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UNA CONVERSACIÓN CON LULA

 

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Por Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

 

 

Hacia un tiempo que no había podido volver a conversar con Lula, hasta que lo pude encontrar en el Instituto Lula. Después de días siempre muy intensos, porque no hay día en que la ofensiva judicial, periodística y policial no presente nuevas supuestas denuncias en contra de él. Cuando lo encontré, se trataba de unas cuentas de unas personas que trabajan con él, en un viaje, que habrían sido pagadas con recursos del PT. Aun siendo una cuenta irrisoria y pagadas de forma legal, sirven siempre para mantener a Lula en las crónicas político-policiales.

Ese mismo día, Lula había publicado un artículo en uno de los periódicos que más reiteradamente ha plegado a las campañas en contra de él, denunciando la persecución que es movida en contra de él, sin ninguna prueba. Lula reitera en el artículo de que se trata no de intentos de condenarle a él sino a los millones que han mejorado si nivel de vida en su gobierno.

Asimismo, volvieron a circular noticias, por internet, provenientes supuestamente de fuentes seguras, pero no reveladas, de que el lunes por la mañana se haría una operación para detenerlo en su residencia. Miles de personas pasaron la noche en vigilia frente a su casa, hasta que esa denuncia tampoco se confirmó.

Lo encontré contento, aunque cansado, incluso porque ya conocía la nueva encuesta electoral, hecha 10 días después de la gran derrota electoral del PT en las elecciones municipales. Una encuesta en la que, a pesar de los ataques diarios que sufre, su nombre se lo menciona una vez más como el favorito para las elecciones para presidente de Brasil, subiendo del 29%  en junio al 35% ahora. Marina bajo del 18 al 11%, Aecio Neves del 17 al 15%.

En la encuesta espontánea, 28% lo prefiere a él, Aecio Neves está en segundo lugar, con el 6%. Preguntados sobre quien fue el mejor presidente de Brasil, el 42% contesta que fue Lula. Los que vienen detrás de él tienen el 2%. Sobre su condición de vida durante los gobiernos petistas, el 56% considera que su vida mejoró, mientras el 14% considera que ha empeorado. En diciembre del año pasado se habían pronunciado, en un 40%, que  la vida de las personas había  mejorado.

Lula no se entusiasma mucho con los datos, pero visiblemente se siente aliviado al darse cuenta de cómo su imagen resiste e incluso se fortalece, aun después de dos años seguidos de acusaciones reiteradas.

Nunca en su vida Lula ha tenido una agenda tan llena de reuniones con movimientos populares como en estos tiempos nuevos y difíciles, en los que él más escucha que habla. Quiere entender las señales complejas y contradictoras que emite la realidad. Grandes movilizaciones populares, resultados electorales malos, gobierno extremamente frágil, sin ningún apoyo popular, pero blindado, hasta donde pueden, por los medios de comunicación.

Lula se preocupa por los debates internos del PT y trata de apoyar los intentos de renovación de sus direcciones. Pero está más preocupado en incentivar las movilizaciones populares y los procesos de debate político en la búsqueda de nuevas perspectivas.

Las encuestas le refuerzan la idea de que él y el PT disponen todavía de un gran capital político, que las realizaciones de su gobierno han calado hondo en la memoria de la gente. El insiste en que hay que seguir reivindicando todas esas realizaciones, aunque es indispensable tener nuevas propuestas para el futuro.

Uno sale de los encuentros con Lula siempre con el sentimiento de que es un líder impar, indispensable y, a la vez, absolutamente sencillo. Que reitera, como si fuera necesario, que sigue siempre firme en la lucha. Reconoce las dificultades, pero ya ha asimilado los reveses y tienen sus ojos puestos en el futuro de grandes disputas, en que sabe que gran parte de ese futuro depende de él. Lo cual no lo abruma, pero lo hace más inclinado hacia las disputas que, tiene claro, definirán el futuro de Brasil por largo tiempo.

Fuente: ALAI Agencia Latinoamericana de Información

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: Los cubanos frente al bloqueo

Nadie hubiera podido imaginar, en el incierto año nuevo de 1964, que aún faltaban los tiempos peores de aquel bloqueo férreo y desalmado, y que había de llegarse a los extremos de que se acabara hasta el agua de beber en muchos hogares y en casi todos los establecimientos públicos

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Por GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

La revista española Triunfo publicó en 1964 esta crónica del entonces periodista de la agencia Prensa Latina en La Habana –posteriormente Premio Nobel de Literatura–, sobre cómo apreció el primer día del criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. 

BOHEMIA la reprodujo dada la maestría profesional con que captó aquel momento histórico, y el reflejo que hace de la vida de los cubanos y de la dependencia de la Isla a los Estados Unidos).

AMERICADESPIERTA se la presenta ahora a ustedes, para el disfrute y la inevitable meditación.

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La Habana y dos o tres ciudades más del interior daban la impresión de la felicidad de la abundancia, pero en realidad no había nada que no fuera ajeno

Aquella noche, la primera del bloqueo, había en Cuba unos 482 560 automóviles, 343 300 refrigeradores, 549 700 receptores de radio, 303 500 televisores, 352 900 planchas eléctricas, 286 400 ventiladores, 41 800 lavadoras automáticas, 3 510 000 relojes de pulsera, 63 locomotoras y 12 barcos mercantes. Todo eso, salvo los relojes de pulso que eran suizos, había sido hecho en los Estados Unidos.

Al parecer, había de pasar un cierto tiempo antes de que la mayoría de los cubanos se dieran cuenta de lo que significaban en su vida aquellos números mortales. Desde el punto de vista de la producción, Cuba se encontró de pronto con que no era un país distinto, sino una península comercial de los Estados Unidos. Además de que la industria del azúcar y el tabaco dependían por completo de los consorcios yanquis, todo lo que se consumía en la Isla era fabricado por los Estados Unidos, ya fuera en su propio territorio o en el territorio mismo de Cuba. La Habana y dos o tres ciudades más del interior daban la impresión de la felicidad de la abundancia, pero en realidad no había nada que no fuera ajeno, desde los cepillos de dientes hasta los hoteles de veinte pisos de vidrio del Malecón.

Cuba importaba de los Estados Unidos casi 30 000 artículos útiles e inútiles pera la vida cotidiana. Inclusive los mejores clientes de aquel mercado de ilusiones eran los mismos turistas que llegaban en el Ferry boat de West Palm Beach y por el Sea Train de Nueva Orleáns, pues también ellos preferían comprar sin impuestos los artículos importados de su propia tierra. Las papayas criollas, que fueron descubiertas en Cuba por Cristóbal Colón desde su primer viaje, se vendían en las tiendas refrigeradas con la etiqueta amarilla de los cultivadores de las Bahamas. Los huevos artificiales que las amas de casa despreciaban por su yema lánguida y su sabor de farmacia tenían impreso en la cáscara el sello de fábrica de los granjeros de Carolina del Norte, pero algunos bodegueros avispados los lavaban con disolvente y los embadurnaban de caca de gallina para venderlos más caros como si fueran criollos.

No había un sector del consumo que no fuera dependiente de los Estados Unidos. Las pocas fábricas de artículos fáciles que habían sido instaladas en Cuba para servirse de la mano de obra barata estaban montadas con maquinaria de segunda mano que ya había pasado de moda en su país de origen. Los técnicos mejor calificados eran norteamericanos, y la mayoría de los escasos técnicos cubanos cedieron a las ofertas luminosas de sus patrones extranjeros y se fueron con ellos para los Estados Unidos. Tampoco había depósitos de repuestos, pues la industria ilusoria de Cuba reposaba sobre la base de que sus repuestos estaban sólo a 90 millas, bastaba con una llamada telefónica para que la pieza más difícil llegara en el próximo avión sin gravámenes ni demoras de aduana.

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Caminé por el centro de la avenida desierta, contra el viento de salitre del Malecón

A pesar de semejante estado de dependencia, los habitantes de las ciudades continuaban gastando sin medida cuando ya el bloqueo era una realidad brutal. Inclusive muchos cubanos que estaban dispuestos a morir por la Revolución, y algunos sin duda que de veras murieron por ella, seguían consumiendo con un alborozo infantil. Más aún: las primeras medidas de la Revolución habían aumentado de inmediato el poder de compra de las clases más pobres, y éstas no tenían entonces otra noción de la felicidad que el placer simple de consumir. Muchos sueños aplazados durante media vida y aun durante vidas enteras se realizaban de pronto. Sólo que las cosas que se agotaban en el mercado no eran repuestas de inmediato, y algunas no serían repuestas en muchos años, de modo que los almacenes deslumbrantes del mes anterior se quedaban sin remedio en los puros huesos.

