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¿Cómo combatir la ofensiva fascista en Venezuela?

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Por Atilio A. Boron

¿Qué hay que hacer para poner fin a la escalada violenta en Venezuela? Es obvio que el imperio tiene un libreto, como lo advirtiera Chávez en la conferencia que brindara la noche del 10 de Diciembre del 2007 en el Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires.[1] Un libreto que fue ensayado en otros países desde hace mucho tiempo: el caso más notable que de alguna manera fijó los parámetros de este inducido proceso de fascistización fue el Chile de Allende. Luego de esa pionera experiencia criminal el libreto se ha ido perfeccionando con numerosos ensayos perpetrados en otros países y tentativas de sistematización teórica, la más importante de la mano de Eugene Sharp y su equipo del Albert Einstein Institute, un nombre mentiroso como pocos para una institución dedicada a diseñar nuevas estrategias de “cambio de régimen” que apelan a supuestas vías “no violentas” para derribar a gobiernos insumisos ante los dictados de Washington.

Los casos de Libia, Siria, Ucrania y ahora Venezuela ilustran didácticamente lo que quiere decir la expresión “no violentas” para los estrategas e intelectuales del imperio.

Es inocultable el hecho de que el sistema internacional está atravesando por una turbulenta fase de transición geopolítica global.

 

En poco más de una década surgieron nuevos centros de poder económico y político al paso que el poderío global de Estados Unidos se ha debilitado. Sigue siendo, sin duda, la potencia militar más importante del planeta pero eso no le alcanza para ganar guerras, como sobradamente lo prueban los casos de Vietnam, Irak y Afganistán. Sus aliados son cada vez más vacilantes e inciertos; sus vasallos menos obedientes y sus adversarios y rivales cada vez más poderosos e influyentes.

 

Washington pierde posiciones en Oriente Medio: fracasó en su intento de atacar a Siria, sus chantajes a Irán terminaron siendo inocuas bravuconadas y sus aliados históricos en la región, las reaccionarias teocracias del Golfo son amenazadas por el avance del jihadismo e Israel despliega, en algunos temas, un juego propio que paradojalmente transforma a Washington en su reluctante subordinado. En Asia Central el sentimiento antinorteamericano llega a alturas sin precedentes y en el Extremo Oriente la creciente gravitación de China aparece como irresistible y destinada a mover las placas tectónicas del sistema internacional.

 

Es en este cuadro de declinación imperial que hay que comprender la cruenta ofensiva sediciosa lanzada contra la Venezuela Bolivariana, sede de la mayor reserva de petróleo del planeta y, por eso mismo, un incontenible imán para un país que construyó un modo de vida y cimentó su supremacía planetaria sobre la base del irresponsable derroche de ese recurso.

 

Tal como ocurriera en la década de los setentas del siglo pasado, cuando las derrotas en Indochina (Vietnam, Laos, Cambodia) desataron una contraofensiva que culminó con la instalación de dictaduras militares en casi todos los países de América Latina y el Caribe, el retroceso global de Estados Unidos en el mundo actual lo impulsa nuevamente a buscar refugio en su “patio trasero”, como hace poco dijera John Kerry en su visita a la OEA. O en su tradicional “retaguardia estratégica”, como la definieran Fidel y el Che. Y para eso hay que barrer con regímenes políticos y gobiernos indeseables.

 

De ahí la enorme dificultad de poner fin al ataque de los fascistas en Venezuela, por más llamamientos al diálogo y a la paz que efectúe el presidente Nicolás Maduro y que son groseramente desoídos por la oposición. Venezuela es la cabeza de playa de una estrategia de desestabilización integral de las democracias latinoamericanas que comenzando por la tierra de Chávez, intentará proseguir su marcha por Ecuador y Bolivia y, finalmente hacer pie en Argentina, Brasil y Uruguay.

 

El resultado que se busca con esta operación es regresar América Latina y el Caribe a la situación prevaleciente en vísperas de la Revolución Cubana e instaurar en toda la región “gobiernos amigos”, neocoloniales y serviles en relación a los intereses económicos y geopolíticos de Washington. Esto es lo que convierte a la actual batalla de Venezuela en el equivalente de lo que fuera Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial: una batalla decisiva, que no se puede perder porque el “efecto dominó” de una derrota sería demoledor para las luchas emancipatorias de nuestros pueblos y el imperio lo sabe.

 

Pero detener esta escalada de violencia que hoy llena de luto y dolor a la República Bolivariana de Venezuela requiere lo siguiente:

 

a) en primer lugar, una sostenida presión internacional y doméstica, al interior de Estados Unidos, para que la Casa Blanca deje de alentar, organizar y financiar a la derecha venezolana embarcada en un proyecto irreversible de fascistización. Para eso Barack Obama debe reconocer el legítimo triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones del 14 de Abril del 2013, ratificado por la contundente victoria del chavismo en las municipales del 8 de Diciembre de ese mismo año. La contumacia de Washington es una clarísima señal a los sediciosos de que sus crímenes cuentan con el incondicional aval del imperio. Sin este apoyo del gobierno norteamericana la ofensiva sería derrotada en cuestión de días. Obama debería ser denunciado ante el Tribunal Penal internacional como el principal instigador de la violencia que tantas muertes ha provocado en Venezuela.

 

b) segundo, descargar todo el rigor de la ley sobre los sediciosos y los manifestantes que apelan a todas las formas imaginables de la violencia. De lo contrario se produciría la metástasis de la fascistización englobando -como parece evidente en estos días- a sectores cada vez más amplios de la oposición atraídos a la estrategia del derrocamiento por la vía de la violencia del gobierno bolivariano por dos factores. Por un lado, la impunidad con que se espera contar del acosado gobierno bolivariano que ha sido excesivamente tolerante con los revoltosos (hablamos de gente que destruye bienes públicos y privados; tiende “guayas” para degollar motorizados; ataca con “bombas molotov”, etcétera); por el otro, por el “ejemplo exitoso” de Ucrania, en donde una banda de neonazis se montó sobre una protesta originalmente pacífica y perpetrando toda clase de crímenes y desmanes se hizo del gobierno, mismo que fue inmediatamente reconocido por la Casa Blanca y sus compinches de la Unión Europea. La blandura en el tratamiento de los sediciosos y los violentos precipitará la desmoralización de las filas chavistas, la disgregación de sus estructuras organizativas y una muy negativa modificación de la correlación de fuerzas en desmedro de la revolución y a favor de la contrarrevolución, porque de esto se trata cuando en Washington se habla de “cambio de régimen”. En momentos como este, la benignidad en el tratamiento de quienes quieren lograr a sangre y fuego borrar de la faz de la tierra a la Revolución Bolivariana es el camino seguro para la autodestrucción del proceso. Primero habrá que aplastar la contrarrevolución en marcha, y luego se verá quienes serán los que merezcan beneficiarse de la generosidad e hidalguía de la revolución ratificada en el poder.

 

c) Tercero, potenciar y mejorar la organización popular y sus mecanismos de movilización. La derecha intentará combinar sus acciones violentas y destituyentes con el control “pacífico” de las calles con guarimbas, marchas y toda clase de manifestaciones callejeras. El chavismo deberá recuperar rápidamente su memoria y dejar bien sentado que su predominio en este terreno ha sido y deberá seguir siendo incontrastable, más allá de cualquier acuerdo al que pueda llegarse en las mesas de diálogos. Porque sin el respaldo de “la calle” y el pueblo organizado tales acuerdos cupulares carecerán por completo de eficacia. Y además habrá que hacer consciente a la base chavista y al pueblo en general que lo que está en juego es el futuro de la Revolución Bolivariana y las conquistas históricas de quince años, y que su efectiva defensa requiere inexorablemente la inmediata profundización del socialismo y el inmediato cumplimiento de las orientaciones establecidas por el Comandante Hugo Chávez Frías en el “Golpe de Timón” dado a conocer en la reunión del Consejo de Ministros del 20 de Octubre del 2012. Cualquier gobierno que surja como producto de esta contraofensiva imperial procederá de la misma manera que lo hizo el 11 de Abril del 2002 el gobierno de Pedro Carmona Estanga, cuando en su primer decreto derogó de un plumazo la Constitución de 1999 y todos los derechos establecidos en la misma, disolvió todos los poderes del estado, declaró ilegal el marco jurídico existente, removió todas las autoridades surgidas del voto popular en los niveles nacional, estatal y municipal y puso fin al convenio de cooperación con Cuba.

 

d) Por último, será preciso extremar todos los recursos para librar con la máxima eficacia el combate en el crucial terreno de los medios de comunicación de masas, que al decir del Pentágono es el ámbito primordial en el que hoy se libra la guerra que enfrenta la revolución con la contrarrevolución, y en el cual los gobiernos progresistas y de izquierda de la región siempre han demostrado peligrosas debilidades ante enemigos que desde hace mucho tiempo desplegaron una estrategia de dominación y manipulación mediática que ha tenido profundas repercusiones en el imaginario popular. Mentiras sistemáticamente propaladas terminan siendo percibidas como verdades indiscutibles, y ante esto es preciso responder en forma adecuada utilizando creativamente todos los medios tradicionales de comunicación (prensa, radio, televisión) pero también las grandes posibilidades que ofrecen las redes sociales. 

Tomado del blog del autor

Juan Gelman y Octavio Paz

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Por Atilio Borón

 Dos poetas, dos posturas diametralmente opuestas: Gelman fue un poeta exquisito a la vez que un notable y comprometido estudioso de la realidad contemporánea. El más grande de la Argentina y uno de los mayores de la literatura hispano-americana. Pero a lo anterior añadió una virtud que no tuvo Octavio Paz, el otro de los grandes poetas de nuestra lengua : el mexicano cambió de bando y en lo más fragoroso del combate desertó y saltó al otro lado de la barricada. Gelman, en cambio, fiel a sus principios siempre estuvo donde tenía que estar. Paz, que había sido un ardiente revolucionario en su juventud, terminó sus años convertido en un repugnante apologista del imperialismo y del neoliberalismo.

Con el derrumbe de la Unión Soviética Paz dio rienda suelta a un visceral anticomunismo y su figura sirvió como polo de aglutinación a cuanto reaccionario anduviera suelto por el mundo. Con el generoso (y caudaloso) apoyo del gobierno de Salinas de Gortari y la Casa Blanca organizó un gran evento dizque académico en México -¡transmitido en simultáneo por Televisa y la cadena Cablevisión de Estados Unidos!- para celebrar la buena nueva y, de paso, promover la organización internacional de los intelectuales de todo el mundo para colaborar en la innoble tarea de crear el nuevo sentido común que requería un neoliberalismo que se abría paso a fuerza de ajustes, corrupción y represión.

En las antípodas de esta decadente trayectoria se yergue la figura de Gelman, que permaneció firme en su puesto mientras arreciaba el tsunami neoliberal. Contrariamente a lo ocurrido con Paz, las zozobras de la época jamás lo llevaron a exaltar lo que había repudiado a lo largo de toda su vida. Por eso fue un enemigo implacable del imperialismo, mientras Paz se convertía en su bien recompensado publicista. A la exquisitez de su poesía Gelman añadió una coherencia ejemplar que se manifestaba, semanalmente, en la solidez de sus artículos periodísticos publicados en Página/12, donde exponía con minuciosidad los crímenes, las maquinaciones y los mecanismos económicos, políticos y culturales de la dominación imperialista. Sus notas fueron a lo largo de muchos años una fuente obligada de consulta para quienes querían combatir de verdad -no con gestos y palabras vacías- al monstruo que pone en cuestión la sobrevivencia de la humanidad.

Por eso podemos decir que ha partido uno de los “imprescindibles”, como decía Brecht. Extrañaremos sus incisivas columnas semanales, pero aún así la obra de Gelman seguirá siendo fuente de inspiración para todos los que creen que debemos, y podemos, construir un mundo mejor. Sembró palabras e ideas que ya están germinando con fuerza en los corazones de millones de militantes antiimperialistas de Nuestra América.

Tomado del blog del autor

 

 

Un año para recordar

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Por Atilio A. Boron *

El año que termina fue pródigo en acontecimientos muy significativos. Una mirada latinoamericanista comenzaría por señalar que el hecho más trascendente de 2013 fue la muerte del comandante Hugo Chávez Frías. El líder bolivariano fue una verdadera fuerza de la naturaleza: un huracán que con su fervor antiimperialista, su visión estratégica de la lucha que debía librarse contra el imperio y su incansable protagonismo reconfiguró decisivamente el mapa sociopolítico del área. Chávez fue el gran mariscal de la batalla del ALCA y el hombre que llenó de propuestas lo que hasta entonces era una agradable, pero inofensiva retórica latinoamericanista, huérfana de contenidos concretos. Para Chávez aquélla tenía que ser una convocatoria a la unidad de América latina y el Caribe, unidad y no sólo integración; debía ser, tras las huellas de la Revolución Cubana, un internacionalismo solidario que se traduciría en proyectos concretos como el Banco del Sur, Petrocaribe, Telesur, Unasur y la Celac, entre tantos otros. Su muerte, en circunstancias aún no aclaradas, llenó de júbilo al imperialismo y sus aliados, pensando que con ella se acabaría el chavismo. Sin embargo, y ésta es una de las notas más positivas del año, la desaparición física de Chávez no impidió que el chavismo volviera a triunfar en las elecciones presidenciales del 14 de abril –consagrando a Nicolás Maduro como presidente– y nuevamente, por una aplastante diferencia (más de un millón de votos), sobre la coalición opositora, en las municipales del 8 de diciembre. Parece que tendremos Chávez para rato. Otra noticia muy importante fue la sorpresiva elevación del cardenal Jorge Bergoglio al papado. La consagración de este jesuita motivó un áspero debate que está lejos de apagarse en este país. Jerarca de una Iglesia que fue cómplice de todos los crímenes de la dictadura, hay quienes le fustigan por sus actitudes tibias y ambivalentes, sobre todo si se las compara con las que tuvieron otros obispos como los monseñores Angelelli, De Nevares, Novak o Hesayne. Esta sinuosidad de su conducta, síntoma de lo que Antonio Gramsci definiera como “jesuitismo”, explica las razones por las que junto a sus críticos emergiera desde las filas de la izquierda, los derechos humanos y la teología de la liberación un fogoso contingente de defensores de Francisco prestos a señalar las formas sigilosas con las que el por entonces provincial de los jesuitas habría protegido a su rebaño. Más allá de estas consideraciones los temores que muchos tenían en el sentido de que Francisco se convirtiera en una ominosa reencarnación de Juan Pablo II (quien junto a Ronald Reagan y Margaret Thatcher conformara el más formidable tridente reaccionario del siglo XX) hasta ahora han demostrado ser injustificados. Pragmático, cierto cambio en el léxico del pontífice (como por ejemplo hablar de la “Patria Grande”) o su insistente “opción por los pobres” demuestran que ha percibido con claridad los datos de este “cambio de época” y que Venezuela no es Polonia, ni Ecuador, Checoslovaquia, y que los cambios acaecidos en la región en los albores del siglo XXI ya no tienen vuelta atrás. En El 18 Brumario Marx evoca la intervención del cardenal Pierre d’Ailly en el Concilio de Constanza (1414-1418), cuando ante las quejas de los puritanos por la vida licenciosa de los papas respondiera con voz tonante “¡Cuando sólo el demonio en persona puede salvar a la Iglesia católica, vosotros pedís ángeles!”. La situación de la Iglesia hoy es mucho peor que la motivara el exabrupto de D’Ailly: incontenible deserción de la feligresía, escándalos por pedofilia, millonarios juicios de las víctimas y bancarrota de las iglesias, manejos mafiosos del banco del Vaticano, el papel de la mujer en la Iglesia y el cuestionamiento del celibato sacerdotal configuran una agenda que difícilmente le dejen tiempo a Francisco para organizar la dispersa y confusa derecha latinoamericana, suponiendo que quisiera hacerlo. Además, para eso está “la embajada”.

Otro acontecimiento de trascendencia fue la reaparición de Rusia como un gran actor de la política mundial. La Unión Soviética lo había sido en el casi medio siglo transcurrido desde finales de la Segunda Guerra Mundial, para desaparecer de los primeros planos cuando se produjo su hundimiento en 199192. Esto dio pie a que algunos publicistas del imperio se solazaran con la ilusión de que allí comenzaba el “nuevo siglo (norte)americano”, no ahorrando descalificaciones humillantes y racistas en contra de los rusos, como Vladimir Putin se encarga de recordar una y otra vez. El sueño del “nuevo siglo americano” rápidamente se convirtió en pesadilla. Rusia, que nunca había dejado de ser una potencia atómica y que venía acumulando fuerzas desde comienzos del siglo, irrumpió abruptamente en el escenario mundial otorgándole asilo político nada menos que a Edward Snowden, el enemigo público número uno de Washington y, después, torciéndole el brazo a Barack Obama cuando le hizo abortar sus planes de bombardear Siria. Por si lo anterior fuera poco, el apoyo ruso a Teherán aventó también un desenlace bélico por la cuestión del programa nuclear iraní, en una crisis alentada hasta el paroxismo por el régimen israelí.

La impetuosa reemergencia de Rusia sumada a la ya consolidada gravitación de China en la economía y la política mundiales produjo significativas modificaciones en el gran tablero geopolítico internacional. Cambios que favorecen los proyectos emancipatorios de Nuestra América porque el derrumbe del unipolarismo norteamericano y la constitución de una estructura multipolar de poder mundial abren nuevos e inéditos márgenes de maniobra para nuestros países. El evidente debilitamiento del poderío global de los Estados Unidos (del cual el cierre de su gobierno por dos semanas es apenas uno de sus muchos síntomas) junto con el agotamiento del proyecto europeo, sacrificado en el altar de la banca alemana, hace del mundo un espacio mucho más abierto e indeterminado cuyos resquicios y contradicciones ofrecen una magnífica oportunidad para que los pueblos de Nuestra América avancen resueltamente hacia la conquista de su segunda y definitiva independencia.

