nación el gran logro que disfruta para sí y ha dificultado, cuando no impedido, a otros pueblos: la independencia política.

Por razones tan contrastantes como obvias, es de suponer que —salvo que lo hiciera con el fin de cambiarle radicalmente el significado de la fecha— su gobierno no habría consentido en que para hito bautismal del reinicio de sus relaciones diplomáticas con Cuba se fijara el 26 del mismo mes, si alguien hubiera tenido la iniciativa de proponérsela. En nuestro interior, podemos ver con buenos ojos, con la voluntad de convertirlo en buen augurio, no con revanchismo, que el 20 esté más cerca del 26 que del 4. La consecuencia, mayoritaria, del pueblo cubano con la etapa de marcha revolucionaria iniciada el 26 de julio de 1953, es lo que ha hecho al gobierno de los Estados Unidos intentar un cambio de táctica con respecto a Cuba.

Sigue siendo mucho lo que resta por decir, pero los textos hay que terminarlos, o interrumpirlos, y no todo cabe en ellos. Tampoco vale la pena tratar de responder de antemano al avispero neoliberal que salta contra todo lo que huela a vigilia revolucionaria. Pudiera haber tal vez, además, un avispero de ¿incautos? para quienes resulte de mal gusto advertir peligros, y crean que solamente queda abierta la opción festiva, o festinada, de aceptar cuanto el imperio proponga, y de considerar que opinar lo contrario equivale a no querer que nada cambie. Un cambio por sí mismo puede no ser garantía de nada bueno. Muchos afanes socialistas parecen haber cambiado en el mundo para dar paso a la aceptación del capitalismo con toda su actualidad y todas sus reglas, como si estas fueran espontáneas, fatales, ineludibles. Menos mal que a lo largo de la historia ha habido también quienes no se han sometido a las resignaciones.

Luis Toledo Sande

Publicado en Cubarte. El Portal de la Cultura Cubana:

http://www.cubarte.cult.cu/es/letraconfilo/cuba-y-los-estados-unidos-normalidad-posible/28139

Cuba y EE UU abrirán embajadas en La Habana y Washington el 20 de julio. Compendio de informaciones sobre el anuncio oficial hoy del restablecimiento de relaciones entre la Isla y el coloso del norte

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Declaración del Gobierno Revolucionario

Restablecidos los vínculos diplomáticos con Estados Unidos, será imprescindible el levantamiento del bloqueo, entre otros aspectos, para la normalización de las relaciones

El 1 de julio de 2015, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz y el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama intercambiaron cartas mediante las cuales confirmaron la decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre los dos países y abrir misiones diplomáticas permanentes en las respectivas capitales, a partir del 20 de julio de 2015.

Ese mismo día, se realizará la ceremonia oficial de apertura de la Embajada de Cuba en Washington, en presencia de una delegación cubana presidida por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla e integrada por destacados representantes de la sociedad cubana.

Al formalizar este paso, Cuba y los Estados Unidos ratificaron la intención de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos, basadas en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, en particular, las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares.

El Gobierno de Cuba ha tomado la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos en pleno ejercicio de su soberanía, invariablemente comprometido con sus ideales de independencia y justicia social, y de solidaridad con las causas justas del mundo, y en reafirmación de cada uno de los principios por los que nuestro pueblo ha derramado su sangre y corrido todos los riesgos, encabezado por el Líder histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz.

Con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas, concluye la primera etapa de lo que será un largo y complejo proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales, como parte del cual habrá que solucionar un grupo de asuntos derivados de políticas del pasado, aún vigentes, que afectan al pueblo y a la nación cubana.

No podrá haber relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos mientras se mantenga el bloqueo económico, comercial y financiero que se aplica con todo rigor, provoca daños y carencias al pueblo cubano, es el obstáculo principal al desarrollo de nuestra economía, constituye una violación del Derecho Internacional y afecta los intereses de todos los países, incluyendo los de los Estados Unidos.

Para alcanzar la normalización será indispensable también que se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, cesen las transmisiones radiales y televisivas hacia Cuba que son violatorias de las normas internacionales y lesivas a nuestra soberanía, se eliminen los programas dirigidos a promover la subversión y la desestabilización internas, y se compense al pueblo cubano por los daños humanos y económicos provocados por las políticas de los Estados Unidos.

 Al recordar los temas pendientes de solución entre los dos países, el gobierno cubano reconoce las decisiones adoptadas hasta el momento por el presidente Obama, de excluir a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional, de instar al Congreso de su país a levantar el bloqueo y de comenzar a adoptar medidas para modificar la aplicación de aspectos de esta política en uso de sus prerrogativas ejecutivas.

Como parte del proceso hacia la normalización de las relaciones, a su vez, habrá que construir las bases de unos vínculos que no han existido entre nuestros países en toda su historia, en particular, desde la intervención militar de los Estados Unidos, hace 117 años, en la guerra de independencia que Cuba libró por cerca de tres décadas contra el colonialismo español.

Estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma; y la igualdad soberana y la reciprocidad, que constituyen principios irrenunciables del Derecho Internacional.

El Gobierno de Cuba reitera la disposición a mantener un diálogo respetuoso con el Gobierno de los Estados Unidos y a desarrollar relaciones de convivencia civilizada, basadas en el respeto a las diferencias entre ambos gobiernos y en la cooperación en temas de beneficio mutuo.

Cuba continuará enfrascada en el proceso de actualización de su modelo económico y social, para construir un socialismo próspero y sostenible, avanzar en el desarrollo del país y consolidar los logros de la Revolución.

La Habana, 1 de julio de 2015

Texto de la carta del Presidente cubano Raúl Castro Ruz al Presidente de los EE.UU.

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, destaca en la misiva que Cuba asume la apertura de las misiones diplomática, animada por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación

Autor: Raúl Castro Ruz | internet@granma.cu

1 de julio de 2015 11:07:10

Carta del Presidente cubano Raúl Castro Ruz al Presidente de los Estados Unidos 

La Habana, 1ro de julio de 2015

Excmo. Sr. Barack H. Obama

Presidente de los Estados Unidos de América 

Señor Presidente: 

En consonancia con los anuncios del 17 de diciembre de 2014 y las conversaciones de alto nivel entre nuestros gobiernos, me complace dirigirme a Usted para confirmar que la República de Cuba ha decidido restablecer relaciones diplomáticas con los Estados Unidos de América y abrir misiones diplomáticas permanentes en nuestros respectivos países, el 20 de julio de 2015. 

La parte cubana asume esta decisión, animada por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación entre nuestros pueblos y gobiernos. 

Cuba se inspira asimismo en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, a saber, la igualdad soberana, el arreglo de las controversias por medios pacíficos, abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, la no intervención en los asuntos que son de la jurisdicción interna de los Estados, el fomento de relaciones de amistad entre las naciones basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y la cooperación en la solución de problemas internacionales y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos. 

Lo anteriormente expresado está en conformidad con el espíritu y las normas establecidas en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas del 18 de abril de 1961 y en la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares del 24 de abril de 1963, de las cuales tanto la República de Cuba como los Estados Unidos de América son Estados Parte, y regirán las relaciones diplomáticas y consulares entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América. 

Hago propicia la oportunidad para expresarle, señor Presidente, el testimonio de nuestra consideración.

                                      Raúl Castro Ruz

Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington entrega carta del Presidente de Cuba al Presidente de los EE.UU. (+Fotos)

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La carta fue entregada en la mañana de hoy por José Ramón Cabañas Rodríguez, jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington

Autor: Cubaminrex | internet@granma.cu

1 de julio de 2015 09:07:15

El jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, José Ramón Cabañas Rodríguezfue recibidoen la mañana de hoy en el Departamento de Estado por el secretario de Estado interino AnthonyBlinken, a quien hizo entrega de una carta del General de Ejército Raúl Castro Ruzpresidente de losConsejos de Estado y de Ministros, al presidente Barack Obama, en la cual confirma la decisión de laRepública de Cuba de restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos de América y abrirembajadas en ambas capitales, a partir del 20 de julio de 2015 (Cubaminrex).

Obama: no tenemos que ser prisioneros del pasado con Cuba

En su declaración Obama insistió en que la política de intentar aislar a Cuba a través del bloqueo no funcionó y Estados Unidos quedó aislado del resto de los países del hemisferio

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Jeffrey DeLaurentis, jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana entregó carta de Obama al presidente cubano Raúl Castro a Marcelino Medina González, ministro interino de Relaciones Exteriores de Cuba. Foto:Juvenal Balán

Autor: Sergio Alejandro Gómez | internet@granma.cu

1 de julio de 2015 11:07:10

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dijo hoy que el acuerdo alcanzado para restablecer relaciones diplomáticas y abrir embajadas en La Habana y Washington le permitirá a su país abrir un nuevo capítulo con los vecinos de América Latina.

Obama insistió en que la política de intentar aislar a Cuba a través del embargo (bloqueo) no funcionó y Estados Unidos quedó aislado del resto de los países del hemisferio.

Añadió que nadie esperaba en 1961, cuando se cortaron los lazos diplomáticos, que tomara más de medio siglo restablecerlos, dado la cercanía entre los dos países y los profundos lazos culturales y familiares que los unen.

El mandatario reconoció las diferencias que persisten entre los dos gobiernos, pero afirmó que los avances alcanzados demuestran que “no tenemos que ser prisioneros del pasado”.

Los diplomáticos que han trabajado desde enero pasado en distintas rondas de conversaciones para pulir los detalles de este acuerdo hicieron un trabajo duro, reconoció Obama, quien confirmó que el Secretario de Estado, John Kerry, viajará a La Habana para izar la bandera estadounidense en el mismo edificio que a mediados del siglo pasado funcionó como su embajada y que desde finales de la década del 70 funge como Sección de Intereses.