Cuba fue por aquellos años iniciales el reino de la improvisación y el desorden. A falta de una nueva moral  –que aún habrá de tardar mucho tiempo para formarse en la conciencia de la población–el machismo Caribe había encontrado una razón de ser en aquel estado general de emergencia.

El sentimiento nacional estaba tan alborotado con aquel ventarrón incontenible de novedad y autonomía, y al mismo tiempo las amenazas de la reacción herida eran tan verdaderas e inminentes, que mucha gente confundía una cosa con la otra y parecía pensar que hasta la escasez de leche podía resolverse a tiros. La impresión

de pachanga fenomenal que suscitaba la Cuba de aquella época entre los visitantes extranjeros tenía un fundamento verídico en la realidad y en el espíritu de los cubanos, pero era una embriaguez inocente al borde del desastre.

En efecto, yo había regresado a La Habana por segunda vez a principios de 1961, en mi condición de corresponsal errátil de Prensa Latina, y lo primero que me llamó la atención fue que el aspecto visible del país habla cambiado muy poco, pero que en cambio la tensión social empezaba a ser insostenible. Había volado desde Santiago hasta La Habana en una espléndida tarde de marzo, observando por la ventanilla los campos milagrosos de aquella patria sin ríos, las aldeas polvorientas, las ensenadas ocultas, y a todo lo largo del trayecto había percibido señales de guerra. Grandes cruces rojas dentro de círculos blancos habían sido pintadas en los techos de los hospitales para ponerlos a salvo de bombardeos previsibles. También en las escuelas, los templos y los asilos de ancianos se habían puesto señales similares. En los aeropuertos civiles  de Santiago y Camaguey había cañones antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial disimulados con lonas de camiones de carga y las costas estaban  patrulladas por lanchas rápidas que habían sido de recreo y entonces estaban destinadas a impedir desembarcos. Por todas partes se veían estragos de sabotajes recientes: cañaverales calcinados con bombas incendiarias por aviones enviados desde Miami, ruinas de fabricas dinamitadas por la resistencia interna, campamentos militares improvisados en zonas difíciles donde empezaban a operar con armamentos modernos y excelentes recursos logísticos los primeros grupos hostiles a la Revolución.

En el aeropuerto de La Habana, donde era evidente que se hacían esfuerzos para que no se notara el ambiente de guerra, había un letrero gigantesco de un extremo al otro de la cornisa del edificio principal: “Cuba, territorio libre de América”. En lugar de los barbudos de antes, la vigilancia estaba a cargo de milicianos muy jóvenes con uniforme verde olivo, entre ellos algunas mujeres, y sus armas eran todavía las de los viejos arsenales de la dictadura. Hasta entonces no había otras. El primer  armamento moderno que logró comprar la Revolución, a pesar de las presiones contrarias de los Estados Unidos, había  llegado de Bélgica  el 4 de marzo anterior, a bordo del barco francés “La Coubre”, y este voló en el muelle de La Habana con 700 toneladas de armas y municiones en las bodegas a causa de una explosión provocada. El atentado produjo además 75 muertos y 200 heridos entre los obreros del puerto, pero no fue reivindicado por nadie, y el Gobierno cubano lo atribuyo a la CIA.

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Fue en el entierro a las víctimas de la Coubre cuando Fidel Castro proclamó la consigna que había de convertirse en la divisa máxima de la nueva Cuba: Patria o Muerte.

 

Entierro a las victimas cuando Fidel Castro proclamo la consigna que había de convertirse en la divisa máxima de la nueva Cuba:Patria o Muerte.  Yo la había visto escrita por primera vez en las calles de Santiago, la había visto pintada a brocha gorda sobre los enormes carteles de propaganda de empresas de aviación y pastas dentríficas norteamericanas en la carretera polvorienta del aeropuerto de Camaguey, y la volví a  encontrar  repetida sin tregua en cartoncitos improvisados en las vitrinas de las tiendas para turistas del aeropuerto de La Habana, en las antesalas y  los mostradores, y pintadas con albayalde en los espejos de las peluquerías y con carmín de labios en los cristales de los taxis. Se había conseguido tal grado de saturación social, que no había ni un lugar ni un instante en que no estuviera escrita aquella consigna de rabia, desde las pailas de los trapiches hasta el calce de los documentos oficiales, y la prensa, la radio y la televisión la repitieron sin piedad durante días enteros y meses interminables, hasta que se incorporó a la propia esencia de la vida cubana.

En La Habana, la fiesta estaba en su apogeo. Había mujeres espléndidas que cantaban en los balcones, pájaros luminosos en el mar, música por todas partes, pero en el fondo del júbilo se sentía el conflicto creador de un modo de vivir ya condenado para siempre, que pugnaba por prevalecer contra otro modo de vivir distinto, todavía ingenuo, pero inspirado y demoledor. La ciudad seguía siendo un santuario de placer, con máquinas de lotería hasta en las farmacias y automóviles de aluminio demasiado grandes para las esquinas coloniales, pero el aspecto y la conducta de la gente estaban cambiando de un modo brutal. Todos los sedimentos del subsuelo social habían salido a flote, y una erupción de lava humana, densa y humeante, se esparcía sin control por los vericuetos de la ciudad liberada, y contaminaba de un vértigo multitudinario hasta sus últimos resquicios. Lo más notable era la naturalidad con que los pobres se habían sentado en las sillas de los ricos en los lugares públicos. Habían invadido los vestíbulos de los hoteles de lujo, comían con los dedos en las terrazas de las cafeterías del Vedado, y se cocinaban al sol en las piscinas de aguas de colores luminosos de los antiguos clubs exclusivos de Siboney. El cancerbero rubio del hotel Habana Hilton, que empezaba a llamarse Habana Libre, había sido reemplazado por milicianos serviciales que se pasaban el día convenciendo a los campesinos de que podían entrar sin temor, enseñándoles que había una puerta de ingreso y otra de salida, y que no se corría ningún riesgo de tisis, aunque se entrara sudando en el vestíbulo refrigerado. Un chévere legítimo del Luyanó, retinto y esbelto, con una camisa de mariposas pintadas y zapatos de charol con tacones de bailarín andaluz, había tratado de entrar al revés por la  puerta de vidrios giratorios del hotel Riviera, justo cuando trataba de salir la esposa suculenta y emperifollada de un diplomático europeo. En una ráfaga de pánico instantáneo, el marido que la seguía trató de forzar la puerta en un sentido mientras los milicianos azorados trataban de forzarla desde el exterior en sentido contrario. La blanca y el negro se quedaron atrapados por una fracción de segundo en la trampa de cristal, comprimidos en el espacio previsto para una sola persona, hasta que la puerta volvió a girar, y la mujer corrió confundida y ruborizada, sin esperar siquiera al marido, y se metió en la limusina que la esperaba con la puerta abierta y que arrancó al instante. El negro, sin saber muy bien lo que había pasado, se quedó confundido y trémulo.

– ¡Coño! –suspiró- ¡Olía a flores!

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Las primeras medidas de la Revolución habían aumentado de inmediato el poder de compra de las clases más pobres.

 

 

Eran tropiezos frecuentes. Y comprensibles, porque el poder de compra de la población urbana y rural había aumentado de un modo considerable en un año. Las tarifas de la electricidad, del teléfono, del transporte y de los servicios públicos en general se habían reducido a niveles humanitarios. Los precios de los hoteles y de los restaurantes, así como los de los transportes, habían sufrido reducciones drásticas, y se organizaban excursiones especiales del campo a la ciudad y de la ciudad al campo que en muchos casos eran gratuitos. Por otra parte, el desempleo se estaba reduciendo a grandes pasos, los sueldos subían y la Reforma Urbana había aliviado la angustia mensual de los alquileres, y la educación y los útiles escolares no costaban nada. Las veinte leguas de harina de marfil de las playas de Varadero, que antes tenía un solo dueño y cuyo disfrute estaba reservado a los ricos demasiado ricos, fueron abiertas sin condiciones pare todo el mundo, inclusive para los mismos ricos. Los cubanos, como la gente del Caribe en general, habían creído desde siempre que el dinero sólo servía para gastárselo, y por primera vez en la historia de su país lo estaban comprobando en la práctica.

