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La batalla decisiva por la libertad latinoamericana

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Por Ricardo Arturo Salgado

Tomado de TeleSur

Es posible que los albores del siglo XXI, con el ascenso de la revolución bolivariana, como anuncio de que llegaba la hora de los pueblos, sea el mejor momento de toda América Latina en los últimos 500 años. En el momento de más fuerza de la unipolaridad, surge un replanteamiento que ha de derrotar muchas veces al neoliberalismo y al tan cacareado “fin de la historia”.

Durante la los últimos 15 años quedó claro, más que nunca antes, la verdadera naturaleza del capitalismo, su función intrínseca de reproducirse, y obligar a los más pobres a pagar sus garrafales fallas de origen. Además, quedó claro que el socialismo no era una función errada de la historia, que era ante todo la respuesta y la esperanza de reemplazar la voraz maquinaria predatoria capitalista, y que ni era mecánico, ni determinista y no terminaba por definición; mientras exista el capitalismo y su amenaza contra la humanidad, el socialismo será una alternativa.

Ahora bien, las victorias constantes de este cambio de época, no ha sido, ni será, un tránsito fácil para nuestros pueblos. El asedio constante del imperialismo, que luce siempre sediento de la sangre de nuestros hermanos y hermanas, sigue abriendo frentes, provocando heridas y utilizando todos sus recursos por frenar a una América Latina, que de traspatio paso a ser ejemplo de lucha para el mundo entero.

Este acoso permanente, que cuenta siempre con la abyecta colaboración de clases dominantes acostumbradas a vivir de las migajas que les dan los amos norteños, tiende ahora hacia un momento decisivo, hacia una batalla de la que dependerá la historia de este siglo; ya no se trata del amanecer de la esperanza, sino de ganar el derecho a vivir en paz, frente a un enemigo que nutre de la guerra; esa batalla se libra en la tierra de Bolívar, en la Venezuela de Chávez y de Alí Primera, en esa República Bolivariana nuestroamericana.

La oposición traidora, desinteresada absolutamente de lo que suceda a la patria, cree que el “destino manifiesto” también les abarca, que ellos son dueños de las riquezas y que los pobres que ahora reciben beneficios y viven mejor, no tienen derecho a otro tipo de vida que el de la miseria, porque no entienden, porque son tontos y porque son haraganes, que no quisieron ser emprendedores. Todo ese pensamiento de la mente colonizada de las clases dominantes latinoamericanas que se sienten felices de ser “sirvientes con dormida adentro”.

Esa oposición castrada, sin ideas, y, sobre todo, sin voluntad de compartir la construcción de una nación digna, se presta a la trama mas vil y se apresta a hacer correr la sangre inocente de muchos venezolanos, incluso la de muchos de sus simpatizantes, si eso le sirve a sus intereses.

No cabe duda que un Golpe de Estado está en ejecución en Venezuela. Por las condiciones particulares, el golpe en cuestión está destinado a ser sangriento, violento, con una escalada en muchos campos que ya hemos podido observar en las últimas semanas. La campaña mediática a nivel internacional dibuja un ambiente de carencias y zozobra, una especie de bomba de tiempo que volara en pedazos en cualquier momento. Todos los días, a toda hora, incluso para minimizar las propias crisis locales los medios en nuestros países hablan de que corremos peligro de “llegar a estar como Venezuela”.

Igual envían a tres expresidentes a desafiar las leyes y las instituciones bolivarianas, dizque en apoyo de derechos humanos, mismos que los tres violaron flagrantemente en sus administraciones, cometiendo crímenes por los que deberían guardar prisión. Buscan descaradamente poner en un rincón al presidente Maduro al que quieren mostrar como tirano y como debilucho a la vez, y entonces abusan de la hospitalidad y visitan a un criminal peligroso, que en ningún gobierno de derecha tendría acceso ni a luz del sol.

Simultáneamente, acusan funcionarios de alto rango de tener nexos con el narcotráfico, con lo que las ramas fascistas de la desinformación tienen suficiente para hablar de narco estado, mientras a los verdaderos narco estados los felicitan y les prometen Planes Colombia a granel. Entonces aparece Brownfield “preocupado” por la situación en Venezuela, olvidándose de sus propios 46 millones de pobres, y sus decenas de millones de drogadictos y de sus propias agencias de seguridad nacional involucradas en el tráfico de estupefacientes al mercado “libre” de las drogas que tiene en su propia casa.

A esto se suma la guerra económica que ya hicieron varias veces en el pasado. El acoso de los empresarios es tenaz, calculan los beneficios que obtendrán cuando los fascistas venezolanos, como Maria Corina, Ledezma o Capriles, hayan tomado el poder. Todos imaginan un amanecer con Pinochet reencarnado y los comunistas corriendo por sus vidas, porque al final, las ideas no valen nada; “el mejor comunista es el comunista muerto”.

La situación actual en la República Bolivariana de Venezuela plantea un reto que nos es común a todos los latinoamericanos. Históricamente hemos sido muchos pedacitos luchando contra el gigante, sucumbiendo por impotencia (con la extraordinaria excepción de la Cuba revolucionaria). Hoy es imperativo que entendamos que todos somos Venezuela, y que la solidaridad no puede ser únicamente enunciativa, que eventualmente, y porque no quedan muchas salidas, el imperio buscara un pretexto para crear la “solución militar” al “asunto venezolano”.

Es sumamente importante pensar con claridad, especialmente para la izquierda; la lógica yanqui y la de sus lacayos locales no contempla la conservación de ningún tipo de foco opositor. La vocación democrática de la revolución bolivariana, es lo último que querrán replicar los expertos del imperio en un país donde el pueblo sabe muy bien como derrotar a sus enemigos en las urnas. No es casual, que hoy por hoy, los contrarrevolucionarios venezolanos hablen de “solución final” o “final del chavismo”.

Está claro que la historia nos enseña lecciones, hoy tenemos un momento decisivo en Venezuela, y los enemigos de Latinoamérica, externos e internos, deberían entender que no permitiremos un nuevo 11 de septiembre de 1973.

Muchos criticaran la posición abierta y militante de este escrito, pero ante el cinismo y desfachatez del ataque contra nuestro baluarte, no hay más remedio que dar un paso hacia adelante, para defender la revolución.

La reinvención de Latinoamérica

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Por Luís Hernández Serrano

 Hace 75 años, en 1958, el historiador mexicano Edmundo O’Gorman publicó un libro titulado La invención de América, con el que sacudió la historiografía dedicada a documentary explicar el descubrimiento y la conquistaamericana. Inventar, significa, de acuerdocon el diccionario de la Real Academia de la Lengua, hallar o descubrir algo nuevo o no conocido.En su texto, O ´Gorman explica, demanera novedosa para su tiempo, la forma enla que el relato sobre la historia y el devenirdel “nuevo continente” fue construido.Hoy, retomando esa imagen, podemos decirque América Latina se está reinventando.

 El concepto América Latina tiene tras desí una larga historia. Muchos años antes deque O’Gorman publicara su obra, en 1857, elescritor colombiano José María Torres escribióen su poema Las dos Américas las clavesdel nuevo imaginario regional: “Mas aisladosse encuentran, desunidos/Esos pueblos nacidospara aliarse:/La unión es su deber, su leyamarse:/Igual origen tienen y misión;/La razade la América latina,/Al frente tiene la sajonaraza,/Enemiga mortal que ya amenaza”. Pocoantes, en 1856, el filósofo chileno FranciscoBilbao, había usado durante una conferencia,el mismo término.

 La región está en un proceso de reinvenciónporque su visión de sí misma, su destino comoterritorio y su relación con las grandes potencias,especialmente con Estados Unidos, seestá transformando radicalmente. Si, hastaahora, su inserción con el resto del mundo haestado condicionada por la presencia de laspotencias imperiales (España, Portugal, Inglaterra,Francia y Estados Unidos), con el nuevosiglo ha comenzado a construirse como unconglomerado de naciones con procesos de integracióncrecientemente soberanos.

 Se trata de un proceso complejo, ambiguo, enocasiones contradictorio, que no avanza en línearecta, en el que no todo está definido ycuyo destino final no está aún escrito. Un procesoen el que sus riquezas naturales, comola abundancia de agua dulce (alrededor de lamitad del planeta), sus reservas de petróleo ygas, sus recursos minerales y la riqueza de subiodiversidad, desempeñan un papel central.

 Como señas distintivas de esta reinvención seencuentran, entre otras, la refundación de variosEstados nacionales a partir de AsambleasConstituyentes; la ruptura con el Consenso deWashington; la recuperación de su soberaníapetrolera, de sus recursos naturales y bienesestratégicos; la puesta en práctica de políticasde inclusión social, redistribución de la rentay reconocimiento de la diversidad cultural; laexistencia de poderosos movimientos socialesemancipatorios, y la firma de acuerdos de integraciónregional guiados por la idea de lacooperación, la complementación económicay la ayuda mutua.

 Esta reinvención de América Latina implica,obligadamente, una nueva redefinición de sulugar en el orbe, en el que abandone su lugarcomo “patio trasero” de Estados Unidos. Unnuevo rol internacional en el que tiene comoherramientas medulares, la construcción deforos y entidades regionales sin presencia deWashington –Mercosur, Unasur, Alba y Celac– yla diversificación de las relaciones económicas,comerciales y tecnológicas con nacionesque, en otras zonas del planeta, hacen contrapesogeopolítico a Washington, como China,Rusia e Irán.

 El fin de la Doctrina Monroe

El pasado 18 de noviembre, en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), elsecretario de Estado, John Kerry, anunció elfin de la era de la Doctrina Monroe, y la decisiónde Estados Unidos de compartir responsabilidadescon los otros países del continentey tomar decisiones como compañeros en elmarco de una relación de iguales.

 Sin embargo, tan pronto como fue proclamado,ese supuesto fin del viejo enunciado colonialistaredactado por John Quincy Adams yenunciado por primera vez por el presidenteJames Monroe –América para los americanos–,fue desmentido por el jefe de la diplomaciaestadunidense. Contradiciendo sus palabras,marcó la agenda de su país para la región: promoverla democracia, mejorar la educación,adoptar nuevas medidas de protección ambientaly desarrollar el mercado energético.Y, ya encarrerado, criticó a los gobiernos deCuba y Venezuela.

 

El fin de la Doctrina Monroe tiene, como telónde fondo, una pérdida relativa de la influenciade Washington en la región, no como productode una decisión de la superpotencia, sinocomo resultado de las luchas de los movimientossociales y la elección de gobiernos progresistasque reivindican la recuperación de la soberanía,la ruptura con el neoliberalismo y laintegración latinoamericana. Estos proyectoshan modificado el esquema de relación conEstados Unidos.

 Sin embargo, este cambio no ha implicado,ni mucho menos, el fin del dominio estadunidenseen la región. El Imperio está muy lejosde ser un tigre de papel. A pesar de losproblemas que enfrenta en todo el mundo ydel surgimiento de nuevos ejes de poder, susupremacía militar, el vigor de sus empresase inversiones, su capacidad para condicionarlos flujos comerciales a su favor, la hegemoníasemántica de sus industrias culturales y la fortalezade sus agroindustrias lo convierten enla única potencia estratégica global.

 Estados Unidos es el país con mayores gastosmilitares en el mundo. En 2011, su presupuestopara este rubro representó el 40 por cientode los gastos totales en el planeta, seguido,muy de lejos, por China y Rusia. Es, también,el principal fabricante y exportador de armamento.Este predominio tiene tras de sí unapoderosa base productiva. Lockheed Martin,Boeing y BAE Systems lideran la industria militarmundial. Las dos primeras son estadunidenses.

 Su poderío y superioridad bélica se complementancon las 827 bases militares en el mundo, 27de ellas en América Latina. En abril de 2008,restableció el funcionamiento de su IV Flota,responsable de las operaciones en el Caribe,América Central y América del Sur.