Por supuesto, en el 2013 pasaron muchas otras cosas: los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, alentados por el clamor que en Colombia exige poner fin al conflicto armado, las expectativas en torno de las elecciones presidenciales de mayo de 2014; la crisis domínicohaitiana por las nuevas normas denegatorias de la nacionalidad a los hijos de haitianos nacidos en la República Dominicana; la fraudulenta elección en Honduras, donde “la embajada” asumió la responsabilidad de un tribunal electoral y sentenció quién ganó y quién perdió; las elecciones del pasado 27 de octubre en Argentina, sembrando de dudas la continuidad del proceso abierto en el 2003; el triunfo de Michelle Bachelet, regresando a un Chile desquiciado por el holocausto social del neoliberalismo; la persistencia y profundización de la crisis en México a 20 años del “grito” zapatista; la vigorosa e inesperada irrupción de grandes manifestaciones de masas en Brasil, a poco más de un año de las presidenciales del 2014, conmoviendo la estolidez de un orden social injusto y políticamente oligárquico; la aplastante victoria de la Alianza País en las elecciones legislativas del Ecuador, que le concedieron a Rafael Correa una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional; la lenta pero irreversible implementación de los nuevos “lineamientos” en la economía cubana; la consolidación del liderazgo de Evo Morales en Bolivia, de cara a las elecciones del próximo octubre; la integración plena de Venezuela al Mercosur, con el voto del Senado paraguayo; la valerosa resistencia de los pueblos ante los estragos de la gran minería a cielo abierto, el fracking y el auge del agronegocio monoproductor (soja, caña de azúcar, palma africana, etcétera) son noticias que también marcaron la agenda del año que finaliza.

A lo anterior hay que agregar la agresión imperialista y la guerra civil en Siria, donde Al Qaida, con la bendición y el apoyo de la Casa Blanca (¿no había sido Al Qaida la que perpetró el atentado del 11-S?) lucha codo a codo con los mercenarios sauditas, yemenitas e israelíes que procuran derrocar a Al Assad; golpe militar pronorteamericano en Egipto, en contra del gobierno de Mohamed Morsi y la Hermandad Musulmana, no suficientemente pronorteamericanos según Washington; intervención armada de tropas francesas en Mali para contener a los insurgentes aliados de Al Qaida (¡mientras París apoya a esta organización en Siria!) y, finalmente, la muerte de Nelson Mandela, comunista de toda la vida que liquidó el apartheid sudafricano y fue acusado de “terrorista” por Estados Unidos hasta julio de 2008.

Y hoy, ya en el 2014, celebremos con inmensa alegría el 55º aniversario del triunfo de la Revolución Cubana –un acontecimiento “histórico-universal”, como seguramente lo hubiera caracterizado el viejo Hegel– destinado a inaugurar una nueva era en la lucha de los pueblos de América latina y el Caribe, Africa y Asia por su definitiva emancipación.

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Tomado de Página/12

BACHELET: “ANTIPOLÍTICA” + ANTIPARTIDO = GOBIERNO DE LOS MERCADOS

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Por Atilio A. Borón

Si hay algo que puede vaciar de contenido un proyecto democrático es la combinación entre abstencionismo electoral y el rechazo de los partidos políticos. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo en Chile a partir del triunfo de Michelle Bachelet en un comicio en el cual quien verdaderamente arrasó fue el abstencionismo, que arañó el 59 por ciento del padrón electoral, mientras que Bachelet apenas obtuvo el apoyo de un 25 por ciento del mismo.

No hace falta ser un Premio Nobel de Ciencia Política (plaga por ahora inexistente) para concluir que la democracia chilena enfrenta una grave crisis de legitimidad: la “antipolítica”, o sea, la indiferencia ciudadana ante el predominio indiscutido de los grandes intereses privados expresa, de manera categórica, el triunfo ideológico del neoliberalismo en un país en donde no sólo la economía tiene ese signo ideológico sino que también lo asume como su divisa una sociedad que lleva más de cuarenta años de indoctrinamiento en los valores más exacerbados del individualismo burgués.

La apatía ciudadana no es un capricho. Se explica por un hecho bien sencillo: una democracia que durante más de veinte años se desinteresó por la suerte de la ciudadanía (al paso que se desvivía por asegurar las ganancias de los capitalistas) al cabo de un cierto tiempo sólo podía cosechar apatía, desinterés y, en algunos casos, el abierto repudio de amplios sectores de la sociedad. No sorprende que la última encuesta de Latinobarómetro haya certificado que, interrogada sobre cuál es la forma preferible de gobierno, casi un tercio de la muestra entrevistada en Chile, exactamente el 31 por ciento, declarase preferir un gobierno autoritario o que “le da lo mismo” cualquier clase de régimen político.

En Venezuela, en cambio, para tomar el caso de un gobierno ferozmente atacado por la prensa hegemónica en la región a causa de sus supuestos “déficits democráticos”, quienes contestan de la misma manera constituyen apenas el 11 por ciento de los entrevistados. Y como asegura la teoría política, la calidad de una democracia se mide, entre otras cosas, por las creencias políticas de sus ciudadanos. No es este el único indicador en el cual la Venezuela bolivariana supera a casi todos los países de la región, comenzando por Chile.

El triunfo del neoliberalismo y la exaltación de los valores mercantiles se traducen naturalmente en la derrota de la política a manos del mercado; del espacio público subyugado por la esfera de lo privado, dominada por las grandes empresas. A lo anterior súmesele la preocupante declaración que hiciera Bachelet al día siguiente de su victoria cuando dijera (tal como lo reprodujera Página/12 en su edición del 17 de Diciembre) que “las decisiones las voy a tomar yo, no sólo del gabinete. La coalición que me apoya es una cosa, la constitución del gobierno yo la voy a decidir.” En otras palabras el peor de los mundos: apatía ciudadana combinada con la desmovilización, o marginación de los partidos políticos y, por añadidura, de movimientos sociales u otras formas de organización, que son la expresión de las aspiraciones, expectativas e intereses de las clases y capas sociales que componen la sociedad chilena.

¿Creerá acaso la futura presidenta que de ese modo podrá avanzar en la reforma de la antidemocrática constitución pinochetista, el regresivo régimen tributario y la educación convertida en un negocio que ofrece pingües ganancias a los empresarios que lucran con ella, para ni hablar de derogar la decimonónica y reaccionaria legislación laboral que todavía subsiste en Chile? Sin una población re-politizada (como supo ser la del Chile de Salvador Allende) y sin partidos políticos y movimientos sociales que canalicen y potencien las aspiraciones populares la democracia chilena continuará siendo fácil presa de las clases dominantes, de los grandes empresarios que desde dentro y fuera de Chile han venido controlando el estado y los sucesivos gobiernos desde el golpe del 11 de Septiembre de 1973.

Convendría que, habida cuenta de lo anterior, Bachelet reflexionara sobre lo que más de una vez sentenciara George Soros: “los ciudadanos votan cada dos años, los mercados votan todos los días.” Controlar ese nefasto influjo cotidiano de los mercados –eufemismo para no designar por su nombre al gran capital- será una misión imposible sin sortear la trampa de la “antipolítica” y sin garantizar que los partidos, sobre todos los de izquierda, jueguen un papel protagónico en su gobierno. De lo contrario, el tránsito desde esa frágil democracia sin ciudadanos hacia una plutocracia desenfrenada será tan acelerado como inevitable.

Mandela y Fidel

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Por Atilio A. Boron *
La muerte de Nelson Mandela precipitó una catarata de interpretaciones
sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol
del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica. Se trata de
una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que
luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional
Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada
y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica, pero
sin atentar contra vidas humanas.

Mandela recorrió diversos países deÁfrica en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y poco después se lo condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención. Mandela, por lo tanto, no fue un “adorador de la legalidad burguesa”, sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de

lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales
libraba sus batallas. Se dice que fue el hombre que acabó con el
odioso “apartheid” sudafricano, lo cual es una verdad a medias.

 

La otra mitad del mérito les corresponde a Fidel y la Revolución Cubana,
que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte
de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República
Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos
mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por EE.UU. a
través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, en la cual una
vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución
Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases
para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia
en contra del “apartheid” sudafricano. Por eso, enterado del resultado
de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de marzo de 1988,
Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en
llamar “la Stalingrado africana” fue “el punto de inflexión para la
liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del
apartheid”. La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses
asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y
precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar,
terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra
mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios.
Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de
1995 Mandela diría que “los cubanos vinieron a nuestra región como
doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como
colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra
el colonialismo, subdesarrollo y el “apartheid”… Jamás olvidaremos
este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo”. Es un
buen recordatorio para quienes hablan de la “invasión” cubana a
Angola.

Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad
internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión
de la lucha contra el racismo en Africa. Entre 1975 y 1991, cerca de
450.000 hombres y mujeres de la isla pararon por Angola jugándose en
ello su vida. Poco más de 2600 la perdieron luchando para derrotar el
régimen racista de Pretoria y sus aliados. La muerte de ese
extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión
para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo
internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.

* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Nelson Mandela, la Revolución Cubana y los valores universales

Leyde E. Rodríguez Hernández
Rebelión

En un discurso que Nelson Mandela, premio Nobel de la Paz y
ex-presidente de Sudáfrica, pronunció, en Cuba, el 26 de julio de
1991, dejó plasmado para la historia su admiración hacia la Revolución
Cubana, su líder histórico Fidel Castro Ruz y el pueblo de la Isla,
cuando dijo:

“El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos
de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a
la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene
paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan.

Desde sus días iníciales, la Revolución Cubana ha sido una fuente de
inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad. Admiramos los sacrificios del pueblo cubano por mantener su independencia y soberanía ante la pérfida campaña imperialista orquestada para destruir los impresionantes logros alcanzados por la Revolución Cubana.”

Mandela también mostró su agradecimiento al pueblo cubano por la
desinteresada ayuda que le han ofrecido a África:

“Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la
ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban
dando al pueblo de Angola —en una escala tal que nos era difícil
creerlo— cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada
por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los
mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975.

Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros
países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra
soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo
que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.

Sabemos también que esta fue una acción popular en Cuba. Sabemos que
aquellos que lucharon y murieron en Angola fueron solo una pequeña
parte de los que se ofrecieron como voluntarios. Para el pueblo
cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo
que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de
la humanidad.”

Mandela terminó su discurso diciendo:

“¡Viva la Revolución Cubana!
¡Viva el compañero Fidel Castro!”

En esta hora de la desaparición física de Nelson Mandela, honramos al
amigo de Cuba que se ganó el respeto y la admiración de miles de
luchadores por la justicia social alrededor del mundo. Al hombre
convertido en símbolo de lucha contra el régimen del apartheid, al
rebelde que no pudieron doblegar en la lucha por el ideal de una
sociedad libre, democrática y no racial. Con su vida extraordinaria,
Mandela demostró, como dijo José Martí, que una idea justa desde el
fondo de una cueva puede más que cualquier ejército.

El propio Mandela había dicho sobre su existencia: “He dedicado toda
mi vida a la lucha del pueblo africano de Sudáfrica; he luchado contra
la dominación blanca y contra la dominación negra. He soñado con el
ideal de una sociedad libre y democrática… un ideal por el cual deseo
vivir para lograrlo. Pero si fuera necesario, un ideal por el cual
estoy dispuesto a morir.”

Mandela fue un ejemplo digno de luchador valiente e inquebrantable,
por valores legítimos que, en el siglo XXI, siguen siendo universales.

Leyde E. Rodríguez Hernández es profesor en el Instituto Superior de
Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”.

Tomados de Rebelión

Chile 40 años después

HASTA EL CÓNDOR LLORÓ

Por Mercedes López San Miguel

Actos de todos los sectores, homenajes a asesinados y desaparecidos, programas alusivos de radio y televisión que se repitieron todo el día, publicaciones especiales y hasta pedidos de perdón por parte de los altos tribunales reflejaron el repudio a la dictadura y un salto en la memoria

Escriben: Atilio Boron, Ariel Dorfman, Oscar González, Martín Granovsky y Miguel Rojas

Cobertura de Página/12

Victoria y desestabilización

Por Atilio A. Boron *

El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende, el candidato de la Unidad Popular –coalición formada por los partidos Comunista, Socialista y Radical y otras tres pequeñas agrupaciones políticas–, obtenía la primera minoría en las elecciones presidenciales chilenas. Allende representaba la línea más radical del socialismo chileno y durante la década del 60 había demostrado en los hechos su profunda solidaridad y amistad con el pueblo y el gobierno cubanos, a punto tal que cuando se crea la OLAS, la Organización Latinoamericana de Solidaridad, para defender a la cada vez más acosada Revolución Cubana y ofrecer una cobertura a la campaña del Che en Bolivia, la presidencia de esta institución recayó en las manos del por entonces senador chileno. Tres candidatos se presentaron a las elecciones del 4 de septiembre: aparte de Allende concurría el candidato de la derecha tradicional, el ex presidente Jorge Alessandri; y el de la desfalleciente y fracasada Revolución en Libertad, impulsada por la democracia cristiana, Radomiro Tomic. Al final de la jornada, el recuento arrojó estos guarismos: Allende (UP), 1.076.616 votos; Alessandri (Partido Nacional), 1.036.278; y Tomic (DC), 824.849. La legislación electoral de Chile establecía que si el candidato triunfador no obtenía la mayoría absoluta de los votos, el Congreso Pleno debía elegir al nuevo presidente entre los dos más votados. A nadie se le escapaba la enorme significación histórica que asumiría la consolidación de la victoria de Allende: sería el primer presidente marxista de la historia, que llegaba al poder en un país de Occidente en el marco de las instituciones de la democracia burguesa y en representación de una coalición de izquierda radical. El impacto en la derecha latinoamericana y mundial de la victoria de Allende fue enorme y tremendas presiones desestabilizadoras se desataron desde la misma noche de su victoria.

El Congreso fijó para el día 24 de octubre de 1970 la fecha de la sesión que confirmaría el triunfo de Allende. Pero un día antes un comando de la derecha hiere mortalmente, en un atentado terrorista, al general constitucionalista René Schneider, quien habría de morir pocos días después. Schneider había manifestado que las fuerzas armadas chilenas debían respetar el veredicto de las urnas y lo pagó con su vida. La CIA, que venía siguiendo los sucesos de Chile muy de cerca desde comienzos de los sesenta, fue la que, en colaboración con un grupo de la extrema derecha chilena, planeó y ejecutó ese luctuoso operativo. Pese a la conmoción del momento, el Congreso procedió a ratificar el triunfo de Allende por 153 votos contra 35 para Alessandri.

Vale la pena recordar estos antecedentes ahora que se acaban de cumplir 43 años de la magnífica gesta del pueblo chileno y de Salvador Allende. Y recordar también que, según documentación desclasificada de la CIA, el 15 de septiembre de 1970, pocos días después de las elecciones, el presidente Richard Nixon convocó a su despacho a Henry Kissinger, consejero de Seguridad Nacional; a Richard Helms, director de la CIA, y a William Colby, su director adjunto, y al fiscal general John Mitchell a una reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca para elaborar la política a seguir en relación con las malas nuevas procedentes desde Chile. En sus notas, Colby escribió que “Nixon estaba furioso” porque estaba convencido de que una presidencia de Allende potenciaría la diseminación de la revolución comunista pregonada por Fidel Castro no sólo a Chile sino al resto de América latina. En esa reunión, Nixon propuso impedir que Allende fuese ratificado por el Congreso a cualquier precio. Estas fueron sus instrucciones: “Una chance en diez, tal vez, pero salven a Chile. Vale la pena el gasto. No preocuparse por los riesgos implicados en la operación. No involucrar a la embajada. Destinar 10 millones de dólares para comenzar, y más si es necesario hacer un trabajo de tiempo completo. Mandemos los mejores hombres que tengamos. De inmediato: hagan que la economía grite. Ni una tuerca ni un tornillo para Chile. En 48 horas quiero un plan de acción”.

El encargado de monitorear todo el proyecto fue Henry Kissinger y ya sabemos cómo terminaría esta conspiración tres años más tarde.

Si miramos el panorama actual de América latina y el Caribe veremos que la actuación de Washington poco o nada ha cambiado. Que como decía la poesía de Violeta Parra, “el león es sanguinario en toda generación”. La actuación del imperialismo en los países de Nuestra América, y especialmente en la vanguardia formada por Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, no difiere hoy lo que la CIA y las otras agencias del gobierno estadounidense aplicaran con salvajismo en el Chile de Allende: Schneider asesinado, Carlos Pratts asesinado en Buenos Aires, Orlando Letelier (ex canciller de Allende) asesinado a cientos de metros de la Casa Blanca, amén de los miles de detenidos, torturados y desaparecidos después del golpe militar de 1973. Sería ingenuo pensar que hoy, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz convoque a sus asesores para elaborar estrategias políticas distintas en relación con las resistencias que se alzan en contra del imperialismo en Cuba como en Venezuela, en Bolivia como en Ecuador y, por añadidura, en toda América latina y el Caribe, región absolutamente prioritaria para preservar la integridad de la retaguardia imperial. En contra de los discursos colonizadores, racistas y autodescalificadores que pregonan la irrelevancia de esta parte del mundo, los trágicos sucesos de Chile ya demostraban hace más de cuarenta años nuestra crucial relevancia para la dominación global de Estados Unidos. Hoy podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que por comparación a lo ocurrido en aquellas aciagas jornadas de 1970, la importancia de Nuestra América es muchísimo mayor, como lo es la virulencia terrorista del imperio en su empeño por retrotraer la situación de nuestros países a la existente antes del triunfo de la Revolución Cubana. De ahí la necesidad de tomar nota de las lecciones que nos deja el caso chileno y no bajar la guardia ni por un segundo ante tan perverso e incorregible enemigo, cualesquiera sean sus gestos, retóricas o personajes que lo representen. Nixon, Reagan, Bush (padre e hijo), Clinton y Obama son, en el fondo, lo mismo: marionetas que administran un imperio que vive del saqueo y el pillaje, amparado por un formidable aparato ideológico y comunicacional y un todavía más tremendo poder de fuego capaz de eliminar toda forma de vida en el planeta Tierra. Sería imperdonable que nos equivocáramos en la caracterización de su naturaleza y sus verdaderas intenciones.

Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

El día en que todo cambió

Por Ariel Dorfman *

Si estoy con vida, si cuarenta años más tarde puedo contar la historia del golpe del 11 de septiembre de 1973, es gracias a la ciega generosidad de mi amigo Claudio Jimeno.

Lo recuerdo ahora tal como lo vi entonces, cuando me despedí de él sin saber que se trataba de una despedida final, sin saber que en poco tiempo él estaría muerto y yo iba a sobrevivir, ninguno de los dos anticipando que los militares lo matarían a él en vez de ensañarse conmigo.

Nos conocimos en 1960, cuando los dos cursábamos el primer año de estudios en la Universidad de Chile. Incisivos sobresalientes y una mata de pelo negro erizado le habían merecido un apodo, Conejo, que luciría hasta el día de su muerte. Estaba de novio con Chabela Chadwick, una estudiante de química, y cuando yo comencé a salir con Angélica, mi futura mujer, los cuatro participábamos, junto a otros entusiastas condiscípulos, en un raudal de actividades: bailes y paseos a la playa y, sobre todo, sumándonos a manifestaciones de protesta. Porque lo que en última instancia más nos unía, más allá de compartir confidencias y esperanzas, era una feroz necesidad de batallar por la justicia social en un continente de extrema pobreza y desarrollo frustrado.

Como millones de otros chilenos, Claudio y yo éramos fervientes seguidores del socialista Salvador Allende, que proclamaba –en una época en que la guerrilla se alzaba con furia en toda América latina– que era posible una revolución en nuestro país sin recurrir a la violencia, que podíamos crear una sociedad más justa y soberana por medios democráticos y pacíficos. Nuestros sueños se hicieron realidad cuando, diez años más tarde, Allende ganó las elecciones presidenciales de 1970.

Los sueños y la realidad, sin embargo, no siempre van de la mano.

Ya a mediados de 1973, el gobierno de Allende estaba asediado por sus enemigos internos y externos y la creciente amenaza de un pronunciamiento militar. De manera que cuando Fernando Flores, el secretario general de Gobierno del Presidente, me pidió que sirviera como su asesor de prensa y cultura, no tuve la menor duda. Una de mis responsabilidades más urgentes era que debía hacer guardia una vez, cada cuatro noches, en La Moneda, para que pudiera comunicarme con Allende en caso de alguna emergencia. Las otras noches se rotaban entre tres otros asesores, uno de los cuales era Claudio Jimeno.

De manera que cuando me di cuenta de que me tocaba dormir en La Moneda la noche del lunes 10 de septiembre, nada más natural, entonces, que canjear ese turno con mi viejo amigo, pedirle si era posible hacerme cargo de su guardia del domingo 9 de septiembre. Me convenía ese domingo porque era la única ocasión que tenía para mostrarle a Rodrigo, mi hijo de seis años, la galería de retratos de los primeros mandatarios de Chile y para que experimentara, antes de que su madre viniera a buscarlo, ese momento mágico en que las luces del Palacio se prendían al crepúsculo.

Claudio asintió sin la menor vacilación. En esos tiempos azarosos, pasar aunque fuera una hora extra con el hijo al que no teníamos la certeza de ver al día siguiente constituía un regalo insuperable. De hecho, me agradeció el trueque, ya que le permitía gozar de un domingo tranquilo con Chabela y sus dos hijos.

Y entonces quiso la buena y la mala suerte que fuera Claudio Jimeno el que respondió el teléfono en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, recibiendo la noticia de que el golpe, liderado por el general Augusto Pinochet, había comenzado. Y fue Claudio el que llamó a Allende y Claudio el que luchó a su lado en La Moneda y Claudio el que terminó siendo apresado y luego torturado y finalmente muerto, convirtiéndose en uno de los primeros chilenos desaparecidos. Mientras que yo desperté al lado del amor de mi vida, de Angélica, y traté de llegar a La Moneda y no pude lograrlo y heme aquí, cuarenta años más tarde, conmemorando a mi amigo y lo que se perdió y lo que se aprendió, y recordando, porque Claudio no lo puede hacer, cómo mantuvimos viva la esperanza en medio de la oscuridad. Heme aquí, todavía sin poder visitar la tumba de Claudio porque los militares que lo mataron todavía no revelan dónde echaron su cuerpo vejado.

El destino de Claudio prefiguró el de su país.

Nos aguardaban décadas de represión y pavor, de pesadumbre y combate. Aun cuando terminamos derrotando a la dictadura, nuestra democracia restaurada se vio severamente restringida. La siniestra Constitución de Pinochet, aprobada en un referéndum fraudulento en 1980, sigue siendo hasta el día de hoy la ley suprema de la república, obstaculizando tantas reformas imprescindibles que el país reclama.

Si bien aquel 11 de septiembre de 1973 fue trágico para tantos chilenos, también tuvo consecuencias más allá de nuestras orillas remotas. El naufragio de la revolución chilena repercutió en forma significativa en Europa, donde llevó a una fundamental reorientación de la izquierda en varios países (notablemente España, Francia e Italia), la certeza de que no bastaba con una mayoría electoral exigua para llevar a cabo transformaciones sustanciales en la sociedad, sino que se necesitaba un consenso amplio y profundo. En los Estados Unidos, la intervención de la CIA en la caída de Allende fue uno de varios factores que condujeron a investigaciones del Congreso, estableciendo leyes limitando las intromisiones del Poder Ejecutivo norteamericano en los asuntos internos de otras repúblicas, abriendo una discusión que es en este momento más perentoria que nunca, en vista de que los presidentes norteamericanos siguen adjudicándose el derecho a inmiscuirse ilegalmente en cualquier rincón de la Tierra donde sus intereses podrían peligrar, es decir, matar y espiar en todo el mundo.

El legado más crucial, sin embargo, del 11 de septiembre chileno fueron las estrategias económicas implementadas por Pinochet. Mi país se convirtió, en efecto, en un laboratorio para un salvaje experimento neoliberal, una tierra donde la avaricia desmedida, la extrema desnacionalización de los recursos públicos y la supresión de los derechos de los trabajadores fueron impuestas con virulencia a un pueblo desamparado. Muchas de estas políticas fueron adoptadas más tarde por Margaret Thatcher y Ronald Reagan (así como por líderes en el resto del globo), acarreando una disparidad escandalosa en la distribución del ingreso y la riqueza y, podría argüirse, creando condiciones para las últimas crisis financieras que han sacudido al planeta. Por cierto, este modelo chileno de un libre mercado exorbitante y sin frenos no ha perdido hoy su atractivo. La drástica y desastrosa privatización del sistema previsional sufrida en Chile es enaltecida por derechistas de todas las estampas como una “solución” al “problema” de las pensiones de los jubilados. Y recientemente, The Wall Street Journal, en un editorial, sugería que “ojalá los egipcios tuvieran la buena suerte de que sus nuevos generales reinantes resultaran ser como Augusto Pinochet de Chile”.

Afortunadamente, Chile no exportó únicamente las peores experiencias surgidas de la asonada militar. También ha servido como un modelo de cómo un pueblo desarmado puede, a través de la no violencia y una ardua campaña de desobediencia civil, conquistar el miedo y liquidar a una dictadura. Los alentadores movimientos de resistencia y en favor de la democracia que han brotado en todos los continentes durante estos últimos años prueban que el futuro no tiene que ser despiadado, que el 11 de septiembre chileno no marcó el final de la búsqueda de libertad y justicia social por la que murió Claudio Jimeno, que tal vez su sacrificio no fue enteramente en vano.

Y, sin embargo, no me puedo consolar. Cuarenta años más tarde todavía recuerdo su sonrisa de conejo cuando me dijo adiós en La Moneda aquella noche del 10 de septiembre de 1973.

Al día siguiente, ese martes desbordante de terror en Santiago, muchas cosas cambiaron para siempre, cambios políticos y económicos que alteraron a Chile y, se podría aventurar, también al mundo. Pero cuando contemplamos el pasado, lo que necesitamos recordar es que finalmente la historia la hacen y padecen seres humanos reales, hombres y mujeres que quedan penosamente afectados. La historia consiste de muchos Claudios y muchos Jimenos de nuestra especie, uno más uno más uno.

Esa es la historia irreparable, la que nos duele y conduele: no puede Claudio despertar, como lo hago yo cada mañana, al canto interminable de los pájaros.

Claudio Jimeno, el amigo que murió en mi lugar cuarenta años atrás, nunca ha de ver a sus nietos crecer, nunca podrá sonreírse cuando lo llamen Abuelo Conejo.

* Escritor chileno. Su último libro es Entre sueños y traidores: un striptease del exilio.

Combatir en todas partes

Por Oscar R. González *

Ahora que se conmemoran los 40 años del golpe pinochetista quizás haya llegado la hora de recordar a un anónimo militante socialista argentino que fuera una de las víctimas de aquel episodio que truncó la vida del legendario Salvador Allende y su “vía chilena al socialismo”.

Oscar Bugallo, más conocido entonces como El Chileno, había llegado a militar con los jóvenes socialistas que mimeografiábamos Pueblo Rebelde y acompañábamos la lucha de algunas comisiones internas fabriles. Se había sumado para fortalecer la organización de ese pequeño destacamento que provenía del antiguo socialismo argentino con la voluntad de emular al Che y al Compañero Presidente.

De origen comunista, Oscar rápidamente se mimetizó con la modesta organización –y con el Frente de los Trabajadores, que patrocinaba– y asumió en ella el rol de capacitador, no sólo en materia política sino también de cierta autodefensa que era imprescindible para garantizar la presencia militante en aquella época difícil.

Tras un año de compartir la experiencia con aquel grupo que se pretendía afluente de una futura construcción alternativa revolucionaria para un país sometido a una recurrente dictadura cívico-militar, Oscar se fue a Chile para integrarse al Partido Socialista y a la CUT, dejándonos una carta de despedida que concluye premonitoriamente con una doble consigna: “Por el socialismo, a combatir en todas partes. A morir bajo cualquier bandera”.

El golpe del 11 de septiembre lo encontró abocado a organizar la resistencia en los cordones industriales de Santiago. Tiempo después, su compañera, Margie, recibió la funesta noticia de su muerte. Tras los reclamos, pudimos conseguir el envío del cadáver, que recibimos en un tétrico furgón de ferrocarril en la estación Retiro. Un día después, con banderas rojas y puños en alto, lo enterramos en el cementerio de la Chacarita.

Pasaron cuatro décadas intensas en la Argentina, en Chile y en el mundo. Cayeron muros, hubo amaneceres y crepúsculos políticos. Durante esa larga etapa, no supimos en detalle cómo había muerto nuestro compañero. Hasta que, hace unos días, su compañera obtuvo apenas un indicio que fue transformándose en versión y terminó siendo el testimonio de un socialista chileno que compartió militancia con Oscar, estuvo con él durante “aquel fatídico 11 de septiembre” y lo dejó tras una reunión de resistentes, pocos instantes antes de que llegara la partida militar que lo arrestaría y le daría muerte. Era el 8 de noviembre de 1973; Oscar tenía sólo 24 años.

* Socialistas para la Victoria. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Allende, el cambio y la codicia

Por Martín Granovsky

La reunión fue en Washington. Se realizó cuando el ataque de los Estados Unidos al gobierno de Salvador Allende estaba por conseguir el jaque mate. Por los Estados Unidos participaron siete funcionarios del Departamento de Estado, con su jefe William Rogers al frente. Por Chile otros siete. Encabezaba la delegación chilena el entonces embajador en Washington, el socialista Orlando Letelier, que terminaría como ministro de Defensa de Allende y en 1973 sufriría prisión y tortura antes de que una campaña internacional obtuviese su liberación y le permitiese viajar al exterior. También participó un joven diputado de la Unidad Popular, Luis Maira. El encuentro fue áspero y duro. Por si alguno tenía dudas, al final de dos días de discusiones bilaterales, Rogers y Kissinger mantuvieron una reunión a solas con Letelier. Como consejero de Seguridad Nacional, el cargo desde donde Washington articula la política exterior y la de inteligencia de la presidencia, Kissinger no tenía obligación funcional de encontrarse con los chilenos. Pero quiso hacerlo.

Rogers se quejó del trato de Allende a las empresas norteamericanas nacionalizadas. Y luego de Rogers, Kissinger habló sin vueltas: “América latina es una región de casi ninguna importancia… Chile no tiene ningún valor estratégico. Nosotros podemos recibir cobre de Perú, Zambia, Canadá. Ustedes no tienen nada que sea decisivo. Pero si hacen ese proyecto de camino al socialismo del que habla Allende, vamos a tener problemas serios en Francia e Italia, donde hay socialistas y comunistas divididos, que con este ejemplo podrían unirse. Y eso afecta sustancialmente el interés de Estados Unidos. No vamos a permitir que tengan éxito. Tengan eso en cuenta”.

Maira, que fue embajador del gobierno de la Concertación en la Argentina, suele contar el episodio para ilustrar hasta qué punto la situación chilena era clave para Washington en el tablero mundial de la Guerra Fría. Y también cuenta Maira que pocos meses después de esa reunión en Washington, él y otros sobrevivientes del golpe de Augusto Pinochet terminaron en el exilio. (Refugiado primero en Caracas y después en los Estados Unidos, Letelier fue asesinado por un comando pinochetista en Washington el 21 de septiembre de 1976.)

Un día, cenando en Buenos Aires con Ricardo Lagos y un grupo de argentinos, narró Maira: “Cuando llegamos a México nos dimos cuenta de que nos había derrocado una potencia a la que no conocíamos bien por dentro. En 1974 fundamos el Centro de Investigación y Docencia Económicas, el CIDE. Y nos pusimos a estudiar todo. Todo. Desde la Constitución de los Estados Unidos hasta su historia. Desde sus mecanismos de decisión hasta el papel del Congreso. No podíamos seguir ignorando en detalle una realidad tan decisiva”.

No solo los exiliados chilenos se hicieron cargo de analizar en profundidad qué había ocurrido en Chile y por qué. También la izquierda europea buscó entender el mensaje enviado por Washington sobre todo a Italia, donde el Partido Comunista había crecido hasta ser el más grande de Occidente y ya representaba a uno de cada tres votantes.

Enrico Berlinguer era el secretario general del PCI. En 1980, diez años después del triunfo de la Unidad Popular y siete años después del golpe, Berlinguer analizó el papel obligatoriamente bivalente de Allende. Primer papel: el Compañero Presidente debía ser “el supremo aval de la legalidad vigente”. Segundo papel: estaba obligado a convertirse en “el líder del movimiento popular para su profunda renovación”.

Según Berlinguer, esa contradicción que el propio Allende encarnaba en sí mismo “podía resolverse en la medida en que la Unidad Popular hubiese logrado mantener aislado al ‘enemigo principal’, por un lado, y por el otro fundir en la sociedad la alianza entre las masas inorgánicas, el proletariado y las capas medias, además de mantener en el Parlamento un entendimiento mínimo entre las fuerzas que habían elegido a Salvador Allende”. De ese modo, “la realización del programa habría dado origen al nacimiento de una mayoría social –antes que electoral–, o sea la formación de un bloque histórico que, en su proceso de desarrollo, fundaría la nueva legalidad, la nueva democracia chilena”.

Para Berlinguer, un gran mérito de Allende es que “murió ejerciendo su papel de magistrado supremo de una legalidad pisoteada por traidores, por fascistas”, y su ejemplo significó lo contrario de lo que el dirigente italiano llama “grandes cinismos”.

Y otra virtud del gobierno de la Unidad Popular que señalaba el secretario del PCI fue “haber abstraído por primera vez la noción de ‘justo provecho’ del contexto ético-religioso medieval, precapitalístico, en que nació, para instalarlo como principio jurídico internacional: con la ley de nacionalización del cobre chileno, que fija en el 12 por ciento anual los márgenes de provecho reconocido a las compañías que habían explotado las minas, sustrayendo de la indemnización debida a raíz de la nacionalización lo que ellas habían percibido más allá de ese plafond”. Leída desde hoy, parece una crítica a la agresión contra la humanidad por parte de un sistema financiero hipertrofiado.

El mundo es otro, pero dos desafíos parecen vigentes a cuarenta años del golpe en Chile y el suicidio de Allende, el 11 de septiembre de 1973: cómo lograr una gobernabilidad que permita cambiar las cosas y cómo colocar un límite a la codicia desenfrenada.

UNA VISION SOBRE LOS CAMBIOS QUE MARCO EN CHILE SU DICTADURA MAS FEROZ

Cuarenta años de exilios y desexilios

Miguel Rojas es un escritor y académico que se define como “un latinoamericano nacido en Chile”. Debió exiliarse en 1973. Aquí, recuerda a su país como Víctor Jara recordaba a Amanda, comenzando con una historia que “en cinco minutos quedó destrozada”. Sus impresiones.

Por Miguel Rojas *

El golpe nos mostró un Chile distinto. Un Chile en el que nunca hubiéramos creído si nos lo hubieran contado. Teníamos entonces una memoria democrática, aunque la veíamos amenazada: “Un golpe, sí, posible, pero no así”.

El avión lo alcancé un tiempo después, pero a tiempo. El 17 de noviembre salía de Chile rumbo a París, donde viví cerca de veinte años con pasaporte de las Naciones Unidas que, socarronamente, los exiliados llamábamos “bluyín”, por la tela de su encuadernación. Entonces volví. “Volver” fue el tango del exilio. Se equivocó Gardel, me dije cuando pisé la tierra del regreso, veinte años son muchos. Muchas cosas habían cambiado: el tono de la vida, la ciudad, el proyecto social… y paro de contar. ¿Cómo fue el antes y cómo y cuándo el después? El después está claro: comienza el 11 de septiembre de 1973. El antes es más complicado. Hay un antes, de antes de los mil días de la Unidad Popular y un antes durante.