Creo que muy pocos éramos conscientes de la manera sigilosa pero irreparable en que la escasez se nos iba metiendo en la vida. Aun después del desembarco en Playa Girón, los casinos continuaban abiertos, y algunas putitas sin turistas rondaban por los contornos en espera de que un afortunado casual de la ruleta les salvara la noche. Era evidente que a medida que las condiciones cambiaban, aquellas golondrinas solitarias se iban volviendo lúgubres y cada vez más baratas. Pero de todos modos las noches de La Habana y de Guantánamo seguían siendo largas e insomnes, y la música de las fiestas de alquiler se prolongaba hasta el alba. Esos rengos de la vida vieja mantenían una ilusión de normalidad y abundancia que ni las explosiones nocturnas, ni los rumores constantes de agresiones infames, ni la inminencia real de la guerra conseguían extinguir, pero que desde hacía mucho tiempo habían dejado de ser verdad. A veces no había carne en los restaurantes después de la media noche, pero no nos importaba, porque tal vez había pollo. A veces no había plátano, pero no nos importaba, porque tal vez había boniato. Los músicos de los clubs vecinos y los chulos impávidos que esperaban las cosechas de la noche frente a un vaso de cerveza, parecían tan distraídos como nosotros ante la erosión incontenible de la vida cotidiana.

En el centro comercial habían aparecido las primeras colas y un mercado negro incipiente, pero muy activo, empezaba a controlar los artículos industriales, pero no se pensaba muy en serio que eso sucediera porque faltaran cosas, sino todo lo contrario, porque sobraba dinero. Por esa época, alguien necesitó una aspirina después del cine y no la encontramos en tres farmacias. La encontramos en la cuarta, y el boticario nos explicó sin alarma que la aspirina estaba escasa desde hacía tres meses. La verdad es que no sólo la aspirina, sino muchas cosas esenciales estaban escasas desde antes, pero nadie parecía pensar que se acabarían por completo. Casi un año después de que los Estados Unidos decretan el embargo total del comercio con Cuba, le vida seguía sin cambios muy notables, no tanto en la realidad como en el espíritu de la gente.

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El cancerbero rubio del hotel Habana Hilton, que empezaba a llamarse Habana Libre, había sido reemplazado por milicianos serviciales que se pasaban el día convenciendo a los campesinos de que podían entrar sin temor.

 

 

 

Yo tomé conciencia del bloqueo de una manera brutal, pero a la vez un poco lírica, como había tomado conciencia de casi todo en la vida. Después de una noche de trabajo en la oficina dePrensa Latina me fui solo y medio entorpecido en busca de algo para comer. Estaba amaneciendo. El mar tenía un humor tranquilo y una brecha anaranjada lo separaba del cielo en el horizonte. Caminé por el centro de la avenida desierta, contra el viento de salitre del Malecón, buscando algún lugar abierto para comer bajo les arcadas de piedras carcomidas y rezumantes da le ciudad vieja. Por fin encontré una fonda con la cortina metálica cerrada, pero sin candado, y traté de levantarla para entrar, porque dentro había luz y un hombre estaba lustrando los vasos en el mostrador. Apenas lo había intentado cuando sentí a mis espaldas el ruido inconfundible da un fusil al ser montado, y una voz de mujer, muy dulce, pero resuelta:

-Quieto, compañero –dijo-. Levanta las manos.

Era una aparición en la bruma del amanecer. Tenía un semblante muy bello, con el pelo amarrado en la nuca como una cola de caballo, y la camisa miliciana ensopada por el viento del mar. Estaba asustada, sin duda, pero tenía los tacones separados y bien establecidos en la tierra, y agarraba el fusil como un soldado.

-Tengo hambre- dije.

Tal vez lo dije con demasiada convicción, porque sólo entonces comprendió que yo no había tratado de entrar en la fonda a la fuerza, y su desconfianza se convirtió en lástima.

-Es muy tarde -dijo.

-Al contrario -le repliqué-; el problema es que es demasiado temprano.

Lo que quiero es desayunar.

Entonces hizo señas hacia dentro por el cristal, y convenció al hombre de que me sirviera algo, aunque faltaban dos horas para abrir. Pedí huevos fritos con jamón, café con leche y pan con mantequilla y un jugo fresco de cualquier fruta. El hombre me dijo con una precisión sospechosa que no había huevos ni jamón desde hacía una semana ni leche desde hacía tres días, y que lo único que podía servirme era una taza de café negro y pan sin mantequilla, y si acaso un poco de macarrones recalentados de la noche anterior. Sorprendido, le pregunté qué estaba pasando con las cosas de comer, y mi sorpresa era tan inocente que entonces fue él quien se sintió sorprendido.

-No pasa nada -me dijo-. Nada más que a este país se lo llevó el carajo.

No era enemigo de le Revolución, como lo imaginé al principio. Al contrario: era el último de una familia de once personas que se habla fugado en bloque para Miami. Había decidido quedarse, y en efecto se quedó para siempre, pero su oficio le permitía descifrar el porvenir con elementos más reales que los de un periodista trasnochado. Pensaba que antes de tres meses tendría que cerrar la fonda por falta de comida, pero no le importaba mucho, porque ya tenía planes muy bien definidos para su futuro personal.

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En el aeropuerto de La Habana era evidente que se hacían esfuerzos para que no se notara el ambiente de guerra.

Fue un pronóstico certero. El 12 de marzo de 1962, cuando ya habían transcurrido trescientos veintidós días desde el principio del bloqueo, se impuso el racionamiento drástico de las cosas de comer. Se asignó a cada adulto una ración mensual de tres libras de carne, una de pescado, una de pollo, seis de arroz, dos de manteca, una y media de frijoles, cuatro onzas de mantequilla y cinco huevos. Era una ración calculada para que cada cubano consumiera una cuota normal de calorías diarias. Había raciones especiales para los niños, según le edad, y todos los menores de catorce años tenían derecho a un litro diario de leche. Más tarde empezaron a faltar los clavos, los detergentes, los focos y otros muchos artículos de urgencia doméstica, y el problema de las autoridades no era reglamentarlos, sino conseguirlos. Lo más admirable era comprobar hasta qué punto aquella escasez impuesta por el enemigo iba acendrando la moral social. El mismo año en que se estableció el racionamiento ocurrió la llamada Crisis de Octubre, que el historiador inglés Hugh Thomas ha calificado como la más grave de la Historia de la Humanidad, y la inmensa mayoría del pueblo cubano se mantuvo en estado de alerta durante un mes, inmóviles en sus sitios de combate hasta que el peligro pareció conjurado, y dispuestos a enfrentarse a la bomba atómica con escopetas.

En medio de aquella movilización masiva que hubiera bastado para desquiciar a cualquier economía bien asentada, la producción industrial alcanzó cifras insólitas, se terminó el ausentismo en las fábricas y se sortearon obstáculos que en circunstancias menos dramáticas hubieran sido fatales. Una telefonista de Nueva York le dijo en esa ocasión a una colega cubana que en los Estados Unidos estaban muy asustados por lo que pudiera ocurrir.
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Las tarifas de la electricidad, del teléfono, del transporte y de los servicios públicos en general se habían reducido a niveles humanitarios. Los precios de los hoteles y de los restaurantes, habían sufrido reducciones drásticas.

En cambio, aquí estamos muy tranquilos -replicó la cubana-. Al fin y al cabo, la bomba atómica no duele. El país producía entonces suficientes zapatos para que cada habitante de Cuba pudiera comprar un par al año, de modo que la distribución se canalizó a través de los colegios y los centros de trabajo. Sólo en agosto de 1963, cuando ya casi todos los almacenes estaban cerrados porque no había materialmente nada que vender, se reglamentó la distribución de la ropa. Empezaron por racionar nueve artículos, entre ellos los pantalones de hombre, la ropa interior para ambos sexos y ciertos géneros textiles, pero antes de un año tuvieron que aumentarlos a quince.

