¿QUÉ HARÁ BARACK OBAMA AHORA QUE DEJÓ LA PRESIDENCIA DE ESTADOS UNIDOS?


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El estadounidense tiene muchas opciones cuando acaben sus días en la Casa Blanca.

Dedicarse a escribir libros y dar conferencias, ser dueño de un equipo de la NBA, convertirse en un activista ambiental o aceptar la oferta de trabajo que le hizo Spotify.

El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene varias opciones para ocuparse o entretenerse ahora que ya entregó las llaves de la Casa Blanca a Donald Trump.

El propio Obama dio algunas pistas, pero lo que se sabe con más certeza hasta ahora es que no se irá muy lejos.

Apenas 20 cuadras separan la residencia presidencial de su nueva casa en Washington D.C.

Para que la menor de las hijas de la familia, Sasha, no deba cambiar de escuela secundaria, los Obama se quedarán en la capital estadounidense.

Al menos hasta 2018, cuando la adolescente de 14 años se gradúe de Sidwell Friends School, la familia vivirá en el elegante, exclusivo y caro barrio de Kalorama.

Se cruzará con los embajadores de la Unión Europea, Francia y Omán, entre muchos otros.

Antes de él, en Kalorama vivieron los expresidentes Woodrow Wilson, William Howard Taft, Warren Harding, Franklin D. Roosevelt y Herbert Hoover.

LOS NUEVOS VECINOS

Si sale a caminar al parque podrá encontrarse con figuras demócratas que también viven allí, como el excongresista Bart Gordon, o jueces de la Corte Suprema.

Esta será la nueva casa de los Obama, en un barrio lleno de embajadas y residencias de políticos y jueces.

_93350824_d2d69316-6182-4e00-9718-4aea4a9d2f00Creo que es un golpe brillante que se muevan aquí. Estarán rodeados por un montón de gente que sigue siendo políticamente activa“, afirmó Susan Harreld, una residente de Kalorama que vive cerca.

“Es un barrio muy familiar, que es ideal para Sasha, pero también un barrio muy privado”, señaló la futura vecina de los Obama.

La nueva residencia de Barack y Michelle tiene nueve cuartos, ocho baños y está cotizada en US$7 millones.

La alquilarán a Joe Lockhart, ex secretario de prensa de Bill Clinton, quien no la necesita por ahora dado que vive en Nueva York.

Un último pero no tan pequeño detalle respecto al nuevo barrio: una de las vecinas de Obama será nada menos que la hija de su reemplazante.

Ivanka Trump, compró una casa en Kalorama en diciembre, ante el inminente desembarco de la familia a Washington D.C.

Allí vivirá junto a su esposo, Jared Kushner, el futuro asesor presidencial del presidente Trump.

¿Y QUÉ MÁS?

Claro que la dirección postal no será el único cambio en la vida del presidente saliente.

Obama dio algunas pistas de lo puede ser su futuro. No quiere ser juez y dice que no volverá a ocupar un cargo electo.

Además de contar con una considerable cantidad de responsabilidades menos, Obama podrá seguir el camino de sus predecesores y dedicarse a escribir (y vender) libros y dar conferencias.

También está entre sus opciones abrir una fundación para impulsar causas de su interés o administrar su futura biblioteca presidencial, que será instalada en Chicago.

Obama todavía no dio detalles sobre lo que hará con todo el tiempo libre que tendrá desde el 20 de enero, pero ya hizo algunos adelantos.

Voy a volver a hacer el tipo de trabajo que estaba haciendo antes“, le dijo a un grupo de estudiantes de secundaria en 2015, cuando se refirió a su inminente fin de su periodo presidencial.

“Ayudar a los jóvenes a educarse, ayudar a las personas a conseguir trabajo y tratar de llevar negocios a los vecindarios que no tienen suficientes oportunidades de hacer negocios. Ese es el tipo de trabajo que realmente me encanta hacer”, afirmó.

Antes y durante su mandato, Obama tomó partido a favor de las minorías residentes en Estados Unidos, abogó por un mayor control para la posesión de armas, e impulsó el acuerdo global sobre cambio climático, entre varias otras causas.

Ahora que dejará la Casa Blanca puede convertir cualquiera de esos temas en su bandera de lucha como activista.

Como lo hizo Jimmy Carter, promoviendo causas relacionadas con la democracia y la paz, o Bill Clinton, que desde su fundación impulsa planes para prevenir las enfermedades de transmisión sexual y envía ayuda humanitaria a lugares donde se registraron desastres naturales.

El futuro expresidente tendrá asignada una renta vitalicia además de seguro de salud y protección.

ob Lo bueno de ser expresidente es que, mientras renuncias al poder formal, conservas el prestigio de la oficina“, explicó Mark Updegrove, autor del libro “Segundos actos: vidas presidenciales y legados después de la Casa Blanca” (2006) al portal de noticias USA Today.

“Y no tienes que reaccionar ante todos los eventos que llegan a tu escritorio. Puedes realmente perseguir una agenda propia”, señaló.

NO A LA ABOGACÍA, SÍ A LA NBA

En las varias entrevistas en las que se refirió a su vida post 20 de enero de 2017, Obama confesó que no le gustaría ejercer la abogacía en los tribunales, pero que sí le encantaría tener su propio equipo en la NBA.Suena a chiste, pero lo dijo en serio.

“No creo que tenga el temperamento de sentarme en una cámara y escribir opiniones, Creo que ser juez es un poco monástico para mí, especialmente después de haber pasado ocho años en esta burbuja. Creo que tengo que salir un poco más“, le dijo al semanario The New Yorker en 2014.

En cambio, la posibilidad de ser socio de un equipo de la NBA, así no sean sus amados Bulls de Chicago, le atrae.

He fantaseado acerca de poder formar un equipo y lo divertido que sería. Creo que sería genial“, señaló Obama en 2015, admitiendo que sería muy difícil que el dueño de los Bulls acepte venderle a su equipo.

 

Tener un equipo en la NBA es una de las posibilidades que le agrada a Obama.

Eso sí, al futuro expresidente le agrada mucho la idea de enseñar leyes.

Me encanta enseñar. Echo de menos el aula e interactuar con estudiantes“, admitió.

Y si prefiere una opción más extravagante, la oferta de trabajo de Spotify en el cargo de “presidente de listas de reproducción” también está en pie.

¿Y QUÉ SI DECIDE NO HACER NADA?

A Obama tampoco le iría nada mal si decide dedicarse a vivir de sus rentas y nada más.

En su condición de exmandatario de Estados Unidos, le toca una renta anual vitalicia de alrededor de US$200.000, más seguro de salud y protección del servicio secreto durante las 24 horas del día.

Por si eso fuera poco, Obama ya percibe unas muy lucrativas ganancias en concepto de regalías por las ventas de sus tres primeros libros.

De acuerdo a su declaración de impuestos, desde 2005 hasta la fecha, Obama ya ganó US$15 millones por sus obras.

Se estima que sus regalías se incrementen ahora que ya se convirtió en el flamante exinquilino de la Casa Blanca.

Además ya es público que tiene un contrato con la editorial Random House para escribir un nuevo libro de no ficción.

También le queda apelar a sus dotes de orador y dedicarse a dar conferencias por el mundo, algo que su colega Bill Clinton acostumbra a hacer cobrando muy bien por ello.

¿OBAMA 2021?

El 20 de enero concluyó la era Obama para EE.UU.

Al menos la era de Barack, porque el presidente ya se encargó de cerrar la puerta a un eventual regreso a las ligas mayores de la política estadounidense.

“Pienso que es correcto decir que ya realicé mi última campaña”, le dijo a la cadena ABC hace un par de años.

Algo similar ha repetido en otras intervenciones públicas.

 “No estaré en otro cargo electo. ¿Seguiré preocupándome profundamente por los problemas en los que hemos estado trabajando? Absolutamente”, dijo Obama.

Aunque, claro, si decide volver por la revancha demócrata, no sería para nada el primer arrepentimiento político en la historia.

En política nunca se sabe a ciencia cierta.

Y tampoco sabemos qué opina Michelle.

 

TRUMP PRESIDENTE: LAS PALABRAS Y LOS HECHOS

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Por Atilio A. Borón

Será preciso, más que nunca, estar alertas ante cualquier tropelía que pretenda hacer en Nuestra América

Este viernes Donald Trump se convertirá en el 45ª presidente de Estados Unidos. El consenso entre los analistas, salvo pocas excepciones, es que durante su gestión “veremos cosas terribles”, como asegura Immanuel Wallerstein refiriéndose al primer año de su gestión. También dice, y lo subraya con razón el especialista panameño en asuntos estadounidenses, Marco Gandásegui, que el magnate neoyorquino es un personaje “totalmente impredecible”. [1] 

 De ningún presidente estadounidense podemos esperar nada bueno. No porque sean malvados sino porque su condición de jefes del imperio les impone ciertas decisiones que en la soledad de su escritorio probablemente no tomarían. Jimmy Carter es un ejemplo de ello; un buen hombre, como tantas veces lo recordara Fidel. Y Raúl más de una vez se encargó de decir que el bloqueo contra Cuba y la invasión de Bahía Cochinos comenzaron cuando Obama ni había nacido, y apenas contaba un año cuando se produjo la crisis de los misiles en Octubre de 1962. 