El presidente norteamericano dijo que la apertura de la sede diplomática no es un hecho simbólico, sino que permitirá a los estadounidenses más contactos con los cubanos y mayor cantidad de funcionarios.

Asimismo, refirió que posibilitará avanzar en temas de interés común como la lucha contra el terrorismo y las políticas de desarrollo.

Obama dijo estar convencido de que la mejor manera de defender los intereses norteamericanos es a través del involucramiento directo con el pueblo cubano y defendió las medidas tomadas hasta el momento que eliminan algunas restricciones a los viajes y el intercambio comercial con Cuba.

“Hemos visto un enorme entusiasmo” desde el 17 de diciembre del año pasado, cuando se hicieron los históricos anuncios del cambio de política, dijo.

Precisó que muchos estadounidenses están interesados en viajar a la isla, empresarios en invertir y universidades en ampliar los intercambios.

Asimismo, añadió, varios líderes han expresado apoyo al cambio de política de la Casa Blanca y las encuestas de opinión demuestran un gran respaldo popular.

En el caso de Cuba hay que elegir “entre el pasado y el futuro”, dijo Obama tras llamar al Congreso a que levante el embargo (bloqueo) contra nuestro país.

Destacó que ha visto un trabajo bipartidista para avanzar en el legislativo para eliminar esa política que solo “hace la vida peor para el pueblo cubano”.

Sin embargo, dijo que todavía hay personas que quieren regresar el reloj atrás y volver a la política fracasada del pasado.

El presidente concluyó su discurso con una cita de Dwight Eisenhower, el presidente estadounidense que rompió las relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961, respecto a que en algún momento cercano estas deberían ser restablecidas.

“Nos tomó un tiempo (restablecer los lazos) paro creo que el momento ha llegado y nos espera un mejor futuro”, aseguró Obama.

Confirman restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos

Se abrirán misiones diplomáticas permanentes La Habana y Washington, respectivamente, a partir del 20 de julio de 2015

Autor: Redacción Nacional | internet@granma.cu

1 de julio de 2015 09:07:35

Jeffrey DeLaurentis, jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana entregó carta de Obama al presidente cubano Raúl Castro a Marcelino Medina González, ministro interino de Relaciones Exteriores de Cuba. Foto:Juvenal Balán

El ministro interino de Relaciones Exteriores de Cuba, Marcelino Medina González, recibió en horas de la mañana en la Cancillería al Jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, Sr. Jeffrey DeLaurentis, quien entregó una carta del presidente Barack Obama dirigida al General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estados y de Ministros, en la que confirma la decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre los dos países y abrir misiones diplomáticas permanentes en las respectivas capitales a partir del 20 de julio de 2015, según un comunicado publicado en el sitio web oficial del Minrex.

De acuerdo con la misma fuente, el jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, Ramón Cabañas Rodríguez fue recibido en la mañana de hoy en el Departamento de Estado de Washington por el secretario de Estado interino Anthony Blinken, a quien hizo entrega de una carta de Raúl a Obama, en la cual confirma la decisión de la República de Cuba de restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

La prensa estadounidense reporta que el presidente Obama hablará en la mañana de hoy respecto al cambio de política hacia Cuba.

Los diplomáticos cubanos y estadounidenses estuvieron trabajando desde enero pasado para cumplir el acuerdo anunciado por los respectivos presidentes el 17 de diciembre del año pasado respecto a restablecer los lazos diplomáticos rotos en enero de 1961.

Se llevaron a cabo tres rondas de conversaciones en las respectivas capitales, entre otros encuentros para tratar temas específicos.

Según han expresado las autoridades de los dos países, contar con misiones diplomáticas plenas en La Habana y Washington es solo un paso en un proceso mucho más largo y complejo: la normalización de relaciones

Ministro de Relaciones Exteriores interino recibió carta de Presidente de los EE.UU. dirigida al presidente de Cuba (+Video)

Fue entregada en la sede de la Cancillería por Jeffrey DeLaurentis, jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana

Autor: Cubaminrex | internet@granma.cu

1 de julio de 2015 09:07:47

El ministro interino de Relaciones ExterioresMarcelinoMedina Gonzálezrecibió en horas de la mañana dehoy en la sede de la Cancillería al jefe de la Sección deIntereses de los Estados Unidos en La Habana, Sr. Jeffrey DeLaurentisquien le entregó una carta delpresidente Barack Obama dirigida al General deEjército Raúl Castro Ruzpresidente de los Consejos deEstado y de Ministros, en la que confirma la decisiónde restablecer las relaciones diplomáticas entre los dos países y abrir misiones diplomáticas permanentesen las respectivas capitales, a partir del 20 de julio de 2015 (Cubaminrex).

 Kerry: este es el comienzo de un nuevo capítulo entre EE.UU. y Cuba

Este momento histórico ocurre gracias a la decisión tomada por el presidente Barack Obamade cambiar una política hacia Cuba que no funcionó y que fue establecida durante muchos años

El secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, aseguró hoy en Viena que se abre un nuevo capítulo en las relaciones de su país con Cuba a partir del acuerdo alcanzado para restablecer relaciones diplomáticas y abrir embajadas en La Habana y Washington.

Kerry, quien se encuentra en la capital austriaca para asistir a las negociaciones del acuerdo nuclear con Irán, dijo que esta transición, este momento histórico, ocurre gracias a la decisión tomada por el presidente Barack Obamade cambiar una política hacia Cuba que no funcionó y que fue establecida durante muchos años.

El jefe de la diplomacia norteamericana agregó que este cambio es producto de la capacidad de liderazgo de Obama y reconoció que el presidente de Cuba, Raúl Castro, actuó de manera similar.

“Ambos líderes acordaron que debían concentrarse en los asuntos y posibilidades de cara al futuro y eso es mucho más productivo que permanecer presos del pasado”, subrayó Kerry.

Si miramos al mundo hoy, con los conflictos de los que estamos siendo testigos, es importante que laspersonas entiendan que las cosas pueden cambiar, este nuevo tipo de liderazgo puede ser efectivo y marcar una diferencia, argumentó.

Destacó la bienvenida que ha dado la comunidad internacional a este importante paso que “hemos buscado durante mucho tiempo”.

“Francamente creemos que esta apertura ayudará a cambiar las relaciones en la región por completo. Estas acciones harán progresar las visiones del presidente Obama hacia América Latina”.

Kerry agradeció ala secretaria asistente de Estado para los Asuntos del Hemisferio Occidental,Roberta Jacobson,y su equipo negociador, así como al personal de la Casa Blanca, quienes trabajaron para llevar a cabo estas discusiones con las contrapartes cubanas para poder restablecer las relaciones diplomáticas y reapertura de embajadas.

Agradeciótambién al gobierno de Suiza por “el rol esencial que ha jugado como poder protector de los EE.UU. en Cuba por más de 50 años”.

Finalmente declaró que espera reunirsenuevamente con su contraparte cubana, especialmente con el canciller Bruno Rodríguez.

“Espero asistir a la apertura de la embajada de EE.UU. en La Habana y conocer a nuestro personal allí, así como al pueblo cubano en el inicio de esta nueva era de relaciones”, concluyó.

El mundo destaca restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU.

Los diarios estadounidenses The New York Times y The Washington Post, así como la televisora CNN, entre otros medios del país norteamericano, indican además que el secretario de Estado, John Kerry, visitará la isla muy pronto

Autor: Redacción Internacional | internacionales@granma.cu

1 de julio de 2015 12:07:17

LA HABANA.—El restablecimiento formal de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos ya tiene repercusión a nivel internacional.

Medios de todo el mundo destacan el anuncio de apertura de embajadas en ambas capitales a partir del 20 de julio de este año.

Los diarios estadounidenses The New York Times y The Washington Post, así como la televisora CNN, entre otros medios del país norteamericano, indican que el secretario de Estado, John Kerry, visitará la isla muy pronto.

Según el diario digital The Hill, la medida es un paso importante en los esfuerzos de ambos países para poner fin a años de tensiones que se tradujeron en un bloqueo económico, comercial y financiero contra el pueblo cubano.

La prensa también se hizo eco del llamamiento del presidente Barack Obama al Congreso por el levantamiento del bloqueo.

“La política de aislamiento no funcionó en los últimos 50 años (…) Llamo al Congreso para que escuche al pueblo cubano y al estadounidense”, expresó el mandatario.

“No se puede secuestrar el futuro de Cuba por las decisiones del pasado”, agregó el jefe de Estado, quien el 17 de diciembre último había anunciado, junto a su par cubano, Raúl Castro, la decisión de restablecer relaciones diplomáticas. “Sobre todo queremos acercarnos a los vecinos del sur. Queremos incrementar los canales de comunicación”. “Antes éramos vecinos, ahora podemos ser amigos”, manifestó el dignatario en su alocución, que sigue a varias rondas de negociaciones celebradas entre representantes de los dos países.

CHINA: APLAUDE RESTABLECIMIENTO DE RELACIONES Y EXIGE A WASHINGTON EL FIN DEL BLOQUEO

El Gobierno de la República Popular China aplaudió este martes el anuncio sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba, con la apertura de embajadas, aunque insistió en que Washington tiene que levantar rápidamente el bloqueo y las sanciones contra La Habana.

El Gobierno chino “aplaude y apoya la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”, señaló una portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Hua Chunying, en rueda de prensa en Beijing, en la que estuvo presente EFE.

“Creemos que la restauración de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos sirve a los intereses de los dos países y los dos pueblos”, añadió.

