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La mamá de Laura, la Abuela de todos

estelaPor Guadalupe Carril
Tomado de Miradas al Sur
La historia fue narrada por los hombres: los roles de héroes, revolucionarios, dictadores o presidentes quedaron en manos del sexo masculino mientras que las mujeres eran siempre madres, hijas, esposas o amantes. Pocas veces se las tuvo en cuenta como activistas y protagonistas de la escena.
Eso sí, a lo largo de los siglos fueron quemadas en hogueras, decapitadas o encerradas. Recién durante la primera mitad del siglo XX fue permitido su voto en el mundo entero. En la Argentina, específicamente, la lucha de Juana Azurduy en los libros escolares no fue reconocida hasta hace algunos años. Sólo recién con el gobierno de Néstor Kirchner se apreció el poder de cambio social generado por Eva Duarte. La dictadura implantó el mote de “viejas locas” a ese grupo de mujeres que giraban alrededor de la Pirámide de Mayo reclamando lo que nadie parecía reclamar: verdad y justicia.
Esas “viejas locas” fueron las que continuaron de manera perseverante una lucha diaria para encontrar a sus familiares desaparecidos y a sus nietos nacidos en cautiverio. Esas mujeres se movilizaron hace poco más de 36 años solas, sin ayuda de la sociedad ni de los medios ni de la Justicia ni de los gobiernos. Y emprendieron desde entonces, y para siempre, un camino pacífico para conocer la verdadera historia sobre la desaparición forzada de personas. Esas mujeres no realizaron una guerra contra quienes le arrancaron a sus hijos y a sus nietos. Esas mujeres “chifladas”, esas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se dedicaron a construir desde el amor. Esperaron de manera activa cada gobierno, cada juicio, cada decreto, cada testimonio y transformándose, con la lucha, en uno de los organismos de Derechos Humanos más importantes del mundo. Nada mejor, para esta nueva celebración del Día de la Mujer ocurrido ayer, que homenajear a una de ellas, referente indiscutido de la fortaleza de un género: Estela de Carlotto, esa mujer que, desde la agrupación que preside, ya devolvió la identidad a 110 personas.
Estela atiende el teléfono dando por iniciada la entrevista. La alegría del encuentro del nieto 110 genera una extraña felicidad que hace que, más allá de las conferencias de prensa, ella siga dando notas. Pero claro, aunque el relato es extenso, la charla telefónica no alcanza. Por suerte, siempre existen motivos para volver a hablar con ella y reencontrarse con sus palabras, con su relato, con su enseñanza. Entre viajes, juzgados, médicos y prensa, Estela no tiene tiempo pero se lo hace. Aunque sabe cuáles son los días para estar con la familia, organiza su agenda de una prolija manera para que todos sean bien recibidos.
–¿Cómo recuerda los primeros tiempos de búsquedas en Abuelas?
–Las Abuelas de Plaza de Mayo llevamos 36 años de lucha y encontramos, felizmente, y hasta ahora, 110 nietos a los que les restituimos sus derechos. Lógicamente, fue una experiencia nueva, la búsqueda de dos generaciones: en soledad la primera, y sin saber qué hacer, con riesgos y miedo. Fue una historia muy personal, donde cada una empezó como pudo y de acuerdo a su criterio y sentido común. Nos fuimos encontrando, uniendo y así pudimos realizar una lucha más colectiva. Juntarnos fue una forma de estar más acompañadas. Y pensábamos que también de esa forma nos estábamos cuidando, protegiendo. En los primeros tiempos, cada una venía y presentaba su idea. Los primeros nietos fueron, realmente, los más fáciles de encontrar porque eran niños chiquitos que ya tenían una identidad previa. Habían sido secuestrados ya nacidos, y se podía tener de ellos algunas imágenes de sus caritas, datos de sus identidades, de sus orígenes.
–¿Y cómo los buscaban?
–A veces con carteles que pegábamos en las calles. Íbamos buscándolos y de golpe aparecía alguien que nos decía “yo a ese chiquito lo vi en tal lado”. En ese momento, ni siquiera teníamos un lugar de trabajo, nos juntábamos en nuestras casas particulares o nos encontrábamos en alguna iglesia, estación de tren o confitería. Así nos pasábamos la información. Y la verdad es que, de esos primeros chiquitos, no había duda: eran niños que tenían su documento, su familia. Sus abuelos los podían reconocer. Con ellos, el reencuentro fue mucho más sencillo.
–Las búsquedas se complicaron con el paso de los años…
–Sí, el tema fue cuando empezamos a buscar a los que habían nacido en cautiverio. Aquellos bebés de los cuales no conocíamos ni su sexo ni el día de nacimiento ni ningún otro elemento probatorio. Por eso, para nosotras fue muy importante, y un gran paso, cuando encontramos una respuesta en la sangre. El Banco Nacional de Datos Genéticos nos proporcionó una seguridad absoluta de no equivocarnos.
–¿Qué recuerdos tiene de la experiencia de dar aquel paso?
–La experiencia fue dura. En lo personal, puedo recordar cuándo restituimos a Paula Eva Logares. Los psicólogos y abogados habían ido a Tribunales; el apropiador y su mujer llevaron a Paula creyendo que era un mero trámite, ya que en esa época la impunidad era total. Esa nena ya tenía, en ese momento, 8 años, pero también había tenido 2 años largos de haber vivido con su mamá, su papá y sus abuelos. En ese caso, yo replanteé mi accionar y me pregunté: “¿Estaremos haciendo bien, realmente esos niños no van a sufrir más?”. Y la verdad, ¡qué equivocada estaba! Porque, en definitiva, yo personalicé algo. Como si la apropiadora fuera la madre. ¡Pero ellos no eran los padres! ¡Ellos son ladrones, son apropiadores, no hay afecto cuando se roba a un niño! Había un dominio total hacia un ser desprotegido que no pudo defenderse porque era un bebito. Cuando entendí y tuve la claridad de eso, para mí fue un momento de tranquilidad, de saber que estaba haciendo el bien.
–¿Dudó, en algún momento, continuar con este camino?
–No, nunca tuve dudas de que esto había que hacerlo, incluso resolví mi vida. Primero, con la búsqueda de mi marido, que fue el primer desaparecido de la familia, salí sola, nadie se enteró. Yo pude distribuir mi tiempo inventando y buscando puertas para golpear, juntando la plata para pagar por las informaciones, proteger a mis hijos y cumplir con mis tareas docentes como personal directivo de la escuela. Administré mis sentimientos y administré mis tiempos para poder hacer todo esto. Algo fantástico que me ocurrió fue que me encontré con otras mujeres, porque una cosa fue lo que empecé sola, inventando, con miedos y soledades. Pero cuando me encontré con otras mujeres que estaban viviendo la misma experiencia, ya no estuve más sola, ya fui comprendida, teníamos el mismo dolor, las mismas inquietudes. Esto no fue un club fundado entre amigas. Esto fue generado por una dictadura y no nos conocíamos entre nosotras. Es más: hasta el día de hoy tenemos nuestras diferencias, seguimos siendo muy distintas las unas de las otras. Cada una trajo e ideó lo que pudo, de acuerdo a su cultura, a su intelecto, a todas esas condiciones naturales. A partir de la unión de todas, esto comenzó a consolidarse hasta el día de hoy. La única vez que dudé si estaría en lo correcto fue esa vez que dije, cuando Paula Eva Logares iba a ser desprendida de su familia falsa para ir con su abuela verdadera. Allí tuve esa sensación de “¡pobrecita, lo que debe estar sufriendo!”. Pero eso fue por una experiencia mía personal: cuando era chica, y nació mi hermano menor, como vivíamos en un pueblito en medio del campo, mi mamá tuvo al bebé en la casa. Entonces a mí me mandaron a la casa de una amiguita, la hija del farmacéutico, para que pasara el tiempo allí mientras mi mamá daba a luz. Yo estuve contenta un tiempo en lo de mi amiga, jugando, pero llegó un momento en que dije “me quiero ir a mi casa”, y no me dejaron, me daban caramelos, me entretenían. Yo pensaba que no iba a ver más a mi mamá, que me habían separado de ella. Esa sensación recrudeció cuando fue el caso de Paula. Pero el error mío fue considerar a la familia de apropiadores como buena cuando, en realidad, ellos eran ladrones. Esa familia le estaba haciendo daño, no había papá y mamá verdaderos. Después, el resultado y la realidad me tranquilizaron, porque la niña recordó, se integró con su abuela, tuvo atención psicológica de nuestros equipos. Fue un encuentro muy grato, muy lindo, sin ningún tipo de trauma. Ése fue el único momento donde dudé si estábamos haciendo bien. Además, nuestra consigna institucional es ser muy cuidadosas con todas nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestras expresiones. No queremos herir a nadie ni victimizar a quien no corresponda. No queremos crear situaciones injustas. Una condición muy clara que tenemos es que nuestra necesidad de memoria, verdad y justicia es inamovible. Y la verdad es que pensamos mucho las cosas, las evaluamos, las hacemos madurar y después las concretamos.
–¿Cuáles fueron las diferencias más significativas que encontró en las devoluciones de identidades?
–En estos 36 años tuvimos una cantidad enorme de diferentes situaciones en cuanto a los encuentros y restituciones de identidad de nuestros nietos. En esta época está el nieto que se acerca espontáneamente, que ya viene dispuesto a encontrase con su verdad. Y está el que no busca, pero lo encontramos nosotras y se opone. A veces, es una lucha jurídica, protegida por el amor y el respeto a la víctima. Pero ahí el juez es implacable y deja en claro cuando les dice: “Usted está llevando en su sangre la prueba de un delito de lesa humanidad, tiene que avenirse a que lo podamos analizar y saber si es una víctima de esa dictadura”. Hemos tenido miles de momentos, pero también contamos con la seguridad y la convicción de que esto hay que seguir haciéndolo por el derecho que les cabe a ellos y por el derecho que nos cabe a las familias. Y también el derecho que le cabe a la sociedad, porque no se puede dejar todo en el olvido. Sirve para que estas cosas no se repitan. Buscamos la verdad, la memoria y la justicia. Sólo de esa manera aseguramos el Nunca Más.
–¿Siente que la lucha de Abuelas colaboró para que se cambie la mirada hacia el rol de la mujer en la sociedad?
–Sí. Indudablemente, en estos 36 años de lucha que llevamos las Abuelas de Plaza de Mayo, dejamos una impronta, una señal en la sociedad. En un comienzo, no imaginábamos vivir toda una vida buscando dos generaciones. Pensábamos sin ninguna trascendencia personal, simplemente, que nuestros hijos volverían a nuestro hogar y que nuestros nietitos que estaban naciendo, sin saber dónde ni cómo, serían criados con nosotras. Pero en ese silencio, en ese no encontrarlos, tuvimos que empezar a caminar y así se marcó un camino. Evidentemente, abrimos un camino novedoso en cuanto a la lucha fundamentalmente de la mujer. En general, las luchas políticas o gremiales eran de los hombres. Se los visualizaba a ellos mucho más que a las mujeres, si bien históricamente hubo luchas de mujeres heroicas y muchas murieron en esa lucha. Pero en nuestro país, la mujer no fue protagonista de una lucha con visibilidad. Nosotras la hicimos, perseveramos y le dimos presencia. No solamente por ir a la Plaza de Mayo, ese bastión indudablemente histórico de reuniones, sino porque ocupamos espacios, no nos circunscribimos a quedarnos solamente en la Plaza. Ocupamos aún aquellos espacios donde no nos era grato estar, pero sabiendo que para ese marco también hay público, hay gente. Y muchas veces era necesario educar a la gente: informarle, decirle que existíamos, explicarle qué es lo que hacíamos, qué objetivos fueron los que nos hicieron fundar este grupo. Y así nos dimos cuenta, con el correr de los años y cada día más, que éste es un grupo que no tiene fin sino sólo cuando nuestra vida se termine. Las Abuelas que ya encontraron a sus nietos siguen con nosotras. Hay una consigna de continuidad necesaria. La presencia, los logros, los éxitos y una actitud respetuosa de acompañamiento a las etapas históricas, sociales, de manera pacífica y con amor, nos dio un lugar que nos lo demuestra la sociedad nacional e internacional. Por eso es que nos requieren para que hablemos y contemos nuestra experiencia, que es inédita, en diferentes lugares del mundo y en nuestro propio país. Somos conscientes de que pusimos en acción el valor y las condiciones posibles de la mujer en una lucha.
–¿Por qué piensa que fueron Abuelas y no Abuelos?
–Nosotras optamos que ellos no estuvieran. Nosotras les pedimos a los hombres que no se arriesgaran. Porque, con el machismo, para los uniformados los hombres eran más peligrosos y las mujeres éramos unas locas y tontas. Sabíamos que a nosotras nos iban a dejar caminar, mientras que a ellos los podían secuestrar, desaparecer. Les pedimos a nuestros hombres que nos reemplazaran en las ausencias de las tareas habituales, en el hogar, con los hijos. Nosotras tuvimos que retirarnos de nuestra vocación o profesión, dejamos nuestros trabajos y el hombre nos acompañó esperando. Yo los califico como los héroes anónimos, porque ellos sufrieron mucho esa soledad y la incertidumbre de saber si volvíamos o no a casa. Saber si no nos secuestraban en cualquier lugar del mundo a dónde íbamos, o en la manga de algún aeropuerto como ocurrió. La espera de ellos fue dura, la ausencia y el extrañarnos mucho. Eran hogares de parejas donde el amor por nuestros hijos victimizados era de los dos, padre y madre, hombre y mujer. Ahí queda demostrado, de alguna manera, que el hombre es más frágil. Casi todas nosotras somos viudas: los hombres murieron antes por no poder aguantar, por no poder soportar la ausencia. Fueron heridos pero no tuvieron una respuesta guerrera porque les pedimos que no la tuvieran. Pero fueron más frágiles en el aguante. Nosotras resultamos ser descubridoras de condiciones femeninas desconocidas, que dan cuenta de que cuando una mujer es provocada, sobre todo en algo tan sagrado como es un hijo, sale una leona. Dicen que nuestro ejemplo de lucha como mujeres al frente de un reclamo tan importante con riesgos, con peligros, con miedos, dio valor a muchas otras mujeres para formar grupos de búsquedas de justicia, de verdad, de hijos. Está Susana Trimarco, están las Mujeres del Paco, las Madres del Dolor, las Mujeres contra la Trata de Personas, hay muchísimas mujeres en el mundo que nacieron con pañuelos de otros colores, porque vieron en las mujeres argentinas un ejemplo y un camino a recorrer. Que ellas también pueden.
–¿Se da cuenta que está haciendo historia?
–Humildemente, sí. No es que una quiera hacerla, pero la realidad es esa. Veo lo que nos escriben, las ponderaciones, los halagos de la lucha y ahí es cuando uno toma dimensión de todo. ¡Caramba, todo esto es lo que una hizo! Pero sin subirme a una loma, sino con humildad. ¡Salió bien, lo hicimos bien, se dio bien, se pudo! Eso es una satisfacción, podría haber salido mal. Nosotras tuvimos siempre la idea de aprovechar los tiempos sociopolíticos del país, de no provocar las oportunidades sino de ver cuando llegaban y aprovecharlas. Y los espacios. A veces me dijeron “ay, cómo vas a tal o cual programa de televisión” o “cómo hablás en tal revista”. Creo que cada lugar tiene su público. Lo importante es que lo lean: aunque sea en la peluquería van a saber que existimos las Abuelas de Plaza de Mayo y lo que pasó en la historia. Es como una especie de docencia permanente y eso es lo que uno quiere dejarles a los nietos.
–¿Tuvo algún referente femenino o alguna mujer que haya admirado o le haya impactado su lucha?
–A Eva Perón yo no la quería nada, la criticaba, como toda la burguesía idiota que me rodeaba y los medios de comunicación que me educaban. Felizmente, revertí y transformé esa parte gorila y la transformé. Hoy en día, a Eva la valoro, la respeto muchísimo y creo que fue una mujer única. Por lo que hizo, por lo que dio y por lo poco que vivió, lamentablemente. En la historia de la Argentina hay muchas mujeres destacadísimas, Juana Azurduy, Alicia Moreau de Justo, que es un símbolo también de la mujer luchadora. Y Cristina, por quien tengo un respeto enorme. Es una mujer excepcional, muy capaz y muy valiente. Y me llena de orgullo porque ella representa a Laura, mi hija. Para mi ella es Laura, está haciendo lo que Laura no pudo hacer.
Palabra de Estela
Las mujeres en América latina
Muchas mujeres en Latinoamérica estuvieron participando con nosotras cuando se fundó la Federación Latinoamericana de Familiares de Desaparecidos: FEDEFAM. Aún funciona, y mediante el esfuerzo de esta agrupación que nació en Venezuela en 1982, de la cual somos fundadoras Las Abuelas, se consiguió una convención internacional para la protección de desaparición forzada de personas en todo el mundo. Algunos países no la firmaron. De hecho, esto sigue pasando, como en el caso de México, donde todavía desaparecen personas.
Allí hay una situación social muy delicada, nosotros sabemos que cada país tiene su forma de resolver los problemas, pero en México hay mujeres en lucha. ¡Hay un pueblo en movimiento! Lo que pasa en Juárez, por ejemplo, con las mujeres asesinadas o con la mafia del narcotráfico que decapitan personas y las dejan tiradas como muestra del horror. Todo eso hay que denunciarlo, ponerlo en evidencia. Para estos casos están las organizaciones como Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos en Washington, para obligar al Estado a que actúe y ponga fin a esas situaciones con políticas adecuadas.
Nosotras acabamos de viajar a México, donde dimos unas charlas referidas a nuestra experiencia pero no desde el orgullo de ser las únicas. Ellos tienen su parte de trabajo, lo hacen, pero están muy complicados con el narcotráfico y con cuestiones como el machismo y la delincuencia común. Cada país debe resolver estos temas con su pueblo. En la medida de su situación en particular, nosotras podemos llevar algunos ejemplos, algunas experiencias. Ojalá les sirva. Estamos con ellos, los acompañamos, porque siempre tenemos que estar todos unidos para que en Latinoamérica estas cosas se terminen para siempre.