Aquella Navidad fue la primera de la Revolución que se celebró sin cochinito y turrones, y en que los juguetes fueron racionados. Sin embargo, y gracias precisamente al racionamiento, fue también la primera Navidad en la historia de Cuba en que todos los niños sin ninguna distinción tuvieron por lo menos un juguete, A pesar de la intensa ayuda soviética y de la ayuda de China Popular, que no era menos generosa en aquel tiempo, y a pesar de la asistencia de numerosos técnicos socialistas y de la América Latina, el bloqueo era entonces una realidad ineludible que había de contaminar hasta las grietas más recónditas de la vida cotidiana y apresurar los nuevos rumbos irreversibles de la historia de Cuba. Las comunicaciones con el resto del mundo se habían reducido al mínimo esencial. Los cinco vuelos diarios a Miami y los dos semanales de Cubana de Aviación a Nueva York fueron interrumpidos desde la Crisis de octubre. Las pocas líneas de América Latina que tenían vuelos a Cuba los fueron cancelando a medida que sus países interrumpían las relaciones diplomáticas y comerciales, y sólo quedó un vuelo semanal desde México que durante muchos años sirvió de cordón umbilical con el resto de América, aunque también como canal de infiltración de los servicios de subversión y espionaje de los Estados Unidos. Cubana de Aviación, con su flota reducida a los épicos Bristol Britannia, que eran los únicos cuyo mantenimiento podían asegurar mediante acuerdos especiales con los fabricantes ingleses, sostuvo un vuelo casi acrobático a través de la ruta polar hasta Praga. Una carta de Caracas, a menos de 1 000 kilómetros de la costa cubana, tenía que darle la vuelta a medio mundo para llegar a La Habana. La comunicación telefónica con el resto del mundo tenía que hacerse por Miami o Nueva York, bajo el control de los servicios secretos de los Estados Unidos, mediante un prehistórico cable submarino que fue roto en una ocasión por un barco cubano que salió de la bahía de La Habana, arrastrando el ancla que habían olvidado levar. La única fuente de energía eran los cinco millones de toneladas de petróleo que los tanqueros soviéticos transportaban cada año desde los puertos del Báltico, a 14 000 kilómetros de distancia, y con una frecuencia de un barco cada cincuenta y tres horas.

El “Oxford”, un buque de la CIA equipado con toda clase de elementos de espionaje, patrulló las aguas territoriales cubanas durante varios años para vigilar que ningún país capitalista, salvo los muy pocos que se atrevieron, contrariara la voluntad de los Estados Unidos. Era además una provocación calculada a la vista de todo el mundo. Desde el Malecón de La Habana o desde los barrios altos de Santiago se veía de noche la silueta luminosa de aquella nave de provocación anclada dentro de las aguas territoriales. Tal vez muy pocos cubanos recordaban que del otro lado del mar Caribe, tres siglos antes, los habitantes de Cartagena de Indias habían padecido un drama similar.

 9-172x300Se sentía el conflicto creado de un modo de vivir ya condenado para siempre, que pugnaba por prevalecer contra otro modo de vivir distinto, todavía ingenuo, pero inspirado y demoledor.

Las 120 naves mejores de la Armada Inglesa, al mando del almirante Vernon, habían sitiado la ciudad con 30 000 combatientes selectos, muchos de ellos reclutados en las colonias americanas que más tarde serían los Estados Unidos. Un hermano de George Washington, el futuro libertador de esas colonias, estaba en el Estado Mayor de las tropas de asalto. Cartagena de Indias, que era famosa en el mundo de entonces por sus fortificaciones militares y la espantosa cantidad de ratas de sus albañales, resistió al asedio con una ferocidad invencible, a pesar de que sus habitantes terminaron por alimentarse con lo que podían, desde las cortezas de los árboles hasta el cuero de los taburetes. Al cabo de varios meses, aniquilados por la bravura de guerra de los sitiados, y destruidos por la fiebre amarilla, la disentería y el calor, los ingleses se retiraron en derrota. Los habitantes de la ciudad, en cambio, estaban completos y saludables, pero se habían comido hasta  la última rata.

Muchos cubanos, por supuesto, conocían este drama. Pero su raro sentido histórico les impedía pensar que pudiera repetirse. Nadie hubiera podido imaginar, en el incierto año nuevo de 1964, que aún faltaban los tiempos peores de aquel bloqueo férreo y desalmado, y que había de llegarse a los extremos de que se acabara hasta el agua de beber en muchos hogares y en casi todos los establecimientos públicos.

Tomado de BOHEMIA

Haití, herida abierta de América Latina

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Por: Gisela Brito / CELAG

TeleSur

Luego del terremoto de 2010, la Minustah, las ONG’S y una minúscula pero poderosa élite local gobiernan el país. Las consecuencias no pueden ser peores para la mayoría de la población. La debilidad institucional y los intereses predatorios se conjugan para dar lugar a un millonario negocio que florece día a día desviando fondos destinados a ayuda humanitaria y reconstrucción ante el encubridor mutismo de la «comunidad internacional»

En los últimos días Haití fue noticia por el paso devastador del huracán Matthew y la suspensión indefinida de las elecciones presidenciales que debían celebrarse el domingo 9. Estos comicios están pendientes de celebración desde octubre de 2015, cuando fueron anulados en segunda vuelta por denuncias de irregularidades y la escalada de tensión política en las calles. El gobierno sigue en manos del Jocelerme Privert, presidente interino electo por la Asamblea Nacional para llenar el vacío de poder tras la finalización del mandato de Michel Martelly, último presidente apadrinado por la «comunidad internacional» que llegó al poder en el controvertido proceso electoral de 2010-2011.

El último dato oficial de víctimas por el efecto del huracán -combinado con la inexistencia de infraestructura adecuada- es de 372 muertos, 4 desaparecidos y 246 heridos, aunque circulan por la prensa internacional cifras que hablan de 800, 900 o hasta «más de 1000» muertos. La precisión no es nada, los muertos de Haití se cuentan de a cientos con una liviandad inusitada. Como si sólo de cifras se tratase, y no de seres humanos, el día después del paso del huracán la noticia en CNN internacional y cadenas afines no fue el impacto destructor en Haití sino la espera sensacionalista de la llegada de Matthew a Florida.

Mientras, en Haití, después de la tormenta sobrevino la alerta por los brotes de cólera que podrían ampliar aún más la cantidad de víctimas, tal como sucedió luego del terremoto de 2010. Una semana después, CNN en español anunció que sí iría a cubrir la devastación de Matthew con un mensaje elocuente a sus televidentes: “solidarízate con este pueblo hermano que parece destinado a sufrir”[1]. ¿Por qué está Haití destinado a sufrir? En la relación de esta pequeña isla del Caribe con la llamada «comunidad internacional» es posible hallar algunas respuestas.

I

Hay un hecho en la historia contemporánea muy poco estudiado y demasiado silenciado que es fundamental para entender la historia y el presente haitiano. Entre 1791 y 1804 se  desarrolló en la isla antillana un proceso revolucionario que culminó con la declaración de la independencia de Francia y el establecimiento de la primera república negra libre.

La Revolución de Haití cometió la osadía de marcar con su irrupción un desgarramiento irresoluble en la construcción de la modernidad encarnada en la Revolución Francesa. ¿Por qué? Porque desafió abiertamente las pretensiones universalistas de igualdad y libertad plasmadas en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 [2]. La gran paradoja fue que los afroamericanos de Haití se apropiaron de ese universalismo y con ese acto quedó en evidencia el carácter ideológico eurocéntrico de la Revolución Francesa, pues los derechos que este documento promulgaba no contemplaban a los esclavos. Su pretendido universalismo era a todas luces sólo un particularismo, el que correspondía a los intereses del sector hegemónico, y que justamente por eso –por ser el hegemónico- podía aparecer presentado como universal.

Se trata de la puesta al desnudo de la contradicción entre la construcción de las ideas de igualdad y libertad basadas en la revolución burguesa europea y la lógica de la esclavitud y la explotación colonial, que permitían sostener -en términos económicos- a las metrópolis europeas. Y es que a menudo se olvida que la esclavitud fue un pilar imprescindible en el desarrollo y expansión del capitalismo moderno. Sin ella el comercio triangular (Europa-África-América) que está en el origen del sistema-mundo no hubiera sido posible. En otras palabras, la Revolución de Haití hizo evidente la contradicción entre el entramado filosófico político de la modernidad que propugna la libertad individual, la igualdad universal y la fraternidad humana, y la base material económica sustentada por la esclavitud y el racismo que la legitima.