Sin embargo, la portavoz oficial china recalcó la postura de Beijing de que Washington está obligado a levantar rápidamente el bloqueo y todas las sanciones contra Cuba, a fin de desarrollar “unas relaciones normales basadas en el respeto, el beneficio y la igualdad mutuos”.

UNIÓN EUROPEA: RESTABLECIMIENTO DE RELACIONES ES UNA BUENA NOTICIA

La alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la unión Europea, Federica Mogherini, también comentó en su cuenta de Twitter @FedericaMog: “A veces necesitamos buenas noticias: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es una de ellas!. Espero que este paso traiga reformas y el fin del embargo (bloqueo)”.

BARSIL: REAPERTURA DE EMBAJADAS, PASO IMPORTANTE HACIA LA NORMALIZACIÓN

El Gobierno brasileño manifestó su “satisfacción” por los anuncios hechos por los presidentes de Cuba, Raúl Castro, y Estados Unidos, Barack Obama, sobre la reapertura de las embajadas en ambos países.

“Se trata de un paso importante en el proceso de normalización de las relaciones entre los dos países, con los cuales Brasil mantiene tradicionales y profundos vínculos de amistad y cooperación”, dice un comunicado divulgado por la Cancillería brasileña.

La nota agrega que “el Gobierno brasileño saluda a Estados Unidos y Cuba por su opción por el diálogo y por esta histórica decisión, que representan la superación de una animosidad anacrónica y traen efectos potencialmente positivos para todo el continente americano”, cita EFE.

ONU: ESPERA QUE ESTE HISTÓRICO PASO BENEFICIE A LOS PUEBLOS DE AMBOS PAÍSES

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, también celebró el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los países vecinos.

Mediante un comunicado divulgado este miércoles, Ban da la bienvenida al anuncio sobre la reapertura de embajadas en Washington y en La Habana el próximo 20 de julio.

El restablecimiento de los lazos diplomáticos es un importante paso adelante hacia la normalización de relaciones, expresó.

Asimismo, manifestó que en concordancia con los principios de la Carta de las Naciones Unidas, el organismo internacional apoya los esfuerzos para promover las relaciones armoniosas y de buena vecindad entre ambos estados.
El secretario general espera que este histórico paso beneficie a los pueblos de ambos países, concluye.

VENEZUELA: CUBA Y EE.UU. EN LOS MEDIOS

Varios medios de prensa de Venezuela resaltaron la decisión de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de restablecer relaciones diplomáticas y abrir misiones permanentes en cada país.

Venezolana de Televisión y las versiones digitales de los diarios Correo del Orinoco y Últimas Noticias, se refirieron a la carta del presidente cubano Raúl Castro que adelanta la apertura de las legaciones a partir del 20 de julio del 2015.

También Radio Nacional de Venezuela y YVKE Radio Mundial se hacen eco del comunicado de La Habana en el que se señala que la decisión es animada por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación.

Globovisión y el canal privado Televen presentaron fragmentos de la misiva del dirigente caribeño, en la cual señala que Cuba se inspira asimismo en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, a saber, la igualdad soberana, el arreglo de las controversias por medios pacíficos.

Otros espacios de comunicación como el portal Hoyvenezuela.info destacan una declaración del gobierno cubano que recalca que no podrá haber relaciones normales entre ambas naciones mientras se mantenga el bloqueo económico, comercial y financiero que se aplica con todo rigor, provoca daños y carencias a la Isla.

Los informativos destacan además el llamado del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al Congreso norteamericano a levantar el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba desde hace más de 50 años, pues reconoció que esa política resultó fallida.

(Noticia en construcción)

Obama podría haber hecho algo más en la relación con Cuba

 

atilio_bornPor Atilio A. Boron

Pasaron poco más de seis meses desde el histórico anuncio realizado conjuntamente por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el 17 de diciembre pasado. Dado que no es Cuba quien acosa a Estados Unidos sino Washington quien bloquea a la isla caribeña, parece oportuno indagar sobre lo ocurrido con esa política, que viene siendo repudiada por la comunidad internacional con cada vez mayor fuerza. Al hacerlo, no deja de sorprender que en lo tocante al bloqueo la situación permanece sin mayores cambios. Ha habido varias rondas de conversaciones tendientes a normalizar las relaciones cubano-norteamericanas, pero, hasta ahora, los gestos y las decisiones concretas que tiene que tomar la Casa Blanca han sido escasos y de poca monta. Peor aún, el día previo al del anuncio el Departamento del Tesoro sancionó al Commerzbank de Alemania con una multa cercana a los mil millones de dólares por realizar operaciones financieras con Cuba. La decisión de eliminar a ese país de la lista de países patrocinadores del terrorismo –lugar en el que había sido absurdamente incluido desde los años de Ronald Reagan, en 1982– puede facilitar el relanzamiento de las relaciones económicas pero, hasta ahora, es muy poco lo que se ha hecho.

Del lado norteamericano se dice que el Congreso no acompaña las políticas de la Casa Blanca y que obstaculiza el avance del proceso de normalización. Sin embargo, un equipo de abogados estadounidenses ha demostrado que existe un amplio campo de atribuciones en manos del Ejecutivo y que si Obama quisiera podría impulsar algunas decisiones que reducirían significativamente los perniciosos efectos del bloqueo. A título meramente ilustrativo, argumentan que podría autorizar el establecimiento de conexiones aéreas regulares servidas por transportadores de Estados Unidos y Cuba o que los visitantes norteamericanos a la isla pudieran traer de regreso, para uso personal o como regalos, toda clase de bienes producidos sin limitaciones discriminatorias (en relación con lo permitido para otros países) según el tipo de artículos (ron, tabaco, etcétera) o el valor de los mismos; posibilitar el establecimiento de relaciones de corresponsalía entre instituciones bancarias de ambos países; eliminar o atenuar, para ciertos productos estadounidenses, la necesidad de que Cuba pague sus compras “en efectivo y por anticipado”; autorizar el uso de dólares norteamericanos en las transacciones comerciales que realicen las empresas cubanas y facilitar las operaciones de “clearing” a través del sistema bancario estadounidense; suprimir la política de “veto a Cuba” en las instituciones financieras internacionales a la hora de aprobar créditos o donaciones a la isla; abolir la prohibición que impide a barcos que hayan transportado cargas desde o hacia Cuba amarrar en puertos de los Estados Unidos antes de 180 días después de abandonar un puerto cubano, así como autorizar a navíos que transporten bienes o pasajeros hacia o desde Cuba ingresar a puertos de los Estados Unidos; otorgar una licencia general que permita el flujo sin límites y frecuencias de remesas destinadas a individuos u organizaciones no gubernamentales radicadas en Cuba, incluyendo pequeñas granjas; facilitar la exportación de equipos informáticos y software de origen estadounidense a Cuba, así como materiales dedicados al desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones; autorizar a ciudadanos de Estados Unidos a recibir tratamientos médicos en Cuba, la exportación de medicinas, insumos y equipos para la atención de pacientes cubanos o para facilitar la producción biotecnológica de la isla y permitir el ingreso a Estados Unidos de medicamentos cubanos para su venta en ese país. Este listado, que podría extenderse con muchas otras medidas, es suficientemente ilustrativo de que es posible aminorar el criminal impacto del bloqueo si hubiera la voluntad política de sentar sobre nuevas bases las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. La gran pregunta es: ¿por qué no lo hace?

Podría conjeturarse que la pasividad de Obama es una estrategia para debilitar a Cuba y negociar desde una posición de fuerza la normalización de las relaciones diplomáticas o para apaciguar a sus críticos de derecha, tanto dentro de su propio partido como entre los republicanos; o que la maquinaria burocrática del Estado impone ritmos y erige limitaciones a lo que el ocupante de la Casa Blanca quiera hacer, como lo demuestra su incapacidad para cerrar la cárcel de Guantánamo a pesar de sus promesas de campaña; o una combinación de todo lo anterior. Pero lo cierto es que, cualesquiera que fueren las razones por las que Obama no hace uso de sus atribuciones, el bloqueo sigue su curso ocasionando graves daños a la economía cubana y provocando crueles sufrimientos a su población. Tal vez en el fondo de esta política se encuentre la ilusión de que la permanencia del bloqueo y la irritación que éste produce precipitarán un estallido de protesta popular que ponga fin a la Revolución Cubana. Hace más de medio siglo que Washington adhirió a esa estúpida creencia, refutada por la historia, pero sabemos que una de las cosas que distinguen al imperio es su enfermiza obcecación por apoderarse de Cuba, una ambición hecha pública en los albores de la república norteamericana por John Adams, el segundo presidente de ese país, cuando en junio de 1783 declaró la necesidad de anexar la isla caribeña a los Estados Unidos. Dado que Obama aclaró que la normalización de relaciones bilaterales no significa que su país abandone la idea de producir un “cambio de régimen” en Cuba para, según él, facilitar el advenimiento de la democracia y la libertad en la isla –preguntemos: ¿como en Libia, Irak, Siria, Honduras?–, no sería de extrañar que su actitud fuera expresión de aquella prepotente necesidad sentida por Adams hace ya más de dos siglos y que el actual ocupante de la Casa Blanca no se atreve a desechar pese a su inmoralidad y a su insalvable anacronismo. A seis meses del anuncio del 17 de diciembre pasado, Obama podría haber hecho algo más. Aunque nomás sea por respeto a sus propias palabras.

CUBA-EU: Y AHORA QUÉ

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Por Ángel Guerra Cabrera

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Tomado de La Jornada, de México

La pregunta es muy legítima pues después de dos años de diálogos (secretos hasta el 17 de diciembre y públicos a partir de ese momento), han ocurrido evoluciones muy favorables si las comparamos con la situación de hostilidad mutua que tiñó las relaciones entre los dos países desde enero de 1959 y hasta la fecha antes mencionada.