El diálogo y el poder

cfk

Por Edgardo Mocca

La estrategia política de la derecha argentina tiene tres líneas principales: la desestabilización económica, la erosión de los apoyos gubernamentales en el territorio federal del justicialismo y el desorden en la calle. Las tres líneas se suceden entre sí, convergen y se alimentan mutuamente. Con diferente intensidad y dramatismo, todas convergen en un punto imaginario, el de la creación de un clima de absoluta ingobernabilidad. El núcleo del discurso propiciatorio de la desestabilización no entraña ninguna novedad histórica: la inseguridad (antes se estilaba decir “desorden”), la corrupción y la bancarrota económica fueron el decorado retórico de todas las usurpaciones cívico-militares dirigidas a cuidar los intereses de los grupos más poderosos del país. Hasta aquí, la novedad más importante es la voluntad política del Gobierno, ya bastante extendida en el tiempo, de mantener no solamente un rumbo político sino un discurso que no hace concesiones en las cuestiones cardinales que conciernen a ese rumbo.

Con aire de inocencia, ciertos analistas pretendidamente independientes “aconsejan” al Gobierno que modifique sus políticas y sugieren que ese cambio traería la tan ansiada paz social. Ninguna de las experiencias históricas relativamente recientes autoriza esa expectativa: las concesiones de los gobiernos de origen popular a la derecha siempre han sido el prólogo de su debilitamiento progresivo, su aislamiento y su caída. A esta altura parece claro que no será ése el curso de los acontecimientos actuales y ésa parece ser la fuente de la visible exasperación del bloque desestabilizador. Los grupos mediáticos dominantes han abandonado cualquier racionalidad que los aleje de su obsesión política, la recuperación en los tiempos más cortos y en las formas que sean necesarias del poder político para el establishment económico del país. Ni las formas ni los tiempos son indiferentes: de lo que se trata no es de vencer eventualmente a un partido de gobierno, sino desplazarlo de tal modo que pase mucho tiempo hasta que a alguna otra fuerza política se le ocurra repetir el desafío a los poderes establecidos.

La índole de los malestares –las chispas con las que se pretende iniciar el incendio– es muy variada. Como en el caso de la actual crisis en la distribución de la energía eléctrica en la ciudad y el conurbano bonaerense, sus raíces tocan algunos nervios sensibles de la estructura económica que diseñó el neoliberalismo en el país. No es por una catástrofe natural que tenemos empresas privadas al frente de esa distribución; claro que el control que ha ejercido el Estado se muestra claramente insuficiente, lo que no alcanza para opacar que son las privatizaciones de los años noventa, y las formas contractuales bajo las que se desarrolló, tributarias de la atmósfera político-cultural antiestatista de la época, las que están en la base del problema actual. También la cuestión de las fuerzas policiales nacionales y provinciales es un viejo problema, cuyas huellas más directas llevan a la época de la dictadura; la democracia, incluidos los últimos gobiernos, no ha encarado –más que en formas episódicas y siempre inconclusas– un proyecto serio de reestructuración policial. Sin embargo, la necesaria crítica de esas insuficiencias no puede ignorar la fuerza histórica y estructural que adquirieron los cambios en este país, a partir de la dictadura instalada en 1976. Es una fuerza que se expresa en la configuración del poder económico, en su concentración, centralización y extranjerización, en la estructura de la tenencia y el uso de la tierra, en el peso del mundo financiero en la actividad económica. Pero se expresa también en el debilitamiento de las estructuras sindicales, en el desprestigio de la política y, sobre todo, en el peso históricamente desconocido entre nosotros que adquirió la cultura hiperindividualista en todos los aspectos de la vida social. Claramente se trata de transformaciones que no son patrimonio exclusivo de los argentinos; han atravesado el mundo desde mediados de la década del setenta del siglo pasado y el proyecto político que las sustentó sigue ejerciendo la hegemonía global, aun en condiciones de una grave crisis sistémica.

Es muy interesante cómo las fuerzas sociales y culturales que impulsaron durante décadas esa reconfiguración raigal de la sociedad argentina utilizan las dramáticas consecuencias que acarreó como argumentos en contra de un gobierno al que consideran, con mucha razón, su enemigo. Los problemas del sistema de transporte ferroviario, destruido con premeditación y alevosía en los años noventa, se presentan, por ejemplo, como actas de acusación contra el gobierno actual. Claro que la perduración de los problemas opera como una señal de los límites actuales y de las demandas que esos problemas proyectan hacia el futuro. Pero no es ése, naturalmente, el espíritu y el sentido político de las actuales campañas de hostigamiento antigubernamental al que asistimos de modo permanente y con intensidad creciente desde hace por lo menos siete años. Luce muy elegante el discurso crítico realizado desde veredas que se autodefinen como “progresistas” y no faltan en ese terreno aportes lúcidos sobre los problemas no resueltos. Pero la política no es una suma aritmética o algebraica de enunciados críticos y plataformas de “solución” a los problemas. No parece muy eficaz un pensamiento con pretensiones críticas que se abstiene de considerar cómo se manifiesta la lucha por el poder, esa que no se propone escribir buenos documentos críticos sino gobernar al país realmente existente. ¿Puede pensarse seriamente que la disyuntiva política en la Argentina es hoy la que enfrenta al actual proyecto político en curso con un bloque político-cultural más avanzado y enérgico en la voluntad transformadora? Aceptemos hipotéticamente que esto pudiera ser pensado así; se abren entonces varios interrogantes: cuáles son las fuerzas sociales que lo impulsarían, cuál sería en esas circunstancias la posición de los poderes fácticos que hoy bombardean al Gobierno, aun con insuficiencias fáciles de reconocer, cómo se modificaría la correlación de fuerzas sin enfrentar a esos poderes y practicando una política de “diálogo y reconciliación”.

El diálogo que suelen proponer los sectores de oposición es un diálogo que deja afuera la cuestión del poder. Y termina siendo, valga el juego de palabras, un diálogo sin poder: el poder está fuera del diálogo. Se presupone la existencia de una práctica llamada “políticas públicas” que conforma un territorio de dilucidación técnica: hay problemas y hay soluciones, todo lo demás es ideologismo estéril. Desde otra perspectiva: hay derechos de las personas y hay un aparato, el Estado, que es una empresa proveedora de derechos. Es la manera de pensar la política propia del neoliberalismo, incluida alguna vertiente que viene de tradiciones avanzadas. La sola mención de la palabra hegemonía produce escándalo en el neoliberalismo de derecha y de “izquierda”. Es una antigüedad ideológica, cuya sola evocación convoca a los demonios de la intolerancia, el autoritarismo y la violencia. Solamente diálogo, entonces. No se sabe cómo se definen los eventuales desacuerdos,como no sea por los mecanismos hoy vigentes de la soberanía popular. Menos aún se sabe qué pasa si los resultados de ese diálogo no les satisfacen a los sectores del complejo agro-financiero-mediático que hoy articula el ataque contra este gobierno. Tal vez se crea que, impactados por el alto nivel de convivencia política alcanzado, esos sectores se avengan, ¡por fin!, a aceptar pacíficamente el dictado de la política aunque afecte sus intereses.

Hay, sin embargo, un diálogo posible, aunque su futuro no esté asegurado. Es el diálogo que parte de la premisa de que hay una importante franja de la sociedad que no forma parte orgánica ni de las fuerzas que apoyan al Gobierno ni de las que lo sabotean, pero que quiere seguir viviendo en democracia y no quiere ser utilizado como herramienta de planes desestabilizadores. Es un sector que no quiere la violencia institucional –como la que se desarrolló hace unos días en el partido de San Isidro contra un grupo de militantes que pasaba cine para los chicos en una plaza– y que rechaza la especulación y el desabastecimiento como armas políticas. Si ese sector realmente existiera –así parecen insinuarlo las grandes oscilaciones de las preferencias entre elección y elección y así es la forma de pensar en la que está sustentada la democracia– sería necesaria una discusión entre los que sostienen el actual proyecto político sobre cómo generar una comunicación dialógica que los incluya. Es justamente a debilitar la relación del Gobierno con este sector donde se dirige el fuego principal de las agencias desestabilizadoras. La concepción de una política de trincheras que separan entre sí a minorías intensas es lo contrario de lo que necesita una política transformadora. Es una mirada maniquea y estancada del mundo.

Los recientes cambios de gabinete y la modificación de ciertos estilos de gobierno parecen indicar el reconocimiento de la necesidad de ese diálogo. No estaría mal la exploración de iniciativas políticas que apunten a darle forma. Eso contribuiría a aislar a los halcones de la derecha mediático-política.

Tomado de Página/12

De aquí a la eternidad

Argentina está hoy en medio de elecciones legislativas

HOY SOLO SE DECIDE LA COMPOSICION DE LAS DOS CAMARAS DEL CONGRESO

La interpretación de los comicios de hoy como antesala de la elección presidencial de 2015 es una expresión de deseos de quienes la formulan, que no toma en cuenta la experiencia de treinta años de democracia. En ningún caso dos años antes era previsible quién resultaría electo. Los grandes vencedores en la provincia de Buenos Aires, de Cafiero, Duhalde y Fernández Meijide a Rückauf y De Narváez, no tuvieron la proyección posterior esperada.

Por Horacio Verbitsky

1981-Viola y Galtieri disputaban el poder castrense. Cuando los militares debieron convocar a elecciones, los pronósticos favorecían a Cafiero, Bittel o Luder. Alfonsín no entraba en los cálculos de nadie.

En las elecciones que se realizarán hoy en todo el país sólo se renovarán la mitad de las bancas en la Cámara de Diputados y un tercio de las senatoriales. El gobierno nacional pone en juego en ellas la posibilidad de sancionar desde el Congreso las leyes que le interesan e impedir que le impongan otras contra su voluntad, como ocurrió después de las legislativas de 2009. Para ello debe conservar el quórum en ambas cámaras, al que llega sumando propios y aliados. Este dato central es ofuscado en la mayoría de los análisis, que sólo ven estos comicios de medio término como anticipo de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en octubre de 2015. Más aún, consideran que sus resultados definirán las alternativas para entonces. Con escasas excepciones (Jorge Fontevecchia, Manuel Mora y Araujo, por ejemplo) dan por sentado que el kirchnerismo concluirá su ciclo en forma inexorable con el segundo mandato de la presidente CFK, que no puede aspirar a renovarlo aunque sus índices de aprobación popular se mantienen en los mismos niveles con que fue reelecta en 2011. La lista de opciones que enumeran va del centro a la derecha: Sergio Massa, José de la Sota, Daniel Scioli, Julio Cobos, Hermes Binner y Maurizio Macrì. En realidad, dos años son una eternidad política en la Argentina y estas especulaciones sólo intentan fijar la agenda para condicionar las percepciones sociales y recortar el espacio de Cristina, cuyo mandato no termina ahora sino el 10 de diciembre de 2015, dentro de dos años y dos meses. Sus antecedentes hacen presumible que, una vez repuesta su salud, lo ejercerá en plenitud hasta el último día. Esa es la importancia de lo que hoy se dirime en las urnas. No menos, pero tampoco más.

Números puestos

Sin duda, las elecciones de medio término reflejan estados de ánimo colectivos, que no se disipan porque sí en apenas dos años y la votación de hoy también debe ser analizada desde ese punto de vista. Pero la lógica de las elecciones presidenciales tiene normas propias. Un ejercicio revelador es ubicarse dos años antes de cada elección presidencial, para ver si era previsible quién las ganaría o incluso quiénes serían candidatos.

Raúl Alfonsín, 1983. En octubre de 1981 gobernaba el general Roberto Viola y ni siquiera se contemplaba la designación del presidente por otro medio que la deliberación dentro de la Junta Militar. En noviembre, Viola fue depuesto por su colega Leopoldo Galtieri, quien declaró que las urnas estaban bien guardadas. Su mandato se interrumpió en forma abrupta luego de la guerra de las Malvinas. Lo sucedió el también general Benito Bignone, quien firmó la convocatoria electoral. Desde que se abrió la campaña, la única incógnita que importaba era quién sería el candidato del Partido Justicialista, que desde 1946 se había impuesto en todas las elecciones en las que se le permitió participar. Quienes concitaban las mayores expectativas eran Antonio Cafiero, quien contaba con la simpatía del jefe sindical metalúrgico Lorenzo Miguel; el escribano Deolindo Felipe Bittel, que había conducido el partido bajo la dictadura, y el ex presidente interino Italo Argentino Luder, quien fue el designado. Ni los más entusiastas partidarios de Raúl Alfonsín imaginaron hasta muy pocos días antes del 10 de octubre de 1983 que el candidato de la UCR pudiera alzarse con la presidencia. Su elección constituyó por ello un auténtico terremoto político.

1987-Cafiero asestó su primera derrota al alfonsinismo
en la estratégica provincia de Buenos Aires.
Su ascenso a la presidencia parecía inexorable.

1993-Sin posibilidad
constitucional de reelección, Menem ingresaba
en los dos últimos años de su mandato de seis y
Eduardo Duhalde parecía firme candidato
a la presidencia.

Carlos Menem, 1989. En octubre de 1987, la UCR fue derrotada por el rejuvenecido justicialismo en las elecciones legislativas y, lo que es peor, también en la gubernativa bonaerense, donde Cafiero batió al candidato alfonsinista Juan Manuel Casella. Las encuestas previas le daban una ventaja de tres puntos, pero en el escrutinio se impuso por siete. Por primera vez la candidatura presidencial del peronismo se dirimiría en elecciones internas, que fueron convocadas para nueve meses después de la gran victoria de Cafiero, cuya Liga Peronista Bonaerense le garantizaba los votos del mayor distrito electoral del país. Fortalecido por su victoria sobre el candidato oficial Herminio Iglesias en las legislativas de 1985, por su decidido apoyo a las instituciones durante el alzamiento carapintada de 1987, y con control de los bloques legislativos de su partido en ambas cámaras, el gobernador de Buenos Aires era la figura excluyente de la política argentina. Sin embargo, en junio de 1988 fue derrotado por el gobernador riojano Carlos Menem, quien lo había acompañado en la renovación, pero que no contaba con un aparato que pudiera oponer a la maquinaria bonaerense. Tan fuerte era la imagen de Cafiero y tan poco temor inspiraba Menem, que el ministro de Interior Enrique Nosiglia suministró recursos para la campaña interna del riojano, con la esperanza luego realizada, de que sacara de pista al temido candidato bonaerense.

Carlos Menem, 1995. El mandato de seis años de Menem concluía en 1995 y la Constitución no admitía la reelección antes de que pasara un período. Pero en 1993, Alfonsín consintió la reforma constitucional que habilitaría un segundo mandato presidencial, a cambio de la elección de un tercer senador por la minoría en cada provincia, innovación concebida para insuflar vida a su alicaída estructura partidaria. Esto postergó las aspiraciones del ex vicepresidente y gobernador bonaerense desde 1991, Eduardo Duhalde, a quien Menem le había prometido que sería su candidato a la sucesión.

1997-La profesora Graciela Fernández Meijide batió al aparato duhaldista en su bastión bonaerense y se convirtió en la mimada precandidata presidencial para 1999.

2001-Cuando el gobierno de la Alianza mostró sus primeras fisuras, que condujeron a la renuncia del vicepresidente Alvarez, la figura emergente era Carlos Rückauf, quien en 1999 había sido electo gobernador de Buenos Aires sobre Graciela Fernández Meijide. Luego de la crisis de fin de siglo, Duhalde instaló la candidatura de Reutemann.

2005-Luego de la victoria de CFK sobre Hilda González en la provincia de Buenos Aires, nada se oponía a la reelección de Kirchner. Pero el presidente desistió de presentarse y promovió la candidatura de su esposa.

Fernando De la Rúa, 1999. La animosidad que esto generó entre Menem y Duhalde contribuyó a la derrota del justicialismo en las elecciones legislativas de 1997 frente a una Alianza de ocasión entre el radicalismo y el flamante Frente para un País Solidario, Frepaso, un desprendimiento liberal del peronismo liderado por el Licenciado en Historia Carlos Alvarez. También entonces el mayor impacto fue el resultado bonaerense. Alvarez persuadió a la senadora Graciela Fernández Meijide de renunciar a su banca por la Capital y competir por una diputación en la provincia. Esta profesora de francés, madre de un estudiante detenido-desaparecido durante la dictadura y dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, era una personalidad tan irresistible que venció por cinco puntos a la esposa del gobernador, Hilda González de Duhalde, quien había sumado una entusiasta organización de manzaneras al dispositivo territorial de su marido. Duhalde se proclamó como el padre de la derrota. El último día de ese año el columnista Martín Dinatale informó que en la compulsa realizada dentro de la redacción de La Nación, Fernández Meijide había sido designada como la personalidad política del año y anunciaba su candidatura presidencial para 1999, una vez más impulsada por el licenciado Alvarez y con generalizado sostén mediático. Si se hubiera dirimido como estaba previsto en elecciones internas, tal vez el vaticinio se habría cumplido. Pero temeroso de la maquinaria radical, Alvarez convenció a Fernández Meijide de que no disputara contra Fernando De la Rúa, y aceptó acompañarlo él como candidato a vice. De la Rúa relegó a Fernández Meijide y se impuso con holgura a Duhalde, cosas inimaginables dos años antes.

