Noam Chomsky: “Nunca antes hubo un Trump”

Chomsky-Trump_CLAIMA20161001_0248_4

 

 

 

 

 

 

Para el intelectual más crítico des EE.UU.,

el panorama de su país es “chocante”

y el electorado está atravesado por

la ira de los pobres.

images

Tomado de Revista Ñ del diario Clarin, de Argentina

POR MARTIN BIALECK

Candidato republicano. “Hay una correlación directa entre el apoyo a populistas autoritarios y los entusiasmados con Donald Trump”, define Chomsky. (en la foto a la derecha).

A sus 87 años, Noam Chomsky recibe al visitante con un fuerte y largo apretón de manos, una sonrisa y una mirada amable. Su despacho en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Cambridge cumple con el cliché de un erudito: montones de libros, viejos carteles, notas. Chomsky, uno de los intelectuales más relevantes en la actualidad, critica con dureza la actual campaña presidencial estadounidense.

–¿Cómo se explica el auge de Donald Trump? ¿Qué dice el éxito del candidato republicano sobre la situación en Estados Unidos?
–Este peculiar fenómeno tiene cierto contexto, una especie de tradición sobre la que no se habla demasiado. Tomemos las elecciones primarias de los últimos años. Algunos candidatos populares entre las bases republicanas eran tan peligrosos y estaban tan locos que el “estabishment” del partido intervino y los eliminó, como ocurrió con Michelle Bachmann, Rick Santorum o Herman Cain. Pero en esta ocasión los líderes republicanos no lo consiguieron.

–¿A qué se debe?
–Sencillamente no pudieron hacerlo. Trump es singular. Nunca hubo algo como él en naciones industrializadas occidentales.

–Estados Unidos tiene algunos problemas graves. Desigualdad, racismo, brechas sociales, cuestiones identitarias, ¿por qué hay tantos que piensan que Trump es la respuesta a esas cuestiones?
–Sabemos qué posturas y preocupaciones tienen quienes apoyan a Trump. No son los pobres. La mayoría son de la clase trabajadora blanca que en el período del neoliberalismo fueron marginados. Siendo exactos, comenzó con Ronald Reagan.

–¿Y los demócratas?
–Los demócratas abandonaron a ese grupo ya en los 70, aunque siguen argumentando lo contrario. Hace tiempo que no puede hablarse de una clase trabajadora en Estados Unidos. Hay que hablar de una “clase media”, que se refiere a la “clase trabajadora”. En cualquier caso, esa clase fue sencillamente abandonada. Sólo hay que ver los sueldos. Ya nadie quiere acordarse de que en los tiempos de nuestro gran crecimiento los sueldos estaban ligados al producto nacional bruto y a la productividad. Eso se acabó a mediados de los años 70. Todo un segmento de la población fue abandonado y quedó descolgado. Ahora, esas personas están amargadas y tienen rencor.

–¿Ve otros motivos?
–Un segundo elemento, que conocen bien en Europa, es el fortalecimiento del populismo y el ultranacionalismo. Hay una correlación directa entre el apoyo a populistas autoritarios y los entusiasmados con Trump. Muchos se sienten amenazados, por ejemplo por el feminismo, y otros por situaciones que amenazan el orden que consideran apropiado. De ello ha surgido una mezcla muy peligrosa.

–¿Hasta qué punto le parece peligrosa esa mezcla?
–Se trata de un profundo cambio en el sistema político. Estados Unidos es en realidad un Estado de partido único con dos facciones políticas, republicanos y demócratas. Pero en realidad eso ya no es así. Seguimos siendo un país de partido único, el Partido de los Negocios. Pero ya sólo hay una facción, que da igual cómo se llame. Ambos partidos han virado hacia la derecha. Hace un par de décadas Hillary Clinton habría estado a gusto entre los republicanos moderados.

–¿Cómo han evolucionado los republicanos?
–Lamentablemente han salido del espectro normal. En un sentido real ya no son un partido parlamentario.

–¿Es posible pensar en un nuevo partido, por ejemplo cuando se piensa en los millones de personas que apoyaron a Bernie Sanders?
–Por supuesto. Si tuviéramos un movimiento trabajador activo y luchador del estilo del que hubo en Estados Unidos en los años 30, probablemente uniría a los seguidores de Trump con los de Sanders. Son diferentes en muchas cosas pero comparten la misma ira por el ataque contra la clase trabajadora y los pobres. Eso podría ser el principio de algo nuevo.

–Pero los terceros partidos lo tienen difícil en Estados Unidos.
–Sí, como consecuencia de nuestra herencia británica. No hay representación política proporcional sino un sistema electoral mayoritario. Eso lo hace difícil.

–Usted ha dicho que Trump es el resultado de una sociedad que implosiona y colapsa. ¿Diría también que el sistema político se ha derrumbado?
–Mire, hay que decir que en realidad en Europa es peor. En Europa, la democracia ha sufrido un duro golpe al haberse trasladado el poder de decisión política a Bruselas. Una evolución chocante. Estados Unidos se desarrolló desde una democracia hacia una plutocracia con apéndices democráticos. Sí, aquí hay mucha libertad, es una sociedad muy abierta, hay muchas cosas positivas. Pero en nuestro sistema la mayor parte de la sociedad está sencillamente infrarrepresentada.

–¿De qué parte de la sociedad está hablando?
–De tres cuartas partes de la sociedad. Sus representantes no se interesan por ellos, sobre todo por los que están en los grupos de salario más bajos. Cuanto más hacia arriba nos movemos en la escala de salarios, más influencia vemos. Hasta que llegamos a lo más alto, hasta el uno por ciento que controla prácticamente todo.

–¿Es una consecuencia de ello que estemos ante candidatos con valores mínimos en las encuestas?
–Cuidado, eso es equívoco. ¡Lo mismo ocurre con todas las instituciones! Mire la valoración del Congreso, los bancos, las empresas, de todo salvo el Ejército, todos tienen prácticamente valoraciones de una sola cifra. La valoración de los candidatos no es algo atípico. Corresponde a un gran malestar social. Amenaza la democracia.

–¿En qué podemos confiar?
–Hay salidas. Mire el fenómeno Sanders. Esa gente salió como de la nada. Sin apoyo del mundo de los negocios ni del sistema político. Gente que teme por las bases económicas y sociales. Una reacción a su caída. Impulsada por una inesperada simpatía y por la esperanza de que alguien cree nuevos empleos en Estados Unidos. Comparen eso con la época posterior a la guerra, un movimiento así, que encontró un gobierno abierto y dispuesto a las reformas. De una amalgama así puede surgir algo nuevo. ¡Y no sólo puede, debe!

 Fuente; Dpa.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*