 A pesar de sus dificultades, la economía estadunidensesigue siendo la de mayor magnituddel planeta. Su PIB nominal representa unacuarta parte del PIB nominal mundial. De las500 empresas más grandes del mundo, 133 tienensu sede en Estados Unidos, el doble deltotal de cualquier otro país. Por ventas, 8de las 10 principales compañías del orbe sonestadunidenses; por valor, 9 de cada 10, portecnologías de la información y comunicación,3 de las 4 primeras. Ese Imperio conserva, apesar de las relocalizaciones, un relevante ycompetitivo sector industrial, especializado enalta tecnología, que elabora el 20 por ciento dela producción manufacturera de la tierra. Sumercado financiero es el más grande.

 Para la Casa Blanca la comunicación y las nuevastecnologías asociadas a ellas, han sido,desde la década de los 50 del siglo XX, asuntode Estado. Sabe que quien conduzca la revolucióninformática será quien dispondrá delpoder en el futuro. Los artículos culturales yde entretenimiento son una de sus principalesgeneradoras de divisas. Su presencia rebasala esfera exclusivamente mercantil: sus productosvenden un estilo de vida, son parte deuna hegemonía semántica.

 Estados Unidos es el mayor exportador agrícolamundial y manda la mitad de su trigo y soya y,tres cuartas partes de su cosecha de algodón, a compradores internacionales. China es el principaldestino de las ventas en este terreno.

 La presencia de Washington en América Latinaen todos estos rubros es notable. Es el principalabastecedor de armas a la región, a pesarde la creciente exportación rusa y china. Delejos, es la potencia militar más influyente enel área. Es, también, el principal inversor extranjerodirecto. Todo tipo de empresas deese país hacen negocios en el hemisferio.

 A pesar de la creciente presencia china, losconsumidores latinoamericanos compran ensus países una vasta variedad de mercancíascon el sello “Made in USA”. Las exportacionesde automóviles, computadoras, maíz, trigo,series de televisión, carnes, películas, jugos yfrutas congeladas, celulares, juguetes, cosméticos,combustibles y aeronaves no cesan. Delos 20 acuerdos de libre comercio que EstadosUnidos tiene con diversos países en el mundo,la mitad de ellos fueron firmados con nacioneslatinoamericanas y del Caribe. En 2011 lasexportaciones de productos estadunidenses alos países de este subcontinente alcanzaron los347 mil millones de dólares. El aumento de 54por ciento en las exportaciones a la región, esmayor a la tasa promedio de crecimiento deexportaciones con el resto del mundo. Aproximadamente,el 85 por ciento de los bienes quecomercia Washington entran libres de impuestosen Chile, Colombia, Costa Rica, RepúblicaDominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras,Nicaragua, México, Panamá y Perú.

 Por si fuera poco, como lo señaló Julian Assange,el 98 por ciento de las telecomunicacionesdesde América Latina hasta el resto del orbepasan por Estados Unidos, incluidos mensajesde texto, llamadas telefónicas, correos electrónicos.Ese país tiene a la mano la informaciónde cómo se comporta la región, la ruta quesiguen las transacciones económicas, el comportamientoy las opiniones de los principalesactores políticos.

 Aunque formalmente declare el fin de la Doctrina Monroe, su intervencionismo en la regiónes evidente, a través de temas como el narcotráfico,el terrorismo y la migración, ademásde su participación “discreta” en golpes blandoscomo los registrados en Honduras y Paraguay.Su influencia se hace sentir, también,en la apuesta por la Alianza del Pacífico, comocontrapeso a los otros procesos de integraciónde América Latina.

El dragón chino

 La actual bonanza económica de América Latinaestá estrechamente asociada a la entradade China en el hemisferio. El dragón asiático esun voraz consumidor de los alimentos, mineralesy metales, y combustibles que se producenen la región. La inversión de ese país fue centralen permitirle al área enfrentar sin grandesdescalabros la recesión económica de 2009.

 La presencia china en el hemisferio aumentaaceleradamente en todos los rubros: intercambioscomerciales, inversiones directas, financiamientoe, incluso, actividades culturales.Salvo un declive en el crecimiento o gravesconflictos políticos en la nación asiática, nadaparece indicar que esta tendencia vaya a desaparecer.

 Las inversiones de la patria de Mao Tsetung enAmérica Latina aumentaron de 15 mil millonesde dólares en 2000, a 200 mil millones en 2012.En 2017 podría alcanzar la cifra de 400 mil millones.El volumen de comercio de este paíscon Brasil, Chile y Perú, superó al que estas nacionestuvieron con Estados Unidos. El giganteoriental fue, también, el segundo destino comercialde Argentina, Costa Rica y Cuba. El 40por ciento de las exportaciones agropecuariasde la región van a este país(1).

 Las inversiones directas de China en el área en2011 superaron los 8 mil 500 millones de dólares.Y, entre 2005 y 2011, concedió préstamosa países del hemisferio por 75 mil millones dedólares. Se trata de inversiones y préstamosno condicionados a la aceptación de dogmas dedesarrollo, consideraciones ideológicas o criteriosestrictamente políticos. Ellos hablan siemprede cooperación y apoyo mutuo.

 Según reporta el periódico El País, la dependenciade la economía de América Latina conChina es tan grande, que por cada 1 por cientoque crece el PIB en el país asiático, aumentaun 0.4 por ciento en la región; por cada 10 porciento que crece el dragón asiático, se incrementalas exportaciones del hemisferio en un25 por ciento.

 La creciente presencia China en un área quetradicionalmente ha sido zona de influenciaestadunidense, no se ha topado con la animadversiónde Washington. El Imperio ha buscadocontener y administrar el impacto de lapotencia oriental, y circunscribirlo a la esferaestrictamente económica. A su vez, Pekín haactuado con cautela y ha dejado claro que suintención es ampliar sus fronteras económicas.

Entrevistado por El País, Daniel P. Erikson,asesor de la Oficina para Occidente del Departamentode Estado de Estados Unidos, dijo,cauteloso, que la creciente economía del paísasiático le obliga a buscar nuevos mercados,una necesidad que también comparte AméricaLatina por los mismos motivos.

 El oso ruso y las mineras canadienses

 Impulsada por las crecientes ventas de armamentoa América Latina, Rusia ha comenzadoa redibujar su presencia en la región. Entrelos quinquenios 1999-2003 y 2004-2008, lasexportaciones de armamento del oso al hemisferiose incrementaron en un 900 por ciento.Se trata de su nuevo mercado de productosbélicos más relevante. Rusia abastece equipomilitar a la región en mejores condiciones depago y de entrega, también sin condicionamientospolíticos. Con Venezuela ha realizadomaniobras militares conjuntas.

 Sus negocios en la región, sin embargo, vanmás allá de este asunto. El antiguo imperiode los zares invierte en el área, también, enpetróleo, metalurgia, vivienda, hidroeléctricay fabricación de autobuses.

La principal carta de presentación de Canadáen América Latina son sus empresas mineras.Según datos del 2008 las empresas canadiensescontrolan aproximadamente el 37% de laproducción minera. Actualmente están activas286 empresas y mil 500 proyectos, aunqueaún no todos en explotación(2). Todas ellas handejado una cauda de evasión fiscal, saqueo,contaminación masiva, problemas de saludpública, corrupción, desposesión, violenciacontra opositores.

 Canadá es la principal potencia minera delmundo. El 75 por ciento de las mineras delorbe se registran en Canadá y el 60 por cientoemiten sus acciones en la Bolsa de Valoresde Toronto. Muchas de ellas son sólo formalmentecanadienses porque, en realidad, soncompañías con capitales australianos, suecos,israelíes, belgas y estadunidenses.

La legislación minera canadiense es flexibley en su régimen impositivo generoso con losinversionistas. Ellos son favorecidos en su financiamientoy en el terreno diplomático y judicial.Las empresas que cotizan en la Bolsa,pueden poner en valor yacimientos potenciales.De hecho, algunas sacan sus ganancias dela especulación bursátil en torno a yacimientospotenciales.

 En todos los países de América Latina en elque operan mineras canadienses a cielo abiertose han producido severos conflictos comunitarios.Esa es hoy la marca distintiva de lasrelaciones establecidas entre América Latina ysu otro vecino del norte.

 La reinvención

 América Latina está en un proceso de reinvencióncomo hemisferio. Su futuro no está aúndefinido, su destino final no está escrito. Elhemisferio está redefiniendo su inserción en elmundo.

 En la última década, la región ha obtenido ingresosextraordinarios por la venta de materiasprimas, y capitales para la inversión de valores, exacerbados por liquidez abundante provistapor los bancos centrales del mundo y tasas deinterés históricamente bajas. Pero hoy, ese ciclo,apunta a su fin. Por ello, su reinvenciónimplica necesariamente, una redefinición desu inserción en un mundo multipolar, en el quemodifique su actual rol de proveedor de materiasprimas, que lo coloca en una situaciónfrágil y vulnerable, para buscar un tipo de industriacon tecnología de punta y el desarrollode las manufacturas, al tiempo que desarrollasu mercado interno con equidad y justicia. Sino lo logra, sus sueños de integración e independencia,anunciados por José María en supoema Las dos Américas, serán muy difíciles derealizar.

 1 http://www.wilsoncenter.org/sites/default/files/LAP_120810_Triangle_rpt.pdf

 2 Ver: “La minería canadiense en América Latina.Un panorama contemporáneo”, de Arthur Phillips,Mary Roberts, Alix Stoicheff y Saviken Studnicki-Gizbert.

Luis Hernández Navarro es coordinador de Opinión y articulista de La Jornada de México.

Un año para recordar

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Por Atilio A. Boron *

El año que termina fue pródigo en acontecimientos muy significativos. Una mirada latinoamericanista comenzaría por señalar que el hecho más trascendente de 2013 fue la muerte del comandante Hugo Chávez Frías. El líder bolivariano fue una verdadera fuerza de la naturaleza: un huracán que con su fervor antiimperialista, su visión estratégica de la lucha que debía librarse contra el imperio y su incansable protagonismo reconfiguró decisivamente el mapa sociopolítico del área. Chávez fue el gran mariscal de la batalla del ALCA y el hombre que llenó de propuestas lo que hasta entonces era una agradable, pero inofensiva retórica latinoamericanista, huérfana de contenidos concretos. Para Chávez aquélla tenía que ser una convocatoria a la unidad de América latina y el Caribe, unidad y no sólo integración; debía ser, tras las huellas de la Revolución Cubana, un internacionalismo solidario que se traduciría en proyectos concretos como el Banco del Sur, Petrocaribe, Telesur, Unasur y la Celac, entre tantos otros. Su muerte, en circunstancias aún no aclaradas, llenó de júbilo al imperialismo y sus aliados, pensando que con ella se acabaría el chavismo. Sin embargo, y ésta es una de las notas más positivas del año, la desaparición física de Chávez no impidió que el chavismo volviera a triunfar en las elecciones presidenciales del 14 de abril –consagrando a Nicolás Maduro como presidente– y nuevamente, por una aplastante diferencia (más de un millón de votos), sobre la coalición opositora, en las municipales del 8 de diciembre. Parece que tendremos Chávez para rato. Otra noticia muy importante fue la sorpresiva elevación del cardenal Jorge Bergoglio al papado. La consagración de este jesuita motivó un áspero debate que está lejos de apagarse en este país. Jerarca de una Iglesia que fue cómplice de todos los crímenes de la dictadura, hay quienes le fustigan por sus actitudes tibias y ambivalentes, sobre todo si se las compara con las que tuvieron otros obispos como los monseñores Angelelli, De Nevares, Novak o Hesayne. Esta sinuosidad de su conducta, síntoma de lo que Antonio Gramsci definiera como “jesuitismo”, explica las razones por las que junto a sus críticos emergiera desde las filas de la izquierda, los derechos humanos y la teología de la liberación un fogoso contingente de defensores de Francisco prestos a señalar las formas sigilosas con las que el por entonces provincial de los jesuitas habría protegido a su rebaño. Más allá de estas consideraciones los temores que muchos tenían en el sentido de que Francisco se convirtiera en una ominosa reencarnación de Juan Pablo II (quien junto a Ronald Reagan y Margaret Thatcher conformara el más formidable tridente reaccionario del siglo XX) hasta ahora han demostrado ser injustificados. Pragmático, cierto cambio en el léxico del pontífice (como por ejemplo hablar de la “Patria Grande”) o su insistente “opción por los pobres” demuestran que ha percibido con claridad los datos de este “cambio de época” y que Venezuela no es Polonia, ni Ecuador, Checoslovaquia, y que los cambios acaecidos en la región en los albores del siglo XXI ya no tienen vuelta atrás. En El 18 Brumario Marx evoca la intervención del cardenal Pierre d’Ailly en el Concilio de Constanza (1414-1418), cuando ante las quejas de los puritanos por la vida licenciosa de los papas respondiera con voz tonante “¡Cuando sólo el demonio en persona puede salvar a la Iglesia católica, vosotros pedís ángeles!”. La situación de la Iglesia hoy es mucho peor que la motivara el exabrupto de D’Ailly: incontenible deserción de la feligresía, escándalos por pedofilia, millonarios juicios de las víctimas y bancarrota de las iglesias, manejos mafiosos del banco del Vaticano, el papel de la mujer en la Iglesia y el cuestionamiento del celibato sacerdotal configuran una agenda que difícilmente le dejen tiempo a Francisco para organizar la dispersa y confusa derecha latinoamericana, suponiendo que quisiera hacerlo. Además, para eso está “la embajada”.

