CANTOS Y POEMAS A FIDEL

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Canto a Fidel

Carilda Oliver Labra

No voy a nombrar a Oriente,

no voy a nombrar la Sierra,

no voy a nombrar la guerra

–penosa luz diferente–,

no voy a nombrar la frente,

la frente sin un cordel,

la frente para el laurel,

la frente de plomo y uva:

voy a nombrar toda Cuba:

voy a nombrar a Fidel.

Ése que para en la tierra

aunque la luna lo hinca,

ese de sangre que brinca

y esperanza que se aferra;

ese clavel en la guerra,

ese que en valor se baña,

ese que allá en la montaña

es un tigre repetido

y dondequiera ha crecido

como si fuese de caña.

Ese Fidel insurrecto

respetado por las piñas,

novio de todas las niñas

que tienen el sueño recto.

Ese Fidel –sol directo

sobre el café y las palmeras–;

ese Fidel con ojeras

vigilante en el Turquino

como un ciclón repentino,

como un montón de banderas.

Por su insomnio y sus pesares

por su puño que no veis,

por su amor al veintiséis,

por todos sus malestares,

por su paso entre espinares

de tarde y de madrugada,

por la sangre del Moncada

y por la lágrima aquella

que habrá dejado una estrella

en su pupila guardada.

Por el botón sin coser

que le falta sobre el pecho,

por su barba, por su lecho

sin sábana ni mujer

y hasta por su amanecer

con gallos tibios de horror

yo empuño también mi honor

y le sigo a la batalla

en este verso que estalla

como granada de amor.

Gracias por ser de verdad,

gracias por hacernos hombres,

gracias por cuidar los nombres

que tiene la libertad.

 

Gracias por tu dignidad,

gracias por tu rifle fiel,

por tu pluma y tu papel,

por tu ingle de varón.

Gracias por tu corazón.

Gracias por todo, Fidel.

(marzo de 1957)

 

Canto a Fidel Castro

Ernesto Che Guevara

Vámonos,

ardiente profeta de la aurora,

por recónditos senderos inalámbricos,

a liberar el verde caimán que tanto amas.

Vámonos.

Derrotando afrentas con la frente

–Plena  de martianas estrellas insurrectas–

juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

Cuando suene el primer disparo y se despierte,

en virginal asombro, la manigua entera,

allí a tu lado, serenos combatientes,

nos tendrás.

Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos:

Reforma Agraria, justicia, pan, libertad,

allí a tu lado, con idénticos acentos,

nos tendrás.

Y cuando se llegue al final de la jornada

(la sanitaria operación contra el tirano),

allí a tu lado, aguardando la postrer batalla,

nos tendrás.

El día que la fiera se lama el flanco herido

donde el dardo nacionalizador le dé,

allí a tu lado, con el corazón altivo,

nos tendrás.

(No pienses que puedan menguar nuestra entereza

las decoradas pulgas armadas de regalos;

perdimos un fusil, sus balas y una peña.

Nada más).

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,

pedimos un sudario de cubanas lágrimas

para que se cubran los guerrilleros huesos

en el tránsito a la historia americana.

Nada más.

 

Canto a Fidel Castro

Pura del Prado

No sé cómo creciste, pero tomaste espuma,

nata de mar, almendra de mañana guajira,

te fue saliendo un gesto de montaña, de puma

arisco a la maldad, de yunque de ira.

 

Palmas al sol, campiñas y montes orientales,

te hicieron puro y claro como el agua  encendida.

Tienes no sé qué cosa de ceiba y maniguales

donde la catarata suena a limpio y a vida.

Tienes hasta las uñas de varón y hasta el trueno

sobre la árida tierra se parece a tu hombría.

Ya nos cambias los gustos hasta en el pan moreno

porque todas las cosas saben a tu hidalguía.

Eres un hombre como los demás,

joven, buen mozo, saludable y fuerte.

La tierra hará tranquila un poco más

de abonos y rosales con tu muerte.

 

El cielo te conoce enamorado

te ha visto padre como tantos otros,

y sabe el salto al fuego que tú has dado

para sacrificarte  por nosotros.

Porque fuiste cruzando como un tren

por paisajes de lacras y pobreza,

bajaste a pelear en un andén

y se volvió heroísmo tu tristeza.