Allí posiblemente se encuentre la raíz del silenciamiento escandaloso de la Revolución de Haití que se mantuvo durante siglos en la historia oficial internacional. A pesar de que tuvo una gran influencia en el pensamiento de la época[3], las categorías sociológicas clásicas, las eurocéntricas, eran –y siguen siendo- insuficientes para dar cuenta de su complejidad. De ahí que no sólo se trató de una revolución política -la única revolución de esclavos victoriosa en la historia de la humanidad- sino también de una revolución conceptual que hizo estallar por los aires las categorías existentes. Proporcional fue la brutalidad de la represión posterior. La afrenta le costó demasiado cara a Haití. A partir de allí, la «comunidad internacional» mantiene al país atrapado en una espiral de colonialismo y expolio que sigue marcando su historia, siempre en nombre de buenas intenciones variables a lo largo del tiempo, las más recientes la «ayuda humanitaria», la «reconstrucción» y la «democracia».

II

Tal fue la condena al olvido de la revolución de Haití, y de Haití mismo, que en las conmemoraciones del bicentenario de las revoluciones de independencia en América Latina, celebrado con pompas por gobiernos de distintos signos políticos, no hubo (a excepción de Cuba y Venezuela) alusión alguna a aquella primera y radical revolución que inauguró el proceso emancipatorio en la región. No sólo eso, sino que ya en pleno siglo XXI la historia de Haití sigue marcada por la intervención militar y la devastación económica. En 2004, Jean-Bertrand Aristide, primer presidente elegido democráticamente, fue derrocado ante el silencio cómplice de la «comunidad internacional» liderada por EEUU, Francia y Canadá[4]. El golpe se produjo justamente meses antes de cumplirse el bicentenario haitiano, y poco tiempo después de que el mandatario anunciara que Haití exigiría una reparación histórica a Francia. Desde entonces el país está intervenido por la ONU (Organización de Naciones Unidas) mediante la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití (Minustah).

Luego del terremoto de 2010, la Minustah, las ONG’S y una minúscula pero poderosa élite local gobiernan el país. Las consecuencias no pueden ser peores para la mayoría de la población. La debilidad institucional y los intereses predatorios se conjugan para dar lugar a un millonario negocio que florece día a día desviando fondos destinados a ayuda humanitaria y reconstrucción ante el encubridor mutismo de la «comunidad internacional». Hasta el propio delegado de la OEA para Haití denunció la oenegización del país y su entramado de corrupción que desvía los fondos hacia negocios privados[5]. En 2015 se conoció una investigación que revela que la Cruz Roja recibió en 2011 500 millones de dólares para un proyecto de vivienda con los que construyó hasta ahora un total de 6 casas[6]. Otro ejemplo es el ritmo exponencial de crecimiento de la construcción de hoteles de lujo (NH, Marriot, y al menos otros 10 resorts) mientras cientos de miles de personas aún viven en campamentos y sin acceso a agua potable.

En ese contexto cobra sentido la disparidad entre las cifras oficiales de víctimas del huracán Matthew y las difundidas por grandes conglomerados de medios internacionales. El actual ministro del interior François Anick Joseph lo denunció con una frase lapidaria: «ellos (las ONG’s y la cooperación internacional) quieren mostrar que la situación es más grave para recaudar fondos»[7]. Fondos que como viene sucediendo desde hace años no se destinan a ayuda humanitaria sino a inflar los bolsillos de un «capitalismo del desastre»[8] que revuelve las ruinas de un Estado débil para convertir una supuesta «ayuda internacional» en un negocio construido sobre la base de la catástrofe humanitaria.

Conocida en el siglo XVIII como la «perla del Caribe» por su aporte decisivo a la expansión económica de Francia, Haití seguirá siendo la herida abierta de América Latina mientras continúe intervenida por una «comunidad internacional» que hace décadas no es otra cosa que un eufemismo para legitimar prácticas colonialistas y predatorias en países periféricos.

[1] Ver http://cnnespanol.cnn.com/video/cnnee-haiti-dolor/

[2] Sobre el tema es recomendable el ensayo de Eduardo Grüner (2010), La oscuridad y las sombras. Capitalismo, cultura y revolución, editado por Edhasa: Buenos Aires.

[3] Por ejemplo, Susan Buck Morss (2005) documenta la influencia del proceso revolucionario haitiano en el desarrollo de la célebre dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, lector atento de los acontecimientos a los que accedía por la prensa de la época. Ver Hegel y Haití. La dialéctica amo-esclavo: una interpretación revolucionaria, Grupo Norma: Buenos Aires.

[4] Este fue el segundo golpe de Estado perpetrado contra Aristide, que ya había sido derrocado en 1991.

[5] García, J. La OEA denuncia que Haití ‘está en manos de las ONG’, entrevista a Ricardo Seitenfus, El Mundo, [4 de febrero 2010]. http://www.elmundo.es/america/2010/02/04/noticias/1265293571.html

[6] Ver https://www.propublica.org/article/how-the-red-cross-raised-half-a-billion-dollars-for-haiti-and-built-6-homes

[7] TeleSUR, Haití denuncia negocio humanitario de ONGs tras paso de Matthew, [08 de octubre de 2016] http://www.telesurtv.net/news/Gobierno-de-Haiti-denuncia-interes-de-negociar-con-situacion-humanitaria-20161008-0030.html

[8] Naomi Klein llamó así a los negociados que se iniciaron ni bien la tierra dejó de temblar en Haití en 2010.

El artículo fue publicado en: http://www.celag.org/haiti-herida-abierta-de-america-latina/

 

LA(DES)INTEGRACIÓN REGIONAL

Un objetivo de la geopolítica imperial

AndreesMoraRPor Andrés Mora Ramírez, investigador, analista y docente de la Universidad de Costa Rica

Tomado de Firmas Selectas de Prensa Latina

La llamada nueva derecha, con apoyo en los partidos mediático y judicial, se beneficia de un nuevo momento en que la geopolítica imperial de EE. UU., del que son aliados, re-prioriza la región con miras a reconstituir un eje neoliberal en Suramérica.

Enfrentada a sus horas más difíciles, la integración regional nuestroamericana fue, durante los primeros tres lustros del siglo XXI, obra de creación heroica de los gobiernos que identificamos como progresistas y nacional-populares, en tanto abrio un espacio inédito de innovación en las formas y valores que orientan las relaciones comerciales, tecnológicas, sociales, educativas y culturales en América Latina y, al mismo tiempo, sirvió como escudo político ante maniobras desestabilizadoras e intentos de golpes de Estado.

Como lo explica el analista cubano Francisco López Segrera en su libro América Latina: crisis del pos-neoliberalismo y ascenso de la nueva derecha -publicado recientemente en el sitio web de CLACSO-, el ascenso de la nueva derecha en Argentina (2015) y en Brasil (2016) -lo mismo que el cambio en la correlación de fuerzas en Venezuela tras las elecciones legislativas del 2015- constituyen el mayor peligro para la integración regional, en un panorama económico global en el cual la lenta recuperación de la crisis capitalista iniciada en 2008, y la baja en los precios del petróleo y las materias primas, constriñen el margen de maniobra de los gobiernos latinoamericanos.

Así, nos encontraríamos en medio de lo que López Segrega define como “la coyuntura esperada por EE.UU. para romper su aislamiento en América Latina y el Caribe y restablecer su hegemonía en la región”.

“Esto se hace obvio, señala, con la visita del presidente Obama a Argentina y su apoyo al proyecto neoliberal del gobierno de Macri, mientras contempló impasible el golpe de Brasil. La victoria de Macri en Argentina y el golpe en Brasil crean condiciones para quebrar el poderoso eje de integración entre ambos gobiernos y reconstituir un eje neoliberal en América del Sur, como ocurrió durante los gobiernos de Cardoso y Menem” (pp. 109-110).

En ese contexto, el intelectual cubano considera que la llamada nueva derecha, con apoyo de los partidos mediático y judicial, se beneficia de “un momento histórico en que la geopolítica imperial de EE.UU., del que son aliados, ha re-priorizado la región, al ver la inestabilidad de sus fuentes de petróleo en el próximo Oriente, por la imperiosa necesidad que tiene de las materias primas de nuestra región, y debido a que Rusia, China y la Unión Europea le disputan y arrebatan cada vez partes mayores de sus espacios económicos en la región” (p. 79).

