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PARA LEER AL PATO DONALD TRUMP

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Por Carlos Almenara

Tomado de TeleSUR

De algún modo, Trump es el corolario necesario del gobierno hipócrita de Obama. Si un gobierno que concentra la riqueza, que expande la guerra, que se asocia a organizaciones terroristas, que espía más de lo que nadie nunca espió sobre la Tierra, que financiariza la economía, deja miles sin vivienda, que hace del Mediterráneo la fosa común más grande del mundo fruto de sus guerras, si ese gobierno pretende presentarse como un virtuoso catálogo de humanismo y civilidad

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A comienzos de la década de los ’70, en el Chile de Allende, Armand Mattelart y Ariel Dorfman publicaron “Para leer al Pato Donald”. La invitación, la tesis central del libro, fue totalmente pertinente entonces y lo es en cualquier época. Los cambios sociales profundos precisan para serlo decodificar los mensajes en las historietas, en los dibujitos, en los consumos culturales masivos. Los valores, la lógica imperial de dominación viene encriptada en ellos.

En esos inicios de los ’70, la revista, la caricatura era un consumo difundido. Cuánto más hoy la omnipresencia mediática afecta nuestra percepción del mundo y hasta define valores.

No se puede leer el fenómeno que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca sin una interpretación de procesos sociales, culturales y económicos de Estados Unidos (y del mundo todo) actual.

Y, efectivamente, se ha interpretado de muy distintas maneras este proceso político, se ha caracterizado profusamente a Trump, pero, me parece, faltan lecturas culturales, epocales y por qué no, cuestionamientos a las categorías mismas que utilizamos. Así como en los ’70 era necesario ver con otros ojos el Pato Donald, hoy deberíamos hacernos algunos replanteos semejantes.

Lo primero a decir es que el autor de estas líneas deplora el racismo, la xenofobia y su utopía (o su punto de partida según lo plantea Rancière) es la igualdad del género humano. Y Trump tuvo, sin lugar a dudas, afirmaciones y comportamientos racistas y xenófobos, entre otras discriminaciones execrables.

Dicho esto, pido, requiero, profundizar el análisis.

Esa categoría, la condena ética, tan de moda, debe ser puesta en la picota porque está en el corazón de la trampa imperial. Alegan que Sadam Hussein tiene armas de destrucción masiva, hay una condena “escandalizada” y se decide una invasión a Irak. Decenas de ejemplos podemos dar en que se describe un hecho de modo amañado, manipulado o inventado y a partir de allí se postulan consecuencias políticas, sociales o judiciales.

Prima el grito, el escándalo moral, el foco es un individuo malvado, pero hay una carencia absoluta de análisis de las estructuras que hacen posible el hecho.

De algún modo, Trump es el corolario necesario del gobierno hipócrita de Obama. Si un gobierno que concentra la riqueza, que expande la guerra, que se asocia a organizaciones terroristas, que espía más de lo que nadie nunca espió sobre la Tierra, que financiariza la economía, deja miles sin vivienda, que hace del Mediterráneo la fosa común más grande del mundo fruto de sus guerras, si ese gobierno pretende presentarse como un virtuoso catálogo de humanismo y civilidad… si eso pretende, bueno, Trump.

Hay una razón para ello: para implementar políticas salvajes más vale tener valores vinculados al desprecio y el atropello. No puede Obama (menos Clinton) presentarse como un gran humanista y aplicar políticas salvajes que pierden su disfraz a los cien metros sin que ello suponga una pérdida de credibilidad.

Pero hay algo aún más decisivo: la construcción de legitimidad. Años llevamos viendo cómo se concentran los medios, cómo se homogeneizan discursos uniformemente discriminadores y violentos. Obama, amagó enfrentarse con la Fox. Obama puede ser el Burrito Ortega de la política estadounidense, el rey del amague. Amagó salir de Afganistán, amagó cerrar Guantánamo, amagó una reforma migratoria, amagó y amagó y siempre hizo otra cosa.

No es anecdótico, no se puede confrontar el discurso xenófobo de un candidato en los medios que bajan un discurso xenófobo día tras día, sin confrontar también esos medios. No se puede confrontar un discurso xenófobo si se es responsable de la muerte diaria de miles de inmigrantes, producto de guerras intencionalmente impulsadas y con pleno conocimiento que ésas serían las consecuencias.

Lo individual tiene su peso pero no es la única manera de analizar un proceso. El mundo requiere que hagamos de este cuestionamiento epistémico una bandera para no caer en el anecdotario con que nos entretiene la televisión. Hay grupos, élites, corporaciones, intereses, naciones, clases sociales.

Por ejemplo, lo que en la teoría política suele verse como “paradigma dirigencial”, las élites, grupos, corporaciones en disputa, aportan un material importante al análisis del fenómeno Trump. El modelo de globalización financiarizada, con preeminencia de guaridas fiscales, los tratados de libre comercio, el gobierno mundial de las empresas, sufrió una derrota.

No es “un pasado injusto pero conocido”, no, lo que estamos viendo los últimos años es una aceleración que lleva a un mundo de (otrora) ciencia ficción con manipulación global de la información, destrucción de los Estados y saqueo imperial de los recursos naturales. El modelo es Libia, donde hasta simularon en un set de TV el triunfo rebelde. Libia, la guerra personal de Hillary Clinton.

 

Por supuesto, otro imprescindible a recuperar epistemológicamente es el punto desde donde mira el analista. Tienen buenas razones para preocuparse los estadounidenses. Pueden aprovechar para hacerse algunas preguntas. Sugiero una ¿si llevan años filmando “Rambos” en el cine por qué asombrarse que los presidentes le salgan con forma de Rambos?

Pero el punto de mira de los ciudadanos estadounidenses es distinto del de un sudamericano. Que además no pretende emigrar a Estados Unidos. Para los de acá, para los que queremos hacer de Suramérica nuestro lugar y hacerlo mejor y más autónomo día a día, es difícil lamentarse, en función de nuestro interés, del resultado electoral. No sabemos qué será Trump. Hillary hubiera sido un desastre difícil de superar.

Para las élites locales que necesitan la ayuda imperial para gobernar los países del Sur, es un grave problema. Tenían todo jugado a gallareta Hillary. Y salió Pato Donald Trump.

Siete datos para explicar las elecciones de EE UU

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A Trump le votaron republicanos corrientes, algunos con dudas y muchos buscando un cambio

Por Kiko Llaneras

El País

A continuación recopilo algunos datos clave sobre qué paso y quién voto por cada candidato.

  1. A Trump le votaron los republicanos corrientes. El 90% de las personas que se identifican con el partido republicano votó por su candidato. Trump también ganó entre los independientes por 6 puntos, más o menos igual que Romney en 2012. Se ha hablado mucho de los nuevos votantes de Trump. Pero el grueso de su electorado tiene el perfil clásico de los republicanos: más mayores, más blancos, más religiosos y menos urbanos que los demócratas.
  2. Ese éxito apunta una causa: la polarización. Un 27% de votantes de Trump dice que su candidato no es de fiar. Un porcentaje parecido cree que tampoco tiene el temperamento para ser presidente. ¿Por qué le han votado esas personas? Una explicación es que aun con esos defectos lo prefieren a Hillary Clinton o a los demócratas en general. El 72% de los votantes de Trump explica su voto con una razón: «puede traer el cambio necesario». Son síntomas de la polarización partidista que lleva años aumentando en Estados Unidos. Un dato: el 23% de liberales y el 30% de conservadores reconoce que se sentiría mal si un familiar se casase con alguien de ideología contraria.
  3. Trump si mejoró a su antecesor republicano en un grupo: los blancos no universitarios. En 2004 y 2008 los republicanos ganaron ese grupo por 20 puntos. Trump lo ha ganado casi por 40. En este tema del New York Timesse ve particularmente bien. Los blancos no universitarios son un grupo numeroso —un 34% de todos los norteamericanos—, y especialmente en estados decisivos: Iowa representan un 49% del censo (Cook Political Report), en Wisconsin un 45%, en Ohio un 42% y en Michigan un 37%.
  4. Trump ganó votantes pobres pero no fue el más votado entre ellos. Al revés: el candidato republicano ganó entre las rentas más altas de todas (superiores a los 200.000 dólares) y Clinton entre las más bajas. Pero sí es cierto que Trump ha reducido la distancia por renta entre demócratas y republicanos. No sólo respecto a Obama, también respecto a John Kerry en 2004. La relación entre renta, raza, estudios y medio urbano y rural es complejísima. Si Trump no gana entre las rentas más bajas es probablemente porque las minorías raciales votan demócrata —sobre todo los negros—. Pero Trump sí logró avances entre votantes blancos con pocos estudios y rentas más bajas.
  5. Seguramente hubo votantes de Obama que se pasaron a Trump en estado clave. Los demócratas “perdieron esta elección porque millones de votantes blancos de clase trabajadora votaron por Obama y después cambiaron a Trump”, decía Nate Cohnesta semana. De los 700 condados que Obama ganó en 2008 y 2012, en el 30% de ellos esta vez ha ganado Trump. Muchos de esos condados pertenecen a los estados del Medio Oeste industrial que acabaron siendo clave para que Trump ganase el colegio electoral. Son condados más blancos que la media, pero donde Obama fue muy competitivo. Como explicación. Cohn apunta una similitud entre Obama y Trump: “los dos se presentaron como agentes del cambio, contra el ‘establishment’ y los intereses corporativos”.
  6. Es mucho lo que (todavía) no sabemos sobre esta elección. Los datos de participación son todavía incompletos —en California siguen contando votos diez días después—. No es verdad que haya caído mucho y probablemente Clinton no ha perdido por no movilizar a las minorías, los jóvenes o las mujeres. Tampoco sabemos con claridad el peso que ha tenido el voto de los “rezagados” o los “perdedores de la globalización”, y si ese marco es realmente clave para entender estas elecciones. Esa es una de las preguntas de nuestro tiempo, la relación entre expectativas, nostalgia, globalización y crisis. Pero no es nada sencilla.
  7. Cuidado con los relatos exagerados. Decía Nate Silverque estos días se están sacando conclusiones muy rotundas de la victoria de Trump: «Hay un auge del mensaje reaccionario en EE UU», «vuelven los demonios del racismo y la misoginia», «crece la división entre las élite de ambas costas y el resto del país». Pero el resultado ha sido muy ajustado. Clinton de hecho logró más votos que Trump. Si el 1% de los votantes hubiese votado distinto, Clinton habría ganado y el relato sería muy distinto. Hablaríamos de la primera mujer presidenta o del castigo de los votantes a un candidato como Trump.