Solamente durante las dos semanas anteriores ocurrieron dos acontecimientos muy importantes: la sección de intereses y futura embajada de Cuba en Washington pudo abrir una cuenta bancaria al recibir la entidad operadora una licencia del Departamento del Tesoro; más trascendente aún: Cuba fue excluida de la lista de países patrocinadores del terrorismo, que aparte de no haber justificación válida para que un país se arrogue el derecho de elaborarla unilateralmente, en todo caso, no existió nunca razón moral ni legal para incluir a La Habana.

Ahora bien, la práctica totalidad de las disposiciones de castigo económico a los integrantes de la lista de patrocinadores del terrorismo, están también contenidas en la urdimbre de leyes que forman el bloqueo económico, comercial, financiero y mediático contra la isla, a lo que hay que añadir las leyes que proporcionan apoyo económico a la esmirriada y desprestigiada, pero codiciosa, contrarrevolución interna y externa.

De modo que la exclusión de Cuba de esa lista, aunque indudablemente constituye una prueba de buena voluntad de Washington, debe valorarse principalmente en su dimensión moral. Más allá de esto no debería descartarse tampoco cierto impacto sicológico positivo que puede tener en algunas entidades como las agencias de viajes y líneas aéreas y marítimas que aunque deseosas de establecer vínculos con la isla se han abstenido de hacerlo por simple temor a las draconianas multas impuestas por Estados Unidos a bancos y entidades que mantienen vínculos económicos con la isla.

Este aspecto sicológico es tan importante que el solo hecho de haberse anunciado el proceso de restablecimiento de relaciones y los discretos pasos que lo han acompañado ha aumentado de manera notable el flujo de visitantes a Cuba en lo que va de año en 36, 26, 25, 22 y 16 por ciento, procedentes de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y España, respectivamente.

Muy significativo, la nueva medida propiciaría al presidente Obama, si tiene la voluntad política para hacerlo, el uso de su autoridad ejecutiva, para notificar al Congreso que está en elinterés nacional dejar en suspenso el bloqueo en cuanto a la prohibición a tratar con Cuba a los organismos internacionales de crédito que ese país aún controla: BM, FMI y BID. En realidad, si es cierto que sólo el Congreso puede derogar el bloqueo, no es menos cierto que el Ejecutivo dispone de la prerrogativa de convertirlo en un simple cascarón usando su pluma.

Se han producido también en los últimos cuatro meses acontecimientos de excepcional importancia simbólica y no tan simbólica. Entre ellos, la al parecer auspiciosa visita de una delegación oficial estadunidense que informó sobre las nuevas medidas para aliviar el bloqueo en ese campo y fue informada por sus contrapartes de las prohibiciones aún en vigor que impiden la normalización de las relaciones en la materia.

De la misma manera el restablecimiento de la línea de ferrys entre Florida y La Habana suspendido hace décadas, la licencia a un hospital neoyorkino para realizar un protocolo clínico a la eficaz vacuna terapéutica cubana contra el cáncer de pulmón, la visita a La Habana y ovacionados conciertos de la Orquesta Sinfónica de Minnesotta, la participación de botes estadunidenses en el torneo de pesca Ernest Hemingway, donde no participaban hace mucho tiempo, y el tope futbolístico amistoso entre el Cosmos de Nueva York y la selección nacional de Cuba.

Como puede observarse, se avanza a paso lento pero seguro en un proceso que el presidente Raúl Castro calificó de largo y complejo, pues no se ha resuelto ni existe idea de cuándo se resolverá lo esencial: el levantamiento del bloqueo. Aún sin entrar en añejos reclamos de Cuba como la devolución de la base de Guantánamo, ahora mismo es muy importante con vistas a la reapertura de embajadas, el acuerdo a que deben llegar las partes sobre la aplicación de la Convención de Viena a sus respectivas sedes y diplomáticos en cada país. Como es conocido Estados Unidos no se caracteriza por ser muy respetuoso de las normas ni Cuba por permitir que se violen.

CUBA-ESTADOS UNIDOS DESPUÉS DEL 17D

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Por Elier Ramírez Cañedo

Tomado de Dialogar, Dialohar

Luego del anuncio del 17 de diciembre, han ocurrido numerosos y relevantes acontecimientos que han contribuido al mejoramiento de las relaciones entre ambos países, en especial las visitas a Cuba de congresistas, gobernadores, delegaciones comerciales norteamericanas, así como las rondas de conversaciones sostenidas en la Habana y Washington para discutir sobre asuntos migratorios, la reanudación de las relaciones diplomáticas, derechos humanos, entre otros asuntos. Pero el principal hecho histórico, único desde el triunfo de la Revolución Cubana el 1ro de enero de 1959, fue el encuentro cordial y las conversaciones respetuosas sostenidas por el General de Ejército, Raúl Castro y el presidente Obama, durante la celebración de la Cumbre de las Américas en Panamá.  Una visita a Cuba del presidente estadounidense en el 2016, marcaría otro hito histórico en las relaciones Estados Unidos-Cuba.

Sin embargo, a pesar de los notables avances y del ambiente de optimismo que se respira, lo esencial aun no se ha resuelto, como señaló el General de Ejército, Raúl Castro, en su alocución del 17 de diciembre. El bloqueocontinúa y el camino hacia la “normalización” parece ser un proceso largo y complejo. “Nuestro pueblo debe comprender que –añadió Raúl en su discurso ante la Asamblea Nacional el 20 de diciembre-, en las condiciones anunciadas, esta será una lucha larga y difícil que requerirá que la movilización internacional y de la sociedad norteamericana continúe reclamando el levantamiento del bloqueo”.[i]

Por otro lado, es oportuno recordar que el 14 de julio de 2009 Cuba presentó oficialmente al gobierno de los Estados Unidos una propuesta de agenda, con los temas que serían claves para la Isla en un proceso de diálogo con los Estados Unidos, demostrando algo que ha sido una constante: la voluntad del gobierno cubano a buscar algún tipo de entendimiento con los Estados Unidos sobre la base del respeto a los principios y la soberanía.[ii] La agenda comprendía los siguientes puntos:

-Liberación de los antiterroristas cubanos presos en cárceles estadounidenses.

-Levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero.

-Exclusión de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

-Abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados”.

-Devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo

-Fin de la agresión radial y televisiva contra Cuba

-Cese del financiamiento a la contrarrevolución y a la subversión interna.

-Compensación a Cuba por los daños del bloqueo y las agresiones.

-Restitución de los fondos congelados robados.

Como puede observarse, de esta agenda solo se ha hallado solución al primer y tercer tema. Todo lo demás, aun está pendiente de solucionarse junto a otros asuntos que estarán en la agenda de Washington como las reclamaciones por las propiedades estadounidenses nacionalizadas a inicios de la Revolución.

De todos ellos, el bloqueo, representa el principal impedimento para una mejor relación entre ambos países. Cuba sigue negociando con los Estados Unidos, en condiciones desventajosas, con un puñal colocado en su garganta.

Pero lo cierto es que, hasta ahora, las medidas anunciadas e implementadas por la administración Obama, se limitan a determinadas áreas, cuando el presidente norteamericano, de hacer uso de sus amplias facultades ejecutivas podría convertir el bloqueo en una especie de cascarón vacío. ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué, por ejemplo, no utiliza esas facultades ejecutivas para permitir que Cuba utilice el dólar en sus transacciones financieras con otros países? Si esos aspectos del bloqueo que aun hoy permanecen inamovibles, pretenden ser utilizados como carta de negociación, sería un error lamentable, pues Cuba nunca a dado paso alguno, ni ha negociado jamás sobre la base de la imposición, la fuerza o el chantaje.

Además de la aberrante Ley Helms Burton, otras regulaciones posteriores impiden que Obama pueda levantar las restricciones a los viajes de turismo de los ciudadanos estadounidenses a Cuba. Este obstáculo no lo tuvo Carter durante su mandato y ello le permitió, en marzo de 1977, eliminar de una sola vez todas las restricciones que existían para viajar a Cuba. Sin embargo, a diferencia de Obama, Carter sí tenía la facultad ejecutiva que le permitía eliminar el bloqueo, pero no lo hizo.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas parece ser una cuestión fácil, no así el proceso hacia la “normalización” de las relaciones. De hecho, considero que al tratarse de un conflicto de naturaleza sistémica, hacia donde nos dirigimos es hacia un modus vivendi entre adversarios ideológicos o una relación más civilizada entre contrarios. Cuba y los Estados Unidos jamás han tenido una relación normal, no la tuvieron en el siglo XIX, tampoco en el XX, y mientras la esencia del conflicto siga siendo hegemonía versus soberanía, mucho menos será posible hablar de una normalidad en las relaciones. Utilizar hoy ese concepto en su acepción clásica puede resultar engañoso y confuso. Cuba ha defendido siempre una normalización, que en nada se ajusta a la visión estadounidense del término. Estados Unidos históricamente ha entendido la normalización de las relaciones con Cuba sobre la base de la dominación o la injerencia.

Si bien existen como nunca antes posibilidades para que el proceso hacia la “normalización” de las relaciones avance, no son pocos los obstáculos -además de las legislaciones y los puntos de la agenda aun no resueltos- que también funcionan a la hora de adormecer, torpedear o poner en riesgo cualquier mejoría de las relaciones, aunque ninguno de ellos constituye una barrera infranqueable. Todos estos temas complejos, pueden ser superados con el paso del tiempo, si la voluntad política y el contexto lo favorecen.