¿Adónde voy con esta reflexión? A señalar que no sería para nada extraño que bien pronto la inflamada retórica de DT deje de tener un correlato concreto en el plano más proteico de los hechos políticos, económicos y militares. Trump es lo que en la jerga popular norteamericana se llama “un bocón”. Por eso habrá que ver qué es lo que logra concretar de sus flamígeras amenazas una vez que deje de vociferar desde el llano y se inserte en los gigantescos y complicadísimos engranajes administrativos del imperio.

No cabe la menor duda de que el personaje es un hábil demagogo, que agita con maestría un discurso reaccionario, racista, homófobo, belicista, transgresor y “políticamente incorrecto” por designio propio. Pero su irresistible ascenso no sólo es un efecto de su habilidad como publicista y la eficacia de su interpelación demagógica. Es síntoma de dos procesos de fondo que están socavando la primacía de Estados Unidos en el sistema internacional: uno, la ruptura en la unidad política-programática de la “burguesía imperial” norteamericana, dividida por primera vez en más de medio siglo en torno a cuál debería ser la estrategia más apropiada para salvaguardar la primacía norteamericana. Dos, los devastadores efectos de las políticas neoliberales con sus secuelas de exclusión social, explotación económica y analfabetismo político inducido por las elites dominantes y que arrojó a grandes sectores de la población en brazos de un outsider político como Trump que en épocas más felices para el imperio hubiera sido barrido de la escena pública en las primarias de New Hampshire.

Trump dijo, e hizo, antes de entrar a la Casa Blanca, cosas terribles: desde acusar a los mexicanos (y por extensión a todos los “latinos”) de ser violadores seriales, narcotraficantes y asesinos hasta declarar públicamente, para horror de los alemanes, que era “germanofóbico”. O de provocar al dragón chino llamando por teléfono a la presidenta de Taiwán, lo que motivó una inusualmente dura protesta de Beijing; decirles a los europeos que la OTAN es una organización obsoleta y que lo del Brexit fue una buena decisión. Pero como aseguran los más incisivos analistas de la vida política norteamericana, por debajo de la figura presidencial (o, según se lo mire, por encima de ella) está aquello que Peter Dale Scott denominó como “estado profundo”: el entramado de agencias federales, comisiones del Congreso, lobbies multimillonarios que por años y años han financiado a políticos, jueces y periodistas, el complejo militar-industrial-financiero, las dieciséis agencias que conforman la “comunidad de inteligencia” , tanques de pensamiento del establishment y las distintas ramas de las fuerzas armadas, todas las cuales son las que tendrán que llevar a la práctica –o “vender” política o diplomáticamente- las bravuconadas de Trump. Pero esos actores, a quienes nadie elige y que ante nadie deben rendir cuentas, tienen una agenda de largo plazo que sólo en parte coincide con la de los presidentes. Ocurrió con Kennedy, después con Carter y Obama, y seguramente volverá a pasar ahora. Dos ejemplos: el jefe del Pentágono James “Perro Rabioso” Mattis puede hacer honor a su apodo pero difícilmente sea un idiota y por buenas razones -desde el punto de vista de la seguridad del imperio- no quiere saber nada con debilitar a la OTAN. Y va a ser difícil que Stephen Mnuchin, el Secretario del Tesoro designado, un hombre surgido de las entrañas de Goldman Sachs, vaya a presidir una cruzada proteccionista y auspiciar el “populismo económico” contra el cual combatió sin resuello durante décadas desde Wall Street.

¿Significa esto que deben tenernos sin cuidado los exabruptos verbales de Trump? De ninguna manera. Será preciso, más que nunca, estar alertas ante cualquier tropelía que pretenda hacer en Nuestra América. Sin duda continuará con la agenda de Obama: desestabilizar a Venezuela, promover el “cambio de régimen” (vulgo: contrarrevolución) en Cuba, acabar con los gobiernos de Bolivia y Ecuador y encuadrar, una vez más, a los países del área como obedientes satélites de Washington. Para lograr este objetivo, ¿irá a escalar esta agresión, que Obama no quiso, o no pudo, detener? Es muy poco probable. Ronald Reagan, con quienes a veces torpemente se lo compara, intervino abiertamente en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Granada y en la Guerra de las Malvinas. Pero era otro contexto internacional: había un fenomenal tridente reaccionario formado por el propio Reagan con Margaret Thatcher y Juan Pablo II empeñado en demoler los restos del Estado de Bienestar y los proyectos socialistas; el Muro de Berlín estaba agrietado y la URSS venía cayendo en picada, sepultando a Rusia; y China no era ni remotamente lo que es hoy. Estados Unidos estaba llegando al apogeo de su poderío internacional.

Hoy, en cambio, ya comenzó su irreversible declinación y el equilibrio geopolítico mundial es mucho menos favorable para Washington. Difícil, por no decir imposible, que el descarado intervencionismo reaganiano pueda ser replicado por DT en esta parte del mundo. Y si lo hiciera tropezaría con una generalizada repulsa popular que, como lo advirtiera Rafael Correa, movilizaría en contra de Washington a grandes masas en toda la región.

Conclusión: el personaje es voluble, caprichoso e impredecible, pero el “estado profundo” que administra los negocios del imperio a largo plazo lo es mucho menos. Y en estos pasados quince años los pueblos de Nuestra América aprendieron varias lecciones. 

Notas:

[1] Cf. “Donald Trump llega a la presidencia de EEUU”, en http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/donald-trump-llega-presidencia-eeuu/23981819


EMPIEZA LA ERA TRUMP…

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Unos días después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el comentario siguiente: «La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse. Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras otros creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo-, Rusia tiene en sus manos los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis.» ¿Qué tiene de particular este comentario ? Pues que se publicó en la revista parisina L’Illustration… el 10 de septiembre de 1853.

O sea, hace ciento sesenta y tres años, la crisis de Oriente Medio ya era calificada de «permanente». Y es probable que lo siga siendo… Aunque un parámetro importante cambia a partir de este 20 de enero : llega un nuevo Presidente de Estados Unidos a la Casa Blanca : Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas en esta turbulenta región ? Sin ninguna duda porque, desde final de los años 1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en esta area y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona, es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a las « primaveras árabes » estímuladas por Barack Obama (y su secretaria de estado Hillary Clinton).

Aunque globalmente la línea que defendió el candidato republicano durante su campaña electoral fue calificada de « aislacionista », Donald Trump ha declarado en repetidas ocasiones que la organización Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) es el « enemigo principal » de su país y que, por consiguiente, su primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del gobierno de Bachar El Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma, representaría un cambio de alianzas espectacular que desconcierta a los propios aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo gobierno socialista -por extrañas razones de amistad y negocios con Estados teocráticos ultrareaccionarios como Arabia Saudita y Qatar- ha hecho del derrocamiento de Bachar El Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el presidente ruso Vladimir Putin, el alfa y el omega de su política exterior [i] .

Donald Trump tiene razón: las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak, y la de Raqqa en Siria- aún están por ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una buena opción. Pero Moscú tiene aliados importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán que participa directamente en el conflicto sirio con hombres y armamento. E indirectamente pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiitas del Hezbollah.

El problema para Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en vigor el 15 de julio de 2015, y al que se habían opuesto duramente los republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa nuclear iraní durante más de diez años a la vez que levanta la mayoría de las sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.

Romper ese pacto con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, Reino Unido, Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que, además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington, no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.

Uno de los primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá pues en resolver esa contradicción. No le resultará facil. Entre otras cosas porque su propio equipo de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que concierne las relaciones con Irán [ii] .

Por ejemplo el general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen como “islamófobo” porque ha publicado opiniones que  muchos consideran abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter : “El temor a los musulmanes es perfectamente racional.” Flynn participó en las campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán e Irak. Asegura que la militancia islamista es una « amenaza existencial a escala global ». Igual que Trump, sostiene que la organización Estado Islámico es la « mayor amenaza » que enfrenta EE.UU. Cuando fue director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (AID), de 2012 a 2014, dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de Bengasí, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios ‘marines’ y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión, Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era « demostrar el rol de Irán en ese asalto » [iii] . Aunque jamás haya habido evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque. Curiosamente, a pesar de su hostilidad a Irán, Michael Flynn está a favor de trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a Moscú donde fue fotografiado sentado al lado de Vladimir Putin en una cena de gala para el canal estatal de televisión, Russia Today (RT), donde ha aparecido regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía « ninguna diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN ».

Otro anti-iraní convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex-militar graduado de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su formación militar, fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la Guerra Fría: patrulló el ‘Telón de Acero’ hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de Inteligencia del Congreso, y se destacó en una investigación que puso contra las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de la base de Guantánamo (Cuba), y ha criticado a los líderes musulmanes de Estados Unidos. Es un partidario decidido de dar marcha atrás al tratado nuclear firmado con Irán, al que califica de « Estado promotor del terrorismo ».

