ALINA RODRÍGUEZ ESCURRIDIZA

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Por Mario Vizcaíno Serrat

Tomado de Palabra Nueva

Fue difícil desde el principio. Apareció como a la cuarta llamada. Hugo Reyes, su hijo, era quien estaba cada vez que marcaba su número. Cuando por fin su voz inconfundible se dejó escuchar fue para hilvanar una protesta interminable.

Se quejaba de la abrumadora carga de entrevistas de las últimas semanas, a propósito de su éxito, primero, en Conducta, por su exquisito papel de la maestra Carmela, luego en Contigo pan y cebolla, donde interpreta a la sacrificada madre cubana, y después en Vestido de novia, en la que hace de una enfermera.

“Y nadie paga nada. Todo el mundo quiere entrevistas, pero yo soy una sola y nadie me paga por eso”.

La entrevista parecía imposible tras dos, tres intentos. En el espacio distante entre los dos teléfonos flotaba una especie de corriente negativa que amenazaba con malograr la conversación. La actriz Alina Rodríguez hubiera querido, tal vez, que nadie más le solicitara una entrevista en los próximos seis meses. Pero no cerró las puertas, no quería ser del todo descortés y hasta quizás, en lo recóndito de su vanidad, sentía una pizca de placer responderle a  otro periodista, de cuya entrevista, por cierto, ya Juan Carlos Cremata le había avisado.

Así que, luego de algunos desplantes de tintes jocosos, escondidos tras un carácter recio, Alina Rodríguez accedió por fin, la mañana de un lunes, a conversar con Palabra Nueva, en su confortable y amplia casa de colores pastel, casi llegando al Malecón habanero.

¿Alguna vez le ocurrió lo que ahora, que tiene papeles en tres de las más recientes películas cubanas?

“No, pero ha sido coincidencia. Cuando hice Vestido de novia ya había hecho Conducta y antes de hacer Conducta ya había hecho Contigo pan y cebolla, que demoró casi tres años en salir”.

Su papel de la maestra Carmela en Conducta, ¿le gustó desde el principio, le pareció bien escrito?

“No solo el de Carmela. El guión de la película me parece muy bueno. Nunca había trabajado con Daranas, pero sí tenía referencias suyas y además había visto Los dioses rotos, su película anterior. Así que con esos elementos me decidí enseguida porque directores como él no abundan. Y aun cuando Conducta no hubiera tenido el éxito que ha tenido, diría lo mismo de Daranas. Es un director muy preocupado, detallista, muy estudioso de lo que quiere hacer y del modo que quiere que le salgan las cosas. Para un actor eso es una carta de triunfo, ya tienes de tu parte un gran porcentaje, si logras establecer una buena comunicación con él. Daranas es muy asequible, respetuoso, dulce. Y eso lo valoramos mucho los actores”.

¿Qué es lo que quiere demostrar Conducta?

“Yo creo que lo que quiere Conducta es que la gente reflexione ante determinadas situaciones que están ocurriendo hoy. Es como un alerta, un SOS para quienes trabajan en educación, es para todos. El tema de la educación es el central, pero se tocan otros asuntos de la vida cubana actual. Hay cosas que la gente sabe y no toma conciencia, hay cosas que están ocurriendo y las personas las dejan pasar por alto, por eso Conducta ha sido un fenómeno que le ha movido el pensamiento a mucha gente que tiene responsabilidades en la educación en Cuba”.

¿Significa que Conducta puede cambiar actitudes?

“El arte no da respuestas, pero sí alerta. De ahí a cambiar… no sé, lo dirá la vida, pero no lo creo mucho”.

¿Disfrutó hacer Contigo, pan y cebolla con Cremata?

“La disfruté, porque ya llevaba muchos años haciendo Contigo pan y cebolla, que comencé con Héctor Quintero en 1994, en el teatro, y fue un clavo ardiente lo que me dejaron, porque lo había hecho anteriormente y con un éxito total Bertha Martínez, una excelente actriz y directora de teatro, de modo que era un personaje que llevaba muchos años marcado por ella. Ella iba a dejar de hacerlo y me tocó a mí, y la verdad es que tuve que esforzarme mucho para poder acercarme en la medida de mis posibilidades a Bertha Martínez. Y la hice durante muchos años con Quintero. También la hice con él en televisión, y aunque la dirigió Rafael González, Quintero estuvo muy vinculado con el guión y estuvo todos los días de grabación. Y ahora que Cremata haga la película me parece buenísimo porque queda. El cine perdura. Y más allá de que la película guste, no guste, le vean defectos, virtudes, es una obra que permite cumplir el deseo del Ministerio de Cultura, el Consejo de las Artes Escénicas y el propio Cremata de dejar para la posteridad esas obras importantes del teatro cubano. Y Quintero lo merece por ser uno de los mejores dramaturgos cubanos”.