Entiendo este argumento de Silver, pero vuelvo a la cuestión primera: A Trump le votaron los republicanos corrientes. Esa es para mi la noticia de estas elecciones. No tanto que Trump lograse unos pocos votantes decisivos —blancos no universitarios en los estados del alto Medio Oeste–. Sino que representase la mejor opción para el grueso de republicanos siendo el candidato que es: abandonado por su partido, reaccionario más que conservador, irrespetuoso como mínimo con normas básicas de la política y la decencia.

GANÓ TRUMP, ¿Y AHORA?

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-Raúl_Zibechi

ENTREVISTA A RAÚL ZIBECHI

Es un escritor y pensador-activista uruguayo, dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina.

 Entrevistado por lavaca, Raúl Zibechi analiza por qué ganó Donald Trump. Quiénes son sus votantes. La fractura de la clase dominante. La brecha entre ricos y pobres, blancos y latinos. La debacle de EE.UU como potencia. Las internas en el FBI. Los factores sorpresa. El reordenamiento geopólitico mundial. Cómo impacta en América Latina. Y la oportunidad que se abre: “Quizá nos demos cuenta así que no se llega  a una situación mejor votando cada 4 años: se llega poniendo el cuerpo. Y lo que nos dice esta elección es eso: vamos a tener que poner el cuerpo. Algo que para muchos estaba olvidado”.

¿Por qué ganó Donald Trump?

Trump es consecuencia de la crisis del 2008 y de dos décadas de globalización. Ambos hechos crearon un empobrecimiento de los trabajadores y de la mayoría de la población de los Estados Unidos. La globalización promovió que muchas fábricas cerraran y fueran a instalarse en China, o en México, o en otros países de Asia donde hay salarios más baratos. Y todo el cinturón industrial de Estados Unidos se vino abajo. Y la crisis de 2008 provocó que millones de personas se quedaran sin casa, sin infraestructura digna, con un fuerte deterioro de los servicios educativos y de salud; de las carreteras, de las calles. Y la brecha de ingresos entre los más pobres, las clases medias y los más ricos, creció. Bajo el gobierno de Obama, la brecha entre ricos y pobres creció; la brecha entre los latinos y los blancos creció. Y sólo se enriqueció el 1%. Ese es el fenómeno que representa Trump: la rabia contra el 1%. La nueva derecha machista y racista recoge la rabia de los millones perjudicados por el sistema.

¿Cómo mirar la elección en perspectiva de lo que pasó estos últimos años?

El telón de fondo de este proceso es el declive de los Estados Unidos como potencia hegemónica. En el 45, cuando termina la Segunda Guerra Mundial, el 50% de todo lo que se producía en el mundo venía de Estados Unidos: coches, heladeras, electrodomésticos, todo. Hoy es menos del 20%. Y básicamente la potencia económica de Estados Unidos, que es importante, se mantiene por el sector financiero y de servicios. Pero ha sido superado en todos los sectores productivos por otros países, como China. Incluso en las tecnologías de punta. Desde hace 5 o 6 años las supercomputadoras más veloces del mundo son chinas. En todos los sectores de vanguardia – trenes de alta velocidad, energía solar y eólica- Estados Unidos quedó desplazado. Y ese es un tema que está en el trasfondo del triunfo de Trump. 

Se habla mucho del factor sorpresa.

El verdadero factor sorpresa es que las elecciones Estados Unidos no sólo desnudan un fracking en la sociedad estadounidense, sino que además visualizan el brutal deterioro de los medios de comunicación que habían apostado –como representantes del 1%- a Hillary Clinton y se equivocaron. Aseguraron que iban a ganar, hicieron una guerra sucia contra Trump. Trump es un machista, racista, violento, grosero, es un tipo horrible: pero lo acusaron de cosas que no se sabe si son ciertas. Yo no tengo dudas, Trump es posible que haya hecho todo lo que dicen de él, pero de todos modos es una guerra sucia. El The New York Times y el Wall Street Journal llegaron a decir que Trump era el candidato de Putin. Un disparate. Ese es un elemento.

¿Y el otro?

El FBI. El FBI entró en crisis interna porque no le dejaron destapar los miles de mails de Hillary Clinton, tramposos, mostrando su connivencia con elites financieras de Arabia Saudita y otros sectores. Los obligaron a tapar el hecho, y hubo una rebelión dentro del FBI por este manejo sucio que hicieron los Clinton de todos sus correos. Hillary tenía, cuando fue ministra, un servidor propio que eludía los servidores oficiales de Estados Unidos y con ellos se conectaba con las élites de Israel, Arabia Saudita; pergeñaba políticas por fuera de la institucionalidad estadounidense. Y eso se lo querían cobrar, pero no lo permitieron. Esos son para mí los factores sorpresa, que no estaban previstos: el brutal descrédito de las instituciones de Estados Unidos; la bronca de las mayorías, que no solo se ve en el voto a Trump, sino que se vio en el apoyo a Bernie Sanders en la interna democrática, que logró casi la mitad de votos, y estuvo cerca de desplazar a Hillary. Ya se venía venir una profunda rabia de los estadounidenses contra el 1%, que es el sector financiero y Wall Street.

¿Cómo es el votante de Trump?

Es un votante nostálgico de los buenos tiempos de Estados Unidos. También hay gente que rechaza el sistema, quizá desde una posición conservadora, como pasó en Inglaterra con el Brexit, como va a pasar en Francia con los votantes de Le Penn: gente que está cansada de que le tomen el pelo. No todos son votantes como los presentaron los medios hegemónicos: blancos, machistas. Hay de esos, sin duda, pero hay gente común también que no quiere que Wall Street siga mandando en Estados Unidos. Que le preocupe más a las élites yanquis derribar al gobierno de Siria, que hacer mejores servicios de salud y educación. Hoy Estados Unidos, en el mundo, está en el lugar 38 en cuanto a  esperanza de vida. Ha sido superado por Costa Rica; por supuesto por todos los países del norte europeo. Estados Unidos es un país que hoy se parece más, desde el punto de vista social, a los países que están mejor de América Latina –Costa Rica, Chile, Uruguay- que a lo que fue la superpotencia de los años 50 y 60, en la que todo funcionaba perfecto. Hoy los aeropuertos y las carreteras están mal. ¿Por qué? Porque se gasta mucho en sostener las 850 bases militares estadounidenses que hay en el mundo; los 11 portaaviones; ese ejército brutal que interviene en todo el planeta. A los votantes no los irritó que fuera machista, misógino, racista: lo que les interesó es que Trump quiere hacer las paces con Rusia, quiere dedicar menos dinero a la intervención en el mundo y más dinero a resolver los problemas internos. Yo no sé si realmente va a hacer eso, o si lo van a dejar, ya que sin guerra el 1% puede venirse abajo. Pero esa es la razón de que ganó tantos votos. 

Tanto en las elecciones de Brasil como en las de ahora de EEUU se ve una baja participación electoral: menos gente va a votar. Parece que pocos eligieran por muchos. ¿Cómo fue en este caso?

En Estados Unidos históricamente vota la mitad de la población, o de los habilitados para votar. Aquí votaron poco más de 100 millones. La participación fue baja y mucho menor que la esperada en el caso de los latinos, que se supone que es el sector más castigado por Trump. Y previsiblemente, una parte de los que votaron a Sanders no votaron a Hillary. El otro día la actriz Susan Sarandon salió a decir: “yo no voto por la vagina, porque sea mujer no la voto a Hillary”. Hillary, además,  hizo un feminismo para élites. Pero hay mucho de eso en las votaciones. Yo creo que el porcentaje de abstención fue más o menos igual a las otras elecciones. 

¿Esta elección produce un reordenamiento geopolítico?

Ahonda la fractura existente en las clases dominantes del mundo, que hoy están divididas. Cuando digo clases dominantes no solo hablo de los conservadores: una parte de esa clase es progresista. Hoy esas clases dominantes están fracturadas. Y creo que el triunfo de Trump agudiza esa fractura. En algunas partes del mundo eso se va a notar mucho, como en Oriente Medio, en relación a Rusia y probablemente en América Latina. Lo que está surgiendo es una nueva derecha, más militante que la anterior. Pero la clase dominante no atina a resolver unificadamente los temas fundamentales. Para quienes son antiimperialistas, esta fractura que se produce en el imperio y en las clases dominantes es algo positivo, porque hace que la dominación se haga más inestable. Tenemos más posibilidades.