Podemos aventurarnos y presentar algunos de ellos, aunque quizás no sean todos:

–La cultura política enraizada en buena parte de los círculos de poder de los Estados Unidos de que Cuba debe pertenecerles o de lo contrario a ajustarse a los intereses hegemónicos de los Estados Unidos. Lo que el Dr. Carlos Alzugaray, denomina elSíndrome de la Fruta Madura.[iii]

–El condicionamiento de la política o la política del condicionamiento. La vetusta idea de que para que exista una normalización plena de las relaciones entre ambos países, Cuba debe estar dispuesta ceder espacio soberano, tanto en el escenario doméstico, como en su política exterior. Ahora el foco de esas exigencias está más dirigido a la primero que a lo segundo.

–La diplomacia del quid pro quo. Pretender que ante cada paso tomado por el gobierno de los Estados Unidos que signifique el desmontaje de una política agresiva que el propio gobierno estadounidense considera fallida, Cuba debe responder con algún paso que sea funcional a los intereses de Washington. Esto es un enfoque totalmente contraproducente, pues Cuba no tiene ninguna política agresiva que desmontar contra los Estados Unidos. Si se repasa la historia de lo ocurrido durante las administraciones de Gerald Ford y Jimmy Carter en cuanto a las relaciones Estados Unidos-Cuba, se podrá comprender fácilmente que la diplomacia del quid pro quo nunca ha funcionado con Cuba. Como expresara Josefina Vidal, Directora General de Estados Unidos, del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) de Cuba, en una entrevista trasmitida por la televisión cubana: “Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos han sido históricamente asimétricas.  Por lo tanto, no se puede aplicar un enfoque de lo que se llama en diplomacia de quid pro quo, yo te doy algo y tú me das algo, no se puede aplicar con automatismo, teniendo en cuenta que hay muchas más cosas que desmontar del lado de Estados Unidos que del lado de Cuba, porque en Cuba no tenemos sanciones contra empresas o ciudadanos norteamericanos, tampoco tenemos un territorio ocupado en Estados Unidos que podamos cambiar por el territorio ocupado en la base naval en Guantánamo, no tenemos programas financiados desde Cuba con vistas a influir dentro de la situación de Estados Unidos o a promover cambios en el orden interno de Estados Unidos, no tenemos transmisiones radiales y televisivas ilegales, especialmente concebidas desde Cuba hacia Estados Unidos, sino que es lo contrario.  En fin, hay un grupo mayor de políticas y de medidas que hay que cambiar del lado de Estados Unidos que del lado de Cuba”.[iv]

–La política de los Estados Unidos hacia Venezuela. Una mayor injerencia y política de agresión de los Estados Unidos contra Venezuela, pudiera afectar el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Los estrechos y sensibles vínculos históricos, económicos y políticos entre Venezuela y Cuba, hacen que cualquier tipo de agresión de los Estados Unidos contra Venezuela sea visto desde Cuba, como una agresión también contra la Isla. Para Cuba la mayor prioridad en su política exterior va a ser siempre la integración y unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños, proceso en el cual Venezuela constituye uno de sus ejes fundamentales. El hecho de que la administración Obama hubiera lanzado un decreto en el que se calificaba a Venezuela como una amenaza a la “seguridad nacional” de los Estados Unidos, indudablemente tuvo –junto a otros factores- algún efecto en el retraso de la apertura de las embajadas en ambos países.

–La búsqueda del cambio de régimen en Cuba, como lo han expresado públicamente varios funcionarios del gobierno estadounidense, en especial, la subsecretaria de Estado para asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson. Estas intenciones se materializan a través de los llamados programas para la promoción de la democracia y los derechos humanos, cada vez más cuestionados. Sin embargo, para mi sorpresa, en una conferencia de prensa realizada durante la Cumbre de las Américas en Panamá, el presidente estadounidense expresó: “En Cuba, no somos parte del negocio del cambio de régimen. Somos parte del negocio de asegurarnos que los cubanos tengan libertad y la capacidad de participar y formar su propio destino y propias vidas, y de apoyar a la sociedad civil”. Más adelante agregó: Lo que le dije al Presidente Castro es lo mismo que le he dicho a otros líderes de toda la región. Nosotros tenemos un punto de vista y no tememos expresarlo. Pero confío en que la manera de alzar los valores que apreciamos es mediante la persuasión. Y ese será el primer enfoque que tomaremos para encarar una variedad de asuntos, principalmente porque no tienen una implicación sobre nuestra seguridad nacional de manera directa (…) Y a menudo, cuando nos insertamos de una manera que va más allá de la persuasión, nuestras acciones resultan contraproducentes”[v]

Mi sorpresa viene dada, en que las palabras de Obama se contradicen con otras pronunciadas por él anteriormente y no coinciden en nada con las de otros representantes de su gobierno, y mucho menos con la realidad. Si el enfoque fuera solo el de la persuasión, no creo habría problemas, pero de lo que se trata es de una injerencia desencarnada en los asuntos internos de Cuba. Va más allá del discurso y de la expresión de una opinión diferente y se materializa en acciones concretas como la creación, incitación, orientación y respaldo material y financiero a grupúsculos internos para que trabajen por el cambio de régimen en Cuba. El caso de Alan Gross, fue un ejemplo dramático de estas acciones injerencistas.

Surge siempre la pregunta de cómo interpretaría el gobierno de los Estados Unidos que Cuba promoviera y respaldara financieramente a grupos internos en los Estados Unidos para que estos se opusieran al gobierno. ¿Sería visto este apoyo simplemente como parte de una acción persuasiva o como una injerencia en los asuntos internos de los Estados Unidos? Si Estados Unidos no desiste de estos programas injerencistas, estará poniendo en riesgo todo el tiempo el éxito del proceso de “normalización” de las relaciones con Cuba. Si la apertura de las embajadas y luego consulados responde simplemente a un interés por parte de Estados Unidos de aumentar las capacidades de sus “diplomáticos” en la realización de acciones que se apartan del espíritu y la letra de lo que establece la Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas y consulares, se estará condenando también el proceso de acercamiento al fracaso.

–Extrema derecha. La presencia en el congreso de elementos de la extrema derecha cubanoamericana enemigos jurados de cualquier política que signifique una mejoría de las relaciones con Cuba, así como los opositores del nuevo enfoque de política hacia Cuba que tiene Obama dentro de la propia clase dominante de los Estados Unidos y dentro del Partido Republicano.

–La contradicción Nación/Imperio o de los auténticos intereses de seguridad nacional, con los intereses de seguridad imperial de la clase dominante norteamericana que marca todo el proceso de conformación e implementación de la política de los Estados Unidos hacia Cuba. El presidente estadounidense expresó en la conferencia citada en la Cumbre de las Américas de Panamá, que Cuba no era un peligro para la “seguridad nacional” de los Estados Unidos. Lo cierto es que nunca lo ha sido, al menos para la auténtica seguridad nacional de los Estados Unidos. Todo lo contrario. Lo que si siempre ha sido es un desafío para la seguridad imperial de la clase dominante de los Estados Unidos, que es otra cosa. Si los Estados Unidos, a la hora de diseñar e implementar la política hacia Cuba, privilegiara sus legítimos “intereses nacionales” y de “seguridad nacional”, el proceso de normalización de las relaciones con la Isla avanzaría aceleradamente, pues paradójicamente Cuba es una garantía para la seguridad nacional de los Estados Unidos en asuntos como la lucha contra el terrorismo, el tráfico de personas, la inmigración ilegal, el tráfico de drogas, el enfrentamiento a catástrofes naturales y el combate a grandes pandemias, por solo mencionar algunas áreas. Pero en el caso de la política hacia Cuba, aunque también hacia el resto de la región, ha primado más la lógica de las estrategias de seguridad imperial que las de una legítima seguridad nacional.

La contradicción pragmatismo/idealismo en la política exterior de ambos países. Estados Unidos se equivoca una y otra vez al pensar que Cuba actúa en política exterior bajo el prisma del pragmatismo. Durante las administraciones Ford y Carter, se pensó que Cuba iba a sacrificar sus principios de solidaridad con Puerto Rico y las misiones internacionalistas en África, a cambio de una normalización de las relaciones con Estados Unidos. Para Cuba esos asuntos jamás fueron negociables. Es evidente que Washington una vez más se equivocó al pensar que Cuba iba a tener una posición más moderada en relación con el decreto de Obama del 9 de marzo catalogando a Venezuela una amenaza a la “seguridad nacional” de los Estados Unidos, por estar ahora conversando con Washington para restablecer las relaciones diplomáticas.

–El factor tiempo. Obama cuenta con apenas un año y medio para poder hacer avanzar y cosechar algún éxito en su nuevo enfoque de política hacia Cuba. Las elecciones presidenciales serán en noviembre de 2016 y está por verse quienes serán los candidatos de ambos partidos y sus posturas en relación con Cuba. De ahí la importancia de fortalecer aún más las variables que empujaron la decisión del 17 de diciembre y que las bases de los puentes de relación que se construyan sean tan sólidas que hagan bien difícil la reversibilidad del proceso. Aunque realmente no creo existan hoy las condiciones que propicien se repita la historia de lo ocurrido en 1981, cuando lo avanzado durante el gobierno de Carter en el camino hacia la una relación más civilizada con Cuba, fue revertido radicalmente por la administración Reagan.

NOTAS

[i]Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del IV Período Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 20 diciembre de 2014,en:http://www.cuba.cu/gobierno/rauldiscursos/2014/esp/r201214e.html, (Internet)

[ii]Además de esta agenda de temas generales, el 13 de noviembre de 2012, en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parilla, ofreció a Washington “negociar acuerdos de cooperación en áreas del mayor interés mutuo, como el enfrentamiento al narcotráfico, al terrorismo, al tráfico de personas y para la completa regularización de las relaciones migratorias, así como para la prevención y la mitigación de desastres naturales y la protección del medio ambiente y de los mares comunes, y “retomar las conversaciones, unilateralmente suspendidas por la contraparte, sobre temas migratorios y para el restablecimiento del correo postal”. Estas propuestas además se le hicieron llegar al gobierno estadounidense en varias oportunidades y por diversas vías. Nunca antes Estados Unidos había recibido tantos ofrecimientos concretos de negociación por parte de Cuba, con vista a establecer una relación más civilizada, que pondere más los espacios cooperación, que de diferendo.