La película no ha tenido una aceptación masiva, como Conducta o Vestido de novia.

“Es una obra de teatro llevada al cine. Conducta y Vestido de novia tocan temas más candentes, además de que se ha puesto mucho en teatro y televisión. Pero así y todo ha tenido aceptación, la gente disfruta”.

Yo la disfruté mucho. Solo la deseé un poco más corta.

“¡Entonces no sería la obra de Cremata! –suelta una carcajada–. Todos tenemos opiniones, pero es la película de Juan Carlos Cremata y hay que respetarlo. Es su versión para el cine”.

¿Y a qué atribuye usted que, a pesar de ser una obra vieja, los cubanos que ven la película se ven tan reflejados en ella?

“Lo que se refleja ahí es la batalla cotidiana de una familia cubana, una batalla que aunque Héctor Quintero la haya escrito en 1962, y se haya estrenado dos o tres años después, es lo mismo: la familia cubana sigue luchando por lo mismo, para que los hijos estudien, y la madre es la sacrificada, echando pa’lante como una leona para que sus hijos logren lo que ellos quizás no lograron. La esperanza por una vida mejor, la que tenemos ahora todos nosotros, por eso luchamos. Por eso la gente se ve reflejada ahí, sobre todo porque son seres humanos. Quintero ha sido el dramaturgo cubano que mejor ha reflejado el sentir de la gente de pueblo, y eso está en la obra, una obra bella, la más linda de Quintero, la más lograda, y la escribió cuando tenía veinte años”.

Eso me trae a la mente la tesis según la cual las mejores obras de arte se fabrican durante la juventud, al menos las más apasionadas, conmovedoras, debido a que es la edad del ímpetu.

“En definitiva… [Alina se queda pensando y luego termina la idea] es una tesis [y vuelve a reír, ahora suavemente. Fuma. Estamos sentados, frente a frente, en la mesa redonda de lo que parece el comedor de su amplia y clara casa de El Vedado]. No sé qué te diga. Hay creadores que han hecho grandes obras con más edad. La experiencia es muy importante, las vivencias. A los veinte años se tiene mucha fuerza y espíritu. Yo creo que se trata de personas que son tocadas y por eso hacen esas cosas, porque hay muchos que tienen veinte años y no han hecho nada, y van a tener sesenta y tampoco van a hacer algo”.

Háblame de Cremata como director.

“Yo he trabajado tres veces con Cremata. Es un director muy apasionado, laborioso. Todo lo coordina, lo tiene pensado, todo el equipo lo tiene ahí, amarradito a su disposición, son valores que él tiene. Tiene su manera de ser, de ver la vida, y con eso es consecuente. Tiene muchos valores como director. Yo hice primero con él Chamaco, después El premio flaco y ahora Contigo pan y cebolla. Las tres han sido obras teatrales. Cremata es un buen director”.

¿Prefiere determinados personajes, o interpreta cualquiera?

“¡Me gusta cualquier papel siempre que sea bueno. Y no siempre es el caso”.

¿Tiene que aceptar papeles que no le gustan?

“No tanto como que no me gustan, más bien que no los considero buenos. Siempre con la esperanza de poder mejorarlos. Y no me refiero a que sean pequeños o grandes. A veces hay personajes que no están bien escritos y uno como actor dice: déjame ver cómo puedo mejorar esto. Uno hace esto con deseos porque es lo que le gusta a uno, pero también hay que comer. Cuando esas cosas han ocurrido no han sido del todo buenas. No es lo mismo interpretar un papel que te mantiene entusiasmada. Pero nuestra carrera está llena de altos y bajos”.

¿Qué es un personaje bien escrito?

“Debe tener un conflicto claro, con todas las consecuencias que se derivan. Que su relación con los demás personajes sea consecuente con su manera de pensar, que los diálogos estén bien hechos y pueda decirlos un ser humano porque a veces te topas con diálogos que no puede decirlos ni un marciano, porque son rebuscados y enrevesados, diálogos llenos de literatura, y nosotros, los seres humanos, no hablamos así. Un personaje tiene que enseñar algo a la gente. El guión es la base. Cuando hay un buen guión, el trabajo del actor gana mucho. Claro que debes esforzarte porque puedes coger un buen guión y desba-ratarlo si trabajas mal”.

Pero en el cine se dice que si la historia no está bien escrita la película no sirve.

“Lo primero es que la historia esté bien contada. Si está mal contada, imagínate tú”.

