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Nos están atacando a todos

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Por Adolfo Pérez Esquivel  Premio Nobel de la Paz 1980

A pesar de los reiterados llamados del presidente Barack Obama al Congreso para poner fin al bloqueo, y de las medidas promulgadas hasta el momento por la Casa Blanca, que son positivas pero insuficientes, la persecución financiera a las transacciones cubanas en el exterior y el alcance extraterritorial del bloqueo aún están vigentes. Cuba continúa sin poder exportar e importar libremente productos y servicios hacia o desde Estados Unidos, no puede tener relaciones bancarias directas con ese país, ni recibir inversiones estadounidenses en otros sectores de la economía, con excepción de las telecomunicaciones. Persiste el temor dentro del sector bancario estadounidense y de terceros países, a desarrollar relaciones con Cuba, aun cuando Estados Unidos ha autorizado el uso del dólar estadounidense en las transacciones financieras internacionales de la Isla, medida que aún no se ha materializado.

Mientras tanto, el daño económico ocasionado por Estados Unidos al pueblo cubano mediante la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero, asciende a 753 688 millones de dólares. En definitiva, a pesar de lo avanzado, hoy el bloqueo continúa atacando el derecho del pueblo cubano a la salud y la alimentación, a la educación, al deporte y la cultura… a su desarrollo humano.

Desde hace décadas este bloqueo ha dejado de ser un problema entre dos países, para convertirse en un problema de todos los pueblos del mundo con Estados Unidos porque ataca nuestro derecho a la autodeterminación. Por eso el 27 de octubre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, por vigésimocuarta vez consecutiva, la resolución titulada Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos de América contra Cuba, por 191 votos a favor, solo dos en contra (Estados Unidos e Israel) y ninguna abstención.

Por su parte, la 4ta. Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), celebrada en Quito, Ecuador, entre el 26 y el 27 de enero de 2016, también ratificó el llamamiento al Gobierno de los Estados Unidos a que ponga fin al bloqueo. En enero de 2016, el secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper, exigió la devolución a Cuba del territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo y el fin del bloqueo económico, comercial y financiero. Y en septiembre de 2015, previo a la visita de su Santidad el Papa Francisco a Cuba, el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, también pidió el levantamiento del «embargo» económico a Cuba que, en su opinión, perjudica sobre todo a los pobres.

El bloqueo no solo es una flagrante violación del Derecho Internacional, sino que ni siquiera se puede decir que es una política legítima de Estados Unidos como país, porque la posición de los estadounidenses es cada día mayor en contra del bloqueo. No solo de miembros y funcionarios demócratas y republicanos, sino también de medios de comunicación como The New York Times y Bloomberg, y la sociedad civil, que   confirma en todas las encuestas un respaldo cercano al 70 por ciento a favor de eliminar esta política.

En diciembre de 2015, en un comunicado de prensa sobre el aniversario de los cambios en la política hacia Cuba, el presidente Barack Obama instó una vez más al Congreso a levantar el bloqueo como forma de ayudar al pueblo cubano. Pero el bloqueo sigue y, además de exigirle al Congreso de  Estados Unidos proceder a eliminar el bloqueo a Cuba, Obama debe aún adoptar todas las medidas que estén dentro de sus facultades ejecutivas para modificar sustancialmente lo que hoy sucede. Mientras sigan atacando al pueblo cubano, nos están atacando a todos.

EL NOBEL DEBERÁ SER LA PAZ

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Por Adolfo Pérez Esquivel

Pérez Esquivel es activista político argentino.

Premio Nobel de la Paz 1980

Los 52 años de conflicto en Colombia dejaron un saldo de al menos 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,8 millones de desplazados. Los gobiernos invirtieron aproximadamente 179.000 millones de dólares y perdieron la soberanía colombiana al dejar a Estados Unidos instalar numerosas bases militares, permitiendo entrar a sus tropas al país y vendiendo muchas tierras a empresas transnacionales.

El 26 de septiembre del 2016, luego de 6 años de negociaciones, se firmó el acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, iniciando el fin del último y más antiguo conflicto armado del hemisferio occidental. Lamentablemente, esa esperanza por alcanzar la paz quedó congelada el domingo 2 en el plebiscito, al que asistí como observador internacional.

El No alcanzó el 50,22 por ciento y el Sí, el 49,78 por ciento, lo que puso en evidencia la polarización de la población, así como también el alto grado de apatía y descreimiento del 63 por ciento del electorado que no fue a votar, evitando tomar partido en esta decisión tan importante para el futuro del país.

El gerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez, reconoció que habían tergiversado la información sobre los acuerdos para ganar votantes y pidió perdón por haber confundido a los colombianos. No actuaron solos, algunos medios de comunicación colaboraron en esta tarea. Pero ya ganado el No; es bueno saber que todos los sectores respetaron lo trabajado en los acuerdos de La Habana y están dispuestos a mejorarlo y profundizarlo para encontrar soluciones consensuadas que permitan una paz legítima y persistente. Colombia no puede dar un paso atrás y las partes deben asumir su responsabilidad para buscar la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas.

Nunca los acuerdos son los ideales, son los posibles y en el caminar de la realidad pueden mejorar, en bien de todo el pueblo. Los desafíos que vienen requieren de políticas sociales fuertes con apoyo del pueblo y la solidaridad internacional, que ayuden a reparar el daño a las víctimas directas e indirectas.

En este sentido, es importante que luego de las FARC-EP sigan los diálogos entre el Gobierno y el ELN para desarmar las “conciencias armadas”, así como también es urgente el desarme de los grupos parapoliciales y paramilitares. Las violaciones de derechos humanos contra la población, cometida por todas las partes durante el conflicto, deben ser penadas y reparadas.

La paz es una dinámica en las relaciones entre las personas y los pueblos, y para lograrla se necesitan mucho coraje, conciencia crítica y valores, que permitan silenciar las armas y transformarlas en arados –como lo anunciara el profeta Isaías– para desarrollar al país bajo un paradigma menos violento y neoliberal, y construir un horizonte de vida e igualdad.

Felicito al presidente Santos por lo hecho hasta ahora y por recibir el Premio Nobel de la Paz, así como a la contraparte, sin la cual no hubiese habido premiación. Ahora, Santos debe tener presente que el Nobel es una herramienta al servicio de los pueblos y que todos esperamos que esta designación ayude a encontrar el premio de la paz que los colombianos merecen.

Hay mucha gente allí que está trabajando por la paz, como Piedad Córdoba y el padre Javier Giraldo, entre tantos otros, que se han jugado la vida y vienen trabajando hace décadas por una Colombia con justicia, con igualdad y respeto a los derechos humanos. Nadie va a regalar esa Colombia, hay que construirla con esfuerzo y esperanza. Y todos debemos hacer un aporte, porque la paz en Colombia es también la paz de nuestra América.

Fuente: El Tiempo, Colombia

¡YO ACUSO!!!!!!

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Prominentes personalidades contra escalada gringa en Latinoamérica y el Caribe

Más de 100 intelectuales de América Latina y Europa denunciaron el incremento de la escalada agresiva de Estados Unidos contra la región. El llamamiento de la Red de redes en defensa de la humanidad alerta sobre la política hostil de la administración estadounidense y el incremento de sus amenazas a la integridad territorial y soberanía latinoamericana y caribeña.

Difundido en la página en Internet www.porlapaz.info, rubrican el documento destacadas figuras internacionales de la cultura y el pensamiento, como el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer y el argentino Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz), el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el teatrista español Alfonso Sastre, y el sociólogo belga François Houtart, entre otros.

La llegada al poder de Barack Obama, subraya el texto, supuso la posibilidad de un replanteamiento de las posiciones de la potencia del norte respecto al área, pero «se ha hecho evidente para las fuerzas progresistas que esa posibilidad era solo una ilusión». La hegemonía mediática, añade, sirve al imperialismo para engañar a la opinión pública, confundirla y utilizarla para sus fines de dominación. Los planes del imperio, acota, son claros para las fuerzas del progreso e invisibles para los grandes medios.

Como ha señalado el líder cubano Fidel Castro, argumenta, el golpe de estado en Honduras y el establecimiento de siete bases militares en Colombia, denotan «las intenciones reales del Imperio, esta vez, bajo la sonrisa amable y el rostro afroamericano de Barack Obama».

Nuestros pueblos, proclaman, quieren la paz para trabajar y crear sociedades más justas y equitativas. «La agresión imperialista obliga a esfuerzos que nos distraen de estos objetivos».

Frente a esta escalada, exhortan, es imprescindible la movilización de escritores, artistas, organizaciones sociales, y hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a luchar por la paz y la supervivencia de la especie humana.

Llamamos a los gobiernos, parlamentos y partidos políticos, concluye, a denunciar por todos los medios posibles los planes belicistas del imperialismo, a difundir y adherirse a esta convocatoria.