Con la Alianza del Pacífico como punta de lanza de una ofensiva que va ganando influencia en la región (Costa Rica, Panamá y Uruguay avanzan en su incorporación formal al bloque fundado por México, Colombia, Chile y Perú; mientras que El Salvador, Honduras, Guatemala, República Dominicana, Haití, Trinidad y Tobago, Ecuador, Paraguay y Argentina participan en calidad de observadores); y con  el Mercosur (ampliado con la membresía de Venezuela) como primera víctima de su estrategia geopolítica, el imperialismo estadounidense y sus aliados han sacado partido de los cambios en el mapa político suramericano.

Algunos de estos como resultado de la expresión del pueblo en las urnas, y otros como descarnada consecuencia del golpismo de nuevo patrón para desmontar el proyecto de integración múltiple y diversa que -desde la derrota del ALCA en Mar del Plata en 2005- se logró articular en torno a un conjunto de nuevas organizaciones como el ALBA, Petrocaribe, la UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

¿Podrán lograr su cometido los imperialistas de allá y de acá? ¿Acabarán, sin mayor resistencia, con la obra de quince años de integración latinoamericana, que supo recuperar lo mejor del pensamiento bolivariano y martiano y trató de llevarlo a la práctica en las relaciones entre nuestros pueblos?

¿Tendremos capacidad de respuesta, en las actuales condiciones que enfrentan los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador -polo generador de las transformaciones de este siglo XXI- para salvar esa otra integración por la que tanto se trabajó estos años?
En el ajedrez geopolítico de América Latina, hoy, aunque no estamos derrotados, la partida no parece a nuestro favor.

EL FACTOR DETERMINANTE DE LA DERROTA DE LA DEMOCRACIA

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La incapacidad del movimiento popular en su conjunto de impedir que la derecha eligiese un Congreso mucho más conservador que los anteriores fue un factor determinante en el triunfo del golpe contra la presidenta Dilma Rousseff en Brasil

 emir-sader2Por  Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ)

 

Fueron muchos los factores implicados en el triunfo del golpe sobre la democracia: algunos, se vienen arrastrando desde el año 2003; otros, surgieron durante el segundo mandato de Dilma Rousseff. No obstante, al cabo, el factor determinante en el triunfo del golpe y la derrota de la democracia fue la incapacidad del movimiento popular en su conjunto de impedir que la derecha eligiese un Congreso mucho más conservador que los anteriores.

Si la derecha logró derrotar a Dilma, sin ningún argumento que lo justificase, fue gracias a la amplia mayoría de que dispone en la Cámara y en el Senado. Es cierto que contó, y sigue contando con el silencio cómplice de Supremo Tribunal Federal, pero de nada le serviría eso si no hubiese contado con una sólida mayoría en el Congreso en el momento de las votaciones.

Apoyándose en esa mayoría, se están revisando derechos fundamentales para la gran mayoría de la población, se está entregando el pre-sal al capital extranjero, se están recortando derechos de los trabajadores, de los jóvenes, de las mujeres, de los negros, de la gran mayoría de la población.

Por primera vez, la totalidad del gran empresariado se alineó en oposición al gobierno delPartido dos Trabalhadores (PT) y puso todos los recursos que puede movilizar para el financiamiento privado de las campañas en la caja de Eduardo Serra, eligiendo el Congreso más reaccionario de la democracia brasileña. Y la derrota que acabó siendo decisiva para la izquierda y para todo el campo popular fue no haber sido capaz de evitar ese giro a la derecha. No se consiguió un perfil semejante al de parlamentos anteriores ni tampoco canalizar hacia votos parlamentarios la mayoría electoral que Dilma consiguió en el año 2014.

Eso se debió, en primer lugar, porque debido a la poca importancia que hasta este momento se le concedía al Congreso, los movimientos populares no politizaban las campañas parlamentarias. Siempre hubo una gran desproporción entre los votos que se emitían en las elecciones presidenciales y en parlamentarias, espacio que siempre ocupaba el Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB), sin capacidad para elegir y ni siquiera proponer un candidato a la presidencia, pero mucho más apto, debido a sus prácticas clientelistas y al uso del dinero, para elegir grupos con poder de veto a nivel nacional.

Por otra parte, hasta este momento, entre los movimientos populares no existía la tradición de elegir grupos parlamentarios para defender sus intereses en el Congreso. En el Congreso está presente un lobby del agronegocio con un gran poder y, sin embargo, apenas hay unos pocos parlamentarios para defender los intereses de los trabajadores rurales. Tampoco hay un grupo significativo de defensores de la educación pública o de la sanidad pública, ni tampoco de los movimientos de mujeres, de negros o de jóvenes, entre tantos sectores del campo popular. El movimiento sindical tampoco tiene tradición de elegir grupos de metalúrgicos, de trabajadores de la banca, de funcionarios públicos y así sucesivamente. Da la impresión de que se deja en manos de la derecha tradicional la representación en el Congreso, que sería objeto de ataques por los medios de comunicación y de los movimientos populares por considerarlo poco representativo de la sociedad.

Es un error, pues, de todo el campo popular: de los partidos, pero también de los gobiernos y de los movimientos sociales en todas sus variantes. Con todo, con el fin del financiamiento privado de las campañas, esa debilidad puede ser, por lo menos en parte, superada. El país necesita un profundo proceso de democratización del Estado, por lo que es necesaria una nueva Asamblea constituyente, pero ésta nunca se hará realidad si no democratizamos el Congreso.

Otra cuestión sobre la cual debería reflexionar con urgencia la izquierda es sobre el fin del sistema de partidos, en relación con la proliferación de partidos de alquiler [1]. La democracia no puede pagar un precio tan caro, como el golpe que se que se produjo recientemente, como consecuencia de la escasa representación que tienen los partidos de izquierda al no conseguir superar la cláusula del porcentaje mínimo necesario de votos para tener representación. Esos partidos tienen que aumentar su representación y pueden hacerlo, como sucedió en Argentina con resultados muy positivos, formando frentes de partidos de izquierdas o cualquier otra modalidad, para seguir manteniendo su representación sin hacer pagar a la democracia el elevado precio de su descalificación por el mercadeo de partidos en venta.

Nota del Traductor:

[1] En Brasil se denominan ‘partidos de alquiler’ aquellos partidos, por lo general minoritarios y que por eso mismo no aspiran a una victoria en las urnas en las elecciones de ámbito estatal o federal debido a su carácter local (municipal o regional), que a cambio de determinados favores (por lo general personales y en beneficio de sus líderes), prestan algún tipo de ayuda o apoyo a los partidos que contratan sus servicios, entre los que se encuentran: cuota de pantalla en televisiones, facilitar coaliciones, mejorar los porcentajes de votos…

ESTRATEGIA MILITAR DE EU HA DEJADO MÁS DE 6 MIL 500 MIGRANTES MUERTOS EN LA FRONTERA CON MÉXICO

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Revista Proceso, México

Las estrategias de militarización empleadas desde 1998 por el gobierno de Estados Unidos en la frontera con México, han dejado un saldo de más de seis mil 500 inmigrantes indocumentados en ese lapso, denunció el Centro Colibrí para los Derechos Humanos, con sede en Tucson, Arizona.

Al exponer sobre la muerte y desaparición de inmigrantes en la frontera,

Precisó que la tercera parte de esas muertes, unas dos mil 400, ocurrió en la frontera de Arizona con México.

Ante grupos reunidos en el “Encuentro en la frontera”, informó la agencia Notimex, el Centro Colibrí para los Derechos Humanos señaló que las estrategias de vigilancia establecidas por Estados Unidos en la frontera con México desde mediados de los 90 con el argumento de “prevención y desaliento”, no han desanimado a los inmigrantes a cruzar la frontera.

“En vez de ello han canalizado las rutas de inmigración hacia áreas remotas y peligrosas del desierto, provocando que sus intentos de cruce sean más peligrosos y mortales”, alertó Reyna Airbi, representante del grupo.

Las consecuencias de ello, subrayó, han sido un aumento importante de muertes de inmigrantes indocumentados.

“Antes del 2000, el promedio de inmigrantes que morían cada año en la frontera de Arizona era de 12, sin embargo, del 2000 al 2014 el promedio se incrementó en más de 10 veces a unas 165 muertes por año”, lamentó Airbi.

El desierto de Arizona se ha convertido en el corredor de cruces más transitado y mortal de toda la frontera, aunque en años recientes también se ha registrado un importante aumento de muertes de inmigrantes en el valle sur de Texas.