Pasemos a la televisión. Enrique Molina asegura que el principal problema de las telenovelas cubanas es la debilidad de los diálogos, la construcción de diálogos pobres, débiles, faltos de condimento. Cree que el problema es de los escritores. ¿Comparte usted el criterio de Molina?

“No totalmente. Se han hecho aquí muy buenas telenovelas. Otras no. Pero algunas han sido muy bien escritas”.

¿Por ejemplo?

“Tierra Brava, una excelente novela. Aquí estamos; es feo que la mencione porque mi hijo la escribió junto con Alfredo Reyes, ese dúo que está escribiendo. Fue una telenovela buena y con buenos diálogos. No echo toda la culpa a los escritores, porque muchos actores estamos acostumbrados a transformar los textos a nuestra comodidad. Y yo no soy la que estoy hablando. Es un personaje que no soy yo. Yo, como actriz, tengo que tomar ese texto que me pusieron en las manos y hacerlo mío. Hacerlo natural, orgánico. Hay como una violencia entre la manera de expresarme yo y la del personaje, pero el actor tiene que vencer eso porque es su trabajo”.

¿Lo que quiere decir es que muchos actores quieren interpretar el texto como ellos lo hubieran escrito?

“Así es. Y están acostumbrados a cambiar los guiones muy rápidamente. Yo aprendí con Vicente Revuelta, y sobre todo con Quintero, que era dramaturgo: hay actores que no se dan cuenta de que una palabra que cambies en una frase hace que la frase pierda sentido. Y también lo aprendí con Xiomara Blanco, que no permite que se le cambie un texto. Porque cada cosa que han escrito está estudiada y por algo está ahí. Es cierto que a veces nos caen en las manos guiones que no son los mejores. Molina no está mintiendo. Es su experiencia. Pero tampoco nosotros hacemos todo el esfuerzo para entender qué me están diciendo. Yo trato de no cambiar un texto. Trato de encontrarle sentido. A veces no son naturales, y uno entonces trata de darles una vuelta para hacerlos más orgánicos. Lo que pasa es que el cine, la televisión, requieren de trabajo en equipo, todos tienen que estar muy claros de lo que están haciendo: el guionista, el director, el actor, el camarógrafo, todo el mundo tiene que estar unido en un equipo cerrado. Es un trabajo muy colectivo en el que, cuando algo falla, se resiente todo”.

Vayamos a Vestido de novia. Es una película de extremos en las reacciones de críticos y espectadores. De un lado, los enamorados de la cinta no le ven apenas un defecto. De otro, los detractores le encuentran desde defectos al guión hasta manipulaciones emocionales burdas para alcanzar el objetivo del filme, incluido un final dibujado a la medida de la felicidad. ¿Cuál es su opinión?

“No sería ético que criticara una película en la que trabajé. Eso se lo dejo a los críticos. Y los espectadores, que saquen sus conclusiones. Yo trabajé muy a gusto en Vestido de novia porque Marilyn Solaya me llamó, era un sueño de ella de hacía muchos años. Pasó mucho trabajo para poder hacer esa película. Fueron diez años de batalla. Eso, en primer lugar. En segundo, y ten cuidado no lo coloque en primero, mujer. Ella estudió mucho para hacer esa película, e hizo un trabajo muy serio. Yo no voy a criticar el trabajo que hice porque lo hice con mucho gusto. Estoy del lado de acá. Del lado de allá están ustedes: los periodistas, los críticos, el público. No soy la más indicada para responderte esa pregunta. Para mí es excelente la película”.

¿Vestido de novia es una película sobre travestis?

“Es una película sobre la intolerancia, más allá del travestismo. La película te dice que no tienes por qué separar a nadie, que no tienes por qué ir en contra de la gente que no piensa como tú. Todo hay que respetarlo. El pensamiento, el modo de vivir de cada uno. La película es sobre el respeto que debemos tener por los seres humanos que nos rodean”.

¿Tuvo obstáculos la directora por ser mujer? Es que usted puso de relieve su condición de mujer…

“No, lo que quise decir es que no abundan las mujeres cineastas en Cuba. Y me siento muy feliz de que una mujer haya logrado hacer su película”.

¿Hay personajes famosos, digamos de la literatura y el teatro, que no haya podido interpretar?

“Nunca me ha interesado en particular un personaje”.

¿Ni Juana de Arco, ni la Julieta de Romeo y Julieta?

“Jamás he tenido esas preferencias. Los personajes que más me han interesado en determinados momentos son los más trágicos, los más dramáticos. Pero en general trato de buscarles lo mejor y lo peor que tengan”.