Pero quizas el más rabioso enemigo de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James Mattis, apodado ‘Perro Loco’, que estará a cargo del Pentágono [iv] , o sea ministro de la Defensa. Este general retirado de 66 años, demostró su liderazgo militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo en 1991 ; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001 ; después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en Bagdad para derrocar a Sadam Husein en 2003 ; y, en 2004, lideró la toma de Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los clásicos griegos es también apodado el ‘ Monje Guerrero’ , alusión a que jamás se casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la « principal amenaza » para la estabilidad de Oriente Medio , por encima de organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda : “Considero al ISIS como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la región.”

En materia de geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no puede estar –a la vez- a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis ‘Perro Loco’, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada ante una asamblea de notables bagdadíes durante la invasión de Irak: “ Vengo en paz No traje artillería. Pero con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian, ¡os mataré a todos!”

Notas:
[i] Aunque, como se sabe, hay eleciones en mayo próximo en Francia, a las cuales el actual presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no representarse. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar, François Fillon, ha declarado por su parte que reorientará la política exterior francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.

[ii] Léase, Paul Pillar, « Will the Trump Administration Start a War with Iran ? », The National Interest, 7 de diciembre de 2016. http://nationalinterest.org/blog/paul-pillar/will-the-trump-administration-start-war-iran-18652

[iii] Léase, The New York Times, 3 de diciembre de 2016. http://www.nytimes.com/2016/12/03/us/politics/in-national-security-adviser-michael-flynn-experience-meets-a-prickly-past.html?_r=0

[iv] James Mattis necesitará que el Cong

EL LEGADO DE FIDEL CASTRO

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Por Rafael Hernández, sociólogo cubano, director de la revista Temas.

Tomado de Temas

Uno

Los grandes reformadores no siempre se han caracterizado por reunir detrás de sí el consenso unánime de la humanidad, ni siquiera de su propio pueblo. Su mérito no radica en haber conseguido la aprobación universal, sino en haber construido un proyecto incluyente de progreso y justicia social, liberación y convivencia humana —así como sus patrones de medida— cuyo significado real solo puede asentar el tiempo.

Me pregunto qué hubiera arrojado una encuesta nacional del New York Times acerca de Abraham Lincoln, la mañana del 14 de abril de 1865, en víspera de su muerte, víctima de una conspiración esclavista. Me pregunto si habría sido celebrado como el héroe nacional que preservó a la Unión, y la salvó de la ignominia de la esclavitud (el pecado, decía él), al enorme costo de 700 mil vidas, millones de lisiados de guerra, y la ruina de vastos territorios, especialmente, de grandes propiedades y haciendas en el sur –donde la disidencia de la Confederación representaba nada menos que la tercera parte de los Estados Unidos.

Me pregunto si el pensamiento de Lincoln hubiera convocado entonces el halo de reverencia nacional y mundial que adquirió luego, y que solo se vino a materializar en un monumento a la orilla del Potomac, 57 años después.

Los países de nuestro sur que han conocido grandes reformadores, como Benito Juárez o Mahatma Ghandi, saben que tuvieron enemigos atroces, internos y externos, muy superiores por su fuerza y recursos; y que muchos los consideraron obstinados e inflexibles, por su tenacidad, que algunos calificaban como pura terquedad. Fueron precisamente esos rasgos polémicos los que inscribieron sus nombres, más allá de fronteras nacionales,  en la historia y el legado común.

Aunque a veces ese reconocimiento se puede demorar. Me pregunto si los racistas norteamericanos hoy mismo ya se habrán reconciliado con Lincoln.

Dos

Las lecciones de Fidel Castro —para Cuba y muchos en el mundo—  no son las de la conformidad, el pragmatismo o el fatalismo geográfico. Sucesivas generaciones lo vieron como el rebelde ante el orden establecido; capaz de cantarles las verdades a poderosos de los más diversos signos ideológicos, sin arrodillarse ante ninguno; de ejercer como nadie antes los postulados martianos de “Patria es humanidad” y “Un pensamiento justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.”

Sus ideas y acciones, incómodas para algunos, no enseñan normas como evitar “buscarse problemas”, callarse la boca ante los intereses creados, esperar que los cambios vengan de otra parte o de afuera.

Como muchos saben, ni en la guerra ni en la paz fue un temerario, sino un estratega minucioso, que evitó siempre riesgos innecesarios; tampoco se comportó en política como un sectario o un extremista, sino como artífice de alianzas que parecían quiméricas,  entre tendencias que a veces llegaban a pedirse la cabeza. Su rol como árbitro entre esas tendencias logró finalmente juntarlas en un mismo partido. Defendió sus ideas con vehemencia, pero no fue dogmático y mucho menos fanático. Utilizaba razones y argumentos extraídos de una vasta cultura (era un lector incesante), donde se reunía el dominio por las principales concepciones políticas de su tiempo, la historia de Cuba y del mundo, junto a ristras de simples datos que podía memorizar con un vistazo, de manera que  lograba dejar pensando incluso a interlocutores con ideologías muy ajenas.

Sus principales errores como dirigente se explican por sus propias virtudes. Estaba convencido, como San Pablo y el Che Guevara, que la educación y la dedicación a la obra, en un medio favorable, lograban transformar a cualquiera, y hacerlo un hombre (o una mujer) nuevo. Que la teoría era imprescindible, pero no había aprendizaje mejor que ponerse a hacer las cosas, incluso si conllevaba darles responsabilidades de estado a veinteañeros. Creía que ganando los corazones y las mentes de muchos se podía incluso quemar etapas. Y que esperar a que las condiciones maduraran era puro inmovilismo. Que no era bueno mantener deudas con una superpotencia aliada, aunque para eso todos tuviéramos que irnos a cortar caña; que la ciencia y la técnica eran la base del desarrollo, y que si los simples ciudadanos aprendían de genética pecuaria, íbamos a producir más leche per cápita que Holanda o Nueva Zelandia. Que el socialismo realmente existente en otras partes no era verdad; y que si se relegaba la meta de una sociedad con igualdad, era probable extraviarse por el camino.

Tres

Se repite hasta la saciedad que Fidel era el doctrinario, el intransigente ideológico, y Raúl el pragmático, el político realista. (Curiosamente, hasta 2006, muchos pensaban lo contrario).

En todo caso, la historia nos revela otras cosas.

Los documentos desclasificados de EE.UU. demuestran que él buscó el diálogo con los diez presidentes norteamericanos que le tocaron. Se olvida a menudo que varios de ellos intentaron liquidarlo (no solo política, sino físicamente) una y otra vez. Y que ante la guerra de aislamiento impuesta a la isla, generó un activismo para contrarrestarla, que se revertió en unas relaciones internacionales y de cooperación globales, con gobiernos y movimientos extremadamente diferentes, desde muy temprano, cuando nadie imaginaba la caída del Muro de Berlín.

Seguramente es cierto que Raúl lo supera como administrador, en el sentido de la organización y el gobierno desde la institucionalidad, el cálculo de costos y el control de gastos, el rigor sobre los presupuestos, la distribución de tareas y su chequeo sistemático, la coherencia y la descentralización de responsabilidades, la preeminencia de la ley y el orden como instrumentos de política. Si bien Raúl ha sorprendido a muchos por sus cualidades como estadista, conductor de la transición, digno relevo de una figura desmesurada como Fidel, y muy especialmente, lúcido intérprete de los nuevos tiempos, incluida la dimensión política de los cambios económicos, es probable que el estilo de dirección de Fidel estuviera mucho más cerca de la cultura guerrillera que la del comandante del Segundo Frente.

La mayoría de los cubanos, incluso algunos de sus críticos, concuerdan que, en el ajedrez con los EE.UU., su categoría de Gran Maestro no ha tenido rival. Y que si estamos aquí todavía como país independiente, se lo debemos a él. Muchos dan por sentado que la última negociación con EE.UU. (desde diciembre, 2014) ha contado con su guía estratégica.

Al margen de enunciados doctrinales a los que aportó como ningún otro dirigente, el lado práctico de su legado en política exterior —ante EEUU y otros—  se levanta sobre dos premisas irreductibles: no doble rasero, no pre-condiciones. Esa herencia suya es la piedra de Rosetta para entender la lógica y los límites de la política cubana, y poder predecirla.

Ahora bien, nadie debería llamarse a engaño sobre la naturaleza de ese realismo. Ni en ausencia de Fidel ni después que se vaya Raúl, se debería esperar que un gobierno que defienda el interés nacional de Cuba transforme el sistema para contentar a los políticos del Norte o por algún beneficio económico. Mirándolo desde abajo, donde arraiga la cultura cívica cubana, una política que negociara el modelo interno con los norteamericanos perdería su legitimidad de fondo. O para decirlo al revés: cualquier gobierno futuro debe saber que la idea de negociar los temas de política interna con EE.UU. amenazaría un consenso imprescindible para mantener la estabilidad política y hacer avanzar el nuevo modelo socialista.

Cuatro

Un tema reconocido en la agenda cubana actual por el propio Raúl es la cuestión de un socialismo democrático.

El argumento típico que algunos asumen sin más, en el escenario de “una Cuba post-Fidel Castro”, es que su ausencia permitiría avanzar rápidamente hacia una cierta “democratización”. Esta idea, tan convincente para algunos como un buen deseo, padece sin embargo, de ambigüedad conceptual y simpleza política, y más bien puede tener un efecto contraproducente para un socialismo democrático.