Néstor Kirchner, 2003. De la Rúa y Alvarez contaron con la benevolencia de Menem. El presidente no hizo nada para apuntalar la candidatura de Duhalde, quien perdió ante la Alianza en 1999. Pero su candidato Carlos Rückauf recuperó la provincia de Buenos Aires, a cuya gobernación llegó con una victoria sobre Fernández Meijide. Cuando la Alianza mostró sus primeras fisuras, Rückauf emergió como el favorito para disputar la presidencia en 2003. Pero sobrevino la gran crisis de fin de siglo y Duhalde pudo entrar por la ventana al despacho que las urnas le habían negado. Lo ocupó como encargado interino del Poder Ejecutivo durante unos meses entre 2002 y 2003. La Asamblea Legislativa había concedido a Duhalde permanecer allí hasta la finalización del mandato iniciado en 1999, pero su incapacidad para conducir una situación turbulenta lo obligó a renunciar también él antes de tiempo, como los dos presidentes radicales. Las elecciones de octubre de 2003 se adelantaron para abril y la entrega del mando de diciembre a mayo. Duhalde escogió entonces como su candidato al gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, quien gozaba de excelente imagen. Pero rehusó presentarse, por razones que ni hoy se conocen con certeza. Néstor Kirchner era un desconocido fuera de Santa Cruz. Incluso en la semana previa a la primera vuelta sólo cuatro de las diez encuestas publicadas vaticinaron que el desempate sería entre Menem y Kirchner mientras otras tantas colocaron en el ballotage contra Menem al radical Ricardo López Murphy, a quien una dio como vencedor. Aún al año siguiente, durante un panel sobre publicidad política y elecciones, Julio Aurelio y Eduardo Fidanza insistieron en que en la Semana Santa previa a los comicios, López Murphy se encaminaba hacia la presidencia, fenómeno que no sucedió según Aurelio por una campaña de estigmatización y de acuerdo con Fidanza por errores del candidato.

CFK, 2007. En octubre de 2005, Kirchner tenía índices abrumadores de aprobación popular y decidió liberarse de la tutela de Duhalde. Postuló la candidatura de su esposa, que pudo batir a la de Duhalde en las elecciones bonaerense para el Senado. A partir de entonces nadie dudó de la reelección de Kirchner en 2007. Se pensaba que CFK podría suceder a Felipe Solá en la gobernación de Buenos Aires. Pero Kirchner declinó su reelección, para impulsar la candidatura de Cristina, quien en 2007 duplicó los votos de la segunda fórmula.

2009-El conflicto con las patronales agropecuarias
de 2008 y las elecciones legislativas de 2009,
con la victoria en la provincia de Buenos Aires
de Francisco de Narváez fueron evaluados como
el fin del kirchnerismo: la presidencia en 2011
estaría entre Julio Cobos y Maurizio Macrì.

CFK, 2011. En octubre de 2009, luego de la elección legislativa bonaerense en la que el filántropo colombiano Francisco De Narváez batió a la lista encabezada por Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Tomás Massa, la prensa opositora dio por terminado el ciclo kirchnerista e incluso se anunció la probable renuncia de la presidente para que asumiera en su reemplazo el vicepresidente Julio Cobos. En cualquier caso, Cobos era el candidato imbatible que en octubre de 2011 disputaría la presidencia con Scioli, Carlos Reutemann y/o Maurizio Macrì. Ninguno de los cuatro fue siquiera candidato y Cristina fue reelecta, con el 54 por ciento de los votos y casi 40 puntos sobre la segunda fórmula. De Narváez sí compitió por la gobernación, pero cayó por 43 puntos de diferencia ante Scioli. Cafiero, Bittel, Fernández Meijide, Duhalde, López Murphy, Reutemann, De Narváez resplandecieron durante sus respectivos quince minutos de gloria y se extinguieron como fuegos fatuos sin dejar huella. Cobos y Macrì aún sueñan con resurgir de sus cenizas. Ninguno cumplió el destino al que lo habían predestinado. Si algo sugiere la experiencia de treinta años de democracia, ninguno de los números puestos del concierto mediático actual recibiría la banda y el bastón presidenciales en diciembre de 2015. Esta no es una ley, ni es obligatorio que siempre suceda así. Pero menos asidero tiene pretender que lo contrario es la verdad, que las estrellas fugaces de hoy serán los soles del futuro sistema político nacional.

2013-La esperada victoria de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires lo coloca en la pole position para la carrera de 2015, en la que Scioli, Macrì, De la Sota y Binner también concitan la atención.

Tomado de Página/12

Historia de Laura

ADELANTO DEL LIBRO SOBRE LA HIJA DE ESTELA DE CARLOTTO

Laura, vida y militancia de Laura Carlotto, de editorial Planeta, reconstruye la infancia y el compromiso de la hija de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. La vida en La Plata en los ’70 y la búsqueda de su familia.

Estela, Laura y su padre, Guido Carlotto, el día de la boda de Laura. Arriba, de bebé y con su hermana.

Por María Eugenia Ludueña

Laura necesitaría que el día tuviera mil horas. El tiempo nunca le alcanza para todo lo que quiere hacer. Trabajar, estudiar y militar. Se levanta muy temprano y va a la fábrica de pintura a trabajar con su papá. A Guido le gusta que sus hijos lo ayuden en el transcurso de los veranos y conozcan lo que cuesta ganar el pan, pero ahora que su hija mayor terminó el secundario, pasa todas las mañanas en el local de Berisso. A ella la atrae el barrio, de perfil obrero, y estar en contacto con los empleados que trabajan en la fábrica. Es algo que también sintoniza con lo que se debate en las reuniones entre los compañeros. Los de la Tendencia Revolucionaria sienten que aún no han logrado incidir de forma orgánica en la clase obrera, aunque crece la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP). Laura siente que desde la fábrica también aporta su granito de arena a la causa y disfruta de las conversaciones con su padre. Puede hablar con él de política sin que se escandalice. Guido no despliega una militancia pero está muy informado, vive atento a las noticias, opina, discute. Detesta a la Iglesia y a los militares.

(…)

Laura trabaja con su padre pero a la casa familiar no va tan seguido. Una tarde calurosa queda en encontrarse con su madre en una confitería de la calle 8, casi 60. Estela sabe que el contexto es peligroso: por la mañana las maestras llegan a la escuela azoradas por las imágenes de las que son testigos camino al trabajo. Una de las docentes cuenta que pasaba por una casa donde personal policial estaba en pleno operativo, y le pidieron que se hiciera cargo por un rato de dos nenes: sus padres habían sido secuestrados. La docente, dolorida y sin saber qué hacer, había terminado llevándolos a la Casa Cuna a ver si podían ubicar a otros familiares.

A Estela le irrita que Laura, a la que siempre ha visto como una chica con los pies en la tierra, permanezca tan serena, imperturbable ante esas noticias. Los encuentros entre madre e hija, por seguridad, deben ser breves. Laura pregunta, antes que nada, por cada uno de sus hermanos, especialmente por Claudia. Ella y Jorge llevan meses escondidos. A Kibo y a Remo puede verlos cada tanto. Remo ha llegado a conocer a Victorio. Pregunta también por la salud de la abuela May. En un momento Estela se pone seria. Laura la conoce lo suficiente. Va a empezar con la perorata.

–Mamá, por favor, no empieces…

–No soy yo, Laurita. También tu papá.

–¿Qué pasa con papi?

–Hija, tu papá también quiere que te vayas.

Laura toma un trago de su gaseosa, sin levantar la vista del vaso.

–Ya tiene la plata, el lugar –continuó Estela–. Está todo lo que hace falta para sacarte.

–…

–Si te quedás acá estás corriendo riesgos. ¿No entendés? ¡Te puede pasar algo!

Laura deja de mirar el vaso, observa por la ventana que no haya movimientos inesperados.

–Decime, hija. ¿Cuál es el problema? ¿No te dejan ir? ¿Los de la organización no te dejan ir? Si vos te vas, ¿te consideran traidora? ¿te matan?

Laura se ríe a carcajadas, la mira, sacude la cabeza.

–¡Mamá! ¡Pero qué estás diciendo! Si yo me voy cuando quiero. Pero no quiero irme.

–Pero papá…

–No, mamá. Estoy acá. Estoy bien. Haciendo lo que debo.

Estela la observa. Laura le dice convencida, como si tranquilizara a un niño:

–Ay mami… lo mío no es nada importante. No me van a venir a buscar.

Estela pide la cuenta. Laura recoge su cartera y mira a su madre con dulzura. Como si ella pudiera ver algo que Ñata no alcanza a entender.

–Mirá, mami. Nosotros tenemos un proyecto de vida. Vivir es lo más lindo que hay. Yo quiero vivir. Que todos podamos vivir bien. Nadie quiere morir. Pero seguramente miles de nosotros moriremos…

–¡Laurita! No hablés así.

–Sí, hablo. Pero nuestra muerte, mamá, no va a ser en vano –dice Laura.

Y en esa época a nadie le importaba que las palabras suenen a frases hechas, porque para ellos todo está por hacerse.

(…)

Al fin, la familia Carlotto logra coordinar algo que hace meses no sucede: reunir a los cuatro hijos en Junín, lejos del teatro de operaciones, en casa del tío Ñato, el hermano mayor de Estela. Laura viaja en tren desde Retiro, con Kibo, Claudia y Jorge Falcone.

“¡Qué envidia! ¡La capacidad de sueño de esta mujer!”, dice Jorge al ver a su cuñada dormida, acostada en el piso, en el espacio entre los vagones.

Los padres se sorprenden al verla llegar a casa de Ñato. Laura ha perdido peso, está muy flaca, sin maquillaje; el pelo revuelto, jeans y remera. El arquetipo de una militante aguerrida, bastante rea, aunque sigue siendo sexy. Estela lleva varias semanas sin verla. En un momento en que se quedan solas, le habla con ternura y tristeza. “Pero Laura… cómo me decís que estás viviendo en esa precariedad. ¡Mirá las liendres que tenés! Vos que eras siempre puro perfumito. ¿Por qué no te cortás el pelo?”

Es mirarla y notar que la mayor de los Carlotto está en problemas. Guido se queda preocupado al escuchar de boca de su hija cómo vive, dónde duerme, de casa en casa. El tano siempre soñó para ella un futuro dorado, al que ahora no logra desentrañar cómo se llega.

Laura sigue militando en la Regional de La Plata, de la que su hermana Claudia y Jorge han salido eyectados por las caídas de sus compañeros. La mayor intenta tranquilizar a sus padres: ya está por conseguir un lugar más estable, con unos amigos que pueden aguantarla unas semanas.

(…)

Guido, cada vez que la ve, trata de sugerirle que se vaya. Laura se ríe: aunque la lleven dormida, ella es capaz de despertarse y volver por sus medios.

El 16 de noviembre de 1977, llama a la escuela para hablar con su madre:

–Sabe que últimamente me siento un poco descompuesta…

–Ay Silvia, por favor, cuídese mucho.

–Sí, sí. Tengo que ir al ginecólogo.

Estela deja de recibir noticias. Lo único que llega es una carta de Laura, con fecha del mismo día que hablaron por última vez. Unas semanas después de su liberación, la Gordi camina frente al rectorado de la universidad y se cruza con Estela de casualidad. Se detienen a conversar.

–¿Y Laura?

–La verdad que estoy un poco preocupada por mi hija.

–¿Qué pasó?

–Hace días que no sabemos nada de ella.

El sábado 26 de noviembre Estela se despierta con la certeza: si Laura no llama es porque le ha pasado algo. ¿Por dónde empezar? Sólo sabe que su hija vive en Buenos Aires. Le llegan comentarios de una joven detenida en una confitería porteña, y cree que podría ser ella. Estela lo contará muchos años después, en el Juicio a las Juntas:

La primera noticia que tenemos de que mi hija había sido secuestrada fue por un abogado. Desconozco su filiación. Tenía acceso a estos lugares de secuestro y estaba buscando a otra joven secuestrada de la ciudad de La Plata, una joven de apellido Dall’Orto,(1) cuyo papá era amigo de mi esposo y estaba con el mismo terrible problema encima. Ese abogado se lo comenta a un amigo común, o sea que nosotros nos enteramos por interpósita persona de que esa chica Dall’Orto no estaba donde él había podido ingresar, pero sí estaba una joven de La Plata, Laura Estela Carlotto. Este muchacho nos vino a avisar, fue la primera noticia que tuvimos.

Estela y Guido deciden repetir el camino que dio resultado para la liberación de Guido. Ñata llama a la madrina de su hija mayor. Ya no espera que le pidan rescate, lo ofrece directamente para ganar tiempo. Del relato de su marido le ha quedado la imagen fija: los primeros días de tortura, la fila de jóvenes, la inyección letal. La contraparte le manda a decir a Estela que el valor no es el mismo: se necesitan 150 millones de pesos (2). Es mucho más de lo que ha pagado por su esposo, pero Guido, desesperado, logra juntar toda la plata. El 13 de diciembre Estela entrega 150 millones de pesos a la misma persona, para el mismo destinatario.

Por cábala, por pragmatismo, por las dudas, Estela repite el otro procedimiento que siguió con Guido: pedir a la hermana del general Bignone que el militar le conceda una entrevista.

Pero esta vez no me atendió en su casa sino en el Comando en Jefe del Ejército. El general Bignone ya era secretario de la Junta. En diciembre, no recuerdo bien la fecha, me recibió en su despacho.

Para ingresar en ese edificio, Estela debió pasar por una cantidad enorme de controles, hasta que por un ascensor privado y acompañada por un uniformado, la llevan hasta el despacho de Bignone. Nota con bastante impresión que sobre su escritorio hay un arma, con una empuñadura de madera lustrada. Le expone al militar la nueva situación:

Le pedí por la vida de mi hija. Le dije que si ella había cometido algún delito, que la pasaran al Poder Ejecutivo, que la juzgaran, que yo la iba a esperar todo el tiempo que sea necesario. El carácter de este señor había cambiado mucho, estaba sumamente nervioso y alterado. Me dice: “Señora, usted me cuenta esto, pero vea lo que está pasando. Uno les dice que se entreguen voluntariamente, que se les reduce la pena a la tercera parte –porque ese lugar de rehabilitación que hemos inaugurado existe–, pero no, ellos se van del país y nos siguen fustigando o se quedan. Usted me dice que la pasen al Poder Ejecutivo: yo hace unos días he estado en el Uruguay y he estado en las cárceles donde están los tupamaros. Le puedo asegurar que allí se fortalecen. Y hasta convencen a los guardiacárceles y hay que rotarlos constantemente. Eso no queremos que pase aquí, señora. Acá hay que hacerlo”. Al decir “hay que hacerlo”, tácitamente estaba diciendo: “hay que matarlos”.

Durante el Juicio a las Juntas uno de los integrantes del tribunal, León Arslanian, le preguntará a Estela si esto lo infirió ella o si en aquel momento pidió alguna aclaración a Bignone:

–No cabía ninguna aclaración. Era una respuesta a lo que yo le había pedido. Recordando lo que mi esposo había visto durante su cautiverio –el ingreso de jóvenes, la tortura y la posterior muerte–, le pedí que, si ya la habían matado, me devolvieran el cadáver de mi hija. Porque yo no quería enloquecer como otras madres, buscando en los cementerios, en las tumbas NN. El me dijo que le diera todos los datos posibles. Preguntó si ella tenía algún seudónimo. Me contó la historia de un familiar por el cual le habían pedido: no lo encontraban, pero al decirle el seudónimo que tenía, lo localizaron enterrado como NN en un cementerio y pudo entregárselo al familiar. No digo que prometió ocuparse, pero tomó nota de toda esta situación. Yo me fui convencida, por la actitud de este militar, de lo que se instrumentaba, de lo que se hacía y del destino que seguramente le habría tocado a mi hija. (3)

Estela sale de la oficina pensando que a la súplica maternal, el militar ha respondido como un cobarde: ostentando el puño de su arma lustrosa. Personal del Ejército la acompaña hasta la puerta. Ella tiene que hacer un esfuerzo por no derrumbarse delante de esos hombres. Cuando sale del edificio y la dejan sola, llora desconsoladamente. Guido está parado junto al coche, retorciéndose los dedos de los nervios. El conduce de regreso a La Plata mientras ella le cuenta, sin mirarlo, del encuentro con Bignone. Después no hablan mucho más hasta llegar a su casa. En la intimidad de ese silencio imaginan lo mismo: que su hija ya no vive. Pero ninguno de los dos se anima a pronunciarlo en voz alta.

(…)

A Estela la carcome la incertidumbre por el paradero de Laura. En muchas oportunidades, a lo largo del día, se pregunta si su hija estará viva, si la estarán torturando, si en las próximas horas tendrá noticias de ella, si serán buenas. Una tarde de otoño, su marido está en la pinturería cuando una mujer entra, se acerca al mostrador y le pregunta si conoce a Guido. El la hace pasar al galpón. En los juicios, Estela contará:

Una señora, (4) con mucho temor, le cuenta a mi esposo que hacía cinco días la habían liberado de un campo de concentración. Había sido llevada por haber ayudado a un sobrino. Había estado con mi hija. Dijo que Laura estaba bien, con una panza de seis meses y medio. O sea que su embarazo continuaba. Que por esa razón a veces le daban una alimentación un poco mejor, alguna colchoneta, le permitían caminar, a veces hasta tomar alguna bebida, mate por ejemplo. Y que mi hija le había pedido especialmente que fuera a vernos para decirnos que su bebé iba a nacer en junio, y que estuviéramos atentos en la Casa Cuna.

La señora le transmite a Guido un deseo, tal como se lo ha encargado Laura: que cuando les entreguen el bebé, si es varón, le pongan el nombre de su padre. Guido se quiebra. La señora le describe algunas escenas del cautiverio, demasiado parecidas a lo que él ha visto. Pero el sitio que le describe parece muy diferente. La mujer le habla de galpones, de noches campestres en las que el ladrido de los perros no cesa, del silbido de un tren una vez al día. Guido se despide de la mujer y llama a su esposa para contarle. Estela se siente renacer cuando escucha que su hija está embarazada. Recuerda el último diálogo con Laura, cuando la llamó a la escuela. Esboza hipótesis, posiblemente ella esperara el verano para darles la noticia de su embarazo, no querría preocuparlos.