Otro acontecimiento de trascendencia fue la reaparición de Rusia como un gran actor de la política mundial. La Unión Soviética lo había sido en el casi medio siglo transcurrido desde finales de la Segunda Guerra Mundial, para desaparecer de los primeros planos cuando se produjo su hundimiento en 199192. Esto dio pie a que algunos publicistas del imperio se solazaran con la ilusión de que allí comenzaba el “nuevo siglo (norte)americano”, no ahorrando descalificaciones humillantes y racistas en contra de los rusos, como Vladimir Putin se encarga de recordar una y otra vez. El sueño del “nuevo siglo americano” rápidamente se convirtió en pesadilla. Rusia, que nunca había dejado de ser una potencia atómica y que venía acumulando fuerzas desde comienzos del siglo, irrumpió abruptamente en el escenario mundial otorgándole asilo político nada menos que a Edward Snowden, el enemigo público número uno de Washington y, después, torciéndole el brazo a Barack Obama cuando le hizo abortar sus planes de bombardear Siria. Por si lo anterior fuera poco, el apoyo ruso a Teherán aventó también un desenlace bélico por la cuestión del programa nuclear iraní, en una crisis alentada hasta el paroxismo por el régimen israelí.

La impetuosa reemergencia de Rusia sumada a la ya consolidada gravitación de China en la economía y la política mundiales produjo significativas modificaciones en el gran tablero geopolítico internacional. Cambios que favorecen los proyectos emancipatorios de Nuestra América porque el derrumbe del unipolarismo norteamericano y la constitución de una estructura multipolar de poder mundial abren nuevos e inéditos márgenes de maniobra para nuestros países. El evidente debilitamiento del poderío global de los Estados Unidos (del cual el cierre de su gobierno por dos semanas es apenas uno de sus muchos síntomas) junto con el agotamiento del proyecto europeo, sacrificado en el altar de la banca alemana, hace del mundo un espacio mucho más abierto e indeterminado cuyos resquicios y contradicciones ofrecen una magnífica oportunidad para que los pueblos de Nuestra América avancen resueltamente hacia la conquista de su segunda y definitiva independencia.

Por supuesto, en el 2013 pasaron muchas otras cosas: los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, alentados por el clamor que en Colombia exige poner fin al conflicto armado, las expectativas en torno de las elecciones presidenciales de mayo de 2014; la crisis domínicohaitiana por las nuevas normas denegatorias de la nacionalidad a los hijos de haitianos nacidos en la República Dominicana; la fraudulenta elección en Honduras, donde “la embajada” asumió la responsabilidad de un tribunal electoral y sentenció quién ganó y quién perdió; las elecciones del pasado 27 de octubre en Argentina, sembrando de dudas la continuidad del proceso abierto en el 2003; el triunfo de Michelle Bachelet, regresando a un Chile desquiciado por el holocausto social del neoliberalismo; la persistencia y profundización de la crisis en México a 20 años del “grito” zapatista; la vigorosa e inesperada irrupción de grandes manifestaciones de masas en Brasil, a poco más de un año de las presidenciales del 2014, conmoviendo la estolidez de un orden social injusto y políticamente oligárquico; la aplastante victoria de la Alianza País en las elecciones legislativas del Ecuador, que le concedieron a Rafael Correa una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional; la lenta pero irreversible implementación de los nuevos “lineamientos” en la economía cubana; la consolidación del liderazgo de Evo Morales en Bolivia, de cara a las elecciones del próximo octubre; la integración plena de Venezuela al Mercosur, con el voto del Senado paraguayo; la valerosa resistencia de los pueblos ante los estragos de la gran minería a cielo abierto, el fracking y el auge del agronegocio monoproductor (soja, caña de azúcar, palma africana, etcétera) son noticias que también marcaron la agenda del año que finaliza.

A lo anterior hay que agregar la agresión imperialista y la guerra civil en Siria, donde Al Qaida, con la bendición y el apoyo de la Casa Blanca (¿no había sido Al Qaida la que perpetró el atentado del 11-S?) lucha codo a codo con los mercenarios sauditas, yemenitas e israelíes que procuran derrocar a Al Assad; golpe militar pronorteamericano en Egipto, en contra del gobierno de Mohamed Morsi y la Hermandad Musulmana, no suficientemente pronorteamericanos según Washington; intervención armada de tropas francesas en Mali para contener a los insurgentes aliados de Al Qaida (¡mientras París apoya a esta organización en Siria!) y, finalmente, la muerte de Nelson Mandela, comunista de toda la vida que liquidó el apartheid sudafricano y fue acusado de “terrorista” por Estados Unidos hasta julio de 2008.

Y hoy, ya en el 2014, celebremos con inmensa alegría el 55º aniversario del triunfo de la Revolución Cubana –un acontecimiento “histórico-universal”, como seguramente lo hubiera caracterizado el viejo Hegel– destinado a inaugurar una nueva era en la lucha de los pueblos de América latina y el Caribe, Africa y Asia por su definitiva emancipación.

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Tomado de Página/12

2013, lo que de hecho cambió en el mundo

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Por Emir Sader, en La Jornada

Como siempre, se acumulan una cantidad de hechos –entre elecciones, muertes, conflictos– que cada año se destacan periodísticamente, pero que dificultan la comprensión de los cambios en las relaciones de poder, las que efectivamente cuentan en la evolución de la situación internacional.

En la compleja trama de acontecimientos, lo más importante fue el cambio de clima en el escenario internacional. Desde que triunfó en la guerra fría, Estados Unidos ha adoptado la postura, frente a los conflictos internacionales, de imponer la militarización. Transferir el enfrentamiento al campo militar, donde su superioridad es manifiesta, ha sido la característica principal de la acción imperial. Así ocurrió en Afganistán, en Irak y en Libia por medio de fuerzas intermedias. Y todo llevaba a una repetición de este tipo de acciones en Siria e Irán.

Pero, de repente, tomando la palabra al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, el gobierno ruso propuso un acuerdo para Siria que desconcertó al gobierno de Obama, el que finalmente no tuvo más que aceptar. Esto fue posible porque el gobierno de Estados Unidos no logró crear las condiciones políticas para una nueva ofensiva militar.

Primero, el Parlamento británico negó, por primera vez, el apoyo a Washington para un ataque a Siria. Después fue evidenciándose que ni la opinión pública, ni el Congreso, ni tampoco los militares de Estados Unidos estaban a favor de la ofensiva anunciada o de un tipo de ataque propuesto por el gobierno de Barack Obama.

El resultado es que Estados Unidos fue conducido a aceptar la propuesta rusa, lo que abrió las puertas a otras posibilidades, entre ellas, coincidiendo con las elecciones en Irán, hacia negociaciones políticas, confirmando el vínculo estrecho entre el conflicto sirio y el iraní.

Otro de los desenlaces ha sido que Israel, Arabia Saudita y Kuwait han quedado aislados en sus posiciones favorables a acciones militares directas contra Siria e Irán. Se fue instalando un clima de negociaciones pacíficas de los conflictos, convocándose una nueva conferencia de paz para la segunda quincena de enero, en Ginebra, para discutir un acuerdo de paz sobre Siria. Una conferencia que no plantea como condición la salida de Bashar Assad del gobierno, como se intentaba hacer anteriormente.

La oposición moderada en Siria tuvo que aceptar su participación, incluso en estas condiciones. Y aún más, tuvo la sorpresa de que Estados Unidos y Gran Bretaña suspendían su apoyo militar, dada la hegemonía en el frente opositor de los grupos fundamentalistas, apoyados por Arabia Saudita y Kuwait.

Como dos puntos determinan un plan, las pláticas sobre Siria abrieran espacio para una negociación, por primera vez desde 1979, entre Estados Unidos e Irán. Se ha dibujado así, en pocas semanas, un escenario totalmente diverso de aquel que había imperado a lo largo de los años anteriores.

Estados Unidos pasó de la ofensiva a la defensiva, en tanto Rusia pasó de actor marginal a central en las negociaciones de paz, al punto de que la revista Forbes, por primera vez, ha elegido a Vladimir Putin como el hombre más influyente del mundo, por encima de Barack Obama. Eso se debe no al poderío militar o económico de Rusia, sino a su capacidad de iniciativa política.

Así, junto a la capacidad de países del sur de resistir a la recesión en el centro del capitalismo, por sus intercambios mutuos y por la expansión de sus mercados internos hacia el consumo popular, expresando un tipo de multilateralismo económico en el mundo, la mayor novedad política internacional de 2013 ha sido un embrionario multilateralismo político que proyecta hacia 2014 las negociaciones políticas sobre Siria e Irán como los temas más importantes en la consolidación de ese nuevo clima en las relaciones internacionales.

 

El ¡Ya basta! en América Latina

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Por Raúl Zibechi, de La Jornada

En los 20 años que transcurrieron desde el alzamiento zapatista del primero de enero de 1994, los movimientos latinoamericanos protagonizaron uno de los ciclos de luchas más intensos y extensos en mucho tiempo. Desde el Caracazo de 1989 se sucedieron levantamientos, insurrecciones y movilizaciones que abarcaron toda la región, deslegitimaron el modelo neoliberal e instalaron a los de abajo, organizados en movimientos, como actores centrales de los cambios.

El zapatismo formó parte de esta oleada de los 90 y se convirtió muy pronto en uno de los referentes ineludibles, aun para quienes no comparten sus propuestas y formas de acción. Es casi imposible enumerar todo lo realizado por los movimientos en estas dos décadas. Apenas podemos repasar un puñado de hechos significativos: el ciclo piquetero en Argentina (1997-2002), los levantamientos indígenas y populares en Ecuador, las movilizaciones peruanas que forzaron la renuncia de Fujimori, y el Marzo Paraguayo, en 1999, que llevó al exilio al militar golpista Lino Oviedo.

En la década siguiente tuvimos la formidable respuesta del pueblo venezolano al golpe derechista de 2002, las tres guerras bolivianas entre 2000 y 2005 (una del agua y dos del gas) que borraron del mapa político a la derecha neoliberal, la impresionante lucha de los indios amazónicos en Bagua (Perú) en 2009, la resistencia de las comunidades de Guatemala a la minería, la comuna de Oaxaca en 2006 y la movilización del campesinado paraguayo en 2002 contra las privatizaciones.

En los tres pasados años se hizo sentir una nueva camada de movimientos que insinúan un nuevo ciclo de protestas, como la movilización de los estudiantes secundarios chilenos, la resistencia comunitaria al emprendimiento minero Conga en el norte del Perú, la creciente resistencia a la minería, a las fumigaciones y a Monsanto en Argentina, la defensa del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) en Bolivia y la resistencia a la represa de Belo Monte en Brasil.