Dentro de esa clase dominante, ¿qué sector representa Trump?

No es claro. Probablemente representa a un sector que no sea ese 1% súper concentrado. Esas fracturas que hay en la clase dominante, sobre todo en el imperio, tienen que ver con cómo operar en el futuro. Si negociar con los países emergentes, con las clases populares, que era un poco lo que representaban Lula y Cristina: el progresismo. Negociar con Rusia, China, India, o enfrentarse y aniquilarlos. Entonces, esa fractura nos engatusó durante muchos años. Y ahora, cómo se dice vulgarmente, la cosa es: al pan, pan y al vino, vino. Ante ese viraje es importante asumir la realidad que tenemos y afrontarla: no es otra cosa que lo que hemos venido haciendo los sectores populares desde siempre. Lo que pasa es que desde los medios se vende un discurso, que no es más que un discurso. El discurso que plantea que Trump es horroroso y que Hillary favorece a los de abajo, que es amiga de las buenas causas. Pero son discursos. La situación, en resumen, es que la dominación atraviesa un momento de mayor inestabilidad.

¿Cómo impacta esto en América Latina?

La primera prueba para Trump va a ser Venezuela. Porque Venezuela es el lugar más crítico: a ver qué promueve. Hasta la administración del progresista Obama promovió un golpe de Estado en Honduras, uno en Paraguay, uno parlamentario en Brasil y la resurrección de la derecha venezolana. ¿Qué va a proponer Trump? No lo sabemos. Si me fijo por sus declaraciones, Trump va a hacer una política horrorosa. Pero, repito: no lo sabemos. No nos olvidemos que tanto Macri como Temer apostaban a Hillary y ahora veremos cómo se acomodan. Yo creo que hay que abrir un compás de espera sabiendo que los de abajo vamos a seguir sufriendo el ajuste, los femicidios, va a haber que seguir saliendo a la calle a poner el cuerpo. Eso es evidente, esté quien esté. Cómo va a ser la relación entre gobiernos, aún no lo sabemos. Sí sabemos que va  a haber mayor inestabilidad, que va a haber más palos en la rueda. Ese es el futuro inmediato que tenemos.

¿Cómo sería esa lectura optimista?

Evidentemente los femicidios y la violencia narco no se van a detener, pueden incluso incrementarse, porque va a haber menos paraguas institucionales de protección. Una parte de esa violencia puede impulsarla el que esté en el gobierno; pero otra parte es sistémica, esté quien esté en el gobierno. Entonces, hay que mirar las cosas en perspectiva: yo no creo que esto sea un problema ideológico, si es más machista o más racista. ¿Se puede decir que Hillary era menos machista? ¿O es el barniz progre que se puso para captar electores? En el fondo, Hillary se puso más armamentista que Trump. Entonces: bienvenida la fractura de la clase dominante porque nos da la oportunidad de derrotarlos. Eso quiere decir que en el corto plazo vamos a pasar lo peor los de abajo. Pero quizá nos demos cuenta así que no se llega  a una situación mejor votando cada 4 años o haciendo zapping frente a la tele. Se llega poniendo el cuerpo. Y lo que nos dice este mensaje es: vamos a tener que poner el cuerpo. Algo que para muchos estaba olvidado.

Fuente: http://www.lavaca.org/notas/gano-trump-y-ahora/

Y AHORA, ¿CÓMO SERÁ LA VIDA DE LOS OBAMA?

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Por  Noelia Ramírez 

Tras ocho años en la Casa Blanca, los planes de la familia pasan por una estancia limitada en Washington mientras internet sueña con la futura carrera política de Michelle Obama.

  ¿Qué ocurre cuando uno pasa de ostentar el título de ‘líder del mundo libre’ a presidente en paro? Pues que el comandante en jefe se convierte en comandante del sofá (couch commander). Barack Obama quiso reírse de su horizonte laboral lejos del Ala Oeste en la última cena de corresponsales (mismo escenario en el que hace cinco años ridiculizó a Trump sin presagiar las nefastas consecuencias). Allí proyectó un vídeoparódico en el que buscaba consejo espiritual de su vicepresidente, Joe Biden (más preocupado en probarse sus icónicas gafas de aviador); llamaba a los Washington Wizzards para pedir, sin éxito, ser el próximo entrenador (“lo he sido de los equipos de mis hijas”); robaba el móvil de Michelle para meterse en su Snapchat y liarla con los filtros o se llevaba al cine de la Casa Blanca a su aguerrido archienemigo John Boener, ex presidente del Congreso y uno de los republicanos responsables de paralizar cualquier plan del presidente, para averiguar que la vida puede ser maravillosa tras salir de la Casa Blanca (“igual puedo ir a desayunar a McDonalds mientras Michelle está en su clase de spinning”). Al final, no sin dar gracias por volver a sus icónicos ‘jeans de padre’, acababa haciendo lo que hacen todos los ex presidentes: jugar al golf.

  El vídeo rezumaba flow by Obama. El inherente encanto de ese (viral) personaje cómico –admirador de Louis CK y de Jerry Seinfeld (¿imaginan esta foto con Trump? Nah)– que tan en armonía ha convivido con la jefatura de Estado. Sus fans ya lloran su inminente ausencia, presagiando la orfandad y vacío de encanto presidencial de los próximos cuatro años, difícil de vislumbrar en Trump. ¿Quién se marcará un drop the phone con Jimmy Kimmel? ¿Quién aceptará lidiar con el humor absurdo de Zach Galifianakis? ¿A quién le quedará así de bien una diadema de princesa?

  Además de reírse de su futuro con desparpajo mediático, los Obama sí han confirmado su próximo paso: residir dos años más en Washington. El plan es quedarse en la capital mientras Sasha acaba sus estudios. “¿Cambiar a alguien de instituto en mitad de ciclo? Eso es muy duro”, confirmó el presidente ante la prensa en marzo. Sasha estudia en Sidwell Friends, un centro privado por el que también pasaron otras hijas presidenciales como Chelsea Clinton o Tricia Nixon, y que cuenta entre su lista de alumni a escritores como Gore Vidal o ex primeras damas como Nancy Reagan. Malia, que ya se graduó allí, vive ahora su tradicional año sabático estadounidense a la espera de entrar en otoño de 2017 en Harvard –el mismo centro de la Ivy League en el que sus padres estudiaron Derecho–. El gap year de la primogénita de los Obama ha servido, también, para evitar el espectáculo mediático que supuso la llegada de Chelsea Clinton a Stanford en 1997, cuando más de 200 reporteros grabaron su llegada y la despedida de sus padres –con la intervención de docenas de agentes del Servicio Secreto–.

  ¿Dónde vivirán en este lapso de 24 meses? Teniendo en cuenta que ningún presidente había decidido quedarse en la ciudad tras su mandato desde la muerte de Woodrow Wilson hace más de nueve décadas, la especulación sobre su futura residencia ha copado el debate en los medios. Los portavoces de presidencia ni confirman ni desmienten, respondiendo a la voluntad de Michelle y Barack de tener el máximo de intimidad permitido tras su labor institucional. Politico desveló hace unos meses la que tiene todos los números de ser su futura residencia: una mansión de 5,3 millones de euros en el lujoso barrio de Kalorama, conocido por albergar, entre fuertes dispositivos de seguridad, a multitud de embajadores y diplomáticos. La casa, con nueve habitaciones y ocho cuartos de baño repartidos en 760 metros cuadrados, se construyó en los años 20 y es propiedad del antiguo secretario de prensa de Bill Clinton y actual vicepresidente de comunicaciones de la NFL, Joe Lockhart y de la editora en Washington de la revista Glamour, Giovanna Gray.

  La decisión de quedarse en Washington sorprendió a todos, teniendo en cuenta las decisiones de los últimos presidentes. George W. Bush volvió a su Texas natal y los Clinton se mudaron a Nueva York para que despegase la carrera de Hillary como senadora. Son muchos, curiosamente, los que exigen que Michelle Obama haga lo propio. La activista Gloria Steinem solicitó que se convierta en senadora por Illinois en su reciente carta de despedida a la Primera Dama en el New York Times, por no mencionar a la horda de internautas que sueña con la posibilidad de que Michelle entre en la carrera presidencial de 2020 (Barack Obama rompió todos esas ilusiones en octubre cuando afirmó rotundamente en un programa de radio que “Michelle nunca será candidata”).

  Todas las quinielas indican que los Obama volverán a Chicago cuando Sasha se gradúe. Allí tienen una casa comprada, además de ser el escenario escogido para construir la biblioteca presidencial de Barack Obama. Un proyecto con el que se ha volcado los últimos meses. Según indicó el New York Times, el presidente ha organizado multitud de cenas con multimillonarios como Reid Hoffman (LinkedIN) o inversores de Silicon Valley como John Doerr para sufragar el coste de su construcción (por el que ya habría recaudado unos cinco millones de euros). El ambicioso centro rondará los 1.000 millones de dólares de coste (doblando al que edificó Bush) y tendrá como filosofía el digital first, además de albergar una fundación que posiblemente esté relacionada con los progresos en el ámbito sanitario y social. También se especula con la posibilidad de que Obama se alíe con Steven Spielberg en una especie de proyecto post presidencial. El director de cine se ha reunido con él en varias ocasiones (acudió a la Casa Blanca para que viese Lincoln antes de su estreno y quedaron después en Beverly Hills) y los portavoces de Obama han confirmado que el artífice de Tiburón o ET está “ayudando al presidente en su narrativa tras la presidencia”. No sabemos en que acabará todo esto pero sí que sabemos lo que hará Obama en cuanto Trump entre en la Casa Blanca. Lo confirmó él mismo en una entrevista en Tumblr cuando se le preguntó por dónde se veía en 10 años. “No he proyectado mi vida en 10 años, pero sí sé qué haré justo después de que el siguiente presidente llegue. Estaré en una playa bebiendo de un coco”.