Las cinco razones que la resumen no son teóricas o ideológicas, sino de realpolitik:

1- Malinterpreta el clima político realmente existente en Cuba, al cifrar la agenda de la democracia en la política de partidos, en vez de hacerlo en el poder ciudadano para influir y controlar las políticas desde abajo. Claro que la calidad del proceso electoral, y la superación de sus principales defectos (la nominación cerrada y el voto negativo) son parte integral de esa democratización. Pero más allá del momento electoral, su eje radica en el funcionamiento de las instituciones representativas del sistema político, según son descritas en la Constitución –incluida la transparencia y la rendición de cuentas (eso que en el norte llaman accountability) de todos los cargos elegidos y también de los organismos de la administración central del Estado.

2- Una “democratización” reducida al multipartidismo implica una lógica “desde arriba”, consistente en que el Partido convierta el orden político actual en un cierto “sistema de partidos” (quizás mediante una negociación inter-elites al estilo post-franquista español), en lugar de promover que el propio PCC adopte un funcionamiento cada vez más democrático, desde sí mismo (como ha planteado el propio Raúl), y en respuesta a sus bases (cerca de un millón de militantes, incluida la UJC), a las actuales demandas y problemas del sistema político y de la sociedad cubana. Se trata de que todos los grupos sociales encuentren su espacio bajo esta institucionalidad, así como que todas las corrientes del pensamiento cubano, ajenas al interés de una potencia extranjera, se puedan expresar y debatir en la esfera pública.

3- Relega a un segundo plano la condición fundamental de una reivindicación democrática, en los términos del propio orden constitucional cubano: asegurar la participación ciudadana en las instituciones existentes, y sobre todo, en el sistema del Poder Popular, desde las circunscripciones hasta la Asamblea Nacional, de manera que este pueda ejercer el poder que se le reconoce, como columna vertebral de la soberanía nacional. Son canales de esta condición ciudadana, y de sus intereses, las organizaciones sindicales y todas las demás, así como el mismo Partido, no solo es sujeto, sino objeto de los cambios. Antes de lanzarse a un cambio estructural del sistema de partidos, o algo igualmente impredecible, se requiere poner a prueba la capacidad para la participación efectiva en el sistema político existente (no solo en el acto de votar), así como la cuota de poder real de las instituciones representativas sobre la administración y las instancias del gobierno.

4- Leer la muerte de Fidel como el “momento democratizador”, según hacen algunos, ignora los últimos diez años, llenos de acontecimientos y desarrollos nuevos, la emergencia de un consenso más heterogéneo y contradictorio, la expansión de la esfera pública cubana dentro y fuera de la isla, la naturalización del disentimiento, el relevo actualmente en curso, y la propia índole del proceso político que transcurre bajo el arco de la Actualización del modelo. Esta lectura distante de la desaparición de Fidel lo identifica con una especie de regulador de voltaje, que hubiera dejado de proteger al sistema. Al hacerlo, por tanto, se refuerza una reacción defensiva típica, en las instituciones del sistema y la propia sociedad civil, que tiende a interpretar en clave conservadora el legado de Fidel, en el sentido de promover el cierre y endurecer, a fin de cuentas, las condiciones políticas propicias para el cambio.

5- Este argumento se salta el papel real de Raúl Castro y el contenido democrático de su plan de reformas, su dimensión política, alcance radical, y convocatoria a la totalidad de la ciudadanía, no solo a los socialistas y a los militantes, en una agenda realmente nacional. Los que no ven contenidos políticos en la agenda real de la Actualización parecen no haber escuchado las instrucciones de Raúl a los dirigentes políticos acerca del diálogo constante con los ciudadanos (más que con “el pueblo”, y nunca con “la masa”), su crítica directa a la ineficacia del sistema de medios de difusión, la toma de decisiones colegiada e institucional, la consulta ciudadana sobre las direcciones principales de la política, la confrontación pública a la mentalidad burocrática resistente al cambio, e incluso algunos temas en el diálogo con EEUU, que no reproducen exclusivamente la existente bajo el mandato del Comandante.

El legado de Fidel para el futuro de Cuba, parafraseando al poeta, es que solo sacando el polvo de las viejas ideas se podrá vencer tanto el sentido común del capitalismo como los malos hábitos del socialismo, hacia una sociedad que solo podrá ser más justa y equitativa si logra ser más próspera y democrática.

PARA MERECER DECIR “¡SOMOS FIDEL!”


fidel

Por Luis Toledo Sande

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Cubarte, diciembre 8 de 2016

En la Plaza de la Revolución José Martí, el pasado 29 de noviembre, mientras se le rendía homenaje multitudinario al líder fallecido cuatro días antes, Nicolás Maduro contó que, pocos años atrás, en medio de una conversación premonitoria en muchos sentidos, Fidel les dijo a él y a Evo Morales: “Yo hice ya mi parte. Ahora les toca a ustedes”. Más allá y más acá de esos dos políticos sudamericanos formados sobre sus propias raíces nacionales y culturales, y en la estela emancipadora que inició la Revolución Cubana, el reclamo del Comandante en Jefe puede tomarse como dirigido en especial a su propio pueblo, que debe leerlo también así: “Ahora les toca, les sigue tocando a ustedes, mucho más aún que hasta el presente”.

El ejemplo de Fidel tiene toda la fuerza necesaria para continuar siendo, a despecho de la muerte, un vigía guiador de la patria. Hasta el preciso instante en que fue inhumado, y sin que se pueda hablar de ello como de una acción pasada o ya interrumpida, estuvo brindándole aportes fundamentales a su patria, al empeño revolucionario que él encabezó para liberarla, para que nunca más vuelva a ser presa de colonizadores, imperialistas y opresores externos o vernáculos de ninguna índole.

Antes de que se depositaran sus cenizas en un mausoleo cuya austeridad es asimismo un digno tributo a su memoria, a su presencia, el último de sus aportes fue la revelación de un hecho fundamental: en el seno de su pueblo —de la mayoría de sus compatriotas, aunque esa la realidad va más lejos aún— hay reservas de patriotismo y vocación revolucionaria que la propaganda enemiga, y acaso cierta inercia intestina, o los agotamientos causados por una vida cotidiana poco amable, podían hacer suponer que menguaban. Tal revelación confirmó la existencia de una extraordinaria riqueza útil con vistas a realizar lo mucho que falta por hacer.

Para hacerse entender mejor, si no fuera porque tal expresión, signada por la herencia de la contabilidad pragmática, le desagrada en la médula, este articulista diría que esa revelación encarna un inmenso capital humano. Pero, al margen de la expresión que se prefiera usar o se desestime, lo que Fidel aportó hasta el final de su tránsito físico no se debe tomar como un cheque sin fondo. Es un préstamo generoso, sí, pero dignamente comprometedor, y se ha de aprovechar plena, honrada, inteligentemente para garantizar algo de lo que sería muy costoso que el pueblo cubano se viese privado: la supervivencia de su guía, un guía insustituible, aunque sus cargos —con nombres iguales o diferentes— sean y deban ser ocupados por otras personas.

Aunque no quiere el autor de estos apuntes repetir lo contenido en “Fi(d)eles a su ejemplo”, que circula en distintos medios, no eludirá reiterar sintéticamente lo que allí glosó del general de ejército Raúl Castro Ruz: únicamente un equipo de trabajo podría dar continuidad a la brega que protagonizó un líder cuya autoridad no volverá a tener nadie en Cuba. En esa realidad se inscribe en la decisión colectiva que el pueblo ha proclamado ante la pérdida del líder: “¡Yo soy Fidel!”, o “¡Somos Fidel!”, gritos que a su vez demandan meditación.

La permanente y lúcida participación a que está llamada la sociedad cubana para realizar su destino y salvaguardar su consistencia política y ética debe ser, mucho más todavía que el necesario condicionamiento de la autoridad de quienes a partir de ahora tengan la misión de orientarla, una fuerza impulsora que asegure la buena marcha del país. La periodista María Victoria Valdés Rodda publicó por estos días en Bohemia Digital (http://bohemia.cu/nacionales/2016/11/los-tres-regalos-y-las-tres-lecciones-de-fidel/) un artículo sobre “los tres regalos y las tres lecciones” que ella recibió en encuentros con Fidel. Todos son de interés, pero quizás ninguno más que el primero, ocurrido cuando ella tenía diez años.

Hija de Raúl Valdés Vivó, entonces embajador de Cuba en el Vietnam que le daba al mundo el ejemplo de su resistencia, al cabo vencedora, contra la criminal agresión de los Estados Unidos, la niña presenció la visita del Comandante a la Embajada cubana en aquel país. Para ilustrar la idea que aquí se intenta plasmar basta decir que en un momento el Comandante que venía de un recorrido intenso, arduo y peligroso, cruzó las piernas y, en busca del descanso necesario, las puso “sobre la mesa de la salita”. En ese momento María Victoria Rodda, madre de la niña, “a pesar del amor que le profesaba al líder de la Revolución Cubana”, dejó ver —“el ceño fruncido y la mirada dura”—, su disgusto, y el Comandante no tardó en bajar los pies de la mesa.