Sólo en 2013 tuvimos el paro agrario colombiano que fue capaz de unir a todos los sectores rurales (campesinos, indígenas y cortadores de caña) contra el TLC con Estados Unidos y a una parte de los movimientos urbanos, y también las movilizaciones de junio en Brasil contra el feroz extractivismo urbano de la mano de obra para el Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro.

Este conjunto de acciones a lo largo de dos décadas permite asegurar que los movimientos de los abajos están vivos en toda la región. Muchos de ellos son portadores de una nueva cultura política y de organización que se manifiesta de modos muy diversos en las diversas organizaciones, pero conforman modos de hacer diferentes de los que conocimos en las décadas de los 60 y 70.

Una parte de los movimientos, desde los estudiantes secundarios chilenos hasta las comunidades zapatistas, pasando por los Guardianes de las Lagunas de Conga, el Movimiento de Pobladores y Pobladoras de Venezuela y el Movimiento Passe Livre de Brasil (MPL), entre los más destacados, muestran algunas características comunes que sería interesante destacar.

La primera es la masiva y destacada participación de jóvenes y mujeres. Esta presencia revitaliza las luchas anticapitalistas, porque están participando directamente las personas más afectadas por el capitalismo, las que no tienen un lugar en el mundo aún hegemónico. Es la presencia mayoritaria de quienes no tienen nada que perder porque son, básicamente, mujeres y jóvenes de abajo que le dan a los movimientos un carácter de intransigente radicalidad.

En segundo lugar, viene ganando terreno una cultura política que los zapatistas han sintetizado en la expresión mandar obedeciendo, que se expresa de forma aún difusa. Los que cuidan las lagunas en Perú, herederos de las rondas campesinas, obedecen a las comunidades. Los jóvenes del MPL toman decisiones por consenso para que no se consoliden mayorías, y rechazan explícitamente los carros de sonido impuestos en el periodo anterior por las burocracias sindicales para controlar las marchas.

La tercera cuestión en común se relaciona con la autonomía y la horizontalidad, vocablos que 20 años atrás apenas empezaban a utilizarse y se incorporaron de lleno a la cultura política de quienes siguen luchando. Se reclaman autónomos del Estado y los partidos, en tanto la horizontalidad es la dirección colectiva y no individual del movimiento. Los miembros de la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) de Chile funcionan de modo horizontal, con una dirección colectiva y asamblearia.

La cuarta característica que veo en común es el predominio de los flujos por sobre las estructuras. La organización se adapta y se subordina al movimiento, no se congela en una estructura capaz de condicionar al colectivo, con intereses propios separados del movimiento. Los colectivos que pelean son algo así como comunidades en resistencia, en las que todos y todas corren riesgos parejos y donde la división del trabajo se adapta a los objetivos que traza el conjunto en cada momento.

En esta nueva camada de organizaciones no es fácil distinguir quiénes son los dirigentes, no porque no existan referentes y portavoces, sino porque la diferencia entre dirigentes y dirigidos se viene atenuando a medida que crece el protagonismo de los abajos. Este es quizá uno de los aspectos más importantes de la nueva cultura política en expansión en las dos pasadas décadas.

Por último, quisiera decir que el zapatismo es referente político y ético, pero no como dirección de estos movimientos, que no pretende ni podría serlo. Puede ser inspiración, referencia, ejemplo si se prefiere. Siento que hay múltiples diálogos entre todas estas experiencias, no al estilo de encuentros formales y estructurados, sino intercambios directos entre militantes, capilares, no controlados, sino el tipo de trueques de saberes y experiencias que necesitamos para potenciar el combate al sistema.

 

2013, un año difícil para los gobiernos progresistas de América Latina

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Por Ariel Goldstein, especial para El Telégrafo

El autor es profesor de Ciencias Políticas en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín. Bolsista del CONICET en el Instituto de Estudios de América Latina y Caribe, de la Universidad de Buenos Aires

En América Latina ciertos procesos políticos de izquierda se han debilitado por falta de liderazgo, como sucede en Venezuela tras la muerte de Hugo Chávez, o Argentina, donde la presidenta enfrenta un plan desestabilizador de la oposición.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff (centro), vio estallar en junio pasado manifestaciones importantes en las principales ciudades del país, lo que demostró el descontento popular.

Termina un año que ha resultado de importantes dificultades para los gobiernos progresistas de nuestra región. A pesar de contar sobre el final con el triunfo de Michelle Bachelet en Chile, resulta esta una de las pocas noticias positivas para la izquierda regional.

El caso más emblemático con respecto a la debilidad que muestran ciertos procesos políticos resulta el venezolano. La polarización que experimenta aquel país, la política de trincheras entre chavistas/antichavistas, acentuada a partir de la victoria ajustada en las elecciones del 14 de abril y la asunción presidencial de Nicolás Maduro, se suma a una crisis económica con efectos inflacionarios, de modo que habrá que seguir observando este proceso político con atención para evaluar sus posibilidades de continuidad.

En Ecuador, a principios de año se produjo un holgado triunfo de Rafael Correa en elecciones presidenciales, un liderazgo que combina el manejo de cualidades tecnocráticas con las virtudes del líder carismático, dos condiciones que resulta difícil encontrar juntas. La dirección del proceso político ecuatoriano se encuentra firme entonces.

Brasil vio estallar en junio de este año manifestaciones importantes en las principales ciudades, que demostraron hasta qué punto las transformaciones producidas por una década de gobiernos del PT, con políticas sociales de redistribución como el Bolsa Familia, demostraban límites considerables, y cuestiones pendientes en materia de salud, transporte, así como la ausencia del Estado en el espacio público. El Gobierno de Rousseff se prepara para enfrentar la campaña presidencial de 2014, para la cual la primera mandataria aparece bien posicionada en las encuestas.

Argentina, por último, termina su año en medio de saqueos producidos a partir de acuartelamientos policiales, donde el crecimiento de cierta redistribución de la última década, sumado al estancamiento de la actual coyuntura, genera un caldo de cultivo, o como dice el sociólogo Javier Auyero, “contextos de oportunidad” para la proliferación de estos fenómenos. El Gobierno argentino, que finaliza en 2015, debe encontrar una sucesión al interior de su proyecto político, pero se encuentra un poco debilitado luego de las elecciones intermedias de este año, donde los resultados en los principales distritos del país no le fueron favorables, si bien continúa siendo la primera fuerza a nivel nacional y sosteniendo mayoría en el Congreso. A partir del análisis de lo sucedido este año, aparecen 2 elementos que deberán ser considerados:

El problema de los liderazgos, extensamente tratado, especialmente con respecto a los movimientos nacional-populares de América Latina, la sucesión para estos procesos políticos resulta un tema difícil que se ha expresado últimamente: tanto Cristina Kirchner, que no podrá contar con la reelección en 2015, como Lula en Brasil, quien debió traspasar su mandato a Dilma Rousseff; como Chávez, que ante su muerte eligió como sucesor a Nicolás Maduro, han enfrentado este problema. A lo que se podría agregar lo que sucedió con la Concertación chilena en 2010, donde Michelle Bachelet se retiró con el 80% de aprobación y el sucesor designado por su coalición, Eduardo Frei, fue derrotado por Sebastián Piñera.

Estos casos demuestran que si bien los liderazgos no son insustituibles, son una parte central de estos procesos políticos, como elementos de identificación de la ciudadanía y movilización de creencias que garantizan la continuidad de estos procesos.

Sin embargo, el límite a la reelección que colocan las democracias latinoamericanas obligará a las izquierdas regionales a buscar nuevos candidatos para suceder a los actuales mandatarios. Este es un aspecto difícil porque exige que estos candidatos sucesorios posean 2 condiciones que no siempre se presentan juntas: que logren identificación en los votantes y que puedan o estén dispuestos a representar una continuidad de los proyectos políticos de sus antecesores.

La reformulación de las oposiciones: Las oposiciones en varios países han logrado, tras el aprendizaje sufrido en más de una década de importantes derrotas electorales, construir ciertos candidatos que representan sus aspiraciones, produciendo identificación en los votantes así como expresando cierta proyección futura. Principalmente esto se produjo en Venezuela, donde el candidato de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles, produjo el paso de la oposición del 36,9% a 62,8% entre Manuel Rosales y Chávez en 2006, al 44,3% a 55,07% en octubre de 2012, hasta llegar al casi 50% de abril.

En Argentina, la emergencia del intendente de Tigre, Sergio Massa, que fue Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, también es expresión de un avance en las posibilidades opositoras de cara a las elecciones de 2015. Estos 2 candidatos, que son aquellos de mayor proyección frente a los gobiernos progresistas, combinan la promesa de continuidad de ciertas políticas que cuentan con importante aprobación, principalmente políticas sociales, y una oposición especialmente al ‘conflicto’ que estos gobiernos sostendrían en su disputa contra los factores de poder. Las oposiciones políticas y corporativas a los gobiernos del nuevo ciclo político inicialmente colocaron en un lugar central de la disputa hegemónica, su capacidad de influencia a nivel corporativo y mediático de forma predominante.

Posteriormente fueron aproximándose a la construcción de candidatos en sociedades altamente mediatizadas, capaces de generar identificación en los electorados, disputando el sentido de las políticas sociales y los avances del nuevo ciclo político. Apropiándose de las políticas realizadas en esta década por los gobiernos de signo progresista de la región, las incorporan en sus plataformas electorales aumentando su proyección.

En definitiva, luego de una década de gobiernos progresistas en el poder, hemos visto emerger este año nuevas dificultades que deberán ser analizadas con detenimiento por los elencos gubernamentales si éstos pretenden asegurar la continuidad de sus proyectos políticos.

 

JOHN KERRY EL GRAN MAQUILLISTA DEL “IMPERIO BENÉVOLO”

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Por Basem Tajeldine

Las palabras del Secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, ante la OEA cuando dijo que “La era de la Doctrina Monroe ha terminado” quedarán registradas para la historia como la mayor mentira cometida de todas las administraciones estadounidenses. El actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama, merece otro premio Nobel o Guinness por la farsa. Hoy, los estrategas del Pentágono pretenden hacer creer a los gobiernos y pueblos del mundo, que el imperio estadounidense ha cambiado y se ha vuelto “benévolo” y “respetuoso” de las soberanías de los pueblos del mundo, y particularmente de la región que históricamente pretendió dominar.