Esa noche, Guido, Estela, Kibo y Remo se sientan a cenar con alegría, casi como en otros tiempos. Hilvanan los fragmentos, pedacitos de conversaciones, imágenes de los últimos encuentros con Laura y sus compañeros en bares y confiterías de Buenos Aires. ¿Será alguno de ellos el padre del bebé? En las cartas, Laura había contado a su mamá y a sus hermanos que estaba con un compañero. Lo describía “petisito”, “del interior”, “del campo”. Kibo recuerda que ha visto a un muchacho bajito junto a su hermana. El creía que era un compañero de militancia. No se le había ocurrido preguntar el nombre. La regla para sobrevivir era escapar a cualquier marca de identidad.

(…)

El viernes 25 de agosto de 1978, el vigilante salió con la citación de la Comisaría 9a, ubicada frente al departamento de la Gordi. Caminó hasta la casa de los Carlotto. El mensaje era breve: “A los progenitores de Laura Carlotto se los cita con carácter de urgente a la comisaría de Isidro Casanova. A los efectos que se le comunicarán”.

Remo y Kibo se ilusionaron.

(…)

Anochecía cuando Estela y Guido, acompañados por Ricardo, el padrino de Laura, encararon en el Rastrojero para Isidro Casanova. Entre los tres se alegraban y entristecían sucesivamente con las conjeturas.

–A lo mejor está detenida en esa comisaría.

–A lo mejor la blanquean como detenida común.

–¡Miren si nos volvemos con el bebé! –fantaseaba Estela.

–Cuidado. No vaya a ser cosa que estos desgraciados nos digan lo peor.

Era de noche cuando llegaron a la comisaría y se presentaron en el mostrador. Estela mostró el telegrama al oficial de guardia. El tipo leyó, los miró. La Ñata, Guido y el padrino prestaron mucha atención a esa mirada, los ojos de saber un secreto horrible. No es que tuviera un tono compasivo cuando dijo: “Esperen acá. Ya vuelvo”.

Por la cara con que el agente les devolvió el papel, intuyeron que pasaba algo grave. Después de unos minutos, el oficial les hizo señas de que pasaran al despacho del subcomisario, que los recibió de pie, detrás de su escritorio. En ningún momento les hizo señas de que se sentaran. Estela, su hermano y su esposo permanecieron parados, mirando una figura de Cristo apoyada sobre la mesa de trabajo. El subcomisario abrió un cajón, sacó una libreta cívica y extendió la mano hacia ellos para que la vieran. “¿Conocen a esta persona?”, les dijo con frialdad, mientras Ñata reconocía que era el documento de su hija.

La última fotografía que existe de Laura: 4 x 4, tres cuarto perfil, la belleza despreocupada e invencible de la juventud. La piel luminosa, el pelo lacio y oscuro, las cejas ultradepiladas y los ojos inconfundibles, con mucha sombra y máscara de pestañas, maquillados para ir a la fiesta de la vida.

–Sí, es Laura.

–¿Y qué son de ella?

–Los padres.

–Bueno, entonces lamento informarles que falleció –les dijo el hombre.

–¿Cómo que falleció? –alcanzó a preguntar Estela en voz baja.

La madre de Laura sintió que se volvía loca y se quedó un instante en blanco. Cuando logró subir a la superficie del dolor más brutal, gritó como nunca, como jamás en su vida había gritado, como nunca más volvería a hacerlo.

–¡¿Cómo que falleció?! ¡¡¡Ustedes la asesinaron!!! ¡La tuvieron nueve meses para matarla! ¡¿Por qué?! ¡Asesinos! ¡Cobardes! ¡Canallas! ¡Criminales!

El subcomisario no se inmutó, estaría acostumbrado a cosas peores. Estela seguía descontrolada. Su esposo intentaba tranquilizarla. El padrino de Laura preguntó:

–¿Y dónde está?

–Está afuera. En un furgón. –El policía abrió otro cajón del escritorio, sacó una pistola y se la calzó en la cintura.

–¿Y el bebé? –preguntó Estela.

–No sé –le contestó el policía con la expresividad de un pescado muerto–. No sé nada más. Cumplo órdenes del Ejército. Del área de operaciones 114.

Estela apuntó con su dedo a la figura del Cristo. Miró al subcomisario a los ojos y le dijo:

–Ese, el que está ahí: él es quien los va a juzgar; y los va a condenar para toda la eternidad.

El policía miró al padre y al tío de Laura, y les hizo señas de que lo siguieran. Guido y el padrino de Laura caminaron detrás del tipo y salieron de la comisaría. Estela quiso acompañarlos pero su esposo la abrazó y le pidió que los esperara adentro.

El agente los condujo hasta un furgón estacionado junto al edificio. El padre encontró el cuerpo de la hija extendido sobre el piso del vehículo. No había dudas. Laura tenía el rostro desfigurado por un disparo, estaba semivestida, llevaba un corpiño de color negro y medias verdes, y yacía junto al cuerpo de un muchacho. Guido la besó, le acarició el rostro y se quedó unos minutos a solas con ella, contemplándola sin pronunciar palabra. Después volvió sobre sus pasos, entró en la comisaría y abrazó a Estela.

(…)

Después de elegir un ataúd para su hija, Estela pidió al hombre si podía prepararla lo mejor posible para que se la viera presentable. Quería velarla a cajón abierto. Mostrar a todos el horror. En su búsqueda de Laura, Estela se había cruzado con muchas personas que no creían que esas muertes fueran ciertas. Mostrar su verdad, eso quería. Pero el funebrero dijo que no había forma de recomponer la cara de Laura.

El camino de vuelta a La Plata nunca fue tan triste. Estela se quedó pensando en las palabras del funebrero. Se preguntó: si el dinero que había entregado para tratar de rescatar a su hija no había servido, ¿por qué le habían devuelto el cuerpo?

¿Por qué el privilegio? Ensayó una hipótesis: “Detrás de eso habrá estado la mano de Bignone. Después de verme, habrá dicho: voy a dar la orden para que se la entreguen a la señora”, pensaba Estela. Con el correr de los años el razonamiento se le hizo más fuerte.

(…)

Sin un papel que certificara su identidad, el domingo 27 de agosto los Carlotto enterraron a Laura en el cementerio municipal como NN. Los trámites para escribir su nombre en la tumba demorarían años. Al otro día, Estela recibió la respuesta a un hábeas corpus que había presentado hacía meses acompañada por las mujeres del grupo de madres y abuelas.

Llevaba la firma del juez Russo: “Laura Carlotto nunca estuvo detenida. Se desconoce su paradero”. Tres días después de enterrar a su hija, llegó la otra novedad: le había salido el trámite de la jubilación. La primera impresión la amargó, la ironía la apuñalaba. Un instante después, le pareció que podía ser una bendición, una señal: de ahí en más podía disponer libremente del tiempo para encontrar a su nieto.

1 Patricia Dall’Orto, estudiante del bachillerato platense de Bellas Artes. Según el testimonio de otro detenido, Jorge Julio López, la joven fue asesinada de un balazo, igual que su marido, en Arana, en octubre de 1976. Jorge Julio López, albañil y militante, desapareció el 18 de septiembre de 2006, a los 77 años, cuando se dirigía a las audiencias de alegatos en el juicio oral que se realizó en La Plata y por el que fue condenado a reclusión perpetua el ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense Miguel Etchecolatz, por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Su familia y organismos de derechos humanos siguen reclamando por su aparición.

2 El equivalente a unos 112.000 dólares en 2013.

3 Testimonio de Estela Barnes de Carlotto, Juicio a las Juntas, La Plata, 15 de mayo de 1985.

4 Elsa Campos se acercó a la pinturería el 17 de abril de 1978. No se la pudo localizar para llamarla a declarar en los juicios por crímenes de lesa humanidad.

Tomado de Página/12

La resistencia de Victoria

HOY SE REALIZAN LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS DE MEDIO TÉRMINO EN LA ARGENTINA. ESTA ES LA HISTORIA DE VICTORIA MONTENEGRO, CANDIDATA A DIPUTADA POR EL FRENTE PARA LA VICTORIA. Hija de los desaparecidos Hilda Torres y Roque Montenegro, durante años se resistió a recuperar su identidad. Cuenta el proceso que todavía no termina –que tal vez no terminará nunca– y que la llevó a comprometerse con la militancia

Por Marta Dillon

Hay una pregunta que la enerva; por tilinga, por simplista, porque cuando se la hacen siente del otro lado la pretensión de allanar un camino por el que ella todavía escala y escarba. “¿Cuándo hiciste el clic?”, escucha y emerge como un géiser ese carácter explosivo que está segura heredó de su mamá, Hilda Ramona Torres, de la que sabe tan poco, de la que tiene apenas unos cuantos relatos y una foto en la que se puede rastrear el mismo corte de cara de esta morocha locuaz y bien plantada que hace apenas un lustro aprendió a decir su nombre: Victoria Montenegro. No tiene por qué entenderlo, pero hay cierta lógica en quienes buscan un momento revelador, un hecho que irrumpa como una fractura entre esa joven avergonzada por “ser hija de la subversión” y este cuadro político que ahora, quinta candidata a diputada nacional por el Frente para la Victoria, funda su compromiso en “estar a la altura de mis viejos”. Pero no hay clic, no hay una única revelación ni un momento de fractura; hay, en todo caso, una persistencia en reconciliar sus partes, una lenta digestión de la verdad: la de haber estado apropiada, cautiva, debiéndole la vida a otro, pagando por eso con su propia autonomía, su discernimiento, su lealtad ciega. Y hay, también, algunas imágenes

ineludibles. Como esa que la asaltó una noche en el Hospital Militar, en un pasillo que conocía demasiado bien porque entre militares creció y se formó. Eran los últimos días de 2011 y ella acompañaba la agonía de María del Carmen Eduartes, la mujer que junto con el teniente coronel Herman Tezlaff la tomaron como botín de guerra, como objeto de un experimento que creían la última y más refinada batalla en el plan de exterminio de “la subversión”: secuestrar a sus hijos e hijas, criarlos con sus reglas, convertirlos en enemigos de sus verdaderos padres. “Había ido a buscar hielo para bajarle la fiebre, yo ya había sido candidata del FpV y mi cara se había visto por la tele. Me crucé con un hombre que me miró con odio y le sostuve la mirada hasta que la bajó, le devolví la vergüenza que yo había sentido otras veces. Cuando el tipo se fue me vi reflejada dos veces en una puerta de vidrio. Ahí estábamos las dos, la que había sido, María Sol Tezlaff, y la que soy, Victoria Montenegro. Las dos cuidando a Mari. Le ponía el hielo en la frente y pensaba, ‘acá estoy, acompañándote, calmándote; mi madre no tuvo nada de esto’. Se murió en mis brazos. Por la enfermedad que tenía perdía mucho líquido, por los ojos, por la nariz, por la boca. Yo la sostenía y no podía dejar de asociar esa imagen con el ahogo de mi padre hundiéndose en el Río de la Plata después de caer de un vuelo de la muerte”. Victoria lloró a Mari, a ella que le cuesta tanto llorar, las lágrimas la asaltaron como una creciente. De algo más que de ese cuerpo se estaba desprendiendo entonces, justo cuando acaba de encontrarse con otro, el de su padre, Roque Orlando Montenegro, identificado por el Equipo Argentino de Antropología forense en una tumba anónima en el cementerio de Colonia, Uruguay. Un cuerpo que mereció de la hija una sepultura construida con sus propias manos, hecha con piedras del río salteño en donde su papá se había bañado de chico. Un trabajo tan doloroso como feliz porque en esa lápida grabada sobre algarrobo se inscribía por fin su propia genealogía, esa con la que todavía se está encontrando.

Victoria Montenegro, como Juan Cabandié –primer candidato a diputado nacional en la misma lista que Victoria–, como Horacio Pietragalla –diputado nacional–, son emergentes de la derrota de ese experimento de apropiación que Herman Tezlaff reivindicaba como la última batalla. Son parte de una generación que llegó a la política ya avanzado el tercer milenio. “Por eso nuestro compromiso es distinto, es nuevo. Yo escucho cuando me dicen que la política siempre fue así o asá. Pero ahora no es siempre, ahora es hoy y este hoy es único”, dice Victoria y se jacta de que en la agrupación donde milita –Kolina– hay muchos otros jóvenes que recuperaron su identidad. “Y no cualquier nieto, somos el ala dura de los nietos, a los que más nos costó recuperar nuestra identidad. Conmigo militan Gonzalo Reggiardo Tolosa –uno de los mellizos apropiados por el represor Samuel Miara, los mismos a los que Mariano Grondona expuso en su programa cuando eran niños para que digan cuánto deseaban permanecer con sus captores–, Ezequiel Rochinstein Tauro, que se hizo abogado para defender a su apropiador, Pablo Gaona Miranda y Fernando Sandoval. Ellos han ido viniendo solos; no sé, debe ser el color verde –que identifica a Kolina– que nos retrotrae a nuestra infancia”, dice Victoria y deja que el humor la salve tanto como la salvan y la curan esos vínculos con quienes vivieron experiencias similares, esos pares sin los que ahora le sería imposible imaginar la vida. Todas personas liberadas de un sometimiento que no les permitía pensarse. Será por eso que de su militancia política, Victoria rescata como una gema “la transformación desde el respeto. Yo, cuando estaba apropiada, iba a un colegio de monjas y hacíamos colectas para caridad. Ahora no soporto la victimización del pobre, si para algo quiero trabajar es para que cada uno se reconozca como sujeto valioso, con derechos, con oportunidades, con autonomía”.

La resistencia

De su infancia, Victoria recuerda ir acostada en el asiento de atrás del inmenso auto blanco de Herman Tezlaff, un auto tan grande como el teniente coronel, un tipo de dos metros y 150 kilos al que ella miraba como si fuera un bronce. Los árboles del cuartel de Villa Martelli eran su paisaje preferido cuando veía la mañana boca arriba. Recuerda el cuento del buen soldado que había librado una guerra para proteger los valores nacionales en contra de la subversión extranjerizante y destructora de la familia. Recuerda también su propio entrenamiento. “El primer libro que leí se llamaba El próximo será usted y era un manual de consejos para defenderse de ataques subversivos.” Había de todo ahí, desde la recomendación de correr las cortinas cuando se estaba en casa hasta la de tener las armas limpias y cargadas. “Herman –Germán, pronuncia ella para referirse al apropiador fallecido en 2003– llevaba un maletín con cinco fierros, todos ordenados y listos para disparar. Cuando viajaba con él en el asiento de adelante yo llevaba el maletín sobre las piernas y no hacía falta que él me dijera nada, yo vivía tan aterrada de que le pasara algo que notaba cuando él miraba con desconfianza alguna esquina. Entonces, me agachaba para dejar la ventanilla libre y le abría el maletín para que el pudiera tomar las armas y disparar más rápido.” Nada de eso le llamaba la atención, la patria que le describía su apropiador era la suya y soñaba con ser militar ella también. De no ser por las pesadillas que sufría, por ciertos ataques de nervios que terminaban metiéndola bajo la ducha de agua fría o gracias a los golpes de la apropiadora –golpizas a látigo que terminaban con un helado como premio– nada la distinguía de esa familia forzada. Esas pesadillas terminaron recién en 2011, cuando pudo declarar en el juicio por el plan sistemático de apropiación de niños durante la dictadura militar y dijo por primera vez, en público y para que quede escrito, su verdadero nombre. En ese juicio ella acusó al ex fiscal Romero Victorica de haber entregado información a Tezlaff sobre el avance de la causa por la apropiación de Victoria y de haber puesto un grupo de abogados para eximirlo de la primera detención del represor, en 1992, que apenas duró tres meses. “En aquel momento yo entraba en la adolescencia, ya no tenía tan buena relación con Herman, pero que lo encarcelaran y la posibilidad de que me llevaran con una familia subversiva, como él me había dicho, me hizo acercarme mucho más. Tenía que demostrar que iba a estar a la altura de eso para lo que siempre me habían preparado. Resistir a la subversión. Porque yo creía que había habido una guerra con algunos muertos, que los desaparecidos estaban en Europa o en Cuba y que la guerra seguía ahora con comandos ideológicos como las Abuelas, que estaban preparadas para destruir a la familia argentina. Y de hecho me puse a la cabeza de esa lucha, fui a ver a cada juez, argumenté, no me preguntes qué, para que no me sacaran sangre. No pude evitar una primera extracción, en 1993, que dio como resultado que yo no era hija de Herman y Mari. En ese momento me quería cortar las venas, literalmente, no quería esa sangre adentro mío.” Victoria tenía 16, ya se había casado y había parido al más grande de sus tres hijos, Gonzalo. Después de la primera detención de Tezlaff y con la comprobación de que no era su hija biológica, en lo único que podía pensar Victoria era en que ese hombre al que ella llamaba papá no la iba a querer más. Porque era el enemigo, porque había llorado y demostrado debilidad –llorar, comerse las uñas y fumar eran debilidades inaceptables para el apropiador–, porque por su culpa lo habían encarcelado. Ahora sabe por qué “lloré la vida” cuando vio Enredados, la película de Disney en la que una princesa de pelo mágico sólo quiere hacer lo posible para que la bruja que la secuestró la visite en su encierro y le demuestre un poco de cariño. “Toda esa parte en la que ella se libera y siente culpa por traicionar a la que creía su madre hablaba de mí. Pero más lloré cuando Rapunzel –la princesa– se encuentra con sus padres. Porque esa parte a mí me faltó.”