Donald Trump… La Élite no se ha equivocado

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Por Ralf B. Leepman

Tomado de Buscando la verdad

El recién elegido Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no ha sido un error de la élite o un giro inesperado de las urnas. Por el contrario, forma parte de un plan trazado minuciosamente.

A día de hoy, muchos pueden pensar que las encuestas daban como claro vencedor al pollino demócrata. Incluso yo mismo vaticiné una victoria amplia de la candidata Clinton. Era lo más aproximado a una coherencia política ya que el discurso anti-todo del candidato republicano, hacía tambalear sus pilares.

La élite lo ha manejado bien. Han elaborado un discurso ultra patriótico. Frente a las políticas “light” externas de Obama y que Clinton continuaría, los estadounidenses estaban hartos de monsergas y de guerras estériles, poca mano dura y unas políticas sociales que nunca acababan de llegar. Y era lógico, el senado era contrario a Obama. Y la guerra contra el ISIS era irrisoria.

Pero hete aquí que llega el nuevo Sheriff. Un tipo sin pelos en la lengua, que habla al pueblo llano como a este le gusta. Que promete el oro y el moro, que los Estados Unidos pega el puñetazo en la mesa y pone firme al más pintado. ¿Qué es eso de quitar las armas a los americanos? Que Putin ha dicho qué… ¡trae el teléfono que se va a enterar! Europa que ni me tosa, que les monto un pollo que se cagan. Y el chino ese de Corea que no me toque mucho los cataplines que le mando la séptima flota y le meto misiles por el ojete. Vamos, esto lo arreglo yo en cuatro días.

Sí señor, con un par. ¿Cómo es posible que los ciudadanos estadounidenses no vean más allá de lo que este personaje plantea? Es simple. Propaganda. Donald Trump se ha gastado la friolera de 100 MM de dólares en la campaña. ¿Y qué es una campaña electoral sino propaganda? Hay que conseguir el objetivo como sea, no importa lo que se diga, lo que se prometa, son cuatro años donde no se va a rechistar, y si lo hacen, se aguantan. Siempre habrá quien rebata. Por otra parte, la jugada ha sido maestra, ya que el senado tiene mayoría republicana. Con la presidencia y el congreso, Trump tiene vía libre para hacer y deshacer lo que le venga en gana.

Y lo primero que se va a cargar es la propuesta demócrata de una sanidad universal y gratuita. Esto para los republicanos es como el ajo para los vampiros, ya que ellos basan su sistema sanitario en multinacionales de seguros que expolian a los ciudadanos. Y si no tienes trabajo, no hay seguro médico, con el elevado riesgo de ruina que eso supone. No hay pensiones ni vacaciones. No pensemos que es como en Europa, donde la sanidad está garantizada, el paro y de momento, las pensiones.

Pero a todo esto ¿qué busca realmente la élite con este tipo? Pues ni más ni menos que un conflicto importante con Rusia o China. No sabían cómo organizar otro atentado porque la insensibilización ciudadana cada día es mayor, y no se obtienen los resultados de euforia ni venganza de antaño. La sebera amenaza de poner fin a ISIS de un modo tajante sin dialogar con otras potencias ya es preocupante. Una cosa es coordinar un ataque donde todos los afectados e interesados se comprometan, es decir, Rusia y China cooperen con los USA, y otra muy distinta es ir en solitario como le gustaba a Ronald Reagan y su Rambo de los 80.

Y por supuesto, la propaganda de que Trump es independiente, es sólo eso, propaganda. Ya que el nuevo presidente de los USA es Masón. Como todos o casi todos. Y seguirá al pie de la letra el dictado que la élite le marque. Ese es el golpe de efecto que la élite necesitaba, la aprobación a través del ego, el orgullo, la bandera y la patria de hacer una América grande otra vez. Tienen carta blanca para montar otra guerra como y donde quieran y lo peor, con el beneplácito del pueblo.

LA VERDAD SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

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Por José Martí

Marzo 23 de 1894,

Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes. No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábito y forma que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que viva. Es de hombres de prólogo y superficie –que no hayan hundido los brazos en las entrañas humanas, que no vean desde la altura imparcial hervir en igual horno las naciones, que en el huevo y tejido de todas ellas no hallen el mismo permanente duelo del desinterés constructor y el odio inicuo, –el entretenimiento de hallar variedad sustancial entre el egoísta sajón y el egoísta latino, el sajón generoso o el latino generoso, el latino burómano o el burómano sajón: de virtudes y defectos son capaces por igual latinos y sajones. Lo que varía es la consecuencia peculiar de la distinta agrupación histórica: en un pueblo de ingleses y holandeses y alemanes afines, cualesquiera que sean los disturbios, mortales tal vez, que le acarree el divorcio original del señorío, y la llaneza que a un tiempo lo fundaron, y la hostilidad inevitable, y en la especie humana indígena, de la codicia y vanidad que crean las aristocracias contra el derecho y la abnegación que se les revelan, no puede producirse la confusión de hábitos políticos, y la revuelta hornalla, de los pueblos en que la necesidad del conquistador dejó viva la población natural, espantada y diversa, a quien aún cierra el paso con parricida ceguedad la casta privilegiada que engendró en ella el europeo. Una nación de mocetones del Norte, hechos de siglos atrás al mar y a la nieve, y a la hombría favorecida por la perenne defensa de las libertades locales, no puede ser como una isla del trópico, fácil y sonriente, donde trabajan por su ajuste, bajo un gobierno que es como piratería política, la excrecencia famélica de un pueblo europeo, soldadesco y retrasado, los descendientes de esta tribu áspera e inculta, divididos por el odio de la docilidad acomodaticia a la virtud rebelde, y los africanos pujantes y sencillos, o envilecidos y rencorosos, que de una espantable esclavitud y una sublime guerra han entrado a la conciudadanía con los que los compraron y los vendieron, y, gracias a los muertos de la guerra sublime, saludan hoy como a igual al que hacían ayer bailar a latigazos. En lo que se ha de ver si sajones y latinos son distintos, y en lo que únicamente se les puede comparar, es en aquello en que se les hayan rodeado condiciones comunes: y es un hecho que en los Estados del Sur de la Unión Americana, donde hubo esclavos negros, el carácter dominante es tan soberbio, tan perezoso, tan inclemente, tan desvalido, como pudiera ser, en consecuencia de la esclavitud, el de los hijos de Cuba. Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos, y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión, o una superchería. De las covachas de Dakota, y la nación que por allá va alzándose, bárbara y viril, hay todo un mundo a las ciudades del Este, arrellanadas, privilegiadas, encastadas, sensuales, injustas. Hay un mundo, con sus casas de cantería y libertad señorial, del Norte de Schenectady a la estación zancuda y lúgubre del Sur de Petersburg, del pueblo limpio e interesado del Norte, a la tienda de holgazanes, sentados en el coro de barriles, de los pueblos coléricos, paupérrimos, descascarados, agrios, grises, del Sur. Lo que ha de observar el hombre honrado es precisamente que no sólo no han podido fundirse, en tres siglos de vida común, o uno de ocupación política, los elementos de origen y tendencia diversos con que se crearon los Estados Unidos, sino que la comunidad forzosa exacerba y acentúa sus diferencias primarias, y convierte la federación innatural en un estado, áspero, de violenta conquista. Es de gente menor, y de la envidia incapaz y roedora, el picar puntos a la grandeza patente, y negarla en redondo, por uno u otro lunar, o empinársele de agorero, como quien quita una mota al sol. Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice. Ni con el deber de hombre cumple, de conocer la verdad y esparcirla; ni con el deber de buen americano, que sólo ve seguras la gloria y la paz del continente en el desarrollo franco y libre de sus distintas entidades naturales; ni con su deber de hijo de nuestra América, para que por ignorancia, o deslumbramiento, o impaciencia, no caigan los pueblos de casta española, al consejo de la toga remilgada y el interés asustadizo, en la servidumbre inmoral y enervante de una civilización dañada y ajena. Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos.

