CUMBRE DE LAS AMÉRICAS, UN DESAFÍO PARA OBAMA

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“Barack Obama tratará de endulzar a
los dirigentes caribeños con promesas de préstamos generosos y así
ganarse su apoyo en la VII Cumbre, además quiere cambiar las recientes
críticas a su política hostil hacia Venezuela y a la guerra mediática
dirigida por EEUU contra Evo Morales, Cristina Fernández, Rafael
Correa, Dilma Rousseff, Daniel Ortega y en especial contra Nicolás
Maduro”.

vicky pelaez2 - Copy Por Vicky Peláez

Revista Sputnik

“Más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

— Salvador Allende

Washington y sus líderes llegan a la VII Cumbre de las Américas que se
celebrará en Panamá el próximo 10 de abril con mucho entusiasmo,
asistirá Barack Obama y otros 34 jefes de Estado y de Gobierno. Los
norteamericanos creen que el inicio de la apertura entre EEUU y Cuba
reforzará su posición de liderazgo en Latinoamérica y les aportará
nuevos aliados, siguen sin darse cuenta que el “cambio de la época en
América Latina y su proceso no lo para nadie…porque hemos trazado
nuestro destino unitario”, como lo afirmó Rafael Correa.

Parece que Washington está convencido ciegamente por la creencia casi
mítica de su “excepcionalidad”, que en su propia interpretación le
otorga el derecho de ser el único e indiscutible líder del planeta. No
se da cuenta que hasta en su propio ex “patio trasero”, ya no tiene la
autoridad de la que gozaba en el Siglo XX y que en Latinoamérica, la
mayoría de los países ya no aceptan sus imposiciones y están
cuestionando sus “intereses nacionales” en el continente. Ni siquiera
los asesores, tanto neoliberales como neoconservadores del presidente
estadounidense se han dado la molestia de analizar la evolución de las
cumbres y los cambios en su discurso político desde la celebración de
la I Cumbre de las Américas en 1994.

Estas reuniones en realidad habían estado destinadas a cumplir el
viejo sueño norteamericano de expandir su mercado, el comercio y
obtener un fácil acceso a los recursos naturales de Latinoamérica,
formulado durante la I Conferencia Interamericana que fue auspiciada
por Washington en 1890 y que duró cinco meses. Aquella vez, de los 10
representantes norteamericanos solamente uno era diplomático, William
H. Trescott y el resto eran prominentes hombres de negocio como el
magnate industrial, Andriew Carnegie o el futuro dueño de la IBM,
Charles R. Flint, mientras 63 representantes de América Latina y del
Caribe eran todos diplomáticos.

Por supuesto que los sabuesos delegados de EEUU impusieron su voluntad
debido a que todas las negociaciones se realizaron en nombre de EEUU y
así crearon la Oficina Comercial que se convirtió rápidamente en la
Oficina de Repúblicas Americanas con sede en Washington rebautizada en
1910 con el nombre de la Unión Panamericana. En vísperas de la Segunda
Guerra Mundial, Washington al darse cuenta del interés de Alemania
hacia los recursos naturales de Latinoamérica, decidió reforzar su
presencia y el dominio en el continente. A partir de 1940 y hasta
ahora, la política de EEUU hacia Latinoamérica ha sido influenciada
por el “padrino de la estrategia de contención”, el geoestratega
norteamericano, Nicholas Spykman (1893-1943).

En su libro “America’s Strategy in World Politics: The United States
and the Balance of Power” en la parte “United States in Western
Hemisphere”, Spykman habla de la importancia de “Latinoamérica
Mediterránea” (el litoral del Golfo de México y el Mar Caribe, México,
América Central, Colombia y Venezuela y el cinturón de islas que se
suceden desde Trinidad a la punta de la Florida y Cuba incluyendo)
para la seguridad nacional norteamericana y su economía. Según ese
geoestratega, la supremacía de EEUU en “América Mediterránea” debe ser
absoluta, especialmente en México, Colombia y Venezuela. El resto de
Sudamérica tienen que ser dependientes de Washington y en caso de
necesidad, su dependencia debía ser reforzada por la fuerza militar.

Si tomamos en cuenta que los actuales poderosos asesores “invisibles”
de la mega corporación, lo que en realidad es Estados Unidos y cuyo
gerente temporal es Barack Obama, son seguidores de Nicholas Spykman,
como Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski entre muchos otros, así
podremos tener una visión más clara y fría de la actual política de la
Casa Blanca hacia América Latina. Los tiempos cambian pero no la
política norteamericana. La idea del dominio absoluto de
“Latinoamérica Mediterránea” sigue vigente. Actualmente, México es un
satélite incondicional de Washington, Colombia es su brazo armado en
la región y la mayoría de los países del Caribe son aliados
norteamericanos o podrían ser presionados económicamente de serlo.
Faltan Cuba, Nicaragua y Venezuela para completar la hegemonía en esta
parte “mediterránea”.


El actual juego geoestratégico en esta región lo comenzó el
vicepresidente Joe Biden cuando en enero de este año se encontró con
los presidentes caribeños. Les advirtió que pronto se acabará el
petróleo barato que Venezuela suministra a los países de la región
(185,000 barriles al día) debido a la inminente caída del régimen de
Maduro. Entonces sería mejor terminar con Petrocaribe en que
participan 17 países de la zona y reorientarse energéticamente hacia
los EEUU a través de la inversión privada norteamericana.