¿A quienes pretenden engañar EE.UU. cuando miente públicamente sobre sus intenciones de “renovada” diplomacia para América Latina? Un animal carroñero no puede cambiar su dieta compuesta de carne putrefacta porque moriría; esa es su naturaleza. Así como es la del imperialismo de mentir, robar y destruir para dominar.
Meses atrás, el mismo Kerry en un discurso ante el Congreso de EE.UU. se había referido a América Latina como “nuestro patio trasero”. Hoy intenta recoger y maquillar bien sus palabras durante su más reciente discurso ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Washington cuando dijo “La era de la Doctrina Monroe ha terminado”, y agregó más adelante “La relación que buscamos, y para cuyo impulso que hemos trabajado duro, no se trata de una declaración de Estados Unidos acerca de cómo y cuándo va a intervenir en los asuntos de otros estados americanos. Se trata de que los países se perciban unos a otros como iguales, de compartir responsabilidades, de cooperar en cuestiones de seguridad y de adherirse no a la Doctrina, sino a las decisiones que tomamos como socios para promover los valores y los intereses que compartimos”.
Quienes conocen bien al imperialismo estadounidense están vacunados contra sus mentiras y la demagogia común de todos los inquilinos que han pasado por la Casa Blanca.
La administración Obama sólo se ha diferenciado de las anteriores, por su empeño en rescatar la falsa “diplomacia imperial” que antes había sido rota y tirada a la basura por la arrogancia de los halcones imperiales y en especial por la administración de George W. Bush.
Hoy los halcones imperiales han comprendido que EE.UU. no puede seguir actuando, por sí solo, como gendarme del sistema-mundo. La crisis financiera-económica-social-política que presenta EE.UU. ha puesto límites a la prepotencia supremacista que desde siempre ha inspirado a los ideólogos imperiales. Por otro lado, los gobiernos de la Unión Europea, Rusia y China no estaban ya dispuestos a seguir soportando la prepotencia de Bush. Así que los estrategas imperiales buscaron un nuevo rostro que simulara un cambio, y lo lograron momentáneamente con la figura de Barack Hussein Obama: un hombre negro, con capacidad de organizar un “buen” discurso diplomático y demagógico para contentar a los aliados europeos. Obama logró negociar con Europa la repartición del botón libio, fundamentalmente con Francia, y alcanzó a comprometer a Europa en los gastos militares de las nuevas campañas bélicas emprendidas en África y a mantener las fuerzas aliadas dentro del insoportable pantano que se ha vuelto la invasión Afganistán.
En el fondo, la nueva diplomacia maquillada por Kerry en la OEA manifiesta la aceptación, a disgusto, de la realidad que sumerge a EE.UU. El discurso, además de reconocer la crisis estructural del capitalismo en EE.UU., también es de resignación ante la realidad mundial que distingue los nuevos bloques políticos y económicos mundiales que imponen límites y exigen respeto. Los países que conforman al Consejo de Cooperación de Shanghái, Eurasia, los BRICS y el MERCOSUR son la real pesadilla para EE.UU.
La nefasta Doctrina Monroe, que fue elaborada por John Quincy Adams, y más tarde atribuida a James Monroe en 1823, promovía los viejos sueños coloniales de los estrategas imperiales de dominio completo del nuevo continente bajo el lema “América para los americanos (del norte)”. Era un intento de anexionarse, paulatinamente, todos los territorios que habían obtenido su independencia de los antiguos imperios europeos (fundamentalmente de España y Portugal), además, esta vieja doctrina se enarbolaba con el propósito de distanciar, aún más, a Europa de sus pretensiones sobre América Latina.
Pero esta doctrina nunca alcanzó sus objetivos planteados en aquellos primeros años. En el siglo XX, la revolución cubana marcó su declive. Si bien, la mayoría de los países de América Latina pasaron a ser neo-colonias de EE.UU. (países mono productores y muy dependientes económicamente de los capitales del norte), los Estados Nacionales creados luego de los procesos independentistas se mantuvieron intactos, con cierto grado de soberanías, lo que permitió a muchos de estos países maniobrar en la cuerda floja sobre el barranco de la entrega completa. La era del neoliberalismo apenas alcanzó a dar algunos pasos en sus propósitos, pero su proyecto del Área de Libre Comercio para Las Américas (ALCA) fue enterrado por la nueva oleada de mandatarios revolucionarios y progresistas en 2005, Mar de Plata, Argentina.
China como la gran amenaza
El discurso de Kerry puede interpretarse, también, como un discurso de desesperación. Estados Unidos ve cada día perder su “patio trasero” frente a su mayor rival económico: China.
Interesantes estudios hechos por la CEPAL y por numerosos expertos indican que gradualmente América Latina pierde interés en EE.UU. y se acerca a China.
Un interesante análisis realizado por el comentarista político Vladislav Gulévich y publicado por el sitio fondsk.ru revela lo que realmente preocupa a los estrategas imperiales. Dice Gulévich:
“En general, la cooperación económica con los países latinoamericanos fortalece la seguridad alimenticia y energética de China, ofrece grandes mercados para los productos chinos, y en el futuro puede reconfigurar el espacio geopolítico en el “patio trasero” de EE.UU. a su favor”. Más adelante agrega: “En Washington, al parecer, bajo estas condiciones, sin correr el riesgo de contrarrestar duramente la penetración de China en América Latina, están tratando de hacer todo lo posible para limitar el impacto de China y para restringirlo solo a la esfera de la economía, sin permitir que se extienda a la esfera política. Sin embargo, es poco probable que a largo plazo China se limite estrictamente a las relaciones comerciales con América Latina”, explica el experto, citando como ejemplo un acuerdo de concesión de préstamos entre Bolivia y China de 2011 en virtud del cual, además de 300 millones de dólares, el gigante asiático suministra varios vehículos para el Ejército boliviano y cooperación técnico-militar. Según Gulévich, Pekín va a continuar con esta política”.
Los estrategas imperiales observan impávidos, pero furiosos, a su “patio trasero” escapar de sus manos sin poder hacer mucho para evitarlo. América Latina busca en el gigante asiático lo que EE.UU. y Europa nunca han ofrecido, ni podrán ofrecer. China invierte en capital productivo, sede tecnología y no interviene en los asuntos internos de los países donde circulan sus capitales. Esto demanda a EE.UU. en bajar un poco el tono a su desafiante discurso. Los voceros estadounidenses se han topado con los límites que hoy le impone la realidad de la región, pero no se quedarán de brazos cruzados.
Así lo hizo entender John Kerry en su discurso ante la OEA. Kerry no dejó pasar la oportunidad para mostrar el puñal de la amenaza. Pese a insistir en el “fin” de la política intervencionista en América Latina, el vocero imperial dejó claro que ello no implica dejar de seguir manifestando “inquietudes” en casos de desviaciones de las vías democráticas. Dijo: “reciente debilitamiento de las instituciones democráticas” en Venezuela o la necesidad de reformas políticas “más amplias” en la todavía “autoritaria” Cuba”.
Una semana más tarde volvió, esta vez, la vocera del Departamento de Estado estadounidense, Jen Psaki, a retomar las riendas del discurso agresivo contra Venezuela cuando dijo, en referencia a la Ley Habilitante aprobada en Venezuela, que “el Gobierno estadounidense ve importante, para las instituciones democráticas servir a sus roles designados y apropiados. Y creemos que la separación de poderes es elemento esencial de la democracia”. ¿No es, acaso, un doble discurso?
América Latina está escapando de las manos de EE.UU. Esta realidad comienza a ser digerida, a duras penas, por los voceros imperiales. El ex consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. Zbigniew Brzezinski culpa al “activismo populista” que amenaza con desviar la transición hacia un nuevo orden mundial, dice: “el aumento en el activismo populista en todo el mundo está demostrando ser perjudicial para la dominación externa como la que prevalecía en la época del colonialismo y el imperialismo”.
Muchos creyeron que el siglo XXI también sería de la hegemonía de EE.UU. como lo fue el siglo pasado. Nada será igual que antes. El estratega Brzezinski admite que esta es ya una “ilusión”, la dominación estadounidense ya no es posible debido a un acelerado cambio social provocado por las comunicaciones de masas como la radio, la televisión e Internet, que han estimulado “un despertar universal de la conciencia política masiva”, pero Brzezinski olvidó admitir que la crisis estructural del capitalismo ha creado en todo el mundo condiciones objetivas y subjetivas que, más temprano que tarde, terminarán por provocar una revolución a escala mundial.
Basem Tajeldine es Analista Político Internacional e Investigador del Centro de Saberes Africanos.. Conductor del Programa Radial “Voces Contra El Imperio”, por la Radio del Sur, y Radio Nacional de Venezuela.

Tomado de Rebelión

América Latina en época de cambios

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Por Alí Rodríguez, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

El abogado y economista venezolano Alí Rodríguez Araque se prepara para dejar su cargo de secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). En realidad, su periodo que se inició en junio del año pasado ya terminó, pero se ha prolongado porque aún no surge acuerdo para elegir a su sucesor(a). Son doce los países que componen Unasur: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. La organización surgió hace dos años, al calor del impulso de integración y unidad reactivada en América Latina y el Caribe por la revolución bolivariana y la diplomacia del presidente venezolano Hugo Chávez.
Alí Rodríguez ocupó diversos cargos ministeriales en el gobierno del Comandante Chávez, entre ellos la Cancillería y la estratégica presidencia de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Fue también secretario general de la OPEP y embajador en Cuba. Como dirigente de la Izquierda venezolana, Alí Rodríguez apoyó el intento de golpe de Estado que Chávez encabezó el 4 de febrero de 1992 y luego, la campaña electoral que en 1998 llevó a Chávez al Palacio de Miraflores.
La trayectoria política de Alí Rodríguez (76), sin embargo, es muy anterior. Se inicia en Mérida, su Estado natal. Participó en la guerrilla que el Partido Comunista y el MIR, y otras agrupaciones escindidas de las anteriores, libraron en las décadas de los 60 y 70. En su retorno a la legalidad, como dirigente de las organizaciones Causa R y Patria para Todos (PPT), fue elegido diputado y se especializó en la economía petrolera, convirtiéndose en una autoridad en la materia. Esto llevó al presidente Chávez a nombrarlo su primer ministro de Energía y Petróleo.
Autor de un importante libro de memorias (Antes de que se me olvide, PF 777, marzo 2003), en cuanto entregue el mando de Unasur Alí Rodríguez se instalará una temporada en La Habana. Junto con atender su salud escribirá sobre el camino de la revolución bolivariana que inició Chávez y que hoy enfrenta dificultades estimuladas desde EE.UU.
El siguiente fue el ciber-diálogo de PF con el secretario general de Unasur.
¿Cómo se puede definir -desde la perspectiva de un revolucionario- el periodo histórico que viven América Latina y el Caribe? ¿Han variado las condiciones para avanzar en el proceso de integración de nuestros países y de cambios profundos de las estructuras económico-sociales?
“El periodo histórico que vivimos en América Latina, con sus particularidades, forma parte de los cambios que se están operando en el mundo como consecuencia de las contradicciones intrínsecas del sistema todavía imperante en el mundo, que puede caracterizarse como un viraje estratégico en lo económico, en lo político y, como consecuencia, en lo conceptual. Nuestra particularidad radica en haber logrado escapar, hasta ahora, a lo más intenso de las crisis recurrentes que castigan a ese sistema capitalista, en un proceso de integración que abre la posibilidad de materializar el ya secular sueño de unir las partes de esta gran región”.
¿Cuál fue el rol que en este proceso que vive América Latina jugó el presidente Hugo Chávez? ¿Qué papel están llamados a jugar instrumentos como el Alba, Celac y Unasur, que surgieron de su liderazgo?
“Fue un rol fundamental, como lo ha expresado Unasur en su VII Cumbre celebrada en Paramaribo, Surinam. Alba, Unasur y Celac, son partes de la tendencia general de nuestros pueblos hacia la unión. Juntos podemos tener peso específico en el escenario mundial, y mejorar las condiciones internas de nuestros pueblos. Separados, somos débiles”.
¿La ausencia del Comandante Chávez pone en peligro la continuidad y reforzamiento de esos instrumentos de unidad?
“Su ausencia, inevitablemente, ha afectado este proceso. Los peligros a los que usted seguramente se refiere, han existido desde el mismo momento en que se inician procesos que no son vistos con buenos ojos por quienes aspiran a mantener el tipo de control que mantuvieron sobre la región. La integración avanza dentro de un proceso a veces contradictorio de ‘unidad en la diversidad’, como lo ha definido la propia Unasur”.

MILITARES REVOLUCIONARIOS
¿Chávez fue un fenómeno excepcional, en tanto militar revolucionario, o se puede esperar que surjan otros Chávez en las fuerzas armadas latinoamericanas?

“No conozco bien la situación de las fuerzas militares en cada uno de nuestros países. Por eso no puedo responder con certeza esta pregunta. Chávez fue producto de un proceso histórico venezolano, y del carácter popular que ha tenido siempre la mayoría de los oficiales de la fuerza armada en Venezuela. Pero, puede observarse que en otros países han surgido liderazgos como el de Velasco Alvarado y Torrijos del seno de la fuerza armada, aunque sin la proyección regional y mundial de Comandante Hugo Chávez”.
¿Sobre qué recursos y bases materiales se puede materializar la independencia de América Latina y el Caribe? ¿Somos capaces de explotar con autonomía nuestras riquezas en beneficio principal de nuestros pueblos?
“La base material más sobresaliente de nuestra región es la inmensidad de recursos naturales que aloja. Pero se requiere definir una estrategia común para la superación del llamado ‘extractivismo’ que tanto daño ambiental, económico y político ha dejado en la región. Se trata de una estrategia que, basada en un correcto aprovechamiento de esa gran riqueza, dé impulso a un proceso de industrialización con el indispensable desarrollo tecnológico que requiere, igualmente, un esfuerzo común, para superar la enorme brecha que en este orden tenemos frente a las economía más poderosas del mundo. Algo parecido se plantea en el orden financiero, para lo cual debemos dejar de ser exportadores de capital, como viene ocurriendo, según los datos de la Cepal. Unidos seremos capaces de cualquier cosa. Divididos, el avance es muy lento o no hay avance real”.