No se quedó en eso el líder. La testimoniante recuerda que él, antes de marcharse, la llamó y “en un susurro” le dijo: “Haz caso a lo que dice mamá. Ella tiene razón”, y que ese día aprendió ella una lección vital: “la importancia de los detalles”. Los hechos, incluida la humildad del líder que reaccionó como lo hizo ante el disgusto apenas insinuado por aquella mujer que ya tampoco existe, confirma además la importancia de que los gobernantes tengan ante sí como complemento —no es necesario siquiera hablar de contrapartes o contrapesos— la resolución, la sinceridad y, llegada la hora, el coraje del pueblo que les haga saber si han puesto los pies sobre la mesa, si han hecho algo que no es lo mejor, o que resulta incorrecto.

Esa actitud será también un deber de la sociedad cubana, de su mayoría revolucionaria, en primer lugar, para mantener vivo y en la mejor capacidad de influjo el ejemplo del Comandante. Ello hacer pensar una vez más en el grito antes citado, según el cual todos, al menos la aludida mayoría, somos Fidel. Otro similar, “¡Seremos con el Che!”, suscitaba la preocupación, entre otras personas, de una heroína que pensaba en hechos tan inevitables como que no todos los niños y las niñas que repetían y aún repiten esa consigna terminarían siendo personas adultas seguidoras, en su conducta diaria, del ejemplo del Guerrillero Heroico. Pero el lema continúa siendo válido como expresión de un desiderátum, de una meta a la que sería lamentable, para no decir más, renunciar.

De igual modo, proclamar “¡Yo soy Fidel!” se legitima solamente si de veras expresa la decisión de seguir su ejemplo, de luchar para hacer realidad los sueños que él abrazó creativamente guiado por las lecciones de José Martí y los reclamos de la realidad. Ello supone un esfuerzo permanente y eficaz para erradicar debilidades que se expresan en la mala actitud ante el trabajo, la corrupción y la indisciplina social; alcanzar la eficiencia económica indispensable y poner coto al afán de éxitos egoístas propalado como norma de vida por la maquinaria cultural del capitalismo, a la que sería ingenuo negarle efectividad: diariamente se anota en el mundo victorias fácticas que mellan la condición humana.

El Comandante, su ejemplo, merecía y merece que en sus honras fúnebres el pueblo dijera, como expresión de voluntad revolucionaria: “¡Somos Fidel!”. Pero a partir de ahora le toca al mismo pueblo demostrar, con hechos, que merece repetir ese lema, y no permitir que pare en una consigna sin sustancia y carente de los efectos transformadores que la Revolución necesita para no dejar de serlo.

Ni siquiera es solo cuestión de callarles la boca a los aspirantes a oráculos que andan por el planeta, a veces haciendo uso de su condición de otrora revolucionarios, difundiendo pronósticos como aquel que se creyó gurú y carga con el fracaso de haber vaticinado hace un montón de años ya la hora final de Fidel Castro. Lo que nos convoca es asegurar la marcha de una obra revolucionaria que no responde a la medida de pragmáticos, corruptos, acomodados y burócratas incapaces —o capaces de actuar mal—, aunque unos y otros puedan haberle hecho ya no poco daño.

Hasta ahora se han estrellado contra la realidad quienes han vaticinado la desaparición de la Cuba revolucionaria tras la muerte del líder y el tránsito de la denominada “generación de los históricos”, como si hubiera ser humano en este mundo que no estuviera insertado en la historia. Cuando en 2006 el Comandante se enfermó, algunos buitres se apresuraron a darse a conocer sin máscaras y celebraron su muerte. Otros, más “científicos” y “elegantes”, reforzaron la práctica de sembrar insidias y dieron su vaticinio sobre una supuesta “Cuba poscatro”. Entonces el dibujante Ares, que sabe tanto de artes visuales como de la mente humana —es siquiatra de formación—, en respuesta a tales “profetas” creó un cartel que reproduce con sesgo de infinitud, como representación de Cuba, la imagen de Fidel combatiente.

La obra gráfica, que por su propósito inmediato asumió como título contestatario aquel vaticinio, va siendo o pudiera ser rebautizada de distintos modos, que en esencia hablarían o hablan de una Cuba con Fidel multiplicado. La fortuna contenida en la revelación de fuerza patriótica y revolucionaria que la muerte del Comandante en Jefe ofreció al mundo, no se debe dilapidar ni dejar que se disipe en la inercia, en la pasividad, en la resignación a defectos que pudieran destruir la Revolución desde dentro, como él mismo afirmó en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005. Solamente conjurando e imposibilitando la consumación de ese peligro se hará realidad el grito que se sostiene como acto de fe y de certidumbre revolucionarias: “¡Viva Fidel!”.

PARA QUE LA DEMOCRACIA SEA DEMOCRACIA

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Por Luis Toledo Sande

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Desde que se acuñó para nombrar una forma de funcionamiento social en la Grecia culta y fértil, pero esclavista, el término democracia —etimológicamente, poder del pueblo— ha venido cargando con realidades y embustes, logros y manquedades, en proporciones varias. Así y todo, constituye un desiderátum de la mayor importancia para la humanidad. Pero causa espanto el atolladero a que ha llegado su uso en las versiones privilegiadas en el mundo por los medios imperantes, instrumentos de los poderosos.

En medio de una realidad en que los intereses imperiales fomentan guerras, genocidios, actos terribles como los sufridos por las masas de emigrantes echados de sus tierras por los conflictos bélicos y la pobreza que estos agravan, cuando en muchas partes asoman las garras del fascismo, sobran ejemplos para ilustrar la falsedad de quienes medran falseando y haciendo fracasar la democracia. Dos casos palmarios son el de los Estados Unidos, autopromovido e incluso aceptado por muchos como supuesto paradigma de la democracia, y el de España, en pose de imitar el modelo estadounidense.

El primero de ellos sobresale como tutor mandón, OTAN mediante; el segundo, como engendro patético, como zarzuela mala. Ambos ignoran los derechos de los pueblos, incluidos los suyos, y en el europeo las fuerzas dominantes —o vicedominantes, porque se supeditan a las del Norte— imitan a la potencia que hoy las coyundea y en 1898 humilló a sus predecesoras. Para colmo, se ha implantado como supuesto recurso para garantizar la estabilidad —preparado por el cabecilla fascista que sumió al país en sangre y luto y urdió la transacción “democrática”— nada menos que una monarquía, forma de gobierno caduca raigalmente incompatible con la democracia verdadera.

Allí alternan en la casa de gobierno el partido cuya cúpula ha traicionado los rótulos socialista y obrero de su nombre, y el que, también usurpando una denominación que no le pertenece, popular, encarna la continuidad del llamado Bando Nacional, el que llevó al poder al caudillo asesino. Tal es el partido que recientemente ha logrado seguir habitando La Moncloa, tras episodios comparables en la imaginación cubana como un San Nicolás del Peladero carente de gracia, trágico.

En los Estados Unidos la más reciente campaña por el voto presidencial mostró una vez más, reforzada incluso, la realidad descrita por José Martí al hablar de política y elecciones en esa nación: “no se ha peleado a lo púgil, sino a lo serpiente”. En la pugna se enfrentaron otra vez los representantes del partido demócrata y el republicano, nombres tan intercambiables en esencia como las organizaciones políticas designadas con ellos.

En la continuidad del secular modo de hociquear en la contienda por ocupar la Casa Blanca se enfrentaron, de un lado, una intervencionista que envuelve en porte elegante su alma asesina y, del otro, un ser que, con su burda catadura neroniana, encarna la decadencia, peligrosa y en marcha, del imperio. Su desempeño, si no lo liquidan por el camino, llegará —al igual que llegaría el de su adversaria si ella hubiera ganado— hasta donde se lo permitan los dueños del negocio terrible que él representará como presidente.

Modelos tales encarnan miseria moral para los pueblos del mundo en cualquier época, y máxime cuando las reglas impuestas se emplean en función de estratagemas neoliberales como las que han primado en el Brasil de un turbio golpe de estado parlamentario. También en Argentina, donde la derecha capitalizó recursos en los cuales se incluyó una falaz maquinaria propagandística.

Así las fuerzas de la reacción consiguieron que el pueblo apareciera como protagonista de un hecho costoso para la inmensa mayoría: ponerse la soga en su pescuezo con la elección de un presidente que obedece al imperio y a la oligarquía intestina, de la que forma parte. Como la maniobra perpetrada en Brasil, la de Argentina corrobora cuán antidemocrática puede ser, capitalismo por medio, la llamada democracia.

Esos triunfos de la derecha —tras los cuales es fácil adivinar o ver el empuje de fuerzas que en el Norte son capaces de alternar, cuando les conviene, la zanahoria que manipulan y el garrote que las caracteriza— la han envalentonado todavía más en el afán de derrocar gobiernos que no le hacen el juego al imperio ni, por tanto, a ella. Ocurre en la Bolivia del Movimiento al Socialismo y en el Ecuador de la Revolución Ciudadana y, señaladamente, en la Venezuela del proyecto bolivariano.

Los dirigentes revolucionarios en ese país, ahora con Nicolás Maduro al frente y también apoyados por la mayoría de la población, han conseguido contener, con un denuedo que asombra y conmueve, la ofensiva contrarrevolucionaria y criminal apoyada por el imperio. Es una ofensiva comparable al menos con la que en Chile frustró por la fuerza el experimento pacífico del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende.