Cuando se me plantea qué ha cambiado en Chile en estos cuarenta años, por cierto no puedo responder ni con objetividad ni con la experiencia de quien ha vivido desde entonces en el país y experimentado la historia en su día a día. Mi visión es subjetiva. Hablo desde impresiones que van del exilio al desexilio. Gran parte está basada en la memoria, sin olvidar que la memoria es engañosa. En realidad, memoria es lo que se decide recordar. Recuerdo a Chile como Víctor Jara recordaba a Amanda, comenzando con una historia que “en cinco minutos quedó destrozada”.

Así, voy a hilar recuerdos para compararlos con las impresiones del desexilio. Voy a hacer un tremendo esfuerzo para ser objetivo, pero que nadie me pida que sea neutral frente a la dictadura.

A mediados de la década de los sesenta me trasladé a Alemania, donde permanecí investigando y recorriendo Europa hasta comienzos del ’69. Volví con un proyecto cultural que se plasmó en la creación del Instituto de Arte latinoamericano, desde donde se creó el Museo de la Solidaridad. Probablemente a causa del paréntesis, visualizo dos imágenes de Chile, la de antes de la Unidad Popular y la de durante la Unidad Popular. El triunfo de la UP abrió, desde la izquierda, las puertas a la esperanza. Pero la lucha política se envenenó a causa de la “campaña del terror” que desencadenó la prensa opositora y los desbordes de determinados sectores de la izquierda. Vivimos situaciones que parecían escenificar la lucha de clases. Así lo entendió el propio Pinochet, que respondió a un periodista: “Aquí, señor, hemos suprimido la lucha de clases”.

Chile, antes de estos cuarenta años, era un país en el que había más pobreza, pero menos desigualdad. Un país en el que, pese a que siempre hubo una férrea estructura de clases, el cuerpo social no se encontraba escindido. En la Escuela de Derecho fui compañero de muchos futuros próceres políticos y económicos. Coincidimos en la Facultad con Ricardo Lagos y Anselmo Sule, figuras del radicalismo; con Osvaldo Letelier, socialista; Andrés Zaldívar, demócrata cristiano. Compañeros de graduación fueron Ricardo Claro, entonces muy lejos de ser un millonario con patrimonio de cuatro mil millones de dólares, y Margarita Labarca, que representaba la historia del Partido Comunista. Pese a las diferencias ideológicas, y sin perjuicio de discusiones y peleas en época de elecciones, todos vivíamos, cuando no en franca amistad, al menos en un civilizado compañerismo. Eso cambió ya en la época de la Unidad Popular; y, por cierto, en mucha mayor medida después del golpe, donde se escindió el cuerpo social y los opositores al régimen fueron perseguidos, asesinados y catalogados de antichilenos.

Ha cambiado la gente, se ha transformado la ciudad, pero sobre todo han cambiado los valores. Hemos transitado de una sociedad republicana con valores humanistas, a una sociedad de mercado con valores economicistas. Mi memoria urbana guarda la imagen de dos ciudades, Santiago y Valparaíso. En Santiago constaté el cambio. Desde un urbanismo de traza colonial, que tenía como centro la plaza, habíamos pasado a un urbanismo neoliberal que tiene sus centros en los malls. Han cambiado las calles y la toponimia no trae siempre buenos recuerdos. Hasta hace poco transitábamos por una avenida que conmemoraba el golpe. Han desaparecidos los cafés que animaban la vida nocturna. No soportaron el toque de queda. Ya no está El Bosco, café emblemático para la bohemia intelectual, en el que inclusive paraban los entierros de los habitués para ofrecerle al muerto su última copa. ¿Y Valparaíso? Ciudad hecha de escaleras y sueños, un balcón en el mar, con las chicas de piernas más lindas de Chile, de tanto subir y bajar graderías. Pancho, como le decían a la ciudad por la Iglesia San Francisco, faro de los navegantes. Era entonces, sin duda, el puerto con más magia del Pacífico Sur. Ciudad noctívaga con restaurantes que abrían a la una de la mañana y un bar mítico, el Roland, con un Libro de Recuerdos firmado por los más grandes escritores que habían acompañado a Neruda a escanciar la noche. Valparaíso, una ciudad llena de colores, había perdido el color. Constato con alegría que ahora parece recuperarlo. Cuando menciono el proyecto social, me refiero a dos servicios que son las grandes plataformas de la democracia: la educación y la salud. Sobre la educación ya los estudiantes han hablado. Ha cambiado catastróficamente. No puedo dejar de pensar que en las condiciones actuales yo no habría tenido los medios para ir a la universidad. El proyecto de educación neoliberal ha rentabilizado todo. En Chile ya no hay universidades públicas, hay universidades estatales, que no son un servicio público; funcionan con los mismos criterios mercantiles de la educación privada.

El tema de la salud para mí se revela en una anécdota que me dice todo. A fines de los ’80 recibí una llamada urgente que me comunicaba que mi madre había tenido un derrame cerebral y que ningún hospital la recibía si no se firmaba un cheque en blanco. Conseguí un amigo que lo hiciera y partí en el primer avión. Encontré a mi madre llena de tubos. A su lado escuché a un enfermo que decía a su esposa: “Has vendido el auto para pagar la clínica, no vayas a vender la casa, porque tú y los niños van a quedar en la calle y yo me voy a morir de todas maneras”.

* Escritor, historiador, filósofo. Publicado en Le Monde Diplomatique, edición chilena.

El ataque a Siria: las mentiras y el proyecto

Uno de los misiles  Tomahawk con el cual están equipados los navíosde la VIª Flota, preparados para ser lanzados sobre Siria. Cada uno de esos artefactos cuesta 1.400.000 dólares.  Se estima que se dispararán más de 500 en una primera etapa.

Por Atilio A. Boron.

Estados Unidos se apresta a propinar un severo escarmiento a Siria, cuyo gobierno es acusado de haber cruzado la fatídica “línea roja” arbitrariamente trazada por Washington en relación al uso de armas químicas. Sin dudas, el bombardeo misilístico de Damasco y las principales ciudades sirias tendrá gravísimas repercusiones en toda la región, abriendo las puertas a lo que quizás pudiera ser la más grave crisis militar internacional desde Octubre de 1962, cuando la de los misiles en Cuba impulsó al mundo al borde de una guerra termonuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Examinaremos en estas breves páginas dos temas relacionados con el asunto: las mentiras del imperio y, lo más importante, su plan de dominación global con especial referencia a Medio Oriente.

Las mentiras

No hay pruebas; “Si las tienen, que las muestren”, dijo desafiante Vladimir Putin. No las mostraron ni lo harán, sencillamente porque no existen. Igual que en 2003, cuando George W. Bush y Colin Powell difundieron la escandalosa patraña de las “armas de destrucción masiva” en Irak para justificar el arrasamiento de un país que, todavía hoy, sigue sumido en un interminable calvario de dolor y muerte. Ahora repiten el libreto para consumo interno, a favor de una población domesticada, propensa a aceptar los argumentos más absurdos –el “consenso prefabricado” del que habla Noam Chomsky–, tales como aquel que reza que Siria constituye una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Mienten y lo hacen descaradamente ante su propio pueblo y la comunidad internacional, ahora con la complicidad de los servicios de inteligencia franceses. Ocultan el hecho decisivo de que fue Basher Al Assad quien convocó a los inspectores de la ONU y no Washington; que fue la Casa Blanca quien, por el contrario, demandó que esos observadores se retiraran del teatro de operaciones –interrumpiendo sus investigaciones que podían arrojar una indeseable luz que identificara a los verdaderos culpables del crimen- porque el escarmiento que propinaría el “sheriff solitario” no podía demorarse ni un día más y la decisión es completamente independiente de que hubiese o no sido Al Assad quien ordenara el bombardeo con gas sarín. Ocultan también que solo bajo la hipótesis de la insanable estupidez del gobernante sirio podría éste haber enviado a la muerte a un número variable pero elevado de víctimas inocentes (las estimaciones oscilan entre 600 y 1.500, lo cual aconseja tomar los datos que aparecen en diversos medios con mucha cautela) en las mismas barbas de los peritos venidos por su encargo. Y si de algo ha dado muestras el gobernante sirio en estos días es que no es ningún estúpido. Ocultan también la evidencia que señala, más allá de toda duda, que fueron los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, sobre todo Arabia Saudita y Jordania, quienes proporcionaron las armas químicas a los mercenarios jihadistas que tomaron a Siria por asalto con la furia propia de una horda criminal. Una nota y un video confirman esto más allá de toda duda, razón por la cual Washington, que seguramente conoce estos antecedentes, está actuando con alevosía al exigir la inmediata salida de los expertos de la ONU cuyas investigaciones podrían revelar lo inconfesable.[1] Fue una corresponsal de la agencia noticiosa norteamericana Associated Press, Dale Gavlak, quien reveló que de las múltiples entrevistas efectuadas con residentes y rebeldes en el barrio de Ghouta y en otras zonas de Damasco se desprende claramente la tesis de que las armas químicas que explosionaron el 21 de agosto se hallaban en manos de los rebeldes y procedían de Arabia Saudita. Las fuentes utilizadas por Gavlak le confiaron que se produjo “un accidente” cuando fueron erróneamente manipuladas debido a la deficiente información existente sobre el producto. Una extensa nota de la periodista y ensayista argentina Stella Calloni confirma y amplía estos antecedentes y fortalece la tesis que identifica a los invasores extranjeros como los responsables de este crimen.[2]

No debería sorprendernos: la matanza ocasionada por el bombardeo de gas sarín es un clásico sabotaje en el cual los agentes de la CIA son expertos. Como cuando fraguaron el supuesto incidente del golfo de Tonkin, en 1964 –un buque de guerra norteamericano supuestamente atacado por naves vietnamitas- para que, indignada, la opinión pública estadounidense aceptara entrar en guerra con Vietnam, sólo para sufrir una humillante derrota en 1975. Ya en 1898 los nefastos predecesores de la CIA habían comenzado a cultivar tan siniestra tradición: en un sórdido autosabotaje hicieron estallar por los aires al Maine, un acorazado de los Estados Unidos amarrado en la bahía de La Habana. El martirio al que sometieron a sus compatriotas que tripulaban el navío fue el pretexto que le permitió a Washington declararle la guerra a España -que ya había sido derrotada por el glorioso ejército patriota cubano- y así despojarlo de su victoria, apoderarse de la isla y, poco después, Enmienda Platt mediante, legalizar el robo de parte del territorio cubano e instalar una enorme base naval en Guantánamo, arrendada “a perpetuidad” –flagrante monstruosidad jurídica- a los Estados Unidos. Pero hay otros antecedentes de este tipo: ¿cómo olvidar el ataque japonés a Pearl Harbor? Este fue llevado a cabo por la Armada Imperial el 7 de diciembre de 1941, cuando Washington increíblemente desoyó todas las advertencias que informaban que la flota de mar del Japón había levado anclas iniciando un periplo de más de cinco mil kilómetros en pleno Océano Pacífico y que sólo podía tener un único objetivo: llegar a Pearl Harbor y destruir la flota de Estados Unidos que allí se había apostado. O, más recientemente, el mar de sospechas que se agita en torno a los atentados del 11 S, en donde un grupo de varios centenares de prestigiosos académicos y científicos norteamericanos postulan la existencia de una conspiración surgida desde el seno de la Administración Bush como la causante principal de aquella tragedia. [3] Resumiendo: la mentira y el engaño son monedas corrientes en la administración del imperio. Los emperadores han demostrado ser mentirosos seriales, salvo poquísimas excepciones. La revelación de la farsa mediática de la CNN puesta en evidencia por Walter Martínez en la edición del 2 de Septiembre de Dossier es una prueba irrefutable del siniestro papel que juega la prensa hegemónica al difundir estas mentiras. Tal como se demostró en ese programa la CNN simula una entrevista con un “combatiente de la libertad” luchando en un frente de guerra en Damasco cuando en realidad todo no era más que un montaje y el supuesto guerrero insurrecto no era tal sino un joven desocupado que … ¡se encontraba en Londres! y se prestó gustoso para la infame maniobra, mientras los técnicos de la CNN trataban de instalar un ruido de fondo simulando estallidos de bombas y tableteo de fusiles de asalto.[4]

Washington conoce perfectamente todo esto que hemos venido planteando, pese a lo cual Obama y Kerry insisten en culpabilizar a Al Assad de haber utilizado armas químicas en contra de su pueblo. Actitud que revela la pérfida doble moral del gobierno estadounidense, que permaneció inmutable cuando su por entonces amigo Saddam Hussein gaseaba con armas químicas “Made in America” a las minorías kurdas; o cuando sus lugartenientes israelíes utilizaron fósforo en su brutal ataque a la Franja de Gaza. Enterado de las atrocidades cometidas a diario por Anastasio Somoza en Nicaragua, Franklin D. Roosevelt se encogía de hombros y decía: “Sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta”. Lo mismo habrán dicho Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obana de los crímenes perpetrados durante sus respectivas administraciones por Saddam Hussein y Benjamin Netanyahu. Claro que que Al Assad “no es su hijo de puta” y entonces su inconducta se torna merecedora de un aleccionador escarmiento. Castigo que no sufrirán él y los jerarcas de su régimen sino su pueblo: la gente que aparecerá –si es que lo hace- en los escuetos informes del Pentágono contabilizados como “daños colaterales”.

Para resumir: estamos en presencia de un imperio rapaz y mentiroso hasta la médula, que ha convertido a Estados Unidos, su centro indiscutido, en un “estado canalla”: ninguna ley internacional lo obliga, ninguna resolución de la Asamblea General de la ONU suscita su obediencia; ninguna norma moral pone en cuestión su plan de dominación mundial; y nada logra saciar el apetito del “complejo militar-industrial”, cuyas ganancias varían en proporción directa a las guerras. Hay que lanzar misiles, fletar portaaviones, movilizar helicópteros y aviones y utilizar y destruir cuanto armamento y equipo sea necesario. De no ser así se derrumbaría la rentabilidad de la industria militar y sin sus luctuosas  ganancias no se podrían financiar las carreras políticas de congresistas, gobernadores e inclusive del inquilino de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz y cínico admirador de Martin Luther King. En función de todo esto sus mentiras y la orquestada manipulación informativa a escala mundial son componentes esenciales de su proceder.

El proyecto imperialista para Medio Oriente

El voto del Parlamento británico fue un inesperado revés para la Casa Blanca, apenas compensado por la deshonrosa capitulación del “socialista” francés François Hollande, un hombre que ha arrojado sus principios a los perros y que expresa con meridiana claridad la irreversible descomposición de la socialdemocracia. Ante la defección de sus aliados europeos, con la mencionada excepción francesa, Obama está urgiendo el apoyo del Congreso de los Estados Unidos, una institución corrupta como pocas y que funciona al compás de los principales lobbies que compran la voluntad de representantes y senadores por igual y cuyas carreras políticas dependen de la generosidad de los lobistas.[5] Los principales tumores cancerígenos que corroen al Congreso de los Estados Unidos son el lobby del complejo militar-industrial, el judío, el saudita, el conformado por las empresas del sector hidrocarburífero y, para América Latina y el Caribe, el de la mafia terrorista de Miami que ha logrado posicionar dos de sus secuaces, Robert “Bob” Menéndez e Ileana Ros-Lehtinen como presidentes de las estratégicas comisiones de relaciones exteriores del Senado y de la Cámara de Representantes respectivamente. Es poco probable que una institución lastrada por tan degradados credenciales pueda, en un gesto de sensatez y humanidad, rechazar el pedido de Obama e impedir que se cometa una nueva matanza en Medio Oriente.

Siria ofrece una gran oportunidad para avanzar en la estrategia imperial: es un país debilitado por más de dos años de terrorismo desestabilizador alimentado por Occidente y sus secuaces en la región, luchas intestinas y embargos comerciales y financieros. Noam Chomsky, otra vez, siempre recuerda que Estados Unidos sólo se atreve atacar a países débiles y empobrecidos; nunca se mide con quienes puedan defenderse. Aunque Siria no sobresale por sus reservas petroleras (se ubica en el lugar 31 a nivel mundial, debajo de la Argentina, según la OPEP), está localizada en el corazón del caldero de Medio Oriente y en un sitio por donde se disputan las fabulosas ganancias de diversos proyectos alternativos de gasoductos y oleductos orientados hacia Europa.[6] Pero en Siria también están los Altos del Golán, territorio arrebatado por Israel en la guerra de 1967 y del cual proviene buena parte del agua dulce con que cuentan los israelíes. De lo anterior se infiere que el ataque y la destrucción de Siria es una oportunidad, largamente acariciada por Washington, Jerusalén y Riad, para también avanzar en aproximaciones sucesivas hacia el logro del objetivo supremo del imperio en esa parte del mundo, que por cierto no se localiza en Siria: establecer un cerco en torno a Irán y asfixiar a ese país lenta pero ininterrumpidamente hasta lograr el desplome de la revolución islámica eliminando, como recuerda Tariq Alí, al único aliado árabe que le queda.[7] El objetivo de máxima, por el que se viene trabajando desde hace largos años, es rediseñar un nuevo mapa de Medio Oriente, totalmente aherrojado al predominio norteamericano. Son demasiadas tentaciones para la burguesía imperial y sus compinches regionales: (a) posicionarse sin adversarios en la región que alberga las mayores reservas petroleras del planeta; (b) apoderarse definitivamente las nacientes de los ríos de las alturas del Golán que llegan a Israel y forzar al nuevo gobierno militar egipcio, muy influido por las doctrinas estratégicas del Pentágono, a consentir la creación de un canal que lleve el agua del Nilo hacia Israel [8];  (a) alborotar el avispero musulmán en Rusia (principalmente Chechenia) y los países situados al sur de su frontera, y (d) hacer lo propio con la “minoría islámica” en China, estimada en unas veinte millones de personas, logrando la desestabilización de dos potencias que por varios motivos se oponen a los designios estadounidenses en la región. Demasiadas tentaciones, además, para un gobernante como Obama cuyas convicciones humanistas –si alguna vez las tuvo- quedaron colgadas en la reja de la Casa Blanca el día que asumió la presidencia imperial.