ECONOMIAS EXTRACTIVAS
Se hacen duras críticas a la “economía extractivista” que predomina en el continente. ¿Cuál es su opinión?
“Coincido con buena parte de esa crítica en cuanto al daño ambiental que han provocado muchas de las explotaciones realizadas por quienes ven en el recurso natural un medio para obtener ganancias o super ganancias. Pero extremar esta posición es caer en un conservadurismo que nos deja con los brazos cruzados. No podemos ignorar que la vida del ser humano descansa en al aprovechamiento de los recursos naturales. De no ser así, ¿de qué vivimos?. De lo que se trata es de una política que vea como algo inseparable la extracción, transformación y tecnología, a fin de que la explotación del recurso sea racional y en beneficio de nuestros pueblos, con esquemas de distribución apropiados”.
¿Cuál es el balance del trabajo que ha cumplido hasta ahora Unasur? ¿Cuáles son las metas en el mediano plazo?
“Unasur sigue avanzando en su proceso institucional. Además del fortalecimiento de la Secretaría General, están funcionando doce Consejos Sectoriales. Estamos progresando en el diseño de una política general y también sectorial. Las metas en el mediano plazo consisten en consolidar este proceso, que aún debe alcanzar el nivel que requiere la aprobación y ejecución de un plan común que permita aprovechar todo el potencial físico y humano que caracteriza a esta región, como paso previo a una verdadera unión”.
¿La Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) se convierte en rival de Unasur y replantea postulados del Alca que se creían derrotados?
“ No creo que esa alianza se convierta en un rival para Unasur. Si alguien lo entendiera así, estaría ‘levantando una roca para dejarla caer en sus propios pies’, como reza la expresión china. Los postulados del Alca fueron derrotados, pero no vencidos. Aunque muy debilitados por la experiencia vivida, seguirán vivos en tanto los intereses que los sustentan mantengan la fuerza que aún representan. En todo caso, son los pueblos quienes finalmente deciden su propio destino de acuerdo con el desarrollo de su conciencia y el grado de organización que alcancen”.

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI
Se ha publicado que al terminar su periodo como secretario general de Unasur, dedicará tiempo a escribir, entre otros un libro sobre el Partido Socialista Unido de Venezuela. ¿Cuál es su apreciación general sobre el PSUV? ¿Es un instrumento electoral o un conductor de la revolución? ¿Qué metas debería alcanzar para convertirse en garante de la revolución bolivariana? ¿Su inspiración deben ser los antiguos partidos comunistas o los movimientos sociales?
“El PSUV surgió y creció en la contienda electoral en las condiciones específicas de Venezuela. Eso le imprimió las características predominantes en una organización de masas con más de siete millones de inscritos. Pero la propia experiencia de la confrontación por el poder, cada vez más aguda, que amenaza con la violencia, ha despertado progresivamente la conciencia de que es necesario no solo saber ganar el poder, sino saber mantenerlo y consolidarlo en íntima conexión con el pueblo. Así que debe ser organización para el combate en cualquier escenario que se plantee la lucha social y política en Venezuela.
La ‘inspiración’ han sido fundamentalmente, Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. Ahora se agrega todo lo que de novedoso, en el pensamiento y en la acción, representa Hugo Chávez”.
Por último -y dentro de esa misma reflexión, entendiendo que se trata de un debate muy inicial-, ¿qué ideas fundamentales se plantean en la discusión sobre lo que debería ser el socialismo del siglo XXI? Sobre todo, ¿cuáles serían sus diferencias respecto al socialismo que ya conoció la Humanidad?
“El socialismo conocido deja importantísimas lecciones que son de obligatorio estudio, desde la Comuna de París hasta nuestros días. El deber ser implica una reflexión que abarca esas experiencias pero, fundamentalmente, el conocimiento de la realidad mundial y nacional para poder orientarse correctamente. Pero esto, mi querido amigo, exigiría más espacio y tiempo que no tenemos”

MANUEL CABIESES DONOSO

Paradojas de la desigualdad

Alí Rodríguez, secretario general de Unasur, señala que “a pesar del incremento del volumen de nuestras exportaciones, un examen más detallado revela que, mientras en el intercambio intrarregional las manufacturas superan a las materias primas, en el intercambio extrarregional el peso relativo de las materias primas supera ampliamente a las manufacturas. Estas, además, son de baja composición tecnológica. Al mismo tiempo, esta situación nos está indicando el potencial existente para una fuerte expansión del mercado interno suramericano, con todas las ventajas que esto representa y como factor dinamizador de integración y unidad”.
Lo que señala Rodríguez se basa en que las exportaciones de manufacturas de América del Sur dentro de Unasur representan un 75,2% del total de exportaciones y se acercan al 70% en el resto de América Latina y el Caribe. Estas, en cambio, no superan el 50% de las exportaciones al resto del mundo: EE.UU. (34%), Unión Europea (45,1%), China (40.6%), resto de Asia (37,5%).
“Al mismo tiempo que nuestras tierras alojan una riqueza de enormes proyecciones -añade Alí Rodríguez-, sobre ellas habitan todavía más de cien millones de seres humanos que padecen la humillación de la pobreza, la indigencia y el desempleo. Miles de nuestros niños siguen falleciendo aún por desnutrición. Nuestra región sigue exhibiendo el alarmante récor de representar el más alto grado de desigualdad en el mundo”.
En realidad, aunque los países de la Unasur han reducido la pobreza, más de 21 millones no tienen acceso a servicios de agua potable, y más de 89 millones a servicios de saneamiento, según estimaciones de la Cepal.

Publicado en “Punto Final”,

Las venas abiertas

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Por

Daniel Ares. Sur en América latina

Una práctica antigua en un delito moderno: la biopiratería, el robo de material genético y de conocimientos ancestrales para su explotación industrial, sin ningún beneficio para sus legítimos dueños. Atraídas por la riqueza de su biodiversidad, las grandes multinacionales del norte penetran las selvas del sur, seducen o engañan a sus nativos, y luego patentan sus plantas y sus secretos, sin repartir sus ganancias jamás.

Las venas de América latina siguen abiertas. La Conquista y su saqueo continúan y se refinan. Hoy, la invasión es amable, y el robo, silencioso, casi imperceptible. Ya no se cargan toneladas de oro y plata, ya no hacen falta grandes navíos ni largas caravanas. Ahora basta un bolsillo, en casos, apenas la memoria de un relato, unas cuantas anotaciones, y listo. La conquista continúa y el saqueo recompensa a sus corsarios. Es la biopiratería: el robo de recursos genéticos y conocimientos ancestrales, para su explotación industrial y comercial, sin por supuesto ningún beneficio para sus legítimos dueños, y/o inventores o descubridores.
Hoy el 90% de los recursos genéticos se extrae del sur; y el 90% de las patentes que los explotan está registrado en el norte. Así están las cosas.
Promediando las variadas estimaciones, nada más que los ocho países que comparten la cuenca amazónica sangran unos 10.000 millones de dólares anuales por los colmillos de los grandes laboratorios de la industria química, medicinal y cosmética. Tal vez más. Difícil precisarlo.
Se mezclan cálculos de lucro cesante, propiedad intelectual, daños al medio ambiente, evasión fiscal, y otras formas de la corrupción. Y en esos números no se cuenta el resto de Latinoamérica, ni Los Andes desde México a Ushuaia. El monto final del saqueo es seguramente escandaloso.
Las cosas llegaron tan lejos que en 2010, en Japón, 200 países suscribieron el Protocolo de Nagoya, comprometiéndose a combatir –un día– lo que sin saber cómo llamar, acabaron llamando biopiratería. El nuevo nombre de un hábito muy antiguo: la expoliación de los más débiles por los más poderosos. Ningún siglo XXI.

Sangre y semillas. El diccionario de la Real Academia Española todavía no lo registra, pero los que mejor lo rastrearon dicen que el término biopiratería lo acuñó el activista canadiense Pat Mooney en 1993, y que entonces lo recogió y lo difundió la filósofa y científica india Vandana Shiva, y que así se convirtió en el nuevo nombre de un viejo delito.
Hasta donde puede saberse parece que fueron los egipcios los primeros en volver de sus viajes cargando plantas exóticas y secretos ajenos. La Unión Europea no pagó todavía un solo centavo en royalties por la papa. Y así también logró su fama y su fortuna el explorador inglés Henry Alexander Wickham, corsario fundacional de la biopiratería y sus destrozos.
En 1873 Wickham se instaló con su familia en el Amazonas a explotar el caucho, y pocos años después, un día, silbando y sonriente, sin permiso de nadie, se llevaba de Brasil 70 mil semillas de Hevea brasiliensis, el codiciado látex amazónico, que luego propagó por todas las colonias asiáticas de Gran Bretaña y, así de rápido, Gran Bretaña se convirtió en el primer exportador mundial de caucho mientras aplastaba igual de rápido la extraordinaria prosperidad de Manaos, Belem, Iquitos, y otras grandes metrópolis que surgían sobre el Amazonas. En desastroso dominó quebraron empresas, bancos, el comercio colapsó por simpatía, se detuvo el proceso de explotación y, para 1920, más de 30 mil trabajadores habían sido abandonados a su suerte en lo profundo de las selvas. Y todo por un puñado de semillas.
Hoy, cien años después, algunas organizaciones ambientalistas estiman que sólo la explotación de biodiversidad sin la debida autorización de los gobiernos latinoamericanos, les rinde a las multinacionales del norte unos cuatro billones y medio de dólares anuales.
Desde las praderas y desiertos de México, hasta las cumbres de Los Andes, se concentra buena parte de la megadiversidad del mundo. Las formas de penetración ya no precisan de la espada ni el mosquete. Muy por el contrario, disfrazados de Indiana Jones, biólogos y botánicos y zoólogos a sueldo de los grandes laboratorios transnacionales penetran la selva y, en silencio, se llevan, por ejemplo, la industria del caucho. La conquista continúa.
Y, otra vez, El Dorado que persiguen sus adelantados es la floresta amazónica.
“Muchos laboratorios están convencidos de que si algún día se descubre el medicamento para la cura del sida, ocurrirá probablemente en la Amazonía”, dijo ya Vicky Shreiber, experta del Centro Internacional de Investigación y Desarrollo de Canadá, y actual colaboradora en la Universidad Federal de Pará.
Los cinco millones doscientos mil kilómetros cuadrados de la floresta amazónica contienen la mitad de las selvas del mundo, y el 10% de toda la flora terrestre. Mientras América del Norte cuenta apenas 650 especies de árboles, sólo la cuenca amazónica tiene 5.000. Eso es lo que se llama megadiversidad. El Dorado tangible, ninguna leyenda.
Por eso los especialistas de la Universidad de Pará y muchos otros saben, aunque no puedan probarlo, que científicos de todos los laboratorios del mundo ambulan ahora por las selvas amazónicas sonrientes entre los indios, cambiándoles semillas sagradas y secretos ancestrales por la baratija de su amistad.