[iii] Es decir: “la percepción que existe en la clase política de que EE.UU. tiene el derecho –o es más, el deber- de imponer su hegemonía sobre Cuba y los cubanos debido a razones históricas, ideológicas, geoconómicas y geopolíticas”. Carlos Alzugaray, El síndrome de la Fruta Madura, Trabajo impreso, Archivo Personal del autor.

[iv] El bloqueo no ha terminado. Entrevista a Josefina Vidal, Directora General de Estados Unidos, del Ministerio de Relaciones Exteriores, Granma, 3 de febrero de 2015, p.5.

[v] Comentarios Del Presidente Obama En La Conferencia De Prensa Después De La Cumbre De Las Américas en: http://spanish.panama.usembassy.gov/ni041115c.html(Internet)

La más sutil encrucijada

 

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39568-fotografia-gPor Por José Alejandro Rodríguez 

Por estos días, y «después de tanto tiempo y tanta tempestad», el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos es un turbión de tanteos, un muestrario impredecible de tientos y diferencias. Al racimo de conversaciones oficiales para la normalización de las relaciones diplomáticas entre los dos países, se suman visitas constantes de gobernadores estaduales, congresistas y senadores, hombres de negocios, músicos y notorios del jet set norteño, mientras la primera avanzada de turistas «ordinary people», desmonta La Habana en el lente de sus camaritas digitales, sobre nostálgicos «almendrones» descapotables.

Y la capital resuella, imperturbable y traviesa, con una Bienal de artes plásticas que no escapa al influjo del arrimo: frente al Malecón, en una instalación que sugiere el deshielo entre las dos naciones tradicionalmente antagonistas, niños y adolescentes patinan bajo el implacable sol, sobre una pista hecha de un raro material, que semeja el agua congelada.

Por conjunción entre el arte y la ecología, hasta un gallito de New York anda desbocado poseyendo impúdicamente a dos gallinas cubanas frente al público de la Bienal. Una noble alegoría del acercamiento y la fuerza de la comunicación, propuesta del artista belga Koen Vanmechelen, que lo pone a pensar a uno, con esa libertad del destinatario que interpreta.

Aun cuando no sea la intención del creador «genetista», me niego a aceptar que el pícaro bravucón del gallo intente creerse el amo y señor del corral; como me resisto a creer que con este «derretimiento» gradual de los tradicionales enconos entre ambas naciones, Cuba esté a punto de recibir la «bendición» de los Estados Unidos de América.

Mientras alguna que otra bandera norteamericana se asoma  en autos, bicitaxis y en vestuarios, aquí, «donde basta con una, la mía» —como dijo Byrne—, hay compatriotas obnubilados con el acercamiento, al punto de pensar que el vecino poderoso nos ha perdonado y tiende su mano generosamente para ayudarnos.

Para ser justos, el acierto histórico de la actual administración norteamericana ha sido el realismo de constatar que no funcionó la fórmula del hostigamiento abierto contra la Revolución y que podemos convivir y cooperar pacíficamente, por encima de sustanciosas diferencias.

Lo hecho hasta el pasado 17 de diciembre «no sirvió», como dicen callejeramente. Y las reconsideraciones que se ponen a prueba desde esa fecha —Día de Babalú Ayé— son sobre todo fruto de la resistencia y el coraje de Cuba, que no bajó nunca la cabeza ni se postró.

Pero no pequemos de ingenuos. Aún está por verse el final del bloqueo norteamericano, aunque nos saquen de la lista del terror donde nunca debimos estar. Sí, es cierto que comienzan a aflojarse las clavijas de la intolerancia económica hacia Cuba, pero no así las de la política, que buscarán un disfraz elegante para sus pretensiones… desde adentro.

Las prohibiciones económicas que se vayan levantando desde allá, lógicamente tendrán un efecto positivo en nuestro país, abocado a un tenso proceso de actualización de su modelo económico. Aunque tampoco podremos cifrar la suerte de nuestro desarrollo, el progreso de un «socialismo próspero y sostenible», en los financiamientos, intercambios comerciales e inversiones que sobrevengan, si no logramos potenciar nuestro modelo económico desde adentro, liberándolo de más trabas, y obstáculos burocratizantes.

Hay que prever la lógica escondida del hasta hoy antagonista que pretende proclamar engañosamente: ya le quitamos el bloqueo contra el cual tanto lucharon; ahora no pueden culparnos de sus carencias y desgracias.

Pero sobre todo, la sociedad cubana pasará por los retos y desafíos más complejos y sutiles, en su largo y tortuoso diferendo con los Estados Unidos a través de dos siglos: el de preservar su independencia y soberanía, y su socialismo, inundada de otras arribazones veleidosas, que ya no serán de marines ocupantes.

Inevitablemente tendremos que remover de la inercia y fortalecer y profundizar nuestra democracia socialista a niveles participativos muy superiores, para enfrentar los «desembarcos» de la llamada «democracia representativa».

Todos juntos debemos evitar que la historia se repita con otros acentos y escenarios. Como en 1898, cuando teníamos ganada la guerra a España y desembarcaron en Santiago de Cuba para escamotear la victoria cercana, ahora podrían invadirnos de baratijas, y también de pensamientos y atractivos señuelos. Solo la inteligencia, el talento, la autoestima y el coraje del cubano podrá impedir que el gallo sueñe, apertrechado de nuevos artilugios y con espuelas disfrazadas, apoderarse otra vez del corral

Josefina Vidal Lo que hemos hecho en cuatro meses se puede considerar un progreso

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Autor: Equipo de prensa cubana

Tomado de Granma

WASHINGTON.—Tras finalizar la conferencia de prensa en el Foreign Press Center de Washington, donde se abordaron escuetamente los resultados de la tercera ronda de conversaciones, la jefa de la delegación cubana, Josefina Vidal, respondió durante cerca de media hora varias preguntas de la prensa cubana.

—¿Cuáles han sido los principales avances en los últimos meses?

—Lo que hemos hecho en cuatro meses, para dos países que no han tenido relaciones diplomáticas por más de 50 años, se puede considerar un progreso.

“De hecho, de acuerdo con los resultados que ustedes mismos han visto y se han ido obteniendo paulatinamente desde que iniciamos estas conversaciones en enero, se han podido palpar estos avances. Cuando comenzamos a conversar en Cuba en enero la gama de temas que estuvimos discutiendo era mucho más amplia.

“Estuvimos durante dos rondas -en enero y febrero-, conversando sobre temas como la exclusión de Cuba de la Lista de países patrocinadores del terrorismo, y la necesidad de resolver la situación bancaria de la Sesión de Intereses. Un día como hoy podemos decir que esos dos asuntos están resueltos o están muy cerca de su solución.

“Desde esta semana nuestra Oficina de Intereses en Washington tiene servicios bancarios y a fines de esta semana va, finalmente, a ocurrir la exclusión de Cuba en la Lista de Estados Terroristas, que tengo entendido que se hará efectiva cuando esa decisión se publique en el Registro Federal, a principios de la próxima semana.

“Por tanto, dos de los temas que estuvimos debatiendo durante cierto tiempo, ya habrán quedado atrás.

“Hay otras cosas en las que tenemos que seguir hablando. Desde la primera ronda hemos estado conversando sobre otros asuntos que tienen que ver con la aplicación y la observancia de la Convención de Viena. En particular me refiero al comportamiento, la conducta de los diplomáticos. Pero también a las funciones de una misión diplomática.

“A su vez hemos estado conversando en paralelo sobre el funcionamiento como tal, la vida práctica de una embajada. Estamos ahora en el punto de seguir intercambiando en las próximas ideas y aspectos que han quedado pendientes, referidos al funcionamiento”

—¿Por qué permanece cierta retórica agresiva contra Cuba?

—Cambiar la retórica es algo que toma su tiempo: Perfilar, pulir, modificar. A mí realmente no me asombra ver, de vez en vez, que todavía a nivel declarativo, en el plano de las declaraciones oficiales que se realizan, algunos funcionarios utilizan frases que nos recuerdan de dónde venimos, de la política que todavía está en vigor, pero se supone que tiene que cambiar como parte del proceso hacia la normalización de las relaciones.

“Me resultó curioso al cierre de la VII Cumbre de las Américas en Panamá, en la conferencia de prensa del Presidente Obama,  escucharle decir que el propósito de la política de EEUU, en el caso de Cuba, ya no era el cambio de régimen.

“Por tanto, nosotros esperamos que en la medida que avancemos en el proceso hacia la normalización de las relaciones, veamos una mejor correspondencia entre ese tipo de declaraciones y la vida real.

“La vida real nos dice que todavía se están solicitando financiamientos multimillonarios para el sostenimiento de este tipo de programas que Cuba considera que son ilegales, en tanto que son programas dirigidos a provocar cambios dentro de nuestro país y que a su vez se tratan de implementar sin ningún tipo de anuencia de las autoridades y del gobierno cubano.”

—¿El dinero sigue fluyendo para los planes contra Cuba?