A María Sol –Victoria todavía no había aparecido– le habían enseñado la lealtad y eso fue lo que puso en práctica. No permitió que le volvieran a sacar sangre para determinar su origen biológico, logró a fuerza de insistencia mejorar las condiciones de detención de su apropiador cuando no pudo evitar la pena de prisión, supo acallar su primer ramalazo de conciencia cuando entendió que librándose de la extracción compulsiva no iba a saber nunca la verdad. Resistió a sus propias dudas, resistió que su apropiador le dijera que él mismo había matado a sus padres biológicos en un enfrentamiento y le entregara el arma que había usado como un homenaje, porque esa arma, se suponía, era la que había servido para salvarle la vida. Aplicó la lealtad aprendida para tragar ese argumento y sentirse más en deuda todavía. Ahora, cuando se le pregunta qué es lo que queda en ella de esa formación “castrense”, ella reconoce algo: la capacidad de resistir. Y pone una anécdota como prueba: “Para mí siempre fue un alivio pensar que a mis padres biológicos los habían matado en un enfrentamiento. Me parecía lógico, dos partes en pugna y yo en el medio. Recién en 2011, cuando apareció el cuerpo de mi papá, Toti Montenegro, me di cuenta del tamaño de la mentira. Había estado tres meses secuestrado, en la partida de defunción dice que había sufrido muchas torturas, sobre todo en sus genitales. Eso fue insoportable, ya no se trataba de entender el error sino el horror. Y cuando viajé a Salta para contarle la noticia a mi familia paterna y el avión sobrevoló el Río de la Plata tuve un ataque de pánico. No podía soportar el ruido de las turbinas, ver el agua abajo, pensar qué pasa con el alma de una persona cuando se la tira desde el cielo. Y ahí apareció María Sol, con su capacidad de resistencia para decirme ‘no te queda otra, son dos horas, sentate, respirá y aguantá’. Me tranquilicé. No me quedaba otra, resistí”.

La pared

“Aparecí en 2000, sí, aparecí, porque no recuperé mi identidad entonces y no sé si alguna vez la voy a recuperar del todo”, dice Victoria. A su lado está Gustavo, su marido, su pareja desde los 15 años aunque ahora entre los dos discutan si tenía 15 o 16, ya que su fecha de nacimiento estaba cambiada. El lento proceso de recuperar su identidad, de dar vuelta el relato de su historia lo hizo junto a él y junto a sus tres hijos, Gonzalo, Sebastián y Santiago, de 21, 19 y 14. “Es difícil porque los chicos te obligan a estar bien y no te podés dedicar a vos.” Ella tiene su método para los momentos de crisis: cambiar todo. Eso es lo que le propuso la vida y es lo que pone en acto como si no advirtiera la metáfora. “Cuando me siento muy mal me pongo a rasquetear paredes y cambio la pintura de toda la casa. O rompo todas las macetas que tengo y trasplanto todo.” Esa familia que ahora es una familia militante, que se enorgullece de la mamá candidata, que aprendieron a decir su nuevo nombre junto con ella, es la que fue abriéndole el camino para la lenta reparación de su historia. Si no hubiera sido por ellos, no sabe cuánto más le hubiera costado. Fue su marido el que la animó a encontrarse con su familia biológica después de un breve primer encuentro obligado por causa judicial. “Me acuerdo que cuando cayeron las Torres Gemelas mirábamos la televisión y yo le decía, mirá qué frágil es la vida, por qué no pensás en tus abuelos, en tus tíos, hoy están pero mañana capaz que no”, cuenta Gustavo que fue por su cuenta a pedir a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo ayuda para viajar a Salta, al casamiento de uno de los primos de Victoria. Consiguieron los pasajes, la familia la convenció de viajar, aunque sólo por tres días. Se terminaron quedando 40, era el fin de diciembre de 2001 y el primer mes de 2002. “Para mí todo había sido siempre muy cerrado, mis apropiadores, mi hermana, mi marido y mis hijos. Hasta ese momento tenía unas pocas amigas a las que les decía que era hija de la subversión para que no dejaran de quererme. Y nada más. Y en Salta –de donde son su papá y su mamá– se encontró con una familia de 40 personas que había festejado sus cumpleaños en ausencia, que la abrazaban, que no tenían vergüenza de llorar. “Sin embargo estábamos sentados a una mesa y Gusti me decía, mirá, esta mesa la hizo tu papá y yo me echaba para atrás y sólo quería que se calle. Es que podía pensar en que tenía unos tíos nuevos, pero en el medio no había nada. Para mí la subversión era como una pared, no había cuerpos del otro lado, no había nada.” Todavía no había muerto Tezlaff y ella sobre todo estaba destinada a protegerlo, a cuidarle las heridas de la diabetes, a mentir que era enfermera profesional porque él se lo había pedido para que nadie más que ella viera las plantas de sus pies diábeticos por la que se veían moverse los huesos. Si del otro lado de la pared no había cuerpos, hay cierta lógica en el arribo a la militancia de Victoria Montenegro cuando el cuerpo de su papá le fue entregado, cuando se comportó, según ella, por primera vez como hija, conteniendo a la familia, llevando a su padre a su último y acogedor destino en su tierra, entre los suyos.

“En estos años tuve que ir desarmando todo ese discurso del buen soldado que había armado para mis hijos. Para ellos no fue fácil porque Tezlaff era su abuelo, yo los llevaba a las visitas en el penal militar de Campo de Mayo, yo les había transmitido mi cariño por él. Nunca les conté, por ejemplo, cómo había agarrado a Gustavo del cuello la primera vez que lo vio conmigo, en un solo movimiento lo puso contra la pared y lo asfixiaba hasta dejarlo morado, lo dejaba respirar y lo volvía a asfixiar sin que se le moviera un pelo.” Pero ese joven al que había literalmente torturado fue persistente y además tenía un padre con una esvástica tatuada en el hombro, algo que para Tezlaff fue una garantía. “Herman investigaba todo, espiaba todo. Tenía unos binoculares con los que me veía llegar desde tres cuadras antes. Un día cambié el recorrido y recibí una cachetada que me dejó tiesa. Pero esa violencia estaba naturalizada. Y después los binoculares los usaba yo para ver a Gustavo de lejos, cuando ya sabía que iba a ser el padre de mis hijos.” Fue el más chico el primero que pudo decir “el abuelo era un hijo de puta” cuando leyó en Internet que era el mismo que había matado a sus abuelos biológicos. “Y el del medio asoció mucho más rápido que yo, cuando encontraron a mi papá en un cementerio de Colonia que entonces había sido víctima de los vuelos de la muerte.”

Gustavo todavía “practica” llamar a su esposa como Victoria, y lo consigue en el ámbito de la militancia. “Pero entre nosotros es Chicho, un sobrenombre de la infancia, y los chicos zafan, porque le dicen ‘mamá’ y listo.” Victoria dice que se enojó una vez con la psicóloga del menor que le exigía que resolviera la contradicción de su nombre, que el niño decía que se llamaba tanto Victoria como María Sol o Hilda –el primer nombre que le puso su mamá–. “No te fascines con mi historia, no me pidas que resuelva eso, preguntale a Santi cómo lo resuelve y concentrate en él”, dijo la mamá haciendo gala de ese carácter explosivo que ahora cree saber de dónde viene. Y Santi lo resolvió tal como describe su padre, mamá es mamá, con su historia partida, con su búsqueda permanente.

La reparación

Hace cinco años la vida de Victoria Montenegro empezó a cambiar del todo. Ya no podía con ella misma, no toleraba más el encierro y decidió empezar a trabajar. “Es que por mi formación yo creía que el lugar de la mujer era adentro de la casa. Así me habían enseñado. Conseguí un trabajo en el Ministerio de Desarrollo Social. Y para mí fue impactante. Tenía como compañera a Norma Fisher, una mujer rubia y de ojos celestes, como mi mamá, totalmente comprometida con su trabajo, activa. Era la primera vez que veía en acción a una mujer distinta al perfil de mujeres que conocía: mujeres que estaban en su casa o a lo sumo hacían obras de caridad.” Como si cambiara el color de las paredes de su casa, toda su actitud comenzó a cambiar. Su voz se hizo más firme, su discurso se afianzó, empezó a ampliar el universo cerrado de sus pocas relaciones. Faltaban todavía tres años para que se animara a la militancia, una tarea tan nueva como la certeza de que siempre va a convivir con esa imagen duplicada que vio en las puertas de vidrio de un pasillo de hospital. Aunque lentamente María Sol vaya cediendo espacio, aunque ahora entienda que no le debe su vida a nadie más que a quienes proyectaron su nacimiento como una manera de afianzarse a la vida. “Siempre me preguntan, sobre todo los periodistas extranjeros, qué recuerdos lindos tengo de mi infancia. Y ya no tengo ninguno. No puedo recordar ninguno más que anécdotas vacías. Lo único que agradezco de mi infancia es haberme criado con Horacito –Horacio Pietragalla–, Tezlaff lo entregó a la señora que trabajaba en nuestra casa, la mujer que me cuidaba a mí. Y ese vínculo es invalorable. No me imagino la vida sin él como tampoco me imagino la vida sin ser Victoria.” Aquella pared de la que hablaba antes, esa que encerraba todo lo que había en su imaginario detrás de la palabra subversión, empezó a desmontarse. No sólo porque sabe que con las mismas letras de pared se escribe la palabra padre. También porque en un momento entendió que podía ser libre desde que dejó de sostener a Tezlaff como su padre, desde que se liberó de ese ahogo y se acabaron las pesadillas. Desde que dejó de ser María Sol para ser Victoria. Desde que dejó de ser una víctima para convertirse en una militante.

Tomado de Página/12

ENTREVISTA EXCLUSIVA A LULA DA SILVA

Emir Sader y Pablo Gentili durante la entrevista con Lula da Silva

HOY RECIBIRA SIETE DOCTORADOS HONORIS CAUSA EN ARGENTINA

“Yo era un indeseable que llegué a una fiesta a la que nadie me había invitado”

Luiz Inácio Lula da Silva, la cabeza visible del actual proceso de cambio en Brasil, repasa los diez años de gobierno del Partido de los Trabajadores en diálogo con el actual secretario del Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales, Pablo Gentili, y su antecesor, Emir Sader, que lo entrevistaron como parte de un libro sobre esa experiencia.

Por Emir Sader y Pablo Gentili

Luiz Inácio Lula da Silva es un ser práctico, intuitivo, que busca la resolución concreta de los problemas. Fue en buena medida por eso que se desarrolló en Brasil un complejo proceso de articulación política que tornó posible la prioridad de lo social y la promoción de políticas igualitarias, la soberanía externa y la recuperación del papel activo del Estado en la construcción de los derechos ciudadanos.

–¿Cuál es su balance de los diez años de gobierno del Partido de los Trabajadores?

–Creo que estos últimos diez años forman parte del mejor período que vivió Brasil en muchas décadas. Si analizamos las carencias que todavía existen, podemos reconocer que aún queda mucho por hacer para garantizarle a nuestro pueblo la conquista plena de ciudadanía. Pero si analizamos lo que hicimos, observaremos que otros países no consiguieron, en treinta años, hacer lo que nosotros conseguimos hacer en una década. Quebramos tabúes y prejuicios establecidos. Y algunas verdades se esfumaron. Primero probamos que era plenamente posible crecer distribuyendo riqueza, que no era necesario esperar el crecimiento para distribuir. Segundo, que era posible aumentar los salarios sin inflación. Durante los últimos diez años, los trabajadores tuvieron un aumento real en sus ingresos, el salario mínimo creció casi 74 por ciento y la inflación estuvo controlada. Tercero, durante esa década aumentamos nuestro comercio exterior y aumentamos nuestro mercado interno sin que eso entrase en conflicto. Antes decían que no era posible que crecieran al mismo tiempo el mercado externo y el mercado interno. Esos fueron algunos tabúes que rompimos. Y, al mismo tiempo, hicimos una cosa que yo considero extremadamente importante: probamos que poco dinero en mano de muchos es distribución de la riqueza y que mucho dinero en mano de pocos es la puerta para todo tipo de injusticias.

–¿La ruptura de esos tabúes fue percibida por la sociedad?

–Creo que mucha gente de clase media y rica terminó entendiéndolo. Quienes ironizaban sobre el Programa Beca Familia, el aumento del crédito para la agricultura familiar, el programa Luz para Todos y otras políticas sociales que desarrollamos, aquellos que los despreciaban diciendo que eran limosna, que eran mero asistencialismo, percibieron que fueron esos millones de personas, cada quien con un poquito de dinero en la mano, los que comenzaron a dar estabilidad a la economía brasileña. Hicieron que creciese, que generase empleo y más riqueza. Es una lógica que todo el mundo debería conocer. ¿Qué país del mundo va a crecer si su pueblo no tiene poder de compra? Desde el punto de vista económico, creo que nosotros marcamos una nueva trayectoria en la vida brasileña.

–¿Cuál es el gran legado de estos diez años de gobierno?

–Recuperamos el orgullo personal, el orgullo propio, la autoestima. Conquistamos cosas que antes parecían imposibles. Pasamos a ser más respetados en el mundo: la gente mira hoy a Brasil y no ve sólo chicos de la calle, Pelé o el Carnaval. Sabe que Brasil tiene gobierno, que este país tiene política, que este país pasó a ser tratado como referencia para muchas cosas que fueron decisivas en el mundo. Llegaremos al 2016 como la quinta economía del mundo. Pero lo más importante es tener en claro que el mayor objetivo de Brasil no es ser la quinta o la cuarta economía mundial. Es importante mejorar día a día la calidad de vida del pueblo brasileño, desde el punto de vista del salario, de la vivienda, del saneamiento básico o de la educación. Ya no nos tratan más como ciudadanos de segunda clase. Recuperamos el placer y el gusto de ser brasileños. El gusto de amar a nuestro país.

–¿Qué es lo que le produce más orgullo de todo lo que hizo en su gobierno?

–Siento mucho orgullo, en este caso es un orgullo muy personal, hasta un poco de vanidad, por pasar a la historia como el único presidente que no tuvo diploma universitario, pero creó más universidades en este país. Creamos 14 universidades nacionales nuevas, 126 nuevos campus universitarios y 214 escuelas técnicas superiores. Esto entre 2003 y 2010. Ayer recibí la carta de un señor que agradece la formación de su hijo, en Biomedicina. Es un chofer de ómnibus y también él está estudiando Derecho. Los dos pudieron cursar estudios universitarios gracias al Programa Universidad para Todos (Prouni). Pienso que esas cosas pasaron porque, en su sabiduría, el pueblo consiguió después de tanto tiempo, de tantos prejuicos, probar que uno del pueblo podía gobernar este país. Pudimos concretar aquellas tres promesas de mi discurso de asunción: “Primero voy a hacer lo necesario, después voy a hacer lo posible y, cuando menos lo imagine, estaré haciendo lo imposible”. Lo sagrado es no tener miedo de conversar con el pueblo. Cuando tenés un 92 por ciento de aprobación en las encuestas de opinión pública, quizá no necesitás conversar con el pueblo. Necesitás conversar con el pueblo cuando las papas queman, cuando estás siendo acusado, acorralado. Lo necesitás porque cuando conversás con el pueblo y lo hacés mirando a cada uno a los ojos, ellos saben distinguir qué es mentira y qué es verdad. Y quién está de qué lado en toda esta historia.

–¿La reacción de la oposición y de ciertos sectores de la prensa a los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) son desproporcionadas frente a esos resultados?

–En 1979, cuando surgió la bandera de la lucha por la libertad de organización política, posiblemente yo era la única referencia nacional unánime del movimiento sindical. Recuerdo que por primera vez hablé de la necesidad de creación del Partido de los Trabajadores en un encuentro en Sao Bernardo do Campo. Cuando finalmente lo fundamos, dijeron que no sería posible tener un partido con las características del PT, creado y dirigido por trabajadores. Después dijeron que no pasaríamos de una cosa pequeñita, linda y radical. Y nosotros no nacimos para ser bonitos ni radicales. Nacimos para tomar el poder.

–Pero también el PT nació para ser radical…

–El PT era muy rígido, y fue esa rigidez la que le permitió llegar donde llegó. Sólo que, cuando un partido crece mucho, entra gente de todas las especies. O sea: cuando uno define que va a crear un partido democrático de masas, al partido puede ingresar un cordero y puede ingresar un jaguar. Pero el partido llega al poder. Nuestra llegada al poder no fue vista por la actual oposición como una alternancia beneficiosa para la democracia. Ellos no lo vieron así. Yo era un indeseable que llegué a una fiesta a la que nadie me había invitado. Lo cierto es que entramos a la fiesta. Y lo peor para ellos: gobernamos bien. Así fue que intentaron usar el episodio del mensalao para acabar con el PT y, obviamente, terminar con mi gobierno. En esa época, había gente que decía: “El PT murió, el PT se terminó”. Pasaron seis años y quienes se acabaron fueron muchos de los partidos de oposición. El DEM ni sé si existe más. Creo que no. El Partido de la Socialdemocaracia Brasileña está intentando resucitar al “joven” Fernando Henrique Cardoso porque no creó liderazgos y no promovió nuevos cuadros. Estas cosas supongo que aumentan el resentimiento contra nosotros. Sin embargo, las elites nunca ganaron tanto dinero como durante mi gobierno. Ni las emisoras de televisión, que estaban casi todas quebradas. Ni los periódicos, que también estaban casi todos quebrados cuando asumí. Las empresas y los bancos nunca ganaron tanto. Pero los trabajadores también ganaron. El trabajador sólo puede ganar si a la empresa le va bien. No conozco, en la historia de la humanidad, un momento en que a una empresa le vaya mal y sus trabajadores consigan conquistar alguna otra cosa que no sea el desempleo.

–¿Por qué esto no se traduce en un análisis favorable de los gobiernos de Lula y Dilma por parte de la prensa brasileña?