Lo malo se ha de aborrecer, aunque sea nuestro; y aun cuando no lo sea. Lo bueno no se ha de desamar, sólo porque no sea nuestro. Pero es aspiración irracional y nula, cobarde aspiración de gente segundona e ineficaz, la de llegar a la firmeza de un pueblo extraño por vías distintas de las que llevaron a la seguridad y al orden al pueblo envidiado:–por el esfuerzo propio, y por la adaptación de la libertad humana a las formas requeridas por la constitución peculiar del país. En unos es el excesivo amor al Norte la expresión, explicable e imprudente, de un deseo de progreso tan vivaz y fogoso que no ve que las ideas, como los árboles, han de venir de larga raíz, y ser de suelo afín, para que prendan y prosperen, y que al recién nacido no se le da la sazón de la madurez porque se le cuelguen al rostro blando los bigotes y patillas de la edad mayor: monstruos se crean así, y no pueblos: hay que vivir de sí, y sudar la calentura. En otros, la yanquimanía es inocente fruto de uno u otro saltito de placer, como quien juzga de las entrañas de una casa, y de las almas que en ella ruegan o fallecen, por la sonrisa y lujo del salón de recibir, o por la champaña y el clavel de la mesa del convite:–padézcase; carézcase; trabájese; ámese, y, en vano; estúdiese, con el valor y libertad de sí; vélese, con los pobres; llórese, con los miserables; ódiese, la brutalidad de la riqueza; vívase, en el palacio y en la ciudadela, en el salón de la escuela y en los zaguanes, en el palco del teatro, de jaspes y oro, y en los bastidores, fríos y desnudos: y así se podrá opinar, con asomos de razón, sobre la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente, de los Estados Unidos. En otros, póstumos enclenques del dandismo literario del Segundo Imperio, o escépticos postizos bajo cuya máscara de indiferencia suele latir un corazón de oro, la moda es el desdén, y más, de lo nativo; y no les parece que haya elegancia mayor que la de beberle al extranjero los pantalones y las ideas, e ir por el mundo erguidos, como el faldero acariciado el pompón de la cola. En otros es como sutil aristocracia, con la que, amando en público lo rubio como propio y natural, intentan encubrir el origen que tienen por mestizo y humilde, sin ver que fue siempre entre hombres señal de bastardía el andar tildando de ella a los demás, y no hay denuncia más segura del pecado de una mujer que el alardear de desprecio a las pecadoras. Sea la causa cualquiera, –impaciencia de la libertad o miedo de ella, pereza moral o aristocracia risible, idealismo político o ingenuidad recién llegada, –es cierto que conviene, y aun urge, poner delante de nuestra América la verdad toda americana, de lo sajón como de lo latino, a fin de que la fe excesiva de la virtud ajena no nos debilite, en nuestra época de fundación, con la desconfianza inmotivada y funesta de lo propio. En una sola guerra, en la de Secesión, que fue más para disputarse entre Norte y Sur el predominio en la república que para abolir la esclavitud, perdieron los Estados Unidos, hijos de la práctica republicana de tres siglos en un país de elementos menos hostiles que otro alguno, más hombres que los que en tiempo igual, y con igual número de habitantes, han perdido juntas todas las repúblicas españolas de América, en la obra naturalmente lenta, y de México a Chile vencedora, de poner a flor del mundo nuevo, sin más empuje que el apostolado retórico de una gloriosa minoría y el instinto popular, los pueblos remotos, de núcleos distantes y de razas adversas, donde dejó el mando de España toda la rabia e hipocresía de la teocracia, y la desidia y el recelo de una prolongada servidumbre. Y es de justicia, y de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy menos humano y viril, mientras que el hispanoamericano, a todas luces, es superior hoy, a pesar de sus confusiones y fatigas, a lo que era cuando empezó a surgir de la masa revuelta de clérigos logreros, imperitos ideólogos, e ignorantes o silvestres indios. Y para ayudar al conocimiento de la realidad política de América, y acompañar o corregir, con la fuerza serena del hecho, el encomio inconsulto, –y, en lo excesivo, pernicioso–de la vida política y el carácter norteamericanos, Patria inaugura, en el número de hoy, una sección permanente de «Apuntes sobre los Estados Unidos», donde, estrictamente traducidos de los primeros diarios del país, y sin comentario ni mudanza de la redacción, se publiquen aquellos sucesos por donde se revelen, no el crimen o la falta accidental–y en todos los pueblos posibles–en que sólo el espíritu mezquino halla cebo y contento, sino aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestran las dos verdades útiles a nuestra América:–el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos–y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos.

Relación de notas.
José Martí “La verdad sobre los Estados Unidos.” En Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894. Obras

Las siete propuestas de Donald Trump que explican su victoria

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Propuestas de Donald Trump que explican su victoria

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Por Ignacio Ramonet

Ignacio Ramonet es un periodista español establecido en Francia. Es una de las figuras principales del movimiento altermundista.

La victoria de Donald Trump ( como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia ) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.

¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña ? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas,  ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano,  muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un caracter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « politicamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que  lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón.  Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema ; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores“. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes…Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre“, y  su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa“, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad“.

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.

Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático.  Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: « No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación[i] » . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió : « Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%. »

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington PostPoliticoHuffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. « Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país. », suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglasen inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo : « El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos. »

En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de laSocial Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir.  Tump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los « sin techo »,  reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una politica extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN : « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.

En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo… 

 

ENTREVISTA A JULIAN ASSANGE: “LOS BANCOS, LAS AGENCIAS DE INTELIGENCIA, LAS EMPRESAS ARMAMENTÍSTICAS… TODOS APOYAN A HILLARY CLINTON”

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Por John Pilger

De CounterPunch

 

LOS SECRETOS DE LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES 

Esta entrevista fue filmada en la Embajada de Ecuador en Londres –donde Julian Assange es un refugiado político—y retransmitida el 5 de noviembre de 2016.

John Pilger: ¿Cuál es la importancia de la intervención del FBI en estos últimos días de campaña electoral en el caso contra Hillary Clinton?

Julian Assange: Si observamos su historia, vemos que el FBI ha actuado eficazmente como policía política de Estados Unidos. Esto quedó demostrado cuando forzó la dimisión del antiguo jefe de la CIA [el general David Petraeus] por revelar información confidencial a su amante. Prácticamente nadie es intocable. El FBI siempre intenta demostrar que nadie puede evitar ser investigado. Pero Hillary Clinton ha resistido abiertamente  la investigación del FBI, lo que levantó una gran indignación dentro de la institución porque hizo que pareciera débil. Nosotros hemos publicado unos 33.000 correos electrónicos de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado. Proceden de un lote de unos 60.000, de los cuales Clinton conservó alrededor de la mitad y nosotros publicamos la mitad de esos.

Además están los correos publicados de Podesta. [John] Podesta es el principal director de campaña de Hillary y todos esos correos están relacionados; entre ellos hay muchos sobre los “pagos por representación” (pay for play), como lo llaman, en los que se facilita el acceso de estados, individuos y empresas a cambio de dinero. [Estos correos electrónicos] combinados con el encubrimiento de los correos de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado [son los que] han creado el entorno adecuado para que el FBI aumente su presión.

J.P.: La campaña de Clinton aduce que Rusia está detrás de todo este acoso, que Rusia ha manipulado la campaña y es la fuente de los correos publicados por WikiLeaks.

  1. A.: La campaña de Clinton ha conseguido proyectar esa especie de histeria de caza de brujas: Rusia es responsable de todo. Hillary Clinton ha declarado falsamente en innumerables ocasiones que 17 organismos de inteligencia de EE.UU. consideran a Rusia la fuente de nuestras publicaciones. Eso es completamente falso; podemos afirmar que el gobierno ruso no es la fuente.

WikiLeaks lleva diez años publicando y, en ese tiempo, hemos sacado a la luz diez millones de documentos, varios miles de una sola fuente, varios miles de distintas fuentes, y nunca nos hemos equivocado.

J.P.: Los correos electrónicos que ofrecen pruebas de que Hillary Clinton se benefició personalmente de este intercambio de acceso por dinero y de cómo se beneficia políticamente son extraordinarios. Estoy ahora pensando en el representante de Qatar que consiguió cinco minutos con Bill Clinton a cambio de un cheque de un millón de dólares.

J.A.: Y los doce millones de dólares de Marruecos…

J.P.: Ah, sí, los doce millones de Marruecos.

J.A.: Para que Hillary Clinton asistiera [a una fiesta].

J.P.: El ámbito en el que los correos electrónicos resultan más relevantes es el de la política exterior de Estados Unidos, ya que muestran la relación directa de Hillary Clinton y la fundación del yihadismo y del Estado Islámico (EI) en Oriente Próximo. ¿Puede explicarnos de qué forma los correos electrónicos demuestran que quienes se supone que combaten a los yihadistas del EI colaboraron en realidad en su creación?

J.A.: Hay un correo de 2014 dirigido por Hillary Clinton a su director de campaña John Podesta poco después de abandonar el departamento de Estado, en el que afirma que el Estado Islámico está financiado por los gobiernos de Arabia Saudí y Qatar. Se trata del correo más significativo de toda la colección, quizás, porque saudíes y qataríes han dado mucho dinero a la Fundación Clinton. Hasta el gobierno de EE.UU. está de acuerdo en que algunas figuras saudíes están detrás del Estado Islámico. Pero se supone que se trata de algunos príncipes deshonestos que utilizan su parte del dinero petrolero para hacer lo que quieren, aunque su gobierno desaprueba esta práctica.

Pero el correo electrónico niega esta excusa y afirma que son los propios gobiernos saudí y qatarí quienes han financiado el EI.

J.P.: Saudíes, qataríes, marroquís, bahreiníes, especialmente saudíes y qataríes donan todo ese dinero a la Fundación Clinton  mientras Hillary es secretaria de Estado y el departamento de Estado está aprobando enormes ventas de armas, en particular a Arabia Saudí.

J.A.: La venta de armas más grande jamás realizada en el mundo se hizo con Hillary Clinton como secretaria de Estado, [y fue por valor] de más de 80.000 millones de dólares. De hecho, durante su mandato al frente del departamento de Estado el total de exportaciones de armas de Estados Unidos se duplicó, en términos de valor en dólares.

J.P.: Es evidente que, según estas informaciones, el famoso grupo terrorista conocido como Estado Islámico de Irak y el Levante o simplemente como Estado islámico (EI)  habría sido creado en buena medida con dinero procedente de las mismas personas que financian la Fundación Clinton.