—El Congreso sigue a su vez, en respuesta a esos pedidos del Gobierno, aprobando sumas importantes de dinero. De hecho ya sabemos que para el año fiscal 2016, que comenzará el primero de octubre del presente año, se están pidiendo 20 millones de dólares, que es la misma cifra que estableció el gobierno presente. Nosotros hemos tomado nota de esas declaraciones que se están haciendo, y he escuchado en la última semana, en dos ocasiones, a la señora Roberta Jacobson aludiendo a que no se descarta la posibilidad de que este tipo de programas puedan ser revisados o adaptados a las nuevas circunstancias.

“Entonces, estamos realmente esperando que, como parte de este proceso, eso se vaya atendiendo y veamos una mejor coincidencia entre el dicho y el hecho. Será muy importante para nosotros comprobar que, realmente, estamos viendo un cambio en la política de EE.UU. hacia Cuba”.

—¿Después de tres rondas, cómo es el clima a lo interno de las conversaciones?

—Debo reconocer que, desde hace un tiempo para acá, incluso antes de estas rondas enfocadas en los temas del restablecimiento de relaciones y la apertura de embajadas, ha habido una comunicación en un plano mucho más profesional cuando lo comparamos con épocas anteriores. Y debo decir que eso se ha mantenido en las reuniones.

“En las reuniones, la interacción, los intercambios, son respetuosos, son profesionales. Realmente no he apreciado este tipo de manifestación que quizás en el plano retórico todavía vemos. Creo que hay que reconocerlo como tal. Creo que no puede ser de otra manera. Hemos llegado a este punto después de los anuncios del 17 de diciembre pasado precisamente porque nos estamos tratando como iguales y sobre bases de respeto y de total reciprocidad”.

“Esto no quiere decir que no hay diferencias, las hay. En algunos temas las diferencias son profundas. No puede ser de otra manera, pero estamos hablando y hemos aprendido a hablar sobre las diferencias con respeto, que era algo que nos faltó durante más de 50 años en los momentos que pudimos tener posibilidad de intercambios oficiales.”

—¿Qué importancia tienen estas rondas de conversaciones?

—Los presidentes tomaron una decisión que solo a ellos les compete, una decisión política, de dar un paso para restablecer relaciones diplomáticas y abrir embajadas por primera vez, después de 54 años. Pero después esto tiene que llevarse a la práctica, y por tanto, requiere discusiones sobre la base de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, de la Convención de Viena. Hay que revisar todos esos aspectos.

“Hay que hablar de cuánto personal, qué tipo de personal. Porque las embajadas tienen distintas categorías, tienen funcionarios diplomáticos, tienen personal técnico administrativo…”

“Todo esto había que discutirlo. Qué tipo de rango van a tener esos funcionarios una vez que se restablezcan las relaciones. Cuáles van a ser sus privilegios y sus inmunidades. ¡Miren cuántas cosas hay que conversar! ¿Cómo van a trabajar las embajadas? ¿Cómo vamos a intercambiar los documentos para dar estos pasos de formalización y restablecimiento y apertura de embajadas? ¿En qué momento le vamos a comunicar al gobierno de Suiza que nos ha estado representando en las respectivas capitales la terminación del acuerdo que tenemos con Suiza?

“Quizás hay personas que piensan que esto se puede hacer rápido. Creo que la intención de ambas partes ha sido hacerlo rápido. De hecho les repito: la impresión que tengo es que, en 4 meses, cada vez que nos reunimos hemos avanzado un poco más hacia ese objetivo al que tenemos que llegar para concretar la decisión política tomada por nuestros presidentes.”

—¿Cómo marchan los encuentros técnicos paralelos a las rondas de diálogo?

—Creo que marchan de manera apropiada. Este tipo de conversación a nivel técnico para abordar temas de interés común, no comenzó en enero de este año, cuando nos reunimos por primera vez para hablar de restablecimiento de relaciones y apertura de embajadas, sino que ya había empezado hace como dos años.

“Lo que ha ocurrido de enero para acá es que se ha dinamizado, en las áreas en las que ya veníamos conversando y se ha abierto a otras nuevas esferas.

“Creo que marcha de manera adecuada y que cada uno está sobre carriles distintos, que avanzan a la vez en paralelo, cada uno con sus dinámicas propias.

“Es importante el número de temas sobre los cuales ya estamos conversando entre Cuba y Estados Unidos y los otros que potencialmente sabemos que van a empezar próximamente (…), para en definitiva trabajar en temas que son de beneficio mutuo para Cuba, para Estados Unidos y para los pueblos de Cuba y Estados Unidos y para la región, porque muchos de ellos irradian más allá de la relación bilateral, e incluso algunos pudieran tener impacto a nivel mundial.

—¿Cómo se desarrollarán en específico los intercambios sobre salud y cumplimiento y aplicación de la ley?

—El tema que hemos identificado para comenzar esta conversación en materia de salud, que me parece que puede ser ilimitada de acuerdo a las experiencias y los desarrollos que hemos tenido en cada uno de nuestros países en este sector, es el de las enfermedades infecciosas.  Creo que es un tema muy a tono con la actualidad, como resultado de la globalización, del cambio climático, todo lo que conocemos.

“Cuba tiene una tremenda experiencia en materia de prevención y en materia de combate y enfrentamiento a estas enfermedades una vez que se presentan. Lo hemos hecho en Cuba y lo hemos incluso aplicado y hemos ayudado a otros países del mundo.

“Estados Unidos también tiene experiencias similares, tiene un alto desarrollo científico, un alto desarrollo tecnológico y también, sus propias experiencias lidiando con algunas de estas enfermedades aquí y en otros lugares del mundo.

“Creo que es un tema muy oportuno, de mucha actualidad para comenzar esta conversación que debe ocurrir en el mes de junio.

“Vamos a empezar a hablar  también sobre un tema de mucha importancia, sobre todo ahora, que es aplicación y cumplimiento de la ley. ¿Y por qué digo que es de mucha importancia ahora? Como resultado de la decisión de incrementar los viajes y los intercambios entre Cuba y Estados Unidos, hay un mayor movimiento de personas entre los dos países y se presentan problemas, lamentablemente se cometen delitos y no tenemos un mecanismo establecido entre los dos países para cómo, de conjunto, combatirlos.

“Ese tipo de colaboración en materia judicial y o en materia de aplicación de la ley, de hecho Cuba y Estados Unidos lo tienen con muchísimos países.

“Ni Estados Unidos ni Cuba estamos interesados en que se desarrollen los delios y muchos menos los delitos de carácter transnacional, por las preocupaciones que puede generar y problemas para la seguridad ciudadana de nuestros países pero también para la seguridad nacional de ambas naciones. Por tanto, es un área muy importante.

Todavía no hemos comenzado, estamos todavía pendientes incluso de definir una fecha, pero ya hemos llegado a la conclusión de que esta es un área que tenemos que abrir y que es beneficiosa para los dos países.

—¿Una vez que se restablezcan relaciones, cómo se entablará un diálogo sobre la normalización?

—En Cuba hemos identificado una lista preliminar en la que, una vez que concluyamos esta primera fase, debemos empezar a discutir con el propósito de avanzar hacia la normalización de las relaciones.

“De nuestro lado hemos planteado los temas que ustedes han conocido -una lista preliminar, puede que sobre la marcha, de las discusiones surgen otros-: el levantamiento del bloqueo; la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, y el cese de las transmisiones ilegales de Radio y Televisión Martí, que además de ser lesivas a la soberanía de Cuba, violan normas y regulaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Por supuesto, está el fin de estos programas que originalmente fueron concebidos para promover un “cambio de régimen” -como se dice acá, en EEUU-, que en nuestro léxico son programas subversivos para promover cambios en nuestro país, y situaciones de desestabilización dentro de Cuba.

“Por supuesto, del lado de Cuba hemos hablado de las compensaciones a nuestro país y a nuestro pueblo por los daños ocasionados por las políticas de EEUU implementadas en estos más de 50 años.

“Estados Unidos ha avanzado al menos uno de los temas que le interesará discutir en esta segunda fase: las compensaciones por las propiedades que fueron nacionalizadas en Cuba al inicio de la Revolución.

“Por tanto tenemos ya una gama, al menos, para comenzar, de temas bien identificados. Pero este proceso va a demorar. Hay que ser realistas. Hay que saber de qué estamos hablando y lo importante es la voluntad de comenzar a involucrarnos en ese tipo de discusiones”.

No hemos definido cómo lo vamos a hacer, si se van a crear un mecanismo, si se van a crear comisiones, grupos, si veremos todo de conjunto o de manera separada cada uno; nada de eso.

—¿Habrá una nueva ronda sobre restablecimiento de relaciones?

—No se puede pensar que nosotros conversamos solamente cuando nos hemos visto en estas reuniones. Entre una y otra, mantenemos una comunicación fluida a través del Jefe de nuestra Oficina de Intereses en Washington, y a través del Jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos, en La Habana.

“Por esas vías hemos intercambiado ideas, avanzado opiniones, posiciones, puntos de vista. En principio, eso es lo que vamos a seguir haciendo en los próximos días y semanas. En la medida en que avancemos en esta comunicación, llegaremos a la conclusión de si (la reanudación de las relaciones y apertura de embajadas) ya lo podemos resolver por esta vía, o si hace falta una nueva ronda de conversaciones.

 

COMUNICADO DE PRENSA DE LA DELEGACIÓN CUBANA A LA TERCERA RONDA DE CONVERSACIONES SOBRE EL RESTABLECIMIENTO DE LAS RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON ESTADOS UNIDOS

Las conversaciones se desarrollaron en un clima respetuoso y profesional. Ambas delegaciones acordaron continuar los intercambios sobre aspectos relativos al funcionamiento de las misiones diplomáticas

Continuaremos el diálogo las próximas semanas, Josefina Vidal Ronda sumamente productiva, Roberta Jacobson

Los días 21 y 22 de mayo de 2015, tuvo lugar, en Washington, la tercera ronda de conversaciones entre delegaciones de Cuba y los Estados Unidos sobre el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de Embajadas.comunicado

Josefina Vidal Ferreiro en el Comunicado de prensa de la tercera ronda de conversaciones sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. 