Canto a ti, a tus muchachos aradores del aire

con la profunda  reja del fusil y la llama,

ejército sin bozo que alza el grito de Baire

hasta desde sus verdes ataúdes de grama.

Mañana lloraremos los muertos juveniles

y cantando los himnos construiremos el día.

La  paz, el pan, la dicha, saldrán de los fusiles

que en las montañas cantan fuegos de rebeldía.

Viste un pueblo desolado

una caña  de amargura,

como de mujer impura

el patrio vientre manchado,

te indignó de lado a lado

su mejilla de dolor,

de frente a su abusador

tú encendiste nuestra guerra

con campesinos sin  tierra

de la región del honor.

II

Veo en ti como crecer

lo que se quedaba enano,

con un gesto de tu mano

nos das el amanecer.

Por quererte hay que querer

todos los muertos de luz

que subieron a la cruz

del sacrificio por Cuba

y subir adonde suba

tu romántico arcabuz.

III

Va la justicia por ti

abierta de par en par,

y nos vino por el mar

en tu yate de mambí

un recado de Martí,

terreno para el montuno,

opresión para ninguno

y libertad para todos,

decencia hasta por los codos

y castigo para uno.

IV

En la fila de ladrones

tú no has formado jamás,

ni Atila ni Barrabás

usaron tus pantalones.

Ni te compran los doblones

ni tienes un mal pasado,

un pueblo  desalentado

se esperanza en que eres puro.

De ti depende el futuro

de nuestra fe, ten cuidado.

V

No son males de apariencia,

sino gangrenas de fondo

las que duelen en lo hondo

como un pus de la decencia.

No se trata de impaciencia

por derribar un bribón,

te quiero como un ciclón

que nos limpie totalmente

de bandoleros la frente,

de abusos al corazón.

VI

Creo en ti, en tu valentía,

que es la del pueblo cubano,

creo en la casa de guano

que te abre su portería,

creo en la alta serranía

que te esconde protectora,

creo en el día y la hora

en que alzarás un Turquino

por siempre en nuestro destino

con tu idea triunfadora.

VII

Me gusta verte soñando,

rodeado de aguas salobres,

en el triunfo de los pobres

y el fin del hasta cuándo.

Me gusta saber que andando

el tiempo tú subirás

y no te corromperás

porque crecerán tus hombros

no para llevar escombros

sino el amor de los más.

VIII

Eres bueno, y como tal

te duele matar soldados

y los quieres conquistados

para tu limpio ideal.

Como un puñado de sal

le das sabor al decoro,

tengo muertos que no lloro

pues cayeron por tu sueño

de elevar este pequeño

rebaño inclinado al oro.

Te amo en el pueblo, Fidel,

pensar en ti me ilumina,

eres un sol en la esquina

con tu foto en el papel.

Y se me vuelve de miel

el periódico contigo

porque eres un haz de trigo

que brilla entre tanta sombra.

Se enriquece  si te nombra

el corazón de un mendigo.

Has pasado por dolores

como mordiendo metal

Picaron auras del mar

en tu costado de amores.

Pero cuantos sinsabores

quisieron doblar tu frente

se encontraron de repente

sor tu firmeza mellados

y te vieron, asombrados,

derecho como una fuente.

 

 

El abogado desconocido

Justo Rodríguez Santos

En nombre de la Estrella Solitaria,

en nombre del Apóstol agredido,

en nombre de su pueblo esclavizado,

llega un joven de toga y pergamino.

A denunciar el crimen alevoso

y la diversidad de los delitos,

concurre un abogado cuya firma

estrena el cartulario en el registro.

Apartando legajos y expedientes,

cuya resolución abarca siglos,

la denuncia del pueblo, por su mano

habla a los tribunales sorprendidos.

Muestra el retrato del traidor, su ficha,

sus crímenes y robos repetidos.

Código en mano, suma las sanciones

que deben sus variados latrocinios

y reclama lo enjuicien sin tardanza

y ocupe su lugar en el banquillo.

Sus palabras anegan el silencio

que reverbera, terso y cristalino.

Pero las graves momias del birrete

parecen no entender el verbo digno.

Un ciudadano humilde, con un sobre,

 

un abogado nuevo y decidido,

que aprieta las clavijas de la ley

para que se oigan todos sus registros!