Sólo el Centro Colibrí ha recabado las denuncias de familiares de más de dos mil 500 inmigrantes desaparecidos en su intento por cruzar la frontera.

Al mismo tiempo, cientos de restos de cuerpos de presuntos indocumentados han sido encontrados en el desierto y permanecen en calidad de “desconocidos” en las morgues de los condados fronterizos.

Sólo la Oficina del Médico Forense del condado de Pima, en Tucson, tiene “almacenados” restos de unos 900 presuntos inmigrantes indocumentados.

“La crisis de muertes y desapariciones de inmigrantes en la frontera es compleja”, señaló el Centro Colibrí.

Además de ello, refirió que los datos para encontrar e identificar a las personas, son escasos.

Actualmente, abundó el grupo, no existe un procedimiento uniforme para manejar los casos de inmigrantes y las políticas varían de región en región, lo que provoca con frecuencia un mal manejo de los restos, generando que se pierda para siempre la oportunidad de identificarlos.

La exposición del Centro Colibrí, fue una de más de una veintena ofrecidas por diferentes grupos en el encuentro organizado el fin de semana por el grupo interreligioso de derechos humanos School of Americas Watch (SOA Watch) y dedicado a denunciar la militarización de la región fronteriza y la criminalización de los migrantes y refugiados.

El encuentro reunió a más de 500 activistas de derechos humanos, provenientes de todo Estados Unidos y se realizó en sustitución de la tradicional protesta anual de SOA Watch con la que exige el cierre de una escuela de entrenamiento militar dedicada a capacitar a los ejércitos de Latinoamérica en el Fuerte Benning, en Georgia.

 

 

EL NOBEL DEBERÁ SER LA PAZ

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Por Adolfo Pérez Esquivel

Pérez Esquivel es activista político argentino.

Premio Nobel de la Paz 1980

Los 52 años de conflicto en Colombia dejaron un saldo de al menos 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,8 millones de desplazados. Los gobiernos invirtieron aproximadamente 179.000 millones de dólares y perdieron la soberanía colombiana al dejar a Estados Unidos instalar numerosas bases militares, permitiendo entrar a sus tropas al país y vendiendo muchas tierras a empresas transnacionales.

El 26 de septiembre del 2016, luego de 6 años de negociaciones, se firmó el acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, iniciando el fin del último y más antiguo conflicto armado del hemisferio occidental. Lamentablemente, esa esperanza por alcanzar la paz quedó congelada el domingo 2 en el plebiscito, al que asistí como observador internacional.

El No alcanzó el 50,22 por ciento y el Sí, el 49,78 por ciento, lo que puso en evidencia la polarización de la población, así como también el alto grado de apatía y descreimiento del 63 por ciento del electorado que no fue a votar, evitando tomar partido en esta decisión tan importante para el futuro del país.

El gerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez, reconoció que habían tergiversado la información sobre los acuerdos para ganar votantes y pidió perdón por haber confundido a los colombianos. No actuaron solos, algunos medios de comunicación colaboraron en esta tarea. Pero ya ganado el No; es bueno saber que todos los sectores respetaron lo trabajado en los acuerdos de La Habana y están dispuestos a mejorarlo y profundizarlo para encontrar soluciones consensuadas que permitan una paz legítima y persistente. Colombia no puede dar un paso atrás y las partes deben asumir su responsabilidad para buscar la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas.

Nunca los acuerdos son los ideales, son los posibles y en el caminar de la realidad pueden mejorar, en bien de todo el pueblo. Los desafíos que vienen requieren de políticas sociales fuertes con apoyo del pueblo y la solidaridad internacional, que ayuden a reparar el daño a las víctimas directas e indirectas.

En este sentido, es importante que luego de las FARC-EP sigan los diálogos entre el Gobierno y el ELN para desarmar las “conciencias armadas”, así como también es urgente el desarme de los grupos parapoliciales y paramilitares. Las violaciones de derechos humanos contra la población, cometida por todas las partes durante el conflicto, deben ser penadas y reparadas.

La paz es una dinámica en las relaciones entre las personas y los pueblos, y para lograrla se necesitan mucho coraje, conciencia crítica y valores, que permitan silenciar las armas y transformarlas en arados –como lo anunciara el profeta Isaías– para desarrollar al país bajo un paradigma menos violento y neoliberal, y construir un horizonte de vida e igualdad.

Felicito al presidente Santos por lo hecho hasta ahora y por recibir el Premio Nobel de la Paz, así como a la contraparte, sin la cual no hubiese habido premiación. Ahora, Santos debe tener presente que el Nobel es una herramienta al servicio de los pueblos y que todos esperamos que esta designación ayude a encontrar el premio de la paz que los colombianos merecen.

Hay mucha gente allí que está trabajando por la paz, como Piedad Córdoba y el padre Javier Giraldo, entre tantos otros, que se han jugado la vida y vienen trabajando hace décadas por una Colombia con justicia, con igualdad y respeto a los derechos humanos. Nadie va a regalar esa Colombia, hay que construirla con esfuerzo y esperanza. Y todos debemos hacer un aporte, porque la paz en Colombia es también la paz de nuestra América.

Fuente: El Tiempo, Colombia

EL PAÍS INVISIBLE

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Por William Ospina

Escritor, periodista y traductor colombiano

Tomado de Rebelión

La afirmación más frecuente, y más falsa, de la jornada histórica del 2 de octubre, en labios de políticos y periodistas, fue que medio país estaba por el sí, y medio país, y un poco más, estaba por el no.

Pero esa ceguera es una de las causas de la guerra y de todas las violencias que padecemos. Sumados los seis millones largos que rechazan los acuerdos y los seis millones que los aprueban, no se hace un país. Colombia no son 12 millones de personas: queda por saber lo que piensan los 20 millones de ciudadanos que no votaron y los 18 que no pueden votar.

La anémica democracia colombiana muestra ostentosa sus 12 millones de votos, los ganadores muestran triunfales sus seis millones, proclamando: “esto ha dicho Colombia”, y todos se esfuerzan por ignorar esos 20 millones de ciudadanos que resultaron inmunes a la esperanza, a la propaganda, al soborno y a la amenaza.

Pero en esos 20 millones no sólo están los problemas del país sino que están también las soluciones. Allí está la sociedad no formalizada, la que no tiene empleo ni propiedades, la que no tiene acceso más que a un sistema enfermizo de salud y a un sistema incompetente de educación.

Los jóvenes desamparados a merced de la violencia y de la marginalidad, los mayores sin pensiones, los que padecen un sistema de justicia inicuo y siempre postergado, los desplazados de todas las violencias, millones de personas cuya indudable vocación de paz se ve contrariada por la pobreza, la falta de oportunidades, la adversidad y la desesperación, pero que aun así sostienen con su recursividad y su esfuerzo este país paralizado por la burocracia y exprimido por la corrupción.

Claro que a los políticos de derecha y de izquierda no les importa la gente que no vota, ese no es su negocio. Pero a quien quiera arreglar el país sí deberían importarle, y no como electores sino como conciudadanos, hijos de nuestra historia y padres de nuestro futuro. Si algo es evidente es que el proceso de paz de estos cinco años no fue diseñado para ellos y ni siquiera los tuvo en cuenta.

Bien merecida tiene Santos la indiferencia de las grandes mayorías de este país, que son las que debían llenar las calles y las plazas el día de la firma del acuerdo, y salir a votar jubilosas el 2 de octubre, pero que ni siquiera se sintieron convocadas. Aquí, como siempre, no se llama a la gente a construir la paz sino a aprobar la paz que los expertos diseñan bien lejos de la vereda y del barrio.

¿Quién le dijo a Santos que la firma solemne de un acuerdo de paz en un país desgarrado se hacía en una ceremonia VIP diseñada sólo para la tribuna internacional, en la ciudad más elitista del país, y dejando por fuera no sólo a la gente humilde de la propia ciudad sino hasta a los medios de comunicación nacionales?

¿No está pintada ahí la arrogancia de esta aristocracia de medio pelo que no logra diferenciar la paz de todos de un festival elitista? ¿Cómo logra el presidente soslayar el hecho de que ni siquiera el gobierno de España haya venido a respaldar su ceremonia, para no hablar de Barack Obama, que es capaz de visitar por varios días a Cuba, el mayor adversario de su país, y ni se digna acompañar a quien ha sido el socio más fiel de los Estados Unidos en el continente desde el día siguiente de la toma de Panamá?