Hasta ahora la diferencia entre ambas realidades la va marcando el hecho de que en Venezuela no ha prosperado un golpe militar como el representado por Augusto Pinochet en Chile. Pero los intentos de acabar con el afán bolivariano se comprobaron fehacientemente incluso en vida de Hugo Chávez, contra quien se orquestó un golpe respaldado por fuerzas foráneas. En ellas descolló el Partido Popular español y, sobre todo, el imperio al que esa organización política sirve, como sirven los cabecillas de la contrarrevolución que actúa dentro de Venezuela.

Agredida, bloqueada, calumniada, asediada por ese mismo imperio, que viola los derechos humanos y la legalidad internacional, Cuba se ha mantenido firme, gracias a una Revolución a la que el pueblo le ha dado un apoyo ampliamente mayoritario, y no por casualidad ni como fruto de un supuesto milagro. Esa Revolución llegó al poder tras una lucha armada que le permitió desmantelar la maquinaria gubernamental impuesta por una burguesía que calculó mal al irse para los Estados Unidos, suponiendo que pronto volvería para recuperar su posición. El pueblo, por su parte, vio en la obra revolucionaria un rumbo verdaderamente democrático.

El 16 de abril de 1961, en el entierro de los mártires de los bombardeos con que en la víspera la CIA intentó destruir parte importante de las fuerzas con que Cuba podría defenderse contra la invasión desatada el 17, el líder Fidel Castro Ruz declaró que la Cubana era ciertamente una Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes: es decir, encarnaba en los hechos el poder del pueblo, esencia de la democracia.

Desde el alba de 1959 el pueblo cubano tenía evidencias de que se estaba cumpliendo el Programa del Moncada. Lo mostraba cuanto se hacía en el terreno de la educación y la salud, en el laboral y en el de la dignidad basada en la conquista de la soberanía que el imperio le había arrebatado al país en 1898, con la oportunista intervención que impidió que Cuba alcanzara la victoria que merecía contra el colonialismo español.

Para defender a su patria contra la invasión mercenaria, preparada y financiada por la CIA, y que fue aplastada en menos de setenta y dos horas, lucharon en Playa Girón soldados y milicianos —pueblo uniformado— que sabían necesario salvar y cuidar logros como la Campaña de Alfabetización en marcha, gracias a la cual el año 1961 finalizó con la proclamación de Cuba como país libre de analfabetismo. Ese fue el bautizo grandioso de una obra educacional en ascenso, que prepararía al pueblo para defender sus derechos contra todas las fuerzas que quisieran arrebatárselos.

Hace unos años, en medio de las calumnias contra Cuba, profesionales de diferentes países dialogaban en un debate, y uno de ellos —digamos que equivocado, víctima de la campaña mediática que la nación caribeña ha tenido que enfrentar sin descanso durante más de medio siglo— tildó de dictatorial al gobierno cubano. Entonces una colega española, haciendo acopio de claridad y de fina ironía, le respondió: “Pues se le debe impartir un curso al gobierno de Cuba para que aprenda a ser una dictadura, porque mal va el dictador que lo primero que hace es buscar y conseguir que su pueblo se instruya”.

La obra de educación, cultura y ciencia desarrollada por la Revolución Cubana con un denuedo superior a sus recursos materiales, no solamente le ha dado al país una fuerza laboral altamente capacitada. También lo ha dotado de un ejército —el pueblo— preparado para enfrentar con armas y pensamiento, en trincheras de piedra y de ideas, las campañas enemigas, y para hacerlo con la claridad de quien sabe dónde está lo que debe defender. Una Revolución que rinde culto filial a José Martí sabe, como dijo él, que “ser culto es el único modo de ser libre”.

Algunos habrán creído, o posado como que lo creían, y hasta intentado propalarlo como cierto, que la fuerza de esa Revolución había desaparecido o se difuminaba en medio de carencias internas provocadas por un criminal bloqueo que perdura. Pero no les habrá quedado más remedio que ver la reacción de la inmensa mayoría de este pueblo ante la muerte de su Comandante, las claras, resueltas expresiones de la voluntad de mantener vivo su legado y continuar una obra revolucionaria irreductible a los designios del mercado y al sometimiento en que los imperialistas quisieran y en vano han intentado sumir a Cuba. Habrán podido ver también la solidaridad de los pueblos del mundo con ella.

Tanto como la Revolución Cubana tiene el derecho y el deber de defenderse, y hacerlo con la mayor lucidez posible, asume igualmente la misión de salvar la cultura de la nación, que en ella tiene —así la definió el Comandante— su mayor escudo. Esa cultura no se agota en la riqueza artística y literaria cosechada: abarca un patrimonio más amplio, en el que están inscritos los valores éticos que han sido y han de seguir siendo el pilar de la obra revolucionaria y del acervo cultural de la nación en su conjunto.

No es fortuito, sino orgánico, el llamamiento de la propia dirección de la Revolución al pueblo para que fortalezca su participación activa y consciente en el ejercicio de la democracia. Sin él, la Revolución sería un logro bamboleante, fácilmente derribable con sacudidas mucho menores que las propulsadas contra ella por las fuerzas imperiales. De ahí la necesidad de fortalecer el funcionamiento democrático, participativo, con que el pueblo la lleva a cabo, y no contentarse con saber que ante la grandeza y la índole popular de su obra deberían al menos guardar silencio, si tuvieran pudor, los voceros de la falaz democracia burguesa que intentan desacreditarla.

Los lemas “¡Yo soy Fidel” y “¡Somos Fidel!” expresan apoyo, voluntad de participación en el cuidado cotidiano de las conquistas y los requerimientos de la Revolución. Significan que, lejos de menguar, esa voluntad crece ante la ausencia física del dirigente en quien el pueblo intuía que podía delegar en gran medida, con plena confianza, la responsabilidad de mantener bien orientada la Revolución. A partir de ahora no debe quedar resquicio al que no llegue el sentido colectivo, a fondo, de la democracia plena que se necesita para que el legado revolucionario perdure en marcha hacia un futuro que debe y merece ser victorioso.

No se sirve en Cuba, ni se ha de servir, a rejuegos para que accedan al poder millonarios o aspirantes a millonarios que representan a los opresores y ellos mismos lo son. La cultura revolucionaria de la nación garantiza que aquí no haya magnates que encuentren espaldas de pobres sobre las cuales sentarse. Eso, cualesquiera que sean los ropajes con que el opresivo sistema se vista, ocurre diariamente en los países que, dominados por el capitalismo, presiden a escala planetaria la violación de los derechos humanos.

Esa realidad es medularmente ajena a un pueblo como el de Cuba, preparado para saber cuáles son sus derechos, y defenderlos. Se trata de un pueblo instruido, formado —como debe serlo crecientemente— en el conocimiento de su historia, y de la historia de sometimiento en que lo quisieran hundir otra vez y para siempre los mismos que lo sumieron en ella desde 1898 hasta el 1 de enero de 1959, y ahora lo invitan a olvidarla.

No olvidará su historia la Revolución que ha abierto caminos necesarios para que ciertamente democracia signifique democracia, no campañas de serpientes al servicio de la opresión nacional e internacional.

 

A PROPÓSITO DEL FESTIVAL DE CINE, UNA ESTRELLA EN CARNE Y HUESO, ISABEL SANTOS. “VOY POR EL MUNDO ROBANDO VIDAS, ¡PARA BIEN!”

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Por Dairon J. Bermúdez

Tomado de OnCuba

Fotos cortesía de Lester Hamlet.

Nereida de Clandestinos, Yolanda de Se Permuta, o más cerca en el tiempo la Sisy, de Vestido de Novia, Elena de La Pared de las palabras, Tania de Regreso a Ítaca, la maestra Doña Alfonsa de Cuba libre y Mayra de su más reciente aparición en Ya no es antes. Muchos incluyen el de Isabel Santos entre los grandes nombres de la actuación en Cuba. Así la aclaman dentro y fuera de la Isla donde ha dedicado su vida a la televisión y al cine.

“Creo que el cine es la garantía de la inmortalidad de un actor. Yo pensaba cuando comencé y se filmaba en 35: ‘Yo no me moriré nunca mientras estas latas de película estén bien cuidadas’”, dice Isabel.

“Soy una mujer que archiva cosas y un día las utiliza. También estudio muchísimo a partir de las historias que me ponen en la mano porque todavía no lo sé todo como actriz. En cada interpretación manifiesto muchas cosas de gente que conozco, o estoy entregando parte de mi propia existencia. Yo voy por el mundo robando vidas… ¡Para bien!,” bromea.

Así lo demostró con el estreno de cinco películas durante 2014 y 2015, periodo de arribo al clímaxde su carrera, según el criterio del público y la crítica especializada.

***

Para La Pared de las palabrasFernando Pérez llegó a mi casa y me dijo:

– Te tengo un personaje.

Justo en ese momento le pedí que me lo contara.

– Pero si tú vas a leer el guion –me contestó.

Entonces le insistí, porque me interesa mucho una primera conversación con el director. Cuando me narra la película me da por dónde están los latidos del personaje y comienzo a descubrir qué es el para él –que puede ser diferente a mi lectura.