Marcha triunfal del Ejército Rebelde

El Indio Naborí (Jesús Orta Ruiz)

¡Primero de Enero!

Luminosamente surge la mañana.

¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero

de la redimida bandera cubana.

El aire se llena de alegres clamores,

se cruzan las almas saludos y besos,

y en todas las tumbas de nobles caídos revientan las flores

y cantan los huesos.

Pasa un jubiloso ciclón de banderas

y de brazaletes de azabache y grana,

mueve el entusiasmo balcones y aceras,

grita desde el marco de cada ventana.

A la luz del día se abren las prisiones

y se abren los brazos: se abre la alegría

como roja rosa en los corazones

de madres enfermas de melancolía.

Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes,

con trajes de olivo vienen de las lomas,

y por su dulzura, los héroes triunfantes

parecen armadas y bravas palomas.

Vienen vencedores del hambre y el frío

por el ojo alerta del campesinado

y el amparo abierto de cada bohío…

Vienen con un triunfo de fusil y arado.

Vienen con sonrisa de hermano y amigo,

vienen con pureza de vida rural,

vienen con las armas que al ciego enemigo

quitó el Ideal.

Vienen con el ansia del pueblo encendido,

vienen con el aire y el amanecer,

y, sencillamente, como el que ha cumplido

un simple deber.

No importan los días de guerra y desvelo,

no importa la cama

de piedra o de grama,

sin otra techumbre  que ramas y cielo.

No importa el insecto, no importa la espina,

la sed consolada con parra del monte,

la lluvia, los vientos, la mano asesina

siempre amenazando en el horizonte.

¡Sólo importa Cuba, sólo importa el sueño

de cambiar la suerte!

¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño,

ni viene asombrado de tutear la muerte!

Los niños lo miran pasar aguerrido

y piensan, crecidos por la admiración,

que ven un rey mago rejuvenecido

y con cinco días de anticipación.

Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos,

alumbran su rostro cien fuegos de gloria.

Pasan capitanes, curtidos labriegos

que vienen de arar en la Historia…

Con los invasores pasa el Che Guevara,

alma de Sarmiento1 que trepó el Turquino,

San Martín2 quemante sobre Santa Clara,

Maceo del Plata, Gómez3 argentino…

Pasan lindas reinas sin otras coronas

que su sacrificio: cubanas marciales,

gardenias que un día se hicieron leonas

al beso de doña Mariana Grajales…

Ya entre los mambises del bravío Oriente,

sobre un mar de pueblo, resplandece un astro,

ya vemos la cálida frente;

el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro…

Lo sigue radiante su hermano Raúl,

y aplauden al paso del héroe ciudades quemadas,

ciudades heridas que serán curadas

y tendrán un cielo sereno y azul.

Fidel fidelísimo, retoño martiano,

asombro de América, titán de la hazaña

que desde las cumbres quemó las espinas del llano

y ahora riega orquídeas, ¡flores de montaña!

Y esto que las hieles se volvieran miel,

se llama… ¡Fidel!

Y esta que la ortiga se hiciera clavel,

se llama…¡Fidel!

Y esto que la patria no sea un cuartel,

se llama…¡Fidel!

Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,

esto que la sombra se volviera luz,

esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre:

FIDEL CASTRO RUZ.

 

Ronda de la fortuna

Nancy Morejón

Fidel tiene fortuna,

una sola fortuna:

estar,

entre nosotros,

por un mundo mejor.

Qué fortuna mayor.

Fidel,

sin odio y sin hiel,

abre muros

y ventanas.

Fidel

Fidel tiene fortuna,

una sola fortuna,

la fortuna de ser

 

Fidel

 

 

Su presencia

Virgilio López Lemus

Su nombre es un verbo: sea el día

y sean las noches. Nadie puede resumirlo,

no se dedica un poema directamente a él,

ni una pieza recién hecha, ni una fábrica.

Es un padre, pero todos lo vemos como el mejor

de los hermanos, el amigo más alto.

No se le dedica directamente cosa alguna

pero cada hombre del pueblo moriría por él

en cualquier circunstancia.

 

1987

 

* Tomadas del libro Viaje a los frutos. Selección de Ana Cairo. Ediciones bachiller, 2006.

 

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