J.A.: Así es.

J.P.: Eso es extraordinario.

J.A.: En realidad, me da pena Hillary Clinton como persona, porque la veo devorada por sus ambiciones, hasta un punto enfermizo. Esas personas llegan a desmayarse como resultado de sus ambiciones. Ella representa a toda una red de personas y de relaciones con determinados estados. La cuestión es ¿cómo encaja Hillary Clinton en esta red más extensa? Es el engranaje central. Hay un montón de engranajes diferentes en marcha, desde grandes bancos como Goldman Sachs y los principales elementos de Wall Street hasta agencias de inteligencia y determinados individuos del departamento de Estado y del gobierno saudí.

Ella es el elemento centralizador que interconecta todos los distintos engranajes. Es la representación central de todo eso y “todo eso” es más o menos lo que detenta el poder ahora mismo en Estados Unidos. Es lo que llamamos el establishment o el Consenso de Washington. Uno de los correos más significativos de Podesta que hemos sacado a la luz explicaba cómo se formó el gabinete de Obama y cómo la mitad del mismo había sido básicamente nombrado por un representante del Citibank. Es bastante sorprendente.

J.P.: ¿El Citibank presentó una lista…?

J.A.: Así es.

J.P.: … de la que salió la mayor parte del gabinete de Obama.

J.A.: Exacto.

J.P.: Entonces, ¿es Wall Street quien decide el gabinete del presidente de Estados Unidos?

J.A.: Si en su momento seguiste de cerca la campaña de Obama, te darías cuenta de que se había acercado mucho a los intereses de la banca.

J.A.: Por eso creo que no se puede entender adecuadamente la política exterior de Hillary Clinton sin entender a Arabia Saudí. Sus conexiones con este país son muy estrechas.

J.P.: ¿Por qué se mostró tan manifiestamente entusiasmada por la destrucción de Libia? ¿Puede contarnos por encima lo que nos muestran sus correos electrónicos de lo que ocurrió allí? Porque Libia es el origen de buena parte del caos existente ahora en Siria, del yihadismo del EI y todo eso, y fue casi una invasión de Hillary Clinton. ¿Qué nos dicen los correos sobre todo ello?

J.A.: La Guerra de Libia fue, más que nada, la guerra de Hillary. Barack Obama se opuso inicialmente a ella. ¿Quién fue su máxima defensora? Hillary Clinton. Esto está bien documentado en sus correos. Había enviado a su agente favorito, Sidney Blumenthal a prepararlo todo. De los 33.000 correos de Hillary Clinton publicados, más de 1.700 son sobre Libia. No se trata de que Libia tuviera petróleo barato. Ella pretendía derrocar a Gadafi y derribar al Estado libio, ya que quería utilizarlo en su campaña para las elecciones presidenciales. Hay un documento interno de finales de 2011 encargado por Hillary Clinton titulado “Tic-tac Libia” que resume la descripción cronológica de cómo ella fue la figura central de la destrucción del Estado Libio, que provocó alrededor de 40.000 muertes en Libia; llegaron los yihadistas, llegó el Estado Islámico y todo ello provocó la crisis europea de los refugiados y los emigrantes.

No es solo que la gente huyera de Libia, huyera de Siria, que otros países africanos se desestabilizaran como resultado del flujo de armas, sino también que el propio Estado libio ya no era capaz de controlar el movimiento de personas en su interior. Libia está situada frente al Mediterráneo y durante mucho tiempo fue el corcho de la botella de África. Así que todos los problemas, los problemas económicos y las guerras civiles de África, la gente que huía de esos problemas, no llegaban hasta Europa porque Libia controlaba policialmente el Mediterráneo. El propio Gadafi fue muy claro al respecto a comienzos del 2011: ¿Qué piensan esos europeos que están haciendo cuando intentan bombardear y destruir el Estado libio? Van a provocar oleadas de emigrantes africanos y la llegada de yihadistas a Europa”. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

J.P.: ¿Les llegan quejas de la gente preguntando: “Qué está haciendo WikiLeaks. Están intentando colocar a Donald Trump en la Casa Blanca?

J.A.: Mi respuesta es que no permitirán que gane Trump. ¿En qué me baso para afirmar eso? En que no tiene de su parte a ningún estamento del establishment, excepto a las iglesias evangélicas, si es que puede considerárselas un establishment. Pero los bancos, las agencias de inteligencia, las empresas armamentísticas… las grandes inversiones extranjeras… todos apoyan a Hillary Clinton, al igual que los medios de comunicación, los dueños de los medios e incluso los propios periodistas.

J.P.: Se les acusa de que WikiLeaks actúa en connivencia con los rusos. Hay gente que dice: “¿Por qué WikiLeaks no investiga y publica correos electrónicos de Rusia?

J.A.: Hemos publicado alrededor de 800.000 documentos de todo tipo relacionados con Rusia. La mayor parte de ellos son críticos y han sido la base de una gran cantidad de libros, casi todos críticos también. Nuestros documentos [rusos] han sido utilizados en bastantes procesos judiciales: casos de refugiados que huyen de lo que afirman es una persecución política en Rusia y que utilizan nuestros documentos para apoyar su caso.

J.P.: ¿Tiene alguna opinión personal sobre la elección estadounidense? ¿Tiene preferencia por Clinton o por Trump?

J.A.: [Hablemos sobre] Donald Trump. ¿Qué es lo que representa para los europeos o los estadounidenses? Representa a la chusma blanca estadounidense, “deplorable e incorregible” [en palabras de Hillary Clinton]. Eso significa que desde el punto de vista de la clase dirigente o desde una perspectiva urbana, educada y cosmopolita, esta gente son paletos con los que no se puede tratar. Como él representa claramente –mediante sus palabras, sus actos y el tipo de personas que acuden a sus mítines– a personas que no forman parte de la clase media ni de la clase media alta y educada, existe el miedo a ser asociados de cualquier modo con ellos, un miedo social que reduce el estatus de clase de cualquiera al que se acuse de haber ayudado a Trump sea como sea, incluyendo cualquier crítica a Hillary Clinton. Si te fijas en cómo la clase media consigue su poder económico y social, es completamente lógico.

J.P.: Me gustaría hablar de Ecuador, el pequeño país que le ha proporcionado asilo político en esta embajada de Londres. Ahora Ecuador le ha cortado el acceso a Internet desde este lugar en donde estamos realizando la entrevista, la embajada, porque claramente les preocupa su intervención en la campaña electoral estadounidense. ¿Puede decirnos por qué lo han hecho y lo que opina sobre el apoyo proporcionado por Ecuador?

J.A.: Retrocedamos cuatro años. Hice una solicitud de asilo a Ecuador en esta embajada, a causa del pedido de extradición de EE.UU. y me fue concedido después de un mes. Desde entonces, la embajada ha estado rodeada por la policía: una operación policial muy cara que el gobierno británico admite que le ha costado más de 12,6 millones de libras. Hace un año lo admitieron. Ahora han desplegado policía secreta y cámaras robot de vigilancia de diversos tipos. Es decir, se ha provocado un conflicto bastante serio en el corazón de Londres entre Ecuador, un país de dieciséis millones de habitantes, y Reino Unido, con la colaboración indirecta de Estados Unidos. Fue una decisión valiente y basada en principios de Ecuador. Ahora Estados Unidos celebra elecciones, las de Ecuador son en febrero del año próximo, y la Casa Blanca se ha acalorado como resultado de la información veraz que hemos estado publicando.

WikiLeaks no publica desde la jurisdicción de Ecuador, desde esta embajada o desde territorio de Ecuador; publicamos desde Francia, desde Alemania, desde Países Bajos y desde otra serie de países, por lo que han intentado presionar a WikiLeaks a través de mi estatus de refugiado; y esto es, esto es completamente intolerable, que estén intentando ahogar a una organización editora; intentan evitar que se publique información verdadera sobre unas elecciones que es de gran interés para el pueblo estadounidense y otros.

J.P.: Díganos qué ocurriría si saliera de esta embajada.

J.A.: Sería inmediatamente detenido por la policía británica y extraditado a Estados Unidos o a Suecia. En Suecia no estoy acusado de nada, ya he sido exonerado [por la fiscal general de Suecia Eva Finne]. No tenemos ninguna certeza de lo que ocurriría allí, pero lo que sí sabemos es que el gobierno sueco se ha negado a garantizar que no me extraditaría a estados Unidos; también sabemos que han aceptado todas las extradiciones solicitadas por ese país desde 2000. Es decir, en los últimos quince años todas y cada una de las personas que Estados Unidos ha querido extraditar de Suecia han sido extraditadas y el gobierno se niega a garantizarme que eso no va a ocurrir.

J.P.: La gente suele preguntarme cómo lleva el aislamiento en este lugar.

J.A.: Mire usted, uno de los mejores atributos de los seres humanos es su adaptabilidad y uno de sus peores atributos es su adaptabilidad.  Se adaptan y empiezan a tolerar las agresiones, se adaptan a participar ellos mismos en agresiones, se adaptan a la adversidad y siguen adelante. Así que en mi situación… francamente, me siento recluido; este [la embajada] es el mundo… visualmente es el mundo [para mí].

J.P.: Es el mundo sin sol, entre otras cosas, ¿no?

J.A.: Es el mundo sin sol, pero hace tanto que no veo el sol que ni lo recuerdo.

J.P.: Claro.

J.A.: Así que, claro, te adaptas. Lo que más me molesta es que mis hijos pequeños también tienen que adaptarse. Se adaptan a estar sin su padre. Eso es algo muy duro que les ha sido impuesto.