Objeciones

Mal podría terminar estas líneas sin atender a una objeción levantada por muchos analistas y militantes en relación al argumento expuesto más arriba y que sostienen la imposibilidad, o la indeseabilidad, de defender un régimen despótico como el que preside Basher Al Assad, aun cuando su país haya sido víctima de una conspiración terrorista internacional o cuando esté a punto de ser arrasado por los misiles de la Sexta Flota, establecida en el Mediterráneo oriental. En tal sentido abren un amplio y fecundo campo de debate las reflexiones de Santiago Alba Rico sobre las contradicciones con las que deberá convivir quien rechace y condene -como él lo hace, y categóricamente- la agresión norteamericana a Siria. En términos aún más radicales pero en otro sentido se pronuncia el bloguero hispano-sirio, residente en España, Yassin Swehat, en una postura que termina por ser –a nuestro juicio- una desdichada re-edición de la teoría de los “dos demonios” aplicada a la escena internacional, en donde un ser maléfico e infinitamente malvado, Al Assad, es agredido por otro, Obama y sus secuaces, a quienes se los pinta como malos pero con colores muchos más amables que los que utilizan para representar al dictador sirio.[9] Si son razonables las advertencias de Alba Rico (no así en el caso de Yassin Swehat) sobre el riesgo de reconstruir conceptualmente al régimen sirio como si fuera una democracia popular y revolucionaria, no lo son para nada las posturas eclécticas (que no es el caso de Alba Rico) que rematan en una resignada y subrepticia convalidación del papel de Estados Unidos como gendarme mundial de la democracia, las libertades y los derechos humanos.

La historia ha dado reiteradas pruebas que la violenta remoción estadounidense de regímenes como los que presidieron Saddam Hussein o Muamar El Gadafi no abrieron las grandes alamedas de la libertad y la democracia de las que hablaba Salvador Allende sino que fueron el origen de procesos políticos mucho peores y cruentos que los que pretendieron remediar. Toda la tradición de la filosofía política enseña que son pocas las veces en que hombres y mujeres tienen la buena fortuna de poder elegir entre el bien y el mal como dos entidades nítidamente demarcadas y fácilmente discernibles. A veces no hay más remedio que optar por alternativas que obligan a convivir, como recordaba Alba Rico, con lacerantes contradicciones. Al Assad no es Fidel, o Chávez, ni Siria es Cuba o Venezuela. Pero aun así, y reconociendo su enorme distancia del ideal socialista, esta constatación mal podría alimentar una irresponsable indiferencia ante la incorregible perversidad del capital imperialista que, como lo recordara en tantas ocasiones Fidel, coloca a la humanidad al borde de su autodestrucción. Un imperio que tiene miedo, decía Chávez, se vuelve mucho más brutal y agresivo. Por eso, más allá de las profundas dudas que suscita el régimen sirio es imprescindible oponerse con todas nuestras fuerzas a la agresión norteamericana y condenar inapelablemente sus designios de dominación mundial. La suerte de una Siria arrasada por el fuego purificador de Washington no será diferente de la corrida por Libia, Afganistán e Irak. Los engolados himnos entonados a coro por Washington, Jerusalén, Riad y sus aliados occidentales sobre las virtudes de un “cambio de régimen”, aunque tal cosa se produzca como consecuencia de un holocausto, son apenas el taparrabos que pretende ocultar un ominoso plan de dominación mundial que debe ser combatido sin pausas y sin treguas.[10] Como lo recordaba el Che Guevara, “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así”, y el drama que se está escenificando en Siria y en Medio Oriente para nada no autoriza a pensar lo contrario.

[1] En Mayo de este año, Carla Del Ponte, distinguida miembro de la comisión de investigación sobre Siria que depende del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y ex Procuradora General del Tribunal Penal Internacional para los crímenes cometidos en la ex-Yugoslavia (TPIY), hizo una notable declaración reproducida en ese momento por la radio-televisión suiza-italiana (RSI): “Disponemos de testimonios sobre la utilización de armas químicas en particular de gas sarin. No por parte del gobierno, sino de los opositores”. La noticia fue rápidamente archivada y nunca más se habló del tema. Ver sus declaraciones y el breve video que las sustentan en:   http://www.algerie1.com/actualite/syrie-des-terroristes-entrain-de-tirer-des-obus-chimiques-video/

[2] Ver:  http://prensapcv.wordpress.com/2013/08/31/principe-bandar-jefe-de-la-inteligencia-de-arabia-saudi-entrego-las-armas-quimicas-a-mercenarios/

El trabajo de Stella Calloni se encuentra en “El juego criminal de la mentira en la invasión a Siria”, en http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/08/29/el-juego-criminal-de-la-mentira-en-la-invasion-a-siria/

[3] La  espeluznante, por lo abrumadora, evidencia que manejan estos académicos puede consultarse en en http://911scholars.org/

y especialmente en http://twilightpines.com//index.php?option=com_content&task=view&id=17&Itemid=46

[4] Cf. Walter Martínez, Dossier, edición del 2 de Septiembre de 2013, en http://multimedia.vtv.gob.ve/es/#!/programas/analisis/dossier/dossier-18774

[5] Una breve indicación, apenas: Ver la lista del dinero entregado por los lobbies y embolsado en el 2012 por los principales miembros del Congreso de Estados Unidos, una verdadera radiografía de la corrupción parlamentaria. Ir a:  http://www.opensecrets.org/lobby/lobby_contribs.php

[6] Sobre este tema recomiendo la lectura de la nota de Pepe Escobar, que entre otras cosas dice lo siguiente: “Asad también pudo hablar de –¿Qué más?– el «Oleoductistán». Le hubieran bastado dos minutos para explicar el significado del acuerdo del gasoducto Irán-Irak-Siria por 10.000 millones de dólares que se firmó en julio de 2012. Este nodo crucial del «Oleoductistán» exportará gas desde el campo South Pars de Irán (el mayor del mundo, compartido con Catar), a través de Irak hacia Siria, con una posible extensión al Líbano, con clientes confirmados en Europa Occidental. Es lo que los chinos llaman una situación en la que no se puede perder.” A este proyecto se le contraponen los que tienen en sus manos Catar y Turquía. “Catar sueña con un gasoducto rival desde su campo North (contiguo al campo South Pars de Irán), pasando por Arabia Saudí, Jordania, Siria y finalmente Turquía (que se presenta como el centro privilegiado de tránsito de energía entre Oriente y Occidente). Destino final, una vez más: Europa Occidental.” Ver: “Asad habla, Rusia actúa”, en http://www.voltairenet.org/article178725.html

[7] Cf. Tariq Alí,  ‘Syrian conflict is a war targeting Iran’

May 20, 2013 14:29 http://rt.com/op-edge/syria-israel-iran-ali-527/

[8] Un dato invariablemente soslayado en los análisis del conflicto palestino-israelí es que  el 67 por ciento del agua que dispone Israel proviene de Siria (Alturas del Golán) y Cisjordania, dos territorios conquistados por Jerusalén luego de la guerra de 1967. De ahí que no resulte exagerado subrayar la enorme importancia que la cuestión del agua tiene para potenciar la desaforada agresividad de los sectores más reaccionarios de la clase política y la dirigencia israelí, que en los últimos días han equiparadola figura de Basher Al Assad con la de Hitler y proclaman la necesidad de asesinarlo para detener a tiempo sus planes criminales. Ver sobre el tema del agua la nota de Edmundo Fayanás Escuer , “El agua en el conflicto palestino-israelí”, en Rebelión, 29 Abril 2010, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104996 En cuanto a los militares egipcios basta con señalar que aproximadamente un 70 por ciento de sus oficiales de mayor rango fueron adiestrados en cursos de instrucción militar en las academias norteamericanas. Como es sabido, en esos cursos no sólo se les enseña a utilizar el armamento norteamericano sino, sobre todo, a poner en práctica las doctrinas estratégicas del Pentágono en el ámbito  regional de su incumbencia.

[9] La nota de Alba Rico, “Siria: la intervención soñada”, puede verse en   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=173276

de fecha 1º de Septiembre del 2013. La de Yassin Swehat, “Lecturas sobre el golpe estadounidense: mi postura” puede leerse en Noticias de Siria Libre, http://noticiasdesirialibre.wordpress.com/2013/08/30/yassin-swehat-lecturas-sobre-el-golpe-estadounidense-mi-postura/

[10] La prensa hegemónica, férreamente pro-yankee, pinta a Obama como un ferviente humanista, un hombre de buen corazón, amante de la paz. Soslayan el hecho de que ha sido el presidente que ha elevado como nunca el presupuesto militar de Estados Unidos, hasta hacerlo superar, cuando se suman correctamente todos sus componentes, el billón de dólares (un millón de millones de dólares); o que es quien más personas ordenó matar con sus aviones no tripulados (drones), que siembran el terror principalmente en Afganistán y Pakistán; o que manda a espiar a gobiernos –amigos y enemigos por igual- y a ciudadanos comunes de terceros países, en un acto claramente delincuencial. Pero nada de esto comenta o publica el “periodismo serio e independiente” de nuestros países: para esta inmensa maquinaria de mentiras y falsificaciones montada por el imperio, ante la cual Goebbels es un niño de pecho, Obama es el héroe que lucha denodadamente para construir un mundo mejor para todos y sólo espíritus destruidos por la maldad pueden negarse a acompañarlo en su cruzada. Tariq Alí, otra vez, ha manifestado reiteradamente su indignación “ante  la persistente e interminable campañas de propaganda, de la CNN y BBC World, profundamente  sesgadas y  que suelen ser apropiados preludios a bombardeos de la OTAN  (por ejemplo,  a las matanzas infligidas en Libia durante seis meses y cuyas víctimas todavía permanecen ocultas a la vista del gran público)  o a invasiones por parte de las fuerzas occidentales en terceros países.”  Ver su  “The uprising in Syria”, en http://www.counterpunch.org/2012/09/12/the-uprising-in-syria/

Tomado del blog del autor

Esa obsesión por mentir

Por Atilio A. Borón

No hay pruebas; “Si las tienen, que las muestren”, dijo Vladimir Putin. No las mostraron ni lo harán, sencillamente porque no existen. Igual que en 2003, cuando difundieron la escandalosa mentira de las “armas de destrucción masiva” en Irak para justificar la destrucción de un país que, todavía hoy, sigue sumido en un interminable calvario de dolor y muerte. Ahora repiten el libreto, a favor de una población domesticada, propensa a aceptar los argumentos más absurdos –el “consenso prefabricado” del que habla Chomsky–, tales como aquel que reza que Siria constituye una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Mienten y lo hacen descaradamente; mienten a su propio pueblo y a la comunidad internacional. Ocultan el hecho decisivo de que fue Al Assad quien convocó a los inspectores de la ONU y no Washington; que fue la Casa Blanca la que, por el contrario, demandó que esos inspectores se retiraran del teatro de operaciones porque el castigo no podía demorarse ni un día más. Ocultan también que bajo la sola hipótesis de la total estupidez de Damasco podría el gobierno sirio haber detonado una bomba bacteriológica para matar a casi mil quinientos inocentes en las mismas barbas de los inspectores venidos por su encargo. Y si de algo ha dado muestras Al Assad en estos días es de que no es ningún estúpido. Lo que ocurrió es un clásico sabotaje en el cual los agentes de la CIA son expertos. Como cuando inventaron el incidente del golfo de Tonkin, en 1964, para que la opinión pública estadounidense aceptara entrar en guerra con Vietnam. Ya en 1898 los bandidos habían hecho lo mismo: hundir el acorazado Maine, en un sórdido autosabotaje, en la entrada de la bahía de La Habana, lo que les permitió declararle la guerra a España y apoderarse de la isla. Con sus mentiras, Obama y Kerry esconden también la pérfida doble moral del gobierno estadounidense, que permaneció inmutable cuando su por entonces amigo Saddam Hussein gaseaba con armas químicas “Made in America” a las minorías turcas; o cuando sus socios israelíes utilizaron fósforo en el brutal ataque a la Franja de Gaza. Enterado de las atrocidades de Anastasio Somoza en Nicaragua, Franklin D. Roosevelt se encogía de hombros y decía: “Sí, pero es nuestro hijo de puta”. Lo mismo decían de los crímenes perpetrados por Saddam y Netanyahu, pero resulta que Al Assad no es su hijo de puta y entonces merece un feroz escarmiento. Escarmiento que no sufrirá él sino su pueblo, la gente que aparecerá en los escuetos informes del Pentágono como “daños colaterales”. Un imperio mentiroso hasta la médula, que ha convertido a Estados Unidos, su centro indiscutido, en un Estado canalla: ninguna ley internacional lo obliga, ninguna resolución de la Asamblea General de la ONU merece ser obedecida, ninguna norma moral puede oponerse al apetito del “complejo militar-industrial”, cuyas ganancias varían en proporción directa a las guerras. Hay que lanzar misiles, fletar portaaviones, movilizar helicópteros y aviones y utilizar cuanto armamento sea necesario. De lo contrario, no hay ganancias y sin ellas no se pueden financiar las carreras de políticos como el inverosímil Premio Nobel de la Paz y cínico admirador de Martin Luther King. Es una gran oportunidad: Siria no sobresale por sus reservas petroleras (se ubica en el lugar 31 a nivel mundial, debajo de la Argentina, según la OPEP), pero está en el corazón del caldero de Medio Oriente. Y está la oportunidad, largamente acariciada por Washington, para avanzar en aproximaciones sucesivas ante el objetivo supremo: Irán. Demasiadas tentaciones para una burguesía imperial que arrojó por la borda cualquier norma ética, y para un gobernante cuyas convicciones quedaron colgadas en la reja de la Casa Blanca el día que asumió la presidencia imperial.

LE PIDIO A OBAMA QUE LO PENSARA BIEN ANTES DE ATACAR SIRIA

Dura advertencia de Putin

Putin indicó que cualquier ataque estadounidense contra Siria sería extremadamente triste y recordó que Obama, como Premio Nobel de la Paz, debería considerar las víctimas potenciales entre la población siria.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, le pidió a su homólogo estadounidense, Barack Obama, que pensara bien antes de atacar Siria por las consecuencias que podría ocasionar. Además, consideró que sería un absoluto disparate que el gobierno sirio hubiera empleado armas químicas para atacar a los rebeldes, tal como aseguró Estados Unidos este viernes. Putin indicó que cualquier ataque estadounidense contra Siria sería extremadamente triste y recordó que Obama, como Premio Nobel de la Paz, debería considerar las víctimas potenciales que entre la población siria implicaría tal operación.

Acerca de la intención de Obama de atacar Siria sin el aval de la ONU, Putin se preguntó si tienen derecho los estadounidenses a destrozar una vez más el sistema de seguridad internacional que, en su opinión, son las bases fundamentales del derecho internacional. Putin afirmó que era obvio que había que hacer algo, pero consideró que atacar un país puede derivar en consecuencias absolutamente opuestas a las esperadas.

“Estoy convencido de que (el ataque químico) no es más que una provocación de quienes quieren arrastrar a otros países al conflicto sirio y quieren conseguir el apoyo de miembros poderosos del escenario internacional, especialmente Estados Unidos”, remarcó Putin.

En cuanto a las pruebas que Washington dice tener sobre la responsabilidad de las fuerzas del gobierno sirio en el ataque químico del 21 de agosto en Damasco, el mandatario ruso exigió presentarlas ante la ONU. “Si dicen que las fuerzas gubernamentales utilizaron armas de destrucción masiva y tienen pruebas de ello, que las presenten a los inspectores de la ONU y al Consejo de Seguridad”, insistió Putin. “Hubo críticas porque estas pruebas no puedan ser presentadas a nadie por ser información clasificada. Es una falta de respeto descarada a sus socios”, indicó Putin.

El mandatario ruso pidió a Obama que pensara muy bien antes de tomar la decisión. También recordó que otras acciones militares de Estados Unidos no trajeron paz a los países intervenidos. “¿Acaso se resolvió aunque sea un solo problema en Afganistán, Irak o Libia? Porque allí no hay ni paz ni democracia como supuestamente pretendían nuestros socios, no hay ni paz civil elemental ni equilibrio”, destacó el líder del Kremlin.

Putin aseguró que no trató la posibilidad de un ataque estadounidense a Siria en conversación telefónica con Obama. En cualquier caso, Putin rechazó el uso de armas químicas y manifestó su disposición a colaborar para tomar medidas contra este tipo de acciones.

El líder del Kremlin recordó que Estados Unidos se había comprometido a asistir a una conferencia en Ginebra para promover la paz en Siria y a convencer a la oposición del país árabe de acudir a la cita. Sin embargo, manifestó que la Cumbre del G-20 (grupo de países desarrollados y emergentes), que comienza el 5 de septiembre en San Petersburgo, es una buena oportunidad para tratar el conflicto sirio tanto con Obama como con el resto de los países que estarán presentes.

La Casa Blanca evaluó una acción militar unilateral debido a la falta de apoyo del Consejo de Seguridad, donde la negativa de Moscú y Beijing impidió hasta ahora consensuar una acción armada que sea avalada por el organismo internacional. “Siria rechazó las acusaciones y aseguró que fueron sus soldados quienes hallaron gases tóxicos en un depósito de los opositores y presentaron pruebas ante la ONU”, sostuvo Moscú.