Fernando es un hombre con el que me apasiona trabajar. Ya no es aquel joven que llegó a mi casa cuando intentaba hacer Clandestinos. Ahora posee una gran seguridad y a quien de mirarlo sé lo que quiere en un set de rodaje. Eso me apoyó mucho en La Pared de las palabras, nuestra tercera película juntos.

Interpreté a Elena, una madre que era la expresión del sacrificio. Una mujer que estaba dejando la vida pasar, al tiempo que le entrega la suya a su hijo Luis. Alguien que tenía un cansancio físico y mental que nada la iluminaba, únicamente ese hijo que sabe que va a morir.

***

Con la misma fuerza dramática apareció en la ópera prima de Marilyn Solaya junto a quien construyó una Sisi tan real que la actriz se atreve a asegurar: “(…) en ese personaje está Isabel Santos”.

***

Vestido de novia llega después de terminar Casa vieja, de Lester Hamlet. Cuando hacía diez años que no me daban un personaje ni en la televisión ni en el cine. En aquel entonces Marilyn escuchó en una conferencia de prensa en el Hotel Nacional que yo no tenía trabajo. Llegó a su casa y escribió el personaje para mí.

En el grupo que nos apoyaba estaba la Sisi de verdad. Un día en el salón de maquillaje del ICAIC me permitió la grabación de varias conversaciones y le aseguré que lo que estaba siendo grabado nunca nadie lo escucharía: solo yo. Ahí le robé el alma, la vida… Me puse su piel, su manera de hablar: todo. Por eso fue un reto para mí.

Confieso que le tenía terror a Sisi. Sabía que me tirarían rosas o piedras. Ese tipo de personaje resulta muy atractivo y en retribución me regaló muchas satisfacciones. Una de ellas ocurrió el día de la premier cuando transcurrió la escena con el actor Pancho García, quien hizo de su padre. Entonces sentí el aplauso del público y no paraba de llorar. No pude seguir viendo la película. Era un aplauso a esa escena, un hecho que casi nunca pasa en el cine.

***

En referencia a Regreso a ítaca, Isabel expresa que significó el reencuentro con otro gran actor con quien “solo había hecho la puesta televisiva de Aire Frío, durante el Período Especial”.

“Esa experiencia juntos nos unió mucho porque fue un momento muy duro para hacer televisión. Desde entonces Fernando Echevarría y yo añorábamos coincidir en el cine. Cuando recibimos el guion de Regreso a Ítaca nuestros personajes eran como el agua y el aceite, pero ambos decidimos hacerlo al revés. Entonces representamos a dos grandes amigos”, cuenta.

¿Cómo definiría la pertinencia de esa película?

Ella nos dice mucho lo que nos pasa como generación. Esos amigos son gente de este país, algunos que han decidido vivir fuera, otros han querido permanecer aquí, como yo.

Presenta solo un fragmento de sus vidas y sus frustraciones, pero cuando uno analiza cada historia comprende que todos ellos tienen un pasado mucho más trágico. Es ahí donde considero que reside su riqueza…

¿Cómo se ve Isabel Santos dentro del panorama cinematográfico actual?

He ido envejeciendo. A mi edad no eres la abuela, pero tampoco eres la madre del niño de 6 años. Eres como la tía que llegó, la maestra… Los directores son jóvenes. A veces no tienen proyectos para uno.

A los 55 años que tengo llegarán personajes para esta edad, así como nuevas historias, y yo me iré enamorando de ellas, sin importarme el nombre que tenga el director.

Isabel Santos y Luis Alberto García, juntos por tercera vez en una película cubana. Foto cortesía de Lester Hamlet.

***

Precisamente en la piel de una educadora apareció en el filme Cuba Libre, de Jorge Luis Sánchez, quien antes la había dirigido en El Beny.

“La recreación de una época histórica del siglo XIX fue extraordinaria. Me dio la oportunidad de trabajar con niños: tarea difícil y estimulante. Detrás de las cámaras ayudaba para que los pequeños reaccionaran e improvisaran en el momento del rodaje, pero en cuanto me ponía el vestuario y me maquillaban me distanciaba de ellos y entraba en la interpretación de Doña Alfonsa”, dice Isabel.

“La concebí como una mujer ridícula, de pensamientos muy rígidos. Fue un intervención corta, pero pienso que esas requieren un esfuerzo mayor ya que no puedes desarrollarla como cuando tienes el protagónico”.

En Ya no es antes, actúa bajo la dirección de Lester Hamlet en una versión al cine de la obra teatral Weekend en Bahía, del dramaturgo Alberto Pedro. El largometraje se estrena el sábado 10 en la Edición 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. 

 

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Al lado de Luis Alberto García promete la historia de amor de una mujer que regresa a Cuba después de tres décadas.
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“Ya no es antes”. Foto cortesía de Lester Hamlet.

  “A mí me inquieta todo lo que me rodea. ¿Qué ha pasado en el país? ¿Qué gente vive aquí? Historias muy sencillas pero a la vez muy viscerales. El cine es el medio donde más me gusta estar, donde mejor me siento. Alejarme de una cámara o del set es lo que más me puede hacer sufrir”.

DISCURSO ÍNTEGRO DEL PRESIDENTE RAÚL CASTRO ANTE LOS RESTOS DE FIDEL EN LA PLAZA DE LA REVOLUCIÓN MAYOR GENERAL ANTONIO MACEO GRAJALES, EN LA HEROICA SANTIAGO DE CUBA, EL SÁBADO 3 DE DICIEMBRE

El General de Ejército Raúl Castro Ruz (C), presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, presidió el acto político por la desaparición física del Comandante en Jefe Fidel Castro, efectuado en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016.  ACN  FOTO/Miguel RUBIERA JUSTIZ/sdl

El General de Ejército Raúl Castro Ruz (C), presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, presidió el acto político por la desaparición física del Comandante en Jefe Fidel Castro, efectuado en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016. 

 

 

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno;

Destacadas personalidades que nos acompañan;

Compatriotas que se encuentran hoy aquí en representación de las provincias orientales y el cy1w8acxcaam0qlCamagüey;

Santiagueras y santiagueros;

Querido pueblo de Cuba:

 

En la tarde de hoy, tras su arribo a esta heroica ciudad, el cortejo fúnebre con las cenizas de Fidel, que reeditó en sentido inverso la Caravana de la Libertad de enero de 1959, realizó un recorrido por sitios emblemáticos de Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, donde, al igual que en el resto del país, recibió el testimonio de amor de los cubanos.

Mañana sus cenizas serán depositadas en una sencilla ceremonia en el Cementerio de Santa Ifigenia, muy cerca del mausoleo del Héroe Nacional José Martí; de sus compañeros de lucha en el Moncada, el Granma y el Ejército Rebelde; de la clandestinidad y las misiones internacionalistas.

A pocos pasos se encuentran las tumbas de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y de la legendaria Mariana Grajales, madre de los Maceo, y me atrevo a improvisar en este acto, que también madre de todos los cubanos y cubanas. Cercano también está el panteón con los restos del inolvidable Frank País García, joven santiaguero, asesinado por esbirros de la tiranía batistiana con apenas 22 años, un mes después de que cayera combatiendo en una acción en esta ciudad su pequeño hermano Josué. La edad de Frank no le impidió acumular una ejemplar trayectoria de combate contra la dictadura, en la que se destacó como jefe del levantamiento armado de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco de los expedicionarios del Granma, así como la organización del decisivo envío de armamento y combatientes al naciente Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Desde que se conoció, ya tarde en la noche del 25 de noviembre, la noticia del deceso del líder histórico de la Revolución Cubana, el dolor y la tristeza se adueñaron del pueblo que, profundamente conmovido por su irreparable pérdida física, demostró entereza, convicción patriótica, disciplina y madurez al acudir de forma masiva a las actividades de homenaje organizadas y hacer suyo el juramento de fidelidad al concepto de Revolución, expuesto por Fidel el Primero de Mayo del año 2000. Entre los días 28 y 29 de noviembre millones de compatriotas estamparon sus firmas en respaldo a la Revolución.

En medio del dolor de estas jornadas nos hemos sentido reconfortados y orgullosos, una vez más, por la impresionante reacción de los niños y jóvenes cubanos, que reafirman sus disposición a ser fieles continuadores de los ideales del líder de la Revolución.

En nombre de nuestro pueblo, del Partido, el Estado, el Gobierno y de los familiares reitero el agradecimiento más profundo por las incontables muestras de afecto y respeto a Fidel, sus ideas y su obra, que continúan llegando desde todos los confines del planeta.

Fiel a la ética martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, el líder de la Revolución rechazaba cualquier manifestación de culto a la personalidad y fue consecuente con esa actitud hasta las últimas horas de vida, insistiendo en que, una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo.

En correspondencia con la determinación del compañero Fidel, presentaremos al próximo período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, las propuestas legislativas requeridas para que prevalezca su voluntad.

Con razón, el querido amigo Bouteflika, presidente de Argelia, expresó que Fidel poseía la extraordinaria capacidad de viajar al futuro, regresar y explicarlo. El 26 de Julio de 1989, en la ciudad de Camagüey, el Comandante en Jefe predijo, con dos años y medio de antelación, la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, y aseguró ante el mundo que si se dieran esas circunstancias, Cuba continuaría defendiendo las banderas del socialismo.