J.P.: ¿Se preocupa por ellos?

J.A.: Sí, me preocupan; y me preocupa su madre.

J.P.: Algunos podrían decir, “bueno, ¿por qué no acaba con ello y simplemente sale y permite que le extraditen a Suecia?

J.A.: La ONU [el grupo de trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU] ha investigado toda esta situación. Dedicaron dieciocho meses para presentar una demanda judicial formal. Yo y la ONU contra Suecia y Reino Unido. ¿Quién tiene razón? La ONU llegó a la conclusión de que estoy sufriendo una detención ilegal arbitraria, privado de mi libertad y que lo sucedido no es conforme a las leyes británicas ni suecas y que esos países tienen que obedecer. Es una agresión ilegal. Es la ONU quien ha preguntado formalmente: “Qué está pasando aquí? ¿Cuál es vuestra explicación legal? [Assange] dice que deberíais reconocer su asilo”. Y Suecia responde a la ONU diciendo: “No, no vamos a reconocer el veredicto de la ONU”, con lo que dejan abierta su posibilidad de extraditarme.

Me parece absolutamente increíble que la narrativa de esta situación no se exponga públicamente en la prensa, porque no se corresponde a la narrativa del sistema occidental. Y sí, Occidente tiene presos políticos, es una realidad, no soy solo yo, hay un puñado de otras personas que están en el mismo caso. Occidente tiene presos políticos. Es evidente que ningún Estado acepta que las personas que tiene encarceladas o detenidas por motivos políticos sean presos políticos. No les llaman presos políticos en China, no les llaman presos políticos en Azerbaiyán y no les llaman presos políticos en Estados Unidos, Reino Unido o Suecia. Ese tipo de autopercepción es absolutamente inaceptable.

J.A.: En mi situación, tenemos un caso, el caso sueco, en el que nunca se me ha llegado a acusar de ningún delito, en el que ya he sido exonerado [por la fiscal general] y declarado inocente, en el que la propia mujer [la presunta víctima] declaró que había sido un montaje policial, en el que la ONU afirmó oficialmente que todo el asunto es ilegal, en el que el Estado de Ecuador también investigó y decidió que era merecedor de asilo. Esos son los hechos, pero ¿cuál es la retórica?

J.P.: Sí, es diferente.

J.A.: La retórica pretende, pretende constantemente que he sido acusado de un delito sin mencionar nunca que ya he sido exonerado, sin mencionar nunca que la propia mujer dijo que había sido un montaje policial.

[La retórica] está intentando evitar la verdad: que la ONU dictaminó formalmente que todo el asunto es ilegal, sin ni siquiera mencionar jamás que Ecuador realizó una valoración formal mediante procesos formales y averiguó que sí, que efectivamente estoy sometido a persecución por parte de Estados Unidos.

NOAM CHOMSKY: “INCLUSO SI NO GANA, TRUMP SERÁ MUY PELIGROSO”

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El lingüista y filósofo estadounidense advierte que los seguidores del magnate están acumulando armas y que, si su candidato pierde, conciben el día después de los comicios como un día de rabia

POR ANTONIO BAQUERO, DE EL PERIÓDICO

Referente intelectual a nivel planetario en la denuncia de los abusos de las grandes multinacionales y de los excesos de la maquinaria militar de EEUU, el lingüista y filósofo Noam Chomsky ha aterrizado este sábado en Barcelona para realizar una conferencia sobre los refugiados, invitado por el Instituto sobre Globalización, Cultura y Movilidad de la Universidad de Naciones Unidas (UNU-GCM). Ediciones B acaba de publicar también su último libro, ‘¿Quién domina el mundo?’. A sus 87 años, reconoce la inquietud que le produce Trump, tanto si pierde como si gana.

-¿Como lingüista qué impresión le producen los discursos de Donald Trump y Hillary Clinton?

-No es una cuestión de lingüista. Personalmente no me gusta ninguno de los dos. Y creo que Trump sería un desastre. Pero el hecho es que si miran cómo se desenvuelven en televisión, verán que Trump suele hablar de asuntos que le importan a la gente a la que él se dirige. Habla su lenguaje y actúa como si fuera a obrar para defender sus intereses sobre lo que a esa gente le preocupa: el comercio, el trabajo, la inmigración.

-¿Y Clinton?

-Clinton dedica buena parte de su tiempo solo a atacar a Trump personalmente. Que no está capacitado para ser presidente, denuncia su modo de actuar… El modo de desenvolverse de Clinton no es muy bueno. Lo más grave es que ninguno de los dos habla de los asuntos realmente importantes, ni plantean de qué modo van a enfrentarse a los grandes problemas. Y los medios no están denunciando eso. Solo se atacan el uno al otro pero no nos dicen cómo piensan afrontar los problemas.

-¿Hasta qué punto la cobertura de los medios de todo lo que hace o dice ha propiciado el auge de Donald Trump?

-Ha sido dramático. El foco de los medios ha estado de una forma masiva sobre Trump. No solo Fox News. También aquellos medios que se le oponen. Por ejemplo, una semana, como experimento, miré el ‘New Yorker’, que es una publicación liberal. Y me fijé en las caricaturas. En todas aparecía Trump. Y eso en todos los medios. El jefe de la CBS, cuando le preguntaron por qué dedicaba tanto tiempo a Trump, contestó que Trump ‘era maravilloso para sus audiencias’, lo que suponía más anuncios. Los medios de comunicación son empresas privadas que quieren ganar dinero. Son los medios los que han hecho que la figura política de Trump se convierta en relevante.

-¿Había imaginado alguna vez que alguien como Trump pudiera llegar a ser presidente de EEUU?

-Es una persona que ha llegado sin ningún tipo de pasado político ni de experiencia política. Un hombre de negocios que gana mucho dinero, que pierde mucho dinero. Es un hombre espectáculo, básicamente. Recuerda un poco a Ronald Reagan que, eso sí, era un poco más serio que Trump. Tampoco tenía mucha idea del mundo. Era un actor. La diferencia es que Reagan era un instrumento del Partido Republicano, y del ‘establishment’ y las grandes corporaciones y tradujo sus preocupaciones. En cambio Trump viene de ninguna parte, es odiado por el ‘establishment’.

-¿Qué ha cambiado con Trump?

-Es muy interesante. Si mira en las últimas campañas, en las primarias republicanas, cada vez que aparecía un candidato aupado por la base, y con apoyo popular, solía ser un candidato extremo que, antes o después, era aplastado por el aparato. Hasta ahora, los republicanos habían sido capaces de liquidar a esos candidatos. Con Trump ha sido la primera vez que no lo han conseguido. Y lo que refleja es hasta qué punto la base republicana siente una desafección creciente por el ‘establishment’ del partido.

-¿Por qué esa desafección?

-Lo que ha pasado es que ambos partidos, Republicanos y Demócratas, pero sobre todo los Republicanos, se han ido tan a la derecha, han defendido tanto los intereses de las grandes empresas, que ya no consiguen atraer votos de la gente. El partido ya no es capaz de movilizar a grandes sectores de la población.

-¿Qué capas de la población?

-Por ejemplo, los cristianos evangélicos. EEUU es un país con una sociedad básicamente fundamentalista. Uno de los problemas para concienciar a la gente sobre el riesgo del cambio climático es que el 40% no cree que sea un problema. Y no lo cree porque está convencida de que Jesús va a volver en unos pocos años. También creen que el mundo se creó hace unos pocos miles de años. Y esto son franjas de la población que antes no eran una fuerza política y que ahora sí lo son.

-¿Hay otras causas?

-Sí. Hay una parte de la población blanca que está aterrorizada con la pérdida de la supremacía blanca en la sociedad estadounidense. En 10 o 15 años, la mayoría de la población ya no será blanca. Y EEUU es un país levantado sobre una idea extrema de supremacía blanca. Y perder esta posición dominante desde un punto de vista social y también económico es una conmoción. Además, los éxitos en la lucha por los derechos de las mujeres, o del colectivo homosexual, es visto por una parte de la sociedad como un ataque a su sistema de privilegios, a su sistema de valores, a los valores del sistema patriarcal…

-Y Trump los ha activado.

-Trump ha movilizado esa base social. Trump va a bajar los impuestos a los más ricos y a las grandes corporaciones, va a aumentar el presupuesto militar y va a hundir el sistema público, que no tendrá recursos. Incluso si Trump no llega a ser presidente puede ser muy peligroso. Sus seguidores están acumulando armas, se han convencido de que Clinton va a instaurar la ley marcial, que va atacarles y que tendrán que defenderse. El propio Trump ha hecho circular la idea de que no va a aceptar el resultado. Muchos de sus seguidores piensan que el día 9, el posterior a las elecciones, será un día de mucha rabia. Las fuerzas básicas que han apoyado a Trump no van a desaparecer. Son como la ultraderecha europea. No van a irse de pronto solo porque hayan perdido. Están profundamente arraigadas.

‘¿Quién domina el mundo?’

En ‘¿Quién domina el mundo?’ (Ediciones B), el último libro de Noam Chomsky publicado en España, el autor argumenta que el empecinamiento de Estados Unidos -más bien de una élite al margen de cualquier control democrático- en mantener una posición de dominio mundial es un peligro para el planeta. Estos son algunos extractos de su introducción.