Merkel contra China y Rusia

La canciller alemana, Angela Merkel, calificó de lamentable la posición de China y Rusia, que han evitado hasta el momento una postura común con los países occidentales frente al conflicto sirio. “Es muy lamentable que Rusia y China se nieguen desde hace tiempo a sumarse a una postura común. Eso es algo que debilita considerablemente el papel de las Naciones Unidas”, dijo Merkel. La canciller subrayó además que el uso de gas venenoso causante de miles de muertos es algo que no puede quedar sin consecuencias, aunque descartó una participación alemana en una intervención sin mandato internacional. “Cuando hombres, mujeres y niños son asesinados con gas venenoso estamos ante algo que no puede aceptar la comunidad internacional”, afirmó. Interrogada sobre una eventual participación alemana en una acción militar contra Siria, Merkel recordó que Alemania sólo puede participar en operaciones militares con mandato de las Naciones Unidas, la OTAN o la Unión Europea.

Tomado de Página/12

Venezuela y Suramérica: la entrevista de Atilio Borón con Walter Martínez (2da Parte)

El pasado martes 20 de agosto, el periodista Walter Martínez entrevistó al filósofo Atilio Borón, Premio Libertador  al Pensamiento Crítico Latinoamericano en el programa Dossier, acerca de su visión política de Venezuela y Suramérica. Ayer compartimos con ustedes la primera parte. Ahora les acercamos la segunda y final.

Walter Martínez: Volvemos con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico de 2012, el doctor Atilio Borón aquí, profesor y amigo. Y esto es bueno, fue como poner un paquete de caramelos a la salida de un colegio, best seller automático, se agotó. Pero aquí lo tenemos, lo tuvo que traer el autor, a ver qué dice, esto está buenísimo, lo voy a leer, bueno:

“Para Walter Martínez con admiración por tu fecundo magisterio en la televisión pública. Con todo afecto, y la esperanza de que sigas con tu labor”.

Muchas gracias hermano. Y sí, somos coetáneos además, sabemos lo que costó aquello y el hecho de que yo había estado incluso en una Academia Militar en el Sur y estoy aquí en donde estoy que ha sido coherente porque éramos los que fundamos el Frente Amplio, pero los primeros que los planteamos fuimos los cristianos de izquierda incluso los que veníamos de la carrera militar.

Tú sabes que en esa época era hegemonía este-oeste. Todo lo que decía en pleno apogeo de la Unión Soviética, lo que decía Moscú era el Vaticano, y el Secretario General del Partido era el Cardenal, dicho sea con todo respeto porque cuando decíamos mire, compañero unidad, unidad, sí, pero unidad sin exclusiones. Los cristianos de izquierda tenemos algo que decir y ustedes parece que no tienen otra lectura que la ortodoxa esta. Y unidad, Frente Amplio, ¿con quién con Juan Pablo Terra y cuatro pendejitos? No… bueno, ahí está el Frente Amplio, va por el segundo gobierno, a su manera pero va.

Atilio Borón: Si, seguro.

Walter Martínez: Y fuimos los cristianos de izquierda los que planteamos el Frente Amplio. Ahora, eso no es muy ortodoxo recordarlo.

Atilio Borón: Sí, él fue un hombre que vio precozmente este tema de la unidad del campo popular. Salvador Allende también. Vos sabes que, sí, porque en Chile digamos, ahí se armó izquierda cristiana, que es la variedad, por Luis Maira, y bueno, había mucha resistencia, más que del Partido Comunista del Partido Socialista, que no distinguía que dentro del mundo católico podía haber gente como Leonardo Bofo, como el Padre Gutiérrez o como Fray Beto, que eran revolucionarios, gente de izquierda, éramos una concepción muy ortodoxa, muy tradicional.

Walter Martínez: La mamá de Camilo Torres fue a visitarnos allá, porque decía bueno y ¿qué pasó aquí?

Atilio Borón: Claro, y Salvador Allende entendió muy claramente el tema, él dijo: “No, es esto fundamental que vengan en esa coalición” y ahí armó la Unidad Popular. La Unidad Popular tenía el Partido Comunista, el Partido Socialista, como los dos grandes partidos, pero estaba la izquierda cristiana y estaban algunos desprendimientos de la democracia cristiana que era el Mapu.

Walter Martínez: Bueno, en Uruguay la democracia cristiana surge a partir de la Revolución Cubana, porque antes se llamaba Unión Cívica, nombre de alcurnia en el Río de la Plata, entonces dijeron “¿ustedes van a ir a estudiar qué en la Revolución Cubana? Si van allá los botamos del partido” ¿sabes lo que vamos a hacer? Quédense con el partido y nosotros vamos a formar algo nuevo que se llama Democracia Cristiana. Y surge el partido de la Revolución Cubana.

Bueno, aterricemos en la realidad porque si no, esto se puede transformar en una agradabilísima tertulia de los viejos cafés del Río de la Plata, donde uno se amanecía hablando de política, pero tenemos que dejar un mensaje. ¿Cómo ves tú la muerte del Comandante Chávez?

Atilio Borón: Bueno, por supuesto, eso es un golpe enorme para el proceso emancipatorio de América Latina. Chávez fue un personaje realmente excepcional en la política latinoamericana. Instaló temas que habían tratado de ser instalados durante un tiempo, lo pudo instalar la Revolución Cubana, pero que ya a partir de los años 90 era muy difícil volver a recuperarlos. La cuestión del socialismo, digo, la vuelve a reinstalar Chávez en el horizonte político no solamente de América Latina, sino del mundo entero.

Walter Martínez: La actualiza.

Atilio Borón: La actualiza totalmente, la renueva, la llena de vida…

Walter Martínez: Yo he ido a países donde ni me imaginaba y dicen: ¿Venezuela? ¡Chávez! automático, aunque no hablaran nada…

Atilio Borón: Impresionante, impresionante, y por otra parte, cumple una misión absolutamente extraordinaria cual es la de llenar de contenido las proclamas muy comunes pero más bien retóricas sobre América Latina y la Unión de América Latina, y todo eso.

Walter Martínez: Aquello que nuestra generación hablaba en el Río de la Plata de la Patria Grande, que sonaba ya a archivo, es una realidad vigente en Latinoamérica, la Patria Grande Latinoamericana…

Atilio Borón: Ese es uno de los legados de Chávez, eso lo logró Chávez, porque él baja a la concepción abstracta de la Patria Grande, y le da contenido concreto, Patria Grande quiere decir Banco del Sur; Patria Grande quiere decir Petrocaribe; Patria Grande quiere decir Telesur; Patria Grande quiere decir la Unasur, la Celac, o sea, fue un hombre digamos que tuvo una rarísima virtud que fue la de pasar del plano de las ideas más abstractas, porque recordemos que él era un gran intelectual, un lector digamos, vos sabes muy bien, era un hombre que tenía una capacidad de lectura y de aprendizaje, y una de las fotos más bonitas que conservo de él es la foto de su escritorio, lleno de libros… libros que son los que nosotros leemos, la gente de izquierda está leyendo, y él los leía también, los marcaba con un cuidado tremendo, pero pasaba de ese plano, de las grandes ideas, a la construcción concreta de iniciativas. Y yo creo que por eso  ha dejado un legado realmente formidable.

Y su muerte bueno, realmente es una pena enorme, es un golpe muy fuerte.

Walter Martínez: O sea que no hemos podido cerrar ese duelo, no lo hemos podido procesar todavía.

Atilio Borón: Mira, yo estuve el otro día en el Cuartel de la Montaña, en el 4F y la verdad es que…

Walter Martínez: Aquí el más macho llora.

Atilio Borón: Si, yo realmente me descompuse, realmente, porque además, tenía… se produjo en mí una mezcla de indignación, de rabia y de una tristeza inmensa, pero fíjate que en ese momento me pasó una cosa muy rara, empecé a alucinar diciendo bueno, alguien hizo esto. Yo sé quién es el autor intelectual, sabemos, está en la Casa Blanca. Autor Intelectual.

Walter Martínez: Tú tiraste una hipótesis que yo quiero que la subrayes aquí y queremos ser amplificador de ese mensaje tuyo.

Atilio Borón: Mira, Estados Unidos ha aprobado en la época de Bush, hay unas órdenes ejecutivas de la Casa Blanca, legalizando el asesinato selectivo de personas que son consideradas enemigas de los Estados Unidos, y por lo tanto son terroristas.

Walter Martínez: Estamos hablando de Bush hijo.

Atilio Borón: Bush hijo.

Walter Martínez: Aquel que él dijo: “Aquí estuvo el Diablo, huele a azufre”.

Atilio Borón: Exactamente bueno, ese señor.

Walter Martínez: El que se robó las elecciones en La Florida con su hermanito.

Atilio Borón: Exactamente, en un fraude gigantesco que si se hubiera cometido algo así acá en Venezuela imagínate lo que hubiera sido. Allá fue un fraude pero escandaloso. Bueno, ya hay una autorización ¿no es cierto? Hay una historia. Hagamos la cuenta de cuántos líderes políticos molestos, entre comilla, ha eliminado los Estados Unidos, a través de la CIA o a través de terceras agencias.

Walter Martínez: Acabamos de pasar el aniversario de Mossadegh…

Atilio Borón: de Mossadegh, por ejemplo, golpes de estado, pero pensemos: Lumumba, en el Congo; Torrijos en Panamá; Roldós en Ecuador…

Walter Martínez: Murieron en accidentes de aviación en el mismo año.

Atilio Borón: Exactamente…

Walter Martínez: Aviones presidenciales además.

Atilio Borón: Aviones presidenciales. El Ché Guevara, que había caído herido, muy mal herido en combate, ya no tenía armas, no tenía municiones ¡lo mataron! Directamente ¿no es cierto? Mataron al General Pratt, en la Argentina, lo hicieron volar a él y a su esposa; el General Pratt era un general chileno constitucionalista, leal a Salvador Allende, lo mataron.

Walter Martínez: El que volaron en Washington…

Atilio Borón: Orlando Letelier, el ex canciller de Salvador Allende, en la Dupont Circle, o sea, a pocos metros…

Walter Martínez: Y su secretaria estadounidense, Ronnie Moffitt, le metieron una bomba lapa en el carro.

Atilio Borón: Exactamente…

Walter Martínez: en plena calle de las embajadas.

Atilio Borón: Exactamente.

Walter Martínez: En primavera como le gustaba…

Atilio Borón: Exactamente, al general René Schneider, también en Chile, y podemos empezar a hacer un listado interminable. De manera que ¿por qué no pensar que ellos lo hicieron? Y además hay otro elemento muy interesante, no sólo está legalizado, no sólo hay un permiso de la Casa Blanca, no sólo hay una tradición de eliminar líderes políticos, en el año 1975 el Comité del Senado de Inteligencia, ¿no es cierto? El de los Estados Unidos, presidido por Frank Church, que era un demócrata y un hombre del Partido Demócrata y además realmente democrático en serio, hacía honor a su identidad partidaria…

Walter Martínez: Lo recuerdo, era un tipo potable.

Atilio Borón: Exactamente. Inicia una investigación porque llega una denuncia, año 1975, de que la CIA estaba fabricando un dispositivo, un arma que tenía la capacidad de lanzar un chorro de muy, muy baja temperatura que podía producir un infarto del miocardio e inclusive se decía, eso salió en el New York Times, se decía que también podía inocular cierto tipo de células cancerígenas o células malignas. Año 1975. Pasaron ahora 38 años de aquel momento y con el fenomenal desarrollo de lo que serían los vectores ¿no es cierto? Hoy en día tenemos fundadas razones para sospechar que deben tener ellos algún vector que haga posible producir esta clase de agresiones que finalmente terminan con la vida de las personas. Preguntémonos qué pasó con Pablo Neruda. Pablo Neruda no estaba en su lecho de muerte, y de repente murió. ¿Qué pasó con Yasser Arafat? También murió.

Walter Martínez: Lo de Arafat en algún momento lo destapan.

Atilio Borón: Lo van a destapar, y vos sabes que yo confío, y todo esto viene a propósito de Mossadegh, la CIA demoró 60 años en hacer público ¿no es cierto? Que fueron ellos los que hicieron el golpe de estado en Irán, para poner allí al Sha de Irán, ¿no es cierto? Y armar un gobierno absolutamente aliado a los Estados Unidos.

Walter Martínez: Y literalmente armarlo también con toda la maquinaria estadounidense.

Atilio Borón: Absolutamente. Bueno, yo confío que en el caso de Chávez va a surgir un Snowden, ¿no es cierto? Que nos diga cómo fue que pasó, que no vamos a tener que esperar 60 años. Porque yo creo que el proceso de descomposición moral en Estados Unidos es tan fuerte que hay ya sectores que estaban en los aparatos de inteligencia de seguridad, que están asqueados ¿no es cierto? Y de repente van a empezar a hablar. Y yo confío en que en un tiempo no muy lejano, va a haber alguien que va a decir, miren, tenemos el arma esta, funciona así, esta es la manera como puede matarse a una persona sin que haya señales aparentes de que ha habido digamos, una agresión, sino que parezca una cosa normal.

Walter Martínez: Ya que hablabas de Snowden, yo tenía un correo que desapareció, y con cierta actitud un poco naif de los académicos, como este programa llega a todas partes y realmente penetra en Estados Unidos, saludos a las emisoras que nos reproducen en California, por decir algo. Vino un correo muy profesional, muy académico, breve, conciso: “Soy el doctor fulano de tal, profesor, director del Departamento tal, de la Facultad de Medicina de la Universidad tal, me llamo así y así, y directo al grano: lo que tiene Chávez –estaba vivo en ese momento- puede ser producido por micro partículas de alta densidad radioactivas”.

Atilio Borón: Así es.

Walter Martínez: Micropartículas de alta densidad radioactivas. Inmediatamente, cuando veo en aquel mar de correos que uno recibe ¿me puedes ampliar el tema? Sin hacer referencia. Desapareció.

Atilio Borón: Bueno, pero te dieron una pista, a mí me llegó una información parecida.

Walter Martínez: Nunca más pude llegar ni al personaje ni a nada, fue como si Snowden hubiera trabajado a favor de… no había saltado la talanquera.

Atilio Borón: O sea que estamos en momentos de revelar intimidades, y como nadie nos está mirando ¿verdad? este programa no tiene audiencia, te puedo decir lo siguiente.

Walter Martínez: Porque además tiene horario para niños.

Atilio Borón: Claro, claro. A mí una persona también en biología me dijo: mire Borón, hay tecnologías mediante las cuales usted puede activar una radiación que puede generar un cáncer poniéndole un micrófono cerca de una persona a la cual usted, como periodista se le acerca, y hay un canal a cien o doscientos metros que con un control remoto puede activar y pueden ser esas partículas radioactivas que vos decís. O sea que acá tenés como dos piezas de este rompecabezas van encajando.  Y a mí te digo, hay biólogos, gente que está estudiando esto en varios países del mundo que me dicen, esto hoy es posible. Esto hoy es posible, pensar de que no, mira, por empezar: inoculación de células cancerígenas se vienen haciendo en experimentos con monos, con conejos, con ratas desde hace…

Walter Martínez: Y con humanos y se van desclasificando de a poquito.

Atilio Borón: Exactamente,

Walter Martínez: Prisioneros de guerra…

Atilio Borón: De manera que yo creo que sería una ingenuidad de nuestra parte pensar de que no, de que además, yo cuando surgen estas cosas siempre me acuerdo de eso que decía el Ché Guevara: que al imperialismo no se le puede creer ni un tantico así.  Y si ellos mienten, por ejemplo en la historia de cómo asesinaron a Kennedy, que te venden esa historia absurda, increíble, inverosímil que fue uno solo.

Walter Martínez: Ahora volvieron a levantar uno de los tachos de basura de ese tema y le abrieron la tapa, justamente ahora, mientras estamos hablando, acabo de ver una novedad, ya veremos.

Atilio Borón: Interesante, claro, porque eso es insostenible ¿no es cierto? Porque hay digamos una serie de cosas que demuestran claramente que ahí hubo una conspiración.

Walter Martínez: Kennedy era incontrolable por el aparato tecnológico militar industrial, y además por los grandes lobbies con bandera política del Medio Oriente, que ya sabemos para donde va.

Atilio Borón: Así es.

Walter Martínez: El primer católico.

Atilio Borón: Si, no, no, no, así yo te digo, yo creo que lo que pasó con nuestro Comandante desgraciadamente fue eso, y creo que hay que estar muy prevenidos y extremar las medidas de seguridad del Presidente Maduro, del Presidente Rafael Correa, de Evo Morales, porque están en riesgo. Hay gente que los está apuntando. Sería ingenuo de nuestra parte pensar que acá estamos en un mundo de democracia, de justicia, de libertad, que se respeta. Además, hay un dato muy significativo, Estados Unidos oficialmente todavía no ha reconocido la victoria electoral de Nicolás Maduro.

Walter Martínez: ¿Qué lectura le das tú a eso? ¡Tan grotesco! ¿no? Carter dice, el mejor sistema electoral del mundo. Y ha asumido la veeduría en ¿cuántos? 80, 100 procesos en más de 100 países.

Atilio Borón: Yo creo que la lectura que… mira, yo creo que esto es parte del proceso de reconquista de los Estados Unidos en América Latina. El proyecto de ellos ahora, el proyecto de ellos ahora, en este mundo que se les está viniendo abajo, en un Medio Oriente que está en la zona de implosión, el Mundo Árabe también, es reafirmar el control sobre América Latina. El proyecto es retrotraer las relaciones hemisféricas a como estaban al 31 de diciembre de 1958, o sea, antes de…

Walter Martínez: ¿De 19?

Atilio Borón: 58, antes de la Revolución Cubana, un día antes de la Revolución Cubana, hay que volver a ese punto: países todos alineados, empezamos por el Pacífico, metemos la cuña a la UNASUR, además, la Alianza del Pacífico es una especie de sustituto del ALCA pero con un fuerte componente militar. De acuerdo a la militarización ¿no es cierto? Hay 76 bases militares ya instaladas en América Latina y el Caribe, y curiosamente.

Walter Martínez: ¡76 bases militares de Estados Unidos en América Latina!

Atilio Borón: De Estados Unidos, así es.