La autoridad de Fidel y su relación entrañable con el pueblo fueron determinantes para la heroica resistencia del país en los dramáticos años del período especial, cuando el Producto Interno Bruto cayó un 34,8% y se deterioró sensiblemente la alimentación de los cubanos, sufrimos apagones de 16 y hasta 20 horas diarias y se paralizó buena parte de la industria y el transporte público. A pesar de ello se logró preservar la salud pública y la educación a toda nuestra población.

Vienen a mi mente las reuniones del Partido en los territorios: oriental, en la ciudad de Holguín; central, en la ciudad de Santa Clara, y occidental, en la capital de la república, La Habana, efectuadas en julio de 1994 para analizar cómo enfrentar con mayor eficiencia y cohesión los retos del período especial, el creciente bloqueo imperialista y las campañas mediáticas dirigidas a sembrar el desánimo entre la ciudadanía. De esas reuniones, incluyendo la de occidente, que presidió Fidel, salimos todos convencidos de que con la fuerza y la inteligencia de las masas cohesionadas bajo la dirección del Partido, sí se podía y se pudo convertir el período especial en una nueva batalla victoriosa en la historia de la patria.

Entonces pocos en el mundo apostaban por nuestra capacidad de resistir y vencer ante la adversidad y el reforzado cerco enemigo; sin embargo, nuestro pueblo bajo la conducción de Fidel dio una inolvidable lección de firmeza y lealtad a los principios de la Revolución.

Al rememorar esos difíciles momentos, creo justo y pertinente retomar lo que sobre Fidel expresé el 26 de Julio de 1994, uno de los años más difíciles, en la Isla de la Juventud, hace más de 22 años, cito: “…el más preclaro hijo de Cuba en este siglo, aquel que nos demostró que sí se podía intentar la conquista del Cuartel Moncada; que sí se podía convertir aquel revés en victoria”, que logramos cinco años, cinco meses y cinco días, aquel glorioso Primero de Enero de 1959, esto último añadido a las palabras textuales que dije en aquella ocasión (Aplausos).

Nos demostró “que sí se podía llegar a las costas de Cuba en el yate Granma; que sí se podía resistir al enemigo, al hambre, a la lluvia y el frío, y organizar un ejército revolucionario en la Sierra Maestra tras la debacle de Alegría de Pío; que sí se podían abrir nuevos frentes guerrilleros en la provincia de Oriente, con las columnas de Almeida y la nuestra; que sí se podía derrotar con 300 fusiles la gran ofensiva de más de 10 000 soldados”, que al ser derrotados el Che escribió en su Diario de Campaña, que con esa victoria se le había partido la columna vertebral al ejército de la tiranía; “que sí se podía repetir la epopeya de Maceo y Gómez, extendiendo con las columnas del Che y Camilo la lucha desde el oriente hasta el occidente de la isla; que sí se podía derrocar, con el respaldo de todo el pueblo, la tiranía batistiana apoyada por el imperialismo norteamericano.

“Aquel que nos enseñó que sí se podía derrotar en 72 horas” y aún menos, “la invasión mercenaria de Playa Girón y proseguir al mismo tiempo la campaña para erradicar el analfabetismo en un año”, como se logró en 1961.

Que sí se podía proclamar el carácter socialista de la Revolución a 90 millas del imperio, y cuando sus naves de guerra avanzaban hacia Cuba, tras las tropas de la brigada mercenaria; que sí se podía mantener con firmeza los principios irrenunciables de nuestra soberanía sin temer al chantaje nuclear de Estados Unidos en los días de la Crisis de los misiles en octubre de 1962.

“Que sí se podía enviar ayuda solidaria a otros pueblos hermanos en lucha contra la opresión colonial, la agresión externa y el racismo.

“Que sí se podía derrotar a los racistas sudafricanos, salvando la integridad territorial de Angola, forzando la independencia de Namibia y asestando un rudo golpe al régimen del apartheid.

“Que sí se podía convertir a Cuba en una potencia médica, reducir la mortalidad infantil a la tasa más bajas del Tercer Mundo, primero, y del otro mundo rico después; porque en este continente por lo menos tenemos menos mortalidad infantil de menores de un año de edad que Canadá y los propios Estados Unidos (Aplausos), y, a su vez, elevar considerablemente la esperanza de vida de nuestra población.

“Que sí se podía transformar a Cuba en un gran polo científico, avanzar en los modernos y decisivos campos de la ingeniería genética y la biotecnología; insertarnos en el coto cerrado del comercio internacional de fármacos; desarrollar el turismo, pese al bloqueo norteamericano; construir pedraplenes en el mar para hacer de Cuba un archipiélago cada vez más atractivo, obteniendo de nuestras bellezas naturales un ingreso creciente de divisas.

“Que sí se puede resistir, sobrevivir y desarrollarnos sin renunciar a los principios ni a las conquistas del socialismo en el mundo unipolar y de omnipotencia de las transnacionales que surgió después del derrumbe del campo socialista de Europa y de la desintegración de la Unión Soviética.

“La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios.” Fin de la cita.

Esas palabras que expresé hace más de dos décadas sobre quien, tras el desastre del primer combate en Alegría de Pío, del que pasado mañana se cumplirán 60 años, nunca perdió la fe en la victoria, y 13 días después, ya en las montañas de la Sierra Maestra, un 18 de diciembre del año mencionado, al reunir siete fusiles y un puñado de combatientes, exclamó: “¡Ahora sí ganamos la guerra! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Fidel, Fidel! ¡Ese es Fidel!”)

Ese es el Fidel invicto que nos convoca con su ejemplo y con la demostración de que ¡Sí se pudo, sí se puede y sí se podrá! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Sí se puede!) O sea, repito que demostró que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria! (Aplausos.)

Ante los restos de Fidel en la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, en la heroica ciudad de Santiago de Cuba, ¡Juremos defender la patria y el socialismo! (Exclamaciones de: “¡Juramos!) Y juntos reafirmemos todos la sentencia del Titán de Bronce: “Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha! (Exclamaciones.)

¡Fidl, Fidel! ¡Hasta la Victoria! (Exclamaciones de: “¡Siempre!) (Exclamaciones de: “¡Raúl es Fidel! y de: “¡Raúl, tranquilo, el pueblo está contigo!”

EL REPOSO DEL GUERRERO SERA EN EL CEMENTERIO SANTA IFIGENIA

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Allí descansan los restos del Apóstol José Martí; de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria; de Frank País, el heroico jefe del movimiento 26 de Julio en Santiago; y también los de José Maceo y de Mariana Grajales, la madre de los Maceo. Tienen asimismo en la necrópolis santiaguera su última morada 32 generales de las guerras de independencia.

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Inaugurado el 28 de abril de 1868, esta necrópolis de 133 mil metros cuadrados de extensión se levanta en Santiago de Cuba, no muy distante de la Sierra Maestra. Fue declarado Monumento Nacional el 7 de febrero de 1937, condición ratificada el 20 de mayo de 1979. En 2003 obtuvo el Premio Nacional de Conservación.

frank-pais-580x386Fue el tercer camposanto oficialmente utilizado en Cuba y aseguran que debe su nombre a Santa Efigenia o Santa Efigenia de Etiopía, hija del rey etíope Egipo, bautizada y dedicada a Dios por el apóstol San Mateo.
Entre los mas hermosos mausoleos que atesora destaca por su belleza y significación aquel que guarda los restos del Héroe Nacional José Martí.

mariana-grajales-580x348Concebido por los arquitectos Mario Santí y Jaime Benavent, ganadores de un concurso convocado al efecto, este histórico mausoleo quedó oficialmente inaugurado el 30 de junio de 1951 con sus 24 metros de alto y 86 de largo, incluyendo la cámara funeraria y áreas exteriores.
En la cripta, acompañados siempre por la bandera nacional y un ramo de flores blancas, reposan en una urna pentagonal de bronce y sobre la estrella solitaria, los restos del apóstol. La urna reposa sobre tierras traídas de 21 repúblicas de Nuestra América, como el gran hombre la llamara.

La construcción central posee forma hexagonal y en cada una de sus aristas se levanta una cariátide, en representación de las 6 antiguas provincias de Cuba, cada una con sus respectivos escudos. Por sobre las cariátides se alza el lucernario posibilitando la entrada de la luz del sol, que, en determinados horarios, ilumina de modo directo la urna funeraria de quien eligió “morir de cara al Sol”. Una escultura de José Martí, en mármol italiano de Carrara, se ubica en el deambulatorio, frente al este por donde nace el Sol en el oriente cubano.

Desde la blancura de la piedra, aparece El Maestro sentado sobre una peña y anotando apoyado en su rodilla izquierda.

En Santa Ifigenia se levanta el Mausoleo a los Mártires de la Revolución y el Panteón de las Fuerzas Armadas, así como el monumento a los caídos en otras tierras durante misiones internacionalistas.

Martí, Céspedes y Fidel: tres padres fundadores coincidirán a partir de este domingo.

Extractado de una crónica de Vladia Rubio publicada hoy en CubaHora.