–Este país está andando bien, pero es verdad que eso no se ve en la prensa. Es increíble. Una vez el ex presidente de Portugal Mário Soares vino a Brasil a hacerme una entrevista. Cuando llegó traía Le Monde, Der Spiegel, el Financial Times y muchas otras revistas y periódicos internacionales. Me dijo: “Lula, estoy enloquecido. Vengo de un continente en que todos sólo hablan bien de Brasil. Pero cuando llego aquí leo la prensa brasileña y dice que en este país nada anda bien”. Una parte de la prensa nacional parece querer sustituir a los partidos políticos. O sea, el debate que debería hacerse en el Parlamento, entre los partidos y por la sociedad, está siendo monopolizado por la prensa. Es realizado solamente por algunas redacciones y, dentro de ellas, por algunos pocos columnistas que intentan fingir que no son políticos, que son imparciales. Creo que eso es malo, muy malo. Intentar negar la política es un desastre. Es un error que puede ser cometido tanto por la derecha como por la izquierda. No sirvió en ningún lugar del mundo porque lo que vino después fue peor. Feliz la nación que tiene como interlocutores instituciones fuertes, sean ellas partidos, sindicatos, iglesias o movimientos sociales. Cuanto más fuertes sean las instituciones y los movimientos sociales, más fuerte será la democracia y más garantías tendrá. Y es esto lo que los sectores conservadores no comprenden.

–Lula, Brasil cambió en estos diez años y cambió para mejor. Y usted, ¿en qué cambió?

–Una de las cosas buenas de la vejez es sacar provecho de lo que te enseña la vida. La vida me enseñó mucho. Fundar un partido en las condiciones en las que lo hicimos fue muy difícil. Ahora que es un partido grande, todo es más fácil, pero yo viajaba de Norte a Sur de Brasil para hacer asambleas con tres o cuatro personas. Salía de San Pablo para Acre, en el extremo Norte, para hacer una reunión con diez personas o para convencer a Chico Mendes de que entrara en el PT. Era muy difícil hacer caravanas, viajar para el Nordeste, tomar un ómnibus, estar una semana caminando, haciendo reuniones al mediodía, con un sol terrible, explicando lo que era el PT para que la gente se afiliara. Yo cambié. Cambié porque aprendí mucho, pero continúo con los mismos ideales. Creo que sólo tiene sentido gobernar si uno consigue hacer que las personas más pobres tengan más oportunidades. Las personas necesitan solamente de oportunidades. Teniendo oportunidad, todo el mundo puede ser igual. La gente sólo necesita una chance. Creo que empezamos a hacer esto en mi gobierno. Pero la tarea no está terminada. Uno no cambia generaciones de equívocos en pocos años. Necesita tiempo para poder hacerlo. Creo que el camino que elegimos es el correcto.

–Y el PT, ¿cambió?

–Existen dos partidos de los Trabajadores. Uno es el PT del Congreso, de los parlamentarios, el PT de los dirigentes. Otra cosa es el PT de la base. Yo diría que el 90 por ciento de la base del PT continúa igual a lo que era en 1980. Sigue queriendo un partido que no haga alianzas políticas, pero al mismo tiempo sabe que, para ganar, tiene que hacer acuerdos. Es una base muy exigente, muy solidaria y todavía desconocida por parte de la elite brasileña que conoce el PT sólo superficialmente. El PT es muy fuerte en los movimientos sociales y en el interior del país. Esa fortaleza no siempre se expresa en la cantidad de votos. Pero también está el PT de las elecciones. En Brasil, o hacemos una reforma política o la política va a tornarse más perversa de lo que ya fue en cualquier otro momento. Es necesario que las personas entiendan que no solamente deberíamos tener financiamiento público de la campaña, como también debería ser un delito el uso de dinero privado. Que es necesario hacer el voto por lista, para que la pelea se dé internamente en los partidos. Podríamos tener un modelo mixto (un voto puede ser para la lista, el otro para el candidato). Lo que no se puede es continuar como está actualmente. El PT necesita reaccionar e intentar poner la reforma política en la agenda pública. Algunas veces tengo la impresión de que los partidos políticos son un negocio, cuando, en rigor, deberían ser una institución extraordinariamente importante para la sociedad. La sociedad tendría que creer en los partidos y participar en ellos.

–¿Entonces el PT no necesariamente cambió para mejor?

–Cambió porque aprendió la convivencia democrática en la diversidad. Pero también creo que, en muchos momentos, el PT cometió las mismas desviaciones que criticaba en los otros partidos políticos. Ese es el juego electoral que está en danza: si el político no tiene dinero, no puede ser candidato y no tiene cómo ser elegido. Si no tiene dinero para pagar la televisión, no hace campaña. El PT tiene que aprender que, cuanto más fuerte sea, debe tornarse más serio y riguroso. El PT necesita volver a creer en los valores en que creíamos y que fueron banalizados por la disputa electoral. Yo, sinceramente, creo que éste es el tipo de legado que tenemos que dejarles a nuestros hijos y a nuestros nietos. Probar que es posible hacer política con seriedad. Uno puede jugar el juego político, puede hacer alianzas, puede hacer coaliciones, pero para hacer política no necesita establecer una relación promiscua con nadie. El PT necesita volver urgentemente a tener esto como un horizonte propio, como un ejercicio práctico de la democracia.

–¿Qué lamenta de esta última década?

–Si hay un ciudadano que no puede quejarse por estos últimos diez años, soy yo.

Tomado de Página/12

Argentina: “Lo más rescatable es el alineamiento internacional”

Entrevista con el reconocido politólogo Atilio Boron

Por Osvaldo León

En Argentina, el mes de marzo se cerró con movilizaciones contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Sobre este y otros temas de la realidad argentina giró el diálogo con Atilio Boron, Director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED) de Buenos Aires, quien, entre otros aspectos, resalta el impacto de Hugo Chávez en la vida política de su país y el continente.

– ¿A qué responden las movilizaciones contra el gobierno que se han registrado últimamente?

Este es un año electoral, entonces hay una natural reactivación de los esfuerzos de las dirigencias políticas opositoras y de ciertos grupos oligopólicos mediáticos muy fuertes, como el grupo Clarín, para tratar de frenar las iniciativas del gobierno, sobre todo en el terreno de la democratización de los medios. Hay una ley de medios aprobada hace tres años que está trabada en la justicia, una ley de medios que afecta al principal monopolio u oligopolio que es el Grupo Clarín, que tiene un poderío inmenso. Hay otros oligopolios, pero este es el más importante. Y para frenar también un proyecto muy complejo que envió la Presidenta al Congreso que incorpora seis reformas al poder judicial, la ley es para democratizar el funcionamiento del poder judicial que tiene aspectos muy importantes, otros más debatibles, e incluso dentro de la propia coalición de gobierno se suscitó una polémica en torno a las medidas cautelares o los amparos, pero en general eso provocó una reactivación muy fuerte de la oposición. Es una oposición, hay que decirlo claramente, que está muy a la derecha del gobierno, o sea no es una oposición que uno pueda cifrar esperanzas que de ahí pueda surgir una superación del legado del kirchnerismo, más bien es un restauración, una movilización restauradora.

Te doy un solo ejemplo, para hacerlo más sencillo: el que fuera candidato por el Frente Amplio Progresista, (Hermes) Binner, declaró reciamente que si él fuera venezolano votaría a Capriles. Entonces ese es el tono que tiene la oposición hoy a Cristina, que no es solo exclusivo de Binner; sino en general de los principales referentes de esa oposición: todos son profundamente anti-chavistas, por supuesto anti-Correa, anti-Evo, anti-Daniel, anti-Cuba, anti-todo. Es una oposición que no representa sino este esfuerzo de reacción ante algunos avances hechos en estos diez años por el kirchnerismo.

Por cierto, son avances muy modestos, pero avances al fin, pues los temas fundamentales de la economía argentina no fueron tocados, las clases dominantes no fueron tocadas ni con el pétalo de una rosa, pero en el terreno cultural, en el terreno de derechos humanos el gobierno tuvo firmeza en la persecución de todos los violadores de los derechos humanos, los represores están unos tras otros llevados a las cortes, y esto la derecha no perdona. Y también en el terreno cultural, ha sido un gobierno abierto, progresista, apoyando justamente la ley de medios, el matrimonio igualitario, rebaja de la edad mínima para votar a 16 años, y, sobre todo, a mi manera de ver, lo más rescatable es el alineamiento internacional, un alineamiento internacional muy fuerte con los procesos emancipatorios de América Latina: fuerte respaldo a Venezuela, a los países del ALBA, muy buenas relaciones con Cuba.

Entonces, para mí, que creo que la lucha anti-imperialista es fundamental en América Latina, un gobierno con muchas limitaciones pero que, de todas maneras, se coloca en el lado correcto en la gran lucha anti-imperialista merece ser apoyado, señalándole las limitaciones que tiene en otros áreas, pero bueno, por lo menos un gobierno que no es cómplice de los planes de desestabilización del imperio en contra de Venezuela, Ecuador, Cuba, Bolivia. Pero esa derecha ahora ha logrado, viendo que el gobierno en algunos temas sensibles como medios o poder judicial está avanzando, desencadenar una avalancha fenomenal y un bombardeo mediático sobre “la dictadura que hay en Argentina”, hay grandes editoriales en la prensa sobe la “tiranía que está azotando a este país” y los tipos escriben en contra de todo y acusan a esto de ser una tiranía.

– Decías que la democratización de la justicia tiene puntos debatibles, ¿específicamente, cuáles son éstos?

Hay un punto que se refiere al tema de las medidas cautelares, el llamado amparo. Ha habido todo un debate porque el gobierno pretendió restringir la duración de los amparos, de las cautelares, pero resulta también que las cautelares favorecen a los movimientos sociales, a los trabajadores, a los pobladores, a la gente de menos ingresos, a los oprimidos, a los explotados, entonces, ahí se suscitó toda una discusión y hubo alguna corrección de todo eso, pero eso originó una fuerte discusión dentro del kirchnerismo. Además, a diferencia de la ley de medios que surge después de un debate nacional durante dos años y medio, esta ley prácticamente fue sacada entre gallos y medianoche, sin ninguna consulta previa con las organizaciones sociales, los movimientos sociales, ni dentro del propio kirchnerismo, entonces generó muchas resistencias.

– ¿Se trata de una respuesta al bloqueo que se ha dado en la justicia respecto a la ley de medios?

Si, totalmente. Y al hecho de que la justicia argentina requiere necesariamente de una democratización, el ingreso al poder judicial está muy controlado por lo que se llama la familia judicial, o sea los jueces y los funcionarios del poder judicial que se reproducen en el cargo, con sus hijos, sus nietos.

– ¿Una casta…?

Una casta muy privilegiada. Por ejemplo, los jueces y los funcionarios del poder judicial están exentos del pago del impuesto a las ganancias. Fíjate lo absurdo de la legislación económica argentina, el sueldo de un trabajador manual, como por ejemplo un recolector de residuos que tiene un sindicato muy poderoso, está pagando ganancias. Un juez que gana diez veces más de lo que ganan esos trabajadores, no paga ganancias. Si bien la ley no dice nada que los jueces deban pagar ganancias, pero se ve venir una política de reforma. Ahora la ley ha salido en el Congreso, pero la van a parar en el poder judicial, va a ser lo mismo que la ley sobre los medios. Y la presidenta no ha querido llamar a un referendo, como se llamó en Ecuador, que me parece pudo haber sido una medida buena para facilitar el pasaje de la ley y que el poder judicial no interfiera de manera tan abierta en contra de la ley.

– Otra de las críticas a la gestión de la Presidenta es que hay un descontrol de la economía. ¿Cuál es tu lectura?

Ha habido un problema muy serio con las divisas, con el dólar, porque el gobierno durante prácticamente 10 años no estableció ningún control sobre los giros, las remesas que hacían las empresas transnacionales que operaban en la Argentina. Y en un momento determinado se dieron cuenta que no tenían dólares suficientes para hacer frente, por ejemplo, a las demandas de dólar para importar productos básicos. Entonces impusieron algunas restricciones que son razonables, la idea es buena pero la forma como se implementa no es la más correcta. Porque la Argentina es un país que prácticamente no ha tenido moneda estable en los últimos ochenta años. Es una economía con una enorme propensión inflacionaria, entonces la gente ahorra en dólares. Tanto es así que el código civil de la Argentina establece que vos podés pagar los bienes que adquieres en pesos o en dólares, o sea no era una conducta ilegal la que tenía la gente.

La gente, por ejemplo, podía ahorrar de repente 100, 200, iban al banco, compraban sus dólares porque de esa manera no se les esfumaban los ahorros. Bueno todo eso ahora se acabó. Para comprar dólares tenés que tener una autorización especial. ¿Y a quién ha afectado esto fundamentalmente? A la base electoral del kirchnerismo. No a las grandes empresas que siguen moviéndose con los dólares con total facilidad, porque a pesar de estas restricciones cambiarias ellos se mueven en otro nivel, hacen transacciones de diferente tipo, apelan al mercado negro si es necesario y consiguen los dólares que quieren, porque además aunque los paguen caro, los venden más caro todavía. Pero sectores de la baja clase media, clase media, que ahorraban un poquito en dólares para poderse comprar un apartamentito pequeño, etc. Ahora no lo tienen. Y eso ha generado un malestar muy grande en ese sector social.

En esto incide el estilo de la gestión. Es un estilo muy avasallador, muy prepotente, muy poco político, y esto ha generado ese malestar en una clase media que en Argentina es muy importante. Tranquilamente es la mitad de la población, y esto ha generado una respuesta muy anti-gobierno. De todas maneras ha sido bastante exitosa la gestión económica de Argentina los últimos diez años. Por supuesto hay muchos problemas, pero digo, hay problemas en Alemania, hay problemas en Estados Unidos, ¿cuál es la economía que no tiene problemas?

Yo creo que uno de los temas más defectuosos ha sido el no-manejo absoluto de la inflación, no querer reconocer que la inflación es un problema real. Ellos cometieron un error muy grande: intervinieron el Instituto de Estadísticas y a partir de ahí se ha perdido toda credibilidad. Y no ha habido un combate eficaz en contra de la pobreza, ha sido un paliativo pero no un combate a fondo contra la pobreza, porque para hacer ese combate requerirían mucho más dinero, y para tener ese dinero habría que hacer una reforma tributaria que el gobierno no está dispuesto a hacer porque su nivel de enfrentamiento con la clase dominante es muy acotado.

Es menor de lo que señalan los medios. Cuando uno lee los medios en Argentina da la impresión de que hay un conflicto tremendo entre clase dominante y gobierno. No es así, para nada. Hay algunos sectores del capital que están enfrentados al gobierno, pero yo diría que básicamente eso se da en el campo, en el sector de la producción para la exportación de la soja, etc. Pero cuando uno mira el sector industrial, el sector bancario, financiero, con el gobierno no han tenido ningún enfrentamiento. Pero la prensa lo representa como si hubiera un brutal choque entre los sectores del capital y el gobierno, pero no es así. Grandes capitalistas han manifestado su apoyo al gobierno. La impresión que transmiten los medios es equivocada.

– ¿Y cuál es el eco que podría tener el nombramiento del Papa Francisco?

Yo personalmente no creo que tenga mucho eco. Se especuló mucho en eso de que podría ser Bergoglio el nuevo Juan Pablo II, pero creo que es una comparación a-histórica. La comparación real es que Juan Pablo II pudo hacer lo que hizo porque treinta años atrás el mundo era muy diferente al de hoy. Es una época completamente diferente…

– ¿Ni en Argentina?

Ni en Argentina, porque además él ahora ya tiene otras preocupaciones. No puede entrometerse dentro de la derecha argentina a ver quién es el que se va a enfrentar al heredero de Cristina. El tipo tiene una agenda de problemas. Así que yo creo que él debe de estar muy preocupado. No lo veo para nada interviniendo en Argentina.

– Ahora, ¿hasta qué punto es real que en la Argentina últimamente se ha registrado una politización de la juventud? Lo cual no se ve en muchos otros países.

Es real. En la Argentina es muy notable. Hay dos puntos fundamentales. Veinticinco de mayo del 2010, celebración de los doscientos años de la primera independencia. Y el veintisiete de octubre de ese mismo año, muerte de Néstor Kirchner. Eso produjo un shock fenomenal que llevó a un avance extraordinario en la re-politización de la juventud argentina, en un fenómeno que no se veía desde finales de los sesenta y principios de los setenta, que terminó luego con un baño de sangre que arranca en la época de los militares pero que ya venía un poquito antes con el gobierno de Perón y de Isabel Perón, en 1975. Desde aquella época no había habido un florecimiento tan impresionante de la politización de la juventud, que me parece que es un fenómeno muy positivo.

Pero además hay una latinoamericanización, que yo creo que es la gran herencia que nos deja Hugo Chávez. La idea de una América Latina como algo más que una consigna abstracta, sino como un proyecto concreto. Chávez es inmensamente popular en la Argentina. Y él fue un factor en ese fenómeno de la politización.

– ¿Esta politización básicamente se registra en el campo del kirchnerismo, con La Cámpora…?

No, no. Abarca sectores ideológicos muy diversos. No es solo el kirchnerismo. La izquierda está registrando por primera vez en muchos años – en 30 años – un fenómeno muy fuerte de incorporación de núcleos juveniles, y hay un cambio en la cultura política. Yo estoy, por ejemplo, cooperando con un proyecto que ha lanzado el Partido Comunista de Argentina que es el Centro de Estudio y Formación Marxista (CEFMA). A mí siempre me obsesionó el tema de la formación marxista tan débil y deficiente que yo encuentro en la izquierda latinoamericana, que desconoce ese fenomenal arsenal teórico que nos lega el marxismo. Entonces propuse la idea de crear estos CEFMA y hemos tenido una respuesta notable. Tan es así que se han abierto varias sedes. Y creo que en nuestras organizaciones de izquierda está pasando lo mismo, la juventud que vuelve a incorporarse a proyectos de izquierda, disímiles, diferentes, pero bueno, que aún dentro de su diversidad es un rasgo muy positivo. O sea no es sólo un fenómeno del kirchnerismo, es un fenómeno que abarca también a otros sectores. Y por supuesto la derecha también ha logrado captar algo de esta movilización juvenil.