¿Es cierto que los personajes malos se defienden mejor?

“A veces los más sencillos son más difíciles de defender”.

¿Crees que los cineastas cubanos debían centrarse más en la realidad del país, ayudar más a la sociedad?

“Cada cineasta tiene la entera libertad para escoger el tema que desee. No creo que nadie deba hacer nada porque eso me suena a mandato. Un creador hace lo que siente, lo que piensa, no hace nada por mandato. Cada cual tiene sus preocupaciones, las cosas que quiere decir. Creo más en la libertad del cineasta para tratar el tema que quiera”.

No me refiero a mandato de nadie, ni a que alguien tenga que mandar a un cineasta. Me refiero a la responsabilidad de los cineastas, en este caso, y de los artistas e intelectuales en general, en la contribución a cambiar y mejorar su país.

“¿Crees que todos los problemas en Vestido de novia están superados en este país? A veces nos cansamos de que nos pongan uno, dos, tres teleplay seguidos sobre la violencia contra la mujer, pero ese tema está ahí, la violencia contra la mujer persiste”.

Esta pregunta es común en las entrevistas a actores, pero en su caso vale la pena hacerla por su experiencia en televisión, cine y teatro. ¿La televisión es más fácil que el cine y el teatro?

“Nada es fácil: ni la televisión, ni el cine, ni el teatro ni el radio”.

¿Ha hecho radio usted?

“No”.

¿Le gustaría hacerlo?

“Hasta cierto punto me gustaría. Nunca he tenido la posibilidad. Pero todos los medios son difíciles. Todo lo que hace uno con su mente, con su corazón, es difícil. Son carreras, como la tuya, que requieren un esfuerzo intelectual, y en el caso de los actores, también físico. Toda tu vida tiene que estar volcada en eso. En la televisión, que tanto he hecho, cada vez que me enfrento a un personaje nuevo es como si empezara por primera vez. Mientras más haces más tienes que exigirte porque la gente cada día espera más de uno”.

¿Existen los malos actores?

“Yo creo que existen los malos actores, que han escogido mal su carrera. Igual que existen los malos ingenieros, los malos arquitectos, los malos médicos. Claro, no todos los actores tienen que ser…”

¿Estrellas?

“Estrellas. Los actores pueden resolver determinados personajes, pero los hay malos. Un mal actor pudo ser un buen guionista, un buen camarógrafo, o un buen químico, y, sin embargo, tiene su camino equivocado. Hay un actor, por ejemplo, que ha tenido una oportunidad excepcional en sus manos, con un personaje excelente, con un equipo que le rodea excelente, y ha hecho mal el trabajo. Bueno: a lo mejor no supo ver la oportunidad, no se preocupó mucho, no estudió lo que tenía que estudiar. Pero si después tienes otra oportunidad y no lo haces bien tampoco, entonces vete a freír espárragos. No es lo mismo quien no ha tenido oportunidades y no ha podido demostrar lo que es capaz de hacer”.

¿Pasa mucho tiempo sin tener trabajo?

“Generalmente tengo, pero a veces no lo he tenido”.

¿Qué hace, intelectualmente, en ese tiempo de ocio?

“Leo mucho. Imparto clases, algo que me encanta. También he dado cursos por mi cuenta. A veces me pongo a estudiar algo que es para el futuro. El trabajo para los actores escasea. No todos los días hay una película, una novela, un cuento”.

¿Cómo es la relación con su hijo?

“Muy buena”.

¿Hablan de la profesión?

“Sí, bastante. A veces tenemos criterios encontrados porque somos de generaciones diferentes, pero en sentido general nos llevamos bien, con las discusiones normales. Estudió en el ISA también, y por eso tenemos muchos puntos de coincidencia en lo profesional”.

¿Lo admiras?

“Sí, muchísimo. Es mi obra maestra, con todos los defectos que pueda tener porque no es un genio ni es lo mejor del mundo ni mucho menos”.

¿Es trabajador?

“Muy trabajador. Coescribió la telenovela Aquí estamos, ha escrito dos teleplay, el último lo dirigió, está ya para presentar una telenovela para dirigirla. Estudió dirección y actuación. Siempre está inmerso en algo profesional”.

Las preguntas y las respuestas acaban, me empino el último sorbo de un café que Alina Rodríguez coló antes de iniciar nuestra conversación y salimos de la casa juntos, porque ella hará una gestión.

“Por favor, discúlpame por todos los embarques del principio, ¿eh?”.

Y nos despedimos en sentido contrario, ella con el cigarro en su mano derecha, el pelo desordenado, el pantalón negro ajustado y una camiseta, caminando velozmente en dirección al Malecón…

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