Walter Martínez: Pero tú decías que hay un país que tiene más bases rodeándolo.

Atilio Borón: El país que está más rodeado es Brasil. Cuando yo vi eso, no lo podía creer, y ahí fue cuando le rebajé los puntos a Itamaratí, que yo siempre la tenía como una Cancillería…

Walter Martínez: La Cancillería…

Atilio Borón: La Cancillería y resultó ser, digamos, amateur, o sea, una Cancillería que jamás tendría que haberse dejado rodear de bases militares, que lo hizo porque le prometieron lo que no se puede cumplir que es el asiento permanente en el Consejo de Seguridad. Imagínate vos, ¿cómo se puede creer  una oferta de decir: le vamos a dar un asiento permanente a Brasil en el Consejo de Seguridad, y la India, que tiene siete veces más población que Brasil.

Walter Martínez: Y que ya es potencia nuclear.

Atilio Borón: Que es potencia nuclear, y digamos que está por ser el país número uno en el mundo en términos de población, va a quedarse mirando desde afuera. Digo, una promesa demagógica absurda que no puedo entender cómo Itamaratí lo creyó.

Walter Martínez: Perdón una cosa, acabamos de pasar otro aniversario, Sergio Vieira Mello, el súper representante diplomático Itamaratí desde luego, pero ingobernable, que le hablaba de igual a igual y con absoluta, se les reía en la cara a los gringos, a los europeos, a todos, y fue como comisionado especial de la ONU para el problema del Medio Oriente, y lo volaron junto con todo su equipo. Ese sí iba directo a las Naciones Unidas.

Atilio Borón: Así es, exactamente, y fue volado…

Walter Martínez: Un tipo de un carisma increíble.

Atilio Borón: Asesinado digamos vilmente, entonces digo yo.

Walter Martínez: Lo volaron con un escolta gringa a 50 metros.

Atilio Borón: Sí, sí, sí, así que te digo, Brasil está rodeado, tiene 25 bases y contando las bases que tiene Estados Unidos que son del Reino Unido, pero cedidas a ellos en la Isla Ascensión y  en Las Malvinas, y es que se encuentra en el medio…

Walter Martínez: Yo estuve en las dos: Ascention Island te digo que es un portaviones perfecto, y pegado a África. Las escalas son: salen de Brize Norton la base de la Real Fuerza Aérea, escala en Ascention, y después Mount Pleasant.

Atilio Borón: En Las Malvinas. Bueno, y en el medio entre Ascention Island y Las Malvinas está el Persal, el gran yacimiento petrolífero de Brasil, y aparte hay 23 bases en tierra firme rodeando a Brasil. Y ante eso es incomprensible que Brasil, las Fuerzas Armadas de Brasil todavía no tengan definido cuál es la hipótesis de conflicto probable de Brasil. El único país que puede atacar a Brasil es el que le ha puesto 25 bases militares en su entorno, y es Estados Unidos. Eso es algo tan elemental ¿te das cuenta? Y sin embargo, pese a lo elemental todavía hay dudas y debates dentro del establishment militar y diplomático brasileño, si conviene renovar la flota aérea comprando los F-18 o comprando los Saab o los aviones rusos o los aviones chinos o los suecos que también podían ser una alternativa.

Walter Martínez: El Gripen, el F-18, el Saab eran los tres finalistas prácticamente,

Atilio Borón: Así es, así es, y todavía esa disputa no está zanjada desde el año 2008. Estamos en el 2013.

Walter Martínez: Y ¿en quién va a transferir tecnología?

Atilio Borón: Claro, bueno, Estados Unidos no lo va a hacer, porque además hay una cosa, cuando uno lee.

Walter Martínez: No podemos comprar los súper tucanos porque tiene un componente gringo entonces, bueno, compramos aviones jet chinos.

Atilio Borón: Exacto, exacto porque vos sabés que además esos aviones, esos Tucán, voy a decir que yo voy a ser como un amateur, pero digamos, la gente piensa de que solamente el avión, no es el avión es el software, es como las computadoras, o sea, el F-16 o el F-18 tiene un sistema de aeronavegación y un sistema de utilización del armamento que tiene versiones tras versiones, como tenemos en los programas y los tipos simplemente hay un incidente con Brasil, cortan el abastecimiento, y esos aviones se quedan en tierra, no sirven para nada.

Ahora, me dijeron algo que no he podido confirmar, y lo digo acá como una información de buena fuente, pero no la tengo confirmada definitivamente, que quien se está encargando hoy de vigilar el espacio aéreo de la Amazonía es la empresa Raytheon, que es una de las grandes empresas del complejo militar industrial norteamericano, porque Brasil no puede en este momento hacerlo porque no tiene el equipamiento aeronáutico suficiente para hacer eso. Realmente me quedé muy sorprendido.

Walter Martínez: Raytheon es de las Grandes Ligas.

Atilio Borón: Así es.

Walter Martínez: Y es la que está haciendo armamento de punta y guerra electrónica.

Atilio Borón: Ahora, si ellos están teniendo a su cargo la vigilancia de la Amazonía, creo que estamos en problemas muy serios.

Walter Martínez: Sí señor.

Atilio Borón: Porque ya sabemos para quien juega y qué es lo que vienen a buscar, entonces, yo creo que por eso el tema de la unidad que tanto insistía Chávez, la otra cosa que salió el otro día en la reunión de la Unasur muy interesante que hubo acá, en Caracas, hace poco más de un mes, es que no hay un solo país de América Latina que tenga un relegamiento geológico en profundidad, y que para saber efectivamente lo que tenemos nosotros como riqueza mineral, tenemos que ir al Servicio Geológico de los Estados Unidos.

Walter Martínez: Bueno, entenderás por qué ahora estamos con una agencia propia de desarrollo aeroespacial.

Atilio Borón: Exactamente.

Walter Martínez: Y estamos haciendo pero el relegamiento…

Atilio Borón: Claro, que no había antes y que por eso…

Walter Martínez: En el año 70, 71 soñábamos con el primer satélite venezolano, no había voluntad política porque a los gringos no les interesaba tampoco.

Atilio Borón: Pero ya lo tenemos.

Walter Martínez: Ahora tenemos el Bolívar y el Miranda. Y venimos por más y estamos fabricando satélites.

Atilio Borón: Eso es importantísimo porque fíjate que nos dejaba en una posición de inferioridad, cualquier país de América Latina ¿no es cierto? Hasta que no avance en ese desarrollo de estudios del suelo a partir de satélites, dependes de información que te de el Servicio Geológico de Estados Unidos, por eso Alí Rodríguez propuso muy bien en esa reunión…

Walter Martínez: Gran amigo de este programa.

Atilio Borón: Sí, claro, claro, y uno de los grandes patriotas latinoamericanos, Alí.

Walter Martínez: El Comandante Fausto…

Atilio Borón: Alí ha hecho una labor extraordinaria. Saludos también para Alí.

Walter Martínez: A ver cuando vuelve aquí.

Atilio Borón: Alí está proponiendo la creación de un Servicio Geológico Suramericano para que seamos nosotros los que veamos cuáles son las riquezas y no que las vean los Estados Unidos, y que en función de eso puedan manejarnos. Pero bueno.

Walter Martínez: ¿Qué peligro inminente ves de aquí en adelante? Crudo y directo.

Atilio Borón: Y directo. Yo tengo mucho miedo que pase acá el 8 de diciembre, y el escenario que se pueda configurar el 8 de diciembre porque Estados Unidos está preparándose para generar algún tipo de movimiento que puede llegar a ser violento, me imagino yo que su por ejemplo…

Walter Martínez: ¿Estás hablando de la República Bolivariana?

Atilio Borón: De la República Bolivariana de Venezuela, que es para ellos el blanco inmediato, aunque el blanco estratégico final es apoderarse de la Amazonía, y por supuesto pasar por encima de Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, lo que sea, pero primero saben que tienen que acabar con el gobierno bolivariano. ¿no es cierto? Pues yo tengo… estoy preocupado por el hecho de que en esas elecciones, suponte, llega a haber una victoria muy ajustada del chavismo, o llega a haber digamos, lo que yo considero muy poco probable, una victoria de la oposición, ellos van a solicitar un referendo revocatorio inmediato y van a aplicar el modelo Bengasi, o sea, empezar a crear enclaves de grandes disturbios populares alimentados, tienen mucha gente, vos decís…

Walter Martínez: Dijiste Bengasi…

Atilio Borón: Bengasi, ¿no es cierto? En Libia. Sabemos como empezó la destrucción de Libia, entonces tenemos que leer lógicamente.

Walter Martínez: Yo vi cómo funcionaba cuando estaba el Coronel Ghadafi, hablé con él, cenamos a esta distancia en el Palacio de él a cielo abierto, en la alfombra como le gustaba a él, Ricardo Alarcón estaba a mi lado  y su  encantadora esposa q.e.p.d. y estábamos ya rayados en esa época, primera edición del Libro Verde, porque los que íbamos allá, pasábamos por Roma nos robaban las maletas.

Atilio Borón: Bueno, yo tengo miedo de que traten de armar un escenario así, por eso es tan importante que no…

Walter Martínez: No les ha funcionado en Siria.

Atilio Borón: No les funcionó en Siria, porque Siria, claro, un objetivo estratégico para Rusia ¿no es cierto? Y acá no, acá no, entonces acá tenemos que defendernos nosotros. Yo creo que por eso es muy importante salir con fuerza a ganar esta elección, yo me propondría un objetivo de mínima, hay que ganar por lo menos por 500 mil votos, para evitar la tentación de que puedan querer hacer alguna maniobra rara, porque esta gente está dispuesta a todo con tal de reconquistar este país, porque saben que derrotando el gobierno bolivariano tienen la llave prácticamente para tener a sus pies a toda América Latina, porque Brasil no va a oponer resistencia por esto que te estaba diciendo de que las Fuerzas Armadas y la Cancillería todavía no se han dado cuenta de cuál es el enemigo real de Brasil, que además ¿no has leído la historia norteamericana? Estados Unidos, hay montones de documentos oficiales que dicen que ellos jamás van a permitir un Brasil potencia mundial en el hemisferio, ni Brasil ni ningún otro país, pero bueno, se ve que no leen esas cosas, y por eso están en esta actitud de ambivalencia.

Walter Martínez: Rápidamente, dos minutos máximos, demos la vuelta a América Latina, a la Patria Grande caribeña, porque además, a mí personalmente, voy a ser coloquial, me revienta cuando dicen no, porque los americanos… Americanos somos todos, los estadounidenses, el gentilicio no lo vamos a regalar.

Atilio Borón: No, claro.

Walter Martínez: Y que sigan con sus perros calientes y su hamburguesa, pero la cultura nuestra es otra. Como ves, rápidamente, dándole una vuelta a la Patria Grande.

Atilio Borón: Mira veo la Patria Grande con un proceso digamos muy complicado por esta contraofensiva gringa que es muy, muy fuerte, vienen con todo, vienen dispuestos…

Walter Martínez: Y además han invertido tanto en esta gente como la que tenemos aquí y quieren resultados.

Atilio Borón: Acá han invertido, acá han invertido, en Argentina están invirtiendo, en Uruguay muchísimo, invertido en Brasil, entonces yo creo que el vigor de los movimientos sociales, el vigor de las fuerzas de izquierda, de los partidos y de los gobiernos que están involucrados en este proceso emancipatorio, va a estar sometido a la máxima atención. Yo tengo confianza en que vamos a resistir esta envestida, pero tenemos que ser conscientes que se nos vienen encima, que no hay escrúpulos morales, que si tienen que matar van a matar, si hay que poner bombas la van a hacer, si tienen que hacer asesinatos selectivos lo van a hacer, creo que es muy importante tener esa conciencia para defendernos con cierto chance de éxito.

Walter Martínez: Ahí se acabaron las actitudes para la galería y para las cámaras, y los discursos tremendistas, es la realidad que hay que aceptar como tal, y si uno no acepta la realidad como es, no puede intentar modificarla.

Atilio Borón: Mira, hay una cosa muy simple Walter, un país que te pone 76 bases militares en una Región como esta, en algún momento van a decidirse por usar esas bases o no. Madeleine Albright, lo preguntó, le dijeron ¿para qué tenemos tantas bases, qué hacemos con este músculo militar, por qué no lo usamos? ¿Sabes lo que le respondieron en una reunión de Gabinete en la época de Clinton? “Hay que esperar, el momento oportuno todavía no ha llegado”. Y yo creo que ellos están ahora tratando, en ese sentido, la desaparición de Chávez es algo muy importante, porque Chávez era el gran motor ¿no es cierto? Que impulsaba adelante el proceso de unidad, que reaccionaba. Estados Unidos no hubiera hecho lo que hizo con Evo Morales si Chávez estaba vivo, porque sabía que la reacción hubiera sido pero impresionante. Bueno, pero Chávez ya no está entonces tenemos que…

Walter Martínez: Bueno, esa es  la realidad que tenemos hay que asumirla, a partir de eso un análisis objetivo de la situación porque no hay otra.

Atilio Borón: No hay otra, no hay otra. Pero Chávez dejó un legado que si le somos fieles a ese legado y yo estoy seguro que los gobiernos de izquierda en la América Latina serán fieles a ese legado, vamos a poder contener este afán de expansionismo norteamericano en la Región.

Walter Martínez: Bueno, para ser un postgraduado en Harvard, te deben de haber excomulgado…

Atilio Borón: Soy un producto fallido, cuando un producto sale mal…

Walter Martínez: Una votación.

Atilio Borón: Claro.

Walter Martínez: Importantísimo, no se lo pierdan, mi querido amigo doctor Atilio Borón, Premio Libertador al Pensamiento Crítico. Vaya que lo es. América Latina en la Geopolítica del Imperialismo. Imperdible. Volvemos mañana o en cualquier momento cuando nuestra querida contaminada y única nave espacial haya dado otra vuelta sobre su eje imaginario, y estamos aquí para contarles la pequeña gran historia de las próximas 24 horas o más, si es un viernes. Pero en todo caso, cada vez que tengamos una oportunidad de un invitado como este, compartiremos con ustedes el mensaje. Que haya sido útil y que haya llegado y haya hecho diana donde debe hacerlo. Aquí se ha dicho mucho, basta saber oír y luego actuar en consecuencia.

A nombre del equipo Dossier les habló Walter Martínez, gracias por permitirnos estar allí con ustedes. Disponga usted de las cámaras señor Director.

Tomado de Contrainjerencia

Venezuela y Suramérica: la entrevista de Atilio Borón con Walter Martínez (1ra Parte)

Este martes 20 de agosto, el periodista Walter Martínez entrevistó al filósofo Atilio Borón, Premio Libertador  al Pensamiento Crítico Latinoamericano en el programa Dossier, acerca de su visión política de Venezuela y Suramérica.

Walter Martínez: Bienvenido Atilio.

Atilio Borón: Gracias Walter, buenas noches.

Walter Martínez: Y felicitaciones por el gran premio que recibiste y el ejemplar lo tenemos ahí. Saldemos cuenta con ese nuevo galardón y cuéntanos como salió esta obra que te proyectó una vez más.

Atilio Borón: Mira, esta obra en realidad vos sabés que la formación de los científicos sociales y a que a veces ha de ser muy sesgada, que enseñan sociología o ciencia política o economía o lo que sea, y entonces resulta que uno normalmente no toma en cuenta las cuestiones militares, y la verdad que yo tuve la suerte, muy grande, de poder conversar varias veces con el Comandante Chávez y con Fidel. Y ellos de alguna manera, con sus preguntas, con sus reflexiones me abrieron la ventana digamos, que era insospechada. Nosotros cuando hacíamos análisis transdisciplinarios antes, porque nunca la visión unilateral de la disciplina es suficiente, pero siempre se nos escapaba toda la cuestión militar. Y esa cuestión militar es absolutamente esencial, sobre todo, cuando uno comprueba que en el mundo actual, la diplomacia ha sido postergada y que en la superpotencia del momento que es Estados Unidos, la política exterior ya no la hace más el Departamento de Estado, la hace el Pentágono, incluso eso está escrito en varios de los documentos que yo de alguna manera cito acá en el libro, en donde se dice que bueno, realmente lo primero: tratar de aplicar la fuerza, y luego intentar el camino diplomático, y luego el camino multilateral. Una cosa realmente que parece caricaturesco pero que bueno, representa esta fase de decadencia de un imperio en donde la fuerza se convierte en el recurso, sino excluyente, por lo menos el recurso prioritario.

Y bueno, Chávez era un hombre que este tema lo manejaba y Fidel bueno, vos conocés muy bien a ambos, conociste tanto al Comandante Hugo Chávez como a Fidel y eso de alguna manera me fue poniendo en cuestión lo que había sido el enfoque que yo usaba, que trataba de ser siempre un enfoque no unidisciplinario sino transdisciplinario, integrador, totalizante, pero donde el aspecto militar estaba siempre fuera del marco, hasta que bueno, producto de estas conversaciones fui repensando muchas cosas. Eso, unido a lo que es claramente una contraofensiva muy, muy fuerte, que  está lanzando Estados Unidos para reconquistar sus posiciones en América Latina, que es para ellos la Región de lejos, la más importante de todas, y entonces bueno, me decidió a tratar de sintetizar un poco algunas de estas ideas, las volqué en este libro, y bueno, tuve la inmensa fortuna y el honor de que el jurado lo premiara con el máximo galardón.

Walter Martínez: Realmente, para quienes te conocemos, fue no sólo una gratísima sorpresa, sino un hecho de justicia; pero también tenemos que reconocer que no siempre, tu bien lo planteaste ahora, no siempre la Academia en lo civil ligaba con la Academia de lo militar, y en la República Bolivariana de Venezuela los militares todos son académicos, ahora, y se enfatiza profundamente eso; una dicotomía del Sur aquí no se da, y además es pueblo en uniforme. ¿Cómo notas esa diferencia? Porque yo recuerdo los tiempos del gorilaje en el Río de la Plata, y tenemos vivencias de eso, por alguna razón algunos no seguimos viviendo allá habiendo sido militares incluso como en mi caso.