Dale tu mano al indio. En 1986, Loren Miller, presidente de International Plant Medicine Corporation, en turística visita por el amazonas ecuatoriano, recibió como prueba de amistad algunas semillas sagradas de manos de un jefe de los indios Secoya.
Eran semillas de Banisteriopsis caapi, más conocida allí como ayahuasca, eterna savia de los rituales religiosos de esos y otros indios de la región. Sin embargo, Loren Miller creyó mejor patentarla a su nombre apenas regresó a los Estados Unidos. Los Secoya iniciaron una lucha a la que no tardaron en plegarse los indios norteamericanos alegando ante Washington que aquello equivalía a que los sioux pretendieran patentar la eucaristía. En 1999, los Secoya triunfaron y la patente fue revocada. Pero Miller apeló y le fue devuelta en 2001. La lucha sigue. Cosas de la amistad.
Otra bandera de paz muy usada en esta guerra es la protección ambiental, en nombre de la cual llegó hasta los Andes la Biotics Research Corporation, allá por los inicios de los años ’80, para salvar la maca, que se extinguía.
Conocida como “el viagra natural”, la maca crece a 4.000 metros de altura, donde era alimento y medicina de los incas desde mucho antes de nacer Pizarro. Pero hace unos treinta años la planta comenzó a extinguirse y, sin saber cómo salvarla, el gobierno peruano recurrió a la Biotics Research Co. Y la Biotics la salvó. No desinteresadamente, claro, a cambio la patentó, comenzó a explotarla comercialmente, y así los indios del lugar se quedaron sin sus derechos sobre la planta, pero sin la planta también.
La batalla por el cupuaçú está en pleno combate. Fruto de la familia del cacao, oriundo del Amazonas, y capaz del chocolate, ahora hasta su nombre aborigen le pertenece a la firma japonesa Asahi Foods. Los indios del amazonas lo usaban desde tiempos inmemoriales; sin embargo, según reza la patente, lo descubrió no hace mucho el japonés Nagasawa Makoto, casualmente dueño de Asahi Foods. Misterios del oriente.
Como es lógico, estas grandes industrias capaces de todo también inventan animales. O los descubren, tanto vale: lo importante es que se los quedan.
El sapo Phyllomedusa bicolor, la mayor especie de este anfibio en la Amazonía, segrega una sustancia que los indios del Valle de Juruá, entre Brasil y Perú, usan como alimento y medicina desde hace más de 3.000 años. Tan luego por ello, algunos científicos de paso por allí descubrieron que esos indios no sufrían el parkinson, el sida, la isquemia, ni varias formas del cáncer; y en largas y amables conversaciones con sus chamanes, supieron que la sustancia también tenía más propiedades, y así, a medida que las descubrían y se maravillaban, las patentaban. Hoy, todas esas licencias son propiedad de la Universidad de Kentucky.
Y los seres humanos tampoco están a salvo. Los riesgos y perjuicios de la biopiratería no son sólo económicos.
A partir de su explotación exhaustiva, muchos cultivos o animales comienzan a extinguirse o alcanzan un precio internacional que igualmente los extirpan de sus ámbitos nativos, desatando allí verdaderas catástrofes sociales.
La Piper methysticum es un cultivo ritual del Pacífico usado por distintas naciones aborígenes de su litoral. A comienzos de los años ’90 era desconocido, pero entonces fue descubierto por la industria fitomedicinal de varios países, y ya laboratorios de Estados Unidos, Francia, Alemania y Japón han solicitado patentes para su uso y procesamiento, entre ellas la firma francesa L’Oreal, con un producto para combatir la caída del cabello… La planta no se extinguió, pero su precio se volvió inaccesible para sus tradicionales usuarios, que entonces la reemplazaron, en la mayoría de los casos, por el alcohol. Las consecuencias pueden imaginarse.
Pero insaciables y feroces como piratas verdaderos, los biopiratas también quieren sangre.
El 14 de julio de 2012 el diario El Comercio de Quito informaba que “la Defensoría del Pueblo abrió una investigación sobre el supuesto uso ilegal de material genético de la nación Huaorani por parte del instituto estadounidense Coriell, la Escuela Médica Harvard, y la compañía petrolera Maxus”.
Según El Comercio, Pablo Morales, representante de la comunidad Huaorani, el 19 de junio de 2010, presentaba ante dicha Defensoría “una queja en la que acusa al instituto Coriell de poseer una base de muestras genéticas de esta nacionalidad indígena y de venderlas ilegalmente”. La Defensoría quiso más testimonios, y los encontró enseguida. Casi todos los miembros de la comunidad Huaorani contaron lo mismo: “Entre 1990 y 1991, un grupo de brigadistas norteamericanos, junto a un médico de la empresa Maxus, tomaron muestras de sangre de miembros de la comunidad sin especificar cuál sería su uso. La comunidad desconoce hasta hoy el destino de dichas muestras”, dice el diario. Una representante de la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía (Amwae) contó además que “a todos los de la comunidad nos sacaron sangre, niños, mujeres, jóvenes, y nos decían que era para estudios médicos, pero nunca más supimos nada”.
Aquellos heroicos brigadistas norteamericanos habían descubierto que los huaorani estaban exentos de la hepatitis, y bueno… querían saber, y les abrieron las venas.
La investigación descubrió –como podría haber hecho cualquier interesado en sangre ajena– que el Instituto Coriell poseía ilegalmente muestras de sangre de la nacionalidad huaorani desde diciembre de 1991; y que desde 1994 ya había distribuido –o sea, vendido– un total de siete cultivos celulares y 36 muestras a instituciones de ocho países. Según la Defensoría del Pueblo del Ecuador, el procedimiento violenta la Constitución Nacional, que establece expresamente “la prohibición del uso de material genético y la experimentación científica que atente contra los derechos humanos”.
Desde luego el gobierno ecuatoriano ya inició acciones contra el Intitulo Coriell, la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, y la petrolera Maxus… pero mientras tanto “las venas abiertas de América latina” sigue sin ser una metáfora.

La colonia contraataca. En el principio fue la bioprospección. Desde Charles Darwin y Edgar Rice Burroughs en adelante, siempre en nombre de la corona, cualquiera podía llevarse de los países invadidos una piedra, una semilla, un mono, un ser humano, y hacer con él lo que quisiera. El sol del imperio no se ponía nunca. El saqueo parecía la ley. Hasta que en 1995 llegó la ley de patentes. El saqueo continuó, por supuesto, pero entonces los saqueados pasaron a ser los saqueadores, y el robo un derecho ajeno.
Lo que hasta ayer era gratis, una mañana fue propiedad privada, aunque sus nuevos dueños no fueron de verdad sus dueños, sino más bien quienes habían saqueado a sus verdaderos dueños. Plantas, semillas, genes, secretos, soluciones, todo había sido extraído –sustraído– a sus legítimos descubridores o inventores, que ahora debían pagar por lo que siempre había sido de ellos… Era 1995, la Organización Mundial del Comercio había nacido.
Ese año las patentes representaron el 50% de las exportaciones de los Estados Unidos, y entonces nacía la OMC a partir de un acuerdo que en buena parte de su articulado sentaba los más sólidos –o rígidos– principios para un sistema internacional de la propiedad intelectual, que protegiera por supuesto la tecnología del norte más que los insumos del sur.
Para los resistentes de siempre, el tratado tiene todas las huellas de las grandes multinacionales de la industria química y del software, que así pretenden extender al mundo entero la rigurosa protección que consiguieron en sus países.
Sin embargo, por entonces, con iguales razonamientos y objetivos, pero mayor antigüedad en sus derechos, los países de verdad ricos –los propietarios de esa megadiversidad que hoy sustenta el 90% de aquellas patentes– lanzaron el contraataque.
Ya en 1992, en Río de Janeiro, en el marco de la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente, se firmaba el CDB: Convenio sobre la Diversidad Biológica. 190 países lo suscribían, y allí se declaraba “la soberanía de cada Estado sobre los recursos naturales, biológicos y genéticos que se encuentren en el interior de su territorio”; y a la vez se reconocía “el derecho a una justa compensación en caso de que fuese concedido el uso de dichos recursos a entidades o empresas privadas”. De allí, dicen, Pat Mooney arrancó la palabra. Los biopiratas habían sido descubiertos.
En febrero de 2002, en Cancún, los 17 países considerados megadiversos por las Naciones Unidas, forman el Grupo de Países Megadiversos Afines, y en octubre, en Johannesburgo, en la 3ª Cumbre de la Tierra, la ONU exhorta a sus miembros a elaborar un régimen internacional para “una justa participación de los beneficios derivados de la utilización de recursos genéticos por parte de las comunidades originarias”. Los biopiratas estaban sitiados.
Sin embargo, recién en 2010, en Japón, doscientos países firman el Protocolo de Nagoya, el cual obliga a sus firmantes a “desarrollar una legislación clara y transparente que dé seguridad jurídica respecto de los recursos genéticos, para que éstos se compartan de manera justa y equitativa con los pueblos y comunidades indígenas que los tuvieran”. También avisa que “en caso de explotación de dichos recursos, se debe informar previamente a quien los aporte, y facilitar información para solicitar ese consentimiento previo”. Un claro mensaje para los más pícaros, que todavía intentan con los espejitos de los colores.
Desde luego las legislaciones nacionales que reclama el Protocolo a sus firmantes demorarán todavía algunos años… pero la acción ha comenzado.
En Brasil –el país con mayor biodiversidad del mundo–, Ibama (Instituto Brasileño de Medio Ambiente), apenas ya en el segundo semestre de 2010 recaudó 159 millones de reales (unos 60 millones de dólares) en concepto de multas por biopiratería.
Desde 2001 la ley brasileña estipula el reparto en los beneficios por la exploración de la biodiversidad, y esto puede incluir pago de regalías, transferencia de tecnología, y/o, capacitación personal para los pobladores de las regiones exploradas. Así en 2011 las multas recaudaron 30 millones de dólares, pero en cambio en 2012 la suma ascendió a 44 millones de dólares. Las 35 empresas multadas, informó Ibama, pertenecían a la industria farmacéutica y cosmética; y las 220 multas aplicadas eran pora falta de pago de las compensaciones, o por mentir que las habían pagado, y no. Cosas de piratas.
“Dado que la biopiratería es una práctica nueva, y que Brasil tiene las mayores reservas de biodiversidad en el mundo, creo que buena parte de las exploraciones son ilegales, y vamos a encontrar a esas personas”, dice Bruno Barbosa, jefe de inspectores de Ibama, y allí va con sus hombres.
El Perú, por su parte, se jacta de liderar la región en la lucha contra la piratería porque ya en mayo de 2004 puso en funciones la Comisión Nacional contra la Biopiratería, integrada por 13 instituciones públicas, entre ellas tres ministerios nacionales. En lo que va de 2013, por ejemplo, detectó 19 casos de los cuales ya resolvió 11. Entre otros, recuperó seis patentes sobre la maca, registradas en Japón, Corea y Europa; anuló el pedido presentado por un laboratorio japonés para patentar el yacón; y consiguió que fueran retirados todos los pedidos de compañías japonesas y europeas para patentar la pasuchaca, un yuyo andino que ya salvaba de la diabetes a los mismísimos incas. Dados los éxitos de la comisión peruana, Colombia está organizando la suya; aunque igual que en Perú, muchas de sus mejores victorias acaben desbaratadas por los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos. Cosas de las colonias.
Ecuador, en cambio, trabaja en una ley nacional y ya creó una oficina de lucha contra la biopiratería; y en general los ocho países de la cuenca amazónica preparan leyes, acciones conjuntas, acuerdos bilaterales, y bancos de datos de riquezas genéticas y de conocimientos ancestrales. Todo cuidado es poco, los corsarios de la biodiversidad bien pueden ser invisibles.
En marzo del año pasado el gobierno brasileño detectó una nueva práctica sospechosa de biopiratería pero revestida con la piel de cordero del flamante negocio de los créditos de carbono.
Los créditos de carbono suponen un mecanismo internacional de descontaminación. Los fondos recaudados a través de esos bonos son dedicados al mantenimiento de áreas naturales. Así las industrias más contaminantes del mundo no paran de contaminar, pero compran créditos de carbono y lavan sus culpas y salvan sus multas. Los créditos de carbono, además, cotizan en Bolsa. El negocio causó tal sensación que pronto nacieron empresas dedicadas exclusivamente a la compra y mantenimiento de áreas naturales, para la posterior venta de sus créditos de carbono.
Una de ellas, la irlandesa Celestial Green Ventures, autoproclamada líder mundial en la materia, les pagó en marzo de 2012 120 millones de dólares a los indios de la etnia mundurukú por los derechos irrestrictos de sus tierras, y por 30 años, durante los cuales los mundurukú no podrán plantar ni extraer una sola semilla de toda esa región del tamaño de El Salvador.
Según el diario O Estado de Sao Paulo, la Celestial Green Venture, con sede en Dublín, suma con éste 16 proyectos similares en todo el país, ocupando un área total de 200 mil kilómetros cuadrados. El Salvador más el Uruguay.
Tanto la ministra brasileña de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, como la Funai (Fundación Nacional del Indio), advirtieron que éste podía ser “un nuevo canal para la biopiratería, y hay que estar atentos”.
En 2010, el gobierno de Brasilia intensificó la lucha contra la biopiratería con la campaña bautizada Operaçao Novo Rumo, a partir de la cual se realizaron allanamientos en serie detrás de lo que las autoridades llamaron “acopio de material genético”. La operación se repitió en los años siguientes aumentando el valor de las multas. La colonia contraataca.