¿Por qué dijo Santos que si perdía el Sí al otro día recomenzaba la guerra? ¿Por qué dijo Humberto de la Calle que no había acuerdo mejor y ahora todos se disponen a mejorarlo? La paz que diseñan nuestras élites y su clase política es una paz para ellas, pero no para el país. Ahora van a intentar montar otra vez el Frente Nacional, y veremos no sólo a Uribe en Palacio sino a lo mejor el renacer de aquella vieja fraternidad que por razones electorales se revistió por un tiempo con los ropajes de la Bella y la bestia.

Ya están hablando del medio país del Sí y del medio país del No: que Colombia se vaya preparando para quedar una vez más por fuera del acuerdo entre los dirigentes, que cuando se odian es para ponernos a pelear entre nosotros, y cuando se unen es para borrarnos. Todavía están pensando que se puede hacer la paz sin empezar a corregir las tremendas injusticias que dieron origen a la guerra.

Pero no deja de ser alentador advertir que esta vez no les fue posible polarizar a los colombianos. De los seis millones que votaron por el sí, estoy seguro de que la mitad no cree en Santos, sino que anhela fervientemente la paz. Y de los seis millones que votaron por el no, la mitad, más que adorar a Uribe no quieren a Santos ni a las Farc, y tienen sus razones.

Es el viejo bipartidismo el que tiene al país como está. Es la vieja dirigencia y su clase política la que se nutre de nuestras esperanzas y de nuestros desengaños. Siempre nos hacen creer que debemos sentarnos a esperar las soluciones que están diseñando, el país feliz que sólo ellos saben cómo construir. Ahora han puesto a las Farc a pedir perdón en cada esquina, y eso está bien, pero los dueños de todo, que son los responsables de todo desde hace 70 años, nunca asumen su responsabilidad. Hay que verlos: ellos son los que acusan y los que perdonan.

Y el día en que lo tengan todo bien diseñado, preparémonos para otra hermosa ceremonia VIP, a la que sí vendrán el rey de España y el presidente de los Estados Unidos. Otra ceremonia en la que no tendrán cabida esos 38 millones de colombianos que ahora quedaron por fuera, pero tampoco muchos de los que apasionadamente votaron por el Sí y por el No.

Porque el país de las élites colombianas es muy pequeño. Puede influir con su discurso de promesas y de rencores sobre 12 millones de personas: pero eso no significa que las vayan a dejar entrar en la fiesta.

 

CAPERUCITA Y EL LOBO

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Por Maggie Marin

Publicado originalmente en Tribuna de La Habana

Elegida por 64 millones de brasileños y destituida por 61 senadores, Dilma Rousseff es la última víctima de un protocolo dirigido a malograr gobiernos progresistas, uno tras otro, para ir restaurando “sin sangre” en América Latina autoridades dispuestas a servir con eficacia los intereses y estrategias de los grupos de poder económico, político y militar más poderosos de Gringolandia.

…Recordemos, entre los numerosos intentos para derrocar y asesinar al líder venezolano y latinoamericano Hugo Chávez, el dramático asalto del 11 de abril de 2002, su secuestro, el pueblo en lucha hasta que lo trajeron de vuelta. El 30 de septiembre de 2010 a Rafael Correa casi lo derriban en Ecuador con una sedición policial. Le arrojaron gases lacrimógenos, lo secuestraron. Una maciza y pertinaz movilización popular y 9 000 efectivos del ejército pudieron devolverlo al Palacio de Carondelet. Así no pudieron.

…En Honduras, sacaron a Manuel Zelaya en piyama y lo trasladaron en avión a Costa Rica la madrugada del 28 de junio de 2009, a cinco días de un referéndum popular para cambiar la constitución y tras meses de pugnas con el Congreso, el Tribunal Electoral y la Corte Suprema. No lo dejaron regresar hasta mucho más tarde. Al obispo católico Fernando Lugo, presidente de Paraguay desde el 15 de agosto de 2008, lo depusieron el 22 de junio de 2012, después de un ilegal y manipulado “juicio político” y de ataques con todas las armas, hasta las más abyectas y obscenas contra un religioso.

…A la argentina Cristina Fernández la fueron cociendo durante años sin pausas y a fuego lento con tortuosas mañas, imputaciones, y la sempiterna agresión de los falsimedios, hasta lograr la dosis justa de desapego que permitió alojar a un derechista neoliberal en la Casa Rosada.

…Con las diferencias pertinentes, las embestidas de hoy contra Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, y Rafael Correa en Ecuador, suben más o menos de tono, mutan, pero no acaban.

…Tan ajustado está el método corporativo norteño de golpes blandos, blancos, institucionales, legislativos, que con las lógicas variantes, son como cirugías de mínimo acceso, tan exitosas como aquellas cruentas asonadas militares que ocasionaron la muerte o desaparición de 250 mil personas en el subcontinente.

…Por cierto, el pasado lunes 12 se evidenció la estirpe del bando de políticos corrompidos e inescrupulosos a la carta para asaltar a mandatarios legítimos: Eduardo Cunha, artífice del procesamiento, juicio y derrocamiento de Rousseff y otrora todopoderoso presidente de la Cámara de Diputados de Brasil fue hallado culpable de quebrar el decoro parlamentario, al mentir sobre sus cuentas bancarias en el extranjero por 5 millones de dólares.

…Y la vida demuestra que una vez se produce el cambio, las crisis políticas, económicas y sociales sobrevienen siempre y con ligereza, mientras los flamantes gobernantes, que dix llegaron para entronizar justicia, ley y orden, solo saben mirar para arriba.

…Sin mover un músculo facial, serenos y pulcros, en el Norte los genuinos golpistas no hallan como aplicarnos a todos el protocolo de marras. Aprietan tuercas, disimulan, se disfrazan y procuran dar lecciones, pero bien sabemos que esta “Caperucita” es el lobo.

 

DEVUELTO UN CÓNDOR A LOS CIELOS.

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Hace casi doce meses el ave, típica de las altas cumbres andinas, fue encontrada impactada por numerosos perdigones de escopeta que la dejaron al borde de la muerte. Curado y rehabilitado por una fundación ecologista, fue devuelto a los cielos y cumbres que solía habitar en la cordillera de Los Andes por la Fundación que preside Luis Jacome -también encargado del Programa argentino de Conservación del Cóndor Andino..
.  Son consideradas sagradas por los pueblos originarios. Bautizado Luracatao, nombre del pueblo donde fue hallado y atravesó un largo proceso de recuperación fue devuelto a su hábitat natural en el departamento Molinos, provincia de Salta, norte de Argentina, a unos 1.600 kilómetros de Buenos Aires, donde se realizó la emotiva ceremonia. Minutos después, otro cóndor se sumó al vuelo circular, ritual habitual de estas aves en el cielo.

En el lugar, escuelas de la zona realizaron números artísticos con danzas típicas andinas. Luego, referentes de pueblos originarios realizaron la tradicional ceremonia de la Pachamama, que culminó con la liberación del cóndor, que levantó su vuelo ante la mirada de un centenar de personas que se dieron cita en el lugar, según descripciones del diario La Gazeta de Salta.
¿Acaso era su pareja?, difícil,  ya que el cóndor es un animal monógamo.
“Es el cóndor 161 que liberamos de los 191 que fueron rescatados”, explicó Jacome “Algunos ejemplares no logran insertarse nuevamente en su ambiente natural porque fueron muy mal heridos y no se logran recuperar definitivamente”, agregó.
El cóndor andino es un ave carroñera que habita la cordillera de los Andes, cordilleras próximas a ella y las costas adyacentes de los océanos Pacífico y Atlántico.
Es un ave grande y negra, con plumas blancas alrededor del cuello y en partes de las alas que anida entre los 1.000 y 5.000 metros sobre el nivel del mar, generalmente en formaciones rocosas inaccesibles. Posee una tasa de reproducción muy baja, con un huevo cada dos años, aproximadamente, lo que la pone en amenaza. Es una de las aves más longevas, pudiendo alcanzar la edad de 75 años en cautiverio.
Es un símbolo nacional de Bolivia, Perú, Chile, Colombia, Ecuador y tiene un importante rol en el folclore y la mitología de las regiones andinas de Sudamérica.

Fuente: ANSA LATINA