Atilio Borón: Es un poco insalubre, porque fijáte que ahí hoy por ejemplo, aún hoy, en países que están digamos desarrollando proyectos políticos de avanzada, como Bolivia y Ecuador, las Fuerzas Armadas todavía siguen estando digamos prácticamente cerradas a un discurso académico, contestatario, de izquierda emancipatorio. Es notable eso. Uno de los puntos más preocupantes de la situación actual es cómo todavía hoy en muchos países, y vuelvo a repetir, países del ALBA, hay una inercia por ejemplo en los procesos de formación de educación militar, que hace que los militares sigan todavía yendo a aprender a las academias norteamericanas, que van a West Point o van a la Escuela de las Américas. En algunos casos les dicen a los gobiernos, bueno, pero es que ahí recibimos las armas, y lo que se les dice es que junto con las armas vienen las doctrinas y la ideología ¿no es cierto? Las armas no vienen solas.

Walter Martínez: Ese es el término. El arma más la doctrina.

Atilio Borón: El arma más la doctrina, el arma viene con la doctrina unida, entonces no es que te dan sólo el arma, bueno, pero esa es una gran batalla; una gran batalla que se está librando en varios países porque por ejemplo, lo que acá uno ve: militares leyendo textos muy importantes de pensamiento crítico contemporáneo, te puedo asegurar que es muy, muy raro que se vea fuera de Venezuela, aun en países donde está habiendo procesos así de cambio, pero en donde la educación militar sigue siendo básicamente pautada por lo que fueron las escuelas norteamericanas que tantos militares han formado en toda la Región.

Walter Martínez: Yo recuerdo cuando cubrí, entre otros frentes de guerra, a Nicaragua, entrevisté  a Somoza, la única entrevista que dio en castellano porque el hombre daba los briefing en inglés,  un hombre graduado y postgraduado en West Point, entonces él consideraba que sus camaradas de armas eran lo que ahora, habiendo sido graduados en West Point, estaban en el Senado, y le hacían el lobby  y él pagaba por años, una agencia que le hacía el lobby, las relaciones públicas, entonces, cuando se armó el lío y aparecieron los verdaderos revolucionarios en Nicaragua, al viejo estilo del patriarca, entonces este hombre nos daba los briefing en inglés todas las mañanas, la única vez que dio declaraciones en español me las dio a mí porque se lo exigí, se ponía el uniforme impecable y actuaba como si estuviera en West Point y así manejaba su imagen en el Senado y en el lobby y decía bueno, elijan, plana guerra fría, o yo o el comunismo. Listo.

Atilio Borón: No, tremendo, esa anécdota, la verdad que…

Walter Martínez: Es lo que tu dices, la formación doctrinaria y a raja tablas ¿no?

Atilio Borón: Fíjate que hoy en día, incluso Estados Unidos ha un poco cambiado el foco, porque ya no solamente entrena a militares, está entrenando las fuerzas policiales, por ejemplo.

Walter Martínez: Ese es un muy interesante punto, por qué no elaboras de eso.

Atilio Borón: Mira, yo creo que ellos se han dado cuenta de que meterse más profundamente en el terreno militar va a generar mucha resistencia, ha habido procesos de paz en creación y en funcionamiento del Consejo de Defensa Suramericano, etc, entonces, un poco han ido orientándose hacia las policías, hacia las prefecturas, hacia las gendarmerías ¿no es cierto? Y me parece que en ese sentido algunos de los acontecimientos por ejemplo como sublevaciones policiales entre comillas, la de Ecuador, que realmente fue una tentativa de golpe de estado que se inició por el lado policial, pero que de hecho después se fueron incorporando otros sectores de las Fuerzas Armadas, aparecen estos como la punta de lanza.

Walter Martínez: Qué bueno que pusiste ese ejemplo porque eso lo transmitimos prácticamente en vivo y en directo y aquí congelamos imágenes, y con el apoyo del compañero Guevara, que tiene formación policial, empezaron a identificar con círculos rojos, mira lo que hizo este, mira lo que hizo aquel, y era evidentemente, ahí había un magnicidio en proceso.

Atilio Borón: Si señor, absolutamente.

Walter Martínez: Se salvó por poquito, y el propio gobierno de Ecuador utilizó ya imbuido en caliente, del acontecimiento en pleno desarrollo, después nos contaron que usaron esa misma imagen de Dossier de esa noche para ver cómo realmente se veía en frío desde afuera, estuvo así de que lo mataran, y además le ametrallaron el carro hasta que se cansaron.

Atilio Borón: Ese carro quedó hecho un calador directamente, fue un milagro que no lo hubieran matado, cuando Correa se va finalmente, con ese carro, que estaba blindado, por suerte, si no estaba blindado ese carro Correa no lo cuenta.

Walter Martínez: no estuviera haciendo historia.

Atilio Borón: bueno, y esto comenzó con la policía, y a Evo Morales quien empezó hace un poco tiempo a exigir y a hacer planteos, y una especie de amotinamiento, fueron las fuerzas policiales.

Walter Martínez: Y además todo caudillito, todo politicastro quiere tener una fuerza policial, por eso, un gobernador de una provincia, pero más, incluso un alcalde quiere tener una policía pero con un poder de fuego que prácticamente está militarizada.

Atilio Borón: Si claro, de hecho digamos, y además tienes cuerpos policiales, bueno en el caso de Argentina la policía bonaearense te digo.

Walter Martínez: La Federal.

Atilio Borón: Si, sí, sí, no, no, tienen unos armamentos y un número de efectivos que realmente es impresionante, bueno, el caso de Chile, los carabineros cumplieron un papel de ese tipo…

Walter Martínez: Los carabineros son la fuerza de choque, los diferentes escalones.

Atilio Borón: Y planteando, digamos, una estrategia de represión de las manifestaciones sociales con una brutalidad que realmente sorprende en una democracia, ese es un tema realmente increíble, la forma como reaccionan, la violencia con que reacciona esa gente, bueno, que esta gente está toda entrenada. Yo creo que ese es un tema que está pendiente, que es necesario analizar bien, creo que por ejemplo uno de los grandes temas en el Consejo de Defensa Suramericano es ver, bueno, si es que se puede llegar a un entendimiento sobre la educación de los militares de América Latina, en este momento histórico tan peculiar. Además, teniendo en cuenta que hay otro proceso en marcha, que Estados Unidos está volcándose cada vez más hacia organizar un ejército de mercenarios, que es otro tema, cada vez es mayor el número de mercenarios y menor el número de oficiales o soldados digamos que son parte del ejército propio de los Estados Unidos, y esto por una razón porque en gran parte les libera de cualquier juicio sobre crímenes de guerra, entonces vos podes decir, señores, yo no sé, acá esta gente que entró y mató en una villa, mató en la aldea, torturó o secuestró, violó, etc, nosotros le encargamos que tomaran esta aldea pero no que hicieran estas cosas, por lo tanto, vayan a los tribunales civiles. Esto no tiene nada que ver con la Convención de Ginebra, los derechos de la guerra, etc, sino que es otra cosa. Es muy delicado el tema.

Walter Martínez: No, y además, los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

Atilio Borón: Así es, ciertamente.

Walter Martínez: Y aquí en la República Bolivariana de Venezuela tampoco hay dos que no prescriben, los de lesa humanidad y los de la corrupción con el erario público. Sí, ahí tenga la edad que tenga cuando aparezcan las pruebas lo vas a pagar.

Atilio Borón: A mí me sorprendió que justo en la ceremonia de entrega del Premio que hizo el Presidente Maduro, hizo un discurso muy importante, pero en donde habló  sobre el combate frontal contra lo que él llamó ese monstruo de mil cabezas, que se desarrolla ante la complicidad o la indiferencia de sectores que desde la oposición no ven esto como una cuestión criticable, y él entonces citó esa famosa referencia de Simón Bolívar que decía que quien fuera pillado malversando fondos públicos, o con una administración fraudulenta de los dineros del erario público tenía que ser sometido a juicio sumario y… ejecución. Y él dijo bueno, no vamos a hacer eso, pero si vamos a mandar una propuesta al Congreso para que sea la máxima pena, porque en este país son 30 años.  Y bueno y creo que eso fue muy bien recibido por la opinión pública, por lo que pude palpar así en la calle en estos últimos dos o tres días, es que hay una sensación de expectativa, de esperanza, de que eso se cumpla y yo creo que va a ser muy importante llevarlo adelante.

Walter Martínez: Las dos grandes trincheras para mí, en este momento, así como la captaste tu, que no estás contaminado con la cotidianidad, pero sigues muy de cerca, estás dentro de este proceso, como lo estás en Cuba o lo hemos compartido en Casa de las Américas. Saludo a los compañeros de esa Academia brillante, son: inseguridad, corrupción. Porque nos están exportando toda la inseguridad hacia la República Bolivariana de Venezuela, con la intención de crear premeditadamente el malestar.

Atilio Borón: Yo creo que sí, absolutamente, fíjate que yo mencionaba hoy en una de las charlas que estaba dando, la obra de este señor Jim Sharp, que es uno de los máximos expertos de la CIA. La cobertura que tiene él es realmente impresionante, Walter, porque él está en el Albert Einstein Institute, un nombre maravilloso, y yo no puedo poner en duda digamos el humanismo de Einstein, que era un socialista, etc, bueno y lo que él ha hecho es estudios tendientes a demostrar cómo se derrumban los regímenes autoritarios, por supueto, en la caracterización de Sharp, este país está regido por un gobierno autoritario que pisotea las libertades…

Walter Martínez: Y por supuesto se salta a la torera que Jimmy Carter dijera, después de haber estado en centenares de elecciones: este es el mejor sistema electoral del mundo. Fue tan tajante.

Atilio Borón: Asi lo dijo.  Así lo dijo Jimmy Carter, yo lo reproduje mucho y mucha gente no lo podía creer, pero bueno, pero lo dijo Jimmy Carter nada menos que no tiene ningún compromiso ideológico con la Revolución Bolivariana, pero interesante es que Sharp elaboró un manual de procedimientos estandarizado, “Cómo desestabilizar a regímenes hostiles a los Estados Unidos” que él dice son regímenes autoritarios.
Una de las cosas es la campaña sincronizada de desabastecimiento, fíjate vos, yo creo que lo que está pasando últimamente acá en Venezuela va en esa dirección. Esto no tiene nada de casual. Acá hay un comité central, un estado mayor de la subversión que está preparando y que dice bueno, dentro de dos días no va a haber café, cuatro días después no va a haber azúcar, seis días después desaparece el arroz, después no hay harina para la arepa, y además, esta película yo la vi en Chile en los años 70, le hacían lo mismo a Salvador Allende, porque recorrías todo el país, y ese día por ejemplo no había un pollo, desaparecieron milagrosamente todos los pollos de Chile, aparecían tres días después.

Walter Martínez: el Manual de la ITT famoso, del golpe de estado en Chile. Decía, además de desaparecer el papel higiénico hay que hacer desaparecer las toallas sanitarias o el equivalente, pero además decía, lo recuerdo casi textualmente, porque esto entra en las conversaciones del área militar, hay que tener casas seguras para nuestros propagandistas, ni siquiera los llaman periodistas, y los tienen enquistados pagándoles por mucho tiempo, dándoles facilidades, y para ellos y sus familias, mientras dure este proceso, como allá no tienen a Miami cerca, entonces era Córdova, la docta, que la pasen bien del otro lado de la cordillera. Entonces aquí, aplicaron eso, y un caballerete que dijo: me voy de este país porque mi vida corre peligro y mi familia también, yo me enteré por fuente que no voy a mencionar, pero vinculada  a la embajada de Estados Unidos, que tres meses antes le habían reservado la casa en Miami y el cupo, como decimos aquí, de colegios para sus hijos, entonces se tiró el do de pecho: “Me voy porque mi vida corre peligro” hace tres meses que tenía preparado eso, y le dijeron este es el momento, salta ahora y saltó. En los libros de la ITT es increíblemente parecido o por ejemplo el diario tal, ya no tienen como pagar los sueldos, va a haber que inyectarle dinero para que se mantenga en el aire, aquí hay diarios que sabemos que no.

Atilio Borón: deudas sí, y digo esto un poco porque ese ha sido un tema de la charla de hoy con esto que voy a decir, de que los procesos en Venezuela y lo que hubo en el Chile de Allende son idénticos creo…

Walter Martínez: No, pero los intentos por el manual find by the book.

Atilio Borón: si, sí, si, eso es impresionante, y es lo mismo que han hecho en tantos otros países, entonces bueno, yo creo que por eso me parece muy importante ser conscientes, y estudiar muy a fondo toda esa literatura con la cual uno siente te digo, una natural repugnancia, el leer las cosas de Sharp realmente me provocan dolor de hígado. Pero bueno, eso hay que entenderlo.

Walter Martínez: Impresionante el poder llegar a ver como piensan que se supone que nos va a tumbar.

Atilio Borón: Y ellos tienen digamos, toda una serie de una cosa muy itenizada, uno por uno, hay prácticamente una ciencia dentro de estas recomendaciones puntuales concretas sobre lo que hay que hacer para erosionar estos gobiernos y finalmente lograrlos que caigan. Y por supuesto, alentar la corrupción en todas sus formas, es uno de los mecanismos, el otro es la inseguridad, es decir, este país es ingobernable, ya no se puede andar, digamos, toda esa campaña que se agiganta, y que la estamos viendo en América Latina…

Walter Martínez: Y que ahora saco con la corrupción, agarren lo que sea porque eso contribuye a hundir el sistema.

Atilio Borón: por eso me parece que es muy importante esa batalla y la verdad que yo realmente quedé muy gratamente impresionado por las palabras del Presidente, y él lo decía con una evidente emoción, porque decía bueno, la profunda amargura que siento al ver que hay una especie de indiferencia en parte de la clase política, la oposición que no quieren enfrentar el tema y el tema es un tema que puede destruir un país, no es solamente a un gobierno, así que creo que esto me parece a mí que va a ir para largo y que va a ser una batalla muy dura pero yo confío en que finalmente el gobierno bolivariano va a prevalecer y va a poder cortar ese monstruo de mil cabezas, como dijo el Presidente Maduro.

Walter Martínez: Un tema que quería plantearte en este tan buscado por nuestra generación, momento de reunir solidariamente a la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña que está ahí, es una realidad. Y ahora aparece, ¡Oh casualidad! Una Alianza del Pacífico; la tenemos ahí: Chile, Perú, Colombia, México.

Atilio Borón: Son los cuatro que iniciaron, mejor dicho, en realidad, la Alianza del Pacífico es un invento de los Estados Unidos, primero y principal. No es algo que surge de los gobiernos del Pacífico Latinoamericanos, eso es un cuento para jardín de infantes. Esta es una iniciativa de la Casa Blanca muy fuerte en donde han puesto muchísimo dinero. Esos presidentes o sus cancilleres se han reunido unas diez o doce veces en el último año y medio, lo cual habla, digamos, de una asignación de tiempo, de esfuerzos, de recursos realmente impresionantes. Y tiene por objetivo: primero que nada debilitar los esfuerzos de unidad, un poco lo que Chávez decía, no sólo integración, unión. La unión de los países de Suramérica, y por lo tanto poner ahí “caballo de troya” que hagan imposible el funcionamiento efectivo de la Unión.
Y esto lo hemos visto Walter, en el incidente que hubo con el avión de Evo Morales, en donde el Presidente Ollanta Humala tenía la obligación, la obligación de convocar a una Cumbre Extraordinaria de Presidentes y Jefes de Estado de Sudamérica; porque no era lo que él opinaba, él está ahí cumpliendo un…

Walter Martínez: tiene un mandato.

Atilio Borón: un mandato como Presidente Pro Tempore, y dice muy claramente cuando hay una situación así el Presidente Pro Tempore debe convocar de urgencia a una Cumbre Extraordinaria de Presidentes y Jefes de Estado. Y este hombre dijo que él no consideraba que lo que había ocurrido era un incidente que mrerecia la convocatoria a una Junta, a una Cumbre Presidencial. Y no lo hizo.
Ahora ¿por qué no lo hizo?  Bueno, yo te diría que como hipótesis uno podría pensar de que esto es efecto de la entrega total que el gobierno de Ollanta Humala ha hecho a los Estados Unidos. ¿Vos sabés que Perú es el país que tiene más bases militares norteamericanas?

Walter Martínez: Y pasan agachados, como decimos en Venezuela, porque nosotros tenemos clavado en el costado las siete bases gringas de Colombia, pero son siete Guantánamos, pero además, el derecho a usar todas las otras. Pero Perú, pasando agachado como decimos en Venezuela, tu diste un dato sensacional, cuéntanos de eso.

Atilio Borón: Tiene nueve bases ¿no es cierto?

Walter Martínez: Un abrebocas antes de irnos al corte.

Atilio Borón: bueno, nueve bases militares y además Perú es el único país que le ha otorgado a la IV Flota de los Estados Unidos tres puertos para que sirvan de reabastecimiento y de apostadero de las naves, porque esos barcos de la IV Flota no tienen donde abastecerse, en todo el litoral Atlántico de Sudamérica; dan la vuelta por abajo, entran por Chile, pero en Chile ha habido problemas y ya se veían venir una dificultad  muy seria, y quien les ofreció no un puerto sino tres, para el abastecimiento de la IV Flota es el gobierno de don Ollanta Humala.

Walter Martínez: ah porque hay que tener en cuenta que los super portaviones ya no pasan por este Canal de Panamá.

Atilio Borón: Exactamente, así que tienen que dar la vuelta por allá abajo, ¿no es cierto? Y entonces…

Walter Martínez: tienen que dar la vuelta a todo el Continente, y eso nos lleva también al Canal de Suez, donde tienen garantizado el pase la V Flota, del Mediterráneo hacia la zona que ya sabemos.

Fin 1ra parte

Tomado de Contrainjerencia