“Entre los Estados, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido de lejos el primero entre desiguales y sigue siéndolo. Continúa dictando en gran medida los términos del discurso global en un abanico de asuntos que van desde Israel-Palestina, Irán, Latinoamérica, la «guerra contra el terrorismo», la organización económica, el derecho y la justicia internacionales, y otros semejantes, hasta problemas fundamentales para la supervivencia de la civilización, como la guerra nuclear y la destrucción del medio ambiente. Su poder, no obstante, ha disminuido desde que alcanzó una cota sin precedentes históricos en 1945. Con el inevitable declive, el poder de Washington queda hasta cierto punto compartido dentro del «Gobierno mundial de facto» de los «amos del universo», por usar los términos que utilizan los medios de comunicación para referirse a los poderes capitalistas dominantes (los países del G7) y las instituciones que estos controlan en la «nueva era imperial» tales como el Fondo Monetario Internacional y las organizaciones internacionales que reglan el comercio”.

“La gran mayoría de la población, en el extremo bajo de la escala de ingresos/riqueza, se halla, de hecho, excluida del sistema político, y sus opiniones y posturas son pasadas por alto por sus representantes formales, mientras que un pequeño sector en la cima posee una influencia arrolladora”.

“En Europa, el declive de la democracia no es menos llamativo, mientras la toma de decisiones en cuestiones cruciales se desplaza a la burocracia de Bruselas y las potencias financieras que esta representa en gran medida. Su desprecio por la democracia se reveló en julio de 2015 en la salvaje reacción a la mera idea de que el pueblo de Grecia pudiera tener voz para determinar el destino de su sociedad, destrozada por las brutales políticas de austeridad de la troika: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), en concreto los actores políticos del último, no sus economistas, que han sido críticos con las políticas destructivas”.

HOY, FIESTA O FUNERAL DE HILLARY O TRUMP

Democratic Presidential HndidatHHillary Clinton speaks to supporters during her campaign while it rains at in Pembroke Pines, Florida on Nov.5, 2016. Florida is a severe battle state. ( The Yomiuri Shimbun via AP Images )

La carrera por la Casa Oval concluye con gran apoyo a la candidata demócrata

Llegó el momento decisivo, en que las últimas encuestas favorecen a la demócrata Hillary Clinton, pero no con un margen suficiente sobre el republicano Donald Trump

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La carrera por la Casa Oval concluye con gran apoyo a la candidata demócrata

LLegó el momento decisivo, en que las últimas encuestas favorecen a la demócrata Hillary Clinton, pero no con un margen suficiente sobre el republicano Donald Trump

davis brokkesPor David Brooks

Corresponsal del Periódico La Jornada, de Mexico

Nueva York.

Hillary Clinton cerró su campaña rodeada de las estrellas políticas y culturales del momento, mientras la ausencia de estrellas de cualquier tipo marcó el fin de la campaña de Donald Trump, en momentos en que las últimas encuestas y pronósticos favorecían cada vez más a la demócrata, pero no con un margen suficiente para abrir alguna botella de champán.

Los indicadores finales más respetados, incluyendo encuestas, modelos de pronóstico y análisis de tendencias, apuntan a un triunfo de la demócrata, quien ha registrado un leve incremento en las preferencias, y aunque este consenso implica que superará la meta de los 270 votos electorales necesarios para que le entreguen las llaves a la Casa Blanca, todo augurio sigue acompañado con advertencias de que el republicano aún tiene un camino hacia el triunfo.

Al despejarse la nube de la posible investigación de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) que irrumpió en la recta final de esta elección, junto con un repunte en los sondeos, un voto latino aparentemente sin precedente en estados claves y la capacidad operativa muy superior de la campaña demócrata por cada entidad del país, han generado una sensación de alivio entre varios sectores, incluyendo los mercados de valores.

La Bolsa de Valores de Nueva York tuvo un alza de 300 puntos al suponer que ganará Clinton, percibida como la candidata del establishment, después de una semana de retrocesos por lo que más odian los mercados financieros: la incertidumbre.

Antes del cierre de sus campañas, en estas últimas horas de la contienda ambos candidatos viajaron a un total de nueve de los aproximadamente 15 estados claves que determinarán el resultado final de esta elección presidencial.

Podemos lograrlo, afirmó Clinton en sus últimos mensajes después de 82 semanas de campaña. Esta elección es entre la división y la unidad en nuestro país, dijo, y subrayó que era entre un liderazgo estable y experimentado y uno irresponsable.

Trump declaró en uno de sus últimos mitines, después de 72 semanas de campaña, que si no ganamos, honestamente, hemos perdido el tiempo, indicando que esta es una magnífica oportunidad, y posiblemente la última, para recuperar a Washington. Este es el momento, buena suerte. Yo hice lo mío, ahora les toca a ustedes.

Clinton celebró el último acto en el centro histórico de Filadelfia, acompañada de las dos figuras políticas supremas del partido –y las más populares ante el público (mucho mas que la candidata)–: Barack y Michelle Obama; otras figuras de la cúpula demócrata y estrellas como Bruce Springsteen y Jon Bon Jovi, y obviamente el ex presidente Bill Clinton (en Washington Square, en Manhattan, al mismo tiempo Madonna sorprendió con un concierto acústico, cantando Imagine, entre otras canciones, en apoyo a Clinton).

Por su lado, Trump festejó el cierre de su campaña en Michigan, donde fue notoria la ausencia de cualquier figura de la cúpula de su partido –ni un solo ex presidente ni ex candidato presidencial republicano, como tampoco los militantes electos más poderosos– y tampoco ninguna gran estrella del mundo de los espectáculos. Todo, muestra de la ruptura interna de un partido ahora en crisis, gane quien gane.

A la vez, este contraste con Clinton ha sido utilizado por Trump a lo largo de la campaña como prueba de que él es un insurgente de afuera, y no miembro de la cúpula política de Washington ni de Hollywood.

Ambos regresaron a sus sedes nacionales de campaña en la ciudad de Nueva York anoche, donde esperarán los resultados de este martes. Clinton rentó un espacio en el centro de convenciones Javits, donde también ya tienen preparados fuegos artificiales. Trump alquiló un espacio en el hotel Hilton, a unas 20 cuadras de la fiesta (o funeral) de Clinton.

Mientras tanto, ambas campañas buscan promover su voto. Aquí, Clinton goza de una enorme ventaja en la llamada guerra terrestre (la aérea es la de publicidad por los medios) al haber construido una infraestructura organizativa durante los pasados dos años alrededor del país, y sobre todo en los estados claves. Sólo este fin de semana su campaña reportó haber tocado 6.2 millones de puertas y hecho más de 8 millones de llamadas telefónicas en sus operaciones para obtener el voto.

Trump por su parte está confiando en que el entusiasmo de sus filas –lo que llama su movimiento– logre superar la ventaja organizativa de Clinton, y que los jefes de voluntarios y organizaciones derechistas –algunas muy poderosas, como la Asociación Nacional del Rifle– logren impulsar su voto.

Pero muchos ya han votado en decenas de estados que permiten el sufragio adelantado, entregando aproximadamente 41 millones de boletas hasta la fecha. Aunque no serán contados hasta el cierre de las casillas este martes, algunos cálculos favorecen a Clinton y le ofrecen un colchón, sobre todo en lo que parece ser una participación sin precedente de los latinos en estados claves como Florida, Nevada y Arizona.

A la vez, ante la amenaza de Trump de no reconocer resultados, ya que insiste en que tiene pruebas de que se está preparando fraude electoral en muchas entidades, hay preocupación sobre el funcionamiento del proceso, ya que en verdad la elección presidencial no es nacional, sino 50 comicios simultáneos en cada estado más la capital, todos con sus propias reglas, horarios y equipo.

Sin embargo, expertos coinciden en que el fraude empleando falsas identidades en las casillas el día de las elecciones es algo casi nulo en este país. Un informe de abogados encontró que desde 2000 se han identificado sólo 38 casos en elecciones donde se han depositado en total más de mil millones de votos.

Lo que sí existe, y es un problema cada vez más grave, son esfuerzos por intimidar y suprimir el voto, justo lo que ha promovido Trump con su llamado a que sus filas vigilen ciertos barrios, en referencia a comunidades latinas y afroestadunidenses pobres. De hecho, en unos 30 estados han promovido leyes para obstaculizar el voto justo para estas comunidades minoritarias.

Susan Gzesh, abogada en Chicago que estará participando en labores de observación de casillas en estados claves, comentó a La Jornada que voluntarios que están capacitando para observación electoral en varios estados justo con el fin de frenar intentos de intimidación estaban siendo entrenados para enfrentar posibles expresiones de violencia, sobre todo en Ohio, ante la amenaza de seguidores de Trump.

Durante todo el año y ahora con más intensidad, se registra el temor entre sectores minoritarios que viven en zonas conservadoras, sea en Arizona –donde el sheriff Joe Arpaio amenaza con desplegar a sus policías a casillas para vigilarlas, pero con el propósito obvio de intimidar a votantes latinos– o en Florida, donde caribeños y mexicanos reportan mayor tensión racial en escuelas y en sitios públicos. Varios residentes y activistas comunitarios informan a La Jornada que están preocupados por posibles ataques a ciudadanos durante la jornada electoral y en los días posteriores, gane quien gane.

Pero por ahora, en esta elección tan inusual y de golpes bajos, el grito al final entre gran parte de la cúpula y en diversos sectores sociales atacados por la derecha, y sobre todo por Trump, es que este martes se necesita, como dijo un asesor de la campaña demócrata, salvar la república.

El veredicto se dará en las próximas horas.