Por eso no es de extrañar que un día antes de la inauguración de la
VII Cumbre de las Américas, Barack Obama estará en Jamaica para
reunirse con los líderes del Caricom (Comunidad del Caribe compuesta
por 15 naciones de la región y dependencias británicas). El propósito
es convencer a sus gobernantes que sería más rentable para sus países
salir del Petrocaribe y reorientarse al gas norteamericano creando un
sistema energético integral junto con los EEUU y posteriormente formar
una zona unificada del comercio y de la seguridad. Resaltará también
en este encuentro los planes para ayudar a Cuba y crear un “genuino
sector privado” presentando esta iniciativa como un “gesto bondadoso
de buena voluntad” de la Casa Blanca. En este punto, deberían
preguntar los cubanos a los rusos el verdadero significado del
“genuino sector privado” que los norteamericanos formaron en aquel
país.

No hay que ser mago para saber que Barack Obama tratará de endulzar a
los dirigentes caribeños con promesas de préstamos generosos y así
ganarse su apoyo en la VII Cumbre, además quiere cambiar las recientes
críticas a su política hostil hacia Venezuela y a la guerra mediática
dirigida por EEUU contra Evo Morales, Cristina Fernández, Rafael
Correa, Dilma Rousseff, Daniel Ortega y en especial contra Nicolás
Maduro.
Es cierto que el tema principal de la reunión será “El Desafío de
Cooperación en Américas” pero también será un foro donde Barack Obama
será advertido sobre el nuevo papel que ha comenzado a ocupar la
propia América Latina en la geopolítica, tanto regional como mundial y
ya no dispuesta a tolerar la injerencia de Washington en su vida
política, económica, social y cultural.

Basta observar la unanimidad con que los miembros de la Unasur (Unión
de Estados Suramericanos), de la Celac (Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños) de la ALBA (Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América) rechazaron el Decreto Ejecutivo firmado
por Barack Obama el 9 de marzo de este año declarando a Venezuela un
“inminente peligro para la seguridad nacional de Norteamérica”, para
darse cuenta del “cambio de la época” en el continente. Será difícil
para Washington presentar en estas condiciones a Venezuela como su
primer adversario ideológico y su principal enemigo en el continente.

Según el Secretario General de la Unasur, Ernesto Samper, actualmente
cuando han sido impuestas reglas generales en la economía mientras se
mantienen las unilaterales para la política, ya es hora de terminar
con la injerencia porque “ningún país tiene derecho a juzgar la
conducta del otro, imponer sanciones o castigar por su propia cuenta”.
Los países de la Unasur están planificando inclusive replantear las
relaciones con EEUU en esta cumbre. Para Samper “un buen punto de
nueva agenda de relaciones sería que no haya bases militares
norteamericanas en Suramérica”.

Teniendo en cuenta que actualmente el sistema norteamericano y su
presidente gerente están bajo el dominio del sector militar y de la
seguridad, existen pocas posibilidades para la reducción de las bases
militares norteamericanas, que son 85 en Latinoamérica y el Caribe sin
contar las bases clandestinas. Para Noam Chomsky la política militar
norteamericana está orientada hacia el control de los recursos
energéticos bajo la premisa que, el que los controla estará a cargo de
la economía regional o mundial. Las reservas potenciales venezolanas
de petróleo solamente en la Faja de Orinoco son alrededor de 600 mil
millones de barriles, como lo afirmó hace poco el presidente de la
Comisión Permanente de la Energía y Petróleo de la Asamblea Nacional
de Venezuela, Fernando Soto Rojas. Esta riqueza no podría ser
desapercibida o no anhelada por Washington y de allí vienen las
acusaciones contra este país y la edificación de bases militares
alrededor.
También se discutirán en esta cumbre temas de inclusión social, de la
reducción de las asimetrías y de la pobreza ofreciendo Barack Obama
las recetas de neoliberalismo y las promesas de cooperación en estas
áreas. Pero todo quedará en frases porque ni el mismo Estados Unidos
puede salvar su economía con las recetas neoliberales, pues a pesar de
todos los pronósticos optimistas, de acuerdo a la publicación
“International Forecaster”, no hay recuperación económica en
Norteamérica ocho años después de desinflarse la burbuja inmobiliaria
y la bancarrota de Lehman Brothers. El optimismo es a base de la
manipulación de mercados y los datos de crecimiento del Producto
Interior Bruto.

El neoliberalismo económico que tanto propaga Washington ha sido
durante los últimos 30 años, un simple instrumento esencial de la
hegemonía de EEUU en la etapa de la globalización. Todo esto tendrían
que tomar en cuenta los líderes de Latinoamérica y del Caribe durante
la VII Cumbre de las Américas. El neoliberalismo es el principal
obstáculo para la integración y la prosperidad en el continente porque
es el sostén principal de la hegemonía norteamericana. Solamente
desprendiéndose de este modelo podrá salir adelante América Latina.

Como decía Bertolt Brecht (1898-1956), “cuando la hipocresía comienza
a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”.
Fuente: http://mundo.sputniknews.com/firmas/20150402/1036005617.html#ixzz3WC1AAhGK

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