– ¿Consideras que este fenómeno de politización de la juventud en la izquierda va a conducir a replanteamientos?

Yo espero que sí. Yo creo que sí. Aunque la izquierda en general ha sido bastante refractaria a autocriticarse. En general pocas fuerzas políticas en el mundo se auto-critican, la virtud de la auto-critica no es la más importante entre los partidos políticos, pero creo que es algo que debería fomentarse. Yo estoy proponiendo esto, incluso la auto-critica entre diferentes organizaciones de izquierda, porque creo que todos los que estamos en la izquierda tenemos que auto-criticarnos, todos hemos cometido errores, no hay organizaciones que no hayan cometido errores. Ha sido difícil, en general prima todavía demasiado una actitud medio sectaria que no le gusta demasiado la auto-crítica.

– Hacías referencia al impacto de Chávez en Argentina. ¿Cómo lo ves a nivel regional, con relación a los procesos de integración, por ejemplo?

Chávez nos deja dos grandes herencias: primero lo que te decía recién, la recuperación de un proyecto de emancipación de América Latina. Seamos muy claros en esto. América Latina es re-inventada primero por Fidel y el Che con la revolución cubana. Antes América Latina prácticamente no tenía una existencia, era una idea retórica sin ninguna clase de eficacia. Con la revolución cubana, América Latina aparece muy fuerte. Fidel y el Che en eso hicieron una tarea fenomenal.

Pero la tarea quedó inconclusa. Entre otras cosas porque Cuba tenía limitaciones materiales para poder ser la gran abanderada a lo largo de 50 años, en los cuales ha sido hostigada, perseguida, etc. Chávez de alguna manera levanta esa bandera y como decía antes, la lleva al contenido concreto. América Latina quiere decir PetroSur, América Latina quiere decir Banco del Sur, América Latina quiere decir PetroCaribe, América Latina quiere decir TeleSur, Radio del Sur, o sea, le dio contenido concreto a la idea de América Latina. Y eso empezó a pegar muy fuerte en vastos sectores de las sociedades latinoamericanas.

Y en segundo lugar, a Chávez le debemos la reinstalación del socialismo como horizonte de nuestra época. ¿Quién hablaba, después de la implosión de la Unión Soviética, después de la conversión de los partidos socialistas y comunistas sobre todo de Europa en fuerzas neoliberales, quien hablaba de que el socialismo era la única alternativa? ¡Nadie!

Sin embargo Chávez de alguna manera se convenció, porque él al principio no estaba convencido, yo conversé algo con él sobre este tema. Él dice, yo llego a esto como conclusión de un período de gobierno donde me doy cuenta que no tenemos solución dentro del capitalismo. Y vuelve a reinstalar con fuerza la idea del socialismo, del nuevo socialismo, del socialismo del buen vivir – como le llaman en Ecuador –, el bolivariano, como le llamen, pero revitaliza el socialismo. Y creo que eso ha pegado muy fuerte en América Latina.

¿Por qué? Porque además Chávez era un gran creador de instituciones. Él fue fundamental en la creación de la UNASUR, fue fundamental en conjuntar a los gobiernos de América Latina, establecer una comunicación fluida entre ellos. Fue fundamental en la creación de la CELAC. Fue fundamental en ir a EEUU y en la Asamblea General de las Naciones Unidas decir ‘Acá pasó el diablo. Por acá hay olor a azufre todavía’. Un anti-imperialismo llevado hasta las propias entrañas del imperio, y eso evidentemente tuvo un impacto notable.

Por eso yo creo que Chávez completó la tarea que iniciaron Fidel y el Che, e instala hoy en día una plataforma ideológica nueva en América Latina. Hace diez, quince años, no podía decirte las cosas que estoy diciendo… bueno, ¡yo las seguía diciendo! Iba a universidades o sindicatos a hablar de estas cosas, hablaba del imperialismo, y me miraban como si fuera fugitivo del parque jurásico. ¿De qué habla éste? ¿Del imperialismo? Pero si ya hay globalización, ya los Estados nacionales han desaparecido, hay grandes entidades supranacionales que son las que rigen el mundo. Y te decían ‘este es un estalinista’, simplemente por volver a las fuentes del marxismo. Hoy en día ha cambiado notablemente. Es un cambio cultural fenomenal. Y es bueno, porque además creo que la historia nos ha enseñado las duras lecciones del imperialismo.

Mira Honduras, mira Paraguay, mira las bases. En mi libro “América Latina, la geopolítica del imperialismo” hago el recuento, mejor dicho, cito el recuento de varios investigadores: al momento en que el libro entra en prensa en octubre del año pasado había 76 bases militares norteamericanas en América Latina y el Caribe. 76, no una, no dos, no cinco, no diez, 76. Si eso no es el imperialismo… Y eso creo que la gente lo asimiló, y creo que Chávez de alguna manera nos dijo ‘miren, esta es la realidad, nos podemos zafar de ella’.

Tomado de Alainet

MUJERES DE ARMAS TOMAR

CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER Y DILMA ROUSSEFF DESTACARON LA IMPORTANCIA DE FORTALECER EL DIALOGO BILATERAL

La Presidenta de Argentina recibió a su par de Brasil en la Casa Rosada. Ambas coincidieron en la necesidad de profundizar el vínculo entre Argentina y Brasil ante “las dificultades del mundo desarrollado”. Hablaron de la minera Vale, la industria automotriz y el Mercosur.

Por Nicolás Lantos

Las presidentas de Brasil y la Argentina coincidieron ayer en la importancia de sostener el diálogo y la integración para fortalecer tanto la economía de ambos países como la estabilidad política en toda la región. Fue en el marco de la primera de una serie de reuniones bilaterales trimestrales que habían acordado Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff a fines del año pasado en Brasilia y que, luego de algunas demoras, se llevó a cabo ayer en Buenos Aires. La brasileña arribó a la Casa Rosada poco después del mediodía y durante la tarde se sucedieron reuniones, primero entre las dos mandatarias a solas, luego con diversos equipos de gobierno: los temas principales fueron el intercambio comercial, la complementación de la industria y la tensa relación entre la minera brasileña Vale y el gobierno nacional. La situación del Mercosur y la Unasur, luego de las elecciones en Paraguay y en Venezuela, también formó parte de la agenda.

“Cada vez más integración es nuestra respuesta a la crisis. De ahí la importancia que le damos a la relación bilateral”, resumió Rousseff durante el mensaje conjunto que ambas jefas de Estado dieron a la prensa luego de la jornada de reuniones y antes de compartir una cena de protocolo en el Museo del Bicentenario, ubicado detrás de la Casa de Gobierno. Por su parte, Fernández de Kirchner acotó: “Pasamos revista a toda la relación bilateral en materia de desarrollo y financiamiento y a las dificultades que hoy atraviesa el mundo desarrollado”.

Según la Presidenta, el panorama global actual “exige por parte de ambos países esfuerzos para enfrentar estas dificultades que tenemos los países emergentes, que en las últimas décadas hemos sostenido el crecimiento económico global”. En ese sentido, la brasileña destacó “la importancia que Brasil y la Argentina tienen en esta región del mundo, donde tienen un rol muy importante” que excede a los dos países en la “búsqueda del desarrollo, compartiendo intereses comunes como la democracia, justicia social y la inclusión”.

Rousseff arribó al sector militar del Aeroparque Metropolitano minutos después de la una del mediodía. Allí fue recibida por el embajador de Argentina en Brasil, Luis María Kreckler, y su par brasileño en Buenos Aires, Everto Vieira Vargas, quienes la acompañaron hasta la Casa Rosada. La comitiva brasileña estaba conformada por el canciller Antonio Patriota; el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Fernando Pimentel; la ministra de Comunicación Social, Elena Chagas; la secretaria de Comercio Exterior, Tatiana Prazeres; el viceministro de Finanzas, Nelson Margosa; el asesor presidencial para temas internacionales, Marco Aurelio García, y la presidenta de Petrobras, Graca Foster, entre otros funcionarios.

Los visitantes fueron recibidos por CFK en el Salón de los Pintores y luego ambas mandatarias subieron al despacho presidencial, donde almorzaron a solas durante algo más de una hora. Luego pasaron al Salón Eva Perón, en el cual continuaron con el diálogo, ahora con la participación de funcionarios de diversas áreas que ingresaban y se retiraban de la sala de acuerdo con los temas que se iban sucediendo.

Uno de los temas centrales del encuentro fue la situación de la minera Vale, de capitales brasileños, que luego de comenzar una mina de potasio en Mendoza con inversiones previstas por seis mil millones de dólares, ahora quiere retirarse del negocio. Según pudo averiguar Página/12, Rousseff se comprometió a mediar con los titulares de la firma. “El diálogo es el mejor camino para encontrar soluciones y es por eso que tenemos la seguridad de que la empresa encontrará el camino para construir el mejor acuerdo con las autoridades argentinas”, manifestó.

Otro punto fuerte estuvo relacionado con la industria automotriz que ambos países comparten y con la necesidad de agregarles más valor a las partes producidas en la región y equilibrar la balanza comercial entre Argentina y Brasil, cuyo resultado está íntimamente ligado a este rubro. En ese sentido, se avanzó en la confección del Pacto Automotor Común destinado a reducir el desequilibrio en el próximo lustro. Para avanzar en los puntos inconclusos, cuadros técnicos de los dos países se reunirán la semana próxima en Montevideo.

Por último, Rousseff y CFK se refirieron a la integración regional, luego de que se sortearan con éxito las elecciones presidenciales en Paraguay y Venezuela. “Las relaciones de Brasil y Argentina son fuertes e inamovibles, basadas en la certeza de que juntos, con voluntad política, haremos todo más y mejor”, celebró Rousseff por la noche, en el brindis que dio durante la cena. “Esta alianza ha sido un factor de progreso y estabilidad no sólo para los dos países, sino también para Sudamérica y América latina”, concluyó.

Al respecto, Fernández de Kirchner propuso “una nueva reformulación de la alianza estratégica” atenta a los nuevos tiempos que corren, “de una manera más densa o profunda”, que incluya coordinar esfuerzos en “investigación, en ciencia, en tecnología, en conocimiento, para realmente conducir al conjunto de la región a un nuevo modelo de integración”.

Una cena como cierre

Como cierre de la visita de Dilma Rousseff al país, hubo una cena en honor a la presidenta del Brasil y su comitiva en el Museo del Bicentenario. Durante la misma, Rousseff valoró la “intensa” y “profunda” relación construida en los últimos años por Argentina y Brasil, y luego señaló: “Cristina y yo estamos empeñadas en progresar en la integración de los países y en superar las diferencias. Somos socios comerciales de primer orden y es mucho mejor cuando estamos juntos”. Cristina Fernández, por su parte, recordó las figuras de Néstor Kirchner y de Lula da Silva en la tarea de integración regional. Se refirió a ambos ex presidentes como “dos gigantes porque comprendieron que durante mucho tiempo, tal vez durante centurias, hubo intereses, que no vale la pena nombrar, porque todos sabemos cuáles son, que les interesaba mantenernos enfrentados, divididos (…) El gran mérito de esos hombres fue demostrar que se podía hacer otra política en estos países y que era necesario integrar definitivamente el Mercosur porque la suerte de uno y de otro país estaban vinculadas y atadas

Tomado de Página/12

Los 118 tuits de Cristina

Aquí vemos a la mandataria del País del Plata cuando visitó la tumba de Chávez

En 48 horas, la cuenta @CFKArgentina lanzó 118 tuits que recogen el relato en primera persona de la asistencia de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner a la cumbre de Unasur en Lima, a la investidura del presidente Nicolás Maduro en Caracas y su visita a la tumba del expresidente venezolano Hugo Chávez. He aquí una reproducción íntegra de los mensajes. Se ha respetado su redacción original.