La historia sigue siendo la misma. Por Ley Nacional 24.375, en 1994 la Argentina adhirió al Convenio de Biodiversidad de las Naciones Unidas firmado en Río de Janeiro en 1992; y el 15 de noviembre de 2011 se convirtió en el 67º país en suscribir el Protocolo de Nagoya, ratificado por resolución 238 en diciembre de 2012. No es para menos.
En Suramérica, tres de las regiones con mayor biodiversidad están en la Argentina: la Selva Paranaense, Las Yungas y el Chaco; y muchas más riquezas se extienden por todo el territorio nacional, suben Los Andes y bajan hasta Ushuaia; sin olvidar que aún no entraron en discusión los derechos y las patentes sobre la biodiversidad de los océanos. Todo está en juego.
El siglo XXI gana velocidad y los más grandes conglomerados transnacionales juegan toda su suerte y su dinero al desarrollo de la biotecnología para así dominar la genética, la bioquímica, la medicina, la agricultura, la alimentación; en síntesis: la vida y el futuro.
Inmensas pero pocas, blindadas por un monstruoso esquema de propiedad intelectual que ellas mismas parieron; esas corporaciones no pueden sino monopolizar toda esa vida y su futuro.
Pero resulta que el capital genético que precisan para lograrlo, está en el corredor tropical de la tierra, donde esplende, siempre dorada y sangrante, América latina, que de a poco despierta y se organiza conmovida por la maravilla de su propia riqueza. ¿Será?
La biopirateria es una práctica antigua, pero el delito es nuevo. La historia de sus combates recién comienza. Se trata de ser libres otra vez.

Tomado de miradasalsur.com

MARTIN GRANOVSKY ENTREVISTA A ERNESTO LACLAU SOBRE EL POPULISMO, EL INSTITUCIONALISMO, LA ARGENTINA Y AMERICA LATINA

“Es el mejor momento democrático en 150 años”

Considerado como una referencia teórica por muchos kirchneristas, Ernesto Laclau explicó a Página/12 por qué no conviene extremar los conflictos y tampoco diluirlos. Su simpatía por Venezuela, Bolivia y Ecuador. La influencia de su padre, de Jorge Abelardo Ramos y de Arturo Jauretche.

Por Martín Granovsky

Vive en el Reino Unido, donde despliega su vida académica desde los años ’60, pero viaja cada vez con mayor frecuencia a la Argentina. Nacido en Buenos Aires en 1935, Ernesto Laclau accedió a una entrevista donde dejó en claro sus antipatías, sus afinidades y sus indiferencias.

–Hay visiones distintas sobre los procesos políticos de los últimos años en la región. Unos análisis hacen hincapié en las diferencias entre, por ejemplo, Venezuela, Ecuador y Bolivia por un lado y Brasil, Uruguay y la Argentina, por otro, y otros análisis prefieren hablar de distintos caminos nacionales dentro de un mismo proceso general.

–Yo a la Argentina la pondría más en el eje de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Pero creo que el clivaje que se da en América latina tiene sus raíces históricas. Hay que ver cuál fue la experiencia de la democracia en el continente. A diferencia de Europa, la región nunca experimentó el parlamentarismo como movimiento progresivo. Allá los parlamentos representaron la defensa del Tercer Estado frente al absolutismo real. En América latina, en la segunda mitad del siglo XIX, se trató de la consolidación de las oligarquías locales, y el Ejecutivo fue muchas veces la fuente de los cambios. Pasó en Chile. A comienzos de la década de 1890 el Parlamento chileno se opuso a los proyectos nacionalistas del presidente (José Manuel) Balmaceda.

–Quería terminar con el monopolio extranjero sobre el salitre.

–Sí. Por eso digo que en América latina se da una especie de divisoria en la experiencia democrática de las masas. Por un lado la democracia liberal y por otro la democracia nacional popular. La segunda se encarnó en regímenes como el varguismo en Brasil, como el primer aprismo, como el peronismo, como el primer ibañismo en Chile, como el Movimiento Nacionalista Revolucionario en Bolivia. Esa división entre la democracia liberal y la democracia nacional popular está siendo superada al presente. Si bien los regímenes latinoamericanos son parte de esa matriz histórica, hoy ya no entran en colisión con las formas del Estado liberal democrático sino que las integran: elecciones, división de poderes, etcétera. O sea que estamos quizás en el mejor momento democrático de los últimos 150 años. La evaluación de un régimen hay que hacerla desde el punto de vista del significado global de un movimiento y del cauce histórico que un movimiento organiza. Así es en toda América latina.

–¿No menciona poco a Brasil en su descripción regional?

–Brasil es un componente esencial de todo este proceso. Pero allí el movimiento jacobino de lo nacional popular tuvo que ser paliado por una serie de otras consideraciones. Nunca tuvo un populismo histórico de las características del peronismo. Brasil era un país enormemente regionalizado y Getúlio Vargas tuvo que ser el articulador de movimientos regionales sumamente diversos. Juan Perón, en cambio, fue el representante de un movimiento cuya base política y social estaba unificada. A través de interpelar al triángulo industrial de Buenos Aires, Córdoba y Rosario Perón apelaba a un movimiento homogéneo. En Brasil no se dio. El único que se lanzó a tener un tipo de discurso cuasi peronista fue Joao Goulart, y así le fue. Ese tipo de discontinuidad se ha dado en Brasil hasta el presente. Un fenómeno como el de Lula muestra ese tipo de ambigüedad.

–¿De verdad le parece ambiguo el fenómeno de Lula?

–De todos modos, debo decirle que en los momentos decisivos tomó una posición definitivamente cercana a lo nacional popular. Por ejemplo en Mar del Plata en el 2005 se opuso a la propuesta de formar el Area de Libre Comercio de las Américas. Gracias a la oposición de Brasil es que el ALCA no funcionó. El punto es que Lula debió establecer compromisos con fuerzas sociales, expresadas a través de formas políticas, en un marco más difícil, por ejemplo, que el afrontado por Rafael Correa. Si hubiera que hacer una caracterización gruesa diría que Brasil se ubica en el eje nacional popular. Chile, en cambio, vivió una transición mediante el pacto con las fuerzas del pasado. Solo ahora, a través del movimiento estudiantil y una protesta más fuerte, hay un realineamiento hacia la izquierda. En Uruguay todo está en la balanza. Teníamos antes a Tabaré Vázquez. Después del ALCA se fue a los Estados Unidos a tratar de establecer un acuerdo comercial, que no consiguió. Era incompatible con las reglas del Mercosur. Encontró oposición interna de su partido en la persona de Reinaldo Gargano, el canciller que era un dirigente histórico del Partido Socialista en la tradición de Vivian Trías. Con Pepe Mujica las cosas han mejorado, pero igual Uruguay sigue siendo un país que está un poco en la balanza.

–¿Qué tipo de intelectual es usted?

–Un intelectual tradicional sería incompatible con el tipo de posición política que siempre mantuve. No defiendo cosas en las que no creo. Y como un intelectual orgánico participo en el quehacer público. Por ejemplo, al dar una entrevista y opinar sobre lo que pasa. Yo pongo juntos el quehacer intelectual y la actividad política. Antonio Gramsci decía que un intelectual orgánico tiene la práctica de la articulación. Un periodista y un organizador sindical podían serlo. Finalmente, el intelectual orgánico y el militante son una misma cosa para Gramsci.

–Y, como intelectual orgánico tal cual se define, ¿cuáles son en su opinión los principales desafíos regionales de aquí en adelante?

–En temas más globales el desafío fundamental para América latina en los próximos años es cómo conectar dos ideas que en principio son difíciles de combinar: el principio de la autonomía y el principio de la hegemonía. No hay expansión de un sistema democrático sin un sistema de proliferación de cadenas que amplían las demandas. Eso es lo que implica la autonomía. Pero, al mismo tiempo, si esas formas autónomas de la voluntad de las masas no son unificadas en torno de ciertos significantes centrales, no habrá acción a largo plazo. Una de las cosas que me preocupa de los movimientos libertarios en Europa es que ellos enfatizan casi exclusivamente el momento de la autonomía. Pero sin voluntad de construir un Estado alternativo, las voluntades tenderán a diluirse. Y del otro lado, insistir exclusivamente en el momento de la hegemonía negando el momento de la autonomía es pecar de un hiperpoliticismo que niega a los movimientos sociales en su autonomía. Ese es el dilema: cómo unificar la dimensión horizontal y la dimensión vertical. Me parece que no lo están haciendo mal el chavismo en Venezuela, la revolución ciudadana en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y hasta cierto punto el kirchnerismo en la Argentina.

–¿Por qué dice “hasta cierto punto”?

–En la Argentina todavía no se logró una confluencia completa entre el momento autónomo de la voluntad de los sectores populares y el momento de la construcción del Estado. Está en proceso. Faltaría todavía la confluencia de las dos dimensiones. Desde el 2001 se dio una enorme expansión horizontal de la protesta social: las fábricas recuperadas, los piqueteros, etcétera… Por otro lado, el kirchnerismo intenta construir un Estado popular. La confluencia en cualquier régimen es difícil. En el caso argentino se dieron avances decisivos aunque no se plasmó en fórmulas.

–¿Qué retardaría esa confluencia?

–Lo que puede retardarlas es una tendencia de los movimientos sociales a afirmarse como completamente independientes del Estado, tal cual ocurre con los indignados en España. Y lo que puede retardar la confluencia a nivel del momento hegemónico sería una tendencia centralizante que ignore la autonomía. En Grecia hay una confluencia de las dos dimensiones. Jean-Luc Mélenchon trata de hacerlo en Francia.

–¿Cómo juegan los conflictos en esa confluencia que usted preconiza?

–Por un lado está el institucionalismo. La idea de que toda demanda puede ser vehiculizada a través de los aparatos del Estado. Por otro el populismo: la ruptura frente al poder. Las dos tendencias consideradas a fondo y en términos absolutos son incompatibles. Hay que encontrar un intermedio. El conflicto no debe ser erradicado con la concepción de que toda demanda puede ser absorbida por el sistema, como lo pensaba (el primer ministro británico entre 1874 y 1880) Benjamin Disraeli con la idea de One nation, una nación. El proyecto del populismo sería que las demandas se aglutinen alrededor de un punto ruptural y que entonces exista un conflicto que no pueda ser obturado por nada. El institucionalismo puro lleva a la ausencia de política, porque busca que toda demanda pueda ser mediada administrativamente. El populismo puro también lleva a la ruptura de la política, porque no habría ninguna mediación. La idea gramsciana es la construcción de una mediación política. En eso estamos. Jorge Abelardo Ramos decía que la sociedad nunca está polarizada entre el manicomio y el cementerio. El jacobinismo extremo fue una forma de manicomio de lo político. El pueblo era definido de una forma cada vez más aberrante y no había ninguna posibilidad de construcción política institucional. El institucionalismo es la sustitución de la política por la administración. Julio Argentino Roca pedía paz y administración. En la bandera brasileña esa verdadera iglesia de Brasil que fue el positivismo de Augusto Comte puso “Ordem e progreso”. Si la realidad avanza solo por lo institucional, se consolidará el poder corporativo. Si solo avanza el populismo, no habrá un marco institucional para lo social.

–¿Cuál sería hoy la situación de la Argentina al respecto?

–No estamos mal. Existen fuerzas autónomas y existe un Estado que tiene capacidad de respuesta frente a las pulsiones sociales.

Extractado de Página/12