La delegación cubana estuvo presidida por la directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal Ferreiro, y la estadounidense por la secretaria asistente para los Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Roberta S. Jacobson.

Los representantes cubanos reconocieron la justa decisión del presidente Obama de excluir a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, en la que nunca debió haber estado.

comunicado3 Roberta S. Jacobson en Comunicado de prensa. 

Estas conversaciones se desarrollaron después de que el gobierno de EE.UU., en cumplimiento de sus obligaciones jurídicas internacionales recogidas en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, concedió una licencia a un banco para reanudar los servicios bancarios a la Sección de Intereses de Cuba en Washington, en las condiciones del bloqueo financiero en vigor.

Ambas delegaciones acordaron continuar los intercambios sobre aspectos relativos al funcionamiento de las misiones diplomáticas.

Durante la ronda, la delegación cubana ratificó su voluntad de abordar temas sustantivos de la agenda bilateral, entre otros, el cese del bloqueo, que permitan avanzar hacia la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sobre bases de respeto, igualdad soberana y reciprocidad, una vez restablecidas las relaciones diplomáticas.

La reunión se desarrolló en un clima respetuoso y profesional.

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Fotos: Ismael Francisco

POR QUÉ LA BASE ESTADOUNIDENSE DE GUANTÁNAMO EN CUBA ESTÁ PROBABLEMENTE CONDENADA

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Los cubanos tenemos todo el derecho a decir ¿hasta cuándo? Y a exigir su devolución.

THE WASHINGTON POST

Por Nick Miroff. Corresponsal para América Latina de The Washington Post, para cubrir de forma itinerante desde la frontera México-Estados Unidos hasta el Cono sur de Suramérica. Desde el año 2006 ha estado en el staff de redactores

Si Estados Unidos y Cuba restablecen relaciones diplomáticas en las próximas semanas, según lo previsto, los dos países todavía estarán muy lejos de algo parecido a una relación “normal”, ha dicho en repetidas ocasiones el presidente cubano, Raúl Castro. Su lista de agravios es larga. Pero esta semana Castro señaló que se reduce a dos grandes temas.

El primero, por supuesto, es el embargo comercial. El otro es la Estación Naval de la Bahía de Guantánamo, la base marina de Estados Unidos en el extranjero más antigua del mundo, que ha ocupado durante 116 años.

Ese no es tema de debate, dice el gobierno de Obama.

Pero, uno sólo puede preguntarse, ¿por cuánto tiempo?

Los estudiosos y expertos militares dicen que es difícil ver cómo

Estados Unidos puede revisar su relación con La Habana, mientras se aferra a un gran pedazo del territorio cubano indefinidamente, sobre todo si las relaciones se tornan significativamente cálidas en una era post- Castro.

Si bien hay un montón de ejemplos en el mundo de fronteras en disputa o islas disputadas, 45 millas cuadradas de enclave estadounidense en Guantánamo es algo más que una anomalía geopolítica mundial. No hay otro lugar en el mundo donde el ejército de Estados Unidos ocupe por la fuerza tierra extranjera indefinidamente contra los deseos del país receptor.

“Es probablemente inevitable que vamos a tener que devolverla a Cuba, pero se necesitaría una gran cantidad de trabajo diplomático de peso”, dijo el almirante jubilado James Stavridis, ex Comandante Supremo Aliado de la OTAN y ahora decano de la Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia de la Universidad Tufts. Stavridis, quien fue jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos entre 2006 y 2009, y tuvo bajo su cargo la base de Guantánamo, dijo que sigue siendo un activo “estratégico y de gran utilidad” de Estados Unidos.

“Es difícil pensar en otro lugar con una combinación de un puerto de aguas profundas, una buena pista de aterrizaje y un amplio territorio”, dijo Stavridis.

El polémico campo de detención estadounidense para los sospechosos de terrorismo a nivel mundial es sólo una de las conveniencias de la base. Se trata de un centro logístico para la Cuarta Flota de la Marina, así como para las operaciones antinarcóticos y los esfuerzos de socorro. También funciona como un centro de detención para balseros inmigrantes hacia el norte interceptados en el mar.

La ubicación de la base sobre la costa sur de Cuba permite al ejército de Estados Unidos proyectar el poder a través de toda la cuenca del Caribe. Y está estratégicamente situada junto a Haití, un lugar que a menudo necesita ayuda estadounidense.

Como instalación militar, sin embargo, Guantánamo -Gitmo es su apodo- ya no es tan esencial en la era moderna de los portaaviones, submarinos nucleares y aviones no tripulados, dijo Stavridis. “Usted no podría lanzar una operación militar a gran escala a partir de ahí”, explicó, y agregó que muchos de los otros usos que Guantánamo proporciona podían ser cubiertos por instalaciones militares de Estados Unidos existentes en Puerto Rico o en el sur de Florida.

“Yo no creo que sea irremplazable”, dijo Stavridis.

Buques de guerra estadounidenses navegaron en la Bahía de Guantánamo en 1898, y junto con los rebeldes cubanos, derrotaron a la flota española. Los estadounidenses esencialmente jamás se fueron, condicionaron la independencia de Cuba sobre disposiciones constitucionales que le permitieran a la Marina de Estados Unidos ocupar la zona “durante el tiempo necesario”. La renta fue fijada en 2.000 dólares al año, pagados en oro.

Un nuevo contrato de arrendamiento incrementó el monto a $4.000 en 1934, de acuerdo a la investigación histórica de esta base realizada por Paul Kramer. Pero no había una fecha límite para que los estadounidenses la abandonaran.

El gobierno de Estados Unidos todavía envía constantemente los cheques de la renta al gobierno cubano, pero los Castro no los cobran. No reconocen el contrato de arrendamiento, y -al igual que los propietarios en un apartamento de renta controlada en Brooklyn- quieren que sus inquilinos se vayan. Se dice que Fidel Castro mantiene apilados en una gaveta de su escritorio los cheques, para ser usados como una especie de argumento político. Es difícil imaginar un símbolo mejor logrado del imperialismo norteamericano, que una base militar cuya historia está tan envuelta en la impronta del imperio de Estados Unidos de América de finales del siglo XIX.

Después de la revolución de Castro, los Estados Unidos no tenía intención de dejar que la base cayera bajo el control comunista. En momentos pico de tensiones durante la Guerra Fría, como la Crisis de los Misiles de 1962, las cercas de la base se convirtieron en una línea del frente en la pugna soviético-estadounidense. Andanadas de disparos fueron en ocasiones intercambiadas entre tropas estadounidenses y cubanas. Uno de estos eventos fue dramatizado en la película de 1992 A Few Good Men, en la que un agitado Jack Nicholson memorablemente dijo a Tom Cruise que no serían capaces de manejar las presiones de vivir bajo constante amenaza en Guantánamo.

Castro cortó el suministro de agua y electricidad en 1964, y hoy la base está completamente aislada del resto de Cuba. Los visitantes dicen que se parece a una pequeña ciudad de Estados Unidos, con las únicas franquicias existentes en la Isla de un McDonald, un Taco Bell, un Subway y otras cadenas estadounidenses. La brecha divisoria del resto de la Isla está letalmente minada, con alambres de púas y matorrales de cactus espinoso.

En los últimos años, los intentos fallidos del presidente Obama de cerrar el campo de prisioneros de la base han inspirado varios escenarios de ensueño de un futuro post-militar para la base. Uno podría convertirla en un centro de investigación y planta de tratamiento para las enfermedades tropicales y epidemias. Si fuera devuelto el control a Cuba, podría convertirse en un segundo campus de la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba, donde los estudiantes de todo el mundo recibiesen capacitación médica gratuita por parte del gobierno cubano.

Stavridis dijo que una propuesta en este sentido a “internacionalizar” la base que conserva su valor como centro logístico para la ayuda humanitaria, probablemente sería un futuro aceptable dentro del Pentágono -al menos en el largo plazo. Otros optimistas dicen que la transformación de la base podría servir tanto como un ejercicio edificador de confianza entre Cuba y Estados Unidos como un ablandador de hostilidades.

Tal medida no carecería de precedentes. Los EEUU a regañadientes renunciaron a la Zona del Canal de Panamá, un lugar mucho más estratégico para las operaciones militares de Estados Unidos y los intereses comerciales que la Bahía de Guantánamo.

Panamá convirtió las instalaciones militares en una “Ciudad del Saber”, un grupo de laboratorios de investigación y las instalaciones campus, en colaboración con varias universidades de Estados Unidos.

Aquí tienen la línea de tiempo de cómo los Estados Unidos llegó a

ocupar la bahía de Guantánamo:

* 1898: Los buques de guerra de EEUU navegan en la Bahía de Guantánamo, ayudando a los rebeldes cubanos a derrotar a las fuerzas españolas.

* 1903: Estados Unidos obtiene derechos territoriales en la Bahía de

Guantánamo. El arrendamiento se amplió en 1934; la renta se duplica a $4,000 al año.

* 1959: Fidel Castro toma el poder en Cuba, derribando al hombre fuerte apoyado por Estados Unidos, Fulgencio Batista. Se corta el suministro de agua y electricidad a la base en 1964.

* 1990: La base sirve como un campo de detención y como centro de procesamiento de decenas de miles de refugiados de Haití y Cuba.

* 2002: Se realiza la apertura del campamento de prisioneros para los sospechosos de terrorismo a nivel mundial. Cerca de 800 detenidos han estado en las instalaciones, y aproximadamente 100 permanecen hoy.