  1. Falta poco para llegar a Lima a reunión de apoyo de Unasur a Venezuela.
  2. Ayer fue una mañana a puro teléfono, con Dilma, Juan Manuel, Sebastián, Nicolás, Ollanta y hoy a las 21 nos reuniremos en Lima.
  3. Despues partimos a Caracas, llegaremos a la madrugada. Mañana asume Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.
  4. Unasur de pie y a full. Como siempre. No se puede aceptar el desconocimiento a la voluntad popular y a las instituciones de la democracia.
  5. Unasur debe seguir siendo un muro infranqueable a cualquier aventura antidemocrática y golpista.
  6. Provenga de donde provenga y apoye quien la apoye. Se entiende, no?
  7. Mañana a Caracas, sin Hugo. Va a ser fuerte y extraño al mismo tiempo. Sus funerales fueron tan impresionantes que estaba como aturdida.
  8. El sábado por la mañana voy a ir al Cuartel de la Montaña, donde descansa. Quiero estar un poco más sola, sin tanta gente, ni tanto ruido.
  9. Por qué será que los que viven con demasiada intensidad nos abandonan demasiado pronto?
  10. En algún momento habrán pensado o sentido que era necesario apurarse tanto, porque el tiempo no alcanzaba para lo que querían hacer?
  11. Seres únicos, entrañables y extraños a la vez. Irrepetibles. Sus ausencias se sienten más que sus pasadas presencias.
  12. Venezuela puede contar con Argentina. De la misma manera que otros países fueron apoyados y ayudados en situaciones difíciles.
  13. Recuerdo Ecuador-Colombia, Evo en Bolivia, Correa y su virtual secuestro, Colombia-Venezuela, Néstor, Hugo y Juan Manuel en Sta Marta.
  14. Todos los que necesiten la mano solidaria y el corazón, allí estará Unasur y cada uno de sus presidentes, sin condicionamientos.
  15. Hoy es Nicolás Maduro, Presidente electo de Venezuela en jornada cívica ejemplar, democracia para todos… y todas.
  16. Restan 2 hs. de vuelo para llegar a Lima.
  17. La Declaración de UNASUR que firmamos anoche en Lima, antes de viajar a Caracas a la asunción del Presidente Maduro pic.twitter.com/uEDst4NDSn
  18. Despegamos de Lima a las 2 de la madrugada. UNASUR reunida más de 3 horas, por Venezuela. Por la democracia.
  19. Como siempre, Dios mediante, documento excelente. Por UNANIMIDAD. Termine disfónica absoluta. Menos mal que las ideas se pueden escribir.
  20. Acordamos una comisión para acompañar investigación de la violencia del 15 de Abril, que causó la muerte de 8 ciudadanos venezolanos.
  21. Por qué será que en todas partes los que no pueden argumentar o convencer para ser mayoría, se tornan violentos? Porque son minoría?
  22. Saben que no lo creo. Nosotros hemos sido minoría y nunca ejercimos la violencia, sino que la hemos sufrido.
  23. Me tocó ser minoría absoluta (sola y solita) en el Parlamento argentino, y lo hice sin insultos, y sin incitación a la violencia.
  24. La violencia no es producto de un porcentaje electoral.
  25. Es uno de los peores aspectos de la condición humana, el de querer destruir al otro. Al que es diferente, al que piensa distinto.
  26. En síntesis: siempre ha sido el huevo de la serpiente. Perdón, me puse a pensar y como no puedo hablar por la disfonía, canalizo por acá.
  27. Dentro de todo es más saludable y absolutamente inofensivo.
  28. A las 6 llegamos a Caracas. Muda total (algunos se van a ilusionar). Me espera Leisbeth, como siempre. Que quién es Leisbeth?
  29. La Edecana que Hugo siempre me puso de escolta. Tte. Coronel. Muy dulce. La única vez q no estuvo junto a mí fue el 5/3 cuando Hugo partió.
  30. La encontré después. Se me acercó, transpirada y enrojecida, por el calor y el dolor.
  31. “Disculpe, mi Presidenta. No la pude acompañar.Tenía que estar junto a mi Comandante.” Leisbeth había recorrido kms junto al féretro de Hugo.
  32. Nos subimos al auto. Estoy medio dormida. Me parece escuchar la voz de Silvio Rodríguez cantando. Hago señas para que suban el volumen.
  33. Les dije, estaba muda. Es Silvio cantando Sueño con Serpientes. No es mi preferida pero me encanta. Mi favorita es Óleo d Mujer con Sombrero.
  34. Llego al hotel, con sueño y muda, pero con Leisbeth y Silvio, que ahora canta “Playa Girón”. My God, no todo está tan mal después de todo.
  35. Después del mediodía, a la Asamblea Nacional. Nicolás Maduro jura como Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.
  36. Durante el trayecto, observo inmensas construcciones y urbanizaciones en pleno Caracas.
  37. Le pregunto a Leisbeth. Me dice que son las que ordenó construir el Comandante en muchos lugares donde antes sólo vivían los ricos.
  38. Van a llegar a los 3 millones de viviendas, me cuenta. Se dan cuenta el por qué de tantas cosas, no?
  39. En la Asamblea, me saludan, tomo manos que se extienden y agradecen. Cuánto más lindas, que las que sólo sirven para insultar o golpear.
  40. Siempre me pregunto: Qué sentirá cuando llega a su casa alguien que sólo grita, agrede o golpea? Dormirá mejor? Será más feliz? Andá a saber
  41. De cualquier modo, a full con la mano extendida, la sonrisa y la alegría. Seguro que no me equivoco.
  42. Ingreso al recinto de la Asamblea Nacional. Una vez hablé allí. Hugo me había invitado a disertar frente a los parlamentarios.
  43. Gran Honor. Recuerdos imborrables. Hablé en el mismo lugar donde hoy lo hizo Nicolás.
  44. Se lo comento a Dilma que está sentada al lado mío. Al otro lado está sentado junto a mi Raúl Castro, Presidente de Cuba y de la CELAC.
  45. Nicolás levanta una y otra vez durante su discurso, la Constitución venezolana. Le cuento a Dilma que tengo un ejemplar igual.
  46. En su primera página dice: “A mi amigo entrañable y compañero Néstor Kirchner.”
  47. Firmado por Hugo el 25 de Mayo de 2003, el día que Néstor juró como Presidente. Van a ser diez años.
  48. Siempre estuvo, desde esa fecha, en el escritorio de la Rosada. Decidí llevármela y ponerla sobre la mesa de luz de Néstor.
  49. Confieso que me dió miedo que pudiera perderse. La siento como una verdadera reliquia histórica.
  50. De repente como una exhalación, alguien con una camiseta roja pasa corriendo por delante nuestro y se abalanza sobre Nicolás q está hablando
  51. Ojalá me equivoque. Pero estoy segura que esa será la foto que mañana estará en la mayoría de los diarios, y no la de Nicolás…
  52. … jurando frente a Diosdado Cabello, Pte de la Asamblea Nacional, y junto a María Gabriela, la hija de Hugo, que le colocó banda y collar.
  53. Discurso excelente de @NicolasMaduro convocando a todos los venezolanos y también al futuro. A la paz, a la democracia, al respeto.
  54. Habló de los problemas y de cómo encararlos. De proyectos y de obras. Me gustó. Lo vi firme y sereno.
  55. Condenó la xenofobia, contra cubanos… y colombianos. Aunque no lo crean contó que durante la campaña lo trataban de “perro colombiano”.
  56. Porque decían que su madre era colombiana. Como si fuera un estigma. También contó que golpearon a una médica cubana que perdió un ojo.
  57. A estos tipos les chifla el moño. Otra vez el huevo de la serpiente.
  58. Enumeró todas y cada una de las elecciones de éste bendito país. No conozco ningún otro en el mundo donde se hayan hecho tantas elecciones.
  59. Me gustó su autodefinición: “Soy el primer Presidente chavista y obrero.” Dios mío. Que continente, éste, el de la América del Sur.
  60. También me encantó el giro poético, cuando recreó el golpe del 2002: “Amanecimos de bala.” Impresionante. Les dije, todo aquí es muy fuerte
  61. Entre el público de la Asamblea, están los familiares de los muertos del día 15. Dolor y alegría. Todo junto. La vida.
  62. Más de las 20, en el hotel. De repente Caracas se ilumina con fuegos artificiales. Bocinazos. Tienen nuevo Presidente: Chavista y obrero.
  63. Mañana por la mañana iremos al Cuartel de la Montaña, donde descansa Hugo.
  64. Estoy por ir al Cuartel de la Montaña. Cuando llegue Leisbeth, la edecana, salimos.
  65. Ayer, cuando terminó el acto de jura de Nicolás, el médico me recomendó, por mi disfonía, no ir al desfile.
  66. Tuve que esperar que salieran todas las delegaciones y funcionarios que iban al acto.
  67. Leisbeth, me quiso llevar a un salón especial, pero yo preferí ir a un baño. Why?
  68. Porque ahi no tenés que hablar con nadie con quien no quieras hablar. Y de paso descansas. Había sillas y también una chica de maestranza.
  69. Bueno, creía que era una chica. Alta, delgada, bonita. También estaba Alicia Castro. Eramos todas mujeres. Obvio, si estabamos en el baño.
  70. Pero bueno, lo aclaro igual. Uno nunca sabe. A Rosaura, así se llama la chica, le pregunto como al pasar: Cuántos años tenés?
  71. Me contesta: “48 años”. What? Parece de veintipico! Alicia le pregunta que tratamiento hace. “Ninguno” contesta. Agrego: “Genética pura”.
  72. Nos distendemos. Leisbeth me muestra dos fotos de su nietita Sofía Victoria. Típica charla de mujeres en un baño. pic.twitter.com/2l3xLT319j
  73. Una es la nena con su mamá, y en la otra le pusieron los bigotes de Maduro durante la campaña. Ternura infinita. pic.twitter.com/XPvLC1PUUR
  74. De repente por los parlantes se escucha el himno venezolano cantado a capella por la voz inconfundible de Hugo con el pueblo de coro.
  75. Rosaura, la chica de maestranza, llora desconsoladamente. Leisbeth también. Siento un nudo en el estómago y los ojos llenos de lágrimas.
  76. No les dije? Todo aquí, es muy fuerte. Salimos para el hotel. La edecana se compromete a conseguirme los cds de Hugo cantando.
  77. Me dice que no se pueden conseguir en los negocios porque los hace el Pueblo. Ok, me rindo.
  78. Caracas. Amanecí de nubes y me voy de sol. Acabo de visitar el Cuartel de la Montaña. Está rodeado de barrios populares.
  79. Se divisa el palacio Miraflores. Me cuenta el jefe de la guarnición que Hugo siempre lo miraba desde su despacho. Cómo no lo iba a mirar!
  80. Allí planificó la insurrección contra Andrés Pérez. La 5ta República, epílogo trágico del Pacto del Punto Fijo, cuando estalló el Caracazo
  81. como le gustaba decir a Hugo: el Venezolazo. La crisis final de las políticas neoliberales.
  82. Represión y muerte al pueblo. Cualquier coincidencia con nuestra historia, no es casualidad.
  83. Contra eso se alzó Hugo desde el Cuartel de la Montaña. Y fracasó. “Por ahora”, como avisó al rendirse.
  84. Me muestran un cañón de época de la colonia restaurado a nuevo.
  85. Todos los días a las 4:25 hs. el viejo cañón lanza salvas que marcan la hora de su partida. pic.twitter.com/jO3rLiWDaQ
  86. 4:25? Evita partió a las 8:25. Que horarios tan caprichosos, no?
  87. Cuando ingreso al patio. Amplio, luminoso, al aire libre, no pude evitar una tristeza infinita.
  88. Hay cámaras de televisión, periodistas gráficos, cronistas. Me acompaña Cilia, la esposa de Nicolás.
  89. Amablemente les pido a todos si se pueden retirar. Quiero estar a solas. Gracias, muchas gracias. Espero que entiendan. Ojalá.
  90. El patio queda vacío y sólo me acompañan los cuatro húsares de Carabobo de la Guardia de Honor, custodia permanente. pic.twitter.com/VNTT2C1Pjw
  91. De algún lugar se oye en forma permanente a Hugo cantando bajito, como si flotara. Cómo le gustaba cantar!
  92. También se escucha el ruido del agua, de la fuente que rodea su espacio.
  93. Por un momento, todo es silencio. O por lo menos es lo que yo siento. Sólo escucho que junto conmigo lloran algunos de los húsares.
  94. Es extraño. Hasta hoy no se me había caído una lágrima. Ni siquiera el 5 de marzo, cuando me enteré. Tampoco cuando lo velé junto a tantos.
  95. En cambio Florencia, en la misa de la Academia Militar, lloró tanto que se tuvo que ir porque se ahogaba. Y yo nada.
  96. Era como si no quisiera admitirlo o aceptarlo. No se, algún día, si me decido, se lo explicaré a algún psicólogo o psicóloga.
  97. Giro en torno al féretro de mármol, una y otra vez. Y veo en la lápida una frase de un discurso de Hugo donde menciona a Alí Primera.
  98. Que quién es Alí Primera? Un cantante popular venezolano, militante del PC, que murió el 16/2/1985. 16/2 el día que nació mi hijo.
  99. Hugo partió el día que nació mi hermana. Que cosa, cuando una se pone vieja empieza con lo de las fechas…
  100. El último regalo que Hugo me hizo, fue la colección de cds de Alí Primera. Me los trajo su hija Maria a Olivos y me contó la historia.
  101. Siendo militar joven, su padre lo escuchaba a escondidas porque estaba prohibido que lo escucharan los militares.
  102. Leo el fragmento del discurso y la fecha. 12 de junio 2012. 12 de junio, el mismo día del último discurso de Perón. Y dale con las fechas
  103. Ese día yo estaba en Plaza de Mayo. Tenía 21 años. Año 1974. Mi madre! (que también estaba). Cuantas cosas. Cuanta historia.
  104. Que cosa las fechas y los hechos. Los lazos visibles. Y los invisibles también.
  105. Bajo a mirar dos retratos de Hugo en las galerías del patio, entra Nicolás con los que estaban afuera, y me acompañan a recorrer el lugar.
  106. Entramos a una capilla pequeña pero deliciosa. Dos vírgenes. La del Valle y… la Rosa Mística! La q se venera en La Plata. No puedo creer.
  107. Le digo a Nicolás que le voy a enviar para la capilla, una imagen de la Virgen de Luján. Y les cuento la historia. De la Virgen claro.
  108. Mayo de 1630. Una carreta viajaba rumbo a Brasil, cargada entre otras cosas, con 2 cajas, que contenían imágenes de vírgenes.
  109. Al intentar cruzar el río Luján, en Bs. As, la carreta no se movió más.
  110. Le pusieron más bueyes, y nada. La descargaron casi completa, y nada. Bajaron una de las cajas de las vírgenes y tampoco se movía.
  111. Cuando bajaron la última caja, la carreta arrancó sin dificultad. Volvieron a subir la caja con la Virgen, y otra vez la carreta no se movió.
  112. Porfiados los carreros y terca la Virgen. Abrieron la caja, era la Inmaculada morena. La carreta arrancó, y la virgen se quedó en Luján.
  113. Hoy está en la Basílica, donde se la venera como patrona de la Argentina. Quedaron fascinados con la historia.
  114. La restauración de la Basílica, fue la licitación Nro. 1 de Néstor. Eso no lo conté. Pero también es cierto.
  115. Hay dos salones con fotografías que recorren la vida de Hugo. La que más me conmovió es un inmenso mural. pic.twitter.com/CW4E0ejhEm
  116. Hugo de espaldas, caminando bajo la lluvia. El 4/10, en su último y más glorioso acto, que no fue, como algunos creen, su cierre de campaña
  117. Fue su último acto de amor. Lo supe más tarde, cuando me enteré de sus terribles e insoportables dolores. De su sacrificio casi inhumano.
  118. Le digo a Nicolás: Este es su lugar. Ni se les ocurra llevarlo a ningún otro, por más pomposo q parezca. Aquí empezó, y aquí se debe quedar
  119. Es SU LUGAR. En su cuartel, junto a los barrios. Soldado del pueblo. Definitivo y para siempre. Fuente: Agencias y prensa digital

De Caracas a Buenos Aires

El desconocimiento de las elecciones por parte de Capriles fue una intentona desestabilizadora, tratando de aprovechar la pequeña diferencia de los resultados y la ausencia de Chávez. Por eso fue tan importante que América latina reconociera de inmediato el triunfo de Maduro

Por Luis Bruschtein

Para algunos, en Venezuela –como en Argentina y otros países latinoamericanos– confronta un polo republicano democrático con otro populista autoritario. Pero el supuesto sector populista autoritario ganó, en el caso venezolano, 17 elecciones con limpieza y la única vez que perdió, por muy poca diferencia, lo reconoció inmediatamente y sin problemas. Por el contrario, el supuesto sector republicano democrático viene de un golpe de Estado en 2002 y en estos días está al borde de propiciar otro. Es decir, para esa mirada que está tanto en la derecha como en la izquierda más aguada que suele acompañarla, habría que ser golpista para ser republicano y democrático. Es la ambigüedad de decir una cosa y hacer otra, como lo que pasa en Venezuela y también en Argentina, donde los caceroleros, que marcharon el jueves enarbolando alguna bandera de Capriles, dicen que se movilizan por la libertad de prensa y cuando encuentran a algún periodista que no piensa como ellos, lo agarran a patadas.

Cuando vio que perdía por escasa diferencia, el candidato derrotado Henrique Capriles trató de apurar un pacto con el candidato ganador, Nicolás Maduro, que lo rechazó públicamente. Hacer un pacto a espaldas de los electores es democrático y rechazarlo sería populista.

Cuando le falló el pacto, Capriles desconoció el resultado electoral. Si la oposición, que abarca a la mitad menos uno de un país, desconoce la autoridad presidencial, ese país queda a merced de una gran conmoción y al borde de un golpe de Estado. Capriles dijo que hubo cientos de irregularidades, pero no presentó ni una sola denuncia. Las elecciones venezolanas son de las más monitoreadas del mundo y nadie detectó esas irregularidades.

La actitud de Capriles, buscando el golpe, sería democrática para esa mirada que se considera dueña excluyente de la democracia y la República.

Al denunciar el resultado de la elección y agitar a sus simpatizantes, Capriles promovió que miles de ellos salieran a las calles para atacar centros comunitarios y locales partidarios del chavismo, donde mataron a golpes y a tiros a ocho militantes chavistas, e incluso trataron de quemar vivo a uno de ellos.

Aquí en la Argentina, el socialista Hermes Binner dijo que las muertes no eran responsabilidad de Capriles, sino del populismo. Ya el candidato presidencial por el FAP, que se presenta como centroizquierda, había dicho que si hubiera sido venezolano, habría votado por el derechista Capriles, un hombre que participó como comando civil en el golpe del 2002, en el intento de asalto de la embajada cubana en Caracas.

La mayor parte de la izquierda y los movimientos populares latinoamericanos han reconocido la importancia de los procesos democráticos como la herramienta más eficaz para los procesos de transformación de las sociedades. Esa mayoría de la izquierda dejó a un lado la idea de la dictadura del proletariado y asumió que esos procesos de transformación van acompañando el desarrollo político de los pueblos y que la mejor garantía para ese desarrollo es un marco democrático.

En las últimas décadas han sido esos sectores de la izquierda, junto con movimientos nacionales y populares, los más comprometidos con los impulsos de profundización democrática y defensa de la democracia. El fenómeno, que caracteriza esta época, se expresa en Bolivia con el MAS, o en Brasil con el PT, por mencionar aquellos procesos que provienen claramente de corrientes de la izquierda revolucionaria. En Argentina, los protagonistas del actual proceso político tienen un origen más de tipo nacional y popular, sumados a fuerzas progresistas y de izquierda. La idea de soberanía y elección popular a través del voto está prácticamente en su génesis. Son fuerzas políticas que están acostumbradas a ganar o a perder en una elección. En Venezuela y Ecuador, son fuerzas políticas más nuevas, pero la composición es más o menos parecida.

Nunca antes en la historia latinoamericana hubo gobiernos que se coaligaran para contrarrestar intentonas militares, golpes parlamentarios o acciones desestabilizadoras en la región, como sucede ahora. Esos gobiernos que han hecho lo que nunca hicieron otros, son los acusados de populistas y autoritarios por países como Estados Unidos, que promovió numerosos golpes. La defensa de la democracia está garantizada por estos gobiernos. En cambio, las oposiciones están más unidas por el rechazo a cualquier forma de progreso social y distribución de la riqueza. Ese rechazo al cambio es la identidad real de esas oposiciones y no la defensa de la democracia, sobre la que tienen posiciones heterogéneas. Muchas de las fuerzas que las componen han sido golpistas, como las viejas derechas conservadoras, a las que se suman sectores que prefieren actuar como la izquierda de la derecha antes que ser verdaderamente de izquierda o centroizquierda y terminan por ser tan conservadores como sus aliados.

Esa vocación se demostró cuando Chávez perdió el referéndum en 2007 y lo reconoció y lo mismo hizo Néstor Kirchner cuando perdió las elecciones de 2009. También cuando los presidentes de los países del Mercosur, más Venezuela y Ecuador frenaron el golpe contra Evo Morales en Bolivia o cuando se negaron a reconocer a los golpistas de Honduras y Paraguay. Por supuesto, en estos dos países los golpes se dieron en nombre de la democracia.

El desconocimiento de las elecciones por parte de Capriles fue una intentona desestabilizadora, tratando de aprovechar la pequeña diferencia de los resultados y la ausencia de Chávez. Por eso fue tan importante que América latina reconociera de inmediato el triunfo de Maduro. Capriles había atacado a la Argentina durante su campaña y se molestó cuando Cristina Kirchner fue una de las primeras en reconocer el resultado y exhortó a que Estados Unidos hiciera lo mismo. La presidenta argentina lo hizo en una declaración pública, pero en ese momento hacían lo mismo Dilma Rousseff, Rafael Correa y otros mandatarios latinoamericanos. Cualquier demora podía ser fatal para la estabilidad democrática en Venezuela. Estados Unidos fue el único país que se prestó al juego antidemocrático de Capriles y demoró en reconocerlo.

Hubo otros dos gestos para consolidar al candidato ganador. La Unasur convocó a sus integrantes a Perú, desde donde emitieron una declaración de respaldo a Maduro. Y al día siguiente los mandatarios latinoamericanos viajaron a Caracas para participar en la asunción del nuevo presidente. Era evidente que Estados Unidos estaba interesado en desestabilizar al ganador de las elecciones porque en su frente interno la derecha republicana con base en Miami está directamente relacionada con la oposición venezolana. El secretario general de la OEA, Miguel Insulza (a quien Chávez llamaba “el insulzo”), titubeó al principio porque el reflejo de ese organismo regional fue siempre seguir a los Estados Unidos, por lo que ha sido tolerante con las dictaduras militares.

Este gran debate que se abre en América latina no está relacionado solamente con las vías alternativas al neoliberalismo o con los caminos de integración regional para poner un frente común ante los mercados internacionales, los organismos financieros y comerciales y ante los grandes bloques de poder. También es un debate por la defensa y la profundización de la democracia, con ampliación de derechos y mayor equidad social. En ese gran debate que tiene proyecciones mundiales, el polo verdaderamente democrático, el que respeta la democracia y la amplía y estimula, está constituido por los gobiernos populares y progresistas que las derechas califican despectivamente como populistas. Así lo demostró por enésima vez el escenario político venezolano.

Tomado de Página/12